CAPÍTULO 14: Conflictos
Notas de la autora:
De verdad que no esperaba las incidencias que estoy teniendo con este fic. Pero espero que, ahora que he terminado todos los fics que estaba publicando y tenía abiertos (me refiero a que no eran reediciones como éste, que por eso mi creatividad, si se activaba, se iba con ellos), pueda ponerme más seriamente con él.
De momento, por si no os ha salido aviso de la actualización del capítulo anterior que hice la semana pasada, he tenido que reestructurar los capítulos 13 y 14. La escena que quería haber añadido aquí, me era imposible hacerlo en el contexto que estaban y me tenía muy atascada porque no quería tener que modificar un capítulo ya publicado. Pero, al final, ha sido lo mejor porque con eso ya he podido avanzar. Recomiendo que antes de empezar con este capítulo vayáis al anterior y leáis la escena añadida. Por otro lado, os aviso que la primera escena de este capítulo es la final del otro, así que eso ya lo habéis leído (por si queréis pasar a lo siguiente).
A ver si ahora puedo terminar con esta reedición de una vez por todas ^_^º
Comentarios a los reviews:
PrettyKaoru: Espero que esta nueva versión os guste tanto como la otra. Como ya dije en su momento, no estaba del todo conforme con el Kenshin que me salió, e hice la historia tan rápida que no pude repasarla bien y, cuando la releía, no me terminaba de convencer. Pero los cambios que le he hecho me desvían en cierta forma del original y, como tampoco quiero cambiar la esencia, me está constando adecuarlo.
Kaoruca: Sí, Kaoru aquí se da más de bruces con la realidad y Kenshin no le endulza las cosas. No les queda más remedio que enfrentar sus fantasmas, lo cual me parece bien, por cierto. Así no tendrán sorpresas desagradables más adelante, como les pasó en el capítulo 11.
Sakura Ankokukari: Siento mucho la espera. Sé que es un fic que gustó mucho y estáis viendo que cuesta mucho más leer la reedición que lo que tardé en escribirlo original. Si hubiera sabido que me iba a costar tanto, no la habría tocado y habría hecho la reedición solo para mí. Pero ya empecé y espero que vosotras también disfrutéis de esta versión.
Dulcecito311: No te preocupes que habrá más complicaciones ^o^
Elie G.S.: Pues sí, el Kenshin original era más cruel T_T. Además, me metí poco en el trastorno que tenía encima por la guerra y la distorsión de la realidad por las dos vidas tan diferentes que vive. Ahora estoy ahondando un poco más para que se entienda que el momento que vive es muy estresante y de ahí que acabe siendo como una bomba de relojería. Antes parecía todo más fortuito; en mi cabeza lo tenía claro, pero no lo plasmé como debía u_uº Es lo que intento corregir ahora.
En cuanto a que te entristeciera la situación de Kaoru del capítulo 12, pues aún le queda bastante. La cosa se va a complicar más, pero éste es un fic que demuestra que Kaoru quiere a Kenshin para lo bueno y para lo malo, y él lo va a ver. Así que todavía quedan algunas cosillas espinosas T_T
Montse Vallejos Sala: Si te soy sincera, creo que lo que más me gusta de esta historia es el tortazo de realidad que se da Kaoru con la vida asesina de Kenshin. Sé que esto lo he comentado, no sé si en particular, en comentarios de la versión anterior o están en ésta (porque se está alargando mucho la reedición T_T). Pero siempre he tenido una sensación de que Kaoru no entiende lo que era la vida de Kenshin. Viene a ser lo que le dice Kenshin en el capítulo 11. Ella no tiene asumido su pasado, simplemente lo ignora. Y aquí, pues lo dicho, no le queda más remedio que enfrentarlo.
Kenkao24, CinthKitty, Guest (varios), jbadillodavila, Arima-chan, TamasiH, Paumortiketh, Sarin, Izanami1019, Gigey, Quimica 68, Alesita87: Siento mucho la espera. Ahora que no tengo cosas abiertas, espero ponerme con la reedición y terminarla cuanto antes.
Gracias a todas por los reviews ;-D. Os dejo con el capítulo siguiente que, os recuerdo, es el final del anterior. Espero que os guste la parte nueva ;-D
CAPÍTULO 14: Conflictos
—Menuda quemadura te has hecho, Yahiko —mencionó un poco preocupada la doctora mientras examinaba el brazo del niño—. ¿Te sigue doliendo?
—Nada que alguien tan fuerte como yo no pueda soportar —contestó arrogante el muchacho.
Megumi pasó superficialmente el dedo por encima de la zona enrojecida y Yahiko apartó el brazo con grandes lagrimones en los ojos.
—Ya veo —rio la doctora con malicia. Se acercó a un armario y sacó un bote con un ungüento para tratar quemaduras—. ¿Cómo te lo has hecho?
—Sólo ha sido un accidente —respondió él intentando restarle importancia.
—Ha sido algo más que un accidente —le corrigió Sanosuke, el cual se encontraba con los brazos cruzados apoyado contra la mesa—. Se ha intentado hacer el héroe —dijo con un tono divertido que Megumi no pudo pasar por alto.
—No me digas… ¿Por casualidad una tímida jovencita estaba involucrada? —rio para mayor mortificación del chico.
—¡Fue un accidente! —repitió Yahiko, aunque empezó a sonrojarse. Para todos los adultos que conocía, parecía un pasatiempo el incordiarle con el tema de Tsubame.
—No fue un accidente. Era una pelea de borrachines —le contradijo Sanosuke—. Tae va a tener que poner límite a la bebida que se les sirve a los clientes, porque ya ha tenido varias trifulcas.
—El problema es que ella no puede saber el aguante que tienen los clientes con las bebidas —argumentó Megumi—. Ella no tiene la culpa de que no sepáis beber.
—Habla por ellos —dijo a la vez que señalaba hacia la puerta cerrada, haciendo referencia a los dos hombres que había traído a la consulta después de reducirles y dejarles inconscientes.
Megumi extendió una capa del ungüento por el brazo de Yahiko con cuidado para no resentirle más la zona. En cuanto puso la pomada encima, el chico notó un gran alivio en la piel irritada.
—¿Y qué ha ocurrido? —preguntó con curiosidad ella.
—Lo de siempre: se liaron a discutir y acabaron llegando a las manos. Cuando se levantaron, tiraron la mesa y la cazuela hirviendo casi se le cae encima a Tsubame, que pasaba por allí. —Y agregó jocoso—: Pero aquí tenemos al salvador de la chica que, en cuanto vio el peligro, se tiró sobre ella para apartarla. Por desgracia, no fue lo suficientemente rápido y parte del contenido le cayó encima a él.
—Tuvo que dolerte mucho, Yahiko —comentó preocupada.
—Lo aguantó como todo un hombre —añadió Sanosuke con orgullo, aunque al instante añadió burlón—: Claro que podría deberse a que tenía a Tsubame atendiéndole con mucho cariño. —Sanosuke se rio con ganas para mortificar al chaval.
—¡No ha ocurrido nada de eso! —gritó Yahiko muy enrojecido. Megumi también sonrió al imaginarse la escena.
—Deja a Yahiko en paz —le dijo ella en un intento de sonar censuradora, pero tenía que reconocer que le enternecía ver a los dos chicos asomándose a los misterios del amor—. Son demasiado pequeños para esas cuestiones. Ya tendrán tiempo.
—No soy pequeño —se quejó Yahiko por costumbre.
—Para ciertas cosas, sí —replicó determinante la doctora. Después suspiró y continuó—: Entiendo, entonces, que los dos tipos que has traído hasta aquí son los borrachines que me toca atender.
—Por supuesto —añadió contento—. Como tu futuro marido, ahora también tengo que velar por tu negocio.
—Gracias, futuro marido —masculló sarcástica entrecerrando los ojos—. Pero no es a mi trabajo al que le pase algo.
—Al mío tampoco —agregó el instante el hombre—. Mañana empieza conmigo otro muchacho y con éste ya van cinco.
—Sí, y no veas el rebote que le ha dado a Kaoru —se rio Yahiko tras recordar el mosqueo que le había dado a su maestra al ver que se apuntaba más gente a dar clases con Sanosuke que con ella—. Hasta ahora se consolaba contándome a mí como alumno y, de esa manera, estar cuatro y cuatro. Pero hoy ha venido a apuntarse otro chico a las clases de Sanosuke. Y ahí ya no puede utilizarme para equilibrar la balanza —siguió riéndose el chico.
—Hay que ser realista —comenzó presuntuoso Sanosuke—. Si aprendes kendo, tienes que llevar siempre una espada de madera encima por si quieres defenderte alguna vez; mientras que, en mi caso, con los puños te vale —dijo al tiempo que lanzaba un puñetazo al aire, aunque, acto seguido, chasqueó los dedos al recordar la noticia que tenía para Megumi—. Por cierto, Kaoru me ha dicho que el dinero que gane con mis alumnos será para mí.
—Ésa es una buena noticia —se alegró ella con él. Sanosuke sonrió, pero al instante se puso la mano en la barbilla en pose pensativa.
—Sí, y eso me lleva a que tengo que buscar más alumnos… —añadió para nadie en particular.
—Sinceramente, Sanosuke —le dijo Yahiko—, lo único que necesitas es que la gente sepa que impartes clases para que se apunten. Todo el mundo sabe lo bueno que eres luchando. En ese aspecto, sí que sabes darte publicidad —rio el chico pensando en todas las peleas callejeras en las que se metía Sanosuke y de las que medio Tokio estaba al corriente.
—Mmm… Puede que tengas razón. Tengo que extender más la noticia de que doy clases. Así seguro que consigo que venga más gente.
—Lo que sí vas a conseguir es que Kaoru te mande a paseo —replicó mordaz Megumi interviniendo en la conversación de los dos y sin quitar la vista del vendaje que le estaba poniendo a Yahiko—. Su escuela es de kendo y resulta que tiene más alumnos asistiendo a las clases de lucha que a las de espada.
—Los tiempos cambian: hay que amoldarse a ellos.
—De eso nada —salió en defensa de su disciplina Yahiko—. Kaoru me contó que tras el primer altercado que tuvo Kenshin con la policía armada, al día siguiente tenían en su puerta a más de quince personas queriendo aprender su técnica.
—Eso no lo sabía —rio Sanosuke al imaginarse la escena.
—Y yo tampoco si no se lo hubiera recriminado alguna vez a Kenshin. Ya sabes cómo se pone Kaoru de vez en cuando por ver que su escuela no termina de salir adelante —sonrió Yahiko al recordar alguno de esos momentos.
—Eso me da qué pensar. Kenshin estaba prácticamente coaccionado a aprender la técnica de Kaoru para poder levantar la escuela. Si Kaoru le echaba en cara que no la ayudara aquella vez, en ésta no podía escabullirse. —Sanosuke negó con la cabeza por su mala valoración sobre aquella apuesta hecha con Kaoru.
—Sanosuke —intervino de nuevo Megumi—, si piensas que Kenshin aceptó esas condiciones para dejar de escuchar las recriminaciones de Kaoru, es que eres idiota —resopló la doctora—. Kenshin haría cualquier cosa por Kaoru.
—¿Crees que no lo sé? —sonrió el joven—. Yo haría lo mismo por ti.
—¡Ey! Nada de poneros ojitos estando yo delante —les reprochó el niño a los dos adultos. Megumi miró a Sanosuke y sonrió complacida por las palabras del hombre—. Ya tuve bastante con los dos que tengo en casa.
Megumi enfocó su atención en Yahiko por lo que dijo, recordando la conversación que había tenido el día anterior con Kaoru.
—¿Cómo les has visto hoy? —preguntó intentando no aparentar curiosidad, aunque fracasó en ello.
—¿Por qué lo dices? —preguntó el chico suspicaz.
—Kaoru me dijo ayer que discutieron.
—Sí —confirmó él algo preocupado—. Llevan un par de días casi sin hablarse. No sé qué ha pasado, pero tengo la sensación de que Kaoru le está esquivando. De hecho, pensé que se estaban arreglando porque ayer por la mañana les vi conversar mientras hacían la colada. Pero me marché de allí para dejarles solos y lo siguiente que supe es que Kaoru le evitaba por la casa.
—¿Y por qué discutieron? —inquirió Sanosuke desconcertado, que no había visto nada raro esa mañana al ir a las clases. Claro que con el ajetreo que llevaba esos días, apenas se dejaba caer por allí más de lo estrictamente necesario.
—No tengo ni idea. Yo no estaba en casa cuando sucedió. Sé que se pelearon, pero no sé el motivo.
Megumi terminó el vendaje sin agregar nada más a la conversación. Si ninguno de los dos implicados había querido aportar luz sobre el tema, ella no era quién para revelarlo. En cierta forma, entendía que no se lo hubieran querido contar al chico. El hecho de que Kenshin hubiera estado a punto de matar a dos hombres no era algo para andar pregonando.
Pero si Kaoru andaba esquivando a Kenshin era porque tenían que haber hablado y, con seguridad, éste no se había debido tomar bien la conclusión a la que había llegado ella. Sin embargo, no veía mucha más solución que el hecho de que alguno cediera. No estaban hablando de un asunto sencillo. Kenshin cargaba la mentalidad de un asesino en esos momentos, pero Kaoru no aceptaba que lo fuese, pues la persona que ella había amado había dejado atrás esa vida.
—Gracias por curarme la quemadura, Megumi —dijo el chico cuando la doctora terminó con el vendaje.
—Debes volver mañana para realizarte las curas o se te podría infectar.
—Está bien. Me vuelvo al Akabeko. Os veo mañana.
Y diciendo eso, el chico se marchó.
Megumi se quedó mirando la puerta por donde Yahiko había salido.
—Kenshin y Kaoru están haciendo un buen trabajo con él —comentó ella, convencida de que se convertiría en un buen hombre que se encargaría de proteger a las personas que lo necesitasen.
—También le viene de familia; tenían buen material sobre el que trabajar —sonrió Sanosuke. Por su parte, Megumi suspiró con una resignación fingida.
—Espero que no siempre sea así. Si no, tendré mucho trabajo con nuestros hijos como salgan como tú.
—Mejor que salgan a mí que no a ti. ¿Te imaginas cómo me dejarían la cabeza si tuviera a más personas incordiándome como lo haces tú? —Pero la recriminación perdió su efecto cuando abrazó a Megumi por detrás—. Ya me cuesta conseguir estar a la altura de tus mordacidades; no podría hacer frente a ninguna más.
Megumi chasqueó la lengua inconforme.
—Sobreestimas tus capacidades, cabeza de pollo. Ya quisieras tú estar a mi altura —comentó ella altanera, y Sanosuke aprovechó para dejarle un suave beso sobre sus labios.
—Entonces, estamos de acuerdo en que tienen que salir a mí. Necesito apoyos para ganar a esa perversa mente tuya.
Megumi se giró en sus brazos para poder besarle con tranquilidad. Le gustaba pensar en ese futuro, pero más aún, ver que Sanosuke estaba predispuesto a él. Sólo esperaba que llegase lo más rápido posible.
—De eso nada —replicó ella cuando se separó de él con una sonrisa pícara—. Te haremos morder el polvo. Te lo mereces.
—Astuta y sanguinaria… Menuda combinación —rio Sanosuke complacido.
—Por cierto, ¿qué hacías en el Akabeko? No habrás comido, ¿no? —inquirió suspicaz Megumi.
—No, sólo acompañaba a unos amigos hasta que hicieras el descanso para comer.
—Más te vale —le amenazó—. Me he levantado temprano para poder hacer la comida.
—Y yo llevo pensando en ella desde que me he despertado. Tengo un hambre que podría comerte a ti primero.
Aunque no había pensado en una doble intención, no pudo evitar asociarla en cuanto lo dijo. Una sonrisa maliciosa se dibujó en su rostro y Megumi se sonrojó al vérsela.
—Siempre pensando en lo mismo —le replicó dándole un suave puñetazo en el pecho. Sanosuke, en respuesta, levantó la mano con cuatro dedos en alto.
—Estoy contando los días, doctora.
— * —
«—Para salvar a Kaoru, no dudaré en volver a ser el asesino que fui. ¡Muere!***
—¡Kenshin, no!».
«—No me importa. Utiliza las técnicas que quieras. Pero si digo que voy a matarte, créeme, vas a morir. Atácame. Vas a probar en tus carnes de dónde proviene mi apodo de Battosai, el asesino».
«—Aún estás lejos de ser el Battosai que eras durante el Bakumatsu. Ahora mismo puedo matarte en el tiempo que tardo en fumarme tres cigarrillos. Qué aburrido… Voy a enfurecerle más. Le he lanzado un "Shin no Ippo" bastante fuerte. Lo suficiente como para hacer que sus pulmones se detengan. No aguantará ni dos minutos».
«—Que quede claro, sólo te lo presto. Asegúrate de devolvérmelo. Como después de pelear contra Jinne decidas irte de viaje, no te lo perdonaré nunca».
«"Da más miedo que Jinne"».
Kenshin sonrió ante lo último que había recordado de su sueño en el cual, el enfado de Kaoru por ir a pelear con Jinne Udo, le había hecho casi llevarse el dedo por delante. Quizás el hecho de haber estado deambulando por el río esa noche había activado de nuevo su memoria, porque después de varios días sin recordar nada nuevo —entre las pocas horas que había podido dormir—, había aparecido en su mente un incidente que había tenido lugar meses atrás con Jinne, un asesino del que se había empezado a rumorear recientemente en la guerra y que había atravesado una década hasta encontrarle.
—¿Qué te hace tanta gracia?
Sanosuke se había encontrado a Kenshin sentado en la orilla del río. Acababa de dejar a Megumi en la clínica después de haberse ido ambos a un íntimo picnic preparado por la doctora. La comida de Megumi era un cambio muy agradable frente a la de Kaoru, aunque tenía que reconocer que cada vez lo hacía mejor bajo la supervisión de Kenshin.
Iba de camino a saludarles en su casa cuando se lo encontró y, sin más, se sentó a su lado. Comprobó que Kenshin cada vez confiaba más en él. Al principio, cuando le descubría haciendo algo que creía estar haciendo solo, cambiaba totalmente su postura a una más defensiva. En esos momentos, Kenshin seguía manteniendo la sonrisa que tenía cuando se lo encontró.
—Esta noche he recordado la pelea que tuve con Jinne. Es sorprendente que en menos de un año haya tenido más altercados que en toda una década —murmuró para sí mismo.
—¿Y la pelea con Jinne te hace gracia? —preguntó escéptico Sanosuke.
—No, recordaba lo furiosa que se puso Kaoru cuando se enteró de que lucharía con él. Su espíritu combativo me dio más miedo que el de Jinne —rio algo más relajado recordando otra vez el suceso, y Sanosuke se unió a su risa.
—Sí, Kaoru es muy temperamental. Puede dar mucho miedo cuando se enfada. Pero es una buena chica —terminó diciendo como si pretendiera defenderla.
—Sí lo es.
Sanosuke se quedó más serio y miró la zona con más detenimiento.
—¿No fue aquí donde Jinne se la llevó? —le preguntó con curiosidad.
—Sí. El río bajaba con mucha fuerza —contestó mirando el agua al tiempo que volvía a cruzar por su mente el momento exacto en el que Jinne había pasado con una barca por allí cogiendo por sorpresa a Kaoru.
Después de unos minutos sin que nadie dijera nada, Sanosuke rompió el silencio:
—¿Es por eso que has venido aquí?
—Por eso y porque Kaoru me está esquivando —comentó sin darle emoción a su voz—. Si no estoy en casa, al menos no tendrá que mirar por cada esquina comprobando si estoy o no a la vista.
—Yahiko nos ha dicho hace un rato que os habéis vuelto a pelear. —Ése era el verdadero motivo por el que iba de camino al dojo* Kamiya: para enterarse de lo que había ocurrido.
—Es por algo que nos sucedió hace un par de días.
Kenshin le contó con detalle lo que había pasado aquel día de vuelta del mercado y la discusión que habían tenido después.
—¿Y no habéis hablado desde entonces? —preguntó con cuidado sabiendo lo delicado que era el tema. Sanosuke no estaba muy seguro de qué decir después de lo que Kenshin le había contado. En realidad, la palabra delicado no llegaba ni para empezar a describir la situación.
—Sí, ayer. Pero sigue creyendo que estoy enfadado con ella.
—¿Y no es así? —le instó a continuar al ver que no seguía.
—No puedo estar enfadado con ella por no querer a un asesino en su vida. Kaoru está enamorada del hombre tranquilo que llegó a su casa durante sus viajes por Japón, no uno sediento de sangre.
—Tú tampoco eres así —intentó consolarle Sanosuke.
—¿En serio lo crees? —contestó con ironía—. Daría cualquier cosa por un buen combate. —Kenshin entrecerró sus ojos analizando a Sanosuke con otra perspectiva—. Tú tienes buen aguante. Te he visto pelear en mis recuerdos —añadió más animado viendo una nueva posibilidad para descargar su energía—. ¿No te apetecería…?
—Ni lo sueñes —le interrumpió Sanosuke—. Lo siento, pero es un momento malísimo. Si me lo hubieras propuesto hace unos días te habría dado el gusto. Pero Megumi me ha hecho prometerle que no me pelearé con nadie. Si a menos de cuatro días de la boda aparezco vendado y con contusiones de arriba abajo, me mata. Para una mujer, el día de su boda es sagrado. Dios nos libre de estropeárselo a cualquiera de ellas porque el pobre infeliz entonces sí que conocerá el infierno en la tierra. Así que no cuentes conmigo. —Kenshin resopló disgustado por la contestación de Sanosuke, aunque en cierta forma le comprendía—. Pero puede que después de la boda podamos hacer algo.
—No tengo tanto tiempo —se quejó Kenshin, por lo que Sanosuke le miró con gran desconcierto.
—¿Qué te sucede? —preguntó preocupado por lo determinante que había sonado el hombre.
—Que estoy sobrecargado de energía. Esta Era es demasiado pacífica para mí. Estoy que me salgo de mi propia piel.
—Vaya… —Sanosuke estaba sin palabras. No se le ocurría mucho más que contestarle—. ¿Y se supone que esto deriva de un estado mental? Porque esto le debería suceder a tu cuerpo, no a tu mente. Y antes no te pasaba.
—Según Kaoru, sí. También me sigue pasando ahora, sólo que debo ser más discreto a la hora de buscar formas de descargarme. Pero, aunque me lo haya dicho, tampoco estoy muy seguro de lo que tengo que hacer. Esta… inquietud —dijo sin saber muy bien cómo describirlo— no la había tenido antes. A penas me deja dormir; me despierto muchas veces con sueños raros y no puedo descansar. ¿Sabes si tenía problemas para dormir?
—Que yo sepa, no… Pero ¿no dices que la mayoría de cosas que recuerdas son en sueños? Puede que sea por la falta de memoria —sugirió.
—No… no son recuerdos —afirmó con contundencia—. Son cosas de la guerra. Por eso no creo que esto se quite con un simple entrenamiento físico. Quizás hago meditación, o algo similar —especuló—. Pero Kaoru me comentó que me pasaba esto justo antes de que empezara a esquivarme, así que no lo sé.
—Pues tendrás que hablar con ella. Es la primera vez que oigo sobre esto.
Kenshin resopló con resignación.
—El problema es que no quiero tenerla a mi alrededor.
—¿No es un poco drástico? —preguntó Sanosuke preocupado por esa afirmación de Kenshin—. Se le acabará pasando, no va a estar evitándote siempre.
—No, no me refiero a eso —le corrigió de inmediato a la vez que se llevaba una mano a la cara para frotarse los ojos—. Cada vez me fío menos de mí mismo al tenerla cerca. Que me rehúya es algo que agradezco, por eso no la he sacado de su error.
—No te sigo —le dijo confuso el luchador. Kenshin giró la cabeza y le miró exasperado por tener que hacerle poner en palabras algo de lo que no estaba muy orgulloso.
—Cuando paso por una época problemática, suelo desquitarme con un buen combate o visitando una casa de placer —expuso sin ambages—. Pero aquí no tengo ni lo uno ni lo otro. Y, en cambio, Kaoru está demasiado accesible para mí. Tengo que buscar la manera de relajarme ya o acabaré haciendo alguna locura de la que me arrepienta.
Esta vez, Sanosuke sí que se quedó sin palabras de ningún tipo. Antes del accidente jamás, pero jamás de los jamases, había oído a Kenshin hablar de sexo. Nunca. Ni siquiera una ligera referencia. Kenshin casi le había parecido un eunuco. Por eso, tras el accidente, le había impactado cuando estudió a Megumi con los ojos de un hombre que buscara ese tipo de entretenimientos. Y ahora, otra vez volvía a sacar el tema, pero —para su mayor inquietud— mencionando la amenaza de que sucediera en un periodo de tiempo corto si no conseguía tranquilizarse.
—¿Crees que realmente te arrepentirías?
No estaba seguro de dónde demonios le había salido esa pregunta, pero se estaba sorprendiendo de todo lo que las palabras de Kenshin escondían.
Aunque no conocía su estado concreto, Sanosuke sabía a qué se refería cuando hablaba de sobrecargarse. A él también le ocurría cuando llevaba mucho tiempo sin una buena pelea; sin sentir esa euforia que le recorría durante un buen combate y lo relajado que se le quedaba el cuerpo después de terminar. Claro que no creía haber llegado nunca a un estado parecido al de él, como si casi no fuese capaz de controlar su propio cuerpo. Para hombres acostumbrados a la acción como era el caso de ambos, la tranquilidad no siempre era algo bueno.
De modo que Kenshin estaba valorando alternativas para destensarse. Pero, al parecer, las dos habituales que empleaba no podía llevarlas a cabo. La primera, porque encontrar una persona que le durase más de un asalto a Kenshin no era algo fácil de encontrar. Ni siquiera un asalto medianamente largo. Así que, por esa parte, no encontraba salida a su problema.
Pero la otra vía la había bloqueado él de forma voluntaria. En Tokio no era difícil encontrar mujeres dispuestas, tanto pagando como sin pagar. Y había rehusado de esa alternativa por consideración a Kaoru. En cambio, sí que la estaba contemplando a ella como destinataria en caso de que se le fuese del todo la cabeza.
Sanosuke no estaba seguro de que Kenshin se hubiese dado cuenta de lo reveladoras que eran sus palabras.
—Por supuesto —respondió Kenshin con total convicción a su pregunta—. Y lo peor sería para ella —agregó determinante, y no tuvo que añadir nada más pues los dos sabían las consecuencias que podría sufrir una mujer como se hiciera público que había sido deshonrada.
Durante varios minutos que le parecieron horas, ninguno de los dos dijo nada más. Sanosuke se fijó con detenimiento en Kenshin. Tenía una postura rígida que no había notado antes. Debería haberse dado cuenta de ello, pero estaba tan pendiente de las circunstancias insólitas que le rodeaban a él mismo, que no había prestado atención. Observó su mejilla izquierda, la cual estaba marcada por una cicatriz más profunda de lo que recordaba.
Durante el mes de julio, cuando su cuñado Enishi había vuelto reavivando el pasado de Kenshin, esas preocupaciones habían conseguido el mismo efecto. Pero durante los meses posteriores en los que había vivido más tranquilo con Kaoru, había retornado al estado normal. Parecía que había una conexión entre su pasado y sus emociones en esa cicatriz. Cuanto más tormentosas se volvían aquéllas, más se marcaba la cicatriz.
Eso le llevó a pensar en Kaoru y él bien que le había hecho a Kenshin en todos los sentidos. Era extraño, por tanto, ser un espectador del cariz que tomaba esa relación. Siempre les había considerado la eterna «pareja compañera»: tranquilos y sosegados; se complementaban el uno al otro. Pero este Kenshin era mucho más terrenal que el que conocía bien. El papel de cada uno había cambiado por completo pues, antes del accidente, Kenshin tenía un papel apaciguador del temperamento de Kaoru y ésta, a su vez, ponía actividad en la vida de él. Sin embargo, ahora se encontraba en el otro extremo y, en vez de apaciguarla, Kaoru le exaltaba. El problema era que lo hacía en un aspecto que tomaría por sorpresa a cualquiera: estaba afectando a las pasiones de Battosai.
—Kenshin, ¿has pensado en qué sientes por Kaoru?
—No estoy hablando de sentimientos —le recriminó el hombre exasperado—. Hablo de una necesidad física, y Kaoru no se merece ser objeto de ella.
Sanosuke le miró preocupado durante varios segundos en completo silencio. A diferencia de Kenshin, él sí creía que había sentimientos de por medio. Como bien había pensado hacía unos momentos, no se tomaría tantas consideraciones —ni sufriría las incomodidades que padecía— si no sintiera algo por Kaoru. Además, lo que le había contado que había pasado hacía un par de días era muy esclarecedor, aunque todavía no se hubiese dado cuenta.
—Creo que sería prudente que pusieras en orden tus pensamientos —le recomendó Sanosuke—. En el estado en que te encuentras no eres capaz de ver todo con una perspectiva más fría, pero es bastante revelador todo lo que me has contado hoy, incluido el suceso del otro día con esos ladrones.
—¿Por qué lo dices? —preguntó extrañado Kenshin mirándole con detenimiento.
—Porque, para empezar, Kaoru se equiparó al nivel de tu esposa y tú no le corregiste como sí hiciste el primer día —explicó Sanosuke con convicción. Podía ser que ninguno de los dos se diese cuenta en el calor de la refriega, pero era un indicador muy importante—. Me has contado que Kaoru te dijo que no la perderías como pasó con tu esposa —siguió él tocando un punto clave, aunque entonces se dio cuenta de otro hecho relevante—: ¡Es más! Si Kaoru le diera un par de vueltas, hasta se daría cuenta de que estás al tanto de que erais pareja.
El, en otros tiempos, mejor asesino del país se quedó mudo sin saber qué decir. Miró a Sanosuke como si le viese por primera vez.
—No lo había pensado así.
Estaba muy desconcertado por cómo había expuesto Sanosuke el tema de Kaoru y su esposa. No se le había ocurrido verlo por ese lado. Kaoru se había posicionado a la altura de Tomoe en sus preocupaciones, haciendo referencia a que a ella no le pasaría lo mismo que a su esposa. Lo más seguro era que lo hubiese hecho de forma inconsciente, más movida por el hábito de saber que ostentaba una posición similar en su vida equiparable a la de su esposa, que porque realmente pensara lo que estaba diciendo.
Pero él lo había pasado por alto. Quizás estaba demasiado alterado en ese momento por la refriega, pero no había sido consciente de ello como sí lo había sido en otras ocasiones.
Estaba tan confundido por ello, que cuando habló sobre la otra duda de Sanosuke, su voz salió sin inflexión.
—Y ella ya sabe que estoy al corriente de lo nuestro. Lo hablamos ayer.
—Pues más razón para que pongas tus sentimientos en orden —le dijo con mayor firmeza—. Si Kaoru empieza a notar que la tratas con la misma relevancia que a tu esposa, va a terminar concluyendo que vuelves a sentir algo por ella.
Aquello sacó a Kenshin de sus pensamientos de tal forma, que le puso a la defensiva.
—No la quiero de esa forma —le advirtió para que no siguiera por ese camino. Suficiente tenía con no poder aclararse ni él mismo con el enredo que tenía en su interior como para que también Sanosuke se apuntara al hostigamiento—. A la única mujer que quiero es a mi esposa.
Kenshin estaba convencido de que eran los recuerdos cada vez más insistentes los que estaban influyendo sobre él en cuanto a emociones. Eran esos recuerdos los que hacían que pensara en Kaoru en ese terreno. Con cada día que pasaba, conocía un poco mejor a Kaoru y se daba cuenta de que le agradaba. Llevaba ya varios días entendiendo a nivel racional que su «otro yo» se hubiera enamorado de otra mujer después de tantos años.
Eran muchos años.
Pero para él, seguía siendo una traición a Tomoe. No podía evitar pensar así y por eso no le gustaba nada tener que meditar sobre Kaoru.
—¿Me lo dices… o te engañas?
—No me engaño —espetó de malos modos enojado—. Y no pienso hablar más de ese tema —amenazó contundente. La charla se había acabado para él.
Sanosuke le miró de hito en hito ante esa abrupta conclusión. Aunque Kenshin también tenía sus dudas en cuanto a distintos aspectos de su vida, nunca se mostraba beligerante cuando alguien tocaba uno de ellos; como si no quisiera hacerle frente. Kenshin se había molestado más de lo que habría esperado en cuanto dejó caer que pudiera sentir algo por la chica, lo que a su juicio indicaba que debía haber algo más de fondo. Pero si estaba tan a la defensiva, tampoco iba a poder ayudarle dijera lo que dijese.
—Entonces, todo aclarado —concilió—. Nadie mejor que tú puede saber lo que sientes por Kaoru.
Kenshin miró a Sanosuke con cierto recelo. Que desistiera tan rápido en su discurso cuando era un defensor de Kaoru, le hizo saber que se había mordido la lengua en pos de acatar su petición de no continuar.
Pero de verdad que en esos momentos necesitaba no liarlo más. Era bien consciente de que Kaoru era una buena chica, como bien habían dejado patente momentos antes. Después del impacto inicial por saber que tenía otra mujer, Kenshin había considerado el asunto y llegado a la conclusión de que no era tan mala idea que su «otro yo» hubiera aceptado a Kaoru.
Pero una cosa era que lo entendiese como adecuado para el Kenshin de aquella época y, otra cosa muy distinta, que la valorase para él mismo. Por eso le había inquietado sobremanera lo que había pasado hacía unos días y que le había llevado a considerar momentáneamente la idoneidad de Kaoru para él mismo. Sin embargo, estaba convencido de que Kaoru ya no era para él.
—Aprecio a Kaoru… de verdad. Pero a quien quiero es a Tomoe —quiso dejarle claro a Sanosuke, aunque su voz no salió tan contundente como habría esperado.
Sanosuke observó pensativo a Kenshin sin saber mucho por dónde tirar. Era la primera vez que trataba con un Kenshin tan confuso en sus emociones. El que daba los consejos siempre era él, no al revés. Pero tenía la creencia firme de que su amigo se encontraba en una encrucijada de la que no sabía qué camino tomar, sobre todo, porque ninguno de ellos le gustaba. Estaba convencido de que Kenshin no quería hablar del tema porque le incomodaba, no tenía dudas de ello. Pero del mismo modo, necesitaba algún tipo de consejo que le aportara un asimiento en la vorágine emocional que vivía, por mucho que no lo pidiera.
Era cierto que Kenshin siempre había tenido un gran cargo de conciencia que había desembocado en su vida nómada, pero siempre era muy seguro de sí mismo. Pensaba que el Kenshin influenciado por Battosai también lo sería. Pero a la hora de la verdad, sólo era un chico de dieciocho años viudo que tenía que hacerse cargo de la vida que había construido once años después un Kenshin más maduro y con sus emociones más estabilizadas.
Se recriminó el haberle dicho esas últimas palabras. No había sido justo con él. El Kenshin que había conocido durante meses no había tenido dudas en sus sentimientos con Kaoru porque vivía otro momento de su vida. Había terminado la guerra, vivido una década pacífica vagando por Japón y con el recuerdo de su difunta esposa ya lejano.
Pero este Kenshin recordaba la guerra como si hubiera estado en ella hacía menos de un mes, con el caos generado por la distorsión de la época que creía vivir frente a la que realmente tendría que vivir y, por supuesto, con el recuerdo de Tomoe más presente que el otro Kenshin. Cuando Enishi les atacó y Kenshin les contó su vida, les había dicho que, tras enterrarla, él había seguido en la guerra sólo por ella; por conseguir una era de paz en la que la gente pudiera vivir tranquila como lo habían hecho ellos dos aquellos seis meses de matrimonio.
Entendía, por tanto, que Kenshin renegara de querer a otra mujer cuando mantenía tan fresco en su memoria el recuerdo de Tomoe para atravesar la guerra en la que aún creía estar. Su estado actual era una total contraposición del Kenshin que ya había cicatrizado aquella herida con el paso de catorce años y entendía la diferencia entre los dos momentos para querer a una mujer o a otra.
Aquel era un verdadero problema. A Kenshin le faltaba la madurez propia de otra década de experiencia. Una madurez de la que él mismo también carecía. A efectos prácticos, tenían la misma edad. Por eso siempre había sido Kenshin el que aportaba sensatez, no al revés.
Pero al igual que otras veces Kenshin le había ayudado a él, quizás esta vez fuese él el que necesitara que alguien le aportara otro punto de vista que no era capaz de ver.
—Kenshin, no quiero que te lo tomes a mal, pero creo que te estás aferrando al recuerdo de que la amaste —expuso con cuidado. Por supuesto, se ganó una escalofriante mirada del espadachín, pero no se amilanó por ello—. Incluso para ti han pasado ya algunos años desde que murió, mientras que a Kaoru la tienes aquí y ahora. Entiendo que el Kenshin de hace unas semanas tuviese más clara la diferencia entre un amor que aún se mantiene y un amor que sólo vive en su recuerdo. Te saca muchos años de ventaja. Pero tengo la sensación de que te estás cerrando a esa posibilidad; como si te negaras más por remordimiento que porque realmente lo sientas.
Kenshin se levantó sin decir nada; estaba molesto, que no enfadado, por lo que Sanosuke se relajó.
—Me vuelvo a casa —dijo a su manera cortante habitual.
Sanosuke le dejó marcharse sin agregar nada más. Le preocupaba ver a Kenshin en ese estado. Debía tener una maraña de emociones que no conseguía controlar y los recuerdos que iba recuperando no podían estar haciéndoselo más fácil. Si recordaba cosas de su vida en común con Kaoru, era imposible que no le llegaran también los sentimientos que ese Kenshin tenía por ella. Unos sentimientos contradictorios con los que él sentía.
Sanosuke no podía hacer mucho más por Kenshin y Kaoru. Era él quien tenía que desentrañar el lío en el que estaba sumergido. Decirle lo que tenía que hacer no iba a ayudar en nada; sólo conseguirían que se obcecara más en la línea de lo que pensaba. Lo único que podía hacer él era intentar darle más puntos de vista sobre los que reflexionar. Igual que había hecho Kenshin con él hasta que tuvo aquel accidente.
Sanosuke se levantó del suelo y se sacudió el pantalón a la vez que soltaba un gran suspiro ante ese pensamiento. Debía dar gracias al menos a que el accidente ocurriera en ese momento y no en uno anterior, pues se temía que de haber sido así, no habría sido capaz de actuar a tiempo y ahora no estaría con su doctora.
Notas del fic:
*Dojo: Lugar de entrenamiento.
***Aunque estoy corrigiendo los diálogos para poner los de la edición Kanzeban (que se supone que tiene una traducción mejor), le da bastante más dramatismo la versión vieja así que es la que voy a dejar. En el Kanzeban, Kenshin dice: «Con tal de proteger a Kaoru, me veo obligado a volver momentáneamente a ser el asesino que una vez fui». WTF? La primera vez que lo leí hasta me sorprendió, porque claro, yo tenía bien grabado lo que me inspiraba este momento y aquí me pusieron justo lo contrario. La versión vieja implica hacerlo de forma voluntaria para protegerla; de hacer lo que sea por salvarla. Mientras que aquí, expresa que lo hace en contra de su voluntad, es decir, salva a Kaoru como obligación. Y claro, yo ojiplática perdida, porque se supone que éste es uno de los momentos claves que indican la cercanía que empieza a haber entre ellos. Lo dicho, que obviamente, yo dejo la versión vieja, ¡adónde va a parar! ¬_¬º
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Fin del Capítulo 14 - 11 Julio 2013
Revisión - 10 Abril 2022
Notas finales:
Para el siguiente capítulo quiero reformar algunas escenas. Para empezar, he juntado lo que iba al final de este capítulo con el siguiente. Para las que lo leísteis en su día, la perspectiva de Kaoru y la de Kenshin ahora van a ir juntas (seguro que con eso sabéis 100% qué es lo que viene XD -No spoilear en los comentarios, por favor XD). Pero es que tenía que reconfigurar los capítulos 13 y 14 y así cuadraba mejor las extensiones de los capítulos.
La escena de ella ya la tengo más o menos revisada porque no va a sufrir mucho cambio, así que, prácticamente lo que me queda es la de él, que mi idea es ampliarla y más o menos tengo en mente lo que quiero hacer. Así que espero, de verdad de la buena, no retrasarme tanto.
¡Saludos!
