CAPÍTULO 16: Tiempo muerto
Comentarios a los reviews:
jbadillodavila: No, en esta historia no aparece Saito. Si no recuerdo mal, en el única que aparece es en «Un final alternativo».
Kaory1: Pues el incidente estaba, pero tiene incorporada más reflexión de Kenshin. Lo que vengo a intentar explicar es que Kenshin, durante la guerra, se convirtió en un adicto de la adrenalina. Pero por mucho que avance en quitarse esto, está todo lo demás detrás. En cuanto a «Consejero Sanosuke», pues no le queda más. Igual que le hace a Kenshin hacer cosas por amistad, a él también le toca lo suyo XD. Y por último, sobre «las llamas altas» son las llamas del fuego las que pueden estar altas o bajas en función de la intensidad. Si el fuego está muy vivo, las llamas llegan muy alto. Las ascuas son el carbón o la leña quemada. No tiene sentido referirse a ellas en este caso.
PrettyKaoru: Jajajaja, lo de meterle la fantasía viene un poco por mi vena maniaca de quitarle el estigma de santurrón a Kenshin. Lo que pasa es que, como en este fic sólo sale en el primer capítulo, no se puede ver. Pero en el resto de fics que tengo, me gusta meter cosas que hagan ver que en su cabeza no es tan santo ^o^. En cuanto a que te dé más pesar Kenshin... a mí no me preguntes: nunca he entendido que todo el mundo que leía este fic viese a Kaoru como la víctima de todo. Es decir, imagínate que tú estás casada con tu marido al que quieres un montón y, mientras aún estás de duelo por su muerte porque no lo has podido superar como dios manda porque estás metida en una guerra, de repente un día despiertas y te dicen que no, que han pasado once años y estabas a punto de casarte con este tío que te ponen aquí y que no conoces de nada. Pero oye, la víctima de todo es el tío desconocido porque no le tratas como lo hacías antes y no le gusta tu «nueva personalidad». ¿Holaaaaa? Que a ver, que yo entiendo que Kaoru lo pasa mal, pero el que está viviendo un momento superjod*do es Kenshin. Así que, obviamente, me quedó claro que no estaba contando bien la historia u_uº
Kaoruca: Aquí estamos viendo muchas facetas, pero es un poco como en la vida real cuando te topas con imprevistos. Kaoru siempre ha hecho y deshecho lo que le ha dado la gana porque los demás se lo permiten, y de pronto se tiene que contener porque el Kenshin permisivo ya no está. Y Sanosuke ha pasado de tener alguien que le aconseja ser más responsable con su vida a que ese alguien tenga un lío mental del quince. Todo al revés XD. Pero al final, es como la vida misma: te tienes que amoldar a lo que te viene.
Shaiwase: Me alegra que te esté gustando la nueva versión *o*. Lo que pretendo es que el fic mantenga la misma esencia pero rebajando la hostilidad de Kenshin y que se vea con más sentido su actitud. Hasta aquí veo que más o menos lo estoy consiguiendo, así que espero mantenerlo ;-D
CinthKitty: Sanosuke puede tener la cabeza de pájaros, pero se engrandece ante la adversidad. Y que Kenshin haya perdido la memoria es muy, muy adverso XD
YokoGH: Me alegra que os esté gustando *o*
Gracias a todas por los reviews ;-D. Os dejo con el capítulo siguiente. Espero que os guste ;-D
CAPÍTULO 16: Tiempo muerto
Ya se había cortado dos veces, y no porque lo estuviera haciendo con prisa, sino porque no terminaba de concentrarse en lo que hacía. Casi se había acostumbrado a no tener ni una sola herida en la mano, pero otra vez volvía a las andadas.
Kaoru fijó su atención en la preparación de la cena, pero enseguida volvió a distraerse. Kenshin no aparecía. Era ya de noche y seguía en la calle. Estaba segura de que la había seguido a casa en las sombras. Y no le extrañaba porque era algo propio de él cuidar de que no le pasara nada. Pero se había marchado y no terminaba de regresar a casa.
Parecía un chiste cósmico. Habían hablado de poder decirse cualquier cosa sin peligro de que Kenshin se marchara, pero habían conseguido otra alternativa para que eso sucediera. Estaba tan preocupada y ensimismada en sus pensamientos, que se cortó una tercera vez.
—Debes prestar más atención a lo que haces, Kaoru.
—¡Kenshin! —El cuchillo se cayó de sus manos al oír su voz y, tras dar contra la mesa, terminó aterrizando en el suelo con un gran estruendo. Se había sobresaltado al no haberle sentido llegar.
Kenshin se acercó hasta ella y recogió el cuchillo, lo limpió y se lo ofreció. Kaoru tenía el dedo herido en la boca, intentando mitigar el dolor y el sangrado. Terminó por dejar el cuchillo en la mesa y se acercó a la balda que tenía las finas tiras para vendar. Cortó un trozo y, de vuelta con Kaoru, se dispuso a hacerle una pequeña cura. Le cogió la mano y Kaoru no pudo evitar sonrojarse al recordar lo que había pasado entre ellos esa tarde.
—Creía que habíamos superado esta parte de los cortes de dedos —comentó no muy divertido. No le gustaba ver heridas en el frágil cuerpo de Kaoru, aunque fuesen finas cicatrices.
—Estaba muy preocupada —le dijo sin miramientos—. Es tarde y pensé que no volverías.
—Te dije que no me marcharía, ¿no?
No debería haber sonado tan crítico teniendo en cuenta que, si no hubiera sido por Sanosuke, eso era justo lo que habría sucedido en verdad. Pero ya que había regresado, podía al menos tranquilizarla haciéndole ver que no optaría por irse si ocurriese algo inesperado.
—Es cierto.
Su tono era más sereno y supo sin género de dudas que había sonreído. No quiso ni mirarla o volverían los tormentos de remordimientos, deseos y sentimientos, por lo que se limitó a seguir vendándole el dedo.
—¿Qué estás preparando? —Sabía que no podía esquivar a Kaoru eternamente viviendo en la misma casa, pero evadiría el suceso de esa tarde pasara lo que pasase.
—La cena —bromeó divertida Kaoru.
Kenshin la miró y supo en el acto que era un error. Kaoru parecía feliz, con sus preciosos ojos azules brillantes y esa sonrisa cautivadora que acabaría por volverle loco. Y todo porque él estaba allí. Lo sabía con cada parte de su cuerpo.
Cuando había llegado a casa y la había visto desde la puerta, tenía un semblante sombrío, pero había sido hacerle notar su presencia y toda ella había resplandecido. Tenía la capacidad de hacer feliz a Kaoru sólo estando cerca de ella y no era capaz de disfrutar de ello sin sentir remordimientos. Sanosuke tenía razón. Si hubiera sido al revés, no habría querido que Tomoe se amargara la existencia permaneciendo sola. Pero por mucho que lo entendiera, no podía cambiar lo que sentía.
«—Por fin me sonríes.
—Si tú sonríes, la parte de mí que hay en tu interior sonreirá en todo momento».
Lo único que le quedaban de sus sonrisas eran recuerdos. Sólo la había visto sonreír en vida dos veces, justo el día anterior a su muerte cuando le juró que protegería su felicidad y cuando la sostuvo mientras moría. Y la tercera vez que lo había hecho, era un sueño del Kenshin actual intentando salir del tormento que le había acompañado desde el final de la guerra por sus crímenes pasados.
—Muy graciosa —le dijo en tono irónico por contestarle con una obviedad—. ¿Te ayudo?
Kaoru ni siquiera se lo planteó. Sacó un cuchillo que le tendió en el acto y le colocó varias hortalizas delante para que las troceara.
—Córtalas —le ordenó ella.
Mientras cocinaban no dijeron nada más. Kenshin se relajó visiblemente al ver que Kaoru no sacaría el tema de lo ocurrido esa tarde y se lo agradeció desde lo más profundo. Sabía que, si tocaban el asunto, acabaría poniéndose a la defensiva y tendrían otra discusión. Quizás Kaoru fuese consciente de esa posibilidad y por eso no comentaba nada.
Retomó la última reflexión que había tenido. Había sido un sueño que tuvo tras empezar a recordar el suceso con su cuñado, pero el significado era el mismo que había expuesto Sanosuke. Tomoe era feliz siempre que él lo fuese; eso era lo que ella le había dicho en esencia cuando estuvo inconsciente antes de ir a buscar a Kaoru. Pero seguía teniendo una opresión en el pecho que era difícil de eludir. Había matado a la mujer que amaba y, como «recompensa», ¿la sustituía por otra sin más? No podía olvidar lo que le había hecho a Tomoe. Ni ella se merecía lo que le ocurrió, ni él vivir con la conciencia tranquila como si no hubiera sucedido nada.
—Kenshin, ¿te encuentras bien? —preguntó Kaoru preocupada al ver que dejaba de cortar las hortalizas y se sumía en sus pensamientos.
—No, la verdad es que no. —No sabía por qué le había contestado con sinceridad porque aquello sólo podía traer como consecuencia el seguir la conversación.
—¿Es por lo de esta tarde? —Kenshin suspiró al ver sus sospechas confirmadas, pero se lo había buscado él mismo por no haber respondido que estaba bien.
—Prefiero no hablar de ello.
Kaoru le miró por unos segundos que se le hicieron eternos casi esperando que ella ignorara su petición, pero finalmente, acabó centrándose en la cena y Kenshin pudo relajarse también.
—Megumi me comentó ayer que buscarían un lugar para vivir —empezó ella de repente—. Una vez que se casen no podrá seguir viviendo en la clínica del doctor Gensai, ni tampoco podrán irse a la habitación de Sanosuke. Pero hoy no la he visto y tampoco he podido hablar con Sanosuke tras las clases para enterarme. ¿Sabes algo?
Kenshin levantó la vista hacia ella y la contempló antes de contestar. Ni siquiera le miraba, manteniéndose concentrada en la cena. Había terminado con su parte y estaba metiéndolo todo en un recipiente mientras se calentaba el agua al fuego.
Kaoru había cambiado de tema y Kenshin era muy consciente del esfuerzo que había supuesto para ella. Tenía que estar haciéndose multitud de preguntas y con razón, pero las había dejado de lado porque se lo había pedido.
Porque así era Kaoru: siempre mirando por los demás antes que por ella misma.
Kenshin tuvo que contener las ganas de gritarle que dejara de hacer eso; que dejara de ponérselo tan difícil. Pero era absurdo decirle a una buena persona que dejara de serlo.
—He visto hace un rato a Sanosuke y me ha comentado que han encontrado un sitio esta tarde.
—Ah, eso es genial. Con tan poco tiempo no estaba segura de que pudieran dar con un lugar adecuado. Pero ahora tendrán una casa a la que ir cuando se casen —comentó más alegre al ver que ese aspecto se resolvía.
Kenshin oyó unos pasos acercándose a la cocina y Yahiko apareció en la puerta.
—¿Cómo vais con la cena? Me muero de hambre —se quejó el chico poniéndose al lado de ellos.
—Aún queda un rato hasta que esté lista, así que tendrás que esperar —le informó Kaoru pasando el recipiente a Kenshin para que pusiera allí los trozos que había cortado él.
—¿Qué te has hecho en el brazo? —preguntó Kenshin al ver el vendaje de Yahiko.
—Nada, me he quemado en el Akabeko este mediodía. ¿Sabes que esta mañana Sanosuke ha enseñado a sus alumnos a hacer una técnica de inmovilización? —Lo dijo tan rápido que Kenshin supo que había cambiado el tema deliberadamente. Dedujo que había algo detrás de aquella quemadura, pero no era de su incumbencia. Si el niño no quería comentarlo, no era quién para instigarle a decirlo—. ¿Puedes venir luego al dojo* para intentar hacerla?
—¿Para qué quieres aprenderla? —cuestionó Kaoru un tanto ofendida—. Tú no la vas a necesitar.
—Nunca se sabe —contradijo Yahiko con vehemencia—. No siempre voy a tener cerca mi espada de madera, así que me podría venir bien saber inmovilizar al contrario si tuviese alguna pelea —terminó diciendo el chico con una pose de batalla con las manos desarmadas.
Kaoru tiró de mala manera la comida cortada a la cazuela.
—¡Voy a matar a Sanosuke! —dijo enfadada—. No sólo tiene más alumnos que yo; ¡encima me quita a los que tengo!
—¡No he dicho que quiera dejar las clases de kendo! —replicó indignado el chico—. Sólo digo que nunca está de más saber otras técnicas de lucha… por lo que pudiera pasar.
—Ya, claro —añadió sarcástica Kaoru al tiempo que dejaba el recipiente sobre la mesa con la misma actitud que con la comida, por lo que hizo ruido al chocar contra la mesa—. Así se empieza y luego se abandona.
Viendo que la discusión se ponía tensa, Kenshin se fue acercando lentamente hacia la puerta para dejar a esos dos pelearse y tirarse los cuchillos a la cabeza.
—¡Menuda maestra eres! ¡Deberías tener más confianza en tu técnica de espada! ¡Si tú misma piensas que la gente la abandonaría a las primeras de cambio, no puedes transmitir confianza a tus alumnos!
—¡¿Cómo te atreves, enano?! —Empezaron con los descalificativos.
—Aunque ahora que lo pienso, no me extraña que pienses que se marchen —dijo jocoso haciendo que Kaoru entrecerrara los ojos con intenciones de agarrarle del cuello y estrujárselo—. Con una maestra tan fea como tú, es un milagro que no hayan salido ya espantados.
Como se temía, Kenshin oyó desde el patio de la casa que empezaban a lanzarse objetos y, con toda probabilidad, muy contundentes. Oía gritos, insultos y golpes, y no pudo evitar suspirar. La gente que los veía siempre decía que se llevaban como dos hermanos pequeños, aunque debido a las circunstancias de su vida, él nunca había podido observar el trato entre hermanos. Desde muy pequeño había estado solo y su maestro tampoco se podía decir que fuese un dechado de virtudes y generosidad. Si bien le había acogido, era bastante duro y, por supuesto, no había muestras de cariño fraternal hacia él.
Yahiko debería estar muy agradecido de haberse encontrado con Kaoru. Tenía entendido que había estado sirviendo como carterista a una familia como forma de pago por el tratamiento médico de su madre. Y no le habían tratado nada bien. Así había acabado con ellos en el dojo Kamiya. Por eso no terminaba de comprender por qué se llevaba tan mal con ella, a excepción de la descripción que hacían todos: que se querían como hermanos y, por tanto, se trataban como tales.
Era la única explicación lógica que le encontraba y, pensando eso, sonrió. Él también tenía suerte de haberles encontrado. Como a sus padres y hermanos apenas los recordaba, en lo que a él respectaba sólo había tenido dos familias y ninguna de ellas se podía decir que fuese muy afectiva. Su maestro no lo era, y por mucho que le doliera reconocerlo, Tomoe tampoco. Ella era una compañía fría y calmada; nada comparado a lo que había en esa casa.
—Soy una persona herida; debería tener más consideración conmigo —se quejó Yahiko mientras se sentaba a su lado, con un chichón en la frente.
—Ser una persona herida tampoco te da derecho a meterte con ella —dijo a modo de reprimenda Kenshin.
—Vaya… Ya os habéis arreglado, ¿no? —refunfuñó suspicaz el chico—. Otra vez vuelves a defenderla. ¿Sabes? —siguió diciendo él como si hubiera caído en algo—, es curioso que la defiendas más ahora que antes del accidente.
—No te entiendo —dijo Kenshin confundido—. Ni siquiera me meto en vuestras peleas.
—Antes sí lo hacías para calmar los humos, pero nunca te posicionabas al lado de ninguno. En cambio, ahora, no te metes, pero sí tiendes a defenderla a ella.
—Será, entonces, porque Kaoru lleva razón.
—¡Pero si ha empezado ella llamándome enano! —protestó Yahiko indignado.
—Porque tú te habías quejado de sus dotes como maestra. —Kenshin suspiró—. Deberíamos ser más amables con Kaoru, y yo el primero. Tenemos mucha suerte de que haya una persona que se preocupe tanto por nosotros.
—¿Te has vuelto a dar un golpe en la cabeza? —inquirió el chico más suspicaz que antes.
—No —respondió desconcertado.
—Porque nunca te habías preocupado de esas cosas.
—Pues ya va siendo hora de que alguien lo haga.
Kaoru apareció por el pasillo llevando la cazuela y se quedó extrañada al verles en el patio.
—¿Qué hacéis ahí con el frío que hace? —preguntó ella antes de seguir su camino hacia la sala donde estaba la mesa para comer—. Venid, que la cena ya está lista —añadió cuando entró en la estancia.
Yahiko se levantó molesto para dirigirse hacia la habitación en la que se había metido Kaoru.
—No es justo: dos contra uno. Y encima, los dos adultos. Debería darte vergüenza aliarte con la chica en vez de hacer piña conmigo, Kenshin —le recriminó en broma el chico haciendo sonreír al hombre.
La cena transcurrió con relativa tranquilidad aunque Yahiko volvió a fastidiar a Kaoru. Esta vez, Kenshin no intercedió después de ninguna forma, pero como ya venía viendo con anterioridad, Kaoru era muy capaz de defenderse sola contra el niño. No le extrañaba que se quejara por tener a otro adulto respaldando a Kaoru cuando ya de por sí le costaba hacerle frente a su maestra.
—Ven al dojo para que te enseñe el movimiento de Sanosuke. Nunca lo había hecho antes —dijo Yahiko rato después de terminar de cenar.
—Has terminado de comer hace poco. Te va a sentar mal —le dijo Kaoru intentando detenerle.
—Ya ha pasado un tiempo y, además, no voy a entrenar. Quiero enseñarle esa técnica a ver qué le parece.
Kenshin se levantó y acompañó a Yahiko con un par de lámparas de aceite para iluminar el lugar. Kaoru no pudo evitar acompañarles y, una vez estuvieron allí, el chico les explicó cómo realizarla. Por desgracia para él, la joven kendoka comprendió rápidamente la dinámica y le hizo la llave a Yahiko, al cual dejó inmovilizado en un momento.
—Sólo por esto, no mataré a Sanosuke mañana —se jactó muy altanera Kaoru con Yahiko aprisionado contra ella—. Esta técnica es muy sencilla. ¡Y ni siquiera me tengo que quitar el yukata*! —rio para gran mortificación del chico.
Yahiko intentó zafarse del agarre, pero no pudo. Kenshin se acercó para analizar la postura de ambos.
—Ya veo por qué nunca utiliza esta técnica en combate —comentó al descuido.
Kaoru soltó al chico el cual se irguió con el brazo dolorido tras haber sido cruelmente retorcido.
—A Sanosuke le encanta vapulear a sus contrincantes —argumentó Yahiko—. Nunca inmoviliza a nadie.
Kenshin no pudo más que asentir a esa lógica aplastante, aunque añadió de todos modos:
—Pero con esta técnica sólo puedes inmovilizar a alguien que sea menos corpulento o fuerte que tú.
—Y en las batallas más duras que ha tenido estos meses, los hombres a los que se ha enfrentado eran más grandes o más fuertes que él —complementó la explicación Kaoru—. Es sólo una técnica sencilla para ir cogiendo reflejos, Yahiko. Los chicos a los que enseña son novatos; no puede enseñarles técnicas muy elaboradas hasta que no estén más preparados en artes marciales. Puedes inmovilizar a alguien que no sea muy diestro, pero no a alguien que sepa cómo contrarrestar este movimiento.
Yahiko se frotaba el hombro contrariado. Le había parecido una forma de inmovilizar al contrincante efectiva, claro que, como él sólo había aprendido kendo, no tenía mucha idea de otras técnicas de pelea cuerpo a cuerpo.
—Fíjate bien. —Kenshin se acercó más a Kaoru y le dio a Yahiko su espada indicándole que se apartara más—. ¿Me inmovilizas a mí? —le pidió a ella.
Tanto Yahiko como Kaoru se quedaron en el sitio sin mover un músculo por la sorpresa. Kenshin nunca entrenaba con Kaoru. Mejor dicho: en términos generales, nunca entrenaba con ellos. Alguna vez lo había hecho como parte defensiva en un entrenamiento con Yahiko, pero nunca tomaba parte activa, suponían que para evitar la posibilidad de hacerles daño.
—¿Kaoru? —dudó al ver que los dos se habían quedado paralizados.
—¡Sí, claro! —contestó saliendo del aturdimiento que tenía ante la petición de Kenshin.
—Te ataco —la avisó Kenshin antes de lanzarle un puñetazo.
Kaoru lo esquivó y rápidamente le inmovilizó igual que había hecho con Yahiko. El chico vio al momento la diferencia que había en la postura al tener a alguien de la misma altura y no más bajo como había sido su caso. Kenshin le hizo perder el equilibrio con un movimiento brusco y, acto seguido, la lanzó contra el suelo.
—¡Au! —se quejó de la espalda Kaoru al clavársele el nudo del obi* con el golpe.
—¿Te he hecho daño? —se preocupó Kenshin, el cual creía que no había puesto demasiada fuerza al tirarla.
—No… —contestó con un gemido suave, pero era evidente para todos que le había dolido—. Es sólo una muestra de por qué no se puede hacer esto sin la vestimenta adecuada.
—Es culpa mía por no haberme dado cuenta —se disculpó Kenshin acercándose a ella y ayudándola a incorporarse.
—No pasa nada, en serio —dijo ella al instante—. Podemos hacer esto otro día que esté vestida de entrenamiento… —Kaoru se detuvo en cuanto vio que Kenshin la miraba desconcertado, pero no quería perder la oportunidad de poder entrenar con él. Siempre había querido hacerlo, pero él nunca se prestaba a luchar contra ella. De modo que amplió alternativas por si alguna le convenciera más—. O cualquier otra cosa: un entrenamiento de espadas, o un combate…
Kenshin vio cómo la voz de Kaoru se fue apagando según hablaba. No entendía por qué mostraba esa ansiedad de repente. ¿Quizás le había hecho más daño del que reflejaba ella y le estaba diciendo eso para distraerle?
—Claro —le dijo confundido—. Pero ¿estás bien?
—Sí, perfectamente —contestó ella emocionada por que decidiera participar con ella en próximos entrenamientos. Se levantó, pero, al ponerse de pie, hizo una mueca de dolor que no pasó desapercibida para Kenshin y, sin siquiera avisarla, la cargó en brazos.
—Yahiko, lleva las lámparas a la habitación de Kaoru.
El chico salió diligente con el encargo de Kenshin y él se llevó a una muy cohibida y sonrojada Kaoru a su habitación.
—Voy a mirarte la espalda, no sea que se te haya contraído un músculo.
—Puedo hacerlo yo.
—¿En la espalda? —La miró con suspicacia y Kaoru no dijo nada más. Ella seguía con su vista fija en su regazo. No se había atrevido a cogerle del cuello—. Te daré un ligero masaje para destensar la zona.
—No hace falta, en serio —replicó más roja aún.
—Cállate —le ordenó con voz seca.
Sin embargo, a Kaoru la estaba alterando el pensar en Kenshin haciéndole un masaje en la espalda. Y lo peor, ¿pretendía hacérselo por encima de la ropa o pensaba quitársela? Notó un calor excesivo en la cara y se llevó las manos para taparse muy mortificada.
Según llegó, le dijo a Yahiko que podía retirarse a su cuarto y al salir cerró la puerta con ellos dentro. Kenshin pudo notar la tensión de Kaoru al momento. La puso de pie cerca del futón, le dio la vuelta y comenzó a desanudarle el obi.
Kaoru se alejó de él.
—No puedes estar en mi habitación, ¡y menos quitarme la ropa! —Kaoru tenía un calor en la cara nada propio del mes de noviembre.
—Ni que fuese la primera vez —se burló con sorna.
Kaoru se quedó de piedra con esa contestación. ¿Cuándo la había visto desnuda Kenshin?
Sin embargo, él abrió la boca al ver la reacción pasmada de Kaoru.
—No puede ser cierto —susurró incrédulo.
No tenía ningún recuerdo más allá de besos castos con ella, pero ese mismo día su memoria le había tirado en la cara una fantasía muy nítida de Kaoru desnuda. Había dado por hecho que la habría visto desnuda en algún juego erótico que hubieran mantenido.
Pero lejos de eso, estaba descubriendo que esas fantasías debían derivar de su deseo insatisfecho con ella. «Su otro yo» había visualizado tantas veces ese escenario, que ya parecía real.
—¿Cuánto tiempo fuimos pareja?
—Depende desde dónde lo consideres —repuso ella con suavidad.
—Explícate —le instó él con su habitual tono parco ante la impaciencia.
Kaoru se separó algo más de él para poner distancia.
—Bueno, fuimos conscientes de los sentimientos del otro durante la batalla que tuvimos con Enishi. Pero cuando todo terminó, nuestra vida continuó igual que hasta ese momento. Así que tiendo a pensar como inicio de nuestra relación el día que me besaste por primera vez.
Aunque Kenshin había recordado varios momentos con ella, no creía que alguno de ellos fuese su primer beso.
—¿Y eso cuándo fue?
—El nueve de septiembre. —No olvidaría nunca esa fecha, ni cómo había sucedido—. Volvíamos a casa y pasamos por el lugar donde aparecen las luciérnagas en primavera. Se supone que es un sitio alegre para visitar, pero a mí me deprimió al recordar el día en que te despediste de mí para ir a Kioto. Recuerdo que me preguntaste por qué de pronto parecía tan triste y sólo tuve que decirte «fue aquí» y lo supiste, aunque no dijeras nada. Pero entonces, te acercaste a mí y me besaste. —No pudo evitar hacer una pausa al recordar aquel momento—. «Ya no volverá a ser un lugar triste para ninguno», me dijiste, y tenías mucha razón —añadió con una sonrisa—. Cada vez que paso por allí recuerdo nuestra despedida, pero después siempre llega nuestro primer beso y no puedo evitar sonreír al recordarlo. Ahora me gusta pasar por allí.
Kenshin la vio sonrojarse al contarlo. Él no recordaba ese suceso, aunque esperaba que algún día volviera a tenerlo en su cabeza. Kaoru parecía tan feliz rememorándolo que sentía cierta pena por no poder compartirlo con ella. Pero no estaba allí para eso, así que se acercó a Kaoru, la giró de espaldas a él y volvió con el nudo del obi. La bruma de felicidad en la que estaba Kaoru se esfumó y se inquietó de nuevo.
—Así que, como sólo fuimos pareja durante casi un mes, no hemos hecho nada más interesante, ¿no?
Entendía que, al no estar casados no se hubiera acostado con ella, pero sí había esperado que hubieran hecho otras cosas. Sin embargo, eso ratificaba aún más que «su otro yo» estuviera insatisfecho con Kaoru. Sus deseos debían venir de más lejos que sólo un mes… y aún no había podido darles rienda suelta.
Sólo pensarlo le dio escalofríos. Si empezaba a cruzársele por la cabeza lo que demonios fantaseaba con ella, tendría que marcharse a la otra punta del país.
Dio un ligero tirón al obi de Kaoru y ésta puso las manos sobre él para que no pudiera quitárselo. Puesto que la prenda tenía dos vueltas alrededor de ella, el gesto le complicó más el quitárselo. Aun así, aplicando fuerza, consiguió deslizarlo todo lo largo que era y retirarlo, pero no sin escuchar un gemido de mortificación de Kaoru. La joven agarró los laterales del yukata y los mantuvo cerrados.
—Hacemos muchas cosas interesantes, pero no son a las que te refieres —le dijo Kaoru azorada.
—Eso seguro —se quejó Kenshin—. De ser así, no estarías tan avergonzada por que te vea desnuda, porque ya lo habría hecho.
—No es verdad: ya no piensas en esas cosas.
Kenshin la miró sin dar crédito a lo que oía. Había que estar muerto para no pensar en esas cosas, pero Kaoru era demasiado inocente para saberlo. De otra forma, no se le ocurriría pensar que un hombre tuviera en la misma casa a la mujer que quería y no tuviera pensamientos muy indecorosos con ella.
Resopló de mal humor, sin ánimo de entrar en una absurda conversación con ella por su desconocimiento, y se acercó al futón para echar hacia atrás la manta y continuar con lo que estaban.
—Termina de desvestirte y túmbate bocabajo —le ordenó mientras se giraba para darle privacidad—. Aún quiero mirarte la espalda —refunfuñó él. Pero, tal y como se temía, no oyó ningún ruido de ropa—. Tienes un minuto exacto o te desnudo yo —la amenazó con toda la intención de cumplir sus palabras—. Tú verás lo que haces.
A Kaoru le sobraron segundos y Kenshin se rio por la prisa que se había dado de repente. Cuando se giró de nuevo hacia ella, estaba escondida bajo la manta. La hizo ponerse bocabajo y le resbaló la manta hasta la parte baja de su espalda. Kaoru no paró de repetir «¡Ay, Dios!» como un mantra, y aquello exasperó a Kenshin.
—No voy a violarte —resopló con indignación. «O, al menos, no hoy», pero sólo lo pensó porque, de decirlo en alto, a la chica le daría un ataque. Tenía que hacer un gran esfuerzo para no contemplar a Kaoru con un cariz sexual, en vez de uno atento por su estado.
Kaoru tenía la espalda enrojecida incluso con el tiempo que había transcurrido. El nudo se le había clavado en la espalda con el golpe que se había dado. Pasó las manos por encima de una vela para calentarlas y las puso sobre la zona marcada por el nudo. Kaoru estaba tensa como un arco, pero según frotaba la zona en la dirección del músculo, se fue relajando e incluso soltando pequeños jadeos de placer.
Sabía perfectamente lo que un músculo tenso era capaz de hacerle a un hombre y, por supuesto, que un buen masaje te podía convertir en un hombre nuevo. No era raro que, en el fragor de la batalla, más de un músculo acabara resentido, y había aprendido a cuidárselos él mismo.
Cuando Kenshin terminó con esa parte, revisó el resto de la espalda de Kaoru en busca de otras lesiones. Tenía varios nudos en la espalda y se los aflojó con cuidado. Kaoru acabó siendo mantequilla en sus manos y había perdido todo el pudor que hubiera sentido inicialmente.
—¿Cuándo has aprendido a hacer esto? —le preguntó con la cabeza contra la almohada.
—Si un guerrero no sabe cuidarse las lesiones, mal asunto. Vosotros lo tenéis fácil: con los entrenamientos se controla mucho la fuerza y las heridas que se hacen, y cuando surge alguna, vais al médico para que os cure. Pero en una guerra las cosas son distintas: las lesiones suceden con frecuencia y no puedes recurrir a un médico siempre que te hagan una. Así que, o bien aprendes a cuidarte o te aguantas con la lesión —explicó Kenshin pasando a revisarle los brazos—. Tuve mucha suerte con mi maestro. Era un experto en estas artes y me enseñó a tratar muchos dolores musculares.
—Esto no te lo hace el doctor —ronroneó Kaoru, con lo que Kenshin sonrió. Por supuesto que no hacían esas cosas. Le estaba masajeando la espalda y, de paso, recreándose con ella.
Cuando terminó de aflojarle los brazos retomó el camino a su espalda y cambió la intensidad a la de suaves caricias. Lo mínimo que podía hacer era al menos llevarse eso de recuerdo. Iba a ser muy duro para él resistirse a la tentación constante que suponía tener a Kaoru a su alrededor todos los días. Pero tendría que hacerlo de alguna forma. Si daba ese salto, todo cambiaría, y no se refería sólo a lo concerniente a Kaoru y él. Sabía que todo en lo que se fundamentaba su vida se tambalearía. Sería un iluso si continuara pensando que Kaoru sólo sería una mujer más. Pero del mismo modo, también era consciente de que él no estaba preparado aún para afrontar eso.
Kenshin tocó con suavidad su espalda grabando el tacto de ella con sus dedos. Kaoru tenía una piel fina y presentaba un aspecto dorado por la luz de las lámparas, aunque siempre había imaginado que incluso sería más blanca que su rostro al no conseguir el sol siquiera rozarle en ese lugar. Algo que en cambio sí estaba haciendo él, pensó con regocijo.
Sabía que estaba torturándose innecesariamente. Había conseguido frenar a sus instintos mientras atendía a Kaoru y debería haberse marchado de allí en cuanto acabó. Pero no podía desaprovechar ese momento caído del cielo para recrearse en ella. Sin embargo, tal y como esperaba, Kenshin no tardó en volver a sentir las llamas del deseo recorrerle. Siguió acariciándola y notó que Kaoru empezaba a tensarse de nuevo.
—¿Kenshin? —dudó la chica con el cambio en la intensidad de sus manos.
—Déjame —le suplicó él con voz ronca—. No te haré nada.
Aunque no añadió más palabras, Kaoru tampoco se relajó. No necesitando ser sutil en su contacto, Kenshin paseó sus manos sin reticencias por la espalda de Kaoru, y poco después vio cómo su cuerpo subía y bajaba con más rapidez. A Kaoru se le estaba acelerando la respiración y en su fuero interno deseaba conseguir una reacción mucho mayor que ésa, pero se contuvo. Pasó una de sus manos por el lateral de su cuerpo, acariciando su cintura y subiendo hacia la redondez que se perfilaba de su pecho.
—Kenshin —dijo con cierta alarma, y el hombre se detuvo en su avance.
Esta mujer le hacía perder la cabeza sin siquiera mover un dedo. Sus dos manos quedaron inmóviles en el lugar que estaban: una en la parte alta de su cintura, la otra en su hombro contrario, y la sujetó con ambas manos. Cerró los ojos y respiró profundamente intentando serenarse. Al final, acabó por apoyar su frente contra su espalda.
—Tienes que cuidarte de mí, Kaoru —susurró con voz agitada—. Yo no soy de hielo como el Kenshin que conociste.
Diciendo eso, se levantó y salió de la habitación dejando en ella a una temblorosa y aturdida Kaoru.
Notas del fic:
*Dojo: Lugar de entrenamiento.
*Yukata: Prenda similar al kimono pero de algodón. Es más liviano que el kimono.
*Obi: Faja de tela que se lleva sobre el yukata o el kimono.
— * —
Fin del Capítulo 16 - 18 Julio 2013
Revisión - 8 Mayo 2022
Notas finales:
¡Anda que...! Sólo a ti se te ocurre ponerte a toquetear a tu objeto de deseo, muajajajaja. ¡Y esperabas quedarte tan ancho! Ainsss...
Bueno, gente... Por lo que estoy viendo, lo que me tenía ofuscada era la parte en la que me quedé bloqueada. Hasta ahí es donde más cambios he estado haciendo al fic. En el resto de capítulos (del 18 en adelante), estoy haciendo cambios menores en plan mejorar redacción o poner un párrafo aquí o quitar este de allí. A fin de cuentas, son capítulos en los que ya se mostraba el giro en cuanto a los sentimientos de Kenshin por Kaoru, además de que hay un par de capítulos en que ellos no son los protagonistas y varios lemons (que ahí no hay mucho que tocar ^o^). Así que a lo tonto, ya me he plantado en el capítulo 22, por lo que iré subiendo los capítulos más rápido ;-D
En fin, espero que os haya gustado el capítulo ;-D
¡Saludos!
