CAPÍTULO 17: Atracción
Comentarios a los reviews:
Kaory1: Si Kaoru mejora en las habilidades culinarias... yo no digo nada, ya se verá ^o^. En cuanto a entrenar cuerpo a cuerpo, pues hombre, ahora Kenshin está muy necesitado, pero es «interesante» para la historia, muajajaja...
PrettyKaoru: Ya te digo yo que es cuestión de tiempo y, además, corto... en una semana cronológica de fic esto está solucionado, jijiji. En cuanto a Kenshin, ciertamente, este tiene más sangre en las venas y te aseguro que a Kaoru no le molesta ni un poco ^o^
Kaoruca: No he entendido a qué idea te refieres. ¿Dices que has escrito algo parecido? Sobre Kenshin, sí, se autoengaña y a base de bien. Lo sabe todo el mundo y, muy específicamente, Sanosuke, que lo está viendo en vivo y en directo. De Kaoru, en terrenos sexuales es más ingenua que un niño con chupete ¬_¬º. Y Kenshin no ha ayudado mucho siendo tan absurdamente comedido. Así que el Kenshin actual le ha dado un bofetón de realidad ^o^
Anto: Contar una historia romántica no es tan sencillo. De hecho, mismamente en FFnet se puede ver. El desarrollo de un romance lleva mucho tiempo y muchos capítulos. Y aquí, puedes ver que una parte importante de los autores ni siquiera se lo plantean, de tal modo que se limitan a narrarte una escena en la que se han inventado una atracción entre X personajes venida de la nada simplemente por shippearlos. Por eso entiendo que un autor de shonen no quiera meterse en el berenjenal de escribir una historia romántica si no es su terreno, igual que a mí no se me ocurre ponerme a escribir una historia de terror. Los mangas shonen de temática no romántica es el problema que tienen: no tienen romances desarrollados. Te generan acercamientos fáciles para que seas tú, con tus ganas de arrejuntar personajes, la que lo facilite en tu cabeza, pero no te hacen un desarrollo de verdad. Tú misma lo dices con Toriyama: el tío necesitaba más Saiyajin para su historia así que te juntó sin más a Bulma y Vegeta. Y sin haberte contado absolutamente nada de ellos, se generó una espectación brutal sobre qué demonios había pasado (y tienes un fandom plagado de fics de ellos). Es el problema de los shonen: no nos cuentan la parte romántica con el detalle que nos gustaría. Y es lo que nos pasa con Kenshin y Kaoru: que no nos lo cuenta con el detalle que querríamos. Así que luego, nos toca a los demás rellenar esos huecos XD
Ryuuzaky: Pues eso no es nada... sigue leyendo »/«
DULCECITO311 : Pues sí, al final, esta historia viene a ser un segundo enamoramiento de la pareja en base a un mejor conocimiento del uno y el otro. Es todo un proceso, sí...
YokoGH: No le queda mucho de negación, eso te aseguro. Luego será más remordimientos que otra cosa. Pero ya va quedando menos ;-D
Gracias a todas por los reviews ;-D. Os dejo con el capítulo siguiente que es un poco intensito ^o^. Espero que os guste ;-D
CAPÍTULO 17: Atracción
—¿Por qué demonios estamos aquí el día antes de tu boda? —preguntó Kenshin impaciente mirando a las personas que pasaban por la calle en la que estaban.
—Te he hecho venir aquí porque necesito que me hagas dos favores. —Aquello atrajo la atención de Kenshin, que se quedó observando a Sanosuke—. Claro que el segundo depende de que me puedas hacer el primero.
—¿Dos favores? —cuestionó desconfiado el pelirrojo.
—Sí, recuerda que somos amigos y los amigos se hacen favores cuando se necesita —argumentó Sanosuke divertido—. Y lo mejor es que no te los tendré que devolver porque los tomaré como mi regalo de bodas. —Agarró del cuello a Kenshin mientras se reía de él con un puño en alto por su audacia.
—¿Y por eso estamos delante del salón de juego?
Kenshin se deshizo del agarre con cuidado para no ofenderle. Aunque entendía que a su amigo le gustaran ese tipo de tratos con sus colegas, él no era partidario de ellos por mucho que los hubiera sufrido en el pasado.
—Necesito que me digas si sabes hacer ese «truco Hiten» de los dados.
—¿El qué? —se extrañó Kenshin al escuchar a Sanosuke.
—Sí, eso que haces de adivinar lo que sale en los dados.
Kenshin le miró desconcertado ante la propuesta. Miró el lugar como si lo viera por primera vez y después retornó su vista al hombre.
—Tengo entendido que el juego es ilegal.
—También llevar espada. —Kenshin se quedó callado ante la réplica, pero a Sanosuke le dio la risa y el primero le miró con el ceño fruncido—. Es la misma conversación que tuvimos la primera vez que te traje aquí.
Kenshin suspiró y fijó su vista otra vez en el camino. Notó que la impaciencia volvía a resurgir después de esa pequeña interrupción por culpa de Sanosuke.
—¿A qué te refieres con lo del «truco Hiten de los dados»? —preguntó algo malhumorado.
—Cuando te traje aquí, eras capaz de adivinar cualquier tirada a los dados. Necesito saber si lo puedes hacer.
—¿Por qué?
—Necesito dinero para la sorpresa que le quiero dar a Megumi. Kaoru me ha pagado esta mañana las clases de mis alumnos. Necesito aumentarlo, pero no pienso jugar a los dados si no tengo la certeza de ganar. Si se enterase Megumi, me mata y esta vez sí que lo haría de verdad.
—¿Vas a dejar de jugar a juegos de azar?
—Como mero entretenimiento, no. Jugando dinero, sí.
Kenshin sonrió con malicia.
—Lo que hacemos por una mujer. Quién te lo iba a decir, ¿eh?
—Pues mismamente tú. Me dijiste que tenía que ser más responsable si quería conseguir a Megumi. Y eso es lo que hago —terminó diciendo con determinación—. ¿Sabes hacerlo o no? —volvió a la carga con la pregunta inicial.
—Los juegos de dados no tienen misterio para mí. Por eso me aburren tanto —añadió distraído, y Sanosuke se fijó más en lo que estaba atrayendo la atención de Kenshin.
—¿Estás mirando a las mujeres que pasan? —preguntó muy desconcertado él.
Kenshin cerró los ojos y negó con la cabeza, como si no se hubiera dado cuenta de que lo hacía.
—Se me van los ojos —confesó el pelirrojo azorado—. Tener a Kaoru todo el tiempo a mi alrededor no me deja pensar en otra cosa.
—Tenía entendido que habías encontrado una forma de descargar tu energía.
—Esto es distinto.
Con los ojos cerrados, abrió la puerta y se metió dentro del edificio. Sanosuke le siguió y, cuando estuvieron en el interior, Kenshin los volvió a abrir exhalando un suspiro.
Sanosuke recordó cuando días atrás Kenshin había admitido que deseaba a Kaoru y eso le había perturbado mucho. Casi había conseguido hacer que Kenshin se marchara de su casa para poder evitar enfrentarse a ello. Le había quedado claro aquel día que lo que exponía el antiguo asesino no era un mero deseo. Kaoru había despertado el deseo en Battosai y lo había mezclado con los profundos sentimientos que estaban muy arraigados en el vagabundo y los incipientes del nuevo Kenshin, haciendo una mezcla explosiva. En consecuencia, Kenshin se trepaba por las paredes por la impaciencia y sin poder dar rienda suelta a lo que deseaba hacer. Pero, a la hora de la verdad, era él mismo el que se lo impedía con sus dudas y remordimientos. Mientras no se aclarase, seguiría inmerso en ese círculo vicioso sin poder salir.
Sospechaba que Kenshin no era capaz de darse cuenta de todo lo que pasaba. Como espectador y confidente en aquellos días, Sanosuke podía hacerse una idea de la situación. La culpa y los remordimientos no le dejaban ver la verdad; una verdad que a él se le hacía evidente por sus actos y sus palabras. Su pasado estaba haciendo que Kenshin no pudiera valorar la realidad con Kaoru de una forma más sana. Se sentía culpable y esa culpa no le dejaba diferenciar lo que había sentido por ella de lo que realmente sentía ahora. Esa culpa hacía que intentara que todo fuese atribuido a sus recuerdos y no a él mismo.
Pero la realidad era que Kenshin se estaba hundiendo en lo que sentía por Kaoru por él mismo; sus recuerdos sólo lo estaban acelerando al rellenar huecos vacíos de una relación que, de haber nacido desde cero, habría llevado más tiempo establecer. Para su mayor temor y desasosiego, su amigo se estaba enamorando de la chica otra vez tanto por conocerla de nuevo como por los momentos que volvía a recordar de ella.
Sin embargo, esa velocidad con la que estaba ocurriendo debía ser otro punto que atormentaba a Kenshin. Sanosuke estaba convencido de que el hombre no se sentiría tan contrariado si esto hubiera sucedido con el transcurso de meses. Pero no era así: en teoría se estaban conociendo desde hacía unas tres semanas, aunque en la práctica —la que Kenshin no era capaz de asimilar—, sus recuerdos le llevaban a conocerla desde hacía meses.
Y no pudiendo afrontar los nuevos sentimientos propios y la celeridad con la que aparecían frente al conjunto de su pasado, lo escudaba en sentimientos residuales del viejo Kenshin y la atracción física incesante para así mantener su cordura.
El mayor problema que le veía Sanosuke era que, de haber pasado en otro momento en la vida de Kenshin, la reacción que estaba teniendo habría sido más moderada. Pero estaba sucediendo cuando Kenshin no era muy estable en sus emociones ni podía controlarlas de la misma forma en que lo hacía el Kenshin anterior al accidente. La consecuencia última era que Kenshin estaba librando una batalla entre los instintos más primarios de Battosai surgidos de los sentimientos hacia Kaoru y sus remordimientos por su esposa.
Sanosuke no pudo evitar sonreír al pensar en ello porque sabía perfectamente quién iba a ser el ganador de esa contienda.
—¿Por qué sonríes? —le amenazó Kenshin al ver que Sanosuke se tomaba a risa algo que a él le alteraba tanto.
—Porque a partir de mañana, yo ya no tendré ese problema —se jactó Sanosuke evadiendo lo que en realidad estaba pensando—. Tendré a una mujer a mi entera disposición.
Kenshin resopló cuando su humor empeoró ante esa exposición de hechos. No ayudaba nada a su estado el pensar lo que harían en su noche de bodas Sanosuke y Megumi.
—¿Vamos a jugar o no? —propuso muy cortante Kenshin, aunque no intimidó en nada a Sanosuke, el cual ya estaba acostumbrado a sus bruscas maneras.
Se sentaron en un corro donde había varias personas esperando para empezar una partida.
—¿Y qué tienes pensado hacer? Con cada día que pasa se te va agriando el carácter. —A Kenshin no le hizo ni pizca de gracia que se lo recordaran—. ¿No estarás pensando en irte con otra mujer? —inquirió con sospecha cuando volvió a su mente la forma en que estaba mirando a otras mujeres en la calle.
—Lo he considerado —confesó Kenshin, y a sus palabras le siguió un duro golpe con el cubilete por parte de Sanosuke.
—Kenshin, ¡ni se te ocurra! —le amenazó con vehemencia. Ya podía ser Battosai o el mismísimo emperador. Le sacaba las tripas como engañara a Kaoru sólo porque no se atrevía a hacer frente a sus miedos.
—Seis-cinco, impar —dijo Kenshin en su lugar. Sanosuke no levantó el cubilete.
—Kenshin… —advirtió el luchador ante el silencio deliberado del espadachín.
—Lo consideré, pero lo descarté, ¿contento? —Kenshin empleó un frío tono ante la amenaza velada de Sanosuke. Las intimidaciones hacia su persona no eran algo que llevara muy bien.
Durante largos segundos ninguno de los dos dijo nada: Kenshin por la reciente tensión originada y, Sanosuke, porque no estaba seguro de creer en sus palabras.
No le importaba que el nuevo Kenshin se fuese con otra mujer si en verdad no quisiera a Kaoru. No era tan ingenuo como para pensar que una persona querría a la misma persona independientemente de la etapa de su vida que estuviera atravesando. De modo que, si el Kenshin actual decidiese que Kaoru no era la mujer para él, aceptaría eso. Le dolería por Kaoru que seguía enamorada de Kenshin y esperándole con paciencia. Pero si Kenshin no la quisiera, no se podía hacer mucho más.
Sin embargo, no lo permitiría en este caso cuando renegaba de ella por no querer hacer frente a sus miedos y remordimientos. Kenshin sentía algo por la chica, aunque no se atreviera a confesárselo a sí mismo. Era evidente a sus ojos. Por lo que no consentiría que traspasara esa barrera que afectaría de forma tan negativa a los dos.
—¿Vas a descubrir la jugada o tenemos que esperar a mañana? —preguntó exasperado uno de los jugadores contrarios cuando se hizo patente que la atención de los dos hombres no estaba en el juego.
Sanosuke no se movió y siguió mirando con fijeza a Kenshin.
—No le voy a hacer eso a Kaoru —contestó Kenshin para tranquilizar a su amigo.
Si una vez había pensado en preguntarle a Sanosuke un lugar donde encontrar mujeres, era obvio que había tomado la decisión correcta al no hacerlo. Sanosuke no parecía muy dispuesto a permitirle irse con una mujer que no fuese Kaoru.
El hombre levantó el cubo al escuchar sus palabras, algo más tranquilo.
—Seis-cinco, impar —dijo el otro hombre que jugaba con ellos—. Ganas esta lanzada.
Durante la siguiente ronda, ninguno de los dos dijo nada más. Teniendo en cuenta que ya se encontraba incómodo en casa, sólo le faltaba también estarlo en compañía de Sanosuke, por lo que optó por sacar un tema más agradable.
—Por cierto, ¿cuál es el segundo favor? —le preguntó sabiendo que eso cambiaría el humor de su amigo. Siempre que hablaba de algo en torno a Megumi o su inminente matrimonio, mejoraba su estado de ánimo.
Sanosuke miró a Kenshin y, tal y como esperaba, sonrió muy divertido.
—Cuando terminemos te sigo contando el resto del plan.
— * —
Sanosuke no se andaba con pequeñeces cuando ideaba algo, como bien había comprobado Kenshin al término del juego. Sonrió cuando traspasó la puerta de entrada de casa al recordar lo contento que estaba con todo el dinero que había ganado ese día. Se alegraba por ellos dos, aunque esperaba que Megumi no se enterara de cómo había logrado amasar esa cantidad de dinero. No le haría nada de gracia.
Kaoru apareció por el pasillo rumbo a la cocina, pero se detuvo en cuanto le vio.
—¡Por fin has vuelto! —Cambió de dirección y regresó por donde venía—. Acompáñame.
Kenshin no quería hacerlo, por supuesto. Estar cerca de Kaoru era mala idea, daba igual la forma en que lo mirase. Aun así, la siguió hasta su habitación donde tenía las telas que le había comprado desperdigadas por el suelo. Una de ellas estaba ya cortada y ensamblada, pero no con las costuras definitivas.
—Quítate el yukata* —le pidió Kaoru agachándose al suelo y cogiendo la prenda que tenía armada.
Kenshin no podía dar crédito a lo que escuchaba. ¿Qué parte de «debes cuidarte de mí» no había entendido Kaoru? Hacía varios días había sido muy claro con ella.
Kenshin no se movió. No había empezado a quitárselo y ya se le estaba pasando todo tipo de escenas por la cabeza.
Aunque iba todas las mañanas a liberar la tensión para no volver al estado de días atrás, para su desgracia, aquellos funestos días habían conseguido que se le metieran todo tipo de ideas sobre qué hacer con ella. Y la situación se agravaba si tenía en cuenta su insomnio. Kaoru era el tema favorito para su cabeza cuando tenía que tranquilizarse por el desvelo de una pesadilla. De modo que se le estaba generando una tortuosa ansiedad por ella de la que no veía cómo deshacerse.
Y ahora Kaoru pretendía rematarle; era la única explicación lógica que se le ocurría. Ninguna mujer en su sano juicio le pediría a un hombre que la rondaba como un perro en celo que se quitara ropa de encima. Kaoru no tenía ni idea de hombres.
—¿No puedo probármelo por encima? —intentó como alternativa Kenshin. Kaoru le miró como si se hubiera vuelto loco.
—Claro que no. ¿Cómo voy a saber si te queda bien con algo debajo? —replicó ella.
Reticente, Kenshin se quitó las dos piezas de arriba quedándose con medio cuerpo descubierto. Kaoru no perdió tiempo y le ayudó a ponerse la prenda que sujetaba, totalmente ajena a la perspectiva que vivía Kenshin. Ni siquiera le miraba mientras comprobaba concentrada que le quedara a medida. En cambio, él, no podía quitarle los ojos; Kaoru estaba demasiado cerca, haciendo que todo su cuerpo se revolucionara. Le estaba provocando sin saberlo cuando de por sí él no necesitaba de mucho estímulo para conseguirlo.
Kaoru le hizo girar y comprobó que la tela le quedara bien por detrás. Kenshin cerró los ojos, respirando profundamente intentando en vano serenarse. Ella volvió a girarle, bastante satisfecha con su trabajo, moviéndole los brazos para comprobar que pudiera hacer bien cualquier movimiento con ellos.
Se le aceleró el pulso hasta que acabó por escucharlo en sus oídos mientras veía cómo ella inspeccionaba la ropa. Era una mujer preciosa, ¿cómo no había podido verlo desde el primer momento?
Kaoru siguió sin mirarlo haciendo que Kenshin casi creyera que lo hacía a propósito, pero estaba demasiado concentrada en su tarea como para ser fingido. Kaoru no era la clase de mujer que provocaba voluntariamente a un hombre. De hecho, si supiera lo que estaba haciendo en él, con seguridad saldría huyendo de la habitación. Estaba muy excitado, con una necesidad imperiosa de satisfacer el deseo que llevaba acarreando durante días.
Respirando muy profundo, Kenshin cerró los puños para contenerse hasta que le acabaron temblando los brazos.
Y entonces, Kaoru hizo lo último que podía hacer. Cogió los bordes de la tela y se acuclilló para estirarlos y comprobar así la largura, pero él no veía más allá de su propia erección y tener a Kaoru arrodillada ante él. Kenshin gimió perdiendo todo rastro de cordura. Quería hacerla suya… y quería hacerlo ya.
—Estoy terminando, Kenshin —le informó ella interpretando su gemido como una protesta—. Y en cuanto tenga ultimado éste, podré usarlo de patrón con los demás. —Sonrió a la vez que se ponía de pie—. Así no te molestaré más.
Kaoru comenzó a quitarle la prenda y, por fin, le miró a los ojos. En ese preciso instante supo con certeza que Kaoru era totalmente ignorante de lo que estaba haciendo en él. Kenshin no estaba seguro de qué estaría viendo en su rostro, pero su sonrisa se desvaneció. Sacó los brazos de la manga y con un gesto mecánico, ella tiró de la tela y la sostuvo ante su pecho en un burdo intento de escudarse de él.
—¿Kenshin? —Kaoru dio un par de pasos atrás como si de una presa que intentara escapar de un depredador se tratara y aquello terminó de espolear a Kenshin.
Kaoru no tenía escapatoria. Antes de poder darse cuenta, Kenshin estaba encima de ella. Estaba tan sorprendida que cuando él la besó, no supo reaccionar. Le mordió el labio inferior —que, aunque sin ocasionar daño, tampoco era suave— para conseguir que Kaoru abriera la boca y poder zambullirse en ella. Kaoru gimió por la sorpresa y ante el ataque —literal— de la lengua de Kenshin en su boca. La besaba con una ansiedad más propia de un amante que hubiera estado un año fuera de casa.
Kaoru dejó caer la tela que sujetaba y se aferró a los hombros desnudos de Kenshin. Por su parte, el hombre la cogió por la cintura haciendo que perdiera el contacto con el suelo y, dando varios pasos, la empujó contra la pared dejando caer su cuerpo sobre el de ella para aprisionarla allí. Kaoru se sobresaltó por el impacto con la pared y eso hizo que separaran sus bocas. Kenshin no vio obstáculo en eso y siguió una ruta de besos hasta su cuello. Agarró su rostro con la mano por el otro lado para que no se moviera y se acercó a su oído.
—Te dije que tuvieras cuidado conmigo; que te mantuvieras alejada de mí —susurró con una voz mezcla de amenaza y sensualidad—. Y en vez de eso, me provocas día y noche. —Kenshin juntó más sus caderas contra ella haciendo que notara el bulto que había despertado.
—¿Que yo te provoco? —murmuró Kaoru entre la indignación por la acusación de algo que ella ni siquiera conseguía entender y el remolino repentino de anhelo en el que la había sumido Kenshin.
—A todas horas —contestó él con voz ronca y lamió con la lengua su cuello probando el sabor salado de su piel. Aquello le hizo volver a gemir al sentir el temblor repentino de Kaoru ante la caricia. No habría vuelta atrás: él llevaba deseando aquello demasiados días, torturado por miles de imágenes a cada cual más sugerente y excitante hasta el punto de quitarle el sueño. Y tal y como acababa de comprobar, ella respondía de buen grado—. Y ahora te toca sufrir las consecuencias.
El pelirrojo volvió a sus labios tras dejar claras sus intenciones y Kaoru se fue ablandando entre los brazos de él. Empezó a pasar sus manos por encima, pero el yukata no dejaba que notara su cuerpo. Bajó sus manos metiéndolas entre los cuerpos unidos y, cogiendo el borde, abrió la tela para acceder a sus piernas. La cogió por ellas, se las separó e izándola se colocó entre ellas.
Kaoru jadeó mortificada cuando notó que la parte baja del yukata colgaba con sus piernas fuera de él y el bulto insistente que había apretado Kenshin contra su vientre se rozó con su parte más íntima, sólo separados por la tela de la hakama* de él.
Kenshin intentó quitarle el obi*, pero sabía que era imposible sin dejar libre a Kaoru y aquél no era un punto a considerar. Lo único que quería era entrar en su cuerpo esperando por fin deshacerse de aquel fuego que no le dejaba dormir. Quería tomarla así, contra la pared, con la misma ansiedad desgarradora que le había recorrido por días. Kaoru era la culpable de todo y sería ella la que le daría un poco de paz cuando terminara.
Kenshin dejó sus labios y volvió a su cuello, lamiéndolo y saboreando su piel otra vez; creía que se convertiría en un adicto de ella. Era capaz de sentir su pulso desbocado en su lengua al pasar por sobre sus venas y ella gimió audiblemente. Una humedad se filtró por su hakama llegando hasta su miembro. Kaoru se estaba humedeciendo; su cuerpo se preparaba para acogerle y si aún le quedase algo de frío raciocino, en ese momento lo perdió.
—Kenshin… —susurró Kaoru obnubilada por las arrolladoras sensaciones del deseo.
Era como una muñeca en sus manos; incapaz de seguirle el ritmo ni reaccionar a esas emociones nuevas. Nunca había experimentado nada parecido. Kaoru intentó tocarle el pecho, la espalda… pero no era capaz de centrarse en ello teniendo a Kenshin besándola con esa pasión en cada parte expuesta de su piel. Sentía una sobrecarga de sensaciones por todo el cuerpo, inundándola con escalofríos y cosquilleos que estaban consiguiendo erizarle el vello de la piel. Pero todas y cada una de esas sensaciones convergían en el mismo punto entre sus piernas y Kaoru ahogó un grito cuando notó la tensión acumulada que pedía con urgencia ser acariciada.
Kenshin supo que Kaoru no era capaz de hacerle frente. Había perdido toda noción de lo que pasaba, arrastrada por el desenfreno del deseo igual que él. Acarició con una de sus manos una de sus piernas que había quedado libre y subiendo se acercó al lugar inexplorado que en breve sería suyo. Kaoru dio un respingo en cuanto sintió sus dedos tocándola. Estaba tan húmeda que hizo gemir a Kenshin por la inminencia de entrar allí. Metió un dedo y acarició a Kaoru.
—Tranquila… —susurró contra su oído—. Es sólo un dedo.
Notó que se tensaba y sus músculos internos lo aprisionaron con una fuerza que lo único que consiguió fue hacer que Kenshin casi se corriera pensando en ellos abrazando su miembro. Introdujo un segundo dedo para estirarla y facilitarle así el paso cuando la penetrara y Kaoru lloriqueó de placer.
Kenshin sacó los dedos encharcados de su esencia y se apretó contra ella para inmovilizarla y que no resbalara de la posición en la que estaba. Hizo que las piernas de ella se engancharan en él y, con manos temblorosas, empezó a deshacer el nudo de su hakama. Le pareció interminable el tiempo que transcurrió hasta que logró deshacerlo, pero un segundo después, había conseguido liberar su miembro.
—Rodéame con tus piernas.
No supo ni cómo consiguió articular correctamente esa frase, pero lo hizo y Kaoru enganchó los tobillos en su espalda abrazando su cintura. Tenía los ojos cerrados presa por completo de la lujuria del momento, incapaz de rebelarse a lo que acontecía, y volvió a apoderarse de sus labios.
Kenshin orientó su miembro en la entrada y empujó introduciendo apenas la cabeza. Kaoru se removió entre sus brazos.
—Estate quieta —le pidió impaciente adentrándose un par de centímetros más con el único objetivo en mente de poder penetrarla hasta el final.
Sin embargo, esa leve separación para mirarla mientras intentaba tranquilizarla fue un error. Kaoru había abierto los ojos y observaba al techo con cierta alarma ante la invasión, como si por fin fuese consciente de lo que allí pasaba.
Kaoru se había quedado inmóvil por completo; igual que una estatua de piedra, y una luz de cordura atravesó su mente. Había seducido a una joven mujer que estaba enamorada de él. Una chica ingenua e inocente que no era capaz de hacer frente a emociones tan poderosas como lo eran el deseo y la lujuria. Y a eso era a lo que la había reducido él.
Kenshin maldijo a su cordura por aparecer en ese momento y a sí mismo por no poder controlarse mejor. Apoyó su frente contra el hombro de ella, inspirando profundamente para enfriarse, pero lo único que quería hacer era mandarlo todo al infierno y empujar hasta el fondo.
—Kenshin… —susurró ella con voz temblorosa, casi incomprensible a sus oídos. Kaoru se estaba empezando a asustar y volvió a maldecir, pero esta vez en alto. Con el mayor autocontrol del que había hecho gala jamás, se salió de ella, pero volvió a recostarse completamente contra su cuerpo.
Kenshin era consciente de que no podía quedarse así. Si ya se subía por las paredes al rondarle, si no se liberaba en el estado en el que estaba, haría algo muy grave a alguien. La izó un poco más y posicionó las piernas de ella en un ángulo más amplio.
—Mantenlas así —le ordenó con una voz dura por la frustración. Kaoru le miró fijamente con los ojos muy abiertos y la respiración agitada, pero no decía nada—. Esto sí podemos hacerlo… Tranquila —intentó calmarla.
Puso una mano por debajo de ella como si hiciera de asiento y empujó pasando su miembro entre ella y su mano. Kaoru ahogó un gemido al notar la fricción de su miembro contra ella por el exterior. A pesar del tiempo trascurrido en el que habían detenido el acto, Kaoru seguía húmeda y resbaló con facilidad por fuera de ella. En cuanto supo que no la penetraría, Kaoru se relajó con rapidez entre sus brazos y abrió más las piernas facilitándole el movimiento.
Utilizaba largas y suaves embestidas, rozando en todo lo largo con la entrada de su cuerpo y golpeando su nudo de nervios cuando llegaba al final. Kaoru jadeaba de nuevo sin control, otra vez presa de la pasión del momento. Kenshin no podía dejar de mirar las reacciones de Kaoru con cada empuje y retirada. Había cerrado los ojos inmersa en las oleadas de placer. La notaba temblar entre sus brazos y para él era una de las visiones más excitantes que había visto en mucho tiempo.
Kaoru se abrazó a él escondiendo su rostro contra su hombro, privándole de sus gestos. Pero aquella sensación era tan placentera que no era capaz de hacer otra cosa más que aferrarse a ella. Nunca había sospechado que un hombre y una mujer pudieran hacer aquello proporcionando semejante placer. En lo único que podía pensar era en que quería más… y más. Kaoru sentía que en todo su cuerpo se estaba acumulando una tensión que acabaría por romperla. Si Kenshin había estado padeciendo esos días una pequeña parte de lo que experimentaba en ese momento, no le extrañaba que estuviera tan tenso.
—¿Te gusta esto? —preguntó entre jadeos Kenshin.
—Oh, Dios… —fue la contestación susurrada de Kaoru que había empezado a frotarse contra él.
No podía parar en su intento por mitigar aquel dolor placentero que se concentraba entre sus piernas y que tan hábilmente Kenshin frotaba. Pero a la vez, no se sentía con el descaro suficiente para contestar con algo más. Estaba convencida de que una mujer de buena moral no debía sentir esa lascivia con un hombre.
—Mírame, Kaoru —le exigió él, y ella no pudo hacer otra cosa que obedecer.
Kenshin se detuvo en su movimiento y la recostó otra vez contra la pared, separándola de su abrazo. Kaoru no se atrevía a levantar la vista hacia Kenshin; estaba muy avergonzada por lo que estaban haciendo, pero al final cruzó su mirada con él.
Kaoru pudo observar cómo los ojos dorados de Kenshin llameaban mientras la repasaba de arriba abajo, con esa mirada sexual que ya había utilizado antes con ella. Kaoru se sintió muy vulnerable en la posición que estaba, con Kenshin metido entre sus piernas y deslizándose contra ella. Él sonrió con malicia y volvió a cernirse sobre ella, moviendo otra vez sus caderas en un ritmo más rápido del empleado hasta ahora.
Kenshin corrigió la postura y acarició con más contundencia el capuchón sensitivo de Kaoru, haciéndola gritar de placer. Sólo tuvo que empujar varias veces más para saber que Kaoru estaba cerca de culminar. Era demasiado inexperta como para intentar controlar y retrasar el orgasmo.
—La próxima vez te tendré desnuda —le susurró con tono lascivo al oído, el cual le provocó un escalofrío que le recorrió el cuerpo a Kaoru—. Y la próxima vez —le advirtió con un tono más ronco y empujando con más fuerza dejando que las sensaciones del clímax se acercaran a él también—, no volveré a detenerme —la amenazó teniendo muy claro que eso sería lo que sucediera—. Si la próxima vez que te pille a solas no me detienes, me tendrás dentro de ti antes de que te des cuenta. —Aquellas palabras enviaron a ambos una corriente intensa a la zona en la que se unían y Kaoru sintió que todo su cuerpo se contraía—. Te haré mía.
—Sí… —murmuró totalmente perdida en la niebla del deseo y en esa sensación desconocida que se cerraba sobre ella.
—¿Lo entiendes, Kaoru? —Kenshin aceleró los movimientos y les dotó de mayor intensidad, viendo que Kaoru se tensaba ante el inminente orgasmo.
—Sí —repitió con más fuerza al borde del abismo.
—No me importará nada… —Dejó de controlarse del todo, permitiendo que a él también le asaltara la liberación—. Serás mía.
—¡Sí! —gritó Kaoru cuando todo su cuerpo se tensó por la explosión de placer.
La recorrió por completo y Kenshin la sostuvo en los estremecimientos que la asolaron. La imagen futura de Kaoru llegando a la cima, pero comprimiendo su miembro fue más de lo que pudo soportar. Kenshin se corrió soltando un gemido desde lo más profundo de sí unido a varias potentes embestidas, derramándose sobre la parte interna del yukata de Kaoru.
Les costó un minuto entero recuperarse del acto, con la respiración desbocada y el corazón intranquilo. Kenshin se deshizo del agarre de las piernas de Kaoru poniéndola en pie. A Kaoru le temblaban las piernas y se recostó contra la pared buscando un punto de apoyo. Kenshin se puso bien la hakama, sin quitar ojo del estado de Kaoru.
—Cámbiate ese yukata, yo te lo lavaré —le dijo sabiendo que se lo había manchado al culminar sobre él. Kaoru le miró sin comprender y él se giró para recoger el suyo propio—. ¿Recuerdas lo que acabo de decirte?
El rostro de Kaoru se tornó de un rojo escarlata, pensando en todo lo que había ocurrido ahora que ya no se encontraba tan sumergida en el torbellino del deseo. Se limitó a asentir muy avergonzada sin entender cómo lo que ahora le parecía inconcebible, hacía unos segundos le había parecido lo más correcto y natural. Habría hecho cualquier cosa que le pidiera.
Kenshin se acercó hasta la puerta y salió al pasillo. Agarró la puerta para cerrarla, pero antes de eso la miró directo a los ojos haciendo que Kaoru se tensara por la intensidad.
—Entonces, mantente alejada de mí.
Notas del fic:
*Yukata: Prenda similar al kimono pero de algodón. Es más liviano que el kimono.
*Hakama: pantalón largo con pliegues (cinco por delante y dos por detrás).
*Obi: Faja de tela que se lleva sobre el yukata o el kimono.
— * —
Fin del Capítulo 17 - 22 Julio 2013
Revisión - 15 Mayo 2022
Notas finales:
Bueno, como veis, os actualizo más rápido. Así que nos os podéis quejar XD
Espero que os haya gustado el capítulo ;-D
¡Saludos!
