CAPÍTULO 18: Remordimientos


Comentarios a los reviews:

Kaory1: Para saber el favor pendiente que le queda de Sanosuke, aún faltan varios capítulos, pero llegará XD . En cuanto a cómo percibe todo Sano, él, al final, es un espectador. Ve las cosas en frío y es consciente a otro nivel de lo que ocurre. Kenshin viene a estar "torturado" por lo que empieza a sentir así que está en una fase de negación, mientras que Sanosuke lo ve de forma más objetiva. Por eso, también es protector con Kaoru: porque no quiere que la pareja salga escaldada por una decisión de rebeldía por parte de Kenshin. De modo que le toca frenarle ^_^º. En cuanto a Kaoru, ya te digo yo que está cerrando esa puerta inocente de un portazo ^o^ Desde luego, va a ver a Kenshin de otra manera, jijijiji.

Ryuuzaky: Creo que eres la primera que me ha dicho que esperaba que alguien les detuviera, porque todo el mundo me decía que por qué los detuve XD. Pero ya llegará y en condiciones ;-D

Estefi: Me alegra que te gusten mis historias. Yo, encantada de que las leáis, por supuesto ;-D . En cuanto a los lemons, he sufrido una evolución con ellos, jajaja. Antes me daba cien patadas tener que escribirlos »_«, pero ahora ya como que lo tengo más asumido, así que, cuando hago uno, me salen más extensos y detallados. Pero que conste que aquí no los voy a cambiar (porque los que hay aquí son de los primeros »_«). Aun así, es bueno saber que os gustan cómo están escritos *o*

Ceres Ryu: No te preocupes, que se ha hecho una idea y no está muy disgustada con ella ^o^

CinthKitty: Me alegra que te haya gustado. Espero que siga así ;-D

Gracias a todas por los reviews ;-D. Os dejo con el siguiente capítulo ^o^. Espero que os guste ;-D


CAPÍTULO 18: Remordimientos

Kenshin utilizó el agua fría que había en una palangana del baño y se la echó en la cara, pero aquello no era suficiente. De hecho, lo que tendría que hacer era tirársela toda por encima y ni siquiera creía que eso bastase.

—¿Qué demonios has estado a punto de hacer, Himura? —se recriminó él mismo dejando que las gotas que escurrían por su rostro cayeran de nuevo a la palangana con agua.

Se sentó en el borde de la tina y se llevó las manos a la cara. Era un peligro para Kaoru; ella no llegaba a ser consciente de qué clase de hombre tenía en su casa. Por un momento había perdido todo de vista: su pasado, su presente y su futuro. Lo único que había visto era a Kaoru y lo que llevaba días queriendo hacerle. Todo el mundo a su alrededor había dejado de existir: ni remordimientos, ni sentimientos encontrados. Sólo un hombre y una mujer satisfaciendo el ansia que tenían el uno por el otro.

El pecho de Kenshin se contrajo al rememorar lo que había pasado. Hacía mucho tiempo que no sentía ese anhelo por nadie y los sentimientos de su «otro yo» estaban echando más leña al fuego. La amaba con una desesperación digna de mencionar y eso le estaba influyendo a él. Que Kaoru fuese tan atenta con él y una compañía tan agradable, tampoco estaba poniéndole las cosas fáciles. Kaoru era justo lo contrario que Tomoe y aun así le atraía de igual forma. Era una mujer muy dinámica, pero le gustaba; también era habladora y le gustaba más todavía. Su cálido tono de voz le embriagaba y hacía vibrar su cuerpo. Era demasiado reconfortante estar a su lado para su propia paz mental.

No podía querer a dos mujeres tan distintas, pero se sentía dividido, y no tenía ni idea de cómo iba a salir de aquello.

—Tomoe… —se lamentó con un nudo en el pecho que le comprimió la respiración.

Kenshin nunca había sentido eso con ella. Se había enamorado de su esposa estando ya casado con ella, y cuando habían hecho por fin el amor, era la primera vez para ambos. Desde entonces, Tomoe nunca se había negado a mantener relaciones con él por lo que tampoco había quedado en la situación de pasar días ardiendo por ella. Pero añadido a eso, también estaba la falta de reacción por parte de Tomoe. Su esposa había sido una mujer fría y lo había sido en todos los sentidos. Kaoru, incluso en su inexperiencia, se le había echado encima y respondido con un ardor que hacía inexplicable para él cómo había conseguido detenerse.

Eran tan opuestas como el hielo y el fuego.

Kaoru era pasional y le amaba con una intensidad equiparable a la de su «otro yo». Era evidente que le importaba poco dejar al descubierto sus sentimientos o no habría permitido que la tocara. Le había dicho días antes que no sentía lo mismo por él que por el Kenshin del que se enamoró, pero, aunque pudiera no ser cierto al cien por cien, se le acercaba bastante.

En cambio, Tomoe, aunque había cumplido de forma eficiente con todas las funciones atribuidas a una esposa, sólo había podido intuir que le amaba y convertirlo en certeza tras leer su diario.

Kenshin nunca había sentido que alguien le quisiera de la forma desinteresada con la que lo hacía Kaoru, con ese amor puro e inocente de alguien que amaba sin restricciones desde lo profundo de su corazón. Pero ahora que lo había probado, se encontraba con que era difícil resistirse a ello.

Y con eso, el nudo se hizo más fuerte hasta el punto de tener que contener las lágrimas.

Era malo empezar a querer a una mujer en detrimento de una esposa a la que había amado intensamente; pero compararlas y descubrir que había aspectos de Kaoru que le gustaban más que de Tomoe, era peor aún. Era un mal marido; Tomoe no se merecía ese despropósito de hombre que era él. Se había casado con un asesino que mató a su prometido y después a ella. Debería ser infeliz el resto de su vida a modo de castigo. Y, sin embargo, ahí estaba con una nueva vida y una nueva mujer.

Kenshin se levantó y se volvió a refrescar la cara con agua intentando calmarse. Inspiró hondo y con lentitud para tranquilizar sus nervios. Tenía que salir de allí y hablar con Kaoru, pero era incapaz de moverse. ¿Qué le podía decir tras lo ocurrido?

Pero si él se sentía desconcertado, no podía ni empezar a imaginar cómo se sentiría ella. Sólo había pretendido probarle la ropa que estaba confeccionando para él y, como respuesta, se había llevado a un loco que se había masturbado con ella. No quería estar con Kaoru a solas; no se fiaba de sí mismo. Pero a la vez, era impensable hablar de este tema estando acompañados.

La puerta del baño se abrió.

—No sabía que estabas dentro —se disculpó Yahiko al verle allí de pie—. ¿Vas a tardar mucho?

—No, sólo me estaba lavando, pero ya he terminado —le dijo intentando sonar despreocupado—. ¿Acabas de llegar?

—Sí. —Aquello le envió un escalofrío a Kenshin. Porque si hubiera llegado un par de minutos antes, podría haberles pillado en la habitación de Kaoru al intentar saludarles—. Tae me ha dicho que me volviera pronto a casa por si tuviéramos que preparar algo para la boda de mañana. —El niño le miró fijamente al rostro y entrecerró sus ojos suspicaz—. Tienes mala cara, ¿estás bien?

—Sí, es sólo que ha sido un día duro. He estado con Sanosuke. —Lo dejó en el aire esperando que el chico se montara su propia historia en la cabeza. No quería tener que mentirle y eso, a fin de cuentas, era verdad.

—Supongo que Sanosuke andará nervioso por el día de mañana. —Kenshin no le dijo que Sanosuke no estaba para nada preocupado por la boda. De hecho, se podría decir que estaba ansioso por que se llevara a cabo, pero dejó que el niño se hiciera esa idea equivocada—. ¿Está Kaoru en casa? No sé si necesita que le eche una mano con alguna preparación que le haya encargado Megumi.

—Sí está, pero no sé dónde. —La había dejado en su habitación, pero no podía asegurar que hubiera permanecido allí después de lo ocurrido.

—Entonces, la buscaré ahora. ¿Me dejas el baño?

Kenshin salió de allí y se refugió en el dojo*. Pensó que sería un buen momento para limpiar el suelo. Eso le llevaría un buen rato y le mantendría alejado de posibles cruces con Kaoru. Sabía que no podía evitarla mucho tiempo, pero necesitaba estar a solas sin intromisiones para pensar en su situación.

Porque Sanosuke había tenido razón el día que le visitó en la habitación en la que se hospedaba.

Tenía que poner en orden su vida.

— * —

«Ni siquiera me ha mirado una sola vez», pensó Kaoru observando cómo Kenshin seguía en una conversación interminable con Yahiko. Ella no se despegaba de su cena, pero no podía evitar echar miradas furtivas a Kenshin para intentar descubrir qué pensaba. Sin embargo, era obvio que lo único que tenía en la cabeza era la conversación de Yahiko y rehuir su contacto.

Kaoru necesitaba hablar con él de lo que había pasado esa tarde. Aquello no era como lo acontecido días atrás. No había sido un beso sorpresivo llegado de la nada. Habían estado a punto de hacer el amor; de hecho, en esos momentos no sabía si podía seguir considerándose virgen o no. Kenshin no había completado el acto, pero sí había empezado. Se había echado atrás en el último momento y no sabía ni cómo lo había logrado. Había estado descontrolado, pero debió haber notado el impacto que había supuesto en ella sentirle entrando en su cuerpo y había recapacitado.

Porque al terminar se lo había dejado muy claro: si la próxima vez no le detenía ella, él no lo haría.

Y ahí era cuando entraba en juego el mayor problema: que ya ni siquiera estaba segura de que no lo deseara. A Kaoru le había perturbado lo repentino que había sido todo. Había sucedido con una rapidez que la había abrumado, y aunque en un principio no quería que su primera vez ocurriera sin poder siquiera meditarlo, había acabado siendo arrastrada a una niebla de emociones que tiró abajo cualquier tipo de negativa. Toda cordura había desaparecido en la marea consiguiendo que hasta desease que sucediera.

Había perdido todo rastro de racionalidad, y Kaoru había aprendido una valiosa lección: no podía fiarse de sus instintos en ese momento porque se volvían locos. Lo único que había deseado era que aquello no acabara.

Notó que el calor retornaba a su rostro. Se había pasado toda la tarde en ese estado mientras seguía trabajando en el yukata* de Kenshin, casi sin sentir el frío de noviembre entrando en la casa. Cada vez que pensaba en lo que habían hecho y en cómo ella se había comportado, se avergonzaba inexorablemente.

Tenían que aclararlo: no había vuelta de hoja.

—Me gustaría hablar contigo luego —dijo de pronto, aún mirando a su cuenco.

—¿Con quién? —preguntó extrañado Yahiko al verse interrumpido en la conversación.

—Esta noche deberíamos acostarnos pronto y descansar. Mañana será un día largo —intentó evadirse Kenshin en tono razonable. Kaoru, en cambio, le miró fijamente a los ojos y contactó con los suyos por primera vez desde que saliera de la habitación.

—Tenemos que hablar —repitió con voz imperiosa para no dejar lugar a discusiones. Kenshin la observó largo rato y al final asintió a la petición de ella. Había tenido la esperanza de no tener que tocar el tema ese día, pero Kaoru no era de la misma opinión.

Yahiko los miró de uno a otro por unos instantes, pero acabó por continuar la charla en la que estaba metido antes de la intervención de Kaoru. Kenshin volvió a centrar su atención en el chico, pero incluso ella supo que sólo era en apariencia. Estaba abstraído en sí mismo, aunque era algo que no le preocupaba. Tenían que aclarar las cosas y si necesitaba ese tiempo para asentar las ideas, no veía inconveniente.

Kaoru terminó de cenar y llevó su bandeja a la cocina. Se quedó recostada contra la mesa esperándole. La cocina era el lugar más apartado de las habitaciones dentro de la casa y esa conversación no quería que la pudiera oír Yahiko.

Por su expresión de sorpresa, supo que Kenshin no esperaba encontrarla allí cuando llevó las bandejas que quedaban a la cocina. Las dejó junto con la de Kaoru y se acercó a cerrar la puerta.

—No te muevas de ahí —le exigió cuando quedaron encerrados dentro. Kaoru no quería que se acercara después de comprobar el arma que tenía Kenshin contra ella con la cual la dejaba incapaz de razonar.

Se pasaron varios segundos interminables en silencio porque no sabía ni cómo ni por dónde empezar.

—Lo siento —se disculpó al fin Kenshin desconcertando a Kaoru que seguía pensando la forma de comenzar.

—¿Qué lo sientes? —inquirió asombrada ella—. ¿Qué es lo que sientes? ¿Lo que ha sucedido esta tarde? ¿O lo que al final no ha sucedido?

—No tengo excusa —contestó haciéndose responsable de lo ocurrido e ignorando su pregunta. Era problema suyo no poder controlar sus instintos.

—Pues esperaba una —le recriminó ella indignada—. Kenshin, no puedes hacerme esto: primero me besas y te marchas enfadado; luego vuelves y durante días haces como que no ha pasado nada. ¿Y hoy esto?

—Lo siento —repitió su disculpa.

—Eso no me vale —se quejó con vehemencia separándose de la mesa y empezando a dar vueltas. Estaba demasiado nerviosa como para estar quieta—. ¿Por qué lo has hecho? —Pero Kenshin no contestó y Kaoru intentó con otra pregunta más personal—. Kenshin, ¿tú me quieres?

—No lo sé —contestó escueto él, y aquello hizo que Kaoru soltara el aire con incredulidad llevándose una mano para frotarse los ojos.

—¿No lo sabes? ¿Y por qué lo has hecho? —le reprochó ultrajada encarándole. Ella no estaba allí para que Kenshin se entretuviera mientras se decidía.

—Porque me siento atraído por ti.

Kaoru se quedó inmóvil ante sus palabras, mirándole directo a los ojos.

—¿Atraído? —titubeó al decir.

—Te deseo.

Kaoru notó que toda la sangre volvía a concentrarse en su cara. Se cruzó inconscientemente de brazos en un claro gesto defensivo y puso varios pasos de distancia más entre Kenshin y ella.

—Esto nunca te había sucedido —murmuró confusa. Aquello, en cambio, hizo resoplar a Kenshin.

—Más bien di que debo tener un mayor control sobre mí mismo. —Le siguió un suspiro de resignación—. No pareces entenderlo. Antes del accidente te amaba con una desesperación cercana a la locura. ¿Alguna vez te conté lo que me supuso creerte muerta? Porque ése es el segundo recuerdo que tuve de ti —le informó con voz grave y, viendo que Kaoru no respondía, continuó—. ¿Sabes lo que fue para mí despertarme en Kioto en plena noche gritando tu nombre al ver tu cadáver en sueños? ¿Creyendo que una venganza de Enishi por mi pasado te había matado? —Había sido una de las experiencias más horribles de su vida y que no quería repetir. Sin embargo, se había convertido en una de sus pesadillas recurrentes haciendo que cada vez que soñaba o pensaba en ello, se le formara un nudo en el pecho que no se le quitaba con facilidad, como le estaba sucediendo en esos momentos—. Tenías su espada clavada en el corazón y te había marcado el rostro con mi cicatriz.

—Oh, Dios —susurró Kaoru con el picor de las lágrimas en los ojos.

Nunca habían hablado de aquello. Sólo sabía del engaño de Enishi por lo que le habían contado de refilón. Fue una experiencia tan dolorosa para todos que nunca le habían dado detalles ni Kenshin había querido hablar de lo que sucedió en Tokio mientras ella estaba recluida en la isla fortaleza. Y, sin embargo, era casi lo primero que había recordado él, sin apenas haber tenido tiempo de asimilar que eran pareja.

—Lloré tu muerte como si me hubieran arrancado el alma. Eran sólo los sentimientos impresos en un recuerdo, no eran míos, y sabía que estabas viva. Pero aun así no conseguía parar de llorar. Por una desconocida… —añadió elevando la voz y volviendo a sentir la angustia que le acompañaba tras ese recuerdo—. Así que créeme cuando te digo que si nunca me había portado contigo como lo he hecho esta tarde, fue por el autocontrol que tenía.

—Siento que recordaras eso —le dijo con suavidad Kaoru quitándose una lágrima que cayó recorriéndole la mejilla.

Le sorprendía que Kenshin hablara de esa forma tan contundente sobre sus sentimientos por ella cuando él nunca había sido muy bueno expresándolos. Sabía que la quería; se lo había dicho y tenía muchos gestos cariñosos con ella, pero nunca hablaba de esa manera tan descarnada sobre ellos.

Kaoru no sabía qué decirle después de esa revelación y ante el evidente sufrimiento que algunos de esos recuerdos le infligían. Fue consciente, por primera vez, de la verdadera confusión en la que vivía Kenshin. Los recuerdos que recuperaba también traían emociones desconcertantes para él. Unos sentimientos contradictorios con los que él sentía tras el retroceso en el tiempo por la amnesia. Kenshin decía amar a Tomoe, pero le llegaban recuerdos en los que era ella la destinataria de ese afecto.

—¿Estás enamorado de Tomoe? —preguntó Kaoru a pesar de saber que la respuesta podría no gustarle nada. De hecho, podría abrirle una herida que no tuviera una cura fácil.

Kenshin la miró largo rato indeciso en lo que decir. Ni siquiera él tenía sus sentimientos definidos, por lo que menos aún podía explicárselos a ella, y optó por la única verdad que sí tenía clara.

—No puedo olvidarla —añadió con desazón como si aquello fuese un castigo.

Pero fue como una puñalada para Kaoru. Sintió que se quedaba sin aire y, esta vez, sí que no pudo evitar que se le cayeran las lágrimas de los ojos.

—Entonces, tu respuesta a mi pregunta no es que no lo sepas: es que no me quieres. —La voz le salió muy temblorosa por la emoción.

Kaoru no sabía qué podría hacer para recuperarle; no era una mujer que supiera de artimañas para atrapar a un hombre. Si no la podía amar por cómo era, no sabía qué otra cosa podría hacer.

Se acercó a la mesa y se puso a apilar los cuencos sucios de la cena.

—No puedo hacerle eso, Kaoru —le dijo con la voz contenida, como si estuviera excusándose—. Ella hizo de mí quien soy ahora. No puedo apartarla así de mi vida.

Kaoru se extrañó por sus palabras y el tono de voz y dejó de ordenar las bandejas. Le miró con el ceño fruncido sin conseguir dar significado a dichas palabras. A pesar de la distancia y la escasa luz de la cocina, pudo ver que Kenshin tenía los ojos rojos. Con asombro, se dio cuenta de que no sólo sufría por los recuerdos que iba recuperando, sino que también lo hacía con esa conversación.

—¿Por qué dices eso?

—Porque no se merece algo así —le contestó exasperado por tener que explicar algo tan obvio y que a la vez le perturbaba tanto—. Era mi esposa y la maté con mis manos.

Ésa no era precisamente una declaración de amor, sino más bien una de culpabilidad, por lo que a Kaoru se le cortaron las lágrimas. Se quitó los rastros que le quedaban con la mano, aún muy desconcertada por lo que había dicho Kenshin.

—Cuando dices que no puedes olvidarla, ¿lo dices porque aún estás enamorado de ella o porque no quieres apartarla de tus recuerdos?

—La quiero —respondió, pero le faltó entereza a su voz y con ello vio una pequeña luz de esperanza.

Porque, con auténtica estupefacción, Kaoru pensó que quizás Kenshin sentía remordimientos por todo lo que acontecía. Y contempló la posibilidad de que, en el fondo, sí sintiese algo por ella y de ahí que sufriera por lo que le estaba ocurriendo. Estaba dividido entre las dos: entre su esposa y una desconocida que había irrumpido en su vida. Podía entender que le afectara el hecho de que le llegaran recuerdos donde amaba a otra mujer, pero empezaba a sospechar que ése no era el problema en sí. Con sus palabras, le estaba dando a entender que no podía dar cabida a otra mujer por sentirse obligado a tener a su esposa siempre presente.

No entendía por qué Kenshin se torturaba por eso.

Kaoru se acercó hasta él, haciendo justo lo contrario a lo que le había pedido en cuanto se encerraron dentro. Pero en el estado en que se encontraba Kenshin no imaginaba que pudiera intentar nada parecido a lo de aquella tarde. Estaba abatido.

—Kenshin, ¿por qué piensas que tienes que olvidarla? ¿Qué te ha llevado a pensar que tienes que alejarla de ti para rehacer tu vida? —Kenshin no dijo nada y Kaoru le pasó la mano para retirar algunos mechones de su pelo que ocultaban sus ojos—. Que una persona ya no esté con nosotros no significa que haya que olvidarla. Tomoe es tu esposa; no puedes hacerlo. Es parte de tu vida y no puedes hacer a un lado eso.

Kaoru, en vez de apartar la mano, la posó sobre su mejilla izquierda y le acarició la cicatriz. Había notado que se había profundizado con cada día que pasaba y empezaba a saber por qué. Megumi les había contado que una cicatriz cargada de emociones no terminaba de suavizarse. No lo creería si no fuese porque la profundidad de la marca se había acentuado en las últimas semanas. En verano llegó a pensar que se lo había imaginado tras estar dos semanas sin verle, pero había vuelto a ocurrir. Y si lo que había dicho Megumi era cierto, le estaba sucediendo precisamente porque las emociones que la rodeaban habían vuelto con fuerza.

Al estar Kenshin amnésico, viviendo mucho más cerca del periodo oscuro de su vida, todo había cobrado más intensidad. Y el hecho de trasponerse con la nueva vida que tenía, le estaba afectando a un nivel que ninguno de los dos había considerado.

—El ser humano tiene una gran capacidad para amar, tanto a los que están como a los que no están. ¿Crees que yo he dejado de querer a mis padres porque no estén aquí conmigo? ¿O que les haya olvidado? Les quiero en mis recuerdos, pero eso no me impide amar a otras personas.

»Cuando apareciste en mi vida me encontraba muy sola y te convertiste rápidamente en parte de mi familia. Pero eso no impidió que apareciera Yahiko y le quisiera también conmigo. Y luego llegó Sanosuke, y Megumi, y Misao… —dejó la lista en el aire esperando que Kenshin entendiera a lo que se refería—. Cada una de esas personas han entrado en mi vida y forman parte de ella. Las quiero en ella —enfatizó Kaoru—, pero eso no significa que a los primeros les quiera menos.

—No es lo mismo —replicó Kenshin llevando una mano a la que había dejado Kaoru posada en su rostro.

—Porque hablamos de un sentimiento más fuerte. Pero los sentimientos cambian; varían en intensidad. Un amor intenso puede convertirse en otro más tranquilo, pero seguir siendo ese sentimiento.

—¿Me intentas hacer creer que no la quiero? —sonó bastante ofendido a oídos de Kaoru, pero no se había movido del sitio, ni quitado su mano de la de ella.

—No, claro que no —contestó al momento Kaoru—. No me estás escuchando. Es tu esposa y siempre estará en tu corazón. Pero ella ya no está y pareces creer que tienes que enterrar tus sentimientos con ella. Kenshin, tú sigues vivo y lo haces por Tomoe. —Kaoru deslizó los brazos por su cuello abrazándole y Kenshin posó sus manos en su cintura—. Nos lo dijiste: ella dio su vida por ti, para protegerte y que siguieras con vida. ¿Piensas malgastar ese regalo que te dio?

—No debió hacerlo —se lamentó Kenshin cerrando los ojos y escondiendo su rostro en el hombro de la joven.

—Pero lo hizo —dijo contundente.

Tenía que hacerle entrar en razón. Kaoru se apretó más fuerte contra Kenshin. Quería a ese hombre con toda su alma y no sabía cómo hacerle entender que amar de nuevo a otra mujer no implicaba que dejara de querer a la anterior. Tomoe siempre sería parte de su vida, pero las emociones y su intensidad cambiaban con los años y las circunstancias. Ella siempre se mantendría en su vida como la primera mujer a la que amó, pero eso no era un obstáculo para querer a otra cuando aquélla ya no estaba.

—Tienes que conseguir separar el amor de los remordimientos. Si es la culpa la que te hace seguir este camino, un día mirarás atrás y verás todo lo que te perdiste por ella. Y lo que compartiste con tu esposa, en vez de ser un buen recuerdo, se convertirá en una amarga carga. ¿En serio crees que Tomoe se merece eso? —terminó ella formulándole la misma pregunta que había utilizado él como escudo.

Kenshin no dijo nada, pero sí notó un leve gesto de negación contra su hombro.

—Tomoe es una parte importante de tu vida y no puedes deshacerte de ella, pero tienes que entender que no es un muro que evita que encuentres la felicidad con otra persona. —Kaoru le alzó la cabeza, lo justo para poder mirarle a los ojos—. No quiero que olvides a Tomoe y no debes hacerlo. Pero quiero que me dejes hacerte feliz, igual que lo hizo ella mientras vivió.

—Eso es más fácil de decir que de hacer.

—Lo sé —suspiró con tristeza. Ella sabía que un sentimiento arraigado no podía cambiarse por las palabras. La persona debía asimilarlo y sentirlo por ella misma. Las palabras sólo podían hacerle reflexionar esperando que diera con una respuesta—. Pero yo estaré aquí para ayudarte, porque deseo que seas feliz.

—¿Y si no puedo darte lo que quieres? —se lamentó él.

—Te quiero, Kenshin —le respondió conmovida intentado soportar ese nudo en el pecho que volvía a formársele. No le daba vergüenza admitirlo, aunque había intentado resguardarse de ello ante él para no sentirse tan vulnerable. Pero después de lo que había pasado en esos días, Kenshin tenía que suponerlo de todos modos—. Lo que quiero es que tú seas feliz. Desearía poder compartirlo contigo, pero si no puedes alcanzarlo a mi lado, lo aceptaré de todas formas.

Kaoru puso sus dos manos en su rostro y, acercándose a él, le dio un ligero beso que casi no pudo notar. Un beso inocente que quería demostrarle el amor que le profesaba. Sus suaves movimientos le encogieron el pecho a Kenshin, tan distinta aquella caricia a las ansiosas que le había dado en días anteriores.

Él quería responderle intentando acceder al interior de su boca para reunirse con ella. Kaoru tenía la habilidad de encender sus pasiones, y aún con ese lento beso, hizo que Kenshin quisiera profundizarlo para obtener más de ella.

Subió su mano a su rostro para sujetarla y se encontró con unas lágrimas silenciosas que le rodaban por las mejillas. Era el origen del sufrimiento de Kaoru y le hizo sentirse el peor hombre del mundo. Alguien como ella no merecía vivir aquello. Merecía un hombre que la amara sin dudas, no alguien como él.

—No —le detuvo Kaoru cuando notó a Kenshin que se aceleraba. No quería que él le besara a ella, quería demostrarle su amor por él; que lo supiera… que lo sintiera.

Le miró a los ojos fijamente y le acarició el rostro con sus manos, esperando a que Kenshin asimilara que era ella la que quería enseñarle algo.

Juntó otra vez sus labios con los de él y Kenshin no opuso ninguna resistencia. Esta vez reprimió sus instintos de tomar el mando. Contuvo sus manos para evitar sujetarla como había intentado y las posó en su cintura con suavidad para que no sintiera que su ansia se exacerbaba.

Kaoru le besaba con una ternura que casi le hizo llorar. Kenshin era muy consciente de que ella podía ser mucho más segura en sus besos, pero en aquél le daba tímidos roces que estaban alterando sus nervios por el ansia de más. Tras una leve succión de su labio, se abrió paso en su boca y se reunió con él, el cual estaba deseoso de que aquello ocurriera. Kaoru quizás no fuese consciente de lo que estaba despertando en él; ni siquiera de lo que estaba consiguiendo ella. Le estaba seduciendo con un suave y tierno beso que mostraba cada secreto de su corazón.

Había veces que querría ser otra persona y ese momento era uno de ellos. Le gustaría ser un hombre sin cargas capaz de amar a esa mujer sin remordimientos. Poder aceptar sin restricciones de ningún tipo ese amor que ella mostraba y le daba. No debería aprovecharse así de Kaoru mientras no supiera lo que quería.

Kenshin se separó de ella y juntó su frente con la suya, aún con sus alientos mezclándose tras ese beso pausado. Tenía que aclararse antes de dar ningún otro paso más con ella. Tenía que buscar la forma de estar en paz con Tomoe y con él mismo, o cualquier sombra que planeara sobre una futura relación se ennegrecería hasta abrumarle y acabaría por reprochárselo a esa persona.

—Perdóname, Kaoru —dijo con un pesar que incluso ella sintió. Era imposible para él darle lo que quería en esos momentos, por mucho que lo deseara.

—No te preocupes, Kenshin —le tranquilizó ella aguantando sus propias lágrimas—. Tú no tienes la culpa de esto. —Se volvió a abrazar a él con fuerza—. Piensa en lo que es mejor para ti; qué es lo que realmente quieres. Yo estaré a tu lado decidas lo que decidas.


Notas del fic:

*Dojo: Lugar de entrenamiento.

*Yukata: Prenda similar al kimono pero de algodón. Es más liviano que el kimono.


— * —


Fin del Capítulo 18 - 25 Julio 2013

Revisión - 22 Mayo 2022


Notas finales:

No os preocupéis que no queda nada para que Kenshin se ubique XD. Pero, ainsssss... me da penica Kaoru. Es una situación muy dura para ella T_T. Pero, lo dicho: ya queda poco *o*

Espero que os haya gustado el capítulo ;-D

¡Saludos!