CAPÍTULO 19: La boda


Comentarios a los reviews:

Kaory1: Claro que hay amor para las dos *o* . Nunca he entendido la inquina contra Tomoe. Ella fue importante en una época determinante de su vida y ahora lo es Kaoru. No sé cuál es el problema... :-S . Sobre la parejita, pues sí, en este capítulo os toca esperar porque es para Sano y Megumi XD. ¡Pero en el siguiente les volveremos a tener! Lo de que me separe las palabras, ya detecté que es un problema de maquetación de los guiones manuales. Word me pone la separación en Kens-hin, así que yo se la tengo que poner bien para hacer el salto de línea adecuadamente. Por lo general, siempre los quito en la versión que subo aquí, pero a veces se me pasa »_«. Ya lo he corregido, gracias.

Anto: Bueno, es que hay que pensar que este Kenshin está más cerca del que mandó a paseo a Hiko para meterse en la guerra, que el tranquilo que llegó a casa de Kaoru XD. Al menos, lo que se nos muestra del Kenshin adolescente es que era más temperamental, así que este también lo es ^_^º. Me alegra saber que os gusta mi planteamiento de Kenshin/Battosai *o*

Shaiwase: Jajaja, sí, este fic es bastante montaña rusa XD Pero ya va faltando poco y quedan las cuestas y curvas más importantes ^o^ . Sobre que Kenshin no quiere utilizar a Kaoru, hay que tener en cuenta que es consciente de que la eligió como segunda esposa. Por eso, aunque tiene arrebatos, también es contiene por respeto hacia ella.

Kaoruca: Pues espera al cap22... Es de los capítulos que más me gustan porque viene a ser en lo que confluyen todas las acciones de ambos *o* y Kenshin por fin las ve por separado como tiene que verlas. En cuanto a la actitud de Kaoru, ya lo he mencionado antes, pero a esta Kaoru le ha tocado reaccionar por fin. El otro Kenshin se lo ponía todo en bandeja y era permisivo hasta decir basta. La relación le vino rodada porque no tuvo que hacer nada realmente. Kenshin se enamoró de ella sin más. Pero aquí le ha tocado tener que pelear por él porque tiene una "rival" verdadera (Megumi nunca lo fue ¬_¬º), así que aparte de tener que ser más contundente con su objetivo, también se ha tenido que tragar un montón de cosas. Ha tenido una dosis de realidad del consabido "en lo bueno y en lo malo", está claro »_«. Y de mi escritura *o*, ya sabes que valoro un montón que os guste... Me alegra saber que disfrutáis con mis historias *o*

YokoGH: Me alegra que te haya gustado el capítulo ;-D

Guest1: Siento mucho la espera. Como ya dije en su momento, tenía varias historias en desarrollo que me absorbieron las creatividad. Pero realmente esperaba que una vez terminado todo podría continuar y así fue ;-D . Sólo me queda revisar los últimos 3 capítulos, los cuales tampoco creo que tengan que reformarse mucho. Así que espero poder subirlo seguido.

PrettyKaoru: Como le he dicho a Shaiwase, Kenshin tiene bien presente que Kaoru se habría convertido en su segunda esposa de no ser por el accidente. Así que tiene que contenerse por mucho que le pese XD... Y Kaoru... pues como que acaba de catar un aspecto de la relación de pareja que no se esperaba ^o^. Ahora ya no sólo la tensión le va a rodear a él; la curiosidad de Kaoru será potente, jijijiji. En cuanto a que Kaoru sea más empática, al final, es un proceso natural. Los primeros capítulos sufrieron un encontronazo muy fuerte, pero los dos van trabajando para converger en un punto medio. Kaoru intenta ser más comprensiva y, a su vez, Kenshin busca la forma de amoldarse a ella y no tirar por la borda su relación previa. Así que ahí están los dos llevándolo de la mejor manera que pueden.
De tu último comentario, llevo varios años en los que las actualizaciones de los fics las hago los domingos por la mañana (horario de España). Es el día que menos probabilidades hay de que me surja algo, así que siempre las subo entonces ^_^º

DULCECITO311: Piensa que Kenshin seguía sumido en su duelo particular, así que no es fácil, no. Pero podrá reconciliarse con su pasado y presente, no te preocupes ;-D

Guest2: Pues has tenido suerte de llegar en el momento en que he retomado su reedición, porque llevaba mucho tiempo estancado T_T . Me alegra saber que te está gustando el desarrollo planteado aquí para los personajes. Cuando lo empecé, mi idea era dejar de lado esa predisposición del fandom a tomar a Battosai como si de una doble personalidad se tratara y que siempre salía para resolver una tensión romántica entre los protas que no se resolvía con el vagabundo O_o . Me alegra ver que os gusta esta visión mía *o*

Gracias a todas por los reviews ;-D. Vamos con el siguiente capítulo. Espero que os guste ;-D


CAPÍTULO 19: La boda

Para estar en noviembre, el día se despertó soleado con algunas nubes blancas cruzando el cielo. Hacía frío, pero no se podía esperar mucho más del clima a esas alturas del año. La ceremonia se llevó a cabo en el templo en la más estricta intimidad. Aparte de Kenshin, Kaoru, Yahiko y Gensai, sólo dos amigos de Sanosuke estuvieron presentes.

Megumi reconocía a uno de ellos por ser un antiguo miembros del Sekihotai que Sanosuke había reencontrado hacía unos meses. El otro, aunque lo había visto alguna vez, no sabía quién era.

Megumi vestía un kimono elegante que había adquirido al poco tiempo de ser liberada de las manos de Takeda. Había sido un capricho que se había dado al sentirse al fin libre y, con el paso de los meses, había esperado usarlo en la boda de Kenshin y Kaoru. Le había pillado por sorpresa que, al final, la primera vez que lo usara, fuese en su propia boda. No era un kimono ceremonial —ni tampoco le habría dado tiempo de conseguir uno en sólo cinco días—, pero ella no necesitaba más. En esos momentos, lo que menos le importaba eran las vestimentas; sólo quería salir de allí siendo una mujer casada y con el hombre que amaba.

Sin embargo, aunque no le daba verdadera importancia a los atuendos, el que sí le dejó impresionada fue el de Sanosuke. Él sí había mandado hacer uno para la ocasión y debió encargarlo el mismo día que fijaron la fecha. Incluso así, estaba asombrada de que en cinco días le hubieran acabado uno. Por supuesto, era mucho menos elaborado que un kimono ceremonial de mujer. De hecho, era muy parecido a sus ropas habituales, pero en negro. Y cómo no, también tenía bordado el mismo kanji* en su espalda, aunque en color blanco.

Megumi suspiró al verle. Sanosuke era un hombre muy atractivo, o al menos, siempre se lo había parecido a ella. Pero ese color le daba una apariencia especial que la hizo derretirse. Daba una imagen más adulta y madura, como si estuviera observando el aspecto que tendría en unos años.

Sanosuke se acercó hasta ella y le cogió de las manos con los ojos brillantes mientras la analizaba de arriba abajo.

—Estás preciosa —gimió él, como si aquello supusiera una tortura. Megumi sonrió por ello.

—Tú tampoco estás nada mal. Te queda bien el negro.

—A mí me queda bien todo —comentó muy seguro de sí mismo—, igual que a ti. Somos la pareja perfecta —se jactó él.

—Te veo muy confiado esta mañana.

—Te aseguro que pocas cosas pueden hacer que me desanime hoy. —Sanosuke intentó darle un beso, pero Megumi le detuvo.

—¡Ni hablar! —se alteró ella al ver el gesto de su futuro marido—. No me vas a estropear el maquillaje. Eso no se arreglaría ni con espejo. Tendría que volver a empezar y ni muerta voy a hacerlo.

Megumi llevaba un maquillaje ceremonial que, si Sanosuke estropeaba, tendría que quitárselo y volver a empezar. Se había pasado mucho tiempo con él como para que ahora viniera y le hiciera un estropicio por ser incapaz de contenerse.

Sanosuke resopló audiblemente.

—Tenemos que hablar de este tema cuando estemos casados. Tus pinturas no se van a convertir en un obstáculo para mí.

—No me importan otras pinturas; la que me importa es la que llevo hoy.

Sanosuke suspiró exasperado retomando la idea que se había fijado en la mente durante esos días de no hacer nada que pudiera fastidiar la ceremonia. A lo largo de ese día, Megumi iba a estar irrazonable sobre intentar cualquier cosa con ella.

Cuando la ceremonia comenzó, Kaoru no pudo evitar abstraerse en sus pensamientos. Los dos parecían felices y no mostraban ni un atisbo de nerviosismo. Podía entenderlo en Megumi que estaba ansiosa por cambiar su estado civil, pero sí le asombró en Sanosuke. Si sólo echara la vista atrás para recordar cómo era un mes antes, parecía otro hombre. Si alguien le hubiera preguntado entonces si conocía una persona nada predispuesta a asentarse, habría dicho sin dudas que Sanosuke.

Pero no sólo estaba dispuesto; había contribuido a acelerarlo. Aquello era, sin dudas, una muestra más que clara de lo que sentía por Megumi, y ella tenía que ser consciente de ese hecho.

Kaoru suspiró. Ella quería volver a tener eso; volver a sentir que era lo primero en las prioridades del hombre que amaba. Miró de reojo a Kenshin el cual no quitaba ojo a la ceremonia. Estaba demasiado serio para ser un acontecimiento alegre y se atrevió a girar un poco la cabeza para que no notara que lo estaba mirando con más detenimiento. Mantenía un semblante incómodo que consiguió el mismo efecto en ella. No parecía muy feliz de estar allí. Le hubiera gustado saber lo que pensaba, pero se retractó en al acto al pasar por su mente una posibilidad: esa boda podría estar haciéndole recordar la suya propia —su matrimonio con Tomoe—, y por supuesto, hacerle más patente la falta de ella.

Y Kaoru no andaba demasiado desencaminada en sus elucubraciones. Estaba en una ceremonia de casamiento sencilla y eso le había llevado a recordar a Kenshin la más sencilla aún que había tenido él con Tomoe. Se habían casado sin avisar a nadie de camino a la casa que les habían dejado para esconderse cuando en Kioto las cosas se pusieron difíciles. Pero, a la vez, también le llevó a pensar que antes del accidente había planeado casarse con Kaoru en un tiempo no muy lejano. Esa boda bien podría haber sido la de ellos.

Kenshin bajó su cabeza y dejó que los mechones de pelo le ocultaran el rostro. Tenía la sensación de que Kaoru le estaba vigilando, pero no se atrevía a mirarla. Estaba convencido de que ella estaría pensando algo parecido, pero no podía hacer nada para aliviarla. Intentó concentrarse en las palabras del sacerdote para evadirse de sus propios pensamientos; no quería torturarse con ellos en un día como ése. Debería estar celebrando la dicha de sus amigos y no amargándose con sus recuerdos.

El ritual duró algo más que en su boda y no ayudó al estado anímico de Kenshin. La recepción se hizo en casa de Kaoru, donde había más espacio para los invitados. Se dejaron caer por allí algunos amigos de Sanosuke, pero no estuvieron tampoco mucho rato. Kaoru se trató lo justo y necesario con Kenshin. Para él, era obvio que la mujer se encontraba incómoda estando a su alrededor. Tampoco él estaba mucho mejor de ánimo que ella, por lo que lo agradeció. Kaoru estuvo en compañía de Megumi desde que salieron del templo. Era la única mujer invitada y la única que permaneció todo el día allí, pues, aunque Tae y Tsubame habían pasado también a presentar sus felicitaciones a la pareja, tuvieron que volverse pronto al Akabeko para trabajar.

—Con lo que te gusta beber, me sorprende que apenas hayas probado el sake —comentó Kenshin divertido en un momento dado de la tarde.

—Quiero mantenerme lúcido y despierto mucho tiempo —mencionó altanero Sanosuke. Eso conllevó las sonrisas maliciosas de sus amigos al comprender sus intenciones.

Kenshin no pudo evitar buscar con la mirada a Kaoru por el patio. Se encontraba hablando de forma amena con Megumi. En las semanas que llevaba desde que despertó en esa época, nunca las había visto juntas tanto tiempo, y de lo que recordaba de antes del accidente, tampoco. Pero era un día especial en la vida de Megumi y habían decidido enterrar el hacha de guerra.

Kenshin miró con más detenimiento a Kaoru ahora que sabía que su atención estaba puesta en otro objetivo. Llevaba un kimono que no le había visto antes; ni en el mes que llevaba allí, ni en los recuerdos que habían ido apareciendo. Kaoru estaba preciosa con él, pero desde hacía unos días se había dado cuenta de que, se pusiera lo que se pusiese, siempre se lo parecería.

Era curioso cómo habían cambiado las cosas en tan solo un mes. Recordaba cómo nada más despertar del accidente, se había quedado sorprendido por la belleza impactante de Megumi. Sin embargo, Kenshin debía reconocer que en esos momentos no podía quitarle los ojos a Kaoru. Estaban las dos juntas, pero el aspecto inocente de la mujer más joven era el que captaba su atención.

Y verla con aquel kimono tan elegante no ayudaba en nada a su paz mental.

No había servido de mucho el respiro del día anterior. Kenshin pensaba realmente que, tras el pequeño desahogo que había tenido por la tarde, se quedaría más tranquilo, pero casi había sido peor. Se había pasado varias horas limpiando el dojo*, pero había descubierto que tampoco había sido una buena idea. Estaba solo y, aunque quería reflexionar sobre su situación con Kaoru, al final volvía una y otra vez a lo que había pasado minutos antes. Y, para añadir más leña al fuego, retornaba con más fuerza aún lo que no había ocurrido gracias a su conciencia.

Kenshin suspiró con fuerza; todo aquello iba a matarle. Había probado un atisbo de lo que podría tener y sólo quería más y más. Era aterrador para él esa ansia… ese anhelo que le mantenía alerta a todo lo que ella hacía. Le quemaba por dentro y, en el proceso, destrozaba sus nervios. Debía ser sincero consigo mismo por mucho que le afectara, porque aquello no derivaba de un mero deseo por una mujer. Había mucho más de fondo, aunque todos esos días se había negado a analizarlo.

Kaoru volvió a reírse de algo que decía Megumi y otra vez sintió esa sensación abrumadora en el pecho. Lo conseguía siempre, daba igual las circunstancias.

—¿Verdad que hoy Megumi está preciosa? —preguntó Sanosuke cuando se quedaron solos tras despedirse de los hombres con los que habían estado.

Kenshin le miró con confusión cuando su amigo le interrumpió en sus pensamientos y regresó sus ojos hacia donde estaban las dos mujeres.

—Sí, Megumi está resplandeciente —contestó Kenshin como forma de agasajar a un orgulloso marido.

—Pero no te habías dado cuenta hasta ahora —rio Sanosuke al ver que Kenshin había tenido que volver a fijarse en ella para responder a su pregunta. No había perdido detalle de cómo el hombre había vigilado cada paso de Kaoru a lo largo de ese día. Tampoco había pasado por alto la seriedad con la que la escrutaba todo el tiempo.

—No… Digo, sí… Es sólo que… —Pero no añadió nada más. No encontraba las palabras adecuadas.

—Te entiendo perfectamente… —le dijo Sanosuke tras posar una mano sobre su hombro—. Megumi también me eclipsa a todas las mujeres. Es lo que nos ocurre cuando una mujer nos atrapa.

—Kaoru no me ha atrapado —le contradijo el pelirrojo incómodo.

«No, claro que no», se mofó sarcástico Sanosuke en su interior. Incluso tras esas palabras, Kenshin seguía observándola con detenimiento.

—¿Te preocupa algo? —preguntó Sanosuke viendo que el hombre volvía a abstraerse. Hora tras hora, cada vez que posaba su vista en él, le encontraba absorto en sus pensamientos—. Te veo más serio de lo normal.

—Creo que me estoy volviendo loco —dijo sin más—. No sé cuánto más voy a poder aguantar esto sin hacer una locura —se lamentó él.

Kenshin era muy consciente de la carga que soportaba encima. La había llevado desde que se convirtió en un asesino. Sabía que había un filo muy delgado que le separaba a él de su locura asesina. De ahí que tuviera que controlar muchos aspectos de su vida, porque cuando Battosai se levantaba con mal pie, corría la sangre… literalmente. Y una de esas cosas que no podía alterar era sus ritmos de sueño. Si no descansaba lo debido, se volvía muy irritable; y si se volvía muy irritable, la gente tenía que poner mucha distancia con él si no quería salir mal parada.

Por si no tenía ya suficiente con sus pesadillas de la guerra, ahora Kaoru también estaba interfiriendo ahí haciendo que hubiera noches en las que no podía pegar ojo, como le había ocurrido en ésa. Kaoru estaba metiendo mano en sus emociones, en su concentración y en las propias acciones del día a día que llevaba a cabo. Y ahora tampoco le dejaba dormir.

—¿A qué te refieres? —se extrañó Sanosuke por sus palabras.

—Soy un peligro para Kaoru.

—Kaoru me parece que es la joven que se encuentra más a salvo de todo Tokio. —Kenshin negó con la cabeza ante el comentario de Sanosuke.

—No me refiero a ese tipo de daño.

Kenshin le contó a grandes rasgos lo que había pasado la tarde anterior. Por encima de su cadáver le daría detalles a alguien sobre algo tan privado de Kaoru. Pero debía hacerle entender a su amigo que no estaba bromeando. A veces le daba la sensación de que el recién desposado no terminaba de tomarse en serio sus preocupaciones sobre su descontrol.

Sanosuke estuvo un buen rato sin saber qué decir porque le había pillado desprevenido la confesión de Kenshin. Aunque se daba cuenta de que era Kaoru la que estaba incentivándole en un aspecto físico, no había esperado que el hombre diera rienda suelta a sus deseos con ella. Había esperado más bien que tuviera el suficiente control para contenerse.

—Ahora te lo digo muy en serio, Kenshin —aseveró Sanosuke cuando al fin pudo hablar—. Tienes que aclararte. Kaoru no se merece que la utilices así. No es esa clase de mujer.

—¿Te crees que no lo sé? —le recriminó angustiado—. Pero cada vez me cuesta más evitarlo.

«Porque la quieres», respondió en su mente Sanosuke. Contener los impulsos ante una mujer a la que se ama profundamente y ésta a su vez corresponde, era una tarea muy difícil y de la cual podía dar fe. Sanosuke había deseado a la Megumi desde hacía meses con una intensidad que no le dejaba dormir imaginando todo tipo de fantasías que le gustaría hacer con ella. Pero desde que habían formalizado su relación, no hacía otra cosa que contar las horas que faltaban para darles rienda suelta a todas y cada una de ellas.

Y Kenshin ya tenía demasiadas cosas en su interior que controlar como para añadir algo de semejante calibre al saco. A su desproporcionada sed de sangre, ahora debía sumar su sed por la mujer que empezaba a volver a amar. Kenshin tenía que contenerse de impulsos muy fuertes y, al parecer, cada día que pasaba estaba en menos condiciones de conseguirlo.

Sanosuke desvió la mirada hacia las dos mujeres, pero esta vez, su atención se centró en la más joven. Kaoru tenía un problema serio y, teniendo en cuenta su inexperiencia, no sería capaz de manejarlo.

—¿Y qué piensas hacer?

—No lo sé… —contestó con pesar—. Pero, de todas formas, lo pensaré mañana. —Kenshin no quería seguir dándole vueltas a lo mismo; tenía que lograr que su mente se centrara en otras cosas—. Hoy es tu día: deberías disfrutarlo y tener presente a tu nueva esposa.

Sanosuke deslizó suavemente su mirada de Kaoru a Megumi en cuanto Kenshin se la mencionó. El pelirrojo incluso sonrió al ver lo fácil que era distraer a Sanosuke en cuanto salía a relucir en la conversación Megumi.

—Aún me cuesta creerlo. Hace un mes no podía dormir pensando en que otro hombre me la iba a quitar y, sin embargo, ahora es mía —comentó feliz, y Kenshin notó una punzada en el pecho que reconoció como envidia.

Cuando él se había casado con Tomoe no había sido así. Él no la amaba por aquel entonces de modo que la ceremonia había sido un puro trámite. Por lo tanto, no había vivido la experiencia de Sanosuke de esperar con entusiasmo aquel enlace. Sin embargo, Kenshin sí era consciente de que lo habría hecho en su futura boda con Kaoru. Porque él la había amado y deseaba pasar su vida con ella.

Kenshin miró por enésima vez a Kaoru. No podía evitarlo y, en esos momentos, ya le daba igual que se diera cuenta. Era absurdo ocultarlo después de lo ocurrido la tarde anterior.

A ella, por su parte, no le pasó inadvertido que la había estado observando gran parte del día. Aun así, había intentado no pensar en ello distrayéndose con la ceremonia. A su favor estaba el hecho de que Megumi no tenía muchas más amigas en Tokio. A diferencia de Sanosuke que parecía conocer a todo el mundo, Megumi no tenía más conocidos más allá de sus pacientes. Pero ellos eran eso: pacientes y, por lo tanto, no era apropiado que estuvieran allí.

De modo que Kaoru había estado a su lado desde la mañana e, internamente, creía que estaba haciendo el mayor acto de amistad que se le pudiera hacer a alguien. Se había pasado todo el tiempo haciendo de tripas corazón ante el hecho de que su amiga estuviera tan feliz en el día de su boda, cuando ella seguía en el limbo en cuanto a su relación con Kenshin.

Kaoru le observó subrepticiamente, tal y como llevaba haciendo desde que se había despertado esa mañana. Él estaba siendo más descarado que ella, pues la contemplaba de forma abierta cada vez que le miraba de refilón. Pero como en todas las ocasiones, no pudo evitar suspirar al verle.

Después de lo sucedido entre ellos, no sabía cómo había logrado seguir con la costura. Le habían temblado las manos durante buena parte de la tarde y si no fuese porque las puntadas que tenía que dar para ultimar el yukata* eran mecánicas, no sabía cómo habría quedado, pues se había pasado toda la tarde con la mente absorta.

Sin embargo, se había aplicado y, entre la tarde y el rato antes de ir a dormir —más ensimismada aún por la conversación que había tenido con él en la cocina—, había conseguido terminarlo y Kenshin se lo había podido poner para la ocasión.

Kaoru volvió a suspirar: como bien había deducido cuando le compró esa tela, ese color le quedaba muy bien.

—Debo darte las gracias por la compañía, Kaoru —le dijo de pronto Megumi interrumpiendo sus cavilaciones, aunque sólo tardó tres segundos en adoptar su típica actitud pícara—. Pero si sólo estás de cuerpo presente, no me sirves de mucho.

Kaoru se tensó por la reprimenda, aunque sabía que Megumi estaba más entretenida que otra cosa por el suceso.

—¡Lo siento! —se disculpó en el acto por distraerse con tanta facilidad.

—En el fondo, te entiendo… Le sienta muy bien ese color.

—¿Sí, verdad? —estuvo de acuerdo Kaoru. Megumi la miró con una sonrisa maliciosa.

—Sí, el negro le da un aspecto más adulto.

—¿El negro? —Megumi se rio de la chica por la confusión que le generó, aunque Kaoru se dio cuenta enseguida de su juego—. ¡Megumi! —protestó ella.

—Encima te sentirás ofendida tú, cuando es mi boda y Sanosuke el novio. —Y siguió riéndose sin disimulo.

—Perdona —volvió a disculparse contrita.

—Estás muy distraída hoy.

—Megumi, ¿estás preocupada por tu noche de bodas? —La doctora se puso muy roja cuando Kaoru le soltó de pronto, y sin venir a cuento, una pregunta tan personal. De hecho, no se lo hubiera esperado de alguien como ella. Kaoru era muy tímida en ese terreno.

Pero lo que no sabía Megumi eran las circunstancias que se habían dado en esa casa la tarde anterior y que le habían dado una nueva perspectiva a la joven.

—Bueno… No sé… —titubeó ella en un intento de buscar una respuesta que darle—. Como todas las mujeres… supongo. —Después se quedó meditando sobre la pregunta—. Aunque al menos en mi caso es con el hombre que quiero, y eso debe marcar una diferencia —añadió al final—. ¿Por qué me lo preguntas?

«Porque en estos momentos, ya no me preocupa a mí», pensó para sus adentros. Kaoru entendía muy bien a qué se refería con la última parte. Lo que había ocurrido entre Kenshin y ella había sido asombroso y aún se quedaba corta. Y no podía imaginarse haciendo algo parecido con un hombre que no despertara los mismos sentimientos que tenía por Kenshin.

Había esperado que siendo Megumi tan segura de sí misma, le hubiera dado otra respuesta que le tranquilizara la conciencia. Algo más en la línea de que sí estaba deseosa de saber qué se sentía al unirse físicamente a un hombre. Pero también debería considerar que quizás Megumi no hubiera atisbado siquiera algo parecido. Podría ser que Sanosuke sí se hubiera contenido del todo con ella y haberla dejado tranquila estando la boda tan cerca como lo había estado.

—Por curiosidad —contestó por fin—. No tengo ninguna amiga casada a la que poder preguntarle.

—Pues mañana no te voy a explicar nada —le advirtió ella, que no tenía pensamiento de contarle a nadie lo que pasara esa noche. Se moriría de vergüenza.

Esta vez fue el turno de Kaoru para reírse de la mortificación de Megumi.

—Tranquila, no te voy a preguntar —replicó para calmarla.

Y tenía razón. Básicamente, porque no necesitaba que le detallaran mucho más. Kenshin le había dado una muestra amplia de lo que podía suceder entre un hombre y una mujer.

El mayor problema que Kaoru le veía era que quería probarlo otra vez.


Notas del fic:

*Kanji: Uno de los tres sistemas de escritura japoneses.

*Dojo: Lugar de entrenamiento.

*Yukata: Prenda similar al kimono pero de algodón. Es más liviano que el kimono.


— * —


Fin del Capítulo 19 - 29 Julio 2013

Revisión - 29 Mayo 2022


Notas finales:

Kaoru, pero bueno, ¿en que cosas estás pensando? Al final va a ser Kenshin el que va a tener que huir de ti ^o^

En fin, espero que os haya gustado el capítulo ;-D

¡Saludos!