Disclaimer: Los personajes pertenecen a S. M. La historia es un regalo que me hicieron llegar y decidí compartir con ustedes.


EDWARD

Salí disparado del baño, me miré en el espejo y noté que las dos semanas de intenso trabajo me estaban pasando factura, ya podía notar unas leves ojeras bajo mis ojos pero ese era el menor de mis problemas ahora mismo.

Mi verdadero problema se llamaba Alice, mi pequeña hermana se casaba hoy, ¿había sido necesario que celebrara su boda en otro estado y precisamente un 12 de Agosto? Pues al parecer sí lo era, y el bobo de mi cuñado no se opuso, me reí de mí mismo… como si yo hubiese sido capaz de negarle algo a la mujer que hacía conmigo lo que se le daba la gana desde que la conocí tres años atrás.

-Puta madre! –exclamé fijándome en la hora del reloj que estaba en el buró, ¿cómo era posible que el tiempo se pasara tan rápido cuando solo estuve durante cinco minutos en el baño?

Tenía solamente media hora para estar en una de los salones de convenciones del Hotel Bellagio en Las Vegas. Si, había viajado de NY hasta Las Vegas hoy mismo. El retiro definitivo de Carlisle de la compañía me dejaba doblemente cargado de trabajo y el ascenso de mi asistente a Vicepresidenta Financiera me hacía el trabajo aún más difícil… debía encontrar un reemplazo, aunque nadie haría el mismo trabajo que ella… bufé exasperado.

Unos cuantos toques en la puerta llamaron mi atención.

-¿Edward? ¿Hijo ya estás listo? -Esme llamó, abrí la puerta de mi suite dejándola pasar.

-Hola mamá, lo siento. Recién llegué y apenas he tenido tiempo de darme un baño -mecí mi cabello con una mano y con la otra señalé mi traje negro Gucci tendido en la amplia cama de la habitación que me había designado el terremoto que tenía por hermana, había sido un calvario asistir a la toma de medidas y pruebas de vestuario que incluso los hombres de la familia tuvimos que soportar. ¡Al fin la pesadilla terminaba ese día!

-Está bien hijo, no te preocupes todavía hay tiempo -trató de calmar mis nervios-. Solo date un poco de prisa -continuó mientras me daba un beso y se aproximaba a la puerta.

-Oye, estás preciosa mamá -halague la belleza de mi madre, porque ella seguía siendo preciosa aún cuando en su rostro ya se dibujan pequeñas arrugas alrededor de sus ojos y su boca cuando sonreía.

-Gracias amor, tu estás muy guapo pero eso ya lo sabes -sopló un beso mientras giraba sobre sus talones para salir de la habitación

Antes que llegara a la puerta la tomé del brazo, ella adivinando mi pregunta se adelantó.

-Ya todos están listos hijo, no te preocupes por nada -aseguró, guiñandome un ojo.

-Ya quiero que termine la fiesta para ir junto a ella -respondí con la sonrisa más sincera que existía en mí

Mi madre me correspondió la sonrisa y salió dejándome solo para poder vestirme, qué noche me esperaba.

Entré en un salón con decorado exquisito, digno de Alice Cullen. Habían mesas distribuidas estratégicamente para los invitados con decoraciones blancas y doradas, las mesas tenían unos elaborados centros de mesa de los cuales parecían caer en cascada infinidad de orquídeas y detalles en verde que lo hacían muy elegante. En el centro se encontraba una pista de baile que tenía a los costados columnas las cuales parecían florecer con diversas variedad de flores blancas y enredaderas, dándole así un aire de ensueño a la pista que inaugurarían los novios al terminar la ceremonia. Al final del salón se encontraba una mesa en donde se celebraría la unión de mi hermana y….uno de mis mejores amigos.

Todos los invitados ya se encontraban en el salón cuando llegue, de hecho los novios ya habían hecho su entrada triunfal y me la perdí….mierda. Eso no evitó contemplar lo hermosa que se veía mi hermana, con un precioso y sencillo vestido estilo sirena, ceñido a su cuerpo...simplemente preciosa.

Me acerqué a ella dándole un beso en la mejilla y dándole una palmada en la espalda a Jasper, ambos me sonrieron perdonando mi tardanza. No sé si el juez habló poco o mucho, mi vista se perdía entre los asistentes mientras buscaba a quien robaba cada uno de mis suspiros...no, mi búsqueda no tuvo resultados.

Fuertes aplausos hicieron que me concentrara en la ceremonia que había finalizado. Todos se acercaban a felicitar a los ahora esposos.

-Hey ahora serás toda una mujer de hogar hermanita -dije abrazando a Alice-. ¿Harás usó de ese mandil que te regalé? - dije riendo mientras ella me daba un puñetazo en mi abdomen.

-¿Quieres que te recuerde de donde sacaste ese mandil hermanito? -respondió mientras ambos reíamos a carcajadas

Aproveché para darle un abrazo a mi amigo también, mientras lamentaba que se nos terminaran nuestros viernes de cervezas.

-Hola hijo -saludo Carlisle poniendo su mano en mi hombro -¿Como va todo?

-Hola papá -le saludé con un abrazo.

Mi padre tomó mi cara entre sus manos, mirando mis ojeras -Si esto es demasiado para ti, puedo regresar hijo -dijo mi padre con un tono preocupado por mi aspecto.

-No papá, han sido dos semanas complicadas pero nada que no pueda solucionar, los proyectos ya están listos para su ejecución, atrás quedó la burocracia y las intensas reuniones -intenté tranquilizarlo, luego de veinticinco años frente a la compañía era justo dejarlo jubilarse y descansar.

-Pero Edward…-

La voz de papá dejó de existir para mí cuando vi que por la puerta hacia su entrada triunfal una hermosa castaña capaz de robar el aliento a cualquier pendejo de mierda que apreciara su belleza, enfundada en un precioso vestido azul rey de gasa y encaje, corte corazón y de un hombro que caía vaporoso hasta el piso pero dejando entrever en una sensual ranura al frente esa exquisita pierna de perfecta piel porcelana que yo conocía tan bien, su cabello en un elegante recogido y maquillaje perfecto como lo era ella….Isabella Swan, mi Vicepresidenta Financiera, a quien conocí y caí de rodillas ante ella hace siete años, convirtiéndola casi al instante en mi novia...mi amante. A la que creí sería la única mujer de mi vida hasta hace tres años que conocí a Kate, mi Kate. Esa chica que llegó a iluminar mi vida, a darme un motivo, me enseñó otra forma de amar, distinto al amor que sentía por Isabella, esa chica que sabía que se quedaría para siempre en mi vida, ella sería mi incondicional, porque nunca me abandonaría, esa chica que fue mi nuevo amor, mi refugio, mi alegría y locura, mis ganas de regresar a casa y mi salvación cuando creí que todo estaba perdido.

-¡Oh Dios! -lamenté cuando vi que iba escoltada por Charlie Swan, un detective retirado, mejor amigo de Carlisle y padre de Isabella...ese que nos encontró en mi oficina a Isabella y a mi cuando degustaba cual bebé de sus exquisitos pechos. Nadie podía culparme, era mi pareja, mi asistente, mi empresa y mi hora de comer y lo estaba haciendo muy bien ¡carajo!

-Buenas noches -saludaron ambos al unísono.

-¡Pero mi niña si estás hermosa! -exclamó Esme acaparando la atención de Isabella y de paso envolviéndola en sus delgados brazos.

-Gracias Esme - sonrió Isabella, saludando de forma amable también a Carlisle, mientras que Charlie hacia lo mismo con mis padres-. Siento llegar tarde pero me fue complicado salir antes -se disculpó Isabella torciendo esa preciosa boca con labial rubí.

-Ahora han cambiado tus prioridades Isabella -reprendió Charlie tomando la mano de su hija y tocando una banda de oro blanco que adornaba su dedo anular-. Simplemente no puedes irte como cuando estabas soltera- aseguró sonriendo con una mueca burlona hacia mí.

Lo sabía. Sabía que ya nada era igual a cuando nos conocimos, Isabella apenas tenía 18 años cuando entró a mi empresa haciendo trabajo de asistente mientras terminaba su Licenciatura en Finanzas en la Universidad del Estado en NY, en ese entonces yo tenía 24 y era un recién graduado Ingeniero Civil ayudante de Carlisle.

Ambos se sentaron en la mesa donde nos encontrábamos mis padres y yo, para tortura mía.

-¿Cómo estas Charlie? –saludé con educación al viejo que me había hecho la vida imposible desde que me vio comiéndome a su hija en mi oficina

-Al parecer mejor que tú, Edward -se burló Charlie- tienes un par de ojeras que me hacen pensar que duermo mucho mejor que tú, ¿acaso esas son canas que veo en tu cabello- finalizó soltando una risa.

-Tengo treinta y un años Charlie, no soy un viejo de cincuenta y dos - respondí, imitando su sonrisa.

-No tientes tu suerte muchacho -advirtió con aspecto malhumorado- En el pasado no te saqué los ojos porque mi hija sufriría, ahora lo hago por Kate...

-¡No te preocupes por Kate, ella es mía y yo me encargo que nada le hago daño! -aseguré molesto, sin permitirle terminar esa frase.

-¡Basta los dos! -exclamó Isabella-. Es el día de Alice, ¡¿pueden por una vez estar uno frente al otro sin ofenderse?! - y con eso se levantó de la mesa, a felicitar a los nuevos esposos.

-Bella tiene razón -habló Carlisle por primera vez desde que comenzamos a discutir-. Este día no quiero discusiones entre los dos que arruinen la boda de mi hija. Charlie, desquitaste la ofensa que según tu Edward les hizo, ¿acaso no fue suficiente con separar a los muchachos? ¿Acaso no terminaron su relación por ti? - Exclamó Carlisle

-Si, pero…

-¡Pero nada Charlie! -le cortó mamá-. Las cosas se hicieron como tu las decidiste, ahora tu deber es procurar la felicidad de tu hija, olvida el pasado y tú, Edward -se dirigió a mí-, por favor haz lo mismo, por tu hermana.

¿Olvidar el pasado? Como si fuese tan sencillo, sentí que me arrancaban el corazón cuando apartaron de mi lado a Isabella, ella era mi vida, mi amor, mi todo. Para ella tampoco fue sencillo, me amaba y la apartaron de mi, fue un tiempo de dolor y angustia. Nuestra relación fue perfecta hasta que nos descubrió su padre…

FLASHBACK

Con veinticuatro años quería devorar el mundo, recién graduado y con una compañía que pronto estaría bajo mi cargo. Carlisle era querido y respetado por todos, no se podría esperar menos de su primogénito. Mi vida fue como la de un chico normal: estudio, fiestas, amigos y una que otra chica para comenzar a experimentar la vida adulta…¿qué más podría desear?

Recién comenzaba el mes de febrero cuando conducía por las blancas calles de Nueva York luciendo el regalo que mi padre me hizo por mi graduación: un hermoso Aston Martín. Llegue a Midtown donde se encontraba el imponente edificio de cristal de Cullen Design & Construction y me adentré en el estacionamiento subterráneo de la empresa. Por mi vista periférica pude observar el bonito Mercedes Benz propiedad de Charlie Swan, no era extraño verlo por aquí visitando a su mejor amigo y compañero en los partidos de golf, si...Carlisle.

Subí por el ascensor directo al piso 42 donde se encontraba Presidencia, mi padre había designado para mi una pequeña oficina al final del pasillo. Antes de ir a mi sitio de trabajo pasé por la oficina de mi padre como era costumbre. No había dado dos pasos cuando mi teléfono sonó con una llamada entrante...era la molesta Heidi.

-Dime Heidi -respondí inmediatamente- espero que sea importante si me llamas tan temprano y en mi hora laboral.

-Hola mi amor -susurró melosa.

-Repite eso y te juro Heidi que te arrepentirás de haberme conocido -rugí molesto.

-Esta bien, cálmate por favor Edward. Solamente quería invitarte a mi apartamento esta noche.

-No Heidi, te lo dije la última vez y te lo repito ahora: nunca más -dije cansado de esta conversación.

-Pero Edward tu y yo nos llevamos bien, la pasamos genial.

-La pasaste Heidi, no hables por mi.

En ese momento dejé de escuchar cualquier cosa que dijera Heidi porque vi que de la oficina de mi padre salía Charlie y una preciosa pero al parecer muy tímida chica de cabello castaño recogida en una coleta alta, vistiendo unos pantalones que sobresalían de su largo abrigo negro muy ceñido a su cuerpo, aparentaba no haber cumplido la mayoría de edad. Corté la llamada de inmediato. Me acerqué como el caballero que era para saludar al mejor amigo de mi padre.

-Buenas noches caballeros -saludé a ambos- buenas días, señorita -tomé la suave y delicada mano de esa hermosa joven que era dueña de unos hermosos ojos castaños y mejillas sonrosadas cual fresa fresca.

-Edward, ella es Isabella. Hija de Charlie y desde este momento empleada de esta empresa - informó Carlisle dándome una mirada de advertencia, la cual no comprendí. Apreciaba la belleza de las mujeres y mi padre lo sabía, pero en ese momento no me encontraba en mi papel de conquistador.

-Encantado de conocerte Isabella -dije sonriente mientras ella se sonrojada y respondía con un asentimiento mientras una sonrisa que se dibujaba en los que aparentaban ser unos jugosos labios rosas.

-La tendrás bajo tu responsabilidad Edward y le enseñaras todo lo que sabes - Carlisle miró a Charlie quien asintió con su cabeza- confiamos en ti -las palabras de Carlisle sonaron más a advertencia que a un voto de confianza.

-Por supuesto Carlisle, la dejas en buenas manos - y no sabía cuanta razón había en mis palabras...

Al día siguiente una joven Isabella se presentó a la empresa, vestida de nuevo con unos ceñidos pantalones, suéter y bufanda. Entró a mi oficina dando unos pequeños toques a la puerta.

-Buenos días, señor Cullen -dijo con voz de niña tímida y supe desde entonces que esa pequeña chica seria mi obsesión, mi perdición.

-Solo tengo veinticuatro, Isabella. En esta empresa el señor Cullen es mi padre. Yo más que tu jefe quisiera ser tu amigo, ¿que dices? -extendí mi mano para que entendiera que esto seria un trato entre ambos, si así lo decidía ella.

-De acuerdo, Edward. Soy Isabella Swan, acabo de cumplir dieciocho, aún estudio Licenciatura en Finanzas y espero que me muestres todos tus conocimientos- sonreí.

-Por supuesto Isabella, por supuesto que lo haré -le dije dándole mi sonrisa torcida a lo que ella me respondió con otra dulce y angelical sonrisa, por supuesto que lo haría.

Isabella demostró que además de hermosa, era astuta. A medida que los días transcurrían nuestro trato iba siendo más cercano. Hacíamos bromas, reíamos pero además de ser buena en su trabajo era muy hermosa. Me gustaba no solamente su cerebro y su linda cara, también me volvía loco su cuerpo. Cada prenda que usaba le quedaba perfecta...mierda, me estaba volviendo loco.

Salí con chicas, cada noche probaba con una diferente pero ninguna era Isabella Swan, ninguna despertaba el mismo deseo en mi. Esa pequeña bruja me tenía hechizado. Las demás solo conseguían hacerme sentir frustrado, no disfrutaba de sus besos, ni de sus cuerpos. En mi cabeza solo existía Bella y todos aquellos posibles escenarios que podría vivir con ella.

Un día Carlisle me llamó a su oficina.

-Edward, voy a ser claro contigo. Charlie teme que conquistes a Isabella, es de conocimiento popular que te gustan las mujeres y que no puedes ser monógamo e Isabella es una niña que apenas comienza a conocer de mundo -declaró Carlisle-. Charlie pretende que su hija incursione en el mundo laboral y suelte su timidez- hizo una mueca- pero al parecer el día que la conociste vio algo en ti que le ha hecho desconfiar que te mantendrás alejado de ella.

-Papá, ten un poco de confianza en mi no le haré daño a Bella.

-No intentarás nada con ella, Edward. Si lo haces yo mismo la saco de aquí. Charlie es mi amigo y le tenga mucho cariño a Bella para permitir que le hagas daño. He visto como la miras y no me gusta- la puse bajo tu cargo porque eres joven y estas manejando la empresa mejor que yo- prosiguió- pero te conozco y no permitiré que intentes algo más con ese chica.

-¿Te estas escuchando Carlisle? ¿Estás prohibiéndome tener una relación? ¿Cuántos años crees que tengo?

-Te estoy prohibiendo hacerle daño a la hija de mi mejor amigo y voy a cumplir mi promesa si me entero que la intentas conquistar.

Salí de esa oficina totalmente confundido y molesto, Isabella era mayor de edad y me gustaba, ¿sería tan malo intentar conquistarla?

Dos semanas después estábamos en junta de accionistas en donde presentábamos los informes financieros de los futuros proyectos a construir, mi padre tenía 5 socios más que hacían el 25% de la compañía y aunque él seguía siendo el Director General me dejaba llevar las riendas casi al completo, incluyendo las decisiones de la compañías con las que debíamos trabajar. Mi especialidad no eran las finanzas pero las manejaba muy bien, además tenía a Isabella a mi lado. Ella entró llevando los expediente que se presentaría a cada socio, los repartió y se sentó de forma discreta tras de mí.

-Caballeros comencemos -dijo Carlisle para iniciar la reunión.

-En cada carpeta encontrarán Balance General, Flujo de Caja, Cuenta de Resultas…

-Espera Edward -me interrumpió el señor Benjamín Materazzi, un italiano que había decidido a invertir en nuestra compañía-. Aquí no veo los documentos que pedí se anexaran para el estudio de la empresa Luxxotica, están incompletos estos expedientes.

-Están completos Benjamín -me adelante a Carlisle- Cullen D&C no invertirá en Luxxotica.

-Puedes explicarme ¿de qué demonios estás hablando muchacho?

-La compañía que recomendaste no es de fiar Benjamín, lo siento. No podemos firmar un acuerdo para una construcción tan gigantesca si ellos no tienen la solidez financiera que nos permita recuperar la inversión.

-¿Y tú cómo lo sabes si no te has tomado el tiempo de averiguarlo, de discutirlo con nosotros los socios?

-No es necesario discutirlo ya que Isabella ha realizado una excelente investigación sobre la empresa.

-¿Isabella? ¿Quién mierda es Isabella para tomar una decisión de Junta Directiva?

-¡Cuida tus palabras Benjamín! ¡Isabella podrá ser aún una estudiante de Finanzas pero ha podido ver que la puta empresa que recomendaste está a nada de irse a la mierda! ¿Acaso no te diste a la tarea de estudiar sus informes de años anteriores o solo te quedaste con la mierda maquillada que te dieron? ¿No viste la caída de capital y activos que han sufrido? ¿No averiguaste que durante los últimos 5 años han pasado un desfile de 7 gerentes generales? ¿Debo pensar que eres estúpido o que intentas salvar a la compañía de la sobrina de tu mujer?

-No voy a permitir que se tome una decisión de esa magnitud solamente porque una estúpida chiquilla caprichosa venga a inventar cuanta estupidez se le da la gana ¡como socio exijo un estudio más exhaustivo Carlisle y que Isabella quede fuera de esta empresa ahora mismo!

-Pero señor Materazzi le juro que no he inventado nada, cuando guste puedo mostrarle todos los documentos que avalan lo que Edward afirma- intervino una llorosa y nerviosa Isabella.

-¿Acaso crees que estás aquí por tu inteligencia niña tonta? Tu no sabes nada de este mundo, estas aquí por tu cara bonita y por ser la hija del mejor amigo del director de la compañía, no por tus habilidades-, acusó de forma desdeñosa Benjamín.

Isabella intentó salir corriendo de la sala de juntas pero fui más rápido y la detuve sujetando su mano.

-Te la voy a poner fácil, Benjamín -dije tratando de contener toda la rabia que sentía por dentro- me vendes tus acciones en este momento o le muestro a los medios de comunicación los videos en donde se ve lo que haces con tu secretaria Bianca, en tu oficina. A tu esposa no le gustará verte esposado y en traje de látex mientras recibes latigazos, ¿cierto?

La cara de todos quedó pálida incluyendo a mi padre que en este momento se estaba enterando de la afición de su socio.

-Arregla los documentos con mi secretaria y mañana a primera hora los quiero listos para firmar en mi escritorio- dando la vuelta lleve a Isabella lejos de esa oficina y del pendejo que la había lastimado.

Luego de llorar por dos horas y tratar de hacerle cambiar de opinión por fin Isabella estaba más tranquila pero seguía pensando en que había sido contratado por ser hija de Charlie. La había llevado al parque más cercano para intentar serenarla.

-Gracias por tus palabras Edward, pero se que estoy ahí por mi apellido, no por ser buena así que no regresaré- insistió una llorosa pero muy hermosa Bella.

-¿No te das cuenta que no es tu apellido el que nos ha salvado de invertir en una mierda de empresa sino tus habilidades? -ella rio.

-¿De verdad crees que soy buena y no solo una cara bonita?- preguntó con su carita manchada de lágrimas pero viéndose preciosa.

Tome su cara entre mis manos y me acerqué a ella para que le quedara claro lo que diría, su hálito se confundía con el mío. Sabía que mi fuerza de voluntad por besarla pendía de un precario hilo que lo sujetaba.

-Eres lo mejor que le ha pasado a Cullen D&C. Eres lista, inteligente, responsable y además tienes la cara más bonita que he visto en mi vida.

-Edward -susurró cerca de mis labios.

-Isabella, no puedo negar que desde que te conocí me atraes, no solamente tu cerebro prodigioso sino también tu cara bonita. Me gustas y ya no puedo, ni quiero ocultarlo.

-Tu también me gustas, Edward.

Sonreí, porque si, yo también le gustaba y ya no iba a contenerme más

-Entonces déjate llevar -le dije estrellando mi boca con la suya. La besé, como quería hacerlo desde que la conocí. La besé con toda la pasión que esa chica despertaba en mí.

-No podemos -decía entre besos-. Charlie no se puede enterar.

-Y no se va a enterar, no tiene por qué hacerlo. Esto será entre tú y yo, nada más. Que se joda el mundo -sonríe y ella respondió de acuerdo conmigo.

Desde ese momento la hice mi novia, me enamoré perdidamente de ella. Era muy divertido escondernos para besarnos, enviarle flores sin remitente pero sabiendo que era yo quien se las enviaba, trabaja hasta tarde en mi oficina…a horcadas sobre mí. La llevaba a cenar y luego a su casa, la trataba como la dama que era menos en la cama porque si, yo había sido el primero y único jodido hombre en su vida y me aseguraría que así fuera por el resto de nuestras vidas. Le hacía el amor de todas formas posibles y ella correspondía igual. Tomaba la píldora para prevenir cualquier accidente pero lo que ella no sabía era que a mi no me preocupaba que esos accidentes llegarán a hacerse realidad porque lo deseaba. Deseaba embarazarla y retenerla conmigo, fuera mía toda la vida. Sus padres creían que podía llegar a tener un noviazgo con su amigo de la juventud Dimitri y yo era el puto novio celoso que la poseía como loco cuando me enteraba que ella salía con él al cine o a comer para despistar y que sus padres no sospecharan de nosotros, me volvía loco y a ella le gustaba...

BELLA

Estaba en el departamento de Edward poniéndome de acuerdo con Dimitri para que me cubriera con mis padres. Esta noche me quedaría con Edward y debía hacerles creer que me encontraba en una excursión con un grupo de viejos amigos. Tiré el celular a un costado cuando un celoso Edward se levantó y me tomó del rostro, empujándome hacia la cama para colocarse sobre mi cuerpo.

-Eres mi droga, mi locura, mi pasión, nena -su boca estaba entreabierta y de ella salía su aliento jadeante y tentador-. Bésame -comencé en su cuello y no en su boca. Gimió en protesta a mi rebeldía.

- Bésame pero en la boca, amor -pidió buscando su objetivo-. ¡Nena, por favor! -sus manos tomaron mi rostro y me sujetaron mientras tomaba mi boca con la suya en un beso desesperado-. No me hagas esto cariño, no cuando te tengo así- comentó contra mis labios. Gemí cuando se acomodó entre mis muslos y la cabeza de su erección empujó contra mi entrada.

-Di que eres mi mujer -exigió mientras mordía mi labio inferior para luego soltarlo-. ¡Dilo! -gritó demandante.

- Soy tuya, soy tu mujer -eso era un hecho pero cuando hablaba con Dimitri, mi amor enloquecía.

Apoyó su frente en la mía y empujó en mi interior con una larga exhalación.

- Gracias, nena…

-Edward, me haces sentir en el cielo -suspiré sintiendo como me iba llenando con su erección.

Cerré los ojos cuando Edward empezó a penetrarme sin prisa, mientras dejaba que mis manos lo acariciaran por toda la extensión de su espalda. Nuestras lenguas danzaban hipnotizadas sin darse descanso.

Movió sus caderas en círculos constantes sin dejar de entrar y salir, cada vez más profundo.

- Quiero tenerte en mi cama y pasar el resto de las noches contigo.

- Tu mirada, me calienta -confesé toda jadeante

A Edward le fascinaban mis pechos, siempre fijaba su mirada en ellos cuando estábamos así.

-Me encantan tus tetas -logró decir casi sin aire. Las miraba y se pasaba la lengua por los labios antes de agacharse y tomar mi pezón derecho con ellos para succionar con fuerza y luego acariciarlo con la punta de su lengua. Repitió lo mismo en el izquierdo.

-¿No crees que son muy grandes? Recibe muchas críticas en el instituto por ello.

-Que se jodan esas envidiosas nena, las tienes de la medida exacta para mi boca -susurró demostrando con hechos a lo que se refería.

-¿Quieres acabar, nena?

-Sí… -respondí chillando y envolviendo mis piernas a su alrededor para hacerle saber que lo quería más adentro.

Edward no perdió tiempo y comenzó a empujar dentro de mi, haciéndome sentir todo ese fuego que siempre que nos consumía por dentro. Cualquiera pensaría que éramos unos chicos calientes por el otro pero no era así. Nos amábamos, sabíamos que era una relación complicada pero juntos encontraríamos el camino para ser felices, porque si, solamente podía ser feliz con él y eso mi padre debía aceptarlo algún día.

-Te amo Isabella … -suspiraba con la voz ronca mientras salía y entraba aumentando la velocidad. – No podría vivir sin ti mi amor, sin esto –quería llorar con cada declaración de amor, el me hacía feliz en todos los aspectos y sabía que él también era feliz conmigo. En nuestro mundo todo era perfecto a pesar de las peleas o miedos, él lo valía todo.

Empecé a estremecerme y mi clímax llegó, Edward me embistió con fuerza y me besó con desesperación. Mis manos se enroscaron en el cabello húmedo de su nuca baja y tiré de él hacia atrás.

-Te amo tanto, mi amor -gemí-. Mi amor, estoy por acabar.

Fuegos artificiales explotaron detrás de mis párpados, las sensaciones fueron tan abrumadoras que no pude respirar.

Grité...Exploté.

- ¡Oh, cielo! -gruñó en mi mejilla cuando sentí como se derrama por completo dentro de mí-. ¡Si! ¡mía y solo mía amor! Y que se joda el puto Dimitri

EDWARD

El tiempo vuela cuando eres feliz y yo era el puto ejemplo de ello. Mi Bella y yo llevábamos seis meses de relación, no todo había sido miel sobre hojuelas, teníamos nuestras peleas que sabíamos resolver pronto, no podíamos durar más de dos días enojados, nuestro amor aunque oculto era sólido. Ya estaba harto de andar a las escondidas pero Bella insistía que mientras se ganaba el respeto de toda la empresa era mejor mantenerlo para nosotros dos, no podía hacerle cambiar de opinión y respetaba su decisión aunque me dolía.

En el fondo tenía el presentimiento que le daba vergüenza con sus padres aceptar que tenía una relación conmigo. Es verdad, no fui el más santo sino todo lo contrario. Me encantaban las mujeres y eso todo el que me conocía lo sabía, incluyendo a los padres de Bella. Ellos nunca permitirían que su hija tuviera una relación conmigo, muchas veces se lo habían insinuado y aunque Bella lo negara sabía que era así.

Nos encontrábamos a inicios de agosto y tenía un humor de perros, me encontraba en la hora de almuerzo y acababa de tener una fuerte discusión con mi padre ¿tanto le costaba comprender que sus diseños eran obsoletos? En la actualidad se manejaban diferentes técnicas de diseño y construcción pero él quería irse por lo tradicional. Había amenazado con renunciar si hacía caso omiso a mis sugerencias.

Unos golpes en la puerta terminaron por enfadarme.

-¡No quiero ver a nadie!

-¿Ni siquiera a mi, amor? -entró Isabella a mi oficina vestida con una falda negra demasiado apretada a ese culo respingón que conocía tan bien y una blusa blanca con los primeros botones abiertos dejándome contemplar su generoso escote.

-No estoy de humor Isabella, ¿ya te cansaste de jugar a la novia perfecta con Dimitri?

-Edward, sabes que fue solamente un viaje de amigos. Nada pasó amor- dijo rodeando el escritorio y echando mi silla hacia atrás para tener suficiente espacio y sentarse en mis piernas- jamás podría estar con Dimitri en la forma que estoy contigo, ¡no existe siquiera una comparación!- dijo comenzando a besarme el cuello y deslizando sus manos por mi pectorales- es un muy buen amigo al que solamente le estoy ayudando a resolver un problema, amor.

-Entonces dime ¿cuál es ese puto problema Isabella? ¡Siempre sales con la misma excusa y estoy harto de que pases más tiempo con él que conmigo!

-Ya lo sabrás. No te impacientes, bebé -dijo tomando mi cara entre sus manos y presionando su culo donde más la necesitaba- ahora ¿no te alegras de verme? Porque yo estoy feliz de volver a tocarte, mi amor- me dijo besando suavemente mis labios- quiero que me sientas solo tuya, como lo he sido siempre.

No aguanté más y la besé con ímpetu, con todo el amor que sentía por ella, con todo el fuego que consumía mi ser y que solo ella podía sofocar. Me levanté con ella amasando su glorioso culo y la senté sobre el escritorio, abrí su blusa dejándome apreciar sus pezones que se erguían orgullosos confinados en su apretado sujetador.

Isabella me abrazo con sus piernas y me atrajo a ella tomándome de la corbata.

-Vamos mi amor, hazme tuya. Sabes que ambos lo necesitamos- susurró en mi oído y besando mi lóbulo, mientras sus manos presurosas abrían mi camisa y bragueta.

La desnudé de la cintura para arriba y la admiré como la diosa que era, me detuve a contemplar la belleza de esta mujer que era mía, mientras ella me empujaba hasta que caí sobre mi silla y ella subiendo su falda hasta la cintura se sentaba sobre mí. Le arranqué sus bragas y di todas las atenciones que podía, la estimule hasta que alcanzó su primer orgasmo, mame de sus pechos como un bebé toma su alimento, se sentó sobre mi miembro haciendo de nuestros cuerpos un solo ser.

-¡Puta madre nena! Eres jodidamente deliciosa por todas partes- exclamé respirando hondamente para no correrme como un crío.

-¡Edward! -exclamó Isabella con los ojos apretados comenzando a moverse de arriba hacia abajo.

-Sigue moviéndote cariño- supliqué mientras sobaba sus pechos, los chupaba y mordía con ansia desesperada.

Isabella alcanzó el orgasmo rápidamente y un par de movimientos más me vacíe en su interior como siempre lo había hecho, sin temor a ninguna consecuencia de nuestros encuentros.

Nos quedamos recuperando la respiración y la atraje hacia mi- Eres hermosa y así sonrojada lo eres aún más -dije mientras acariciaba su rostro.

-Tu eres el hombre más guapo que he conocido en mi vida -aseguró Isabella con los ojos brillantes- deja de desconfiar de mi relación con Dimitri, amor. Algún día te darás cuenta que no tienes nada que temer-, sonrió pero seguía sin comprender nada.

-Muy bien nena, confiaré en ti -seguí dándole un beso juguetón- ahora ¿en que estábamos?

-¡Edward! -rio Isabella- eres un insaciable, vamos a comer amor, tengo hambre. Me dejas famélica en cada encuentro.

-Ya estoy comiendo...por si no te has enterado -dije bromeando y volviendo a sus pechos jugosos.

No me di cuenta en qué momento se había abierto la puerta de mi oficina.

-¡¿QUÉ DEMONIOS SIGNIFICA ESTO?! -rugió un muy enojado Charlie.

Isabella rápidamente se levantó de mi regazo y bajó su falda mientras yo me ponía de pie cerrando mi bragueta y guardando mi pene semi erecto. La escondí tras de mí dándole tiempo a que acomodara su ropa y refugiándola de la ira de su padre.

-Todo tiene una explicación Charlie -intenté tranquilizarlo mientras venía sobre mí.

-¿Qué has hecho con mi hija malnacido? ¡Te advertí que no te acercaras a ella de esa forma! - me gritaba Charlie al momento de darme un golpe que no pude evitar por estar pendiente de Isabella.

-No papá por Dios, déjalo -intentó intervenir Isabella.

-¡Tú cállate! ¿Acaso no te he dicho lo que este imbécil hace con las mujeres? -replicó molesto-, las usa, juega con ellas y después las deshecha como trapo viejo, ¿acaso en eso te pretendes convertir? ¡¿en una marioneta de este infeliz?!

-¡No es así! -respondimos al unísono Bella y yo.

-Papá por favor, Edward y yo estamos enamorados -dijo Bella tomando mi mano.

-¿Y eres tan estúpida para creerle? ¿Acaso no te has dado cuenta como te ha tenido en las sombras, en una relación clandestina de la que puede huir sin responsabilidad?

-Es la verdad Charlie, yo amo a tu hija. Nada tiene que ver mi vida pasada, ella es mi vida ahora.- aseguré- tampoco he estado escondiéndola, solo respetaba la decisión de mi chica.

-¡Por supuesto que no! ¡mi hija no es nada tuyo y ahora mismo me la llevo de aquí y no volverás a verla en tu puta vida, Cullen! Isabella ven conmigo -exigió Charlie extendiendo su mano hacia Bella.

Retuve con fuerza la mano de Isabella, ahora que Charlie sabía todo me quitaba un peso de encima y podía gritarle al mundo que esa mujer era mía.

-Ella es mi mujer Charlie y no te la llevarás de mi lado -dije sintiendo esa sensación de libertad por haberla proclamado al fin como mía delante de alguien más.

-¡No vuelvas a repetir eso! -dijo Charlie tomando las solapas de mi camisa abierta-. ¡En este momento me la llevo y si te atreves a intentar impedirlo te refundiré en la cárcel, maldito!

-Lo que ella y yo hacemos no es delito, Charlie -dije con una sonrisa engreída, el viejo imbécil no me la quitaría.

-¡Te acusaré de haber tenido relaciones con mi hija cuando ella aún no tenía la edad requerida para dar su consentimiento, idiota!

-No me harán nada porque Isabella ya era mayor de edad, no me vengas con amenazas estúpidas.

-A lo mejor tienes razón muchacho, pero eso no lo saben las autoridades y mientras todo se aclara tu reputación y la de esta compañía se irán a la basura, Carlisle es mi amigo pero esta ofensa que le has hecho a mi familia no te la perdonaré nunca, Cullen.

-¡No te atreverías a manchar así la honra de tu hija!

-¡Esa ya la marchaste tu! -extendiendo una mano hacia Bella continuó- Vámonos Bella o te tocará ir a visitar a tu noviecito a los calabozos- y Bella soltó mi mano...

En ese momento me di cuenta que mis actos no solo me perjudicaban a mi sino también a mi familia. Era muy improbable que Charlie se atreviera a proceder de esa forma pero no podía arriesgar a un escándalo a mi familia, no se lo merecían

-Algún día Charlie te tragaras tus palabras - dije sintiendo una angustia en mi pecho al ver como Bella se alejaba de mi- Isabella te amo, no lo olvides- mientras una lágrima resbalaba por mi mejilla y ella era un mar de llanto.

Al día siguiente Isabella no llegó a trabajar, tampoco me respondió el teléfono. Pasaron dos, tres días más y nada. A las dos semanas se presentó a trabajar pero en ningún momento me dio oportunidad de hablar, se comportaba como una empleada más...una desconocida. Charlie lo había conseguido, la separó de mi.

En su rostro se reflejaba la tristeza y angustia que vivía y eso me mataba por dentro. Por más que intenté que habláramos sobre nosotros ella huía de mi. Se limitaba a responder asuntos relaciones con el trabajo. Carlisle también me prohibió acercarme a ella, me lo exigió por el bien de todos. Isabella sufría y yo también.

El día de la gala de Navidad de la empresa se hizo realidad mi peor pesadilla al ver entrar a Isabella de la mano de Dimitri, junto a ellos iban Charlie y Renee, sentí que el corazón se me rompió al ver a mi mujer del brazo de otro.

Decidí no decirle nada a Bella, sabía que Charlie la había forzado a aceptar esa relación. Estaba convencido que la tenía amenazada con la denuncia que juró interponer contra mi si me acercaba a ella. Debía encontrar una forma para que volviera conmigo pero me sentía de brazos cruzados si con mis decisiones podría manchar el nombre de mi familia y de Bella, pero estaba dispuesto a hacer el último intento para que regresara a mi lado. Que huyera conmigo, hasta el fin del mundo si era necesario.

A finales de enero al entrar a mi despacho encontré un sobre con mi nombre, en él se encontraban una tarjeta de invitación de boda y una nota:

"TE DIJE QUE LA APARTARÍA DE TI...Charlie 1 - Edward 0"

-¡NOOOOO! ¡MALDITO VIEJO DE MIERDA! -Tiré todo lo que estaba en mi escritorio y lloré, lloré como un niño al saber que mi amor se casaría dentro de un mes. La había perdido, por mi cobardía, por el puto Charlie Swan la había perdido para siempre y mi corazón se hizo pedazos.

FIN FLASHBACK

Luego que Charlie obligara a Bella a terminar su relación conmigo, ella regresó a la empresa como mi asistente y no me daba ni la hora, su padre puso espías a nuestro alrededor para comprobar que nuestra relación ya no continuaba y solamente dejó de hacerlo cuando se dio cuenta de la existencia de Kate, mi Kate. Estaba ansioso porque terminara la velada para correr a sus brazos, ella no podía estar aquí pero ya me encargaría de recuperar el tiempo perdido.

Había descuidado a Kate estas dos semanas que estuve trabajando de forma intensa pero a partir de mañana tenía una semana para disfrutarla y como que me llamaba Edward Cullen que lo haría. Por lo pronto, disfrutaría mi noche jodiendo la del viejo que me amargó la existencia en el pasado.

Me levanté de la silla siguiendo el rastro de esa gloriosa mujer que me deslumbró al poner un pie dentro del salón. La encontré apreciando por un ventanal la increíble vista de Las Vegas.

-Que increíble la noche -pronunció cuando me sintió llegar junto a ella.

-Más impresionante eres tú -dije cerca de su oído, su olor era exquisito, su piel brillaba como si estuviera cubierta de diamantes, estaba comenzando a tener problemas con mi pantalón.

-No funcionan tus trucos conmigo Cullen -dijo Isabella con una preciosa sonrisa en su boca rubí.

-Recuerdo algunos trucos que si me funcionaron contigo -dije en su oído y tocando suavemente la delicada piel de su brazo -De hecho eras tu la me pedías algunos, ¿los recuerdas?- la sentí temblar bajo mi tacto y es que conocía muy bien el efecto que mis caricias tenían en ella.

-Quiero estar sola Edward -dijo intentando alejarse de mí-. No quiero peleas ni escándalos en la boda de tu hermana, ¡vete!

-Si tu te vienes conmigo -dije sonriendo y aferrándola a mi cuerpo.

-¡Eres un imbécil! - exclamó acalorada y furiosa, dando la vuelta para regresar al salón.

La sujeté del brazo antes de que saliera huyendo como acostumbraba siempre que teníamos una discusión, incluso en la oficina cuando no estábamos de acuerdo en los futuros proyectos a desarrollar.

-¡No cariño! - la sujeté de ambos brazos- esta noche no te dejaré ir mientras no bailes conmigo- aseguré acariciando su rosada mejilla.

Por los ojos de Isabella vi pasar la duda, sus labios estaban entre abiertos respirando de forma agitada.

No le di tiempo a responder cuando comenzó a sonar por los altavoces Perfect de Ed Sheeran, la canción perfecta para esta noche...perfecta como ella.

I found a love for me

Oh darling, just dive right in and follow my lead

La tomé en mis brazos y la sentí relajarse.

Well, I found a girl, beautiful and sweet

Oh, I never knew you were the someone waiting for me

Comenzamos a movernos lentamente. La letra era preciosa pero no más que Isabella

Cause we were just kids when we fell in love

Not knowing what it was

I will not give you up this time

Cuando la conocí era una niña y a mi lado se convirtió en la hermosa mujer que tenía ahora en mis brazos...

But darling, just kiss me slow, your heart is all I own

And in your eyes, you're holding mine

Hasta que su padre se interpuso entre ambos…¡cabrón!

Baby, I'm dancing in the dark with you between my arms

En ese momento vinieron imágenes de nuestra ruptura, el haberla perdido me destruyó y la sumió en una fuerte depresión a ella.

Barefoot on the grass, listening to our favourite song

When you said you looked a mess, I whispered underneath my breath

Y verla así ahora...preciosa, hacía que se formara un nudo en mi pecho, su belleza física y de su alma era tan abrumadora que dolía.

But you heard it, darling, you look perfect tonight

Pero ahora estábamos aquí, en la oscuridad que nos protegía. Nunca quise esconderla ninguna con ella como Charlie lo imaginó, jamás quise aprovecharme de ella, la amé desde que la tuve en mis brazos siendo mi niña...mi mujer.

Well I found a woman, stronger than anyone I know

Podría decir que es el ser más hermoso de la tierra si no hubiese conocido a otra mujer que le igualaba en belleza y bondad.

She shares my dreams, I hope that someday I'll share her home

-Eres hermosa- salió de mis labios sin intención de decirlo en voz alta, aunque ella sabía que lo era.

I found a love, to carry more than just my secrets

To carry love, to carry children of our own

-Pero no más que Kate- respondió con una sonrisa Isabella.

We are still kids, but we're so in love

Fighting against all odds

-Yo no diría eso….-Isabella me cortó poniendo un dedo en mis labios

I know we'll be alright this time

Darling, just hold my hand

-Sabes..estoy casada- me dijo en un susurro- y mi marido prefirió trabajar a estar conmigo.

Be my girl, I'll be your man

I see my future in your eyes

-Es un imbécil - dije con toda la rabia que sentía por dentro- se esta perdiendo de tenerte así...aquí- dije sobre sus labios, deslizando mis manos por su espalda de porcelana.

Baby, I'm dancing in the dark, with you between my arms

Barefoot on the grass, listening to our favorite song

Ella sonrió, en su precioso rostro no habían signos de ningún sentimiento negativo que habitaba su ser como sucedió conmigo durante unos años, en los que sentí habían acabado con mi vida.

When I saw you in that dress, looking so beautiful

I don't deserve this, darling, you look perfect tonight

-Soy Cenicienta - dijo con una sonrisa coqueta y mordiendo su labio.

Baby, I'm dancing in the dark, with you between my arms

Barefoot on the grass, listening to our favorite song

I have faith in what I see

-¿Qué significa eso? –pregunté abarcando más que su espalda con mis manos, llegando hasta su derrière.

Now I know I have met an angel in person

And she looks perfect

I don't deserve this

-Que soy soltera hasta las 12 de la noche y tu no tienes que ir a ver a Kate hasta que termine la fiesta, ¿cierto?- dijo de forma sensual terminando su palabrería en un susurro que me invitaba al pecado de sus labios, de su delicioso cuerpo.

You look perfect...tonight

No pude contenerme por más tiempo y estrellé mi boca contra la suya. Disfruté en el pasado tanto de su cuerpo y cada día transcurrido me hacía más adicto a ella. Charlie en un intento de joderme la vida se llevó de encuentro a su hija haciéndola sufrir. Pero, ahora estábamos aquí solos, adultos y olvidando las promesas que en el pasado fuimos obligados a jurar aún en contra de nuestra voluntad por un momento de pasión, de fuego...de deseo contenido. Esta noche Isabella era mía y que se jodiera Charlie Swan.

-¡Vamos! -dije mientras me comía su cuello, su boca y sabía que pronto me la comería entera.

-¿Adonde? -preguntó una sofocada y algo despeinada Isabella.

-A mi suite.

-Sabes que eso no es posible, Edward. Tenemos que regresar a la fiesta, sabes que no podemos estar aquí- dijo mientras me devolvía los besos y las atenciones yo le daba a su cuerpo.

La alejé de mi y sujete firmemente de su cara para que entendiera lo que le diría.

-No voy a regresar a esa fiesta a compartir la mesa con tu padre, prefiero disculparme con mi hermana luego antes que provocar más enfrentamientos con Charlie esta noche. Sabes que mi familia me daría la razón, ahora dime tu Isabela… ¿vienes conmigo o te quedas con él?

No le di tiempo de responder, la besé duro, demostrándole lo que sentía por ella, la arrinconé contra la pared como sabía que le gustaba y me refregué en ella para que sintiera como me tenía.

Entre besos, mordidas y mi mano vagando en toda la extensión de su escultural cuerpo llegamos a mi suite.

La cargué haciendo que me rodeará con su piernas, la acorralé contra la pared y hundí mi mano en la ranura de su vestido que se había abierto en tajo por su pierna. Amasé su culo respingón mientras repartía besos por su cuello. Isabela deslizaba sus manos por mi nuca y el lado posterior de mi cabeza, gimiendo y ondulando su cuerpo sobre mí.

La bajé y coloqué mis manos contra la pared a cada lado de su cabeza intentando controlar mi jadeante respiración.

-¡Date la vuelta Isabella! -ordené

Ella clavó sus ojos en mí, su mirada era altiva y orgullosa pero sabía que estaba por flaquear su entereza, la conocía muy bien. Su pecho subía y bajaba de forma irregular por la excitación pero no se movió un solo centímetro de su lugar.

-¡Date la puta vuelta! -exclamé demandante mientras la tomaba de los brazos y la giraba de forma violenta pegando su cuerpo contra la pared y pegando mi pecho en su espalda- Eso es nena, solo déjate llevar- susurré dejando besos húmedos en su espalda descubierta mientras le pellizcaba su redondo culo, ese que me tenía loco.

-Edward, por favor- suplicaba Isabella y no pude evitar complacerla así que le azoté el trasero mientras Bella soltaba una carcajada mezclada con gemido y la tomaba en brazos para llevarla a mi habitación.

Al entrar a la suite que me había sido asignada por esta noche, dejé a Bella en el piso mientras ella contemplaba la elegancia de las lámparas doradas que colgaban del techo y los muebles en tonos sobrios que llenaban el espacio.

-¿Sabes? Mi habitación no es tan elegante como esta -dijo mientras me rodeaba el cuello con sus brazos y yo deslizaba mis manos desde sus brazos hasta su culo dándole un fuerte apretón.

-Siento que no puedas quedarte a contemplar la decoración nena, pero en realidad necesito ocuparme de otros asuntos- susurré en su oreja mientras mordía su lóbulo y es que esta pequeña seductora me tenía al limite y necesitaba hacerla mía en estos momentos.

No hubo más palabras. Éramos un enredo de lengua y brazos mientras la dirigía a mi habitación. Me costaba encontrar el cierre del puto vestido por lo que Isabella se reía entre besos...siempre había tenido problemas con los cierres y ella lo sabía. Gruñí molesto por mi torpeza.

Por fin logré abrir el vestido y lo deslicé por su cuerpo. No llevaba sujetador, solamente estaba cubierta por una braga, si a ese trozo de tela se le podía llamar de esa forma y para entonces ya me sentía gotear.

No aguanté más y la tiré a la cama mientras me quitaba la ropa. Isabella se retorcía en la cama como gatito mientras acaricia su maravilloso cuerpo.

-No te acaricies mi amor, ese es mi puto trabajo -dije cuando quedé en bóxer y acaricié mi dura polla sobre éste.

-Edward ven, tócame - gimió Isabella mientras introducía su mano bajo sus bragas.

No perdí más el tiempo y bajé mi bóxer. Tomé sus piernas níveas separándolas y comencé a dejar un camino de besos desde sus rodillas hacia ese lugar que hace muchos años lo bauticé como mi hogar. Acaricié con mis dedos su centro aún protegido por sus bragas, las que desgarré sin ninguna ceremonia.

Me recosté entre sus piernas y acaricié su clítoris que ya estaba inflamado por la anticipación.

¡Ah nena! -susurré sobre sus labios- Estás mojada y resbaladiza- comenté deslizando la punta de mi pene en su húmeda vagina- Quiero deslizarme en tu interior y llenarte de mi, quiero hacerte gozar, hacerte feliz- respiré de forma entrecortada por la anticipación.

-¿Te hace feliz hacerme el amor?

-Me hace feliz tenerte aquí...así, para mí -corregí separando sus piernas y tomando mi erección con la mano

-Bésame, tócame, hazme tuya. Te necesito, por favor.

-Sabes lo que esas palabras me causan en mi, me conoces nena- besé sus labios, mientras me deslicé en su interior hinchado y palpitante. Empujé dentro de su estrechó canal, en tanto Isabella ahogaba un gemido que murió en mi boca.

Arqueó la espalda cuando sintió toda mi virilidad llenándola por completo. Intentó seguir el ritmo de mi lengua con la suya, mientras continuaba en su interior sin moverme, palpitante y gimiendo. Ella hizo con una expresión que no supe descifrar.

-¿Te hago daño, cariño? -cuestioné preocupado.

-No- contestó echando la cabeza hacia atrás. - Tenerte de esta manera es demasiado abrumador, muévete bebé, me matas.

-¿Cómo quieres que te haga el amor esta noche amor? ¿Prefieres que vaya lento o que me convierta en un salvaje como me lo pedías cuando te conocí?- pregunté mientras succionaba su cuello sintiendo palpitar la yugular de forma acelerada.

-¡Mierda! Como prefieras, mi amor, pero muévete- me pidió con una sonrisa.

Me retiré despacio para volver a invadir su cuerpo de forma rápida y fuerte. Cerré mis ojos sintiendo mariposas en el estómago. Me atacaron demasiadas sensaciones placenteras a la vez. El roce de su piel, el hecho de que estaba ahí, su belleza indiscutible y sus ojos mirándome con el más grande e infinito amor.

Comencé a empujar con fuerza. Ambos jadeamos. Tenía ganas de cerrar los ojos por el placer que su vagina me estaba provocando, pero me negué a perderme como su rostro se contorsionaba de deseo puro, pasional y desenfrenado.

- ¿Has extrañado esto tanto como yo?- pregunté mientras me retiraba de nuevo, casi salgo del todo antes de inclinar las caderas y clavarlas con un tremendo gemido.

-Oh, sí, amor…se siente bien.

Me agarró de la espalda y me clavó los dientes en el pectoral para mitigar los gritos que mis arremetidas causaban en ella. Estaba loco, descontrolado. Quien me culparía si estaba con la mujer más hermosa del jodido planeta.

-¿Sólo bien?

-¡Fantástico, bebé! -Gritó cuando mis penetraciones comenzaron a rozar su clítoris y la volvieron loca- ¡Mierda! Más fuerte mi amor.

-Eso me gusta más -respondí orgulloso, repitiendo los movimientos que le hacían soltar gritos.

-¡Ay, Dios! ¡Edward!

-¿Te gusta así, nena? -no esperé su respuesta porque lo sabía, así que la complací al instante intensificando mis movimientos.

Estaba loco, fuera de mí. Mis penetraciones nos tenían en otra dimensión pero yo me controlaba mejor que nunca mientras observaba como se derritió en mis brazos.

- No puedo más, Edward - lloriqueó. Necesitaba liberar todo el estrés que había acumulado en estas semanas con un gemido alto.

Cerré los ojos y mis caderas arremetieron con fuerza y velocidad. La mano con la que sostenía su rodilla la moví a su nalga y apreté, empujando, para ayudar a las penetraciones.

- Por favor - suplicó sobre mis labios, antes de que sacara su lengua para tentar a la mía en batalla- ¡Por favor, por favor, por favor!

-¡Ahhh mierda! - me sentí hinchar en su interior lo cual era la señal de mi culminación. Me retiré y tomé aire para luego apretar su trasero mientras tomaba su teta la que no tardé en succionar cual bebé, arremetiendo con las fuerzas que me quedaban- ¡Mierda, mierda! ¡Oh, nena! ¡Estoy en el puto cielo!

Isabella aulló de gozo. Cerré los ojos cuando su orgasmo se apoderó de todo su cuerpo. Dejé caer la cabeza sobre su hombro. Su sexo se tensó cuando intenté sacar mi miembro pero inmediatamente lo volví a introducir. Nuestros cuerpos estaban pegados, temblando, resbaladizos y jadeantes. Comencé a darle pequeños mordiscos y chupé su garganta dejándole una marca que le haría saber que era solamente mía. Nuestros cuerpos cansados comenzaron a relajarse cuando el sueño nos invadíó, todavía con mi miembro clavado en su interior. No fui capaz de ver la hora en la mesa del buro. Si se acababa el mundo o se infartaba el puto Charlie es lo que menos me importaba en este momento.

Nos envolví con una sábana cuando ví que Isabella se había quedado dormida y antes de cerrar mis ojos di una mirada al la mesita de noche...00:15 el hechizo había terminado y una sonrisa partió mi rostro...si, por fin había acabado ese puto día y con ese pensamiento cerré mis ojos.

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Toc toc

Unos ruidos….

Toc toc

Unos ruidos molestos en la puerta…

-Edward! -gritó Isabella moviéndome.

Toc toc

-Edward se que no estas dormido así que abre los ojos - espetó una muy colérica Isabella.

Con una puta sonrisa en mi rostro abrí los ojos y la sonrisa desapareció al ver la cara no tan alegre de Bella.

-¿Qué sucede? -cuestioné sin comprender su molestia.

-¡NO TE HAGAS EL TONTO EDWARD! - se levantó de la cama para buscar algo con que cubrirse dejándome apreciar ese culo desnudo que me tenía loco-. Sabías que no debíamos, Edward.

-Ya - corté su sermón tomando su cara y dándole un beso que le bajó dos rayitas a su mal humor- No te sientas mal por disfrutar de algo que ambos queríamos, somos adultos y no deberíamos de tener que limitarnos a los deseos de los demás - afirmé- voy a ver quien nos interrumpe tan temprano.

-No, primero debo buscar mi vestido..

-No dejaré entrar a nadie, solo ponte algo para cubrirte- dije acariciando sus sonrojadas mejillas.

Puse mi bóxer para abrir la puerta y ver quien nos interrumpía a las 06:00 mientras Isabella se cubría con mi camisa a toda prisa.

Abrí la puerta y mi boca se abrió de igual forma hasta caer al piso al ver quien estaba del otro lado. Con sus manos en la cintura, claramente exigiendo una explicación y su seño fruncido con evidentes signos de rabia se encontraba Kate. Mierda.

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-¡Papi! -gritó mi niña lanzándose a mis brazos, en los que recibí su pequeño cuerpo con todo el amor que esa pequeña mujer había despertado en mí desde que nació.

Si, mi pequeña bebé, mi hija y de Bella ...mi Kate.

Cuando me enteré que Isabella iba a casarse con Dimitri no lo pensé más, deje a un lado todo lo que me impedía luchar por ella, fui a buscarla y aunque renuente logré que me diera una cita para hablar de lo que nos ocurría. Sabía que ella aún me amaba así que reservé la habitación de un hotel con la excusa de que debíamos ocultarnos y ahí la seduje, la hice mía como había sido siempre. Impedí ese absurdo matrimonio y Charlie no tuvo nada que alegar cuando le llevé las fotografías de Dimitri con su verdadera pareja...un chico cuatro años menor que él. Si, me di a la tarea de investigar el gran secreto que escondían Bella y Dimitri, él chico era gay y yo fui un tonto por desconfiar de Isabella todo ese tiempo, cuando ella trataba de buscar una salida al problema que enfrentaba Dimitri con sus complejos y miedo al rechazo.

Charlie 1 – Edward 1.

Tampoco se opuso a nuestro matrimonio cuando tiempo después le lleve una prueba de embarazo de Isabella, si había conseguido embarazarla. Esa noche en el hotel no tomamos precauciones y Bella había dejado la píldora porque creía no necesitarla más. Desde ese día le prometí cuidarme yo pero no lo hice, siempre había una buena excusa para no usar condón o para quitármelo durante nuestros encuentros. Isabella se molestaba pero la pasión terminaba ganando la batalla. De esta forma le eché en cara al viejo que me seguía acostando con su hija mientras él preparaba una boda que nunca se llevaría a cabo.

Charile 1 - Edward 2. Desde ese día nos juramos la guerra.

-Amor mio, ¿que haces despierta tan temprano pequeña? - pregunté a mi hija mientras le llenaba de besos su carita de porcelana y ella reía, llenando mi vida del más puro amor que he sentido, luego de su madre.

Mi pequeña arrugó su naricita respingona tan igual a la de su madre, estrechó sus lindos ojos verdes y cruzó sus brazos en su pecho, sabía que estaba en problemas.

-¿Por qué no me fuiste a ver ayer, papi? -reclamaba mi pequeña caprichosa.

-Lo siento bebé, mi vuelo se demoró y vine más tarde de lo que esperaba pero prometo recompensarte con el juguete que tu quieres, bebé- prometí besando sus sonrojadas mejillas.

¡Siiii! - gritaba mi hija eufórica. Era mi bebé y yo el encargado de complacer cada uno de sus caprichos aunque eso me causara discusiones con su madre.

-Lo siento chicos -entró Renne a la habitación - quise detenerla pero es muy testaruda al igual que su abuelo.

Bufé, el puto Charlie no pudo heredar algo bueno a mi hija sino su carácter endemoniado.

-No te preocupes mamá -respondió Bella llegando hasta nosotros y tomando a nuestra bebé en brazos repartiendo muchos besos en su carita de ángel al igual que lo hice yo, para luego dirigirse a mi dándome un albornoz de color blanco que traía del baño -Ponte esto antes de que se aparezca Charlie

-Me importa una mierda si viene Charlie y me mira en pelotas.

-¡EDWARD! -reprendió Isabella- no olvides que es mi padre y que te está escuchando tu hija- continuó mientras mi bebé se reía tapando su boca con sus preciosas manos.

Si, él puto Charlie nos había jodido la vida desde que nos casamos. Accedió a permitir la boda cuando se enteró que había embarazado a su hija con la condición de hacernos prometer que el día de su puto cumpleaños finjamos no conocernos y para terminar de joderme la vida, mi hermana eligió precisamente ese día para casarse. Jodida coincidencia.

Me acerqué a mi esposa rodeando con mis brazos a mi pequeña familia.

-Ya es trece de agosto mi amor, es nuestro aniversario por lo tanto Charlie se puede ir a la mierda con su estúpida condición.

-¿Quién se va a la mierda? -entró Charlie con la pequeña maleta rosa de mi hija por la puerta dispuesto a enfrascarse en otra discusión conmigo como siempre que estamos en una misma habitación.

-Nadie Charlie, vente vamos a preparar las maletas - agarrándolo de la mano Renée lo sacó del cuarto antes que el viejo pudiera responder.

-¿Papi ya nos vamos a casa? -preguntó mi bebé tirándo de mi pantalón y subiendo sus bracitos para que yo la cargara.

-No amor mío, ahora nos vamos de vacaciones -le expliqué girando con mi bebé en brazos.

-!Si, si! ¡Vacaciones! -Exclamaba con júbilo mi hija y eso es todo lo que mi corazón necesita para ser feliz.

-Tu padre luego de dos semanas por fin tendrá vacaciones cariño - recriminó Isabella de forma irónica, sabía que aún estaba enojada.

-Ya, mi amor. Perdóname, sabes bien que para tomar estas vacaciones debía trabajar duro estos días-. Dije poniendo de pie a mi hija y tomando por la cintura a mi esposa para sentárme en la cama con ella en mi regazo.

-Nos tuviste muy descuidadas -dijo Isabella huyendo de mi mirada.

Y era verdad, había pasado dos semanas entre juntas y sacando el trabajo atrasado. Había tenido muchas discusiones con Isabella, ella me reclamaba el abandono en el que las tenía, sobre todo a Kate. Sabía que mi hija estaba resintiendo mi ausencia e Isabella me lo había hecho saber al no darme ni la hora durante estos infernales días. Al llegar por las noches pasaba por su rosa habitación y sentía que el pecho me dolía cuando veía marcas de lágrimas en sus pequeña mejillas, nunca me perdonaría que mi bebé hubiera llorado por mi culpa y que mi mujer se sintiera sola y abandonada.

-Lo siento, mi amor. Sabes que mi intención era únicamente estar estos días con ambas y celebrar nuestra maravillosa vida -le susurré abrazando su cintura y sintiendo como su cuerpo temblaba bajo mi tacto-, ¿me perdonas? -supliqué acariciando su pierna bajo mi camisa y dejando besos húmedos en su cuello.

-Esta bien, bebé. Ahora ve y haznos felices -pidió Isabella mientras colocaba ambos brazos alrededor de mi cuello y me daba un beso lleno de pasión.

Si, haría felices a mis chicas, ahora era libre para estar con ellas y disfrutarlas...

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Estar sobre la cubierta de un yate, en Miami tomando el sol y con Isabella encima mío mientras mi hija tomaba una siesta en el camarote era la mejor sensación del mundo.

Isabella andaba puesto un sexy y pequeño, muy pequeño traje de baño blanco que me provocaba quitarle con los dientes.

-Gracias por este viaje mi amor -comentó Isabella mientras acariciaba con su mano mi torso desnudo y subía una pierna envolviendo mis caderas con ella.

-¿Te ha gustado el viaje?

-Sabes que si, Kate está feliz y yo también. A pesar de las semanas que estuviste ausente, creo que ha valido totalmente la pena.

-Oye quien más ha sufrido he sido yo - me quejé sonriente mientras apretaba una nalga.

-Pues no lo parecía, cariño -replicó Bella bajando se cabeza y dándole un beso a mi pecho desnudo.

-¿Acaso no me has visto? Casi parezco un puto pitufo por tu culpa, amor mío - bromeé dándole una palmada a su culo.

-¿Qué esperas para cobrarte las noches de agonía que te hice pasar? ¿no recuerdas todas esas veces que te envié a dormir al sillón, cariño? -se burló Bella, me estaba provocando y lo había conseguido.

No le respondí simplemente la besé con pasión y desenfreno. Ella gimió en mi boca y eso hizo que me pusiera aún mas caliente que el puto sol que estábamos recibiendo, tomé su pierna con mi mano deslizandola hasta llegar a su trasero, el cual apreté y masajeé a mi antojo. Metí mi lengua en su garganta mientras seguía deleitándome con los sonidos calientes que salían de su garganta, se que estaba excitada y yo también lo estaba...mucho.

Con una mano en su trasero y la otra deslizándola por toda su espalda comencé a tirar de los delgados lazos que sujetaban su bikini por la parte trasera de su torso logrando mi objetivo. Isabella intentaba protestar pero no le daba tregua y alzando un poco su torso hice que se pusiera a horcadas en donde más la necesitaba en estos momentos, introduje uno de sus pezones a mi boca y comencé a succionar como si de eso dependiera de mi vida, el gemido de ella me hizo pensar que lo estaba haciendo bien. Cuando iba por mi siguiente objetivo que era la parte inferior de su bikini escuchamos un carraspeo que estaba seguro me dejaría con dolor en las bolas durante el transcurso del día, otra vez. Mierda.

-Deberías de tener un poco más de cordura y respeto muchacho. -Charlie quería asesinarme en ese momentos, lo sabía.

-Si no quieres ver lo que le hago a tu hija cuando estamos solos no debiste venir, querido suegro. No te invité -repliqué con una sonrisa burlona.

-¡Insolente! -gritó Charlie- deberías agradecer que estamos aquí para ayudar a cuidar de mi nieta.

-Cosa que no te lo pedí…

-¡Basta Edward! -reprendió Isabella intentando alejarse de mí cuando ya había logrado colocarse de nuevo la parte superior de su bikini- papá ¿ya despertó Kate?- dijo una avergonzada Isabella intentando de nuevo alejarse de mí pero fui más rápido y la sujeté sentándola en mi regazo impidiendo que mi suegro viera la tienda de campaña que tenía en mis bermudas. No que me importara que supiera que estaba excitado pero no quería que se concentrara en esa parte de mi anatomía.

-Si y afortunadamente no ha sido ella quien vino primero -reprochó con gesto de enojo.

Mi hija apareció corriendo por la cubierta con un precioso vestido rosa, descalza y con su cabello cobrizo danzando al compás de la brisa, llegó hasta nosotros abrazándonos a ambos, al cual respondimos llenándola de besos.

-Por ella deberían comportarse como personas decentes -nos sermoneó Charlie-, es la segunda vez que tengo que encontrarme con una escena similar. Y tú, Isabella, deberías comportarte como una mujer decente ¡no como una cualquiera que se deja manosear en cualquier rincón!

Isabella agachó su cabeza y sabía que sus ojos se habían llenado de lágrimas, lo que era putamente proporcional a la ira que invadió mi ser.

Charlie había intentado joderme la vida desde que Isabella y yo nos conocimos y acepté cada mierda que hizo pero no permitiría que hiciera sentir mal y humillada a mi mujer, no más.

-Tendrás que acostumbrarte a mirar estas escenas Charlie -afirmé poniéndome de pie- estoy harto de estos jueguitos ridículos, de comportarme como si no conozco a mi mujer durante un día por tu puto capricho -me acerqué él- Isabella es mi mujer, mía y ni tú con tu amargada vida lo pueden evitar. Hasta ayer te he complacido, ya pagué mis culpas y errores pasados así que te quedan dos opciones- le enfrenté- ¡respetas nuestro matrimonio y todo lo que conlleva o igual te aguantas!, de lo contrario no vacilaré un segundo en llevarme a ambas al otro lado del jodido mundo y te juro Charlie que no las volverías a ver. Ahora soy un hombre, no aquel idiota que permitió que pusieras reglas sobre mi vida y matrimonio, así que dime ¿quieres que te demuestre que tan hombre puedo ser?

Charlie de repente se había quedado pálido y tomó la acertada decisión de no responder pero asintió dándose la vuelta, no lo dejaría ir, no sin antes darle la estocada final.

-Y Charlie -le llamé antes que desapareciera de mi vista.

Él se dió la vuelta y antes de continuar, abracé a Isabella por la cintura besando su cuello.

-Serás abuelo de nuevo -le informé sonriente y acariciando el plano vientre de mi mujer quien me miró y besó suavemente mis labios.

Charlie 1 - Edward 3. Le guiñé el ojo.

Si, Isabella me daría otro hijo y esta vez disfrutaríamos su embarazo como debió ser con nuestra bebé.

Al mirar de nuevo a Charlie me di cuenta que estaba sentado y pálido mientras Renée cargaba feliz a mi hija, las dos estaban celebrando la llegada del nuevo integrante de nuestra familia, mientras mi mujer y yo reíamos al mirar los dos cuadros tan distintos frente a nosotros. No temíamos un matrimonio perfecto y sabíamos que ambos teníamos mucho camino por recorrer pero estaba junto a la mujer que amaba, tenía una maravillosa hija y estaba por nacer el segundo hijo que me daría Isabella. ¿Qué más podía pedir?

¡Qué bonita era la vida!

Era perfecta.


Agradezco a la lectora que me envió este hermoso regalo.

¡Gracias totales por leer!