Bueno, ha pasado un tiempo considerable desde la publicación del primer capítulo de esta historia en conjunto con F4LCON, y con todo esto que está ocurriendo en el mundo con la pandemia, pues de alguna manera muchas cosas salen a relucir, me dio tiempo para pensar muchas cosas, releer mis viejos fanfics, mis viejas historias originales, y estoy empezando un proyecto personal que tengo desde hace cinco años, espero, si no pasan cosas que me lo impidan, poder concretarlo.

Ahora, terminando esta pequeña introducción, espero disfruten este capítulo.

Sin más preámbulos, comencemos.


10 años después…

Grandes montañas, planicies impresionantes, los ríos circundantes que mantienen con vida toda la flora de aquel lugar. La luz de la luna ilumina todo, pero las lámparas también ayudan un poco a los aldeanos. El Valle del Cerezo. Nombrado así por el cerezo de color morado que únicamente florece ahí, un exótico fruto, que nace en otoño y se muere en el final de la primavera.

Fuegos artificiales son disparados al cielo, dándole al color, los tambores retumbaban por los alrededores, era el festival que conmemoraba la fundación de tan bello lugar.

Ese poético lugar era vigilado y salvaguardado por el Gran Maestro Víbora, protector del valle y actual patriarca de la dinastía de la serpiente. Temido, admirado y sobretodo idolatrado por muchos. Su agilidad al momento de luchar, podía derrotar a todo un ejército de gorilas, cocodrilos y miles de rinocerontes en un solo combate. No solo debido a su rapidez y flexibilidad, sino también a sus grandes colmillos de los cuales fluía un veneno tan letal, que solo ser rozado por los mismos significa la muerte instantánea.

Ni siquiera necesitaba morder al oponente para matarle, simplemente disparando el tóxico liquido con solo impregnarse en la piel era más que suficiente.

Las pequeñas serpientes, hijas del Gran Maestro, se movían por doquier, excitadas por toda la combinación de sonido, colores, olores y ambiente. La primera vez que salían desde que nacieron, tan solo unas niñas de entre cuatro y seis años, la más grande; la primogénita del gran maestro, llamada de igual manera que él, quién portaba el honor sobre su espíritu.

—Tranquilas hijas, no deben alejarse mucho —decía la madre de las tres, preocupada de que no molestaran con alguna acción a su honorable padre.

—Descuida Maylin, no hay de qué preocuparse —comentó sumamente tranquilo el maestro —, de todas maneras están conmigo y además, es mejor que disfruten ahora, antes de que se casen y se conviertan en las esposas de los hijos del señor feudal.

—Es cierto, pero…

Un temblor sacudió los puestos, lámparas cayeron de las paredes, la gente empezaba a gritar por el pánico generado.

—¡Niñas! —gritó Maylin —, ¡vengan con mamá!

—¡Mami! —exclamaron las tres metiéndose debajo del vientre de ella.

—¡Llévatelas! —dice el maestro y salta hasta subir a uno de los techos de los cientos de casas que había.

Entonces mira la causa del problema tres grandes gorilas corriendo a dónde se encontraba él, son bandidos. De un salto suben a las casa y corren destruyendo las fachadas en el proceso debido a sus descomunales pesos.

Dan un salto más y los tres pretenden con su puño aplastar al maestro… él con agilidad los esquiva y se desliza por el brazo de uno de ellos…

—Papi… —murmura la mayor de las tres, su madre la calla para evitar que revele su escondite, ella y sus hermanas miran impotentes como su padre lucha contra los tres colosos.

—¡Ahora sí! —exclamó con fuerza —¡probaran por última y única vez el sabor de mi letal veneno! —y de sus colmillos salió disparado el líquido que se formó en tres gotas distintas que le cayó a los tres de un solo disparo.

Todos los ciudadanos gritan emocionados, el maestro sonríe victorioso, pero su sonrisa se borra inmediatamente, los tres gorilas ríen con maldad pura.

—No somos tan estúpidos como tú crees vieja víbora —dice el líder, y es cuando pone atención y descubre que los tres portan una armadura metálica en los principales puntos de peligro: pecho, espalda, brazos y piernas.

Lo toma del cuello salta y lo azota contra el suelo a diez metros de altura, levantando una fuerte onda de polvo que el viento disipa rápidamente, las pequeñas serpientes ven con temor y tristeza a su padre en el suelo. Los golpes no tardan en llover, multiplicando la ferocidad y brutalidad con cada repetición.

La mayor de las hijas frunce el ceño molesta y con lágrimas en los ojos…

—¡Ya basta! —grita furiosa, los gorilas se detienen y voltean a ver el escondite de los ciudadanos, la niña está metros delante de su madre.

—¡Víbora no! —exclama con dolor.

—Hay, la viborita llora por su papito —lo dejan casi moribundo en el suelo y caminan con lentitud pero haciendo retumbar el suelo con cada paso.

—Tan solo es uno contra tres, a ver, enfréntese a nosotras —la mamá se percata de que sus otras hijas tampoco están, se encuentran unos centímetros detrás de la mayor —, ¡hermanas!

—¡Por nuestro papi! —los gorilas se ríen con burla, pero de la nada unos fuertes latigazos golpean sus rostros.

—¡Malditos reptiles! —se enojan y atacan con mucha furia, pero debido al tamaño y más rapidez por ser pequeñas, no logran siquiera tomar a una.

—¡Hermanas consigan amarrarlos y derribémoslos! —las otras dos asintieron, el maestro débil apenas distingue las pequeñas figuras que atacan a las gigantescas.

Un solo movimiento y consiguen su objetivo, con la visión un poco más clara el maestro se sorprende al ver que son sus hijas las que combaten contra los violentos gorilas.

—¡No saben lo que hacen! —amenaza el líder.

—Esto es por papá —de su boca saca unos pequeños colmillos y muerde su cuello, el gorila siente el pinchazo, el maestro está anonadado.

El líder muere víctima del "débil" veneno de la viborita, sus otras hermanas hacen lo mismo, y de igual manera los otros secuaces mueren.

Los ciudadanos salen de sus escondites y gritan con euforia y alegría por la victoria de las tres pequeñas hijas del protector del valle. Ella felices un momento se acuerdan de su padre, van a hasta él, y miran con horror como la mitad de su cuerpo está completamente aplanado y cráneo deformado, las lágrimas vuelven a fluir de sus ojos.

—Me siento orgulloso de las tres —dice el maestro, su madre las abraza —, al parecer su destino es más que solo ser unas simples esposas, debí haberme dado cuenta de eso, lo siento —sus ojos se cierran.

—¡No!, ¡papi! —grita la mayor y rompen en llanto… el cielo se apaga junto con la vida del gran maestro, dejando el linaje de su letal veneno a sus hijas.

Estaba en la posición del jinete, los brazos extendidos a los lados, sosteniendo en ambos brazos tres jarros llenos de agua. Los brazos le estaban temblando ligeramente. Tan solo tiene quince años y ya domina una cantidad considerable de rollos del conocimiento de las artes marciales. Pero a pesar de eso, aún se siente alguien indefenso y no se considera alguien talentoso, ni siquiera que sea un buen guerrero.

Sus brazos caen por el cansancio, los jarros impactan en el suelo ocasionando un fuerte estruendo y derramando el agua por el piso, él se arrodilla y golpea al suelo, decepcionado de sí, es el intento número quinientos. Lágrimas fluyen de sus ojos.

—¿Qué pasó aquí? —preguntó Oogway algo alterado al escuchar el estruendo.

—Perdón maestro, no puedo —dijo Tai Lung.

—Pues si sigues llorando, en vez de mentalizarte, seguirás sin poder, y jamás podrás ser el mejor —Tai Lung sigue llorando —. Recuerda que sí te vuelves más fuerte… —enfatizó eso último, Tai lo miró —, podrás convertirte en el Guerrero

—¡No! —interrumpió Shifu poniendo su bastón medio de ambos —, no busques entrenar y dominar las artes marciales por conseguir un título que no tiene absolutamente nada de especial —dijo reprochando a su viejo amigo. Oogway negó con la cabeza, un poco molesto por la filosofía del maestro Shifu.

—Pe-pero… —trató de hablar Tai.

—Quiero que sean un buen guerrero para que protejas a todos aquellos que no puedan defenderse, para que salvaguardes este lugar que es tu hogar y que te ha dado tanto. Tú eres quién seguirá aquí cuando yo deba partir —eso último casi hace que Tai Lung llorara otra vez, pero Shifu lo detuvo —, aún falta mucho Tai, no te preocupes —sonrió haciendo que su discípulo se tranquilizara —, recuerda todo esto para que en tu futuro puedas ser un ser de bien, el mal no debe triunfar Tai Lung.

—Sí maestro —se reverenció feliz por sus palabras. Shifu lo abrazó paternal —, regresa a entrenar. Él asintió con la cabeza.

De repente un fuerte golpeteo se oye en la entra del Salón sagrado de los guerreros.

—Vamos Tai, revisemos que pasa.

Abren las puertas y ambos se sorprenden.

Una gran canasta, está cubierta con sábanas, Tai Lung corre hacia los alrededores tratando de encontrar a alguien o algo que pudo dejar eso. En ella hay una nota;

"En la vida hay que hacer sacrificios para poder asegurar el bienestar de los que más amas, cuando crezcas lo entenderás y esperemos te conviertas en alguien muy fuerte"

Shifu arquea una ceja por esa nota, unos suaves ronroneos captan su atención y mira como la canasta se mueve ligeramente, su mandíbula se desencaja, mira para todos lados, buscando alguna pista de quién estuvo ahí y la dejó. Las sábanas se abren y dejan ver unos bracitos de pelaje naranja con ligera rayas negras, termina por mostrarse todo el rostro de la pequeña cría de tigre.

—Maestro no encontré a nadie —dijo bajando de un salto del techo, se acerca y ve al pequeña cría —, ¿es un bebé? —pega su cara muy cerca de la canasta y recibe un pequeño zarpazo en la nariz, grita de dolor y Shifu ríe por eso —. Ella es mala maestro, deshágase de ella.

—No Tai, es muy pequeña y ella será tu nueva hermana —dijo sorprendiéndolo enormemente —, Tigresa —bautiza y entran al Palacio.

Espero les haya gustado, los invito a que dejen sus comentarios, los cuales animan a seguir con este proyecto en conjunto. Los invito también a que se den la vuelta por el perfil de mi colaborador y lean sus historias, sé que les encantarán.

Sin más comentarios, nos despedimos:

Su amigo escritor CARPINTERO IMPERIAL y mi colaborador y también escritor TH3-F4LCON.