Ha pasado un tiempo desde la última actualización, ¿no es así?
Recuerdo que hace un tiempo atrás, en los años en que solo leía Fanfics y no tenía una cuenta en este sitio, me la pasaba leyendo a varios autores y uno de esos autores era justamente Carpintero. Pasar de eso a ahora trabajar en algo como este Fic junto a él, para mí, ha sido una experiencia simplemente increíble. Así que espero que disfruten de este capítulo tanto como yo disfruté al escribirlo.
Y, por la situación por la que todos estamos atravesando de momento, también espero que estén bien donde quiera que se encuentren al leer esto.
Y con estas palabras de mi colaborador TH3 F4LCON es que iniciamos este nuevo capítulo de este proyecto del que estamos muy orgullosos de trabajar. Este capítulo no sería posible sin él, ya que él lo escribió en su totalidad y yo colaboré con algunas ediciones y pequeños agregados.
Sin más preámbulos comenzamos...
Unos años más tarde...
La joven felina: "Tigresa", ya tenía unos seis años, y resultó ser una innata en el arte del Kung Fu; se pasaba en el salón de entrenamiento como si solo fuese un patio de juegos y su rápido aprendizaje la ayudó a plantarle cara a personas con más años de experiencia encima que ella, como lo era el caso de Tai Lung.
Ese día, Tai Lung y Víbora; la nueva alumna que recién había llegado al Palacio de Jade, practicaban en la arena de entrenamiento, en un combate de tres junto a ella. Shifu los supervisaba, mientars Oogway contemplaba con atención las técnicas y tácticas que cada uno usaba al momento de luchar.
—Alto —indicó Shifu, y se detuvieron —, bien hecho estudiantes —los tres se reverenciaron con respeto hacia él.
—Gracias pa… Digo, Maestro —tartamudeó Tigresa con una sonrisa en su rostro, un poco avergonzada por casi haberle dicho aquello a Shifu.
—Tigresa, no tienes de que preocuparte por decirme papá. Siempre lo seré, así estés entrenando o no —ella asintió y un gran alivio vino al oír esas palabras de él.
—Maestro, sinceramente, creo que podía dar más —criticó Víbora en un tono muy serio.
—Lo sé, pero cuando el entrenamiento termina, termina, y debes relajar el cuerpo —la joven reptil suspiró ante la respuesta de su Maestro.
—Bueno, padre, creo que han avanzado bastante —comentó Tai Lung caminando hasta quedar frente a él.
—Eso es cierto Tai, pero el entrenamiento debe continuar hasta que consigan dominar todas sus habilidades sin estrategias previamente planeadas.
—Sí, Maestro —Murmuraban los tres al mismo tiempo.
—¡Maestro Shifu! —entró vociferando Zeng, cuyo pelaje carbón brillaba bastante con la luz del sol —, un mensaje —le extiendió el pergamino.
Los tres estudiantes arrugaron el entrecejo, extrañados por el mensaje de Zeng.
—Vaya, que agradable sorpresa —dijo con tranquilidad el Maestro y mientras le daba un vistazo al pergamino.
—¿Qué ocurre Shifu? —preguntó Oogway entrando al Salón. Shifu negó con la cabeza sonriendo.
—Este mensaje debió haber llegado ayer —aclaró entre risas, Zeng se puso nervioso —, pero al parecer apenas te lo dieron, ¿verdad Zeng? —éste asintió suspirando.
—¿Qué dice el pergamino Shifu? —preguntó nuevamente Oogway.
—Al parecer, tendremos una visita. Y se supone que justo ahora deben estar llegando a la entrada, ¡vamos a recibirlos!
Al llegar a la entrada abrieron las puertas y observaron unas patas de pelaje negro tocando el último escalón, se oían unas respiraciones entrecortadas, hasta que finalmente una gran figura y otra más pequeña que la primera se vislumbraron.
—Buenos días —saludó con amabilidad Shifu.
—Es… pere —alcanzó a decir con el poco aliento que le quedaba el más grande de los pandas.
—Las… escaleras son… enemigos naturales de… los pandas… ¿Verdad pá? —trató de bromear el pequeño recuperando el aire. La felina se ríe un poco por lo simpático que le resultaba el pandita.
—Así es pequeño —dijo su padre, ya recobrando la compostura.
El panda rojo se acercó con su bastón e impaciente por saber les preguntó —, ¿y a qué se debe el honor de su visita?
—Mi nombre es Li Shan. Venimos de nuestras tierras, muy lejanas por cierto, para pedirle una oportunidad para que deje que mi hijo Loto pertenezca al Palacio de Jade y aprenda de usted, maestro —al terminar, Li Shan hace el saludo del sol y la luna, reverenciándose frente a Shifu. Tigresa rio ligeramente.
—Loto —susurró divertida por tan curioso nombre, Tai Lung le indicó con un ademán que no se riera.
—¿Podemos ver qué hace? —preguntó Oogway. Shifu negó con la cabeza.
—Mi viejo amigo, él tiene ganas, no necesita demostrarme nada.
—Aun así, sería un honor mostrar que hago maestro —dijo el pandita parándose del suelo, ya respirando con normalidad. Tigresa quedó impresionada por su determinación, se sonrojó inconscientemente, cosa que notó Tai Lung arqueando una ceja pero dejándolo pasar al instante.
—Muy bien pequeño, adelante —el pandita asintió.
Se colocaba completamente recto, alzando un poco su pie derecho para hacer una pequeña separación entre ambas piernas. Cerró los ojos, subiendo poco a poco sus brazos hasta la altura de sus hombros de manera recta, como si unos hilos lo jalaran, después los bajaba con mucha lentitud y calma. Repitió eso tres veces. Después levantó su pie izquierdo y lo pegó a su rodilla mientras posicionaba sus brazos como si cargara una bola mediana, giró levemente hacia la izquierda, extendió su pierna, un aura verde brillante empezó a rodearle, extendió sus brazos hacia adelante; exactamente a un pequeño tronco de un árbol naciente, sus manos se abrieron como si fuera una flor y un destello salió de ellas. El tronco se volvió un gran árbol, fuerte y lleno de hojas en sus ramas, en cuestión de segundos.
El pandita regresó a la posición con la que inició, abrió los ojos y miró como todos estaban con la boca abierta. Shifu solo sonrió por tal muestra. Oogway estaba muy impresionado, arrugó el entrecejo analizando esos movimientos y el resultado final.
—Vaya... —habló el maestro. Li Shan abrazaba a su hijo.
—¡Muy bien hijo!, me enorgulleces.
—Disculpe mi ignorancia, ¿qué es esta muestra que acaba de regalarnos? —preguntó Shifu mientras se acercaba al árbol y lo tocaba para sentir como, efectivamente, era real.
—Es el uso de la energía interior que fluye a través de nosotros; el Chi, nuestro arte es Tai Chi, los pandas hemos por generaciones aprendido a manejarla y con ello poder manipular la energía exterior, todo para poder obtener la paz y resguardarnos… Queremos hacer un intercambio de conocimientos con usted. Verá, mi hijo y yo somos capaces de enseñarles a manejar, si así lo desean, el chi. Y ustedes pueden enseñarle wu shu —propuso Li Shan.
—Me parece algo justo, han demostrado determinación al venir de tan lejos, y además quieren compartirnos su conocimiento… Loto, bienvenido al Palacio de Jade.
—¡Gracias, gracias, muchas gracias maestro! —el pandita gritó de alegría mientras le dio un breve abrazo al panda rojo, el maestro sonrió y correspondió, cosa que hizo que Tigresa riera otra vez.
…
El sonido de una pluma mojándose en un frasquito de tinta resonó en aquella habitación. Y quién se encontraba ahí, sentado en frente de un escritorio de madera, escribía sobre un pergamino:
"Mi amada familia, cuando lleguen a leer esto, quiero que sepan que todo lo hice por ustedes. No hay otra razón que esté detrás de esto. Mi querida esposa, te amo como no tienes idea. Mis amados hijos, son mi mayor tesoro. Los quiero mucho".
Terminó de escribir, cerró el pergamino, se quedó viendo por unos instantes y lo guardó en un baúl. Salió a hurtadillas de la casa, y se dirigió a un barco que se encontraba en un muelle. El barco empezó a arrancar, miró por última vez su hogar, sus cosechas... Y con esa visión una lágrima fluyó de su ojo al hundirse en sus recuerdos felices. Poco a poco fue alejándose hasta ya no ver ni una parte de tierra firme.
Espero les haya gustado mucho, los invito a que dejen sus comentarios que nos alientan a seguir escribiendo, los invito también a que se den una vuelta por su perfil y lean sus historias, es muy bueno.
Sin más que agregar nos despedimos:
Su amigo y escritor CARPINTERO IMPERIAL y TH3 F4LCON.
Hasta el siguiente capítulo.
Adiós
