Esta es la primera parte de un breve fic de dos partes, posterior al episodio IX. Contiene un hermoso Reylo edit que encontrarán en mi Instagram dpjokissa, diseñado por la talentosa queenwolfs28. Ese es su Instagram. En Twitter aparece como rey_wolfs. Lo amé, pues era perfecto para esta historia.
Este fic posee partes de la canción "Whisper in the dark" de Skillet. En este caso sólo coloqué la traducción porque los capítulos son más largos de lo común. Muchas gracias por leer y comentar.
Whisper in the dark.
—Rey, de todas tus ideas locas, esta ha sido la peor de todas.
Esas fueron las palabras de Finn en cuanto bajaron del Halcón Milenario. Pronto comenzaron a recorrer ese árido y desolado planeta, a pesar del descontento del ex stormtrooper.
—No exageres. Tienes que ser valiente, Finn. Ya se han cumplido tres años desde que comencé a entrenarte. Quiero que seas un gran Jedi y, para eso, necesitas pasar las pruebas más difíciles. ¿Estás emocionado?
Finn no podía comprender porqué su amiga estaba tan fascinada con aquel lugar. Korriban, también conocido como Moraband, tenía pésimos antecedentes, pero Rey fulguraba en alegría.
—No, estoy consternado —le reclamó, al tratar de seguirle el paso—. ¿Cómo se te ocurre venir a un mundo sagrado para la orden Sith? ¿Ya perdiste el juicio? —la cuestionó de nuevo, mientras ella observaba atenta cada detalle de las ruinas.
—¿Tienes miedo? —le preguntó seriamente—. Finn, no puedes tener miedo. Ya te lo he explicado miles de veces: el miedo nos arrastra al Lado Oscuro. Por eso te traje aquí, para luchar contra esa tendencia.
—¡No tengo miedo! Solo soy precavido. No es prudente venir a un lugar con tal nivel de Oscuridad. ¡Es peligroso y lo sabes!
—Korriban está abandonado hace muchos años, no te preocupes.
Rey paseaba por los restos de antiguos palacios Sith como si fuera una niña deleitándose en un hermoso museo. Finn podía entender, en parte, que ir a ese lugar era casi un lujo en lo relacionado a la historia de los antiguos Sith y Jedis. Ese planeta albergaba interesante información y recuerdos de crudas batallas entre el Lado Oscuro y el Luminoso. Sin embargo, estaba tan tenso que no podía bajar la guardia. Rodeó a su maestra y amiga todo el tiempo, con su sable de luz encendido.
—Finn, todavía no empezamos. ¿Te puedes calmar?
—¿No lo sientes? ¿Al mal acechándote?
Su espanto aumentó al ver a una jauría de tuk'ata observándolos a lo lejos, como si fueran su posible cena.
—¡Rey, debemos irnos ya! —Le señaló a la amenaza.
—No te alteres. Respira profundo y los podremos venc…
—¡Son animales salvajes! —la interrumpió—. ¡Si crees que voy a esperar a que me ataque un tuk'ata o un waird para "terminar mi entrenamiento", entonces me voy!
—¡Finn! ¡Finn, vuelve aquí! ¡Es una orden!
Rey se quedó en su sitio, indignada por la actitud cobarde de su padawan. Sabía que ir a ese planeta le traería problemas y fue por eso, precisamente, que no se lo mencionó. Solo le habló de un planeta del borde exterior donde pasarían juntos algunos días para pulir sus habilidades y determinar cuánto había avanzado. Sí había olvidado que la fauna del lugar no era precisamente pacífica, pero ¿no sería eso otro desafío más para evaluar su progreso?
Lo vio subir al Halcón Milenario, incluso encenderlo. ¿De verdad la iba a abandonar? Enfurecida, caminó en su dirección…
A pesar de las mentiras que estás contando
Tu amor es mío para que lo tome
Mi amor está esperando
Para convertir tus lágrimas en rosas
Se paralizó de inmediato. Era su voz, sí, SU voz como eco en su mente con cada paso que dio. Miró a todos lados, aturdida por lo que oyó. Empezó a tiritar, sin tener claro si era por la emoción de oírlo de nuevo después de tanto tiempo, por sus palabras exactas o por el miedo de no saber dónde estaba.
—¿Ben? —murmuró hacia el vacío, sin percatarse que la jauría se le iba acercando cada vez más.
A pesar de las mentiras que estás contando
Tu amor es mío para que lo tome
Mi amor está esperando
Para convertir tus lágrimas en rosas
—¡Yo no mentí! Yo… no pude. Nunca pude decir lo que pasó entre nosotros —explicó cuando lo escuchó otra vez, sintiéndose culpable por no decirle a nadie quién la salvó en realidad.
—¡Rey, cuidado!
Ante el grito de Finn, ella se agachó mientras escuchaba el sable de luz de su padawan rebanar a varios tuk'ata.
—¡Corre hacia el Halcón!
Rey obedeció, no sin antes ayudarlo a vencer a aquellas fieras que estaban decididos a usarlos de alimento. Ya estaban cerca de la entrada de la nave cuando…
Seré aquel que va a tenerte
Seré aquel hacia el que corres
Mi amor es un fuego que quema y consume
—Rey, ¿qué haces? ¿Por qué miras tanto ese templo en ruinas? ¡Ya deja de curiosear y vámonos!
—Él… él me está llamando desde allí. —Indicó con su mano la antigua estructura demolida.
—¿Qué? ¿Quién?
La joven no le respondió. Lo dejó solo y se fue, a gran velocidad, en esa dirección. Frustrado, Finn cerró el Halcón y fue tras ella, pensando seriamente sobre quién en esa relación era el maestro y quién el padawan.
Entró en esas ruinas breves minutos después que ella. Al sitio no ingresaba ningún rastro de luz, de modo que la perdió de vista de inmediato.
No
Nunca estarás sola
Cuando la oscuridad venga,
yo iluminaré la noche con estrellas
Escucha los susurros en la oscuridad
—¡¿Ben?! ¡Ben! ¡Estoy aquí! —lo llamó, segura de que la voz provenía de algún sitio escondido entre los escombros.
No
Nunca estarás sola
Cuando la oscuridad venga,
sabes que no estaré lejos
Escucha los susurros en la oscuridad.
—Perdóname. Nunca debí dejarte solo —le repitió, a la vez que lo buscaba impaciente—. Dime ¿dónde estás? Vuelve conmigo, por favor…
Su desesperación por hallarlo se puso en evidencia por las abundantes lágrimas que recorrieron sus mejillas al correr de un lado a otro, sin parar y sin rumbo. Su sable dorado no fue suficiente para iluminar todos los rincones, de modo que chocó contra una de las paredes.
De pronto, sintió una mano sobre su hombro derecho.
—¿Ben? —Volteó ilusionada.
—¿Ben? Rey, ¿qué ocurre?
—Ah, Finn. Es que… yo…
—Tú ¿qué? —La ayudó a levantarse.
—Nada. Tienes razón. Mejor vámonos.
La jedi, creyendo que era la Fuerza quien estaba aturdiendo sus sentidos y jugando con sus sentimientos, acompañó a Finn hacia la salida. Cuando iban a la mitad del trayecto, sintió una presencia familiar en su espalda. No quiso girar de inmediato. Esperó y esperó, pero la sensación no se fue. Entonces volteó con lentitud…
Te sientes sola y dañada
Te tumbas aquí rota y desnuda
Mi amor está esperando
Para vestirte con rosas carmesí
No era el hombre que buscaba: eran todas sus versiones. Siete figuras masculinas humanas, de diferentes edades, pero con los mismos rasgos faciales. Cada uno decía lo mismo con plena convicción.
Seré aquel que va a encontrarte
Seré aquel que va a guiarte
Mi amor es un fuego que quema y consume
Finn escuchó un objeto metálico chocar contra el suelo. Por ese ruido miró hacia atrás. Así notó que otra vez Rey se había desviado del camino y, además, tirado su sable de luz al piso.
Él confiaba en su amiga en muchos aspectos, no obstante, su comportamiento era cada vez más extraño y ella pocas veces le quiso hablar al respecto. Y ahora, esa rara manera de actuar se había intensificado, aunque ella insistiera en que "todo estaba bien".¿Estaba bien verla tan decaída, cansada, más delgada e incluso triste? ¿Por qué no era capaz de decirle lo que le pasaba? Ni ser su padawan le ayudó a conocer su verdadera personalidad.
—¡Reeey! ¡Reey! ¡Tenemos que irnos antes que…!
Un shyrack lo atacó desde las penumbras, dejando inconcluso su último llamado. Su ataque era voraz; sus afilados dientes le indicaron lo fácil que era para él arrancarle un brazo de una mordida. Gracias a su entrenamiento pudo contener al animal usando la Fuerza y, empuñando ambos sables, logró defenderse del monstruo que no quería ceder en su propósito.
Mientras tanto, Rey luchaba por alcanzar aunque fuera a una de las siluetas. Cada visión de Ben Solo se desvanecía entre sus brazos: 5, 11, 16, 19, 23, 27, 30 años… Cada uno, en su respectiva edad, desapareció como humo frente a ella para luego reaparecer en otra dirección.
No
Nunca estarás sola
Cuando la oscuridad venga,
yo iluminaré la noche con estrellas
Escucha los susurros en la oscuridad
No
Nunca estarás sola
Cuando la oscuridad venga,
sabes que no estaré lejos
Escucha los susurros en la oscuridad
Era un juego cruel verlo tan cerca, decirle aquello y no poder tener a ninguno. Su llanto aumentó con solo oír su voz en esas diferentes etapas de su vida, recordándole que estaría siempre con ella.
—¡Quédate conmigo! —le rogó de rodillas a la última imagen, la de aquel Ben que le regaló su vida.
Él se inclinó frente a Rey y acarició su fino perfil en medio de las sombras.
—¿Ya no es muy tarde para eso?
Si bien era su voz, algo en aquellos ojos marrones y tiernos no la terminaban de convencer. De pronto, sus iris se volvieron rojos y su rostro se endureció. En su asombro, ella no se movió. Más bien, fue "él" quien se atrevió a besarla en los labios, desencadenando dentro de Rey un frío abrumador; un hielo que la dejó en estado de shock.
—¡Reeey! ¡Estoy aquí! ¡Acabo de matar a un shyrack y no quiero que nos ataque otro! ¡Deja de esconderte y ven de una buena vez a la salida!
Finn llegó a pensar que todo ese escándalo en el templo era parte de las pruebas de su maestra. Lo fueran o no, ya se sentía orgulloso de poder lidiar con graves amenazas sin recibir daños importantes en su cuerpo. Ya planeaba regresar en busca de su maestra cuando un temblor lo tomó desprevenido.
El sonido subterráneo fue ensordecedor. El resto de la construcción comenzó a caer y, a pesar de sus insistentes llamados, Rey seguía sin aparecer. Finn temió por la vida de ambos. Logró evadir algunos peñascos, pero sabía que si no salía de allí pronto terminaría enterrado. Finalmente, pudo llegar a la salida ileso, desplomándose por el cansancio.
Después de breves minutos, una luz cegadora lo despertó. Al ponerse de pie, pudo contemplar que estaba dentro de un palacio radiante y blanco. Nunca en su vida había estado en un lugar tan lujoso.
—Me alegra saber que estás bien, Finn.
El rostro del moreno debió alegrarse al ver y escuchar a su amiga sana y salva. Sin embargo, fue todo lo contrario. Se asustó, porque esa mujer no se parecía a la Rey que todos conocían.
—¿Qué… qué te pasó? —tartamudeó, con los ojos desorbitados.
Su espanto no era para menos. Todos en la Resistencia habrían tenido la misma reacción. Verla así de pálida, con los ojos ensombrecidos y con el cabello suelto en tono ceniza era para alertar a cualquiera. Hasta su ropa era diferente: un atuendo de cuero negro ajustado, que incluía un corsé con pantalón, los cuales no dejaba mucho para la imaginación de ningún hombre. Se sonrojó de verla tan hermosa, aunque tétrica.
—Estoy bien. Estoy mejor que nunca. —Se le acercó sonriente.
—¿Por qué ahora usas una capa y esa ropa? ¿Qué son esas marcas en tus brazos? —la interrogó de inmediato.
—Esto es lo que soy.
—¡No! ¡Tú no eres Rey! ¡No me vas a engañar! —Retrocedió al percibir la intensa oscuridad de la mujer.
—Lo soy. Esto es lo que en realidad soy, pero prefieres rechazarlo.
—¡Rey jamás sería como tú!
—Por eso nunca te lo dije, porque sabía que no lo aceptarías —lo criticó frente a frente.
—Decirme ¿qué?
—La verdad.
—Deja de jugar conmigo o te demostraré de lo que soy capaz —la desafió, sin saber cómo encontraría a su amiga dentro de ese enorme edificio.
—Somos amigos. Jamás jugaría contigo.
—¡Deja de manipularme!
—¡Deja de negarlo! ¡Sabías que había oscuridad en mí! Solo preferiste ignorarlo. Esta es mi sangre y, tal vez, el único camino para reencontrarme con él.
—¡Tú misma me dijiste que todos tenemos esa inclinación y que hay que luchar contra ella!
—¿No estás cansado de luchar, Finn? —le preguntó, rodeándolo a paso lento—. Ya no puedo seguir evadiendo mi destino.
—Y, según tú, ¿quién eres?
—Una Palpatine.
—¡¿Qué?! ¡Claro que no! ¿De dónde sacaste esa estupidez?
No obstante, su semblante serio y frío le dio a entender que lo que le acababa de revelar era cierto. No quedaba rastro de las interminables sonrisas de su amiga, nada cálido, nada acogedor.
—No. Tú… tú seguramente eres… eres una prueba de mi imaginación. Sigo inconsciente, ¿verdad? Cuando despierte todo volverá a ser como antes —intentó autoconvencerse, con su mano temblando sobre su sable de luz.
—Nada volverá a ser como antes. Nada lo es desde que él murió —le explicó angustiada.
—¿Quién?
—Ayúdame a recuperarlo. Eres mi aprendiz. Puedo enseñarte muchas cosas más desde este otro lado de la Fuerza.
—¡Ya te dije que no! ¡Ni siquiera sé quién eres!
—Es cierto. Nadie lo sabe, solo él.
La versión oscura de su amiga atrajo hacia ella el sable de luz que supuestamente le pertenecía. Al tomarlo, lo guardó entre su ropa.
—Si no me apoyas, entonces no te cruces en mi camino. De lo contrario, tendrás que sufrir las consecuencias.
—¡Ya basta de misterios! Dime qué es lo que quieres.
—Lo traeré de vuelta y cumpliré todos sus deseos.
—¿A quién?
—A mi otra mitad.
—¡¿Quién?!
El palacio desapareció y quedó solo, ahora en un lugar oscuro y sombrío. A un costado los vio: era Kylo Ren sujetando en sus brazos el cuerpo inerte de Rey. No, aquel sujeto tan cruel y sangriento no podía ser el mismo que ahora abrazaba desdichado a la joven mujer. No, en aquellos ojos no quedaba rastro de oscuridad. En ese momento Finn lo entendió: era Ben Solo.
Contempló como le devolvió la vida y la sonrisa embelesada de su amiga cuando lo volvió a ver. Se asombró con aquel beso que jamás imaginó posible, incluso más con la sonrisa que él le regaló por aquel amoroso… Hasta el quiebre. El inminente quiebre que inició en Rey un sinfín de emociones negativas que prefirió ocultar y que la fueron consumiendo lentamente.
—¡Rey! ¡No lo hagas! —gritó al verla arrodillada envuelta en sombras. Observó impotente su cabello cambiar de color—. ¡¡Rey, no!!
Despertó aterrado y sudado por completo. Se levantó todavía temblando y pudo corroborar que todavía estaba en Korriban. Frente a él yacían los enormes peñascos de lo que alguna vez fue un glorioso templo Sith.
Gritó por enésima vez su nombre, temiendo que su amiga no pudiera sobrevivir a la catástrofe. Levantó y levantó escombros, sin encontrarla. Entonces recordó el sueño. Buscó entre sus pertenencias, pero el sable que tenía de Rey ya no estaba. Asustado, miró en dirección al Halcón Milenario. Entró en pánico al notar que alguien se lo llevó y él sabía perfectamente quién.
Desde aquel fatídico día, la Resistencia había hecho todo lo posible por detener a quien era supuestamente su amiga. No obstante, su esfuerzo resultó en vano. Ninguna de sus tropas pudo con ella, aunque los reconocía. Tampoco Finn pudo contra su maestra, estando a punto de morir varias veces en sus manos. El tiempo límite que la República Unida les había dado para retenerla estaba llegando a su límite y el General Dameron ya no daba abasto con tanta presión.
—No puedo creer que ya se cumplan los tres meses. Necesito más tiempo, solo un poco más —murmuraba Poe moviéndose de un lado a otro, desesperado por encontrar una solución.
—Poe, acepta que esto se nos salió de control. Todos pensamos que Rey entraría en razón, pero no funcionó —comentó la Teniente Connix—. Por donde pasa deja un desastre y ni siquiera sabemos sus motivos.
—Deja que la República Unida mande sus tropas. Ya lo intentamos y no resultó —agregó Zorii, desolada por el fracaso.
—¡No! ¡Aunque sea solicita una semana más de plazo! ¡Si ellos la atacan, la matarán! —alertó Rose, todavía sintiéndose culpable por no haber previsto semejante caos en su amiga.
—Analizando su recorrido, Rey se dirige siempre a planetas donde antes se encontraban sedes de asentamientos Sith —acotó Beaumont Kin, historiador y capitán de la división de inteligencia.
—El problema es que ya no nos queda tiempo. Todos en la galaxia la identifican ahora como una amenaza. Sus emociones son un desastre y eso mismo deja por su trayecto —explicó Dameron, sin tener la menor idea de cómo proceder.
—¡Yo ya les expliqué a quién busca! —exclamó Finn.
—¡Rey no puede condenar al resto de la galaxia por un muerto! —sollozó Rose, al temer del destino de todos por aquella pérdida.
—Los jedi aceptan la muerte como parte de la vida —agregó Beaumont—. Ella nunca lo aceptó y saben lo que eso significa.
—¿Crees que no nos dimos cuenta que ahora es una Sith? —espetó Zorii, demostrando su estrés con ironía.
—Nadie, jamás, debe conocer su origen, ¿me oyeron? Aunque tengamos que trabajar ahora con la República Unida, ningún miembro de ellos debe saber que es una Palpatine —ordenó Poe y todos asintieron a sus palabras.
—Solo pensemos un poco más. De seguro tenemos otras opciones— añadió Jannah.
Todos se mantuvieron en la sala, concentrados buscando alternativas donde sabían que ya no las había. En medio de sus ilusiones por recuperar a Rey, oyeron desde las afueras a sus compañeros gritando. Al parecer, trataban de evitar que alguien entrara a aquella sede de la Resistencia. Chewie fue el primero en reaccionar, tomando su ballesta para dispararle al intruso cuando este intentara abrir la puerta.
De hecho, la puerta no se abrió normalmente. Fue arrancada y desintegrada en el aire, una típica manifestación de la Fuerza que todos consideraron un ataque. Dameron dio la orden de inicio al fuego y todos comenzaron a disparar. El sujeto que entró desvió los disparos con dos sables de luz azul, uno en cada mano. Ni la ballesta fue una oposición real para él.
Nadie reconoció a aquel hombre, excepto Finn. Sin duda, sus compañeros tenían razones de sobra para dispararle hasta la muerte, pero él notó que solo estaban asustados porque era un desconocido que llegó sin previo aviso.
—¡Dejen de disparar! ¿No se acuerdan de él? —les llamó la atención para que se fijaran en el alto y pálido hombre.
—Es… ¡¿Es un Jedi?! —pronunció asombrado Beaumont.
Cuando el historiador comenzó a acercarse al extraño, los demás dejaron de disparar al temer herirlo sin desearlo. Beaumont seguía intrigado por aquello que parecía una ensoñación: sus vestiduras y botas claras, la capa marrón junto a los guantes y cinturón del mismo color… Sí, era un traje típico de los antiguos jedis. ¿Cómo era posible que alguien tan joven las usara? ¿Acaso existían más jedis?
—¿Eres un Jedi? ¿Conociste a Luke Skywalker? ¿Cómo te llamas? —preguntó tan emocionado que no esperó sus respuestas—. ¿De dónde vienes?
El joven de cabello negro y ondulado guardó silencio, mientras Finn todavía no entendía porqué nadie estaba gritando que el hijo de Leia seguía vivo. Más allá de sus propias inquietudes sobre su regreso a la vida, lo que le preocupó fue que solo él lo identificara. En ese caso solo había dos opciones: o él estaba equivocado, o todos los demás lo estaban.
—No vine aquí a contestar tus preguntas. Vengo a ustedes por respuestas. ¿Dónde está?
—¿A quién buscas? ¿Nos viniste a ayudar? —lo enfrentó Dameron, sin dejar de apuntarlo con su bláster.
—Vengo a reestablecer la paz. Ustedes están ocultando información valiosa sobre ella.
—¿Vienes de parte de la República Unida? —preguntó Rose, tratando de no demostrar su miedo.
—Solo obedezco la voluntad de la Fuerza. Ahora díganme en qué planeta está.
El rostro firme del hombre les hizo entender que hablaba muy en serio. Finn se le acercó también, para aclarar sus propias dudas. A una distancia menor lo corroboró: era la viva imagen de Ben Solo. Sin embargo, su físico tenía algo distinto. Todo su cuello tenía marcas negras, como si estuviera tatuado con símbolos específicos que no pudo descifrar. Contempló las mismas marcas desde sus antebrazos hasta el comienzo de sus manos. Las visualizó una y otra vez en silencio, percibiendo una leve tonalidad dorada en ellas, como si brillaran en determinado ángulo.
—¡Finn, ¿qué haces?! ¡Aléjate de él! —le ordenó Dameron.
—¿En serio? ¿Cómo nadie se da cuenta de que es Ben?
—¿Lo conoces? —Quiso saber Jannah, bajando su arma—. ¿De dónde?
Cuando Finn observó que ni siquiera Chewbacca lo reconoció, sintió miedo. Pensó que se estaba volviendo loco, que la obsesión de Rey por ver al hijo de Leia y Han vivo lo había llevado a la demencia a él también.
—¿Cómo sabes su nombre? —lo interrogó Poe, llevándolo a un esquina de la sala.
Él estaba dispuesto a decirlo todo, aunque no le creyeran. No obstante, la silueta brillante de Leia tras Poe se lo impidió. Ella le sonrió y luego negó con la cabeza. Entonces comprendió que no había perdido el juicio, que era verdad. ¿Por qué debía ser un secreto?
—¡Finn, reacciona! ¿Adonde estás mirando? —Enfocó Poe la mirada tras él, pero solo vio el vacío—. ¡Deja de distraerte! ¡Esto es importante!
—Sí, lo es —repitió, justo antes de que Leia desapareciera junto a su mensaje: "Acompáñalo yllévalo con ella".
—Si eres miembro de la República Unida, están infringiendo nuestro acuerdo —sentenció al intruso la Teniente Connix—. Iniciaré de inmediato una llamada con ellos para aclarar este tema.
—¡No! ¡No será necesario! —intervino Finn—. Si la Fuerza lo guio hasta aquí, debe ser por algo bueno, ¿no?
—Si es un jedi, supongo que querrá deshacerse de los sith —comentó Zorii, inquietando a los presentes. Entonces miró al hombre en cuestión y añadió—: ¿Estás buscando a Rey?
—Así es. Ya era hora de encontrarme con alguien sensato en este lugar —comentó aliviado, al mismo tiempo que guardaba sus sables de luz—. Aunque no conozco al moreno, mi nombre sí es Ben.
—¿Ben cuánto? —lo interrogó Rose.
—Veo que les importa más mis antecedentes en vez de averiguar quién soy en realidad. Lástima que no me interese conocer mis orígenes. Ahora contesten lo que les pregunté. No quiero perder más tiempo en esto.
—¡Si la vas a matar, no te diremos nada! —le gritó Rose. Jannah la sujetó del brazo para que no se descontrolara.
—¿Deseas eliminarla por el bien de la galaxia? —inquirió Jannah.
—Lo que haga o no con Rey no es de su incumbencia — informó indiferente.
—¿No se supone que los jedi captan el trayecto de las vibras negativas de los Sith? —preguntó sarcástico Poe—. Si no sabes dónde está, no eres tan bueno en lo que haces.
Ben sonrió y caminó varios pasos hacia el Líder de la Resistencia.
—No logro captarla, porque es inestable. Ella es un caso único o al menos eso quiero creer para no dejar en vergüenza a sus inútiles tropas que intentaron atraparla.
Cuando Finn observó el rostro ofendido de Dameron contraerse para gritarle al supuesto Jedi, decidió intervenir.
—Malachor. Según nuestros rastreos está por llegar a Malachor. —Se interpuso en medio de ellos—. Si vas, te acompañaré. No aceptaré que te niegues a mi compañía. Necesito traer a Rey de vuelta a la Luz.
—Aunque no me importa que vengas, quiero que algo te quede claro: no prometo nada. Que ella ahora esté sumergida en el Lado Oscuro es su decisión. Si no cambió cuando sus amigos fueron por ella, ¿por qué lo haría ahora?
«Porque ahora estás tú» pensó. Sin embargo, su presencia tampoco le aseguraba el éxito de la misión.
—No formo parte de la República Unida, así que no pierdan su tiempo comunicándose con ellos. Los Jedis tenemos nuestros propios códigos.
Ben se retiró y Finn se fue tras él, para sorpresa de todos en la sala.
—¿Cómo vas a ir a Malachor? ¿Tienes tu propia nave? Yo tengo una mejor. Así podemos ir juntos en la misma —comentó a sus espaldas.
—Si es más rápida, acepto. ¿Cuál es?
Finn señaló el Halcón Milenario y esperó ansioso su reacción. ¿Qué haría si se ponía a llorar? ¿O si se enojaba? ¿Y si no quería ir dentro de esa nave?
—¿Me estás diciendo que esa chatarra es más rápida que los modelos modernos? —espetó indignado
—¿No la reconoces?
—Por supuesto que sí. Es una fragata corelliana YT-1300. Es un modelo descontinuado. Tu propuesta no es consecuente con lo que me muestras. —Siguió caminando, ignorándolo.
—¡Oye, espera! Será vieja, pero tiene lo suyo. Lo juro. Además, si vamos en esta yo pagaré todo el combustible. ¿Aceptas?
Ben volteó un tanto cansado de sus palabras. Tenía la leve sospecha de que el moreno no iba a desistir de sus intensiones de ir con él. A regañadientes aceptó, al considerar que no tenía créditos para solventar el viaje.
—De acuerdo, pero no trates de convencerme durante el viaje de que ella no es un peligro. Lo es, que ustedes quieran negarse a esa realidad es otra cosa. Debes dejar de verla como tu amiga o maestra. Rey ahora es otra persona.
—Solo prométeme que no la matarás. Aunque digas que no, estoy seguro que ella sí te importa —solicitó Finn, una vez que ambos se sentaron en la cabina del Halcón.
—Hablo en serio cuando digo que no la conozco. Mi propósito es uno solo y va más allá de lo que me quieras hacer prometer.
—¿Cuál propósito? —le preguntó cuando saltaron al hiperespacio.
—Si los Jedis no te lo revelaron antes, entonces yo tampoco lo haré.
Finn lo quedó mirando anonadado. Quería saber todo lo que estaba pasando y, no obstante, cada vez que intentaba conocer más se le negaba la información. Ben se mantenía en silencio, tan serio como siempre. ¿Realmente Rey lo vio sonreír? ¿De verdad él había dado su vida por ella? ¿Por qué no la recordaba?
—Me incomoda muchísimo la forma en que me miras —lo enfrentó Ben, notablemente molesto.
—¡Perdón! Es que… nunca me imaginé ver a un Jedi de verdad. O sea, Luke sí lo era y Rey también. A lo que me refiero es que…
—¿Tienes algo de comer? —lo interrumpió, demostrando que no le importaban sus excusas.
—¡Sí, claro! Acompáñame. También hay algunas camas disponibles por si quieres descansar.
—Gracias. Necesitaré dormir algunas horas.
—No hay problema. Me mantendré en silencio para que duermas bien.
En ese instante Finn notó que Ben estaba esperando que le sirvieran. De verdad quería ser amable con él, aunque no creyó llegar a ese punto. ¿Acaso solía estar rodeado de personas a su plena disposición, incluso cuando no era miembro de la Primera Orden? ¿Sería que Leia lo acostumbró a una vida de lujos, donde todos debían obedecerle? ¿Por qué seguía teniendo esas actitudes si se suponía que no recordaba nada?
—No necesito la mejor cama de todas, con esta es suficiente —le informó una vez que Finn lo llevó a una de las habitaciones del Halcón después de comer.
Finn asintió y se retiró. Al menos sí tenía rasgos más humildes que el Kylo que conoció. Aquello lo alivió bastante. Sin embargo, sabía que el resto del viaje lo sufriría pensando en lo que sucedería en Malachor.
La segunda parte de esta historia se titula "Fire and fury", perteneciente a este mis lo grupo musical. Estará disponible durante los próximos días. Muchas gracias.
