Continuación de "Whisper in the dark". Espero les guste. Este capítulo está basado en la canción "Fire and Fury" de Skillet. Solamente está la traducción al español porque el capítulo es muy largo. Las indicaciones son las siguientes:

Texto en negrita corresponde a las palabras de Ben.

Texto en cursiva corresponde a palabras de Rey.

Texto en cursiva y negritas corresponde a ambos.

¡Disfrútenlo! Muchas gracias por leer y comentar :)


Fire and Fury

—Prométeme que cumplirás tu palabra, Finn. Cuando él la encuentre, no intervengas. Haga lo que haga, es su misión, no la tuya.

—Pero, ¿qué va a hacer? ¿Por qué no recuerda nada? ¿Rey lo reconocerá?

—Mi hijo siempre odió sus antecedentes. Tarde comprendí cuánto detestaba ser comparado a Obiwan "Ben" Kenobi. Tampoco se sentía identificado por el apellido "Solo". Para él todo era una mentira y yo no lo supe discernir.

—No te culpes. De seguro intentaste hacer lo mejor para él.

—Sí soy responsable. Preferí liderar a sistemas completos en vez de ser la madre que merecía. Dime, Finn: ¿cómo sería tu vida si te hubieras criado con tu familia?

—Ehm… yo… creo que sería muy diferente. Tal vez hasta mi personalidad sería distinta.

—Exacto. Nuestra forma de ser en parte depende de nuestras experiencias. Lo que somos se debe a lo vivimos, sea bueno o malo.

—Eso lo entiendo. Lo que no sé es la razón de su presencia aquí. Si no recuerda nada, ¿no le dolerá a Rey eso también?

—Hay asuntos que ni la misma Fuerza puede arreglar. El daño ya está hecho y no puedo remediarlo.

—Es demasiado categórico lo que dices. Un jedi no habla en absolutos.

—Nunca fui una jedi y ahora la Fuerza solo me dio una alternativa. Si darle una segunda oportunidad a mi hijo para ser feliz significa que se olvide de mí, de su padre y de todo lo que alguna vez conoció, entonces lo acepto.

—¡Pero su nombre sigue siendo Ben!

—Ese nombre ya no simboliza nada para él. No tiene pasado y tampoco le importa. Solo deseo que tenga un futuro con personalidad propia, sin traumas ni resentimiento. ¿Me ayudarás con eso?

—Si yo pude reconocerlo, entonces Rey también lo hará. ¡Tarde o temprano sabrá quién es! Además, actúa del mismo modo.

—Son sus reflejos. Con nuevas vivencias, mostrará quién es en realidad. Nunca se lo digas. Permítele formar nuevos recuerdos y rehacer su vida. Déjalo tomar sus propias decisiones.

—¿Acaso no le impusieron ser un jedi ahora?

—Es con un propósito. Su entrenamiento fue especial. Él elegirá su propio camino después.

—Vino a salvarla, ¿verdad? Solo dime que logrará hacer lo que yo no pude…

—No te sientas culpable. Esto no se debió a ti. Rey no pudo superar la pérdida, así como yo tampoco.

—Si la Fuerza planeó todo esto, ¿por qué yo lo reconozco? Cuando el resto lo mira, no asocia su rostro a Kylo Ren ni a Ben Solo.

—No tengo esa respuesta. Solo obedece, Finn. Prométemelo.

—Lo prometo.

Cuando despertó, se dio cuenta que se había quedado dormido en el asiento de piloto. El Halcón seguía en modo automático y faltaban pocas horas para llegar a Malachor. Se levantó nervioso, asimilando lo que su ex General le explicó. Fue hacia la habitación donde Ben descansaba y lo vio todavía dormido. Su sueño parecía tranquilo.

Suspiró varias veces de vuelta a la cabina, preso de la incertidumbre. Temía el encuentro entre ellos dos mucho más que las veces anteriores. Ahora no tendrían relación alguna, a diferencia de antes. Tampoco situaciones ni recuerdos en común. Ya no existía nada que los llevara a compadecerse el uno del otro. ¿Sería Rey capaz de matar a quien le devolvió la vida? ¿Qué pretendía Ben yendo directo hacia ella? Con esos crueles pensamiento continuó la ruta, dejando todo a merced de la Fuerza.

Cada ladrillo y cada piedra

Del mundo que hicimos se destruirá si yo…

Si no puedo sentirte aquí conmigo…

En mis sueños, llamo tu nombre

Pero cuando me despierto

necesito tocarte la cara, porque…

Necesito sentirte aquí conmigo…

Puedes detener este dolor

Porque tú eres lo único que necesito

Quemaré, quemaré por ti

Con fuego y furia

Fuego y furia

Mi corazón duele, mi corazón duele por ti

Tu amor arde dentro de mí

Con fuego y furia

La nave estaba aterrizando cuando Finn escuchó a Ben gritar. Se levantó en cuanto la nave tocó tierra y lo vio sumamente alterado, con ambos sables encendidos.

—¡La mujer, ¿la oíste?! ¡¿Dónde está?!

—No sé de qué me hablas. Aquí no hay ninguna mujer. Ya apaga eso —le señaló asustado ambos sables.

—¡Una mujer me habló! ¿O lo soñé?

—¿Qué mujer?

—No lo sé. Nunca la había escuchado antes.

—De seguro fue un mal sueño. Cálmate. Ya llegamos a Malachor.

—Puede ser. Es que… me decía cosas raras y yo le respondía.

—¿Qué cosas te decía?

—Me decía… ella… Ehm…

Finn esperó su respuesta, pero esta nunca llegó. Ben permaneció quieto, como si buscara algo en lo más profundo de su mente.

—¿Qué te decía? —insistió Finn

—Ya no lo recuerdo —contestó perturbado por su frágil memoria.

—Entonces no era importante. Lo que es urgente ahora es encontrar a Rey. Bajemos a ver el sector, porque yo no lo conozco.

Cuando pisaron ese árido lugar, contemplaron el yermo desolado. Era un planeta rocoso y casi sin vida. Solo quedaban las ruinas de antiguos templos Sith. Su atmósfera era oscura, como si siempre estuviera de noche, a pesar de sus dos soles carmesí.

—Esta estructura piramidal sigue en pie. Es el templo principal de Malachor.

—No creo que sea buena idea entrar ahí, Ben. Por hacer algo así Rey terminó mal. Ya no quiero entrar a ningún templo Sith.

—Entonces iré solo. Sospecho que ella puede estar dentro si anda buscando conocimiento del Lado Oscuro.

Finn lo persiguió simplemente porque no tenía otra opción. Estaba aterrado subiendo cada piso de aquella edificación, mientras que a Ben se le veía indiferente. Eso molestó al moreno, pues demostraba que no le importaba dónde estaba ni la persona que realmente venía a buscar.

De pronto, el sentido de alerta de ambos se activó al percibir un aura oscura que se les acercaba más y más. Ben encendió sus sables de luz y Finn se puso de espaldas a él para que ninguno quedará con la retaguardia descubierta. Estaban listos para atacar, sin embargo, la amenaza parecía jugar con sus emociones.

—¡Muestra tu identidad, cobarde! —insultó Finn a la presencia, pero una suave risa llamó su atención.

—¿Por qué me tratas así? Pensé que éramos amigos.

Por fin la veía de nuevo, tan bella como siempre. No obstante, su esencia seguía petrificada bajo ese vestuario, como si estuviera muerta en vida. ¿Cómo era posible que se viera tan bien envuelta en oscuridad? ¿Por qué su mirada ámbar demostraba un alma en pena en vez de una feroz enemiga?

—Rey Palpatine, diría que es un placer conocerte, pero la verdad es que estoy harto de ti. Por tu culpa no puedo tener una vida tranquila. No solo yo, sino todo el universo.

El cabello ceniza de Rey se erizó ante las irrespetuosas palabras de aquel extraño que venía con Finn quien, para su sorpresa, conocía sus antecedentes. Bastó que se fijara en su ropa para entender su propósito allí.

—¿Un Jedi? Ya no existen los Jedis y tampoco deseo que regresen —espetó con desprecio—. En el Lado Luminoso no obtuve respuestas. Aquí tengo lo que necesito.

—Me quedaría a escuchar tus pretextos, pero se acabó el tiempo —intervino Ben, colocando su cuerpo en posición de batalla—. Si tu objetivo es llegar a la cima, no te lo permitiré. No dejaré que potencies tus habilidades en ese lugar.

Finn quedó boquiabierto por la manera en que Ben se dirigía a la joven, sin bondad alguna. Su juicio se basaba expresamente en todo lo que Rey representaba en ese momento, sin dar oportunidad a todo el bien que ella causó antes. Muy a su pesar, aceptó que él ya no tenía ningún recuerdo de su vida anterior.

A Rey le llamó mucho la atención la pose de aquel sujeto. Le recordaba a la que usaban los antiguos maestros jedis, una de las tantas que vio dibujada en los manuscritos que leyó.

¿De dónde había salido un jedi tan convencional y regido por sus normas de combate? ¿Por qué nunca antes lo había visto si era relativamente joven, como ella? ¿Luke y Leia lo conocían? Sin embargo, fue otra característica de él la que provocó que se saliera de sus cabales.

—¡¿Cómo te atreves a apropiarte de los sables que le pertenecen a la familia Skywalker?! —le gritó llena de ira, como si tocaran lo más preciado de su vida.

—Me han sido otorgados por los jedi. La razón me da igual. Mi maestra me indicó dónde estaban y fui por ellos. No sé para qué reclamas si tampoco son de tu propiedad.

—¡NO! ¡Tú no eres el heredero! ¡Suelta esos sables o lo lamentarás! —Se engrifó tanto, que Finn retrocedió varios pasos al ver la Oscuridad fluir desde ella.

Intensa e inestable eran las características que ahora conformaban la marca de Rey. Finn creyó que Ben al menos reaccionaría en algo al verla tan alterada, pero no. Realmente parecían dos personas que se acababan de conocer.

El celo de su amiga por aquellas reliquias de los Skywalker era evidente, mas su nuevo portador no se dio por aludido. Al contrario, mantenía su posición para atacar lo antes posible. Finn lo observó con cierto temor: ¿quería salvarla o eliminarla?

—Si la furia permanece en ti, como un fuego consumidor, seguirás alejándote de la redención —le informó Ben a la joven Sith, la cual aumentaba cada segundo su poder centrándose en sus emociones negativas.

—¡¡Cállate!! ¡Tú no me conoces! Nadie me conoce…

Quemaré, quemaré por ti

Con fuego y furia

Fuego y furia

Mi corazón duele, mi corazón duele por ti

Tu amor arde dentro de mí

Quema, quema, quema, quema…

Rey encendió su sable enrojecido, dispuesta a rebanar en pedazos a quien osó profanar la vivienda de los Skywalker en Tatooine, robándose los sables. Jamás perdonaría semejante falta de respeto, por más que los jedi del pasado se lo hubieran permitido. Esos cristales tenían un solo heredero de sangre y no dejaría sin castigo a quien opinara lo contrario.

De ese modo comenzó una pelea que Finn a duras penas podía seguir con la vista. Ambos eran extremadamente veloces y certeros con sus golpes. Verlos pelear le hizo comprender todo lo que le faltaba para manejar hábilmente su sable de luz.

Leia le impidió estrictamente intervenir, por eso no lo hizo, aunque deseaba hacerlo debido a lo poco amable que estaba actuando Ben con su Maestra. Las chispas de sus sables eran fulgurantes cada vez que chocaban: ella con rabia y él con esa determinación de acabar pronto con el problema. Rey era el problema.

Finn en ese momento lo comprendió. Se aterrorizó al entender que Ben no mediría sus actos con ella: él tenía una misión y no se iría sin cumplirla.

Rey cayó varias veces, agotada por la batalla más difícil de su vida. Había ido a ese templo en busca de más conocimiento sobre la inmortalidad, no para luchar contra un desconocido que parecía mucho más fuerte que ella. ¿Acaso ese era su castigo por ceder a sus malas inclinaciones? No se distrajo pensando en eso, pues su contrincante no le daba ni un minuto de alivio entre caída y caída. Por primera vez en mucho tiempo sintió que su vida estaba en riesgo; incluso más que las veces que peleó contra Kylo Ren.

«Fuego y furia» pensó Ben, sin poder conectar esas palabras con la voz que lo llamaba desde las lejanías. Palabras que él mismo repetía sin razón aparente.

Ben mantenía su semblante serio, intransigente. Finn palideció ante una decisión que, probablemente, ya estaba tomada cuando se reencontraron. Le gritó a su amiga para que se rindiera, pero ella no lo ignoró. Rey batalló con todas sus fuerzas, pero nada fue suficiente. En ese instante, Finn pudo asimilar lo hábil e inteligente que era el hijo de Han y Leia. De hecho, se le veía más poderoso y capacitado que antes. Supuestamente había recibido un entrenamiento especial. ¿Era solo eso o recién ahora mostraba todo su potencial? ¿Por qué no lo hizo cuando eran enemigos?

«Le corté la cara porque quería que fuera su aprendiz. Yo ni siquiera le contesté, solo lo hice. Mi respuesta era obvia: jamás traicionaría a la Resistencia. Creo que se distrajo con mi rechazo y por eso logré herirlo. Dudo que pueda hacer lo mismo una segunda vez»

Ambos se herían, pero ninguno a muerte. Siempre era igual, excepto ahora. Las circunstancias habían cambiado y ni Ben ni Rey eran los mismos.

Finn sintió que su alma se desgarraba cuando vio los golpes fatales: un sable atravesó el corazón de Rey desde su espalda y el otro, su estómago por el frente. Gritó desesperado al ver el cuerpo inerte de su amiga desplomarse en el suelo.

Ben apagó sus sables con su perfil apacible. Estaba satisfecho de haber cumplido con su labor.

—¡¿Cómo pudiste?! ¡Debías salvarla! ¡La mataste siendo que tú mismo le devolviste la vida! ¡¿Cómo olvidaste que la amabas?!

El dolor ante la pérdida era tan insoportable, que dijo cosas sin pensar. No obstante, nada de eso importaba ahora. Rey estaba muerta y se arrepintió de no haberse involucrado en la pelea entre ambos.

—No sé de lo qué hablas. No la conozco. Debía eliminar esta amenaza.

—¡Ella podía entrar en razón, pero no me escuchaste! Dime, ¿quién me la devolverá ahora? Sí quedaba Luz en su interior —sollozó Finn en el suelo, con el cuerpo de su maestra entre sus brazos.

—Su alma estaba conteniendo una herida latente y enorme. Desconozco su origen, pero la hundía más y más en su mal proceder. Por eso no tuve opción. Si estás seguro de lo que dices, entonces todavía hay esperanza.

—¿Esperanza?

—Lo percibí mientras luchaba contra ella. Las marcas negras que tiene en sus brazos es una representación del Lado Oscuro. No es la Rey real.

Finn iba a cuestionar sus conclusiones cuando el cuerpo de su amiga se esfumó de entre sus dedos. Como si fuera humo, todo desapareció; hasta sus prendas se desvanecieron. Solo quedó su sable de luz, el cual guardó con cuidado.

—¿Era una proyección? —Se asombró.

—No estoy seguro. Es mejor ir al lugar donde la viste por última vez.

—¡Pero eso fue hace tres meses! ¿Cómo va a estar allí entre las ruinas todavía?

—Llévame ahí cuanto antes.

—¡La atacaste sin piedad! ¡Me dijiste que no harías eso! ¡Si era una proyección, puede que igual esté muerta por tu culpa! —le recriminó mientras salían del antiguo templo.

—Sellaré las puertas de este lugar con enormes rocas para que nadie pueda entrar. Prepara tu nave para partir.

Ben estaba a punto de tapar la entrada del templo cuando una silueta oscura de su tamaño se posicionó frente a él. Aquel traje negro que parecía de la realeza le pareció extrañamente familiar. El casco que llevaba en su mano, también. Fue peor cuando vio el rostro del sujeto, como su reflejo.

Yo seré el que te encontrará

Yo seré el que te guíe

Escucha mis susurros en la oscuridad

—¡Ben! ¡Ya vámonos! ¡Te juro que, si Rey no sigue viva, haré el resto de tu vida un calvario!

Aquella distracción provocó que, al volver la vista a la entrada del templo, la silueta desapareciera. Ben se sacudió la cabeza y selló la entrada como planeaba. Debían irse lo antes posible de Malachor.

Durante el trayecto, Finn se comunicó con la Resistencia para que la mayor cantidad de miembros se uniera a la búsqueda de Rey. Dameron se escandalizó por todo lo ocurrido, insultando a Ben varias veces. Los gritos angustiados de Chewie tras él también reclaman la decisión del Jedi.

—Si creen que con eso me retractaré, están equivocados. Con esto protegí a la galaxia, algo que ustedes no pudieron hacer.

Finn terminó cortando la línea de comunicación, pues prefería que Poe y los demás se enfocaran en viajar pronto en vez seguir culpándose unos a otros. El semblante de Ben no evidenciaba que las palabras crueles de sus amigos le afectaran. Seguía sentado como si nada en el asiento de copiloto.

—Es normal que se comporten así. Están heridos. Todos queríamos mucho a Rey —le aclaró el moreno.

—Debe sentirse bien ser tan querido e importante para otros.

Su reflexión tenía un toque de tristeza que no pasó desapercibido para Finn. Aunque dudaba de cuándo vería la personalidad real de aquel hombre, sucesos como estos —que se repetirían más adelante— le daban pistas claras de su verdadero ser.

—Así es. Rey era la heroína del universo. Todos la querían. Me cuesta entender cómo llegó a este extremo. Ya no estaba sola, su hogar lo componíamos nosotros… Supongo que nada fue suficiente para ella —se lamentó, cabizbajo.

—Había mucha ira en ella, como si estuviera furiosa por recuperar algo que le arrebataron.

—O a alguien… —suspiró.

—¿Alguien? ¿Es una persona?

—Ella no fue sola a pelear contra el Emperador. Un usuario oscuro se le unió para vencerlo. Alguien que por años fue su enemigo, ahora era su aliado. Él no sobrevivió a la batalla.

Finn observó expectante a Ben después de contarle aquella verdad. El joven permaneció en silencio un momento, hasta que habló:

—La guerra siempre nos quita a alguien que amamos.

—¿Peleaste durante la guerra contra la Primera Orden? —Quiso saber, ilusionado. Esas palabras le hicieron pensar en la posible relación que Ben tenía con Leia. ¿No aplicaban también a Rey?

—No.

—Entonces, ¿cómo lo sabes?

—No es difícil imaginarlo. Ahora dejémonos de suposiciones y dime cómo es ella en realidad. En cuanto lleguemos a Korriban, debemos rastrearla.

—¿Te refieres a Rey? No es muy diferente a lo que viste. O sea, sí es menos tétrica —rio nervioso—. Su cabello es castaño y casi siempre lo lleva amarrado. No es así de pálida. Más bien, su piel es bronceada con algunas pecas que la hacen ver más bonita. Sus ojos pardos a veces tienen rasgos melancólicos, pero normalmente hay bondad en ellos. Su sonrisa es su mejor característica.

—Eso no me interesa —lo interrumpió en seco—. No te preguntaba por su físico o su personalidad. Me refiero a lo que vuelve especial su marca en la Fuerza.

—¡Ah! Entendí mal. —Volvió a reír, más nervioso que antes—. Pero sí es muy bonita. Creo que es la chica más hermosa que he conocido en mi vida.

—Bien por ti. Ahora respóndeme lo que pregunté.

—¿No la encuentras atractiva? Porque ese tono de voz parece la de un hombre celoso.

—Es lo más ridículo que he oído de ti hasta ahora.

—Yo me rendí con ella. Preferí verla como mi maestra desde que me comenzó a enseñar el camino luminoso de la Fuerza. Alguien más le arrebató su corazón antes que yo —mencionó sin poder ocultar su fracaso.

—¿Quién?

—Pensé que su vida no te importaba.

Ben se sonrojó por completo por su impulsiva curiosidad. Solo lo preguntó para seguir la conversación, no porque tuviera un interés real en saber sobre los intereses amorosos de Rey. Sin embargo, la vergüenza lo invadió por la forma inquisitiva en la que Finn lo miraba ahora.

—No me interesa. Olvídalo. Deja de desviar el tema y describe lo que te pedí. Solo distingo su marca oscura y eso no nos servirá ahora —contestó enojado.

—De acuerdo. No es para que te molestes tanto. Te la describiré lo mejor que pueda.

Al aterrizar en Korriban, los miembros de la Resistencia ya estaban allí. Habían trasladado y removido kilómetros de ruinas, sin lograr hallar a Rey. Zorii, Hannah, Rose y la Teniente Connix ya no sabían dónde más buscar.

Cuando vieron al Halcón Milenario aterrizar, Chewie y Poe fueron armados a su encuentro, dispuestos a enfrentar al asesino de su amiga.

—¡Hey, bajen eso! ¡Se supone que no está muerta! Es confuso, lo sé. Ni yo entiendo bien todo esto. Solo dejemos que él la busque —los calmó Finn, al bajar primero de la nave.

—¿Y quién dice que no la atacará de nuevo? Ya no confío en él y tú tampoco deberías hacerlo —lo increpó Dameron.

—No tengo opción. Si Ben considera que existe una forma de encontrarla, entonces aceptaré sus condiciones. Ahora déjenlo que lo haga a su manera.

Ben bajó del Halcón sin hablar, con la vista fija en el horizonte. Caminó durante casi una hora y se sentó a meditar en una colina alta. Todos lo miraban estupefactos por su actitud.

—¿Se va a sentar ahí? ¿Eso es todo? —alegó Rose—. ¡Debería ayudarnos a quitar rocas usando la Fuerza!

—La está buscando. Dejen las labores hasta que nos diga dónde puede estar —aclaró Finn—. Yo no tengo un entrenamiento tan avanzado para esto. Espero que él si pueda detectarla a una mayor distancia.

A esa altura el silencio era abrumador. Silencio necesario para conectarse directamente con la Fuerza sin la interrupción de todos quienes trabajaban en el sector. Ben respiró profundo una y otra vez. Repitió en su mente la conversación que tuvo con Finn, con el propósito de canalizar correctamente aquellas características y transformarlas en su marca:

«¿Por dónde empiezo? Solo te puedo decir que es cálida, como ese sol que te despierta al amanecer. Tan radiante que a veces te deja un poco ciego, porque ella no se detiene. Es muy persistente. Fulgura todo el tiempo, como si con eso tratara de completar las falencias de los demás. Fulgura tanto que a veces pienso que está ocultando algo, una parte de ella que le falta. Es avasalladora en todos los sentidos. Creo que es la sensación más agradable que he experimentado. Es pura, inocente, luminosa… pero solitaria.»

Ben se concentró y utilizó todos sus recursos para identificarla. Debía hacerlo. No se iría de ese planeta sin conocer su ubicación. El problema era que todavía dudaba de si estaba viva o no. ¿De verdad había sido muy drástico al matarla? ¿No era eso lo que los Jedis esperaban de él? ¿Debía darla por muerta si no la sentía? ¿Era la descripción de Finn fidedigna? ¿Cómo identificar a alguien que no conoció antes?

Ahora deseaba encontrarla simplemente para que los amigos de la joven no se desquitaran con él. Cerró los ojos de nuevo… ¿Y si la llamaba invocando a la Fuerza?

Si me congelo, tú eres la llama

que derrite mi corazón,

me empapo bajo tu lluvia, lo sé.

Siempre tendrás lo mejor de mí…

El destino tiene control sobre mí

Supongo que nunca conocí el amor

como el amor me conoce, porque…

Necesito sentirte aquí conmigo

Ahora sí entró en pánico. Abrió los ojos asustado, porque eso no era lo que planeaba decirle. Tampoco esperaba una respuesta tan rápida. Empezó a cuestionarse si era su voz o no. Quizás era otra mujer. ¿Cuál mujer? Creyó que la falta de alimento le estaba provocando alucinaciones. Cuando se levantó para retirarse en busca de comida, una presencia tras él llamó su atención.

—Mientras la Diada esté rota, la Oscuridad volverá a alzarse. Debes encontrarla, Ben.

—¡Maestra! Me he esforzado por horas. ¿Esa es mi misión ahora? ¿Reunir a la Diada? Ni siquiera sé quiénes la componen. Además, escucho una voz extraña.

—No impediré que la Fuerza te muestre lo que necesitas saber. Debes apresurarte. Ella está viva.

La figura brillante de la togruta desapareció frente a sus ojos, a pesar de su confusión. Se sentó de nuevo, frustrado por su fracaso. Entonces meditó en si la estaba buscando de la manera apropiada.

«—No sé porqué quieres separar su apariencia de su marca en la Fuerza. Para mí, es un todo. La Fuerza reúne a todos los seres vivos del universo. Todos nos vemos y actuamos de cierta manera. Eso me explicó Rey y no creo que esté equivocada. ¿O me vas a negar que es bonita?

—No es un rasgo relevante para mi propósito.

—Tal vez, pero su mirada sincera también ilumina.»

Ben se la imaginó lo mejor que pudo: audaz, decidida y amigable. Solo así la pudo ver mojada bajo la lluvia, en medio de las olas… Pero sus ojos no transmitían la luz que le indicó Finn: era tristeza, rabia y soledad.

Puedes detener el dolor

Porque tú eres lo único que necesito

Su marca indeleble apareció y Ben corrió hacia ella. Era justamente donde Finn dijo que la vio por última vez, dentro de una de las cuevas demolidas.

—¡Ayúdame! ¡Está aquí abajo! —le pidió al moreno.

—¿Qué? Pero si ya despejamos todo el lugar y no hay nada —lo criticó Zorii, al creer que estaba mintiendo.

—Es abajo. Mucho más abajo…

—Hay teorías de un monasterio subterráneo. Nunca pude averiguar su ubicación exacta —intervino Beaumont al escuchar la conversación—. No es ilógico pensar que Rey pueda estar ahí. El problema es cómo entró si no vemos nada sospechoso.

—Yo vi algo raro en el suelo —acotó Jannah—. Síganme, es por aquí.

Jannah los guio a un sector donde habían quitado las ruinas y les mostró el extraño dibujo que estaba tatuado en la tierra. Era negro, como si estuviera quemado ese diseño en el suelo.

—¡¿Por qué no nos dijiste antes, Jannah?! —le reclamó Finn

—Hay muchos símbolos raros aquí. No pensé que este sería importante.

—Es igual al que Rey tenía tatuado en sus brazos —murmuró Ben, concentrado en el dibujo en vez de la discusión—. Finn, entrégame el sable de Rey.

—¡No! Yo mismo se lo devolveré. Deja de robarte sables que no te pertenecen.

—¡No me los robé! ¡Deja de contradecirme y dame el maldito sable!

Se lo arrebató sin permiso de su cadera. Lo encendió e inmediatamente clavó la hoja carmesí en medio del dibujo. Cuando el suelo empezó a temblar, todos se alejaron de Ben, menos Finn, quien permaneció a su lado.

Cuando se abrió un hueco en el terreno, como si fuera una rústica escala hacia abajo, Ben entró de inmediato. El moreno fue tras él, sin saber exactamente qué estaba pasando. El resto de sus amigos habría hecho lo mismo; no obstante, el terreno se selló luego de que los dos usuarios de la Fuerza ingresaron. Solo quedó el sable encendido y clavado.

Aquel subterráneo debía estar oscuro y frío, pero era todo lo contrario. Finn comenzó a sudar sin parar debido al calor y a las llamas que amenazaban con quemarlo en cualquier instante.

—¡¿Qué está pasando?! ¡¿Qué es este lugar?! ¡Parece un incendio!

—No te asustes. Es solo un reflejo de la ira y del odio. Las llamas no son reales. El calor tampoco lo es. Solo intenta jugar con tu cabeza —lo calmó Ben.

—¿Quién?

—El Lado Oscuro. Siempre se aprovecha del dolor y de tus miedos.

Cuando Finn aplicó los consejos de Ben, la amenaza disminuyó, aunque seguía latente. De pronto, notó a lo lejos algunas columnas de cristales.

—¿Eso es un cristal kyber? Es enorme —le comentó, indicándole a Ben el sector.

—Sí, pero hay alguien adentro.

Cuando se acercaron, la vieron dentro del cristal rojizo. Permanecía en pie, petrificada, con el rostro dormido.

—¡¡REY!! —exclamó Finn, dando golpes al cristal, el cual no se quebró por más fuerte que golpeó.

Encendió su sable e intentó cortar un extremo para sacarla de allí, provocando que el cristal reaccionara negativamente. Ambos salieron volando por la onda expansiva que el cristal desencadenó.

—¡Deja de maltratar al cristal! Ellos perciben las emociones y actúan según eso. Si sigues alterado, nos volverá a atacar —lo censuró Ben, adolorido por la caída.

—¿Y qué hacemos?

—Ella tiene que desear que el cristal la suelte. Debemos hacer que cambie de opinión; que ya no quiera estar aquí. Eres su amigo, háblale.

Ben se preocupó cuando los discursos bien fundamentados de Finn sobre la amistad no funcionaron. Tratar de partir el cristal en su base tampoco era una opción, pues terminarían heridos todos. Sin tener más opción, apartó a Finn y optó por repetir algunas frases que seguían dando vuelta en su cabeza: las mismas relacionadas a esa mujer extraña, aunque no entendía lo que significaban en realidad.

Deja que todo caiga al polvo

No pueden rompernos a los dos

Estamos seguros en la fuerza del amor

Tu amor arde dentro de mí

Con fuego y furia

—¡¿Qué?! ¡Oye, me dijiste que Rey no te gustaba! —se escandalizó Finn por esas palabras.

—¡Estoy repitiendo lo que la Fuerza me indica!

—¡Mentiroso!

—¡Solo intento algo diferente porque lo que hiciste tú fue inútil!

—¡¿Cómo que inútil?!

Ambos se quedaron callados cuando el cristal comenzó a brillar. Su tono rojizo pronto cambió a cobrizo, luego a dorado, hasta que se quebró. Finn fue en auxilio de su amiga, antes que se estrellara contra el piso. Intentó hacerla despertar, pero ella seguía aletargada.

—Llévatela en brazos. Debemos salir pronto. Está temblando otra vez.

Finn intentó cumplir las órdenes de Ben, pero su amiga pesaba más de lo esperado. Aunque era delgada, también era muy alta. Eso incrementaba el peso, además que en estado de inconsciencia ella no aportaba en nada para compensarlo.

—¿Qué te pasa? ¿Por qué la arrastras?

—Es que… pesa más de lo que creí —se quejó.

—Cuando despierte, le diré que la llamaste gorda. Así se enojara contigo y desquitará todo su odio contra ti, y no con el resto de la galaxia.

¿Era eso un chiste o una posible realidad? Finn no tuvo tiempo para pensarlo. Solo comenzó a correr hacia la salida mientras Ben tomaba a la joven en brazos para después colocársela en uno de sus hombros. No podía tener ambas manos ocupadas con ella si requería el uso de su sable de luz.

Finn fue el que destruyó todos los objetos contundentes que caían entorpeciendo el escape y echó abajo la salida que permanecía cerrada. Gracias a eso, lograron escapar ilesos. De pronto, el terreno comenzó a ceder y el lugar donde estaba la marca tatuada en el piso cayó en un socavón, junto con el sable incrustado. Todos los miembros de Resistencia huyeron de la zona, hasta que el deslizamiento de tierra se detuvo.

La conmoción por lo ocurrido era enorme, mas saber que habían encontrado a Rey superó aquel susto. Gran parte de la Resistencia se reunió alrededor de Ben, quien se arrodilló para acomodar a la joven en el suelo. Algunos comenzaron a llamarla, pero el jedi los obligó a callarse. Ben la miró fijamente mientras ella despertaba: era tal cual como Finn se la describió.

Cuando Rey abrió los ojos, lo primero que vio fue a un hombre mirándola con descaro. Al menos eso se imaginó por la forma en que no le sacaba los ojos de encima. Eso la perturbó, pues no lo conocía.

—¿Quién eres? ¡Aléjate! No me toques. —Se arrastró para separarse de él.

—Yo te salvé. Enójate con tu amigo. Él te llamó gorda —acusó a Finn, indicando al moreno con su dedo índice—. Lamento anunciar que tendrás que construirte otro sable de luz.

La mente de Rey colapsó. La frase "Yo te salvé" no eran consecuente con aquel extraño. A ella la había salvado una sola persona, la misma que cambió su vida por la de ella. Deseaba gritarle a aquel sujeto por atreverse a decir algo como eso, pero no alcanzó. Todos sus amigos se le acercaron para abrazarla, lloriqueando de la felicidad.

Ben se puso de pie y se apartó de la muchedumbre. Para él, su misión estaba concluida. Al menos la primera parte. Todavía quedaba pendiente lo que le mencionó su maestra, sobre la Diada de la Fuerza.

—¿A dónde vas? —le preguntó Finn

—Cumplí mi promesa de devolverte a tu amiga. Ahora tengo otros asuntos que atender. Debo irme.

—Pero no tienes nave aquí. Debes devolverte conmigo. Además, vamos a celebrar. Gracias a ti todo esto fue posible.

—No creo que haya razones válidas para celebrar. Sospecho que tu amiga fue embaucada. Alguien se aprovechó de su vulnerabilidad y potenció su Oscuridad.

—¿Otro Sith?

—No puedo asegurarlo. Por ahora me basta con que me lleves de regreso. ¿Es mi idea o ella me está mirando con rencor?

—¿Rey? No… bueno, sí te está mirando raro. Ella es muy desconfiada. Cuando te conozca mejor se le va a pasar.

—Solo llévame de vuelta.

—¿Ni siquiera para averiguar lo que realmente pasó? Rey acaba de decir que "alguien" la llamó a ese lugar y por eso entró.

—Entonces mis suposiciones son ciertas. De todas formas, ya hice suficiente por ella. Tiene que enmendar sus errores y averiguar lo que sucedió por sí misma.

—Quizás no logre hacerlo. Tú tienes más experiencia que ella. Rey ha aprendido casi todo sola. Necesita que alguien la guíe y yo también. Me sorprende todo lo que eres capaz de hacer.

—¿Me estás pidiendo que me quede para enseñarle a ella y a ti más sobre la Fuerza?

—¡Finn! ¡¿Qué estás haciendo?! ¡No hables por mí! —los interrumpió Rey—. No necesito sus enseñanzas. Estoy bien así.

—¡No, no lo estás! —la contradijo el moreno, para sorpresa de la joven—. ¡Si estuvieras bien nada de esto habría pasado! ¡Tenemos que arreglar todo este lío y él nos puede ayudar!

—No quiero su ayuda. No lo conozco.

—Lo enviaron los Jedis para detener a tu versión oscura. Se llama Ben.

En cuanto escuchó ese nombre, Rey comenzó a temblar. Lo observó asustada, porque no era para nada el Ben que ella recordaba.

—Es un alcance de nombre, no te descompenses —añadió después de verla así, pero su explicación no la ayudó a calmarse.

—No te preocupes. No permaneceré con ustedes, así que quédate tranquila. No tengo tiempo para enseñarles. Mi prioridad ahora es restaurar la Diada de la Fuerza.

Si escuchar su nombre en otra persona ya la había desequilibrado, oír a ese extraño hablar de la Diada de la Fuerza fue peor. Ver en su cadera ambos sables Skywalker terminó por colapsarla.

—¡¿Restaurarla?! ¡¿Qué crees que intenté hacer durante este tiempo?! ¡Es inútil! ¡Él está muerto y nada me lo va a devolver! ¡No me des falsas esperanzas, porque sé que mientes! —le gritó enfurecida en medio de su amargo llanto—. ¡Y devuélveme esos sables!

La joven intentó quitárselos, pero él la evadió con prontitud.

—¿A qué te refieres? ¿Conoces a quiénes la componen? Necesito esa información —le pidió cortésmente.

—¡No tengo nada que hablar contigo!

—Según él, los Jedis le permitieron usar esos sables —agregó Finn, fallando otra vez en su intento por calmarla.

—No me importa. No le pertenecen. La familia Skywalker fue muy importante para mí. —Observó resentida al intruso.

—Puedo darte uno mientras construyes el tuyo. Si llegamos a ese acuerdo, ¿me contarás sobre la Diada?

Rey bufó irritada ante lo que consideró una provocación. Aquel hombre solo quería información, sin tener consideración por sus sentimientos.

Como los demás ya estaban preparando sus naves para regresar, Finn se alejó de aquel par y subió al Halcón. Minutos después los llamó para que se unieran a él. Ambos ingresaron en silencio, pues no abrieron la boca en su ausencia. Se habían quedado inmóviles: él sin entender porqué ella no quería hablarle y ella negándose a recibir apoyo de un forastero de dudosa procedencia.

—Una vez que lleguemos a la base, deja que se vaya. No tengo la intención de hablar sobre mis asuntos con él. Ni siquiera entiendo qué pretende —le murmuró Rey a su amigo, mientras comían a solas en una zona apartada del Halcón.

—Entonces pregúntale para qué quiere saber esas cosas.

—Si fuera relevante, los jedi me lo habrían dicho. Quizás solo quiere hacerse el interesante, eso me molesta. Es testarudo y hasta arrogante. Cree que todos tenemos que hacer lo que él quiera. ¿No es eso desagradable?

—¿No te recuerda a alguien?

El rostro de Rey se contrajo debido a la inoportuna pregunta. Sin siquiera tener tiempo para responder, Finn le sonrió y continuó:

—Sé amable y contesta sus dudas. Lo quieras aceptar o no, él te rescató de un aprieto que tú misma te buscaste. Al menos demuestra un poco de agradecimiento.

Con esa reflexión Finn se alejó de ella para volver a la cabina. Ben había ido a dormir luego de comer, así que obligó a Rey a permanecer en silencio.

Finn no sabía si Leía y los demás Jedis estarían de acuerdo en que la pareja permaneciera junta; sin embargo, consideró que si ella seguía sin reconocerlo era por una buena razón. Él tampoco daba indicios de recordar algo. Aquello lo tranquilizó, pues nada impedía que se comunicaran en esas condiciones.

Más allá del hecho de fallarle a Leía en ese asunto, temía por el bienestar de Rey y del resto de la galaxia. Alguien pretendía manipular a su amiga y él no lo permitiría otra vez. Se convertiría en el jedi que deseaba ser y la protegería. Aprendería de Ben para ser igual de diestro, aunque Rey no lo aprobara. ¿Y si algún día ella logra ver sus tatuajes? ¿Qué significan realmente esas marcas? ¿Está tan mal que ella se entere de la verdad?

—Si sigues con esa cara de angustia me vas a obligar a leer tu mente —lo amenazó la castaña.

—No es nada. Solo recordé algunas cosas. En realidad estoy feliz de tenerte conmigo. No vuelvas a asustarme de esta manera. Te queremos, Rey, tal como eres.

Rey sonrió avergonzada. Asintió con el rostro y ambos mantuvieron un silencio cómplice. La amistad entre ellos era fuerte, aunque ella temía no merecer su admiración debido a lo que causó. De todos modos, ahora su problema mayor era identificar a quién la engañó y que ese sujeto extraño que apareció en sus vidas no fuera cómplice de eso. ¿De verdad venía a ayudarla o era una trampa?


Es un final abierto que quizás en algún momento tenga un episodio donde se aclaren estas dudas. Saludos y gracias.