Notas de la Autora: Holas! Aquí de nuevo con el siguiente capítulo. A partir de aquí, la verdad es que a mi me gusta, pues poco a poco comenzara a ponerse más interesante! Espero que también a ustedes les guste este nuevo capítulo!

En cuanto a sus comentarios, muchas gracias a Macka14, AnaM1707 y Abril Elena por tomarse su tiempo en escribirme! Ya saben que les respondo en el área destinada a ello! :D

Disclaimer: Ya saben que nada de este mundo me pertenece, todo es de la queridísima J.K. Rowling, yo solo lo manipulo para mi entretenimiento :D


Capítulo 7: La Cámara De Los Secretos

- Levántate, Draco – le ordenó Snape, pero aunque lo intentó, le fue imposible. Los brazos y las piernas le temblaban demasiado, y sólo podía mantenerse arrodillado y con las manos apoyadas en el suelo con mucho esfuerzo, para no terminar directamente recostado en el mismo – Debes esforzarte más. Tu fuerza de voluntad aun no es lo suficientemente fuerte como para oponer resistencia real – observó con acritud, antes de mirar a Granger, que seguía hincada en el suelo a la izquierda de Harry, todavía temblando y ligeramente encogida en el suelo, por lo que dirigió su mirada a Harry en el centro del aula - ¿Seguimos entonces contigo? –

Harry aspiro aire, dándose ánimos antes de ponerse de pie con algo de trabajo. Dado que su entrenamiento en Oclumancia estaba más avanzado, podía resistir un poco más de lo que en esos momentos podían Draco y Hermione.

- Estoy listo – respondió sosteniendo su mirada.

Snape asintió con la cabeza y le apunto con la varita. Entro a su mente y se movió por ella sin problemas, pero con la experiencia que tenía como Oclumante, supo que Harry le estaba cediendo el paso, y que el panorama que veía, era en muchos sentidos falso, algo que le hizo sentir satisfecho. Aún le faltaba práctica, porque había momentos en que se notaba que aquello era falso, pero estaba demostrando una habilidad poco común para manejar y moldear su mente, así que no dudaba que pudiera convertirse en un Oclumante experto, incluso antes de los quince años si seguían trabajando como hasta ese momento. Draco también parecía tener talento para la Oclumancia, y aunque en ocasiones tenía algunos problemas, sobre todo ahora que iba comenzando, creía también que podría dominarlo antes de los quince años, y ser un experto antes de salir el colegio. Granger era un caso aparte. Su mente era más dura, más cuadrada, poco flexible y libre para ser moldeada, así que aprender Oclumancia le costaría bastante trabajo, sin embargo, con lo terca que era, no dudaba que conseguiría dominarlo antes de salir del colegio, y quizás si seguía, años después podría ser una experta.

- Bien, Harry – convino, saliendo de su mente, y Harry exhalo el aire, sintiendo ligeros temblores en su cuerpo mientras se inclinaba ligeramente hacía adelante, apoyando las manos en las rodillas tratando de reponerse – Lo estás haciendo bien, cada vez lo dominas más, aunque mantener la concentración por largos periodos aún te cuesta trabajo. Conforme más largo es el escrutinio, comienzas a perder firmeza –

- Lo sé, lo note – convino Harry entre resuellos.

- Por hoy lo dejaremos hasta aquí; Supongo que querrán asistir a lo que queda de la celebración de Halloween. Draco y Granger, sigan estudiando la teoría, y Harry, necesito que trabajes más en mantener tu mente despejada por largos periodos – les indico a cada uno mientras revisaba un estante, y sacando tres frasquitos, se acercó a dárselos – Beban – aquella era una poción revitalizante que Snape siempre les daba al terminar, y que los tres bebieron sin dudar – Ahora pueden marcharse –

Asintieron con la cabeza ante las palabras del Profesor, y con algo más de energía, se encaminaron a la puerta, saliendo del aula en silencio.

- Sólo quiero ir al cuarto a dormir. No tengo nada de ganas de ir a ninguna celebración – murmuró Harry después de algunos minutos de caminar por los pasillos de las mazmorras. Arrastraba los pies, y había comenzado a estirar un poco el cuello porque lo sentía ligeramente engarrotado.

- Pero debes cenar, lo sabes – objeto Hermione – La otra noche también te fuiste a dormir sin cenar, ¿Cierto? La Profesora McGonagall dijo que era importante cuidar nuestras comidas con el desgaste de energía extra que estamos teniendo por el entrenamiento –

- No estamos muy lejos del Gran Comedor, vamos, cenamos un poco, y regresamos – le intento animar Draco – De todas formas yo también estoy cansado y quiero dormir pronto –

Harry estaba por protestar, cuando de nueva cuenta escucho aquella voz que tenía semanas sin oír y que le hizo detenerse en seco.

- Matar… Desgarrar… Quiero matarte… Matar… - decía con aquella voz helada, lúgubre y ponzoñosa.

- ¿Harry? – le preguntó Hermione al verlo detenerse, deteniéndose también junto con Draco.

- Shhh – le pidió Harry, llevándose el dedo a los labios en señal de silencio. Trataba de volver a escuchar, aguzando el oído mientras miraba alrededor.

- Estas escuchando esa voz de nuevo, ¿Verdad? – preguntó Draco al ver lo que hacía, mirando también alrededor alerta.

- Si… - murmuró Harry, acercándose a la pared.

- Bueno, entonces deberíamos regresar con el Profesor Snape – sentenció Hermione, mirando alrededor preocupada.

- Voy a matarte… Sangre fresca… Huelo sangre fresca… Quiero sangre… - murmuró la voz, y Harry trago saliva al escucharla.

- Hermione, ve y busca a Snape – le indico, mirando a la chica de reojo.

- ¡Debemos ir todos, Harry! – protesto de inmediato Hermione.

- Si, pero sólo yo puedo escuchar esa voz… Seguiré escuchándola mientras tú vas por el Profesor Snape y lo traes hasta aquí. Quizás si logro guiarlo hasta el lugar del que viene esa voz, podamos atrapar a esa cosa antes de que en verdad termine matando a alguien – le explicó Harry mientras sacaba su varita, y al verlo, Draco también hizo lo mismo, mirando algo nervioso alrededor.

- No creo que sea lo mejor – respondió Hermione testaruda.

- Con el broche que llevas podremos mantenernos en contacto – le pidió Harry – ¡Por favor, ve! –

- ¡Pero no es lo correcto! – refuto la chica ansiosa.

- ¡Ve! – casi le grito Harry, y Hermione saltó al escucharlo.

- ¡Diablos! – mascullo, y dándose media vuelta, saco su varita y corrió de regreso a la oficina, tratando de ser tan veloz como podía, para no tardar demasiado.

Ambos la vieron alejarse, antes de que Draco se animara a hablar.

- ¿Qué haremos mientras regresa? – quiso saber.

- Esperaremos… Deje de escuchar la voz… - le respondió Harry, tratando de aguzar el oído.

- Creo que Granger tenía razón, debimos haber ido todos con el Profesor Snape – quiso decirle pese a todo, sin dejar de mirar a todos lados del pasillo alerta.

- ¿Y porque no lo dijiste? – le preguntó Harry mirándolo de reojo.

- Porque es mejor que alguien se quede contigo, a que nadie lo haga – le respondió Draco, y presiono el broche una vez - ¿Nos escuchas, Granger? –

- Si – respondió la chica pocos segundos después – Ya casi llego a la oficina de Snape –

- Sangre fresca… Te matare… Te matare… - susurro de nuevo la voz, y Harry saltó al escucharla, haciendo saltar a Draco también, que aunque no la escucho, estaba demasiado alerta en esos momentos.

- ¿La escuchas de nuevo? – le preguntó preocupado.

- Si… - respondió escuetamente Harry, antes de comenzar a caminar, con el oído cerca de la pared – Pero no parece que este aquí abajo, más bien parece… Parece como si viniera de arriba… ¿Cómo rayos es que se escucha hasta aquí? –

- No sé si quiero averiguarlo… - mascullo Draco que seguía a Harry de cerca.

- ¡No vayan, Harry! – les advirtió Hermione preocupada - ¡Ya casi llego con Snape! – y por el broche se escuchó como la chica llamaba con fuerza a la puerta.

- ¿Sigues escuchando la voz? – preguntó Draco.

- Ahora no, pero parece… Feliz… - respondió Harry inseguro.

- ¿Qué quiere, señorita Granger? – escucharon la voz del Profesor a través del broche.

- ¡Señor, acompáñeme por favor!, ¡Harry volvió a escuchar la voz!, ¡Se quedó casi al terminar los pasillos de las mazmorras en compañía de Malfoy, para tratar de seguir escuchando la voz! – le explicó apresuradamente entre jadeos por la carrera.

- ¡Mocosos insensatos! – escucharon decir a Snape, y luego una puerta cerrarse.

- Seguimos aquí, no nos hemos movido demasiado – quiso hacerle saber Harry, y no se dio cuenta porque no estaba ahí, de que Snape se sobresaltó al escuchar la voz, mirando a la chica confundido.

- ¿Fue Harry? – le preguntó mientras corría.

- Sirius nos dio unos broches que sirven para comunicarnos – le explicó Hermione corriendo detrás de él.

- Ese pulgoso – mascullo Snape sin dejar de correr, aventajando incluso a la niña.

- Te huelo… Te huelo… Sangre fresca… - dijo la voz, y Harry se estremeció.

- ¿No escuchas ni siquiera un siseo, Draco? – le preguntó Harry, y el rubio le miró, antes de prestar atención, aguzando el oído lo más posible, pero negó con la cabeza.

- No escucho nada – le respondió, casi al tiempo que Snape iba llegando.

- Vamos, los llevare con el Director – les aviso.

- No Profesor – objeto Harry negando con la cabeza – Nadie más que yo puede escuchar a esa cosa. Esa cosa esta recorriendo los pasillos del castillo y puede matar a alguien. Ahora que la puedo escuchar, deje que lo lleve hasta donde la oigo. Podríamos detenerla antes de que cumpla lo que dice –

- No es lo ideal – le respondió Snape – Debo llevarte a donde estés a salvo, Harry. Creí que lo habías entendido –

- Si, pero según lo que hablamos, yo tampoco iba a alejarme si puedo ayudar, ¡Y en este momento puedo ayudar! ¡Profesor, podemos detener esa cosa! – trato de hacerle ver Harry con cierta desesperación.

- ¡No puedo cuidar de ustedes tres, y aun no sabemos a qué nos enfrentamos! – le espetó Snape – ¡Es muy peligroso! –

- ¡Entonces llamemos a Dumbledore, que venga y nos acompañe, incluso a la Profesora McGonagall, seguro que 3 magos adultos que han participado antes en una guerra, pueden responder a lo que sea que esta por los pasillos en estos momentos! – observó Harry sin dar su brazo a torcer, y Snape gruño.

- ¡Se trata de tu vida, maldito mocoso! – le espetó Snape.

- ¡Mi vida no está corriendo peligro, pero hay una vida que puede si estarlo corriendo, y que podemos ayudar!, ¡Estoy pidiendo que me ayude a idear un plan, para poder ir!, ¡Debemos detener eso, y yo quizás no pueda, pero puedo llevar hasta ahí a alguien que si puede! – le hizo ver.

- Creo que Harry tiene razón, Profesor – se animó a opinar Hermione con cierto nerviosismo, y aun resollando ligeramente por la carrera que había hecho previamente – Yo puedo ir a avisar al Director y a la Profesora McGonagall mientras ustedes van, así ellos los alcanzaran –

- Te matare… Te matare… - susurro la voz, y Harry se sobresaltó al escucharla, mirando a todos lados, antes de mirar al Profesor Snape.

- ¿Iremos? – le preguntó.

Snape hizo una mueca ante la pregunta.

- Maldito mocoso – mascullo - ¡Pero se quedarán detrás de mí los 3! – y haciendo una floritura con su varita, de esta surgió un ciervo elegante y delicado de color plata – Apareció esa cosa. Harry la está escuchando. Iremos a ver. Alcáncennos – dijo, e hizo otra floritura.

El ciervo inclino suavemente la cabeza, y se alejó esfumándose en una suave estela.

Los tres miraron aquello curiosos, pero no hubo demasiado tiempo para las preguntas.

- Se escucha arriba – le indicó Harry, y Snape, con la varita aun en la mano, comenzó a andar hacía las escaleras, siendo seguido por Harry que a pocos pasos de distancia le iba indicando por dónde ir cada que lograba escuchar la voz de nuevo, y detrás de él, Draco y Hermione cerraban la comitiva.

- Por fin… Por fin… Tantos siglos… Tanto tiempo… Por fin es la hora de matar… - susurró de pronto la voz, y había tanta excitación en aquella helada y ponzoñosa voz, que Harry se estremeció al escucharla.

- ¡Vamos! – apremió a Snape, comenzando a caminar a su lado a paso rápido mientras todos lo seguían, pero al doblar uno de los tantos pasillos, la mano de Snape se posó firmemente sobre su hombro impidiéndole avanzar más.

Hermione detrás de él soltó un grito ahogado, mientras él simplemente no podía dejar de mirar aquello que colgaba lúgubremente debajo de una de las antorchas. Lentamente se acercaron.

En uno de los muros, había unas enormes y llamativas letras pintadas.

- La Cámara de los Secretos ha sido abierta. Enemigos del Heredero, Temed – leyó Draco, pero eso no era lo que Harry veía conforme se acercaban, sino aquello que colgaba de una de las antorchas.

- Es la señora Norris… - murmuró Hermione con la voz ahogada y temblorosa detrás de Harry, acercándose junto con él.

- ¿Pero quién pudo hacer esto? – preguntó Harry, y al dar uno de los pasos para acercarse más, se resbalo con el agua, cayendo de sentón en el suelo mojado.

- ¡Cuidado! – exclamó Hermione, ayudándolo pronto a pararse.

Justo en ese momento, de una de las esquinas dieron vuelta Dumbledore y Minerva, siendo guiados por el ciervo de Snape, que inclinando la cabeza ante éste, se desvaneció.

- ¡¿Qué paso?! – preguntó Minerva mirando atónita la escena.

- No encontramos a nadie cuando llegamos, pero dejaron esas letras y a la gata de Filch, aunque no estoy seguro de si está muerta – les explicó Snape.

Justo en ese momento, el sonido de muchas voces y pasos andando hacía ellos se dejó escuchar segundos antes de que los alumnos inundaran el corredor en ambos lados, deteniéndose casi al siguiente segundo al ver la escena, permaneciendo en un silencio casi abrumador, ante la presencia de Dumbledore y dos Profesores ahí.

Hermione vio lo cerca que estaban de la gata, por lo que jaló de manera discreta a Harry, tratando de alejarse algunos pasos cuando menos de ese lugar.

- ¿Qué está pasando aquí?, ¿Por qué estorban los pasillos? – preguntó la voz de Filch, y Hermione se aferró con fuerza al brazo de Harry.

Cuando éste llegó hasta el frente, abrió los ojos enormemente al ver a su gata así.

- ¡Señora Norris!, ¡Señora Norris! – exclamó desesperado.

- Tranquilízate Argus – le pidió Dumbledore mientras se adelantaba para mirar a la gata – Prefectos, acompañen a los alumnos a sus dormitorios – ordeno mientras la examinaba.

Harry, Draco y Hermione pretendían irse, cuando Dumbledore hablo de nuevo.

- Ustedes tres esperen – les indico señalándolos, lo que causo cierto murmullo entre los estudiantes – Los demás retírense – agregó al ver que los alumnos volvían a detenerse, y ante esas palabras, los Prefectos se apresuraron a guiar a los Alumnos a sus dormitorios.

- ¡¿Qué tiene?!, ¡¿Qué le hicieron?! – exigió saber Filch, y entonces miró a los tres chicos - ¡¿Fueron ustedes?!, ¡¿Ustedes lo hicieron?! –

- No fueron ellos, Filch – respondió Snape impasible.

- ¡¿Entonces quien fue?!, ¡¿Quién se atrevió a matar a mi gata?! – exigió, y era tanto el dolor que mostraba, que Hermione no pudo soportarlo, y sintiendo las lágrimas saltarle, oculto su rostro en el hombro de Harry aferrándose a su cuello, mientras éste la rodeaba con uno de sus brazos, palmeando su espalda para darle ánimos, y tratando de darse ánimos a sí mismo.

- No está muerta, Argus – le hizo saber Dumbledore, mirando a la gata detenidamente – Parece que solo esta petrificada –

- ¿Petrificada?, ¡¿Y cómo paso eso?! – quiso saber el conserje.

- El cómo, no lo sé, pero podemos combatir la petrificación de la señora Norris con las Mandrágoras que la Profesora Sprout tiene este año, ¿No es así, Profesora? – preguntó a la regordeta Profesora que junto con otros Profesores, se había quedado ahí.

- Si, así es. En cuanto maduren, se podrá hacer una poción que revivirá a la señora Norris – confirmó de inmediato la Profesora.

Dumbledore retiro con cuidado a la gata, y se la dio a Filch.

- La atenderemos, Argus, y se recuperara – le aseguro – Sólo tienes que ser paciente. Lleva a la señora Norris a la enfermería –

Filch tomo con mucho cuidado a la gata, y se alejó con ella, acariciándole y hablándole de forma mimosa y triste.

- Ahora – agregó Albus mirando a los chicos – Hablare con ustedes tres y sus Jefes de Casa en mi oficina. Los demás Profesores pueden retirarse –

Los Profesores asintieron con la cabeza y se alejaron mientras Dumbledore guiaba a los chicos a su oficina, donde dio la contraseña y subió las escaleras hasta el despacho, abriéndolo para permitirles entrar.

- Tomen asiento – les indico.

Snape y McGonagall entraron cerrando la comitiva, y luego de cerrar la puerta, se sentaron también.

- ¿Qué sucedió? – le preguntó Dumbledore a Snape.

- Harry escuchó la voz de nuevo, y terco como si fuera Gryffindor, quiso seguirla – mascullo mirando al chico, pero Harry le devolvió la mirada con el ceño fruncido.

- Señor, si soy el único que puede escucharla, pensé que si podía guiarlos hasta esa voz, podrían detenerlo antes de que hiciera daño – le quiso explicar a Dumbledore, pero luego bajo la mirada desanimado – Aunque no pudimos… –

- Tus intensiones son buenas, Harry, y es elogiable el valor que demostraste – comentó Dumbledore mirándole amable – Tu juicio no estuvo del todo errado, quizás la preocupación de Severus radica en que no eres aún capaz de cuidar de ti mismo, y es muy arriesgado exponerte –

- No me expuse. Todo el tiempo fui detrás de él, o casi… - murmuró, recordando los últimos momentos.

- Estas creciendo, Harry. Debes sólo cuidar esa impulsividad que tienes. Bajo ningún concepto te quiero yendo solo tras esa voz – le advirtió el mago mayor, y pese a su voz amable, su mirada severa le dijo que no admitiría repica al respecto – Hoy estuvo bien que llamaran a Severus, y sobre todo, me alegro de que no se hubieran topado con el dueño de esa voz –

- ¿Por qué? – preguntó Hermione.

- Porque la petrificación que sufrió la señora Norris, sólo puede hacerse mediante magia Oscura muy poderosa, lo que significa que podrían haber enfrentado a un enemigo formidable, y ustedes ser unas presas demasiado sencillas – le explicó Dumbledore – Por ahora, Severus y Minerva los escoltaran a sus dormitorios. Y no los quiero siguiendo solos esa voz –

Los tres intercambiaron miradas, pero no dijeron nada, sólo asintieron con la cabeza.


- No los quiero vagando por los pasillos. Directo a dormir – les ordeno Snape desde la entrada de la Sala Común.

Draco y Harry sólo asintieron con la cabeza y entraron, siendo recibidos de inmediato por toda la Casa Slytherin.

- ¡Esa estuvo buena! – exclamo alguien.

- ¡Bien hecho, Potter, Malfoy! – secundo otro.

- ¿En verdad ustedes colgaron a la gata de Filch? – quiso saber Blaise acercándose sonriente.

- ¡No Blaise, y no es divertido lo que le paso a la señora Norris! – le atajo Harry con seriedad, y se alejó rápido hacía la entrada de los dormitorios.

- Vaya, ¿Qué le pico? – le preguntó Blaise a Draco.

- Nosotros no le hicimos nada a la gata, sólo llegamos ahí en mal momento – le respondió apresuradamente Draco antes de seguir a Harry, que iba pasando en esos momentos por la entrada hacía los dormitorios.

- Serpiente testaruda – silbo suavemente Salazar cuando Harry pasó a su lado para que sólo este le escuchara, pero Harry no respondió nada, sólo le dirigió una mirada de reojo y continúo hasta el cuarto, sintiendo las miradas de todos en su espalda.

Los siguientes días no se habló de otra cosa que no fuera lo sucedido a la señora Norris, y la mayoría de los estudiantes de Gryffindor, Ravenclaw y Hufflepuff miraban a Harry, Draco y Hermione, como si supieran que eran los culpables y estuvieran esperando un desliz que los delatara. La Casa Slytherin se mantenía silenciosa, sin saber que pensar, sobre todo porque desde el primer día Harry había declarado que ellos no habían tenido nada que ver con lo que le paso a la señora Norris, y se portaba cortante cuando alguien insistía en saber lo que había pasado. Filch intento limpiar la inscripción en el muro, pero pese a que lo intento de varias formas, simplemente fue imposible hacerlo, las palabras seguían tan brillantes como la noche que se pusieron.

- Es imposible – comentó Hermione llegando a la mesa donde Harry y Draco estaban sentados.

- ¿Qué es imposible? – preguntó Harry sin levantar su vista del libro que leía.

- No queda ni un solo ejemplar de La Historia de Hogwarts, y la lista de espera es de dos semanas – se quejó la castaña mientras sacaba sus libros.

- ¿También lo quieres para saber si dice algo de la Cámara de los Secretos? – le preguntó Draco burlón.

- Claro, ¿Si no para qué? – le preguntó Hermione con cara de circunstancias.

- Pues te advierto que no dice demasiado – masculló Harry.

- Bueno, lo poco que diga es bueno para saberlo y estar informados – observó Hermione segura de sus palabras.

Harry no dijo nada, y sin despegar su vista del libro que leía, deslizo por sobre la mesa otro libro que tenía al lado, pasándoselo a Hermione.

- ¡¿Conseguiste uno?! – preguntó en un susurró admirado y emocionado la castaña, luego de observar que aquel libro era un ejemplar de La Historia de Hogwarts.

- Es mío, por casualidad lo traje entre mis cosas – le aclaró Harry.

- Yo no pude traer el mío. No me cabía en el baúl con tantos libros de Lockhart – comentó Hermione con una mueca mientras abría el libro.

- Un gran desperdicio de espacio – comentó Draco, y Hermione le dirigió una agria mirada, lo que hizo a Draco sonreírle con burla - ¿Tú también lo amas? – le preguntó divertido.

- ¡Es un gran mago!, ¡Ha hecho muchas cosas importantes, y ha salvado muchas vidas en el proceso! – le aclaró Hermione.

- Es un idiota – aseguró Draco – Doy mil galeones a que se inventó todo eso –

- No parece que realmente haya hecho todo eso que dice que hizo – observó Harry aun concentrado en su libro, aunque realmente ya no leía con la misma atención – O cuando menos no se comporta como alguien que hizo todo ese tipo de cosas. Parece más un fanfarrón –

- Completamente de acuerdo – convino Draco sonriéndole a Hermione con satisfacción.

- Sólo están celosos del gran mago que es – les espetó la chica con firmeza, enfocando su atención en el libro para no seguir prestándole atención a ellos.

- No encontraras más que una pequeña mención de la leyenda – le hizo saber Harry mirándola de reojo – Draco y yo ya lo revisamos también –

- Si, sólo dice lo que ya conocemos – contó Draco encogiéndose de hombros – Que los cuatro fundadores crearon Hogwarts hace mucho tiempo, y que durante años trabajaron en armonía para enseñar magia a los más jóvenes, pero que aunque trabajaron durante años en armonía, comenzaron a surgir ciertos desacuerdos, sobre todo porque Salazar quería ser más selectivo no sólo en aquellos que entraban a su Casa, sino con los que entraban en la escuela –

- Tenía que ser Salazar Slytherin – comentó con ironía Hermione, y Draco la fulmino con la mirada.

- Parece que Salazar y Godric tuvieron un desacuerdo bastante fuerte en algún momento – agregó Harry, mirando ya su libro sin leerlo realmente – Y fue entonces cuando Salazar se fue de Hogwarts. Hasta ahí todo es como lo conocemos, y son datos fidedignos que pueden ser comprobados. Sobre la leyenda de la Cámara de los Secretos, se dice que antes de irse, Salazar construyo una cámara sin que ninguno de los otros fundadores supiera, y que cuando se fue, la selló para que nadie pudiera abrirla… - y en ese punto, encogiéndose de hombros, volvió a prestar atención a su lectura.

- ¿Y eso es todo? – le preguntó Hermione con cierto escepticismo y desilusión.

- No, no es todo – le aclaró Draco al ver que Harry no quería continuar contando aquella parte, y entendía el porqué de ello – Selló la cámara para que nadie que no fuera su heredero pudiera abrirla –

- ¡¿Su heredero?! – susurró Hermione sobresaltada, y se atraganto ligeramente con las palabras. Miró de reojo a Harry, pero este parecía concentrado en el libro que tenía delante.

- Así es – confirmó Draco asintiendo con la cabeza – Se supone que al abrir la cámara, se podría liberar a un terrible monstruo que habita ahí, y que se encargaría de limpiar la escuela de… - es este punto se detuvo, haciendo una elegante mueca, considerando cuidadosamente sus siguientes palabras antes de continuar – De los que según él, no tienen derecho a aprender magia –

Ahora fue Hermione quien hizo una mueca

- Pero entonces… ¿Qué no se supone que Harry es…? –

- ¡Shhh! – se apresuró a decirle Harry, interrumpiéndola y mirándola de forma apremiante, por lo que la chica dejo de hablar de inmediato, mordiéndose suavemente el labio.

- Por eso Harry anda de mal humor – le explicó Draco con cara de circunstancias, mientras Harry hacía una ligera mueca – La mayoría de los alumnos están comenzando a leer o escuchar sobre esta leyenda, y aunque es una leyenda, lo tomaran como un hecho ante lo sucedido con la señora Norris. Si a eso le agregas que se enteren sobre la Herencia de Harry, y que estuvo en el lugar donde paso lo de la señora Norris, comenzaran a considerar seriamente que él es el causante de esto, aunque tú y yo sepamos que no es así –

- ¿Y qué clase de monstruo se esconde en la cámara? – quiso saber Hermione.

- No dice – le respondió Draco encogiéndose de hombros – Sólo que es un monstruo que únicamente el Heredero de Slytherin podrá controlar –

Hermione volvió a hacer una mueca, y medito durante largos segundos antes de volver a hablar, aunque esta vez lo hizo en un susurro muy bajito, incluso inclinándose sobre la mesa para que sólo los otros dos pudieran escucharla.

- Pero entonces, si sólo un Heredero de Slytherin puede abrir esa cámara, y ambos sabemos que Harry no lo hizo, ¿Quién lo hizo?, ¿Eso significa que hay otro Heredero de Slytherin en Hogwarts en este momento? – preguntó.

- Imposible saberlo – le respondió Draco encogiéndose de hombros – Inclusive hemos intentado preguntarle a Salazar, pero se niega a decirnos –

- ¿Por qué? – quiso saber Hermione mirándoles curiosa.

- Dice que para responder mis dudas, primero debo comenzar a aprender Pársel… - murmuró Harry con una mueca – Que luego de que tenga un nivel aceptable, responderá las dudas que tenga –

- Bueno, es un precio bajo por saber la verdad, ¿No crees? – observó Hermione.

- En realidad, no es tan buen trato – opinó Harry.

- ¿Por qué? – quiso saber Hermione confundida.

- Porque Salazar obtiene lo que quiere, pero nosotros no estamos seguros de obtener lo que queremos – le explicó Draco encogiéndose elegantemente de hombros – Salazar hará a Harry aprender Pársel como ha querido desde que inició el año, pero no asegura que las respuestas que vaya a darnos, nos respondan realmente las dudas que tenemos. Al final puede decirnos como respuesta, que no sabe y ya –

- Muy Slytherin – opinó Hermione con ironía.

- Es el fundador de la Casa, ¿Qué esperabas? – comentó Harry encogiéndose de hombros – De él ese tipo de cosas se pueden esperar –

- Además, está el hecho de que Harry no tendrá "Un nivel aceptable" pronto, e incluso eso es muy ambiguo, Salazar puede considerar que "Un nivel aceptable" es hasta que domine el idioma – siguió explicándole Draco – Así que no es realmente un buen trato así como esta –

- ¿Y si aclaran las clausulas? – sugirió Hermione.

- Si, es lo mejor, y de hecho, ya estamos trabajando en ello – le respondió Draco, deslizando por sobre la mesa el pergamino que tenía frente a él, y donde había varias anotaciones.

Hermione los leyó detenidamente.

- Bueno, puedo ayudarles con esto – se ofreció.

- Olvídalo Granger, no eres una Slytherin, no entenderías todo lo que tenemos que tener en consideración – se negó Draco.

- ¡Pero igual puedo pensar en cosas! – se defendió Hermione indignada.

- No es lo mismo Hermione – le explicó Harry mirándola – No te ofendas, pero no habías pensado en todo lo que te acabamos de decir de Salazar. Hay cosas que se te escaparan. Tratar con Salazar Slytherin no es cualquier cosa –

- Esta bien pues – mascullo indignada, cruzándose de brazos mientras miraba aquella lista, antes de que Draco la recuperara.


Conforme la semana termino, el ambiente fue tornándose más lúgubre, y Harry podía ver como los alumnos que se topaban, se hacían a los lados para salir de su camino. Al inicio no había querido darle demasiada importancia a aquello, hasta una tarde que Colín se acercó emocionado para preguntarle si era verdad que él era el Heredero de Slytherin. Cuando le pregunto sobre eso, el chico le explicó que uno de sus compañeros había afirmado que lo era, porque estaba en Slytherin, había estado ahí aquella noche, y Dumbledore no lo había dejado marcharse. De más está decir que Draco lo corrió con cara de pocos amigos, y que Harry no quiso volver a hablar del tema.

- Descuida, hacen lo mismo conmigo – comentó Hermione que los alcanzaba desde detrás, luego de ver como los grupos de estudiantes se hacían a los lados.

- Si bueno, no lo hacen porque crean que eres quien petrifico a la señora Norris y petrificara al resto de la escuela – mascullo Harry con desgana.

- No, eso es verdad. Lo hacen porque creen que estoy involucrada contigo en lo sucedido aquella noche – comentó Hermione tranquila – Incluso Ron se me ha acercado para decirme lo tonta que soy, porque Salazar no quería a los hijos de Muggles, así que está seguro de que si sigo a tu lado, seré la siguiente –

- Siempre ha sido un idiota. Esto solo lo sigue demostrando – opinó Draco.

- De todas formas, no todos son estudiantes sin cerebro – quiso decirles Hermione – Ginny y Colin te defienden fervientemente –

- Genial, su club de fans al rescate – ironizo Draco, y recibió una mirada tan dura de Harry, que se removió incómodo.

- Con mayor razón no quiero que sepan que no están tan alejados de la realidad – murmuró Harry apesadumbrado.

- Anímate Harry, nosotros estamos contigo y sabemos que no eres culpable – le trato de animar la castaña sonriéndole.

- Supongo que gracias – le dijo, aunque se escuchaba aún bastante desanimado.

- Anda Harry, el partido de Quidditch será pronto. No pienses en esos idiotas, sólo piensa en cómo vamos a patearle el trasero a esos Gryffindor idiotas – trato también de animarlo Draco.

- ¡Ey!, gracias por eso – ironizo Hermione.

Draco estaba por decirle algo, cuando dieron vuelta en uno de los pasillos, dándose cuenta sólo entonces, que habían llegado sin querer a aquel pasillo donde había sucedido la petrificación de la señora Norris, y donde seguía la inscripción en el muro.

- ¿No has vuelto a escuchar la voz? – le preguntó Hermione en voz baja, mirando a todos lados para comprobar que no había nadie. Por si las dudas, también Draco y Harry revisaron los pasillos.

- No – le respondió éste.

- Es raro no ver a Filch aquí. Según escuche a Blaise, pasa aquí todos los días, seguro de que quien hizo esto, regresara – comentó Draco.

- Quizás deberíamos irnos. No quiero que me vean aquí – opinó Harry.

- ¿Y si buscamos alguna pista? – les preguntó Hermione – A veces, para resolver un crimen, la policía revisa la escena en busca de alguna pista, y así resuelven los crímenes –

- Hablas de Muggles, Granger – mascullo Draco con exasperación – Los magos no necesitamos hacer eso, basta con usar algunos hechizos sobre los objetos y ya –

- Bueno, técnicamente hacemos lo mismo que los Muggles, pero sin tanta investigación, porque unos simples hechizos nos pueden decir lo que paso – opinó Harry – Además, ese día lo único que había aparte de la gata y la inscripción, era el agua con la que me resbale –

- Es verdad, ¿Por qué había agua en el suelo? – se preguntó Draco.

- Seguramente por Myrtle – opinó Hermione, y señalo una puerta que llevaba a unos baños de chicas – Entremos a investigar –

- ¡¿Estás loca, Granger?!, ¡Ese es el baño de niñas! – le recordó Draco, mirándola como si le hubiera salido una cabeza extra.

- No van a encontrarse a ninguna chica, se los aseguro – les aclaró Hermione deteniéndose con la mano en el pomo - Este es el baño de Myrtle La Llorona

- ¿Myrtle La Llorona?, ¿Por qué Llorona?, ¿Quién es? – preguntó Harry confundido.

Hermione rodo los ojos.

- Es el fantasma de una chica que habita estos baños. Siempre está llorando, y en ocasiones es tal su llanto, que inunda completamente el lugar, por eso ninguna chica suele venir aquí y prefieren usar cualquier otro servicio – les explicó – ¡Anden, entremos! – y sin esperar más, abrió la puerta y entro.

Harry y Draco intercambiaron una mirada insegura, pero fue Harry quien decidió seguir a Hermione, adelantándose para entrar al baño mientras Draco le seguía con una mueca inconforme.

- Vaya… Qué lugar tan lúgubre… - comento Harry al ver el aspecto tan desolador y deprimente que tenía aquel baño. Casi parecía abandonado; La iluminación era escaza, apenas la que entraba por los enormes ventanales, pero que ayudaba a darle un aspecto más desolado. Las puertas de los retretes rayadas, y algunas incluso se encontraban caídas o colgando de los goznes.

- Es horrible, ahora entiendo porque a nadie le gusta venir aquí – opinó Draco con una mueca de asco.

De pronto, una voz ofendida se escuchó.

- ¡Pues entonces vete! – y del ultimo retrete salió flotando el fantasma de una chica ligeramente rechoncha, con la cara más triste que ninguno de ellos hubieran visto nunca, medio oculta por el largo y grasoso pelo lacio, y aquellas horribles y gruesas gafas de concha.

- Hola Myrtle – la saludo Hermione, dirigiéndole una mirada de advertencia a los chicos.

- Este es un baño de chicas y ellos no son chicas, ¡No deberían estar aquí! – respondió Myrtle con molestia.

- No, no son chicas – convino Hermione – Lo que pasa es que queríamos preguntarte si has visto algo extraño en los últimos días, porque la noche de Halloween agredieron a un gato justo al otro lado de la puerta del baño –

- ¿De casualidad viste a alguien esa noche por aquí? – se animó a preguntarle Harry.

- No me fije – respondió Myrtle, y aparto la mirada, hablando entonces con voz afectada – Estaba aquí en mi cubículo, llorando amargamente mi muerte – y entonces se soltó a llorar.

Los tres intercambiaron miradas, pero encogiéndose de hombros, decidieron salir del baño. No parecía que pudieran descubrir ninguna pista en ese lugar.


Harry recibió aquella noche una carta. Venía traída por una lechuza negra que se posó con fuerza sobre la mesa, antes de estirar la pata con energía, mirando a Harry como si quisiera expresar que debía tomar la carta de inmediato.

- ¿Quién te escribe? – le preguntó Draco mirando aquella lechuza con curiosidad.

- Sirius – le respondió Harry, que había reconocido de inmediato a aquella lechuza que le pertenecía a su padrino. Hizo una mueca, antes de tratar de quitarle la carta lo más rápido que podía, lamentablemente no fue lo suficientemente rápido, y esta le mordió uno de los dedos - ¡Ay!, ¡Fidem, me mordiste! – le espetó molesto, pero la lechuza se irguió orgullosa, hinchando el pecho y alzando la cabeza incluso, para nada arrepentida de lo que había hecho. Entonces se dio media vuelta, y emprendió su viaje de regreso. Obviamente no espera una respuesta.

- Vaya carácter – comentó Draco luego de ver eso.

- La lechuza de Sirius es muy especial, no quiere a nadie que no sea a Sirius. Apenas y nos acepta un poco a Remus y a mí – le explicó Harry mientras desenrollaba la carta.

Querido Harry:

Ten mucho cuidado, por favor. No andes por los pasillos solo, y de preferencia, si escuchas la voz, agradecería que te alejaras de ahí.

Ahora más que nunca, cuida que no te vayan a escuchar hablando Pársel.

Iremos para verte en tu partido de Quidditch, mientras, ten mucho cuidado y no dejes de ir a entrenar con Minerva y Quejicus.

Cualquier cosa, estaremos en contacto.

Con amor, Sirius.

- ¿Queji…? – pero Draco no termino de decirlo, porque Harry rápido se volvió y le tapó la boca con ambas manos.

- ¡Shhh, no lo digas en voz alta! – le pidió, y sólo hasta que Draco asintió con la cabeza, le destapo la boca.

- ¿Se refiere a…? – pero no se atrevió a terminar la frase, pareciéndole que solo de decirlo se podría meter en problemas con alguien.

- Sí. Snape – confirmo Harry en un murmullo mientras doblaba la carta apresuradamente para guardarla.

Draco alzo una ceja al escuchar eso.

- ¿Por qué le dice así? – quiso saber, bajando la voz para que nadie los escuchara.

- No lo sé, supongo que por la misma razón que en ocasiones él le dice perro pulgoso – le respondió Harry encogiéndose de hombros, hablando en el mismo tono para no ser escuchados, y entonces le dirigió una mirada de advertencia – Pero no lo andes repitiendo, no quiero que nadie más se entere –

- Esta bien – convino Draco encogiéndose de hombros, y medito un poco, antes de animarse a preguntar - ¿Y porque le dice perro pulgoso? – quiso saber curioso.

Harry hizo una mueca.

- Supongo que por su forma Animaga – le respondió escuetamente y en el mismo tono bajo.

- ¿La de un perro pulgoso? – quiso confirmar Draco, mirándole con el ceño fruncido, claramente confundido.

- ¡No!, ¡La de un perro! – le aclaró Harry mirándolo con cierto reproche, lo que hizo que Draco se encogiera de hombros.

- Bueno, no me quedaba del todo claro – se excusó éste – Me habías dicho que podía transformarse, pero nunca en qué –

- Ya no hablemos de eso, no deberíamos estar hablando de eso aquí – le advirtió Harry, enfocándose de nuevo en su cena, por lo que Draco hizo otro tanto.