Notas de la Autora: Lo siento! Lo siento! Lo siento! Estuve fuera y me fue imposible actualizar tanto el sábado como el domingo! Apenas llegue anoche, pero estaba tan cansada, que apenas hoy estoy poniéndome al corriente con la actualización! En verdad una disculpa!
Pero bueno, ya tiene aquí el capítulo 9! Espero que lo disfruten! Ya saben que los comentarios son muy bien recibidos, y que son estos los que me animan a seguir actualizando! :D! Así que muchas gracias tanto a quienes como cada capítulo me acompañan dejándome un comentario, como a quienes me escriben por primera vez, por eso, gracias a Macka14, AnataYume, CIELO-BL, Abril Elena, giulianacontesso, Emi Huuzna y AnaM1707!
Disclaimer: Ya saben que nada de este mundo me pertenece, todo es de la queridísima J.K. Rowling, yo solo lo manipulo para mi entretenimiento :D
Capítulo 9: La Identidad Del Visitante Nocturno
- Sirius, siéntate por favor – le pidió Remus. No tenía necesidad de verlo, bastaba escucharlo, para saber que era la undécima vez que daba vueltas a los pies de la cama donde Harry aún estaba inconsciente.
- ¡No puedo! – protesto Sirius - ¡Debiste dejarme romperle los dientes a ese imbécil! –
- Sirius Black, cuida ese lenguaje – le reprendió con seriedad Remus, pero en ningún momento lo vio, su mirada fija en Harry, viajo a la castaña y al rubio que estaban sentados en unas sillas al otro lado de la cama de su Cachorro – Una disculpa –
Hermione le sonrió ligeramente, apenada y al mismo tiempo incomoda de ese ambiente, pero sin querer moverse hasta que Harry despertara. Estaba algo pálida desde que se enteró que Harry había perdido los huesos de la mano a causa de aquel hechizo, y por lo mismo de la situación que parecía tan delicada, no se había animado a abrir la boca para nada.
- Debería de haberlo dejado – no pudo evitar comentar Draco. Ni siquiera se había cambiado, con todo y el uniforme enlodado los había acompañado a la Enfermería.
- ¡Malfoy! – le reprocho la castaña.
- ¡Alguien que ve las cosas como son! – comentó Sirius satisfecho.
Draco estaba por decir algo, cuando Harry soltó un suspiro, segundos antes de abrir los ojos. Los cuatro se inclinaron sobre la cama para mirarlo, mientras Remus le ponía los lentes.
- Tranquilo Cachorro, todo está bien – le dijo.
- ¡Si eso fuera, no estaríamos aquí! – ironizo Sirius, y Remus le dio un codazo para hacerlo callar.
Harry parpadeo un poco, mirando a los presentes alrededor de su cama, antes de mirar su mano que seguía sin poder moverla.
- Que horror… - murmuró, y volvió a cerrar los ojos hundiéndose en su almohada.
- Pero descuida, Cachorro, Madame Pomfrey te arreglara la mano, si hay alguien con experiencia que puede hacerlo, sin duda es ella – se apresuró a decirle Remus.
- ¿En verdad puede? – le preguntó Hermione entre asombrada y esperanzada.
- Claro que puedo – sentencio la voz firme y dura de la Enfermera, que había llegado hasta ellos con unas prendas en las manos. Aún seguía claramente molesta luego de enterarse de cómo fue que Harry había perdido los huesos de la mano – Pero será muy doloroso para este pobre chico, y tendrá que pasar aquí toda la noche, así que necesitare que lo ayuden a vestirse –
Madame Pomfrey acomodo unos biombos rodeando la cama de Harry, y todos salieron a excepción de Remus, que fue quien se quedó para ayudarle en la tarea de ponerse la pijama.
- Me siento de nuevo como niño chiquito – comentó Harry ante la ayuda, lo que hizo sonreír a Remus.
- Es verdad, hace mucho que no te ayudo en algo como esto – convino.
Una vez que terminaron, y que Remus ayudo a Harry a acostarse de nuevo, corrió uno de los biombos para permitir que todos entraran de nuevo, y Madame Pomfrey eligió ese momento para regresar con una botella en manos que tenía la etiqueta Crecehuesos.
- Te advierto que sabe horrible, y que vas a pasar una noche bastante desagradable – le aviso la Enfermera, y vertió un líquido humeante en un vaso, antes de pasárselo.
Harry lo tomo, pero lo olio un poco, haciendo una mueca. Aspiro aire varias veces buscando el valor para tomarse aquella cosa, y entonces se la empino, bebiéndose su contenido de un solo trago. Tosió, jadeo, e hizo muecas de asco, sintiendo como si aquello le quemara la garganta.
- ¡¿Qué rayos…?! – apenas y pudo jadear.
Madame Pomfrey tomo el vaso.
- ¿A qué esperabas que supiera si te estoy diciendo que el proceso será demasiado doloroso? – le preguntó a su vez - ¡De por sí ya el Quidditch es un deporte peligroso!, ¡No deberían dejar que Profesores ineptos estén en el campo! –
Draco y Sirius sonrieron con suficiencia, Hermione se removió incomoda, y Harry apenas y asintió con la cabeza.
- Márchense pronto para que lo dejen descansar – les advirtió a todos la Enfermera – Sobre todo usted. Con ese uniforme todo sucio no debería estar aquí en primer lugar – agregó mirando a Draco, que se removió ligeramente apenado.
- Así haremos Madame Pomfrey. Muchas gracias – le dijo Remus, ante lo que Madame Pomfrey asintió con la cabeza para alejarse de ahí.
Sirius espero a perderla de vista, antes de hablar.
- ¿Qué pasaba con esa Bludger, Harry? – le preguntó.
- No estoy seguro. Parecía encantada – comentó éste.
- ¿Y porque no paraste el partido? – quiso saber Remus.
Harry miró de reojo a Draco ante esa pregunta, antes de bajar la mirada.
- Porque si bien me estaba dando problemas, sentí que era algo que podía manejar – le explicó.
- Te rompió el brazo – observó Sirius con seriedad.
- Eso fue porque me detuve unos segundos al ver la Snitch – quiso justificarse Harry.
- Pudo haberte alcanzado en la cabeza en lugar del codo, y en estos momentos otra sería la historia – siguió diciéndole Sirius con la misma seriedad.
- Pero no podemos estar pensando en lo que pudo haber pasado – opinó Harry con cierta exasperación – Nos volveremos locos si tomamos ese camino, sobre todo con la guerra que se aproxima. Esta lo que paso, y ya. Trate de tener cuidado. No pedí que detuvieran el partido, porque sentí que tenía las cosas bajo control, y al final logre atrapar la Snitch como sabía que podría hacer –
Sirius abrió la boca para hablar, pero Remus puso su mano sobre la del ojigris para detenerlo.
- Es verdad – convino mirando a Harry – No podemos estar pensando en todo lo que podría haber salido mal, no es el mejor camino a seguir. Es sólo que estamos preocupados por ti. Alguien claramente quiere hacerte daño, Harry, y si no te pones a resguardo, estas poniéndoselo fácil a quien lo intentan –
- Tampoco quiero correr a esconderme detrás de otros todo el tiempo, Remus – quiso explicarle Harry – Me volveré loco si tengo que hacer eso cada vez que pase algo, y seguirá pasando, incluso puede que en el futuro pase aún mucho más. Estoy dispuesto a aprender, pero si siento que puedo hacerlo, si siento que tengo las cosas bajo control, ¿Por qué no intentarlo? –
- Porque podrías morir – intervino Sirius, y suspiro pesadamente antes de mirarlo – Sé que tienes mucho talento, Harry, y que serás un mago muy hábil, pero aun eres un niño, aún estas creciendo, y hay muchas cosas que pueden parecerte fáciles pero que pueden no serlo. Como niño, aún no tienes una noción completa de las cosas que te rodean, del peligro real que puedes correr, porque aún no entiendes muchas cosas de la vida misma –
- Empiezo a cansarme de escuchar eso – murmuró Harry hundiéndose en su cama.
- Imagino que si – concedió Remus sonriéndole condescendiente – Pero es tu realidad ahora, y eso no significa que no vaya a cambiar –
- Imagino que seguirán diciéndome eso así tenga 17 años – murmuró Harry indignado.
- Claro, siempre serás nuestro Cachorro, aunque tengas 17 o 30 años – le aseguró Remus, y sonriéndole cálido, acaricio y alboroto sus oscuros cabellos que dejaron a la vista la cicatriz del rayo – Así que sobre todo para nosotros, siempre tendrías que haberte cuidado más, y haber hecho menos cosas peligrosas –
Draco y Hermione se habían quedado callados durante todo ese rato, porque no consideraban que esa fuera una plática donde los amigos debían opinar, pero Hermione no pudo evitar sonreír al escuchar ese último intercambio de palabras. Esos dos hombres amaban mucho a Harry, podía darse cuenta, y se alegraba de que pese a que Harry no había tenido a sus padres, el amor de una familia no le había faltado en la vida.
- Es un poco difícil hacer eso, cuando propiamente los problemas me buscan a mí – comentó Harry.
- Si, en este caso creo que tienes razón. ¿Cómo van sus clases de Animagia? – quiso saber Remus, buscando cambiar un poco la conversación para aligerar el ambiente.
- Seguimos leyendo los libros que nos dio la Profesora McGonagall, y haciendo algunos ejercicios con ella. Jamás pensé que sería tan aburrida la preparación – le respondió Harry.
Sirius se rio al escuchar eso.
- Si, nosotros pensábamos lo mismo – comentó – Y fue todavía más aburrido porque como fallamos muchas veces, tuvimos que repetir todo una y otra vez –
- Pero esperemos que con la orientación de un experto, ustedes no tarden tanto – les deseo Remus.
- En Uagadou, que es una escuela en África, sus alumnos logran convertirse en Animagos desde los 14 años – les quiso hacer saber Hermione sin poder evitarlo.
- Quizás nosotros podamos lograrlo el siguiente año – comentó Draco con orgullo.
- Si se esfuerzan mucho, quizás si – los animó Remus.
- Pues deben trabajar mucho entonces, si quieren lograrlo el siguiente año – les hizo ver Sirius.
Todos se fueron luego de un rato más para permitir que Harry descansara, aunque Harry permaneció despierto por un largo tiempo antes de rendirse a un sueño nada tranquilo a causa de la poción, y solo algunas horas después, despertó con un jadeo adolorido, sintiendo como si tuviera agujas incrustándosele en el brazo. Estaba oscuro, y tardo un poco en darse cuenta del ser que estaba inclinado a su lado.
- ¡Tú! – exclamó sobresaltado cuando por fin reconoció a aquel ser, como el Elfo que le había visitado el verano anterior y le había encerrado en aquella esfera. Se sentó con cuidado, y cuidando su mano, se movió para alejarse al otro extremo de la cama, mirándole con desconfianza - ¿Qué quieres? –
- No debió haber regresado, señor. Harry Potter debió haber escuchado a Dobby y debió quedarse en su casa una vez que perdió el tren – le dijo por respuesta, mirándole con infinita tristeza.
- ¿Cómo sabes que perdí el tren? – inquirió Harry, y Dobby trago al escuchar la pregunta, apartando la mirada nervioso, lo que termino por responder su pregunta - ¡Fuiste tú, ¿Verdad?! – le acuso, mirándole indignado - ¡Fue por ti que no pudimos tomar el tren! –
- ¡Pero Dobby lo hizo por el bien de Harry Potter! – le trato de explicar de forma atropellada el Elfo - ¡Dobby incluso se plancho las manos después como castigo! – y le mostro las manos mal vendadas - ¡Pero a Dobby no le importaba ningún castigo, si con eso Harry Potter estaba a salvo!, ¡¿Cómo iba a saber Dobby que Harry Potter encontraría otra forma de llegar a Hogwarts?! –
- Mejor vete, Dobby, no estoy nada agradecido contigo, además, me duele horrores el brazo como para tratar de ser amable contigo – le advirtió Harry, moviéndose sobre la cama para poder volver a acostarse.
Dobby sonrió ligeramente.
- Harry Potter no tiene que ser amable si no quiere, señor – le hizo saber – El amo nunca es amable con Dobby, lo amenaza cinco veces al día –
Harry negó con la cabeza al escuchar eso
- ¿Y ese tipo de vida te gusta? – no pudo evitar preguntarle.
- Dobby no puede hacer nada, señor. Dobby debe servir a sus amos hasta que entreguen a Dobby una prenda que lo libere, entonces Dobby podría irse, pero Dobby sabe que su amo jamás lo liberara, señor – le explicó, y Harry noto cierta tristeza en su voz.
- No suena como un buen amo – comentó Harry.
- No – convino Dobby, pero luego se sobresaltó al darse cuenta de lo que había dicho, y bajándose de la cama, miró alrededor, antes de comenzar a golpearse contra una de las sillas.
- ¡Basta, Dobby! – le pidió Harry, y se tuvo que bajar de la cama para separar al Elfo de aquella silla, aunque hacerlo con una sola mano fue realmente complicado y tuvo que ayudarse con el pie para alejar la silla mientras sujetaba al Elfo - ¡Deja de hacer ruido o harás venir a Madame Pomfrey! – le reprendió.
- ¡Dobby lo siente mucho, señor, pero Dobby no debería hablar mal de su amo! – le explico el Elfo, aunque se movía de un lado a otro ligeramente mareado ante los golpes que se había propinado – La ama y el pequeño amo ignoran a Dobby la mayor parte del tiempo, sólo el amo es el que se dirige a Dobby –
Harry negó con la cabeza. Eso de igual forma no sonaba bien para él.
- Si bueno, baja la voz, no quiero que Madame Pomfrey venga y me regañe – le pidió, sentándose en la orilla de la cama mientras se sobaba el brazo que le pinchaba.
Dobby asintió con la cabeza, y miró un momento a Harry, antes de volver a hablar.
- Harry Potter debe volver a casa. Hogwarts no es seguro para Harry Potter – le recordó – Harry Potter es alguien muy importante que no debe morir, por eso debe estar en un lugar seguro, señor. Dobby pensó que lo lograría al bloquear la entrada, pero fallo, así que Dobby pensó que quizás la Bludger podría… -
- ¡¿La Bludger?! – brinco Harry al escuchar eso, y miró detenidamente a aquel Elfo, frunciendo el ceño ante lo que aquello parecía - ¡¿Te refieres a la Bludger que casi me mata?!, ¡¿Acaso estas pretendiendo matarme?! –
Ahora fue Dobby el que salto, y negó varias veces con la cabeza mirando a Harry horrorizado.
- ¡Dobby no pretendía matarlo, señor!, ¡Dobby jamás trataría de hacer tal cosa!, ¡Dobby sólo quería obligar a Harry Potter a regresar a casa, y quizás herido, Harry Potter no tendría otra opción que regresar a casa! – quiso explicarle apresuradamente el Elfo.
- ¡¿Herido?!, ¡Casi me regresas a casa muerto! – exclamó Harry furioso.
- ¡Pero Dobby no quería matarlo, señor!, ¡Dobby sabe lo importante que es usted! – se apresuró a aclararle - ¡Gracias a usted, las cosas han cambiado para todos!, ¡Dobby aún recuerda cómo eran de oscuros y tenebrosos los días en aquel entonces!, ¡Y entonces llego usted, señor, y derroto a El-Que-No-Debe-Ser-Nombrado!, ¡Fue como si de pronto los días oscuros terminaran, y un nuevo amanecer ilumino todo!, ¡Usted fue la esperanza para muchos, incluso sobrevivió aunque apenas era un bebe!, ¡Por eso Dobby quiere hacer todo lo posible por protegerlo!, ¡Cosas terribles van a ocurrir en Hogwarts, quizás ya estén ocurriendo ahora mismo!, ¡Harry Potter no debe permanecer en Hogwarts, ahora que la Cámara de los Secretos ha sido abierta de nuevo! –
Entonces Dobby se quedó muy quieto, mirando horrorizado a Harry al darse cuenta que había vuelto a hablar de más.
- Entonces es cierto, ¿No?, sí existe una Cámara de los Secretos, y si se ha abierto por segunda ocasión – murmuró Harry mirando atentamente al Elfo, y al ver que retrocedía, lo agarro de la huesuda mano - ¡No te vayas!, ¡Dime primero!, ¡¿Eso es verdad?! –
- Señor, Dobby no debe decirle nada más, Dobby no puede – le dijo desesperado el Elfo, mirándolo con miedo – Harry Potter debe irse de aquí de inmediato! –
- ¡No lo haré! – sentencio Harry con firmeza - ¡Mi mejor amiga es hija de Muggles!, ¡Si es verdad lo que dices, su vida peligraría aquí más que la mía!, ¡No la dejaría sola! –
- ¡Oh, tan noble y leal!, ¡Pese a estar en la Casa de las Serpientes, Harry Potter es un gran y benévolo mago que piensa primero en ayudar a otros que en cuidar su propia vida! – exclamó con admiración y pesar Dobby, y cuando Harry estaba por decir algo, escucharon pasos que veían del pasillo, lo que les hizo saltar ambos – ¡Dobby debe irse, señor! – chillo el Elfo.
- ¡No Dobby!, ¡Espera! – le pidió Harry, pero vio al Elfo tronar los dedos y desvanecerse como el humo, por lo que escuchando cada vez más cerca los pasos, se apresuró a echarse sobre la cama, cubriéndose con la manta mientras miraba hacía la puerta, esperando que la penumbra ayudara a que no se dieran cuenta de que estaba despierto.
Entonces entro el Profesor Dumbledore, llevando algo que a Harry le pareció una estatua desde esa distancia. Pocos segundos después apareció la Profesora McGonagall cargando el otro extremo de la estatua. Ambos vestían pijamas, lo que le indicaba a Harry que lo que sea que paso, les hizo salir apresuradamente de la cama sin darles tiempo de vestirse. Dejaron aquello que cargaban sobre una de las camas, y entones Dumbledore miró a la Profesora McGonagall.
- Trae a Poppy por favor – le pidió con voz seria.
- Si – respondió con voz tensa la Profesora, antes de salir corriendo. No tardo realmente mucho en regresar, con la Enfermera que también vestía pijama.
- ¡¿Pero qué ha ocurrido?! – preguntó en un jadeo cuando se acercó, mirando preocupada al Director.
- Parece que hemos tenido otra agresión – le explicó con pesar Dumbledore – Nos avisaron que estaba en las escaleras –
- En el suelo había derramados un pan y leche. Creemos que tenía la intensión de venir a visitar a Potter y le traía eso – agregó McGonagall, y al escuchar aquello, Harry hizo un esfuerzo monumental para no moverse, curioso de saber quién era, y qué rayos le había pasado. Desde esa distancia, no podía ver mucho, y se preocupó al pensar que podría haber sido Draco.
- Entonces, ¿Esta petrificado? – quiso confirmar Pomfrey.
- Si – confirmó McGonagall.
Harry vio que Dumbledore se inclinaba sobre el cuerpo y maniobraba, antes de erguirse de nuevo con algo en las manos.
- ¿Crees que pudo sacar una foto de su atacante? – le preguntó curiosa Minerva, y entonces Harry tuvo que contener aquel jadeo que casi se le escapa, porque el único que él había visto con una cámara, y que podría haber querido visitarle, sin duda sería Colin…
- Ya lo sabremos – respondió Dumbledore, y abrió con cuidado la cámara, sólo para que un chorro de vapor saliera de ella junto con un pequeño estallido.
- Esta derretido… - murmuró Pomfrey asombrada.
- Albus, ¿Qué significa esto? – quiso saber Minerva, mirando al mago con preocupación.
- Significa, Minerva, que es verdad que han abierto de nuevo la Cámara de los Secretos – le respondió Dumbledore con tristeza, mirando a Colin en la cama.
Madame Pomfrey se llevó las manos a la boca, asombrada, y Minerva miró a Dumbledore preocupada, mientras a la distancia, Harry tragaba con dificultad al escuchar la confirmación de lo que él mismo había supuesto luego de escuchar a Dobby.
- ¿Pero quién lo hizo, Albus? – se animó a preguntarle Minerva.
- Creo que la pregunta correcta no sería quien, sino cómo – le aclaró Dumbledore.
Cuando todos se fueron, Harry se levantó con cuidado de su cama para acercarse a la cama donde descansaba Colin. Antes de irse, Madame Pomfrey había colocado biombos, así que tuvo que moverlos un poco para entrar, y al hacerlo, contuvo la respiración. La expresión en el rostro de Colin era de asombro, y mantenía las manos en la postura en que seguramente estaba estado sosteniendo la cámara.
Al verlo así, Harry se sintió mal, sobre todo porque recordaba lo que dijo la Profesora McGonagall, de que muy seguramente había salido con la intensión de visitarlo.
- Descuida, te pondrás bien – le prometió, aunque se preguntaba si no era algo que más que nada estaba tratando de decirse a sí mismo.
Permaneció cerca de dos horas sentado al lado de Colin, a final de cuentas, el dolor no le permitiría dormir, pero cuando comenzó a sentirse cansado, regreso a su cama. Cuando despertó a la mañana siguiente, Madame Pomfrey se acercó a él.
- Tu brazo ya está bien – le informó, dejándole el desayuno en una mesita – Desayuna, y entonces podrás irte. Quizás lo sientas un poco entumido y hormigueante, pero es normal. Conforme más lo muevas, mejor lo irás sintiendo –
- Esta bien, gracias Madame Pomfrey – le respondió Harry, y comenzó a desayunar, mirando de reojo a los biombos corridos que ocultaban la cama donde Colin se encontraba, lo que hizo que se le fuera el hambre, pero se obligó a comer todo para que la Enfermera no pusiera reparos en dejarle salir. Quería encontrar de inmediato a Draco y Hermione para hablar con ellos.
Al final no fue necesario, porque apenas diez minutos después, Draco entraba a la Enfermería. Miró de reojo la cama con biombos, pero siguió hasta donde Harry se encontraba.
- Ya llegue – aviso a nadie en particular, así que Harry intuyo que hablaba con Hermione a través del broche de serpiente – Harry sigue aquí. Buenos Días – agregó en cuanto llego a la cama donde estaba Harry – El Profesor Snape nos dijo que saldrías en un momento, así que vine a hacerte compañía –
- A escoltarme, querrás decir – ironizo Harry haciendo una mueca.
- Llámalo como mejor quieras – concedió Draco sin inmutarse, encogiéndose elegantemente de hombros, pero luego de unos segundos, miró de nuevo de reojo hacía los biombos.
- ¿Sabes lo que paso anoche? – inquirió Harry.
- El Profesor Snape me lo dijo – le respondió Draco asintiendo con la cabeza antes de mirarle de nuevo – Que anoche otro estudiante fue atacado y estaba petrificado –
- Fue Colin – le aclaró Harry.
Draco alzo las cejas, claramente asombrado, pero quien hablo fue Hermione a través del broche.
- ¡¿Colin?!, ¡¿Colin Creevey?! – preguntó asombrada.
- Sí. Anoche vi cuando lo trajeron – les contó Harry, que por fin había terminado de comer – Dejen me cambio y podemos reunirnos en el aula abandonada donde está el espejo, ahí podremos hablar. Sabes llegar, ¿Verdad, Hermione? –
- Si, no creo perderme – respondió Hermione mientras Draco se paraba y salía de los biombos para dejar que Harry se cambiara.
Minutos después, Harry y Draco se reunían con Hermione en aquella aula abandonada, pero no había ahí ningún espejo.
- ¿Y el espejo? – preguntó Hermione luego de mirar el interior.
- Ya lo imaginaba – comentó Harry.
- ¿Qué cosa? – quiso saber Draco.
- En el tercer piso, al final de todas las trampas que había, estaba el espejo – les explicó, mientras iba a sentarse en el centro del aula en el suelo, ya que no había pupitres en ese lugar – Imagino que lo movieron ahí, y supongo que o sigue ahí, o lo han puesto en otro lugar –
- Es una lástima – suspiro Hermione, antes de ir a sentarse frente a Harry.
Draco hizo una mueca al ver que se sentaban sobre el suelo sucio, y prefirió permanecer de pie.
- Anda Draco, luego te enseñare ese hechizo de limpieza, y limpiaremos tu fina ropa antes de salir – le prometió Harry mirándolo divertido.
- No quiero sentarme realmente en el suelo – mascullo Draco inconforme.
- Bueno, esta aula no tiene butacas – observó Hermione.
- Me quedare de pie – sentencio Draco, y Harry solo negó con la cabeza, sonriendo divertido.
- ¿Y que ibas a contarnos? – quiso saber Hermione.
- Anoche vi cuando llegaron Dumbledore y McGonagall trayendo a Colin – les contó – Y escuche lo que hablaban. Dumbledore le estaba confirmando a McGonagall que la Cámara de los Secretos había vuelto a ser abierta –
- ¡¿Entonces si existe?! – preguntó Hermione asombrada.
Draco se puso en cuclillas para estar más cerca y poder escuchar mejor, pero se negó a sentarse directamente en el sucio suelo.
- Y es la segunda vez que la abren entonces – observo - ¿Cuándo fue la primera? –
- No lo sé, no comentaron sobre eso – le respondió Harry encogiéndose de hombros – Si hubiera tenido más tiempo, quizás podría haberle preguntado a Dobby –
- ¿Dobby? – preguntaron al mismo tiempo Draco y Hermione, lo que hizo que ambos se miraran con el ceño fruncido, pero fue Draco quien continuo hablando - ¿Quién es Dobby? –
- El Elfo Domestico que se me apareció en el verano – les explicó Harry – Volvió a aparecerse anoche –
- ¿Así se llama?, ¿Dobby? – preguntó Draco con el ceño aún más fruncido, y sin darse cuenta, se hinco en el suelo.
- Si, me dijo que ese era su nombre. Lo repite cada vez que habla – le respondió Harry, mirando el gesto turbado del rubio - ¿Por qué?, ¿Pasa algo, Draco? –
- ¡No, no, no pasa nada! – se apresuró a negar Draco con la cabeza - ¿Y qué fue lo que te dijo? – preguntó, aunque Harry noto que parecía preocupado, pero dado que no quiso decir más, no siguió preguntando de momento.
- Dobby me dijo que fue él quien bloqueo la entrada del andén, y también quien encanto la Bludger – les siguió contando.
- ¡¿Fue él?! – repitió Draco, y medio se atraganto al decir eso - ¡¿Por qué hizo algo así?! -
- ¿Pasa algo, Malfoy? – le preguntó ahora Hermione, notándolo nervioso, algo bastante inusual en él.
- ¿Qué?, ¡No, nada! – se apresuró a responderle negando con la cabeza, y se obligó a calmarse, sintiendo la verde mirada de Harry sobre él, pero Harry no le pregunto nada y lo agradeció enormemente.
- Él dijo que lo hacía no para matarme, sino para tratar de alejarme de Hogwarts por el peligro que había. Dijo que la Cámara de los Secretos sería abierta de nuevo, y que cosas terribles pasarían, si no es que ya estaban pasando, pero no pude preguntarle más porque en ese momento fue cuando llegaron el Profesor Dumbledore y la Profesora McGonagall, y Dobby se fue – les hizo saber.
- Pues si no deja de intentar salvarte la vida, va a terminar matándote él mismo – opinó Hermione.
- ¡No digas esas cosas, Granger! – la censuró Draco mirándola horrorizado.
- ¿Estas bien, Malfoy?, te ves algo pálido… Y estas actuando bastante raro – comentó Hermione, mirándolo detenidamente.
- ¡Estoy bien! – respondió con dureza éste, tratando de restarle importancia.
Harry le miraba simplemente en silencio, pero no dijo nada al respecto.
- Creo que por ahora necesito hablar con Salazar – opinó, buscando cambiar el tema – No sé si vaya a querer darme alguna respuesta, pero necesito intentarlo –
- Entonces suerte con eso, porque vas a necesitarla – comentó Hermione.
- Harry – le llamó Draco mirándole de reojo.
- ¿Si? – preguntó Harry sin dejar de caminar.
- ¿No me vas a preguntar? – quiso saber.
- No – respondió el ojiverde con tranquilidad, lo que hizo que Draco le mirara con el ceño fruncido.
- ¿Por qué no? – quiso saber.
- Porque estoy esperando a que tú me lo cuentes – le explicó Harry tranquilo – Sé que algo paso, algo te perturbo, pero también sé que no quieres decirlo, así que estoy esperando a que decidas hacerlo. A final de cuentas de eso se trata la amistad, ¿No es verdad?, de confiar el uno en el otro –
Draco se removió incomodo al escuchar eso, y suspirando pesadamente, se detuvo entonces, por lo que Harry también se detuvo al darse cuenta, volviéndose para mirarlo. Desde que habían salido del aula, Draco había estado muy callado, así que Harry no había querido hablar para dejarlo pensar, y ahora que estaban cerca de llegar a la Sala Común de Slytherin, parecía que Draco podría contarle, por lo que siguió esperando.
- Ven – le pidió, y tomándolo de la mano, lo llevo consigo de nuevo por el pasillo, y Harry simplemente se dejó llevar, curioso de lo que Draco le diría.
Cuando encontraron un aula vacía, entraron ahí, y Draco se volvió a mirarle, pero dudo durante varios minutos, antes de aspirar aire hondamente.
- ¡Dobby! – exclamó con fuerza y firmeza.
Harry le miró curioso y confundido, pero algunos segundos después, con un suave Plop, Dobby apareció frente a ellos, lo que hizo saltar a Harry, y segundos después, al verlos a ambos, Dobby también salto.
- Es él, ¿Cierto? – le preguntó Draco mirando al Elfo que temblaba, y entonces Harry comprendió.
- Sí... Dobby es un Elfo de tu familia, ¿Cierto? – le preguntó aún asombrado.
- Más específicamente, es el Elfo de mi padre… - murmuró Draco, y abatido, se recargo contra la pared, mirando al techo un momento, antes de cubrirse los ojos con una de las manos. Jamás habría imaginado que el Elfo que había visitado a Harry, y que casi lo mata con esa Bludger, era el Elfo de su padre…
Harry también se recargo en la pared sin saber muy bien que decir, y sólo cuando algunos minutos después Draco se apartó de la pared, se dio cuenta de que llevaban varios minutos en silencio.
- ¿Qué sabes sobre lo que está pasando en Hogwarts, Dobby? – demando Draco con firmeza, y aquel pequeño ser tembló.
- ¡Amo Draco, no puedo contarle! – chillo éste preocupado - ¡Dobby no puede contar los secretos del amo Lucius! –
- ¡¿Qué rayos?!, ¡También soy tu amo! – mascullo Draco indignado al escuchar eso, dando un paso hacía Dobby que saltó asustado.
- ¡Pero Dobby debe obedecer al Amo Lucius!, ¡El Amo Lucius es el dueño de Dobby! – intento explicarle, y Draco estaba a punto de sacar su varita, cuando Harry le tomó del brazo deteniéndolo.
- Basta Draco – le pidió – Pídele a Dobby que se vaya y hablemos tú y yo –
Draco le miró de reojo, pero asintió con la cabeza pese a su reticencia.
- Márchate Dobby – le ordeno molesto, y casi de inmediato, con una muy profunda reverencia, Dobby desapareció con aquel Plop, sólo para que ellos volvieran a quedar en silencio.
- Bueno, no esperábamos este giro – comentó Harry luego de algunos minutos.
- Supongo que no… - murmuró Draco mirando al piso, y suspiro pesadamente, antes de animarse a mirar a Harry – Pero te juro que yo no sabía nada de esto –
- Lo sé – le contesto Harry asintiendo con la cabeza, y pese a la sinceridad en sus palabras, Draco no pudo evitar sentirse escéptico ante aquella respuesta.
- ¿Cómo puedes estar seguro? – quiso saber.
- Porque confío en ti – le explicó Harry, y le sonrió – Hasta ahora, no me has dado ninguna razón para desconfiar de tus intensiones, así que si tú dices que no, entonces te creeré. El día en que me demuestres lo contrario, entonces dudare de tus palabras, pero eso no ha pasado hasta este momento –
Draco sintió algo extraño al escuchar aquello, algo cálido en el pecho que muy pocas veces había sentido cuando su madre le hacía saber lo orgullosa que se sentía de él, pero que nunca había sentido de la forma en que lo sintió en aquel momento.
- Y nunca pasara – le prometió.
Harry ensancho la sonrisa ante sus palabras, sólo para volver a mostrarse serio algunos segundos después.
- Pero aún debemos hablar sobre tu padre – comentó, y Draco hizo una mueca.
- Dame tiempo para investigar qué está pasando – le pidió.
- ¿Y cómo lo harás? – quiso saber Harry - ¿Le preguntaras directamente? –
- ¡Por supuesto que no, Harry! – objetó Draco de inmediato – No, no tenía pensado algo así, sería una tontería… Yo… Pensaba hablarlo con mi madre, pero tampoco de forma directa… Esos son temas muy delicados, y no se deben abordar de esa forma, además, no entiendo cómo mi padre puede estar mezclado en esto que está pasando, y en verdad quiero averiguarlo, pero no creo que preguntándole directamente sea el mejor camino, si esconde algo, no será sincero. En ese aspecto es un perfecto Slytherin –
- Bueno, en ese caso, creo que tú mejor que nadie podría encontrar una respuesta – concedió Harry, pero pese a sus dudas iniciales, decidió no decirle a Draco sobre lo que Sirius le había contado, de que Lucius Malfoy en verdad había servido a Lord Voldemort por voluntad propia, a final de cuentas, no sabían hasta qué grado o cómo era que Lucius Malfoy estaba involucrado en esto.
