Notas de la Autora: Muy bien, el onceavo capítulo esta arriba! Espero lo disfruten mucho! La verdad es que me fue muy interesante escribir este capítulo ante la presencia que hubo por parte de la Casa Slytherin, pero tuve un dilema muy grande con quien sería el tercer atacado... En fin, yo soy Gryffindor de hueso colorado, y si me lo preguntan, jamás, JAMÁS me imagine que escribiría un Fic donde resaltaría la Casa de las Serpientes... Bueno, la gente cambia y sus opiniones también, y ahora estoy aquí, escribiendo la Saga de Herencias donde la Casa principal es Slytherin :D Espero que este capítulo sea de su agrado!
Un comentario adicional! Si tengo lectores de algunos de los lugares donde tembló, deseo de corazón que estén bien. Un saludo y un abrazo!
Pasando ahora sí a los comentarios, muchas gracias a Macka14, giulianacontesso, Abril Elena, CIELO-BL, Saariitaa y AnaM1707 x2, ya saben que me encanta y me anima leer lo que piensan y sus buenos deseos! Muchas gracias!
Disclaimer: Ya saben que nada de este mundo me pertenece, todo es de la queridísima J.K. Rowling, yo solo lo manipulo para mi entretenimiento :D
Capítulo 11: Tercer Ataque. Nadie Esta A Salvo
Esa noche, Harry no pudo dormir. El tumulto que se causó luego de semejante declaración fue intenso, y muchos quisieron hacer preguntar a Harry, así que éste decidió que era hora de irse a su cuarto. Claro que Blaise y Theodore intentaron hablar de eso cuando llegaron al cuarto, pero luego de que Harry les asegurara que no diría nada, le dejaron en paz, y aunque se acostó, simplemente no pudo dormir. Fue por eso mismo que no despertó temprano, y que Draco estaba sacudiéndolo del hombro.
- Anda, Harry, se hará tarde – le apremió.
- No iré. Me declarare enfermo… - le respondió, cubriéndose la cabeza con las mantas.
- ¡Pero no estas enfermo!, ¡Anda, bajemos!, ¡No quiero ir yo solo! – se quejó Draco haciendo una mueca.
- Ni modo – le respondió Harry desde debajo de las mantas, por lo que molesto, Draco agito su varita; Un chorro de agua empapo a Harry haciéndolo gritar de la sorpresa.
- ¡Demonios, Draco, el agua esta fría! – se quejó, sentándose de golpe mientras fulminaba al rubio con la mirada, pero sin lentes, no se dio cuenta de la ligera turbación en Draco al ver aquellos verdes ojos que brillaban de una forma particular a causa de la furia.
- Anda – le apremió el rubio, parpadeando para poder apartar la mirada, y se fue a terminar de arreglar, por lo que mascullando mil cosas en contra de su amigo, Harry se paró para ir al baño.
No tardó mucho en arreglarse, y junto a Draco que le espero hasta que estuvo listo, llegó a la Sala Común, percatándose de que sus compañeros de curso estaban todos ahí, e incluso algunos más.
- Ten un buen día, pequeña Serpiente – siseo Salazar, complacido de las reacciones de asombro que causo, y no se inmuto ante la mirada resentida que Harry le lanzo.
- Lo estás disfrutando – le acuso mirando el broche que portaba Salazar – Creí que dijiste que había cuestiones privadas que no tenía por qué estar ventilando –
- No si no quieres. Debes ver más allá, pequeña Serpiente, hay veces que ayuda a la causa develar ciertas cuestiones – le hizo saber Salazar, sonriéndole con suficiencia, lo que hizo suspirar a Harry derrotado.
- Mira que hablar Pársel y ser el Heredero de Salazar Slytherin – observo Blaise sonriente - ¿Algo más que te guardes, Harry? –
- Obviamente si me lo guardo no te lo voy a decir, Blaise – le respondió Harry con una ligera mueca.
- ¡Esta bien, está bien, no te ofusques! – comentó Blaise palmeando su hombros, pero mirando el retrato de Salazar con una amplia sonrisa.
- Bueno, vámonos o llegaremos tarde – les recordó Theodore, y todos salieron al mismo tiempo de la Sala Común, dejándola vacía.
A la salida de las mazmorras, les esperaba Hermione, que parpadeo asombrada al ver todo el tropel de Slytherin que salían al mismo tiempo.
- Vaya… - murmuró.
- Buenos días, Granger – la saludo Pansy con una amplia y orgullosa sonrisa, lo que descoloco un poco a la castaña.
- Buenos días… - respondió, sintiéndose un poco fuera de lugar, y dirigió una mirada a Harry y Draco, pero Draco solo sonreía orgulloso mientras Harry suspiraba pesadamente - ¿Paso algo? – le preguntó a Harry, acercándose a él tratando de hablar en voz baja, pero dado que los demás le rodeaban, le escucharon.
- Nada pasa, Granger, sólo acompañamos a nuestro buen amigo Harry, no sea que alguien quiera pasarse de listo – respondió Blaise. Varios de primero que iban cerca, asintieron firmemente con la cabeza, manteniendo sus varitas alzadas.
- Sólo sigamos – pidió Harry, y siguió andando, incomodo de traer a tantos alumnos alrededor de él.
Hermione apenas y dio una rápida mirada a todos antes de seguirles, sin decir nada, porque había demasiada gente, pero tratando de entender lo que había sucedido. Conforme se acercaban al Gran Comedor, las miradas mal disimuladas y los murmullos comenzaron.
- ¡Te dijimos que no anduvieras con él, Hermione! – espetó Ron, y todos se volvieron a las escalinatas donde éste se encontraba junto con otros Gryffindor que bajaban - ¡Va a terminar petrificándote también! –
- Quizás lo que pasa es que la Comadreja siente celos – comentó burlona Pansy.
- Si, pero jamás tendrá la suerte de tener amigos como nosotros – opinó Millicent de forma claramente arrogante.
- ¿Amigos?, ¡Ustedes no saben lo que es eso!, ¡No dudarían en apuñalar la espalda de cualquiera de los que llaman amigos, si es necesario! – espetó Ron.
- ¡Es verdad, no hay amigos en Slytherin! – corroboró Seamus con firmeza.
- Su estrecha y pequeña mente jamás lo entendería – intervino Theodore – Claro que tenemos amigos, sólo que no llamamos a cualquiera amigo. Somos más selectivos con la gente que nos rodea –
- ¡Son convenencieros! – soltó Neville.
- Si lo quieres ver así – concedió Blaise sin inmutarse, encogiéndose elegantemente de hombros – Pero eso evita que tengamos malentendidos con los que nos rodean, porque nuestras intenciones son claras. Somos directos, y claros, lo que permite que nuestras amistades sean más auténticas que las suyas, basadas más que nada en como idealizan que debería ser la otra persona como amiga –
- Y también somos más letales para proteger a los que consideramos nuestros – añadió Pansy con un brillo predador en sus verdes ojos mientras apuntaba con la varita.
- Y a Harry Potter decididamente lo consideramos uno de nosotros – declaró Millicent, y Harry vio con cierta turbación que todos los Slytherin apuntaban sus varitas, todos menos Draco, aunque sonreía complacido y tenía la varita a la mano. Hermione por su parte, miraba con los ojos como platos la situación.
- ¡Ya, basta todo mundo! – se apresuró a intervenir Harry - ¡Bajen sus varitas!, ¡¿Qué pretenden?! –
- Yo pensaba en mandáramos a la Enfermería – comentó distraídamente Theodore, jugando con su varita sin inmutarse.
- Así les enseñamos a no meterse con un Slytherin – opinó Blaise animado.
- ¡Olvídenlo, no! – sentencio Harry negando con la cabeza - ¡Olvídense de ellos y simplemente vayamos a desayunar para poder ir a clases! –
- ¿Es una orden del Príncipe de Slytherin? – preguntó con un suave puchero Pansy haciendo saltar a Harry.
- ¡¿Qué?!, ¡Claro que no! – se apresuró a aclararle, mirándola asustado, como si Pansy misma pudiera morderle en cualquier momento.
- Entonces podemos hacerlo – observó Millicent sonriendo divertida.
- ¡Que no! – protesto de nuevo, y desesperado, miró a Draco que luchaba por contener las ganas de reír - ¡No te rías!, ¡Ayúdame! – le pidió desesperado, ante lo que Draco primero se encargó de recomponer su postura antes de hablar.
- Muy bien, muy bien, todos, ya déjenlo en paz y vayamos al Gran Comedor, o lo harán enojar y entonces si Salazar no nos dejara entrar a la Sala Común – les indico.
- ¿Podría hacer eso? – preguntó curiosa Pansy.
- No lo sé – confesó Draco encogiéndose elegantemente de hombros – Pero todo puede pasar si está de por medio su Heredero, ¿No lo crees? –
- ¡Draco! – brinco Harry al escucharlo, fulminándolo con la mirada.
- Si, tienes razón, suena muy lógico – concordó Blaise, y sin hacer caso a los Gryffindor que observaban bastante confundidos, los Slytherin se fueron, llevándose a un resentido Harry, y una muy confundida Hermione.
- Bueno, yo creo que me voy a mi mesa… - comentó Hermione al ver que todos los Slytherin comenzaban a sentarse en su mesa.
- Puedes sentarte, Granger, no te morderemos – le dijo Pansy sonriéndole enigmática.
- Oh… Yo… No, creo que lo mejor es que vaya a mi mesa… - se excusó, sin entender para nada todo lo que estaba pasando en Slytherin – Nos vemos después… -
- ¡Hasta después, Granger! – se despidió Pansy agitando la mano.
- Adiós – se despidieron también Theodore y Blaise, mientras Millicent agitaba la mano.
- Vamos Harry, no te enojes – le pidió Draco ante la mirada de pocos amigos que aún le dirigía el ojiverde– Mejor come, que tanta bilis tan temprano te hará daño – y acercó un plato, donde puso alguna salchichas.
Luego de eso, por el castillo se corrió la voz de que los Slytherin llamaban a Harry el Príncipe de Slytherin, y que incluso habían asegurado que era el Heredero de Salazar Slytherin, lo que causo que por consecuencia el resto de la escuela pensara que era el culpable de los ataques, así que comenzaron a mantener su distancia, alejándose apresuradamente cuando se lo topaban por los pasillos, sin animarse a hacerle nada, ante la cantidad de Slytherin que siempre le rodeaban.
- Hermione, ¿Has visto a Ginny? – le preguntó Harry en un determinado momento mientras iban por uno de los pasillos, haciendo su mejor esfuerzo para ignorar a todos los que le seguían. El grupo de siempre incluía a los de su curso: Pansy, Millicent, Blaise, Theodore, Vincent y Gregory, pero de vez en cuanto se le pegaba algún otro Slytherin mientras caminaban por los pasillos, sólo para separarse más adelante deseándole suerte a Harry.
- No, esta mañana no la he visto – respondió la castaña - ¿Por qué? –
- Luna me dijo que esta rara, y quiero hablar con ella antes de que lleguen las vacaciones – le explicó.
- La verdad desconozco las clases que tiene, como para saber dónde podría estar – comentó Hermione.
- Eso es fácil de arreglar, Harry – intervino Pansy, y se detuvo frente a un grupito de primero de Slytherin - ¡Oigan, ustedes! – les llamó, ante lo que el grupito la miro con atención – Necesitamos saber dónde está Ginny Weasley. Es una pelirroja de Gryffindor muy impetuosa, ¿La conocen? –
- ¡Es la niña que siempre habla de Harry, ¿Verdad?! – preguntó uno, ante lo que Harry se cubrió la cara apenado.
- Si, sin duda sería ella – confirmó Hermione sonriendo divertida.
- Si, es ella – confirmó entonces Pansy a los de primero - ¿Cuándo tienen clase con ella? –
- Tenemos clase de Defensa esta tarde con los Gryffindor, y ella está ahí – respondió de inmediato uno.
- ¿Quieres que le den algún recado, Harry? – le preguntó Pansy, pero Harry, asombrado de cómo estaba manejándose Pansy, no respondió hasta que Draco le dio un codazo.
- Solo que le digan que quiero hablar con ella, que si puede esperarme cerca de la entrada del Gran Comedor antes de la cena – respondió, pensando con cierto asombro que desde anoche, los Slytherin de su curso se estaban desenvolviendo casi como generales, con una seguridad y firmeza que no pensó que podrían tener pese a su corta edad.
- Ya lo escucharon. En cuanto la vean denle ese mensaje – les ordeno Pansy.
- ¡Sí! – aceptaron complacidos todos, y entonces Pansy se volvió a los demás sonriendo satisfecha – Aprende a usar los medios que te rodean, Harry. Eso puede hacer las cosas más fáciles, y hay mucha gente por ahí que podría y estaría gustosa de ayudarte – le hizo ver.
- La verdad es que estoy muy acostumbrado a hacer las cosas por mi propia cuenta – se trató de justificar Harry, sonriéndole algo apenado e incómodo.
Snape alzó una ceja al ver a aquel tropel de Slytherin más una Gryffindor que llegó al Gran Comedor a la hora de la comida, y todos los que estaban en ese momento en el Gran Comedor los observaron antes de comenzar a cuchichear. Los que estaban cerca de ellos se movieron, apartándose apresuradamente de su paso, pero los Slytherin se movieron como si no se dieran cuenta de eso, o no les importara en lo más mínimo.
Dado lo sucedido la noche anterior, había considerado seriamente hablar con Harry antes de que comenzaran las clases de aquel día, pero luego de ver la forma en que los alumnos de la Casa Slytherin estaban comportándose, decidió observar un poco más.
Los Slytherin no solían andar en grupos grandes, pero cuando eso sucedía, era un aviso silencioso de que estaban listos para atacar a la menor provocación, y era cuando más letales podían ser, lo que le hizo pensar que en cualquier momento se enteraría de que sus alumnos se enfrentaron a otros, pero no sucedió, y durante el transcurso de la mañana, no escucho que algo así sucediera.
Nunca había visto a la Casa de Slytherin comportándose de esa forma. A la mayoría, sobre todo a los que rodeaban a Harry, los notaba listos para responder a cualquier ataque, pero por sobre todo, los podía ver mostrarse orgullosos y seguros de la Casa a la que representaban.
Todos saludaban a Harry al pasar cerca de él, aunque notaba que el pelinegro no se veía especialmente cómodo con todo aquello, lo cual cobraba sentido si prestaba atención a un rumor en especial, sobre el hecho de que los mismos Slytherin habían declarado que Harry era el Heredero de Salazar Slytherin. Incluso escucho a algunos de sus alumnos decir con orgullo que el mismísimo Salazar lo había declarado la noche anterior.
Lo dejo comer, y cuando vio que estaba por terminar, se paró para acercarse a él.
- Si ya termino, vamos a mi despacho, señor Potter – le indico, poniendo su mano en el hombro de éste, que le miró, antes de asentir con la cabeza y levantarse.
Draco también ya se levantaba, pero la voz del Profesor lo detuvo.
- Sólo el señor Potter, señor Malfoy – le aclaró, y guió a Harry hasta la salida del Gran Comedor.
- ¿Y ahora que paso? – preguntó Blaise curioso.
- Harry no ha hecho nada malo – comentó Pansy, que igual trataba de hacer memoria.
- No lo sé – fue todo lo que dijo Draco, que igual se levantó de la mesa.
- Dijo que sólo Harry – observó Theodore.
- Si, lo escuche – dijo simplemente Draco, y aun así se dirigió hacia las puertas del Gran Comedor.
Snape no dijo nada hasta que cerró la puerta de su oficina después de que Harry entrara.
- Escuche que los Slytherin aseguran que eres el descendiente de Salazar Slytherin – comentó mientras iba a sentarse tras su escritorio.
- ¿En serio? – preguntó Harry, removiéndose incomodo ante aquello.
- Y que fue el mismísimo Salazar quien lo confirmó la noche anterior en la Sala Común – agregó, señalando el asiento frente a su escritorio para que Harry se sentara, cosa que éste hizo luego de hacer una mueca al escucharle.
- Supongo que era imposible que algo así quedara como un secreto – comentó.
- Supongo que no, si fue Salazar mismo quien lo dijo, pero, ¿Porque Salazar decidió ventilar algo como eso? – quiso saber Snape.
- Sólo él sabe porque, señor – respondió Harry encogiéndose de hombros – Parece que estaba orgulloso del apoyo que anoche me estaban mostrando los Slytherin –
- ¿Apoyo? – preguntó.
Harry asintió con la cabeza ante la pregunta, y aspiro aire antes de comenzar a hablar.
- Anoche luego de lo sucedido, parece que mis compañeros de curso reunieron a toda la Casa Slytherin, y frente a ellos hicieron una demostración de porque no creían que yo era quien había atacado a la señora Norris y a Colin – le explicó – También demandaron que quien no pensará igual, expusiera sus razones, pero ninguno lo hizo. Entonces Salazar hablo en Pársel, atrayendo la atención de todos, y en ingles después declaro que yo era su descendiente –
Snape hizo una mueca al escuchar eso.
- Y tuvo un gran impacto en tus compañeros – observó – Una cosa era creer que no fuiste quien lastimo a la señora Norris o a ese niño de Gryffindor, y otra muy diferente, saber que están ante el descendiente de Salazar Slytherin, que inclusive como él, es capaz de hablar Pársel –
- Y no ayuda que cada que Salazar me ve, me habla en Pársel – agregó Harry.
- Imagino que tú le contestas – intuyó Snape.
- No siempre puedo quedarme callado, señor – se defendió Harry.
- Así que eso eleva más la moral y el orgullo de tus compañeros – comentó Snape pensativo.
- Supongo que si – accedió Harry encogiéndose de hombros.
- Bueno, eso evita que tenga que preocuparme por ti. Con los Slytherin rodeándote, es poco probable que te metas en problemas – observó Snape, ante lo que Harry hizo una mueca.
- No me meto en problemas, señor – objetó resentido.
- Si lo haces, incluso si no es tu intensión – debatió Snape antes de suspirar – Supongo que no hay mucho que se pueda hacer al respecto, si fue Salazar mismo quien comenzó todo esto. Voy a hablarlo con el Director, pero mientras, las vacaciones están por comenzar, ¿Ya tienes el permiso del pulgoso? –
- Aun no… - murmuró Harry haciendo un mohín.
- Se te acaba el tiempo – le recordó Snape – Puedes irte, pero si no me entregas ese permiso, yo mismo te subiré al tren –
- Lo sé – respondió Harry derrotado, y poniéndose de pie, se dirigió a la puerta. Ciertamente no le sorprendió que al abrirla, Draco estuviera recargado del otro lado de la pared esperándolo.
- Pues parece que no va a llegar a cenar – comentó Blaise mirando a la mesa de los Leones.
- ¿Estará castigada? – aventuro Draco.
- No lo sé… - murmuró Harry, que también miraba la mesa de los Leones. Había estado esperando en la entrada a Ginny, pero no llego, así que paso a cenar junto con los demás, pero la hora de la cena estaba llegando a su fin, y Ginny no se veía por ningún lado.
- Ya les pregunte, Harry – le infirmó Pansy, llegando acompañada de Millicent para sentarse a su lado – Dicen que la vieron en Defensa y que le dieron tu mensaje –
Harry sopeso sus palabras.
- Gracias – le dijo, y se puso de pie.
- ¿A dónde planeas ir? – le preguntó Draco al verlo hacer.
- Quiero ir a la torre de Gryffindor – le respondió.
- No creo que seas bien recibido por esos rumbos – observó Theodore.
- No, pero necesito hablar con ella antes de que se vaya de vacaciones – comentó Harry, viendo que Hermione ya se levantaba y comenzaba a acercarse a la puerta.
- ¿Y porque es tan importante? – quiso saber Millicent.
- Porque alguien me pidió que lo hiciera – respondió simplemente, alejándose apresurado para alcanzar a la castaña.
- ¡Demonios, espérame! – masculló Draco apresurándose a levantar de la mesa para seguirlo.
- Bueno, allá vamos – comentó Pansy mientras se levantaba de la mesa, al mismo tiempo que lo hacían Millicent, Theodore, Vincent y Gregory.
- ¿Saben?, en verdad creo que Harry necesita aprender a disfrutar sus comidas de principio a fin – se quejó Blaise mientras también se ponía de pie.
- Sabes que nadie te está obligando a ir – le recordó Pansy mientras comenzaban a caminar.
- Pero esto promete ponerse bueno – aventuro Theodore sonriendo interesado
- Claro, vamos a la guarida de los Leones – añadió Millicent con una sonrisa predadora que la hacía ver bastante peligrosa pese a su corta edad.
- ¿No creen que causara mucha conmoción si llegan todos? – no pudo evitar preguntar Hermione mientras subían las escaleras, mirando de reojo a los Slytherin que les seguían.
- Descuida Granger, sólo venimos como apoyo – le aclaró Pansy sonriéndole con falsa inocencia.
- ¿Apoyo? – repitió Hermione mirándola confundida.
- Claro, Harry va a la guarida de los Leones, y creen que es quien ha realizado los ataques, así que puede ser atacado y necesitar apoyo – le explicó Millicent con suficiencia.
- Y que eso nos pueda dar una cierta diversión, es punto y aparte – opinó Blaise divertido, ante lo que Hermione rodo los ojos.
- No sé si eso me tranquiliza – comentó.
- Sangre… Sangre… Quiero tu sangre… - escuchó de pronto Harry, lo que le hizo sobresaltarse y detenerse abruptamente, haciendo que Theodore que venía justo detrás, chocara contra él empujándolo hacía adelante mientras trastabillaba un poco hacía atrás, deteniéndose gracias a Vincent que venía detrás de él.
- ¿Qué paso? – le preguntó Vincent.
- Es que Harry se detuvo de pronto – se excusó Theodore.
- ¿Estas bien? – le preguntó Draco a Harry, agachándose con la intensión de ayudarlo a pararse, pero Harry no se dejó ayudar, sólo alzo la mano en señal de que esperar.
- Shhh – dijo simplemente, pero eso fue todo lo que Draco y Hermione necesitaron escuchar, para saber lo que pasaba. Sin dudarlo, tomaron sus varitas mientras miraban alrededor.
- Sangre… Fresca… - murmuró de nuevo la voz.
- ¿Qué pasa? – preguntó Pansy, que no paso por alto aquella reacción, y el gesto alerta que ahora tenían tanto Draco como la castaña. Ellos mismos sacaron sus varitas y se mantuvieron alerta, no porque supieran o entendieran lo que pasaba, sino porque por sentido común era lo más obvio.
- Te huelo… Te matare… Te despedazare… - volvió a hablar la voz, y de alguna forma, Harry supo que estaba muy cerca y bastante emocionada. Ni siquiera lo pensó, se puso en pie de un salto, saco su varita, y tomó la mano de Hermione.
- ¡Regresemos al Gran Comedor! – ordenó, y comenzó a correr escaleras abajo. Aquella voz se había escuchado tan excitada y cercana, que le dio la sensación a Harry de que sin duda podían topársela, y de que más de uno de ellos moriría si algo así pasaba, por eso mismo decidió alejarse de ahí y llevarse a todos, consciente de que la vida de todos ellos era su responsabilidad, al ser el único que escuchaba esa voz.
Draco no hizo preguntas, sobre todo, porque jamás había visto a Harry retroceder como lo vio en aquel momento, así que se limitó a correr detrás de él escaleras abajo, mientras los demás los seguían sin hacer tampoco preguntas.
Bajaron tan apresuradamente, que todos los que quedaban en el vestíbulo los miraron confusos.
- ¿A que debemos tanta prisa? – preguntó Snape, que ya iba hacía su habitación luego de la cena, cuando se los topo - ¿Y puedo saber de dónde venían? –
- ¡Señor! – le llamó Harry acercándose a él de inmediato, sin siquiera recordar soltar la mano de Hermione. Sin despegar sus verdes ojos de los negros del Profesor, dejo fluir los recuerdos de lo que había pasado tan solo momentos atrás. Sabía que Snape no podría escuchar el siseo, pero vería en el recuerdo lo que Harry sintió al escucharlo.
- Todos ustedes quédense aquí – les ordeno al grupito de Slytherin, antes de mirar a Harry – La Profesora McGonagall sigue dentro, avísale – y sin decir más, corrió escaleras arriba, ante la confundida mirada del resto de los Slytherin.
Harry no perdió el tiempo y corrió al interior del Gran Comedor, aún sin soltar a Hermione, que pálida, simplemente se dejaba llevar.
- Señor Potter, ¿Por qué corre? – le preguntó Minerva al verlo llegar corriendo hasta la mesa de Profesores donde ya solo quedaban unos pocos.
- ¡Profesora…!, ¡Volví a escuchar la voz! – le explicó Harry en voz baja, aprovechando que no había Profesores sentados cerca de ella, y tratando de hablar lo más claro posible en medio de su agitación – ¡Fue por el quinto piso. El Profesor Snape ya fue para allá! –
El rostro de la Profesora se volvió pálido y bastante serio.
- Quédense aquí en el Gran Comedor – ordeno mientras se levantaba y salía apresuradamente, atrayendo la atención de los pocos que quedaban ahí.
- ¿Crees que estábamos cerca? – le preguntó la castaña en un murmullo, y entonces, por fin Harry fue consciente de que seguía trayendo de la mano a la castaña, por lo que sobresaltado, la soltó de inmediato.
- ¡Lo siento, te traje casi arrastras por todos lados! – se disculpó de inmediato, ante lo que Hermione sonrió ligeramente.
- No te preocupes – le respondió restándole importancia.
- Todos se están reuniendo en el vestíbulo – les infirmó Draco en cuanto llegó a donde ellos se encontraban – No dejan de murmurar que algo paso, y que por eso Snape y McGonagall subieron casi corriendo. Volviste a escuchar la voz, ¿Verdad? –
- Si – respondió Harry asintiendo con la cabeza, pero mirándoles aún inquieto – Y estábamos demasiado cerca de donde estaba… -
Draco y Hermione tragaron saliva al escuchar eso. No dijeron más y se quedaron con Harry a esperar el regreso de los Profesores. Tampoco tuvieron que esperar demasiado, porque sólo cinco minutos después, comenzaron a escuchar cierto tumulto en el vestíbulo. Los tres se miraron, antes de salir del Gran Comedor, y al hacerlo, todos los alumnos que ahí había a excepción de los Slytherin les miraron con recelo, alejándose incluso de ellos.
- Están diciendo que encontraron a otro alumno petrificado – comentó Pansy, acercándose a ellos junto con el resto de los Slytherin. Sus gestos eran sombríos y ligeramente tensos.
- ¿Quién? – pregunto Harry de inmediato, pero no alcanzo a enterarse, porque en ese momento bajaba las escaleras la Profesora McGonagall, y todos se volvieron a mirarla. Su semblante era tenso y severo como no recordaban haberla visto.
- Formen grupos, y quiero que se dirijan a sus respectivas Salas Comunes sin desviarse del camino ni separarse de los demás – les ordeno, y observó cómo los alumnos buscaban a otros alumnos de su misma Casa.
Hermione tuvo que separarse de los Slytherin para acercarse a los Gryffindor que quedaban, y unos pocos Slytherin que aún andaban por ahí, se juntaron con ellos para comenzar a caminar hacía las mazmorras.
- Potter, tú ven conmigo – le indico la Profesora cuando paso a su lado, lo que hizo que Harry la mirara confundido.
Apenas intercambio una rápida mirada con Draco, antes de separarse de los demás, dejando que se fueran hacía las mazmorras, mientras él se quedaba con la Profesora hasta que todos los alumnos se marcharon hacía sus respectivas Salas Comunes en grupos.
- Vamos, Harry – le pidió, y comenzó a andar.
Harry noto que ya no estaba usando aquel formalismo al dirigirse hacia él, lo que le llamó la atención.
- Profesora… ¿A quién atacaron? – se animó a preguntarle.
Minerva le miro de reojo apenas unos segundos.
- Una alumna de segundo año de Ravenclaw. Luna Lovegood – le respondió.
- Luna… - repitió Harry, deteniéndose y mirándola aturdido.
- ¿La conocías? – le preguntó la Profesora, deteniéndose al ver que el chico se detenía.
- Si… - respondió Harry en apenas un murmullo, tratando de asimilar aquella información, mirando entonces más confundido a la bruja frente a él – Profesora, ¿Luna era…? - pero no pudo terminar aquella pregunta, ante lo que eso podía significar.
- No, no era hija de Muggles – aclaro Minerva, intuyendo lo que el chico quería preguntar, y Harry la miro inquieto.
- Pero Profesora, la leyenda dice que la bestia de la Cámara solo atacaría a hijos de Muggles – murmuró consternado.
- Lo sé, Harry, pero parece que eso ha cambiado – le respondió Minerva – Ahora vamos. Te llevare a la Oficina del Director. Él quiere hablar contigo, pero tendrás que esperarlo un poco porque está arreglando lo que sucedió –
En ese silencio, ambos fueron hasta la gárgola, donde la Profesora dio la contraseña.
- Quédate aquí y no salgas bajo ningún concepto, sin importar si escuchas de nuevo esa voz – le ordenó – Dumbledore vendrá aquí en cuanto se desocupe, y luego el Profesor Snape te regresara a Slytherin –
Harry asintió con la cabeza y subió las escaleras hacía la oficina, que en efecto estaba vacía. Ya antes había estado en aquel lugar, que tenía un sinfín de artefactos y libros que llenaban sus paredes, pero nunca como en aquel momento se centró en todos aquellos objetos y detalles, quizás en cierta forma, buscando distraerse de aquel otro tema que le estaba generando ansiedad.
En un momento, sus ojos se toparon con el Sombrero Seleccionador, y sin poder evitarlo, se acercó a él, estirando la mano para tocarlo.
- Harry Potter – nombro el Sombrero, y Harry saltó, apartando la mano como si el mismo quemara.
- Lo siento – se disculpó de inmediato.
- No me has molestado – le aclaró el Sombrero – Tu selección fue la más interesante que he hecho en años –
- ¿Sabías sobre la Herencia de Salazar? – quiso preguntarle, aprovechando al escucharle hablar sobre eso.
- Si, lo sabía. Pude verlo – le respondió el Sombrero.
Harry trago al escuchar aquello, y apartó la mirada incómodo.
- ¿Sigues pensando que hubieras preferido haber quedado en Gryffindor? – le preguntó el Sombrero ante su silencio, y Harry contuvo apenas un poco el aire.
- Ya no – le respondió, aunque su voz sonaba abatida – Pero me preocupa pensar que pueda convertirme en un Mago Oscuro –
- Los Magos Oscuros no nacen, se hacen, Harry Potter – le aclaró el sombrero – Y no solo aquellos que están en Slytherin tienen el potencial de convertirse en uno –
- Lo sé. No lo digo por eso – quiso explicarle Harry – Me preocupa que con todas las similitudes que tengo con Voldemort, pueda convertirme en alguien igual a él… Inclusive soy Heredero de Salazar Slytherin –
Un bufido se escuchó, y Harry miró hacía la pared de la puerta, seguro de que ese sonido venía del retrato de Salazar, pero no quiso hacerle mucho caso.
- Podrías serlo si quieres, Harry Potter – le respondió entonces el Sombrero, y Harry le miró con el ceño fruncido – Tienes tanto potencial guardado, que puedes ser lo que tú quieras, pero si tanto te preocupa volverte un Mago Oscuro, entonces mantente cerca de las personas que te quieren –
Harry se sintió ligeramente confundido de aquellas palabras, y dio algunos pasos hacia atrás alejándose del Sombrero. Miró el resto del lugar de forma distraída, ya sin prestar real atención, cuando un suave trino llamo su atención.
A un lado de la puerta había una percha dorada, donde un pájaro de aspecto bastante decrepito se encontraba.
Harry se acercó a él curioso. Aquel pájaro ya no tenía todas sus plumas, e inclusive parecía algo enfermo, pero aun así, Harry estaba seguro de que aquel debía ser un fénix.
- ¿Te sientes mal? – le preguntó, y tímidamente alargo la mano para intentar tocarlo, sonriendo cuando el ave se dejó acariciar la calva cabeza.
De pronto, el ave profirió un suave lamento, haciendo que Harry apartara la mano, al tiempo que comenzó a arder, algo que sobresaltó al ojiverde. Miró a todos lados, confundido sobre lo que había pasado, antes de regresar su mirada al montículo de cenizas que había quedado.
- No pasa nada – comentó de pronto una voz tranquila haciendo saltar a Harry, que miró hacía los cuadros de los fundadores, reconociendo la voz de Godric que le miraba sonriendo condescendiente – Simplemente su hora llegó, pero como todos los Fénix, cuando su hora de morir llega se prenden fuego, y luego… -
- Renacen de las cenizas… - completó Harry, mirando las cenizas curioso, y sonrió al ver a aquel pequeño pájaro del tamaño de un pollito, que todo arrugado trataba de asomarse de entre las cenizas.
Estiro las manos y tomó entre ellas a la pequeña ave, sonriendo maravillado, pues jamás pensó que le tocaría ver en algún punto de su vida, el morir y renacer de un Fénix.
- Vaya susto que me diste – le reprocho al ave, pero sin estar realmente molesto mientras acariciaba suavemente su cabeza calva.
En ese momento la puerta se abrió y Harry se volvió, viendo que Dumbledore entraba con gesto sombrío, pero sonrió al ver lo que el menor tenía entre sus manos.
- Veo que has conocido a Fawkes – comentó, acercándose para poder acariciar al ave – Espero que no te haya tocado verlo cuando ardió –
- La verdad es que puso cara de terror – comentó Salazar, y Dumbledore sonrió divertido mientras Harry le dirigía una resentida mirada.
- Eso no es cierto, sólo me asuste un poco – le reprocho, antes de mirar a Dumbledore – Pero Godric me aclaro que estaba en su momento de morir y renacer –
Dumbledore miró al retrato de Godric, asintiendo con la cabeza a modo de agradecimiento, que Godric respondió con otro asentimiento.
- Me alegra entonces – dijo, yendo a sentarse en la silla detrás de su escritorio, mirando entonces a Harry, y sonriendo al ver que seguía acariciando a Fawkes – Veo que se ha encariñado contigo – comento, y al escuchar eso, Harry recordó que esa ave tenía un dueño.
- ¡Lo siento señor! – se disculpó de inmediato, acercándose al escritorio para dejar ahí al ave.
- No lo sientas – le pidió Dumbledore – Más que nada me llama la atención. Fawkes es mi Familiar, y nunca se había mostrado tan accesible a alguien que no fuera yo – le explicó, acariciando al polluelo que quedo sobre el escritorio.
- ¡¿Es su Familiar?! – repitió Harry, y miró con asombro a Dumbledore, porque según lo poco que había leído sobre los Familiares Mágicos, se tenía que formar un vínculo con el ser mágico, y esta criatura debía aceptar el vínculo por voluntad propia para poder convertirse en el Familiar Mágico de un Mago, quedando ambos enlazados en un cierto nivel.
- Si – confirmó Dumbledore asintiendo suavemente con la cabeza.
- Que increíble – murmuró Harry mirando al polluelo admirado, lo que hizo sonreír a Dumbledore.
- Pero no era de eso de lo que quería hablar contigo – recordó Dumbledore, mirándolo ahora con un poco de seriedad, por lo que Harry mismo le miró serio – Vas a regresar a casa para navidad –
- Pero señor, Draco… - quiso decirle Harry, pero Dumbledore alzo una mano indicando silencio, por lo que solo se mordió el labio para no decir más.
- Voy a hablarlo con Sirius para ver si él puede convencer a la madre del joven Malfoy para que pase las vacaciones contigo, pero aún si no es posible, no te dejare quedarte en el castillo durante las vacaciones. Ya sabes lo que paso, ¿Cierto? – le preguntó, y Harry asintió con la cabeza algo reticente – Si quien está causando los ataques, ha decidido que todos son un posible objetivo, eso te pone en mayor peligro. No tiene sentido arriesgarte si no es necesario. Volverás a casa en vacaciones –
Cuando Snape llego por él, Harry lo siguió en silencio hasta la Sala Común, y cuando paso el muro de piedra, vio asombrado que la mayoría de los Slytherin estaban de nuevo ahí.
En cuanto lo vio entrar, Draco se apresuró a acercarse a él.
- ¿Qué paso? – le preguntó, tratando de hablar en voz baja, sabiendo que todos les estaban observando.
- Dumbledore me dijo que no me dejara quedarme en el castillo durante las vacaciones – le hizo saber, sintiéndose incomodo de que no dejaran de observarles - ¿Qué pasa aquí? – quiso saber.
- ¿Sabes lo de Luna? – quiso preguntarle primero Draco, aunque intuía que así era, y con una mueca, Harry asintió con la cabeza – Todos están aquí porque están preocupados y no pueden dormir –
- Además, algunos chismosos han comentado que nosotros veníamos bajando a la carrera las escaleras, poco antes de que se enteraran de que otra alumna fue petrificada, y eso a causa que algunos Slytherin tuvieran la duda de si en verdad no fuiste tú quien la ataco – agregó Pansy con voz desinteresada.
- Estúpidos… - mascullo Draco molesto.
- Pero es una duda razonable – observó Theodore mirando a Harry – Nosotros estábamos contigo. Nosotros sabemos que no fuiste quien ataco a Luna, pero aun así tenemos una duda –
- ¿Que duda? – preguntó Harry, aunque ya lo intuía.
- ¿Por qué salimos corriendo? – preguntó Millicent – Parecía como si supieras que alguien iba a atacar –
Harry suspiro pesadamente en ese punto.
- Porque lo sabía – declaro, y varios de los alumnos en la Sala Común jadearon al escuchar eso.
- ¿Cómo? – quiso saber Blaise curioso.
- Porque Harry lo escucha, pero es el único que puede, porque escucha a alguien hablando Pársel, que dice cosas sobre matar – les explicó Draco, tratando de compartir la carga del pelinegro.
- Les dije que corrieran, porque cuando escuche la voz, supe que estábamos demasiado cerca, y que podía ser peligroso si nos enfrentábamos – les explicó entonces Harry.
- ¿Por eso estabas ahí cuando petrificaron a la señora Norris? – se animó a preguntarle un alumno de tercero.
- Si – confirmó Harry asintiendo con la cabeza – Esa vez también escuche la voz, pero estaba con el Profesor Snape y lo trate de guiar hasta el lugar –
La mayoría de los alumnos se removieron incomodos y nerviosos.
- Pero ahora fue petrificada otra alumna, y ella no era hija de Muggles, ¿Cierto? – comentó un alumno de cuarto.
- No, no lo era – le confirmó Harry, y todos murmuraron ansiosos entre sí.
- Por eso te dijo Dumbledore que no te quedaras en el castillo, ¿Verdad? – le preguntó Draco – Si esa persona que está atacando, ha cambiado sus objetivos, puede ser peligroso que estés aquí –
Harry le miró, pero simplemente asintió con la cabeza.
- Vaya, supongo que ser El-Niño-Que-Vivió sí tiene algunos privilegios – comentó Blaise divertido, pero Harry le dirigió una mirada tan acida, que Blaise alzo las manos – Bueno, ya, olvida lo que dije –
- Tengo sueño, sólo quiero irme a dormir – fue todo lo que Harry dijo.
- Vamos – le animó Draco, y comenzó a encaminarse a la entrada que llevaba al dormitorio de hombres.
- Es mejor que estés lejos – comentó Salazar cuando Harry paso a su lado, y Harry abrió la boca para responderle, cuando noto todas las miradas, y recordando que si hablaba a Salazar tenía que hacerlo en Pársel, simplemente negó con la cabeza y se alejó.
La agresión que sufrió Luna, puso un ambiente tenso y lúgubre en el castillo pese a las proximidades de las fiestas navideñas. Nadie hablaba demasiado alto, y todos se movían en grupos grandes de una clase a otra, la mayoría con las varitas en la mano listos para defenderse. Tampoco hubo demasiados alumnos que ese año se quedaran en el castillo, y por más que Harry lo intento, no pudo reunirse con Ginny, porque Draco se oponía a que se separaran del resto de los Slytherin por buscarla.
Cuando las clases terminaron, Snape en persona se encargó de escoltar a Harry hasta el tren. Sirius había conseguido el permiso de Narcisa para que Draco pasara las fiestas con ellos, así que Draco también iba a su lado.
Luego de supervisar que ambos niños estuvieran dentro del tren y que el mismo se marchaba sin problemas, Snape conjuro su Patronus, mandándolo a Sirius con el aviso de que Harry ya iba de camino.
El viaje se dio sin ninguna clase de novedad, y la mayor parte del tiempo Harry se la paso distraído mirando a la ventana o leyendo un libro, sin muchas ganas de hablar, así que Draco le dejo hacer, distrayéndose en jugar con sus otros compañeros.
Cuando arribaron, no tuvieron muchos problemas para bajar del tren porque los mismos alumnos a su alrededor se apartaban de su camino, lo que hacía mucho más fácil el transitar. Fue por eso que para Sirius y Remus fue más fácil ubicarles y acercarse a ayudarles.
- ¿Qué tal el viaje? – les preguntó Sirius animado.
- Ha habido mejores – opinó Draco.
- Imagino que ha sido tenso – aventuró Remus, que notaba a los alumnos mucho más callados.
- Un poco – convino Harry.
- Bueno, vayamos a casa a descansar – les propuso Sirius.
Sus compañeros de Slytherin se despidieron de Harry y Draco, incluso otros Slytherin los despidieron al verlos pasar, algo que no pasó inadvertido para Sirius y Remus, pero no dijeron nada. Cuidando de Harry y Draco, se dirigieron lo más pronto posible al punto de Aparición, para poder usar el Traslador que los dejaría de forma segura en el interior del número 12 de Grimmauld Place.
