Notas de la Autora: Hola, hola! Este es un capítulo ligeramente mas tranquilo y hogareño que los anteriores :D! Ya le di muchos dolores de cabeza a los chicos, así que quiero darles unos días de tranquilidad, aunque tampoco tantos, no se vayan a acostumbrar jajajaja
Espero que disfruten este capítulo!
En cuanto a los comentarios, quiero agradecer a Macka14, giulianacontesso, blackladymoon, Abril Elena y AnaM1707, muchas gracias, me divierto mucho leyendo lo que ponen, así que gracias por tomarse un tiempo para escribirme, ya saben que les contesto en el apartado destinado para ello!
Disclaimer: Ya saben que nada de este mundo me pertenece, todo es de la queridísima J.K. Rowling, yo solo lo manipulo para mi entretenimiento :D
Capítulo 12: Vacaciones
Draco pensó que las vacaciones en la Casa Black podrían ser un poco aburridas, pero no lo fueron en lo absoluto. Claro que desde que llegaron, Remus estuvo muy al pendiente para que él terminara las tareas que se había traído; Harry las había terminado poco antes de salir de Hogwarts, pero él no, y ahora entendía que en verdad el ojiverde no bromeaba cuando decía que Remus no le dejaría hacer otra cosa que no fueran sus deberes, porque apenas llegaron, el castaño reviso que no tuvieran tareas pendientes, y paso los siguientes tres días al pendiente de él para que las terminara. No fueron más días, porque le pidió ayuda a Harry para poder terminar en tiempo record, pues no quería pasar el resto de sus vacaciones supervisado como niño chiquito y haciendo tareas, mientras que Harry se iba a entrenar con Sirius en las mazmorras, porque si, apenas al siguiente día de llegar, Sirius y Harry bajaron a entrenar, y a él no se le permitió ir porque aún le faltaban tareas por hacer... La mayor vergüenza que a un Malfoy le había tocado vivir, a palabras de Draco.
Pero habiendo pasado ese obstáculo, Draco encontró por demás interesantes el resto de las vacaciones, sobre todo lo que se refería a los duelos que tenían con Sirius, que parecía disfrutar de moverse de un lado a otro, retrocediendo, avanzando, rodando; Simplemente parecía incapaz de quedarse quieto, y eso hacía que al mismo tiempo, el duelo se desplazara por toda la mazmorra, porque los obligaba a ellos mismos a moverse, a ser más activos, a ser más rápidos, más agiles, y a mantener la cabeza fría y despejada pese a la presión que éste mantenía. Pelear con su padre era muy distinto, porque su padre no se movía casi del lugar donde se paraba, y le obligaba a responder con eficacia los hechizos para no tener que moverse tampoco. Su padre solía decir que un buen duelista no tenía necesidad de moverse de su lugar, y siempre había creído que aquello era la verdad absoluta, y seguramente lo sería en un duelo formal, donde solo hay dos combatientes y reglas definidas, pero no en una guerra, en una guerra, la forma en que Sirius les estaba enseñando parecía más acertada. Tener la agilidad y flexibilidad para reaccionar en el campo de batalla, era muy importante, y si mantenía una postura rígida, era algo que no iba a aprender, justo como lo sintió después de la primera práctica, donde Sirius varias veces lo obligo a moverse ante la lluvia de ataques, y él termino perdiendo el ritmo de lanzamiento que llevaba. Harry por el contrario, estaba bastante acostumbrado a esa clase de duelos, y al igual que su padrino, se movía por toda la mazmorra, lanzando hechizos sin detenerse a apuntar siquiera, lanzándolos inclusive mientras rodaba. No siempre acertaba, pero sus hechizos golpeaban cerca, algo que él dudaba poder conseguir si siquiera lo intentaba.
Otro privilegio que pudo tener por estar ahí, fue que siguió recibiendo las clases de Oclumancia, pues el Profesor Snape se aparecía cada determinado tiempo en la casa para practicar con Harry, y por consiguiente con él. Aún le resultaba bastante difícil, sin embargo, también iba entiendo cómo se supone que debía hacerle para repeler al Profesor Snape. Por lo que había visto, Harry podía sacar al Profesor Snape de su mente con más facilidad, y aunque seguían practicando eso, en aquellos momentos el Profesor le estaba enseñando sobre todo a mostrar recuerdos falsos, y una mente que podría parecer accesible, pero que era falsa. El Profesor les había dicho que a veces eso era mejor que tratar de expulsar al intruso, porque eso podría desatar una batalla en el interior de la mente, algo muy peligroso, sin embargo, si le mostraban un entorno falso, el intruso podría irse sin siquiera darse cuenta. Obviamente a él aún le faltaba para poder llegar a ese nivel, primero debía ser capaz de expulsar al Profesor de su mente, pero se esforzaba mucho en ello, porque bajo ningún concepto quería quedarse detrás de Harry, y notaba que Harry avanzaba a pasos grandes, así que sabía que debía esforzarse.
- Seguiremos en tres días – comentó Snape, y bajo la varita, cortando el flujo del hechizo que estaba usando en Harry, que cansando y jadeando, se dejó caer de rodillas – Aun te cuesta mantenerlo por largos periodos – observó.
- Lo sé, pierdo fuerza mientras más debo mantener la ilusión - apenas y pudo responder Harry.
- Seguiremos practicando eso. No siempre el intruso entrara y saldrá rápido de tu cabeza – le recordó Snape antes de mirar a Draco – Estas avanzando, pero aún te falta más firmeza, más fuerza de voluntad para controlar lo que pasa en tu cabeza, Draco –
- No sé de dónde sacar esa fuerza – le confeso algo incómodo.
- Del hecho de que no quieres que nadie descubra tus más íntimos secretos, porque de lo contrario, estarás entregándoteles en bandeja de plata – le respondió Snape.
Draco hizo una mueca, pero asintió con la cabeza.
- Tómense esto – les indico, dándoles aquellas pociones revitalizantes que acostumbraba tras cada entrenamiento – Nos veremos en tres días – y salió de la mazmorra mientras Harry se acostaba en el frio suelo de la mazmorra, y contra toda la educación que había recibido, Draco mismo se sentó en el suelo.
- Estoy muerto – murmuró Harry.
- Tomate la Poción – le recordó Draco, que ya se tomaba la suya – Y luego iremos a bañarnos y estaremos como nuevos –
- No, mejor me quedare aquí – murmuró Harry cerrando los ojos.
- Olvídalo. El piso es frio, terminaras enfermándote – le recordó Draco, pero luego de algunos segundos más sin escuchar una respuesta, miró al pelinegro, que parecía haberse quedado dormido – No estas dormido, ¿Verdad, Harry? – le preguntó, pero nuevamente no obtuvo respuesta, por lo que se acercó gateando hasta donde estaba para moverle suavemente del hombro, viendo que Harry sonreía antes de abrir los ojos para mirarle.
- Quien viera al siempre propio Draco Malfoy, arrastrándose por el suelo de una mazmorra – comentó con voz cansada pese a todo.
- Considéralo un privilegio por ser mi amigo – le respondió con gesto altivo – Y anda, tomate la poción o jamás te levantaras de aquí – y tomando el frasquito que Harry dejo en el suelo, lo abrió para acercárselo a los labios.
- No quiero – murmuró apartando la cabeza.
- Anda, estas portándote como un niño chiquito – le reprocho volviendo a acercarle la poción.
- Propiamente aun soy un niño – le recordó Harry, pero esta vez se tomó la poción cuando Draco se la acercó, suspirando suavemente al sentir como poco a poco se sentía mejor.
Draco no dijo nada de momento, dejo que la poción hiciera efecto, viendo que a los pocos minutos, con cuidado Harry se sentaba.
- ¿Listo? – le preguntó.
- Si, mejor vayamos a bañarnos ya o podría quedarme dormido aquí – convino Harry, y ambos se levantaron para irse a sus cuartos a bañar.
La cena de nochebuena fue más elegante de lo que Draco hubiera esperado. Supo esa misma mañana que Remus sería quien haría la cena, y aunque debía aceptar que tenía buen sazón de las otras veces que había probado lo que cocinaba, dudó que la comida pudiera tener una presentación sobresaliente como la fecha requería, y nuevamente tuvo que aceptar que tenía muchos prejuicios en ese aspecto, pues cuando la cena fue servida, no tenía nada que envidiarle a las cenas navideñas en la Mansión Malfoy.
Todo se veía bastante bien, olía delicioso, y su sabor era muy bueno, pero no había sido preparada sólo por Remus. En el transcurso de esa mañana, Harry fue a ayudar un poco al castaño, y Draco, ajeno a aquel entorno, simplemente se quiso parar en una orilla para no estorbar, pero Harry no se lo permitió y lo hizo ayudarle en algunas cosas pequeñas. El moreno se movía con familiaridad y seguridad por aquella cocina, siguiendo las instrucciones de Remus sin muchos problemas, pero cuando tenía dudas, el castaño dejaba lo que estaba haciendo para ir a explicarle personalmente, enseñándole cómo tenía que hacerle. Poco después, incluso Sirius entro a la cocina a ayudar, algo que Draco jamás creyó que Sirius podría llegar a hacer, pero contra todo lo que pudiera haber pensado, éste se movía con mucha naturalidad por el lugar, y ayudo bastante a Remus sin necesidad de demasiadas instrucciones de por medio, lo que indicaba que estaba habituado a estar ahí y ayudar. Draco se apresuró a volver a su rincón seguro en la cocina, y desde ahí se dedicó a observar con curiosidad a aquellos tres. Debía aceptar que el ambiente que creaban, en más de una ocasión le hizo sentir ganas de querer acercarse para ayudar, de querer formar parte de aquello, y aunque jamás lo iba a aceptar en voz alta, ser incluido en algún par más de ocasiones le hizo sentir bien de una forma en que jamás imagino, eso sí, jamás le contaría a nadie que un Malfoy había estado ayudando en una cocina, pero internamente, se sintió orgulloso de esa cena, porque él mismo había contribuido a ella.
Luego de la cena, pasaron cerca de una hora en la sala junto al árbol de navidad y la chimenea, platicando mientras tomaban chocolate caliente, yéndose a dormir después, pero para su sorpresa, alguien no lo dejo dormir todo lo que quizás hubiera querido.
- ¿Draco?, ¡Draco!, ¡Anda, despierta! – era la voz de Harry, que se escuchaba a través del broche en forma de serpiente que tenía sobre la mesita de noche - ¡Tienes que despertar! –
- ¿Por qué? – le preguntó Draco a un medio adormilado, mirando hacía la ventana, pero no se veía rastro alguno de luz – Aún es noche –
- Son las 5 – le informó la voz de Harry – ¡Anda, despierta, tenemos que ganarle a Sirius! –
- ¿Ganarle? – repitió confundido, aunque ya se sentaba en la cama.
- ¡Si, corre, debemos ser los primeros! – le urgió el moreno, y entones, Draco escuchó que alguien llamaba a la puerta. Dejo el broche en la mesita de noche, y se dirigió a abrir, viendo a un ojiverde bastante emocionado, que sin darle tiempo de nada, le tomó de la mano y lo arrastro prácticamente fuera de la habitación.
- ¡Esta vez sin duda seremos los primeros! – comentó Harry, y se notaba emocionado cual niño chiquito.
- ¿En que seremos los primeros? – quiso saber Draco dejándose llevar, pero apenas entraron a la sala donde estaba el árbol, chispas rojas y doradas volaron cubriendo la habitación.
- ¡Ganamos!, ¡Ganamos! – exclamaba Sirius feliz, danzando mientras lanzando una y otra y otra vez aquellas chispas con su varita.
Harry lo miró con cara de pocos amigos, mientras se cruzaba de brazos.
- ¡¿Desde qué horas están aquí?! – exigió saber.
- Desde hace veinte minutos – le contó Remus sonriéndole condescendiente.
- ¡Eso no es justo! – se quejó el ojiverde, y Draco pensó que quizás aquello era una especie de competencia para ver quien llegaba antes al árbol de navidad.
- ¡Claro que es justo! – debatió Sirius feliz - ¡Y ganamos de nuevo! –
- ¡Estoy seguro de que hacen trampa! – se quejó Harry.
- Dejen de discutir, mejor vamos a abrir los regalos – les animó Remus, que se acercaba a ambos chicos con bebidas calientes para cada uno.
- Gracias – le dijo Draco tomando una, dándole un ligero trago mientras veía a Harry acercarse al árbol y comenzar a hurgar como niño chiquito. Sonrió. Hace mucho que él mismo no hacía eso, su padre no se lo permitiría.
- ¡Vamos Draco, ven! – le animó Harry, mostrándole un regalo envuelto en papel verde - ¡Ya encontré uno tuyo! –
- "Bueno, mi padre no está aquí" – pensó, y animado, se acercó para hincarse al lado de Harry, tomando el regalo que este le dio, para ver la tarjeta. Era de su madre, así que comenzó a destaparlo.
- Tardaras siglos en abrirlo – observó Sirius al ver la forma tan cuidada en que el rubio estaba abriendo el mismo.
Harry, que ya estaba rasgando uno de los regalos, miró a Draco, sonriendo.
- Si, tardaras mucho – convino.
- Sería impropio hacerlo de otra forma – le hizo saber Draco con suficiencia mientras seguía desenvolviendo cuidadosamente el regalo.
Harry sólo negó con la cabeza, y sin dejar de sonreír, siguió destapando sus regalos. Como el año pasado, bajo el árbol había un regado de los Weasley, y al abrirlo, sonrió al ver el suéter tejido en color verde, con la H plateada en el pecho.
- ¿Qué rayos es eso? – le preguntó Draco frunciendo el ceño.
- Un suéter Weasley – le respondió Harry mientras se lo ponía. En cierta forma, le gustaba haber recibido ese regalo, porque le decía que había más gente que no pensaba que estuviera mal estar en Slytherin.
- ¿Un suéter Weasley?, ¿Te lo mando la Comadreja? – preguntó Draco bastante confundido, frunciendo aún más el entrecejo, pero Harry se rio negando con la cabeza.
- Claro que no, me lo mando su madre. A Ron puede no gustarle que este en Slytherin, pero no toda su familia piensa igual – le hizo saber.
- Y Molly cumplió su promesa, esta vez es verde – observó Sirius sonriendo.
- Deberemos mandarles unas galletas más tarde en agradecimiento – opinó Remus.
Draco ya no dijo más, porque no tenía comentarios positivos para hacer, así que simplemente se limitó a mirar con el ceño fruncido, aquel horroroso suéter, sin entender el porqué de que Harry se lo pusiera.
- ¿En verdad traerás eso todo el día? – no pudo contenerse Draco y termino preguntándole cerca de la hora de la comida, al ver que incluso luego de cambiarse la pijama, Harry seguía trayendo aquel horroroso suéter.
Harry aparto la mirada del enorme y grueso libro de Pociones que Sirius le había regalado, y le miró confundido.
- ¿Qué? – le preguntó.
- El suéter – aclaró Draco señalándolo.
- Oh. ¿Qué tiene de malo? – quiso saber, mirándose el suéter antes de volver a mirar a Draco sin terminar de entender.
- He visto la forma en que vistes, y sé que no tienes mal gusto, Harry, tus elecciones siempre son acertadas – le hizo saber Draco, cerrando el libro de duelos que su padre le había regado, para enfocarse en él – Así que no entiendo porque te empeñas en llevar ese horroroso suéter, cuando podrías llevar alguno de los elegantes suéteres que ya tienes, y que son de mejor calidad, dignos de alguien de tu estatus –
Harry parpadeo ante sus palabras, y volvió a mirar el suéter antes de sonreírle.
- Porque me gusta – respondió sencillamente.
- ¡Eso es lo que no entiendo! – exclamo Draco exasperado – ¡Tienes bien gusto!, ¡La forma en que combinas el pantalón, la camisa, los calcetines y los zapatos es la correcta!, ¡¿Entonces porque demonios te empeñas en llevar ese horroroso suéter que hecha todo el atuendo a perder?!, ¡¿Cómo puede esa cosa gustarte?! –
- Porque fue un regalo que hizo para mí una persona a la que le tengo un cierto afecto – le explicó tranquilo el pelinegro.
- ¿A la Matriarca Weasley? – le preguntó Draco alzando una ceja con burla, pero Harry no se inmuto y asintió con la cabeza.
- Entiendo que te cueste trabajo procesarlo, Draco, porque ellos son una parte de mi vida que tú no conoces y que propiamente yo no te he contado – comentó Harry sin inmutarse – Pero antes, la señora Weasley siempre fue muy amable y atenta conmigo, incluso sentía que me trataba como a uno más de sus hijos. Ahora, pese a que ya no tengo una amistad con Ron, ella no ha dejado de ser amable y atenta conmigo, ni de mandarme este suéter que cada año me mandaba, así que para mí es importante en un sentido emocional –
Draco le había escuchado sin interrumpir, pero arrugó más pronunciadamente el ceño antes de suspirar derrotado.
- Decididamente no te entiendo – mascullo, volviendo a abrir su libro para leerlo, así que Harry sólo le sonrió y siguió también leyendo.
El 28, Hermione llego hasta la casa de Harry en el número 12 de Grimmauld Place. Sus padres la habían acompañado, y aunque no podían ver la casa, la llevaron hasta donde su hija les pidió, sintiéndose asombrados al verla desaparecer entre aquellas dos casas. El mundo mágico era un lugar en verdad asombroso e incomprensible para ellos.
Cuando Hermione llamo a la puerta, Harry fue quien abrió.
- ¡Herm! – exclamó abrazándola, ante lo que la castaña sonrió divertida mientras devolvía el abrazo.
- ¿Herm? – le preguntó una vez que se separaron.
- Tienes que aceptar que tu nombre es demasiado largo – observó Harry mientras cerraba la puerta.
- No sabía que eras así de flojo – comentó la chica sonriendo divertida.
- Un poco, un poco – convino Harry sonriendo animado, guiándola hacía la sala donde él y Draco habían estado leyendo antes de que llegara – Pero de igual forma suena bien, ¿No? – le preguntó.
- Pues sí, no puedo decir que no – aceptó la chica, mirando a Draco cuando entraron a la sala – Buenos días – saludo.
- Buenos días – saludo Draco a su vez.
- ¿Qué estudian? – quiso saber Hermione, acercándose a la mesita de centro donde había una pila de libros, tomándolos para ver de que eran.
- Estamos buscando más hechizos para duelos – le explicó Harry.
- En verdad los envidio de que ustedes si pueden hacer magia durante las vacaciones – comentó Hermione haciendo una mueca.
- Hoy también tú podrás hacer magia– le recordó Harry, ante lo que la chica sonrió, pero luego, parpadeo y arrugo ligeramente el ceño.
- Ese suéter se parece a los que los Weasley usan… - no pudo evitar comentar, pues justo ese día, Harry había decidido que también quería usar el suéter que Molly le había regalado.
Draco suspiro al escuchar eso.
- Ni lo menciones – mascullo volviendo a enfocarse en su libro, y la castaña, confundida, miró a Harry en espera de una explicación, sobre todo al escuchar su risita.
- Es un suéter de los Weasley – le aclaró Harry, y aquello sólo consiguió hacer sentir a Hermione más confundida.
- ¿Cómo que es un suéter de los Weasley? – quiso saber - ¿Te lo regalo Ron?, ¿Ya se reconciliaron? – ante esa última pregunta, Draco bufo y Harry se rio más abiertamente.
- Siéntate – le ofreció señalando uno de los cómodos sillones mientras él mismo se sentaba – No me lo regalo Ron, y sigo en malos términos con él. Me lo regalo su madre –
- ¿Su madre?, ¿Por qué? – quiso saber la chica.
- Bueno, porque aunque me llevo mal con Ron, Molly no comparte la misma opinión que su hijo, y ella siempre ha sido muy amable conmigo, así que me sigue mandando un suéter de navidad – le explicó sin dejar de sonreír, y Hermione, aunque no entendía nada de eso, sonrió, porque veía que eso hacía sentir feliz al pelinegro.
Aquel día, los tres se la pasaron en la mazmorra practicando hechizos, y casi para la noche Sirius se les unió para practicar con ellos. Hermione se sintió bastante frustrada, porque notaba la gran diferencia que había en su habilidad para el duelo, en comparación con la habilidad que tenían Harry o Draco. De los tres, el más avanzado era sin dudas Harry, pero Draco no se le quedaba demasiado atrás, ella sin embargo, estaba muy atrás, y notaba que Sirius tenía que ajustar la forma en que practicaba con ella para no sobresaturarla. Cuando llego la hora de irse, en verdad lamento no tener más posibilidades de entrenar como los otros dos, y se prometió que investigaría más y trabajaría más duro.
Harry abrió los ojos, pero de nueva cuenta sólo escuchaba aquel suave goteo, y sin embargo, noto que esta vez se encontraba parado sobre una superficie irregular y ligeramente resbaladiza.
- Se acaba el tiempo… - murmuró una voz muy débil, gruesa y rasposa, que nada tenía que ver con la otra que él había escuchado – Tienes que ayudarlo… -
- ¿Ayudar a quién? – quiso saber, mirando a todos lados, tratando de ver algo en aquella oscuridad, pero entonces, una garra se cerró sobre su muñeca con una fuerza dolorosa que le hizo gritar. Forcejeo para tratar de liberarse, sintiendo cómo le jalaba con una fuerza sobrehumana, y de pronto, perdió el equilibrio en aquella superficie irregular y resbaladiza, cayendo y golpeándose contra algo duro, antes de sumergirse dentro de agua helada…
Jadeo varias veces, manoteando mientras se sentaba, parpadeando varias veces aun confundido sobre donde estaba, sobre todo porque sin los lentes, sólo veía formas difusas, y porque podía sentirse empapado de aquella agua helada que no debería sentir, además, podía sentir aquella garra en su muñeca apresándolo con fuerza.
La puerta del cuarto se abrió de golpe. Sirius había escuchado los gritos y había corrido al cuarto sin dudarlo. Remus lo seguía mientras Draco salía confundido de su habitación, pero le basto ver a ambos hombres entrar corriendo a la habitación del ojiverde, para saber qué en efecto había escuchado a éste gritar, y que algo había pasado.
- ¿Qué paso, Harry? – le preguntó Sirius, aunque se mostró claramente confundido cuando al prender la luz, vio a su ahijado empapado de pies a cabeza, y la cama estilando agua.
- ¿Estas bien? – le preguntó Remus, acercándose para alcanzarle los lentes, mirando todo aquello bastante preocupado.
- No lo sé… - respondió Harry, que se sentía bastante desorientado, y aunque tomó los lentes, no se los puso.
- Por Merlín… - murmuró Draco al asombrarse al cuarto y ver aquello – No te ves bien – comentó acercándose.
- Creo que no me siento bien… - comentó Harry, dejando los lentes en su regazo para sobarse la muñeca.
- ¡¿Qué tienes ahí, Harry?! – casi saltó Sirius, y tomándole la mano, jalo la manga de la pijama, descubriendo la muñeca que tenía una marca rojiza.
- ¡¿Cómo te hiciste eso, Harry?! – le preguntó Remus asustado.
- Fue el sueño… - murmuró, aunque realmente no parecía ver a ninguno. Se puso los lentes y miró de forma ausente su muñeca rojiza, lo que hizo que ambos adultos intercambiaran una mirada con preocupación.
- Ven cachorro, sequemos primero tu ropa y la cama, y luego hablamos – le propuso Sirius, tendiéndole las manos para ayudarlo a pararse, pero Harry no se movió.
- ¿Harry? – le preguntó Draco, mirándole preocupado de aquella actitud que estaba teniendo, de ver que aquellos ojos casi no brillaban como siempre hacían.
- Me duele… - murmuró entonces el ojiverde, y se subió más la manga de la pijama hasta el codo.
Sirius brinco y Remus miró con preocupación un morado que comenzaba a extenderse a pocos centímetros del codo.
- ¡¿Cómo te hiciste eso?! – fue ahora Sirius quien preguntó, pero Harry sólo miró el morado sin responder.
- ¿Tienes más? – le preguntó Remus, y Harry simplemente asintió con la cabeza.
Preocupado, Remus le quito con cuidado la parte superior de la pijama, y contuvo la respiración al ver que la espalda estaba toda llena de pequeños cortes y morados.
- Se le está acabando el tiempo… - murmuró de pronto Harry, y cerrando los ojos, se fue de lado perdiendo el conocimiento, siendo sujetado por Remus que miró a Sirius preocupado.
- Revisémoslo para asegurarnos de que no tenga más heridas, sequemos todo esto, curémoslo, y luego llamemos a Dumbledore – decidió Sirius apresurándose a acercarse.
Draco no se acercó, pero tampoco salió del cuarto cuando Sirius le dijo que podía volver a su habitación a dormir. Simplemente dormir le sería imposible.
Sirius se encargó de secar la cama y cambiar las sabanas, y luego, entre él y Remus revisaron a Harry. No tenía demasiadas heridas en las piernas, más que nada en la espala, así que mientras el castaño ponía ungüentos en las heridas y morados, Sirius se apresuró a contactar a Dumbledore.
Dumbledore no tardó demasiado en llegar, trayendo consigo a Minerva y Severus, ante lo que en esa ocasión Sirius no dijo nada, más preocupado por lo sucedido con su ahijado. Les mostraron las heridas que Harry tenía, pero no pudieron hacer más hasta que Harry despertara, así que esperaron cerca de una hora hasta que por fin el ojiverde despertó.
- Toma Harry, aquí están tus lentes – le aviso Remus, y cuando éste se los puso, parpadeando confundido al ver a todos ahí rodeando su cama.
- ¿Cómo te sientes, Harry? – le preguntó Dumbledore amable.
- Algo desorientado – confeso Harry.
- Ya veo. Mencionaste un sueño antes de desmayarte, ¿Es el mismo sueño del agua? – siguió preguntándole éste.
- Si – confirmó Harry.
- ¿Es en ese sueño donde te hiciste esas heridas que tienes en la espalda y la muñeca? – le preguntó Minerva, y Harry parpadeo un poco antes de asentir con la cabeza.
- Algo me agarró y me jalo… Estaba sobre una superficie resbaladiza y me caí… - les explicó.
- ¿Podrías dejar que Severus vea ese sueño? – le pidió Dumbledore.
- No veo porque no – respondió Harry encogiéndose de hombros, ante lo que Snape se acercó a él.
- Ya sabes, trata de mantener la mente en blanco, sólo pensando en el sueño que tuviste – le indico, y sentándose en el borde de la cama, le apunto con la varita – Legeremens – pero antes de que el hechizo pudiera hacer contacto, sobre Harry apareció de pronto un escudo plateado y etéreo de una suave luminiscencia, en el que el hechizo golpeo, siendo absorbido por este, antes de soltar una suave refulgencia dorada, mostrándose por unos segundos un poco más sólido y fuerte, antes de desvanecerse.
- ¡¿Qué fue eso…?! – preguntó Sirius confundido, pero no era el único, incluso Dumbledore miraba a Harry ligeramente asombrado.
- Esa fue la magia de Harry – comentó mientras rodeaba la cama para acercarse al ojiverde – Pero tú no la desplegaste voluntariamente, ¿Verdad, Harry? – le preguntó, y aún atónito, éste simplemente negó con la cabeza.
- ¿Su magia respondió sola? – cuestiono Sirius.
- Pero esa no fue magia accidental, fue magia muy bien canalizada – observó Remus.
- Lo fue – convino Dumbledore sonriendo suavemente – Eso demuestra que mi teoría era cierta –
- ¿Sobre el bloqueo en la magia de Harry? – le preguntó Minerva, recordando aquella conversación que habían tenido el año pasado.
- Así es – confirmó Dumbledore mirando a Harry – Ese bloqueo puede moverse a voluntad para permitir que más de la magia que tienes se libere para protegerte cuando te sientes atacado –
Harry parpadeo varias veces, más confundido aún.
- Pero… No me sentía atacado… - murmuró.
- No de forma consciente, Harry, pero aún estas desorientado por lo que sucedió, además, noto que tu magia esta algo fluctuante, así que seguramente no fue bien recibida la interferencia de la magia de Severus, cuando tu propia magia no está estable – trato de explicarle, antes de mirar a los adultos – Dejémoslo descansar para que su magia pueda estabilizarse. Dale una Poción de Sueño Sin Sueños, Severus – pidió al mago – De esa forma podrá dormir y descansar mejor, y mañana trataremos de nuevo de ver lo sucedido con este sueño –
Snape se felicitó por haber cargado consigo unas cuantas pociones, y se acercó a Harry dándole el frasquito solicitado.
- Salgamos fuera para que pueda dormir – indico Dumbledore, pero Draco no se movió.
- Quiero quedarme a hacerle compañía – comentó.
- ¿Estás seguro?, realmente no creo que sea necesario – le hizo saber Sirius.
- Si, pero me sentiría más tranquilo – respondió Draco encogiéndose de hombros.
Sirius intercambio una mirada con Remus, pero fue éste quien hablo.
- ¿Esta bien para ti, Harry? – le preguntó.
- Esta bien – respondió simplemente Harry mientras se acostaba, así que Draco se apresuró a acostarse también del otro lado de la cama, mientras el resto de los adultos salían.
Remus espero a que los chicos se acostaran y taparan, antes de apagar la luz y cerrar la puerta.
- ¿Te sigues sintiendo mal? – le preguntó Draco cuando estuvieron a solar, tratando de verlo en la oscuridad.
- Un poco – confeso Harry.
- Entonces duerme. Verás que mañana estarás mejor – le animó Draco, queriendo él mismo creer en serio de esa forma.
Intento dormir, pero sin importar cuanto lo intento, no pudo. Su mente no dejaba de darle vueltas a aquellos acontecimientos recientes, y cuando sus ojos por fin se acostumbraron a la oscuridad, se limitó a contemplar el rostro de Harry, que ya se había quedado dormido. Aunque le costara admitirlo en voz alta, no se podía engañar a sí mismo: Estaba asustado. Estaban pasando cosas que ni siquiera los adultos podían explicar, y que nadie parecía saber cómo controlar o detener. De pronto, sentía que tenía menos control sobre las cosas de lo que alguna vez había pensado.
No pudo evitar recordar aquella noche en el Bosque Prohibido, cuando sin saberlo, se enfrentaron a Voldemort, y el miedo paralizante que le había recorrido en aquel momento. En ese momento no había sido capaz de hacer nada, ni por él, ni mucho menos por Harry, y de no haber sido por aquel Centauro, ambos estarían muertos en aquel momento. Se preguntó de pronto, si en verdad podría hacer algo por ayuda a Harry, o ya cuando menos por protegerse a sí mismo, si en algún momento en verdad podría pelear a su lado sin sentir aquel miedo paralizante... No le gustaba pensar mucho en eso, le hacía sentir como si fuera un cobarde, pero era algo que no había dejado de dar vueltas en su cabeza desde aquella noche en el Bosque Prohibido, y que se afianzo luego de que le lanzaran la Imperius en la Enfermería. Por eso había querido entrenar, y por eso se esforzaba mucho todo el tiempo, diciéndose que con más conocimiento y experiencia, ese miedo se iría, que podría hacer más cosas, podría ayudar en verdad, pero ahora, ahí en la oscuridad, no se sentía de esa forma. Ni siquiera magos como Dumbledore parecían poder hacer nada por ayudar a un Harry que era atacado dentro de sus propios sueños, y eso le hacía sentir inseguro, sentir ese miedo helándole la sangre de una forma en que no le gustaba.
No quiso detener el impulso, y tomó entre sus manos una de las del pelinegro.
- No estás solo – fue todo lo que pudo decirle, preguntándose qué más pasaría, y si en verdad tendría la fuerza para caminar al lado de Harry.
Cuando Harry despertó, parpadeo un poco al ver y sentir a alguien cerca. Por el manchón platinado a la altura de la cabeza, supo sin miedo a equivocarse que era Draco. Se movió con cuidado para no despertarlo, y tomó los lentes para ponérselos, agradeciendo cuando el mundo recupero sus formas definidas. Entonces regreso su vista al rubio, y se preguntó qué hacía en su cama. No recordaba que se hubieran dormido juntos la noche anterior. Se movió con cuidado para pararse sin despertar a Draco.
- Por fin despertaste – murmuró la voz de Draco ligeramente adormecida, lo que le hizo saltar.
- Buenos días. Lamento si te desperté – se disculpó mirándolo.
- No importa, no es bueno dormir demasiado – le restó importancia Draco mientras se sentaba en la cama tallándose los ojos - ¿Cómo te sientes?, ¿Ya estas mejor? –
- ¿Mejor? – repitió Harry mirándolo confundido.
- Si, anoche te sentías mal – le recordó Draco, mirándolo más atentamente.
- ¿Por eso te quedaste a dormir en mi cama? – le preguntó Harry, porque no le hallaba sentido a las palabras del rubio, quien alzó una ceja ante la pregunta.
- ¿No recuerdas lo que paso anoche, Harry?, ¿No recuerdas el sueño que tuviste? – le cuestiono, ante lo que el ojiverde frunció el ceño confundido.
- ¿Sueño? – repitió, pero esta vez más alerta. Sus sueños nunca solían ser buenos cuando los tenía.
- Anoche tuviste otro sueño, y parece que te lastimaste dentro de él – le hizo saber Draco, agarrándolo de la mano para subir la manga del pijama, dejando a la vista la marca rojiza en la muñeca – Y tienes algunas heridas más en la espalda y las piernas. Anoche dijiste que dentro del sueño te caíste –
Harry no dijo nada, estaba mirando su muñeca asombrado, porque no podía recordar, pero tenía la sensación de que eso que le decía Draco era verdad, que él lo sabía aunque no pudiera recordarlo.
- ¿No lo recuerdas? – le preguntó Draco ante el silencio, y Harry simplemente negó con la cabeza – No te preocupes. Hay que cambiarnos y buscar a Sirius. Anoche trajeron a Dumbledore, McGonagall y Snape, pero como no te sentías bien, dijo que te dejaran descansar. Seguro que ya estará despierto –
- Esta bien – convino Harry y se levantó de la cama.
Draco también se levantó, y viendo que Harry ya comenzaba a buscar ropa, fue rápido a su cuarto para cambiarse, tratando de no tardarse para regresar pronto. En el camino de regreso al cuarto, se topó con Remus que subía las escaleras.
- Buenos días – le saludo éste - ¿Sabes si ya despertó Harry? –
- Si, pero no recuerda nada de lo que paso anoche – le hizo saber Draco, ante lo que Remus se mostró preocupado.
En ese momento se escuchó la puerta del cuarto de Harry abrirse, y éste salió ya cambiado.
Snape cortó el hechizo, saliendo de la mente de Harry mientras hacía una ligera mueca.
- ¿Qué pasa? – quiso saber Sirius al verle hacer ese gesto, ya que se encontraba cerca de su ahijado en ese momento.
- Hay una parte en las memorias de Harry a la que no puedo acceder – les hizo saber, separándose de Harry pero sin dejar de mirarlo.
- ¿Por qué no? – preguntó Minerva confundida.
- Hay un bloqueo muy fuerte en esa parte, pero es un bloqueo mágico – le explicó Snape mirando a los presentes.
- ¿Y no puedes deshacerlo? – quiso saber Dumbledore.
- No – respondió Snape negando con la cabeza – Este bloqueo fue hecho por una magia muy fuerte, pero no es de Harry, su esencia es distinta, hasta cierto punto se siente inclusive salvaje –
- ¿Cómo puede haber una magia distinta a la de Harry dentro de él? – se animó a preguntar Draco.
- No estoy tan seguro, pero tampoco se siente del todo distinta a la magia de Harry. Se ha vinculado con mucha facilidad a él, como si tuvieran una cierta similitud – comentó Snape pensativo.
- ¿Eso es posible? – preguntó Draco.
- Ya paso una vez… - murmuró Harry, y todos entendieron sin necesidad de más palabras, que el ojiverde se refería a la vinculación involuntaria que tenía con Voldemort.
- Pero una segunda vinculación de esta forma no debería ser del todo posible, ¿O sí? – preguntó Remus.
- No es común, porque en primer lugar, las vinculaciones se hacen con el permiso del mago al que se va a vincular – explicó Dumbledore – Y sobre todo, porque es muy difícil tener la afinidad mágica para llevar a cabo una vinculación –
- ¿Esa magia a quién pertenece?, ¿Y cómo pudo entrar en contacto con Harry, para crear ese vínculo? – quiso saber Sirius.
- Esa es una buena pregunta – observó Dumbledore – Pero me temo que no tengo una respuesta –
Los tres magos se fueron algunos minutos después, y Harry se quedó el resto de aquel día en la sala leyendo. No quiso entrenar, y tampoco quiso salir a jugar Quidditch, así que Draco se quedó con él en la sala leyendo, algo preocupado por el ánimo decaído del ojiverde, pero sin saber qué hacer para animarlo.
Para la noche, cuando el rubio estaba preparándose para acostarse, escuchó que llamaban a la puerta, por lo que curioso fue a abrir, asombrándose de ver ahí a Harry.
- ¿Que paso? – le preguntó, pero de igual modo se hizo a un lado por si el pelinegro quería pasar, cosa que éste hizo mirando distraídamente el cuarto.
- ¿Puedo quedarme a dormir contigo? – le preguntó, aunque sin animarse a mirarlo, sintiéndose ligeramente incomodo de estar pidiendo eso, pero de alguna forma, no queriendo pasar la noche solo en su cuarto.
Draco le miró algo asombrado, porque desde siempre era él quien se iba a la cama de Harry a dormir. Saber que en ese momento era Harry quien estaba buscando su compañía, le hizo sonreír sin poder evitarlo.
- Claro – respondió. No preguntó más, no creía que de igual forma Harry quisiera hablar, así que cerrando la puerta, fue a acostarse a la cama.
Harry mismo se dirigió a la cama, dejando los lentes en la mesita de noche antes de acostarse.
Draco apago la luz, pero aunque los minutos pasaban, noto que Harry no se dormía, aunque en la penumbra podía verle con los ojos cerrados.
- ¿No tienes sueño? – le preguntó.
- No puedo dormir – le confeso Harry sin abrir los ojos.
- Es por todo lo que ha pasado hoy, ¿Verdad? – quiso saber Draco.
- En parte si – convino Harry – No me gusta sentir que me pasan cosas de las que ni siquiera puedo darme cuenta, y de las que sobre todo no puedo hacer nada –
Draco pensó en cuan similares eran esos sentimientos que Harry tenía, a los suyos propios. Por eso mismo no quiso detener el impulso, y como hiciera la noche pasada, tomó entre sus manos una de las manos de Harry, que confuso, abrió los ojos, haciendo que Draco sin darse cuenta, contuviera la respiración, olvidándose por completo de lo que iba a decir.
Harry espero un poco, pero se sintió más confundido ante el prolongado silencio, sobre todo porque no podía ver a Draco, solo aquellos molestos manchones difusos.
- ¿Draco? – le preguntó por fin, y ante la pregunta, éste parpadeo varias veces, recordando lo que tenía intenciones de decir.
- Lo siento, divague un poco… - se excusó, carraspeando ligeramente apenado – Pero quiero que sepas que no estás solo. Quizás en ocasiones no vaya a poder hacer mucho para ayudarte, pero ten la certeza de que estaré a tu lado. Haremos este camino juntos, y si no estás seguro de que estoy a tu lado, entonces tomare tu mano con firmeza para que sepas que sigo ahí –
Aquellas palabras asombraron bastante a Harry, y removieron algo en él que hizo que sin que pudiera evitarlo, los ojos se le empañaran en lágrimas, algo que Draco observó con una mezcla de asombro y admiración, pues las verdes orbes brillaron un poco más a causa de las lágrimas.
- ¡Ey!, ¡¿Por qué estas llorando?!, ¿Tan terrible fue lo que dije? – le preguntó fingiéndose afectado, buscando hacer un poco más ligero el ambiente, y Harry sonrió divertido.
- Tonto – le reprocho sin estar realmente molesto, y soltándose de Draco, se talló ligeramente los ojos para borrar cualquier rastro de las molestas lágrimas. Entonces, para asombro de Draco, volvió a tomar sus manos – Yo también tomare tus manos. Somos un equipo –
Draco sonrió ante aquellas palabras.
- Somos un equipo – convino, sintiendo que esa desagradable sensación que se mantuvo todo el día, desaparecía por fin. No supo que Harry sentía algo similar.
