Notas de la Autora: Capítulo 15 arriba! Y ya anda por acabarse este segundo arco! Que nervios! Muchas gracias a quienes como siempre me siguen y comparten sus opiniones! Quería aprovechar para decirles que comenzare a actualizar los domingos, ya que los sábados por cuestiones de trabajo se me esta complicando muchísimo y no me gusta estarles quedando mal continuamente, así que pasare a actualizar los domingos. Y una enorme disculpa por lo abrupto que termino el capítulo pasado, en verdad no vi como terminar mejor el mismo, pero espero con este capítulo subsane un poco el pasado, aunque quien sabe si se pueda decir que este capítulo sirva para eso jajaja Espero que les guste!
Ahora si pasando a mi parte favorita de los comentarios, muchas gracias a blackladymoon, Macka14 x 2, y Abril Elena por comentarme y estar al pendiente de mi historia, son sus comentarios los que me animan siempre a no dejar de actualizar, muchas gracias, y espero este nuevo capítulo sea de su agrado!
Disclaimer: Ya saben que nada de este mundo me pertenece, todo es de la queridísima J.K. Rowling, yo solo lo manipulo para mi entretenimiento :D
Capítulo 15: Nuevos Ataques. La Destitución De Albus Dumbledore
Harry abrió los ojos sobresaltado, pero por primera vez, no pudo recordar lo que soñó, sólo sentía que la cicatriz le dolía, y esa exaltación que le hacía respirar agitado. Se sentó, y sintió algo húmedo que escurría por su rostro. De forma automática se llevó la mano a la cicatriz, haciendo una mueca cuando sintió algo húmedo. Se puso los lentes y se paró de la cama con cuidado de no hacer demasiado ruido.
- ¿Pasa algo, Harry? – preguntó la voz adormilada de Draco, haciéndolo sobresaltarse ligeramente cuando caminaba al baño.
- No lo sé – respondió simplemente sin detener sus pasos, entrando al baño aunque no cerró la puerta del mismo.
Draco, confundido por lo escueto de la respuesta, se paró de la cama, asomándose al baño al ver que Harry no había cerrado la puerta, viendo cómo se lavaba la cara.
- Te volvió a sangrar la cicatriz, ¿Verdad? – le preguntó, haciendo una ligera mueca ante esa perspectiva.
- Si – respondió Harry sin dejar de lavarse la cara.
- ¿Tuviste otro sueño? – quiso saber Draco.
Harry detuvo sus movimientos, y enderezándose, miró un poco su reflejo en el espejo, el cual hizo una mueca y negó con la cabeza al ver que de la cicatriz escurría un fino hilillo de sangre. Harry mismo hizo una mueca al ver eso, y se quitó la sangre con la mano, antes de mirar a Draco.
- Sé que sí, pero no puedo recordarlo – le explicó, y la inquietud que sentía, fue fácilmente notada por Draco.
- No me gusta cómo suena eso… - mascullo Draco, inconforme con lo que escuchaba.
- A mí tampoco – admitió Harry, y suspiro, inclinándose sobre el lavabo para seguirse lavándola la cara.
- Me preocupa que no puedas recordar ese sueño – comentó Hermione, mientras ella, Harry y Draco salían de la biblioteca.
El mes de Enero había terminado, y mientras comenzaban el mes de Febrero, los ataques parecían haber llegado a su fin. Los alumnos incluso parecían haberse olvidado de que en algún momento había habido ataques, y ahora caminaban de nuevo con tranquilidad por los pasillos, sin ir ya en aquellos grandes grupos, o alertas con la varita en mano. Saber que las Mandrágoras estaban próximas a alcanzar la madurez necesaria para poder despertar a los petrificados, ayudaba a crear aquella sensación de que todo había terminado, eso sí, la mayoría de los alumnos de las otras Casas seguían manteniendo su distancia con Harry, pero tampoco habían intentado hacerle nada, razón por la cual los Slytherin decidieron que podían dejar de estar haciéndole guardia al descendiente de Salazar, y ellos tres podían andar de nuevo solos por los pasillos.
- Quizás deberíamos contarle a Snape – opinó Draco.
- Si, supongo que si – concordó Harry encogiéndose suavemente de hombros.
- Quiero tu sangre… - dijo aquella voz ponzoñosa y fría que hace tanto Harry no escuchaba, y que le hizo saltar, deteniéndose para mirar hacía todos lados con los ojos como platos.
- ¿Harry? – le preguntó Hermione al verlo así.
- Te voy a matar… Te matare… - decía la voz, y Harry incluso contuvo la respiración.
- La estas escuchando de nuevo, ¿Verdad? – le preguntó Draco, mirando a todos lados mientras ya sacaba su varita.
- Si… - apenas y respondió Harry, tratando de distinguir desde donde venía aquella voz.
- Eres mío… Mío… Te destrozare… - advirtió la voz con tanto veneno, que Harry se estremeció. Ni siquiera se dio cuenta de que él mismo saco su varita, o de aquel paso que estaba dando.
- ¿A dónde crees que vas? – quiso saber Draco, que lo detuvo del brazo, lo que hizo a Harry parpadear al darse cuenta de que había estado a punto de ir hacia dónde estaba casi seguro de que estaba aquella voz.
- Ya sabes que si estas escuchando esa voz, debemos ir con alguno de los Profesores – le recordó Hermione, también agarrándolo de la manga de la túnica para evitar que se fuera.
Harry iba a decir algo, cuando escucharon un grito. Los tres se miraron, segundos antes de correr hacía el lugar de donde provenía aquel grito, llevando las varitas en la mano, listos para defenderse en caso de ser necesario.
- ¡UN NUEVO ATAQUE!, ¡UN NUEVO ATAQUE!, ¡NI SIQUIERA LOS FANTASMAS ESTAMOS A SALVO! – escucharon gritar a Peeves antes de verlo que daba la vuelta por un pasillo, pero al verlos, éste se detuvo abruptamente - ¡OH, SU ILUSTRÍSIMA MALDAD, NO ME ATAQUE POR FAVOR! – pidió mirando a Harry asustado.
- ¡Lárgate de aquí, Peeves! – le espetó Draco, y siguieron andando hasta doblar el pasillo, donde se obligaron a detenerse.
Frente a ellos había dos figuras en medio del pasillo, mientras Hannah Abbott gritaba y lloraba a sólo unos pasos de ellos. Harry quiso acercarse, pero Draco se lo impidió tomándolo del brazo, y cuando lo miró, éste simplemente negó con la cabeza.
Una de aquellas dos figuras era Ernie Macmillan, que se mantenía tan quieto, que a ninguno le quedo duda de que se encontraba petrificado, y frente a él estaba la imagen más extraña que ninguno de ellos hubiera visto. Era Nick Casi Decapitado, el fantasma de Gryffindor, pero ya no era transparente ni de color blanco perlado, como los demás fantasmas, sino que era de un color negro neblinoso, y flotaba inmóvil.
- ¿Estas bien, Abbott? – le preguntó Hermione, que se acercó a la chica.
- ¿Viste lo que paso? – quiso saber Harry, pero la chica brinco, y mirándolo, comenzó a gritar aún más fuerte.
Aquellos gritos no tardaron en atraer a más curiosos, y apenas dos minutos después, casi todos los alumnos se encontraban ahí.
- ¡Todos, dejen pasa! – pidió la Profesora McGonagall, y se apresuró a acercarse a la chica que no paraba de gritar. Trato de tranquilizarla, pero al ver que no funcionaba, suspiro resignada y saco su varita – Desmaius – murmuró, y la chica quedo inconsciente, siendo sostenida por la Profesora.
En ese momento iban llegando el Profesor Snape, el Profesor Flitwick, y la Profesora Sprout.
- ¡Todos diríjanse a sus Salas Comunes ahora mismo, se acabó el espectáculo! – les ordeno Snape, y eso fue suficiente para que todos se apresuraran a alejarse, y como en esta ocasión no se le dio una indicación diferente a Harry, se dirigió con los demás Slytherin a la Sala Común.
Luego de aquel incidente, el ambiente volvió a sentirse tenso y lúgubre. Nuevamente todos iban en grupos grandes, y apenas y murmuraban por los pasillos. Hannah Abbott paso un día completo en la enfermería, pero cuando salió, le contó a todo el que le pregunto, que ella no había visto quien ataco a Ernie, que estaba buscándolo, y cuando doblo el pasillo lo encontró petrificado, aunque creía firmemente que había sido Harry, asegurando que estaba demasiado cerca, y llego muy pronto a aquel lugar.
Eso causo que de nueva cuenta, los miembros de las otras Casas volvieran a marcar su distancia con Harry como si fuera la peste, y los Slytherin que compartían clases con él, decidieron acompañarlo en todo momento.
- Me sentare aquí – les aviso Hermione, y uniendo sus actos a sus palabras, se sentó al lado izquierdo de Harry, ante la mirada asombrada de los Slytherin, pero sobre todo, de los Gryffindor en la clase que compartían de Encantamientos.
- ¡¿Qué?!, ¡¿Por qué?! – quiso saber Draco haciendo una mueca.
- Me es más cómodo, así puedo hablar con ustedes – fue la simple respuesta de la chica.
- Es bueno ver que sabes escoger tus amistades, Granger – comentó Pansy sonriéndole con suficiencia, y Hermione le devolvió la sonrisa, aunque sin saber realmente si eso podía considerarse un halago o no. A veces no terminaba de entender a los Slytherin.
La clase paso sin ningún problema, pero al término de la misma, cuando estaban en el pasillo, la voz de Ron se dejó escuchar por sobre los demás.
- Terminaras petrificada igual que todos esos otros estudiantes que han atacado, y todo porque te empeñas en estar cerca de él – le advirtió a la castaña – Creí que eras inteligente –
- Deja de decir idioteces, Comadreja – le espetó Draco.
- Si, ¿Porque no dejas de perder el tiempo diciendo tonterías y te vas a estudiar?, porque vaya que te hace falta – comentó Theodore.
- Es normal que ustedes este tranquilos con toda esta situación, siendo sus seguidores – mascullo Ron mirándoles con desagrado.
- Ron – le llamó Neville en apenas un murmullo, nervioso ante las palabras de su amigo.
- En verdad te falta cerebro, así podrías diferenciar entre seguir y apoyar – se burló Pansy, riéndose suave y melodiosamente.
- ¿Qué pasa aquí? – quiso saber el Profesor Flitwick, asomándose a la entrada del aula al ver al grupo de alumnos que estaban ahí detenidos.
- Nada Profesor – respondió Blaise, y los Slytherin junto con Hermione comenzaron a alejarse.
- Vamos Ron – le pidió Neville, tomándolo del brazo para llevarlo consigo, algo que Ron se dejó hacer hasta que doblaron un pasillo, momento en que jalo su brazo para soltarse del agarre de su amigo.
- En verdad que a veces no te entiendo, Neville – le reprocho - ¿De qué lado estas? –
- No del de Harry, pero no vamos a ganar nada enfrentándolo en cada pasillo o cada que lo vemos – le explicó Neville con seriedad.
- Si no nos oponemos nosotros, ¡¿Quién lo hará?!, ¡A petrificado a muchos!, ¡Hermione es una tonta! – espetó Ron.
- Pero es la decisión que ella ha tomado – le trato de hacer ver Neville – Además… Realmente no sabemos si es él quien ha atacado a todos esos alumnos, y si en verdad es él, ¿No crees que lo peor que podemos hacer es enfrentarlo y hacerlo enojar así? –
- ¡Creí que eras más valiente!, ¡Por Merlín, estas en Gryffindor, Neville! – le reclamó Ron - ¡No deberíamos mostrarnos así de sumisos y cobardes! –
- Lo se Ron, pero… - intento decirle Neville, pero Ron lo interrumpió.
- ¡Tus padres nunca fueron sumisos a los deseos de un Mago Oscuro!, ¡Pelearon y resistieron hasta el último momento!, ¡¿No fue eso lo que me contaste?! –
Neville le miró asombrado de sus palabras.
- Si, eso es verdad – aceptó incómodo.
- ¡No importó el destino que tuvieron, jamás se doblegaron ni bajaron la cabeza, Neville, y tú deberías seguir su ejemplo! – le intento animar Ron, pero Neville se removió incómodo.
- Harry no me parece un Mago Oscuro – le explicó éste – No puedo verlo de esa forma sólo por ideas o suposiciones. El día en que Harry se declare Mago Oscuro, ese día me opondré a él con todas mis fuerzas, pero no antes –
Ron le miró asombrado ante sus palabras.
- ¿Entonces qué?, ¿También te harás su amigo como la traidora de Hermione? – le preguntó molesto.
- No. No planeo hacerme su amigo, pero no creo que debamos estarlo incitando en los pasillos a una pelea. Tenemos todas las de perder – le explicó Neville.
- Eso suena a cobardía – mascullo Ron, y se dio media vuelta para irse por el pasillo, por lo que Neville se apresuró a seguirle, a final de cuentas andar solos no era buena idea en esos tiempos, fuera quien fuera el atacante.
Aquella mañana cuando llegaron al Gran Comedor, se detuvieron a las puertas mirando atónitos. Las puertas habían sido decoradas con enormes flores de un rosa chillón, mientras que en el interior, corazones brillantes flotaban repartiendo confeti a los que entraban. El cielo tenía un color azul pálido, y pequeñas ilusiones de serafines volaban por todos lados con arcos y flechas.
- ¿Que rayos es esto? – preguntó Theodore con el ceño fruncido.
- No quiero saberlo – murmuró Blaise con un gesto de desagrado.
- ¡Hoy es el día de San Valentín! – exclamó Pansy, dando palmaditas emocionado.
Cuando entraron, no pudieron evitar el baño de confeti, lo que hizo reír tontamente a Pansy y Millicent, y gruñir al resto de los chicos, que trataron de quitarse el confeti inconformes, mientras se sentaban a la mesa de Slytherin para desayunar. Para su desgracia a mitad del desayuno, el Profesor Gilderoy se levantó, aclarándose sonoramente la garganta para atraer la atención de todos en el lugar, algo que no hacía mucha falta, y que lograba por si sola la horrenda túnica rosada que vestía.
- ¡Antes que nada, un muy feliz San Valentín a todos! – exclamó este - ¡Y aprovechando este pequeño espacio, quiero agradecer a las 46 personas que me han enviado tarjetas! Como pueden ver, me he tomado la libertad de prepararles esta pequeña sorpresa a todos ustedes, ¡Pero la cosa no acaba aquí! – y dando unas palmadas, por la puerta del Gran Comedor entraron una docena de enanos de aspecto hosco y hasta cierto punto intimidante, que llevaban alitas en la espalda que les hacía ver por demás ridículos.
- Que idiotez… - murmuró Draco, mientras Harry palmeaba con fuerza la espalda de Blaise, que se había atragantado al ver a aquellos enanos entrar con semejante aspecto.
- ¡Estos duendes, serán los cupidos de Hogwarts, y durante todo el día de hoy, llevaran las tarjetas a sus destinatarios! – les explicó Gilderoy con emoción - ¡Además, estoy seguro de que para quien quiera, le podrá pedir al Profesor Snape que les enseñe a preparar un filtro amoroso! – claro que basto verle la cara al Profesor Snape, para saber que el primero que se atreviera a hacerle semejante propuesta terminaría asesinado - ¡Así que por favor, divirtámonos el día de hoy, y que el amor se respire en el aire! –
- Que horror… - murmuró Blaise, que ya había dejado por fin de ahogarse.
- ¡Es una idea maravillosa! – comentó Pansy emocionada, y Millicent asintió con la cabeza.
El resto del día paso con cierta incomodidad para la mayoría de los chicos, pero por sobre todo, con molestia para los Profesores, ya que a cada momento, los duendes entraban interrumpiendo las clases para hacer entrega de las tarjetas.
- ¡Harry Potter! – le llamó un duende cuando salían de la última clase de aquel día, por lo que Harry se detuvo a esperarlo, pensando que lo mejor era que entregara la carta de una vez y se marchara.
- ¿Cuántas más vas a recibir? – se quejó Blaise.
- Estas celoso porque no llevas más que dos – se burló Theodore.
- ¡Son 3! – le aclaró Blaise mirándole ofendido.
- ¡Harry Potter, tengo una tarjeta musical para ti! – le informó el duende una vez llego hasta donde estaba.
- ¿Tarjeta musical? – repitió Harry confundido, arrugando incluso el ceño al escuchar eso, pero antes de poder preguntar nada más, el duende se aclaró la garganta, y comentó con la horrenda melodía.
- ¡Tiene los ojos verdes como un sapo en escabeche, y el pelo negro como una pizarra cuando anochece. Quisiera que fuera mío, porque es glorioso, el héroe que venció al Señor Tenebroso! Eso es todo – y sin más, se marchó para seguir haciendo sus entregar.
De más está decir que apenas termino, casi todo el pasillo estallo en risas, mientras que Harry se cubría la cara completamente roja con ambas manos.
- Que horrible canción – mascullo Draco, que era el único aparte de Harry, que no se reía, y que fruncía pronunciadamente el ceño.
- ¡Pero si estuvo divertidísima! – comentó Blaise antes de volverse a reír con ganas.
- Sí, claro… - mascullo hosco Harry.
- ¡Vamos Héroe Glorioso, no te lo tomes tan a apecho! – le aconsejo Theodore, pero apenas termino de decir eso, volvió a reírse junto con todos.
- Idiotas… - mascullo Harry, que comenzó a alejarse queriéndose ir pronto de ese pasillo y de todas esas risas, para su mala suerte, los Slytherin lo siguieron en medio de risas, por lo que al doblar el pasillo, se detuvo y los miró con el ceño fruncido – ¡Como los siga oyendo reírse, los hechizaré a todos ustedes! – les amenazo.
- Tiene razón, ya déjenlo en paz, suficiente tuvo con esa horrenda canción – observó Draco cruzándose de brazos – Además, no estuvo nada graciosa –
- Claro que si, Draco, pero es obvio que tu no la vas a encontrar graciosa – observó Pansy sonriéndole encantadoramente, ante lo que Draco frunció el ceño.
- Bueno, pero tienes que admitir que tienes una admiradora muy intensa – opinó Hermione, que aspiro aire hondamente para controlar la risa, mirándole sonriente pese a todo.
- Eso sí, mira que quiere que seas suyo – opinó Millicent aun con una ligera risilla.
- Pero nada tonta, porque agrega lo de glorioso – agregó Pansy divertida.
Harry sólo negó con la cabeza y apresuró el paso, porque lo único que quería, era alejarse de ese tema de conversación que le resultaba bastante incómodo.
- ¿Cuántas tarjetas? – quiso saber Blaise.
- 6 – respondió orgulloso Theodore, mostrándole sus cartas - ¿Y tú? –
- 5 – mascullo Blaise mirando sus cartas sobre la mesita de centro de la Sala Común donde estaban, antes de mirar a Draco - ¿Y tú? –
- 10 – respondió éste con suficiencia, dándole dos golpecitos con el dedo índice a sus cartas puestas frente a él, ante lo que Blaise hizo una mueca.
- A ti no te preguntare, Harry – advirtió mirando al pelinegro, que simplemente se encogió de hombros.
- ¡Yo si quiero saber! – comentó Theodore, más que nada porque sabía que eso haría sentir aún más mal a Blaise - ¿Cuántas tuviste?, ¿10 o 12? –
- No voy a responder a eso – le advirtió Harry haciendo una mueca, aun ligeramente resentido por la forma en que todos se habían reído con esa tarjeta musical, y volvió a enfrascarse en el libro que estaba leyendo.
- ¡Oh, vamos! – le pidió Theodore, pero Harry lo ignoro olímpicamente.
- ¡Vamos Harry, tenemos curiosidad! – le pidió Millicent.
- Es una tontería que estén compitiendo por ver quien recibió más cartas de San Valentín – opinó Harry, y tomando sus cosas, se paró para irse a su cuarto.
- Yo sé de alguien que sabe el número exacto – canturreo Pansy una vez que el moreno se fue, y le dirigió a Draco una mirada significativa mientras le sonreía ampliamente.
- ¿Y por qué crees que yo lo sé? – le preguntó éste a la defensiva, mientras ya guardaba sus libros para seguir a Harry.
- Todos aquí sabemos esa respuesta, Draco, incluso tú – le respondió crípticamente la pelinegra, lo que hizo que Draco frunciera más el ceño – Así que sé un buen chico y dinos, ¿Cuántas tarjetas recibió Harry? –
Todos miraban a Draco, para quien esto no pasó inadvertido, y aunque de regular le gustaba ser el centro de atención, aquello no se aplicaba en aquel preciso momento.
- 16 – mascullo, y sin detenerse, se puso de pie y se apresuró a irse al cuarto, antes de que cualquiera pudiera decir algo más.
Aquel día tendrían el partido de Quidditch contra Ravenclaw, así que el ánimo estaba un poco más elevado entre los alumnos. Harry, Draco y Blaise bajaron pronto a desayunar junto con el resto de sus compañeros de Casa, y cuando terminaron, se apresuraron a salir para dirigirse al campo, siendo alcanzados en la puerta del Gran Comedor por Hermione.
- Vine a desearles suerte – les hizo saber siguiéndolos.
- Podrías venir a las gradas de Slytherin para apoyar a Harry – le ofreció Pansy sonriendo animada, ante lo que Hermione la miró insegura, pues aún no confiaba del todo en que sin Harry de por medio, estar entre esos Slytherin fuera a ser una buena idea.
- No creo que sea lo mejor – comentó.
- No, seguramente los demás Leones te destrozaran, sobre todo, cierta Comadreja – opinó Draco.
Harry estaba a punto de decirle algo, cuando nuevamente escuchó aquella voz.
- Matar… Quiero matar… Quiero destrozar… - decía la voz, que hizo a Harry detenerse con un pie en las puertas del castillo.
- ¿Harry? – le preguntó Blaise confundido.
- ¿Lo escuchas de nuevo? – se animó a preguntarle Draco, y al escuchar esa pregunta tan criptica, de inmediato todos entendieron lo que pasaba, y miraron alrededor nerviosos.
- Si… Pero no entiendo como la escucho aquí… - murmuró Harry, mirando hacia adentro del castillo.
Hermione se llevó una mano a la frente.
- ¡Eso es!, ¡Creo que tengo una idea! – exclamó animada, y comenzó a caminar hacia el interior, pero Harry la detuvo de la manga de la túnica.
- ¡¿A dónde vas?!, ¡Sabes que no debes andar sola!, ¡Es peligroso! – le recordó preocupado.
- Solo iré de rápido a la biblioteca para revisar una cosa – le hizo saber la chica.
- Pero no puedes ir sola, si vas a ir de rápido, entones iré contigo – decidió Harry, pero ahora fue Draco quien le sujeto del brazo.
- Harry, tenemos que ir al Campo de Quidditch, si llegamos tarde Marcus nos matara – le recordó.
- Pero no podemos dejar que vaya sola – comentó Harry.
- Entones yo la acompañare – intervino Pansy, lo que hizo que los tres la miraran con asombro.
- ¿Estas segura? – le preguntó Harry como si estuviera diciendo una locura.
- Claro. Tú no puedes ir, y no vas a estar tranquilo si va sola, lo que causara que no te concentres en el juego, y que haya una probabilidad de que eso cause que perdamos contra Ravenclaw – observó la pelinegra – Así que si la acompaño, estarás más tranquilo y centrado en el juego, y hacerlo no me cuesta nada –
- Yo puedo ir sola – comentó Hermione, pensando que quizás podría serle incomoda la presencia de la Slytherin.
- No irás sola, Herm – rechazo Harry con firmeza, antes de mirar a la Slytherin – Está bien, acompáñala por favor – y entonces miró a ambas – Pero tengan mucho cuidado –
- Descuida Harry, lo tendremos – le prometió Pansy, sacando su varita y sujetándola con firmeza.
Hermione también saco su varita y la sujeto. Harry asintió con la cabeza, y junto con los demás se marcharon por la explanada hacía el Campo de Quidditch.
- En verdad no necesitas acompañarme – comentó entonces Hermione, pero la pelinegra le miro de reojo antes de sonreír.
- Déjate de tonterías y vamos pronto a la biblioteca, Granger – fue la respuesta sencilla de Pansy – Prometí a Harry que te acompañaría, y lo haré. Un Slytherin siempre cumple su promesa – y en sus palabras podía notarse el orgullo y la seguridad.
- En verdad les importa quedar bien con él, ¿Verdad? – observó la castaña mientras comenzaban a andar a paso rápido hacía la Biblioteca.
- Si – respondió la chica sin inmutarse.
- ¿No es eso muy oportunista? – pregunto Hermione.
- No – respondió Pansy sin ofenderse – No tiene nada de malo que nos interese quedar bien con él, y no es oportunista en lo absoluto porque no estamos usándolo. Nos interesa tenerlo como amigo –
- Eso no suena a amistad – observó Hermione con escepticismo.
- ¿Qué es la amistad a final de cuentas, Granger?, ¿Qué acaso no es un intercambio de intereses? – le preguntó Pansy – Regularmente a las personas comunes les interesa tener amigos para cubrir una necesidad que surge de la inseguridad de estar solos y no tener el respaldo y el apoyo de nadie. Eso es en reglas generales la razón por la que la gente entabla amistades, pero cuando pensamos en amistad, no pensamos en lo que vamos a dar al otro. Ahí es donde somos diferentes los Slytherin, Granger, porque en primer lugar, no tenemos esa necesidad como la sienten otros, o esas inseguridades. Entendemos la funcionalidad de estar respaldados y apoyados por otros, pero como no es una necesidad en función de una inseguridad, las amistades que conseguimos no giran en relación a eso, sino a la funcionalidad que ofrecen. Para mí por ejemplo, podría darme lo mismo si Harry es o no mi amigo, de hecho en el primer año casi no lo trate, pero veo la funcionalidad que tiene, y las cualidades como persona, así que he decidido que es un mago con el que vale la pena entablar una relación de amistad, así que estoy dispuesta a trabajar en esa relación, y eso significa que yo misma debo estar ahí para ayudar y apoyar a Harry cuando lo necesite, pero sobre todo, ofrecerle la lealtad y apoyo que la amistad requiere. A final de cuentas eso es la amistad, ¿No, Granger?, solo que nosotros tenemos muy claras todas las cláusulas que ello implica –
Hermione hizo una mueca, pero le costaba aceptar que ciertas cosas que decía esa chica eran ciertas.
- Pero no creo que la amistad se base sólo en inseguridades, no siempre – quiso refutar.
- No siempre… – repitió Pansy pensativa – Bueno, supongo que podría concederte eso – comentó divertida – Nosotros no somos malos, Granger, ni somos personas sin escrúpulos como nos han querido pintar, somos simplemente personas prácticas que tenemos muy claro cómo funcionan cosas como la amistad, y somos claros en esa parte para no tener malos entendidos. Si eres claro con los demás, te ahorras muchas cosas –
- Aun no me convences – murmuró Hermione, que sentía que había algo que faltaba en ese fantástico discurso, pero no sabía el qué. En ese momento llegaban a la biblioteca.
En cuanto llegaron, Harry y los chicos se fueron a los vestidores para cambiarse. Después, escucharon el discurso de Marcus, y al terminar, fueron al campo. Estaban preparándose para comenzar, cuando el profesor Snape entro al campo con un megáfono purpura.
- Atención a todos. El partido ha sido cancelado – informó a través de este, lo que causo una queja general de los alumnos.
Draco y Harry se miraron de reojo, al tiempo que todos los jugadores comenzaban a descender.
- Todos los estudiantes deben dirigirse de inmediato a su Sala Común. Ahí los esperaran sus Jefes de Casa para hablar con ustedes – les siguió indicando Snape, pero como vio que los estudiantes aún seguían ahí, agregó molesto – No es una invitación. Es una orden. ¡Desocupen el campo y vayan a sus respectivas Casas YA! – eso fue suficiente para que todos comenzaran a moverse apresurados.
Harry busco la mirada del Profesor de Pociones, que al encontrarse con aquellos verdes ojos, le hizo un gesto con la cabeza para que lo siguiera, y comenzó a caminar, por lo que Harry jalo a Draco para atraer su atención, y corrió para seguir al Profesor, siendo seguido de cerca por un confundido Draco.
- ¿Qué ha pasado, señor? – se animó a preguntar Harry cuando lo alcanzo.
- Síganme – fue todo lo que le respondió Snape, consciente de que Draco también estaba ahí , y sin decir más, se los llevo del campo, sin darles siquiera oportunidad de cambiarse.
Luego de algunos minutos de caminar, Harry reconoció el camino, como el que llevaba a la Enfermería.
- ¿A la Enfermería, señor? – le preguntó, comenzando a pensar que eso no podía ser nada bueno.
- Ha habido otro ataque, uno doble – le hizo saber Snape, pero eso fue suficiente para que Harry jadeara.
- Señor, Pansy y Hermione, ¿Ellas no…? – pero no fue capaz de terminar su pregunta.
- Si Harry – confirmo Snape, y se detuvo a la entrada de la Enfermería, desde donde se podían ver a Madame Pomfrey atendiendo a dos chicas.
- ¡Por Merlín, no! – murmuró Harry, y se apresuró al lado de la cama donde estaba el cuerpo petrificado de Hermione.
Draco miró aquello atónito, y se acercó también, sin saber que decir, sólo mirando a ambas chicas, que tenían gestos de sorpresa mezclados con miedo.
- Esto estaba junto a ellas – les hizo saber Snape, levantando un espejo redondo que estaba en la mesita al lado de la cama de Hermione - ¿Saben por qué lo tenían, y porque estaban en ese preciso momento en la biblioteca y no en el Campo de Quidditch como los demás? –
Harry miró el espejo.
- No nos dijo por qué iba a la biblioteca – le hizo saber a Snape – Sólo dijo que tenía una idea y que necesitaba ir… - entonces apretó fuertemente los puños y los dientes – No debí haberlas dejado ir – mascullo.
- No sabías que esto podría pasar – se apresuró a decirle Draco.
- ¡Pero había escuchado la voz, Draco!, ¡Debí oponerme a que fueran! – le recordó Harry con frustración.
- ¿Habías vuelto a escuchar la voz? – preguntó Snape.
- Si… - murmuró Harry, y frustrado, soltó una patada al suelo.
- Bueno, ahora no tiene sentido darle vueltas a eso – comentó Snape – Vamos a las mazmorras. Aún necesito hablar con el resto de los estudiantes de Slytherin –
El camino lo hicieron en un silencio pesado. Draco miraba a Harry de reojo, preocupado por él, pero Harry no miraba más que el suelo con el rostro sombrío. Cuando llegaron, la Sala Común estaba abarrotada por los estudiantes, la mayoría de ellos notablemente nerviosos.
- Hay un anuncio que voy a darles, así que escuchen atentamente – les aviso el Profesor Snape, mientras Harry y Draco se integraban al resto de los alumnos – A partir de hoy, todos los alumnos deberán estar de vuelta en sus respectivas Salas Comunes a las seis en punto de la tarde. Ningún alumno podrá dejar los dormitorios después de esa hora por ningún motivo. Un Profesor siempre los acompañara al aula que les corresponda, y ningún alumno podrá entrar a los servicios sin estar acompañado por algún Profesor. También se posponen todos los partidos y entrenamientos de Quidditch hasta nuevo aviso. Tampoco habrá más actividades extraescolares –
- ¿Pero porque, Profesor? – preguntó un chico de sexto.
- Ha habido un nuevo ataque – les hizo saber Snape – La señorita Granger y la señorita Parkinson han sido encontradas petrificadas – esas palabras cayeron en un silencio tan tenso que casi podía ser palpable – Estas medidas entraran en vigor ya, así que espero que las acaten por completo – y diciendo eso, el Profesor Snape salió de ahí, ante lo que la Sala Común comenzó a llenarse de los murmullos de los alumnos.
- Las atacaron… - murmuró Blaise hundiéndose en el sillón.
- Quizás no fue tan buena idea que se fueran solas… - comentó Theodore con tono lúgubre.
Harry no sintió deseos de quedarse en la Sala Común y subió al cuarto, siendo seguido por Draco.
- Voy a ir a ver a Dumbledore – le aviso a Draco en cuando éste cerró la puerta del cuarto, acercándose al baúl para buscar su Capa de Invisibilidad.
- ¿Para qué? – quiso saber Draco acercándose a él – Escucharte a Snape, no debemos salir de la Sala Común, es peligroso –
- Lo sé, pero necesito decirle sobre lo que Salazar me conto, sobre la ubicación de la Cámara de los Secretos, sobre todo lo que sabemos o suponemos – le explicó mientras sacaba la Capa y cerraba el baúl – Quizás si lo hubiera hecho desde el principio, hubiéramos podido evitar que estos ataques siguieran pasando… –
- Harry, lo que les paso no fue tu culpa – le quiso decir Draco, mirándolo con firmeza, pero Harry, incomodo, apartó la mirada.
- Draco, yo sabía que era peligroso – le recordó con pesar.
- Si, y se los hiciste saber, pero ellas igual decidieron ir – le aclaró Draco – Ellas eran conscientes del peligro, y tú no puedes estarte culpando de las decisiones que tome cada persona –
Harry negó con la cabeza, incluso se pasó la mano por el cabello, despeinándolo y dejando a la vista la cicatriz. En otro momento, Draco podría haber sonreído ante ese gesto, pero no lo hizo.
- De igual forma no debí de haberlas dejado ir… - se lamentó Harry en un murmullo, y apretó la capa entre sus manos con frustración.
- Harry, ¿De qué va a servir que te sigas culpando?, no puedes cambiar lo que paso – observó Draco – Además, recuerda que serás un líder de guerra, y como líder, una de las cosas que vas a tener que aprender, es a aceptar que a veces las personas a tu alrededor tomaran sus propias decisiones, porque creen que es lo correcto, aun cuando sepan que es peligroso y puedan morir al hacerlo. ¿No es lo mismo que dijiste que harías tú si sabes que puedes ayudar a alguien?, eso también aplica a otras personas –
- Que fácil suena… - mascullo, y frustrado, tiró la Capa y se sentó sobre el baúl, apoyando los codos en las rodillas mientras con las manos se agarraba los cabellos con esa misma frustración que le recorría.
Draco se acercó a él, y levantando la Capa, le tendió la mano.
- No te espera un camino fácil, pero ya lo sabías, y encontrar el camino correcto como líder, sin lugar a dudar va a ser muy difícil, pero yo sé que puedes hacerlo, y como te dije antes, estaré a tu lado, y siempre que lo necesites, te tenderé la mano, así sea para levantarte, o para ayudarte a andar – declaro con seguridad, haciendo que Harry dejara de agarrarse los cabellos y mirara su mano, antes de mirarlo a él, aunque sin tomar su mano.
- Me asusta un poco todas esas expectativas que tienen en mi – le hizo saber Harry, bajando de nuevo la mirada - ¿Y si no me convierto en ese líder que ustedes creen?, ¿Y si me equivoco en el camino?, ¿Y si soy más impulsivo de lo que debería y termino muerto? –
- Tenemos esas expectativas porque confiamos en ti, Harry – le respondió Draco – Porque te hemos conocido, y sabemos el tipo de mago que eres, pero si, podrías fallar, sobre todo si estas solo, por eso, todos los que te seguimos, hemos decidido no dejarte solo, acompañarte en este camino, porque mientras más apoyo tengas, menor es la probabilidad de que falles en tu objetivo
- ¿Aunque eso cause que tú o tu familia terminen muertos? – le preguntó Harry mirándole, lo que hizo a Draco hacer una mueca.
- No me gustaría eso, no te mentiré, pero en una guerra, inclusive si ganamos, hay gente que morirá. Me esforzare para que ellos no sean parte de esas estadísticas, o yo mismo, pero podría pasar, y es algo que debo recordarme constantemente, sobre todo cuando la verdadera guerra empiece. Nadie estará seguro, hasta que la misma acabe – respondió.
- Me gustaría sentir esa seguridad – murmuró Harry apesadumbrado, volviendo a bajar la mirada.
- Es normal que no puedas. Tú eres quien carga el verdadero peso aquí, así que a veces no podrás ver las cosas con la misma claridad que otros que las ven desde afuera, pero para eso estaremos aquí – le recordó Draco, lo que hizo sonreír muy apenas a Harry, que tomó su mano por fin, y se levantó del baúl.
- Aun me siento culpable – confeso con cierta pena, pero Draco sonrió y asintió con la cabeza.
- No esperaría otra cosa. Eres un mago noble, y apenas estas aprendiendo. Es normal – le hizo ver mientras le entregaba la Capa - ¿Entonces iremos con Dumbledore? –
Harry sonrió un poco más y asintió con la cabeza. Estaba desdoblando la Capa, cuando la puerta se abrió, por lo que se apresuró a enrollar la Capa lo más rápidamente posible, cuidando que no se notara lo que era.
Blaise, Theodore, Vincent, Gregory y Millicent entraron al cuarto en ese momento.
- ¿Y entonces? – quiso saber Theodore - ¿Qué sigue? –
- ¿Qué sigue? - repitió Harry confundido y ligeramente nervioso - ¿De qué? –
- Bueno, cuando entrabamos escuchamos a Draco preguntarte si irían con Dumbledore, lo que significa que tienen pensado hacer algo – le explicó Millicent.
- Queremos ayudar – aclaro Blaise.
- ¿Por qué? – preguntó Harry aun confundido.
- Una de nuestras compañeras y amiga ha sido petrificada, Harry – le explicó Theodore – Somos Slytherin, nadie se mete con nosotros, ni con nuestros amigos. Y aunque nunca te hemos preguntado, somos conscientes de que sabes más de lo que dices sobre esta situación, y que con lo que ha sucedido, tienes pensado hacer algo. No nos importa si no quieres explicarnos lo que sabes – se apresuró a agregar al ver que Harry abría la boca – Eso no nos interesa, tus razones tendrás para no querer decirnos y lo respetamos, a final de cuentas, entendemos que aún no somos de confianza para ti, pero si vas a hacer algo, queremos ayudarte –
Harry miró de reojo a Draco sin saber qué decirles.
- No crean que sabemos mucho – les aclaro entonces Draco – Nosotros también estamos bastante perdidos, pero tenemos algunas ideas, y queremos hablar con Dumbledore sobre eso –
- Entonces iremos con Dumbledore – declaro Vincent con decisión.
- No – rechazo Harry.
- ¿Por qué no? – quiso saber Gregory – Queremos ayudar, y podemos hacerlo. Si vamos todos juntos será más seguro –
- Y más peligroso también – observó Harry, y se mordió el labio, sopesando los pros y contras de toda esa situación que no terminaba de gustarle del todo – Iremos Draco y yo. Ambos podemos ir de forma segura –
- ¿De forma segura? – repitió Millicent confundida, y Harry, aspirando hondamente el aire, desdoblo la capa y se la puso sobre los hombros.
- ¡Una Capa Invisible! – exclamó Vincent asombrado.
- ¡Wow! – exclamó Gregory.
- Vaya, no sabía que tenías algo así, Harry – comentó Theodore asombrado.
- Genial… - opinó Blaise sonriendo animado.
- Usando esto, Draco y yo podemos ir de forma segura – les explicó Harry – Si en verdad quieren ayudar, solo ábrannos camino, y ayúdennos a salir de la Sala Común sin llamar la atención –
- Esta bien – aceptó Theodore sin dudarlo.
Al poco tiempo, Theodore, Millicent y Blaise bajaron a la Sala Común, manteniendo una cierta distancia entre ellos para permitir andar a Harry y Draco, pero rodeándolos para que no chocaran con ninguno de los otros alumnos ahora que la Sala Común estaba tan abarrotada. Cuando estaban cerca de la puerta, fue Gregory quien la abrió, pero entonces Theodore lo reprendió, recordándole que no tenían permitido salir, y apenado, el chico se apresuró a alejarse de la puerta disculpándose, pero dándoles al mismo tiempo el espacio a Harry y Draco para salir al pasillo sin problemas.
- Bueno, eso fue fácil – comentó Draco satisfecho.
- Lo fue, y aun así, no sé qué tan buena idea ha sido mostrarles la Capa – comentó Harry mientras comenzaban a andar por el pasillo.
- Bueno Harry, hay veces que vas a necesitar confiar en algunos magos más de los que tenías pensado – le recordó Draco – Además, es verdad que ellos quieren ser tus amigos –
- Lo sé, pero ellos piensan en mi como una figura de poder político en el futuro, Draco, sin embargo, yo pienso en la guerra que vendrá, y según lo que sé, los padres de muchos de ellos fueron Mortífagos al servicio de Voldemort, ¿Qué pasara cuando Voldemort regrese? – le preguntó, ignorando el estremecimiento que recorrió a Draco ante la mención de aquel nombre.
- Supongo que tendremos que esperar a que llegue ese momento para saberlo – comentó Draco – De todas formas, Harry, ellos son chicos muy inteligentes, y han vivido en una era diferente a la de sus padres. Estoy seguro de que cuando llegue el momento, la mayoría en verdad se volverán hacía ti para seguirte –
- Estas muy seguro de ello – observó Harry.
- Claro, son Slytherin – le recordó Draco con orgullo.
- Y los Slytherin fueron la mayoría de los seguidores de Voldemort en el pasado – le recordó también Harry, ante lo que Draco hizo una mueca.
- Si, pero en su momento lo siguieron sin saber lo que podrían esperar. Ahora saben cómo los trato, y lo que pueden esperar si lo siguen, además, a eso debemos agregarle que en aquel entonces, no tenían una mejor opción a la cual seguir, que pudiera presentar una fuerte resistencia a los deseos del Señor Tenebroso, así que muchos, aun cuando se hallan dado cuenta de su error, no podían simplemente dejar de seguirle – le explicó Draco con seriedad – Pero ahora estas tú, y ya lo venciste una vez, así que eres la mejor opción y la más digna –
- ¿Tu sólo pensaste en todo eso? – le preguntó curioso Harry.
- En su mayoría han sido ideas a las que llegue de charlas que he tenido con mi madre sobre la época del Señor Tenebroso – le hizo saber Draco
Harry iba a preguntarle algo más, justo en el momento en el que iban llegando al vestíbulo, pero se obligó a guardar silencio y detenerse, al ver que tres magos entraban al castillo.
- ¿Qué hacen mi padre, el señor Parkinson y el Ministro aquí? – murmuró Draco asombrado.
- No creo que sea una visita amistosa… - murmuró a su vez Harry, sobre todo, luego de ver el semblante de los tres magos.
- Señores – saludo la Profesora McGonagall acercándose a ellos con expresión seria – Síganme por favor – y comenzó a andar.
- Vamos – le apremio Harry, y comenzó a andar detrás de todos ellos.
Como Harry imaginaba, se dirigían a la Oficina de Dumbledore. La Profesora McGonagall dio la contraseña, y todos subieron las escaleras.
Draco y Harry se movían con el mayor cuidado para no verse descubiertos, y se apresuraron a entrar, empujando ligeramente la puerta que la Profesora McGonagall había intentado cerrar, y que esta miró confundida, antes de volver a intentarlo, parpadeando aún más confundida, cuando esta vez la puerta se cerró sin ningún problema.
- ¿A que debo su visita, señores? – preguntó amable Dumbledore.
- ¡Esta no es una visita amistosa, Dumbledore! – espetó el padre de Pansy, un señor alto y fuerte, de porte elegante y al mismo tiempo duro, de cabello negro y ojos azules - ¡Mi hija fue atacada! –
- Ewan, tranquilicémonos – le pidió el señor Malfoy, dirigiéndole una condescendiente sonrisa a Dumbledore – Director, hemos venido, porque luego de enterarnos del ataque a la señorita Pansy Parkinson, el Consejo Escolar ha tenido una junta, en la que se ha solicitado que abandone su puesto. Aquí traigo la orden de cese, y las doce firmar requeridas – y le tendió un pergamino.
Harry tuvo que taparse la boca para no soltar ninguna exclamación, y Draco mismo agradeció tener la pared cerca, porque tuvo que recargarse ahí, completamente atónito de lo que estaba escuchando a su padre.
Dumbledore miro el pergamino, antes de tomarlo.
- Lo siento mucho, Dumbledore, pero con estos sucesos, se necesitan tomar medidas – comentó nervioso el Ministro.
- ¡¿Tomar medidas?! – repitió Minerva exaltada - ¡Sobre todo por lo que ha sucedido, no deberían estar pensando en destituir a… -
- Minerva – le interrumpió Dumbledore, dirigiéndole una amable pero firme mirada – Está bien, si esa es la decisión que el Consejo ha tomado, no tengo problema alguno en acatar la solicitud y presentar mí dimisión –
Minerva apretó los puños, furiosa, pero se obligó a no decir más.
- Sin embargo, mientras halla alumnos que necesiten de mi ayuda, encontrare siempre la manera de ayudarles – agregó, y dirigió sus azules ojos a la esquina donde estaban Harry y Draco, haciendo que Harry saltara, con la sensación de que esas palabras habían sido dirigidas hacia él con toda intensión, como si Dumbledore supiera que estaba ahí, pero eso no era posible, ¿Cierto?
- Si… Maravilloso discurso – comentó Lucius luego de unos segundos de un silencio incomodo ante esa declaración – Pero creo que ya es hora de que abandone esta oficina – y se dirigió a la puerta, abriéndola y mirando a Dumbledore en espera de que saliera.
Dumbledore comenzó a andar, pero al pasar por donde Harry estaba, éste casi estuvo seguro de que le miró de reojo. Luego de salir, Lucius, el señor Parkinson y el Ministro salieron.
- Por Merlín…. Necesito buscar a Severus… - murmuró preocupada Minerva, y se apresuró a salir también.
Una vez que la puerta de la oficina se cerró de nuevo, Harry se quitó la Capa.
- ¿Qué diablos acaba de hacer tu papa, Draco? – le preguntó mirándole de reojo.
Draco bajo la mirada ante la pregunta.
- No tengo ni idea, Harry – confeso con desazón.
