Notas de la Autora: Olisss! Lo siento, estuve algo ocupada el fin de semana y me fue difícil actualizar, pero ya lo traigo aquí! Ya quedan pocos capítulos para el final! Que emoción!
En cuanto a los agradecimientos, como siempre y sin falta, gracias a Abril Elena, Macka14, CIELO-BL, y giulianacontesso por tomarse un tiempo para ponerme sus comentarios! Además de que hay un nuevo lector! Gracias Murtilla por tu comentario! Y como hago de vez en cuando, sobre todo cuando se de nuevos lectores, les recuerdo que actualizo un domingo si y uno no. Como este correspondía al domingo que paso, la siguiente actualización debería caer el 2 de Enero, así que como ya no los veré hasta entonces, les deseo una muy feliz navidad, y un muy hermoso año venidero! Saludos a todos aquellos que me han acompañado durante este año, apoyándome y animando!
Ahora si los dejo para que disfruten este capítulo!
Disclaimer: Ya saben que nada de este mundo me pertenece, todo es de la queridísima J.K. Rowling, yo solo lo manipulo para mi entretenimiento :D
Capítulo 18: El Recuerdo Destruido Y El Elfo Liberado
Minerva reunió al resto de los Profesores en cuanto llego al Despacho de Dumbledore, y simplemente les hizo saber que Ginny Weasley había sido raptada por el monstruo. Les pidió a los otros dos Jefes de Casa que organizaran a sus alumnos para que pudieran partir mañana a primera hora, y al resto que patrullaran los pasillos. Luego de que se marcharan, se encargó de mandar su Patronus para avisar a Remus, Sirius y Dumbledore sobre el secuestro de Harry, pidiéndoles que se reunieran en el castillo a la brevedad. Después de eso se dirigió a avisar a los alumnos de Slytherin en ausencia de Snape, agradeciendo que nadie comentara sobre la ausencia de Harry y Malfoy, aunque preguntándose si realmente nadie lo había notado, o estaban cubriéndolos. Lo siguiente fue dirigirse a Gryffindor, sabiendo que aquella sería una de las partes más difíciles, puesto que los hermanos de Ginny se encontraban ahí.
- Escuchen atentamente – les pidió la Profesora en cuanto los reunió a todos en la Sala Común – Mañana a primera hora, todos los alumnos serán enviados a sus respectivas casas, así que necesito que hoy arreglen todo lo necesario para partir –
Murmullos se levantaron, pero fue Percy quien dio un paso adelante animándose a preguntar.
- ¿Pero por qué, Profesora? – quiso saber, y todos se callaron para poder escuchar.
Minerva miró al pelirrojo apenas durante algunos segundos antes de hablar.
- Una alumna ha sido secuestrada por el monstruo – les hizo saber, escuchando los jadeos y murmullos que esa declaración causo – Hogwarts ya no es segura, así que mañana serán enviados a sus casas –
- ¿Quien fue? – preguntó Angelina Johnson con miedo, y aunque Minerva considero seriamente el no decirles nada, supo que esa no era una opción.
- Ginny Weasley – respondió al fin.
- ¡¿Qué?! – exclamó Ron, y se adelantó hasta donde la Profesora estaba, siendo seguido por los gemelos mientras el resto de los Gryffindor comenzaban a murmurar.
- ¡Hay que hacer algo! – exclamó Percy.
- Hemos comenzado a buscarla, pero no podemos tenerlos aquí – les explicó Minerva a los pelirrojos – En unos momentos se lo haremos saber a sus padres, pero por ahora, necesito que todos se preparen para mañana dejar el castillo. Y no quiero que nadie salga de la torre –
- ¡Pero podemos ayudarles a buscarla! – exclamó Ron.
- No – refutó Minerva con firmeza – Se quedarán aquí. No quiero que salgan, y mañana partirán a sus casas. Prefectos y Premio Anual, encárguense de todo – ordenó, y entonces salió de ahí, sabiendo que aún debía informarle a los señores Weasley, y esa sería la parte más difícil de todo lo que había tenido que hacer hasta ese momento.
- ¡Corre Draco! – le urgió Harry al escuchar aquellos siseos, y dándose media vuelta, él mismo comenzó a correr sin abrir los ojos, escuchando los pasos de Draco a su lado, sin embargo algunos metros más adelante tropezó con algo y cayó al suelo con un quejido ahogado ante el golpe que se dio, mismo que Draco pudo escuchar con claridad y que le hizo detenerse.
- ¡¿Harry?! – preguntó preocupado, pero sin animarse a abrir los ojos.
- ¡Vete, corre! – le ordeno Harry que ya trataba de pararse, sobre todo porque podía escuchar a la enorme serpiente que se deslizaba hacía él mientras seguía hablando de matar y despedazar.
- ¡Maldición! – mascullo Draco, y regreso sobre sus pasos, aunque sin abrir los ojos era difícil saber dónde estaba Harry para ayudarlo.
De pronto, ambos escucharon un suave trino, y Harry pudo escuchar que la serpiente gritaba de dolor. Lo siguiente, fue que Draco sintió un fuerte golpe que apenas y le dio tiempo de jadear, antes de lanzarlo contra uno de los muros, donde golpeo y cayó al suelo inconsciente.
- ¡¿Draco?! – le llamó Harry, preocupado por el jadeo y el golpe que había escuchado. Terminaba de levantarse cuando sintió que algo pesado y duro lo golpeaba, levantándolo del suelo y lanzándolo contra uno de los muros.
- ¡Ron, detente! – le pidió Neville, adelantando a Ron para ponerse delante de él antes de que alcanzara el retrato, tratando de detenerlo por los hombros.
- ¡Suéltame! – le espetó Ron tratando de alejar a Neville.
- ¡No puedes salir, la Profesora McGonagall dijo que no podíamos! – le recordó Neville.
- ¡Mi hermana fue secuestrada, no voy a quedarme de brazos cruzados! – le grito Ron forcejeando para soltarse.
Los pocos estudiantes que estaban en la Sala Común, observaban aquello inseguros, sin meterse en absoluto.
- ¡Ronald, comportante! – le reprendió Percy con firmeza, terminando de bajar las escaleras que llevaban a los dormitorios – La Profesora dijo que no podíamos salir –
- ¡Eres un maldito cobarde! – bramo el menor de los Weasley furioso, dándose la vuelta para enfrentar a su hermano - ¡Ginny fue secuestrada y tú sólo te esconder aquí!, ¡Ni siquiera pareces Gryffindor! –
- ¡Ser Gryffindor no es aventarte de cabeza al peligro! – le hizo saber Percy molesto - ¡¿Qué harás si vas?!, ¡¿Tienes un plan?!, ¡¿Hay algo que puedas hacer?! –
- ¡Por lo menos lo intentare! – le hizo saber Ron, acercándose a Percy para empujarlo, haciéndolo caer al suelo de sentón.
- Contrólate Ron – le pidió Fred, que también bajaba las escaleras seguido de su gemelo.
- Todos estamos preocupados por Ginny – agregó George.
- ¡Pues no parece! – les espetó éste.
- ¡Que te pongas loco no va a ayudar!, ¡Y tampoco va a ayudar que hagas una tontería!, ¡¿Quieres causarle más dolor a nuestros padres?! – le preguntó Percy, molesto mientras se levantaba. Fred se acercó a ayudarle.
- ¡Todos ustedes son unos cobardes! – les acuso Ron, pero supo que ninguno de ellos 4 lo dejaría irse como quería.
Harry se sentía aturdido por el golpe, y estaba lastimado, pero dentro de aquel aturdimiento pudo escuchar suaves trinos mezclados con gritos desgarradores que estaba seguro de que provenían de la serpiente. Confundido, no pudo evitar abrir los ojos, y vio con asombro que Fawkes planeaba alrededor de la cabeza de aquella enorme serpiente que le lanzaba furiosos mordiscos, pero Fawkes les esquivaba con elegante agilidad.
Entonces, Fawkes descendió y hundió su largo pico de oro en la carne del Basilisco, al tiempo que un chorro de sangre negruzca salpicaba el suelo. Entonces, pudo ver al otro lado del pasillo a Draco en el suelo.
- ¡Draco! – exclamó, y ante aquello, el Basilisco se volvió hacía él antes de que pudiera cerrar los ojos, permitiéndole contemplar con asombro que parecía ser que Fawkes le había picado los ojos, y sus cuencas sangraban mientras la serpiente, furiosa, escupía agonizando.
- ¡Maldito pájaro! – masculló Tom furioso - ¡Deja de perder el tiempo con ese pájaro, el chico esta frente a ti, huélelo y mátalo! – le ordeno en Pársel a la serpiente.
Harry contuvo la respiración mientras veía a la enorme serpiente acercarse hacía donde él estaba.
- ¡No, detenerte! – le ordenó sin pensarlo, y hablando Pársel al estar mirando a la serpiente. Entonces, para su asombro, vio que la serpiente obedecía y se detenía.
- ¡Quiero matar! – exigió la serpiente.
- ¡¿Qué demonios estás haciendo?!, ¡Tú sólo debes obedecerme a mí! – bramó Tom furioso al ver eso, dando algunos pasos hacía donde Harry estaba - ¡Yo soy el descendiente de Salazar Slytherin!, ¡Debes obedecerme! –
- ¡Yo también soy el descendiente de Salazar Slytherin! – se apresuró a decir Harry mirando a la serpiente.
- ¡Tú no puedes ser el descendiente de Salazar! – espetó Tom mirándolo.
- Pero lo soy, y es gracias a ti – respondió Harry, y lo miró sonriéndole con una arrogancia que jamás había mostrado, pero que en varias ocasiones había visto hacer al propio Tom.
- ¡No es verdad!, ¡¿Cómo sería eso posible?! – le preguntó Tom, furioso ante aquella sonrisa que Harry le dirigía.
- Todo es posible en el mundo mágico, Tom – le respondió Harry, y mantuvo aquel tono arrogante, aquella sonrisa pretenciosa, disfrutando en cierta forma, ver así de molesto al otro chico, saber que era Voldemort, y que se encontraba desquiciado – Y pasó la noche en que fuiste a matarme. Mis padres usaron un hechizo antiquísimo para proteger mi vida, y ese mismo hechizo hizo que sin nadie saberlo, nos conectáramos, y parte de tu magia se unió a la mía, convirtiéndome de esa forma en tu Heredero Mágico –
- ¡No!, ¡Estas mintiendo! – rugió Tom.
- ¿Qué, ¿Es demasiado? – le preguntó Harry divertido – Pero la verdad es que lo soy, por mucho que a los dos nos pese tengo muchas similitudes contigo, por eso estoy en Slytherin, y por eso puedo hablar Pársel, lo que me permite controlar a este Basilisco, pero también tengo muchas diferencias, que son lo que me ayudaran a destruirte –
- Cuanta arrogancia – mascullo Tom, que respiró hondo para controlarse – Bien, quizás sea cierto eso que dices, pero aun así yo soy el Heredero original, así que la serpiente me obedecerá únicamente a mí cuando mi cuerpo se vuelva completamente corpóreo, cuando termine de robarle la vida a esta tonta niña –
- ¿Qué? – preguntó Harry mirándolo atónito, y Tom se rio complacido de ello.
- Olvide decírtelo, Harry, estoy aquí gracias a ella, sí, pero para poder tener una forma física, estoy alimentándome de su fuerza, de su magia, de su vida – le explicó con deleite – En pocos minutos ella morirá, y entonces yo seré real. En ese momento el Basilisco me obedecerá sólo a mí, porque yo soy el Heredero de Sangre de Salazar Slytherin –
- En verdad estas demente – mascullo Harry.
- Soy un visionario, Harry, que es distinto, y no me detengo por pequeñeces – le aclaro Tom orgulloso.
- Respetar la vida no son pequeñeces – le increpó Harry, que miró a Ginny en el suelo, sabiendo ahora que no podía perder demasiado tiempo.
- Lo es para poder obtener un futuro mejor y más brillante – le respondió Tom, antes de mirar al Basilisco - ¡Mata a aquel niño que esta inmóvil! –
Al escuchar eso, la serpiente movió la cabeza, oliendo aquel rastro, antes de comenzar a moverse hacía Draco, que seguía inconsciente.
- ¡No! – le grito Harry - ¡Detente! – pero esta vez la serpiente no se detuvo, y Tom se rio.
- Cada vez soy más fuerte, y cada vez, mis órdenes pesan más que las tuyas – comentó complacido, mientras que Harry corría para ponerse entre Draco y aquella enorme serpiente.
- Lo voy a matar. Quiero sangre – siseaba la serpiente.
Harry contuvo la respiración, sabiendo que no tenía modo de combatir a aquella serpiente, cuando de pronto, un trino le hizo alzar la cabeza, y vio que Fawkes volvía a tirarle a los pies el Sombrero Seleccionador, del cual pudo ver sobresalir una empuñadura llena de rubíes brillantes. Confundido se agacho, tomando aquella empuñadura para sacarla del Sombrero, sacando con asombro una reluciente espada plateada.
No dudo y la blandió contra la serpiente, que retrocedió un poco.
- ¡Mátalos a los dos! – le ordeno Tom en Pársel.
Draco comenzó a despertar, y cuando abrió los ojos, vio con asombro que Harry de espaldas frente a él blandía una y otra vez una espada frente a aquella enorme serpiente que trataba de atacar, y que en un punto golpeo a Harry con la cola, lanzándolo hacía un lado con un golpe sordo.
- ¡Harry! – grito Draco, tratando de ponerse de pie pronto, pero entonces vio que aquella enorme serpiente se alzaba frente a él amenazante. Con asombro, noto que las cuencas de sus ojos sangraban.
Cuando la serpiente se lanzó hacía él, Draco apenas y pudo lanzarse hacía un lado, esquivando por poco el ataque.
- ¡Voltea hacía acá, tonta serpiente! – le grito Harry en Pársel, lanzándole una piedra que encontró en el suelo, y que golpeo justo en la cuenca sangrante de su ojo derecho, lo que hizo que la serpiente siseara furiosa, volviendo la cabeza hacía él.
- ¡Mátalo primero a él! – le ordeno Tom a la serpiente, que comenzó a arrastrarse hacía Harry.
Draco se apresuró a pararse, y mirando a todos lados, encontró otra piedra que también lanzo, golpeando la parte posterior de la cabeza de la serpiente, pero esta no se volvió, siguió andando hacía Harry, arremetiendo contra él, abriendo la boca tan grande, que Harry temió que pudiera comérselo completo, y trastabillando cayó al suelo, alzando con ambas manos la espada mientras cerraba los ojos, incapaz de ver lo que sucedería.
Sintió un dolor muy agudo que le hizo abrir los ojos, viendo como la espada se había incrustado en el paladar de la serpiente, mientras que uno de aquellos largos y filosos colmillos se enterraba en su brazo.
La serpiente grito adolorida, alejándose apenas unos metros con la espada aún clavada en el paladar, desplomándose sin vida poco después, mientras Harry, aturdido, miraba el colmillo que se había quedado clavado en su brazo cuando la serpiente se alejó.
- ¡Harry! – exclamó Draco, acercándose aterrado, mirando aquel colmillo en el brazo del moreno - ¡No!, ¡No, no, no, no, no! – repetía, e hincándose frente a Harry, sin dudarlo le quito el colmillo – ¡Vamos, párate, te llevare a la enfermería! – le ordeno, buscando ayudarlo a ponerse de pie.
- Para cuando llegues, ya será demasiado tarde – le advirtió Tom con satisfacción – Por fin el gran Voldemort derroto a Harry Potter –
Draco no quiso oírlo.
- ¡Vamos, Harry, ayúdame, ponte de pie! – le pidió desesperado, y Harry trataba de ayudarle, pero comenzaba a sentirse somnoliento, a no ser capaz de controlar su cuerpo, sólo sintiendo un calor que comenzaba a extenderse.
- Mejor vete – le susurró Harry.
- ¡No voy a dejarte aquí! – protesto Draco desesperado - ¡Así que cállate y camina! – y siguió llevando casi en vilo el cuerpo de Harry, hasta que sin poder más tropezó, y ambos cayeron de rodillas en el suelo.
- Tienes que… Salir de aquí… - ahora fue Harry quien le pidió.
- ¡Ya te dije que no voy a dejarte aquí! – le recordó Draco con firmeza, y estaba por tratar de levantarlos de nuevo, cuando de pronto Fawkes se acercó a ellos, y posándose en el suelo, se acercó a Harry.
- Estuviste genial, Fawkes – le reconoció Harry, viendo que el hermoso pájaro se acercaba hasta él, y apoyaba su cabeza en el brazo herido – Yo no lo fui tanto… - murmuró con cierto pesar – Fui bastante lento… -
- Harry, tenemos que llevarte a la enfermería – le apremió Draco, pero Harry comenzó a notar que lejos de sentirse cada vez peor como había estado pasando, comenzaba a recuperar la fuerza, comenzaba a tener el control de su cuerpo, y aquel calor que se extendía, ahora comenzaba a dimitir.
Atónito miró a Fawkes, notando entonces que lloraba sobre su herida, o sobre donde había estado la herida y ahora sólo se encontraba la piel lisa.
- Las lágrimas de Fénix son curativas… - murmuró Draco, que también miraba atónito donde había estado la herida.
- Sin duda eres genial, Fawkes – le quiso decir Harry, sonriéndole mientras alzaba la mano para acariciar su cabeza, que Fawkes inclino complacido para recibir la caricia.
- Maldito pájaro – mascullo Tom - ¡Lárgate! – y apuntando con la varita de Ginny, lanzó un maleficio, pero Fawkes desapareció en medio de un estallido de fuego y chismas, segundos antes de que el hechizo pegara donde había estado – Bueno, no importa si no moriste por el veneno, simplemente los matare yo mismo y ya – agregó, apuntándoles con la varita.
En ese momento se volvió a escuchar otro suave trino, y Fawkes apareció frente a Harry, llevando en sus garras el diario, que soltó cuando Harry extendió las manos, y luego voló hasta posarse en el suelo frente al colmillo del Basilisco que había quedado ahí tirado, empujándolo suavemente con el pico.
- Draco, tráeme el colmillo – le pidió Harry, comprendiendo lo que Fawkes trataba de decirle, y Draco, que también había comprendido, corrió por el colmillo, entregándoselo a Harry cuando regreso.
- ¡¿Qué hacen?! – preguntó a la defensiva Tom, apuntándoles con la varita, pero Harry le miró sonriendo triunfal.
- Yo gané – fue toda su respuesta, y con fuerza clavo el colmillo en el diario.
Varias cosas pasaron en aquel momento al mismo tiempo. Del diario salió un chorro de tinta que mancho la mano de Harry e inundo el suelo, al mismo tiempo que dos gritos desgarradores resonaban en la Cámara.
Tanto Ryddle como Harry fueron los que gritaron, y Harry dejo de encajar el colmillo en el diario, aferrándose la cicatriz en medio de su grito, escuchando de nuevo aquellos chillidos agudos y cargados de dolor que había escuchado el año pasado, unos chillidos tan ensordecedores y chirriantes, que hacían estremecer algo muy en lo profundo de su ser. Tom también gritaba, y ahora se encontraba de rodillas en el suelo, temblando igual que Harry.
- ¡Harry!, ¡¿Harry que pasa?! – le preguntó Draco, acercándose de inmediato preocupado, tratando de enderezarlo, sólo para ver que la cicatriz volvía a sangrar – ¡Por Merlín…! - murmuró aterrado – ¡Vamos, te llevare a…! -
- No – le interrumpió Harry con un hilo de voz a causa del dolor, de aquellos chillidos que aún resonaban de forma estruendosa y agónica en sus oídos – Por favor, termínalo… - y le señalo el diario donde estaba al lado el colmillo.
Draco miró aquello indeciso.
- Por favor… - le pidió Harry – Termínalo… -
- Eso te está lastimando… - murmuró Draco, que no estaba del todo seguro de eso, pero lo intuía, porque luego de apuñalar el diario con el colmillo, Harry había gritado al igual que Tom, y ahora le sangraba la cicatriz.
- Entonces has que termine pronto… - murmuró sin fuerzas, sintiendo que en ocasiones le costaba mantener la consciencia.
- ¡No te atrevas! – le advirtió Tom, que con trabajos estaba comenzando a ponerse de pie, aunque su figura se veía ligeramente borrosa, perdiendo en ocasiones mayor nitidez.
- ¡Rápido Draco! – le urgió Harry, al mismo tiempo que Tom corría hacía ellos, por lo que Draco sin pensarlo, tomó el colmillo y volvió a clavarlo en el cuaderno con fuerza.
Nuevamente tanto Harry como Tom gritaron, y Draco pudo ver que el cuaderno soltaba un resplandor suave, antes de ver a Tom desvanecerse. Soltó el colmillo y se volví hacía Harry, que seguía resollando en el suelo, estremeciéndose, con la cicatriz aun sangrándole.
- Tranquilo Harry, tranquilo, ya paso, Tom ya se fue – le aseguró, y lo ayudo a sentarse recargándolo ligeramente en su pecho mientras le ayudaba a limpiar la sangre de su frente.
- Gracias… - le susurró Harry, pero apenas y pudo permanecer un poco más con los ojos abiertos, antes de rendirse a la inconsciencia, y entonces, Draco se aferró a él, sintiéndose él mismo temblar, sintiéndose frio y asustado.
Escuchó unos pasos que resonaban en la entrada, y miró hacía allí asustado, preguntándose qué otra cosa pasaría, pero suspiró aliviado cuando vio aparecer a Snape, que se detuvo apenas unos segundos, dirigiendo una rápida mirada a todo el lugar, antes de correr a donde Draco estaba con Harry.
- ¿Qué pasó? – le preguntó en cuando se hinco a su lado.
- Perdió el conocimiento… Pero no estoy muy seguro de porque – le explicó Draco.
- ¿Lo mordió el Basilisco? – siguió preguntando, aunque ya lo estaba revisando el mismo, notando con confusión aquel agujero en la manga y la sangre, pero ninguna herida.
- Si, pero el Fénix lo curo – le explicó Draco, señalando con la cabeza al ave que se había posado victoriosa sobre la serpiente muerta.
Snape miró apenas al ave, antes de asentir con la cabeza.
- Cuídalo – le pidió, y se puso en pies, agitando su varita - ¡Expecto Patronum! – convoco, mirando la hermosa cierva que se apareció resplandeciente, iluminando casi por completo la Cámara – Harry está bien. Los encontré a los 3. Los llevo a la enfermería – le dijo a la cierva, y luego agito de nuevo su varita, ante lo que la cierva troto, alejándose, antes de esfumarse en una suave estela.
Entonces se dirigió a donde estaba la niña inconsciente. Reviso también sus signos, notando lo débiles que eran. Agito su varita y la hizo levitar, mientras tomaba las 3 varitas que estaban en el suelo, y entonces se acercó al Basilisco, sacando con cuidado la espada que seguía incrustada en su paladar, para después tomar el sombrero y el diario, regresando a donde Draco estaba con Harry. Tendió a la niña en el suelo cerca de ellos, y miró al Fénix.
- Fawkes, ven – le pidió, y el Fénix, lanzando un suave y melodioso trino, voló hasta quedar sobre ellos, y desplegando una honda cálida, una esfera rojiza los rodeo a todos, desapareciendo de la Cámara en medio de una repentina bola de fuego.
Cuando las llamas desaparecieron, Draco se percató de que se encontraban en la Enfermería.
- ¡Merlín santo! – exclamó Madame Pomfrey que ya se acercaba apresurada - ¿Qué ha pasado? – le preguntó a Snape, agitando su varita para levitar el cuerpo de Ginny, pues Snape ya cargaba a Harry para acostarlo sobre una de las camas, y estaba por contestar, cuando pasos apresurados les advirtieron que alguien se acercaba, y a los pocos segundos, Sirius, Remus y Minerva se encontraban entrando a la Enfermería.
- ¡Harry! – exclamaron Sirius y Remus mientras corrían hasta la cama donde Snape lo había recostado.
- ¡¿Qué paso?! – exigió saber Sirius, que ya revisaba a Harry.
- ¡Ese es mi trabajo, Sirius! – le reprendió Madame Pomfrey como si fuera un niño chiquito, alejando al pelinegro de su enfermo, mientras recostaba a Ginny sobre otra de las camas.
- ¿Qué fue lo que paso, Severus? – le preguntó Remus, mirando al Slytherin.
- No estoy muy seguro – le respondió – Parece que enfrentaron a un Basilisco, pero… -
- ¡¿Qué?! – casi gritaron al mismo tiempo Sirius y Remus, poniéndose pálidos mientras el pelinegro volvía a revisar a Harry junto con Madame Pomfrey, que esta vez no se lo impidió, ambos buscando la herida, y encontrando la rotura del suéter donde había penetrado el colmillo, y la sangre, pero sin herida.
- Si lo mordió, pero Fawkes lo curo – les hizo saber Snape antes de que se pusieran más histéricos.
Sirius detuvo abruptamente sus movimientos, y entonces miró al ave, que se había posado sobre la chimenea con tranquilidad.
- Entonces tengo una deuda contigo, una deuda mucho más grande de lo que con palabras puedo expresar – le dijo al Fénix, llevándose la mano derecha al corazón, mientras hacía una inclinación.
- Tenemos – agregó Remus mirando al ave, antes de hacer aquel mismo gesto de llevarse la mano derecha al corazón, y hacer aquella inclinación.
Fawkes volvió a trinar mientras McGonagall suspiraba aliviada.
- ¿Y entonces porque esta inconsciente? – quiso saber.
- ¡Aparta Sirius, es mi paciente! – le reprendió Pomfrey al hombre, exasperada al ver que no dejaba de revisar a Harry entorpeciendo su trabajo.
- Eso deberíamos preguntárselo al señor Malfoy – comentó Snape mirando a Draco, que se sintió incomodo al ver como todos le miraban - ¿Y bien?, lo escuchamos –
- Si pequeño Draco, ¿Cómo llegaron hasta ese lugar? – quiso saber Sirius.
Draco trago, no sintiéndose tan contento de aquella atención que estaba recibiendo.
- Harry ya sabía dónde estaba la Cámara de los Secretos y la forma de entrar, o bueno, lo intuía, incluso se lo contamos por la mañana al Profesor Snape – comenzó, y Snape asintió con la cabeza.
- ¿Pero porque decidieron entrar? – quiso saber éste.
- No lo decidimos. La Weasley nos obligó, y fue ella quien abrió la Cámara – le aclaró Draco.
- ¿Cómo? – preguntó Sirius confundido.
- Eso es imposible – comentó Minerva – ¿No le había dicho Harry a Severus que para abrir la Cámara se necesitaba hablar Pársel? –
- Ella podía – le respondió Draco simplemente.
- No entiendo… Se supone que el Pársel no es una lengua que la gente pueda aprender con facilidad, de hecho por eso los hablantes Pársel han sido tan contados en el transcurso de la historia, es más una cuestión de genética que de otra cosa… - comentó Remus confundido.
- Y ella está muy chica para poder haberlo aprendido por su cuenta, además, que yo sepa, los Weasley no tienen ninguna relación con Salazar Slytherin – agregó Sirius.
- Dejemos que el señor Malfoy nos esplique todo lo que paso esta noche – les sugirió Snape.
- Es verdad, dejemos que nos explique – convino Minerva asintiendo con la cabeza, y volvieron a mirar a Draco, que aspiro nuevamente aire antes de hablar.
- Harry ya tenía una idea de donde estaba la entrada y la forma de entrar, pero no pensaba entrar. Esta noche fuimos al baño, porque la Weasley le había dado a Harry una nota en el Gran Comedor pidiéndole que se reuniera ahí con ella – volvió a comenzar a explicarles.
- ¿Y porque fueron si sabían que tenían prohibido salir? – no pudo evitar interrumpir Snape.
- Porque Harry sabía que algo le pasaba, la había notado rara, y en otras ocasiones, ella parecía tratar de querer contarle lo que le pasaba, pero la Comadreja siempre intervenía – le respondió.
- ¿La Comadreja? – repitió Sirius confundido.
- Ron Weasley – le aclaró Draco al momento.
- ¡Oh! – murmuró simplemente Sirius.
- Señor Malfoy, no es la forma de referirse a sus compañeros – le reprendió Minerva sin poder evitarlo.
- No lo dejan hablar – les recordó Remus.
- Continua – le insto Sirius, y Draco asintió con la cabeza.
- La nota decía que la viera en el baño a las 9, y Harry sabía que si les contaba, no lo dejarían ir, así que decidió no hacerlo, pero me dejo acompañarlo – siguió contándoles Draco – A las 9 estábamos esperándola en el baño, pero parece que Harry presentía que algo no andaba del todo bien, porque le pidió a Myrtle que si algo malo pasaba, buscara a la Profesora McGonagall y le contara lo que sucediera –
Minerva asintió con la cabeza.
- Estaba por irme a dormir cuando Myrtle llego a avisarme que una niña los había hecho entrar a una Cámara oculta en un lavabo, así que me apresure a buscar a Severus – les contó la bruja.
- ¿Por qué a Minerva? – quiso saber Snape, sin querer aceptar que no le había gustado que no le buscaran a él directamente.
- Harry lo considero, pero Myrtle le tiene miedo señor, y no quería ir con usted – le explicó Draco, lo que hizo que Sirius soltara una risita.
- Sirius… - le llamó la atención Remus, dándole un ligero codazo.
- Lo siento – murmuró Sirius, aguantando de la mejor forma posible la risa mientras que Snape lo fulminaba con la mirada.
- Continua por favor – le pidió Remus al rubio, que asintió con la cabeza.
- Cuando ella llego actuaba raro – les siguió contando – Dijo incluso que odiaba a Harry, y nos inmovilizo quitándonos las varitas. Fue entonces cuando abrió la Cámara hablando Pársel –
- Sigo sin entender cómo sabía hablar Pársel… - murmuró Sirius mirando a la chica recostada en una de las camas un poco más allá.
- Nosotros lo entendimos un poco más adelante – le respondió Draco – Cuando entramos, obligo a Harry a abrir la siguiente puerta, y ya dentro de la Cámara, saco ese cuaderno – y señalo el cuaderno cubierto de sangre negra que Snape había dejado sobre la mesita de noche – Tenía una memoria guardada que se alimentaba de la vida y fuerza de Ginny, obligándola a hacer todo lo que hizo. Ella soltó al Basilisco para que atacara a los alumnos, y escribió aquel mensaje en la pared –
- Merlín santo… - murmuró Minerva asombrada.
- ¿Pero la memoria de quién era? – quiso saber Snape.
- Se presentó como Tom Sorvolo Ryddle cuando salió del cuaderno, y luego de eso la Weasley quedo inconsciente. Él nos explicó que Tom Ryddle era su nombre Muggle, porque el nombre que él mismo se dio en el mundo mágico, fue el de... El de… Voldemort… - decir aquel nombre le costó trabajo, e incluso sintió un escalofrío al hacerlo, viendo a los adultos abrir los ojos con asombro.
- ¿Estás seguro? – no pudo evitar preguntar Sirius.
- Eso fue lo que él nos dijo – le explicó, y tendiéndole la mano a Snape, éste le devolvió su varita, que Draco uso para trazar en el aire con letras plateadas, las mismas palabras que aquel recuerdo les había mostrado: TOM SORVOLO RYDDLE. Hizo un suave movimiento de la varita, y las letras ocuparon un nuevo orden, mostrando aquella misma leyenda que el recuerdo les había mostrado: SOY LORD VOLDEMORT.
Minerva jadeo, mientras todos miraban aquello asombrados.
- ¿Estás diciendo que un recuerdo de Voldemort estuvo dentro de la escuela controlando a la señorita Weasley? – quiso confirmar Snape, mirando a Draco.
- Así es – confirmó – O por lo menos fue lo que ese recuerdo nos dijo. Hablaba de la grandeza que tuvo, de lo poderoso que fue, pero Harry le confronto diciendo que no era tan poderoso si nunca enfrento directamente a Dumbledore, o si él mismo pudo derrotarlo siendo un bebé. Eso hizo enojar al recuerdo, pero en ese momento apareció el Fénix, y llevaba consigo el Sombrero seleccionador. Fue entonces cuando aquel recuerdo liberó al Basilisco. Intentamos correr, pero Harry cayo, y cuando regresaba para ayudarlo a levantarse, el Basilisco me golpeo y quede inconsciente. No sé lo que paso en ese inter, pero cuando desperté, Harry estaba delante de mí, enfrentando al Basilisco con esa espada – y señalo la espada que también estaba sobre la mesa – El Basilisco estaba ciego, y en uno de esos momentos, cuando atacaba a Harry, éste pudo atravesarlo con la espada, pero en el intento se encajó uno de los colmillos… - se detuvo en ese punto, sintiendo un escalofrió al recordar el terror que le recorrió al ver eso, y lo que le siguió en aquellos siguientes minutos.
- ¿Qué más paso, joven Malfoy? – le preguntó de forma suave Minerva, pues notaba que esa parte le estaba costando algo de trabajo al niño.
- Trate de sacar a Harry de ahí para traerlo a la Enfermería – siguió contándoles, aspirando aire para tratar de hablar con más facilidad – Estaba asustado y Harry casi no tenía fuerzas para moverse, y tampoco teníamos nuestras varitas, pero entonces el Fénix se acercó y lloró sobre la herida de Harry, que se curó… -
- Si, las lágrimas de Fénix son curativas – convino Remus, sonriéndole a Fawkes, que trino orgulloso.
Draco también asintió con la cabeza.
- Luego el Fénix le trajo a Harry el diario, y Harry me pidió que le trajera el colmillo, así que hice lo que me pidió, y él apuñalo el diario con el colmillo, pero entonces paso algo… - y de sólo recordar como grito Harry en ese preciso momento, se estremeció cerrando los ojos.
- ¿Qué fue lo que paso? – preguntó Sirius.
- Harry y el recuerdo gritaron al mismo tiempo – le respondió Draco luego de abrir los ojos, tragando un poco para aclarar su garganta – El recuerdo iba tomando una forma más sólida conforme pasaba el tiempo, pero luego de eso, comenzó a perder nitidez. Quise traer a Harry a la Enfermería, pero Harry me dijo que no, y me pidió que terminara con eso, refiriéndose a que debía volver a incrustar el colmillo en el diario, porque eso parecía haber debilitado y lastimado al recuerdo, pero también a Harry, así que no quería hacerlo… -
- ¿Entones? – se animó a preguntar Minerva, sobre todo, al ver que el niño guardaba silencio, porque simplemente no podían quedarse en esa expectativa.
- Lo obligue a hacerlo – intervino la voz de Harry, ante lo que todos se volvieron a la cama para ver que el ojiverde había abierto los ojos y los observaba mientras Poppy lo ayudaba a sentarse.
- ¡Harry! – exclamaron Sirius, Remus y Draco al mismo tiempo, mientras todos se apresuraban a acercarse a su cama.
- ¿Cómo te sientes? – se apresuró a preguntarle Sirius mientras Remus le entregaba las gafas para que se las pusiera.
- Cansado. También un poco mareado y me duele bastante la cabeza – le respondió, llevándose la mano a la cabeza con una mueca de dolor.
- ¡Apártense todos para que pueda terminar de revisarlo! – les reprendió Poppy con severidad, mirando a todos con molestia al ver que rodeaban la cama.
- Lo sentimos, Poppy – se disculpó Remus, y jaló consigo a Sirius para apartarlo de la cama, mientras los otros también se alejaban.
Nadie dijo nada los siguientes minutos, se limitaron a observar a la Enfermera hacer su trabajo.
- Listo, ya lo revise – les informó Poppy cuando por fin termino, alejándose de Harry para ver a los adultos – No tiene mayores heridas de cuidado, y ningún rastro del veneno del Basilisco. Le daré algunas pociones para que duerma y pueda recuperarse, al igual que le pondré un ungüento en los moretes, pero de ahí en más, no necesita mayores atenciones –
- Sólo danos unos minutos para hablar con él, Poppy, y luego podrás ponerlo a dormir – le pidió Snape.
La Enfermera hizo una mueca, nada convencida de aquello.
- ¡Pero sólo 5 minutos!, ¡Él necesita descansar! – le advirtió con severidad, ante lo que el Profesor de Pociones se removió incómodo y simplemente asintió con la cabeza.
La mujer se apartó un poco, y los otros se acercaron.
- ¿Entonces que paso? – quiso saber Snape, mientras Remus acariciaba y acomodaba algunos rebeldes mechones del ojiverde.
- Tuve que hacerlo – fue Draco quien contesto – Al escuchar lo que Harry quería, Tom trato de correr hacía nosotros para evitarlo, así que lo hice… Y Harry y el recuerdo volvieron a gritar – y miró a Harry un poco, antes de mirar al Profesor – Entonces el cuaderno soltó un resplandor, y Tom desapareció… -
- ¿Por qué gritabas, Harry? – quiso saber Sirius, mirándole preocupado pese a que ya lo tenían ahí y estaba a salvo.
- Volví a escuchar aquellos gritos – le respondió.
- ¿Los que escuchaste el año pasado? – quiso confirmar Remus, y Harry asintió con la cabeza.
- En el instante en el que enterré el diente en el cuaderno, pude escuchar aquellos gritos de nuevo, y ese mismo dolor como si algo me atravesara la frente – les explicó Harry, llevándose la mano a la cicatriz al recordar el enceguecedor dolor.
- ¿Te duele? – quiso saber Snape al ver aquel gesto.
- Realmente no… Es extraño, no es dolor en sí, pero… Es como la sensación de que me dolió en algún punto – le explicó Harry.
- ¿Y qué paso mientras el señor Malfoy estuvo inconsciente? – quiso saber el Profesor.
- También la serpiente me golpeo y me lanzó. Creo que estuve aturdido durante algún tiempo, pero cuando fui consciente de lo que pasaba, Fawkes volaba alrededor de la cabeza del Basilisco. Lo había dejado ciego en algún punto, y lo estaba atacando – les contó Harry – Entonces Tom le ordeno atacar a Draco, y sin pensarlo realmente, le grite al Basilisco que se detuviera, y lo hizo… -
- ¿Te obedeció? – preguntó Sirius asombrado.
- Si – confirmó Harry mirando a su padrino.
- Tendría cierta lógica si tenemos en cuenta que se supone que Harry también es descendiente de Salazar – opinó Minerva pensativa.
- También lo pensé así – le hizo saber Harry a la Profesora – Pero Tom me explicó que él era el Heredero original, y que controlaría al Basilisco por sobre de mí, cuando se volviera completamente corpóreo, y le robara por completo la vida a Ginny –
- ¡¿Qué?! – exclamó Minerva, mirando entonces a la niña y a la Enfermera - ¿Cómo esta, Poppy? – quiso saber.
- Parece que está bien, sólo muy agotada – le hizo saber la Enfermera que todavía revisaba a la niña.
- Tom me dijo que por medio del diario, creo un vínculo con Ginny, y que con ese mismo vínculo con el que le obligaba a soltar al Basilisco y atacar a los alumnos, le robaba la fuerza, la magia y la vida – les explicó Harry, mirando a la pelirroja inconsciente – En ese momento Tom hizo que el Basilisco atacara a Draco, pero Fawkes me llevo el Sombrero Seleccionador, y de ahí salió una espada –
- ¿Esa espada? – quiso corroborar Snape señalando la espada sobre la mesita de noche, que Harry se volvió a mirar antes de asentir con la cabeza.
- No sé cómo apareció ahí, pero lo hizo, y fue con esa espada que intente alejar a la serpiente de Draco – comentó.
- Es la espada de Gryffindor – aclaró una voz que todos reconocieron, por lo que se volvieron asombrados hacía la entrada de la Enfermería, donde Albus Dumbledore se encontraba sonriéndoles amable.
- ¡Dumbledore! – exclamó Poppy asombrada.
- ¿Cómo es que estás aquí? – le preguntó Remus.
- Cuando Snape bajo a la Cámara por los niños, me encargue de mandarle un aviso con mi Patronus para que regresara lo más pronto posible – les explicó Minerva.
- En cuanto me entere, me apresure a volver al colegio – les hizo saber Albus, acercándose a donde ellos estaban.
- Dijiste que era la espada de Gryffindor, ¿Cierto? – le preguntó Sirius, mirando ahora la espada con curiosidad.
- Así es – confirmó Albus, y tomando la espada, les mostro la hoja, donde se encontraba inscrito: Godric Gryffindor – Sólo un verdadero Gryffindor puede ser capaz de sacarla del Sombrero –
- ¿Un verdadero Gryffindor? – repitió Remus, sintiéndose tan confundido como todos los demás lo demostraban en sus rostros.
- ¡Pero Harry es un Slytherin! – no pudo evitar objetar Draco.
- Si, inclusive estoy en Slytherin – confirmó Harry.
- Si, lo estás – convino Dumbledore sin problema, mirando la confusión en el rostro de Harry con una suave sonrisa – Pero eres descendiente de Godric Gryffindor también, y tienes rasgos muy marcados de un Gryffindor, así que podrías ser tanto un Gryffindor, como eres un Slytherin –
- No entiendo – comento Harry.
- Es un poco complicado. Tú tienes muchas cualidades Slytherin, y también tienes la descendencia de Salazar por medio de la Herencia Mágica. Por otro lado, también tienes muchas cualidades Gryffindor, y la Herencia de Sangre por medio de Godric. Podrías haber quedado en alguna de estas dos Casas, pero el Sombrero determino que el mejor lugar para ti sería en Slytherin, que ahí podrías desarrollarte de mejor forma – le explicó Dumbledore amable – La verdad es que todos tenemos los rasgos de las 4 Casas, sólo que algunos rasgos sobresalen más que otros, y es por lo que el Sombrero Seleccionador decide ponernos en una determinada Casa. Podríamos usar de ejemplo a Sirius – y miró al pelinegro que le miró confuso – Es un Gryffindor, eso nadie lo negaría jamás, pero también tiene mucho de Slytherin en él –
- ¡Ey! – exclamó Sirius indignado.
- No tendría tanta suerte – mascullo Snape sin poder evitarlo.
- ¡¿Qué dijiste Quejicus?! – ladró Sirius furioso.
- ¡Basta! – les pidió Remus tomando a Sirius del brazo para que se controlara, mientras Harry miraba a su padrino curioso.
- Snape por otro lado – agregó Dumbledore mirando ahora al otro pelinegro que le miró con recelo, ante lo cual el anciano sonrió divertido – Es un Slytherin con cualidades Gryffindor –
- Eso es mentira – mascullo Snape indignado.
- ¡Eso sería demasiado bueno para ti! – comentó Sirius con saña.
- ¡Sirius! – le pidió Remus, dirigiéndole una mirada severa, mientras Dumbledore, ignorándolos, miraba de nuevo a Harry.
- Tú como ellos, tienes varias cualidades de la Casa de Gryffindor aun cuando estés en Slytherin, y eso no es malo, porque como en esta ocasión, esos rasgos permitieron que la espada de Godric se presentara ante ti para que la usaras –
- ¿Usted mando entonces a Fawkes con el Sombrero seleccionador? – quiso saber Harry.
- Así es – confirmó Dumbledore – Pensé que podrías necesitar ayuda, y yo o el Profesor Snape tardaríamos algo en poder llegar –
- Fue de mucha ayuda – le confirmó Harry, mirando a Fawkes sonriéndole – Sin él, ni Draco, ni Ginny ni yo estaríamos aquí –
Fawkes trino feliz, y elevándose, voló suavemente hasta posarse con esa misma suave elegancia en el hombro de Harry, que sintió reconfortante ese peso cálido.
- Me alegra entonces saber que te fue de gran ayuda – comentó Dumbledore, viendo como el ojiverde acariciaba la cabeza del Fénix, lo que le hizo sonreír.
- Veo que es verdad – hablo una voz con frialdad.
Todos miraron hacia la puerta, viendo que quien había hablado no era otro que Lucius Malfoy, que miraba al anciano con una furia tal, que hacia brillar sus grises ojos como el acero, y detrás de él, nervioso e inseguro venía Dobby.
Sirius quiso moverse para enfrentar al rubio, pero Remus le sujeto con firmeza, manteniéndolo en su lugar.
- Señor Malfoy, buenas noches – saludo Dumbledore amable.
- No debería estar aquí – fue la cortante respuesta del rubio, que paseo su fría mirada por los presentes, deteniéndose unos segundos más en su hijo, sin mostrar el asombro que le causo verlo ahí. Comenzó a caminar hacia donde ellos se encontraban.
- ¡Quien no debería estar aquí eres tú! – mascullo Sirius.
Lucius sostuvo la mirada de Sirius. Los grises ojos de ambos brillando como el acero, con un odio que Harry no terminaba de comprender.
- Me dijeron que tres alumnos habían desaparecido, y como aún soy el Director pese a que estoy en suspensión, quise venir a ayudar – le hizo saber Dumbledore con tranquilidad, sin apartar sus ojos de los grises del rubio.
- ¿Y qué paso? – preguntó Lucius con fingido interés, apartando por fin la mirada de Sirius, para dirigirla de nuevo al Director.
- Afortunadamente los tres estudiantes regresaron con bien – le hizo saber Dumbledore.
- Ya veo… Entonces me imagino que ya se sabe quién fue el culpable de todos estos ataques, ¿No es así? – quiso saber Lucius.
- Si, lo sabemos – confirmó Dumbledore asintiendo con la cabeza, y dirigiéndose a la mesita de noche, tomó el diario, alzándolo para que Lucius pudiera verlo – No fue otro que Voldemort, pero lo hizo por medio de este diario, que encanto para hechizar a quien lo tuviera, y de esa forma, obligarle a realizar todos estos ataques –
Lucius hizo una mueca al ver el diario.
- Que conveniente – murmuro con frialdad.
Harry, que miraba a Lucius, en ese momento aparto la mirada al Elfo, viendo con curiosidad como el Elfo señalaba con la mirada el diario, y luego al padre de Draco, y entonces lo comprendió todo. Recordó que cuando el señor Malfoy, el señor Weasley y Sirius pelearon en la librería antes de iniciar el año, Lucius había tomado un libro del caldero de Ginny, y luego, cuando se lo devolvió, tuvo la impresión de que le estaba echando dos libros en lugar de uno.
- Su propio hijo se vio envuelto en esto. Estoy seguro de que el joven Malfoy puede confirmarle todo lo que pasaron él y Harry – hablo Dumbledore, atrayendo la atención de Harry – Por suerte, pudieron detener aquel recuerdo, y esto fue todo lo que quedo, un simple cuaderno que no es capaz ya de dañar a nadie –
Lucius miró entonces a su hijo, tratando de mantener aquella careta fría, pero Harry noto que sus ojos brillaban de una forma muy diferente a como lo habían hecho cuando miraba a su padrino. A final de cuentas, Draco era su hijo, ¿No?
- Es verdad, padre – confirmó Draco de inmediato al ver que su padre le miraba – Enfrentamos al Señor Tenebroso, y provenía de ese diario –
- Ya veo… - murmuró Lucius, sin saber realmente que más decir ante eso, y miró durante algunos segundos más a su primogénito, antes de regresar su mirada al anciano – Sin duda fueron afortunados –
- Lo fueron – confirmó Dumbledore asintiendo con la cabeza – Esperemos que no haya más recuerdos de Voldemort por aquí en el futuro –
- Esperemos - convino simplemente Lucius, antes de mirar al Elfo – ¡Nos vamos Dobby! – le ordeno con dureza, y dándose media vuelta, comenzó a caminar hacía la salida de la Enfermería.
Harry lo miró irse, antes de mirar el diario en manos del Director. Se bajó de la cama.
- ¡¿Qué haces, Harry?! – le preguntó Remus al verlo levantarse.
- ¡Debes descansar! – le recordó Sirius.
- Señor, ¿Cree que me pueda quedar con ese diario? – le preguntó Harry, ignorando a todos, y sosteniendo firmemente la mirada del Director, dejándole ver la impresión que tenía de cómo el diario había llegado a manos de Ginny Weasley.
- Por supuesto muchacho – convino Dumbledore luego de ver aquello en la mente del niño, dándole el diario.
- ¡¿Eso está bien?! – preguntó Snape alarmado al ver que Harry tomaba el libro.
- Ya no sirve para nada – le hizo saber Dumbledore, viendo que Harry se alejaba hacía la entrada de la Enfermería.
- ¡Harry, ¿A dónde vas?! – le preguntó Sirius queriendo seguirlo, pero la voz del Director lo detuvo.
- Déjalo ir. Estoy seguro de que Harry regresara en un momento – le dijo.
- ¡Esta enfermo, no debería irse! – se quejó Poppy molesta.
Draco los miró, escuchando lo que decían, pero de igual forma salió corriendo detrás de Harry, sin comprender a donde iba, cuando se supone que debía descansar.
- ¡Señor Malfoy! – le llamó Harry cuando al doblar un pasillo, lo vio caminando algunos metros delante, y Lucius se detuvo, volviéndose para ver quién era el que le llamaba.
- Pero si es el famoso señor Potter – comentó Lucius con cierta burla.
- Creo que olvido algo – se limitó a decirle Harry, y le metió el diario bajo el brazo.
- ¡¿Pero qué demonios?! – mascullo Lucius, tomando el diario y mirándolo con desagrado, antes de enfrentar aquellos verdes ojos - ¿Hay algo que quiera decirme, señor Potter? –
- Creo que ambos sabemos que fue usted quien puso ese diario en el caldero de Ginny Weasley antes de comenzar el curso – fue la respuesta de Harry, firme y dura, sosteniendo aquella gris y gélida mirada.
- Esa es una grave acusación – le hizo saber Lucius, incluso dio un paso hacía Harry de forma amenazante - ¿Tiene como probarlo? –
- Estoy seguro de que el recuerdo bastara como prueba – le respondió con seguridad.
- Esa arrogancia será su perdición, señor Potter – le advirtió Lucius – Recuerde que aún es un niño, y que hay magos con más conocimiento que usted. Tenga mucho cuidado con los rivales que se hace –
- ¿Usted será uno de ellos, señor Malfoy? – no pudo evitar preguntarle Harry, alzando incluso una ceja, mirándole sin inmutarse ante sus palabras.
- Yo en su lugar tendría cuidado – le aconsejo, y dándose media vuelta, le dio el diario a Dobby, comenzando entonces a caminar.
- Ábrelo – le pidió Harry al Elfo, haciendo que Lucius se detuviera y se volviera confundido ante sus palabras, mirando como su Elfo abría el diario que le había dado, donde dentro se encontraba un pañuelo bastante sucio.
- Un pañuelo… El amo le ha dado a Dobby una prenda… - murmuró Dobby asombrado, tomando el pañuelo como si fuera el objeto más preciado del mundo, y dejando caer el diario sin prestarle mayor atención – Dobby es libre… -
- ¡¿Qué demonios?! – mascullo Lucius furioso.
- ¡Ahora Dobby es libre! – le repitió el Elfo mirándolo con los enormes ojos verdes brillando de alegría.
- ¡Por tu culpa perdí a mi sirviente, mocoso engreído! – espetó Lucius, que desenfundo de su bastón su varita.
Harry dio un paso hacia atrás al ver aquello, mientras Dobby se ponía frente a él completamente dispuesto a protegerlo, pero hubo alguien más que intervino en aquel momento.
- ¡Padre! – le llamó Draco, saliendo de pasillo – Creo que es mejor que te acompañe a la salida –
Harry y Lucius miraron con asombro a Draco, pero apenas unos segundos después, el mago adulto revistió el asombro con su frialdad habitual.
- No lo necesito, Draco, sé por dónde queda – le respondió con simpleza, y volviendo a guardar su varita, le dio una mirada de advertencia a Harry antes de darse media vuelta y alejarse.
Draco miró a su padre alejarse, mientras se acercaba hasta quedar a la altura de Harry.
- ¿Estas bien? – le preguntó, sin dejar de mirar a su padre.
Harry asintió con la cabeza, mirándolo de reojo.
- ¿Qué tanto escuchaste? – quiso saber.
- Suficiente como para saber que fue él quien hizo que esto llegara al castillo – le respondió Draco con tristeza, tomando el diario del suelo.
- Lamento eso – quiso decirle Harry.
- Yo lamento más que no me lo hallas dicho – comentó Draco mirándole, y Harry rehuyó su mirada apenado.
- Lo acabo de descubrir, pero sí hubiera preferido que no te enteraras – le dijo.
- ¿Por qué? – le preguntó Draco confundido.
- No deja de ser tu padre – respondió Harry.
- Es verdad, no deja de serlo… – convino Draco, mirando la espalda de su padre con tristeza.
