-Ranma! Eres un estúpido, idiota, casi me matas del susto! Creí que eras un depravado o algo así.
Ya sin la máscara, que a mala hora se le ocurrió quitarse, Akane le había plantado la cachetada más dolorosa que le habían dado en toda su vida.
Y aún así, sentía que con ese golpe se había quebrado la pared de hielo que la chica había construido ante él desde hace ya ocho meses.
-Y entonces por qué demonios me pegas, si ya sabes que soy yo y no ningún depravado!.
-Te lo mereces!
Vaya, Akane llevaba tanto tiempo ignorándolo que casi había olvidado lo bonita que se veía cuando discutía con él.
-Claro que me lo merezco, no sé por qué me preocupo por una chica tan fea como tú-su respuesta salió, más por reflejo que por qué él quisiera, de su boca. Previendo otro golpe se giró nuevamente hacia el frente y se aferró al volante.
Akane apretó los puños-Fue Nabiki, no es así? Ella te dijo a qué hora saldría de casa.
Ranma la miró a través del espejo retrovisor y asintió avergonzado de haber pagado por la información a su cuñada tan pronto la vio entrar a la cocina esa tarde, pero todavía incapaz de admitirlo.
-Tú padre también estaba preocupado!-mintió nervioso sin saber que más decir o como justificarse por haberla seguido hasta allí.
-Entonces solo abre la maldita puerta. Kota todavía...
-Kota, Kota, Kota!-Estalló furioso de escuchar aquel horrible nombre-Puedes dejar de hablar de ese malnacido? No sé cómo puedes estar interesada en un debilucho como ese.
-Abre la puerta, Ranma!.
-No, ni creas que voy a dejar que vayas corriendo con tu querido profesor. Mucho menos, vestida de esa manera.
El auto se puso en marcha a pesar de los muchos reclamos de la chica y no se detuvo hasta estar frente a la casa Tendo.
Durante los primeros minutos del viaje no sé escuchó nada más que los insultos de Akane hacia Ranma y los de este al resto de conductores.
Luego, la chica se concentró en no quedarse dormida aunque los pocos tragos que había tomado le hacían sentir los párpados pesados.
Se había esforzado tanto durante todo ese tiempo en que estuvo evitando estar a solas con Ranma, pero ahora él aparecía y hacia cosas que la ilusionaba tontamente.
No quería ceder, no quería volver a esos días en que su estado de ánimo dependía de Ranma Saotome.
No. Ella había crecido, había cambiado. Ella había madurado y dejado atrás sus sentimientos la misma noche en que él aceptó de buena gana que sus padres cancelaran el compromiso.
[-Señor Soun, aún así puedo seguir dando clases en el Dojo?.-había preguntado el chico
-Claro Ranma, también pueden seguir ocupando su habitación. Con tantos clientes no hace falta forzarlos a un matrimonio que ninguno de los dos desea. Nabiki está administrando muy bien todo y pronto anexaremos una sala al Dojo principal jajaja-respondió el patriarca Tendo]
Eso era todo lo que a él le importaba, todos esos años de compromiso y lo único que le importó fue no perder el lugar donde entrenaba y dormía.
-Llegamos- anunció él finalmente.
Akane deslizó sus dedos en su cabello acomodando un mechón detrás de su oído izquierdo.
-Ranma, no hagas algo como esto nunca más. Yo...ya no lo soporto.
Salió del taxi y se abrigó con la capa abrazándose a si misma. No quería llorar y no estaba segura si le quedaban lágrimas para hacerlo.
Ranma permaneció en el auto unos segundos más, apenas los suficientes para verla desaparecer en la entrada.
-Niña boba. Ahora verás.
Él también salió del auto, entró a la casa siguiendo los pasos de su prometida.
Porque Ella aún era su prometida, al menos para él era así.
Subió los escalones de dos en dos y cuando la puerta de la habitación estaba a punto de cerrarse la detuvo con su pie derecho y se coló adentro.
-Y ahora que crees que estás haciendo, sal de aquí ahora mismo, Ranma!.
Akane lo empujó para sacarlo de su habitación pero sus pequeños esfuerzos no lograron su cometido. En su lugar quedó atrapada entre sus brazos, igual que una libélula en una telaraña.
-No me has contestado.-su voz era casi un susurro y su aliento cálido golpeó su rostro haciendo que sus mejillas se sonrojaran.
-De qué estas hablando ahora-fiel a ella misma, seguía forcejeando por liberarse del agarre.
-Te pregunté si te gusta ese tipo.
Qué importaba eso?
Cuanto más podía resistir ella el instinto de besarlo teniéndolo tan cerca.
Si no lo sacaba rápido de ahí, terminaría equivocándose y el error lo lamentaría durante quien sabe cuánto tiempo.
-Entonces, realmente te gusta es tipo.
En que momento la había perdido?
Ella era suya, suya desde antes de nacer y hasta el día en que él muriera.
Fue su prometida durante todos esos años y el soportó quererla en silencio, disfrazó su interés con desdén y cambió su deseo de besarla, de abrazarla, hasta que no le quedaran fuerzas solo por miedo a ser rechazado.
Porque para ser sinceros, ante ella su falsa confianza se iba toda al suelo.
-Ranma...
-Ustedes ya, es decir, ustedes ya son...
Ya son novios?
Ese debilucho te ha besado ya?
Entonces, ya me olvidaste?.
Solo ocho meses después él ya no era nada para ella?.
Esas palabras no lograba pronunciarlas. Solo pensarlas le provocaban un dolor que nunca antes había sentido y no planeaba volver a sentir nunca más.
-Entiendo.-Aclaró su garganta y suspiró pesadamente. Ahora todo lo que le quedaba era salir de ahí con su orgullo intacto y el corazón herido.-Te felicito Akane-dijo con la voz más alegre que alcanzó a fingir- En verdad, me da gusto que encuentres a un tipo lo suficientemente corto de vista como para interesarse en ti.
El rostro de Akane se transformó ante tal declaración.
Bien, si él estaba tan feliz por deshacerse de ella, incluso si tenía que mentir lo haría pero no le permitiría que él la siguiera tratando de esa manera.
-Gracias, Ranma. Ahora vete, estoy muy cansada.
