No pasó mucho tiempo para encontrar el objetivo que se impuso. El dragón eslavo se mantenía a una distancia prudente del pueblo, hecho que no lo volvía menos peligroso ni lo hacía más feliz. Issei en su armadura roja, de aspecto intimidante y dragontino, sobrevoló los aires en pos de hacerle frente a su enemigo. No tenía que temer, no tenía las de perder.
Él, al igual que una selecta cantidad de humanos, era poseedor de una "Sacred Gear": Un grupo de armas y herramientas mágicas creadas por el Dios Cristiano, encomendadas para la protección y defensa de toda la humanidad. Existen muchas de esas por el mundo, con habilidades diversas cuyos poderes embriagan a quienes las despiertan.
Sin embargo, la suya era especial.
De innumerables engranajes sacros, existen 13 que son de extrema peligrosidad. Llamadas antiguamente como "God Slayer", "Sins of Father", o simplemente "Longinus" (En honor al soldado que atravesó las costillas de Cristo en su crucifixión: Longino), se trataban de temidos artefactos capaces de equiparar el poder de un ser humano con el de una Deidad. Siempre ha sido de cuidado enfrentarse contra uno de aquellos quienes, con fuerza divina, se han tallado a merced de sangre y hierro un nombre en la historia.
Su Sacred Gear, su afamada Longinus, respondía al nombre de "Boosted Gear": Antebrazo de Ddraig, "Dragón Emperador Rojo" (Aquella mítica bestia galés, aquel miserable que osó enfrentarse al mundo, y atado a los humanos terminó condenado), cuya alma residía en las profundidades del artefacto ligado al alma del Hyōdō.
Gracias a ella, Issei era capaz de duplicar su poder tanto como su cuerpo y voluntad se lo permitieran.
Issei estaba convertido en un gran cometa rojo.
Al estar más cerca, pudo notar mejor la apariencia del contrincante de turno. Tres cabezas largas y lozanos cuellos cual voraz Hidra, un par de alas grandes y el cuerpo pesado superando las mil toneladas, repleto por reacias verdes escamas como aceitunas. Toda su estética era tosca y difícil de creer para una persona normal, incluso aquellos Magos que eran reacios a ciertas existencias.
Esa había sido la vista con la que se encontró mientras devoraba a miserables monstruos que, probablemente, habían sido echados de sus tierras por su presencia.
—Wow… Eso sí se ve jodido —dijo con sorpresa.
—[¿Miedo?] —esbozó el galés petulante.
—No me insultes así, Ddraig —respondió Issei al dragón en su interior—. Puede que yo sea joven, pero incluso un Dragón de Clase Alta no tiene nada que hacer en mi contra.
—[No te lo tengas creído tampoco, enano]
Issei se encogió de hombros sonriendo.
—Solo soy objetivo.
—[Como digas]
El Hyōdō con extrema velocidad rompió el aire en un estallido que superaba el sonido. Se hizo una destellante flecha, un fugaz carmesí hilo. Para aquellos que observaron y tenían experiencia era un borrón casi imperceptible, otros directamente no podían verlo.
Un bullicioso eco de impacto seco fue el indicio del golpe seguido de un vendaval poderoso, tal fue su potencia que logró derribar al dragón fácilmente, era una bendición que el cometa rojo fuera precavido ante su poder físico, porque esa muestra bruta de fuerza en tierra firme haría estragos serios en el suelo si se descuidaba.
Aquella fuerza física era algo que dejó estupefactos a quienes lo desconocían: Era monstruoso, irreal, imposible. Sin duda alguna podía asegurar haberle quebrado varias costillas con soberbia facilidad. El dragón eslavo no perdió su tiempo y se recompuso con rapidez, giró su cuerpo bruscamente para impulsar el coletazo que este recibió con las manos abiertas.
¡ZOOOOM!
Tomó la cola entre sus manos como si esta no presentara mayor problema, incluso la diferencia notoria de tamaño no ayudó al dragón indomable. Una de sus cabezas escupió fuego a presión y empezó a consumirlo todo, monstruos incluidos.
—¡Vas a tener que intentarlo mejor que eso!
Para evitar que este hiciera un movimiento peligroso, el castaño comenzó a girar su cuerpo sobre la tierra mientras sostenía al dragón por su cola. Poco a poco, la salamandra gigante desprendía sus pies del suelo, anonadada por el pintoresco estadío de la batalla. El sonido grave que el viento hacía era un indicador de lo pesado que era.
El aullido del viento era terrorífico.
—¡A volar…!
Con un último impulso arrojó al dragón a los cielos nocturnos, que pronto se vieron teñidos por las nubes oscuras de invierno mientras gruñía y bramaba fuego rabioso. Con la ayuda de los propulsores, que eran características importantes de su Scale Mail, siguió valiente a la ofensiva.
El combate terrestre se transformó en aéreo.
Una llamarada tripartita fue escupida sobre Issei. El caballero carmesí emergió incólume, su gema brilló por un leve instante, y un nuevo golpe fue asestado en la panza del dragón. En un descuido este mordió su brazo izquierdo, y empezó a zarandear colérico.
Ddraig reía en sus adentros, el meollo le parecía muy divertido ¡En verdad el iluso pensaba que podía ganarles!
Fue un momento preciso, un flanco débil hacia la izquierda.
Fragmentos molidos de huesos destrozados por la certera patada.
La cabeza central soltaba a Issei en el aire, mientras se desplomaba muerta sobre su lomo. Los metales resplandecían cual incansable sol en una nueva acometida. Issei volaba sagaz alrededor de su oponente, propinándole numerosos golpes alrededor de todo su cuerpo. En cada ataque sentía órganos aplastados ante la fiereza de sus nudillos, sangre cayendo entre sus dedos, e incontables escamas volando por los aires despedidas a punta de fuerza y valía.
El enclave sobrevino cuando, usando la segunda Sacred Gear a la mano ("Blade Blacksmith"), invocó una espada santa en su puño y le rebanó al dragón su pierna derecha.
Al verse acorralado por el caballero rojo, las emociones del dragón estallaron radicalmente, la ira al ver a este insecto rojo como él pensaba, estaba dándole una paliza como si no tuviera ninguna dificultad…
Eso lo enojó, se enojó tanto que su ira iba en aumento a cada momento.
—¡Hi los dilon!
—¿Qué? —Issei no pudo entender lo que el enemigo había dicho. El dragón había hablado.
En su mente el Hyōdō logró escuchar un ensimismado suspiro de su compañero.
—[Te lo dije, ahora estás en problemas, dijo que estás muerto].
Bramó entonces la lagartija un himno profano, y sus escamas adquiriesen intimidante tonalidad obscura. Un aura ígnea bañó sus alrededores, un dantesco fuego naciente y a la vez destructor de sus propias entrañas. El dragón dio inicio del feroz contraataque en modo "Indignación".
Un nuevo choque se produjo, y esta vez fue el castaño quien salió despedido hacia las estrellas sin su precioso aire, que había abandonado sus pulmones.
No pudo sino sorprenderse ante la abrupta ventaja que ahora tenía el Dragón Eslavo.
"El Cometa Rojo" palideció ante "La Supernova eslava" quien se cernía sobre su abdomen, y le perforaba vengativo todo el estómago con sus espinas. Las alas profirieron una gran ventisca la cual lo mandó varios metros más abajo, dándole tiempo para arremeter otra vez contra el mago.
—¿Qué pasa, Ddraig? —adolorido preguntó—. ¿Por qué de repente se ha hecho tan fuerte…?
—[Ha entrado en modo "Indignación". Vaya, en serio debiste haberlo hecho enojar mucho]
—¿I-Indigna… ción?
—[Esta es la principal razón por la que los dragones son tan temidos en todos lados. Cuando se llega a un estado tan grande de ira, el dragón se deja llevar por sus emociones y eso lleva al aumento de su poder a cambio de la cordura] —Ddraig hizo una pausa—. [Tienes dos opciones, o lo acabas ahora o estás muerto. Ese dragón sobrepasó el nivel de un Rey demonio actual, te ha superado]
Esas palabras tan solo le quitaban la esperanza y metían en sí el nerviosismo.
—Dices eso tan tranquilo, en serio puedo sentir cuanto me quieres —bufó sarcástico, deteniéndose en plena caída, profiriendo unos conjuros que pronto bordearon la totalidad de su armadura—. Si ha magnificado sus ataques ¡Solo tengo que hacer los míos más fuertes!
Dos infernales llamaradas volaron disparadas hacia el Sekiryūtei quién ahora, portando un sobrio azul marino, emanó de su boca un gélido fuego invernal que parecía más una aurora boreal. La colisión de opuestos creó poderosas ráfagas en el cielo, y un granizo durísimo que se desplomó inerte al suelo aplastando las casas aledañas.
La bestia salió de la humareda solo para ser herida por blanquecinas lanzas de hielo. Aprovechando su distracción se lanzó sobre una de sus cabezas, brillando 3 veces su orbe aumentando su poder, y le propinó un fulminante golpe en la mandíbula.
A pesar del triunfo, no pudo evitar saborear su propia sangre, ni palidecer un terrible dolor en toda la maldita bolsa gástrica.
—[Eficaces o no, podrías estar jugándote la vida, compañero]
Tras un rugido rebosante de maldad, el dragón dio vuelta en el aire emprendiendo una nueva estocada. El mago optó por guardar su distancia, disparándole otras tantas de sus lanzas.
El elemento hielo con el que se había recubierto daba una ventaja táctica, y le permitía atacar en las lejanías. Aun así…
—¡Dragon Gatling! —numerosas esferas de maná verde tan densas como la roca eran esculpidas por su guantelete, fueron enviadas bruscamente con sus puñetazos.
La evolución natural de su ataque insignia, Dragon Shot. Aún con todo lo que lanzaba intentaba contenerse lo suficiente como para no causar daños mayores a su alrededor, ya que un simple disparo podría destruir una montaña por error… y no querría algo como eso, si caía en dirección errónea sería el fin de todos los sobrevivientes y de sus amigos.
La salamandra, en una increíble muestra de agilidad, evadió la mayoría de las lanzas y recibió de lleno el fuego certero de las esferas verdes que tan pronto entraron en contacto generaron una explosión enorme que hicieron retumbar el aire y el suelo.
Cada impacto era absorbido por su coraza, similar a una gran caldera en ebullición. Ambas cabezas concibieron nuevas llamas, y su cuerpo expulsó varias de sus escamas cual proyectiles a quemarropa. Fisuras se vieron en el metal escarchado por el frío mientras evadía la ofensiva, al mismo tiempo que estas poco a poco se adentraban en su fisionomía. El hedor a carne quemada llegaba a las narices. Se notaba que estaba desesperado, literalmente estaba convirtiendo su principal medio de defensa en uno de ataque.
A cuenta gotas, podía observar como las escamas daban entrada a su flácido vientre, consumido por su sed de venganza ante una fatal ofensa. En esta lucha no solo estaba en duelo sus vidas, también lo estaba el "Orgullo de Dragones".
Sin darse cuenta, se había convertido en una guerra de desgaste, ganaba quien podía mantenerse en pie. ¿Qué ocurriría primero? ¿Su cuerpo se haría cenizas, o se le agotaría la magia muriendo en caída libre? Fuera como fuese, tenía que hallar la forma de salvar al pueblo Wiccano y a sus amigos, sin importar el costo siquiera.
No pudo terminar su perorata interna al sentir el tremendo coletazo rompiendo su armadura que le había propinado su enemigo.
Poco a poco la armadura se iba reparando gracias a la ayuda del dragón galés, pero su poder ciertamente se estaba agotando.
El miedo que sentía por perder era inmenso, embriagaba su mente y no le dejaba pensar bien. Aún escuchaba los gritos de la gente que aún no podía defenderse, el miedo de las personas al ver al dragón eslavo salir envuelto en sus propias llamas del cielo nocturno como si del cielo cayera el infierno.
—Geh —se levantó una vez más, gimiendo del dolor, viendo a tan imponente oponente no pudo evitar sentirse abrumado, mas no por ello decaería, no. De ser así no podría llamarse a sí mismo el Sekiryūtei—. Aquí vamos de nuevo…
XXXXXX
Aquí abajo la situación tampoco era buena.
Desde la seguridad del invisible manto, escondida sobre una de las pocas terrazas aún intactas, Alena disparaba sin cesar incontables flechas contra los invasores. Fantasmales espectros corrían por las fachadas de las casas, saltando hambrientas sobre alguna desafortunada víctima.
Lobos de Crin, relucientes como plata, despedazaban sanguinarios los cadáveres caídos. Y qué decir del mancillado cuerpo de esa inocente niña ¡Desmembrada viva por los orcos!
Las tierras del campo daban acogida a un océano de sangre, como si de un nefasto diluvio se tratase. No importaba cuánto se esforzará por retribuir sus muertes, simplemente sentía que no bastaba, que era insuficiente. En esta noche de muerte, ella cometió la peor ofensa: Permanecer viva.
Le dolía observar lo que en antaño fue su tan querido hogar (sus primeros años de infancia), consumido por incansables lenguas de fuego. Profanado hasta sus raíces, pendiendo de un solo hilo y a punto de ser destruido, una gran duda era albergada: ¿De qué? ¿De qué serviría expulsar a las bestias de estas tierras? Ellos no solo se llevaron los restos, sino también a su gente.
La flecha detuvo aquella sinfonía desde el blanco arco, y un suspiro pesado exaltó su pena. Como se había equivocado, no todos hubieron llegado a salvo al refugio. Después de todo, siempre habían caras nuevas… que ahora yacían en el limbo.
—Si tan solo yo…
—Si tan solo ¿Qué? —Colin apareció de improviso a su lado—. ¿Si tan solo hubieses podido evitar que desparramen su veneno de muerte? ¿Es eso? ¿Por aquella nimiedad te lamentas?
—No me pidas que no lo haga. Además de ser magos son personas. Nadie merece un final como este.
—Quizá estés en lo cierto pero, a pesar de eso, ese tipo de cosas se repiten una y otra vez allí afuera. Este mundo está enloquecido, y el cuerdo es tildado como un vil enfermo.
Sólo cuando empezó a llorar, Colin se dio cuenta del craso error cometido.
—El mundo es cruel, lo sé, lo sé muy bien. He experimentado su maldad de primera mano —aquella fémina voz se quebraba ante sus recuerdos, ante aquella pesadilla de ser esclavizado, ante aquellas marcas de grilletes que en su corazón permanecen—. Justamente por eso esto me hace sentir triste, agobiada, inútil. Aunque me he vuelto más poderosa, sigo siendo incapaz de proteger lo que me importa.
Él dio una leve sonrisa.
—Oh Alena, qué equivocada estás. Ser poderoso o fuerte no es significado de ser todopoderoso; apenas significa que estás excediendo los límites convencionales, no que te son inherentes. Todos tenemos algún límite, incluyendo también a ese viejo que está allí arriba —apuntó con su índice al firmamento—. En caso de que Dios fuera realmente omnipotente, los de mi estirpe ni siquiera hubieran asomado un músculo sobre la faz del planeta.
Cruzó su intensa mirada con la suya, y aquellos ojos bellos recibieron de nuevo esperanza.
—No te sientas mal por el pasado, aprende y construye un futuro. Nunca compadezcas a los muertos, sino a los vivos… y aún más, a quienes viven sin conocer la dicha del sepulcro eterno.
Y ella le regaló una dichosa risa, brillante como mil esmeraldas.
—Gracias, Colin. Necesitaba algo de apoyo. Puede que a veces seas irresponsable e infantil, pero eres una buena persona.
—Para eso están los amigos, no hay cuidado. Por alguna razón, tampoco me gusta verte triste —el pelizulado echó una ojeada al campo, deleitándose con la vista—. Venía a decirte que los monstruos se están replegando, los más problemáticos se están quedando pelear. Algunos son rezagados con muy mala suerte.
—Entiendo, entonces las oleadas han de bajar su intensidad a partir de ahora —Alena volvió a ser Alena. Tan lista, analítica, perspicaz. Tan ella.
—Yo no estaría tan seguro.
—¿Por qué lo dices?
—Piensa un poco, tan solo un poco, te ayudaría a veces —Colin regresó a su naturaleza bromista de siempre—. Con un bosque de ese tamaño, no sería raro que un monstruo de clase Alta se haya colado por aquí, además de ese dragón… aunque esa cosa ya es otro nivel.
Noto una pizca de sorpresa en su semblante, así que inquirió.
—¿Tienes alguna idea?
—Varias en realidad, pero una muy tallada en mi mente —la Medio Elfo empezó a recordar—. El pueblo Wiccano tiene una serie de leyendas alrededor de toda esta zona, "La Dama Rumana" siempre fue de mis favoritas cuando era pequeña: Versaba sobre una vampiresa convertida por el mismísimo Conde Drácula. Logrando escapar de los cazadores Harker, se instaló en las áreas rurales de Rusia. Ante el asedio Belmont fue perdiendo poder e influencia, de la mano de su cordura. Se dice que terminó vagando por estas inmediaciones, dejando moribundos a los transeúntes que osaran atravesarse en su camino. De ahí porque vinieran tan pocos viajeros.
—Suena interesante, pero es solo una leyenda.
—Estoy hablando con una de esas "leyendas" ahora. Si creo en ti ¿Por qué no en ella? —comentó inocentemente.
—…
Colin se detuvo bruscamente y dio la vuelta, dispuesto a irse. Alena hizo lo mismo, intentando retenerlo. Él golpeó su mano cuando ella intentó tocarlo, claramente ofendido.
—Perdón por eso, siempre olvido que les tienes odio a ellos.
—No solo a ellos, también a mí. Su pestilencia, blasfemia y maldición corren por mis venas —había un odio desmesurado filtrándose en su voz—. Soy un vampiro, ya no un hombre.
Ahora Colín era el sorprendido, Alena lo había atrapado con un cálido abrazo. Su rostro exhalaba un agradable aliento en la frialdad de la noche, y su suave cuerpo vertía un delicioso perfume, uno que lo hacía embarcarse en la más lejana travesía.
—No eres un hombre, pero si mi amigo, y te pido que me perdones. Los pecados de otros pueden estar corriendo en tus hombros, pero tú decides lo que haces con ellos. Lo siento, lo siento mucho.
Esbozó una amarga sonrisa, era suficiente un solo gesto para hacerlo cambiar de opinión. Cerró sus ojos por un momento, y se dejó querer por tan solo un instante.
Sin embargo...
El retumbar del corazón ajeno, así como el fluir de su sistema circulatorio, lo hizo despertar inmerso en un onírico trance. Los colmillos, blancos como marfil, crecieron hasta emerger de las comisuras de su boca. Sus ojos desbordaron carmesí brillo maligno, la lanza se aferró hiriente a su mano (deseando con todas sus fuerzas atravesar su corazón, y beber su sangre). Su atención se posó en aquel blanco, vulnerable y delicioso cuello; la delirante fantasía de hacerla suya mientras le succionaba la vida lo enloquecía.
Uno, dos, tres... ¡RECAPACITA!
Colin frenó en seco sus pensamientos, buscando hallar claridad alguna en la tormenta. Lo había recordado: No tomó su dosis de sangre de las 4. La luna llena se levantaba en medio del llano, disfrazada tras negras nubes. Era casi medianoche, y la habitación con su ansiada panacea se hallaba a no más de 30 kilómetros de distancia.
No resistiría, debía beber un poco de sangre ¡Y TENÍA QUE HACERLO AHORA!
¡HUYE!
El vampiro pelizulado empujó a su compañera, y alzó bravo su fidedigna arma dispuesto a separarse lo más que podía de ella, estaba perdiendo el control.
Colin brinco desde la terraza hacia el campo de batalla.
Las platinas suelas tocaron el suelo, y en un fugaz movimiento Colin perforó el torso de un ogro. La expulsó enseguida, atravesando la garganta de un albino lobo. Un alacrán gigante se acercó arremetiendo con sus tenazas, intentando partirle a la mitad. La siniestra garra era propiedad de Gáe Bolg, quien reclamó su premio arrancándolo de un tirón.
La contraofensiva fue rechazada por Alena, quien clavó 3 certeros disparos en su cabeza, caparazón y piernas. La elfo empezó a seguirlo, extrañada por su anómalo comportamiento. Colin bramo iracundo, y se deslizó (con Gáe Bolg ascendente) entre sus flacuchas patas azabache. La abominación ante su flanco débil dañado sucumbió, siendo él quién fuera partido en dos.
Lo que pareciera ser una carcomida gabardina andante se escurrió entre sus tobillos, y lo hizo caer de improviso. Alzándose sagaz en su frente, la calavera sacaba 10 cuchillos dispuesto a enterrarlos en su pecho. La Elfo intervino de nuevo, destrozando el cráneo blanquecino en mil astillas de hueso.
No perdiendo el tiempo, el varón se reincorporo y lanzó su lanza hacia un Crocodile-Man emergido del lago. El humanoide café, bañado en fango y mugre viscoso ser, fue asesinado por la lanza como si esta fuese una bala. Por arte de magia (mientras despavorido corría), la carmesí arma cambió su curso, atravesando a unas rapaces aves en vuelo, liquidando alineados tres ogros, exterminando un par de banshees putrefactos a espaldas de Alena.
Gáe Bolg retornó a la mano cuando una bandada de insectos se levantó en su contra, y cada quien cayera muerto sin sus cabezas.
Bélico, acallando sus instintos en excelso frenesí, Colin arremetió contra un grupo de Gorgonas que estaban en retirada. Esquivando sus miradas de piedra, se escurrió a donde el torso se transformaba en culebra, y las rebanó de un tajo a la mitad. Cinco escaparon a su fulminante corte, y apresaron ambas manos con sus colas. Colin las jalo consigo como si fueran meros harapos, y las uso como lazo para atrapar a un beligerante grupo de mantis. Arrojó a cada Gorgona contra variopintos muros de enemigos, y siguió empedernido en su acometida.
Alena le disparó 6 flechas en su frente, obligándolo a esquivarlas. 3 más fueron contra su espalda, fueron igualmente eludidas.
Por su parte él lanzó a Gae Bolg, quien rozó su cincelada cintura. La pelirroja se detuvo en seco, consternada por el accionar de su amigo.
Los ataques de ella fueron preventivos, los de Colin con clara intención de matar. Debía concentrarse, la lanza venía de regreso.
Alena hundió una de sus flechas (atada a un ópalo hilo) en el mango del arma. Cuando Gae Bolg retornaba a la mano de Colín, ella era llevada por los aires. Arremetió con una patada en el estómago, dar una vuelta en el cielo, y caer a unos metros con 3 flechas a discreción. En tanto Colín intentara algo, Alena lo detendría.
SANGRE… ¡NECESITAS SU SANGRE!
Se levantó de la Tierra, y prosiguió su huida. La elfo le pisaba los talones, en busca de alguna respuesta.
Delante suyo se encontraba un Golem luchando contra un paquidermo que con grietas malignas en su piel intentaban a toda costa destruir los cincelados brazos rocosos de los golem.
—Necesitan cobertura —ella pensó rápidamente.
No pasó mucho tiempo cuando nuevamente se acercaban más monstruos.
Alena disparaba flechas en variopintas direcciones, dando apoyo a los Golems quienes machacaban con implacables mazas, a sus invocadores que daban un magistral despliegue de magia, y a su propia madre quien reunía maná en su tembloroso puño inquietante.
—Madre Tierra, que rebosas de piedad, obedece a mi mandato y desata tu poder sobre mis contrincantes… ¡HERUMBLE!
Un temblor retumbó el suelo Wiccano, y enfrente de Inna la tierra sucumbió llevándose consigo 20 monstruos. Retomando el aliento, Inna conjuraba un hechizo de runas doradas avanzando galante al compás de la brisa. Los monstruos atravesados se derretían.
No tardaron en abalanzarse sobre ella, nada más y nada menos, que seis Serpientes de Crin. La madre maga incineró cuatro mientras abrían sus fauces, animosas de matar. La hija atravesaba gracias a las flechas del blanco arco.
Un "hijo de la Tierra" era embestido por un jabalí salvaje, hecho ahora enormes rocas amenazando con caer sobre su madre indefensa.
—¿Indefensa? ¿Es así como me ves, inmunda bestia? —musito la hechicera arrogante contra la masa de carne, quien ahora arremetía en su dirección. Ella conjuro 2 remolinos de iracundo viento en sus manos, disparándole a las piedras sobre si—. Lamento decírtelo, pero esta "Reina" siempre tiene un As bajo la manga.
Las columnas de aire atraparon los fragmentos de piedra, unificándose, descendiendo hasta rodear a Inna en un pequeño huracán. La porcina amenaza fue absorbida por el ventarrón, y apedreada cruelmente mientras sus tripas eran desperdigadas a diestra y siniestra. Ella disolvió su magia de improviso, dejando caer los cimientos sobre una quincena de monstruos.
Apenas sintió a Gáe Bolg rozar su cincelada cintura, o a las flechas de Alena besar sus suaves mejillas.
Tras Inna se desplomaron inertes una Banshee y un lozano búfalo. Alena miró a su madre, quien se mantenía quieta con solemne expresión de sorpresa, riendo por lo bajo, luego a carcajadas.
—Parece que esta "Reina" no ha peleado en mucho tiempo —Inna rió—. Gracias.
Alena asintió, con un terrible presentimiento, sentía como las plantas alrededor morían por algo ajeno, los árboles le susurraban. Su sangre élfica le estaba advirtiendo de algo.
—Hay algo aquí —musitó la pelirroja menor, observando incesantemente a todos lados.
—¿Algo? ¿Como qué, hija?
—Algo en el ambiente cambió.
Todos se pusieron alertas ante la verdadera sensación de frialdad. Las ascuas que sobraron se extinguieron tan pronto sonó el fino taconeo pernicioso y frívolo, retumbando con la sensación de superioridad y elegancia como si de la realeza misma estuviera acercándose hacia ellos.
—Una linda noche ¿No creen? —una maravillosamente engañosa voz femenina avisó de su llegada, había algo marchito en esa elegancia—. Parece que mi sed de sangre logró alterar al durmiente dragón, me deben disculpar por el caos que mi descuido causó… aunque creo que este pueblo fétido está bien como es ahora mismo.
Una mujer bella y vestida elegantemente con una ropa invernal moderna, unas botas marrones fue lo que causaron el sonido estremecedor de hace un momento. La mujer emitía una muy densa niebla de su cuerpo, la señal que dio inicio al combate, pronto las sombras se ciñeron sobre el trío controladas por la mujer.
Colin llegó a su límite en ese momento.
El aura abrasiva que contenía en su cuerpo, el aura vampírica, salió a flote junto a los colmillos largos y afilados listos para morder y beber sangre.
—Hah… Hah —en sus ojos se hallaba una mirada perdida en la locura de la sed y el anhelo por la sangre—. ¡Eres mía Dama Rumana o quién carajos seas!
Con una morbosa lentitud una sórdida sonrisa se formaba en el rostro de Colin. En un estallido de velocidad su cuerpo entero junto a su lanza maldita se convirtieron en una bandada de murciélagos dirigiéndose a hacia la mujer con fiereza imparable.
—Fufufu…
Ella desapareció en la densa niebla y su risa fina resonaba por todos lados como si estuviera en cada lugar posible.
Había una verdad indiscutible, estaban acorralados y nadie era capaz de verla.
—Puedo oír sus pasos —Alena susurró a su madre—. También se están levantando del suelo los cadáveres de las criaturas que matamos hace un momento, el olor a sangre está aumentando, esto es demasiado riesgoso, tendré que usar la artillería pesada.
Inna levantó sus manos, erigiendo una barrera sobre ambas.
—Esta barrera permite que salgan cosas pero que no entren, lo que sea que tengas preparado, hazlo de prisa.
Colin sin embargo…
—¡HAHAHAHAHAHA! —sus intentos de controlarse eran vanos—. ¡NO TENGAS MIEDO DE SALIR PRECIOSA!
Date a Live II OST: Hurricane.
La mujer estiró sus uñas como garras y de la nada atacó a Colin que respondió al instante balanceando su lanza hacia los costados para evitar el ataque a toda costa.
El impacto generó una onda expansiva lo suficientemente poderosa para alejar la niebla por un momento y darse cuenta de que la vampiresa había utilizado su Necromancia y crear un ejército de muertos.
—Eres demasiado salvaje, joven —ella sonrió—. Justo de mi tipo.
Ella convocó unas cadenas y con habilidad atrapó la pierna de Colin tan pronto como se alejó, el peliazilado intentó correr hacia su presa pero ella lo levantó del suelo con las cadenas para estamparlo contra el suelo, otra muestra de fuerza irreal.
El suelo se partió y Colin gritó de dolor.
Gáe Bolg brilló en carmesí sedienta de sangre y Colin empezó a girar la lanza en todas las direcciones posibles eliminando a todos los huesos, haciéndolas astillas, que lo habían apresado.
La vampiresa arrojó la punta de su cadena hacia Colin con lozana fiereza intentando apresarlo, él respondió evadiendo y rompiendo parte de la misma con el poderoso filo de su arma.
—Me has dado un motivo para probar mi nueva lanza —dijo Colin sonriéndole extasiado, Gáe Bolg desapareció de su mano y en cambio lució un brillo tan poderoso como el Sol—. Esta lanza es como un sol en miniatura, ¡La lanza de Sangre Solar, Sadif!
Del pequeño brillo relució un soberano calor y una luz anaranjada que alumbraron esa noche tan oscura, como la luz en medio de la oscuridad. A diferencia de Gáe Bolg con su filo recto y más asemejado al de una espada, esta era una Lanza Roncona con un filo ligeramente más largo que el común y un par de cuchillas laterales extremadamente afilados.
Esta era el arma que Colin había buscado, el trabajo de un herrero mágico francés. El arma brillaba incandescente y parecía que Colin no podía controlar el brillo. El calor que ahora le acompañaba empezó a hacerlo sudar, tenía que terminar esto rápido o pagaría las consecuencias de un arma que no controla.
En zig zag con toda la velocidad que reunió en sus piernas arremetió contra todo monstruo revivido partiendo a todo aquello que en su camino se atraviesa.
—¡Acabenlo mis esclavos!
Todos los monstruos se agruparon en una masa enorme y empezaron a sangrar de todos lados, todo gemido que producían se volvía cada vez más grave y sus masas empezaron a unirse formando a una aberración con bocas y manos de cada monstruo que se aglomeró.
Un gigante hecho de cadáveres…
Colin se arrojó sobre él o ¿Ellos? Como un maníaco hasta que sintió una mano impactar fuerte en su mejilla, con la potencia suficiente para arrojarlo al suelo.
—¡Reacciona idiota! —era Alena que lo había abofeteado—. Encárgate de la mujer, este es mío. ¡Apresúrate que esto se regenera con cada cosa muerta que absorbe!
Ese golpe puso en sus sentidos al descendiente de Cú Chulainn una vez más. Miró a Sasdif en sus manos, había perdido la conciencia hasta ahora.
—¡S-Sí!
—¡Apúrate!
Colin ignoró a los monstruos y fue directamente por la Dama Rumana.
Alena tensó nuevamente su arco en dirección a la gran multitud y al gigante.
—Infusion, Blast of flames.
La punta de la flecha mágica ardió en llamas.
Alena entrecerró sus ojos de zafiro y miró indiferente a todos sus enemigos.
—Esto es por la gente que asesinaron.
Las emociones de Alena se dispararon y miles de zumbidos fueron emitidos de ella, una lluvia de miles de majestuosa flechas salieron disparadas sin piedad atravesando a sus enemigos quemando todo a su paso.
—Este es el final —ella sonrió.
¡BOOOOOOOOOOOM!
Una explosión en conjunto había sucedido, todos los enemigos se quemaron hasta las cenizas, excepto uno.
—¡GRUUIIOOOU!
El arco de alena desapareció, su magia estaba por terminarse, así que decidió ir a por lo físico. Ella sacó de las fundas en sus caderas un par de dagas curvas de un reluciente plateado con runas nórdicas grabadas en él, el regalo de su padre cuando cumplió la mayoría de edad.
Las dagas de Luna, con el poder del viento y el hielo para cada una respectivamente.
Activó su hechizo "Manto" y ella desapareció, el monstruo no podía localizarla hasta que fue lo suficientemente tarde una cantidad exorbitante de cortes fueron hechos en su deforme cuerpo por la invisible Alena. Periódicamente con cada corte que ella hacía y cada puñalada que causaba la piel del gigante comenzaba a congelarse y caer congelada.
Alena tuvo que alejarse del coloso colérico, estaba en sus límites, su magia ya se había agotado y el Manto desapareció, por lo tanto ya no podría usar su Sacred Gear. Una gota de sudor bajó por su sien, sus jadeos eran más pesados, esas flechas consumieron mucho maná de su cuerpo.
—Apresúrate Colin.
El peliazulado estaba entre el control y descontrol, luchando contra todo impulso peligroso de asesinar todo a su paso.
La mujer, la vampiresa que estaba frente a él estaba totalmente jadeante y cansada por la dificultad que Colin producía al pelear. Creyó por momentos que el niño loco ése sería presa fácil, qué equivocada estaba.
Empuñó a Sasdif una vez más, esperando las cadenas para así poder ir a la contraofensiva directa. El apoyo de Alena fue eficaz eliminando a casi todos los cadáveres reanimados convirtiéndolos en cenizas.
La dama arrojó nuevamente sus cadenas al tiempo que se transformaba en sombras y en un descuido de Colin lo atrapó.
—Ah, Mier...da —estaba ahorcando su cuello con las sombras que la mujer generó.
La lanza sin embargo no caía de su mano.
—Aún no...
Fugaz llegó a su asolada mente un recuerdo de la niñez.
Eran él y su hermano Connla Whelan jugando a la orilla de un pequeño río. Sus padres estaban sentados bajo la sombra de un árbol frondoso en primavera. Un recuerdo feliz.
Aún así…
EL RECUERDO que lo perseguía en todo momento volvió a azotarlo.
Colin estaba moribundo en el suelo, viendo como a su madre le quitaban la vida bebiendo su sangre carmesí. Un hombre joven, de pelo rubio platino lacio y corto peinado hacia atrás, sus ojos rojos como la sangre observando el suelo mientras tocaba el rostro de la mujer, vestido como un elegante ejecutivo.
Connla había escapado, él solo tenía 10 años junto a su gemelo Colin. Gáe Bolg clavada en el pecho de su padre quien observaba con las más grande impotencia.
Su padre en ese momento logró quitarse la lanza del pecho, y se la entregó a él, que ya había sido mordido y convertido en un vampiro. Lo único que recuerda permanentemente es el nombre de aquel hombre.
Vasile Vladi.
—Por ese hombre… no puedo morir —Colin miraba atentamente como la mujer se acercaba a él relamiendo sus labios y mostrando los colmillos—. Aún no.
Cuando estuvo a centímetros de su cuello, sucedió.
La lanza brilló como el sol, liberandolo de su prisión sombría y dándole cabida a la acción.
—¡No puedo morir ahora, señorita!
—¡No…! ¡Aléjate!
Era demasiado tarde, Colin había atravesado con la lanza su pecho.
Y empezó a quemarse desde dentro.
La Dama Rumana aceptó su derrota, la Necromancia dejó de hacer efecto y todo aquel muerto que caminaba sobre la tierra fue liberado.
—¡Un mocoso…!
Colin la calló de un beso, tomando la sangre que había en la boca de la vampiresa. Eso sorprendió a la mujer, intentó poner resistencia solo para darse cuenta de que no podía…
Al menos ella se llevaría un beso antes de morir realmente.
Él se alejó de ella y de un simple tirón sacó la lanza, la mujer sonrió lúgubre, ya era tiempo de morir.
—Fue un impulso, ya no tengo fuerzas para hacer otra cosa —Colin cayó de espaldas—. Lamento el beso, pero usted debe morir ahora mismo.
Ella no respondió, pues se había hecho cenizas.
Terminó esta noche, por fin.
Alena se acercó a Colin y se sentó a su lado, en el suelo.
—Finalmente —dijo ella, luego de un suspiro miró hacia arriba, productos de una luz poderosa—. ¿Qué es eso?
Minutos antes.
Cada golpe asestado a su voluminoso abdomen lo acercaba más al ansiado triunfo. Sin remedio alguno, le había obligado a permanecer en el aire (astuto, le rebano ambas piernas de un filudo tajo). Ambos permanecían allí, el insaciable atacante y el reptiliano saco de boxeo.
En las alturas se había configurado una feroz tormenta, cuyos relámpagos blancos rozaban sus escamosos cuerpos. A duras penas aquel cúmulo verde podía moverse. La vida del dragón eslavo llegaba a su fin.
Pero...
A pesar de todo, Issei había perdido. Con preocupación percibió cada vez más escasas las reservas de Magia. La Scale Mail no demoraría en desaparecer.
—[Te advertí que fueses precavido, y no me escuchaste]
—Ahora no, Ddraig. Estoy pensando algo.
—[¿En qué? ¿En cómo pudiste ganar la batalla, más perder toda la Guerra sin empezar siquiera?]
Enojado ante la obviedad de su residente, espetó manteniendo su ceño ensangrentado fruncido.
—Claro que no… estoy ideando un plan de cómo salir de esta.
—[Admítelo enano, se acabó]
Aunque se negaba a darle la razón, estaba en lo cierto. En unos cuantos minutos, simplemente se desplomaría a morir contra el suelo, sin honor ni gloria. El gigantesco cadáver de su rival le seguiría poco después, creando un intenso terremoto que arrasaría con todo lo que estuviese a su paso.
Su confianza no solo comprometió su existencia, sino también la de todo el poblado mago, sus amigos, su familia.
¿Por qué? ¿Por qué en esos ilusos momentos pensaba en sus padres? Quizás porque no demoraría en acompañarlos. Los extrañaba demasiado, más aún porque lo dejaron a sus cortos 4 años. Recordaba menos que nada, apenas a un pequeño castaño deambulando solo en las oscuras calles de Kuoh. Sabía que algo malo había ocurrido, ¡Su madre y su padre jamás lo hubiesen abandonado! A su ausencia, una intensa hambre y el gélido frío se hicieron presentes.
En esos tiempos fue acogido por un nuevo mentor, criado y educado como si fuese hijo propio de ese pintoresco y amable señor. Sin duda alguna, los años en compañía de Azazel fueron los mejores de su vida, pero…
Alena. Claro, de no haber ocurrido su segunda gran pérdida, jamás habría conocido a Alena ni a su madre y padre, o a Colin, o a su hasta entonces desconocida abuela.
La vida de Issei, estuvo enmarcada por la pérdida, pero también por el cariño incondicional de quienes le rodeaban.
Habiendo dado ellos tanto, ¡No podía permitirse que muriesen sin dar menos que todo!
El destino se forjaba rebosante en sus manos, en excelsas llamas de intenso brillo carmesí, y luminosos destellos del orbe jade. El afamado golpe final.
El casco de la Scale-Mail se vio desprovisto de su forma física, innecesarios ahora mismo. Su rostro no tenía atisbo de duda, mas una sonrisa fue la que decidió.
[¡GUHAHAHAHA! ¡ERES IRREMEDIABLE COMPAÑERO!] —Bramó la leyenda galesa—. [Si sales vivo de esto definitivamente debes volverte más fuerte, muéstrale a esa cría arrogante el verdadero poder del Dragón Rojo]
—Si hago un ataque mágico definitivamente voy a morir, no tengo energía suficiente para moverme luego de esto… no me queda más remedio que ir directamente a fuerza bruta aunque me lastime.
Fate Extra/Last Encore OST: Wild Hunt.
Las grebas cedieron ante su escaso poder, toda su energía restante se acumuló en la parte central de la armadura, chisporroteante del aura abrasiva que emanaba él. Redirigiendo su máximo prana al puño derecho, el guantelete que lo cubría se agrietó mostrando un incandescente brillo de magma.
—¡Espero que mueras esta vez!
Ante aquel estrepitoso grito, el dragón rugió sus últimas palabras, aumentando el fulgor a su alrededor y por lo tanto su calor corporal, llevándolo al límite de lo que su destrozado cuerpo le dejaba. Issei pudo sentir en carne propia aquel espantoso y abrasador fuego, tragó saliva, este golpe iba a doler como el infierno.
—¡DIR! —rugió el dragón con su alma en su cénit.
Usando sus alas y los propulsores de su peto aún activo se elevó todavía más allá de las nubes de tormenta, siendo perseguido por su agresor. Los rayos le pasaron rozando y aún así con el corazón a tope no fue capaz de prestarles su atención.
—¡Sígueme, anda!
Iracundo arrojó su aliento devastador hacia Issei, este se detuvo de golpe dejando que le alcanzara pues ya no tenía caso.
—¡AHHHHHHHHHH!
Fue en ese momento tan preciso en medio del dolor, que su brazo entero brilló tan fuerte que por un momento pareció ser de día, tal acumulación peligrosa de poder mágico dejó a todos con la boca abierta.
Con el último impulso que le dieron sus propulsores, su peto desapareció por completo dejando sólo la Boosted Gear en su brazo derecho brillando imponente ante sus ojos rojos.
—¡AHHHHHHHHHHHHHHHH!
Cayó tan rápido cuando sus alas ayudaron dándole la fuerza de caída, el dragón simplemente se rindió ante su inevitable destino y rugió impotente, cediendo su vida a su formidable oponente.
—¡Vulcan!
Todo a su alrededor se quemó y con una fuerza física demente...
¡BRUUUUUM!
Quebró el cielo.
Las nubes de tormenta se vieron repelidas por el impacto que resonó por todo el pueblo, se veían las estrellas y la luna iluminando la sangre en el suelo.
El dragón se partió en pedazos, la cabeza por un lado y del cuerpo solo quedaban algunas vísceras y el corazón que cayeron del cielo con estelas de vapor siendo expulsadas de sí.
Issei en plena caída libre estaba a punto de la inconsciencia, su ropa estaba destrozada, sin camisa y lo que quedaba del pantalón cubría perfectamente su entrepierna por fortuna.
—Tengo frío… —ahora entendía lo que le decían los pobladores, realmente estaban en invierno, pudo sentir el frío.
Desde abajo todos con la boca abierta de la impresión.
—¡Si eso hubiera pasado aquí era adiós! —gritó asustado Colin—. ¿Qué rayos pasa con esa fuerza?
Alena se rascó la mejilla nerviosa e impresionada.
—Es Ise supongo jeje…
Inna se acercó a ambos manteniendo la mirada arriba.
—Agradezco que él se haya hecho cargo de eso… —los miró a los dos—. Buen trabajo a ustedes dos, sin ustedes estaría muerta seguramente.
—Bueno, espero mucha comida casi me ma- ¡Ngaa!
Alena le dio un codazo y el la miró con un puchero.
—Quiero decir, de nada~
Alena sonrió.
—Así está mejor.
—Fufufu.
Inna se rió de las interacciones de ambos, aligeraban el ambiente fúnebre que se había formado. Los magos que sobrevivieron estaban igualmente sentados o acostados en el suelo, había sido una noche horrible para todos.
—Oye, no se está deteniendo.
Colin miró al cielo con preocupación, pudo ver a Issei caer rápido y no parecía tener ganas de detenerse en el aire.
Alena se levantó y empezó a correr al sitio donde caería, ella lo salvaría de morir. Su corazón estaba latiendo fuertemente, no estaba muerto ¿Verdad…?
—¡Ise!
Ella estaba por saltar cuando casi estaba llegando al suelo, pero su acción fue interrumpida por un vendaval que cubrió a Issei. Estaba confundida, pero notó a dos personas ajenas de su hogar.
Issei cayó lentamente al suelo y ella corrió a verlo.
—¡Ise! Despierta, por favor, por favor —ella al ver que no reaccionaba se asustó aún más—. Despierta…
—¡Cough! ¡Cough! —el alivio la inundó al verlo toser—. Ah… me siento, de la mierda ¿Estoy muerto?
Alena lo abrazó.
—Qué bueno que estás bien.
Issei levantó su mano adolorido y rozó con el dorso de sus manos el rostro de Alena, ahí supo que no estaba muerto realmente.
—Gracias por salvarme.
Alena negó con la cabeza.
—No fuí…
Una voz irrumpió.
—Lamento la interrupción joven Hyōdō, soy Tokiomi Tohsaka y ella es Rin, mi hija —el atractivo hombre se presentó junto a la chica a su lado que estaba cruzada de brazos—. Vengo a solicitar formalmente tu ayuda.
Un problema termina, y uno nuevo empieza.
XXXXXX
Ha pasado un tiempo XD, lamento la demora, intentaré que esto no sea frecuente está vez.
