Una fuerte tormenta con vientos huracanados se desató de la nada en medio del campo. La joven rubia cabalgó buscando un sitio seguro para refugiarse de esta. No era normal que en Polonia hubiera esta clase de fenómenos naturales, por lo que fue un tanto difícil encontrar un sitio para refugiarse de la lluvia. Después de casi 10 minutos haciendo correr a su corcel, al fin halló un sitio. Era una pequeña cueva donde podría secarse e intentar mantener el calor corporal de su caballo.
Felicja desmontó para poder llevar a su amado caballo lo más adentro posible de la cueva. El cual, pronto se sacudiría para intentar quitarse una mayor cantidad de agua, empapando aún más a la chica. Por lo cual, al darse cuenta de que sus prendas estaban empapadas decidió quitarse los zapatos y medias que cargaba. Al principio, pensó en sentarse lo más formal posible, pero al darse cuenta de que así no se secaría su falda y forro, decidió acostarse en el suelo y extender las piernas. Estaba segura de que si algún familiar la viera en ese preciso instante pegaría un grito en el cielo, por una acción tan impropia para una dama de su nivel. A veces solían prohibirle cosas tan absurdas, que le sorprendía el hecho de que aún la dejaran montar a caballo.
Recordó haber intentado cortarse el cabello en más de una ocasión, aunque claro, sin éxito. Ya que el cabello definía a una dama de clase alta, al parecer el cabello corto daba a entender que lo habías vendido para confeccionar una peluca. Y solo la clase alta podía darse el lujo para usarla. Así que para su familia era impropio que ella no usara pelucas y aún más impropio querer cortarse el cabello.
Terminó suspirando ante ese recuerdo y cerró los ojos para intentar olvidarlo, quizá para concentrarse en otro tema, como el regreso a casa o cuánto duraría la tormenta.
Aunque un sonido inesperado, como de un golpe, la hizo abrir los ojos, dar un salto y darse vuelta para mirar el origen del sonido. Sus ojos se enfocaron en la profunda oscuridad de la cueva, había algo más que no había explorado, así que sintiendo una gran curiosidad decidió adentrarse poco a poco. Algo había caído y ella estaba dispuesta a averiguar lo que había sido. Sin embargo, casi quedó cegada cuando una luz bastante brillante iluminó su camino.
–¡Oh!, disculpe, señorita. Estaba acampando en este sitio, pero entiendo que necesite refugio por la tormenta, ¿verdad?
Felicja aún seguía encegada, no por la intensidad de la fogata, más bien por haber acostumbrado sus ojos a la oscuridad de la cueva. Pero en cuanto sus pupilas pudieron enfocar a la persona que tenía enfrente, pronto se daría cuenta de que esta era una figura masculina bastante alta y esbelta, aunque su mirada se enfocó más en sus pacíficos ojos azules.
–Perdón por asustarla –murmuró aquel extraño en cuanto la vio, dando un salto instintivo hacia atrás– No era mi intención. Estaba aquí recolectando ciertas especies botánicas, pero comenzó la tormenta.
–¡Espera!, no, no me has asustado –chilló algo bastante alto para su gusto. Era bastante obvio que estaba nerviosa, por lo general, tenía problemas para estar cerca de extraños, aunque este extraño no parecía tan malo como esperaba.
–Si quieres puedes calentarte un poco en la fogata. Y si te hace sentir más cómoda, intentaré mantenerme lo más alejado posible, ¿de acuerdo?
La rubia asintió rápidamente y se sentó en el extremo opuesto donde estaba aquel tipo.
–Bueno, supongo que si vamos a estar en esta cueva un largo tiempo podríamos decir nuestros nombres –susurró, un hilo de voz apenas audible, una vez más, su timidez salía a relucir. Aunque claramente, intentaba luchar contra ella.
–Claro, mi nombre es Tolvydas, pero puedes llamarme Tolys. Es más fácil de pronunciar.
–Mi nombre es Felicja, pero puedes llamarme... –paró en cuanto se dio cuenta de que no tenía asignado un apodo ni un diminutivo. No cuando la mayoría de la gente intentaba agregarle nombres para alargar su presentación en diversas ceremonias. Algo que solía odiar bastante de estas. –Creo que no tengo un diminutivo.
–No te preocupes, tu nombre ya es lo suficientemente bonito –murmuró de forma amable para ganar un poco de su confianza– Mi nombre es algo largo, de hecho, significa "muy muy lejos", así que prefiero que me llamen por el diminutivo, es más corto y más "cercano".
A pesar de haber sido un mal chiste, Felicja no pudo evitar soltar una ligera carcajada. Había algo en este chico que la hacía sentir en confianza, incluso acabándolo de conocer. Era extraño, por lo general, ella suele tener pánico a socializar con gente desconocida, pero Tolys era diferente. Quizá la voz dulce, el tono amable y el sonrojo permanente en sus mejillas le hacían parecer bastante inocente y, por tanto, una persona para nada peligrosa desde su punto de vista.
Una vez más, se perdió en la mirada de aquel chico. Por lo cual, inmediatamente tuvo que desviar la mirada hacia el lado contrario.
–Eh, ¿sabes? –siguió evitando el contacto visual con Tolys, pero por obvias razones hablaba con él. Tragó un poco de saliva para armarse de valor y decir lo que quería decir de forma impulsiva– ¡Tus ojos son fríos, pero son hermosos y únicos!
El castaño miró un poco confundido a la chica, estaba claro que él no opinaba lo mismo.
–Bueno, de donde vengo, el color azul en los ojos es bastante común –murmuró mientras examinaba visualmente la cueva, como si imaginara diversos libros en su mente– podría decirse que, en un grupo de 10 personas, al menos 9 tendrían este color de ojos. Así que no son tan únicos que digamos, aunque... Gracias.
–Aun así, es raro que una mirada helada sea tan dulce –Felicja que había terminado acostada en el suelo, recargándose sobre sus codos, ya no disimuló tener la mirada perdida en el chico– Oh, mírate. Te estas poniendo aún más rojo. ¡Es broma!
Después de un breve silencio, Tolys se aclaró la garganta para recuperar el ambiente de confianza.
–Creo que tus ojos son más únicos que los míos. Los ojos verdes no suelen tan comunes como los azules o los marrones. Ese tono de verde es bastante cálido, supongo que queda bien con tu personalidad.
–¿Entonces eres frío como el tono de tus ojos?
–No exactamente... Bueno, no sabría decirte. Pero ahora que recuerdo, crecí en un lugar bastante frío, rodeado de historias sobre el bosque. Algunas maravillosas, otras un tanto aterradoras.
–Me gustaría escucharlas, aunque igual podemos compartir algunas de nuestras historias, mientras esperamos a que se calme la extraña tormenta. Tomemos nuestro tiempo –murmuró Felicja sintiéndose mejor por no tener que regresar antes a casa.
–En ese caso. Podría contarte sobre el animal más simbólico de mi tierra: el lobo.
Se acercó un poco más a la chica y se aclaró la garganta para relatar un poco de aquella historia.
Mientras tanto, en un lugar bastante más lejano, un chico rubio observaba a la pareja con terror. Puede sonar un poco extraño, pero tiene su explicación.
Este chico rubio, a veces conocido como Alfred y a veces conocido como el nombre de un continente, era el aprendiz de Arthur, un misterioso mago que podía crear sus propias historias y desde ahí servir como una especie de dios, dándoles vida y libre albedrío a sus creaciones, mientras sus aprendices practicaban hechizos para alterar el ambiente de los personajes, sin afectarlos directamente.
Mirando a través de la bola de cristal, Alfred se dio cuenta del crush instantáneo entre dos personajes que no debían estar juntos, por lo cual sintió el verdadero terror. Los había alejado de sus parejas originales por error. En lugar de invocar un hermoso día soleado, había provocado una tormenta sobrenatural que alejó ambas parejas y unió a otra.
–Eh... Felicja, ¿qué te pasa? –escuchó a Tolys a través de la bola de cristal mágica.
–Aún tengo flexibilidad –murmuró la rubia haciendo una especie de contorsionismo muy extraño. Incluso para Alfred, el cual no era conocido por ser exactamente elegante.
Aunque ahora que lo pensaba, quizá podrían llevarse mal, ¿no es así? Sin embargo, Tolys soltó una ligera risita, que daba a entender que le agradaba la chica. Ahora si estaba en graves problemas y esperaba que el cejón no se enterara de ello.
Trazó un plan en secreto. Sabía que no debía interferir directamente con los personajes usando magia, pero no había ninguna prohibición sobre interferir como un personaje más de esta. Intentaría volverse amigo de Tolys y de ahí convencerlo de quedarse con su pareja original: Natalya.
