En algún lugar de Nagoya, un científico despertaba con un terrible dolor de cabeza, hizo presión en la zona, sintiendo dolor y una tibia humedad. Fue entonces que se encendió la luz, cerró los ojos como reflejo y los abrió poco a poco hasta ajustarse a la nueva iluminación.
- ¿Hola?... - preguntó.
Souichi Tatsumi se encontraba solo en aquella habitación, específicamente en el suelo. Observó a su alrededor: paredes cuarteadas, basura en general, piezas de metal, charcos de dudosas sustancias, en fin, un lugar abandonado. Las luces hacían un sonido agudo, parpadeaban y chirriaban, la iluminación era de un tono azulado, haciendo ver el ambiente de un modo tétrico; dejando aquello aparte, Souichi volvió a tocarse aquella zona adolorida y reviso su mano. Aquello húmedo era sangre.
Se levantó con cuidado, un mareo hizo que por poco cayera de bruces, fue entonces que los recuerdos golpearon su mente.
Estaban toda la familia Tatsumi reunida en casa de Matsuda, conviviendo a lo grande. Como siempre, Isogai trataba de sacar la "gran amistad" entre senpai y ex kohai de manera juguetona; ganándose la mirada de odio de aquel rubio y siendo defendido por Morinaga. El matrimonio Mitsugu relataban su día a día en Canadá, la pareja parecía algo extraña a ojos de todos, más nadie dijo nada y dejaron los problemas que tuviesen ambos solo para ellos, Souiji ya estaba a medio dormir por tanto licor, siendo reprendido por su hija.
Pasadas las horas, ambos científicos decidieron volver a su departamento. Caminaron en un agradable silencio, queriendo aprovechar la poca iluminación, Morinaga trató de tomar la mano de Souichi; él rechazó aquel gesto, provocando tristeza a Morinaga. Siguieron caminando hasta que Morinaga habló.
- Senpai, ¿Qué piensa usted de mí? - preguntó deteniéndose.
- ¿A qué viene eso? - Souichi estaba irritado.
- Verá… no sé si sólo me ve como un buen amigo, una molestia, o alguien por quién harías lo que sea. Usted sabe que lo amo, mucho. Aún me es difícil no ponerme nervioso cada vez que te veo, siempre estoy preocupado por su bienestar y salud; aún duele cada vez que tengo que regresar a Hamamatsu, a un departamento solitario… ¿piensas igual, o debería apartarme y seguir adelante?... - dijo Morinaga mientras miraba a los ojos a su senpai.
Aquello dejó a Souichi helado, quería gritarle a Morinaga por su insolencia, pero también tenía miedo de herirlo, Morinaga sonrió con tristeza. Llevó una mano al bolsillo de su pantalón, la confusión se dibujó en su cara.
- ¡Ah! Senpai, creo que dejé mi celular en casa de Matsuda-san. Voy a regresar, vuelvo en un segundo. - Dicho esto, Morinaga trotó de vuelta al departamento, dobló la esquina y desapareció. Souichi dejó salir un suspiro y se recargó en una pared, meditando aquellas palabras de su ex kohai.
Para él, Morinaga era una persona amable y leal, alguien en quien confiar, un buen amigo; pero… también le dolía cuando mostraba sus inseguridades y, siendo sincero con él mismo, le gustaba cada muestra de afecto de su ex kohai. Pero "amar" era una palabra sumamente fuerte que no estaba del todo seguro en usar con Morinaga.
Su mente estaba envuelta en un torbellino que no se dio cuenta cuando alguien se acercaba; unos zapatos invadieron su campo visual y alzó la mirada, logrando ver a un sujeto alto, vestido totalmente de negro y con una máscara extraña, empuñaba una llave inglesa por arriba de la cabeza.
Entonces todo se volvió negro.
- ¿Quién demonios era ese sujeto? - se preguntaba Souichi mientras se apoyaba en una pared. - ¿Qué quiere de mí? -
Volvió a recorrer con la mirada en aquella habitación, notó una puerta bastante oxidada a lado derecho de su posición. Caminó con cautela y trató de empujarla con toda su fuerza, más esta estaba cerrada.
- ¡Maldición!, con un carajo, ¡ábrete! - gritó frustrado mientras lanzaba patadas a la puerta.
- Vaya vocabulario, joven. -
Souichi dejó de patear y se quedó rígido, volteó a todas partes para encontrar a aquella persona, pero él era el único en aquel cuarto.
- Aquí arriba. - aquella voz se escuchó de nuevo. El rubio subió la mirada al techo y notó una cámara bastante vieja, además de una bocina.
- ¿¡Quién demonios eres?!, muéstrame tu cara, malnacido. - la rabia era evidente en aquel científico.
- No me apetece, gracias. ¿Quién soy? Eso no importa por el momento, pero tengo tres noticias: una buena, una mala y una jodida. ¿Cuál quieres escuchar primero? - respondió la voz de manera juguetona.
- ¡Me importa una mierda, déjame salir de una vez! No tengo porque escucharte…-
- Buuuh, que aburrido eres, te dejaré solo unos minutos mientras me divierto con aquel guapo hombre de cabellos azules. - Souichi palideció.
- ¡ESPERA!, ¿Morinaga está aquí? -
- Ooh, ahora si tengo tu atención, ¿eh? - dijo en un tono de burla. - Tres noticias; buena, mala y jodida, escoge. - Souichi tensó los puños.
- La mala… -
- No solo Morinaga está aquí, también tu padre, hermanos, cuñado y tía. - contestó.
- ¡¿QUÉ DEMONIOS…?! ¿¡QUÉ CARAJOS TE PASA?! ¡NO TE ATREVAS A DAÑARLOS! - Souichi explotó como respuesta.
- Yo no voy a hacerles nada… para eso estas tú, Souichi.
Esto aterrorizó más a Souichi, que aquella persona supiera de él y su familia no era una buena señal. Se cruzó de brazos, en un gesto más de preocupación que de enojo.
- Explícate. -
- Mi misión es hacer que las personas aprecien su vida, que vean los errores que han cometido y puedan liberarse, renaciendo con mis juegos. Pero la última pieza de este rompecabezas… eres tú, Souichi. Tu deberás juzgar como yo juzgo, y salvar como yo salvo, ya que todos merecen una oportunidad. - citó aquello como si fuese la persona más buena y comprensiva del mundo.
- Estás enfermo… -
- ¡Oye, no seas grosero! Además, tu "familia" está más descompuesta que yo…- rio. - Te queda la buena y la jodida. -
- Jodida. - Souichi estaba bastante molesto en este punto, aunque confundido por lo último que dijo aquella persona.
- Las reglas son sencillas, cada prueba tendrá solo unos minutos para realizarse; en cada prueba tienes la posibilidad de ofrecer ayuda y salvar a tu familiar, pero eso dependerá de ti una vez que veas el lado retorcido de aquel ser querido que dices conocer. Pero si llegan a fallar en alguna prueba, el castigo será la muerte... - dijo de manera condescendiente, como si le doliera decir aquello.
- ¿¡PERO QUE MIERDA!? ¡SON VIDAS HUMANAS DE LAS QUE ESTAS HABLANDO! ¡SON MI FAMILIA! - gritó furioso Souichi, aunque bastante pálido debido a aquella noticia.
- Y es por eso que tú podrás ayudarlos en cada prueba, no soy un asesino, soy un rehabilitador; todo esto es necesario para que veas que no todos son quienes pretenden ser, también podrás hacer justicia por tu propia mano. -
- ¿Cuál es entonces la buena? -
- Que tendré una vista en primer plano de todo este show que tanto me ha costado hacer. -
- ¡¿QUÉ?! ¿EN QUE MUNDO ESO ES UNA NOTICIA BUENA PARA MÍ? -
- ¿Y quién dijo que era una buena noticia para ti? - Souichi podría jurar que aquella persona estaba sonriendo mientras hablaba. - Bueno, es hora de comenzar el juego. Ahora, solo tienes que abrir la puerta, cuando veas que la luz que tiene arriba se encienda podrás empujarla, una vez que se cierre se bloqueará. Buena suerte, Souichi.
Aquel científico solo pudo dejar un largo suspiro y gritar de frustración, la vida de su familia estaba en sus manos, y eso era un peso horrible. Agarró todo el coraje que tenía y caminó a aquella puerta.
Souichi empujó aquella puerta oxidada, provocando un chirrido desagradable; aquella nueva habitación estaba en penumbra, únicamente iluminado por la luz del cuarto anterior, solo podía deslumbrar que el piso estaba más sucio que en donde despertó; de lado izquierdo de aquella habitación había una especie de jaula. Cerrando de nuevo la puerta, la luz volvió a encenderse, Souichi miró aquella jaula de aspecto nuevo, un cubo de metal en perfecto estado, el piso de la jaula era una lámina de metal, mientras que las demás paredes eran cilindros del mismo material; notó un cuerpo de estatura grande descansando en el piso.
- ¿Viejo? - preguntó Souichi. - ¡Papá!
El de anteojos agarró un tubo y comenzó a sacudirlo, aquella jaula era resistente. Con pánico, agarró una piedra del suelo y la lanzó lo menos fuerte posible a la espalda de su padre, obtenido un quejido del señor Tatsumi.
- Demonios… eso dolió… - murmuró Souiji Tatsumi.
- ¡Viejo! Qué alivio… ¡tenemos que salir de aquí, deprisa! - Souichi logró encontrar la puerta de la jaula, que extrañamente no tenía candado.
Souiji se levantó lentamente; caminó en donde estaba su hijo, pero fue detenido por un tirón en el cuello. Se llevó las manos al cuello y notó una especie de collar metálico, en la parte posterior del cuello notó una cadena que estaba unida al collar; volteó la mirada y observó que aquella cadena estaba incrustada en la pared de la habitación, también notó el frio del metal en sus pies descalzos.
- Hijo… ¿en dónde estamos?, ¿por qué estoy encadenado como un animal? - preguntó desconcertado Souiji.
- No insulte a los animales, señor Tatsumi…. - comentó aquella voz.
El mayor de los Tatsumi estaba visiblemente confundido.
- Souichi, podrás ver en aquella mesa una grabadora de voz, varias carpetas y un casete. Te recomiendo primero observes las carpetas y dejes por último la grabación.
Souichi abrió la puerta de la jaula, harto de todo. Dio un paso dentro de la jaula cuando un gran dolor punzante recorrió todo su cuerpo en cuestión de nada, le hizo soltar un grito a él y a su padre. Cayó de espaldas, fuera de la jaula cuando aquella corriente se detuvo, el señor Tatsumi terminó tirado en el piso.
- ¡¿Qué mierda?! - gritó Souichi adolorido.
- Te recomiendo no volver a hacer eso, sigue al pie las instrucciones. -
Adolorido, obedeció con renuencia y se acercó a aquella mesa. Abrió aquella carpeta y se encontró con muchos papeles, prescripciones médicas, historiales clínicos… vaya, muchos documentos de hospital. Estuvo minutos en silencio, leyendo con interés todos los documentos de índole clínico. Aún de espada a su padre, preguntó.
- Viejo, ¿de qué murió mamá? … - preguntó con un tono gélido.
- ¿De qué hablas, hijo? - preguntó extrañado Souiji.
- ¿De qué murió mamá? Contesta… - volvió a preguntar Souichi, ahora cabreado, aquel tono de ira sorprendió a Souiji.
- Murió de un infarto, hijo. Su enfermedad le provocaba tanto dolor que su corazón no lo soportó… -
- Mientes… - murmuró Souichi.
- Hijo, escúchame… - trató de hablar Souiji.
- ¿¡POR QUÉ ME MIENTES?! MALDITO HIJO DE PUTA- Souichi estaba colérico, agarró la carpeta y la arrojó dentro de aquella jaula. - YO SABÍA QUE MADRE NO ESTABA TAN ENFERMA COMO NOS DECÍAS.
Souiji levantó algunos papeles del suelo, palideció. Aquellos papeles eran de su difunta esposa Hana Tatsumi, de su historial clínico para ser más preciso; además de varias páginas arrancadas de una libreta con su letra. Todo lo que había tratado de ocultar había salido a la luz.
Souiji Tatsumi amaba a su esposa y a sus hijos, la primera vez que su esposa enfermó y quedó hospitalizada notó que todo el mundo lo reconocía como un buen padre y esposo, que era fuerte al cuidar de sus hijos y de cuidar de su esposa enferma. Los elogios y la atención le daban una gran felicidad, lo hacían sentir poderoso. Una vez que su esposa se recuperó, la atención terminó. Esto hizo que Souiji se sintiese inseguro; Hana era sumamente inocente y manipulable, no le tomó mucho esfuerzo a Souiji en convencer a su esposa de que estaba sumamente enferma, que debía regresar al hospital para tratar su enfermedad y ver crecer a sus hijos. Aún con estudios clínicos que demostraban su perfecta salud, Souiji logró convencer a los doctores de realizarle tratamientos innecesarios a su esposa, provocándole repercusiones a la salud. Para Souiji, tener una esposa convaleciente e hijos que dependían exclusivamente de él lo hizo sentir de nuevo reconocido y poderoso, además de amado y alabado por las todas las personas que sabían de su situación. Souiji llegó envenenar a su esposa para que no la diesen de alta en los hospitales, tiraba los medicamentos y los reemplazaba con medicamentos de venta libre, él firmó una orden de no reanimación cuando la salud de Hana se hundió a fondo. Todos sus pensamientos estaban escritos en un diario personal, que, según él, había desaparecido cuando su antigua departamento se había incendiado.
Los doctores tenían una ligera sospecha de que el señor Tatsumi sufría del "Síndrome de Munchausen por poder", ya que Souiji solía describir con precisión las dolencias de su esposa, la señora Tatsumi solía ser reservada cuando su esposo estaba presente, también era el único que podía visitarla, él parecía raramente satisfecho cuando las enfermeras o algún desconocido le daba palabras de ánimo.; lo más extraño era cuando cualquier estudio era normal él parecía ansioso, o cuando mostraba una extraña calma cuando ella empeoraba. Nadie dijo nada y dejaron que todo se desarrollara hasta el fallecimiento de Hana Tatsumi, toda esta suposición estaba escritas como notas en cada prueba de la señora Tatsumi.
¿Cómo habían conseguido aquellos papeles?
- Hijo, Souichi, todo esto es mentira. Yo nunca le hubiese hecho daño a tu madre, yo la amaba… -
- ¡CÁLLATE! No mereces hablar de ella, ahora comprendo el por qué nunca me dejaste visitarla… ¡DEMONIOS! Por eso había tantos frascos guardados en tu habitación, tantos libros de medicina… cada vez que madre volvía a casa la dejabas encerrada en tu habitación. ¡ERES UN MALNACIDO! - a este punto Souichi lloraba de impotencia, pues aún a su corta edad pudo notar que su padre actuaba extraño entorno a su madre.
- ¡SOY INOCENTE! LA SALUD DE TU MADRE ERA TAN DELICADA QUE LOS GÉRMENES DE USTEDES LA HARÍAN EMPEORAR ¡ESTOS PAPELES SON OBVIAS FALSIFICACIONES, DEBES CREERME! - Souichi levantó su rostro, que estaba empapado de lágrimas, y con la mirada más muerta le dijo.
- No te creo... - dicho esto reprodujo la grabación.
Hola señor Tatsumi, es una lástima que su hijo vea la clase de persona que es. Un ser ansioso por el poder sobre otras personas, de provocar lástima para recibir atención me parece un acto despreciable; y ser el responsable de la muerte de su esposa es una abominación. Por eso le doy la oportunidad de aceptar sus pecados; como verá, se encuentra encerrado en una jaula echa cien por ciento de acero, además de estar encadenado por el cuello. Cada quince segundos recibirá una descarga eléctrica, no fatal claro, que terminará por matarlo cuando el reloj marque cero; la clave del juego es: "la verdad nos hará libre". Si gana, la cadena en su cuello se abrirá y podrá salir de la jaula. Vivir o morir, usted decide.
Cuando la grabación terminó, Souiji gritó en agonía, puesto que había recibido una descarga.
- Carajo… hijo, sácame de aquí. - pidió auxilio el señor Tatsumi.
- Ya escuchaste, "la verdad nos hará libres". Tienes que decirme toda la verdad sobre mi madre. - dijo Souichi mientras miraba con enfado a su progenitor.
- Te dije… que todo es mentira… soy inocente… -
- SOLO DIME LA VERDAD, ASÍ DE FÁCIL - gritó.
Souiji volvió a gritar de dolor, el tiempo se agotaba.
- Souichi, si quieres darle una mano a tu padre deberás de agarrar los tubos de la jaula y recibir una descarga de diez segundos, no te matará, eso te lo aseguro; pero será muy doloroso. Solo tienes una oportunidad, si fallas, únicamente tu padre podrá liberarse. - se oyó por el altavoz.
- ¡VES! Ayúdame, Souichi. - suplicó su padre. - Ya te he dicho mi verdad, pero es obvio que la otra persona me está inculpando…
- No tendría por qué ayudarte, solo tienes que aceptar tu culpa… -
- ¡NO SEAS UN INGRATO AHORA, TE EDUQUÉ CUANDO TU MADRE FALLECIÓ, ¿¡Y ASÍ ME PAGAS?! Deja de ser tan infantil y ayúdame. - Souiji miraba con enojo a su hijo, su mente estaba en negación por todo el daño que había infringido a su mujer cuando estaba viva; él no podía tener la culpa de que ella fuese tan voluble y tan fácil de enfermar.
Souichi miró con enojo a su padre, pero obedeció ante aquel reclamo, podría ser una horrible persona, pero aun así era su padre. Agarró con ambas manos los tubos de la jaula. De la nada, un fuerte dolor se hizo presente en sus brazos, un ardor tan doloroso que provocó que gritara en agonía, Souiji tampoco se quedó atrás, ya que él también recibió aquel choque eléctrico; los gritos del padre taladraban los odios del hijo mayor. El instinto de supervivencia de Souichi hizo que soltara aquello que le estaba haciendo daño; se terminó doblando en dolor, sus manos estaban rojas e hinchadas, el dolor de cabeza era tan severo que creyó que le terminaría por explotar la cabeza, estaba hincado en el suelo temblando por aquella descarga.
- Ocho segundos, mala suerte… -
- ¡Mierda! ¡QUE SOY INOCENTE! NUNCA LE HARÍA DAÑO A NADIE, ESA MALDITA MUJER ERA ENFERMIZA - exclamó Souiji. - Y tú, Souichi, que sepas que mi muerte es culpa tuya. DOS MALDITOS SEGUNDOS PARA QUE FUESE LIBRE Y LA CAGASTE, VAYA MIERDA DE HIJO. Que sepas que dejarás huérfanos a tus hermanos… no pudo seguir con su diatriba debido a otra descarga eléctrica, mucho más potente que la vez anterior, dejando rígido a Souiji, quien solo miraba con los ojos abiertos al techo temblando de manera enfermiza, ampollas comenzaban a formarse en la piel del señor Tatsumi, la piel se desprendía ocasionalmente. Segundos después el cuerpo terminó quieto en el piso de la jaula, humeante.
Souichi miró en shock el cuerpo de su padre.
- No fue tu culpa, Souichi. - dijo aquella persona. - Él solo tenía que aceptar sus errores y sería libre, pero su afán de ser una víctima de las circunstancias lo condeno a la muerte. Además, no tienes que ser el héroe de todos... -
Souichi se levantó con pesadez, caminó a la esquina de la habitación y vomitó. El olor a carne y cabello quemado en la habitación era abrumador. Recargó la frente en aquella fría pared, rogando por no desmayarse, ¿cómo les diría a sus hermanos que su padre falleció por su culpa?, ¿debería decirles como eran en verdad su padre, o debería dejarlos creer que era un hombre fiel a la familia?
- Hora de seguir, aún te falta camino por recorrer. -
El de anteojos asintió, caminó lentamente al otro extremo del cuarto y empujo la puerta, al menos esta abrió con normalidad.
