Capítulo 5. Una visita sorpresa.

A la mañana siguiente, Harry sintió un fuerte portazo que parecía provenir de la habitación del fondo, así que decidió levantarse para comprobar que había provocado aquel ruido. Despeinado y aún con sueño asomó su cara por detrás de la puerta de su cuarto y se percató que Ron tenía la misma expresión que llevaba él. Ninguno de los dos entendía que había sucedido. Al parecer Hermione se había enfadado, entrando en su habitación bastante alterada.

-¿Pero qué bicho le picó?- preguntó Ron desde el pasillo.

Harry se limitó a encogerse de hombros y Ron murmuró por lo bajo algo que sonó como: "Mujeres" y salió de su habitación con una toalla en la mano. Harry decidió que sería una buena idea darse una ducha también, así que comenzó a recoger su ropa y preparar su baño. Esa mañana saldrían a la Madriguera y la espera por fin terminaría, vería a Ginny y hablarían acerca del tema que ella había mencionado en su carta, ahora tenía dos razones para sentirse nervioso. Harry eligió su mejor atuendo y salió al baño. En cuanto cruzo la puerta se encontró con la imagen de Hermione en el pasillo ya se había cambiado y peinado, pero llevaba los ojos rojos, era obvio que había roto en llanto al enterarse de una mala noticia, a él no le hizo ni pizca de gracia ver a su amiga tan melancólica. Sin pensarlo se acercó y la apretó fuertemente contra su pecho. Inmediatamente una sensación de júbilo invadió todo su cuerpo cuando Hermione le rodeo la cintura con los brazos y hundió la cara en su pecho, sintió que el mundo se venía abajo… sintió que por fin ella lo había necesitado a él.

Sin embargó el momento le duró muy poco porque en el instante en el que la puerta del baño comenzó a moverse, Hermione dio un respingo y se alejó precipitadamente de él recogiéndose las lágrimas con los dedos. "A ti tampoco te va a gustar cuando lo sepas" le dijo susurrándole al oído, antes de que Ron finalmente saliera por la puerta. Luego se dio la vuelta y se dirigió hasta el final del pasillo y les grito desde las escaleras.

-Más les vale darse prisa, de lo contrario alcanzarán a desayunar. Harry… – dijo sin dirigirle la mirada- sería ideal que empacaras tu capa para proteger nuestra seguridad, y que ambos sacaran sus lechuzas a cazar – y continuo su camino a la cocina.

Media hora más tarde los tres amigos salieron hacia el Caldero Chorreante, un viejo bar que servía como puerta de entrada al callejón Diagon. Caminaron por las abarrotadas calles de Londres y decidieron utilizar el metro para llegar más rápido.

-No nos conviene aparecernos, las leyes del Ministerio estas cada vez peores en todo lo que respecta a seguridad mágica. Nos demoraríamos más de media hora haciendo el respectivo papeleo – comentó Hermione mientras Ron luchaba por quinta vez con las maquinas del metro. Harry y Hermione conocían muy bien el mundo muggle, pero para Ron todo era una novedad y lucia como un niño pequeño cada vez que se enfrentaba ante un artefacto no mágico.

Cuando finalmente llegaron al callejón Diagon, el sol iluminaba intensamente en medio de un cielo azul carente de nubes. Inmediatamente doblaron a la derecha para dirigirse a la tienda de los gemelos Weasley. A pesar de la inseguridad que aquejaba al mundo mágico el Callejón Diagon lucia bastante normal. Las personas subían y bajaban, la mayoría intentando completar las listas escolares de sus hijos. Los tres sintieron una punzada dolorosa al recordar que ese año ninguno podría regresar al colegio para cumplir con su último año de preparación.

Siguieron su camino y entraron a una de las tiendas más abarrotadas de todo el lugar. La tienda de bromas que Harry había patrocinado con el premio del Torneo de los Tres Magos robaba la mayor parte de la atención de los jóvenes, muchos de los cuales decidían separarse de sus padres en medio de las compras con el fin de obtener las novedades que traían esta vez para los llamados sortilegios Weasley, que no eran más que trucos para poder escaparse de clase. Los tres saludaron efusivamente a los gemelos quienes estaban bastante ocupados con las decenas de clientes que abarrotaban la tienda.

-Hola chicos, ¿Qué los trae por aquí?- preguntó Fred mientras llevaba una gran caja con un montón de extraños objetos – me imagine que a estas alturas estarían persiguiéndole las enaguas a Lordi – se burló refiriéndose a Voldemort- pero deben recordar que nosotros tenemos algo que él no...-

-Nariz - interrumpió George en medio del alboroto. Los gemelos aprovecharon para mostrarle a Harry su nueva línea de productos de broma, bombas apestosas mejoradas, unas extrañas bolas de metal que dibujaban una pared impenetrable durante unos 20 segundos y permitía la huida ante cualquier enemigo, unos discos que proferían molestos chillidos para todos los que estaban frente a la persona que lo arrojaba (todos en la tienda había proferido gritos y groserías cuando Harry decidió probar uno de los discos) y otro montón de artefactos.

Harry noto que Hermione iba de un lado a otro de la tienda bastante pensativa y fue algo que tampoco escapó de los ojos de Fred.

-Toma – le dijo a Harry acercándole unas botellas que contenían un líquido color ámbar espeso - dale de tomar esto a Hermione en el té, media hora más tarde estará tan relajada que no parecerá Hermione.

-¿No es peligroso?- preguntó Harry observando la botella que Fred le había puesto en la mano

-No –contesto el pelirrojo –el efecto pasará para la noche. La idea la sacamos de esos muggles que curan a otros muggles que están mal de la cabeza… Sicuátras o algo así-

En cuanto Harry se percató de que quizás los gemelos habían utilizado algo de la medicina psiquiátrica decidió no administrarle a su amiga aquel líquido.

Finalmente los tres amigos salieron de la tienda para visitar la casa de Ron. Por fin… la Madriguera, había pensado Harry al escuchar a Hermione anunciar su salida.

-Creo que tendremos que aparecernos, así que será mejor ir a hacer la fila para presentar el papeleo- dijo entusiasmada Hermione. La visita a la tienda la había puesto de mejor humor.

-¿Por qué no podemos aparecernos y ya?- se quejó Ron al ver la larga fila que encontraba frente a una oficina que tenía un letrero que decía "Departamento de Seguridad para la Movilidad Mágica"

-Porque podríamos aparecer por partes Ron, las reglas están cada vez más estrictas y han decidido colocar hechizos para que los infractores la pasen muy mal la mayoría de los casos- respondió Hermione mientras se colocaba detrás de una bruja de cabello rubio bastante opaco.

Una hora después, luego de una ardua espera acompañada de las constantes quejas de Ron, los tres por fin pudieron salir de la oficina con el permiso concedido.

-A la una, a las dos… y a las tres – señaló su amiga para indicarles a Harry y Ron que la tomaran por el brazo ya que había decidido que ella sería quien se apareciera ya que a ambos no les iba muy bien con esa tarea.

Unos segundos después Harry abrió los ojos para comprobó que se hallaban en medio del jardín de la casa de Ron. Se unió a sus amigos y los tres entraron por la puerta que daba a la cocina.

Tan pronto como entraron Harry se sorprendió, en la mesa de la cocina estaban dos personas que se sobresaltaron mucho al verlos llegar. Ambos estaban muy lejos de parecer complacidos con la llegada de los tres, más bien lucían nerviosos y torpes. Una de la personas era Ginny, quien palideció rápidamente al ver a Harry parado en medio de la cocina, la otra persona era un hombre moreno, con las cejas pobladas y aspectos un poco toscos, quien dio un respingo al ver a los tres amigos entrar por la puerta.

-Herrrrmione ¿Cómo estás?- preguntó él con una expresión que intentaba denotar tranquilidad, pero el agudo tono con el que pronunció la oración reflejo su nerviosismo.

-¿Krum, que diablos haces aquí?- preguntaron al unísono Harry y Ron.

Hermione miró a Harry como diciéndole que esa era la razón por la que estaba llorando en la mañana. Sin embargo su expresión le hizo saber que lo malo apenas comenzaba.


Bueno chic s desde este capitulo empieza el picante. En el próximo capitulo les contaré lo que traman ese par. Espero que disfruten este cap. :)