El piso de madera chilló por el peso de Souichi, el eco del chirrido se expandió desagradablemente en el ambiente; la iluminación era de un tono amarillento, y esta sólo abarcaba unos cuantos metros, después de eso era una horrible oscuridad. Confundido, caminó hasta el borde poco iluminado del piso de madera y trató de mirar más allá de la oscuridad; saltó de un susto cuando sintió algo vibrando en uno de los bolsillos de su pantalón. Rápidamente hurgó en su bolsillo y sacó un celular bastante pasado de moda, uno de tapa para ser preciso. Lo abrió y antes de que pudiese hablar, alguien le interrumpió.
- Hola de nuevo, Souichi. A tu lado izquierdo podrás encontrar una palanca que iluminará toda la habitación, necesito que vayas y la bajes por mí, no vayas a colgar, te recuerdo que la vida del resto de tu familia está en mis manos. - saludó aquella maldita voz.
Caminó con precaución, puesto que había varios agujeros en la madera que podrían fácilmente mandarlo al piso de abajo en una estrepitosa caída. Llegó con facilidad a aquella palanca, agarró la goma aislante y bajó aquella pieza de metal. La habitación se volvió sumamente brillante en cuestión de segundos, notó que aquella habitación tenía una especie de balcón de madera que conectaban con unas escaleras del mismo material, que llevaba únicamente al suelo de aquella habitación; fácilmente, aquella habitación pudo haber sido una bodega de almacenamiento, puesto que había muchas cajas y más basura en general, se llevó de nuevo el celular al oído.
- ¿Qué debo hacer? - preguntó molesto.
- Solo camina a aquel mueble negro, específicamente a la equis blanca que dejé en el piso, podrás ver otras carpetas, no los abras aún. - colgó.
Sin perder el tiempo, caminó a aquella marca, quedando justo en medio y, efectivamente, en el tablero había unas cuantas carpetas, y también dos botones: uno amarillo y otro azul marino. Miró aquel celular, expectante, cuando notó que en el suelo de aquella habitación había dos cuerpos inconscientes.
Eran Tomoe y Kurokawa.
El miedo volvió a su cuerpo, quiso bajar hasta donde estaba su hermano menor, cuando recordó la advertencia de aquella voz de no interferir en las pruebas; se mordió los labios con angustia y comenzó a golpear el tablero de metal con fuerza; aquello no funcionó.
- TOMOE, KUROKAWA. ¡ARRIBA, DESPIERTEN! ¡OIGAN! - gritó Souichi.
Fue entonces que un sonido parecido al claxon de un camión sonó en los altavoces, aquello asustó a todos en la habitación. Ambos cuerpos despertaron del susto.
- ¿¡QUÉ DEMONIOS!? - gritó Kurokawa, obviamente estaba aterrado.
- ¿¡HOLA…!? ¿ALGUIEN? - aquel tono miedo en Tomoe provocó un gran malestar a Souichi, nadie merecía el ver sufrir a un familiar.
- ¡TOMOE, KUROKAWA! - gritó Souichi, mientras agitaba los brazos. La pareja alzó la mirada, ambos sonrieron por ver aquella cara familiar.
- ¡Ni-san! Qué alivio… - escuchó de Tomoe. - ¿Qué es todo esto? -
- ¡Souichi-kun, baje a ayudarnos, por favor! - rogó Kurokawa, visiblemente aterrado. Souichi rodó los ojos, vaya que le irritaba la actitud de Kurokawa.
- Eso no será necesario, señor Kurokawa. Escúchame bien, Souichi, tú te quedarás allí y no interferirás hasta que yo lo diga, primero escucha todo el relato, ¿fui claro? - de nuevo, aquella voz hizo acto de presencia.
Souichi desvió la mirada del matrimonio, se cruzó de brazos y comenzó a sobarse, tratando de tranquilizarse. Asintió; aquello dejó helado a Kurokawa y a Tomoe, que Souichi actuase tan sumisamente era una mala señal.
- Ahora… Tomoe y Kurokawa, la razón de que están aquí es sencillo: ambos son cómplices de la muerte de un inocente… - Souichi olvidó como respirar por unos segundos, aquello era simplemente absurdo. Cuando bajó la mirada a aquellos dos, notó que ambos tenían el ceño fruncido y miraban el suelo; nunca negaron o se exaltaron por tal acusamiento, ¿acaso un corazón roto, podía romperse más?
- Souichi, puedes abrir la carpeta. Analiza toda la evidencia, mientras yo relato la historia. - sin dudarlo, Souichi abrió la carpeta.
- Primero usted, joven Tomoe. A pesar de su joven edad, ha logrado desempeñarse en su carrera de manera extraordinaria, con reconocimientos de la empresa y un puesto admirable; es una pena que todo eso haya sido logrado ilícitamente: desde implantar evidencia falsa en los otros empleados, estropear proyectos de tus compañeros, extorsión, denuncias anónimas con el fin de manchar la reputación de otras personas y, la peor de todas, "eliminar" del camino a tus contrincantes… vaya asco. - Souichi no podía creer lo que escuchaba, todo parecía una horrible pesadilla. Pero aquella carpeta estaba llena de hojas con correos electrónicos con correos desagradables, movimientos bancarios bastante inusuales, ¡su hermano había estado robando a la empresa por bastante tiempo!, había escritos "anónimos" que relataban la hostilidad de su hermano.
¿Cómo es que aun con todas estas pruebas Tomoe aún no estaba tras las rejas?
- Lo que más me enferma, la empresa demandó al joven William Campbell por: hurto de material, daño a la propiedad, fraude interno y el asesinato de un ingeniero. Aun cuando la demanda falló a favor del joven Campbell, el acoso y repudio social hizo que el pobre sujeto terminara suicidándose. Y todo por un correo anónimo, de alguien que decía preocuparse por la empresa. - terminó de hablar aquella voz, el asco y enojo eran vivibles.
- Tomoe… - murmuró Souichi devastado.
- Cualquier obstáculo en mi vida debe ser eliminado; si tengo que torcer las cosas a mi favor, aun cuando haya afectados, lo haré sin pensarlo. ¿Por qué debería de preocuparme de los demás? Ya que todos a mi alrededor son peones a mi disposición… - habló Tomoe con la voz más monótona y fría que podía manejar mientras una sonrisa plasmaba su cara. Aquellos ojos claros carecían de cualquier brillo de inocencia que solía aparentar.
Souichi sintió un nudo en el estómago, ¿quién demonios era aquella perversa persona?
- En cambio tú, Kurokawa… cuando tu esposo comenzaba a actuar de manera extraña decidiste contratar a un investigador privado, quien logró conseguirte toda la información que Souichi tiene ahora en manos; y en vez de hablar con la empresa o a las autoridades, decidiste callar. Es más, cuando te llamaron a testificar en contra del joven William contaste una historia diferente a la que tú sabias… ya que fuiste testigo de cómo Tomoe asesinaba a aquel pobre ingeniero. No sé tú, pero cometiste dos delitos: "Falso testimonio y Encubrimiento" ¿Tienes algo que decir a tu favor? - dictó la voz
- Ehhhh… - Kurokawa se veía nervioso, desvió ligeramente la mirada hacia su esposo, quien sonrió y le guiño un ojo. - N-no… - Kurokawa miró al suelo, aquella actitud le recordaba a Morinaga cuando trataba de ocultar algún problema.
- Kurokawa. - llamó Souichi. - Acaso… ¿mi hermano te tiene amenazado? -
El cuerpo de Kurokawa se tensó, y comenzó a temblar. Souichi podía sentir una punzada en el corazón, el miedo que aquel adulto mostraba era realmente inquietante.
- Vaya… eso tiene sentido; por eso tu cuerpo está cubierto de moretones y cortes… - se podría decir que aquella voz notaba preocupación, Souichi se cubrió la boca con la mano, en un gesto de evidente preocupación. - Eres una víctima más de las circunstancias… -
- ¿De qué hablan? Kurokawa es demasiado cobarde como para alzarme la mano, una persona que se deja intimidar por su pareja es solo basura para la sociedad; además, tú mismo lo dijiste, él mintió deliberadamente ante la ley, eso lo hace igual de culpable que yo… - Tomoe se veía relajado, como si estuviese platicando con un amigo. - Y una pregunta… ¿cómo sabes que mi esposo tiene moretones? -
- Kurokawa, de haber sabido tu situación te habría dejado fuera de esto… en fin, continuamos con el juego. Debido al crimen que ambos han realizado, solo uno de ustedes podrá renacer en mi juego. Si alzan sus camisas, notarán al lado izquierdo de su abdomen una bonita bomba de insulina y un tubo plástico incrustado, una disculpa por las horribles suturas; con orgullo puedo decir que esta bomba ha sido modificada, para que dentro de 7 minutos ambas bombas les inyecten una dosis mortal de ácido clorhídrico que los consumirá de adentró hacía afuera. Como información, el tubo lo enredé con delicadeza en sus intestinos, así que si se arrancan el tubo… sus lindos intestinos saldrán también, además de que podrían perforarse y morir de una de una infección. Las reglas son simples: solo uno puede vivir; si no hay ganador, las bombas los mataran a ambos. Vivir, o morir, ustedes deciden…- Souichi palideció por aquel juego injusto, y más porque aquel ácido era una sustancia sumamente corrosiva. Uno de ellos estaba sentenciado a muerte. Se oyó un pitido, el tiempo comenzó a correr. Souichi vio unos números rojos en el tablero, en una cuenta regresiva.
- Así que… ¿solo uno puede vivir?, por mí está perfecto. - Tomoe se levantó del suelo y tomó una tabla de madera que estaba convenientemente junto a él. - Quédate quieto, amor. Esto dolerá solo un momento. - subió los brazos con intención de golpear a Kurokawa, el pobre agachó la cabeza, aceptando aquel horrible destino.
- ¡ESPERA! TOMOE, ¿EN SERIO ERAS CAPAZ DE MATAR A TU ESPOSO A SANGRE FRÍA? - a Souichi le temblaban las piernas, ¿cómo era posible que una persona pueda matar a su pareja y no sentir nada? Quedaban 6 minutos.
- Ni-san, ya escuchaste las reglas. Solo uno vivirá, y ese seré yo; ¿por qué te preocupas por el idiota de Kurokawa? tú querías desacerté de él de todas formas, esto lo facilitaría más para ti. Podría comenzar una nueva vida. - Tomoe miraba a su hermano mayor, sus ojos estaban muertos, aun cuando el joven Tatsumi le regalaba una sonrisa para tranquilizar a Souichi.
Cuando Tomoe bajó violentamente aquel pedazo de madera, Kurokawa lo esquivó; se levantó y se alejó unos metros de su esposo. Tomoe miró con incredulidad a Kurokawa, nunca había desobedecido una orden. Kurokawa seguía temblando, pero alzó la mirada al joven de cabellos naranjas y dijo.
- No más… - los ojos de Kurokawa estaban rojos e hinchados. - Tomoe, aún te amo, y me odio por eso. Creí que hablar contigo haría que recapacitaras sobre tus errores, vaya idiota que soy. Pero no más, ya no más abuso de tu parte… seré yo quien viva. - Kurokawa agarró un tubo corto de metal que encontró encima de una caja. Tomoe comenzó a reí.
- ¡Que gracioso eres, amor! ¿Crees que serás capaz de matarme? Eso lo veremos. -Quedaban 5 minutos.
Aún con la diferencia de tamaños, Tomoe demostraba una gran agilidad en el combate; Kurokawa recibía golpes a diestra y siniestra, pero también conectaba golpes al cuerpo de Tomoe. Souichi solo podía observar aquella barbarie; quedaban 4 minutos.
En un descuido de Tomoe, Kurokawa logró desarmarlo, con una patada logró derribarlo al piso. Kurokawa rápidamente so posicionó encima de él y llevó sus manos al cuello de Tomoe y comenzó a hacer presión. Tomoe trató de zafarse de aquel mortal agarré, pero el peso de Kurokawa se lo impedía; araño los brazos de su esposo, pero la falta de oxígeno le estaba pasando factura, boqueó tratando de respirar, su cara se teñía de rojo. Fue entonces que Kurokawa dejó de hacer presión y se levantó abruptamente. Tomoe respiró ruidosamente y comenzó a toser.
- No puedo, no puedo hacerlo… - sollozaba. Quedaban 3 minutos.
- Es una pena, creí que lo lograrías. Pero bueno, Souichi… - Souichi alzó la mirada a una cámara. - Podrás ver en el tablero frente tuyo dos botones, uno amarillo y otro azul. El botón amarillo representa a tu hermano Tomoe, el azul a tu cuñado Kurokawa; te doy la opción de salvar a uno de ellos, el botón que presiones hará que la bomba de insulina se dispare inmediatamente. ¿Serás el juez que dictamine una sentencia justa, o dejarás que ellos decidan? Quedan 2 minutos. -
Souichi se quedó estático ante esa noticia; ¿por qué debía de recaer tal responsabilidad en sus manos? No sabía qué hacer.
- Souichi… por favor, ayúdame. - rogaba Tomoe, a Souichi se le estrujó el corazón. Vaya que Tomoe era buen actor. - Somos familia… la familia debe mantenerse unida. -
- ¡Y una mierda! ¡Souichi-kun, no olvide que Tomoe es un desquiciado! Realmente siento que estés en esta posición, tiene que ser jodido, pero mejor deja que nosotros resolvamos esto. - expresó Kurokawa.
- No lo escuches, ¿en serio no salvarías a tu hermano menor? SI, cometí muchos errores en mi vida, pero puedo cambiar. Puedo regresar a Japón y redimirme, por favor, hermano, ayúdame a mí. - vaya que Tomoe era un cabrón.
- Queda un minuto, Souichi… -
- ¡NO DUDES, SOUICHI! ¿¡ACASO YA OLVIDASTE QUE ESTE MARICA ME PERVERTIÓ A SU GUSTO!? Se llevó a tu pequeño hermano lejos de tu cuidado; me debes esta, Souichi. ¿Qué diría mamá si viera a su hijo mayor dejar morir a uno de sus hijos? - Aquella mirada llena de odio de parte de Tomoe paralizó a Souichi.
- ¡No, Souichi-kun! Déjanos morir a ambos, lo merecemos. -
- ¡CÁLLATE DE UNA MALDITA VEZ! - nadie supo en que momento Tomoe se había levantado, Souichi pudo ver cómo Tomoe golpeaba con un tubo metálico en rostro de Kurokawa, mandándolo al suelo, un hilo de sangre brotó de la sien de Kurokawa, quien ahora parecía mareado. - Ya que mi hermano no puede hacer algo tan estúpido como presionar un botón, entonces, YO… - Tomoe se calló abruptamente, con los ojos más grandes de sorpresa.
La camisa de Tomoe se tiño rápidamente de rojo, los órganos semi sólidos cayeron al suelo, un morboso chapoteo hizo eco en la habitación, el joven Tatsumi trató de hablar, más ningún sonido salió de su boca, en cambio la sangre brotó; el cuerpo de Tomoe cayó de espaldas, emitiendo un sonido sordo. Ahora el llanto se escuchó en aquel lugar, Souichi estaba hincado en aquel tablero, sollozando sin pudor. Con una mano trataba de ahogar sus sollozos, mientras la otra mano mantenía presionado aquel botón amarillo. Él había matado a quien una vez llamó hermano; el reloj se había detenido con diez segundos de sobra.
- Tomaste la mejor decisión, Souichi. Te daré unos minutos para que te recuperes; y tú, Kurokawa. Hay una salida de emergencia detrás de unas cajas en la esquina de esta habitación, ya está desbloqueada, eres libre de irte… si estuviese en tu lugar iría inmediatamente a un hospital. Ojalá y aprecies mejor la vida ahora. - la voz se hizo presente.
Kurokawa se levantó adolorido, aquel golpe lo había dejado inestable; dio un vistazo al cuerpo de su ahora ex esposo: la ropa estaba carcomida, las costillas tenían una coloración negra, y los órganos se le asemejaban a la carne molida; el olor era repulsivo, vomitó dentro de una caja. El sonido de unos pasos lo trajeron a la realidad, miró por encima del hombro a Souichi, quien ahora estaba hincado junto al cadáver de su hermano menor; el aspecto de aquel hombre parecía un chiste, los ojos rojos e hinchados, su cabello rubio ahora estaba desprolijo, como si se hubiese revuelto en más de una ocasión.
Souichi estaba devastado, pero que Tomoe fuese capaz de arruinar vidas de desconocidos con él fin de beneficiarse era algo horrible. Pero ahora él estaba muerto, se pequeño hermano yacía allí tendido, inmóvil. Aquel ácido había licuado prácticamente el interior de Tomoe.
- Souichi-kun… - llamó Kurokawa mientras se acercaba. No hubo respuesta, Souichi parecía en un trance. Kurokawa tocó el hombro de aquel hombre que solía aterrarlo. - Souichi…. - apretó el hombro del rubio. Con una lentitud nada propia de Souichi, volteó a mirar a Kurokawa.
- Te agradezco, por haberme ayudado. Debí… ponerle un alto a Tomoe cuando tuve la oportunidad. Yo soy el responsable de que Tomoe haya fallecido, y en verdad lo lamento. - expresó tristemente Kurokawa, rezando por no recibir una golpiza. La siguiente acción nunca la hubiese imaginado.
El científico seguía hincado, más ahora ambas manos estaba firmemente plantadas en el suelo, además de la cabeza; aquella reverencia era la máxima muestra de arrepentimiento de un japonés. Kurokawa estaba en shock.
- En nombre de la familia Tatsumi, te pido la más sincera disculpa por todos los daños que mi hermano te haya hecho pasar. Estoy sumamente avergonzado de la actitud de mi difunto hermano, no quiero saber la pesadilla que tuviste que vivir a su lado, de haber sabido como era en verdad… te habría ayudado en todo lo posible… en verdad lo siento… - rogó Souichi con la voz rota, su dignidad estaba por los suelos en este momento.
- ¿E-eh? No, no, no, no, ¡Souichi, levántate, por favor! No es en nada culpa tuya o de tu familia, Tomeo sabía claramente que lo que hacía era lo incorrecto, no debes de disculparte por él, al demonio… - Kurokawa se arrodilló y tomó de ambos hombros a su ex cuñado, alzándolo para terminar con aquella tonta reverencia. - Fuiste capaz de ayudarme, aun cuando yo no soy tu persona favorita en el mundo, y eso nunca podré compensártelo. Estoy en deuda contigo. - un tembloroso Kurokawa abrazó a Souichi, ya nada podía ser peor que recibir un golpe por aquel arrebato de confianza. Souichi sonrió por lo absurdo, y le devolvió el abrazo a su ex cuñado. Sabía que debió ser mejor con él en el pasado, pero el ahora era más importante. No supieron cuánto duró aquel abrazo, pero vaya que ambos lo necesitaban, la voz volvió a sonar por los altavoces.
- No quiero arruinarles este momento, pero Souichi aún tiene cosas por hacer, y no, Kurokawa, tú debes irte. Si decides acompañar a Souichi… corres el riesgo de que se me antoje activar la bomba de insulina que aun posees; despídanse de una vez… y Souichi, tú deberás de abrir aquella puerta roja y seguir las flechas hasta que encuentras una puerta con una equis roja. - dijo de nuevo la voz.
- ¿A qué se refiere ese sujeto, Souichi? Deberíamos irnos de aquí… - preguntó Kurokawa ayudando a Souichi a ponerse de pie.
- Tu puedes irte, Mitsugu. Pero… el resto de la familia sigue por aquí. Consigue ayuda, por favor. - pidió Souichi a Kurokawa, su ahora amigo asintió y corrió a donde aquella voz le había indicado la salida. - Volveré, lo juro. - gritó antes de salir por la salida de emergencia.
Souichi respiró hondo y exhalo lentamente, aquella pesadilla aún no terminaba. Al menos sabía que la ayuda podía llegar en cualquier momento, dependiendo de qué tan alejados estaba de la civilización; se puso en marcha a su nuevo objetivo.
Caminaba sigilosamente, esquivando muchas piezas de metal y trozos de piedra que alguna vez formaron el techo de aquel lugar, esquivando a las ratas que corrían aterradas de su presencia. No supo cuánto tiempo estuvo caminando hasta que deslumbró una enorme equis roja. Corrió rápidamente y abrió aquella puerta, entró a un cuarto más reducido, lleno de palancas, monitores, perillas y medidores de algo. Miró a través de las ventanas sucias y pudo ver máquinas al fondo. Posiblemente estaba en una sala de control de alguna clase. ¿Ahora que debía hacer? El celular volvió a sonar, rápidamente Souichi contestó.
- Dime que debo hacer ahora…. - exigió Souichi.
- Paciencia, Souichi. Primero, sal por la puerta de la derecha, saldrás a un balcón metálico. Después te daré más instrucciones. - colgó de nuevo.
Salió por aquel balcón todo oxidado y exploro aquel escenario, el piso estaba repleto de basura y de vidrio roto. También estaba mojado por lo que parecía agua, pero su olfato estaba casi seguro que era gasolina; entonces notó otro cuerpo, que estaba sentado en una silla, rígida pero despierta.
Era su tía Matsuda.
- ¡TÍA! ¡TÍA MATSUDA!, ¡SOY YO, SOUICHI! - la mujer saltó de su asiento, levantando la cabeza, queriendo buscar el sonido de aquella voz.
- ¿Souichi?, ¿en serio eres tú? - la mujer mayor estaba nerviosa, pues no sabía en donde estaba.
- ¡Si, tía! Estoy aquí arriba. -
- No puedo ver, hijo. Creo… que me hicieron algo en los párpados, duele mucho… - lloró Matsuda mientras se tocaba los ojos.
- Ni se moleste en tocárselos, señora Matsuda, sus parpados fueron cosidos para el siguiente juego. - explicó aquella voz con tranquilidad.
- ESTÁS ENFERMO, ¡¿COSERLE LOS PARPADOS A UNA MUJER MAYOR?! - gritó colérico Souichi.
- Era necesario, ahora la razón de por qué la señora Matsuda está aquí: Señora Matsuda, usted puede aparentar ser una mujer buena con los demás, una persona que no dañaría a nadie; pero lo que nadie sabe es que usted, es una adicta… - explicó la voz. - Podrá no ser la gran cosa, pero abusar de la hidrocodona la está matando lentamente, y yo detesto a aquellas personas que no aprecian su vida. Por eso, deberá seguir las instrucciones de su sobrino en todo momento, él será quien la ayude en el siguiente juego. Souichi, deberás regresar a la cabina, cierra la puerta. Una vez cerrada el juego comenzará. Lo único que deberás hacer es guiar a tu ciega tía hasta el botón verde que está a unos metros de tu tía; estoy seguro que el dolor que sentirá en el camino será lo suficiente para que tu tía comprenda que su vida es valiosa como para perderse en las drogas. Solo una cosa, deberán hacer todo esto en absuelto silencio. Ya que, si tu tía llega a hacer mucho ruido, un tanque lleno de agua se abrirá y caerá en una pila de sodio. Estoy seguro que recordarás que pasa si el sodio entra en contacto con el agua, ¿no? Además de que hay gasolina regada para avivar más las cosas. - Souichi quedó mudo ante aquello. Le sorprendía que su tía fuese una adicta, pero eso podía resolverse; pero juntar sodio y agua era una muy mala idea, ya que ese metal es sumamente reactivo al agua, y si era mucho… podía haber una gran explosión. Pero estaba confiado en que podía ganar ese juego.
En cambio, Matsuda comenzaba a sentirse los síntomas de la abstinencia, ¿Cuándo fue la última vez que había tomado una dosis? Su cuerpo comenzaba a sentirse tembloroso y su respiración se aceleró; el pánico estaba apoderándose de ella.
