Mi vida es controlada por un demonio.
Estaba terminando de ponerme el pijama cuando apareció, y no se veía muy feliz. Cuando conectamos las miradas, aquellos ojos carentes de vida, que ahora expresaban rabia, solo me prometían mucho dolor; lentamente, traté de interponer el mayor espacio entre los dos.
Poco me sirvió, puesto que cada paso de yo daba hacía atrás, el avanzaba uno; fue entonces que choqué con la pared. Era tan solo un metro de distancia lo que nos separaba.
Decidí huir, como siempre, pero el maldito únicamente tuvo que poner su pierna a medio camino para hacerme tropezar, caí al suelo y mi cabeza tuvo un amistoso encuentro con el borde de madera que tenía la cama. Su risa se hizo presente por tal patético intento de huida. Sentía mi cabeza punzar de dolor, además, la sangre comenzaba a nacer de mi herida, para así terminar en el suelo. Pude oír un chasqueo, segundos después era azotado con bastante fuerza en cada parte de mi cuerpo, el ardor era insoportable y la calidez de la sangre hacía arder mis heridas. Una de las desventajas de la casa era que estaba alejado de los vecinos, por lo tanto, mis gritos eran en vano. Cuando se aburrió de azotarme, se acercó y comenzó a patearme en el estómago, dejándome sin aire en el proceso.
Me doble aún mas de dolor, y el demonio aprovecho aquel momento para agacharse hasta mi oído.
No tuvo la necesidad de insultarme con palabras altisonantes, solo tuvo que recordarme lo patético que soy y lo pequeño que era comparado con él, además de ser un bueno para nada que no podía lidiar con él y más cosas hirientes, pero ciertas. Pude sentir sus uñas afiladas clavarse en mi garganta, cortando de por sí el poco oxígeno que había en mis pulmones. Su cara mostraba una gran sonrisa, y comenzó a apretar más y más, mi visión comenzaba a volverse borrosa. Pude sentir unos labios pasear por mis mejillas, y unas manos frías quitar las lágrimas de mi rostro. Él había dejado de hacerme daño físico, para comenzar ahora con el psicológico; pero estaba cansado, sus ahora "dulces" palabras eran un eco que oía a lo lejos.
Antes que caer en la inconsciencia, las mismas preguntas hicieron eco en mi conciencia.
¿Por qué lo hice?
¿Por qué insistí en firmar ese contrato con este demonio?
¿Por qué acepté en casarme con Tomoe Tatsumi?
Y la que más me duele.
¿Por qué aún lo amo?
