ADVERTENCIA.
Esta historia trata del fanatismo religioso, podría ser (o no) ofensiva para ciertas personas, tiene homofobia.
Como escritora no religiosa, mi intención no fue de ofender, traté de apegarlo a la religión católica, pero, este es vista por una persona intolerante.
P.D. Esto se basa en el primer tomo del manga, básicamente después del primer encuentro sexual de Souichi y Tetsuhiro.
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No te acostarás con varón como con mujer: es una abominación.
Levítico 8:22
Aquel versículo se repetía con frecuencia en la mente de Souichi Tatsumi, un apasionado científico; era bien conocido por su tosco temperamento y volátil carácter, un "verdadero demonio" según el alumnado. Pero Souichi era un hombre devoto de Dios, más no lo demostraba públicamente por respeto a sus compañeros y profesores con diferente religión o no creyentes.
- Es triste que no vean el verdadero camino… - pensaba con pesar, pero debía respetar al prójimo.
Se encontraba en su laboratorio, trabajando en solitario. No tenía más asistentes debido a lo inútiles que eran, además de romperse bajo presión; estaba buscando el medidor de pH cuando alguien abrió la puerta, preguntó por el paradero de su antiguo asistente. Él se limitó a decirle que hacía días no sabía de él, el sujeto salió del laboratorio y Souichi volvió con sus experimentos.
Salía tranquilamente, feliz porque su reciente investigación progresaba con éxito, tenía una parada antes de su departamento, caminaba con tranquilidad hacía la misma estación de metro que lo llevaría a su destino cuando notó a dos chicas caminando en dirección contraria; ambas vestían con ropa "reveladora", según Souichi, además de ir tomadas de la mano, el científico solo sintió repulsión cuando ambas compartieron un beso.
Por eso, Dios los ha abandonado a pasiones vergonzosas. Incluso sus mujeres han cambiado las relaciones naturales por las que van contra naturaleza; y, de la misma manera, los hombres han dejado sus relaciones naturales con la mujer y arden en malos deseos los unos por los otros. Hombres con hombres cometen actos vergonzosos y sufren en su propio cuerpo el castigo de su perversión.
Romanos 1:26-27
Las chicas sintieron que eran observadas, vieron con miedo como aquel hombre de anteojos redondos les miraba con asco, se encogieron de miedo por aquella muestra de agresividad.
- Malditas desviadas, son unas sucias… que Dios les tenga piedad por tal aberración que están cometiendo. - dijo con todo el veneno que se cargaba, y siguió con su camino.
Si bien podía aceptar que la gente tuviese otras ideologías religiosas, no podía aceptar la homosexualidad. Aquello iba en contra de la naturaleza y del orden mismo, sentir atracción por tu mismo sexo era enfermo, ¿qué no sabían que eso los llevaría a su perdición? Las mujeres debían casarse, naturalmente, con un hombre; tener una familia como Dios manda y cuidar de ella y de su esposo.
Porque claro, el inferno era más que real, el sufrimiento eterno no valía la pena por algo que podía curarse.
Llegó puntualmente a su destino, la Catedral de San Pedro y San Pablo de Nagoya, la misa no llevaba mucho, tomo asiento, sacó de su bolsillo un rosario que inmediatamente se lo enredó en la mano y escuchó al obispo continuar con la ceremonia.
Fue entonces que comenzó a recordar.
Una semana atrás…
Morinaga Tetsuhiro, un joven de gran inteligencia. Era amado por todos en la universidad, además de ser el mejor asistente de laboratorio que había tenido; le tenía una confianza ciega después del incidente con el profesor Miyoshi.
Nunca esperó a que ese chico, su mejor asistente, su único "amigo", fuese un asqueroso desviado.
Cuando Morinaga se le confesó, sintió mucho asco y rabia, más calló por ese momento y le rezaba a Dios por el alma de su asistente, de que lo guiara nuevamente al camino natural; aquella alma dulce aún podía salvarse.
Entonces llegó aquella maldita noche, donde Morinaga "manchó" su pureza como hombre completo y devoto. No supo porque no lo mató a golpes el día siguiente, posiblemente Dios lo detuvo. Una vez que regresó a su departamento, y viendo que ni su hermana y tía estaban, sacó un pequeño látigo de 3 cuerdas que tenía hacía tiempo. Se quitó la camisa y comenzó a auto-flagelarse, pidiendo perdón a Dios por aquel acto impuro.
No supo cuántas veces se azotó la espalda, sólo paró cuando notó bastante sangre esparcida en su habitación, y viéndose al espejo notó su espalda en carne viva. Satisfecho, limpió su pequeño desastre, se desinfectó como pudo y volvió a vestirse; se dirigió a la iglesia a confesarse ante el sacerdote sobre lo sucedido.
El sacerdote escuchó los pecados de aquel rubio, y sintió tristeza por aquel chico del que hablaba, era una pena que cada vez más hombres se alejaban de la luz de Dios.
- Por lo que me dices, aquel chico es un caso perdido, debe estar corrompido por el mal tan gravemente que busca contagiar a más hombres. Hiciste bien en confesarlo, aquel acto inmundo de fornicar con el mismo sexo va en contra de nuestras creencias, y solo los guiará al sufrimiento eterno. Tu devoción es tan grande que Dios podrá perdonar lo que hiciste, hijo mío; pero ese chico, solo te traerá dolor y te desviará del camino verdadero. - explicó el sacerdote, le dio su penitencia y la Santa Absolución.
Aquello dejó tocado a Souichi, era una lástima que Morinaga no tuviese salvación. Sabiendo esto, él no podía permitir que su asistente pervirtiera a más hombres con su desviación.
La misa acabó puntualmente, las personas comenzaron a retirarse, un puñado se dirigió al confesionario; se aseguró de ser el último, hincándose en aquel tablón de madera se persignó y habló.
- Bendíceme, Padre, porque he pecado. Padre, hace una semana que no me he confesado, cumplí con la penitencia de mi última confesión… Padre, tengo un pecado que no me atrevo a confesar. -
- ¿Tiene algo que ver con aquel chico, hijo mío? -
- Si, Padre. - dijo Souichi con pesar.
- Para perdonar tus pecados, deberás de abrirte ante Dios, hijo. Nada saldrá de mí, yo sólo quiero la salvación de gente. -
- Padre, he roto el quinto mandamiento… le he quitado la vida a mi asistente. - dijo Souichi con arrepentimiento, hubo silencio.
- ¿Y porque lo hiciste? - preguntó el sacerdote.
- Como habíamos hablado, mi asistente no tenía salvación. Y es mi deber como creyente evitar que el mal se propague, evitar que más hombres tuviesen conductas antinaturales. Traté… de guiarlo al camino de Dios, pero él lo rechazó, alegando que no era pecado ser un amante del mismo sexo. Fue así que cité a mi asistente hace dos noches, lo drogué y me deshice del cuerpo por medio del fuego. - las lágrimas salieron como un río de los ojos ámbar de Souichi, le había dolido haber hecho aquello, pero fue necesario regresar aquella alma corrompida al infierno.
- El acto de matar a una persona es un gran pecado, hijo mío. Aun así, hiciste lo posible de volver a encaminar a tu asistente por el camino natural, él lo rechazó debido a su mente retorcida e impura. Es por eso que Dios perdonará este pecado, puesto que te deshiciste de un gran mal en la Tierra; tu arrepentimiento es puro y sincero, recuerda que no mataste a un inocente. Vive tu vida sin culpa. - dictó el sacerdote, tranquilizando bastante a Souichi. Una vez recibida su penitencia y absolución, Souichi regresó tranquilamente a su departamento.
Se sentía liberado, feliz de que Dios hubiese perdonado sus acciones y fuese bienvenido al Reino de los Cielos.
Aun recordaba los gritos de dolor y desesperación de Morinaga cuando encendió aquellos hornos de cremación, era una ventaja que la universidad tuviera un par en funcionamiento y que la seguridad fuese prácticamente nula. Pero él había hecho lo correcto.
Las llamas del crematorio podrían haber consumido su carne, pero rezaba por dentro que las llamas del infierno consumieran el alma impura de Morinaga Tetsuhiro.
