NOTA DE AUTOR: En pocas palabras, me asaltaron y perdí el USB donde estaba la historia (siempre tengan múltiples copias del documento) se tuvo que reescribir el último capítulo. Cada vez que abria el archivo me daba rabia por haber sido asaltada y dejaba de escribir.
Después la pandemia, crisis mentales, intentos de darme de baja de la vida... Ya estoy mejor :) progresando.
Una ventaja fue que pude volver a escribir todo, y este será la primera parte del tercer capítulo. Son casi 4.5k de palabras cuando originalmente el último capítulo era de apenas 4 mil.
Sin más, pido perdón nuevamente, difruten.
OXOXO
- Ahora, señora Matsuda; escuche con atención… hay una radio en su bolsillo, conectado a un auricular diadema; colóquese la diadema. - dictó la voz. Matsuda tanteó a su costado hasta encontrar dicha cosa, básicamente unos audífonos que usaría una persona que trabaja en un callcenter. - Y tú, Souichi, dentro de la cabina está la otra radio, encuéntrala y ayuda a tu tía a superar esto. Vivir o morir, tú decides… -
- ¡Tía! Por favor, ningún ruido; te ayudaré a ganar, lo prometo. - Matsuda asintió.
Decidido, regresó a la cabina y cerró la puerta.
Una alarma sonó y otro reloj dentro de la cabina se iluminó, los números marcaron tres minutos con treinta segundos en cuenta regresiva, era todo o nada. Souichi encontró el radio, que le recordó aquellos que los guardias de seguridad de centro comercial usaban, apretó el botón que tenía a su costado y habló.
- Matsuda, agite un brazo en el aire. - solicitó, estaba apoyado lo más que podía en el vidrio de la cabina. Matsuda hizo lo que le pidió. - Perfecto, ahora… El botón está a un par de metros de donde estás, el camino está lleno de mil y un mierdas y quien sabe que más, además la mitad del camino estará resbaloso por la gasolina. Va a doler… pero no dejaré que mueras, te pido que aguantes; será horrible, pero vivirás… - trató de sonar lo más tranquilo posible para su tía, pero por dentro estaba sumamente angustiado.
Matsuda tembló por lo que vendría, pues nadie es fanático del dolor… y más si no podías evitarlo; pero sería fuerte, por Souichi.
- Dé un paso a la izquierda, luego tres más hacia adelante… es el camino más limpio que puedo ver. - temblorosa, Matsuda obedeció.
Aun pisando lo más cuidadosamente posible, sintió un agudo dolor en la planta de los pies; las virutas de cristal en el piso se habían incrustado con facilidad en la piel sensible de la mujer, la sangre brotaba lentamente. Tragándose el dolor dio otro paso, con el mismo resultado; al tercer paso sintió como los cristales machacaban sus pies.
Souichi podía ver el dolor de aquella mujer, volteó al reloj. Dos minutos con treinta segundos, tenía que darse prisa.
- Lo está haciendo excelente, tía. Tiene que dar otro paso a la izquierda y avanzar dos pasos más. - Matsuda asintió para sí misma. Cuando dio el siguiente paso, sintió una punzada tan dolorosa que juró recorrió la planta del pie hasta la cadera. Dejó salir un grito que rápidamente ahogó, llevó su antebrazo hasta la boca y mordió con fuerza, el sabor de la sangre le revolvió el estómago; Matsuda había pisado un gran clavo, ahora cómodamente incrustado en su talón.
Souichi escuchaba el sonido de engranes moviéndose.
- ¡Tía, tranquila! Joder, estoy seguro de que duele como el infierno, pero lo estás haciendo perfectamente, yo sé que tú puedes; un paso más. - trató de dar ánimos.
Sollozando silenciosamente, Matsuda dio otro paso. Algunas lágrimas podían salir entre las suturas, un poco agradable ardor le lastimaba los ojos.
Por fortuna no había más clavos; pero ahora estaba coja, pues aquel clavo le lastimaba mucho.
- ¡Eso! Vas excelente, ahora… dos pasos a la derecha y uno hacia adelante; tenga cuidado, hay un charco de algo más adelante. - coordinó Souichi. Matsuda realizó lo que le dijo su sobrino; sintió escozor en sus machacados pies, cerró la mandíbula en una dolorosa mordida.
Souichi volvió a mirar el reloj, quedaba poco más de un minuto; dejó salir un suspiro de alivio, ya que solo faltaban un par de pasos más.
- Increíble, un par de pasos más y… - dijo Souichi con alivio.
Alivio que no duró mucho, ya que Matsuda comenzó a temblar; Souichi repitió la instrucción, pero su tía no obedeció.
«Necesito otra dosis, una más. ¿Dónde demonios estoy? Duele, duele demasiado. Mis ojos, mis pies…» pensaba Matsuda. Los estragos de la abstinencia estaban presentándose en el peor momento posible.
Desorientada, caminó de manera torpe hacía la derecha de su posición, sorprendentemente no emitió sonido de dolor, más Souichi pudo ver como su tía pisaba desde piedras y cristal en el suelo. Volvió a hablarle a Matsuda, más ella parecía en un trance, y se alejaba cada vez más del botón que le salvaría la vida, y se acercaba a donde pudo suponer eran los bloques de sodio.
- ¡Tía, no queda tiempo! - Souichi solo podía tirar de su cabello, mientras lágrimas de impotencia salían nuevamente. - Por favor…-
Fue entonces que Matsuda abrió la boca y comenzó a golpearse la cabeza con las manos, Souichi solo pudo asumir que Matsuda estaba gritando. Los engranes en movimiento irrumpió el silencio de donde estaba. Souichi pudo ver con horror, como un gran tanque metálico dejaba fluir una gran cantidad de agua a aquellos bloques plateados; sin pensarlo dos veces se tiró al suelo, debajo de un escritorio, protegiéndose la cabeza.
Un gran estallido hizo temblar las inmediaciones. En cuanto el agua logró tocar los bloques plateados, este elemento reaccionó con agresividad y, sumando los vapores volátiles de la gasolina resultó en una violenta explosión que logró sacudir los cimientos del lugar; los bloques explotaron, pedazos de cristal volaron por toda la habitación. El científico se sintió desorientado por la violenta explosión, sus oídos zumbaban dolorosamente, sintió algo tibio saliendo de unos de sus oídos; se levantó con pesadez, sus lentes sufrieron algo de daño, limitando su vista.
«¿Eh?, eso… ¿qué demonios?» pensó. Lo que parecía una extremidad yacía a escasos metro de él en un charco de sangre, la piel era prácticamente inexistente, parecía un apilado de carne chamuscada en forma de brazo. Apartó la mirada, tosió por el espeso humo, agitó los brazos tratando de dispersarlo; por fortuna en el techo había un gran hoyo que ayudaba a ventilar el lugar, se asomó en donde estaría Matsuda.
Solo pudo ver un gran hueco negruzco en donde ocurrió la explosión, el suelo estaba cubierto de grandes pedazos del techo, pedazos de maquinaria y mucho fuego. Con horror identificó el torso de su tía, solo el torso, rojo con negro, con unos cuantos trozos de tela que se fundían en la carne. No pudo mantener más la mirada ante aquel macabro escenario y salió corriendo del lugar, además, las llamas estaban comenzando a expandirse en el lugar.
Souichi terminó por atravesar lo que restaba de la puerta, se apoyó a un costado de la entrada.
Apoyó su espalda, se dejó caer al suelo y lloró por tercera vez en aquel lugar, había vuelto a fallar, terminó derrumbando en el suelo. No supo cuánto tiempo pasó hasta que el sonido del celular irrumpió el silencio, sacó el celular y contestó.
- Es tiempo de continuar, Souichi-kun. -
- Vete a la mierda… -
- Ya, ya… puedes seguir lamentando tu incompetencia; pero no creo que tu hermana resista más… - extrañamente el timbre de voz del desconocido denotaba impaciencia.
- ¿Qué demonios significa eso? - inmediatamente irguió, sintiéndose entumido en el proceso.
- Por algo siempre te apresuro, ¿no?... digamos que lleva unas cuantas horas en un lugar no muy cómodo; así que date prisa. - del lado izquierdo una serie de luces iluminaron un profundo pasillo. - Solo sigue la luz, Sou-kun. - y colgó.
Guardando el celular, corrió lo más rápido posible por aquel pasillo repleto de basura, a lo mucho corrió un par de minutos, esquivando piedras y más ratas hasta topar con otra puerta oxidada marcada con una equis azul.
Allí dentro notó una especie de cubo a un lado de la habitación. Este cubo tenía una puerta en frente, además de un foco de color rojo brillante; y a un costado del cubo había una pantalla bastante nueva de televisión. Souichi analizó un poco más aquel extraño cubo, que chirriaba levemente. Buscó en el cuarto alguna cámara, que encontró en poco tiempo e hizo señas a esta.
Sin respuesta.
Bastante confundido, buscó cualquier cosa en la diminuta habitación que le explicara que debía hacer. No había más que basura y piedras acumuladas a un extremo de la habitación, además de una caja de herramientas con unas cuantas herramientas oxidadas. Regresó y notó que este no llegaba al techo. Se estiró lo más que pudo y palpó por encima, finalmente sintió dos objetos; cuando logró agarrar ambas cosas notó que eran un control remoto y una grabadora de voz con una nota.
"Hola, Souichi. Antes que nada, enciende la televisión; cuando te tranquilices, reprodúceme"
Extrañado por lo último, presionó el botón de "encendido" del control remoto.
La televisión mostró un cuarto blanco con varios estantes de color gris, posiblemente metálicos, una especie de vapor blanco era apenas visible; entonces algo se movió de lado izquierdo de la pantalla, algo pequeño se removía en la esquina de aquel cuarto. Rápidamente le dio un puñetazo a la puerta; en la pantalla notó que la "cosa" levantó la cabeza, pudo ver una cara pálida muy familiar.
- ¡Kanako! - gritó Souichi, tratando forzar la puerta, sin éxito.
OXOXO
Dentro del cubo o, mejor dicho, cámara frigorífica, Kanako se sentía con menos fuerza; todo su cuerpo extrañamente ardía, sobre todo su brazo derecho y mejilla, tenía tanto frío y sueño; cada vez que inhalaba podía sentir como si miles de agujas le lastimarán las fosas nasales hasta llegar a los pulmones.
Lloró por bastante tiempo, sabía en el fondo que moriría allí, y poco le faltaba. Se recostó en el piso, en su helada tumba, su futuro lugar de descanso eterno, cerró los ojos y cayó en la inconciencia, con un último pensamiento.
«Debí detenerlo… tenía el arma en la mano, soy tan tonta, ¿por qué nos hace esto?»
OXOXO
Cuando Kanako se recostó, Souichi recordó lo escrito en aquella nota y rápidamente reprodujo la cinta, pegándosela lo mejor posible al oído bueno que le quedaba.
"Hola, Souichi-kun. Si tuviste que reproducir esto, es porque Kanako no pudo con su tarea y no logró salir por ella misma. Educaste a una buena niña, ella iba a quedar fuera del juego, pero lastimosamente ha visto mi cara; no tuve opción. Si llega a desmayarse, si no es que ya lo está, entonces temo decirte que no le queda mucho tiempo de vida: ahora, ¿quieres salvarla y descubrir quién soy? Tendrás que sacrificarte un poco, su salvación dependerá de tu velocidad; busca alrededor de la habitación una caja de herramientas y, frente a la cámara, te arrancarás dos dientes, no pido más. Y date prisa, o tu linda hermana morirá, tú decides…"
Sin siquiera pensarlo, corrió a donde las herramientas y tomó un alicate; caminó hasta la cámara y abrió la boca, el sabor del óxido le provocaba arcadas. Con las manos temblorosas sujeto con la punta lo mejor que pudo una de sus muelas del juicio, y con fuerza torció. Los gritos eran escalofriantes, de agonía pura… no se detuvo, movía con brusquedad la muela para aflojarla, podía escuchar claramente como partes de la muela se rompían en pequeños fragmentos, dando la sensación de pequeñas piedras en la boca, la saliva salía como loca. El tiempo seguía, fue entonces que se hizo presente el característico sabor metálico de la sangre, indicando que iba por el buen camino.
Tuvo que torcer en todas las direcciones, la quijada le dolía por la tensión, en más de una ocasión el alicate chocaba con el resto de sus dientes, astillándolos en el proceso; no supo cuánto pasó hasta que el molar fue arrancado de su boca. Gritó adolorido, escupió una buena cantidad de sangre, saliva y virutas de diente, se lamentó un poco por la traumática experiencia, con ojos llenos de lágrimas mostró la muela ante la cámara por unos segundos, luego la dejó caer y volvió a repetir el procedimiento.
Gritos, mucho dolor y sangre … la segunda muela tardó más en salir.
Mostró con éxito la segunda muela, la sangre se desbordaba de la boca, ojos miel rojizos y mejillas sucias por las lágrimas, un rostro empapado en sudor, ni más decir que su ritmo cardiaco estaba por los cielos debido al inmenso dolor… además, su boca le recriminaba por ser un idiota, los ahora nervios expuestos al aire protestaban a Souichi con fuertes punzadas, estaba sufriendo en vida.
¿Quién diría que todo su tormento fue de tan solo treinta minutos?
El sonido de una puerta abriéndose le hizo regresar a la realidad, corrió enseguida por su hermana.
Salió de aquel helado cuarto con su hermana en brazos.
- ¡Kanako, Kanako, responde! - gritaba Souichi mientras abrazaba el helado cuerpo de su hermanita, en un intento de transmitirle calor. Hizo fricción en la espalda de Kanako tratando de estimularla, pero no hubo respuesta. La piel de Kanako tenía un tono azul, los labios de un morado repulsivo, notó como la mejilla derecha tenía una coloración roja con vetas moradas, tocó aquello y sintió la lesión rígida; era una lesión por congelamiento, aquello también lo tenía su brazo derecho, eran líneas rectas, posiblemente se apoyó en alguna tubería helada más de una vez. Desvió la mirada cuando notó que los dedos de su pequeña hermana eran de un morado casi negruzco.
- ¿Kana?, por favor… háblame… niña…- suplicó Souichi, abrazando al helado cuerpo.
- Sou-kun… se ha ido… - comentó con tristeza la voz.
- No… no, no, no, no, no, no, no…. - aquello debía ser una mentira, su hermanita no podía estar muerta; él había cumplido con su tarea, era una maldita pesadilla.
Una perra injusticia.
Tendió a su hermana en el suelo y, presa del pánico, realizó compresiones de manera errática, ignorando al bastardo que los había metido en aquel juego macabro. Aún con todo el esfuerzo, Kanako no reaccionó; Souichi se detuvo y llevó dos dedos al cuello de su hermana en busca de pulso... nada. Dejó salir muchas palabras obscenas, golpeó el piso con fuerza y pegó un grito lleno de ira al cielo, concluyendo en un llanto amargo y lleno de pesar. Tomó a su hermana y colocó la cabecita en su regazo, acunó la pequeña cara entre sus manos y siguió descargando todo el dolor.
- Lo siento, lo siento, lo siento… - lloraba.
El celular volvió a sonar, Souichi contestó, más aquellos ojos carecían de cualquier emoción.
- Souichi, parar ya. Una persona más y todo esto terminará. - dijo la voz poco paciente, ahora parecía agresivo y mandón.
- ¿Y qué más da? Toda mi familia se ha ido… les fallé… - acarició el cabello de Kanako, en un intento de consolación a sí mismo.
- Eso me da igual, tu familia tenía juegos sencillos y no lo lograron; que sepas que el fuego se está extendiendo con rapidez y aún falta una persona, a menos que te de igual tu ex kohai. - comentó.
- ¿M-Morinaga…? - abrió los ojos en sorpresa, con tantas emociones y perdidas se había olvidado de él. - ¿E-eh? No… no le hagas daño, ¿dónde…? -.
- Deberás salir de la habitación, seguirás el pasillo a mano izquierda hasta encontrar una puerta verde oxidada. Y a menos que quieras volverte ceniza, date prisa; por mientras iré preparando el siguiente juego. - colgó.
Rasgó un trozo de tela del frío cuerpo de Kanako, los rasgó en varios trozos, guardó varios mientras llevaba un trozo enrollado a su boca, el frío de la tela le provocó dolor; mordió. Esto era para cortar lo mejor posible el sangrado de su reciente tortura.
Cargó en brazos el cuerpo de Kanako, al menos podría darle digna sepultura a alguien de la familia.
OXOXO
Aquellos pasillos estaban un poco más limpios que el resto del lugar, cambió un par de veces sus gasas improvisadas, el sangrado era menos agresivo de apoco; encontró donde se llevaría a cabo su última tarea.
- Deja el peso muerto afuera, lee la nota. - se oyó por el altavoz, frunció el ceño por aquel insulto, la voz se le hacía familiar por alguna razón. Agarró la nota, que estaba pegada a la puerta.
"Cierra la puerta al entrar"
Al abrir no pudo ver más allá de su nariz; bajó con cuidado a su hermana a un lado de la entrada, dejándola apoyada en la pared, a simple vista pareciera que solo dormía, sus gasas se habían acabado, retiró el último pedazo de su boca.
- Volveré por ti, lo juro. - besó la frente de su hermana, dejando una marca sangrienta de sus labios, se puso de pie; alejarse de su hermana fue más doloroso de lo que pudo imaginar. Pero se encaminó, no dejaría que Morinaga corriera con la misma suerte que el resto de su familia
Bajó lentamente debido a la inestabilidad de las escaleras, tenía los nervios de punta por el traqueteo y chirridos del metal viejo. Cuando llegó al final de las escaleras no logró ver más allá de su nariz, palpó la pared en busca del interruptor de la luz, una vez hallado, lo apretó.
Una sola luz blanca se encendió, dejando medio iluminado la habitación, la repentina luz le hizo cerrar los ojos; parpadeó un par de veces hasta adaptarse. Lo único que había allí eran especies de sillas metálicas, alteradas una frente de otra, siendo separada por una mesa oxidada; encima de la mesa había una grabadora y un mazo de cartas.
En una de esas sillas encontró a su ex kohai, presumiblemente desmayado.
- ¡Morinaga! - corrió a su lado.
Tomo el rostro de su ex kohai y con palmadas suaves trataba de despertarlo, al ver que no reaccionaba lo sujetó de los hombros y lo zarandeó con algo de fuerza, repitiendo el apellido tan conocido con fuerza.
- ¿Ah?, ¿qué?... ¿dónde...? - Morinaga abrió los ojos con evidente confusión. La emoción de Souichi era tan grande que sin pensarlo abrazó a su ex kohai de manera desesperada, llorando de alivio.
- Estás bien… - lloraba escondido en el hombro de Morinaga, apretando el abrazo.
Algo confundido, Morinaga le regresó el abrazo, con su único brazo libre acarició de manera tierna la espalda de su senpai, dándole consuelo.
- ¿Interrumpo? -
Una voz distorsionada hizo eco en la habitación, Souichi saltó en el regazo de Morinaga, quien abrazó de manera protectora a este. Frente a ellos, del otro lado de la mesa, estaba un hombre alto, delgado con algo de musculatura y una bolsa de tela sucia a manera de máscara. La luz no era la suficiente para verle los ojos en los orificios de la tela
- ¿Quién carajos eres? Déjanos ir… - comenzó Morinaga, siendo callado por la mano de Souichi.
- No me da la gana. Souichi-kun, se buen niño y acércate a mí; te recuerdo que debes de hacerme caso. - le extendió un brazo a manera de invitación.
- Senpai, no lo haga… - le apretó una muñeca. Souichi se la apartó con delicadeza.
- Tranquilo, no me hará daño. - mintió.
Se levantó y tomó con miedo el brazo del secuestrador quien lo acercó lo más posible a su persona, notó que era ligeramente más alto que el maldito, pero decidió no tentar a su suerte. El sujeto levantó un poco su máscara, dejando expuesto desde la nariz hasta el cuello; abruptamente lo tomó de la camisa y lo jaló con fuerza a su rostro, lo besó. Él solo puedo cerrar los ojos y apretar su boca para evitar la repulsiva lengua del contrario, logró oír el jadeo de indignación de su ex kohai.
- Siempre quise hacer esto. - dijo tomándolo del mentón e ignorando la mirada de irritación por parte del ex kohai.
Souichi miró hacia a un lado, con un sonrojo por la humillación.
- Ahora sí, a lo que viene, participaré en este juego. Mi querido Sou-kun, para que veas que es un juego justo, necesitaré que me asegures en la silla, podrás ver unas correas en la zona del respaldo y del brazo derecho, se una dulzura y asegúrate de amarrarme para no escapar. - sonrió coquetamente.
Una vez tomó asiento, Souichi ajustó las correas del asiento y del brazo; este estaba apoyado en una plancha metálica, la palma estaba abierta completamente, los dedos estaban sujetos por unos aros de metal, algo extraño la verdad. El sujeto quedó inmovilizado.
- Listo. -
- Bien, bien. Esto será rápido, el juego es el clásico "Blackjack" ¿lo conocen? En fin, este es un poquitito diferente; hay un mazo de cartas, esta tiene las cartas del uno al once. El juego empieza con una carta oculta y una abierta, nosotros podremos ver la oculta, podemos agarrar las cartas que queramos, el chiste es llegar al famoso "21". Gana el que esté más cerca sin pasarse. Y si, compartimos el mazo, ¿quedó claro? - explicó.
- ¿Y si me niego a jugar? - retó Morinaga.
- Morinaga, por una vez ¡cierra la maldita boca! No estás en posición de exigir… - le reprendió Souichi, más que enojado, estaba aterrado de lo que fuese capaz el maniático del juego.
- ¡Este idiota no puede estar hablando en serio! Me reúso. -
- Puedo matarte ahora, nos ahorraremos mucho sufrimiento… -
- ¡No! Perdónalo, no sabe de lo que habla. - intervino Souichi.
- ¡Senpai, no! -
- ¡Cállate! - una risa se oyó.
- Esta bien… pero tú, Souichi, serás el crupier. Y si llego a ver qué haces trampa, tu amigo se muere. Puede que esté "inmovilizado" ahora, pero tengo mis métodos. - amenazó.
Souichi asintió, tomó las cartas de la mesa y las barajeó.
- Bien, comencemos… -
El rubio barajeó nuevamente las cartas, le entregó la primera al maniático, quien vio la carta y la dejó boca abajo.
- Puedes ver la carta de tu kohai, si noto que le brindas ayuda, lo mato. - Souichi asintió. Volteó la carta para él, era un seis. Se la entregó a Morinaga, repitiendo la acción del maniático. Les entregó las siguientes cartas.
Dejando así:
MORINAGA: 6+7 = 13/21
DESCONOCIDO: ?+10 = 10/21
- Otra. - dijo el desconocido, se la entregó.
- Otra. - dijo Morinaga.
MORINAGA: 6+7+1 = 14/21
DESCONOCIDO: ?+10+4 = 14/21
Ambos pidieron otra carta. Souichi sudaba de los nervios.
MORINAGA: 6+7+1+8 = 22/21
DESCONOCIDO: ?+10+4+3 = 17/21
Demonios, ojalá el cabrón de la bolsa se pase también. pensó Souichi. Sin duda Morinaga iba a perder esta ronda.
- Paso. - dijo el desconocido.
- Paso. - Morinaga se veía nerviosos.
Souichi volteó las cartas boca abajo, sintió una punzada en el pecho.
MORINAGA: 6+7+1+8 = 22
DESCONOCIDO: 2+10+4+3= 19
- Parece que gané, hora de pagar. Souichi, presiona el botón verde, por favor. - aquel botón estaba a un lado del asiento de Morinaga. Souichi le pidió disculpas con la mirada, presionó el botón.
El sonido de metal chirriando se oyó, donde el brazo izquierdo de Morinaga, en específico su mano, se levantaron unas especies de guillotinas, una por cada dedo. Rápidamente, el afilado metal cayó con velocidad sobre el meñique de su ex kohai, a la altura del nudillo.
El sonido se le asemejó como cuando cortas con fuerza una zanahoria, la diferencia es que las zanahorias no gritan ni sangran. El grito de agonía de Morinaga le hizo temblar en su lugar, ver como el dedo caía en la mesa le revolvió el estómago, la acidez del estómago hasta la garganta era dolorosa, y el sabor amargo en su boca le invitaba a vomitar; la sangré brotaba de la herida, pronto formaría un charco sobre la mesa. Morinaga apoyó la frente en la mesa, tratando de regular su respiración.
- Continuemos. -
- ¡Carajo! Como duele… - los ojos de Morinaga se veían brillosos por las lágrimas.
Tomó las cartas de la mesa y les repartió las primeras cartas.
MORINAGA: 11+8 = 19/21
DESCONOCIDO: ?+9 = 9/21
- Paso. - dijo Morinaga. El desconocido se movió incomodo en la silla.
- Otra. -
Salió un 4.
- Otra. -
Salió un 5.
DESCONOCIDO: ?+9+4+5= 18/21
- Paso. - dijo desanimado.
Souichi sintió alivio, volteó las cartas.
MORINAGA: 11+8 = 19
DESCONOCIDO: 3+9+4+5 = 21
- Ja, ja, que suerte la mía. Souichi, por favor… - Souichi se sentía agarrotado, como si alguien le hubiese echado encima un cubetazo de agua fría.
- No… no puedo… - lágrimas de terror volvían a caer.
- Souichi… - el enojo en la voz del desconocido era evidente.
El sonido de la maquina se oyó, el repulsivo sonido de la guillotina se hizo. Morinaga volvió a gritar de dolor.
- ¿Acabas de activar tu solo el mecanismo? Estás demente… - dijo.
- ¡Jódete! - esta vez Morinaga había perdido dos dedos más, un total de 3 dedos estaban en la mesa. Ahora lloraba sin pudor.
- Sigamos. -
- ¡Mierda! - gritó Morinaga
Una vez más recogió, barajeó y repartió.
MORINAGA: 1+9 =10/21
DESCONOCIDO: ?+2 = 2/21
Dos cartas más.
MORINAGA: 1+9+10 =20/21
DESCONOCIDO: ?+2+6 = 8/21
Morinaga pasó y el desconocido continuó, salió un 7. Ambos pasaron y se voltearon las cartas.
MORINAGA: 1+9+10 = 20
DESCONOCIDO: 5+2+6+7 = 20
EMPATE.
Ambos chicos sintieron un alivio, hasta que el sonido de un pitido se oyó; esta vez ambos cuerpos se convulsionaban en dolor, el humo salía de sus cuerpos. El sonido de la electricidad hizo saltar hacía atrás a Souichi. El grito de dolor de ambos resonó en la habitación.
- ¡Puta madre! ¿¡Que mierda?! - dijo el desconocido. - ¡Morinaga, hazme el favor de perder de una maldita vez! -
- ¡Ya basta!, al menos puedo saber el porqué, ¿qué demonios hizo Morinaga para estar aquí? - preguntó Souichi al borde del colapso. El olor a quemado era insoportable.
- Tu ya lo sabes, Souichi-kun. - esto hizo enojar a Souichi.
- Si lo supiera ni te estaría preguntando, animal. -
- Cuida tu tono conmigo, preciosura. ¿Me podrías pasar el bote de licor? Creo que lo dejé a un lado de mi silla. -
En cuanto tomó la botella algo hizo click en su mente. Era esa botella, la de aquella noche de hacía años.
- Veo que ya entendiste… tu lindo ex kohai, tu violador está pagando por lo que hizo. -
Miedo.
Incertidumbre.
¿Cómo demonios sabe él de esto? pensó Souichi.
Morinaga veía el suelo, no iba a negar que la primera vez con su senpai fue, en toda regla, una violación.
Souichi estaba que se desvenaba los sesos, ¿Morinaga le había contado a alguien? Acaso él había abierto la boca.
- Souichi-kun… aun no entiendo por qué sigues con él… - dijo la voz con pesar.
Nuevamente su mente hizo click.
- ... ¿Isogai? -
