¡Hola hola!

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Disclaimer: Naruto no me pertenece, de lo contrario el NejiTen sería oficial

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Disfruten la lectura

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Dio dos ligeros golpes en la pantalla para volver a activar su celular, tomándolo en las manos para poder ver lo que aparecía. Un rato atrás había abierto la aplicación del restaurante en el que pedía comida pero por más que la revisaba no lograba convencerse de qué pedir, ni siquiera tenía hambre y en su nevera había varias sobras de pedidos anteriores. Sin embargo iba a pedir algo, solo tenía que decidir qué.

Pasó su dedo por la pantalla para mover el menú de arriba a abajo, ¿carne?, ¿pollo?, ¿mariscos?, ¿vegetariano?, ¿un postre? Negó a lo último, no era muy fanático de los alimentos dulces y la última vez que se decantó por la última opción porque nada se le antojaba en sí, tuvo casi una semana en el refrigerador varios yuèbǐng que se fue comiendo de a pocos porque odiaba desperdiciar comida. Y no quería pensar en esa vez que por no entender bien el menú pidió un postre que era hecho de calabaza.

Debería recalentar algo y ya, pero era miércoles y sabía que ese día ella estaría trabajando haciendo las entregas. Inhaló profundo antes de decidir que pediría una sopa de wonton, eso era algo ligero dada su falta de apetito y el valor era lo suficientemente alto para completar el pedido mínimo. Ordenó también un té de crisantemo y oprimió el botón de realizar pedido. Conocía muy bien lo que seguía, era una rutina que ya conocía perfectamente, no solo porque era habitual para él pedir comida, sino porque desde un tiempo atrás solo lo hacía a ESE restaurante.

Siempre tardaban un par de minutos en confirmar la orden, los cuales esperó pacientemente sin perder de vista la pantalla, sonriendo de lado en el momento que apareció la notificación que el restaurante había empezado a preparar su pedido y que la comida sería entregada entre 40 y 50 minutos después. Ahora tan solo le quedaba esperar.

Cuando faltaban 5 minutos para que se cumplieran los 40 minutos, se levantó para ir al baño y poder darse un vistazo en el espejo. ¿Se estaba convirtiendo lo de arreglarse un poco en parte de su rutina? No lo diría en voz alta, pero la realidad era que sí. Revisó que su cabello estuviera en su lugar, comprobó su aliento optando por usar un poco de enjuague bucal, regresando a su escritorio pero sin ser su intención trabajar, tan solo esperar que sonará la notificación que avisaba que su comida había llegado. Respiró lentamente cuando el aparato vibró un par de veces, no negaría que empezaba a sentirse un poco estúpido por estar actuando de ese modo. El timbre de su departamento sonó y tras inhalar profundo una vez más fue a abrir la puerta, viendo aparecer la sonrisa de la repartidora.

- ¡Hola, Neji! — lo saludó ella alegremente

- Buenas tardes, Tenten — contestó, viéndola agacharse para buscar en la enorme maleta cuadrada la comida que él había ordenado — gracias — dijo en cuanto se la entregó

- Un almuerzo ligero — comentó ella, revisando de nuevo algo en la maleta — ¿Empezaste una dieta?

- No, solamente no tenía mucho apetito hoy — ella seguía con su atención en la maleta — ¿Tienes muchas entregas programadas?

- Tengo otra a un par de cuadras de aquí, un pollo gong bao — le fue inevitable apretar los labios, en ese momento Tenten levantó la mirada y empezó a reírse — no te preocupes, no me olvido y tu sopa no se mezcló

- Gracias — en ese momento ella le extendió una pequeña caja

- Cortesía de la casa

- Tenten...

- Eres un cliente frecuente — él tan solo se quedó viéndola sonreír — anda, son jiaozis de fríjol

- Gracias — aceptó

- Y no olvides la tarjeta — fue su turno de dibujar una sonrisa, había perdido la cuenta de la cantidad de tarjetas que tenía y que Tenten seguía entregándole aunque él le dijera que no necesitaba el número del restaurante, él pedía por la aplicación

- ¿Cómo te fue en tu examen? — preguntó al ver que ella no decía nada más y cerraba la maleta, señal que ya se iba

- Todavía no me dan el resultado, por poco y no termino de contestarlo... así que creo que mal, no quiero repetir esa materia

- Puedo prestarte algún otro libro sobre el tema, tengo varios

- Esos libros no explican nada — ella hizo un ligero puchero — pero gracias de todas formas

- También podría explicar... — su frase fue interrumpida por el celular de ella, que la castaña revisó a prisa

- Lo siento, llegaron nuevos pedidos al restaurante y debo volver pronto — se excusó ella de una vez — ¿Me decías?

- Nada, que te vaya bien en tu turno

- Gracias, nos vemos después, Neji — se despidió ella colgándose la enorme maleta que casi parecía que la iba a tumbar

Esperó unos segundos más junto a la puerta hasta que la vio desaparecer por el pasillo rumbo al ascensor y ahí sí volvió a entrar. Dejando la comida sobre el comedor antes de ir a la ventana, tan solo unos minutos después pudo ver a Tenten saliendo del edificio y subiéndose a la bicicleta para irse hacia dónde sea que tenía su siguiente entrega.

Se sentía un poco ridículo consigo mismo, era la primera vez que reunía el coraje suficiente para hacer algo parecido a invitarla a su departamento y había sido interrumpido por el sonido del teléfono. Consiguiendo dicha pausa de paso que él perdiera su valor y no fuera capaz de repetir la frase que había estado a punto de pronunciar.

Inhaló profundo y exhaló despacio, debía dejar de estar usando la excusa de pedir comida a ese restaurante los días que Tenten estaba de turno para que fuera a su departamento, y mejor preguntarle directamente si aceptaría una cita con él, o por lo menos pedirle su número. Pero no, una parte de él temía que ella solamente estuviera siendo amable porque ese era su trabajo y que en realidad no estuviera interesada en él, por lo que lo rechazaría si la invitaba a salir. Por eso había encontrado en esa rutina extraña la forma de verla y poder hablarle, aunque fueran unos cuantos minutos cada vez. En el momento que se sentó a almorzar dejó que su mente se fuera a la primera vez que había visto a Tenten.

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El invierno casi llegaba a su fin, recordaba perfectamente la molestia que tenía porque era un día helado, así que no tenía ninguna intención de salir a comprar comida, ni siquiera de haber salido de su cama y tener que trabajar. Lo había hecho con hastío, frente a su computador había adelantado los pendientes de ese día, en pijama porque por una vez tan solo le apetecía regresar a la cama y ya. El problema es que todos los restaurantes de la zona parecían haber pensado exactamente lo mismo que él y la aplicación por la que pedía comida le señalaba que todos estaban cerrados.

Las opciones disponibles quedaban en la otra punta de la ciudad y los tiempos de entrega superaban los 75 minutos, lo que significaba que muy probablemente para cuando la comida llegara a él ya estaría fría, o por lo menos en una temperatura para nada agradable. Con desgana había ido a la cocina, viendo la puerta de su nevera en la cual reposaban varios imanes de otros restaurantes en los que alguna vez había comido y le habían parecido aceptables, al menos lo suficiente para conservar dicho imán en su nevera en caso de necesitarlo. Como ocurría en ese momento.

Descartó los que ya sabía por la aplicación que estaban cerrados, reduciendo bastante de esa forma las posibilidades. Quedaban solamente 5, por lo que lo siguiente que hizo fue tratar de recordar qué había comido y en el rango de ser comida aceptable, si estaba dispuesto en ese momento a volver a comerla ese día. Su primera opción fue uno de comida italiana, tenían la opción de pedir por medio de mensajes así que eso hizo, pero el mensaje ni siquiera entraba al número. Decidiendo entonces llamar solamente para descubrir que el número estaba fuera de servicio, lo que significaba que el restaurante ya no existía.

El restaurante de comida china fue su tercera opción al no obtener respuesta de otro de los lugares, no se consideraba a sí mismo un gran fanático de la gastronomía de ese país, pero cada tanto un chop suey se le antojaba. El lugar tenía también la opción de pedir por mensaje, así que les escribió y unos minutos después ya tenía la confirmación de su pedido, incluso le dieron la opción de pagar en línea porque no solía tener mucho efectivo en su billetera, mucho menos si tenía en cuenta el clima y su poca disposición de ir hasta un cajero automático. Dentro de las instrucciones de entrega, además de la dirección, aclaró que el repartidor podía timbrar y dejar la comida frente a la puerta, no era necesario que se la entregara en persona.

Esa era una indicación que siempre hacía cuando pedía comida, siempre pagaba en línea, y esa era una zona segura de la ciudad, además lo más importante es que no le gustaba que lo desconcentraran de forma abrupta de su trabajo. Así que cuando el timbre sonaba él terminaba lo que estuviera haciendo y algunos minutos después iba a la puerta, entrando la comida para poder proceder a almorzar. Por ese mismo motivo cuando escuchó que el timbre sonaba tan solo siguió digitando un par de palabras más en el informe que estaba realizando, en cuanto terminara el párrafo que acababa de empezar guardaría el documento e iría a la puerta.

Pero el timbre sonó de nuevo y él frunció el ceño, guardando el documento antes de ponerse de pie, claramente estaba molesto porque hubiesen ignorado su indicación. Se asomó por la mirilla de la puerta solamente para comprobar que era el repartidor, sorprendiéndose ligeramente porque se trataba de una mujer, no es que le molestara o nada parecido. Bueno, de hecho ni siquiera podía comparar con las otras veces que pedía comida, nunca se enteraba del género del repartidor porque nunca los veía. En cuanto abrió pudo ver unos enormes orbes chocolate clavarse en él.

- Buenas tardes — ella revisó el teléfono y él la evaluó por encima, era una mujer joven, diría que alrededor de 20 o 22 años — ¿Neji Hyūga?

- Soy yo — con la confirmación ella se agachó para buscar en la maleta cuadrada, volviendo a ponerse en pie con su comida

- Su pedido, señor

- Gracias — aceptó lo que le ofrecía — y solo Neji está bien — la mujer asintió — indiqué que podían dejarlo junto a la puerta — no quería reclamarle a la repartidora, pero quería dejar eso claro

- Sí, lo leí — la vio morderse el labio — pero tenía que comprobar que fuera la dirección, además alguien podría robar la comida y que luego hubiese una queja porque no la entregué

- Nunca me han robado — acotó — la aplicación suele mostrarme cuando la comida es entregada, jamás he tenido problemas al respecto

- ¿Aplicación? — le preguntó confusa — creo que están trabajando en ello, pero todavía no tenemos una aplicación y mis tíos odian hacer entregas por medio de terceros

- Suelo pedir por medio de una aplicación a otros restaurantes, nunca había pedido con ustedes — tenía la tarjeta porque la anterior vez había comprado para llevar al pasar frente al lugar

- Te daré una tarjeta — comentó ella con una sonrisa, buscando de una vez en un pequeño bolso que llevaba colgado al cuello — cuando tengas los 6 sellos al respaldo obtendrás una bebida o un postre gratis

- Gracias — dijo al recibirla, aunque dudaba volver a pedir a ese restaurante prontamente

- Bueno, espero te guste la comida — fue la forma en que ella se despidió.

Él dio un paso atrás para poder cerrar la puerta, solamente con la temperatura a la que sentía el contenedor en sus manos podía asegurar que la comida en su interior estaría caliente. Dejó todo sobre el comedor antes de ir a la nevera y cambiar la anterior tarjeta por la que le acababa de dar la repartidora.

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No es que se hubiera vuelto un cliente asiduo de repente, es que el invierno parecía rehusarse a desaparecer y ya había comprobado que sin importar el clima el restaurante chino siempre estaba abierto, la segunda vez que pidió sí siguieron sus indicaciones sobre dejar la comida frente a la puerta, pero la tercera vez no. Por eso se sorprendió al ver a la mujer, que luego supo se llamaba Tenten, frente a la puerta agachándose en cuanto lo vio para buscar la comida en la maleta.

- ¿Por qué la vez pasada sí dejaste la comida según mis indicaciones y hoy no? — de nuevo, no era un reclamo, ahora era curiosidad

- ¿La vez pasada? — preguntó ella confundida

- El lunes — aclaró, estaban a jueves

- No trabajo los lunes ni los sábados, mi horario de la universidad no me lo permite.

- ¿Estudias los sábados? — ella no parecía ser el tipo de persona que estudiaba a distancia o en la noche

- No, pero es el día que uso para terminar todo lo que me hayan dejado a la semana. El semestre pasado no me di ningún día libre de mi trabajo y estuve a punto de perder Contabilidad — él se quedó en silencio, jamás había sido realmente bueno para ese tipo de charlas, a pesar de saber que la siguiente pregunta obvia era cuál era la carrera que estudiaba — en fin, ya debo irme. ¿Tienes la tarjeta para ponerle el sello?

- Sí, un momento — tuvo que ir a descargar la comida y regresar con la tarjeta

- Ya vas por mitad — comentó ella con una sonrisa — espero disfrutes la comida — fue nuevamente la despedida.

De algún modo la presencia de ella se había quedado rondando en su cabeza una vez estuvo solo, tal vez podía deberse a que no salía mucho y por eso no tenía muchas conversaciones que no estuvieran relacionadas con su trabajo. Esa podría ser la explicación al porqué tampoco sabía muy bien cómo llevar una charla casual. Tampoco es como si se viera a futuro hablando con cuanto repartidor se presentara a su puerta.

En la siguiente semana había pedido una vez, un martes, por lo cual vio a Tenten nuevamente. Le parecía increíble que a pesar del invierno ella estuviera trabajando como si nada, no se veía molesta o nada así por el hecho que todavía había algo de nieve en las calles. Ella se había despedido con una sonrisa tras poner el sello que marcaba que era su cuarto pedido y nuevamente él entró a su departamento.

Para el sexto pedido no tuvo en cuenta lo de haber completado los sellos, no era fanático de las cosas dulces y por lo tanto un postre gratis no le atraía, el precio de las bebidas tampoco le parecía exorbitante para querer que le regalaran una. Lo más importante es que la primavera por fin parecía empezar a aparecer y los restaurantes cerrados por la nieve ya no eran tan comunes. Sin embargo ese día había optado por la comida china, había descubierto que su menú no se limitaba al chop suey.

- ¡No nos recordaste que era tu sexta orden! — fue casi un reclamo de Tenten — y justo no tengo nada en la maleta — la vio pensar

- No pasa nada — aclaró

- Te lo traeré la próxima vez, lo recordaré y te compensaré por no haberlo hecho hoy

- No es necesario

- No digas eso, es cumplir lo que está estipulado

Antes de poderle decir nuevamente que no hacía falta y que él no necesitaba que le diera el postre gratis, el teléfono de la castaña sonó, había llegado un nuevo pedido al restaurante y debía regresar para ir a hacer la entrega.

- ¡No lo olvidaré a la próxima! — la escuchó despedirse mientras se iba camino al ascensor.

Y había cumplido, la siguiente semana había pedido un waton mee. A pesar que ya podía pedir a otros restaurantes lo seguía haciendo algunas veces a ese, y también se había acostumbrado que ella era la única que no cumplía lo de dejar el pedido frente a la puerta, por lo cual había dejado de dar esa indicación en los mensajes cuando ordenaba.

- Te traje unos nian gao — él enarcó una ceja, a menos que estuviera viendo el menú no tenía ni idea de lo que eran los platos — son pastelitos de azúcar morena, es frito y tiene relleno de fríjol dulce

- Me gustan los fríjoles — admitió

- ¡Genial! — ella le extendió la comida que faltaba — también te traje té helado por no haber recordado la vez pasada que cumplías los 6 pedidos

- No hacía falta

- Es cortesía de la casa

- Gracias — aceptó, teniendo que usar las dos manos para poder sostener toda la comida

- Ya te entrego tu nueva tarjeta — él lo pensó un momento, decidiendo entrar para poder dejar sobre la mesa la comida o no podría recibir la nueva tarjeta — aquí tienes, nuevamente en 6 pedidos tendrás una bebida o un postre gratis

- Gracias — la verdad es que ni siquiera debería recibirla, no quería una bebida gratis y la teoría decía que al haber más restaurantes disponibles ya no iba a llenar esa nueva tarjeta — ¿Qué estudias? — preguntó de repente y pudo ver la cara confundida de Tenten, sonriendo antes de contestarle

- Estoy en segundo semestre de administración de empresas ¿Y tú?

- Soy contador

- ¿En serio? ¿Cuántos años tienes? — él sonrió de lado

- Cumpliré 24 en verano, me salté un grado en el instituto por mis notas así que me gradué de la universidad más joven que los demás y ahora trabajo llevando la contabilidad de una empresa desde aquí

- Yo acabo de cumplir 21 — comentó ella de una vez — me di un tiempo de descanso después del instituto, luego probé algunos proyectos que no fueron muy bien... así que apenas el año pasado decidí venirme a vivir a la ciudad y probar suerte en la universidad — ahí era donde se quedaba callado aunque no debería, era obvio que la siguiente pregunta era saber de dónde era ella, sin embargo la pregunta no salía de sus labios — soy de un pequeño pueblo a un par de horas de aquí, no creo que lo conozcas — completó ella

- Probablemente no — aceptó, nunca había sido fanático de ir a sitios remotos — gracias de nuevo — movió la tarjeta como aclarando que se refería al postre

- Estaré más pendiente la próxima vez para que no vuelva a pasar — respondió la castaña sonriendo de nuevo — ya debo irme, disfruta la comida.

La vio irse por el pasillo antes de cerrar la puerta, si bien ya tenía más opciones para pedir comida, le gustaba esa interacción y por eso no había rehusado recibir la tarjeta, probablemente seguiría pidiendo allí.

Cuando completó su segunda tarjeta pasaron 2 cosas, la primera es que además de una nueva porción de nian gao, que por cierto le habían gustado, Tenten le dijo que le regalaba una porción de pollo gong bao por ser un cliente frecuente. Como no solía entender los nombres de los platos, tan solo lo recibió dando las gracias. Escuchándola después contarle que el restaurante por fin había inaugurado la aplicación, por lo que podía descargarla en su teléfono, esa era la segunda cosa.

Recibió también la nueva tarjeta y tras despedirse buscó la aplicación, estaba configurándola en su teléfono al tiempo que se había sentado a comer, por eso no se detuvo a buscar qué era exactamente la comida que le había regalado Tenten. Descubriéndolo al dar el primer bocado y tener que correr a escupir lo que había mordido y tener que lavarse la boca desesperado. Era un pollo picante, mucho, él no tenía ninguna tolerancia a la capsaicina y evitaba a toda costa la comida picante. Casi tanto como evitaba las calabazas.

La siguiente vez que vio a Tenten y ella le preguntó si le había gustado el pollo, le fue inevitable torcer los labios, escuchándola después disculparse porque no sabía que a él no le gustaba el picante, prometiendo que estaría pendiente para que no le volvieran a dar nada de ese estilo. Esperaba no se lo reprocharan en el trabajo.

En lo que hablaban había aprendido sabía que el restaurante era de los tíos de ella quienes le habían dado la oportunidad de trabajar allí al mudarse a la ciudad, además toda su familia era china y habían llegado al país con ella de bebé. En cuanto al restaurante propiamente, sus tíos habían vivido por toda China y por ese motivo conocían la gastronomía de todas las regiones, sin limitarse exclusivamente a un tipo específico. Eso lo descubrió también en parte con la nueva aplicación para ordenar comida, todos los nombres de los platos estaban en chino porque estaban enfocados más en aquellos migrantes que estuvieran en el país. Al menos tenían la explicación de los ingredientes y en base a eso es que él revisaba qué contenían para asegurarse que no tuviera chile.

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¿Cuántos pedidos había hecho a ese restaurante? No lo sabía, a pesar de su profesión era algo que no quería contar, tampoco quería saber. Su presupuesto mensual estaba organizado teniendo en cuenta que él no cocinaba más que cosas por salir del paso y compraba su almuerzo casi a diario. Pero hasta ese momento de su vida siempre había variado el restaurante al que ordenaba o pedía porciones grandes que pudiera dividir para varios días.

En cambio ahora pedía casi exclusivamente al restaurante en el que trabajaba Tenten, al menos los días que sabía que ella estaba de turno. Con el nuevo semestre había cambiado los días y ahora no trabajaba los martes, jueves ni domingos.

Y dada la misma aplicación, las tarjetas con sellos ya no eran necesarias. Sin embargo, la castaña cada tanto le daba una y con una sonrisa le comentaba que no estaba de más que tuviera el número del restaurante por si el servidor no funcionaba. Siempre las dejaba en la mesa junto a la puerta y ya tenía varias, seguía siendo reacio a hablar con las personas a menos que fuera estrictamente necesario. Por eso que el mundo evolucionara a cada vez poder hacer más cosas en línea le parecía excelente.

Justamente por la ausencia de la tarjeta y su renuencia a saber exactamente cuántos días a la semana pedía al mismo restaurante, cada tanto era sorprendido cuando Tenten le entregaba algún postre o alguna cortesía similar, diciéndole con una sonrisa que era por ser un cliente frecuente. Muchos podrían decir que demasiado frecuente, porque ya había llegado al punto de pedir cualquier cosa en el menú con tal de poder verla.

Su intento de invitación hacia Tenten no se había repetido, no había vuelto a encontrar la oportunidad porque sus conversaciones mientras recibía su comida no eran muy extensas. El restaurante pasaba por una buena racha lo que hacía que Tenten no pudiera quedarse mucho tiempo hablando, y también estaba acercándose a las semanas finales del semestre, por lo que podía verla estresada por sus notas.

Ella no tenía exactamente el perfil de una administradora, tal vez por eso algunas materias le costaban más que otras, si le preguntaban la veía más en una carrera en la que pudiera ser más expresiva o más activa. Por ejemplo el trabajar de repartidora y no en la parte administrativa del restaurante empezando a empaparse un poco de lo que sería su trabajo a futuro, era el mejor ejemplo que a ella no le gustaba estar varias horas al día frente a un computador.

Pero la había escuchado decir justamente que sus planes pasados no habían funcionado porque le faltaba conocimiento sobre cómo organizarse mejor y poder establecer por su cuenta su propia empresa sin miedo a que por un error fuera a fracasar. También decía amar estar sobre la bicicleta y sentir el viento en su rostro a medida que recorría esa zona de la ciudad haciendo sus entregas, eso sin contar que estaba ganando bien si sumaba su salario y las propinas que recibía. Él por ejemplo solía incluir la propina por medio de la misma aplicación.

Se dijo a sí mismo que esperaría a que el semestre terminara para invitarla a salir, no quería quitarle tiempo que podría usar para estudiar ni mucho menos decirle que no trabajara un día cuando sabía que ella dependía de su trabajo para su subsistencia porque sus padres no vivían en la ciudad y no tenían muchos medios para apoyarla. Ese era su plan a medida que noviembre avanzaba y por eso no había vuelto a mencionar nada sobre el tema. Era cuestión de un par de semanas para hacerlo y mientras tanto él podía pensar en la mejor forma para hacerlo, preferiblemente desde el principio antes que los interrumpiera otra entrega programada.

Supo de la fecha en la cual Tenten tenía programado su último examen porque ella se lo contó, sonriendo con lo que él podía definir como tristeza cuando le entregó la comida. Incluso le pareció que ella esperaba unos segundos antes de despedirse con su usual comentario sobre disfrutar la comida. Él por su parte tan solo se dijo a sí mismo que la invitaría a salir el domingo.

Su desconcierto fue evidente el domingo al abrir la puerta y descubrir un hombre completamente desconocido frente a su puerta, quien le entregó la comida sin decir nada. En ese momento se dijo a sí mismo que tal vez Tenten se había tomado el día de descanso al ser por fin libre de la universidad. Esperó y volvió a pedir el miércoles, encontrando de nuevo que era el hombre con cara poco amable quien estaba allí. Probó su suerte una vez más el sábado y frunció el ceño al abrir la puerta.

- ¿En dónde está Tenten? — preguntó finalmente y el hombre lo vio confuso

- ¿Tenten?

- La repartidora que siempre venía

- Ah, escuché sobre ella — el hombre se rascó la cabeza — mi jefe dijo que su sobrina regresó con sus padres durante las vacaciones hasta que empiece el otro semestre

- ¿Y dónde es eso? — excepto esa vez en que la castaña dijo que era un pueblo del que él nunca había escuchado, nunca más había vuelto ha mencionar donde vivían sus padres

- No tengo idea

- Gracias — por nada, completó en su mente antes de dar un paso atrás y cerrar la puerta.

Así que ese diciembre estaba de mal humor, lo peor es que entre más lo pensaba más se daba cuenta que era ridículo sentirse así. Pero igual estaba molesto, molesto porque Tenten no le hubiera comentado que pensaba irse de la ciudad por vacaciones, y más molesto porque precisamente no tenía razón para enojarse, no es como si ella tuviera que darle explicaciones.

Era casi navidad cuando una nevada hizo que la situación de los restaurantes cerrados se repitiera, llevaba desde el día en que supo que Tenten no estaba trabajando como repartidora sin pedir a ese restaurante específico, pero recordaba que era de los pocos abiertos cuando había mucha nieve. Fue a abrir la aplicación y se dio cuenta que preciso se encontraba fuera de servicio, sonrió de lado pensando en todas las veces que la castaña le había entregado una tarjeta mientras le decía que nunca se sabía cuándo podía fallar el servidor.

No tenía el número del restaurante guardado en su teléfono porque cada tanto le gustaba depurar su lista de contactos, así que fue a la mesa junto a la puerta en la cual había ido acumulando todas las tarjetas que ella le daba. Tomó la primera y guardó el número, escribiendo para hacer el pedido, mientras esperaba que la comida llegara jugó con la pequeña tarjeta en sus manos. El diseño de esta había cambiado porque ya no tenía el espacio para los sellos, estaba girándola en su mano cuando algo llamó su atención.

La vio de frente para asegurarse que ese pequeño detalle en una de las esquinas no era algo propio del diseño, era una letra escrita a mano. Se levantó para tomar todas las tarjetas que había recibido de ella, notando que en todas había algo escrito, bien fuera una letra o un número. Estaban en el orden que Tenten se las había dado, así que las fue dejando todas de modo que se viera lo que estaba anotado, tratando de ver si tenía sentido o si es que él estaba imaginando cosas.

Las letras y los números se alternaban, pero en cuanto las separó al escribir en una hoja lo que podía ver descubrió que formaban una palabra que nunca en su vida había escuchado. Buscó de una vez en su computador solo para confirmar que era una pequeña población a unas horas de la ciudad, los números eran un teléfono. Lo guardó de una vez en su celular, solo para comprobar que en la aplicación de mensajes aparecía un nuevo contacto que tenía la foto de Tenten. Quería reírse por haber sido tan lento de no darse cuenta que la castaña le estaba coqueteando.

Sus pensamientos fueron detenidos por el sonido del timbre, recibió el pedido y sonrió al quedarse a solas. Toda la comida gratis que Tenten le había llevado no era porque era un cliente frecuente, el nuevo repartidor ni siquiera parecía tener presente que era la cuarta vez que iba hasta su departamento. Ella le había estado coqueteando y él no se había dado cuenta, tomándolo por simple amabilidad y por momentos creyendo que era solamente él quien estaba interesado. Ella incluso le había dado su número telefónico casi de forma directa y él no se había enterado.

Eso explicaba su mirada triste la última vez, tal vez algo similar a la decepción porque él nunca le había escrito ni llamado, ni siquiera había sido capaz de invitarla a salir. No quería detenerse a pensar lo que estaba a punto de hacer, tan solo presionó el botón para iniciar la llamada.

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Dio dos ligeros golpes para activar la pantalla de su teléfono, era la hora para pedir almuerzo así que abrió de una vez la aplicación para hacerlo. Evaluó las opciones disponibles, había varios restaurantes cerrados por culpa de una nevada y no lograba decidir entre las pocas opciones disponibles. Era un día muy frío en el que afortunadamente había podido quedarse en la cama, estaba revisando uno de los lugares cuando la puerta del baño se abrió, dejando ver a Tenten en pijama, quien sonrió en su dirección antes de dirigirse hacia la cama.

- ¿Qué haces?

- Estoy buscando en dónde almorzaremos hoy. Creo que por el clima será al restaurante de tus tíos.

- Podríamos cocinar — sugirió ella mientras se arrebujaba a su lado — o tienes algunas sobras que podríamos recalentar

- O podríamos quedarnos el resto de la tarde en la cama — no desaprovecharía la oportunidad de pasar su día libre acurrucado con ella

- Lo que quieres es ver si viene alguna linda repartidora con la comida — ella hizo un falso puchero

- Bueno, hace 2 años funcionó ¿no crees? — le hizo cosquillas y la escuchó reír

- Si tengo en cuenta lo rápido que notas cuando te coquetean, creo que tengo tiempo para librarme de ella

- Pude haber botado las tarjetas y no darme cuenta nunca

- También pudiste invitarme a salir directamente mucho antes, no cuando estaba a horas de aquí — él sonrió

- Pudiste decirme que hablaríamos al respecto cuando regresaras

- ¿Y esperar otros 6 meses a que volvieras a tomar impulso? — los dos sonrieron — aunque me gustó, fue un motivo para querer por una vez que mi semestre empezara pronto — en respuesta él la besó, habían celebrado su primer aniversario unas semanas atrás

- Entonces — volvió a hablar al separarse — ¿qué quieres pedir de comer?

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En la comunidad de discord hicieron una actividad de NejiTen secret santa y este es mi regalo para Cloudywolff, aunque esa persona lee en inglés, así que lo publiqué ayer también en mi cuenta en inglés (por si no lo sabían, soy: IdamariaKenglish).

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Pd: No olviden que tengo twitter (idamariakusajis) e instagram (idamariakusajishi).

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Att: Sally K.