PERDER O PERDER
CAPÍTULO 4
PASADO
Shizuru y Natsuki salieron a caminar después de cenar, anduvieron media hora alrededor de un parque, tomadas del brazo, apoyándose discretamente una en la otra a causa del cansancio acumulado.
-Oye Shizuru-. Sentía un dolor punzante en las manos, como si tuviese los dedos acalambrados.
-Te escucho-. A ella le pesaban los ojos tras 43 horas sin descanso.
Natsuki había tenido dos días de mierda desapareciendo cuerpos.
Shizuru había pasado esos mismos días buscando por cielo, mar y tierra a una unidad desaparecida.
Estaban tan cansadas que, si veían una cama, lo único que harían sería dormir, pero, habían decidido usar lo último de su energía para verse en persona después de una semana de solo intercambiar mensajes.
-Nos conocemos hace casi un año-. Sus palabras despejaron el cansancio de la castaña. -¿Has pensado en que seamos algo más?-.
-Ara-. La observó de reojo, por su expresión, supo que hablaba en serio. -Sí, lo he pensado, muchas veces-. Confesó con una sonrisa culpable.
-Con lo directa que eres… ¿Por qué nunca lo mencionaste?-. Observó su sonrisa, desconcertada por lo que significaba.
-Tú no pareces el tipo de mujer que quiere una relación formal, Natsuki-. Dijo procurando el mayor tacto posible. -No te gustan los compromisos-.
-Lo sé-. Apretó un puño, frustrada. -Pero… -.
-¿Pero?-.
Natsuki quería decirle lo que sentía por ella, para su desgracia, jamás había aprendido a expresar sentimientos que no fuesen ira u odio. -Pero no quiero que trates a nadie más como me tratas a mí-. Soltó esas palabras, solo para arrepentirse un segundo después.
Shizuru se detuvo bajo una farola, y cuando dejó de sostener el brazo de Natsuki, esta sintió que tal como temía, lo había arruinado, su corazón se aceleró, pero…
-¿Solo quieres tenerme para ti?-. El corazón de Shizuru también. -¿O sientes algo por mí?-.
Se contemplaron en silencio.
Pensamientos similares cruzaron por sus cabezas, pensaron que sería mil veces más difícil ponerse el corazón en la mano ahora que se conocían que desnudarse cuando eran unas desconocidas.
-Shizuru… -. Sintió las palabras atascándose en su garganta.
-Es sencillo, Natsuki-. Analizó sus ojos, seguían siendo duros, pero ya no se mostraban frívolos, no con ella. -Tan simple como decirme si me quieres o no-. Al final de la oración su voz tembló. -Quiero saber si habría alguna diferencia si fuésemos novi…
-Te amo Shizuru-. Dijo de golpe, antes de que el filtro en su boca se lo impidiera, antes de que su razón recuperara las riendas. -Te amo y yo… -. Por primera vez, le costó mantener una mirada. -No sé qué hacer con eso-.
-Natsuki-. Su expresión dejó en claro que no esperaba escuchar eso. -Si lo hubieras dicho antes, yo… -. Estiró el brazo para tomarle la mano.
Natsuki retrocedió un paso, evitando el contacto. -Llevo meses queriendo decírtelo-. Estrujó ambos puños. -Pero tú lo dijiste, las relaciones no van conmigo-. Dio otro paso atrás. -Lo siento-.
-¿Por qué te disculpas?-. Dijo confundida.
-Porque solo sirvo para sexo-. Respondió enojada consigo misma. -Lo sabes y por eso…
-Ara, no asumas lo que sé-. La interrumpió. -Dije que no parecías querer una relación, no que fueses incapaz-. No permitió que se siguiera alejando, atrapó su brazo izquierdo, la jaló hacia ella y la abrazó por la cintura con firmeza. -Pero siempre eres tan terca-. Sintió que Natsuki temblaba.
-¿Te molesta?-. No intentó librarse del abrazo.
-Eso no-. Recargó el mentón sobre su hombro. -Lo que me molesta es que dijeras que me amas y no me dejaras contestarte-. La abrazó con mayor fuerza. -Es mutuo-.
-¿Qué…
-Es cierto que todo comenzó con sexo, pero no creo que sea todo-. Besó la comisura de sus labios. -Te amo Natsuki-.
Durante semanas la había torturado la idea de que Shizuru la quisiera solo para acostarse, pero con esas palabras fue como si ella hubiese tomado su miedo exacto y lo hubiera sofocado en un instante. La besó de un modo agresivo, Shizuru correspondió permitiendo que ella llevase el ritmo, al final, el último contacto entre sus labios sí fue cariñoso.
-Shizuru, solo sé expresarme así-. Quería creer que entenderían sus palabras, que la castaña sabría solo podía ofrecerle violencia en una u otra de sus formas.
-Ara, date algo de crédito-. Sí había captado el mensaje, pero, también había sentido como mientras se besaban, Natsuki se abrazó a ella, rodeándole el cuello con ambos brazos en señal de que la quería cerca. -Sé que te aterran los sentimientos-.
-Me aterra más perderte-. Fue demasiado sincera sin querer, por culpa de tener tan metido en la cabeza que si decía la verdad todo se iría al demonio. -Aunque soy esto, no quiero que te vayas-.
-No estoy yendo a ningún lado, Natsuki-. Besó su mejilla derecha. -Creo que ni aunque me lo pidieras me iría-. Bromeó queriendo quitarle peso al ambiente.
-¿Es promesa o amenaza?-. Sonrió ladina.
-Un poco de ambas-. Aguantó las ganas de besarla, no quería retrasar más el momento. -Natsuki, ¿serías mi novia?-.
Fueron interrumpidas por los pasos de alguien, eran pasos ligeros, nerviosos, probablemente un niño, lo habrían ignorado con gusto si el intruso no se hubiera dirigido a ellas con voz grosera y demandante.
-¡El dinero y los celulares!-. Les apuntó con un arma. -¡Ahora!-.
Era un chico de 15, a lo mucho 16 años, apenas un adolescente que claramente había sostenido un arma pocas veces, la mano le temblaba, su rostro delataba que no estaba seguro de lo que hacía.
Sin romper su abrazo, Natsuki medio giró la cabeza, le echó esa mirada que le daba a sus subordinados. -Niño… -. Sintió la mano de Shizuru moviéndose en su espalda baja, por debajo de su chaqueta.
-¡El dinero!-. Para remediar su temblor intentó tomar el arma con ambas manos. -¡O dis…
-Ara-. Con el brazo derecho dirigió la pistola de Natsuki a la cabeza del chico. -Sabes-. Lo contempló con enojo. -La tuya tiene el seguro puesto-.
Natsuki veía al chico porque no le gustaba perder de vista a alguien que decía le dispararía, pero por el rabillo del ojo observaba a Shizuru, fascinada por esa expresión que tenía, sintió un cosquilleo de excitación viéndola empuñar su arma.
-Yo… -. El temblor del chico se extendió de sus manos al resto de su cuerpo, por poco se le cayó su pistola. -Yo…
Natsuki frunció el ceño. -Mocoso-. Ya le habría disparado sino estuviese con la castaña. -Vete a casa-. Podía entender los actos que ella misma usó para sobrevivir de niña, pero ohhh… detestaba que quisieran pasarse de listos con ella.
-Ya la escuchaste-. Shizuru no quería tener que dispararle a un niño. -Bajaré el arma cuando te pierda de vista-.
Lo vieron correr hacia la oscuridad del parque.
-Que mierda-. Sacó un cigarrillo de su chaqueta. -Mocoso hijo de…. -. La interrumpió una risa. -¿Qué?-. Miró a Shizuru mientras encendía su cigarro.
-Ara-. Sonrió divertida por ver a la otra tan tranquila pese a que sostenía su arma frente a ella. -¿No te molestó que la tomara?-.
-¿Eh?-. Dio una calada. -No-. Se encogió de hombros. -¿O vas a dispararme con ella?-.
En respuesta, Shizuru le colocó el seguro al arma y se la tendió a su dueña.
-Oh vamos, estamos en confianza-. Sonrió. -Regrésala a su sitio-.
Abrazó a Natsuki y deslizó la pistola en su cinturón. -Entonces, Natsuki-. Susurró en su oído. -¿Cuál es tu respuesta?-.
-Es sí-.
La farola sobre ellas se fundió.
PASADO
Un grupo de adolescentes ingresó a la base sur de Orphan, dirigido por Minagi Mikoto, ella, aburrida, los llevó hasta una sala que lucía como un taller mecánico. En el centro de la sala, una persona estaba sentada dándole la espalda a la entrada, lo único que se distinguía era su cabello oscuro y el humo del cigarro que fumaba.
-Traje a los nuevos, Lobo-. Cuando Mikoto mencionó el apodo, los murmullos se esparcieron cual pólvora entre los chicos, todos, en algún momento habían escuchado al menos un rumor sobre el Lobo de Orphan. -¡Silencio!-. Sabía que su compañera no les tendría paciencia. -O les corto la garganta-. De su espalda, desenfundó una katana negra.
Los chicos no dudaron de que lo haría, camino allá ya había degollado a uno de ellos.
No fue hasta que el lugar estuvo tan silencioso como un cementerio que Kuga se levantó y se dio la vuelta. La mayoría se sorprendió al verla, no esperaban que el Lobo fuese una mujer, encima una tan joven; los que pudieron despegar la vista de su cara vieron expectantes las pistolas plateadas enfundadas en sus piernas.
-El Gato los ha traído aquí para que yo evalúe si me serán útiles-. Fumó lo último de su cigarro, tiró la colilla la piso, sacó otro.
Las miradas se dividieron entre Kuga y Mikoto, ¿El Gato también era una chica?, ¿acaso se veían más jóvenes de lo que eran?, no… ¿en verdad eran ellas?
-Es fácil que imagen lo que pasara sino lo son-. Se paró frente a ellos.
Ahí, más de cerca y después de la impresión inicial, notaron más cosas, vieron que en su cinturón, de un lado, tenía un chuchillo junto a un cargador, del otro, tres pequeños cilindros plateados que ellos no tenían modo de saber eran bombas de nitrógeno; aquellos que bajaron un poco más la mirada, vieron que sus botas negras estaban manchadas de sangre.
-¿El Gato les comió la lengua?-. Alzó una ceja.
Fueron prudentes y se mantuvieron callados.
Caminó entre ellos, contemplándolos, eran un grupo mixto, de edades de entre los 14 y los 17 años, con pinta de desahuciados. Le resultó obvio que la mayoría de ellos, a lo mucho, había robado comida. A ninguno le dijo nada en particular, hasta que debajo de una capa de mugre reconoció un rostro.
-Tú-. De su pierna izquierda tomó una de sus pistolas, le apuntó al corazón.
Todos se alejaron del chico, él se arrojó de rodillas al piso, había reconocido esos ojos esmeraldas y esa arma plateada. -¡Lo siento!-. Suplicó al borde del llanto.
Jaló del gatillo.
El cadáver se desplomó.
Guardó su pistola.
Mikoto intercambió una mirada de desconcierto con ella.
-La semana pasada el bastardo tuvo la intención de robarme-. Contestó fría.
-Estúpido-. Mikoto suspiró. -Realmente estúpido-. Pensaba que no tenías que saber quien era Kuga para poder leer en el ambiente que era pésima idea meterse con ella.
-Sí-. No iba a permitirle vivir al chico que la había visto con Shizuru, lo último que quería era que dentro de Orphan circulara que tenía a alguien importante fuera de ahí.
-¿El resto?-. Señaló al grupo con su katana.
Pasó la mirada por cada uno de ellos, una segunda y una tercera vez, se aseguró de no dejar cabos sueltos. -Se quedan-. Vio a una chica en particular, tenía cabello oscuro y ojos rojos, era la única que no se había inmutado. -Gato-. La señaló con la mirada.
-De acuerdo-. Contestó Mikoto, le parecía buena idea.
Miró su reloj. -Me voy-. Rodeó el charco de sangre para salir de ahí.
Debía ir a cambiarse, tenía una cita con Shizuru.
PASADO
Shizuru entró a la estación 06 con un escuadrón de 9 hombres a su espalda, a diferencia de su equipo, ella llevaba una gabardina larga de color rojo oscuro por sobre su uniforme táctico.
Hizo una seña, dos de sus hombres se quedaron parados frente a la puerta.
-Señores… -. La recepcionista los miraba totalmente desconcertada, sin reconocer el escudo bordado en el hombro y pecho de sus uniformes.
Sacó una placa del bolsillo interno de su gabardina. -Primera División-. Dijo con un acento diferente al suyo, parecía extranjero, la recepcionista lo tomó por ruso. -Agente Zero-.
Hubo una ola de murmullos entre los cubículos. -¿Dijo Agente Zero?-. Mascullaron no muy seguros. -Creo haber escuchado que era un hombre-. Dijo uno. -Yo escuché que usaba una gabardina roja-. Dijo otro. -¿Por qué mierda es ruso?-.
No esperó una respuesta de la chica, guardó su placa, dejó 4 hombres para que controlaran el área y siguió su camino.
No necesitaba ningún permiso.
Tampoco era como que esos oficiales de bajo rango pudieran quejarse, cuando ni siquiera sabían a quien dirigir la queja.
De los 3 agentes restantes, uno se quedó al inicio de la escalera y los otros 2 la siguieron, de reojo observó al que iba caminando a su derecha.
En el segundo piso, al fondo del pasillo principal, encontró la puerta del jefe de la estación, tocó con los nudillos de dos dedos, como si fuese una visita cotidiana.
Una bala atravesó la madera de la puerta, pasó a 3 cm de su rostro.
Con eso, comprobó que no estaba bloqueada, derribó la puerta de una patada, disparó al interior antes de que le dispararan.
-Señor Yamada-. Ingresó con su pistola alzada y sus dos compañeros tras ella, uno a cada lado.
-Con que la Agente Zero-. La bala de Shizuru le había rozado el cuello como advertencia. -Que honor-. Sus palabras contrastaron con su mirada de desprecio. -No obstante, confieso que creí eras una mentira de las divisiones especiales-.
-Ahórratelo-. Estaba fastidiada de ese tipo de comentarios. -Solo entrégate para no tener que llamar a los forenses-. Al ir acercándose a él, lo vio mover la mano en que tenía su arma, le disparó al hombro.
-¡Maldición!-. Dejó caer su pistola. -¿¡Le disparas así de fácil a otro oficial!?-. Se llevó la mano a la herida.
-Sí-. Respondió serena. -Es parte de mi trabajo-.
Tenía que encargarse de aquellos oficiales que solo lo eran de nombre.
-Hija de perra-. Dijo entre dientes. -No me extraña que la división tenga fugas-.
-Alpha-. Llamó a su compañero de la izquierda, este, sin vacilar, le disparó al de la derecha, justo en la sien.
-¿¡Que coño!?-. Yamada no se lo creía. -¡Maldita loca!-.
-Ara-. Lo miró hastiada. -¿Te asusta que tu fuga tenga fugas?-.
Yamada alzó su brazo a modo de rendición.
-¿Ves lo fácil que era?-. Con un golpe lo puso de cara contra el escritorio, de su cinturón tomó unas esposas, le esposó las manos tras la espalda. -Quedas bajo arresto por cooperación con Orphan-. Lo miró sangrar sobre el escritorio. -Será mejor que respondas rápido para que te atiendan eso-.
-¿Qué quieres?-. La miraba con ganas de estrangularla.
-Los indigentes desaparecidos-. El número de personas en la calle había disminuido mucho más que otras veces. -¿Son parte del mercado de Orphan?-.
-Ni idea-. Soltó un quejido por la presión ejercida en su espalda. -Lo único que me dijeron fue que no investigara sobre eso-.
-¿Qué sabes del Lobo?-.
-Todos le temen… -. Le sonrió malicioso. -Es como su versión del Agente Zero-.
Lo levantó para volver a golpearlo contra el escritorio. -¿Cómo le contactas?-. Colocó el cañón de su pistola en su sien derecha.
-No lo hago-. Sintió que pegaban más la pistola a su cabeza. -Contactaba con la Araña-.
Para su gran fastidio, Shizuru percibió que el hombre no mentía, ese maldito corrupto había vendido su alma a Orphan sin saber un demonio sobre ellos, era otra maldita relación unilateral.
-Una vez escuché que la Araña contestó una llamada del Lobo-.
Lo miró despectiva, ese dato no le sorprendía, ya sabía que el Lobo tenía lazos directos con la Araña, el Gato y el Dragón, especialmente con el último.
PRESENTE
-¿Cómo que te has estado quedando aquí?-. Dijo Mai, entrando sin tocar a la habitación en la que Kuga se había quedado las últimas semanas. -Tú odias dormir aquí-. Extendió los brazos. -Desde…
-No tengo otro lugar al cual ir-. Respondió desde la cama, tenía el brazo sano cruzado detrás de la cabeza y la pierna derecha flexionada; vestía solo un short deportivo, quería darle un respiro a su cuerpo antes de cargarse con armas de nuevo. -Es Orphan u Orphan-.
Su habitación era una de las más grandes, y también, una de las menos personalizadas, parecía más un cuarto de armamento que un dormitorio, lucía así desde que pudo comenzar a vivir fuera de la base.
-¿Qué?-. Más de cerca, pudo ver mejor las heridas de Kuga, sintió preocupación, también un poco de culpa por no haberle cuidado más. -Tienes tres departamentos, una cabaña y una casa en la playa-. Se sentó en la orilla de la cama, recargó sus brazos sobre sus rodillas. -No me digas que no tienes a donde ir-.
Alzó la cabeza. -Ella los conoce todos-. Volvió a recargarla en su brazo. -Sabe llegar a todos-. Bajó la voz.
Esas palabras casi hicieron palidecer a Mai. -¿Cómo… -. La contempló incrédula, incluso ella no sabía muchas de las adquisiciones de Kuga hasta largo tiempo después de que las conseguía. -Se lo dijiste-.
Se movió sobre la cama, pegándose al lado de la pared, Mai comprendió y se recostó a su lado, como hacían de niñas.
-De haberme aparecido en uno de esos sitios, habría sido muy probable que me atrapara-. Cerró los ojos. -No podía permitirme eso si quería sacarte de prisión-. Pensó que incluso sin ese riesgo, era una terrible idea ir a cualquiera de sus propiedades, no quería que sus recuerdos la hicieran vacilar, si vacilaba estaba muerta.
-¿Por qué, Nat?-. Fue lo único que pudo decirle.
-Parecerá excusa-. Abrió los ojos, ladeó el rostro hacia la pared.
-No importa-. Ella miraba al techo. -Lo que digas, te lo creo-.
-Siempre has creído de más en mí, tetona de mierda-.
-Hace unas horas me sacaste de prisión, ¿cómo demonios no voy a creer en ti, idiota?-.
-Sí, tienes solo unas horas aquí, deberías estar con Mikoto-.
-Temo que tú te vueles la cabeza si te dejo sola mucho tiempo-.
-No haría algo como eso-. Frunció el ceño. -¿Quieres saber por qué se lo dije?-. Su cuerpo se tensó. -Fue por amor y por culpa-. Suspiró. -No podía decirle mi peor secreto-. Estaba triste, enojada, frustrada. -Así que le conté el resto-.
-Dioses-.
-De nuevo con tus Dioses-. Levantó su torso, apoyó su peso en su antebrazo izquierdo. -Me conoce tanto que, francamente, no me sorprendería entrara por esa puerta ahora mismo-. Apretó sus dientes. -Cavé mi propia tumba-.
-Nat-. Tuvo que medir muy bien sus palabras. -Allá te grité eso de que te dije que no salieras con policías; pero, ay Nat, esa mujer…
-Shizuru-. Susurró. No quería que se refirieran a ella como "esa mujer", sonaba tan despectivo, tan frío.
-Shizuru-. Tuvo una nítida imagen de esos ojos rojos ardiendo en colera, deseándole una muerte lenta y dolorosa. -Impactó en tu vida con un peso que ni siquiera tú podías prever. Puedes decidir la trayectoria de tus balas, tus sentimientos no, lo que tú sentiste…
-Lo que siento-. Corrigió el tiempo. -Me llevó a esto-. Señaló la cicatriz en su brazo. -Porque no solo confié en ella, ella confió en mí, Mai… confió y… -. Ahí a solas con Mai, su voz se rompió. -Ella creyó que la usé-. Sus ojos se humedecieron. -La única mujer que he amado me odia-. Comenzó a llorar. -Shizuru me odia-.
PRESENTE
Shizuru abrió la puerta de su departamento, cerró con el pie, aunque todavía tenía energía para un combate a muerte, mentalmente estaba exhausta. Reencontrarse con Natsuki, verse cara a cara de esa manera, le había prendido fuego a sus emociones, y ahora que llovían las cenizas, sentía que sus manos temblaban.
También sentía la garganta seca después de haberle dicho a los altos mandos que su helicóptero no había podido seguir al de Orphan, porque su piloto estaba metido en un complot con ellos, que esté le había disparado a su otro compañero y a ella no le había quedado más opción que ejecutarlo; con toda la basura que había limpiado por ellos, no dudaron ni un solo segundo de su palabra.
Se metió a la cocina, se quitó su gabardina y la arrojó sobre una silla, sacó su pistola, la colocó en el mesón, seguía manchada por la sangre seca de Natsuki.
-Natsuki-. Decir su nombre le causó una punzada en el pecho. -Natsuki-. Se obligó a repetirlo.
Cogió un vaso, se sirvió agua, quería algo más fuerte, pero al mismo tiempo, no quería nublar sus sentidos.
-Mi Natsuki…
Junto a ella todo se había convertido en caos.
Cuando se marchó, no regresó la paz.
-Idiota-. Se dijo a sí misma por extrañarla. -Imbécil-. El vaso se rompió en su mano, los pedazos de vidrio cortaron su palma y dedos. -Estúpida-.
Kuga Natsuki era el Lobo de Orphan; era una ladrona, una traficante, una maldita terrorista, una asesina a sangre fría.
-¿Por qué…?
Esa misma Natsuki había sido su amante, su mejor amiga, su familia cuando sus parientes sanguíneos no lo fueron.
Con su mano ensangrentada sacó su celular, manchó la pantalla al buscar entre sus archivos.
-¿Por qué no me dejaste caer?-. La atormentó pensar en Natsuki desesperada por sostener su mano. -Idiota-. Hasta ese momento había pasado las noches en vela, repitiéndose vez tras vez que Natsuki la odiaba, se lo decía para intentar sentir odio por ella.
"¡QUE TÚ ME ODIES NO SIGNIFICA QUE YO LO HAGA!"
Esa última frase de Natsuki le había dolido demasiado, e igual, había hecho que su corazón latiera frenético.
-¿Qué hicimos mal?-. La carpeta más grande de su galería era aquella repleta de recuerdos con Natsuki, cumpleaños, aniversarios, citas, la secuencia de una vida que en ese instante no sabía creer si había sido o no una mentira. -No, ¿Qué hicimos bien?-.
Pasó de foto en foto, se detuvo en una en la que Natsuki la abrazaba por la espalda y besaba su mejilla, viendo lo que quizá jamás había tenido, comenzó a llorar, desolada.
PASADO
Bastó con que saliera dos semanas de su territorio principal para que, a su regreso, su ciudad estuviese de cabeza.
-Hijos de perra-. Gruñó, le dolía la cabeza del enojo.
Era inaceptable ver tantas X en el mapa sobre su mesa.
Odiaba tener que remediar los errores de los demás, era agotador; las cosas que pudieron ser relativamente sencillas se convertían en carnicerías que tenía que protagonizar.
-Claro… hagan que el maldito Lobo tenga que comerse todo-. Masculló furiosa. -Empújenme a los cazadores, como siempre-. Chasqueó la lengua.
Repasó el mapa por quinta vez.
Disputas por territorio.
Puntos perdidos.
Bajas excesivas.
Estaciones que creían suyas cayendo una tras otra.
Era obvio que o bien alguien de su lado estaba jodiendola en grande, o, en el otro bando el mando había cambiado de dirección; tenía la corazonada de que eran ambas cosas combinadas, tremendo dolor de cabeza sería si acertaba.
La puerta de la sala se abrió de golpe. -¡Kuga!-. Yuuichi Tate, un rubio poco mayor que ella, entró despotricando. -Maldita pe…
Le apuntó con una de sus pistolas, sin apartar la vista del mapa. -Tate-. Su voz salió mas ronca de lo normal.
Tate no fue capaz de mantener la boca cerrada. -¿Por qué carajos te llevaste a mis hombres?-. En su sien derecha resaltaba una vena palpitante.
-¿Yo?-. Levantó la mirada de la mesa, desenfundó su segunda pistola. -Vaya bastardo tan estúpido-. Con la derecha le apuntó a su cabeza, con la izquierda a su corazón. -Tus hombres vinieron a mí, por su cuenta, no tenía ni una hora en la ciudad cuando me pidieron que les diera ordenes en tu lugar-.
-Ese Takeda hijo de puta-. Dijo entre dientes.
Frunció el ceño. -No fue solo Takeda, fueron todos-. Ladeó la cabeza. -Porque por tu jodida culpa tienen a la puta Segunda División respirándoles en la nuca-. Sus ojos se afilaron.
Tate conocía esa mirada.
-No tienes autoridad para decidir matarme-. Intentó sonar seguro.
-Estúpido se nace, ¿eh?-. Su puesto iba por eficiencia no por jerarquía. -Nagi me deja hacer cualquier cosa que beneficie a Orphan-. Le disparó en la pierna izquierda, por debajo de la rodilla, lo vio caer al piso sin sentir nada más que fastidio por sus gimoteos.
-¡Puto pedazo de hielo!-. La miró enfurecido. -¡Te vi llegar aquí, perra!-. Él tenía un año más en Orphan.
-¿Pretendes que me importe?-. Por el rabillo del ojo miró el mapa. -Tu parte es la más jodida, tendré que arreglarla primero-.
Palideció. -¿Qué tú qué… -. Recibió una bala entre sus ojos.
Mientras el charco de sangre se extendía bajo el rubio, enfundó sus pistolas y centró su atención en la mesa.
La puerta volvió a abrirse. -Escuché dis… -. Nao pisó la sangre, bajó la mirada. -Carajo, yo no limpiaré eso-.
-¿Qué quieres Nao? Estoy ocupada-. Entre arreglar ese desastre y encargarse de las autoridades tenía las manos llenas. -Al diablo, ven acá, me vas a ayudar-.
-Para que mierda vine… -. Dijo mientras se acercaba a la mesa.
-Ahora mismo Mikoto está afuera, limpiando-. Masajeó sus sienes. -Mai va por su tercer día metida en el taller-.
-Kuga-. Recordó a que iba ahí antes de escuchar el asesinato de Tate. -Hay un agente buscándote-.
-Como sino fuese la cara de Orphan… -. Dijo sarcástica. -Oficiales más, oficiales menos, da lo mismo-. A esas alturas ya era una de las criminales más buscadas.
-No te lo estaría diciendo sino creyese que quien está tras tu cabeza, es el Agente Zero-.
-Mierda-. Miró la mesa, la condición de la ciudad adquirió sentido. -Maldita sea-. Si los rumores eran ciertos, si el Agente Zero era como decían…
-Un enfrentamiento directo parece pésima idea hasta para ti-. Recalcó Nao con mucho énfasis. -No es…
-Que venga-. Golpeó la mesa con su palma. -Si me encuentra, está muerto-.
NOTA: Ahora sí ya estoy subiendo este fic en mi cuenta de wattpad NatKF98
