Nota: Esta actualización demoró porque se me descompuso mi laptop, cuando la arreglé, me descompuse yo, sin mis lentes no veo nada, mi visión es muy muy mala, tuve un problema con mis lentes así que eso de manejar archivos de texto estaba fuera de mi alcance.

Esta historia ya casi termina.

En fin, ojalá disfruten la lectura.


PERDER O PERDER

CAPÍTULO 5

PASADO

El celular de Shizuru sonó por tercera vez mientras ella estaba sentada en la orilla de su cama, harta, tomó la llamada. -Señor, es algo inoportuno-. Hizo un esfuerzo por mantener su voz serena.

-¿Inoportuno?-. Él se esforzó por no ser sarcástico. -Se requiere tu presencia, Fujino-.

-Estoy ocupada-. Bajó la mirada. -¿Es urgente?-. Sus ojos se encontraron con los de Natsuki.

-Yo diría que sí-. Intuyó lo que hacía su subordinada, suspiró. -Termina con tu asunto y ven aquí, te conviene-. Colgó la llamada.

-Ara, que fastidio-. Quitó su mano de la cabeza de Natsuki. -Lo siento, cambio de planes-.

-Descuida-. Sacó la cabeza de entre las piernas de Shizuru y se levantó del piso. -La vez pasada fui yo quien tuvo que irse-. Se relamió los labios.

La castaña necesitó todo su autocontrol para ignorar aquel gesto. -Odio tener que quedarnos a medias-. Interpretó su ceño fruncido. -Ok, ok, quedarnos al comienzo-. Le sonrió con culpa. -Sabes que salgo perdiendo con esto-. Ver a su novia desnuda hacía que quisiera quedarse con ella en lugar de ir con su jefe a recibir más trabajo.

-Oye-. La menor no quería tener que aliviar su calentura sola. -Puedo esperarte, si quieres-. Levantó sus cejas sugestivamente.

-¿Tienes tiempo libre de más?-. Entrecerró los ojos. -Creí que tendrías que ir a una reunión-.

-Tengo colegas que pueden cubrirme hoy-.

-Pensé que los comerciantes eran solitarios-. Buscó la ropa que le habían quitado, la mayoría estaba en el piso. -Tú en especial, con lo poco que te gusta socializar-.

-A veces incluso yo necesito trabajar en equipo-. Se recargó en la pared, al lado de la puerta.

-Natsuki-. Puso su mano en su cintura.

-¿Sí?-. Suprimió una sonrisa.

-¿Dónde están mis bragas?-. Vio que señalaba a la cama. -Ara, ara, esas son las tuyas-.

-Recuerdo que hace dos días alguien me mandó sin las mías al trabajo-. Alzó su muñeca e hizo como si mirara un reloj. -Por cierto, tic tac-.

-Ya verás cuando regrese-. Dijo riendo. Se vistió, tomó su celular, las llaves de su auto y abrió la puerta del dormitorio. -No tardaré-.

Así, Natsuki se quedó sola en el departamento de Shizuru; vistió la gabardina que le había quitado minutos antes, se la ató de la cintura y salió del cuarto para sentarse a fumar en la sala.

Pensó en lo que tenía que hacer.

Suspiró.

Marcó un número en su celular, esperó el primer tono.

-Hola, hola, te atiende Restaurante Salamandra-.

Ordenó comida, conociendo a su novia, regresaría con hambre después de tratar con el imbécil de su jefe.

-¿Debería averiguar quién es y darle un susto?-. Meditó en voz alta. -Mejor no-. Frunció el ceño. -Se gana la vida cuidando a otros, puede cuidarse a sí misma-.

Si le hubiera dado por revisar, en serio registrar el lugar con la misma energía con la que ella escondía hasta su sombra, habría encontrado cosas que hubiesen hecho saltar sus alarmas.

Pero no lo hizo, nunca lo hacía, no se le cruzaba por la cabeza.

Ni siquiera porque tenía grabado a fuego en su subconsciente que todos, absolutamente todos, escondían algo.

Pensaba que Shizuru pertenecía a la Agencia Otome, un negocio de seguridad privada tan real como la Compañía Hime en la que ella aparecía afiliada; había visto el gafete de empleado de su novia y eso, junto con su palabra, le había bastado para no husmear en el asunto.

Le era tan fácil confiar en Shizuru.

-Al fin-. 30 minutos después de ordenar su comida, escuchó que tocaron la puerta principal.

-¡Entrega Salamandra!-. Dijo el repartidor con algo de cansancio.

Entreabrió la puerta lo suficiente para poder tomar el pedido sin que la vieran. -Quédate el cambio-. Le dio el dinero, cogió la bolsa y cerró de golpe.

No le gustaba que otros vieran su cuerpo, pero le había dado pereza vestirse solo para recibir el pedido.

Colocó la comida en la mesita del centro y se echó en el sofá.


En menos de una hora Shizuru ya estaba de regreso.

Estacionó su auto. -Rayos-. Estrujó el volante.

Su jefe la había citado para decirle en persona que la ascenderían, lo cual era genial monetariamente, mas, visto por el lado de la presión que tendría encima, no lo era tanto.

Salió del auto, sintió en su cara las primeras gotas de una llovizna, expresó descontento; al lado de su coche, estaba aparcada la motocicleta de Natsuki, no le agradaba que la manejara bajo la lluvia y…

Natsuki.

Sí seguía ahí.

-Es verdad-. Caminó a la entrada del complejo departamental. -Otra mentira-. Masculló para sí.

Todo el camino de regreso, a la par que deseó que Natsuki siguiera en su departamento, se debatió entre si debía o no sincerarse con ella.

Apretó los dientes.

Era tan sencillo, o eso se decía; solo era confesarle a la mujer que amaba que llevaba dos años mintiendo sobre su trabajo, decirle que, en lugar de laborar en una agencia privada, le pertenecía al gobierno.

Suspiró frustrada.

No, no era sencillo, para nada. No cuando percibía en Natsuki un claro desagrado por las figuras de autoridad. Igual, se convenció de que tenía que ser ese día, esa misma tarde le diría como se ganaba la vida.

-¿Qué es lo peor que puede pasar?-. Dijo bajito, como si se arrepintiera de decirlo desde antes de pronunciarlo.

Abrió la puerta del departamento, lo primero que vio fue a Natsuki sentada en su sofá, sonrió, el gesto se le borró de inmediato; su novia parecía enojada mientras veía la TV, miraba el canal de las noticias, un reportaje sobre una unidad policiaca.

-Ara-. Se apoyó en el respaldo del sofá. -¿No te gustan las noticias?-.

Natsuki volteó a verla. -No me gustan los policías-. Sonrió ladina. -Lo siento, arruiné el ambiente-. Apagó la TV. -¿Cómo te fue?-.

-El ambiente lo maté yo-. Se las arregló para sonreírle de vuelta.

Pero Natsuki no se tragó esa sonrisa. -¿Qué pasa?-. Dijo en tono preocupado.

-Bueno, seguridad es seguridad, publica o privada, y acabas de decir que no te gustan los policías-. Dejó entrever su inquietud.

-Eso es distinto-. Palmeó el lugar a su lado, la castaña se sentó, sus piernas se rozaron. -Tú eres diferente a esa maldita jauría con uniforme-.

Shizuru escuchó el desprecio con que habló, contempló la expresión de repudio que la pura mención del tema colocó en su rostro, percibió la tensión en su cuerpo.

-¿Por qué odias a los policías?-. La pregunta se le escapó, maldijo por dentro, se maldijo por ser tan directa.

-Te conté que viví en las calles por años-. Le vio asentir. -Otros desahuciados no eran lo único peligroso para una mocosa solitaria. Golpizas, labios rotos, ojos morados, una nariz rota, un hombro dislocado; es cierto que robé comida, pero la mayoría de esas veces yo no robé nada, aquella vez… solo estaba ahí, Shizuru-.

"Aquella vez…"

Shizuru comprendió a que se refería, le dolió entenderlo, dolió pensar en las cicatrices de Natsuki, el trasfondo era peor de lo que había imaginado.

-Perdón, es un tema…

-¿Privado?, ¿Personal?, ¿Desagradable?-. Recargó la cabeza en el hombro de su chica. -Puedo hablarlo contigo-. Aquello había sido hacía tanto, lo sentía tan lejano. -Eres lista, viendo mi cuerpo y mis reacciones, apuesto a que lo sospechabas-.

-Sí-. Tragó saliva. -Desde la primera vez que nos acostamos-.

-Lo imaginé-. Tomó su cajetilla de la mesita, sacó un cigarro, lo encendió. -Así es-. Dio una calada. -Era una mocosa cuando unos policías abusaron de mí-. Vio que Shizuru perdió algo de color. -No pongas esa cara. No es un recuerdo que me duela, simplemente me enoja que en esa época no podía defenderme, me enoja que me haya marcado-.

-¿Estás enojada contigo misma?-. Esa parte de la historia de Natsuki le provocó tristeza, dolor, enojo; la dureza de esos ojos esmeralda que tanto le gustaban adquirió todavía más sentido y le dio un vuelco a su corazón.

-Quizá con todo el mundo-. Suspiró. -Soy una persona rencorosa-. Omitió la parte de vengativa. -Puede que más que odiarlo, me de igual que el mundo se joda-.

-Ara, quiero creer que eso no me incluye-. Intentó aligerar el ambiente, necesitaba hacerlo, por Natsuki, por ella, por ambas.

-Idiota-. Sonrió ladina. -¿Qué tal si cenamos y regresamos a nuestro asunto? Hoy puedo quedarme a dormir-.


PASADO

En la parte sur de la ciudad, en un área industrial abandonada, Orphan utilizaba un viejo almacén para algunas de sus negociaciones. A eso de las 6:32 am, Fujino se coló en el edificio a través de una ventana rota; con facilidad, usó la estructura para subir por la pared y llegar a las vigas del techo, se acomodó boca abajo, fuera de la vista, pero con un panorama completo del suelo.

Había atrapado a un montón de ratas para conseguir esa oportunidad, solo tenía que esperar.

El reloj marcó las 6:56 am.

Escuchó un motor.

Su mirada se afiló.

A las 7:01 am, una figura entró por la puerta principal; no era muy alta ni tenía una complexión especial, su manera de caminar era algo altanera pero despreocupada, no eran los pasos de un asesino en masa, sin embargo, no fue eso lo que la hizo deducir que no era la persona que buscaba, fue el que iba con el rostro descubierto.

Reconoció esa cara aniñada y aquel cabello rubio. Suprimió una maldición. Esa chica era la heredera del Consorcio Dorado, Alyssa Searrs, una chica que a sus 20 años devoraba los negocios; no le extrañó que esa familia estuviese relacionada con Orphan.

Pero…

Molestia o no, era una buena señal, sonrió.

Era explicito que para negociar con un pez así, Nagi Homura mandaría a uno de sus ases.

-Lobo-. Alyssa dijo fuerte y claro, la palabra hizo eco en el almacén.

Esperó a que su presa hiciese su entrada estrella.

-Hoy yo lo reemplazo-. Dijo una tercera persona, estaba recargada en la puerta trasera. -Ya sabes, cambio de itinerario-.

-Es curioso que una Araña reemplace a un Lobo-. Dijo con cierta cizaña.

-Supongo que te agrada más nuestro Dragón-. Respondió sarcástica. -Que cosas, también está ocupado-.

-Con eso me haces pensar que están juntos-. Sus labios se curvearon con desagrado.

-Puede que sí, puede que no-. Asintió. -A ese par le van los trabajos en pareja, saca tus conclusiones-.

-Como sea-. Suspiró. -Ahora…

Alyssa y la Araña caminaron al centro el almacén. Las vio a detalle. La Araña, otro miembro representativo de Orphan, conocida por dedicarse más a la obtención de información que a la violencia directa; como se esperaría, llevaba el rostro tapado, usaba una máscara roja con visor negro y se cubría la cabeza con la capucha de su chaqueta.

Mientras las escuchaba hablar, en silencio se movió por las vigas, cada vez más cerca de su posición.

En ese momento, Alyssa le importaba un comino, quería atrapar a la Araña para poder escalar a su verdadero objetivo.

Cuando estuvo sobre ellas, sacó su pistola, un disparo a la rodilla debería ser suficiente, antes de que jalara el gatillo, por instinto la Araña miró hacia arriba.

-¡Coño!-. Nao se alertó al ver ese uniforme, sintió un golpe en el estómago, lo suyo no era el confrontamiento directo y esa gabardina encajaba con la de alguien que había nacido para eso.

Disparó, su objetivo lo esquivó y se colocó detrás de una columna.

-¿¡Qué demonios, Araña!?-. Alyssa retrocedió sobre sus pasos.

-¡ESTÁ AQUÍ!-. Gritó Nao a todo pulmón.

Algo rompió una de las ventanas superiores, le vio caer a dos vigas de distancia de ella, jamás había visto en persona uno de esos cilindros plateados, pero, tuvo un escalofrío junto con una acertada corazonada de que era.

Se las apañó para saltar al piso, al caer dio dos giros sobre sí y quedó acuclillada, con una mano apoyada en el suelo; observó arriba, las vigas sobre ella estaban congeladas.

-Al parecer-. Una voz grave habló desde la puerta delantera. -Sí eres el Agente Zero-.

-Y tú eres el Lobo-. Dijo con su acento extranjero.

Le miró, con esa carta de presentación no cabía duda de que esa persona sí era el Lobo de Orphan, la mascota más peligrosa de Nagi. Llevaba el rostro cubierto por una careta táctica plateada cuyos goggles eran de un azul intenso que reflejaba todo cual espejo. Escondía su cabeza con la capucha de su sudadera celeste, encima de esta vestía una chaqueta negra que combinaba con sus guantes oscuros. En su cinturón cargaba más de esos cilindros plateados, y, gracias a su pantalón negro, las pistolas en sus piernas resultaban bastante llamativas

Pistolas plateadas… por un segundo, la imagen de Natsuki pasó cual rayo por su cabeza, la desechó igual de rápido, era tiempo de trabajar no de pensar en su novia.

-Araña-. Su tono era el de un líder nato, con instrucciones explicitas que sus subordinados podían entender sin más.

Fujino observó de reojo como la Araña jalaba a Alyssa del brazo para sacarla de ahí. No intentó impedirlo. Sabía, sentía que, si le daba la espalda a la persona frente a ella, eso tendría pésimas consecuencias.

-¿Qué pasa, AZ?-. Su voz sonaba más ronca de lo que era, un poco distorsionada, a causa de algo en su careta. -¿No estabas buscándome?-. Lanzó otra bomba, como si nada, indiferente.

Fujino esquivó.

El lugar en el que estuvo instantes antes se congeló.

Apuntó su pistola hacia la pierna derecha del Lobo.

-Sí-. Su disparo falló. -Te he estado buscando por más de un año-. Aunque ella no usaba ningún tipo de filtro, el fingir otro acento y la total ausencia de cariño o seducción en sus palabras encubría su voz.

-Interesante-. Desenfundó con la mano izquierda. -¿En verdad eres rusa?-. Bajo su careta mantuvo el ceño fruncido. Había escuchado que el Agente Zero poseía un acento muy marcado, si en verdad era así, ¿cómo era que no tenían rastros?

Acento marcado… Fue inevitable que Shizuru apareciera en su mente, se dijo idiota por pensar tal estupidez, vaya broma de su subconsciente, no quería relacionar a un agente de mierda con la mujer que amaba.

-¿Importa si lo soy?-.

-No-.

Dispararon al mismo tiempo.

La diferencia fue que Fujino apuntó a un punto no vital y Kuga tiró a matar.

Ambas esquivaron.

Kuga sintió una mezcla de enojo con excitación porque alguien desafiara su puntería. Molesta, saltó hacia atrás, lanzó otra bomba.

El hielo estalló entre ellas.

-Tus juguetes son peligrosos-. Disparó a su antebrazo.

-Ese es el punto-. Escupió las palabras. Aquella bala por poco y le rozó. -¿Por qué disparas así?-. Cayó en cuenta de que no disparaban con el mismo fin.

Kuga tuvo que agacharse para evitar una bala en su cabeza.

-¿Satisfecha, Lobito?-. Repitió la acción.

Para su disgusto, Kuga asumió que tendrían que tirar a quemarropa o jugar estira y afloja en un tiempo que no tenían. Gruñó; ese sonido fue inquietantemente familiar para Fujino.

-¿Qué quieres conmigo?-. Acortó la distancia.

La castaña la imitó, quería pensar que el Lobo no estaría tan loca como para usar bombas estando ella misma dentro del rango de explosión.

-Ah, ya sabes, arrestarte-. Mantuvo su pistola alzada. -Tú haces que trabaje horas extra-. Dijo fastidiada.

Kuga compartía el sentimiento. -¡Eres un dolor en el culo!-. Corrió hacia ella.

-¿¡Yo!?-. No se echó atrás, al verla correr tomó impulsó también.

Sus puños chocaron, en el impacto, Fujino sintió algo muy duro contra sus nudillos, tuvo que usar su mano libre para desviar el cañón que iba a rozarle el pecho. -¿Manoplas?-. Sin temor a fracturarse, dio un segundo puñetazo.

De nuevo sus puños se golpearon, con eso Fujino dedujo que el Lobo era diestra, por más que tomara la pistola con la izquierda.

-Que curiosa eres AZ-. Le dio un rodillazo en el abdomen, directo al diafragma.

Con ese golpe la castaña sintió que se quedó sin aire, pero, no le dio la pausa que estaba buscando, de inmediato respondió golpeándola en la sien derecha con el mango de su pistola.

Aunque el golpe la aturdió, la primera reacción de Kuga fue asegurar que su careta se mantuviera en su sitio, eso le costó recibir un codazo cerca de la quijada, enfureció.

-¡AL CARAJO!-. Su enojo aumentó al comprender que no querían matarla, la maldita Agente Zero quería dejarla inconsciente o al menos suficientemente vulnerable para llevársela consigo. -¡Y UNA MIERDA!-. Cogió otro cilindro de su cinturón, lo tiró al suelo, a sus pies.

Fujino escuchó el tintineo metálico, sus reflejos la hicieron retroceder, en nada pasó de la sorpresa al enojo, ese cilindro no había detonado.

-AZ, esto se trata… -. Desenfundó su segunda pistola. -De quien asusta más a quien-.

La castaña se lanzó tras una columna de concreto para cubrirse de la lluvia de balas; contó, las cuentas no le cuadraron. -¿Cargadores modificados?-. Habló más alto.

Pese a tener la ventaja, Kuga no se movió de su sitio. Dejó de disparar sin bajar sus armas. Le pareció haber escuchado algo molesto a la distancia. Arrojó otro cilindro a un lado de la columna, ese sí detonó. -Perra-. Pero AZ ya no estaba ahí.

Escuchó el mismo ruido de antes, más cerca, chasqueó la lengua, las sirenas de las patrullas eran tan molestas.

-Que conste, señorita AZ-. Pensaba que seguía ahí, en algún rincón, a la espera de que bajara la guardia. -Tú comenzaste-. Corrió a la puerta trasera para largarse antes de que llegaran más policías.

-Ara-. Suspiró con una mano apoyada en el marco de la puerta contraria. -Necesito otro aumento-. Agradeció que el sonido de las sirenas funcionara, su único refuerzo era la bocina que instaló en el exterior. -Se trata de quien asusta más a quien, Lobito-.


A partir de ese día, los enfrentamientos entre el Lobo y el Agente Zero fueron un hecho, en poco tiempo la frecuencia de sus peleas aumentó drásticamente; estuvieron a punto de matarse, tal vez, más de una decena de veces, se hicieron múltiples heridas entre sí, y encima, se maldijeron cada vez que pensaron en la otra.

Kuga no conseguía entender como era que esa agente seguía encontrándola.

Fujino detestaba que esa criminal tuviese una puerta de huida para todo, por más que la acorralaba, siempre se escurría entre sus manos.

El odio que generaron entre sí les impidió ver los detalles que siempre estuvieron ahí.


PASADO

Natsuki golpeó la puerta del departamento de Shizuru, le extrañó no tener respuesta pues cuando llegó vio el auto de su novia en el estacionamiento, llamó dos veces más, nada, frunció el ceño, no creía que la estuviera ignorando, incluso cuando Shizuru estaba molesta le contestaba.

Después de cumplir dos años saliendo, la castaña le dio una copia de la llave de su departamento; siempre cargaba esa llave. -Voy a entrar-. Abrió la puerta. -Shizuru-.

El lugar estaba tan ordenado como siempre, no obstante, en esa ocasión, el silencio le preocupó. Una hora antes de ir, mientras hablaban por teléfono, percibió malestar en la voz de Shizuru, cuando colgaron, no le respondió los mensajes de texto; ella misma no estaba en las mejores condiciones, pero hizo el esfuerzo de ir a buscarla.

Empujó la puerta del dormitorio.

-Shizuru-.

La encontró en su cama, con los ojos cerrados, en una posición en la que sabía no solía dormir; respiraba con dificultad, su piel tenía un leve brillo debido al sudor que le empapaba su playera y pegaba mechones a su rostro.

-Natsuki… -. Entreabrió los ojos.

-Ya estoy aquí, amor-. Colocó la mano sobre su frente, tal como parecía, ardía en fiebre. -¿Tienes medicamentos?-.

Shizuru asintió levemente, incluso ese movimiento era agotador.

-Dame un minuto, te bajaremos la fiebre-.

Salió del dormitorio, regresó con agua, la puso en la mesa de noche; pasó al baño del cuarto, buscó en la gaveta los medicamentos. Pensó que Shizuru debía sentirse muy mal para no haberse parado por ellos cuando estaban a unos cuantos pasos de la cama.

Al darse la vuelta para volver con ella, una punzada en su pierna casi le sacó un quejido, tenía un corte en el muslo izquierdo, uno de los profundos, de esos que podrían comenzar a sangrar en cualquier momento, esperó que las suturas de Youko no le fallaran.

-Shizuru-. Subió a la cama. -Ven aquí-. La ayudó a levantar el torso y la hizo recargarse en su pecho a modo de apoyo. -Toma-. Acercó dos pastillas a sus labios, la castaña abrió la boca, las puso en su lengua. -Bien, bien-. Estiró un brazo para coger el agua de la mesita de noche. -Bebe-. Inclinó despacio el vaso, dándole pequeños tragos, hasta que bebió todo. -¿Quieres más?-. Le negaron con la cabeza.

-Gracias-. Jadeó fatigada. Que la rodearan los brazos de Natsuki hacía que sentir que se quemaba por dentro fuese tolerable.

-No agradezcas-. Desearía haber llegado antes, lastima que tuvo que esperar a que la suturaran. -¿No quieres ir al médico?-. Teniéndola abrazada, sentía ese calor abrasador.

-No-. Respondió segura.

-Entiendo-. Con cuidado, la recostó en la cama. -Déjamelo a mí-. Se quitó su chaqueta, arrojó sus botas, desabrochó su cinturón, dejó el pantalón hasta el último.

Shizuru observó su cara, centrada en sus ojos, agradecida, enamorada, la única en quien confiaba había acudido a ella sin tener que pedírselo.

Una vez desvestida, Natsuki apoyó una rodilla en la cama. -Con permiso-. Le sacó su playera, no usaba nada debajo, le retiró los shorts y su ropa interior. -Abrázame-. La levantó de la cama.

Entraron al baño, giró la llave del agua fría, el primer contacto de esta con la piel de Shizuru la hizo estremecerse. -Te sentirás mejor-. Le dijo al oído.

El espacio de la ducha era pequeño y cuadrado, se sentó en una de las esquinas bajo la regadera, con Shizuru recargada en su pecho, la mantuvo abrazada por la cintura.

-Todo estará bien Shizuru-. Tenía frío, le dolía la pierna, pero bastaba con que Shizuru sintiera algo de alivio para ignorar su propia sensación de malestar.

-Nat…

-¿Sí?-.

-Te amo-. Lloró, no tenía claro porque lloraba, las lágrimas solo salían, una tras otra.

Besó su mejilla izquierda. -Te amo-. Sintió que Shizuru se aferraba a sus manos. -Amo que me ames-. Decir lo que sentía no era lo suyo, lo intentaba cuando veía a Shizuru a punto de romperse. 3

Con el pasar de los minutos, el agua fría bajó la fiebre lo suficiente para despejarle la mente, cayó en cuenta de la venda que rodeaba el muslo de Natsuki.

-Una pequeña diferencia de opiniones entre comerciantes-. Contestó a la pregunta hecha mediante miradas. -Puede que deba dejar de reunirme en bares-. Sonrió ladina.

-Estás herida-. Pasó un dedo sobre la venda empapada, estaba manchada de sangre. -Pero viniste-. Natsuki la había cargado con una pierna así de lastimada. -¿Por qué?-.

-¿Me crees tan mal nacida como para dejarte a tu suerte?-. Fingió un tono ofendido.

-No eres una malnacida-. Se apegó más a ella.

-Sé que no estás ciega, Shizuru-. Reforzó su abrazo. -El punto es que estoy aquí, si me necesitas aquí estaré-.

-¿Es promesa o amenaza?-. Bromeó con las mismas palabras que Natsuki le dijo cuando comenzaron a salir.

-Promesa-.


Nota: La historia también se sube en wattpad, perfil NatKF98