Nota: Durante dos semanas tuve una fiebre y un dolor de cabeza atroces, me la pase en cama sin energía para nada.
Todos mis fics los escribo primero a mano, después los transcribo a computadora. Mientras trataba con la fiebre, me empeoró otro problema, mis manos no me están respondiendo como deberían, duelen, se traban, a momentos me cuesta flexionar los dedos, como se podrán imaginar eso complica lo de escribir a mano y también el usar un teclado, ese problema físico está perjudicando mi estado anímico más de lo que me gustaría, por eso mis actualizaciones en general se estarán demorando un poco más de lo acostumbrado hasta que pueda resolver mi condición.
Acá les dejo el penúltimo capítulo de esta historia.
Ojalá disfruten la lectura.
PERDER O PERDER
CAPÍTULO 6
PASADO
El tiempo pasó.
Natsuki llegó a los 27 y Shizuru a los 29 años.
Para ese momento, sus dos vidas colisionaron.
Por primera vez, la Primera División localizó una de las bases de Orphan. En lugar de mandar una tropa enorme, optaron por una unidad pequeña, conformada por sus elites, con la Agente Zero a la cabeza.
Cerca de la media noche, Fujino guió a su equipo directo al objetivo, ubicado en una especie de búnker a la afueras de la ciudad. Ingresaron a la boca del lobo. El sitio por el que entraron parecía una trinchera, sucia, húmeda e iluminada pobremente por lámparas fantasmales; tuvieron que caminar 10 metros para dar con un verdadero pasillo.
Dio la indicación de que, de no ser necesario, no abrieran fuego hasta que ella comenzará con su parte, quería optimizar el factor sorpresa hasta el último segundo. Confió en que sus compañeros, llegado el momento, podrían encargarse de los subordinados del enemigo.
Se separó del grupo.
Recaía en sus hombros la parte más pesada de la misión: Buscar a los altos mandos de Orphan, y, según su criterio, eliminarlos o capturarlos.
Siempre era así, ambas organizaciones usaban fuego contra fuego, una y otra y otra vez confrontaban entre sí a aquellos que eran similares, esos que pudieron ser colegas de no haber sido por estar en bandos opuestos.
No era como si jamás no se le hubiese cruzado por la cabeza que, de haber sido un ser humano en vez de un ser podrido por dentro, el Lobo habría sido un elemento extraordinario. Le odiaba, aborrecía la extensa lista de crímenes atroces sellados con su firma, e igual, aceptaba, a regañadientes, pero reconocía sus capacidades.
Se escabulló por la base.
Según lo que observó, las condiciones de vida ahí eran, por decir lo menos insultante, desesperanzadoras.
Casi sintió lástima por los subordinados de menor rango de Orphan. Eliminó ese pensamiento. Ver con empatía a sus enemigos no aportaría nada bueno.
Llegó a la zona en la que pensaba podrían estar sus objetivos. Le extrañó ver una puerta entreabierta, su parte lógica le dijo que quizá era una coincidencia, la parte que le valió su puesto no estaba del todo de acuerdo, le prestó atención a la segunda.
Se acercó sigilosa, desde el interior, creyó escuchar una voz inquietantemente familiar.
-Malditos idiotas-. Dijo con enfado. -¿Tengo que hacerlo todo?-.
Sintió un golpe en el estómago.
Pidió, deseó, estuvo a punto de suplicarle a la vida estar equivocada.
Se colocó de espalda a la puerta con el rostro de costado y su arma alzada, miró al interior.
Vio una figura de espaldas, hablaba por radio en tono irritado; bajó la mirada, la chica usaba fundas colocadas en los costados de sus piernas, tal como el Lobo hacía, y ahí estaban, sus pistolas gemelas, desde ese ángulo pudo ver la imagen que tenían en el mango, sintió un escalofrío, eran, sin duda, el mismo dibujo en la pistola de Natsuki.
Quiso pensar que era una enorme coincidencia.
Quererlo y hacerlo eran cosas distintas.
-¿Eh?-. Gruñó. -Maténlos-. Ordenó fría.
Abrió la puerta de golpe, con su arma apuntando directo al Lobo, cuando esta volteó, contempló el rostro de Natsuki.
Le dolió verlo, dolió observar como el semblante de su novia derrochaba desprecio mientras la veía.
-Tenías que ser tú, AZ-. Desenfundó con la derecha, en el fondo estaba algo desconcertada por no haber tenido que esquivar nada todavía, pero, tomó una decisión cuando vio a la Agente Zero en su puerta, esa vez debía matarla sí o sí, no tenía otra opción si ya conocía su cara, disparó.
Fujino esquivó por reflejo, sin regresar la acción, como siempre.
-Natsuki-. Dijo con su verdadero acento.
A Kuga por poco se le cayó su pistola al ver a la Agente Zero descubriéndose el rostro, cuando reconoció esas facciones, palideció.
Shizuru…
Acababa de dispararle a Shizuru.
Había intentado matar a Shizuru.
No una vez, no… ni siquiera recordaba cuantas veces.
Su mirada cambió por completo.
-Tú… -. La castaña tensó la mandíbula, apretó su mano libre en un puño de impotencia. -¿Por qué?-.
Todo el miedo que Natsuki nunca sintió al tener que rendirle cuentas a Nagi, lo sintió ahí, con Shizuru.
¿Qué demonios podía decirle?
Sí, ambas habían ocultado cosas, ambas habían intentado matarse, la gran diferencia siempre fue que Shizuru lo hizo por proteger a otros y ella… por negocios, todo el tiempo pensó en conveniencia propia.
No existía una maldita justificación para ser una hija de puta.
Negó con la cabeza, en silencio.
-No te atrevas-. Shizuru le apuntó, no con su arma, sino con un dedo acusador. -No te atrevas a quedarte callada-.
-De haber sabido-. Intentó mantener su frialdad, no pudo. -¿Habrías salido con alguien como yo?-.
-Con alguien como tú, no-. Su voz se rompió. -Contigo, sí-.
A Natsuki le dolió escucharla así, sintió que acababa de abrirse un abismo entre las dos, enfundó su pistola. -Shizuru… -. Y estiró la mano en su dirección.
-¿Qué hay de ti, Natsuki?-. Su pregunta hizo caer la mano que quería alcanzarla. -¿Habrías querido estar conmigo, si te lo hubiera contado todo?-.
-Yo… -. Su corazón latió muy fuerte. -No lo sé-.
Esa respuesta dolió más que un rotundo no, e igual, la castaña puso todo de sí para no derrumbarse. -Dime, Natsuki-. Una lágrima apareció en su ojo izquierdo, se la quitó con el hombro. -¿Me usaste?-.
-¡LOBO!-. Una voz masculina se escuchó desde el pasillo justo antes de que un subordinado se asomara por la puerta.
Shizuru disparó hacía atrás, sin voltear, sin pestañear, sin prestarle atención a que acababa de matar a alguien; seguía esperando la respuesta.
La muerte de Takeda no removió nada dentro de Natsuki. -¿¡LOBO!?-. Pero sus pupilas se dilataron con esa segunda voz en el pasillo.
-¡NO!-. Se arrojó contra la castaña para desviar su siguiente disparo, rodeó su cintura en un abrazo desesperado y cayeron al piso, la bala dio en el marco de la puerta.
Más preocupada por ese grito que por los disparos, Mai saltó por sobre el cuerpo de Takeda e ingresó al cuarto. Encontró a Natsuki tirada en el suelo, encima de alguien, por como forcejeaban supo que las cosas se habían descontrolado, y, cuando notó que la persona bajo su amiga era una castaña… fue como sentir una soga en su cuello.
Shizuru, enfurecida por la traición, no lo pensó dos veces, movió a Kuga de una patada tan fuerte que bien pudo romperle una o dos costillas. Se puso de pie en un salto y apuntó a la recién llegada, su dedo ansiaba jalar el gatillo.
-Ah, Mai-. Dijo con repudio. -Eres el Dragón, ¿no?-. Tantas piezas habían encajado de golpe, sentía nauseas, estaba asqueada.
Desde atrás, Natsuki se arrojó sobre ella, le rodeó el cuello con su brazo izquierdo y aplicó presión esperando hacerla retroceder. No quería dispararle, demonios no quería herirla; casi entró en shock al recordar la vez que estuvo a nada de asfixiar a la Agente Zero con una barra de acero, agitó la cabeza. No podía permitir que mataran a su hermana, sobre todo si querían asesinarla justo por ese motivo. Reforzó su agarre.
E igual, por más fuerte que la sostuvo, Shizuru consiguió zafarse antes de que le cortara la respiración, invirtió la situación, cogió el brazo de Natsuki, la jaló, logró levantarla sobre sí y la aventó de espalda contra el piso.
La caída le sacó un quejido. No recordaba así la fuerza de AZ, no, de… de Shizuru; se sentía como si hubiese subido otro nivel, al parecer, eso de estar un un escalón arriba de la ira le estaba dando una ventaja significativa.
Shizuru se puso a cuclillas sobre Natsuki, la mirada en sus ojos, iracunda y dolida a partes iguales, decía a gritos que aquello apenas comenzaba.
-¡VETE!-. Kuga le gritó a Mai, un segundo después recibió un puñetazo en la mejilla izquierda. -¡LÁRGATE!-. El mango de la pistola de Shizuru le dio en la quijada, escupió sangre, dentro del mal, agradeció fuesen golpes y no balas. -¡CON UN CARAJO, VETE! ¡YA!-. Detuvo un puñetazo rodeando la mano de la castaña con la suya.
Insistía tanto con que se marchara porque lo último que necesitaba era que Mai quedara en medio de ese desastre; una Agente Zero enojada era producto de lidiar con las acciones de todo Orphan, pero, una Shizuru furiosa era absolutamente su culpa.
Muy a su pesar, Mai entendía que lo más sabio habría sido largarse tal como le decían, a sus ojos, esas dos no eran una policía y una criminal en una disputa, eran un par de amantes con la capacidad de matarse en una ruptura que les daba el motivo perfecto para hacerlo. Temiendo la peor posibilidad para Natsuki, cogió una silla y la usó para golpear a la castaña.
Si bien toda la atención de Shizuru estaba enfocada en la chica bajo ella, sus reflejos no le fallaron, atravesó su brazo, la silla golpeó ahí en lugar de su cabeza, el golpe no fue suficiente para que soltara su pistola, la apuntó hacia Mai, para su sorpresa sintió un cañón en su mentón.
-No lo hagas-. Natsuki casi suplicó, sin querer poner el dedo en el gatillo, pero empujando el arma hacia ella.
-Ara-. La expresión denotó decepción. -¿Debo tomarlo como un sí?-.
Sonó el inicio de una cuenta regresiva, una alarma resonó con fuerza en toda la base. -Se saben dos cosas del Dragón-. Mai habló decidida. -Una, que lo explota todo-. Tenía un detonador en la mano derecha. -Dos, que siempre respalda al Lobo-. Sin dudarlo estallaría la base completa si con eso le compraba tiempo a Natsuki. -Tenemos diez minutos antes de que este sitio desaparezca-.
La castaña apretó los dientes, sus ojos apuñalaron a los esmeralda.
-Tic toc, Shizuru-. Dijo Natsuki con la voz apagada.
Llevó una mano al comunicador en su oído. -Evacúen-. Dio la orden a sus hombres.
Natsuki retiró su pistola, levantó medio cuerpo e intentó llegar a los labios de Shizuru, la castaña se echó atrás, su semblante delató repudio. -Nunca te usé-. Kuga supuso que no le creería, no podría culparla, no con esa mentira de mierda atravesada entre ellas.
Shizuru colocó el cañón de su arma en el corazón de Natsuki. -¿Podrías cambiar?-. Se mantuvo firme.
-La escoria es escoria-. Requirió toda su fuerza de voluntad para apuntarle de nuevo, colocó su arma contra la sien derecha de Shizuru. -No puedes vestir a un lobo de oveja-.
La castaña asintió dolida, frustrada, impotente, pero retiró su arma, Kuga hizo lo mismo.
Uno de los hombres de la Primera División entró al cuarto buscando a su jefa, y, al ver a Mai con un detonador en la mano, le disparó, le dio entre las costillas, ella se derrumbó en el piso al mismo tiempo que Kuga lo hizo caer a él con un tiro limpio entre las cejas.
-¡MAI!-.
Ante el grito de dolor de Kuga, Fujino sintió un escalofrío, estaba enojada con ella, sentía una enorme decepción con solo mirarla y ni se hablase del dolor que golpeaba su pecho, pero no pudo evitar sentir compasión por ella al ver su expresión de miedo, se retiró de encima suyo, la vio ponerse de pie y acudir corriendo a Mai.
Con esa escena, el corazón de Shizuru trastabilló. -Vengan conmigo-. Ofreció mientras veía como Natsuki intentaba parar la hemorragia. -La atenderán-. Apretó los puños. -Tú… nadie más tiene que enterarse de que la oveja es un lobo-. Si jalaba hilos… si… quizá… tal vez…
Natsuki comprendió lo que le ofrecía, pero también entendió que la propuesta solo la incluía a ella, aquello significaba salvar su pellejo a costa de entregar al Dragón de Orphan.
-Shizuru… -. Levantó a Mai del piso, la puso a cuestas sobre su espalda, la sangre comenzó a impregnarse en su ropa. -No puedo ir contigo-.
Apenas dijo esas palabras se arrepintió, ver la mirada carmín apagarse hizo crujir su corazón.
Shizuru se acercó a ella, la miró a los ojos con crudeza mientras deslizaba la mano por su pierna. -Recuerda esto-. Tomó su pistola. -Tú elegiste, Lobo-. Dijo fríamente antes de darse la vuelta.
-Es mi hermana-. Dijo viendo su espalda.
-Creí ser tu novia-. Caminó a la puerta. -Tic toc, Lobito-.
Natsuki deseó ir tras ella. -Shizuru-. Pero Mai se desangraba a sus espaldas. -Shizuru-. Sus ojos se humedecieron. -Shizuru…
A 7 metros de esa puerta, una bomba de hielo estalló detrás de Shizuru.
PRESENTE
-Solo para que quede claro-. Kuga estaba parada en una de las puertas traseras de la base, con una cara de pocos amigos y un cigarro a medias. -Lo sabes ¿no?-. Le dio un vistazo a la puerta. -Si salgo ahora hay una alta probabilidad de que me atrapen-. Frunció el ceño. -Si antes me buscaban, después de esa fuga quizá hasta los novatos están tras mi cabeza-.
-No me vengas con que tienes miedo ahora-. Nagi fumaba a su lado izquierdo, la observaba con ojos burlescos, como si ser atrapada y tal vez sentenciada a muerte fuese cosa de nada.
-¿Miedo?-. Dejó caer la colilla de su cigarro. -Es sentido común-. Abrió su cajetilla, chasqueó la lengua, solo le quedaba uno. -No te sirvo tras las rejas-.
-Lo sé-. Exhaló en su cara, ella gruñó, rio complacido. -El asunto es que buscan al Lobo-. La miró, iba vestida de civil, con su arma escondida bajo su ropa, en su espalda. -No esa cara sin emociones que tienes-.
Para su disgusto, pensó que con Shizuru tras ella, daba lo mismo salir como el Lobo o como Kuga, estaba igual de jodida.
Su falta de respuesta cambió el humor de Nagi. -Al menos, claro, que hayas sido tan estúpida como para mostrarle tu rostro a alguien-. Dijo hosco.
Ah… no, le había mostrado más que su rostro a la mismísima Agente Zero, esa mujer ubicaba mejor sus lunares y cicatrices que ella misma.
-¿Me tomas por una novata?-.
-Te tomo por una hija de perra arrogante-.
-Que halagador-. Dijo sarcástica.
-Que modesta-. Respondió de la misma manera. -Cuando las personas son demasiado confiadas, llegan a tener deslices-.
Soltó una amargada carcajada. -Nagi, mi desliz fue aceptar trabajar para ti cuando eramos unos mocosos-. Se miraron a los ojos. -A partir de ahí, el pozo no ha tenido fin-.
-No me culpes-. Se encogió de hombros dramáticamente. -Tú ya estabas manchada de mierda antes de conocernos-. Alzó ambas cejas. -Eres una gánster excelente, creo que naciste para esto-.
"Una gánster excelente."
Esa frase hizo eco en su cabeza.
Lo que mejor se le daba hacer era lo que la hacía el peor tipo de persona.
-La limpieza no se hará sola, me voy-.
-Kuga-. Algo en sus ojos fue distinto al contemplarla. -Espero que mi huérfana favorita regrese-.
-¿Ah?-. Gruñó. -Como si tuviese otro lugar al cual ir-.
En la parte exterior de la puerta la esperaba una motocicleta negra, montó sin casco. Le vino a la cabeza aquel día lluvioso en la cafetería, la manera en la que Shizuru se acercó a ella, el como se abrazó a su cintura aun después de sentir su arma bajo su ropa.
Apretó los dientes.
Las pistas estuvieron ahí desde el inicio, para las dos.
Aceleró.
Era mucho más fácil dejar su mente en blanco cuando le disparaba a otros.
Se deshizo de un grupo de chicos que estuvieron alardeando de pertenecer a Orphan, desapareció a dos policías por meterse de más en su territorio y puso orden entre los delincuentes de baja calaña.
Pero pese a estar ocupada hasta entrada la madrugada, no consiguió despejar su cabeza.
Las 4 am la atraparon en el parque en el que inició su noviazgo con Shizuru. Caminó sin un verdadero rumbo durante algunos minutos, finalmente, se detuvo frente a una fuente, mientras la contemplaba vio las monedas en el fondo. Metió la mano izquierda al bolsillo de su chaqueta, suspiró, no tenía monedas, solo su cajetilla casi vacía y un cargador.
-Al demonio-. Masculló.
Tomó el cargador, lo abrió, extrajo una bala y regresó el cargador a su bolsillo.
Sostuvo la bala entre sus dedos pulgar e índice.
Observó fijamente la fuente.
Arrojó la bala.
Sintió el filo de una navaja en su garganta. -Ara-. Escuchó a sus espaldas. -¿Qué pediste, Lobito?-. Presionaron la hoja, brotó una delgada linea de sangre.
-Una señal-. Contestó firme. -No esperaba una tan directa-.
-Cuidado con lo que deseas-.
-¿Por qué no solo me matas y ya?-. La castaña la tenía, en verdad la tenía, con el brazo izquierdo mantenía la navaja en su cuello y con el derecho rodeaba su cintura en un agarre de piedra, la pegaba a ella de tal modo que su pistola quedaba fuera de su alcance, atrapada entre sus cuerpos.
-¿Por qué te aferraste a mi mano allá?-. Dijo al oído de Natsuki, ella puso todo de sí para no demostrar que la acción causó un terremoto en su interior.
-¿Que mierda estamos haciendo, Shizuru?-. Permitió que se dejará entrever su dolor.
Shizuru apretó los dientes, respiró mas fuerte. -Tú dímelo-. Abrazó su cintura con necesidad, al mismo tiempo, sostuvo el cuchillo enojada, enojada tanto con Natsuki como consigo misma.
Una risa maliciosa y burlona se escuchó no muy lejos de ellas, miraron hacia enfrente, un hombre vestido con un traje color menta caminaba directo a la fuente, indiferente al hecho de estar interrumpiendo una escena por demás privada.
-No tengo idea de que pasa aquí-. Puso un pie en el borde de la fuente. -Sin embargo, sea lo que sea-. Se dirigió a Shizuru. -Tienes ahí a una de mis mascotas preferidas-.
Shizuru lo reconoció enseguida, cabello blanco, ojos rosados y burlones, semblante arrogante, baja estatura, ese era Nagi Homura, no cabía duda.
-¿Qué haces aquí?-. Kuga sintió una descarga de adrenalina, mantuvo su expresión fría.
-Sentí que mi perrito podría extraviarse-. Alzó el mentón en una pose de superioridad. -Así que lo seguí para ponerle su correa-.
"Mi perrito." Esas dos palabras hicieron rabiar a Shizuru, pero con el riesgo de que fuesen dos contra ella, justo como ya le había pasado, no soltó a Natsuki.
-Hazme un favor-. A Kuga parecía incomodarle mucho más la presencia de Nagi que el cuchillo en su garganta. -No te metas-. Frunció el ceño. -Ya me seguiste hasta acá, ahora vete. Este es un asunto personal, no tiene nada que ver con el trabajo-.
-Oh… ¿en serio quieres que me vaya?-. Alzó ambas cejas. -Que curioso, Kuga, con ese cuchillo en tu cuello parece que necesitas algo de ayuda-. Dijo sarcástico.
-Te dije que estoy bien-. Repitió escupiendo las palabras.
Nagi metió la mano al bolsillo de su saco, al sacarla tenía entre sus dedos una pistola, apuntó a la cabeza de Shizuru. -Señorita, ¿que asuntos tiene usted con esta cabeza dura?-. Puso el dedo en el gatillo.
-Eso es asunto nuestro-. Contestó a secas, con el detalle de que su mirada carmín dijo a gritos que quería matarlo.
Nagi ladeó la cabeza, Kuga conocía esa maldita expresión, esa maldita mirada.
-No te atrevas-. Se movió bruscamente, no se rajo la garganta solo porque la castaña alejó la najava previendo esa reacción de su parte. -Ella… -. La miró de reojo. -Es mi amante-.
Shizuru sintió ganas de besarla y estrangularla.
-¿Amante?-. Nagi soltó otra carcajada. -¿Tú puedes tener una?-. Sabía como reaccionaba Kuga cada vez que alguien veía más de la cuenta su cuerpo, sabía cuanto detestaba el contacto físico, conocía su personalidad arisca y solitaria, pero, en cierto modo, esa era la única forma en que tenía sentido que esa castaña se hubiese acercado tanto sin recibir una bala primero. -Espera… ¿Tu amante quiere matarte?-. Comentó cizañoso. -¿Se dio cuenta de la porquería que eres?-. Sonrió.
-Ara-. Reforzó el agarre en la cintura de Natsuki.
-Escucheme, señorita-. Volvió a hablarle a la castaña. -No importa cuantas palabras bonitas te haya dicho, soltar labia es parte de su trabajo-.
-¡Cierra la puta boca!-. Kuga quiso tirarle todos los dientes de un puñetazo.
-Concuerdo con ella-. Shizuru contuvo las ganas de gritar. -Lo que me haya dicho, solo nos compete a nosotras-. Afiló su mirada.
-Wow, sí que tienes seguridad mujer-. Amplió su sonrisa. -Veo porque esta chica te mete a su cama-. Alzó la cabeza, de golpe cambió su sonrisa por una mueca de desprecio. -Por otro lado, sé quien es un policía cuando lo veo-. Miró a Kuga enfurecido. -Creí que tú también lo sabías-. Metió la mano libre a su bolsillo. -Es una lastima-.
Desde la parte trasera del cuello de Natsuki se liberó una descarga eléctrica, la electricidad usó su cuerpo para llegar al de Shizuru, ambas gritaron.
Natsuki cayó al piso en un golpe seco, sintió el cuerpo de Shizuru desplomándose sobre ella, después, todo fue negro.
