Bueno como les comenté en mi nota anterior mi estado de salud estaba algo mal y andaba resolviendo eso, tuve una serie de consultas médicas, en resumen el diagnóstico no fue el que temía en un inicio sin embargo me diagnosticaron una enfermedad de por vida que condiciona mi día a día, pasé este período asimilando la noticia, fue duro comprender que no mejoraré del todo y por eso no tenía cabeza para nada, pero ya volví porque escribir historias es lo que amo.

Aquí el final de esta historia.

Ojalá disfruten la lectura.


PERDER O PERDER

CAPÍTULO 7

FINAL

PRESENTE

Kuga recuperó la consciencia y tomó una gran bocanada de aire, estaba desorientada, su cabeza zumbaba, le era difícil enfocar la mirada; no recordaba que doliera tanto eso de ser electrocutada. Sintió que tenía las muñecas atadas con cinta adhesiva plateada, pero su atención se desvió a la sensación de algo duro y frío alrededor de su cuello, supo que era por la cadena que caía sobre su hombro derecho. Muy a su pesar, cuando su vista se aclaró, reconoció el lugar, estaba de regreso en la base principal de Orphan, dentro del sótano en el que despedazaba cuerpos hasta desapa…

Giró la cabeza violentamente temiendo encontrar el cadáver descuartizado de Shizuru.

A menos de medio metro de ella, en su costado izquierdo, recargado contra la pared, estaba el cuerpo de Shizuru, contuvo un grito de horror gracias a que vio el leve movimiento de su respiración, pero, un escalofrío erizó su piel, tanto Shizuru como ella estaban encadenadas a la pared, los grilletes en sus cuellos solo podían retirarse mediante una tarjeta electrónica.

No supo que nombre sería menos peligroso utilizar. -Oye-. Estiró la pierna izquierda, con la punta de su bota tocó el brazo de Shizuru. - Despierta-. Le dio leves golpecitos. -Oye-. Parecía más un cariño que un intento por despertarla. -Tenemos problemas-. No tuvo respuesta.

Quería evitar golpearla fuerte porque si ladeaba su cuerpo, la cadena en su cuello podría tensarse de más.

Pero necesitaba despertarla.

Un golpe a la cara era lo más simple, negó con la cabeza, de por sí ya la odiaba, si le rompía la nariz por error ella querría estrangularla con una de sus cadenas.

Frunció el ceño.

No pensó que algún día usaría su flexibilidad de aquella manera con Shizuru.

Medio recostó el cuerpo en el piso, hizo fuerza con su abdomen para mantener la firmeza, posicionó su pierna izquierda contra el pecho de la castaña a modo de barrera, por si sus reflejos actuaban. -Lo siento-. Flexionó su pierna derecha tanto como pudo y liberó una patada directa al muslo de Shizuru.

Los ojos carmín se abrieron, enfurecidos y desorientados, a causa del repentino dolor que estremeció toda su pierna, intentó moverse hacia enfrente, Kuga la detuvo.

Shizuru bajó la mirada a sus pechos, borroso o no, era claro que eso que la recargó contra la pared era una pierna, comprendió que el dolor fue por una patada. Sintió el impulso de regresar el golpe, sin embargo, también sintió sus manos atadas y algo desagradable en su cuello.

-Soy yo-. Lento, Kuga se movió para darle su espacio. -Soy yo-. No esperaba que su voz aclarase de golpe la cabeza de la otra.

La castaña recordó la última escena en el parque. -Tú-. Volteó a verla con una expresión de furia.

-Yo-. Mostró sus manos, quería dejar claro que estaban en las mismas condiciones. -No creo que pienses que yo sola me electrocuté y me puse esta mierda-. Frunció el ceño. -Ese golpe sí fui yo, lo siento-.

-El maldito golpe es lo de menos-. Sí, sí, le había dolido, le dejaría un hematoma, al demonio, era una niñería en su historia. -¿Dónde rayos estamos?-.

Como quien se acercaría a un animal que intentaba morderlo, Kuga se movió muy despacio, se sentó a su lado, sus hombros casi se rozaron, por un segundo, ambas sintieron un cosquilleo. -Justo donde estás pensando-. Suspiró. -Bienvenida a mi hogar-. En su mirada se reflejó el pesar, el cansancio.

-Ara, imagino que no fue tu idea invitarme-. Respondió entre molesta y sarcástica, queriendo ignorar, sin éxito, el sentimiento en los ojos esmeralda. -No estoy imaginando que huele a sangre, ¿verdad?-. Dijo ya más seria.

Kuga negó con la cabeza, ese sitio, por más que lo lavaran, olía permanentemente a carnicería; ella ya era inmune al aroma, se dio cuenta de que no era el caso de Shizuru, sintió un golpe en el estómago.

El clic de una perilla girando, seguido del sonido de una puerta, captó toda su atención. Nagi entró al sótano, en su cara, la expresión parecía dividida, mientras que sonreía ampliamente sus ojos gritaban que estaba irritado.

-Sabía que despertarían pronto-. Se paró frente a ellas, a tres metros de distancia. -Aunque admito que dí dos vueltas antes, estaba ansioso-.

-¿Qué es esta mierda, Nagi?-.

-La mierda que parece, Kuga-.

Shizuru prefirió quedarse callada, al menos de momento, consideró que por más personal que fuese el asunto, lo mejor sería tratarlo como un trabajo. Se dispuso a escuchar y observar, muy atenta.

-Este tipo de cosas-. Nagi extendió ambos brazos a sus costados. -Pasan cuando un perro viejo como tú-. Regresó las manos a los bolsillos de su pantalón. -Quieren morder la mano que les da de comer-.

Llegada a ese punto, en el que Fujino ya había escuchado lo peor, Kuga no pensó en ponerse un filtro en la lengua. -No digas estupideces, me alimenté yo sola-. Habló con dureza. -La mayor parte de nuestras ganancias son gracias a mí-. Adquirió un tono altanero. -Te guste o no, soy tu jodida mina de oro-.

-Uy, ya nos pusimos egocéntricos-. Nagi sacó un cigarro. -Sí, sí, nuestras arcas están repletas gracias a ti, los negocios se dispararon contigo-. Lo encendió, inhaló muy profundo. -Para tu desgracia, eso no quita que esta vez la cagaste, a lo grande-.

-No es la primera vez que te enojas conmigo-. Tensó sus puños, moría por darle una paliza al enano. -El que sí haya despertado quiere decir que todavía tengo valor para ti-.

-¿Enojado?-. Subió sus dos cejas. -Kuga, Kuga, Kuga. Una cosa es que me enoje, lo cual sí, contigo pasa bastante-. Su pie izquierdo, sin levantar el talón, le dio un golpe al piso, fue el inicio de un golpeteo. -Una cosa es que me desobedezcas por un mayor beneficio para Orphan-. Reconocía que el olfato para los negocios ilegales de Kuga era alucinante. -Que todavía tengas dos manos prueba que reconozco tu lugar-.

-¿Entonces por qué tengo una puta cadena en el cuello?-.

Nagi ignoró la pregunta. -Una cosa fue que te jugaras tu pellejo por sacar a esa chica de la cárcel, a fin de cuentas, tuviste razones personales pero beneficiaste a Orphan-.

Con esas pocas frases, Shizuru comprendió que muy seguido, el Lobo tendía a actuar por su cuenta, ahí entendió porque de todos los miembros de Orphan ella era por mucho la mas escurridiza.

-Pero Kuga, esto es una cosa completamente distinta. Todo lo que habías hecho siempre fue dentro de Orphan-. Señaló a la castaña con el dedo corazón. -Te garantizo que ella no encaja en ese patrón-. Entrecerró los ojos. -Si hay una mierda que ni siquiera los gangsters toleramos, es la traición-.

-¿Traición?-. Kuga, con todo el cinismo que tenía, enarcó una ceja. -¿Por qué de repente estás tan interesado por con quién me acuesto?-.

-¿Que pensarías si uno de tus subordinados estuviese liado con un policía?-. Hubo silencio. -Apuesto a que pensaste algo como "Plantarle una bala en el culo."-.

-Pues tengo el culo intacto-. Dijo indiferente.

-Podías tomar a cualquiera-. Sus pisadas producían eco. -Pero no, vas y te eliges a una perra del gobierno-.

-¿Cualquiera?-. Alzó la cabeza, enojada. -No me gusta cualquiera-. Sintió la mirada de Shizuru sobre ella.

-Me consta-. Dijo sarcástico. -Cuando quedaron inconscientes, pensé en matarla antes de traerte, pero tuve que traerlas a las dos, porque debía saber ¿quién carajo podía amenazarte de muerte y no morirse?-. Dejó de golpear el piso. -Imagínate mi sorpresa cuando la revisé y encontré en su ropa la pistola que te faltaba-. Escupió su cigarrillo. -Ya sabes, esa que me dijiste que te quitó la Agente Zero-.

Ninguna dijo nada.

-Digame, señorita-. Clavó sus ojos en Fujino. -¿Es usted la Agente Zero? o… -. Miró de soslayo a Kuga. -Ella es una mentirosa-.

Fujino pensó que las dos cosas eran ciertas, encima, le gustara o no, negar cualquiera de las dos sería una tontería. -Mentir es parte de su oficio-. Dijo con su falso acento, en deje sarcástico.

No las sorprendió que él sacara un arma, justamente, una de las pistolas gemelas de Natsuki. -Ahora, díganme-. Apuntó en medio de ellas. -¿Quién diablos estaba usando a quién?-.

Se miraron una a la otra.

En definitiva, ese era un tema que preferían discutir a solas.

Nagi sintió la creciente y cruda tensión entre ellas. -Wow-. Alternó la mirada entre ambas. -Ustedes sí que se liaron, pobres diablas-. Habría soltado una carcajada de no ser por lo enojado que estaba. -Serás estúpida, Kuga-. Chasqueó la lengua. -O muy inteligente-. Bajó su pistola.

-Por si no lo has notado, pedazo de mierda, ella quiere matarme-. Escupió Kuga. -No te atrevas a insinuar esa tremenda estupidez-.

-Negocios son negocios-. De otro de sus bolsillos sacó un cuchillo. -Aclaren quién es el juguete, después seguimos charlando-. Le dio vueltas en su mano. -Pero oye, Agente Zero, te diré una cosa, ella-. Señaló a Kuga con la hoja. -Era una bastarda salpicada de mierda desde antes de estar en Orphan, consideralo-. Arrojó el cuchillo al piso, entre las piernas de ambas.

-Nagi…-. Apretó los dientes, pensó en diez formas de asesinarlo solo con sus manos.

-¿Qué no dijiste que era algo personal?-. Se dio la vuelta. -Tómalo como un receso-. Caminó a la puerta. -Ordena tu puta cabeza-.

Cerró de un portazo.

Volvieron a quedarse a solas.

La tensión casi explotó.

Observaban el cuchillo como quién vería la manzana de la discordia.

En el fondo, pensaban que no tenía sentido pelearse por él, pero, también consideraban peligroso dejar que la otra lo tomara primero.

-¿Pretende que me apuñales?-. Desde su perspectiva, la cabeza de Orphan debió eliminarla apenas sospechó quién era.

-Conociendo a ese bastardo, es al revés-. Su repudió fue palpable. -Eso o quiere que yo misma decida que me amputaré-. La naturalidad con que lo dijo, por un momento, dejó fría a Shizuru.

-¿Por qué?-.

-Porque eso nos compraría tiempo-.

-¿Nos?-. Dijo confundida.

-Sí, nos-. Respondió con un deje de indignación. Miró el cuchillo, luego a ella. -Ahora, tómalo tú, libera tus manos y las mías-. La vio enarcar una ceja. -Si yo lo agarro pensarás que quiero apuñalarte-. Intentó ser sarcástica, sin embargo, se entrevió el dolor en sus palabras.

Shizuru mantuvo el contacto visual mientras cogía el cuchillo, le había incomodado bastante el tono desanimado de Kuga. -Lo dices como sino tuviera razones para pensarlo-. Sin mirar abajo, rompió la cinta adhesiva, sus manos quedaron libres.

-Lo sé-. Contestó con amargura. -Pero sigo viva-. En cierto aspecto, era reconfortante que la castaña no le hubiese rajado la garganta.

-Quizá no debí permitirlo-. Le hizo una seña para que acercara sus manos. -Puede que tuviera que enmendar ese error-.

Natsuki no titubeó físicamente, puso sus manos frente a ella, aunque por dentro le dolieron esas palabras pese a saberlas merecidas. -Aquel día me permitiste huir-. Fujino cortó su cinta adhesiva.

-Sí-. Sus dedos temblaban por la fuerza con la que sostenía el cuchillo. -Mira como me devolviste el favor-.

-Yo no…

-No hablo de esto-. La interrumpió mordaz. -Ese día, quise hacer una última cosa por quién creí el amor de mi vida, ¿qué me gané? una maldita bomba-. Esa vez, el dolor le ganó al enojo. -Una bomba de nitrógeno, Natsuki-. Le vio exigiendo una explicación.

Kuga quedó anonada. -Por eso tú… -. La escena del helicóptero se repitió en su cabeza, una y otra y otra vez. -Ese día no… -. Desesperó por no encontrar las palabras adecuadas. -No tiré ninguna bomba-. Dijo angustiada por saber que no le creería.

-¿Ah, no?-. No tuvo energía emocional para gritar. Desganada y dolida, arremangó su manga izquierda, desde el codo hasta medio antebrazo tenía una marca. -Esta me dice otra historia-.

-¿Por qué?-. Palideció. Esa era, en efecto, la marca de una quemadura provocada por uno de sus explosivos. -Ese día solo tenía mis pistolas conmigo-. Atropelló las palabras. -No tenía explosivos-. Una sensación de nauseas le subió por la garganta.

La castaña bajó su manga.

-Shizuru, peleaste conmigo ese día, me viste, estuviste encima de mí-. Aunque la cicatriz ya no estaba a la vista, se había quedado grabada en su cabeza. -No fui yo-.

-No tienes idea de cuanto deseó pensar que no fuiste tú-.

-¡Yo no fui!-. Golpeó el suelo con sus pies. -Cuando te fuiste, me arrepentí enseguida de no haber ido contigo-. Confesó.

-¿Entonces por qué dijiste que no podías?-. Luchó para que sus ojos no lagrimearan.

-Tan solo mira donde estamos-. Pasó la mirada por su alrededor. -Si hubiese intentado salir de este infierno, me habría jalado de regreso-. Tomó aire, ser sincera era más difícil que matar personas. -Sin importar cuantas piezas movieras por mí, aquí o allá, yo sería la misma bastarda-.

-Sabía eso cuando te lo ofrecí-. Se recargó contra la pared. -¿Cuántos años tenías?-.

Las palabras de Nagi tuvieron un incomodo eco en la cabeza de las dos.

-Me uní a Orphan a los 14 años-. También se recargó en la pared, con los brazos cruzados sobre su pecho. -Antes, simplemente, era una hija de puta en otra parte-.

Shizuru sopesó lo dicho. La cosa era complicada por su trasfondo, pero algunos detalles quedaban explícitos, como el hecho de que el Lobo comenzó a formarse antes que la Agente Zero. Por más vueltas que le diera al problema, la verdad era que la mujer que amaba estaba podrida por dentro; lo notaba en como se expresaba, a Natsuki no le pesaba ser como era, su consciencia existía solo para conveniencias personales.

-Intenté decirte la verdad-. Fue su turno de abrirse. -Quería decirte que era una agente, solo que, siempre veías con tanto repudio a los policías-. Quiso hablar con el corazón en la mano ya que tal vez esa sería su última oportunidad para conversar. -Temía que me vieras de esa manera-.

-Lo siento-. Era malditamente consciente de la mirada que le había dado la última vez que la vio como la Agente Zero.

-Me dijiste lo que esos malnacidos te hicieron-. Mientras hablaba, la división entre sus emociones por el Lobo y lo que sentía por Natsuki se difuminaba a momentos. -Los odié por lastimarte tanto, quería lastimarlos, en su lugar, intenté matarte no sé cuantas veces-. La culpa por eso apuñalaba su pecho.

Aunque era pésima expresando sus propias emociones, percibía las de Shizuru, le dolían. -Era tu trabajo-. Intentó quitarle peso.

-¿Qué clase de trabajo es lastimar a quién amas?-.

"A quién amas."

Que lo dijera en presente y no en pasado sacudió el mundo de Natsuki.

-Pensé que me odiabas-. Soltó sin pensar.

-Idiota-. Las lágrimas le ganaron. -Imbécil-. Se las limpió con el hombro. -Estúpida-. No quería llorarle, no frente a ella. -Me dueles-.

-Perdón-. Se había sentido una mierda por darle la espalda a quién solo la tenía ella. -Perdón por no quedarme-.

-¿Por qué?-. Ya no se molestó en limpiarse las lágrimas. -¿Por qué ella y no yo?-. Esa pregunta la había torturado cada minuto desde que se separaron.

-Tuve miedo-. Cerró fuertemente los ojos, los mantuvo así. -Tomé la opción más fácil por miedo-. Los abrió, Shizuru la veía, llorando. -Mai me conoce, sabe exactamente el tipo de persona que soy, sabe la mierda que he hecho-. Pasó saliva. -Me acepta así, quizá porque es igual que yo, aprendió de mí-. Otra grieta se formó en su corazón viendo sus lágrimas. -Pensé que tú me rechazarías, porque tú eres lo que llaman una buena persona-.

-No sentí que fuese buena persona-. Recargó su hombro en el de ella. -Sentí que no era suficiente para ti, Natsuki-. Tal vez el toque habría sido reconfortante de no ser por las cadenas en sus cuellos.

-Había tanta decepción en tu mirada-.

-¿Cómo me habrías mirado de pensar que te estaba usando?-.

-Jamás te usé-. Mordió su labio. -Nunca lo hice. Sino me crees, piénsalo como la agente que eres, ¿estaríamos así de haber sido planeado?-.

-No-. Respondió cansada. -O Nagi es un gran actor o tú tiendes a hacer las cosas por tu cuenta-. Entre más piezas tenía, el rompecabezas era más personal. -Sea como sea, no querías esto-. De eso sí estaba segura, el enojo que percibía de parte de Natsuki era genuino.

-Hice de todo para mantenerte apartada de Orphan-. Su mente se llenó de recuerdos. -No quería que aquí supieran que allá fuera había alguien importante para mí-. Leyó la interrogante en el rostro de Shizuru. -La única otra integrante de Orphan que sabía sobre ti, era Mai, porque… eras mi pareja-. Calló, ese "era" fue más doloroso de lo que creyó sería.

-Déjame ver si entendí-. No quería hacerse falsas ilusiones. -Estás diciendo que querías protegerme-. La vio asentir. -Nat…

-Yo iba en serio contigo-.

Shizuru observó a Natsuki, se dijo a sí misma que si recibía otra puñalada al corazón, ella sola se la habría buscado.

-Natsuki Kuga, piensa bien tu próxima respuesta-. Esa sería la última oportunidad de anteponer su corazón a su cabeza. -Ahora mismo, ¿me elegirías a mí?-.

-Sí-. Contestó enseguida. -Sí-. Repitió sintiendo que no lo había dicho lo suficientemente alto. -Sí, Shizuru-. No tenía idea de como lograría cumplir su propia palabra, pero si Shizuru le daba una oportunidad…

-Ninguna mentira esta vez, ¿ok?-. La miró con dureza.

-Ni una sola-. Dijo de prisa. -Completamente honesta-. Pensó bien eso. -Contigo-. Agregó.

Justamente esas eran las reacciones que Shizuru conocía. -Ara-. Su corazón latió frenético. -Solo me interesa que lo seas conmigo-.

-¿Eso quiere decir que…

-Alto ahí, Lobito-. Le echó un vistazo a sus cadenas, hizo una mueca de desagrado, por más entrenamiento físico que tuvieran, dudaba su fuerza fuese suficiente para romper metal. -Primero lo primero, evitar morirnos-.

Natsuki miró hacia abajo dos segundos, observando sus botas. -Necesitaré el cuchillo-. Extendió la mano.

Shizuru no estaba segura de que fuese buena idea dárselo. -¿De verdad planeas amputarte algo?-. Expresó preocupada.

-Así funciona esto-. Frunció el ceño y movió sus dedos en gesto de que le diera el cuchillo. -¿O prefieres cortarme tú?-. Alzó una ceja. -Igual, no hace tanto querías rajarme la garganta-.

-Es diferente-. De mala gana, le dio el cuchillo. -Muy diferente-.

-Siendo franca, era milagroso que mi cuerpo siguiese completo-. Movió sus dedos de la mano izquierda. -Ahora-. Usó el cuchillo para cortar la parte inferior de su playera. -Agradeceré si después puedes ayudarme con el sangrado-. Le tendió los pedazos de tela.

A la castaña le preocupó que eso podría salir mal en más de un sentido, pero igual, cogió la tela. -¿Sabes cómo?-. Pensó en voz alta, solo para arrepentirse enseguida, por supuesto que Natsuki sabía como, era una gangster.

-Algo me dice que imaginaste la respuesta-. Meditaba acerca de lo desagradable que sería hacer eso con un cuchillo pequeño. -Pero sí, sé donde cortar-. Empuñó el cuchillo con su mano izquierda. -Quizá prefieras no mirar-.

Shizuru no apartó la mirada.

-Como gustes-. Contuvo la respiración, apretó los dientes y cortó de tajo su dedo meñique. -Mierda-. Ahogó su grito en una sola palabra, la sangre deslizó por su mano hasta su codo, cayó sobre su ropa.

-Dame tu mano… -. Iba a vendarla.

-Todavía no-. Pasó el cuchillo a su mano ensangrentada, tomó otra bocanada de aire, repitió el corte en su mano contraria, ahí sí soltó un jadeó y dejó caer el cuchillo.

-¿¡Qué diablos Natsuki!?-.

-Tiempo para dos-. Aclaró extendiendo las manos frente a ella, apenas conteniendo el temblor en sus dedos restantes.

-Maldición-. Le envolvió la mano derecha lo mejor que se podía con aquellas vendas improvisadas. -Malditos gangsters-. Cogió el cuchillo del piso, cortó su propia playera para hacer más vendas.

A Natsuki no se le escapó que aun con desagrado de por medio, a Shizuru no parecía serle totalmente ajeno ese tipo de actos. -Los agentes también ven cosas turbias ¿eh?-. Disimuló un gesto de dolor mientras la vendaban.

-Dejemos el tema de mi entrenamiento para otro momento-. Dijo entre dientes, su semblante se suavizó. -¿Cómo estás?-.

-Te consta que soy un hueso duro de roer-. Con sus manos vendadas hizo presión entre ellas para frenar el sangrado, su rostro permaneció frívolo. -Ahora, intentemos no joder demasiado nuestras siguientes decisiones, escucha…


La puerta se abrió. -Se acabó el receso-. Vieron entrar a Nagi con una taza de café en la mano izquierda y la pistola plateada en la derecha. -Oh-. Le sorprendió encontrar vivas a las dos. -¿Es así?-. El charco de sangre lo hizo medio sonreír con sorna. -Con que vas en serio, ¿no Kuga?-.

Kuga levantó sus brazos por encima de su cabeza. -Tus cuotas son una mierda-. Los mantuvo arriba. Pateó el cuchillo empujándolo a los pies de Nagi, tras él quedó un rastro de sangre. -Ahora, quítame esta porquería-.

-Te cortaste dos-. Caminó cuatro pasos hacia ellas, le dio un sorbo a su café. -¿Significa lo que creo que significa?-. Se dirigía a Kuga pero miraba de reojo a la castaña.

-Te dije que no te traicioné, no gano nada con eso-. Contestó hosca. Su humor iba empeorando rápidamente a causa del dolor. -Ella no es una enemiga, está conmigo-.

-¿Es eso cierto, Agente Zero?-. Remarcó el seudónimo, sonriéndole sin que el gesto fuese amigable. -Dudo que pueda estar con la Primera División y con Kuga al mismo tiempo-.

A Shizuru le disgustó demasiado ese tono. Alzó bien la cabeza e irguió los hombros. -Su Lobito sabe convencer-. Respondió con su acento falso.

-Perteneces a la Primera División-. Dio un largo trago a su café. -No es por ofenderte pero, ustedes son como las perras del gobierno-.

-Ara, ara-. Mordió su lengua para no regresar el insulto. -¿No ha escuchado acerca del cambio de intereses?-. Habló arrogante, como si no estuviese encadenada y manchada de sangre. -Ella me promete mayores beneficios que mi actual jefe-.

-Ahhh-. Recargó la pistola contra su hombro, dio el último trago a su café, lo saboreó. -Vaya-. Ciertamente, pese a haberle insinuado a Kuga que hiciera aquella jugada, no parecía algo realista. -No es extraño encontrar policías corruptos-. Levantó ambas cejas. -En cambio, no he escuchado que un integrante de tu grupo desertara por mi causa-.

-Cierto, cierto-. Por años ella se había encargado de que no hubiese desertores. -El detalle es que los demás agentes no tienen a su amante en tu causa-. No disimuló su gesto de fastidio. -En la que no hay salida, solo entrada-.

Ambas tuvieron que soportar la carcajada enfermiza de Nagi. -Se enredaron y no quieren separarse, no, no saben como hacerlo, que ternuras-. Siguió riendo. -Díganme una puta razón para aceptarte en mi organización-.

Rubí y esmeralda intercambiaron miradas.

-Ara, sé que murieron algunos de tus animalitos-.

Eso detonó algo oscuro en él. -¿Y quién les dio caza?-. Aventó su taza vacía contra la pared detrás de ellas, se hizo añicos.

Con el asunto calentándose, Kuga intervino. -Exacto, Nagi-. Le mantuvo la mirada a su jefe. -Imagina lo que puede hacer de nuestro lado-.

-Kuga… -. Rechinó los dientes. -Este tipo de apuestas…

-Carajo, escúchame-. Elevó el tono, intentó tener la postura que solía tomar cuando ambos discutían sobre negocios. -Si ella hubiese querido, mi identidad ya sería noticia policiaca-. Frunció el ceño.

-Odio cuando tienes razón-. Jugó con la pistola en su mano. -Sin embargo, a ti te "adopté" de mocosa, esto sería como acoger a un perro adulto, con lealtades ya aprendidas-.

-Los perros viejos aprenden nuevos trucos-. Insistió Kuga. -Sabes tan bien como yo que nos falta gente capaz en el campo de acción-. Tuvo una punzada en las manos. -Déjala conmigo, verás resultados pronto-.

-¿Qué si la rechazo?-.

-Joder, enano, o la reclutas o me pierdes-.

-Siempre aprovechándote de que eres mi preferida-. Movió los hombros en gesto de pesadez, sentía la espalda tensa. -No crean que no sé que están recurriendo a mí porque el bando de la señorita Zero ni de coña te aceptaría a ti Kuga-.

-Me vería horrible de uniforme-. Dijo sarcástica.

-Ella debe de ser asombrosa si consiguió que te automutilaras-. Metió la mano a su saco. -Les hago el ameno recordatorio de que si me matan ahora, están jodidas-. Sacó una llave electrónica, se la arrojó a Shizuru.

-Dime algo que no sepa-. Gruñó Kuga. De reojo, observó a Shizuru abriendo el grillete en su cuello.

-Quiero que Youko te reimplante los dedos-. Vio a la castaña quitándole la cadena. -¿Sorprendida, Lobito?-. Mencionó burlón.

-¿Tú que crees?-. Se levantó del piso. -Querías cortarme una mano-. Seguía asiendo presión con sus palmas.

-Oh, las dos, de hecho-. Sonrió de lado. -En realidad, me habría encantado ver como te cortabas los dedos-. Se encogió de hombros. -Solo que, ya sabes, no me gustaría mucho que puedan identificarte fácilmente por un rasgo físico-.

-Serás…

Nagi contempló con mucha atención a la castaña, esta se levantó después de recoger los dedos amputados de Kuga, la expresión en su rostro era demasiado tranquila para tal acción, o eso pensó él. -Agente Zero-. Le bastó un vistazo para comprender que lejos de ser un perro viejo era como una serpiente hambrienta, cuya comida era un lobo. -Supongo que no querrá le llamen así aquí-.

-Fujino Shizuru-. Cedió su nombre, deseosa de que Natsuki mantuviese su palabra.


Dentro de la enfermería, mientras Youko hacía su trabajo, no podía evitar sentir que esa mujer desconocida de ojos rojos mataría a alguien, la tensión era palpable a un grado asfixiante.

-Está conmigo-. Repitió Kuga. -Youko, mujer relájate, no te hará nada mientras no le des un motivo-.

-Por su mirada siento como si ya tuviese una razón-. Contestó la médico. -Hiciste un corte limpio-. Intentó concentrarse solo en su trabajo.

-Práctica-. Su fría respuesta se ganó una mirada critica.

En medio de esas paredes, Shizuru era incapaz de sacarse de la cabeza que seguramente, en esa misma habitación habían atendido a Natsuki cada vez que pelearon, después de que le disparó en el helicóptero, por ejemplo.

-Cosas de gangsters-. Youko mencionó como si nada.

Alguien abrió la puerta de golpe. -¡Natsuki!-. Mai entró con el rostro pálido. -¿¡Cómo… -. Se congeló por ver a Shizuru, manchada de sangre, de pie al lado de la camilla donde estaba sentada Natsuki.

-Ara-. Un brote de ira amenazó con estallar en su pecho, lo redujo a una simple mirada de repudio. -Hola, Tokiha-. El apellido sonó como una amenaza.

Por reflejo, Mai sacó una pistola.

-Mai-. Natsuki temió que ocurriera un homicidio, la inquietaba saber que Shizuru no necesitaba armas. -Mai, respira-.

Tokiha y Fujino se observaron con mutua desconfianza.

-Por favor, no hagamos una idiotez hasta que tenga mis manos completas-. Frunció el ceño, agotada. -Mai, es una larga historia-.

-Demonios Nat, ser tu amiga es difícil-. Bajó el arma.

-Hay relaciones más complicadas-. Dijo Shizuru malhumorada.

-Sí, sí, ser yo está jodido-. Ahogó un quejido, las manos le dolían como el infierno. -Tómenme o déjenme-. Shizuru le clavó la mirada. -Era una expresión, solo una expresión-.


Apenas tuvieron la oportunidad salieron de la enfermería. Natsuki guió a Shizuru a través de los pasillos menos concurridos hasta la zona de los dormitorios, frente a la puerta de su habitación halló una caja negra.

La castaña levantó la caja, tenían motivos de sobra para desconfiar del contenido. -Al demonio, si explotamos sería premio-. La abrió, miraron dentro. -Ara-. En el interior encontraron las pistolas plateadas de Natsuki, junto con una nota "Les regreso sus anillos de compromiso."

-Quiero vaciar mis cargadores en él-. Masculló Natsuki. -Puedo escuchar su puta risa en mi cabeza-. Frunció el ceño. -Mejor entremos-. Le dijo en voz baja la contraseña de la puerta.

Shizuru disimuló su sorpresa, la contraseña era la fecha en que iniciaron su noviazgo. No quiso darle muchas vueltas al asunto. Enfocó su atención en el interior del cuarto, de no ser por la cama, habría creído que era un almacén de armas.

-Es increíble que puedas descansar aquí-. Mencionó sin apartar la vista de algunas cosas que tenían pinta de ser inflamables.

-No me gusta este lugar-. Aseguró la puerta. -Estoy aquí cuando no me queda de otra-. Se tendió boca arriba en la cama, con sus manos vendadas sobre su estómago. Le dolía por encima de lo tolerable, pero había rechazado los analgésicos de Youko para mantener la cabeza despejada, todavía le debía largas explicaciones a Shizuru.

-Como cuando te escondiste de mí-. Para sorpresa de Natsuki e incluso para sí misma, al decirlo en voz alta, parte de la tensión entre ellas se disipó.

-Sí-.

-Supuse que no estarías en ninguna de tus propiedades-.

-¿Fuiste?-. Pasó saliva.

-No me atreví-. Despacio, tomó asiento en la orilla de la cama, recargó sus brazos sobre sus rodillas. -Temí que no te encontraría-.

-Joder-. Expresó al aire. -Creo que tuvimos demasiados miedos, digo, para lo que nos dedicamos-.

Shizuru relajó su postura. -Temes cuando está en juego lo que te importa-. Recostó medio cuerpo. -¿Cómo es que Nagi deja todo esto en tus manos?-.

-Confía en que me tiene con la correa en el cuello-. En ese punto, carecía de energía para enojarse con él. -Además, si pierdo, pierde también-.

-¿Qué clase de ganar o ganar es ese?-. Habían dejado la caja en el piso, observó las pistolas. -Parece que todo el tiempo se apuntan con un arma-.

-Es al revés, vivir en este mundo es vivir eligiendo que te pesa más perder-.

Guardaron silencio.

Tenían una clara idea de como cortar la correa que unía a Natsuki con Orphan, pero, de momento, necesitaban aferrase a ese lazo para salvar el suyo, solo tenían que vivir aquella farsa un tiempo.

Quedar libres o no dependería de quién fuese mejor jugando sucio.

-Natsuki-. Se movió sobre la cama para quedar a la altura de la otra. -Lamento haberte disparado, lo siento-.

-Oye, no te culpo de eso-. Quería abrazarla, moría por hacerlo. -Tú eres la agente y yo la gangster-.

-Tú no me disparaste de vuelta-.

Bajó la mirada al brazo izquierdo de Shizuru. -Pero uno de mis explosivos te marcó de por vida-.

-Luego quisiste salvarme en el helicóptero-.

-Era lo mínimo que podía hacer-.

-Si mencionáramos todas las veces que nos lastimamos, tardaríamos demasiado-. Volteó su cuerpo de costado. -Lo sé, Natsuki, pero estuviste para mí muchas más veces-. Había extrañado verla así de cerca, sentirla a un lado de ella, contempló su rostro, detalló sus facciones, su mirada. -Me miras igual-. Sus ojos, duros pero cálidos, eran los mismos.

-Sí-. Creyó que se le iría la voz. -¿Eso está bien?-.

-Para mí, sí-. Bajó la mirada de sus ojos a sus labios.

-Shizuru-. Sintió el deseo presente en esa mirada, sin embargo, algo dentro de sí le gritaba que solo eran ideas suyas, un espejismo desesperado de su corazón maltrecho. -No quiero hacerme la idea equivocada-. Admitió.

-Sigo sintiendo lo mismo cuando estoy contigo-. Apegó su cuerpo al de ella, sus frentes se tocaron. -¿Y tú?-.

Natsuki respondió besándola, ahí, en ese instante, sintieron que estaban de regreso en casa.

FIN.