Adrien estaba patidifuso ante lo que presenciaba.

— Ámame —le demanda ella.

— Marinette...

— Ámame... Por favor —baja la cabeza, abrazando su propio menudo y hermoso cuerpo solo cubierto por una bata palo rosa—... Por favor, ámame, gatito.

Adrien estaba harto de estos akumas.

— Marinette...

— No me digas de una forma tan fría, no lo tolero...

Con amargura ella reclama, mirándolo con sus cristalizados ojos azules a los cuales jamás les podría decir que no.

— Escucha, Marie, el akuma causa todo esto, tú no me amas.

— ¡Claro que lo hago estúpido gato! —protesta, sorprendiéndolo por lo furibunda que estaba, dándole toques acusadores en el pecho— ¡Pero no colaboras!

Adrien estaba cada vez más confuso sobre lo que Marinette estaba hablando, estaba con una fiebre altísima y sus iris estaban de un color rosado insano.

— Solo si tú me amaras podríamos —reprime el llanto de pronto—... No, no puedes amarme como he llegado a amarte a ti, ni deberías... No, no tiene caso...

Marinette le da la espalda y cojeando camina hacia la puerta, llevando consigo un abrigo que estaba en el perchero de la sala y unos zapatos.

Cómo detestaba los confusos y problemáticos akumas con temática de amor.

Adrien en verdad los aborrecía.

Marinette iba a abrir la puerta pero Chat Noir se le interpuso.

— ¿A dónde vas?

— ¿A dónde? —Marinette ríe con ironía— a que no me se me vuele la cabeza solo porque ningún hombre me hace el amor... ¡Que se pudra Nymphe Ailée! ¡Que se pudra Shadow Moth por haberle dejado su miraculous esa desquiciada! ¡No voy a dejarme asesinar por esto! —exclama a los cielos— No... Yo... No quería volverme loca, pero es muy tarde... Y no moriré en vano cuando acuerda deben haber miles de hombres dispuestos a amarme antes de que se me acabe el tiempo por esperar a Ladybug cuando claramente no vendrá y yo —lo mira con los ojos llorosos y baja la mirada—... No, no hay nada, no debí... No debí esperar nada —murmura mientras intenta abrir la puerta pero él la detiene.

— ¡Déjame ir, Chat!

Se miraron en silencio por un eterno segundo.

— No —sentenció él.

Marinette no supo cómo ni cuando pero él la había alzado en sus brazos y la había recostado en su cama.

— ¡¿Pero qué-?!

— ¿Quieres que te ame, Marinette? —le pregunta arrancándole de golpe la bata, tan bruscamente que con sus garras la hace tirones— ¿En verdad quieres eso?

Marinette de la sorpresa se queda mirándolo en silencio, complemente anonadada e intimidada por la súbita realización de que estaba ahí, bajo él, desnuda como en las miles de fantasías en las que él, su amigo, era el protagonista, y que jamás debían de hacerse realidad.

— ¿En verdad quieres que te ame?

— Sí —respondió de inmediato.

Él comenzó a reír incrédulo, incapaz de creer lo que sea que está pasando.

— Pues debiste pensarlo mejor, princesa —Chat Noir se acerca a ella y roza sus narices para después deslizar la punta de su propia nariz con la quijada de ella y luego pasarla por su cuello y por las líneas de sus hombres—, porque no podrás escapar de este gato después...

Marinette iba a decir algo, pero su sonrisa habló por ella y entonces se entregaron a las sensaciones.

Él cumplió su sueño de probar su lechosa piel, cada parte de su lechosa y dulce dermis de ambrosía, el de saborearla como un postre, como el postre favorito que ella es para él desde antes de esta demente noche, y lo único que quisiera idolatrar con cada probada incansablemente por toda la eternidad, porque era un patético adicto rendido a una diosa de miel.

Ella quería devorar hasta lo último de su dorada piel, masculina y con aroma a cuero, madera, canela y clavo, memorizar cada textura de él, que la sensación de la suavidad de su cabello quede impregnada en sus manos y tocar cada parte de su piel para recordarlo cuando ya no cuente con su compañía, porque era una adicta a él por más que odie admitirlo.

Chat Noir primero recorrió con besos tiernos el camino de su rostro, a su cuello, a sus clavículas, pero Marinette necesitaba más y, sin previo aviso, tomó una mano enguantada de él y la pauso sobre su pecho, luego puso la potra rozando su intimidad de manera tímida pero bastante clara.

Las cosas no pudieron continuar yendo despacio después de ello.

La lamida intempestiva con la que Chat Noir, luego de soltar un profundo ronroneo y dejar que su mirada se torne salvaje, recorrió desde su mentón hasta su monten de venus, sacó un grito de placer de la virginal amiga que Adrien no se imaginó que lo haya estado deseando tanto como él la ha deseado.

— ¿Pero qué tenemos aquí? —sonríe de lado y toca la intimidad húmeda de ella con delicadeza, paseando sus dedos suavemente, ocasionando en Marinette gemidos y sonidos que exigían atenciones que él estaría más que dispuesto de darle.

Por más sorprendido y desconcertado que estuviera por las circunstancias.

Y entonces, las cosas solo se pusieron de cabeza, con una fuerza en ella que Chat Noir, es decir, Adrien Agreste, no conocía de la tierna Marinette que ha sido su amiga de tanto tiempo, ella lo tumbó en la cama y se sentó sobre él, ejerciendo una sublime presión en su miembro ya ni tan siquiera simplemente despierto, sino que hambriento por conocer aquel cielo que solo conoció en sus sueños, aquellos en los que esa chica, esa chica a la que amaba tanto, le correspondía y tanto como él quería saber cómo se sentía hacer el amor con la persona que más te importa.

— Sé mío, gatito...

Ella le pidió.

Él titubeó.

No por no estar de acuerdo, evidentemente.

Sin embargo, ella no esperó y comenzó a hacer un meneo que hizo que él pierda la razón.


Al final del día, "Fragrancexe", fue derrotada por Ladybug y Chat Noir, quienes volvieron todo a la normalidad... Más o menos.

Él no lo sabe, pero Marinette, su mejor amiga y la chica de sus sueños, es la heroína con la que ha luchado contra el mal tanto tiempo.

Ella no lo sabe, no sabe que ese chico misterioso bajo el antifaz, su mejor amigo y el amor de su vida, no se siente digno de ella.

Adrien de inmediato se va a un lugar cercano al edificio de Marinette para alimentar a Plagg, no recuerda mucho porque de pronto él fue afectado por el akuma cuando se introdujo en la gloria misma del centro de su princesa, pero, en un parpadeo ellos estaban abrazados en la cama de ella, besándose y acariciándose como para él siempre debió de ser todas sus mañanas y noches después de que descubrió que la ama, y cuando se miraron a los ojos... Ya no había efecto del akuma.

Marinette gritó y huyó despavorida de la habitación, él como pudo salió de ahí, gritando que luego lo hablarían, a buscar a "Fragancexe", quien realmente se pasó con su akumatización.


Marinette llegó a su habitación pensativa y cansada, reprimiendo muy bien las lágrimas, fue tan humillante que se enterara así y que ella haya perdido su virginidad de esa manera.

Y lo peor, seguro que arruinó su amistad con su querido gatito.

— Buenas noches, princesse.

— Buenas noches, chaton.

Ambos sonrieron nerviosos y se sentaron en el sofá.

Silencio, el silencio los sofocó.

Hasta que se miraron y sin saber cómo, ni cuándo pero sabiendo muy bien el por qué, sus lenguas libraron una ardiente batalla mientras sus cuerpos se negaban a permanecer innecesariamente separados tan solo un segundo más.

— ¿Somos amigos? —bromeó ella, con un gran temor latente en su pecho, entre gemidos de placer cuando él se decidió a saborear cada parte de su húmeda entrada, ocasionando un grito de placer cuando la punta de la lengua del héroe acarició el botón de placer de ella.

— Soy tuyo, princesse, cómo quieras disponer de mí —recorre con besos húmedos y ciertos mordiscos su torso mientras que con una mano acaricia con adoración el rostro de ella—... Te sugiero que lo pienses mejor mañana... Si es que no —le muerde el labio inferior a ella con suavidad y juguetea mirándola directamente a los ojos de forma depredadora—... Te quedas atrapada conmigo en esta trampa de sábanas.