Capítulo II: "El rosa es una mierda…"

Deidara

Los días se me pasaban tan lento para algunas cosas y tan rápido para otras que hasta llegaba a desesperarme la lentitud de algunos días y, cuando se pasaban rápido, me desesperaba aún más deseando que duraran, aunque fuese, cinco minutos más.

Mi vida de todas formas se estaba pasando muy rápido y lo peor de todo era que no la estaba disfrutando. Solamente había podido disfrutar hasta los diecisiete y presentía que mi juventud se me iba a ir entre la cama de uno y otro, pero no podía detener esa situación, o… no quería.

Todo fuese para dejarle algo que valiese la pena a Naruto. No quería que él tuviese que partirse demasiado la espalda para conseguir las cosas, porque deseaba que viviese su juventud y su vida sin dificultades, tal como habría sido si mis padres no hubiesen muerto.

Los días se habían pasado muy rápido y, cuando menos me lo esperé, ya estaba cercana la fecha del aniversario de la muerte de nuestros padres, lo que significaba que debía ir al cementerio con mi hermano a dejar unas flores, como cada año. Si fuera por mí, no lo haría tan religiosamente, pero Naruto no quería faltar a ese acto cada año.

16 de abril… Qué día tan triste y oscuro en nuestras vidas. Quería creer que todo había sido por algo…, o, al menos, eso decían algunas personas.

Cuando cumplí la mayoría de edad, pude vender la casa en la que habíamos vivido con mis padres y, gracias a Sasori, que había servido de garante, más el dinero de la venta, había podido comprar un departamento bastante aceptable, amplio, cómodo y con tres habitaciones.

No quería que siguiéramos viviendo en aquella casa para no tener que estar recordando cosas tristes y porque no íbamos a poder mantener aquella casa tan grande nosotros dos. El departamento era mejor opción.

Ese día, me había levantado de bastante buen humor. 10 de abril. Una semana después de que me había encontrado con un cliente desquiciado y me habían salvado, lo cual no habría sido necesario, porque yo podía defenderme solo, pero bueno…

Tomé mi celular para ver la hora a la que había despertado y, para mi sorpresa, tenía varios mensajes en el WhatsApp.

Hola, Dai… Tengo un trabajo para ti.

De todos los que me esperaba que me enviasen un mensaje, él era el que menos deseaba que lo hiciera. Tobi. Era un tipo adinerado que había sido mi cliente en mis comienzos como escort y, de vez en cuando, me arreglaba algunos encuentros con sus conocidos o gente a la que le quería caer bien y, entonces, me enviaba como un regalo pagándome él por mis servicios.

La verdad, era bastante útil y, de paso, él podía tenerme cuando quisiera, porque estaba fascinado conmigo, aunque, por supuesto, las personas a las que les recomendaba una buena puta debían pagar el doble de lo normal y, de todos los que me habían tenido en la cama, él era el único que conocía mi verdadero nombre, pero seguía llamándome "Dai", el nombre que usaba en el trabajo.

Dime. ¿Qué tengo que hacer?

Le respondí el mensaje y él no tardó nada en contestar.

Hay una persona que vino a la ciudad después de haber estado fuera del país por trabajo. Necesita un buen recibimiento. Él llegó hace una semana de todas formas, pero ha estado ocupado. Mañana en la noche, estará libre y estará en el hotel Palazzo. Serás mi regalito para él. Luego te envío una foto suya para que lo reconozcas.

Ok. Envíala junto con el horario en el que quieres que esté allí…

Perfecto. Ya tenía trabajo nuevo y solamente rogaba que no fuera otro de esos viejos espantosos que olían a cigarrillo y café, porque no sabía si podía soportar a uno más de esos.

Me levanté para ir a la ducha y luego preparar el desayuno para mí y Naruto, porque el niño debía ir a la escuela y yo a la Universidad.

Ya estaba en el comedor sirviendo el desayuno y Naruto llegó a sentarse a la mesa.

—Buenos días, nii-san—me saludó comenzando a comer sin más.

—Buenos días—le respondí sentándome a desayunar con calma cuando mi celular sonó, indicando un mensaje de WhatsApp.

Miré que Tobi me había enviado una imagen y de seguro era la imagen del tipo al que debía atender al día siguiente en la noche. Estaba mordiendo una tostada mientras en mi mente rogaba que fuese lindo al menos.

Al momento de ver la imagen, me ahogué con el trozo de tostada que estaba masticando y no podía dejar de toser.

—No puede ser…—dije después de beber un poco de jugo de naranja para aliviarme un poco.

—¿Qué sucede? —me preguntó algo preocupado Naruto.

—Nada. Es sólo trabajo…—respondí mirando la imagen del sujeto.

La verdad era que no estaba lindo. Más bien, estaba increíblemente hermoso y parecía un maldito dios griego. Pensé que, al menos, me había tocado una divinidad que por fin iba a disfrutar, pero el problema era que ese sujeto de la foto era el mismo que me había ayudado en aquel bar lujoso hacía una semana.

Me llevé una mano a la frente y perdí completamente el apetito.

—¿Todo bien, Deidara? —me preguntó preocupado Naruto.

—Sí, solamente que, mañana en la noche, debo trabajar… Una reunión de negocios otra vez—le respondí.

—Bueno, entonces, no vas a estar. ¿Puedo traer a mis amigos para ver películas? —me preguntó y lo miré por un segundo.

Me di cuenta de que me estaba haciendo una cara de perro mojado.

—Está bien, pero no hagan un desastre o te haré limpiar la mugre con tu lengua—le dije y se puso muy feliz.

—No te preocupes, dattebayo. Además, invitaré al nuevo de la escuela que es bastante amargado, pero quiero integrarlo a nuestro grupo de amigos, ¿puede venir? —me preguntó suplicante.

—Sí, sí…—le respondí sin ganas mientras observaba bien la imagen de aquel tipo cerciorándome de que era el mismo sujeto, lo cual hacía que tuviese ganas de suicidarme.

No podía ser… ¿Por qué tenía que ser él? Prefería que fuese un viejo horrendo pero desconocido. Tampoco entendía por qué me ponía de esa forma. Después de todo, era sólo un desconocido y no había tenido nada con él. No sentía nada por él ni nada. Solamente era un sujeto que había visto en un bar, que me había ayudado y ya. Nada más… Igual quería pegarme un tiro.

Debía dejar de pensar en el asunto. Solamente iba a ser un trabajo más y ya, pero sentía miedo… ¿Miedo a qué? Qué estúpido. No era como si fuese a enamorarme de él. Aunque no estaba nada mal, solamente era trabajo. Además, seguramente, el sujeto no se acordaría de mí, pero me ponía nervioso el hecho de que iba a estar con alguien a quien había conocido por mi cuenta, aunque no lo conocía realmente. Iba a ser vergonzoso para mí, porque yo sí me acordaba.

El día transcurrió sin más sorpresas y el siguiente día llegó con prisas. Yo era un manojo de nervios y ya era la tarde.

Estaba frente a mi armario sin saber qué demonios ponerme para verme presentable frente a ese sujeto. No tenía idea de qué le gustaba a ese tipo y no quería llegar al momento de desnudarme y que viese algo que no le agradara.

Dejé de pensar tanto y aún no sabía por qué me preocupaba tanto por elegir la ropa si nunca me ponía a pensar cuando me iba a presentar ante un tipo. Tal vez era porque éste sí era de mi agrado y quería impresionarlo, pero no quería que me gustara más allá de lo físico, por lo que decidí no hacerme más la cabeza.

Me iba a poner ropa interior de mujer, porque a los tipos les encantaba que un chico lindo como yo usara ese tipo de ropa interior, así que busqué la braga más rosa que pude haber encontrado en el cajón escondido de mi ropa interior y encontré la que buscaba.

La braga cubría todo mi trasero, porque les daba morbo por el hecho de ser la ropa interior que solían usar las niñas, así que funcionaba bastante bien. También busqué unas medias del mismo color que me llegaban hasta la mitad de mis muslos y una camiseta corta de color rosa que me llegaba hasta abajo del pecho, dejándome el vientre totalmente expuesto.

Obviamente, todo eso iba a estar cubierto por una camisa color gris y un pantalón negro para no llamar la atención con mi ropa de niña atrevida.

Antes de ponerme todo eso, decidí darme un baño de espuma con esencias aromáticas para que se me impregnara su fragancia en la piel y así tentar más al sujeto. La verdad era que me estaba esmerando demasiado por un tipo que solamente era mi trabajo, pero era que realmente iba a ser el primero en mucho tiempo que era más que aceptable a los ojos. Ni siquiera Sasori o Tobi eran tan perfectos.

Me sentía tan relajado en el agua tibia que hasta me estaba dando sueño. Para despertarme me sumergí en el agua y mi pelo quedó absolutamente empapado.

Sentía el estómago revuelto y un cosquilleo en todo el cuerpo por las ansias que tenía de que la hora pasara para poder encontrarme con el mismo Diablo.

¿Cómo sería ese tipo en la cama? ¿Valdría la pena o tendría que fingir con él también, meter una excusa o pensar en otro para que me sucediese algo? Porque, las raras veces que me tocaba un angelito de cara, no era muy estimulante en la cama que dijéramos. Con los únicos dos que no había tenido problemas había sido con Sasori y con Tobi, pero ese tipo me daba curiosidad.

Después de ese relajante baño de espuma, me salí de la bañera y me fui a mi cuarto para vestirme. Por fuera, estaría vestido como un tipo de oficina para que mi hermano no sospechara y para poder circular tranquilo por la calle y que me dejaran entrar al hotel ese.

Mi teléfono sonó en ese instante luego de que me había terminado de secar el pelo.

Te va a estar esperando en la barra del hotel. Trátalo como si fuese oro… Es parte de mi familia.

¿Era pariente de Tobi? Con razón tenían cierto parecido físico, pero no me imaginaba que fuera un pariente suyo. Lo único que esperaba era que nunca más me volviera a topar con ese sujeto, aunque, siendo pariente de Tobi, no creía que eso fuese tan fácil de conseguir. Esperaba que sólo fuese una noche y luego el tipo se marchara a otra ciudad, porque Tobi había mencionado que no era de la ciudad…

Por mi bien y por el bien de todos ese tipo sólo debía ser trabajo y ya. No iba a aceptar volver a ser el regalo de Tobi para ese sujeto una segunda vez, aunque, rara vez, me hacía repetir el cliente.

Me puse la ropa rosada debajo de la ropa formal y me dispuse a salir del departamento, pero antes debía anunciárselo a mi hermano.

—¡Naruto! —lo llamé para que fuese a la sala, donde yo estaba esperándolo.

—¿Qué pasa, nii-san? —me preguntó llegando a la sala.

—Ya me voy. Te comportas con tus amigos y no me hagan un desastre. Si sucede algo, no dudes en llamarme, y recuerda que en la puerta del refrigerador tienes la lista de los números de emergencias. Si hay un incendio, llamas a los bomberos; si entra un ladrón o un asesino, llamas a la policía y, si alguien se desmaya, se siente mal o se corta pelando una manzana, llamas a la ambulancia, ¿entendido? —le dije y me miraba con cara de póker y una mirada que me decía que no era un tonto.

—Nii-san… No soy estúpido—me dijo cruzándose de brazos.

—Sí, sí. Lo que digas. Recuerda llamarme si pasa algo o lo que sea y, si no respondo por algún motivo, llama a Jiraiya, ¿sí? —le dije poniendo una mano sobre su hombro.

—Sí, sí… Llamaré al loquero si sigues así, dattebayo. Además, tengo diecisiete años. Ya no soy un niño, nii-san—me dijo con algo de molestia.

—Lo que digas, y no me llames loco, porque te daré una paliza—le pellizqué una mejilla.

—¡Oye! —se quejó llevándose una mano a la mejilla dolorida.

—Tú te lo buscaste. Ten cuidado y que esos niños no se vayan tarde a su casa, y tú no te vayas tan tarde a dormir. Volveré cerca de las tres de la mañana—le advertí.

—Como siempre…—dijo acostumbrado a mis horarios.

—Sí…—lo miré unos segundos dudando de si abrazarlo o no, pero, al final, me ganó la culpa de estarle mintiendo y el desagrado de lo que estaba por ir a hacer a aquel hotel.

Él solamente correspondió a mi abrazo, aunque noté su extrañeza. Pocas veces nos abrazábamos.

—Oye, nii-san. No me abraces como si te fueras a morir o algo así… No me gusta—me dijo y me separé para ver su cara preocupada.

—No me pasará nada. No tengas miedo—le dije sujetándolo de los hombros.

Naruto había quedado algo traumado con la muerte de nuestros padres y no le agradaba ser abrazado cuando uno se estaba por ir a alguna parte, porque era lo que habían hecho nuestros padres con nosotros antes de irse a aquel viaje para nunca volver.

—Cuídate, ¿sí? —me dijo con una sonrisa.

—Mucho—le respondí para después irme del departamento.

Salí de allí con los nervios por las nubes, porque iba a hacer mi trabajo con un poco más de agrado y gusto. Además…, cuando yo era el regalo de algún tipo, Tobi siempre era más generoso de lo normal, porque no sólo me pagaba el doble, sino que algo más me regalaba. La última vez, me había regalado un portátil, el cual había decidido dárselo a Naruto para que pudiera hacer mejor sus tareas, aunque dudaba de que fuese para ese uso, pero bueno…

Me tomé un taxi y no tardé tanto en llegar al hotel Palazzo, un hotel de cinco estrellas increíblemente lujoso.

Sin problemas, me fui directo hacia donde Tobi me había dicho que me iba a estar esperando el dios griego y, apenas me asomé para ver la zona de la barra, allí estaba sentado. Sabía que era él por su negro cabello hermoso y su ancha espalda, que era lo único que podía verle, por el momento…

Mis nervios subieron a un nivel increíble hasta el punto de hacerme temblar las piernas, pero me di una fuerte cachetada para que se me pasara la estupidez. Solamente era un trabajo más. No tenía por qué ponerme así de tonto.

Con toda la seguridad de una perra bien decidida, me acerqué hasta la barra y me senté en uno de los banquillos al lado del adonis, el cual ni siquiera volteó a verme, pero supo de mi presencia, porque el aroma de mi perfume y las esencias de baño que había usado impregnaban el lugar. No iba a poder resistirse a mirarme.

Observé que no había pedido nada para tomar. Solamente estaba allí sentado observando a cualquier parte o mirando la hora en su celular.

—¿No tomas nada? —pregunté sin mirarlo y, obviamente, volteó a mirarme, porque éramos los únicos en toda la zona del bar y en la barra, además del barman.

—¿Disculpa? —me dijo y volteé a verlo.

Alzó una ceja al verme el rostro, como no entendiendo la situación.

—¿No bebes nada? —pregunté en un tono sensual y regalándole una encantadora sonrisa.

—Ah, eres tú. El joven del otro día—me dijo y me sobresalté inmediatamente.

¿Qué? ¿Me recordaba? No podía ser… ¿Por qué me estaba pasando eso? Quería vomitar…

—¿Eh? —dije haciéndome el desentendido.

—Bueno, hoy no estarás en apuros. El lugar está vacío—comentó mientras guardaba su celular en el bolsillo de su traje, que, al parecer, era carísimo por lo fino que se veía.

—No entiendo la referencia, pero, de todas formas, yo jamás estoy en apuros—me quise mostrar poderosa y perrísima ante él para tentarlo.

Sonrió de lado.

—Entiendo. No parecía eso cuando te ayudé con aquel sujeto, pero, posiblemente, lo habrías podido manejar solo—me dijo mirándome directo a los ojos y me sentí intimidado.

Me sentía tan estúpidamente pequeño a su lado como aquella noche. Su perfume volvía a embriagarme y la negrura de sus ojos me envolvía, haciéndome perder los sentidos. Desvié la mirada mientras me ponía serio.

—Eres un aburrido. Esa noche tampoco bebiste nada. No sé para qué pediste aquel trago entonces—le dije confesando que sí me acordaba, porque ya no tenía forma de mentirle, porque él sabía perfectamente que yo lo recordaba.

Al parecer, ese sujeto podía ver la mentira con sus hermosos ojos ónice. Desde su sonrisa ladeada hasta la insistencia con las referencias, me daba a entender que no se creía el cuento del desentendido.

—No soy amante de las bebidas alcohólicas—me dijo muy serio.

—Ah, ¿no? ¿Y de qué eres amante? —me mostré sugerente y usando el doble sentido con mi tono sensual.

Volvió a sonreír de lado mientras pasaba a mirar hacia el frente sin intención de responderme, pero, al final, contestó con un…

—Bueno.

—Qué aburrido, hump—dije haciendo un puchero y extendí mi mano para acariciar su brazo, lo cual provocó que volteara a verme nuevamente—. Me llamo Dai—le dije tendiendo la mano con la que lo toqué.

Él correspondió a mi gesto y tomó mi mano con delicadeza sin apretarla en ningún momento.

—Itachi Uchiha—me contestó y hasta su nombre era divino.

—Itachi… Qué nombre más firme—comenté con un tono seductor y sonrió de lado.

—Bueno, Dai—soltó mi mano—. Qué bueno es saber el nombre que no me quisiste dar aquella noche—me dijo a modo de reproche.

—Bueno. Todo llega a su momento—le dije en forma coqueta.

—Sí, supongo. Dejémonos de juegos y dime qué haces aquí. ¿Te estás quedando en el hotel o también hoy esperas a alguien? —me preguntó dándose cuenta un poco de mis obvias intenciones.

—¿Quién sabe? Quizá me quede esta noche en el hotel—le contesté mordiéndome el labio inferior.

—Ya… Bueno. Yo sí estoy esperando a alguien, así que, si no te ofendes…—me dijo dándome a entender que me fuera.

—Esa persona que esperas no vendrá literalmente, sino que aparecerá de otra forma—le comenté llevándome el dedo índice a los labios y acariciándomelos de forma sensual.

—No estaría entendiéndote—me dijo de forma seria ignorando cada uno de mis juegos.

Lo que, posiblemente, indicaba que no le gustaban los varones. Ese Tobi… Me las iba a pagar por mandarme con un heterosexual.

—Bueno, digamos que soy un regalito de parte de Tobi—le dije en tono sensual.

—Carajo… No. Oye…—se rascó la frente y su expresión se puso aún más seria, lo que me indicó que decir eso había sido peor—Bueno, ¿cómo explicarte? Yo no suelo… pagar por sexo, ¿me entiendes? No quiero ofenderte ni nada por el estilo—me dijo en voz baja y con una expresión de disculpas.

—No tienes que preocuparte por esa parte. Todo está pago—le dije sin dejar de utilizar el tono sensual.

—Sí, pero es que tú no me estás entendiendo. Yo no acostumbro a hacer esto ni aunque fuese un regalo, ¿sí? Así que pierdes tu tiempo. Lo siento mucho—me dijo y todo se me fue al carajo.

Borré toda sonrisa, todo tono sensual y toda expresión bonita de mi rostro. Estaba serio, cabizbajo y totalmente desilusionado. No podía ser… El primer tipo atractivo que me tocaba después de tanto tiempo y, encima…, me rechazaba. Un golpe muy duro para mi autoestima. ¿Tan mal estaba yo?

Quizá no estaba a su nivel y él salía con gente tan divinamente hermosa como él. No creía mucho el cuento de la moral correcta que me acababa de lanzar.

—Sí, bueno. No importa—dije finalmente sin evitar mostrar mi cara de desánimo absoluto y decepción.

No podía evitarlo. Me sentía muy mal y no había forma de ocultarlo.

—Oye…. Lamento esto, pero no va a poder ser. Así que…—me dijo dándome a entender que debía irme.

—Entendí—le dije totalmente molesto, ofendido y decepcionado para salir de allí casi corriendo.

Me sentía sumamente impotente y con rabia. Tenía tantas ganas de llorar, pero me las estaba aguantando.

No llegué a salir del hotel. Me encontraba en la recepción cuando oí su voz acercándose y me escondí tras una pared.

—Oye, imbécil. ¿Qué demonios te pasa? Yo no soy así, que te quede muy claro—dijo a alguien y me asomé.

Él estaba hablando por teléfono.

—¿Sabes? Gracias al Cielo, yo no necesito pagar cuando quiero algo con alguien. ¿Me entendiste? Que ni se te ocurra enviarme una prostituta de nuevo como regalo o lo que sea. No seas idiota. Tú y yo empezamos con el pie izquierdo de nuevo. Que lo sepas—terminó diciendo para después cortar y vi que se dirigía hacia la salida del hotel.

Salí disparado como una bala hacia afuera para poder ir a tomar un taxi. Me sentía la peor basura del mundo y una escoria al oír sus palabras. Yo solamente era una prostituta ante sus ojos y ante los ojos de muchos… No valía nada y lo sabía. Jamás valdría algo tampoco.

Al fin, pude sentir el fresco de la noche que me empezaba a molestar. Anteriormente, había estado tan positivo y nervioso que no había notado el fresco, pero, con la desolación y la desilusión, lo noté perfectamente. Una lágrima se me escapó de un ojo y la limpié rápidamente.

—Oye, Dai—oí su voz llamarme, pero no me volteé.

Rogaba por un taxi rápido para largarme y no verlo nunca más. Jamás nadie me había rechazado y se sentía horrible, porque se parecía a la vez aquella que Sasori había cortado conmigo.

—Oye, escúchame—sentí su mano tocar mi hombro y volteé a mirarlo.

Él pudo ver mis ojos enrojecidos de tanto reprimir las lágrimas y una de ellas saliendo de mi ojo nuevamente. La limpié rápido, pero ante la mirada de él.

—Oye, lo siento mucho. Perdóname si te ofendí o lo que sea, pero tienes que entender—me dijo y vi la culpa que sentía a través de sus ojos, que me volvieron a atrapar.

Aparté la mirada buscando un taxi.

—Está bien. Ya te dije que no importa—le respondí sin más.

—Sí, pero no es justo que te quedes mal—me dijo tratando de buscar que lo mirase.

—No estoy mal. ¿Me puedes dejar en paz? —le pedí apartando su mano de mi hombro.

Quédate, por favor… Era lo que pensaba, porque me sentía tan solo y su perfume era tan reconfortante, al igual que el toque de su mano, pero estaba mal. Él era sólo trabajo y, como había rechazado mi servicio, ya no debía importarme ese sujeto, pero…, realmente, no entendía por qué me dolía tanto su rechazo.

—Ya es tarde. No deberías volver a casa solo. Te llevo—me propuso igual que aquella vez en el bar.

—No. Voy a tomar un taxi—le respondí y por fin apareció un bendito taxi, al cual le hice seña.

—Pero yo puedo llevarte si quieres—me insistió.

—No, gracias—le respondí por último y el taxi paró frente a mí.

Me subí dejando a ese tipo llamado Itachi parado ahí mirando cómo me alejaba de él. Me sentí conforme en cierta medida, porque yo también lo había terminado rechazando, pero, de todas formas…, me sentía muy patético.

No pude reprimir más tiempo mis lágrimas, aunque mi sollozo era silencioso para que el taxista no escuchara lo patético que era por llorar. Miraba por la ventanilla del coche y con la oscuridad de la noche no podía ver mis lágrimas por el retrovisor.

Me sentía tan estúpido, tan patético, tan frustrado y tan desolado. De todas formas, pensaba cobrarle igual a Tobi por la vergüenza y lo mal que me la había hecho pasar con ese tal Itachi, que era un moralista y un frío. Ya habría querido yo desvestirme allí mismo, mostrándole lo que traía bajo mi ropa formal, a ver si se negaba al verme todo de rosa y en ropa interior de niña. Me sentía furioso.

Era definitivo. Itachi Uchiha iba a la lista negra de sujetos junto con Sasori. Lo odiaba increíblemente por haberme humillado, avergonzado y rechazado. Me mordía las uñas de la rabia.

Llegué a mi edificio y le pagué al taxista. Entré al edificio, subí por el ascensor y llegué a la puerta de mi departamento. La abrí y vi que el lugar no estaba solo, porque, obviamente, estaba mi hermano con sus amigos hablando en la sala y riendo.

Naruto no tardó en llegar a la entrada, ya que había oído la puerta abrirse y cerrarse.

—Deidara—me nombró sorprendido.

—Hola, Naruto. ¿Todo bien? —pregunté desganado quitándome los zapatos en la entrada.

—Sí. ¿Qué haces aquí a estas horas? ¿No llegabas más tarde? —me preguntó preocupado y sorprendido.

—Sí, pero la reunión terminó antes. Eso es bueno, ¿no? —le dije llevándome las manos a la frente y cerrando los ojos un momento.

Se me partía la cabeza por tanto llorar. Era un dolor horrible.

—¿Sucede algo? No te ves bien… ¿Quieres que les diga a mis amigos que se vayan? —me preguntó preocupado—Nii-san… ¿Estuviste llorando? —preguntó al darse cuenta del rojo en mis ojos y de lo rojo de mi nariz.

—No. Solamente estoy cansado…—le dije—. Que se queden, pero no hasta tan tarde. No hagan mucho ruido, por favor—le pedí.

—Claro. No hay problema, dattebayo. Oye, nii-san, te quiero presentar a alguien—me dijo emocionado tomando mi mano y jalándome hacia la sala— ¡Oye, Sasuke! —gritó el nombre de uno de sus amigos.

—¿Qué? —respondió uno de los chicos poniéndose de pie, porque estaba sentado en el sofá.

—Nii-san, te presento a Sasuke Uchiha. Sasuke, te presento a mi hermano Deidara—dijo muy emocionado y tragué duro al ver bien al chico.

¿Uchiha? Y, encima…, la copia exacta del sujeto que había arruinado mi noche y, posiblemente, mi vida al tirarme por los suelos el autoestima. ¿Qué significaba todo aquello? ¿Qué era este niño del otro sujeto? Me quería morir…

—Hola. Mucho gusto—se acercó a mí haciéndome una reverencia.

—Hola…—dije sin ganas y, mientras más lo miraba, más se me hacía igual a Itachi.

—Oye, nii-san. Sasuke tiene un hermano mayor que se llama Itachi. Él y tú podrían ser amigos, porque tienen casi la misma edad y es tan amargado como tú, dattebayo—me dijo Naruto comenzando a reír y a mí solamente se me cayó el mundo al oír que ese mocoso era hermano del otro maldito.

Sentí que me daba vueltas todo y se me aflojaron un poco las piernas, pero logré apoyarme en el sofá.

Nunca mi identidad había quedado tan pendiente de un hilo. Ya existía la posibilidad a un ochenta por ciento, como mínimo, de que Itachi y yo nos volviéramos a ver en cualquier parte, más aún en la escuela de nuestros hermanos menores o donde fuera, y sabría que Naruto era mi hermano, que no me llamaba Dai y que, encima, el hermano mayor del amigo de su hermano menor era una asquerosa puta que se le había ofrecido esa noche… Genial. Nada podía ir a peor.

Naruto no debía enterarse de nada de eso, como de que me llamaba Deidara Namikaze Uzumaki, así tuviese que matar al Uchiha mayor para que no se supiese la verdad. Bueno, no tanto así, pero… tendría que verlo para hablar y explicarle que no debía mencionar lo ocurrido a nadie. Abogaba por su moralidad intachable que me había demostrado y por su buena discreción.

—No me digas…—comenté después de la revelación que me acababa de tragar.

—Oye, Sasuke. Podrías decirle a tu hermano que venga el fin de semana y así podríamos pasarla bien todos juntos en mi casa, dattebayo—expresó felizmente Naruto.

Me dieron dolor de estómago su ofrecimiento y su alegría.

—No creo… Mi hermano es un tipo muy ocupado, además de que él no vendría a la casa de un desconocido—dijo Sasuke cruzándose de brazos y me alivió.

—Pues así nos conoce, dattebayo—insistió Naruto.

—Naruto, por favor… Cállate. Tu amigo te está diciendo que su hermano no puede. Basta—lo regañé.

—Bueno, pero, si le digo, tal vez quiera. Él siempre muestra interés en conocer a mis… —se detuvo antes de terminar la frase—A los dobes con los que me junto—continuó.

—¡Eres un teme! —le gritó molesto a Naruto.

—Yo me voy a dormir… Pórtense bien—les dije antes de irme directo a mi cuarto para cambiarme de ropa y acostarme a dormir.

Revisé mi celular apenas entré a mi cuarto y tenía llamadas perdidas de Tobi, así que lo llamé.

Dai, mi cielo—me dijo al otro lado de la línea.

—¿Qué querías? —pregunté de mala gana.

Parece que a mi sobrino no le gustó la sorpresa, pero no te preocupes. Te pagaré de todas formas y te daré un lindo regalito—me dijo con un tono travieso que me hartaba.

—Ok. Como digas, y oye… No me des nunca más a alguien que no va a querer jugar. Es aburrido—le dije fingiendo estar ofendido, que lo estaba, pero fingiendo no sentirme mal por ello y mostrándome arrogante.

Lo cierto era que mi autoestima estaba destrozada.

No te preocupes. Lo siento. Ese lado de la familia está torcido. Nos vemos luego, mi Deidara sempai—me dijo canturreando y le corté.

Me quité toda la ropa y arrojé las prendas rosadas al armario sin ordenarlas. Odiaba esa ropa a partir de ese momento y no deseaba volver a ponérmela nunca más en la vida. Me puse mi pijama y me tumbé en la cama para ver si podía quedarme dormido y así olvidar esa noche de pena que había pasado.

Había algo más que había comenzado a odiar a partir de ese momento. Definitivamente…, el rosa era una mierda.

Nota de autor: Hola, chiquis. Espero que les haya gustado el capítulo y que me dejen su hermoso, suculento, sensual, travieso y jugoso comentario.