Capítulo III: "¿Qué significa amor?"
Deidara
Me desperté al día siguiente con un dolor de cabeza insoportable. Seguramente, se debía a que había llorado como una adolescente que había cortado con su novio y, la verdad, no terminaba de entender por qué yo estaba así por el rechazo de un tipo. También me repetía las razones que había encontrado: estaba hermoso y había arrojado mi autoestima por los suelos. Lo odiaba…
Lo primero que hice después de tirarme al suelo en lugar de levantarme de la cama fue ir al baño para darme una ducha y cepillar mis dientes. Después me dirigí a la cocina para preparar el desayuno de Naruto. La verdad, no era demasiado temprano y tampoco importaba, porque era sábado. De todas formas, no quería que el desayuno se le juntara con el almuerzo.
Llegué a la cocina y, desde allí, se podía ver la sala y pude ver el pie de alguien sobresaliendo del sofá que estaba de espaldas a mi posición. ¿Quién demonios era? ¿Naruto se había quedado dormido en el sofá en vez de en su cama? Me acerqué para regañarlo y lo que vi me encrespó el cabello.
—Increíble…—susurré irritado y muy enojado.
El doble del tipo que odiaba estaba dormido en mi sala sobre mi sofá. Eché un vistazo a todo el lugar para ver si no encontraba a otro adolescente más usando mi casa de hotel, pero no. Solamente estaba el Uchiha pequeño.
—Oye, niño. Leva…—le empecé a decir para que despertara, pero fui interrumpido por el timbre—Sigue durmiendo. Total es gratis, hump…—dije para luego ir hacia la puerta.
El clon del idiota ni siquiera se percató de mi presencia y continuó durmiendo a pata suelta. El timbre sonó de nuevo y me irrité.
—Enseguida abro—dije y abrí la puerta de mala gana—¡NO! —la cerré de inmediato en las narices de quien estaba allí afuera.
No podía ser… Eso no me estaba pasando a mí… ¡¿POR QUÉ?! El Uchiha grande… Casi me había desmayado al verlo parado frente a mi puerta. Me cubrí la boca para no gritar y sabía que me había puesto pálido, porque todo mi cuerpo se había enfriado de los pies a la cabeza y había sentido el bajón de tensión sanguínea en todo mi cuerpo. Entonces, oí cómo el Uchiha menor se revolvía en mi sofá soltando pequeños quejidos al sentirse molestado por el ruido del portazo, pero no se despertó.
—No… No… No… No… —susurraba paralizado de miedo—Estoy más que muerto… —mi voz temblaba, al igual que mi cuerpo.
Quería llorar. ¿Por qué tenía que pasarme eso a mí? Si ese sujeto me veía, sabría todo y Naruto se enteraría de que yo… Mi corazón se detuvo al oír de nuevo el timbre. Tenía que juntar valor y enfrentarlo. Debía rogarle, aunque fuera de rodillas, que no abriera la boca y fingiera no conocerme. ¿Lo haría?
Respiraba agitado, pero debía inhalar y exhalar tranquilo para calmarme. Él seguramente había venido a buscar a su réplica y yo no podía no abrirle la puerta para que recogiera al saco de hormonas que había sobre mi sofá, pero… no importaba. Yo debía ser fuerte.
Me acomodé como pude, respiré profundo y abrí la puerta con los ojos cerrados y apretados. Solamente había silencio. Esperé unos segundos y oí su voz.
—¿Tú? —preguntó y abrí los ojos lentamente.
—¿Q-Qué… haces tú aquí? ¿Eres una especie de acosador? —pregunté nervioso tratando de hacerle creer que se había equivocado de casa o algo así.
—Te equivocas. No soy ese tipo de persona y… no entendí lo del portazo—me dijo seriamente y sacó su celular del bolsillo de su chaqueta—¿Es el departamento número doce del cuarto piso? —preguntó observando el número de la puerta y la pantalla de su celular.
—Sí. ¿Por qué? —pregunté nervioso fingiendo no entender qué era lo que él hacía allí.
Él suspiró pesadamente.
—Tal vez haya sido un error. Dame un segundo…—dijo para marcar un número y comenzar a llamar.
El teléfono de su clon comenzó a sonar dentro de mi departamento y me tensé aún más. Él se puso más serio y colgó la llamada.
—Mi hermano está aquí. ¿Me dejas entrar? —me preguntó, pero sonó más a una orden que a una pregunta.
—Eh… Sí, pero… antes quiero decirte algo importante—me llevé las manos a mi cara y deseaba llorar.
—Sí. Habla… Quiero saber por qué mi hermano está en tu casa—me dijo y entendí que él estaba pensando algo muy malo.
Genial… Él Uchiha mayor creía que su hermano menor pagaba por sexo y le había mentido sobre ir a casa de un amigo.
—Antes de que pienses cualquier cosa, tu hermano sí se quedó en casa de un amigo, es decir, mi hermano menor—le expliqué y, entonces, relajó un poco su expresión de seriedad.
—¿De verdad? —preguntó para asegurarse.
—Sí, por supuesto. Haré que entres para que lo compruebes, pero antes… quiero decirte que mi hermano Naruto no sabe que yo… que yo… —ni siquiera podía decirlo estando en mi casa y tenía un nudo en el estómago—Él no puede saberlo, ¿comprendes? Te agradecería si tú fingieses que no me conoces de ninguna parte y que esta es nuestra primera vez viéndonos. ¿Puedes, por favor?
Se quedó unos segundos observándome y sabía que había notado mi palidez, mi nerviosismo, mi miedo, mi pánico, mejor dicho… Sus ojos eran como un escáner y me sentí desnudo ante su mirada. Pude notar que me volvía la sangre al cuerpo para irse directo a mis mejillas y sentí un repentino calor al notar su mirada durante mucho tiempo sobre mi persona. Él pudo ver todo mi ser y mi alma por completo con sus ojos. Me hizo sentir pequeño nuevamente.
—Seré discreto. No te preocupes. Puedo entender la situación—me dijo y sentí muchísimo alivio, porque noté su sinceridad y eso me molestó.
Lo odiaba por echar por tierra mi autoestima, por ser tan hermoso y elegante, tan… todo. Yo no merecía todo lo que él era y eso me hacía sentir mal conmigo mismo. Además, al él rechazarme, me había recordado mi posición, o así lo había visto yo. Yo era un simple escort sin dignidad ni honor y él era todo un señor de alta posición que ni en mis sueños tenía derecho a tener conmigo.
—¿Puedo entrar a ver a mi hermano? —me preguntó.
Bajé la mirada y me hice a un lado para que él pudiese entrar. Sentí la depresión subirse a mí y aplastarme la espalda, haciendo que me encorvase. Parecía inclinado ante mi miseria y me daba vergüenza tener a su alteza en mi humilde morada.
Él fue directo hacia la sala donde pudo ver el cabello de su hermano sobresalir del sofá.
—Sasuke, Sasuke—lo llamaba para despertarlo mientras lo movía suavemente.
Me acerqué a ellos. El menor comenzó a despertarse y frunció el ceño al ver a su hermano allí.
—¿Qué haces aquí, Itachi? —le preguntó de mala gana mientras se incorporaba.
—No regresaste en toda la noche e imaginé que te habías quedado a dormir sin avisarme—le dijo muy tranquilo, pero bastante serio.
—Yo… lo lamento mucho. La verdad es que le pedí a Naruto que hiciera que sus amigos no se fuesen tarde a casa, pero no me hizo caso. No sabía que tu hermano se había quedado a dormir aquí, de hecho…, lo supe hace un momento cuando vine a la sala y lo vi—le dije apenado.
—No hay problema. No es tu culpa—me dijo sin mirarme y me sentí terriblemente mal ante su brutal indiferencia—. Acomódate y nos vamos—apresuró a su hermano expresando el doble de seriedad en su rostro.
La tensión estaba por los aires. Estaba entendiendo lo que sucedía… Él había descubierto que su hermano había pasado la noche en la casa de una familia deshonrosa y eso no podía permitirlo. Su hermano corría peligro estando en mi casa, porque de seguro ese sujeto se imaginaba que yo traía el trabajo a casa cuando mi hermano no estaba.
—Espera un poco. Si me voy sin que Naruto lo sepa, de seguro armará un escándalo luego. Además, había quedado en que lo ayudaría con unas tareas al despertar—dijo el Uchiha pequeño como todo un gruñón recién levantado.
—No me parece correcto. Debemos irnos—dijo aún más serio.
Claro que no le parecía correcto. Estaba en la casa de un escort de mala muerte…
—¿Qué tiene de malo? —preguntó molesto el chico.
—Sasuke, no me hagas repetirlo—le dijo más serio aún.
—¿No tienes trabajo que hacer? Deja de molestarme. Ni siquiera entiendo por qué viniste aquí. Además, Naruto me dijo que él no tendría problemas en que yo me quedase—dijo refiriéndose a que yo no tendría problemas con que él se quedara.
—¿Tienes su permiso? —le preguntó y pasó a mirarme a mí.
—Por mí no hay problema—dije simplemente bajando la mirada.
—Ya ves. Puedes irte cuando quieras. Iré a despertar a Naruto—dijo para después irse de la sala directo al cuarto de mi hermano.
El niño nos había dejado solos en aquella sala y me puse el doble de nervioso. El silencio era muy incómodo y tampoco entendía por qué ese sujeto seguía en mi sala. Me sentía intimidado en mi propia casa. También entendía que podía estarse sintiendo molesto, porque no había podido llevarse a su hermano de la casa del Diablo.
—Entiendo que no quieras que tu hermano venga más a esta casa o no quieras que se junte más con Naruto…—dije para romper el silencio y para que supiese que no iba a impedir sus decisiones.
—¿Qué? —me preguntó como si no entendiera.
Me senté en el sofá.
—Bueno…, seguramente, ninguna persona querría que su hermano pequeño fuese a la casa de un prostituto—dije y me mordí el labio inferior.
—Vi a Sasuke bastante bien y normal. Además, tenía ganas de seguir quedándose en esta casa. Eso quiere decir que se siente cómodo aquí, lo cual es bastante difícil de conseguir con él, así que… el hecho de que tengas esa profesión no te convierte en un peligro—me dijo mirándome, tratando de observar cada una de mis expresiones, pero las oculté al bajar mi cabeza.
Él estaba parado frente a mí y acababa de decirme que no me consideraba un peligro para su hermano. No lograba entenderlo. Hacía un momento, parecía impaciente por llevárselo de allí.
—Bueno, parecías apurado por llevártelo—comenté.
—Sí, porque no quería que él fuese una molestia. Lamento las atribuciones que se haya tomado estando aquí. Sasuke suele ser un poco insolente, pero trataré de hablar con él—me dijo y entendí un poco más su forma de ser y pensar.
No sabía si sentirme bien, mal o ambos… Él era difícil de comprender, porque sus expresiones dejaban paso a la mala interpretación y, cuando abría la boca, me hacía sentir un igual y como si el hecho de haberme conocido en circunstancias poco gratas y totalmente descaradas no existiese para él y solamente existiese el momento en el que le había abierto la puerta esa mañana. Me sentía tan extraño junto a él. Por momentos, me intimidaba a más no poder y, en otros momentos, me hacía sentir mejor conmigo mismo.
—No me ha molestado para nada hasta el momento. Sasuke es bienvenido cuando quiera a esta casa. Supongo que él te dio la dirección de aquí—le dije.
—Yo se la pedí en caso de que algo sucediese. ¿Puedo? —me pidió permiso para sentarse en el sofá.
—Adelante—le dije y se sentó junto a mí.
—Naruto también es bienvenido a mi casa cuando quiera—me dijo y me sorprendí.
—Pero… no conoces a mi hermano—dije mirándolo confuso.
—Logró que Sasuke se abriera con él en menos de una semana y lo convirtió en un amigo al cual le permite quedarse a dormir en su casa, despertarlo en las mañanas y hacer tareas juntos. Sasuke jamás había hecho eso con nadie, porque jamás había tenido ni un solo amigo. Naruto es bienvenido a mi casa—me dijo esbozando una fugaz sonrisa que apenas alcancé a ver.
—Vaya…, ¿Naruto logró todo eso? Increíble—dije sorprendido sin entender cómo el insoportable que tenía como hermano menor había logrado todo aquello en otra persona.
Algo en mi pecho se había hinchado hasta más no poder. Supuse que así se sentía estar orgulloso de alguien a quien amabas con locura. Mi hermano era un excelente chico y me sentía tan emocionado que podía comenzar a llorar en ese instante, pero no iba a hacerlo, y menos delante de ese sujeto.
—Entonces…, supongo que nos veremos seguido, ya que nuestros hermanos son amigos, Dai—me dijo y me sentí mal por haberle dado un nombre falso.
—Deidara—dije y me miró con sorpresa.
—¿Qué?
Suspiré.
—Me llamo Deidara. Dai es el nombre que uso para trabajar—le confesé sin mirarlo.
—Entiendo—su voz sonó calmada.
Hubo un silencio inquietante que no duró mucho tiempo, en realidad, sólo pasaron unos segundos en los que yo me estaba muriendo de impaciencia y él, seguramente, pensaba en qué decir. La verdad, no sabía si él se sentía incómodo o de qué forma se sentía, porque su expresión era seria y calmada como una cascada que bajaba suave, con el murmullo de sus aguas que relajaba hasta el más intranquilo de los seres humanos.
—Me encantaría conocerte—me dijo y me sorprendí un poco.
—Pero si ya me conoces—le dije como si fuese lo más obvio del mundo.
La verdad, es que nos habíamos visto dos tres veces, contando esa en la que estaba en mi casa. La primera vez que nos habíamos visto, había sido en aquel bar donde me había rescatado. La segunda vez, había sido en el hotel, donde él me había rechazado y nos habíamos presentado, así que… no entendía qué era lo que él pretendía.
—Sí, pero me refiero a que quiero conocerte a ti, a Deidara—me dijo y me miró directo a los ojos, haciéndome tragar duro mientras sentía cómo mis mejillas se calentaban.
—Bueno. Yo… no sé qué…—sólo podía balbucear.
—Nii-san—oí la voz de Naruto y me sobresalté.
—Na-Naruto, hump—me puse de pie bastante nervioso y pude verlo en la cocina.
—Nii-san. ¿Dónde está el desayuno? Tengo hambre, dattebayo—me dijo mientras se tallaba un ojo.
Parecía que hacía poco que Sasuke había podido despertarlo.
—Enseguida te lo hago, es sólo que…—fui interrumpido.
—Hola, Naruto—oí la voz de Itachi y pude ver que se había puesto de pie para ir hacia mi hermano.
—Itachi—pronunció su nombre Naruto— ¡Hola! ¡Qué gusto tenerte en mi casa! ¡Dattebayo! —fue casi corriendo hasta acercarse y le tendió la mano para saludarlo con toda confianza.
Itachi aceptó su saludo con una sonrisa que lo hacía ver encantador.
—Me alegra haber venido. Además, pude conocer a tu hermano mayor Deidara—le dijo soltando su mano y volteando a verme.
Me sonrojé y bajé la mirada.
—¡Conociste a Deidara! ¡Genial! ¿Y bien? ¿Qué te pareció el hermano de Sasuke, nii-san? Es muy agradable, ¿verdad? —me preguntó con una enorme sonrisa.
Qué hipócrita. El día anterior había dicho que Itachi era un amargado y, encima, igual que yo. Qué niño más estúpido.
—Claro, Naruto—dije simplemente.
—¿Qué dices, Itachi? ¿Te quedas a desayunar con nosotros? —preguntó Naruto entusiasmado.
—Bueno… La verdad es que no quiero importunar y solamente vine a ver si Sasuke se encontraba bien—respondió con seriedad.
—Ah, es verdad. ¿Puede Sasuke quedarse todo el día conmigo? Es que voy a estar aburrido si me quedo todo el sábado en casa, porque los otros chicos tienen planes con sus padres—dijo Naruto y noté que la pregunta iba a para nosotros dos.
—Bueno…—Itachi me miró pensativo como pidiéndome permiso.
—Por mí no hay problema. Además, hoy no tengo nada que hacer y puedo cuidarlos—dije mirando hacia otro lado para perder el contacto visual con Itachi.
—No me queda más remedio que aceptar. Me vendrá bien mientras se termina de hacer arreglos en nuestra casa y así, poder salir del hotel en el que estamos de una vez—dijo Itachi—. No quiero que Sasuke se sienta irritado, pero tampoco quiero que represente una molestia para ustedes.
—Sasuke es muy gruñón, pero nos divertimos muchos y, además, nii-san nos podrá preparar comida deliciosa. Nii-san, te prometo que no vamos a ser muy ruidosos y no te molestaremos si tú tienes que estudiar—me dijo Naruto y puso su cara de súplica.
—¿Estudiar? —preguntó Itachi.
—Eh… Sí. Yo…—fui interrumpido.
—Deidara estudia mucho y está haciendo una carrera que le ayudará a dirigir una empresa en el futuro. Además, trabaja mucho como asistente en una importante empresa y le va muy bien, aunque a veces no llega a dormir, porque su jefe tiene muchas reuniones y él debe acompañarlo para tomar nota de todas las cosas aburridas que habla su jefe con sus socios, ¿verdad, nii-san? —le contó Naruto a Itachi y sentí que se me revolvía el estómago.
—Naruto…—le dije y sentí que se me daba vuelta todo.
Ese niño sí que hablaba demás a veces.
—Ya veo. Tu hermano mayor se esfuerza mucho por ti—comentó Itachi muy serio mientras no apartaba la mirada de mi persona.
—Sí. Él se esfuerza mucho, dattebayo—dijo con una enorme sonrisa.
—Naruto. ¿Por qué no vas a tu cuarto con Sasuke y yo luego les llevo el desayuno? —le dije para que se largara de mi vista y dejara de hablar.
—Está bien—sonrió aún más—. Itachi, nos vemos otro día, dattebayo—lo saludó para luego salir corriendo hacia su cuarto.
—Nos vemos, Naruto—devolvió el saludo.
—Realmente… lo siento—dije casi en susurro e Itachi me oyó.
—Entiendo que hayas tenido que mentir un poco—me dijo con calma y se dirigió pacíficamente hacia la puerta.
—Jamás podría decirle una cosa como esa—le dije refiriéndome al trabajo de escort—. Aunque lo del estudio sí es cierto.
—Ya veo. Lo entiendo, pero también es cierto que podría enterarse en algún momento y no de tu boca. Eso sería muy malo—me dijo y supe que tenía razón.
Si había habido una oportunidad de que pudiese enterarse por Itachi, pero podría haberse enterado por otro. Había tenido la suerte de que Itachi no era del tipo de personas que abría la boca demás o chantajeaba, pero otro no podría ser de la misma forma.
—Quizá…—dije simplemente.
Realmente no sabía si algún día podría concebir la idea de confesarle la verdad a mi hermano, pero tenía presente el hecho de que, algún día, él iba a saberlo y esperaba que fuese por mi boca y no por la de otro.
—Entonces, fue un placer conocerte, Deidara—me dijo tendiéndome la mano.
—Claro—respondí tomando su mano.
Su mano era tan grande, tan suave, tan fría y tan… reconfortante. Me hacía sentir tan seguro la forma en la que sujetaba mi pequeña mano y me sentí vacío en el momento en el que me la soltó. Había pasado sólo unos dos segundos sujetando mi mano, pero se había sentido como si hubiesen pasado dos minutos. Todo con él parecía en cámara lenta. ¿Por qué? La cabeza me daba vueltas cuando estaba con él y mi ser temblaba de pies a cabeza.
—Me gustaría invitarte un café—me dijo y lo miré extrañado—. Bueno, luego de que les prepares el desayuno, tú también tienes que desayunar, ¿verdad?
No entendía lo que estaba sucediendo ni por qué él querría ir a tomar un café conmigo. Estaba bien que su hermano fuese amigo de mi hermano, pero… no había necesidad de acercarnos él y yo.
—No lo sé…—dije mirando hacia otro lado y cruzándome de brazos.
—¿Por qué no? —preguntó con seriedad y calma.
—No creo que sea lo mejor. No deberías involucrarte demasiado conmigo—dije con seriedad.
—¿Qué tiene de malo el querer conocerte? —me preguntó llevando su mano a mi barbilla para hacer que lo mirase.
Mi corazón se aceleró de repente. ¿Por qué? ¿Qué era eso que sentía? Me temblaron las piernas de repente.
—Yo… creo que hasta aquí está bien. Además, no entiendo todavía cómo es que dejas a tu hermano aquí sin siquiera conocerme en lo más mínimo. Sólo conoces mi nombre y que tengo un hermano. Cualquiera en tu lugar pensaría que este no es un lugar seguro—le dije y me sentí muy triste por pensar de esa forma de mí mismo.
—Yo sé dónde es o no es seguro para mi hermano. Además, así tengo una excusa para volver a verte—me dijo y abrí los ojos grandemente mientras sentía cómo las yemas de sus dedos acariciaban mi mejilla que, seguramente, estaba totalmente roja por lo ardiente que estaba y sentía aún más asentado el frío de sus dedos.
Lo miré directo a los ojos y pude ver algo en su mirada. Se parecía mucho a las miradas que me había regalado Sasori al principio de nuestra relación, pero, que después, se habían ido apagando poco a poco. Sentí nostalgia y dolor. Aparté mis ojos de los suyos antes de empezar a escuchar una melodía romántica en el aire.
¿Por qué? Si lo odiaba tanto por haberme echado por tierra mi confianza… ¿Por qué me sentía de esa forma con él? Además…, apenas lo conocía y ya era capaz de sacudir todo mi mundo con sólo saber su nombre o percibir el aroma de su perfume.
—Será mejor que te vayas…—le dije casi en susurro y abrí la puerta.
—Pídele mi número a Sasuke por si se te antoja un café dentro de un rato—me dijo para después salir de mi departamento—. Te veo luego, Deidara—volvió a clavarme esa mirada que tanto me sacudía y que, por esa misma razón, la odiaba tanto.
—Adiós, hump—dije para después cerrar la puerta y quedarme recargado en ella.
¿Por qué…? ¿Qué tenía él que me hacía sentir como si nada más me importara? Quería ese café con él, pero… no debía involucrarme y ya había dejado que llegase hasta aquí. Había entrado a mis pensamientos, a mi casa y también quería entrar a mi vida, al parecer. No debía.
—¿Quién eres, Itachi Uchiha? No sé quién seas realmente, pero… deja de sacudir mi interior o voy a enloquecer… —dije mientras me sentaba en el suelo recargado en la puerta y sujetando el lado izquierdo de mi pecho.
Oí unos pasos a centímetros de la puerta y me sobresalté. Me cubrí la boca con ambas manos y sentí cómo mi corazón se detenía. Ese bastardo… No se había ido y después de que había dicho eso en voz alta, él había decidido marcharse de al lado de mi puerta.
—Lo odio… Lo odio… Lo odio… —dije dando puñetazos no tan fuertes al suelo.
Hervía de rabia, pero, al mismo tiempo… me sentía tan excitado y con una sensación tan cálida en mi pecho que me hacía sentir en el aire. Hacía tanto tiempo que no me sentía de esa forma. Así me sentía cuando amaba a Sasori. Amor… ¿Era… amor? No podía ser… No… Además, yo había llegado a pensar que jamás había conocido el amor después de lo que me había sucedido. No podía ser amor… Además… ¿Qué significaba "amor"? No sabía si algún día iba a descubrirlo.
