Capítulo 4: "No puedo"
Deidara
Me tentaba, lo odiaba por eso… Me tentaba hasta el punto de enloquecerme. Estaba nervioso. No estaba seguro de que, si me había escuchado, pero, si lo había hecho…, no podría mirarlo de nuevo a la cara. ¿Por qué todo eso me tenía que estar pasando a mí? ¿Qué había hecho en mi vida anterior para merecer estas calamidades?
Si continuaba pensando de forma negativa no iba a obtener nada. Además, sentía mucha curiosidad. Hacía muy poco que nos habíamos conocido y me invitaba un café solamente por ser el hermano del amigo de mi hermano. Debía admitirlo, eso era demasiado raro y… ¿Por qué quería conocerme? ¿Por qué yo sentía que deseaba lo mismo? ¿Acaso no había aprendido nada? Hasta había refranes sobre el asunto y uno que había aprendido muy bien como para no aceptar su invitación era: "El que se quema con leche, cuando ve la vaca, llora". Con un demonio… ¿A quién engañaba? Quería ese estúpido café con el Uchiha.
—¡Niño! —grité al clon del Uchiha mayor mientras comencé a caminar al cuarto de mi hermano.
Me paré frente a la puerta del cuarto de Naruto y di dos toques.
—Pasa, nii-san—me dijo Naruto desde dentro.
Abrí la puerta y vi al clon acostado en la cama de Naruto y a Naruto sentado en el suelo revisando unos cuadernos de la escuela.
—Qué buen maestro particular tienes—le comenté a Naruto con sarcasmo.
El Uchiha pequeño solamente miró hacia otro lado como despreciando toda mi existencia. Me estaba empezando a caer de la patada ese niño engreído y altanero.
—Tú. Tu hermano me dijo que me podías dar su número por si acaso, hump—le dije y ni siquiera me miró.
—¿Y por qué no te lo dio mi hermano? —me cuestionó sin mirarme.
Tragué, respiré profundo y pedí paciencia al cielo.
—¿Me lo vas a dar o no? —me crucé de brazos sintiendo que la vena del cuello se me iba a reventar.
—Naruto, dáselo—le dijo a mi hermano ignorando completamente mi presencia.
—Claro—le obedeció sin chistar y toda la escena me parecía increíble.
¿En qué momento mi hermano se había convertido en la perra de ese gusano? Naruto me pasó en un mensaje de WhatsApp el número de Itachi.
—Gracias…—dije sin más—No te vuelvas el abanicador de nadie, Naruto. ¿Entendiste? —le dije antes de salir del cuarto bastante molesto por lo sumisa que estaba mi hermanita menor.
(Y sí, todo en femenino)
No sabía por qué, pero me sonrojé al ver el número de ese dios griego y comencé a escribirle un mensaje. Sabía que le estaba dando una victoria, aunque tenía la vaga esperanza de hacerlo ver como si yo fuese el que estaba ganando al tomar revancha por su rechazo y hacer que cayera a mis pies. Qué estúpido… El que estaba cayendo a sus pies era yo.
—Hola. Soy Deidara… ¿Acepto tu café?
Vio mi mensaje de inmediato y comenzó a escribirme.
—Gracias.
Solamente me agradeció por lo que había creído al principio el hecho de haber aceptado su invitación, pero, momentos después, capté el mensaje. Le había proporcionado mi número de teléfono…
—Maldito Uchiha… —susurré molesto por también haberme hecho escribirle primero.
Muy astuto era el maldito.
Bajé por el ascensor del edificio hasta la planta baja para poder salir a la calle y enviarle otro mensaje pidiéndole la ubicación del lugar donde querría beber ese café, pero, justo cuando estaba por enviar el mensaje que había escrito, aparté la vista de la pantalla de mi celular y miré hacia adelante… Él estaba recargado sobre un hermoso automóvil negro, esperándome…, o eso creía yo.
—¿Me estabas esperando? —pregunté incrédulo y sorprendido.
—¿Qué más podría estar haciendo? —me respondió y abrió la puerta del acompañante—¿Podrías subir? El lugar queda algo retirado de aquí.
—¿Me vas a secuestrar? ¿Cómo es que sabías que aceptaría? —pregunté sin entender demasiado.
Se quedó en silencio unos insoportables segundos calándome hasta los huesos con su mirada tan intensa.
—Sólo lo supe. ¿Subes? —me preguntó aún con la puerta abierta.
—Hump—expresé antes de subir al automóvil y cruzarme de brazos.
Cerró la puerta y caminó hasta el lado del conductor. Subió y encendió el motor del vehículo.
Me sentía totalmente desnudo ante su presencia, y aun cuando no estábamos cerca. No había pasado ni una hora juntando todos los momentos en los que nos habíamos visto, pero sentía que no podía ocultarle absolutamente nada. No nos conocíamos demasiado, pero él parecía poder leer como si de un libro abierto se tratase todo mi ser. Estaba indefenso, completamente a merced de sus cañones en plena batalla. Se trataba de rendirme o morir…
—Te advierto que no tengo intenciones de demorarme mucho. Hay dos adolescentes en mi casa. No quiero volver y encontrarme con un incendio—le advertí, porque, en realidad, temía que eso ocurriese con Naruto allí, ya que no le había preparado el desayuno.
—No te preocupes. Sasuke es bastante responsable y ordenado. Nada malo ocurrirá—me dijo con su voz tan calmada comenzando a conducir hacia alguna parte que no conocía.
—No les hice el desayuno. Debo volver pronto—dije sintiéndome culpable por no haberles preparado el desayuno.
—Tu hermano no morirá de hambre por no haberle hecho su desayuno una vez. Además…, podría empezar a hacérselo solo, ¿no crees? Piensa un poco en ti. Por lo que noto, te desvives por Naruto—me expresó y me sentí algo molesto.
—No es de tu incumbencia. No te he dado la confianza de cuestionarme cómo crío a mi hermano. Preocúpate por el tuyo, que bastante patán es, hump—le dije con molestia y sin mirarlo.
—Estoy consciente de ello… También creo haberme disculpado por el comportamiento de Sasuke y te oí decirme que no te había molestado—me dijo y supe que me había pasado con lo que le había dicho, pero no pensaba retractarme.
—Hasta el momento en el que entré al cuarto de mi hermano a pedirle tu número, hump—le conté y volteó a mirarme por un segundo con algo de preocupación en su mirada.
—¿Sasuke se comportó grosero contigo? —me preguntó muy interesado.
—No importa… Déjalo así…—le dije sin desear acusar al niño clon.
—Sea lo que sea que haya hecho, prometo que no volverá a suceder—me aseguró con seriedad.
—Tampoco es para tanto. Tú y yo no nos conocemos en nada y no tiene importancia nada de eso, hump—le dije y detuvo el auto.
Miré por la ventanilla y vi una cafetería bastante elegante.
—Bueno, pero, si tú quisieras, esa situación podría cambiar, y no sólo nuestros hermanos serían amigos—me dijo y abrió la puerta de su lado para salir del automóvil.
¿Amigos? ¿Eso estaba pretendiendo? No parecía que quisiera hacer amigos con su toque encantador y sus actos de caballero conquistador, a menos que el equivocado hubiera sido yo y estuviese mal entendiendo absolutamente todo por tener ese tipo de preferencias, por ser él tan hermoso y por parecerme casi irresistible, bueno, absolutamente irresistible.
Cuando menos me lo esperé, él había abierto la puerta de mi lado y me sorprendí. Bajé del automóvil, liberándome de aquel lugar que solamente me hacía pensar en él por estar impregnado en su exquisito perfume, cuyo precio seguramente costaba lo mismo que dos noches en mi compañía a mis clientes.
Lo seguí hasta unas mesas que había afuera de la cafetería y nos sentamos en una a la que le daba todo el sol, lo cual me agradaba. Sentir el cálido sol sobre mi piel parecía borrar cada uno de mis problemas y me daba una seguridad que creía perdida entre tantas camas de hotel. Todo era realmente increíble, pero tan simple al mismo tiempo… Me daba mucho miedo continuar con lo que fuera que él tuviese planeado y yo, sin saberlo, me había estado comportando desde que había bajado del edificio hasta ese momento como si quisiese espantarlo con mi mala actitud, pero era que era un acto inconsciente, como si mi ser se intentase proteger lanzando ataques defensivos contra todo aquello que se me acercase con interés de entablar algo con mi persona.
Él le había pedido dos cafés a la muchacha que se nos había acercado para tomar nuestra orden. Yo, como acto reflejo, solamente le había indicado que el mío lo quería negro y sin azúcar, lo más fuerte que se pudiera. Me sentía nervioso, aunque el clima fuera de mi agrado. Para nada lo miraba, aunque supiera que él buscaba que lo hiciese. Yo prefería mirar las nubes blancas o los autos que pasaban por la calle. Había poca gente caminando por el lugar. Era un sábado bastante tranquilo.
—¿Todo está bien? —me preguntó notando mi incomodidad y mis nervios.
—¿Para qué haces todo esto? —le pregunté automáticamente pasando a mirarlo con seriedad e incomodidad.
—Creo que ya hemos hablado de este tema, ¿no? —me dijo al mismo tiempo que la muchacha venía con nuestros cafés y los depositaba sobre la mesa.
—Que los disfruten—nos dijo amablemente con una sonrisa.
—Gracias—respondió él, porque yo solamente podía mirarlo con seriedad tirando a estar enfadado sin saber exactamente por qué.
—Sí, lo que pasa es que todavía no entiendo bien tus intenciones—le dije y sonrió como si hubiese escuchado algo gracioso.
—Me hiciste la pregunta equivocada entonces—me dijo para después darle un sorbo a su café.
—No entiendo a qué te refieres con pregunta equivocada—respondí cruzándome de brazos y negándome a probar el café.
—Sea lo que sea que pase por tu cabeza, yo no tengo ninguna otra intención que no sea simplemente la de conocerte—me explicó con seriedad mirándome a los ojos y pude ver la absoluta sinceridad en ellos.
—Pero… ¿Por qué? —pregunté queriendo saber la razón de la insistencia en tan poco tiempo de conocernos.
—No lo sé. Cada vez que te veo aprendo una cosa más de ti que no sabía antes y me resulta intrigante—me sonrió levemente por un instante para luego darle otro sorbo a su café.
—¿Te resulto intrigante? Exactamente… ¿Qué parte de mí te resulta intrigante? —pregunté con curiosidad e incomodidad decidiendo darle un sorbo a ese café.
—¿Por qué no te relajas un poco? Si quieres puedes preguntar algo que quieras saber de mí—me dijo y me miraba de una forma que me estaba resultando insoportable.
—¿Y qué es lo que yo querría saber de ti? —pregunté molesto.
Guardó silencio un momento dejando de mirarme. Supe que me había pasado de la raya, porque estaba tan nervioso e incómodo con su presencia que ni yo mismo me aguantaba. Había estado teniendo suerte de que no me hubiese mandado a la mierda hacía rato por mis actitudes.
—Algo habrás querido saber si aceptaste mi invitación—me dijo y fue suficiente como para ponerme de pie bruscamente con intenciones de irme.
—Es todo. Me largo, hump—dije con molestia, pero sentí que me sujetó de la muñeca.
—No. Oye, espera… No te vayas, Deidara—me miró con súplica en sus ojos manteniendo una expresión seria en su rostro, estando de pie también.
—¿Qué es lo que quieres de mí…? —pregunté casi al borde de las lágrimas sin saber por qué me sentía tan enojado en ese momento.
—Solamente quiero algo tan simple como esto… Nada más. No deseo nada más de ti. Te lo juro—lo miré con los ojos cristalizados, aguantándome para no llorar y su agarre se volvió más firme—. Quédate, por favor…
Su voz, sus expresiones, sus súplicas y sus palabras extrañamente sinceras me hicieron sentir culpable por haberme estado comportando tan mal. Había llegado a pensar que yo era el paranoico que se estaba imaginando cosas y quizá él sí tenía buenas intenciones, pero tenía miedo de comprobar si era verdad o no y salir lastimado de nuevo. No podría soportarlo una vez más, además de que él sólo quería ser mi amigo, al parecer y yo… ya me estaba haciendo toda una película romántica en la cabeza.
—Bueno…—dije casi en susurro volviendo a sentarme.
Él se sentó en su lugar nuevamente.
—Lo siento…—se disculpó.
—Está bien. No pasa nada…—dije para después darle un sorbo a mi café.
Hubo silencio alrededor de un minuto mientras la tensión del momento bajaba poco a poco. Cuando la atmósfera fue lo suficientemente soportable, él habló.
—Y bien… ¿Qué es lo que estudias en la universidad? —me preguntó como si no se acordara de lo que Naruto había contado.
—Economía y Administración de empresas—respondí simplemente sin ganas.
—Interesante. Es bueno que estudies—me dijo dando un sorbo a su café.
—¿Y tú qué haces? —le pregunté sonriendo de lado haciéndome el desinteresado como preguntando por compromiso.
—Soy el actual presidente en la compañía que pertenece a mi familia—me respondió sin darle importancia a tu título como si me hubiese dicho que trabaja de cajero en un supermercado.
—¿Qué? —me sorprendí increíblemente—Bueno, me imaginé que eras de una posición social más o menos alta, pero… ¿esto? Así que, estoy bebiendo un café con el presidente de una compañía. Santo Cielo…—fingí más sorpresa de la normal.
—Sé que estás exagerando. Probablemente no te sorprende tanto—me dijo riendo un poco.
—Más o menos—reí un poco.
Me estaba empezando a sentir un poco más cómodo con la conversación. Conocerlo un poco más no me sentaba tan mal y, de hecho, me agradaba bastante. Si tenía ese increíble puesto en su propia empresa, pero bebía café en un lugar no tan lujoso y con alguien como yo, hablaba bastante bien de él. Era muy humilde y sus actitudes era increíblemente sinceras, respetuosas y amables. Todo un caballero.
—Entonces…, tu hermano y tú no son de aquí, ¿verdad? —lancé la flecha para ver si la recogía.
—Somos de aquí, pero nos habíamos ido por un tiempo con nuestros padres a otro país por temas de la empresa, pero hemos vuelto para poder asumir yo como presidente—me explicó sin mucho detalle y no deseaba preguntar el porqué de muchas cosas.
—Ya veo. Bienvenidos de nuevo a Konoha entonces—le dije con una sonrisa medio amable, dándole otro sorbo a mi café.
—Gracias—me respondió con una leve sonrisa.
—Hey, Dai. ¿Cómo estás? Hace tiempo que no te veo—me dijo alguien por detrás y volteé a mirarlo.
El sujeto se posicionó al lado mío, ignorando por completo que Itachi estaba presente.
—Te he estado llamando todo este tiempo y tampoco miras mis mensajes. ¿Todo bien? —me preguntó el tipo y me comencé a sentir tan nervioso, incómodo deseando que me tragase la tierra.
—Eh… Oye, no te conozco, ¿sabes? —le dije tratando de ignorarlo para que se fuera.
La verdad era que no me acordaba del sujeto para nada, pero me daba cuenta de que había sido algún cliente mío que no entendía que, si ya no era contactado, era porque no deseaba nada más con él.
—Pero si nos hemos visto y estado juntos. ¿Por qué no nos vemos hoy en la noche? Prometo que te pagaré bien esta vez—me dijo y sentí cómo la vena del cuello se me inflamada.
—No, pero… no te conozco. ¿Me puedes dejar en paz, por favor? Estoy con alguien ahora—le dije comenzando a sentir que deseaba golpear al tipo.
—Pero, espera… Quiero que nos veamos y…—fue interrumpido por Itachi.
—Oye, chico, ¿no escuchaste o estás sordo? Te dijo que no te conoce. Ya te puedes retirar—le dijo con una seriedad que no había visto nunca en nadie.
—Está bien. Me voy… —le dijo apartándose de nosotros y pasó a mirarme—Te llamaré después.
—Adiós. Que tengas un buen día—le dijo Itachi aún más serio.
El tipo se retiró de allí y yo me sentí tan incómodo que ya no podía seguir en ese lugar. Además, su actitud no me había gustado para nada. Me sentí como un inútil que no podía defenderse solo. Él me trataba como una damisela en apuros en esos momentos.
—Me parece que va a ser mejor que me vaya—le dije poniéndome de pie.
—¿Por qué tienes que irte? —me preguntó poniéndose de pie también.
—Ya te dije que yo no te convengo y esto no va a funcionar, Itachi… No va a funcionar un carajo—dije con molestia dándome la vuelta para retirarme.
—Oye, espera—me sujetó de la muñeca—. No entiendo por qué te pones así.
—Te vi, ¿sí? Yo no necesito que me estés ayudando ni nada por el estilo. No soy alguien que necesite de tu ayuda para quitarse a los tipos de encima. Yo sé cuidarme muy bien solo, ¿sabes? —le dije con molestia zafándome de su agarre.
—Entendí. No necesitas ayuda, pero no te vayas, y si te quieres ir, te llevo—me dijo y eso me molestó aún más.
—Tú eres esa clase de tipos que creen que me tienen que salvar, ¿no? —le dije con enfado.
—¿Tú necesitas ser salvado de algo? —me preguntó muy seriamente y me sentí intimidado.
—Por supuesto que no. Yo no necesito que me salven de nada—respondí tomando valor.
—¿Entonces? No te hagas ideas que no son conmigo, ¿sí? Ya te he dicho que yo no quiero juzgarte. Lo que hagas o dejes de hacer con tu vida es asunto tuyo, pero deja de pensar negativamente sobre mis acciones—me dijo con seriedad y severidad.
Me quedé en silencio un momento, donde casi pareció una eternidad y él pudo soportarla con paciencia hasta que decidí hablar.
—Lo siento…—dije muy apenado por todo lo que había hecho y dicho.
—No te preocupes…—me respondió y suspiró con pesadez—¿Te llevo a casa? Naruto debe tener hambre, ¿no crees? —me dijo y rio levemente.
No pude evitar soltar una pequeña risa.
—Está bien—dije para después irnos de aquel lugar luego de pagar.
Nos subimos al auto y él lo puso en marcha para irnos a mi casa, cuando de repente, sonó mi teléfono. Vi quién era y era Naruto que, seguramente, me llamaba para reclamarme su desayuno.
—¿Qué pasa, Naruto? —le dije contestando a la llamada sin ganas.
—¡Nii-san! ¡Debes venir pronto! ¡La policía está en casa y se quieren llevar a Sasuke! —me dijo desesperado a los gritos.
—¡¿Qué?! ¡¿Qué demonios hicieron, Naruto?! —le pregunté desesperado y enojado.
—¿Qué ocurre? —preguntó Itachi con preocupación.
—La policía está en mi casa y dice Naruto que se quieren llevar a tu hermano—le respondí.
—¡¿Qué?! —dijo frenando el auto de golpe.
—¡¿Qué haces?! ¡¿Por qué te detienes?! ¡Debemos llegar pronto y saber qué hicieron estos dos! ¡Acelera! —le dije desesperado y enojado a Itachi.
Me hizo caso de inmediato y nos dirigimos a casa lo más rápido posible.
