Capítulo V: "Encerrado"

Narración en tercera persona

Ambos jóvenes, Uchiha y Uzumaki, se habían quedado solos en casa del rubio. Se habían dispuesto a pasar el día juntos, pues Sasuke había accedido a ayudar a su compañero de clases a hacer la tarea de matemáticas y explicarle ciertos ejercicios que le costaba comprender, ya que la materia le resultaba sumamente complicada y aburrida.

El pelinegro se encontraba tumbado en la cama del Uzumaki y el otro estaba sentado en el suelo con la espalda recargada en su cama mientras se golpeaba suavemente la mejilla con el lápiz tratando de comprender los ejercicios que tenía en su cuaderno de clases.

—Sasuke, esto es realmente difícil, dattebayo. No puedo entenderlo…—expresó con frustración el rubio.

—Realmente, no es muy complicado. Solamente debes prestar atención a los signos y ya—respondió calmadamente teniendo los ojos cerrados y sus manos detrás de su cabeza y estando tumbado en aquella cómoda cama impregnada con el aroma del rubio, lo cual le encantaba.

—Pues es el asunto de los signos lo que no entiendo. Además, no puedo pensar con el estómago vacío. Nii-san se fue y, al final, no nos trajo el desayuno—se quejó con molestia haciendo un puchero.

—Pues háztelo tú mismo…—respondió sin ganas.

—Pero sólo puedo preparar ramen instantáneo y él se enfadará si como eso en la mañana, porque dice que no es bueno desayunar esa clase de cosas, dattebayo—le explicó.

—Presta atención a tus ejercicios y después piensa en comer—expresó con seriedad y algo de desgana.

—¿Y qué? ¿Tú no tienes hambre acaso? —preguntó molesto.

—No—respondió simplemente—. Vuelve a los ejercicios.

—¡No los puedo entender! —se quejó.

Sasuke suspiró con pesadez y se incorporó en la cama para después volver a tumbarse en ella, pero boca abajo y poniendo los pies en la pared, acercando la cara a la cabeza de Naruto, el cual se sonrojó un poco por la cercanía del azabache.

No lo parecía a simple vista, pero Naruto había hecho lo imposible para acercarse al Uchiha desde el primer momento en el que éste había puesto un pie en la escuela. Le había parecido un chico muy apuesto, además de increíblemente genial, y su mal genio tenía algo que lo hacía mucho más atrayente para él. Había conseguido con mucha insistencia lograr almorzar con él en la hora del descanso y ser un poco más cercanos cada día hasta que había logrado en una semana que accediera a visitar su casa. Realmente, Naruto se había enamorado a primera vista de Sasuke, pero tenía muy presente que éste, probablemente, ni siquiera estuviera interesado en que fuesen mejores amigos y que le estuviese molestando al azabache el hecho de que fuesen más o menos amigos.

—Te lo voy a explicar una vez más… Debes tener en cuenta los signos positivos y negativos en cada ejercicio para que te dé el resultado correcto. Existe una regla en los signos que debes seguir al pie de la letra. Más por más es igual a más y menos por menos es igual a más; menos por más es igual a menos y más por menos es igual a menos. ¿Entendiste? —preguntó al finalizar la explicación.

Realmente, Naruto no había prestado nada de atención a la explicación, porque había estado muy sonrojado pensando en lo cerca que estaba la cara de Sasuke de la suya, además de que toda la explicación le había hecho erizar la piel, ya que el azabache le había estado hablando en el oído y sentía todavía las cosquillas en todo su cuerpo.

—No entendí… Es muy complicado y enredoso, dattebayo—dijo algo nervioso.

Sasuke suspiró con pesadez una vez más.

—Presta atención a los signos, Naruto. Los signos negativos dan resultado positivo y los positivos también. Los demás, sin importar su orden, dan resultado negativo y ya. No es demasiado misterio, usuratonkachi—le dijo fingiendo algo de fastidio, porque, realmente, le resultaba bastante tierno el hecho de que Naruto no pudiese comprender algo tan simple.

No había sido casualidad u obra del destino el hecho de que Sasuke hubiera accedido a relacionarse tan temprano con el rubio, porque, desde que lo había visto en su primera clase, se había sentido atraído por todo su ser. Le habían llamado mucho la atención las adorables marquitas que tenía en las mejillas, sus increíbles ojos azules y su personalidad tan atolondrada e irritante que le encantaba. El rubio había sido muy insistente en querer que él formase parte de todas las actividades escolares en su grupo y en almorzar juntos en la hora del descanso, en querer que fuese a su casa y en pedirle que lo ayudara con las materias que le costaban. Todas excusas para estar cerca del azabache y, ciertamente, Sasuke se había dado cuenta de todo ello, pero pensaba que el rubio solamente deseaba integrarlo por pena de verlo solo o por querer tener otro amigo más. Pensaba que el rubio era de esos chicos súper sociables que querían acaparar a todos los estudiantes nuevos y convertirlos en sus amigos para que los ayudasen o sacar provecho tal vez, o, simplemente, por ser demasiado sociales y solidarios. Lo que fuese. De todas formas, él se había sentido atraído por Naruto y también era una excusa el aceptar para que el rubio lo dejase de molestar, porque, realmente, sí deseaba estar a su lado. Naruto le parecía demasiado lindo y le había empezado a gustar bastante. Su compañía le resultaba sumamente agradable.

—Creo que ahora sí estoy entendiendo un poco más, pero…, aun así, tengo hambre. Deberíamos desayunar antes de poder seguir, dattebayo—dijo Naruto poniéndose de pie.

Quería mantenerse un poco distante del azabache, porque estar tan cerca de él podía llegar a ser muy incómodo por el hecho de que le gustaba tanto que podría meter la pata al no poder controlarse.

Por otra parte, Sasuke se acercaba mucho a Naruto en ciertas ocasiones a propósito para tantear el terreno y comprobar si Naruto era demasiado sociable o se había acercado a él porque le gustaba, ya que tenía sus sospechas, pero el rubio era tan ingenuo e inocente que no se daba cuenta de las acciones de Sasuke y creía que sólo se acercaba demasiado a él inconscientemente.

—Bien. En ese caso, déjame preparar algo de desayunar, porque, si sólo sabes preparar comida instantánea, posiblemente, hagas un lío en la cocina y termines haciendo nada—dijo levantándose de la cama.

—¿Sabes cocinar? —preguntó curioso el rubio.

—Sí—respondió simplemente abriendo la puerta del cuarto para salir.

—¡Vaya! Eres un genio, Sasuke, dattebayo—dijo muy animado e ilusionado, pero muerto de fascinación, porque el azabache cada vez le parecía más y más perfecto.

—No es la gran cosa…—respondió sin ganas llegando a la cocina junto a Naruto—¿Tienes leche, harina, huevos y esencia de vainilla? —preguntó.

—Eh… Claro. Tengo esas cosas, dattebayo—respondió el rubio yendo a buscar todos los ingredientes solicitados.

—También voy a necesitar un recipiente para la mezcla y algo para mezclar—le informó.

—Claro. Esas cosas están en la alacena que está debajo de la encimera—le indicó.

—Bien—respondió abriendo las puertas de la alacena y tomando lo que necesitaba.

Naruto puso todos los ingredientes sobre la encimera mientras Sasuke buscaba los objetos. Entre todos ellos encontró un tamizador, lo que le venía genial para la harina. Colocó dos huevos dentro de un recipiente hondo, la esencia de vainilla y azúcar, lo que no le había pedido al rubio, pero igual la había traído, además de agregar un poco de leche.

—Comienza a batir esos ingredientes con cuidado mientras yo tamizo sobre ellos la harina—le dijo Sasuke y el rubio comenzó a hacerlo, aunque salpicó un poco hacia los costados—. Tsk. Con cuidado, usuratonkachi…

—Sí, sí. Lo haré con cuidado—respondió intentando ser menos torpe.

Sasuke comenzó a tamizar la harina sobre el recipiente y todos los ingredientes se fueron mezclando bastante bien.

—¿Y ahora qué? —preguntó Naruto.

—Ahora aguarda un momento, que voy a ir por la sartén para cocinar eso. Quédate quieto y no toques más nada—le dijo para después caminar menos de un metro hasta donde estaba la sartén colgando de un gancho junto a otros sartenes de diferentes tamaños.

Naruto estaba sosteniendo aún el recipiente con la mezcla en sus manos, cuando se percató de que una cascara de huevo se había caído al suelo.

—Oh, mira eso. Se cayó—susurró para después agacharse a juntarla sin haber soltado el recipiente y algo de la mezcla se derramó en el suelo, pero apenas un poco—. Ay, no…

—¿Qué sucede? —preguntó Sasuke volviendo con la sartén y viendo al rubio agachado en el suelo ensuciando todo—¡Naruto!

—¡Sasuke! —se asustó y se incorporó rápidamente, pero pisó la mezcla en el suelo y se resbaló.

Con todos los movimientos que hizo para no caerse de espaldas al suelo, finalmente soltó el recipiente, el cual salió volando y cayó sobre la cabeza del azabache, bañándolo en mezcla.

—S-Sasuke…—dijo muy asustado y avergonzado.

—Te voy a matar… ¡USURATONKACHI! —le gritó muy enfadado.

Unos minutos después, Sasuke ya estaba menos sucio, porque se había intentado limpiar, pero tenía todo el cabello hecho un asco por la mezcla, además de su ropa y se le había colado entre ella, por lo que tenía en su espalda y por todos lados.

—Necesito una ducha y cambiarme de ropa—expresó con resignación.

—Bueno, puedes usar mi baño y te prestaré algo de ropa, dattebayo—le dijo mientras se rascaba la nuca sintiéndose muy apenado.

—Está bien…

—Pondré tu ropa a lavar mientras te duchas—sugirió.

—Sí… —respondió para luego caminar hacia el baño.

—Deja tu ropa aquí afuera y yo la pondré en la lavadora. No tardará en secarse después, dattebayo—le entregó una muda de ropa que consistía en una camiseta azul y un pantalón color negro que había ido a buscar con anterioridad a su cuarto.

—Bien—respondió entrando en el baño con aquellas prendas dejando la puerta entreabierta para después sacar la ropa hacia afuera.

Naruto esperaba pacientemente frente a la puerta mientras Sasuke se desnudaba en el baño. Antes de que el rubio se diese cuenta, la ropa ya estaba tirada en el suelo fuera del baño y la puerta se había cerrado completamente. Naruto recogió la ropa y fue a meterla dentro de la lavadora. Después, se dirigió a su cuarto y se dispuso a terminar con sus ejercicios, a pesar del hambre. Para distraerse de ello, decidió colocarse los auriculares y poner algo de música mientras resolvía los ejercicios.

Sasuke estaba tranquilamente disfrutando de aquella relajante y tibia ducha, pero terminó lo más rápido que pudo, porque también tenía algo de hambre y quería ir a preparar algo de comer, pero que no terminase en su cabeza. Acabó de ducharse y secó todo su cuerpo, su cabello y se puso la ropa que Naruto le había prestado. Tenía el aroma del suavizante para prendas que disfrutaba oler cuando se acercaba al rubio. Era como estar a su lado todo el tiempo.

Se dispuso a salir del baño para ir a cocinar algo, pero algo no salió bien. Movió el pomo de la puerta para abrirla, pero no se abría. Se sorprendió. Intentó abrir la puerta nuevamente, pero nada ocurría y al intentarlo una vez más, el pomo ya no giró y quedó trabado.

—¡Tsk! —se sintió irritado.

No podía ser que se hubiese quedado encerrado en el baño, pero por suerte no estaba solo, porque Naruto estaba en la casa.

—Naruto—lo nombró lo suficientemente alto como para que rubio pudiese oírlo desde el cuarto.

Absoluto silencio era lo que escuchaba Sasuke, porque el rubio parecía no haberlo oído.

—¡Naruto! —lo llamó un poco más alto.

Naruto en su cuarto.

—¿A quién le importa lo que yo haga? ¿A quién le importa lo que yo diga? —cantaba el rubio con sus auriculares puestos mientras no prestaba atención a los ejercicios y hacía cualquier cosa en la hoja de papel.

Sasuke en el baño.

—¡NARUTO! —lo llamó a los gritos mientras golpeaba la puerta al mismo tiempo.

Naruto en su cuarto.

—¿Quién es ese hombre que me mira y me desnuda? Una fiera inquieta que me da mil vueltas y me hace temblar, pero me hace sentir mujer…—continuaba cantando.

Sasuke en el baño.

—¡USURATONKACHI! —gritaba comenzando a desesperarse por estar encerrado y sin entender cómo era que Naruto no les hacía caso a sus gritos que, seguramente, todos los vecinos estaban escuchando.

Naruto en su cuarto.

—Tú eres mi taco, mi tortilla, mi enchilada y quesadilla, mi cerveza y mi tequila… ¡Mi dulce pesadilla! —seguía cantando muy animadamente.

Sasuke en el baño.

—Este dobe… Me las va a pagar por dejarme encerrado en el baño… —se llevó una mano a la cara y trataba de calmarse para no comenzar a sentirse ahogado con la idea del encierro—¡NARUTO! ¡SACAME DE AQUÍ! ¡IDIOTA! —le dio un fuerte puñetazo a la puerta y se quejó del dolor en su mano— ¡Maldición!

Naruto en su cuarto.

—¡Y me solté el cabello y me vestí de reina, me puse tacones, me pinté y era bella! —cantaba alegremente usando el lápiz de micrófono.

Sasuke en el baño había podido oírlo cantar esa canción por fin y se dio cuenta de la situación.

—Ese dobe… Me las va a pagar. ¿Cómo demonios salgo de aquí? —observó a su alrededor para ver qué podía usar.

No había absolutamente nada que pudiese serle de ayuda para abrir la puerta. Lo único que pudo ver fue una ventana que servía de ventilación del baño. Fue a abrirla y vio que daba a la ventana de la casa del vecino.

—Bueno. Sólo entra, explicas que no eres un rufián y que estabas en la casa de al lado con un compañero de clases que te dejó encerrado en su baño. Luego esperas a su hermano para entrar a la casa, recoger tus cosas, largarte y no volver nunca más a la casa de este dobe…—dijo para sí mismo.

Se aventuró a meterse por aquella ventana y saltar hacia la ventana del vecino, la cual estaba abierta y daba a un dormitorio. Esperaba que todo saliese bien y que no lo confundiesen con un ladrón. Su día no estaba yendo demasiado bien, pero esperaba que no fuese todo tan negativo. Caminó hacia la puerta de aquel dormitorio, pero alguien le ganó: la dueña de la casa, que era una señora de unos cincuenta años. Sasuke sintió que estaba en apuros, pero solamente debía explicarse.

—Buenos días. Antes que nada, quiero explicarme. Yo…—fue interrumpido.

La señora estaba muy asustada y comenzó a gritar luego de cerrar la puerta del cuarto en la cara del azabache.

—¡Un ladrón! ¡Un intruso! ¡Ayuda! ¡La policía!

—No, no, no, no… ¡NO! ¡Mierda! —se sentía algo asustado y sumamente enfadado—Señora, por favor. No llame a la policía—dijo saliendo del cuarto desesperado.

En cuestión de minutos, Sasuke estaba dando explicaciones a la policía y los oficiales lo acompañaron hasta la casa de Naruto para corroborar su versión. Gracias al Cielo, Naruto ya tenía sus oídos disponibles y pudo oír el timbre de la puerta. Al abrirla, vio a Sasuke con dos oficiales a su lado y tenía unas esposas en sus muñecas.

—¿Sasuke? —preguntó extrañado y algo asustado.

—Hola, Naruto—le respondió con una sonrisa siniestra deseando estrangularlo y violarlo, también para desquitarse.

—Este jovencito dice que se encontraba en tu casa. ¿Eso es cierto? —preguntó uno de los oficiales.

—Eh… Sí. ¿No te estabas duchando, Sasuke? ¿Qué fue lo que hiciste? —preguntó.

—Todo es por tu culpa, dobe—respondió sumamente molesto.

—Lamentablemente, tu amigo suena como si te estuviese cubriendo la espalda. Tendrás que venir con nosotros y averiguaremos por nuestra cuenta—informó uno de los oficiales.

—¿Qué? No. Escuchen… Todo fue un error. No quiero ir a la cárcel —dijo intentando soltarse de ambos oficiales.

—Quédate quieto, jovencito—le ordenó.

—Oigan, pero es cierto lo que él dice. Aunque yo no sepa cómo es que llegó a la casa de la vecina. Sasuke no es un ladrón, de hecho, él tiene mucho dinero. ¿Para qué querría robar más dinero? —intentaba ayudarlo Naruto mientras se ponía muy nervioso.

—¡Naruto, ya cállate y haz algo útil! —le gritó.

—¡Llamaré a Nii-san! —dijo comenzando a sentirse desesperado—No se lleven a Sasuke todavía. Mi hermano podrá decirles que Sasuke es inocente.

Los oficiales decidieron esperar a la llegada de un mayor de edad al lugar y, mientras tanto, Sasuke le explicó a Naruto el por qué había aparecido en la casa de la vecina.

—Ya entiendo. Es que olvidé decirte que la cerradura estaba averiada. Lo siento, dattebayo—se disculpó muy apenado mientras Sasuke hervía de rabia.

—Olvídalo... Si sigo a tu lado, terminaré en un correccional de menores lleno de tatuajes y haciendo favores a la mafia a cambio de tomates. No volveré jamás a tu casa—le dijo muy molesto.

—Sasuke, no me digas esas cosas. Me haces sentir muy mal, dattebayo…—dijo mientras derramaba lágrimas a mares al estilo anime.

—¡¿Qué sucede?! ¡¿Qué hicieron?! —preguntó a los gritos Deidara al llegar al pasillo donde estaban los chicos con los oficiales.

—¿Y usted es…? —preguntó un oficial.

—Yo soy Itachi Uchiha y el que tiene esposado allí es mi hermano y un menor de edad, oficial—dijo Itachi acercándose a ellos.

—Pues su hermano irrumpió en propiedad privada. Fue descubierto por la dueña de la casa mientras se encontraba dentro del dormitorio de la señora—explicó el oficial.

—¿Por qué estabas en casa de mi vecina? —preguntó Deidara sorprendido.

—Ya les expliqué a estos sujetos lo que sucedió… Todo es por culpa de este usuratonkachi—lo señaló con sus manos esposadas.

—Ya te dije que lo siento mucho, Sasuke…—dijo Naruto sintiéndose bastante mal.

Luego de aclarar todo el malentendido y explicárselo a la vecina, Sasuke fue liberado, pero decidió recoger sus cosas y volver con su hermano. Ya se encontraba dentro del automóvil de Itachi y éste estaba en la entrada del edificio con Deidara.

—Lamento lo que le sucedió a tu hermano—dijo el rubio algo apenado por la situación.

—No te preocupes. Lamento que Sasuke haya sido tan cruel con Naruto, pero supongo que en unos días volverán a como estaban —dijo con una leve sonrisa.

—Sí, supongo, hump.

—Bueno. Gracias por aceptar mi invitación y me gustaría hacerte otra, si no te molesta—le dijo observando los gestos del rubio para ver qué descubría.

—Haz tu invitación y pensaré qué contestar, hump–respondió con una sonrisa ladina.

—El próximo fin de semana habrá una reunión social en mi casa para recibir a algunos personajes y llevarán a sus familiares, amigos… Quisiera que vinieses con Naruto—le informó.

—No creo que eso sea buena idea. ¿Qué tal si va alguien que conozca a Dai? —preguntó con inseguridad—Además, ya te dije que no deberías involucrarte demasiado conmigo.

—No es sólo contigo, sino que es también con tu hermano y no creo que asista nadie que te conozca en esa reunión, además de Obito—le explicó.

—Lo… pensaré—dijo pensando en no ir.

—Estaré esperando tu respuesta. Nos vemos el fin de semana—le dijo antes de dirigirse hacia su automóvil.