Capítulo VI: "Fuera luces"

Narración en tercera persona.

Habían pasado cincos días. El fin de semana había llegado más rápido de lo que Deidara hubiese deseado. Con la astucia de Itachi, no había podido evitar acceder a ir a la reunión social a la que había sido invitado, ya que el pelinegro le había enviado un mensaje a Naruto informándole de la pequeña fiesta y haciéndole saber sobre sus inmensos deseos de tener la presencia de ambos allí. El pequeño rubio no iba a perder la oportunidad de reconciliarse con Sasuke y de poder estar cerca de ese chico que le gustaba.

Era sábado en la noche. Ambos rubios habían llegado a la ostentosa y nueva mansión Uchiha, que se ubicaba casi en las afueras de la ciudad.

—No entiendo cómo es que pueden vivir tan lejos, hump—se quejó Deidara al bajarse del taxi junto a su hermano.

—Vamos. No te quejes, nii-san—le respondió su hermano, quien, de inmediato, dibujó una cara de asombro en su rostro—. Vaya… Qué impresionante lugar—expresó al ver la imponente estructura y el maravilloso jardín que tenían delante.

Había un enorme portón negro que ya se encontraba abierto para recibir a los visitantes. Un camino asfaltado los esperaba, que llegaba hasta la entrada de la mansión y había un lugar exclusivo para el aparcamiento de los automóviles lujosos que iban llegando al lugar. Un hermoso jardín se hacía a ambos lados del camino, con camelias rojas decorando el paisaje primaveral.

—Parece que todos los invitados son ricos. ¿Por qué crees que Itachi nos invitó? No parece que tengamos mucho que ver con ellos, dattebayo—dijo Naruto sin entender demasiado.

—La fiesta es para darles la bienvenida a la ciudad. Nos invitaron, porque eres el amigo de uno de los anfitriones. Alégrate. Tienes contactos con dinero, Naruto, hump—le respondió con una sonrisa ladina en el rostro.

—Vaya. Eso suena genial—dijo asombrado y sonrojándose.

—Pero tú también le agradas a Itachi. Hasta te invitó a tomar un café el otro día, dattebayo—mencionó sonriendo.

—Sólo fue cortesía, hump—dijo mirando hacia otro lado—Entremos.

—¿Crees que vinimos vestidos de forma adecuada? —preguntó el rubio menor observando sus ropas, que consistían en una camisa blanca algo desalineada y un pantalón vaquero color negro—Parece que va a haber gente vestida muy elegante y con clase.

—Si no les gusta, que no nos miren, hump—respondió Deidara observando sus prendas, que eran una camisa gris y un pantalón vaquero de color negro.

Ambos llegaron pronto a la entrada de la mansión. La gran puerta de madera estaba abierta ya para los invitados y gente muy elegante iba entrando. No eran demasiadas personas, quizá sólo eran cincuenta invitados. La aristocracia de Konoha y alrededores. Hombres vestidos de trajes italianos hechos a medida, acompañados de mujeres bellas con los mejores vestidos de temporada y alta costura.

—Al menos, traje mi ropa nueva, dattebayo—comentó Naruto sintiéndose más aliviado por ese detalle.

—Es lo más caro que te pude comprar este mes, hump. Aunque ni de lejos llega a lo que llevan ellos—mencionó Deidara.

—Lo sé. No pido más. Así está bien, nii-san, dattebayo.

Se adentraron a la mansión perseguidos por las miradas de muchos que se preguntaban qué era lo que dos jovencitos vestidos con poca clase hacían en una reunión tan elegante en una mansión.

Deidara lo único que deseaba era no encontrarse pronto con Itachi. El hecho de siquiera escuchar su nombre durante la semana ya le generaba cosquilleos en el estómago, aunque tratase de impedirlo. Se sentía nervioso de estar allí.

Naruto, por otro lado, deseaba encontrar a Sasuke pronto para poder disculparse mejor, ya que no se habían hablado por toda aquella semana en la escuela ni por teléfono. Quería arreglar las cosas y mantenerlo cerca como su amigo, aunque fuera.

La mansión estaba muy iluminada. El salón de recepción era muy amplio y el cerámico del suelo era tan dorado como el oro. Las paredes blancas hacían un perfecto juego. Había una gran mesa con bocadillos y había algunos mozos sirviendo copas con champán. Había una enorme escalera con alfombrado rojo que llevaba a los pisos de arriba.

Ambos rubios estaban en el medio del salón sintiéndose muy incómodos. Se sentían rodeados de toda esa gente que los observaba de mala manera mientras murmuraban. Una melodía suave sonaba para ambientar la situación y todo se estaba poniendo cada vez más incómodo.

—¿Dónde estará Sasuke? —preguntó nervioso Naruto.

—Estará en su habitación todavía. No se ve por ningún lado, hump—respondió su hermano.

—Tampoco veo a Itachi. Ya me están agujereando la nuca con sus miradas, dattebayo…—mencionó entre los dientes y sintiéndose harto—Voy a ir a comer un poco. No me importa si me miran ya. Ya no tienen nada más que mirarme. Me siento violado, dattebayo—dijo para luego ir hacia la mesa de bocadillos.

Un mozo pasó cerca de Deidara y éste tomó una copa para luego beberla de un solo trago por los nervios, porque no deseaba estar en ese lugar por nada del mundo.

—No deberías beber de golpe—escuchó una voz conocida detrás de él y se espantó un poco.

—Ah, eres tú, hump—dijo al saber que se trataba de Itachi—Bonita fiesta. Todos son muy agradables y cálidos—le mencionó con sarcasmo.

Itachi observó a todos y se dio cuenta de que miraban a Deidara con cierto rechazo. Sonrió levemente.

—Ignóralos. Es lo que yo hago.

—¿Ignoras a tus invitados? —preguntó confundido.

—Tú y tu hermano son mis invitados. Esta fiesta es idea de Obito y estos son sus invitados. No tengo relación con esta clase de gente—respondió con seriedad.

—¿Y para qué nos invitaste si ni a ti te agrada esta asquerosa fiesta? Hump—preguntó dejando la copa sobre la bandeja de otro mozo.

—No podía librarme de ella, pero, al menos, habría gente aquí que sí me agrada—pasó a mirar al rubio con una sonrisa y de forma muy cálida.

Deidara se sonrojó un poco y desvió la mirada.

Cuando me mira de esa forma, es insoportable…—pensó el rubio.

—Me alegra que hayas venido. Disfruta lo más que puedas. Coman y beban lo que quieran sin vergüenza, pero no te excedas con la bebida, por favor—le dijo y puso su mano sobre el hombro del rubio—. Si me disculpas, debo ir a saludar y dar la bienvenida a los invitados de Obito—se retiró de su lado y fue a saludar a los demás.

El rubio se mordió el labio inferior al observar cómo Itachi se comportaba tan formal y serio con los demás.

Se ve muy guapo con ese traje negro a la medida…—se sorprendió con sus propios pensamientos—¡No! Cálmate. ¿Dónde está Naruto? —miró hacia la mesa de bocadillos y vio cómo Sasuke se le acercaba—Mejor no me meto. Que se arreglen solos…

Naruto estaba viendo qué agarrar de la mesa de bocadillos, pero desconocía la mayoría de las cosas que había allí y algunas parecían hasta asquerosas. Había caviar, algunas masas con alguna clase de crema pastosa arriba y no entendía por qué los ricos comían cosas tan asquerosas. Además, no había ninguna bebida que pudiese ingerir. No podía beber champán.

—Ten—escuchó detrás de él y se volteó a ver.

Sasuke había aparecido vestido con un traje negro hecho a la medida. No traía corbata y tenía los dos primeros botones de la camina desabotonados. Le estaba extendiendo un refresco de cola al rubio.

—Sasuke—lo mencionó sorprendido y tomando la lata con sus manos—. Había estado tratando de visualizarte, pero no estabas por ninguna parte, dattebayo.

—Acabo de bajar—respondió simplemente mientras bebía de otro refresco que traía.

—Ya veo. Gracias, dattebayo—le dijo refiriéndose al refresco—. Etto…, Sasuke… Lamento lo del otro día. No quise que todo eso te pasara, dattebayo. Entiendo que estuvieses enojado conmigo y me ignorases en la escuela, pero yo…—fue interrumpido.

—Olvídalo. Ya pasó—le dijo sin mirarlo dando otro sorbo a su bebida—. Con una semana sin hablarte, estoy satisfecho.

—¿Ya estamos bien entonces? ¿Me perdonas? —preguntó emocionado.

Sasuke sonrió de lado y volvió a beber de su refresco. Naruto pudo entender por esa reacción que había sido perdonado. Volvió a mirar a la mesa de bocadillos, pero no encontró nada de su agrado.

—Ese de allí es bueno y aquel también es bastante decente—le mencionó Sasuke indicándole cuáles eran los bocadillos que podían ser de su agrado.

—Ah, gracias—le dijo con una sonrisa enorme tomando los que le había indicado.

Qué adorable…—pensó Sasuke al ver la alegría del rubio.

—La verdad es que me estaba sintiendo muy incómodo aquí sin nadie conocido, dattebayo. Todos nos miraban raro a mí y a nii-san—comentó el rubio mientras comía.

—Todos son una bola de tarados… Me dan asco estas reuniones—le confesó con desagrado.

—Así que no te gustan este tipo de fiestas, ¿eh?

—No. Son muy aburridas. A Itachi tampoco le gustan, pero debe aguantarlo por mi tío. Él dice que hacer este tipo de reuniones hace bien a la imagen de la empresa y de la familia—explicó con seriedad.

—Ya veo. Es un poco fastidioso—dijo el rubio y tragó duro lo que comía al sentir que una señora muy refinada lo estaba mirando con desagrado por el hecho de estar comiendo—. ¿Por qué hay una mesa de bocadillos si nadie come y al que come lo miran mal? —preguntó algo molesto.

—Traga todo lo que quieras y no les hagas caso—le respondió acabándose la bebida y pasando a mirar a aquella mujer—¿Qué ocurre, señora? ¿Se le perdió algo en la cara del rubio o qué? —le preguntó muy serio recargándose en la mesa de bocadillos.

La mujer se enfadó bastante e hizo una cara de desagrado peor que la anterior.

—Pero qué joven más insolente y qué desalineado ¡Hump! —dio vuelta el rostro y se alejó de allí.

—Ja. Vieja estirada—dijo Sasuke.

Naruto se cubría la boca para no reír en voz alta, pero, al final, terminó de escapársele la risa. Sasuke sonrió de lado con satisfacción por hacer enfadar a aquella mujer y por hacer reír a su querido rubio.

Deidara, por otro lado, se había quedado junto a una de las grandes ventanas con vistas al iluminado jardín. Observaba desde la distancia a Itachi sin poder evitarlo.

Él es hermoso, pero intocable. Tú sólo estás aquí porque el sujeto es hermano del amigo de tu hermanito. No puedes ir más allá. No le convienes al hombre—pensó arrugando las rojas cortinas de terciopelo entre sus manos.

—De todos los lugares posibles, jamás creí llegar a encontrarte aquí, mi pequeño Deidara—se sobresaltó al oír la profunda y juvenil voz que creyó que jamás volvería a escuchar.

Se volteó rápidamente para encontrarse con unos ojos café ceniza que estaban clavados en su persona, una sonrisa ladina y una cabellera roja.

—Sasori…—cambió su expresión de sorpresa a una muy seria y malhumorada—De todos los charcos de lodo en donde podrías estarte revolcando, no creí encontrarte entre la realeza—lo insultó sin frenos soltando las cortinas.

—Vaya. Sigues igual de enfadado que la última vez que te vi—sonrió divertido—. Dime, ¿qué te trae por aquí? ¿Estás con algún cliente? —preguntó dándole un trago a la copa de champán que traía en la mano.

—Eso no te importa—le respondió.

—¿No estás vestido muy poco acorde a la situación? Tu calidad ha bajado bastante—mencionó observando sus ropas poco finas—. Solías vestirte un poco más elegante para trabajar.

—Déjame en paz—le dijo y volvió a mirar por la ventana con los brazos cruzados.

Sasori echó un vistazo a los alrededores para darse cuenta de quién era el supuesto cliente del rubio y pudo visualizar algo que le llamó mucho la atención. Itachi estaba observándolos sin reservas a ambos con una expresión seria mientras ignoraba a la persona que le estaba relatando alguna cosa de poca importancia.

—No me digas—dijo Sasori llevándose una mano a la boca sintiéndose sorprendido—. Sí que has escalado bastante. ¿Ahora le ofreces servicios al Uchiha? Debiste haber venido vestido mejor. Él sí que es de los grandes—dio un trago a su bebida.

—¿De qué carajo estás hablando? —preguntó con molestia.

—Bueno. Él no te quita la mirada de encima y me está mirando como si le hubiese robado el hueso—respondió.

—Deja de decir tantas estupideces y déjame en paz, hump—dijo por último antes de empezar a mover los pies para retirarse.

—Espera un segundo—lo sujetó del brazo—. ¿Realmente, él es tu cliente?

—Y, si así fuera, ¿qué te importa? Suéltame ahora—se zafó del agarre.

—Él realmente es importante. Hace tiempo que quiero asociarme con él y me conviene ser su amigo. ¿Crees que podrías hacerme un favor y ayudarme a acercármele un poco? Después de todo, yo te ayudé a ti cuando lo necesitaste.

—El dinero que me prestaste te lo devolví hasta el último centavo. No te debo nada, así que no voy a ayudarte con nada. ¿Acaso no te dejé claro la última vez que yo no existo para ti? —le dijo entre dientes con mucho enfado.

—¿Todo está bien? —escucharon la voz de Itachi detrás de ambos.

—Itachi. Qué bueno verte—le dijo sonriendo el pelirrojo—. Todo está más que bien. Sólo nos estábamos saludando. Bueno, te veo luego—le dijo a Deidara por último antes de retirarse.

—¿Estás bien? ¿Se conocen? —preguntó el pelinegro con mucho interés.

—Más de lo que me gustaría, hump—respondió cruzándose de brazos.

—¿Él estaba molestándote? ¿Conoce a Dai?

—Sí, pero… no es un cliente—respondió suspirando con pesadez—. Es mi ex—dijo y se sorprendió de su propia respuesta, ya que no pensaba dar esa información.

—Ya veo… Si te molesta o lo que sea, sólo dímelo y le pediré que se retire.

—No. Creo que el que debería retirarse soy yo…—dijo sintiéndose realmente mal por haber visto a Sasori—Es como si viejas heridas volviesen a sangrar…—pensó.

—Me quedaré a tu lado para que nada te perturbe, pero no te vayas, por favor—le pidió amablemente llevando una mano a su brazo.

Deidara observó los ojos suplicantes de Itachi y no pudo resistirse. Era como si un poder muy fuerte le impidiese negarse a todo lo que él le pidiese.

—¿Todo va bien? —escucharon una voz conocida y Deidara se sorprendió.

—¿Yahiko? —preguntó el rubio mirando al peli naranja.

—Tiempo sin verte, Deidara—le sonrió—. No creía que fueses tú hasta que vi que Sasori te estaba molestando, pero se me adelantaron. ¿Cómo estás, Itachi? —le extendió una mano al pelinegro para saludarlo.

—Estoy muy bien. Tiempo sin verte, Yahiko—le correspondió apretando su mano y sintiéndose sorprendido—. Veo que se conocen.

—Somos mejores amigos, ¿verdad, Deidara? —le sonrió al rubio.

—Sí, hump—respondió sin mucho entusiasmo.

—Es raro verte en algo así. ¿Qué haces aquí? —preguntó muy curioso.

—Es mi invitado. Deidara es hermano del amigo de Sasuke. Les pedí que me acompañasen esta noche—respondió Itachi.

—Ya veo. Entonces, si todo está bien, los veo después—les dijo y se marchó.

—Así que tu mejor amigo, ¿eh? —dijo Itachi pasando a mirar al rubio.

—Nos conocemos desde la escuela. Mis padres trabajaban para la empresa de los padres de Yahiko—respondió sin mirarlo.

—Ya veo. Bueno, encontraste un amigo.

—Sí, también vi a Nagato hace un rato, y a Konan. También los conozco, hump.

—Sasori vino con su esposa. ¿Seguro que deseas que no les pida que se vayan? —preguntó con preocupación el pelinegro.

—¿Y por qué les pedirías eso? Ellos encajan aquí. Yo soy el que está de sobra, hump. Siempre lo estuve… —dijo casi en susurro.

No podía evitar hablar de más cuando estaba al lado de Itachi. Era como si tuviese la confianza para revelarle todo su indefenso ser.

Itachi lo observó con preocupación, dándose cuenta de que había una historia bastante pesada detrás de aquellos dos. Pasó a observar a Sasori, quien saludaba a las personas con amabilidad y naturalidad. Desde que lo había conocido, había sabido que algo no encajaba en ese sujeto, a pesar de su cara amable y generosa. Si había podido lograr lastimar a Deidara, entonces, todo encajaba. No era una buena persona y no deseaba hacer ninguna clase de trato comercial con él.

—¡SEMPAAAAAAAI! —oyeron a Obito y vieron que se aproximaba corriendo en dirección a Deidara.

El pelinegro abrazó al rubio y lo elevó hacia arriba estando muy emocionado por verlo allí.

—¡No creí que vendrías! ¡Estoy tan feliz! —pegó su mejilla a la de Deidara y lo tenía tan apretado que apenas podía respirar.

—Tobi…, s-suéltame… o te mato…—lo amenazó con dificultad para respirar.

Itachi presenció aquella escena con el ceño levemente fruncido y sorprendido por ver a su tío actuando de esa forma en la que solía actuar solamente con gente muy cercana, lo que daba a entender que aquellos dos eran realmente muy allegados.

—Realmente, estoy muy feliz de verte aquí. Disfruta la fiesta—le dijo con una gran sonrisa.

—Pues está muy aburrida tu fiesta, hump—se quejó Deidara.

—¿De verdad?

—Sí. Además, hay gente muy desagradable, hump—se refirió a Sasori y Obito entendió de inmediato.

—¿Hubo algún problema? —preguntó poniéndose serio de inmediato.

—Nada que no haya sido solucionado—respondió Itachi con mucha seriedad.

—Bueno. Veo que ustedes se llevan bien al menos y pudieron acercarse gracias a mi maravilloso sobrino Sasuke—dijo sonriendo mucho—. Disfruten lo que puedan. Yo vengo enseguida—se fue con prisas y con claras intenciones de hablar con Sasori.

—Mi tío parece apreciarte mucho. Pensé que su relación contigo era un poco más desafortunada—mencionó Itachi.

—No es mal tipo. Me agrada, aunque, a veces, es insoportable. Además, yo le pedí que me consiga clientes—le confesó y, en cierta medida, aquello era verdad—. Tobi me cuida bastante mientras estoy trabajando y nunca me recomienda tipos que podrían llegar a obligarme a hacer lo que yo no quiera.

—Ya veo—dijo con seriedad.

A Itachi no le agradaba para nada la situación, pero debía soportarlo. Anhelaba acercarse más al rubio y tratando de alejarlo de ese mundo no iba a conseguir nada. Era mejor dejar a Deidara ser libre e intentar caminar a su lado.

—Al menos, Naruto se la está pasando bien, hump—mencionó el rubio observando cómo su hermano comía unas bolitas rellenas de crema, porque sus mejillas estaban manchadas.

—Sasuke también lo está disfrutando bastante. Es la primera vez que lo veo estar a gusto en una fiesta como esta. Eso es gracias a Naruto—mencionó el pelinegro observando a su hermano mientras este no le quitaba la mirada de encima al rubio menor.

—Ya veo. Iré por otra copa. ¿Quieres que te traiga algo sin alcohol? —le preguntó al pelinegro.

—Olvídalo. Déjame ir a buscar esa copa para ti–respondió Itachi y se retiró de allí.

Mientras tanto, Obito se había acercado a Sasori.

—Viniste con tu esposa y tienes el descaro de acercarte a Deidara. ¿Te parece eso algo bonito? —le preguntó de forma disimulada para luego beber de su copa.

—¿Habla de descaros el proxeneta de la ciudad? —se burló el pelirrojo.

—¿Disculpa?

—¿Acaso no fuiste tú quien lo incitó a que se venda a los ricachones? Además, no le hice nada malo. No te metas en lo que no te importa.

—Yo fui quien tuvo que recoger la mierda que tú dejaste. Si no fuese por mí, a Deidara le hubiese pasado cualquier cosa en las manos de cualquiera. Solamente depuré el terreno para que se lastimase lo menos posible. Y te recuerdo que la persona con la que quieres hacer tantos negocios es de mi familia y, en dos segundos, te puedo quitar esa posibilidad, así que si no quieres terminar en la ruina a la que te aproximas, ten cuidado—le advirtió para luego retirarse de allí.

El corazón de Deidara todavía estaba conmocionado por haber vuelto a ver a su viejo amor. Había sido una relación muy intensa. Todavía sus heridas podían ser abiertas en cualquier momento con la presencia de ese hombre. En el fondo, si lo odiaba tanto, era porque todavía le quedaba una pizca de amor en su interior como si fuese una espina que continuaba clavándosele.

Sasori tenía un problema que, por desgracia, era muy común: no quería estar con el rubio, pero tampoco deseaba que él fuese feliz al lado de nadie. Había podido comprobar en esa fiesta que las miradas intensas de Itachi hacia Deidara pertenecían a un hombre con intereses románticos. Le molestaba que el rubio pudiese corresponder a esos sentimientos, porque quería que este lo siguiese anhelando sólo a él y sentirse con la autoridad de decir que él era el único por el que el rubio se derretía. Era consciente de que, si Deidara aún le tenía rencor, era porque lo seguía deseando.

Sasori tomó una copa y se dirigió hacia afuera. En la parte trasera de la mansión, había un panel de electricidad de emergencia. Bajó los interruptores y dejó sin luz toda la mansión.

Antes de aquello, Naruto se encontraba comiendo unas bolitas de crema y a algunas se les había escapado dicha crema y había manchado su mejilla derecha.

—Me manché un poco—dijo riendo y volteando a la mesa a buscar una servilleta.

—Déjalo. Yo lo hago—le dijo Sasuke para llevar su mano al rostro del rubio y con sus dedos quitar la crema, haciéndolo sonrojar.

Naruto se puso aún más rojo cuando Sasuke se llevó los dedos a la boca para degustar aquella crema que había estado en la cara del rubio. Naruto observó aquello en cámara lenta y se le estremeció el cuerpo.

—¿Qué pasa? —preguntó Sasuke al ver que el rubio no le quitaba los ojos de encima y estaba como hipnotizado.

Obviamente, el pelinegro había hecho aquello a propósito y le había funcionado, porque Naruto estaba rojo hasta las orejas.

—N-Nada…—respondió y se quedó quito sin decir más nada.

De repente, las luces de fueron y todo quedó a oscuras, pero algunos invitados encendieron las luces de sus celulares, aunque no alcazaba para iluminar demasiado.

Sasuke se mordió el labio inferior por las ganas que tenía de abalanzarse sobre el rubio aprovechando la oscuridad, pero temía ser rechazado. Pensó por unos segundos y escuchó la voz de su amigo.

—Sasuke. ¿Estás aquí? —le preguntó con temor a que se hubiese alejado.

El pelinegro no respondió nada y eso preocupó a Naruto.

—¿Sasu…? —lo interrumpió un beso muy intenso en sus labios que no sabía de dónde había venido.

Alguien le estaba sujetado el rostro con las manos y, de repente, sintió una cálida lengua lamiendo su labio inferior y, posteriormente, la sintió invadiendo su boca. Naruto estaba tan sorprendido y confundido que no pudo hacer otra cosa que quedarse quieto. Reconoció el perfume de Sasuke, el cual estaba sintiendo demasiado cerca. Pronto aquella boca atrevida se apartó de la suya.

—Estoy aquí, dobe…—respondió jadeando—No me he ido a ningún lado.

—S-Sasuke…—jadeó su nombre muy sorprendido por entender que había sido su hermoso pelinegro el que lo había besado—¿Qué…? No entiendo.

—Lo siento. No me pude aguantar. ¿No te gustó? —preguntó sin soltar el rostro del rubio y haciendo que su aliento golpease aquellos rosados labios.

El corazón de Naruto latía tan rápido que no podía procesar nada en su cabeza.

—M-Me gustó…—confesó enrojecido hasta las orejas.

—Naruto. ¿Quieres venir a mi cuarto? —le preguntó enceguecido por los deseos de devorar los labios del rubio hasta el hartazgo.

Naruto pensó un poco qué era lo que debía hacer, pero las ganas que tenía de volver a experimentar aquella sensación de adrenalina y dulzura le podían.

—Sí…—respondió finalmente.

Mientras tanto, Deidara sintió cómo alguien tocaba su hombro.

—¿Ya volviste? ¿Sabes lo que pasó con las luces? —preguntó creyendo que era Itachi el que había regresado.

En ese instante sintió cómo le tomaban la mano y hacían que sujetase una copa. No alcanzó a dar un trago, ya que esa persona rodeó la cintura del rubio con sus brazos y besó sus labios con mucha intensidad, sorprendiéndolo a tal punto que no sabía qué hacer.

Entre algunas luces de celular que se habían encendido cerca, Nagato, quien estaba junto Obito, pudo ver a Sasori besando a Deidara. El pelirrojo alertó al pelinegro sobre ello e hizo que voltease a ver la escena. Obito frunció el ceño y observó con molestia la situación. Luego se cobraría el arrebato.

Deidara estaba muy confundido. Ante la oscuridad, no podía ver bien de quién se trataba, pero Itachi le había dicho que iba a ir por una bebida y alguien le había entregado una copa, pero también lo había besado. ¿Sería que Itachi se había atrevido a robarle un beso en la oscuridad? La simple posibilidad le había estremecido el cuerpo y correspondió a aquel beso con tanto gusto que sus mejillas se enrojecieron.

—¿Ya ves? Aunque te hagas el difícil, aún disfrutas cuando te toco y te beso—oyó la voz de Sasori y se separó de inmediato.

—¿Qué carajo crees que haces con tu esposa cerca? Maldito y repugnante bastardo…—le respondió limpiándose labios con asco.

—Lo siento. No pude aguantarme… Es que yo… aún te deseo—le dijo y acarició su mejilla.

—¿Qué es lo que estás diciendo? ¿Te volviste loco o te emborrachaste?

—No. Es la verdad. Jamás debí dejarte solo. Qué infeliz que soy ahora. Yo aún te quiero, Deidara—le respondió fingiendo estar afligido.

—Para empezar, tú nunca me quisiste. Sólo me usaste, hump. ¿Por qué estás diciendo esas estupideces?

—No me creas si no quieres, pero mi corazón siempre fue tuyo… Que lo sepas. Yo no pude olvidarte—besó su mejilla y se retiró de allí.

Las luces se encendieron. Deidara se había quedado muy confundido y aturdido. Sus heridas estaban sangrando. El toque de aquel beso quemaba sus labios y su corazón. Sólo podía sentir dolor por las acciones del pelirrojo. La voz de Sasori diciendo aquellas cosas había sonado tan sincera que habían confundido su mente.

No puede ser… Este bastardo sólo quiere usarme de nuevo. No te dejes engañar…—pensó con unas inmensas ganas de llorar.

Por los nervios y la angustia apretó tan fuerte la copa de cristal que tenía en sus manos que esta se rompió, dejando un corte profundo en la palma de su mano, y la sangre comenzó a manchar el suelo.

—Mierda…

Itachi había ido a ver qué había ocurrido con las luces de la mansión y había encontrado que los interruptores estaban bajos. Eso le resultó muy extraño, pero los subió. Al volver al salón, no vio a su hermano y a Naruto donde estaban. Supuso que se habían aburrido y habían subido a la habitación del pelinegro menor. Lo que sí pudo ver fue a Deidara recargado en la ventana y a Yahiko junto a él. También vio unos restos de copa rota y sangre en el suelo. Fue de inmediato a su lado.

—¿Qué sucedió? —preguntó al acercarse.

—Nada. Sólo me mareé y la copa se cayó, traté de recoger los cristales y me corté…—mintió el rubio, porque si decía que había apretado aquella copa, debía explicar el porqué.

—No debiste hacerlo. Tengo gente aquí que podía hacerlo por ti. ¿Por qué te mareaste? —preguntó preocupado.

—Tal vez bebí de más, hump.

—No pasa nada. Ya estará bien. Vamos a limpiarte y a vendarte—dijo Yahiko mientras sostenía la mano del rubio.

—Yo me encargo de eso. Tú ve a terminar de hacer tus negociaciones, Yahiko—dijo Itachi tomando la mano de Deidara.

—¿Seguro? —preguntó notando un poco de celos por parte del pelinegro.

—Sí. Vamos, Deidara—respondió para comenzar a jalar con cuidado al rubio hacia la cocina de la mansión.

—Estoy bien. No es nada, hump—mencionó el rubio sintiéndose incómodo por la situación.

Ambos se dirigieron hacia la cocina. Itachi se quitó la chaqueta del traje y la dejó sobre la encimera. Deidara se sentó sobre un banquillo alto que había cerca de la encimera. El pelinegro buscó el botiquín de primeros auxilios y sacó una botella de alcohol y unas vendas de allí.

—Te dolerá un poco—le advirtió y derramó un poco de alcohol en la herida.

Deidara hizo una expresión de dolor y se mordió el labio inferior, lo cual le resultó irresistible a Itachi. Tomó la venda y envolvió la mano del rubio con cuidado.

—Con eso bastará. No es tan profunda—mencionó tratando de controlarse un poco.

Deidara no podía dejar de observar las expresiones de Itachi, que intentaba contenerse con todas sus fuerzas al ver tan indefenso a aquel rubio tan adorable.

—¿Todo está bien? —preguntó el rubio mientras notaba a Itachi muy incómodo al mismo tiempo que le ajustaba el vendaje.

—Sí—respondió simplemente terminando con la tarea.

Deidara decidió dejarlo pasar y se lanzó de aquel alto banquillo para bajarse. Sus pies no aterrizaron nada bien y terminó siendo sujetado por Itachi de la cintura, ya que, por poco, lo tira al suelo también. Sus ojos se encontraron y Deidara se sonrojó demasiado por la cercanía.

—¿Estás bien? —preguntó el pelinegro, quien había terminado con una pierna metida entre las piernas del rubio, presionando un lugar no muy conveniente.

—Sí—respondió Deidara muy rojo por la vergüenza, pero sin poder resistirse al perfume de Itachi y a su rostro que expresaba las intensas ganas de devorarlo.

Itachi movió su pierna un poco más, haciendo más presión en la entrepierna de Deidara, logrando sacarle un leve gemido involuntario, lo cual terminó por enloquecerlo y no pudo evitar atrapar sus labios para comenzar a devorarlos con hambre. Deidara se sorprendió increíblemente, pero no pudo resistirse y terminó sucumbiendo a aquella sensación que nunca había experimentado. Se sentía demasiado bien como para que fuese real. No se asemejaba para nada al beso que le había dado Sasori anteriormente. Sujetó la camisa de Itachi y lo jaló más hacia él intensificando el beso. Abrió la boca para dar paso al placer de sentir el sabor exquisito de aquella cálida cavidad.

El pelinegro estaba que no se lo creía. Aquel rubio arisco estaba correspondiendo de forma salvaje a su beso y lo estaba enloqueciendo con sólo existir. Lo sujetó de las caderas para elevarlo y hacer que se sentase sobre aquella pierna que lo había estado estimulando sin querer anteriormente. Lo pegó a su cuerpo lo más que pudo mientras sus manos no tenían intensión de soltar aquellas caderas. La calidez de la boca de Deidara le estaba empezando a nublar la razón de una forma que nunca había creído que fuese posible. Su respiración estaba igual de agitada que la de su hermoso rubio.

Deidara había abrazado las caderas de Itachi de forma inconsciente, pues era su deseo el que lo estaba moviendo. Llevaba mucho tiempo deseando aferrarse a ese cuerpo desde el primer día que lo había visto. Estaba totalmente enceguecido por el deseo. Tenía rojas hasta las orejas, pero un atisbo de razón apareció en su mente.

Detente… Esto no está para nada bien. No va a terminar de buena manera—pensó y empujó a Itachi hacia atrás soltando sus caderas.

Ambos estaban jadeando por la intensidad con la que se habían estado besando. El pelinegro lo observaba con confusión.

—Esto… no está nada bien… —dijo tratando de recuperar el aliento mientras se tocaba los labios.

—¿Qué? —preguntó sin entender.

—Me tengo que ir—se bajó de la pierna de Itachi y comenzó a caminar hacia la salida de la cocina.

—Espera—lo sujetó del brazo.

—Suéltame—le pidió muy nervioso y temblando.

—Explícame. ¿Por qué?

—Ya te lo dije… Yo no te convengo—le respondió bajando la mirada.

—Yo soy el único que decide eso—le dijo para acercarlo a su cuerpo nuevamente y Deidara sintió que se iba a derretir con la mirada que le estaba regalando aquel hombre tan apuesto.

—Si no me voy ahora, no voy a poder aguantarlo…—le dijo casi en susurro.

—Entonces, no te vayas…—respondió y le mordió suavemente el labio inferior.

El rubio sentía que se desbarataba en los brazos de aquel muchacho, pero no podía permitirse todo aquello. Su corazón quemaba y solamente había dejado de sangrar con aquel beso lleno de deseo.

Se soltó del agarre de Itachi y salió de la cocina con prisas. Buscó a Naruto con la mirada por todo el salón, pero no lo pudo encontrar.

—¿Dónde carajo te metiste, mocoso? —preguntó irritado.

Naruto estaba estampado contra la pared en el cuarto de Sasuke, con sus piernas enredadas en las caderas de este y su camisa desabotonada mientras el pelinegro le devoraba el cuello con tanta hambre que parecía una fiera fuera de control.

—Aaaah… Sasuke… —gimió del gusto estando rojo hasta las orejas.

Deidara se acercó a Obito apresurado y no le importó que estuviese hablando con otra persona, porque lo agarró del brazo y se lo llevó fuera de la mansión.

—Sempai. ¿Qué pasa? —preguntó sin entender.

—Llévame a mi casa—le exigió.

—¿Qué? ¿Por qué? ¿Todo está bien? Oí que te lastimaste la mano. ¿Qué pasó? —le preguntó muy curioso.

—Menos averigua Dios y perdona. Ahora llévame a mi casa. No encuentro a Naruto y seguro que está con su amigo. ¿Podrías llamarle un taxi cuando quiera volver a casa? —le pidió de favor y muy apurado.

—Bien. Te llevo a tu casa, pero quiero saber por qué estás tan apurado. ¿Sasori tiene que ver? —preguntó mientras se dirigía hacia su automóvil.

—No importa. Sólo vámonos—le dijo subiendo al auto del pelinegro.

—Llevaré a tu hermano a casa cuando acabe esta reunión. Lo estaremos cuidando, así que no te preocupes, sempai—le dijo con una sonrisa.

Por otro lado, Itachi se había quedado en la cocina. Aunque Deidara había huido, al menos, había obtenido un increíble beso de su parte y la esperanza de tener una oportunidad. No iba a rendirse a partir de ese momento. Ya tenía claro que Deidara se moría por su persona tanto como él. Sonrió satisfecho por eso.

Decidió subir a su habitación para cambiarse la camisa, ya que había notado que se le había manchado con la sangre del rubio. Al pasar cerca de la puerta del cuarto de Sasuke, pudo escuchar algo que lo dejó atónito.

—Aaaah… Sasuke… Más … Más… Más fuerte… —esa era la voz de Naruto y no podía creer lo que estaba escuchando—Con más fuerza… Sasuke… Aaaah…

Se llevó una mano a la cara y suspiró con pesadez.

—Increíble…—dijo en susurro.

Aquello era tan incómodo e inesperado. Fue a cambiarse de camisa rápidamente y se retiró del piso de arriba.