Capítulo VII: "¿Desea eliminar este recuerdo?"

Nota de autor: Antes de que empiece el capítulo quiero dejarles la aclaración de que estaré dejando links entre paréntesis antes del comienzo de ciertas escenas. Estos links serán canciones para ambientar dichas escenas, así que, si lo prefieren, le dan click al link antes de comenzar a leer la escena que hay debajo y así darle un toque más novelesco. Son las canciones con las que me inspiro a escribir. Otra cosita más y muy importante: en los próximos capítulos y en este, se utilizará la palabra "pendejo o pendeja", pero haré una aclaración con respecto a este insulto para la gente del queridísimo México y demás países cuyo significado de esta palabra es "persona tonta y torpe carente de inteligencia". Para el que aún no lo sepa, soy de Argentina y aquí esa palabra tiene otro significado y, ese es el que quiero usar. En mi país y en otros países que no sé cuáles son, esta palabra significa "persona inmadura, ingenua y de poca edad mental o física". Quiere decir que es un sinónimo de lo que en España se conoce como "niñato". En México y demás países, tal vez se lo conozca como el insulto de llamar "niño" a alguien que ya no es un niño para darle a entender que carece de experiencia y astucia de un adulto. Ejemplo: "¿tú qué vas a saber si eres un niño?". Traducido en Argentina: "¿Vos qué vas a saber si todavía sos un pendejo?". Aclarado esto..., disfruten el capítulo.

Deidara

No podía creer lo que había sucedido. ¿Había podido ser tan idiota? Por supuesto que él me tenía ganas desde hacía rato y yo haciéndome el que no me daba cuenta de nada, negando la realidad por creerme menos, pero era más que evidente, pero... ¿tú, Deidara? ¿Cómo pudiste haber caído tan fácilmente cuando habías dicho que no te involucrarías más con ese sujeto? ¿No pudiste haberte controlado un poco más? ¿Qué eres? ¿Un gato en celo? Idiota...

Itachi me deseaba. Yo había estado intentando negarlo, pero él me deseaba. De todas formas, solamente era eso... Deseo y nada más. Debía dejar de pensar en otras posibilidades que jamás existirían. Todo lo demás era parte de mi imaginación y mis sueños. Un hombre tan importante en el mundo empresarial no se fijaría en un chico como yo... Además, sería raro que estuviese con un chico y no con una mujer. Él no era de ese tipo de persona que arriesgaría su imagen pública por algo tan ridículo como el amor. Tú tampoco debías arruinar su imagen pública por algo así, Deidara. No debías ser el culpable de su debacle en ese mundo si los medios llegasen a descubrirnos. Así que no debías hacerte ilusiones. En el supuesto e imposible caso de que él estuviese enamorado de ti y tú de él..., sería imposible mantener en secreto un romance tan asqueroso para el mundo. Debías olvidarlo lo más rápido posible.

Me regañaba a mí mismo por todo lo que había hecho y por haber asistido a esa fiesta mientras miraba la ciudad iluminada por la ventanilla del auto de Obito.

—¿Estás bien, Deidara? —me preguntó Obito sin apartar la vista del camino.

—Sí... —respondí simplemente y él no me preguntó más nada, aunque su expresión de preocupación me lo contaba todo.

Usualmente, no parecíamos tan cercanos, pero él era lo más cercano a un verdadero amor que tenía. No nos amabamos de esa forma, pero no sabía lo que haría sin ese idiota, y estaba seguro de que él no podría vivir sin mí ni por un instante. De todas las personas que había conocido en mi vida y de todos los amigos, Obito era la única persona en mi vida que podía llegar a entenderme sin siquiera oír una sola palabra de mi boca. La mayoría de las veces me mantenía reacio o distante con él, pero había momentos en los que permitía que se acercase tanto como quisiera para sentir ese consuelo que no podría recibir de nadie más.

Apartó una de sus manos del volante y, lentamente, la acercó hacia una de las mías, que estaba sobre mi rodilla. Al ver que no apartaba mi mano al darme cuenta de que él estaba acercándose, la puso sobre la mía tomándola con delicadeza. Su tacto era cálido y fue como una caricia en el corazón. No pude evitar desanudar el nudo de mi garganta y permitir que una lágrima se me escapase de los ojos. Estaba tan agobiado por todas las cosas que habían sucedido, sobre todo... con Sasori.

El resto del viaje, él estuvo sosteniendo mi mano y no la apartó ni por un segundo. Su rostro mostraba seriedad y se mantuvo silencio. A eso me refería cuando decía que él me entendía. Obito me daba mi espacio, entendía cuándo debía hacer silencio y cuándo debía tomar mi mano, aunque yo le dijese que todo estaba bien. Me leía como si fuese un libro abierto, y eso me agradabs, porque no tenía que explicarle nada para que él supiese lo que me sucedía. Con sólo mirarme a los ojos, sabía qué estaba sucediendo.

—Llegamos —me dijo y soltó mi mano.

Como si el momento emotivo hubiese terminado, las luces internas del auto se encendieron y limpié rápidamente mi rostro, como si no quisiese que él me viera, pero era ridículo, porque él sabía que había estado llorando descaradamente durante todo el viaje.

—¿Te interrumpí de una charla muy importante? —pregunté recordando que lo había arrastrado fuera de la mansión cuando estaba hablando con unas personas.

—Más o menos, pero se puede arreglar —me respondió dándole poca importancia al asunto.

Me bajé del auto y me agaché para mirarlo a los ojos. Él permaneció sentado en su lugar.

—Luego te traigo a Naruto —me dijo y sonrió.

—Está bien, hump.

Se produjo un silencio incómodo mientras observaba a otro lado con la sensación de que le debía algo importante y el orgullo no me permitiese dárselo. Me mordí el labio inferior y apreté los ojos.

—Gracias..., hump —dije finalmente y él sonrió aún más.

—No es nada —me respondió y entendió que me estaba refiriendo más al hecho de que me había estado sosteniendo la mano que por haberme traído a casa —. Te veo otro día. Ahora ve a descansar.

—Sí —dije antes de cerrar la puerta del auto y darle la espalda.

Mientras me acercaba a la puerta del edificio oí cómo el auto se alejaba de allí. Pocas veces era capaz de expresarme con él, pero, la mayoría de las veces no era necesario.

( watch?v=nvxwiRuFgB0)

Al llegar a mi departamento, me lancé sobre el sofá sintiéndome como la mierda... ¿Por qué ese idiota tenía que haber ido allí? Mi salud emocional y mental corrían riesgo si él estaba cerca. Sasori era como una enfermedad muy contagiosa, porque todo lo que se acercaba a él terminaba pudriéndose. Lo peor era que, una vez curado de ese mal, podía volverse uno a contagiar. Su mirada, su voz, su tacto, su sabor, su aroma y todo lo que había salido de su boca venenosa me atraía a él como el primer día. Odiaba cómo me hacía sentir... Además, lo que había sucedido con el Uchiha en la cocina de su casa lo hacía aún peor. Era como estarme enfermando con dos tipos diferentes de cánceres, pero se sentía como si uno intentase comerse al otro dentro de mi cuerpo, y no sabía cuánto podía llegar a soportar mi cuerpo antes de colapsar. Tenía que alejarme de Itachi tan rápido como pudiese y apartar a Sasori de mi vida nuevamente, pero, esta vez, de forma definitiva.

Tomé mi celuar y fui a la galería de fotos, donde todavía guardaba un recuerdo. No entendía por qué todavía conservaba aquella fotografía después de tanto tiempo y de tantas cosas malas que habían ocurrido, pero ahí estaba: una imagen de los dos en nuestro momento de mayor felicidad, sonriendo de alegría o, bueno, en mi momento de mayor felicidad, porque él jamás fue feliz conmigo.

"¿Está seguro de que desea eliminar este archivo?"

(Sí) (No)

Sí.

"Archivo eliminado"

Mi último recuerdo de cuando había sido feliz, aunque había sido una mera ilusión, se había ido a la papelera de mi teléfono.

"Papelera de reciclaje"

Opciones.

-Restaurar archivos.

-Vaciar papelera.

"¿Está seguro de que desea vaciar su papelera de reciclaje?"

(Sí) (No)

Sí.

"Sin elementos en su papelera de reciclaje"

Solté un suspiro muy largo y me tumbé en el sofá con el brazo de la mano que sostenía mi celular cubriendo mi rostro. Sentí un nudo en mi garganta. Probablemente, aquello era lo más difícil que había tenido que hacer: deshacerme de todos los recuerdos. De nuevo, sentí las cálidas lágrimas mojar mi rostro y una sensación de arrepentimiento muy fuerte junto con la desesperación de querer recuperar esa puta foto, pero ya no se podía, y me alegraba... Me previne a mí mismo.

Me quedé llorando como un tonto en el sofá hasta que perdí la noción de la realidad. No me di cuenta del momento en el que mi cuerpo agotó sus fuerzas por completo y quedé dormido, pero la sala estaba muy clara cuando abrí los ojos y el sonido de mi teléfono pidiendo batería terminó por sobresaltarme. No me había dolido tanto la cabeza en un buen tiempo. Me sentía como si, la noche anterior, hubiese estado bebiendo hasta desmayarme, pero así se sentía la deshidratación por haber llorado tanto.

Enchufé mi teléfono al cargador y me fui a la cocina a beber tanta agua como pudiera. Luego revisé el cuarto de Naruto y no había vuelto en toda la noche. ¿Debía preocuparme? Probablemente, se había quedado hasta las tantas hablando tonterías con Sasuke o mirando películas de terror y se había quedado en su casa a dormir. Si Obito no me lo había traído, era porque no había hecho falta. Luego llegaría en un taxi a casa. De todas formas, seguía inquietándome...

Fui a mi habitación y desconecté el teléfono para llamarlo. Me atendió de inmediato.

—Nii-san —me dijo al otro lado de la línea.

—¿A qué hora piensas volver? Son las ocho de la mañana y todavía estás en la casa de tu amigo —le reclamé y, aunque sonase demasiado sobreprotector, él jamás había pasado la noche fuera de casa, y no podía soportar la idea de tenerlo mucho tiempo lejos por temor a que algo malo le sucediese.

—No te preocupes. Voy enseguida, dattebayo. Enseguida salgo para allá. Itachi me llevará —me dijo y me sobresalté.

—No. Ven en un taxi —le dije rápidamente.

—¿Eh? ¿Por qué? —cuestionó.

—Porque yo lo digo. No quiero que andes molestando a la gente, sobre todo cuando debiste haber vuelto conmigo anoche y no ahora, así que has lo que te digo, Naruto —le dije de forma autoritaria mientras me rascaba la frente un poco nervioso.

—Está bien. Como tú digas, nii-san... —me respondió desganado y desilusionado.

—Te apuras, hump —le dije antes de colgar.

Sasori

( watch?v=zvIYhgfDzR8)

Al llegar a mi casa, solamente me limité a tumbarme en la cama al lado de Sakura. Ella se quedó dormida rápidamente. La observaba dormir tan tranquilamente. Si supiese la clase de persona que era, no estaría tan tranquila a mi lado. Por alguna razón, a veces, me sentía un poco culpable al fingir que sentía algo por ella. Me sabía mal verla tan feliz cuando, en realidad, estaba viviendo sólo una ilusión, pero no podía amarla... Ella no se merecía todo aquello, pero no iba a obtener nunca lo que, una vez, le di a una persona.

Me levanté de la cama, porque la conciencia no me dejaba conciliar el sueño. Me fui a la sala y, desde allí, observé por el gran ventanal la hermosura de la ciudad iluminada. Me serví un vaso de wiski y me senté en el sofá frente al ventanal para perderme en aquella imagen. No pude evitar preguntarme cómo era que se estaría sintiendo... Deidara luego de haberme visto en la fiesta y de haber experimentado todo lo que le había en un intento desesperado de volver a sentir aquella sensación de satisfacción al ver sus ojos enamorados, pero sólo había conseguido una mirada de odio y dolor.

Otra vez la culpa me atacaba al recordar su mirada y sus palabras. ¿Por qué...? ¿Por qué tenía tanto afán de lastimarlo un poco más...? ¿Había sido porque lo vi tan cercano a alguien más? ¿Por qué no podía dejarlo ahí tan fácilmente? Me había casado con alguien y, aun así, no podía quitármelo de la cabeza.

Apoyé el frío vaso de wiski sobre mi frente. Me dolía la cabeza y tenía un intenso impulso de salir a la calle y tocar el timbre de su departamento solamente para poder ver una vez más su cara, esperando inútilmente que sonriese al verme. Sonaba muy tóxico y enfermo, pero yo... en verdad lo quería mucho.

La compañía que había heredado había quedado completamente en la ruina y yo había intentado por todos los medios salvarla. La había heredado con tantas deudas que no había podido disfrutar de ella ni por un instante. Como era el dueño absoluto, los acreedores venían a mí a intentar cortarme el cuello con intereses y boletas impagas, pero no quería renunciar a lo único que me había quedado de mis padres.

Todavía conservaba el prestigio de mi apellido y los Haruno se me habían acercado a felicitarme por mi nuevo cargo. Ellos me presentaron a su hija y vi la oportunidad de aferrarme a su fortuna para salvar la compañía. Solamente la había tomado a Sakura por interés, pero luego había aparecido Deidara en mi vida para hacerme olvidar de mis problemas y me había terminado enamorando de él..., pero ese chico no tenía lo que yo estaba necesitando económicamente, más bien..., él estaba peor que yo y había tenido que ayudarlo en un momento difícil de su vida. Él me había devuelto todo el dinero una vez que le había contado todo lo mío con Sakura y eso había sido lo peor, porque había sido yo quien había confesado empujado por la terrible culpa que sentía por estarle mintiendo. Él me había odiado desde ese instante y jamás se le quitaría.

La verdad era que no pensaba renunciar a la fortuna de los Haruno por amor. Tenía la maldita costumbre de preferir el dinero antes que los sentimientos, aunque eso me rompiese el corazón. También me sentía reconfortado al saber que todavía podía causarle un gran mal al corazón de Deidara, porque eso significaba que él aún sentía algo por mí. De igual forma, era igual en su caso, porque él también podía lastimarme todavía al pasearse con todos esos tipos y la idea de que un día se llegase a enamorar de otro me hacía hervir la sangre y provocaba que le quisiese hacer un gran daño. Los celos que me causaba eran tan grandes que podía llegar a hacerle cualquier cosa para que recordase que yo era el único dueño que tenía y luego... podría matarlo. Aunque tuviese que sacrificar mi vida y mi alma, lo valían...

—Sasori —escuché la voz de Sakura detrás de mí.

—¿Qué pasa? ¿Por qué te levantaste? —pregunté poniéndome de pie.

—¿Estás bebiendo a estas horas? —me reclamó.

—Sólo es un poco. No empieces...

—Me desperté y no estabas a mi lado. ¿Qué haces aquí bebiendo?

—No podía dormir y vine a observar la ciudad. ¿Por qué no vuelves a la cama? —la tomé de los hombros con delicadeza y le sonreí falsamente.

—¿Vendrás conmigo? Te extraño... —me abrazó y correspondí tranquilamente.

—En un rato, iré. Ve primero —le dije y besé su frente.

Ella se conformó y se retiró a la habitación algo adormilada. Suspiré con pesadez.

Todo aquello se me estaba haciendo muy pesado y me deprimía la idea de un acercamiento entre Itachi y Deidara. Además, estaba tratando de conseguir acciones en la empresa de los Uchiha para volverme su socio, pero Obito no me estaba dejando las cosas fáciles, ya que era el amigo íntimo de Deidara y me detestaba a muerte. Debía encontrar la forma de volverme accionista y, ambiciosamente, cuando todo marchase bien en mi vida por fin, podría renunciar a Sakura y volver con mi rubio, pero eso era demasiado pedir... No creía que pudiese llegar a convencerlo por las buenas de todo ello. Tendría que ser por las malas..., pero, primero..., quería castigarlo y hacer que se alejase del Uchiha lo más rápido posible.

Narración en tercera persona.

Mientras tanto, Naruto ya se encontraba frente a la puerta de su departamento. Tocó el timbre un poco nervioso, porque sabía que su hermano lo regañaría muy probablemente. Además, estaba muy intranquilo, porque no había podido cubrir con nada la evidente marca que Sasuke le había dejado en el cuello por la noche. Deidara abrió inmediatamente la puerta.

—¿Con quién viniste? ¿Quién te trajo? —preguntó sin más Diedara mirando hacia todos lados fuera de su departamento.

—Con nadie, nii-san. Vine en taxi, dattebayo —respondió algo nervioso y sin entender la actitud de su hermano.

No apartaba la mano de su cuello y fingía rascarse para cubrir la marca.

—Entra de una vez, hump —le ordenó de muy mal humor y lo único que hizo Deidara después de decir eso fue quedarse en la sala caminando de un lado a otro muy nervioso.

—¿Todo está bien? —preguntó Naruto, quien intentó escapar a su cuarto.

—¿A dónde vas? Te quedas aquí —lo frenó Deidara sujetándolo del brazo.

Naruto se espantó y su hermano mayor comenzó a mirarlo de arriba hacia abajo. Por supuesto que notó que el pequeño rubio no se quitaba la mano del cuello.

—¿Qué tienes? ¿Te pica? —preguntó interesado en la insistencia de la mano en aquel lugar.

—Un poco. Creo que me picó un insecto, o quizá fue el roce del cuello de la camisa, dattebayo. Tengo piel sensible... —rio algo nervioso.

—A ver —le apartó bruscamente la mano de allí y Naruto comenzó a sudar frío mientras los ojos de su hermano inspeccionaban la marca.

Luego de tanta experiencia en el mundo sexual, por supuesto que el rubio mayor conocía de sobra la diferencia entre el roce de las telas, las picaduras de insectos y la marca de un posesivo obsesionado sediento de sexo.

—El insecto estaba demasiado ansioso al parecer... —comentó Deidara y suspiró con pesadez.

—S-supongo... —tartamudeó —¿Por qué estás tan nervioso, nii-san? —intentó cambiar de tema.

—¿Me estás preguntando en serio, pendejo? Te perdí de vista en esa fiesta de mierda y no volviste a casa conmigo. Acabas de aparecer y, encima, si no te llamaba para ver si todavía estabas respirando, no sabía nada de ti... ¿Y me preguntas por qué estoy nervioso? —tenía la vena de la frente a punto de explotar y, aunque no era del todo la verdadera razón de sus nervios, le venía bien.

—Perdóname, nii-san... No volverá a suceder. Te avisaré y te mantendré al tanto. No me quedaré en ningún lado sin tu permiso, dattebayo, pero..., por favor..., suéltame... —le pidió y Deidara se dio cuenta de que le estaba apretando el brazo más de la cuenta.

Deidara lo soltó de inmediato.

—Está bien. Te lo dejaré pasar porque es la primera vez que haces esto. No quiero que vuelva a suceder de nuevo, pero quiero saber quién fue el insecto que te picó anoche —le clavó la mirada en los ojos y Naruto tragó duro.

Naruto estaba tan nervioso que podía comenzar a temblar en cualquier momento. No tenía problemas con decirle que quien le había hecho eso había sido un chico, porque sabía que a su hermano mayor también le gustaban, pero estaba más nervioso por decirle quién era esa persona y contarle lo que había hecho, porque sabía que su hermano se preocuparía muchísimo por su salud emocional, física y mental a más no poder en consecuencia de la terrible ruptura con Sasori.

—Naruto... Habla de una vez. ¿Con quién estuviste anoche? —preguntó muy serio.

La pregunta sobraba. Deidara ya sabía que nadie más que Sasuke Uchiha había podido ser, porque habían estado en su casa y Naruto se había perdido junto con él, pero quería oírlo de la boca de su hermanito.

—Yo... estuve con... —se detuvo casi en pánico y comenzó a sentir ganas de llorar.

—No te pongas sensible y dime. ¿Crees que te mataré, acaso? Sólo dime con quién y bajo qué condiciones —le exigió comenzando a calmarse un poco más para no intimidar tanto al rubio.

—S-Sa... Sasuke... —dijo tímidamente poniéndose muy rojo.

—Era obvio. ¿Tanto problema para decirme eso? —suspiró con pesadez —¿Por qué lo hiciste? ¿No eran sólo amigos? ¿Desde cuándo te gusta? ¿Él te obligó? —lo ametralló con preguntas.

—¿Qué dices, nii-san? No... Él no... —fue interrumpido.

—Entonces, ¿cómo fue que pasaron de ser sólo amigos a estar tú en su cama? —preguntó cruzándose de brazos —Dime que, al menos, se cuidaron.

—¿Eh? —no entendió.

—Naruto... ¿Te piensas que porque ambos son chicos no necesitan cuidarse? ¿Sabes las miles de enfermedades que se pueden pegar el uno al otro? Tú no sabes si él ha estado con alguien más antes que tú —le explicó —. Esto te lo conté mil veces. Te enseñé muy bien sobre educación sexual para que luego me digas "¿eh?" cuando te pregunto si se cuidaron.

Naruto estaba demasiado avergonzado por la incómoda conversación que estaban teniendo y se llevó una mano a su nuca para rascarse incómodo.

—Sí... Usamos protección, dattebayo —susurró estando muy rojo —. Sasuke me gustó desde el primer día y... él me dijo lo mismo. No te lo había contado, porque me daba pena y no estaba tan seguro de mis sentimientos. Y-yo... l-le gusto, nii-san —sonrió un poco sintiéndose muy feliz por dentro.

Deidara no podía dejar de sentir desconfianza ante toda aquella situación y no le creía demasiado al Uchiha pequeño. Temía que a su hermano le rompiesen el corazón igual a que a él.

—Así que tú le gustas, hump.

—Sí.

—¿Y tú fuiste a su cama directamente luego de esa confesión? —preguntó sintiéndose muy decepcionado y enojado con la situación.

—No pude evitarlo... ¿Acaso hice mal? —preguntó muy inocentemente.

—Naruto... —lo miró muy preocupado e impotente —Hiciste todo mal —entonces, el rubio menor borró su sonrisa y se desilusionó un poco.

—¿Cuál es el problema? Hice todo lo que tú me explicaste. No dejé que él hiciese nada sin protección primero —dijo muy decaído.

—No es ese el problema. Si fuese sólo sexo no me sentiría tan molesto, ¿sabes? El problema es que te entregaste a ese chico sin pensar dos veces si él realmente estaba diciéndote la verdad respecto a sus sentimientos —le dijo pasando a mirar a otro lado y mordiéndose el labio al recordar su mala experiencia con Sasori.

—No lo entiendo... —apretó los puños sintiendo cómo una terrible duda hacia Sasuke se le clavaba en el corazón —¿Tú crees que Sasuke me mintió sólo para acostarse conmigo? —preguntó sintiéndose molesto por la desconfianza de su hermano.

—¿Quién sabe? Debiste esperar un poco más y averiguarlo, ¿no? Ahora estás hasta el cuello. Solamente espero que ese niño diga la verdad, porque, si no, lo crucificaré —le dijo antes de comenzar a caminar hacia su cuarto, pero una duda más apareció en su mente —. ¿De dónde sacó Sasuke los condones? ¿Acaso es muy promiscuo y tiene muchos en su cajón?

Naruto se sorprendió ante eso y se puso rojo de nuevo.

—N-no... Bueno. De hecho, él fue a buscar unos al cuarto de Itachi —respondió rascándose la mejilla con su dedo.

La respuesta le puso los pelos de punta a Deidara y se sintió tan irritado, celoso y de malas que no podía consigo mismo.

—Así que tú eres el que tiene el cajoncito lleno, maldito cerdo Uchiha... —murmuró.

—¿Qué dijiste, nii-san? —preguntó sin haber podido oír bien.

—Nada. Lávate y cámbiate de ropa. Prepararé el desayuno, hump —dijo para luego entrar en su cuarto y dar un portazo.

Si había algo que Deidara no podía impedir era que su hermano se enamorase, pero quería impedir que saliese lastimado. Eventualmente, tendría que hablar con Sasuke, pero no haría nada para espantarlos ni obligarlos a separarse. Lo único que buscaba era que Sasuke fuese sincero y no engañase a su hermano en ninguna forma. No podía evitar sentirse desesperado y angustiado al imaginar a su pequeño hermano con el corazón roto, llorando por los rincones por culpa de alguien que no supo valorar sus sentimientos, como le había sucedido a él.