Capítulo VIII: "Chantaje"
Deidara
Desde aquella fiesta en la mansión Uchiha, no había vuelto a ver a Itachi, pero Naruto mantenía una comunicación más frecuente con el hermano menor de mi pesadilla. Al parecer, no, era obvio que estaban saliendo y no sabía cuánto podía llegar a durar eso. Me tenían intranquilo, pero parecía ir todo bien entre ellos. Naruto estaba más que emocionado y vivía contento todo el tiempo mientras que yo sólo quería arrojarme por el balcón.
No había vuelto a ver a Sasori tampoco. Eso era un gran alivio y Obito no me lo había mencionado en toda la semana. Todo había continuado como siempre. Al menos, Itachi sabía que debía mantener la sana distancia entre nosotros. No me había contactado para absolutamente nada. Era como si no existiese.
—¡Nii-san! —me llamó a los gritos Naruto desde su cuarto.
Yo me encontraba tan tranquilo ordenando la ropa de mi armario y él se había puesto a molestarme.
—¿Qué quieres ahora? —pregunté fastidiado llegando a su cuarto.
Al entrar, vi que todo estaba desordenado y toda la ropa de su armario estaba regada por todas partes.
—¿Qué hiciste? —pregunté molesto al ver semejante desastre.
—No tengo nada de ropa que ponerme, dattebayo. Hoy es muy importante y necesito verme bien—me dijo muy frustrado mientras arrojaba ropa para todos lados.
—¡Naruto! ¡Tu cuarto está lleno de ropa! ¡¿Cómo es que no tienes nada?! —me sentí muy irritado y comencé a recoger todo su desastre—¡Ordena esto ya mismo!
—¡Nii-san! ¡Nada de esto sirve para mi cita con Sasuke! —gritó muy exaltado y desesperado.
—¡Que se pudra Sasuke! Además, ¿quién te dio permiso para salir? —le pregunté y me crucé de brazos.
En ese instante, él se puso de rodillas frente a mí.
—¡Por favor! ¡Déjame salir con él esta noche! ¡Te lo suplico! —comenzó a rogarme y me llevé una mano a la frente sintiendo que iba a explotar en cualquier momento—Por favor…—me hizo ojos de borrego a medio morir—Nii-san…
Apreté los dientes y me masajeé la sien para tratar de calmarme. Suspiré con pesadez.
—Bien… Te dejo ir. Ponte lo que haya—le dije y me di la vuelta para irme—. Ordena todo antes de salir.
—Pero, nii-san… No tengo nada lindo que ponerme y es mi primera cita de la vida…—volteé a mirarlo y tenía los ojos llorosos mientras me miraba con un leve sonrojo en sus mejillas.
—Demonios…—apreté los puños—Ponte lo que sea ahora para que vayamos a comprarte algo…
—¡¿DE VERAS?! —se emocionó y se puso de pie.
—Sí…—suspiré.
—¡GRACIAS! ¡ERES EL MEJOR HERMANO DE LA VIDA! ¡HARÉ TODO LO QUE ME PIDAS DE AHORA EN ADELANTE! ¡DATTEBAYO! —me dijo muy animado y feliz.
—Te apuras—dije antes de dar un portazo luego de salir.
Ya que lo pensaba, yo también necesitaba ropa nueva para el trabajo. Por supuesto, Naruto nunca se daba cuenta de lo que yo compraba. Siempre ponía algunas camisas o unos pantalones sobre la ropa que realmente necesitaba. Él siempre estaba tan emocionado con lo que yo le compraba que nunca prestaba atención. Por supuesto, no necesitaba ocultar mis vestidos y faldas, porque él sabía que me gustaba vestirme de mujer para ir a citas, como él creía, pero eran para el trabajo.
Salimos del departamento y fuimos hacia el centro, donde estaban todas las tiendas de ropa y cafeterías caras. Él se puso a revisar con prisa todo lo que necesitaba para su cita y yo me puse a observar algunas cosas que me interesaban. Vi un hermoso vestido rojo y me acerqué a uno de los espejos que estaban cerca del ventanal de la tienda. Allí lo puse sobre mi cuerpo para ver cómo me quedaría y me agradó lo que vi. Desvié mi mirada hacia el ventanal para ver si no venía mucha gente, pero, a esa hora de la mañana, no andaba mucha gente en la calle. Al menos, eso creía… Lo que vi no me gustó.
—No me jodas…—dije casi en susurro al haber hecho contacto visual con Itachi Uchiha, quien me estaba mirado directamente a mí desde el otro lado de la calle—Mierda…—dejé el vestido colgado y me retiré de ese lugar para ocultarme entre toda la ropa.
—Nii-san. ¿Te gusta esta camisa? —me preguntó Naruto detrás de mí y me sobresalté.
—S-Sí. Está bien esa. Sigue buscando lo que quieras. Yo ya vengo—le dije y me acerqué a la ventana para ver si él seguía allí.
Tal vez no me había visto como creí que lo había hecho. Él no estaba allí. Suspiré aliviado. Tal vez no me había visto.
—¿Buscas a alguien? —me asusté.
—¡AY! ¡Joder! —grité del susto al escuchar su voz detrás de mí.
Me volteé a mirarlo. Había entrado a la tienda. Me había visto.
—¿Te asusté? Lo lamento mucho—se disculpó con seriedad.
—¿Qué haces aquí? ¿Qué quieres? —le pregunté irritado y nervioso.
—Yo te vi aquí y pensé que sería apropiado acercarme a saludarte. No nos vemos hace un tiempo—me explicó con calma y se giró para observar el vestido rojo que me había visto curioseando.
—Preferiría que siguiese así—le dije cruzándome de brazos.
—¿El no vernos? No entiendo por qué lo prefieres. De todas formas, me parece bien. Solamente quería tener la oportunidad de disculparme contigo si había hecho algo poco apropiado el otro día—me dijo y acarició la tela fina del vestido.
—Estás perdonado. Ya puedes irte, hump—le dije y me ignoró.
Tomó el vestido y lo observó de más cerca.
—¿Te gustan este tipo de prendas? —me preguntó muy serio sin mirarme.
—No es tu asunto. Ten un lindo día—le sonreí falsamente y me dispuse a ir a buscar a Naruto.
Él me detuvo sujetando mi brazo.
—Quisiera que hablemos—me dijo y me miró a los ojos.
—No creo que tengamos que hablar nada. No somos nada—le dije firme en mi decisión y aparté su mano de mi brazo.
—¿Realmente, te hice algo muy malo? —me preguntó muy serio.
—Para nada—respondí simplemente.
—Entonces, no entiendo por qué este trato tan cortante. Parece como si me odiaras. Me evitas demasiado como para que yo sea tan irrelevante en tu vida como quieres hacerme creer—me dijo y dio un paso hacia adelante para acercarse más a mí—. Me gustaría invitarte a tomar un café.
—Estoy con mi hermano ahora. Él quiere mi opinión sobre lo que se compre—le metí una excusa para negarme.
—Estoy seguro de que no es así. Naruto no se acercó mucho a preguntarte tu opinión—me respondió y me sorprendí.
—¿Me estabas espiando?
—Para nada. ¿Tú me odias? —me preguntó intentando no sonreír y mantenerse serio.
—No. Todo es normal, supongo—le respondí sin mirarlo.
—Acepta el café entonces. De esa forma, me demostrarás que todo está normal entre nosotros. Además, sólo nos besamos. No pasó nada del otro mundo—me dijo y sonrió levemente.
—¡¿Nos besamos?! —me sentí irritado.
—No grites—me dijo y miró alrededor poniendo las manos en el bolsillo de su pantalón.
—Pero si tú fuiste el que me besó a mí—le reclamé.
—¿Y tú me dijiste que no? —me preguntó muy serio y me miró a los ojos.
Me sonrojé muchísimo. Realmente, lo detestaba. Él no quería desaparecer de mi vida y no sabía cómo hacer para que se esfumase. Siempre volvía a aparecer y sacudía toda mi estructura con su personalidad tan tranquila y relajada con esos temas que a mí me causaban vergüenza.
—Sólo fue un error. No te confundas, señorito importante, hump—me crucé de brazos.
—No es verdad. No me creo importante—me dijo—¿Vienes conmigo? Estaremos en frente. Yo ya pagué por lo que Naruto quería comprarse. Seguirá eligiendo lo que quiera, porque no tiene stop la tarjeta que le di. Estará entretenido un buen rato.
—No tenías que hacer eso. No te metas en estos asuntos. No te corresponde—me sentí molesto por lo que había hecho.
—Estás confundido. Tú no debes meterte. Esto es un regalo para él. No puedes impedir que yo le regale algo al novio de mi hermano—me dijo y me cerró la boca.
Él siempre sabía cómo callarme. Eso me ponía de los nervios.
—No peleemos. Quiero hablar tranquilamente contigo—suspiró con pesadez.
Quería que se largase de una vez y estaba seguro de que no lo haría hasta que no aceptase su invitación. Bien. Lo aceptaría y le dejaría claro que no deseaba volver a verlo. Él debía desaparecer como si nunca hubiese existido. Así todo estaría bien.
—Vamos. No tengo todo el día—le dije para empezar a caminar hacia la salida.
—Olvidas tu vestido—me dijo y volteé a mirarlo.
—¡Olvídalo! —le grité y salí de la tienda.
Él no se rindió. Le dejó el vestido a la chica de la tienda y le pidió que se lo guardase.
—No debiste hacer eso. Ese vestido era horrible, hump—me crucé de brazos.
—No te pregunté. A mí me gustó—me respondió sin mirarme.
—Pues no lo usaré, hump.
—Eso es bueno, porque no era para ti—me dijo y me avergoncé un poco, pero quise contraatacar.
—¿Te lo pondrás tú? —me burlé.
—El cumpleaños de mi prima está cerca. Pensé que le quedaría bien cuando lo vi—me dijo y me hizo quedar como un imbécil.
Tal vez estaba mintiendo o quizá era verdad y me hice quedar a mí mismo como un ridículo que creía que el mundo giraba a mi alrededor.
—¿De qué quieres hablar? —le pregunté cuando nos acercamos a unas mesas afuera de una cafetería cercana.
Él se sentó y yo me senté frente a él.
—Consideré inapropiado lo ocurrido en la fiesta y deseaba disculparme, pero supuse que necesitabas espacio y no me atreví a molestarte durante la semana—me explicó.
—Ya te disculpé. Asunto arreglado. Hiciste bien en no aparecer. Hubiese agradecido que te hubieses mantenido así, hump—le dije y me crucé de brazos.
—Sin embargo…, considero que lo ocurrido no fue todo mi culpa—me dijo y me sorprendí.
—¿Disculpa?
—Como dije, tú no me dijiste que no y me correspondiste. De hecho, dijiste que, si no te ibas de la fiesta, podrías perder el control. Entendí eso como el hecho de que tú también deseabas algo de mí—me dijo y no pude evitar ruborizarme como un idiota.
Me puse muy nervioso y comencé a reírme un poco como un loco de mierda.
—¿Desear algo de ti yo? Ay, no me hagas reír —me llevé un dedo a la boca y comencé a morderme las uñas.
—Estoy sumamente convencido.
—Estaba ebrio esa noche, Itachi—le dije y lo miré a los ojos con ganas de que la tierra me tragase—. Ebrio. Bastante. No sé ni cuántas copas me había tomado. ¿Recuerdas que tiré una al suelo, porque estaba mareado ya? Podría haberle dicho lo que te dije a cualquiera. ¿Entiendes eso? —me volví a reír mientras observaba cómo su rostro se tornaba cada vez más serio como si se estuviese molestando—. No me digas que te quedaste toda la semana pensando en el beso que te di mientras estaba ebrio. Qué patético…—le dije y sentí que me había pasado, pero, si debía herir su orgullo para que me dejase en paz, lo haría.
—Sólo estabas ebrio, ¿eh? —preguntó muy serio y se puso de pie.
—Sí. Muy ebrio. ¿Qué edad tienes? Ya no deberías estarte ilusionando con besos de desconocidos ebrios. Tú deberías estar ya acostumbrado y saber que los besos no significan nada para el mundo ya—me seguía riendo, pero quería llorar con toda mi alma.
En ese instante, se me acercó y me jaló del brazo. Con esa fuerza hizo que me pusiese de pie y casi me caí, pero me pegó a su cuerpo y rodeó mi cintura con su brazo.
—¿Eso crees? ¿Así que no te importó? —me preguntó con su aliento golpeando mi cara y no pude responder de inmediato.
Mi mente se bloqueó y sólo pude observar sus ojos, su boca y esa expresión tan seria que me revolvía las tripas.
—Así es. No me importó para nada—le dije y no pude evitar sentir que mi corazón quería explotar, además, se me agitó la respiración.
—Veamos lo poco que te importa ahora—me dijo y, antes de que yo le pudiese decir algo, sentí su boca sobre la mía y cómo su brazo apretaba más mi cuerpo contra el suyo.
Como si tuviese doce años, no pude evitar excitarme al sentir su cuerpo tan pegado al mío y por la rudeza de cómo me había levantado de la silla, además del beso que me había plantado. Su boca no se apartaba de la mía. Sus labios eran tan suaves y posesivos. Obligaban a los míos a corresponderle. Mi mente se nubló de tal forma que no pude hacer nada más que rendirme ante lo evidente: le había mentido. Sus besos me hacían estremecer. Abrí mi boca para dejarlo entrar y que hiciese lo que quisiese conmigo.
No me importaba quién nos mirase ni qué tan estúpido me veía al dejarlo besarme. Cuando él se acercaba a mí, mi mente no pensaba claro y solamente quería dejarme llevar. Me era muy difícil cumplir mi palabra cuando él aparecía. No importaba cuántas veces me repitiese que él debía desaparecer, porque, cuando lo veía, quería que se quedase a sacudir mi mundo.
Rodeé su cuello con mis brazos y me puse de punta de pies para alcanzarlo mejor. Entre el beso, él sonrió y continuó degustando toda mi boca como si ya fuese de su propiedad mientras yo me enrojecía hasta las orejas. Maldito fueras, Itachi Uchiha…
Narración en tercera persona
A unas calles de aquella cafetería donde se encontraba Itachi besándose con Deidara, se encontraba Sasori observando la escena. Era evidente la razón por la que Itachi no soltaba a ese rubio. Quien los viera pensaría que era una escena normal de amor entre un hombre y una mujer, porque Deidara llevaba el cabello suelto y parecía una chica común y corriente. Sus prendas eran unisex, además, por lo que pasaba fácilmente por una mujer.
Sasori podía identificarlo fácilmente, además de que Itachi no podía estarse besando con nadie más que no fuese Deidara. ¿Qué otra persona rubia conocía? Debía de ser su Deidara. Apretó los puños con ira. Los celos lo consumían. Quería ir y matarlos a los dos, pero debía controlarse.
Durante aquella semana, había estado planeando algo para herir al rubio. La situación le había venido como anillo al dedo. Se alejó un poco más del lugar y se escondió detrás de un árbol, desde donde podía seguir viendo al rubio. Sacó su celular y comenzó a llamarlo con número privado. Deidara atendería rápido, porque podía ser un cliente que lo llamaba con número oculto.
El celular del rubio sonó y no tuvo opción más que apartarse de Itachi. Se mordió el labio inferior por tener que hacerlo, ya que estaba disfrutando increíblemente del momento.
—Mierda…—dijo al ver el número oculto.
—¿Sucede algo? —preguntó Itachi y le limpió la saliva de la comisura de los labios al rubio con el dedo pulgar.
—Nada. Sólo… tengo que contestar, hump—le dijo y se apartó para después atender un poco lejos del peli negro.
Itachi se quedó parado allí observando al rubio. Quería saber quién era la persona que lo llamaba, pero sabía que no debía sobrepasarse en querer saberlo todo. Estaba conforme por el momento. El rubio le había correspondido el beso y lo había abrazado. Se sentía muy satisfecho por dentro. Sus esperanzas de entrar en el corazón de Deidara se incrementaron.
—¿Hola? —dijo al atender la llamada.
—¿Cómo te encuentras esta mañana, hermoso? —reconoció la voz de Sasori.
—Hermoso, mi trasero. ¿Qué mierda quieres? ¿Cómo pudiste llamarme? —le preguntó molesto por saber quién le había interrumpido tan increíble beso.
—Sí. Tu trasero también es hermoso. Te llamaba para solicitar tus servicios—le dijo y Deidara se enfureció.
—Ni borracho. Mis servicios te excluyen. Estás vetado—le respondió y quiso colgar.
—Yo que tú no cortaría la llamada—le dijo y Deidara se sorprendió un poco—. Cosas malas pueden pasar si no me escuchas o te niegas.
—¿Qué quieres? —preguntó muy serio e irritado.
—Hay un antiguo cliente que quiere verte y yo quiero quedar bien él. Le prometí que conseguiría una cita contigo para él. Tiene mucho dinero, así que cóbrale lo que quieras—le dijo y Deidara sintió un mal presentimiento, además de que se sentía un poco intimidado.
—¿Qué pasa si me niego? —preguntó muy serio, pero estaba preocupado internamente.
—Estuve haciendo una búsqueda con ayuda de unos amigos míos. Encontré una lista muy extensa de tipos muy importantes de Konoha y demás ciudades, con los que te acostaste. La mayoría de ellos eran sujetos casados, con hijos y una vida intachable. Me pregunto… qué pasaría si esta información le llegase a la prensa. Digo…, hay mails, mensajes y grabaciones de llamadas telefónicas donde están pidiendo tus servicios, además de todos los datos de la página web de escort donde te vendes como una maldita zorra y el historial de los pagos a tu cuenta desde la cuenta privada de ellos—le explicó y Deidara sintió cómo un frío intenso le recorría la espalda.
—¿Qué mierda intentas hacer…? —preguntó comenzando a tener miedo, pero también mucho enojo.
—Te estás empezando a preocupar. Tú sabes por qué te pones así, ¿no? Que llegue a la prensa y se arruine su imagen es el menor de tus problemas. Te importa una mierda que ellos pierdan todo por haberse acostado contigo, pero… ¿a quién irían a buscar si esa verdad sale a la luz? Sabes que ellos pensarán que fuiste tú quien los vendió, ya que tu identidad no sería revelada y eso les daría a entender que estás detrás de todo eso. No te expondría a ti, porque mi intención no es quemarte a ti ante la sociedad. Me conoces… No me beneficiaría. Por otro lado, ellos querrían hacerte mierda y yo no movería un solo dedo para ayudarte—le dijo y Deidara se estremeció—. Tampoco te importa mucho tu insignificante vida, pero tienes un hermanito al que no les importaría hacer que apareciera en un descampado comido por los perros. Ellos irían por todos los que quieres y te dejarían para lo último.
—No harías eso, Sasori… ¿Cómo puedes pensar en hacerle daño a mi hermano…? Así dices amarme… Yo no te importo y nunca lo hice… Tú eres una mierda, Sasori… —comenzó a derramar lágrimas por el temor a que algo malo le pasase a Naruto.
—No lo voy a hacer, pero tienes que hacer todo lo que yo te pida, mi amor. Entonces, todo estará bien. ¿Entiendes? Quiero cuidarte, Deidara. Déjame ayudarte. No filtro la información al nombre de Dai y tú me obedeces. Todos felices, ¿sí, cariño? —le dijo con un tono dulce como si le estuviese diciendo las palabras más románticas del mundo.
Deidara sentía que se iba a desmayar en cualquier momento. Estaba pálido. Itachi pudo ver que algo no estaba bien. Miró cómo Deidara se tambaleó en un momento y se comenzó a acercar a él.
—¿Qué quieres que haga…? —preguntó en susurro.
—Eso es. Así me gusta… Quiero que vayas a casa y te pongas muy sexy. Tienes que ir a visitar a Hidan. Ya lo conociste una vez. Hazlo feliz y nada malo pasará—le dijo y Deidara se llevó una mano a la frente.
—No… Hidan no… —dijo con mucho más miedo.
—Vamos, cariño. Él te extraña. Te recompensará muy bien si le das lo que quiere.
Deidara no quería por nada del mundo volver a ver a Hidan. Él era un hombre que había conocido antes de conocer Obito. Si ese peli plateado hubiese pasado por el filtro de Obito, no hubiese aprobado. Era un sujeto de lo peor que le gustaba el juego de tortura y castigo. Deidara había pasado varios días secuestrado en la casa de ese sujeto siendo torturado físicamente para complacer a ese psicópata. Sólo lo había liberado cuando vio que el rubio ya no iba a poder seguir soportando sus juegos. Para Naruto, su hermano mayor había estado en un viaje de trabajo y había tenido un accidente con el auto de su jefe. Nunca había experimentado tanto terror en su vida como con ese sujeto.
—No me digas que prefieres ver muerto a tu hermanito—le dijo Sasori y Deidara se mordió el labio inferior.
—Por favor… No me hagas esto—comenzó a temblar.
—Hazme caso y todo estará bien.
—¿Deidara? —tocó su hombro Itachi.
Deidara se sobresaltó y limpió sus lágrimas rápidamente.
—Está bien. Lo haré. Luego me envías la ubicación y yo me acercaré. Hablamos luego—colgó enseguida.
—¿Estás bien, Deidara? —le preguntó al ver que había estado llorando y que aún temblaba.
—Sí. Estoy bien. Será mejor que me vaya ahora. Ya se me hizo tarde para unos planes que tenía. Con permiso—lo apartó de su camino y entró a la tienda para buscar a Naruto.
—Espera, Deidara—lo siguió.
—No me sigas. Luego te pagaré lo de mi hermano. Ahora vete—le dijo muy serio.
—¿Quién te llamó? ¿Qué te dijeron? —preguntó preocupado.
—No es tu asunto. Te dije que sería mejor que no nos viéramos ya, ¿no? —le dijo dándose la vuelta para mirarlo.
—Hace un momento estaba todo más que bien. Te llamaron y te pones así. ¿Qué ocurre? —exigió muy preocupado.
—¿Quieres saber realmente? Mi trabajo. Tengo que trabajar esta noche, ¿sí? —intentó herirlo con eso y lo consiguió.
Itachi cambió su expresión a una que mostraba mucha seriedad y, por dentro, le hervía la sangre.
—Al parecer, para ti no significa absolutamente nada lo que yo haga—expresó ofendido.
—¿Recién te das cuenta? Te lo vengo diciendo hace rato. Yo no soy una persona que pueda estar atada a alguien. Yo necesito más que sólo un hombre. No me alcanza con tener a una sola persona en mi vida, hump—le dijo y sonrió de forma ladina.
—Excelente… Increíble. Bien. Como tú digas—le dijo para luego darse la vuelta y salir de allí con la bolsa del vestido que había comprado.
Deidara se mordió el labio inferior al verlo marcharse. Quería correr y abrazarlo por atrás, pero las cosas estaban mejor así. No podía tenerlo, y menos en ese momento. Debía prepararse mentalmente para estar con ese psicópata por el bien de su hermano y no podía darse el lujo de tener un romance. Además, no creía que el Uchiha se hubiese enamorado de él. Creía que era mero deseo y nada más. En todo caso, tampoco podía tener un compañero sexual. Ya tenía uno y era Obito. No necesitaba a nadie más.
Lo único que Sasori quería era hacer sufrir a Deidara por hacerle pasar tantos celos. Se lo entregaría a Hidan para que le hiciese lo que quisiese para tratarlo como al prostituto que era mientras disfrutaba de un placer perverso de saber que le estaban haciendo lo que quisiesen al chico que le gustaba, creyendo increíblemente que el rubio lo disfrutaría, pero él sabía que no era así. Sabía que Deidara sufriría y lo quería castigar.
