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Elevador
—Por pura casualidad… Y repito, sólo por mera casualidad ¿qué le demonios le sucede a Rachel Berry? —les preguntó expectante.
El terrible berrinche la había confundido demasiado. De antemano, conocía ya la peculiar personalidad de la morena, pero lo que había hecho escasos tres minutos atrás, había rebasado sus propios límites para no ser cuestionado, además, si le agregamos el miedo que sintió al suponer que probablemente Rachel supiera algo de su pasado, no la dejó tranquila. Y tanto Jason como Daniel no sabían cómo responderle. Ellos tampoco intuían lo que le sucedía a Rachel. Con Alex nunca se había comportado así.
—Pues tampoco lo sabemos Hanna, como a ti, también nos ha tomado por sorpresa su actitud—Daniel se encogió de hombros.
— ¿Creen que se haya puesto así por mis bromas? —repuso preocupada sin hablar de más.
—No lo creo, ella no suele ser así… Aunque supongo que es el estrés por el que ha estado pasando—Jason continuó la explicación— Primero, su mejor amiga y coprotagonista, Alex, se fracturó la pierna ocasionando que tuviese que abandonar la obra, y segundo, llevamos dos días con esto de las audiciones y eres la primera que realmente vale la pena. Podría ser esa la respuesta a su reacción, aunque conociendo a Rachel Berry, cualquier cosa puede ser. Es mejor que te vayas acostumbrando a su temperamento.
— ¡Vaya! Pues sí que será difícil—sonrió más calmada. Tenían razón, no tenía por qué preocuparse— En fin, esperemos que sea por eso. Entonces, ¿Me quedo con el papel? O ¿Rachel podría hacerme la vida imposible? —musitó juguetona.
La rubia no estaba tan alejada de la realidad. Porque Rachel ya estaba maquinando en su mente lo que haría para fastidiarla y optara por abandonar la obra. La morena escondida detrás de la puerta llevaba varios minutos escuchando la plática de los tres chicos. Quería conocer un poco de su hasta ahora contrincante. Se estaba convirtiendo en una espía altamente calificada del FBI. Y teniendo de aliada y como roommate a Alex Stone, seguramente lograría su objetivo.
—No te preocupes por ella, verás que mañana regresa como si no hubiese sucedido nada. Mejor hablemos de lo importante, ¿Por qué audicionas para Broadway si tu personaje en Bordertown es muy popular y estarás muy ocupada para los ensayos? —Daniel prosiguió con la entrevista.
—Verán… Les contaré un súper spoiler, que seguramente mis productores por detallárselos me demanden, pero ¡Bah! Ya no importa, ya grabé todo lo que tenía que grabar. Pedí que mi personaje fuera asesinado, y morirá dentro de dos capítulos—frunció sus labios con tristeza. Tuvo que huir de allí también— Ya saben de eso del drama y ajetreo de Hollywood, y, además, ya quería un poco de tranquilidad por problemas personales que me vienen aquejando últimamente… Es por ello, que Emily ha estado buscando audiciones donde no exista tanto acoso mediático, y cuando me habló específicamente de ésta, me dije ¿Por qué no lo intentas Hanna? Será divertido e interesante regresar a tus raíces. Y allí lo ven, aquí me tienen porque quise dar un giro de 180 grados. Alejándome de los chismes del corazón y fiestas alocadas. Estoy completamente reformada—mintió de nuevo.
—Pues que bien que tomes este segundo aire en musicales y te alejes de los malos pasos—«¿Segundo aire? Desde cuándo Hanna Foster pertenecía a ellos» se cuestionó Rachel atenta desde la puerta. Hasta donde sabía, la engreída y talentosa chica sólo había estado en esa extraña serie policiaca. Nunca había escuchado de ella en musicales. Ella sabía todo lo relacionado con ellos y nunca escuchó hablar de esa chica.
—Es exactamente lo que dice mi tía—se rio— Ella insistía una y otra vez que retomara el camino del bien de los Fosterm—Griffin... que soy la heredera de un gran talento, y blablablá, ya saben cómo suelen ser de intensos los familiares… Aunque así de loca, la amo.
—Mejor para nosotros tener de aliada a la gran Melanie, no queremos que Antonio Banderas se involucre, venga hasta aquí y al más estilo del pistolero, quiera asesinarnos—una carcajada por parte de la chica a la ocurrente broma de Daniel.
—Eso dicen, pero él es un oso de felpa.
—Vaya… Vaya… Que decepción, pero, en fin, Hanna Foster, sobrina de un adorable peluche cariñosito, ¿mañana dices que tu representante estará por aquí? —se interesó Jason.
—Exactamente, mañana estará puntual para todo lo burocrático, porque yo no sé realmente de esas cosas aburridas… Yo sólo me presento cuando se me requiere. ¿A qué hora tiene que estar?
—Como a eso de las 9 a.m ¿Está bien? —informó Jason.
—Por mí, genial, sólo dejen que se lo comunique—sintió su iPhone vibrar dentro de su chaqueta— Hey, es ella… ¿Podría contestar? —suplicó educadamente.
—Por supuesto, de hecho, no requerimos más de tu presencia y no te quitamos tu preciado tiempo. Ya mañana nos ponemos de acuerdo con los itinerarios—Jason le hizo un aspaviento despreocupado de manos.
—Muchas gracias, encantadores chicos… See you later babies—les lanzó un guiño y bajó de manera graciosa las escaleras. Dejándole tiempo suficiente a Rachel para que se escondiese en la oscuridad del pasillo— ¿Emily? Lo siento cariño, pero apenas estaba terminando con la audición—se encaminó hacia la salida mientras Rachel le seguía los talones pasando desapercibida— ¡Claro que lo conseguí! ¿Pues tú con quién crees que estás hablando? Sólo que estoy un poco preocupada, ¿Recuerdas a Rachel Berry? Sí, esa pequeña e intensa chica con nariz extravagante que protagonizó Funny girl—la morena estaba atenta a la conversación. No le había gustado para nada la referencia hacia su nariz— Pues será mi coprotagonista y parece ser que no le agrado del todo. Pero ya sabes que no puedo negarme a hacer esto o mi adorable abuela estará molestándome eternamente y es lo que menos quiero, así que trataré llevármela bien con Rachel… Y por lo de Harley, no te preocupes, sé perfectamente que es prioridad pedir una cita con ella, últimamente me he sentido muy bien y no sabemos hasta cuando siga así…
— ¿Seguir así? ¿Será eso de su problema personal? —susurró— ¿Será por eso por lo que pidió que asesinaran a su personaje? Tendrás que investigarla más Berry, quizás eso sea su punto débil.
— Oye amor, estoy a punto de llegar al estacionamiento y ya sabes que no puedo respirar tranquila porque traigo sobre mis faldas a los fans y fotógrafos, al rato seguimos hablando y te cuento lo demás… Adiós—se despidió para poder ponerse sus gafas negras.
Y así como le había explicado, los dos grupos de seguidores ya estaban esperándola en la salida pidiéndole lo prometido. Rachel se quedó sorprendida al ver las atenciones que tenían hacia la rubia, quien amablemente les sonreía, se dejaba fotografiar y les regalaba los ansiados autógrafos. Y verla así, llevándose la atención de todos y rezagándola a segundo término cuando hizo su espectacular salida, la fastidió aún más. Estaba acostumbrada a que las personas la admiraran, le pidieran autógrafos y le dieran obsequios cada vez que salía del teatro, y está vez fue diferente, era una transeúnte más. Todas las miradas estaban sobre Hanna Foster… Hanna Foster… Y no otra más que Hanna Foster. Quien se percató de su presencia y decidió hacer las paces con la pequeña, así no tenía razones suficientes para averiguar sobre su pasado.
Quitó amablemente a las personas del camino y emprendiendo una carrera al verla huir con zancadas grandes la banqueta.
—Hey abejita—gritó, y fue perfectamente escuchada por la morena, pero no quiso también ser ella quien le brindase un poco de su atención— Abejita—llegó hasta ella y le tomó delicadamente el hombro deteniéndola de golpe.
—No me digas así—refutó entre dientes soltándose violentamente— Es estúpido.
—Oye ¿Qué te sucede? —Cuestionó desorientada— ¿He hecho algo que te molestara? Desde la audición, estás comportándote como si me odiaras. Pensé que las cosas habían cambiado cuando te confesé lo de mi abuela. ¿O es que sabes algo que yo no sé? —lo dejó ir con toda la intención.
—Básicamente sí te odio, y el verte me hace querer vomitar… Y lo cierto es que no quiero hablar ahora mismo contigo y mucho menos darte explicaciones—reconoció con fastidio. Había llegado a tal nivel de furia que decía las palabras sin meditarlas con antelación.
—Wow… Oye, sí que te pasa algo… Si estás así de enojada por mis bromas, prometo que no las volveré a hacer… Yo sólo quiero que nos llevemos bien abejita.
— ¡Te dije que no me digas así! ¿Tan difícil es de entenderlo? ¿O es que eres idiota?
—De acuerdo, no te diré más abejita si es por eso que me estás tratando así—hizo aspavientos con sus manos— ¡Dios! No sé por qué hay tanta maldad en ese pequeño cuerpo… Sólo tranquilízate que todos nos están viendo… Estás armando un espectáculo de esto—Quinn tenía razón, las personas las veían con interés, porque básicamente, podrían ser una pareja que estaba discutiendo, o simplemente, porque las dos eran figuras públicas.
—Esto es tu culpa… Si sólo dejaras que me fuera, no tendría porqué hacer este "show"—apuntilló lo último— Anda, lárgate, déjame de incomodar versión de Marilyn Monroe 2.0. Aunque muy alejada de esa guapa diva.
— ¡Yo soy más sexy y ardiente que ella! —reclamó ofendida, y si no quería aumentar la atención, iba por un mal camino. Resopló y calmó sus nervios—Además yo no te estoy amagando con una pistola para que sigas aquí… Y la verdad es que ya me cansé de tu actitud de niña berrinchuda… Quien te ruegue a quien le importes—susurró por lo bajo. Ella era la que sí parecía importarle su reputación.
—Pues bien, me largo—se giró dramáticamente de puntitas para seguir su camino, pero algo no estaba saliendo como esperaba, Hanna era la que se iba sin rogarle más. La había dejado así, a la mitad de la calle. La había ignorado. Ocasionándole que la sangre corriera por sus venas y se sintiera el doble de frustrada—Maldita seas estúpida Hanna—le berreó, pero la rubia sólo le hizo señales con su mano de que no le importaba lo más mínimo sus palabras— Te odio maldita idiota… Estúpida… Acosadora… Embustera… Mentirosa—al verse ignorada, ahora fue ella quien le siguió los pasos continuando con sus palabras de odio— Creída… Egocéntrica… Alzada…
— ¿No que querías que te dejara en paz? ¿O seguirás recitando todos los adjetivos del Diccionario? Y si me los vas a declamar enteros, mínimo que uno sea lindo… Ya sabes, podrías soltar un hermosa… o un perfecta—mantenía oculta una sonrisa. Era tan cómico para ella la actitud de la morena, pero no se le daría la oportunidad de hacérselo saber— Porque sí me vas a seguir hasta donde vivo, tienes que tener un basto vocabulario.
—Estúpida—gruñó. A pesar de que al principio ella era la que la quería lejos, los papeles se habían invertido. Perfectamente ella podría pasar a ser la acosadora.
—Ese ya lo dijiste Berry… Se más ingeniosa—se detuvo en el semáforo del cruce del Times Square. Escuchando los mismos calificativos repetidos una y otra vez. Estúpida… Acosadora… Embustera… Mentirosa. Los transeúntes la veían como una verdadera loca, cosa que no le importó ni un poco porque insistía en lo mismo— Oye ¿Es que nunca te cansas de hablar? Ya me aburriste abejita—está vez lo dijo para molestarla.
—Sólo quiero que tengas muy en claro todo lo que eres.
—Tan sólo llevamos conociéndonos ¿cuánto? ¿Escasos 15 minutos y ya sabes cómo soy? —Siguió con su camino— ¿Siempre sueles prejuzgar a las personas?, Porque eres muy, pero muy intensa… Y por lo visto, no te callarás nunca… Ya… me… aburriste ¿Lo entiendes? Ya… me… a…b…u…r…r…i…s…t…e—deletreó.
—Tú fuiste quien me comenzaste a molestar. ¡Ahora te aguantas!
—Si el molestar es ser atenta y educada, pues estás mal de la cabeza… Yo sólo quería romper el hielo, pero tú eres una grinch—inició la búsqueda de su tarjeta que fungía como llave dentro de su chaqueta de cuero— Y la acosadora eres tú… Anda Berry, sólo di que querías saber dónde vivo—fue hasta entonces, que la morena observó su entorno, llevándose otra sorpresa. Su contrincante vivía en los mismos lujosos departamentos que ella. En los costosos departamentos de Manhattan, específicamente en Midtown West de la 42nd Street.
—No… No… ¡No! ¡No puedes vivir tú aquí!
— ¿De qué demonios estás hablando? —Abrió la puerta de la recepción— ¿Tienes zafado un tornillo?
— ¡Pues que yo vivo aquí!
— ¡No me jodas! Ya será suficiente con soportarte en el teatro como para hacerlo aquí también.
—Pues tampoco me cae mucha gracia el tener que ver tu horrible rostro todos los días—ambas subieron al elevador— Además, tenía entendido que el único libre era el Penhouse… A menos que tú… ¡No!
—Pues sí abejita, yo lo tengo rentado… Estoy jodidamente bañada en dólares—se adelantó— Y dudando que tú vivas conmigo o quieras tener un revolcón, es mejor que marques el número de tu piso—otra vez tenía razón, había olvidado por completo el apachurrar el botón, que no era otro más que el marcaba el del 5to piso. Lo apretó tantas veces que propició que el elevador se detuviese de golpe— Pero qué demonios te sucede. ¿Quieres matarnos? —se recargó en una de las paredes aprisionándose la cabeza. La fuerza le había provocado un pequeño mareo, y eso no fue lo peor, sino el sonoro ruido de la alarma que informaba el atasque.
—No… no… no… No puedo quedarme aquí con ella ni un sólo minuto… Vamos amigo, abre… abre—Rachel apretó con desesperación una y otra vez el botón, como si con eso fuese suficiente para que se abriesen mágicamente las puertas. Ya sabía que cuando el elevador se detenía, podía estar allí por lo menos 30 minutos hasta que los expertos solucionaran el problema. Quinn seguía en la misma posición, sin inmutarse un poco, sólo con una enorme sonrisa que se asomaba de su rostro— ¿De qué te ríes? ¿Te parece gracioso quedarnos atrapadas? Si nadie nos salva podremos morir por falta de oxígeno… Oh… mi… Dios… No… Aun soy muy joven para morir… Aun debo de ganar cinco Tony's más.
—Me parece gracioso lo intensa y dramática que eres, ahora todo tiene sentido para mí… El que seas la mejor actriz de Broadway… Eso sí es un espectáculo… Lástima enana, tendrás que soportarme por un buen rato—se sentó estilo indio en el suelo y comenzó a inspeccionar su celular.
— ¿Te vas a quedar allí sentada sin hacer nada? No te das cuenta lo difícil de la situación—la reprendió ansiosa. Odiaba el tener que quedarse encerrada. No sólo era odio, era la fobia a los lugares pequeños y encerrados.
—Pues no, y tú tampoco a menos que conozcas a supergirl para que rompa el techo y nos saque volando de aquí.
—Estúpida—siguió apretando una y otra vez el inocente botón— No tienes ni un poco de idea de lo terrible que me es estar encerrada en espacios como éste—se dejó resbalar por la puerta y se hizo ovillo soltando los primeros sollozos.
— ¿Rachel estás llorando? Dime por favor que no lo estás haciendo—se arrastró hasta la morena y les descubrió el rostro advirtiendo lo difícil de la situación y el estado de shock por el que estaba pasando— ¡Santa Ellie Goulding! Enserio estás llorando… Tranquilízate, no te sucederá nada… Lo único que debes de hacer es respirar una y otra vez—Rachel le puso atención pero no siguió con lo que le pedía la chica— Vamos abejita, inhala y exhala como yo—ejemplificó sin obtener alguna acción a cambio—Dije que lo hagas. Ahora Berry—le ordenó seriamente.
— ¡Bien!—siguió el mandato respirando una y otra vez logrando que su cuerpo dejara de temblar. Estaba funcionando la idea de Hanna, quien más relajada, resopló.
—Ahora dame tu celular.
— ¡Por… supuesto… que no… te lo… voy… a… dar!
—Sólo lo quiero para comunicarme con alguien que viva aquí… Vamos, dámelo, tú apenas puedes pronunciar las palabras.
—Está bien—sacó el celular de su bolso— Llama a Alex, ella sabrá que hacer.
—Bien—sin tomarse el atrevimiento de preguntarle quien era esa tal Alex. Sólo contaba con el dato de que era su mejor amiga o quizás algo más. Ya lo averiguaría después, averiguaría si le iban las chicas y así poder llevársela a la cama; era la mejor solución a sus diferencias y a su inminente tensión sexual. Entonces marcó el contacto que le sugirió, y no tuvo que esperar más que un par de tonos para que la aspirante a abogada contestara— No, no soy Rachel, pero tenemos un problema… No, no le pasó nada, sólo que estamos encerradas en el elevador y necesitamos de alguien para que agilice las cosas… Sí, el estúpido se atoró y ahora Rachel está sufriendo una crisis de angustia… No, ya tengo controlada la situación, pero necesito que te apures… De acuerdo, esperamos tu velocidad.
— ¿Y? —preguntó preocupada.
—Dice que llamará directamente a la estación de emergencia para que venga lo más rápido posible.
Se quedaron en silencio por algunos minutos que parecieron eternos para las dos. Aunque fue un respiro para ambas, para calmar la tensión que estaban sufriendo, y las constantes peleas. Esas que no tenían una razón lógica más que para Rachel y su amor por el reflector.
—Gracias—susurró.
— ¿Por qué? —la vio directamente a los ojos, aunque la morena no pudiera hacer lo mismo, por la intromisión de los lentes oscuros.
—Porque me he estado comportando como una estúpida, y aun así me estás ayudando. Deberías estar riéndote o burlándote de mí.
—Pues es una situación de emergencia, sólo por eso lo hago, no porque ya me agrades—desvió el rostro.
—De acuerdo—musitó. Resopló al ver el rostro tenso de la rubia. Por el tiempo que tuviesen que estar allí, quería que la convivencia fuera más amena, así que relajó su actitud.
—Lo cierto es que no entiendo el por qué te comportas así conmigo... No te he hecho algo para que me odies— se hincó rozando las piernas con las de Rachel— Me refiero, regularmente hago algo malo para que las personas terminen odiándome o les pase algo malo, pero contigo... Nada... Sólo consigo que quieras gritarme palabras llenas de repulsión. Sabes, no sé porqué contigo es diferente. Sólo quiero hacer las cosas bien Rach, pero no dejas de prejuzgarme una y otra vez… Tal vez si te dieses el tiempo para conocerme, te darías cuenta que no soy todos esos adjetivos con los que te dirigiste allí afuera—jugó con una imaginaria pelusa, que al parecer, Rachel tenía en su jeans. La morena se percató de tal hecho, pero dejó que siguiera con su cálida y adorable acción.
—Yo tampoco sé lo que me pasa... Bueno sí, pero es algo que no quiero revelarte. Es algo personal que no puedo evitar.
—Te prometo que lo descubriré y entonces terminarás adorándome y jamás querrás perderme—advirtió con seguridad. Tanta, que incluso Rachel se lo creyó. Esa desinhibida y extrovertida forma de ser de la chica le estaba causando verdadera curiosidad. Básicamente tenía un estilo de Noah pero versión mujer, una muy bonita y divertida chica.
— ¿No es un poco extraño que dentro de un elevador sigas usando eso? Tus ojos son bastante bonitos para tenerlos cubiertos, y estoy casi segura que con ellos, es que logras ese imán sobre las demás personas—desvió el tema señalando las gafas. Esas extrañas gafas que no se había quitado desde que habían salido del teatro. ¿Qué tenían de especial?
—Eso y otras cosas más—musitó con un tono seductor haciendo que Rachel pusiera los ojos en blanco—Bueno… Las tengo que usar… Aunque no es algo que tenga que contarte porque somos enemigas a muerte, y obtendrías un arma de doble filo que podrías usar en mi contra. Sólo te diré que es como la cabellera de Sansón, que si me las quitas, pierdo toda mi fuerza—Rachel soltó una carcajada por su ingeniosa comparación.
— ¿Aún somos enemigas? —intentó inútilmente quitarle las gafas. Quinn la detuvo a tiempo, era muy arriesgado el quitárselas y luego salir directamente a la emisión de luz solar. Conocía lo que venía después de ello, una jaqueca que seguramente le duraría varios días. Tenía que acostumbrarse a la gran cantidad de luces de New York, antes de arriesgarse a un hecho como ese.
—Algo así— ¿Dónde más había escuchado esa singular frase? Predictorio para que las puertas se abriesen y la enorme y brillante sonrisa de Alex, apoyada de unas muletas, les diera la bienvenida.
— ¿Están bien? Les juro que intenté que fuera lo más rápido posible, pero esto no es de mucha ayuda—juguetona, les enseñó los aparatos ortopédicos. Habían pasado 15 minutos y ninguna de las dos se había percatado de tal hecho.
—No te preocupes, de hecho juraría que eres Flash, por la velocidad en que te tardaste en sacarnos de está situación—Quinn se puso de pie ofreciéndole su mano a Rachel para ayudarla a levantarse, quién lo dudo por un momento. Ya no tenían porqué llevarse bien, todo tenía que volver a la normalidad— ¿No? De acuerdo… Ya puedes tú sola—ofendida, desvió la mano. ¿Es que acaso no podía ser esa chica comprensiva del elevador?
— ¿Y ella es? —Alex señaló a la rubia.
— Soy Hanna Foster—se adelantó con su presentación al darse cuenta que la morena estaba aun indispuesta para tomarse las cosas con calma, y alejar su estúpido enojo que había regresado en ella.
— ¡Wow! ¿La Hanna Foster nieta de Tippi Hedren? Cómo es que no me he dado cuenta antes—gritó emocionada.
—Exactamente… Ya ves abejita, parece que eres la única que no me conoce.
—Te dije que no me digas así—Rachel frunció sus labios y se cruzó de brazos.
— Y ahora somos vecinas, viviré en el Penhouse por si necesitas una taza de azúcar por la noche—se le insinuó divertida ignorando a la morena, lo cual de nuevo, a Rachel le molestó. Ahora su mejor amiga ponía toda su atención en Hanna y sonreía embobada.
—No puedo creer que tú también, Alex—susurró por lo bajo enojada.
— ¿Te sucede algo Rachel? —le preguntó confundida. La rubia parecía buena persona y Rachel con sus gestos le decía lo contrario. Llevaban siendo amigas tantos años para desconocer lo que le pasaba. Algo iba mal entre ambas chicas.
—Nada Alex, sólo estoy cansada—contestó con dejo de desagrado. Alex sabía que mentía pero era mejor no seguir cuestionándola o con quien lo pagaría sería con ella, y ese no era precisamente el día que quería arruinar, tenía que confesarle lo que llevaba ocultando algunos años— ¿Podemos irnos ya? —agregó desesperada.
—Claro—musitó aun desorientada viendo como la morena emprendía su huida sin siquiera tomarse la molestia de despedirse de su acompañante— Gracias Hanna por tu ayuda con esa testaruda. A veces suele ser así de intensa, y más si viene del trabajo.
—De nada, y no te preocupes, ya me iré acostumbrando al humor de tu chica… No sé cómo puedes soportarla… Además, para eso estamos las vecinas—le sonrió sin confesarle que ella era su nueva coprotagonista y era quien le hacia competencia mientras Alex se quedaba descolocada por la parte "Tu chica"— Y decía enserio eso de que cualquier cosa que necesites, no dudes en pedirlo aunque tu chica se ponga celosa—agregó amable y soltó el mismo adjetivo a sonrojando a la ojiazul. ¿Sería acaso que su rosto reflejaba las intenciones que tenía para esa noche que pretendía fuese especial para ambas? — Ya nos estaremos viendo en otra ocasión Alex. Hasta luego… Y cuidado con esa pierna—se despidió caminando hacia las escaleras, no cometería el mismo error de subir por ese cacharro.
— ¿Qué le pasará a Rachel? Hanna parece buena persona… Aunque ese tu chica, pfff, fue muy extraño… ¿Habré sido muy obvia? Bah, no seas tonta, por supuesto que no sabe nada… Es sólo tu imaginación—se reprendió a ella misma.
Ya tendría tiempo para interrogarla, pero por ahora, lo mejor era volver al apartamento y seguir con su aburrida rutina de sentarse en el sofá y leer su colección de libros antiguos, donde por supuesto incluía Los pájaros. También ya tendría tiempo para pedirle un autógrafo a Hanna y dejarle en claro que Rachel Berry no era su chica, bueno, no por ahora, pero esperaba que lo fuese esa noche.
