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Retorno
Cuatro meses atrás... 19 de mayo de 2022. Le Baron Pub Club, Broadway. New York. 01:23 a.m
— ¿No te he dicho lo increíblemente sexy que eres cuando te transformas en un león en plena casería? —Tenía a Quinn anclada entre sus brazos mientras le ponía más atención a su cuello— Mi mayor fantasía es que la jefa del departamento de Unidad de Victimas Especiales me lo haga delante de todos… Y sí es la más afamada y aclamada de todo Hollywood, mucho mejor—ambas chicas bailaban sensualmente al ritmo de Into you de Ariana Grande.
Mía Muller estaba aprovechando la oportunidad de llevarse un poco de su fama, esa que ambas compartían en la serie que protagonizaban, pero que Hanna—tampoco ella conocía su verdadero nombre— la terminaba siempre eclipsando. La conocía perfectamente y sabía que jamás se enamoraba, y sería una más en su vida, pero no le importó. No le importó que en cuanto la rubia saciara sus necesidades, la dejaría allí, a la mitad de la pista y después se iría por su siguiente conquista de la noche. Ella sólo buscaba que los paparazzis las fotografiasen juntas y así crear expectación de una falsa relación.
—Basta, ya te volviste fastidiosa—la soltó y frunció su ceño— ¿Tenías que hablar? Pues lo arruinaste. Te dije perfectamente que no dijeras nada. Pero no, tenías que parlotear. Tan sencillo era mantenerte callada—se acomodó la chaqueta y se alejó sin tomarse la molestia de despedirse.
— ¿Me vas a dejar así? ¿Nada más? ¡No soy otra más de tus putas, Foster!
— ¿Tú que crees?—respondió burlona.
— ¡Ven aquí Hanna! ¡Ahora mismo! ¡No puedes hacerme éste desplante!—exigió golpeando el piso con frustración.
— ¡Jo, no soy tu jodido perro Mía! Mira como me alejo de ti. Sólo elige a alguien más y sacia lo que yo inicié—se encogió de hombros hasta llegar a un lado de su representante.
—Te dije perfectamente que Mía sólo estaba utilizándote. Siempre lo hace. Es una oportunista, y mientras sigas su juego, no te dejará en paz.
—Lo sé—le hizo señales a la bartender.
— ¿Y no te preocupa? El que puedas enfurecerla y quiera vengarse por tus constantes desprecios.
— ¿Por qué tendría que preocuparme? No es un peligro real, además, las dos nos estábamos utilizando mutuamente, así que… Oye, ponme un Cosmopolitan—le pidió a la chica, quien sólo le regaló una sensual sonrisa.
Ya la conocía, a partir de que había conseguido su credencial que la acreditaba como ciudadana, y que cada vez que visitaba New York, acudía al mismo lugar y se bebía lo mismo. Quinn Fabray era muy predecible en todas las cosas que hacia. Era sencilla y simple, la complicación en ella no existía, o más bien como le gustaba llamarlo, le producía urticaria. No quería complicaciones en su vida.
—Ya fue suficiente—la reprendió, pero Quinn la ignoró en cuanto recibió la bebida y la llevó hasta sus labios.
—Deja de estar de fastidiosa como Mía… ¡Diviértete! ¡Elige a una chica guapa y llévatela a la cama! A ver si así dejas tu amargura y de estarme cuidando. Ya no soy una adolescente que pueda meterse cualquier cosa y necesité a su mamá. Ya soy mayor y esto lo verifica—le mostró su identificación.
—Quinn—susurró amenazante.
—Quinn nada… Mira, a ver, sé perfectamente que la extrañas, pero déjala ir… Ya, olvídala. No vale la pena que le sigas llorando. Esa estúpida está allí muy feliz con esa zorra. Disfruta de tu soltería como lo hago yo.
—No me toques las narices—advirtió.
— ¡Basta! Dime que no le has puesto el ojo a una chica, aquí hay muchas… Bendito aquel que inventó las faldas cortas—examinó de arriba abajo a una mesera que pasaba enfrente de ella— Perdón, me desvíe un poco, pero a lo que iba, sólo baila un poco—Emily, cansada, le entrecerró los ojos— Si quieres no te la tires, pero platica, tómate una Capirinha y relájate—la tomó por los hombros y se acercó a su rostro— Sólo porque eres mi mejor amiga, te puedo decir que eres una frígida aburrida. Así que ve hasta allí, exactamente donde está esa hermosura, porque créeme que no ha dejado de observarte en toda la noche, y hazme sentir orgullosa de ti por sacarle el teléfono.
—Quinn—advirtió entre dientes.
—Anda… Ve… Fushi… Conquístala—le dio un pequeño empujón por la espalda.
—Pero te quedarás sola—se giró.
— ¿Y? Yo estaré bien, no necesito que me cuides más, soy a penas legal y tengo un cosmo, así que dudo que me aburra. Además, esa rubia snob y hipster de allí, me está esperando desde hace dos horas—le guiñó un ojo.
— ¿Segura? —insistió.
—Y mucho—asintió con una sonrisa invitando a que se fuera a flirtear con esa chica guapa de la que hiciera referencia minutos antes.
Emily se alejó poco convencida e intranquila, volteando a verla cada cinco pasos que daba. Aun no confiaba del todo en esa rubia que siempre atraía cosas malas.
Si bien Quinn Fabray ya era mayor, aunque apenas contaba con 22 años de edad, no podía evitar verla como a su hermana. Eran amigas desde la infancia y conocía perfectamente a actriz. Conocía su característico humor y todas las cosas de las que podía ser capaz de hacer a consecuencia de un momento de locura. Por eso no quería dejarla sola, o mínimo, quería poder vigilarla a la distancia. Y esa noche había dejado atrás su obstinado escrutinio para dejarse llevar.
Error de su parte.
— ¿Así que tú eres la grandiosa Hanna Foster? Alguien me informó que estás en la búsqueda de un poco de diversión y yo soy el chico que te la trae hasta tus pies.
Un rubio se hizo el interesante, salido básicamente de la nada. Había esperado por tanto tiempo. No se acercó a ella hasta que no vio a su perro guardián alejarse. Sus organizados planes así lo requerían.
— ¿Y tú eres? —contestó impasible.
Estaba acostumbrada a los acosos por parte de chicos y de chicas. Pero ella era quien las elegía, y si no estabas dentro de su radar, simplemente te ignoraba y no era para nada educada, más bien, se proponía a ser la más engreída e irritante chica del lugar.
—Mi nombre es lo que menos importa… Yo sólo quiero que veas las estrellas.
—Si me conoces, sabes perfectamente que a mí no me van los chicos—se alejó de él recargándose en la isla de madera y se bebió su trago. Después de lo que sufrió por Puck, jamás se volvió a enredar con un chico. Estaba prohibido enamorarse y menos del sexo masculino.
—No trato de coquetear contigo… Sé que a ti te gusta más tener tu cabeza entre las piernas de las chicas, que tu boca en… bueno ya sabes dónde, no necesito ser tan específico.
— ¿Entonces? ¿Qué quieres de mí?—resopló con fastidio sin dirigirle la mirada, ya que la tenía puesta en Emily y su adorable vergüenza a la hora de filtear con alguien.
— ¿Te interesaría pasar unos minutos en el cielo?
— ¿Contigo? Ya te dije que no… Me das asco, pero si me traes a esa pequeña morena de allí, que lleva ignorándome más de dos horas, las cosas cambian.
—No es conmigo o con una de tus zorras… Tengo algo que te ayudará a relajarte y no exactamente con una ardiente sesión de sexo—Quinn se carcajeó. ¿Qué podía tener que le interesara además de un culo y un par de pechos? — Todos los actorcitos de Hollywood ya pasaron por esa maravillosa experiencia. Sólo es cosa a que tú también te decidas.
—Mira, sé por dónde vas, pero tampoco le hago a eso… No soy una maldita drogadicta como Ammy Winehouse, y mucho menos, quiero terminar a 10 metros bajo tierra. Aun me falta disfrutar de media población femenina, bueno, por lo menos de las más ardientes y bonitas—giró su rostro. El chico negaba divertido por sus ocurrencias y sin dudar de su capacidad de seducir a quien se propusiera. Había visto un sinfín de veces como se llevaba a las mejores chicas consigo con tan sólo guiñarles sensualmente alguno de sus impresionantes ojos avellana.
— ¿Así que la chica que se dice la más relajada y divertida de todo Hollywood le da miedo tomarse una de éstas? —le enseñó por lo bajo una pequeña bolsa que contenía pastillas blancas, específicamente, metanfetaminas. Putas y sucias metanfetaminas. Esas que ya le habían arruinado una vez su vida y la mantuvieron internada— ¿Me dirás que no eres lo suficientemente valiente para tomártelas? Mira Hanna, he visto a muchos de ustedes y créeme que varios han aceptado ésta pequeña locura… Pitt, Fox, Portman, Aniston, Bieber, Timberlake, Kutcher y podría seguir con muchos más, pero mi trabajo no es traicionarlos y desmascararlos—Quinn le sonrió a Emily para que supiera que no corría peligro mientras ella los analizaba con detenimiento— ¿Qué podría sucederte si sólo la tomas una vez? Si no te gusta, pues bien, la dejas y será como si nada hubiese sucedido, y se quedará como una mera y atractiva experiencia que podrás contarles a tus amigos, y hasta a tus chicas. Serás aun más interesante de lo que ya de por si eres—sabía cómo llegar a la actriz. Sabía sobre su peculiar personalidad, ese orgullo y ese querer vivir al límite. Ser el centro de atención de todos. Ser esa chica de la cual todas se arrastraban a sus pies por pasar una noche debajo de sus sábanas. — Te prometo que será divertido y te la pasarás bien. Te ayudará a relajarte del estrés de las extenuantes jornadas de grabación. Sólo busco eso para ti, te lo prometo—le dio un pequeño empujón por el hombro.
—Yo… No sé…— había logrado que dudara.
Quería saber que se sentía el experimentar con algo nuevo, antes lo había hecho sólo con drogas no tan peligrosas, y el avanzar el siguiente paso, fue su perdición. Su final equivocación, o quizás, el factor importante para descubrir lo que realmente le pasaba.
—Vamos Hanna, la primera es gratis—insistió azotándole descaradamente una en su mano.
—Está bien, pero hey, será la única vez… No habrá otra—advirtió seria señalándolo con el dedo— Ya decidiré yo si lo cuento a alguien más, así que no se ocurra contárselo a alguien.
—Si tú lo dices… Anda, es toda tuya—la invitó a que lo hiciera, y lo hizo. Sabía que se arrepentiría pero ¿Por qué no? Sólo sería una vez— No te asustes si te sientes con más energía, es normal, así es como esto funciona, luego vendrá la relajación—asintió. Y el proveedor había logrado su cometido.
Y como él ya le había explicado con anterioridad, comenzó a sentir los efectos inmediatos en su cuerpo. Emoción, euforia, excitación, las luces más brillantes y el sonido más ensordecedor. Regresándola a un pasado inmediato. Los sentidos del olfato y del tacto estaban más sofisticados. Su tensión arterial y su corazón al límite. Sus ganas de divertirse se vieron incrementadas en escasos segundos. La Quinn desinhibida del pasado apareció de nuevo a la mitad de la pista, bailando sola, sin preocupaciones, brincando al ritmo de la música. Sin nada que la molestara, no hasta que Emily se acercó preocupada abandonando a su conquista. Su hermana era mucho más importante que ella, además, estaba actuando diferente y extraña después de estar acompañada de ese chico que no le gustó para nada desde que lo vio llegar.
— ¿Quinn? ¿Te pasa algo? —la detuvo del hombro.
— ¿Tendría que pasarme algo?
—Mírame—le ordenó reteniéndola por las mejillas. Sabía que había algo mal en ella— ¡No! Dime por favor que no lo hiciste de nuevo ¡Sabía que no podía dejarte sola!
—Basta Emily, estoy bien—se soltó de golpe.
Emily se había percatado de lo que realmente estaba pasando. Era tan fácil el ver sus pupilas dilatadas y la falta de olor a alcohol en su aliento, el suficiente para que actuara así. No podía ser otra cosa que lo que ya intuía. Algo que llevaba alejando tanto tiempo de la rubia. Conocía los movimientos de Hollywood y como se las gastaban los distribuidores. Ambas habían sido ingenuas y tontas en Londres, y por eso era que no quería que Quinn recayera en lo mismo y así terminara su prometedora carrera. Como le había pasado a ella misma tiempo atrás.
— ¿Fue ese idiota verdad? —gritó enfurecida.
—Hey, fui yo. Yo tomé la decisión. Además, no volverá a suceder, te lo prometo. Sólo quería relajarme un rato y quitarme el estúpido dolor de cabeza. Sabes perfectamente que llevo días con él.
—Por supuesto que no volverá a suceder ¿Es que tú no piensas? ¿O recuerdas cómo te fue? ¿O cómo le fue a Puck? ¡Por eso escapamos de Londres!—se masajeó la frente— Si aquí hay uno… escucha, un maldito paparazzi y se dio cuenta de cómo te encuentras, estás perdida, así haya sido sólo ésta vez. Este error puede costarte caro. Por eso sabía que no podía dejarte sola. ¿De qué ha servido tanto esfuerzo? ¡De nada! ¡Si te dejas convencer a la primera oportunidad!
—No seas exagerada ¡No es mi puta culpa que tú seas una amargada porque tu novia te engañó cuando estaban a punto de casarse!—la ofendió. Soltó las palabras sin pensar, lastimando a su mejor amiga. Se arrepintió de haber dicho lo que dijo inmediatamente después de ver su semblante de decepción y tristeza.
—Ojalá jamás pases por lo mismo que yo, Quinn. O sabrás que me lastimaste.
— Yo Emily… No quise decir eso… Perdóname…
—Nos vamos—la aprisionó de la mano dándole la espalda.
—Pero Emily… No me siento bien... Todo da vueltas—susurró recargándose en su espalda.
— ¡Cállate de una jodida vez! ¡Me tienes cansada Quinn! ¡Cansada! —se giró para encararla pero nunca se imaginó lo que vio. O mejor dicho lo que sucedió después. Quinn cayendo desplomada al suelo. Inconsciente, y necesitando de primeros auxilios. Los mismos primeros auxilios de los que recurriría a lo largo de su vida.
18 de Septiembre 2022. Departamento Berry. Midtown West, New York.
Puso su pie derecho adentro del departamento, y lo primero que escuchó, fueron los imperceptibles berridos por parte de Rachel. Quien golpeaba una y otra vez la almohada que se encontró en el sillón. Estaba enloquecida desde la aparición de esa misteriosa chica rubia de ojos avellanas. Pero aún desconocía el porqué. El porqué de su furia.
—Es una estúpida, idiota, creída, egocéntrica, mentirosa—por cada descalificativo que soltaba, la golpeaba con más fuerza— Pero ya verás, haré que jamás quieras haberme conocido… Sabrás de lo que soy capaz Leoncito.
— ¿Rachel? —Preguntó preocupada— ¿Qué te esta pasando? No entiendo por qué estás así.
—Déjalo Alex. Si quieres tú también vete a coquetear con ella… Ya sabes, es tu ídolo... Deberías unirte a su club de fans—contestó enojada siguiendo con su objetivo.
—No es mi ídolo, su abuela quizás, pero no Hanna, y si quisiera coquetear con alguien, sería con nuestro vecino de enfrente y no con ella, precisamente—refutó evitando soltar una carcajada por la curiosa situación mientras Rachel continuaba más obstinada que antes— Si sigues así, me quedaré sin la recargadera de mi pie. Es inocente y no tiene la culpa que quieras dejarla como la pared—se rió divertida.
Tenía tanto tiempo en que no veía a la Rachel caprichosa e infantil del instituto que le pareció realmente adorable. Rachel había dejado en claro en muchas ocasiones que ya había madurado y comenzaba a convertirse en una mujer responsable y seria, pero ahora, era todo menos eso, a pesar de que ya cargaba 25 años sobre sus hombros.
— ¿Te estás burlando de mí? —giró su rostro y sus ojos chocolates detonaban fuegos pirotécnicos listos para ser lanzados a los inocentes.
— ¡Oh vaya! Esa chica sí que tiene que tener cuidado de una asesina de suaves almohadones. Es mejor que se meta a clases de kick boxing si no quiere morir en manos del Torbellino Berry—se burló.
—Sólo porque estás en muletas, no te golpeo Stone—se detuvo y se sentó cruzando los brazos sobre su pecho— Claro, la tratas así porque aún no sabes que ella es tu sustituta, y por ende, contrincante. Te presento a la que te robó tu trabajo. Hanna "egocéntrica" Foster. No sabes cómo la detesto, como detesto a esa horripilante chica. Con esos hermosos e increíbles ojos verdes y caminando como si la tierra no la mereciera... Mejor dicho, como si fuese una diosa del olimpo y Zeus le permitiese pasearse unos días con nosotros. ¡Agh! ¡Estúpida! ¡Mil veces estúpida!
—Pues no es para nada... fea. A lo mejor por la noche le doy una visita para que me regale esa taza de azúcar—continuó haciéndola enojar sólo por mero gusto.
—Lárgate de mi vista Alex—refunfuñó indignada y le lanzó la almohada a la cara.
—No entiendo nada Rach. Necesito que me expliques el porqué odias a esa chica que parece ser muy amable y atenta.
—Pues, ella... ella...—balbuceó, ni ella misma sabía qué contestar. No quería confesar su miedo. El miedo por el talento de su nueva compañera de reparto.
—¿O es que intentó propasarse contigo? Porque no sé si lo sabes, pero Hanna Foster es gay—se mantuvo recargarda en la puerta cerrada. Expectante de su respuesta que llegó varios minutos después.
— ¿Qué? — balbuceó sorprendida. No lo veía venir, el que a Hanna le fueran las chicas y ella estuviera comportándose como una acosadora. La rubia fácilmente podría interpretar sus acciones de otra manera y no cómo realmente debería. Por ende, ella se sintió la estúpida— ¿Qué tiene que ver que sea gay? Sabes perfectamente que no tengo problemas con ello, y menos, porque soy hija de dos hombres. Además, ¿Tú cómo sabes que bueno... Ya sabes... que le atraen... las... chicas?—susurró tímidamente.
Lo cierto era que para la morena era normal el ver a dos chicos o a dos chicas besándose gracias a sus amigos, pero era muy diferente tratar diariamente con alguien que a penas y conocía. Una razón más para tenerla alejada. A ella no le atraían las chicas ¿No es verdad?
—Porque Santana no se cansa de hablar todo el tiempo de ella... Repitiendo una y otra vez que es gay, y si tuviera la oportunidad, le pediría hacer un trío—incómoda, esquivó la mirada de Rachel. Le costaba un mundo hablar o hacer referencia sobre ese tema—Y lo segundo, podría ser esa una razón, o porque simplemente no es tan amable y es una magnífica actriz. Sólo tú puedes decirlo—encogió de hombros sin darle importancia.
—Pues no es tan amable como aparenta ser —cambió de tema al ver que Alex también había evitado la conversación— Es una engreída y molesta bromista, pero eso no es lo peor, lo peor es que es una mentirosa, y supongo, está planeado algo para boicotearnos—aparentó verse realmente preocupada— Además, en todo momento, velé por tus intereses, pero Jason y Daniel no quisieron escucharme.
—Vamos Rach, ella no me robó nada. Yo sola perdí la oportunidad cuando esa estúpida banana se cruzó en mi camino—se sentó a su lado y la atrajo hasta sus brazos.
—Alex, no sólo es eso... Es que yo... Mira, pienso en ti y en tus escasas oportunidades de conseguir otro trabajo como éste, y no es que menosprecie tu esfuerzo por querer ser una inteligente abogada... Te juro que no sólo lo hago por mí... Sino por mi mejor amiga—la vio directamente a los ojos.
—Rachel, no mientas. Te conozco demasiado bien para saber que no lo haces por eso. Esa chica representa algo más para ti y no quieres aceptarlo. Por ahora no sé que es, pero lo descubriré—repuso con ternura.
—No me gusta, si es lo que estás pensando—respondió rápidamente y se soltó del abrazo.
— ¿Y quién dijo eso? Fuiste tú quién lo propuso, no yo—sonrió traviesa y se puso de pie con la dificultad que poseía el tener el pie enyesado— Me voy a bañar ¿Calientas la comida, o seguirás pensando en esa creída rubia sexy?—no le dio tiempo a responder, y se encaminó a su habitación. Lo hizo como mera broma aunque no le gustara del todo. Por lo mientras era mejor el verlo como eso, una broma y no más. Es nuestra noche… Es nuestra noche… Se repitió a sí misma una y otra vez para darse el suficiente valor.
Penhouse Fabray. Planta alta, a dos pisos de distancia.
—Emily, no, ya te dije que no pienso volver a casa de mi tía. Ella es mucho más intensa que tú. Además, odio tener que darle explicaciones del porqué dejé Hollywood. No se las puedo dar hasta que no conozca los resultados de los estudios que traigo de esa clínica en San Diego.
Quinn mantenía una conversación con tintes de frustración con su mejor amiga, quien se había tenido que quedar en Los Ángeles por culpa de una de sus otras representadas. Específicamente, Selena Gómez.
La actriz no estaba dispuesta a regresar a la gran mansión familiar que estaba situada a las afueras de New York, en Southhampton para ser exactos. Llevaba ya 3 años lejos de ella. Disfrutando de su feliz y libre vida lejos de Melanie y sus constantes desprecios. Por eso es que había preferido rentar el costoso Loft donde ahora estaba instalada. Un penthouse con todas las comodidades y lujos que alguien podría desear, además, de lo primordial que era el estar cercana a Broadway. Donde se había puesto la bara muy alta. Ahora quería triunfar allí como lo había hecho en Hollywood.
—Los productores quieren que mañana mismo te presentes para detallar todo lo relacionado con el contrato... Sabes perfectamente que yo odio todo los trámites y confío plenamente en ti para que saques lo más beneficioso para mí—abrió el refrigerador y comenzó con la búsqueda de una botella de agua— Y no me estoy refiriendo a sacar más de lo debido. Ya tengo suficiente dinero para sobrevivir toda mi vida. Hablo respecto a las posibilidades de ausentarme cuando sea requerido y a mantener mi vida en privado... Lo demás es lo que menos me importa—sacó los ingredientes para preparar un sandwich y los llevó a la isla que separaba la cocina de la estancia— ¿Ya te comunicaste con esa profesora de canto? La necesito más que nunca para sorprender a Rachel y deje su estúpida repulsión hacia mí, y su obsesión de buscar información que me incrimine de cosas que no son —escuchó el timbre de la puerta mientras Emily se reía— ¡¿Qué?! Que ya la envíaste y es la que está detrás de esa puerta ¡No me jodas!—caminó hasta la entrada y la abrió lentamente encontrándose directamente con una mujer rubia que pasaba apenas los 40 años. A pesar de su edad, poseía el cuerpo que cualquier chica más joven desearía, y que seguramente, envidiaban cuando la veían entrar al lugar que se presentaba.
—Eres mucho más sexy en persona que en televisión, Leoncito— insinuante, la analizó de pies a cabeza y le dejó un ardiente beso en la mejilla, el cual duró más tiempo de lo que debería.
Si no hubiese sido ya suficiente, de manera coqueta acarició su mejilla y se adentró con seguridad moviendo sensualmente sus caderas. Inevitable para Quinn no deleitarse de lo que sus ojos estaban admirando. Su fuerza de voluntad se estaba quebrantando.
— ¿Tú eres?—se mordió el labio interesada en conocer el nombre de la nueva conquista que metería a su cama.
—Cassandra July. La profesora más talentosa de todo NYADA.
