Luan besó el dorso de su mano con fuerza. Sus labios suaves chocaron contra su piel blanca, manteniéndose unos segundos largos, y él, turbado y callado, le miró con suma atención en lo que el corazón empezaba a acelerarse.

Ella se alejó sonrojada, le miró bajando levemente la cabeza, tal vez apenada, pero no lo suficiente para parar, sacándolo de sí a su medida, al tomarlo de los hombros, y besarle la frente delicadamente, para pasar a sus cejas, a la nariz, los párpados, sus cabellos níveos, y los labios al final, separándose ansiosa y conturbada, con la respiración echa un desastre, y temblándole la mirada cristalina.

—Luan...

Ella le sonrió.

—Te amo Lincoln —le susurró pegando su cabeza a su cuerpo.

Lincoln ruborizado, le veía tímido, sin saber o entender cómo responder adecuadamente, muy conflictivo en su mente.

—¿T-Te gusta, Lincoln... ?

Lincoln se quedó unos segundos en silencio viéndola. ¿Qué debía de decir? ¿Qué era lo correcto ha decir? ¿Qué le gusta que le besara ella, su propia hermana?

¿No era extraño? Son hermanos.

¿Cómo podría hacerlo? Y la del cabello avellanado, ¿sabe de las cuestiones?, misma que le confesó su amor, que le abraza ahora con fuerza sin esperar respuestas, sacando unas gotas de lágrimas de sus ojos.

—A mi me gusta... —le confiesa, alzando la vista y viéndole a la cara —. Me gusta mucho...

—Luan... —murmura con melancolía —. Estas llorando...

—¿Lo estoy... ? —preguntó confundida, tocando sus mejillas levemente húmedas —Oh... Lo estoy... —sonrió mostrando sus frenillos, tallándose los ojos —. No es nada... Es que estoy feliz de que estés conmigo, que decidieras acompañarme de nuevo...

—¿De verdad... ? Sabes que no me gusta verte triste.

—No lo estoy... —dijo y tomando las manos de él, volvió a besarlas —. Te lo prometo que no lo estoy. Estoy feliz. Feliz de que te hayas quedado conmigo...

—Tal vez puede que sea "eso", ¿no crees? Lo que tomaste, me refiero. Esa bebida que te hiciste con las botellas que le regalaron a papá.

—No —y sonrió —, o puede ser... ¿Pero que importa? Estoy bien...

—¿Lo dices enserio?

—Sí, Linky. Lo digo ¡en-se-rio... ! Aunque... Sé que un abrazo no me sentaría mal, a decir verdad. ¿Qué dices, me abrazarías... ?

Lincoln se puso ligeramente nervioso y rojo.

—¿Un abrazo... ?

—Sí, un abrazo, mira... —dijo y separándose de él, se echó en la cama, con el cabello ligeramente desarreglado y la falda y la ropa dada a esparcirse, levantó los dos brazos hacia su dirección, y ruborizada y sonriéndole le susurró: —Ven... Acuéstate conmigo... abrázame...

Lincoln se quedó viéndola, más que nada, y sin apariencia de poder evitarlo, a su cuerpo, a sus pecho, a la cintura y caderas; las piernas y los muslos que se descubrían más por la falda algo levantada. Que ella dándose cuenta de eso, Lincoln desviaba la vista a una esquina de la habitación.

Luan en constancia de ello, le preguntaba que qué pasaba, haciendo que le mirara, doblando un poco la rodilla, haciendo que sus muslos salieran más al descubierto, junto al contorno de los glúteos y parte de sus panties.

—No es nada... —dijo Lincoln muy sonrojado, desviando de nuevo la mirada.

—Entonces ven —le pidió en tono de súplica, halándole de la camiseta, y aquel, tragando saliva, nervioso y silente, se echaría a su lado, abrazándola, en lo que se acomodaban recto por el lecho.

Luego aquella, le abrazaría profundamente, oprimiendo su cuerpo con el suyo, sintiendo los olores, las hormonas, la testosterona, que provocarían reacciones en su cuerpo e inferiores, indomables y productos de su exaltación y vergüenza en su psique, no abandonándose, a prestarse más contra sí, y aspirando con cierto gusto la esencia.

—Me gusta... ¿A ti te gusta? —le susurro, mirando la oscuridad sobre su hombro.

—Me gusta también, supongo...

—Hay que taparnos. ¿No tienes frío? —Lincoln asintió.

Se separaron, y el chico habría de pararse a su ritmo, a desdoblar su cobija del mueble en donde estaba, en lo que Luan pega la mejilla a la almohada, muy con los colores a tope, viéndolo a él y a sus acciones para su gusto, extender la manta sobre ella, sin dejar de verle, su delgado cuerpo en la penumbra, de forma puramente admiradora y carnal, y en su mente, hasta romántica y justificada.

—Tienes un buen trasero —comentó enrojecida viéndole la parte trasera de sus jeans, pasando a su rostro —. ¿Sabía eso?

Lincoln se avergonzó y no respondió, hasta que volvió a la cama según la petición de Luan, metiéndose entre el cobertor y sus brazos de nuevo.

Ambos acostados y tapados en la cama, se entrelazaban con ánimo y timidez, empezando a mirarse, uno dudoso, otra emocionada, contenta y prendada, a desinhibirse lo que relatan sus mentes y emociones. Luan dándole otro beso en los labios al cabo de lapsos, interrumpiendo la pregunta

del albino, que sí acaso estaba bien eso que estaban haciendo, alargando el beso tras separarse y volverle a besar a sabiendas de los conflictos, ignorando e imponiendo su sentir, a veces encontrando a Lincoln, que que ido y confundido, le repetía: "si esto estaba bien", volviendo a qué Luan le confesara que le amaba con toda su alma, que su corazón le decía que para ella estaba bien, que era lo que sentía, a paso a beso, encontrando la confabulación requerida y preocupante, de la aceptación de sus labios, de los besos en el rostro, mientras vuelve confesarse que le ama, que le gusta muchísimo, que le diera "esto", que no quiere nunca separarse o alejarse de sus brazos y su cercanía, que quiere estar con él toda una vida, manifestando todo lo que pensaba y sentía en cuanto podía y le permitía esas soledades como esas, en las que solo ellos se encontraban en la casa.

Aprovechando que su familia había ido al cine, Luan no desvela más que demostrar su tórrido amor, su precocidad desatada, de la que muy a lo alarmante, aún puede darle besos con la seguridad de que nadie mire, que Lincoln solo curioso, ve la apetencia de su hermana en un estado permisivo que aceptando beso a beso, en apariencia inocente, se sorprende al sentir que la comediante hace lo suyo al ingresar su lengua a su cavidad bucal, en lamer sus encías, en explorar la suavidad resbalosa, tratando de meterle la lengua hasta la garganta, tocando su espalda, metiendo sus manos por debajo de su camisa, sacándosela y calentándolo en seguida, y tocando su cuerpo, pasando sus besos a su pecho, pasando su lengua por el cuello y la oreja, extasiada y mojada como nunca, poniéndose en lo alto de él, mientras se desabrocha los botones de la camisa, mostrando su sujetador deportivo, en lo que ella siente por sus piernas y por su culo, la erección de Lincoln abultándose en su pantalones.