Disclaimer: los personajes no son míos, la historia sí.

—¿Qué voy a regalarle a Hans?—, pregunta Elsa mientras mira los cuchillos y espadas de fino metal casi plateados, sin saber cuál sería la mejor para él.

Anna señala la espada con cornamentas de oro y de lado izquierdo.

—Yo no, en realidad no quiero conseguirle un arma. Tiene muchas de esas.—, dijo ella sintiéndose bruscamente frustrada por tener otro callejón sin salida.

Su indecisión proviene de querer que su primera Navidad junto a el pelirrojo sea perfecta.

—Entonces, ¿Por qué estamos aquí?—, Anna pregunta, poniendo sus manos en su cadera, con interrogantes en su encantador semblante.

—Es un hombre al que le gusta la acción. Pensé que querría otra.—, ante lo dicho, Elsa se pasa una mano por su cabello y le envía una sonrisa nerviosa al comerciante que la mira como si hubiera perdido la maldita cabeza.

Quizás lo ha hecho.

Ella nunca ha estado en una relación en la que el hombre la respete y ¡Maldita sea!, esta será su primera Navidad lejos de sus labores como reina. ¿Por qué no puede ser perfecto? ¿Y por qué siempre vuelve a las andanzas conflictivas? ¿Qué más hay para mirar?

Anna entonces agarra a Elsa del brazo y la saca de la armería, la mujer más dulce se tambalea hacia atrás para mantener los pies debajo de ella.

—Eres una idiota. Los hombres no solo quieren armas. También quieren sexo. Si Hans es un hombre típico, querrá sexo.—, dice.

—¿Sexo como regalo?—, firme en lo dicho Anna, Elsa pregunta y le quita el brazo a Anna, la cual sonríe como una niña traviesa.

—Vamos, Elsa. ¿Me estás diciendo que aún no has tenido sexo?—, ante la incómoda pregunta, la blonda se ríe, echando su cabeza hacia atrás.

La hermosa chica de cabello rubio plateado, una noruega sumamente atractiva mira hacia la calle, la risa de Anna atrae sus ojos. Su rostro se calienta y espera que no puedan escuchar su conversación.

—No veo cómo eso debe ser asunto tuyo.—, dice en voz baja, presenciando la ira burbujeante en su pequeño estómago. Anna, muchas veces, ha hecho de ciertos aspectos de la vida de Elsa su negocio como si compartieran un terreno común con la lucha por el mismo hombre.

Elsa no sabe nada sobre como Hans tomo la virginidad de Anna, pero al menos en este punto, es como un peso de su propio pecho.

—Vaya, hombre.—, dice Anna, levantando las manos.

—Guarda esas garras. Solo sugerí que le consiguieras sexo porque él no lo esperará. Y menos de ti.—, al escucharla a la pelirroja, Elsa no puede evitar estar callada, mirando fijamente a la chica pelirroja y tratando de averiguar si lo que está diciendo es verdad o no.

¿Sexo? Nunca se le había ocurrió usarlo como regalo. No es que no hayan tenido sexo, sino que es difícil hacerlo con un hombre tan varonil y apuesto como lo es Hans. Ella aún recuerda cuando habían comenzado y se habían detenido tantas veces, y si su relación llego a algo sustancial.

Si las amigas de ambas la detienen. ¿Tienen sentido esas cosas?

En eso se sienta en los escalones de la armería, recordando una conversación que escuchó entre Hans y Eugene.

¿Ya te la follaste?—, en ese entonces Eugene había preguntado.

Recordó el momento en que Hans había tosido en un sentido de desfazarse y sentirse diferente, —¿Disculpa?—, fue lo que llegó a preguntar Hans.

Eugene negando la pregunta con su cabeza, le contesta, —Me escuchaste. ¿Te has dejando seducir? Vamos… Métete entre esas piernas largas y bien formadas. Su zona coincide con el color de su cabello.—.

Negando la alegoría de Eugene, Hans niega con una sonrisa algo disconforme y asqueado, —Sal de aquí.—, gruñó y se limitó a expresar Hans, ante eso le agrega, —Vete antes de que te corte la cabeza…—.

Esos apabullantes recuerdos la hacen sacudir su cabeza.

Elsa con unas náuseas de que varias mujeres le hayan advertido, recuerda el consejo de Tiana, —Si no mantienes a tu hombre sexualmente estimulado y lo terminas encontrando en la casa de putas. Quiere decir que no lo amas y por lo tanto, lo que quieres es que venga con enfermedades que al cabo de un tiempo lo terminen matando, ¿Quieres que vuelva a casa con enfermedades?—.

Vuelve a agitar su cabeza y le dice a Anna, —Muy bien, Anna. Digamos que seguiré tu loca idea.—, al escuchar a su sería y tímida hermana, la mencionada sonríe con orgullo; ensanchando su boca lo más posible y evidente, —Oh Elsa, tengo la mejor idea.—.

Sin esperar a que ella arregle sus pensamientos, Anna la tomo de la mano a la blonda y la llevo por la calle principal del reino hasta una sastrería.

Dentro del lugar, la boca del sastre se apretó en una delgada línea cuando Elsa entro por la puerta, —Anna, no quiero…—, viendo la evidente negación, Anna no hace caso y se digna a mover su mano libre hacia su cadera, mirándola fijamente con sus ojos y retándola.

—¿En qué puedo ayudarla, princesa?—, pregunta el sastre, este le sonríe aunque se tensa y no llega a mirarla a sus ojos.

Sin amagos ni esperanzas de esperar, le ordena, Anna, —Un corsé para mi gran hermana, la reina.—, dice la pelirroja, empujando a la joven blonda hacia adelante.

—¿Un corsé, Anni? ¿Es realmente…?—, la hermosa blonda, se conmociona, no puede evitar pensar como se verá; en eso dice con pena, —Es mi regalo de Navidad para ti. Vamos Elsa, dijiste que estarías de acuerdo con esto. ¿Vas a dar marcha atrás?—, con esa pregunta, Anna cambia su semblante a uno serio y se cruza de brazos mientras sus enormes e inmaculados ojos observan el rostro de Elsa.

Durante esas milésimas de segundos, aparece el sastre sin decirle nada a la reina, pero ella puede sentir la tensión que hay en el lugar.

Él sastre luego de traer varios corsé, comienza a medirla; lo hace mientras tiene cuidado de no tocar la piel de la joven.

Termina rápidamente, eligiendo un corsé verde bosque que no solo presiona los redondos pechos de la chica, sino que hace que su piel brille más como una porcelana que se acaba de lavar, al verse muy linda y hermosa, exclama, —Me veo como un árbol.—, comienza a fruncir el ceño en el espejo, una vez que se mira.

—Un árbol sexy. Maldita sea, Elsa. Si Eugene o Alistair te vieran te follarían si pena ni gloria.—, dice Anna, silbando con un tono bajo.

Ya con el corsé puesto, el sastre la mira, obviamente queriendo que salgan de su tienda más temprano que tarde.

El aire se vuelve más incómodo a medida que se quedan pegadas allí para asegurarse de que el corsé le quede bien.

En la misma sastrería, no se le da hincapié a su propia belleza y el sastre junta el desbordante corsé con una falda, la cual le regala del mismo tono verde bosque y además le adjunta un chal blanco transparente para que se lo ponga alrededor de los hombros, viéndose como dijo Anna: Sexy.

Antes de salir de la sastrería, la princesa lo paga todo, guiñándole un ojo al sastre, —Aprecio su negocio, señor…—, dice en voz muy baja, dándole una rápida sonrisa.

—Sólo salgan.—, les dice lo suficientemente bajo el sastre como para que Elsa y Anna apenas lo capten, pero la joven blonda sale por la puerta, sin siquiera causar ningún problema con nadie, aunque su piel parece que si la mete en problemas.

—Vamos, Elsa.—, dice Anna saliendo del lugar, y agarrándola de la mano con tanta fuerza que las ventanas por afuera de la sastrería traquetean.

—¿Es necesario esto?—, cuestiona la hermosa blonda, al ser observada como espectáculo de circo, —No deberías tener que ser mirada así.—, dice Anna al percatarse y posteriormente detenerse, mirando a la reina.

Mientras caminan, Anna le informa, —Vamos a conseguirte una buena habitación. Necesitamos asegurarnos de que todo esté perfecto.—.

El andar por las calles pobladas de Arendelle, las convierten en un espectáculo a la vista de los hombres nobles como ellas.

Ambas mujeres caminando por la calle principal son un deleite, pero mantienen la envestidura de la nobleza.

Con sus pasos refinados se puede ver que una de las chicas va vestida como una puta común, o más bien en opinión de Elsa, y la otra con ropa digna de una princesa loca.

Algunos cuchicheos llegan a sus oídos como ofertas de precio. En eso la mano de Anna nunca se aleja ni deja el hombro de Elsa, mientras caminan, Anna deja entre ver y saca una espada de una funda que trae, demostrando que nadie se mete con su hermana, aunque está sea la reina mientras tratan de decidirse por un hotel.

El reino de Elsa tiene muchos hoteles para elegir y la misma odia admitir lo emocionada que está por que caiga la tentadora noche.

Tener finalmente un momento para ellos mismos sin la interrupción de nadie que lo necesite en medio de la noche, le daba un poco de escalofríos y la dejaba con disgusto de anticipación.

¿Cómo lo iba a traer aquí sin que nada se viera sospechoso, siendo que parecía írsele de las manos y mortificándose más allá de ellas?.

Estando en el hotel, le dan una habitación de buen tamaño, una cama lo suficientemente grande para albergar al menos a tres personas, un espejo a la izquierda y un gran armario de roble, sonriéndose ella misma y sintiéndose tranquila, suspiro.

—Está bien, espera aquí. Iré a buscarlo.—, Le informa en ese instante Anna mientras ella salía de la habitación.

—¿Cómo lo vas a traer aquí?—, le pregunta Elsa a Anna, quién se detiene y la mira, mordiéndose el labio.

—No lo sé. ¿Tienes alguna idea además de decirle que le compré una puta para Navidad?—, habiendo escuchado esa palabrita indigna de Anna, Elsa frunce el ceño, —Estoy bromeando, tontita. Nunca lo haría. Pensaré en algo.—, una vez que termina, sale Anna de la habitación en busca de Hans.

Elsa se encuentra mirando por la ventana, muy aburrida, habían pasado cerca de varias horas y no había nada ahí afuera.

Buscando y mirando como las personas de Arendelle se movían por ahí afuera, de un lado a otro, se encuentra desanimada; la posición cerca de la ventana le da la impresión de una buena parte de la calle.

Muy agotada por esperar, alisa la falda que tiene puesta, respira con brevedad para evitar desmayarse. Cómo las mujeres usan el corsé todos los días está más allá de querer usarlo.

Casi durmiéndose, despierta enteramente ataviada cuando el sonido de unas botas apresuradas subiendo las escaleras la alertan sobre la puerta y se gira, arrugando las manos en la falda y siendo el momento justo para ver a Hans pasar.

—Gatita...—, dijo el pelirrojo.

Su frase se acorta cuando la nota, con la boca abierta como un pez, por la belleza que mantiene con ese corsé.

—¿Anni me dijo qué…?—, presa de su propia pena, la blonda pregunta en voz baja, no del todo lista para comenzar con lo que la llevara al éxtasis. Sintiéndose tonta, se da cuenta de que ella misma debió haber ido por él y decirle que necesitaba.

Hans cruza la habitación, la toma en sus brazos y la besa profundamente, mientras sus manos se entrelazan en su espeso cabello rubio.

—Nada.—, murmura contra sus labios. Sus manos pequeñas saltan sobre la chaqueta de noble, encontrando los duros y marcados músculos del pecho masculino y la simple camisa abotonada que lleva.

Ella manteniéndose fiel y firme hace un trabajo rápido con sus dedos, mientras los arrastra por el vello del pecho de su sensual hombre. Él gime, alejándose de ella, —Joder, Elsa.—.

Un escalofrío la recorre cuando él susurra su nombre y mira su cuerpo.

Se siente bien y reconfortante saber que ella le está acariciando el bulto de sus pantalones.

En eso, Hans gruñe y la acerca con más tentación a él, —Quiero esto fuera de ti.—, toma la ropa de ella y la acaricia con simples roces, mientras nuevamente se la va acercando para de nuevo besarla en sus labios, arrastrando el fuego de su boca por el cuello de la hermosa joven.

Sus dedos masculinos hacen un trabajo rápido de la delgada cinta que cruza a lo largo de la espalda de la joven, en ese instante, sus dedos le envían escalofríos por su columna rozándola con caricias candentes sobre su piel.

Ella no para de gemir de forma gustosa e incontrolable, de repente, siente que no puede respirar por completo mientras él continúa su asalto en su cuello.

El corsé se desenvuelve alrededor de ella, dejándola casi sin aliento mientras se inclina contra él, sus pechos redondos contra su pecho marcado.

—Elsa…—, murmura Hans mientras agarra el cabello rubio de la chica y lo tira de su cabeza hacia atrás, suavemente.

—Dios, Elsa…—, con éxtasis, logra apretar sus dientes mientras rozan la piel de la joven, atrapándola entre ellos.

El suave contacto que mantiene él en su exploración sobre el cuerpo femenino, lo llevan a que posicione sus manos sobre los pechos redondos de la joven.

Mientras le mueve en círculos los pechos expuestos y fríos, la toma del cabello, para sostenerla aún en pie.

Las caricias a ambos pechos, provocan que estos comiencen a endurecer los pezones firmes de la hermosa mujer.

Su mano masculina pellizca el pezón derecho mientras su otra mano suelta la cabellera femenina y empieza a masajear el pezón izquierdo.

Los gemidos de la chica brotan de su boca mientras agarra la chaqueta de Hans con fuerza.

Se separan ambos mientras sus ojos se miran mutuamente.

Elsa no puede evitar reírse levemente, mientras su rostro se ilumina, —Feliz Navidad, Hans.—, declara en voz baja, pasando las manos por debajo de los hombros de la chaqueta quitándosela.

Su camisa desabotonada de Hans entonces termina colgando en aire suelto y alrededor de su musculoso torso, mientras ella no para de jadear de forma placentera.

Hans ante lo que siente, se queda callado, y solo la mira en silencio mientras ella agarra la hebilla de su cinturón y lo desabrocha.

Su masculinidad se libera de la restricción de sus pantalones y en ese instante, Elsa agarra de inmediato la enorme parte masculina; está comienza a bombear lentamente con la mano mientras lo mueve frenéticamente y besa.

Con suspiros acelerados, Hans le confiesa, —Elsa, te quiero, te amo, te necesito.—, habiéndolo escuchado de rodillas, continúa sus besos en la zona masculina.

Sintiendo que es exprimido, ve la forma sensual en que la chica rubia le chupa su pene con tanta fuerza y de principio a fin, lamiendo primero la cabeza y luego los testículos.

Hans no puede evitarlo y con su mano le envuelve el cabello a la jovial reina Elsa, ella pega sus gemidos tan sensuales, al grado de que comienza a intentar hacerlos resonar en las paredes de la habitación.

Elsa con su semblante de pasión, se toma el momento para bajarle los pantalones y a su vez liberarlo de sus botas, ahora dejándolo solo con la camisa abotonada y casi suelta.

Recorriendo su mano a lo largo de él, la chica logra hacer girar su lengua alrededor del área sensible de la cabeza del pene de Hans, succionándolo en su boca y sonrojando sus mejillas.

Una embestida sin restricciones en su boca la sorprenden y siente movimientos de contracción levemente muy provocativos, es más que suficiente para darse cuenta de que Hans está apunto de descargarse.

Y así lo hace, Hans descarga su líquido blanquecino en la boca de la bella reina Elsa, —Mierda, lo siento. No era mi…—, lo hace de nuevo, agarrándolo por el muslo para llevar sus caderas hacia adelante.

Su grito es más que suficiente para hacerla repetir este proceso una y otra vez.

Él la levanta y la besa profundamente mientras la guía de regreso a la cama.

La falda, Hans se la arranca de su cuerpo, el dolor alrededor de su cintura sólo es breve hasta que la mano de Hans encuentra sus pliegues resbaladizos.

Un dedo se desliza entre su zona femenina y ella grita tan excitada, —Hansy…—, después de eso, logra susurrar mientras se deja caer en la cama.

El pelirrojo ante eso se logra acostar a su lado, su mano sigue trabajando en su femeneidad, empujando un dedo en la zona de la chica, y entrando con movimientos lentos y suaves, dentro de ella.

Por su parte, Elsa abre sus largas y esbeltas piernas y él agrega otro dedo, llenándola aún más.

Su boca en ese momento encuentra su pezón y ella se arquea hacia él, su mano libre pellizca el pezón descuidado, —Te necesito. Por favor, te necesito.—, es lo que llega decir.

Hans reitera con suavidad los movimientos; moviéndose agónicamente y de forma lenta, rodando hacia la parte superior de ella, sus brazos mientras sostiene el peso del cuerpo de la chica.

Llenándola de besos desde su cuello y por la mitad del torso hasta el mechón de cabello justo encima de su centro.

Su lengua masculina sale apenas rozando el clítoris de la joven, —Oh, Dios...—, sigue gimiendo, agarrando las mantas a su alrededor con sus pequeñas manos.

Hans se fascina por la resistencia y la belleza de su novia y consigue nuevamente hacerla sudar; presionando su lengua contra el clítoris mojado de la chica y moviendo con rapidez de arriba hacia abajo su lengua creando así una deliciosa fricción.

Con gritos de placer, la reina Elsa tiene espasmos acelerados y cargados de un placer indescriptible, en ese momento su mano femenina termina agarrando el cabello de Hans y comienza a jalarlo con suavidad.

—Te quiero dentro de mi.—, exclama la chica con ese sonrojó que marca su inmaculado y blanco rostro que tiene.

Hans continúa moviendo la parte plana de su lengua y la empuja hacia la entrada de la hermosa mujer, procediendo a colocarle su pulgar masculino de golpe sobre el clítoris a la sonrojada mujer, —Aaaaaahhhh… No... No, aaaahhh…—, No puede terminar la frase, sus gemidos se convierten en chillidos silenciosos mientras trata de no moverse demasiado. Su cuerpo se estremece y se tensa, diciéndole que está al borde del orgasmo, —Hans, ya no resisto… ¡Aaaahhh!—, gime.

Empuja con más fuerza su lengua dentro de ella y de forma lenta mientras besa y va tragándose sus fluidos.

La hermosa sensación que siente la hacen clavar sus uñas sobre la espalda masculina aún vestida con la camisa.

Hans termina y sube a nivel del rostro de la chica, en ese instante, toma su masculinidad y la introduce de golpe dentro de ella, comenzando a llenarla y logrando hacer que el orgasmo la rodeé por el borde.

Las maldiciones se amortiguan entre sus labios mientras ella tira de su cabello, —Más rápido…—, pide mientras respira aceleradamente ella, por su parte y ante la orden, Hans la obedece, empujando sus caderas en un ángulo correcto.

Alterna entre movimientos rápidos y cortos y empujes prolongados y suaves

—Gatita…—, la joven blonda no para de gritar, en cambio, Hans gruñe el nombre de la chica y le avisa su inminente desplome, —Estoy cerca. Necesito tengo que…—, antes de que pueda terminar su oración, entra con más profundidad dentro de ella, y al instante termina disparando su semen dentro de la chica.

La reina Elsa lo rodea y aprieta a su alrededor con sus sensuales y largas piernas.

La extraña sensación que siente solo puede describirse como placentera.

El pelirrojo se mueve lentamente dentro de ella hasta que su pene va perdiendo fuerza y al final se vuelve completamente flácido.

Su semen gotea por el trasero redondo de la joven y se acumula en la cama y debajo de ella.

Elsa no puede evitar reírse, en eso sus ojos apenas se mantienen abiertos por la fuerza y la sorpresa de su segundo orgasmo.

Por su parte, Hans se quita la camisa y se acuesta a su lado, rodeándola con sus brazos, —Ese fue un muy buen regalo de Navidad.—, murmura el pelirrojo detrás de la cabellera de la chica, y mientras sus dedos hacen círculos lentos y perezosos alrededor de los pezones de la reina.

—Hace mucho tiempo…—, responde la chica con cansancio y casi dormida.

—No puedo esperar a ver lo que recibo por mi cumpleaños.—, logra decirle Hans a Elsa, la cual al final se ríe.

Tan agotada, logra girarse y logra darle un beso cargado de amor.

—No te preocupes, no tendrás que esperar hasta tu cumpleaños para tener más sexo.—, informándole con maldad y sensualidad la chica y culminando con una siesta al lado de aquel apuesto pelirrojo.

Notas/aclaraciones:

Hola caramelitos, estuve llena de ideas e imaginación que decidí subir esto.

Aunque en principio no subiría nada de lemon y fui firme en que nunca escribiría este tipo de historias, al final y gracias a una amiga que me convenció, decidí imprimir mi imaginación loca y sabrosona en esta cortita historia.

en cuanto a mi historia de el luchador, no tengo mucha inspiración, aún así haré lo posible por cumplirles, tratando de subir cuánto antes esa historia.

Espero que les haya gustado, espero su gordito review.