No sabía dónde se estaba metiendo, pero sabía lo que sucedería si se apartaba o hacía la vista gorda. Entre dudas, Langley y Tora aceptaron su propuesta, dejarían a Nick reposando en el sofá y se llevarían a Drew en su lugar. El zorro usaría la misma máscara que su primo para intentar ocultar su identidad.
"¿Tienes tus aerosoles o tinturas a mano?", preguntó la mapache que estaba al volante, tal y como durante la huida. El tigre negó y ella maldijo por lo bajo. En la ZPD hubo un zorro blanco y habría uno rojo en la ZIA, se arriesgaban a que Arcagma se enterase que comprometieron a un civil sin su previo permiso. El único animal que podía percatarse del intercambio de vulpinos era Sinner, podrían hacer que guarde el secreto, pero su líder tenía ojos y oídos en todas partes.
— ¿Has usado alguna vez tu arma, Andrew?— preguntó el tigre, que recibió una negativa como respuesta—. ¿Sabes disparar al menos?
—He jugado al paintball un par de veces, me fue bastante bien de hecho — bromeó el zorro para alivianar un poco el ambiente—. ¿Qué es lo que haremos cuando lleguemos?
—Algo así como el paintball, pero con armas de verdad— indicó la ladrona de muy mal humor—. Nos dividiremos en dos grupos, nosotros tres y Sinner formaremos el equipo de infiltración. El segundo grupo hará una distracción. No nos cruzaremos con ellos, así que de ir todo bien puede que nadie sepa que reemplazas a Nick.
—Ellos llaman la atención y nosotros nos metemos, comprendo.— Analizó lo que sabía de momento y formuló una nueva pregunta, intentaría estar al tanto de todo lo que pudiera—. ¿Buscamos algo o alguien en específico?
—Tenemos que introducir un virus para robar información, yo lo prepararé mientras ustedes me cubren— explicó el felino, que sacó un pendrive y un expediente de una mochila que tenía a su par.
—Supongo que le dispararon a mi primo cuando fueron a buscar el virus.— Mientras Tora se encontraba concentrado leyendo lo que marcaba el informe que venía dentro del expediente, el zorro se arrimó y leyó de qué se trataba, no podía creer lo que veía—. ¿¡El virus del archimago de plata!? ¿¡Van a usar eso para meterse en los servidores de la ZIA!?
— ¿Tienes alguna idea mejor, doc? — exclamó Tora con cierta molestia. El zorro se había entrometido en su camino, sería una carga durante la misión y además ahora cuestionaba el plan—. Soy todo oídos para quien nos metió en este lío.
—Usarán un virus que tiene más de quince años para meterse en los servidores de una organización que progresa día a día— protestó el vulpino, cansado ante la actitud del par de convictos. Él no había pedido que fueran a su casa—. Y ya dejen de culparme por estar aquí, que estoy sólo para ayudarlos a ustedes y a Nick.
—Usaremos un par de programas antes para anular las defensas, el virus del Archimago sólo nos ayudará a sacar la información. — El tigre intentó tranquilizarse, entendía su punto pero en verdad estaba molesto con la situación que les tocó. De no haberse apresurado al salir de la ZPD, Nick todavía estaría con ellos—. No voy a ahondar mucho en detalles de algo que no entenderás, pero tengo idea de lo que hago. Antes de estar aquí trabajaba mucho con computadoras, estaremos bien si pueden cubrirme la espalda.
—Sí, seguramente no entienda nada por más que quisieras explicarme — admitió con lo que fue un leve tono de sarcasmo, bien sabía cómo funcionaba el jodido virus, después de todo él lo creo hacía ya tanto tiempo.
Langley fue bajando la velocidad y estacionó frente a un individuo de una espumosa cola blanca, con ropas negras que no daban indicio alguno de cómo era su figura. En sus manos tenía guantes del mismo color que sus ropas, el cual compartía su máscara también. Apenas sus ojos podían observarse a través de ella.
El individuo conocido como Sinner subió a la furgoneta, sentándose en el asiento del acompañante. Saludó a la mapache y volteó hacia atrás para hacer lo propio con Tora y Wilde, pero se percató de que algo no estaba bien. Langley aceleró para ir al lugar en cuestión.
— ¿Quién es ese zorro? ¿Qué pasó con Wilde?
—Es Wilde, ya déjate de bromas — respondió Langley sin despegar la mirada del camino.
—No juegues conmigo Sarah, trabajo con Nick y sé que no es él — exclamó señalando al zorro enmascarado—. ¿¡Quién carajo eres!? ¡Sé que no eres Nick!
—Hubo un problema durante el asalto a la ZPD. — El tigre sabía que no tenían nada que hacer, ya se había dado cuenta del engaño—. Él está bien, pero en su lugar trajimos a su primo.
— ¿Su primo? ¿El maldito médico? — preguntó mientras se llevaba las manos al rostro intentando contenerse—. Estamos en grandes problemas, si Arcagma se entera que metieron a un civil…
—No se enterará, Sinner, sólo guarda el secreto y ya está. Andrew no volverá a meterse con nosotros y no dirá nada para resguardar a su primo—. Las palabras de la mapache no eran del todo tranquilizadoras, pero era todo lo que tenían.
—Vine para proteger a mi familia, nada más. Después de esto no volverán a saber nada de mí, prometo mantener el hocico cerrado. — El silencio volvió a invadir la furgoneta, a lo que el zorro intentó romper el hielo—. Por cierto, creí que Nick era el único policía de nuestra especie, es bueno ver que de a poco nos dan más oportunidades —. La zorra lo observó por encima de su hombro y volvió a mirar al frente.
—Yo no trabajo en la ZPD, sólo acompaño a Nick con el caso en el cual trabaja.
—Supongo que has de ser de la ZIA entonces. ¿Skye Steppefurd, verdad? — Quien respondía al apodo de Sinner alzó las orejas al escuchar su nombre — Tu amigo, Savage, es un verdadero cretino.
. . . . . . . . . .
Estaba plácidamente dormida hasta que su teléfono comenzó a sonar incesantemente. Intentó buscarlo en su mesita de luz, todavía bastante adormecida, para cuando lo hizo ni siquiera leyó el nombre de quien la molestaba a esas horas.
Un grito al otro lado del teléfono la hizo saltar de la cama, su jefe no sabía de sutilezas. "¡Hopps!", luego de oír su apellido de parte de Bogo instintivamente comenzó a vestirse, sabía que algo tuvo que haber pasado. La explicación del búfalo le dejaría la sangre helada, tres animales se metieron en la ZPD a robar algo que aun desconocían, había víctimas fatales.
Comenzó a bajar las escaleras, desde la ZPD ya habían enviado a alguien para que la llevase al lugar en cuestión. Resultó ser su compañera Nancy quien la alcanzaría hasta la central. Llamó a Nick a pedido de Bogo, el búfalo decía no poder contactarlo, pero Judy correría el mismo destino.
—Posiblemente ya esté de camino— sugirió la jabalí mientras encendía las sirenas y conducía a toda velocidad—. ¿Qué tal te fue en tu cita con Savage?
—Pésimo es decir poco. — Intentó contactar con el zorro nuevamente pero no tuvo suerte.
—Quiero todos los detalles…
—En lo poco que estuve con Nick nunca se despegó de su teléfono, me parece raro que no conteste— exclamó interrumpiendo a su compañera.
—Quizás se fue de parranda con algún amigo o está con alguna zorra. Ya sabes, no una zorra en ese sentido, hablo de…
—Una hembra de su especie, claro, no me sorprendería — indicó Judy con una sonrisa picarona—. No sé tú, pero me da la impresión de que Nick es el típico galán incorregible. El modo en que te habla y te mira, es un chico bastante lindo.
—Es un zorro, Judy, sabe cómo ganarse la confianza de los demás. Al menos en esta ciudad no te toparás con ningún zorro que no sea como Nick, presta atención y verás que todos trabajan en tiendas intentando convencerte de comprar sus productos, o como abogados o corredores de bolsa, donde sea que se puede sacar ventaja encontrarás uno.
—Eso es un tanto racista Nancy, se supone que estamos en Zootopia.
—El lugar donde todos pueden ser lo que quieran ser, donde no hay prejuicio que valga— dijo con ironía—. Te viniste a la ciudad con un repelente de zorros, Judy. Mi vecina no deja que sus hijos se junten con un par de mapaches porque decía que podían ser ladrones aunque son buenos muchachos. Una hiena se ríe en cualquier parte del mundo y todos se dan la vuelta. — De reojo pudo ver cómo la coneja desvió su mirada hacia la ventana, sabía que estaba disgustada con sus dichos—. Las cosas son así, puedes ser lo que quieras, pero todos te juzgarán de algún modo u otro, nadie escapa de eso.
—Si una coneja puede luchar por su sueño, lograrlo y ser reconocida por ello todos deberían de poder. ¿No crees?
—No todos somos como tú, Judy, eres una clara excepción a la regla. — La jabalí le dirigió una mirada amistosa, a lo que la coneja iría olvidando de a poco el tema, seguirían un rato más en silencio—. Cuando estaba en la academia muchos hablaban de mi madre y mi hermano, ellos eran mejores que yo.
—No recordaba que tuvieras un hermano, de hecho no recuerdo muchas cosas, olvida lo que dije— exclamó riendo un poco, pero su compañera no pudo mantener la sonrisa por mucho.
—Sí, Michael era un gran policía, de los mejores de hecho. — Por el tono melancólico de su voz pensó que lo mejor sería evitar el tema, pero su compañera siguió hablando —. El portar un apellido a veces es algo con lo que te prejuzgan también. Sé lo que se siente tener que luchar para definirte por quien eres, no por lo que sean los de tu especie, tu familia o cualquier otro que no seas tú. Estamos demasiado acostumbrados a los estereotipos y prejuicios, abandonarlos al menos hoy por hoy es imposible.
—Tardamos mucho tiempo en evolucionar, Nancy, por lo que cambiar nuestra forma de ser no será algo que se dé de la noche a la mañana. Después de todo es evolucionar también, en cierto modo. El cambio comienza en cada uno y, si me lo permites, creo que tú vas por buen camino. Leí un informe de lo que pasó en diciembre pasado.
—No serías Judy Hopps si no te entrometieras en las cosas de los demás, ¿verdad? Es bueno ver que sigues siendo la misma pese a todo.
Llegando a la central la jabalí apagaría las sirenas de la patrulla. Estacionaron a la par de varias patrullas más y buscaron a alguien que los pusiera al tanto. Escucharon a Bogo gritando y se dejaron guiar por su voz, pero al ver que discutía con el alcalde volvieron sobre sus pasos. Ambos estaban a las afueras de la central, poco les importaba que hubiera periodistas haciéndose un festín.
Alguien a sus espaldas las llamaría por sus nombres, siguieron a Garraza hacia un lugar con menos tumulto de animales. Según sus palabras, Bogo llamó a la gran mayoría de sus oficiales para dar una charla en la sala de reuniones. Esa era la idea al menos hasta que el alcalde Lionheart llegó para reprenderlo, al ver lo acontecido los periodistas se lanzaron como carroñeros.
Para evitar que los policías que llegasen fueran atosigados con las preguntas, todos debían de seguir las indicaciones de Ben y entrar por una de las entradas traseras. En lugar de acceder por la salida para el personal de limpieza que estaba de cara al estacionamiento, como muchos hacían cuando había bastante movimiento en la ZPD, usarían la salida de emergencias. Según los rumores fue en esa zona donde los intrusos se cruzaron con el par de oficiales caídos, aunque todavía no se sabía quiénes eran.
La mayoría de los presentes buscaron asiento, mientras otros voluntariamente se quedaron de pie. Era la primera vez que coincidían policías del turno diurno y nocturno en mucho tiempo, pese a que había quienes no pudieron estar presentes las sillas de por sí eran escasas.
Los murmullos cesaron en cuanto alguien dio un portazo, con la misma fuerza con que abrió Bogo volvió a cerrar la puerta. No hacía falta que pida silencio, ni el más mínimo sonido sería emitido por los presentes que nunca vieron al búfalo en ese estado. Llevó sus manos a sus cuernos y se sujetó con fuerza de ellos, descargaría la furia que le quedaba de un grito.
— ¿¡Vieron eso que pasó allí!? ¡Eso, señores, es el maldito acto político más cobarde que se verá en mucho tiempo! — Golpeó su escritorio y respiró profundamente para calmarse—. Lamento esto, se supone que debo predicar con el ejemplo y no lo estoy haciendo. Hopps.— La coneja imaginó la pregunta que seguiría a continuación—. ¿Sabes algo de Wilde?
—No, señor, llamé y no me contesta— respondió Judy tímidamente.
—Enviaré a alguien a su casa para ver si está allí, tengo que hablar con él cuanto antes. —Un silencio incómodo se hizo en la habitación, Bogo observaba a cada uno de los presentes. Muy pocos sostendrían la mirada—. Como ya han de saber, un grupo de animales, tres según lo que escuché, se infiltró aquí, en la central. Nuestras cámaras en un momento dado dejaron de funcionar, hablé con especialistas de la ZIA y el ZBI y dicen que se usó un programa para ello. Este trío de animales sabían de nuestros movimientos, conocían el lugar, sabían qué buscar y dónde.
—¿Quiénes fueron nuestros compañeros caídos, Bogo?— Después de algunos segundos sin palabras, fue Delgato quien se animó a hacer la pregunta que tanto deseaban que alguien respondiera.
—Stanley Bradford y Marianne Robinson. Fueron muertes rápidas, indoloras, ambos cubrían sus puestos al momento de ser atacados — explicó Bogo, quien volvió a tomar aire y a observar a los suyos. Odiaba esos momentos, detestaba tener que hablar después de algo así, pero los suyos necesitaban de sus palabras y aliento para superar lo acontecido —. Bradford y Robinson llevaban poco tiempo aquí, sus notas en la academia no fueron excelentes, de hecho Bradford se graduó a duras penas. Si me preguntan qué se me viene a la mente al pensar en ellos, si tuviera que hablar en pocas palabras, diría que eran valientes, determinados, decididos. Si llegaron hasta aquí, es porque lucharon incansablemente para cumplir sus sueños, porque se superaban día tras día, porque estaban dispuestos a todo con tal de hacer su trabajo, y así fue, lo dieron todo, como sé que cada uno de ustedes lo haría en su lugar. No son los primeros oficiales en caer, ni serán los últimos, pero seguirán en nuestra memoria al igual que todos.
— ¿Qué sucederá con estos tipos? ¿Hay algún modo de ir tras ellos?— preguntó McCuerno —. Es obvio a estas alturas que hay un equipo trabajando en esto, Bogo, pero la ZPD y las demás agencias deberán hacer algo más que simples reuniones. Todos tendríamos que estar trabajando en esto.
— Lo sé, McCuerno, opino igual que tú. Hay mucha política de por medio, la idea era mantener todo esto lo más callado posible para no afectar a los principales líderes de la ciudad, pero Lionheart puede besarme el trasero a partir de ahora.
—Debemos formar más equipos, jefe. — La voz de Colmillar se hizo presente desde el fondo—. No dudo de la capacidad de quienes estén a cargo del caso, pero necesitarán más recursos para frenar a estos animales. Si pudieron atacarnos bajo nuestras propias narices, quien sabe de qué podrían ser capaces.
—El objetivo de esta improvisada reunión era explicarle a todos lo que sucederá a continuación —indicó el búfalo—. Wilde, y en su momento la oficial Hopps, acompañaron a los agentes de la ZIA y el ZBI que estuvieron viendo aquí los últimos días en este caso. Queríamos recabar información dado que no sabíamos a qué nos enfrentábamos, pero observar lo que pasa mientras se siembra el caos ya no es una opción. Hablaré con los líderes de la ZIA y el ZBI, plantearemos nuevas estrategias y tomaremos a todos los oficiales y agentes que podamos para trabajar en esto. A su vez llamaremos a reclutas de la academia para que nos ayuden con las tareas más básicas. Pedimos ayuda en localidades cercanas pero no enviarán muchos hombres, temen por su seguridad también y no lo harán a menos que Lionheart haga un pedido formal, lo cual no creo que pase. ¿Qué sucede Francine? —preguntó al ver que su oficial levantaba la mano para preguntar algo.
—Siendo que estos días han sido tan caóticos, ¿sería prudente sacar novatos de la academia para lanzarlos a las calles?
—Es una buena pregunta, y no, no es lo más prudente, pero no tenemos opción. Es algo que ya hablé en su momento con la agente Steppefurd, sólo buscaremos a los mejores, pero de ahí en más no podemos hacer mucho, hay que optimizar nuestros recursos de un modo u otro. — El teléfono de Bogo comenzó a vibrar, atendió ahí mismo donde estaba. Su sorpresa alarmó a todos—. ¿¡En la ZIA también!?
. . . . . . . . . .
Comenzó a intercambiar mensajes con Tora, que era quien estaba a cargo del otro equipo. Herbert observó a los suyos y, al tener una respuesta positiva de parte del tigre, una sonrisa se dibujó en su rostro. A la cuenta de tres todos sincronizaron sus relojes, al llegar a cero el otro grupo ya debía de haber conseguido lo que buscaban. Eran un total de once animales, once de los mejores hombres que Arcagma pudo reclutar hacía ya un par de meses.
Su objetivo era montar un buen espectáculo, crearían una distracción lo suficientemente importante como para atraer a la mayoría de los agentes que estuviesen en el edificio. No se infiltrarían como se hizo en la ZPD, lo suyo debía de ser un show digno, algo que demostrara el nivel de los actores involucrados.
En cuanto Herbert dio la orden, un rinoceronte conocido como Morgan dio un paso al frente y apuntó con un lanzagranadas a la entrada de la sucursal de la ZIA. Seguido a las detonaciones, los animales comandados por la pantera comenzaron a correr mientras disparaban sus fusiles contra los primeros guardias que se asomaron.
Las alarmas sonaban y los cuerpos se apilaban a medida que los animales comandados por Herbert avanzaban dentro de la sala de recepción del complejo. Hasta donde veía la pantera los suyos iban bien, pero estaban avanzando muy lento. Pronto podrían flanquearlos, llegarían más refuerzos, también cerrarían todas las entradas. Retroceder sería algo prudente, pero esa palabra no lo definía a él exactamente.
Le lanzó una mirada cómplice a Todd, quien comprendió que seguiría a continuación. El híbrido de lobo y oso se lanzó en velocidad hacia adelante para ganar metros mientras Herbert lo cubría junto con un coyote y un oso. Al lograr posicionarse hizo lo propio para que el enorme felino avanzara también, el coyote y el oso cubrieron a Herbert como a Todd previamente. En cuanto Morgan volviese a hacer uso de su lanzagranadas contra un grupo de agentes, tanto Todd como Herbert corrieron en simultáneo para rodear a los pocos animales que seguían aturdidos a pocos metros de las explosiones. No gastarían más que unas pocas balas con ellos.
Sus cronómetros marcaban dos minutos, las cámaras ya debían de estar congeladas por el programa que Sinner instaló. Un mensaje que llegaría un par de segundos más tarde confirmaría su teoría. Ahora sólo debían huir del lugar conforme al recorrido que la zorra les marcó. Irían hacia una de las salidas de emergencia mientras acababan con todo aquel que se les cruzara. No importaba si bajaban las vallas metálicas o si tenían un pelotón de frente, lidiarían con ello de un modo u otro a la espera del vehículo que los sacaría de allí.
Al tiempo que Herbert, Todd y compañía comenzaron a montar un alboroto en la entrada de la sede de la ZIA, el equipo donde Tora estaba a cargo se adentraba por el estacionamiento subterráneo. Los cuidadores fueron adormecidos con los dardos tranquilizantes, siendo sólo cuatro los que quedaban después de que varios fueran a recepción, todo resultó ser sencillo. Drew observaba desde un lugar seguro mientras los demás se encargaban, su única tarea sería cuidar la mochila que Tora le dio al salir de su vehículo.
Skye conocía el lugar como si de su pata se tratase, cada giro y cada pasillo se encontraba vacío o con, como mucho, uno o dos hombres. Subían escaleras, se metían en un ascensor, evadían a los guardias, todo se dio con sumo cuidado y prolijidad.
Para tratarse de la ZIA todos parecían estar desorganizados, como si en cierto modo no se percataran de que avanzaban por los pasillos del lugar mientras Herbert y los demás montaban la distracción, o al menos eso pensaba Drew. La explicación de Skye ante las dudas del zorro terminaría por maravillarlo, no sabía del programa que usaron en la ZPD cuando se infiltraron.
—¿En serio ese programa congela las cámaras de este ala del complejo? — preguntó el vulpino sorprendido ante los recursos de Skye, la zorra sonrió con falsa modestia.
—Sólo tuve que instalarlo mientras trabajaba ayer, es casi indetectable y puede activarse de forma remota. — Los ojos de Drew se abrieron de par en par al escuchar los dichos de la zorra—. No lo hacía un fanático de estas ñoñerías, doc.
—Me crie entre computadoras, leyendo novelas de misterio y espionaje. Llámame friki si quieres, pero esa cosa tuya es una herramienta genial.
—¿Fan de estas cosas? Supongo que eso debería de explicar el que sepas hackear cuentas — La afirmación de la zorra lo tomó desprevenido—. Todavía quiero que me digas como supiste quien soy, no hay modo que sepas quien soy sin haberte metido en una de ellas.
—No sé hackear cuentas, sólo tuve el disgusto de conocer a tu compañero. Mi primo me habló después de él y de ti.
—Dile a tu primo que no abra tanto el hocico la próxima vez.
—¿Hablan del pequeño Jack? — El tigre se metió en la conversación al escuchar hablar del conejo—. Se podría decir que es todo un encanto. Todavía recuerdo la cara que puso esa vez que pasé a buscarte, Sinner, el tipo quiso que tuviera una charla con él a solas la siguiente vez que lo vi.
—¿En serio te quiso marcar el terreno? — preguntó la zorra con una sonrisa que no pudieron ver por su máscara—. Es toda una ternura.
—Deberías darle una oportunidad, imagina un conejo enfrentando a un tigre con sus pequeñas garritas, es una completa locura — agregó la mapache uniéndose a la charla sobre Savage —. Además es sabido que a los suyos les encanta la multiplicación, mal no la pasarás.
—No seas tonta, Sarah. ¿Una zorra y un conejo? Como si algo así pudiera existir. — Los animales de Arcagma comenzaron a reír ante la pregunta retórica de Skye, mientras Drew sólo sonreía tímidamente—. Hey, doc, ¿crees que Nick y Hopps se animen a intentar algo un día de estos? Se los ve demasiado unidos.
—Supongo que es tan probable como lo tuyo con Savage. — Nuevamente hubo risas, como si se hubiese tratado de una broma. El zorro se limitó a reír para sus adentros al ver que habían pensado todo lo contrario a lo que quiso decir. Si de por sí estaba tenso el estar junto a criminales, ahora estaba bastante incómodo—. Ya que en parte salió el tema, ¿ustedes que piensan de las parejas interespecie?
—Me repugnan— soltó el tigre, recibiendo un golpe de la mapache —. ¿Qué? Es mi opinión, Langley, no tendría una relación con nadie que no fuera de mi especie. Si a ti te gusta acostarte con todo lo que se mueva es cosa tuya.
—Cuando volvamos al refugio recuérdame darte una golpiza— exclamó la ladrona ante el golpe bajo, ya se la cobraría de algún modo.
—Fuera de toda broma, yo no creo que el amor interespecie exista. Es más una calentura, curiosidad o un subidón de las hormonas, no más que eso. Lo antinatural y prohibido lo vuelve tentador en un inicio, pero es difícil seguir con algo así. Piensa en lo que sucedería en caso de querer hijos, el tener que vivir escondidos de la sociedad, ocultar el secreto incluso a familiares y amigos. Aun si existiera este tipo de amor, sé que se extinguiría tan rápido como ese tal Savage entre las piernas de Sinner, nadie sería capaz de aguantarlo todo por mucho tiempo.
—¿No puedes sostener tus ideas sin meter un comentario absurdo en medio? — Ahora fue la zorra quien le dio al tigre un golpe amistoso pero bastante más fuerte que el de Langley—. Al menos ten un poco de decencia frente a nuestro invitado— indicó señalado al zorro, a quien el tigre sólo observó de reojo. Su presencia en serio era poco grata.
Interrumpirían la charla al toparse con un par de guardias, parecían ir de camino a la entrada cuando se cruzaron con ellos. El par de animales serían de los tantos que caerían frente a ellos, nadie en ningún momento había hablado de cuatro animales que estaban de camino a uno de los centros de inteligencia dentro del ala oeste.
Tenían más de la mitad de la munición para cuando llegaron al lugar deseado. La habitación servía como antesala a uno de los servidores principales de la ZIA, donde buscarían extraer información con el virus del Archimago. El pasillo por el cual ingresaron era una de las dos posibles entradas a la habitación, por lo que debían de tener cuidado si querían ir a por ellos.
Acabarían con los guardias presentes, una comadreja, un coyote y un león. La zorra se paró frente a una enorme puerta de titanio, a través de las ventanas hechas con vidrio de gran espesor se podían observar varios ordenadores de última generación. Fue cuestión de esperar a que Skye introdujera un código en un teclado que se encontraba a su derecha, uno de los tantos códigos que memorizó a lo largo de la última semana para preparar el atraco.
Dentro de la habitación se encontraron con un par de empleados trabajando con los ordenadores, ambos pidieron clemencia al temer por su vida pero sólo los adormecieron con los dardos. Langley y Skye los sentaron contra una pared mientras Tora se acercaba para analizar los ordenadores y el cómo iba a proseguir.
—Pásame la mochila— exclamó el tigre sin posar la vista en el zorro, sacó una memoria de la misma para introducir en una entrada USB.
—Tal vez no sea el más indicado para hablar de esto, pero creo que deberías de revisar primero que no haya algún protocolo de seguridad, Tora.
—No comiences con tus quejas otra vez, sé lo que hago— rugió el felino en respuesta al zorro, que con facilidad lo sacaba de quicio—. No sólo no tenemos tiempo, sino que además…
—No quiero decirte "te lo dije" — susurró por lo bajo al ver que varios archivos se comenzaron a codificar y desaparecer de forma automática, varias alarmas comenzaban a sonar alrededor de la sala—. Pero…
—Como lo digas te cuelgo de las pelotas en los teleféricos del Distrito Forestal. — El vulpino tragó saliva y borró un poco su sonrisa, aunque no del todo, le era difícil contener el impulso de idiotez—. Necesito un par de minutos para ver cómo frenar el protocolo de seguridad, además de ver si es posible recuperar los archivos para asegurarnos que nada se haya perdido.
—¿Cuánto crees que te lleve?
—No lo sé Skye, pero creo que en cinco minutos tendré todo listo para instalar el virus del Archimago.
—En cinco minutos tendríamos que estar saliendo de aquí a toda prisa— indicó Langley, quien vigilaba la entrada a la habitación.
—Supongo que será mejor que nos vayamos, no hay forma de hacer esto. — Las palabras de Drew no hicieron recapacitar al tigre, que seguía tecleando a toda velocidad.
—Si volvemos con las patas vacías nos matan, es así de fácil. — Los presentes suspiraron ante los dichos de Tora, bien sabían que tenía razón—. Morir aquí o morir después es lo mismo, así que de ser necesario me cubren las espaldas mientras termino con esto.
—¿Podrías al menos apagar las estúpidas alarmas? — El tigre hizo oídos sordos a la pregunta de la mapache, estaba concentrado en otras cosas.
Mientras sus dedos pulsaban diferentes teclas a una velocidad increíble, los demás se acercaron al pasillo para ganar algo de tiempo en caso de que más guardias llegaran al lugar. Por pedido de Skye, seguirían usando dardos anestesiantes en lugar de armas de fuego, al igual que Nick en su momento no quería herir a los suyos.
Un primer pelotón de animales llegó al lugar, esta vez la cantidad de guardias los superaba bastante en número. Mientras Drew seguía a Skye, Langley tomó una ruta contraria para cubrir más terreno. El grupo de diez animales intentaría flanquearlos, por lo que Skye recurrió a un par de granadas cegadoras.
Al lanzar la primera sólo un par de guardias fueron afectados, pero aun así lograron detener el peligroso avance. Mientras dicha granada estaba en el aire, la zorra le quitó el gancho de seguridad a la segunda, la cual retuvo en sus manos por un instante. En cuanto los guardias intentaran arremeter contra ellos nuevamente, la granada cegadora explotaría sobre sus cabezas. Acabar con ellos en ese estado fue sencillo, aun para un zorro que apenas sabía sostener su arma.
Sin siquiera saber si aún quedaba alguien que pudiese atacarlo, Andrew Wilde se encaminó a paso furioso hacia donde estaba el tigre. Al ver que no había logrado avance alguno, sino que toda la información seguía siendo codificada, dejó el arma frente a él y le pidió que fuera a ayudar a sus compañeras.
—¡Déjate de tonterías y ve a ayudarlas!
—¡Tú déjate de tonterías! ¡Ni siquiera puedas frenar el protocolo!
—Estudié ingeniera en sistemas, saboteé empresas montones de veces y robé toneladas de información antes de ir a prisión, es así como me ganaba la vida entre políticos. ¿Qué hay de ti? ¡Dudo que siquiera sepas cómo desencriptar!
—Dame sólo dos minutos, nada más que eso. Llegué hasta aquí intentando salvar a los míos, no voy a apostar todo por nada— El tigre sacó su arma y, tras dirigirle una mirada asesina, fue donde estaban la zorra y la mapache. Volvió rápidamente sobre sus pasos para dejarle una última indicación —. ¿Qué sucede?
—Se suponía que debía intentar descifrar el virus del Archimago, pero lo de tu primo nos terminó retrasando. Hay un programa que se está ejecutando de forma paralela, cuando termine de descifrar el virus tendremos que instalarlo, eso no llevará más que unos segundos.
—¿Tendremos suficiente tiempo?
—Rezo porque así sea.
Dicho esto el tigre desapareció para no volver. No pasaron más de unos segundos que varios disparos volvieron a resonar, él por su parte sólo podía concentrarse en lo que le mostraba el monitor. En primer lugar intentó frenar el protocolo de seguridad, si quería recuperar la información que estaba siendo codificada ese era el lugar por donde empezar. El proceso en sí no podía frenarse, pero Tora ya lo había identificado, el mismo estaba cifrado. Debía de ingresar una contraseña para acceder a todos los archivos que ahora estaban protegidos.
Pensó en las alternativas y vio el programa de Tora minimizado. Se suponía que estaba descifrando el virus del Archimago, quizás pudiese trabajar con dos archivos a la vez… No, no funcionaba. Los disparos iban en aumento, le habían dado dos minutos y ya había perdido la mitad de uno, debía apurarse.
Una de las opciones era cerrar el programa que involucraba al virus, él mismo sabía cómo quitarle todas las cadenas que evitaban su accionar, después de todo fue él quien lo programó. Hacer eso sin embargo podía delatar su faceta de Archimago, estaba contra la espada y la pared. Dudó por algunos segundos pero no tuvo más opción.
Atacó al protocolo de seguridad usando el programa de Tora. Dado que el virus era más pesado en comparación, el proceso en sí llevaría menos tiempo. Mientras el protocolo era detenido, el zorro preparó el virus para hacer gala, nuevamente, de lo que era capaz su creación. Todas las defensas que en su momento blindaron al virus para que nadie fuese capaz de usarlo, estaban siendo derribadas por él quince años más tarde.
Los disparos comenzaron a cesar momentáneamente, se sentían múltiples pasos de animales que se acercaban hacia él. Había dos posibles resultados, o los suyos cayeron, o… Gracias al cielo, Skye y Tora se acercaron para ver sus progresos, aun con sus máscaras bien sabía que debía haber gestos de sorpresa dibujados en sus rostros.
En cuanto el protocolo de seguridad quedó desprotegido, Tora se encargó de apagarlo, la información quedó al descubierto nuevamente. El tigre activó el virus de una vez por todas y toda la información contenida en los servidores de la ZIA fue copiada y almacenada en su memoria extraíble. Los gritos de Langley llevarían a que los presentes se alertaran, se podía escuchar como varios guardias se acercaban al lugar.
Teniendo todo listo se reunieron a las afueras de la sala que contaba con parte de los servidores de la ZIA. Sabiendo que la salida más cercana se encontraba si iban por la entrada que usaron al acceder a la habitación donde entraban, Skye sugirió tomar la otra. Sabiendo como pensaban los agentes de la agencia, sabía que encontrarían menor oposición si tomaban el camino más largo.
Hasta donde les dijo, Herbert confirmó una única baja, ya habían logrado huir del complejo. Mientras ellos huían y acababan con los pocos hombres que se cruzaron, sabían que su huida sería llevada a cabo con un margen de al menos dos minutos de retraso, todo dependía de la velocidad con la que lograsen avanzar.
Los conocimientos de Skye sobre el lugar los ayudaron a tomar atajos y a evitar las grandes concentraciones de guardias, sólo les quedaba hacerse una salida. Mientras bajaban unas escaleras y Sarah acababa con uno de los empleados que se cruzó en su camino, Skye envió un mensaje a los suyos. A los quince segundos del mismo una explosión los sacudiría a todos.
—¿¡Qué mierda fue eso!? — gritó el zorro en una mezcla de confusión y terror.
—Se suelen cerrar las entradas con vallas metálicas por seguridad, tuvimos que crear nuestra propia salida — explicó Skye, divertida ante la reacción del vulpino. Se detendrían frente a un enorme agujero en una de las paredes, diez metros más adelante—. Damas primero, doc.
—Estamos en un tercer piso, no pienso saltar— Un camión de bomberos se acercó al lugar para desplegar su escalera. Ahora más confundido todavía, el zorro cerró el hocico y se limitó a observar a los suyos para ver que hacían. Sarah se tomó de los bordes de la escalera y se deslizó a través de la misma, dejando a Drew perplejo—. Tal vez mi temor a las alturas no sea compatible con la huida que planean.
—Déjame ayudarte.— Fue así como el tigre tomó al zorro para ponerlo sobre su espalda, se giró luego hacia Skye, quien negó con la cabeza. Ella prefería bajar por sí misma—. Espero que estés listo, doc, evita ahorcarme cuando bajemos.
El tigre imitó a su compañera, deslizándose por la escalera desde el tercer piso. Mientras el vulpino erizaba todo su pelaje, cerraba sus ojos y se agarraba con todas sus fuerzas, Tora levantó la vista disimuladamente para observar a Skye, quien comenzó a bajar un par de segundos después de que él se lanzó. Debía de admitir que tenía un buen panorama, si bien no le agradaba lo relacionado a lo interespecie, no podía negar que era una buena vista.
Un par de vehículos que ya venían en velocidad se frenaron frente a ellos, les servirían para escapar. La conductora del camión de bomberos, una hiena de nombre Amber, bajó rápidamente para subirse a uno de los vehículos. Tora indicó al conductor de una furgoneta negra que bajase y se fuese con el otro grupo, cosa que aceptó luego de varias quejas.
Mientras los del otro grupo disparaban a diestra y siniestra, los comandados por el tigre salieron a toda velocidad del lugar, con Tora al volante. El segundo vehículo, una camioneta de color gris, terminó por seguirlos mientras atacaban a quienes los perseguían. Las fuerzas enemigas ya de por sí estaban bastante dispersas, con animales que habían ido a la ZPD y miembros que habían perseguido al grupo de Herbert. De dicho modo, no fueron muchos los vehículos que fueron tras ellos, perderlos en la intersección de la autopista principal no sería muy difícil.
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Estando acostado boca arriba levantó su mano izquierda para frotarse su frente, luego pasaría ambas manos por sus ojos para intentar aclarar la vista. Respiraba lentamente mientras intentaba ubicarse, los recuerdos amontonados en su mente comenzaban a aflorar de a poco.
Intentó sentarse sobre su cama cuando un punzante dolor se hizo presente en su abdomen. ¿Su cama? ¿Cómo había llegado hasta ahí? Su ropa era otra y su pelaje ya no era blanco, habrían de haberle pasado esa cosa que Tora le dio, así como lo ducharon mientras estaba dormido con ese medicamento que su primo le inyectó. Su primo… Debía de llamarlo, pero no encontraba su celular. De seguro estaba en la sala de estar o en la cocina, se puso de pie para comenzar su búsqueda pero un puntazo más fuerte que el anterior se hizo presente. Su alarido había llamado la atención de alguien, algunos pasos comenzaron a escucharse en el pasillo previo a su habitación, resultó ser Drew que estaba esperando a que despierte.
Denotó cierta preocupación en su rostro, cosa lógica dados los acontecimientos previos. Apoyando una mano sobre su hombro, pero sin pronunciar palabra alguna, Drew lo invitó a volver a su cama. Una sonrisa se dibujó por un par de segundos, intentando calmarlo, pero no logró sostenerla demasiado. Le dio la espalda y le preguntó cómo se encontraba, Nick afirmaría estar mejor, al menos en comparación con hace unas horas. Su primo inspiró profundamente y exhaló con suma lentitud, era evidente que quería decirle algo pero no sabía cómo.
Dudaba de preguntar, hasta hacía instantes quería respuestas para todas sus incógnitas, pero al ver a Drew en ese estado no sabía cómo avanzar. Sabía que la cosa era grave, sólo lo había visto así una vez, antes de que abandonara la ciudad. Ahora sentado sobre su cama, siguió esquivando su mirada. Decidió dar el primer paso para iniciar la conversación, pero él terminó por hacerlo antes.
—Antes de iniciar la universidad mi padre me dijo que sacaría un crédito del banco, todavía estábamos pagando el anterior, así que tenía dos meses para volver sobre sus pasos. — Suspiró con pesar—. ¿Recuerdas a Jamie, la comadreja? Jamie Fawkes, nos juntábamos bastante en la escuela.
—El tipo que vivía en la sala de informática, lo recuerdo.
—Dejé de hacer todo lo que hacía antes porque me contagió su amor por las computadoras, aprendí muchas cosas en poco tiempo, demasiadas. —Se aferró a la cama con fuerzas, su mirada se dirigió hacia el techo y luego hacia él—. Hubo una vez que hackeamos la cuenta del director para descargar porno gay en su computadora, su mujer casi lo mata por ese entonces. Fue la primer treta que hicimos, la primera vez que hackeamos a alguien. Creímos que con el tiempo podríamos ser capaces de hacer cosas que sólo pasan en las películas.
—No entiendo a dónde quieres llegar, Drew.
—Anoche en la ZPD tú y los demás robaron el virus del Archimago de plata. — Nick tragó saliva, recordando que después de ahí irían a la ZIA supo que se habría de haber montado un verdadero caos—. Se activó un mecanismo de seguridad, Tora no sabía manejarlo. Varios guardias venían y yo decidí encargarme de piratear el servidor, sería más útil ahí que con un arma en mis manos.
—Déjame ver si entiendo ¿Tenías que frenar el mecanismo de seguridad e instalar el virus?
—Algo así, el virus del Archimago es un tanto especial. Se divide en dos bloques y ambas están bien protegidos. Cuenta con varios mecanismos de seguridad para evitar que sea activado por cualquiera.
—Nunca había oído de un virus con dos partes, mucho menos protegido.
—Los sistemas de seguridad desarrollados por grandes agencias tienen, por así decirle, algo parecido a una "memoria" que recuerda posibles intromisiones y saboteos. Serían los anticuerpos del sistema inmune, que recuerdan "enfermedades" para evitar que en el futuro vuelvan a atacar. Después de eso se usaría un segundo programa, al cual el sistema no logra detectar por no conocerlo en sí. Uno vendría a sacar el dinero y el otro a depositarlo en diferentes cuentas en cantidades al azar, dentro de ciertas variables. Al tener diferentes funciones no los toma como similares y no impide que el segundo programa actúe, eso es lo que hace el virus, o los virus del archimago. Del mismo modo, aplica con cualquier tipo de archivos o información en general.
—Entonces lo que buscaba Tora era usar el primer programa para sacar información, de por sí el segundo no le servía, además de que tardaría más.
—Exacto, el Archimago de plata tardó varios días porque hizo uso de ambos. El primer paso es rápido, sólo tomas lo que quieres y te lo llevas, lo segundo es más difícil. Tienes que modificar las variables para que todo se redistribuya conforme a lo que deseas— explicó mientras volvía a ponerse de pie—. Lo de anoche debía ser rápido, el mecanismo de defensa del virus no es fácil de derribar, así que hice lo que tuve que hacer. Quité sus cadenas para que funcionase otra vez, quince años más tarde. La misión fue un éxito.
—Tengo muchas preguntas en mente Drew, pero ahora mismo sólo quiero hacer una— exclamó el zorro, su primo asintió—. ¿Por qué nunca me lo dijiste?
—Sólo lo sabían Jamie y Finnick, el enano se enteró poco antes de mi partida, en una borrachera. A Jamie le dije antes de que falleciera, cuando entró a cirugía. Él nunca pudo concretarlo pero yo sí, quería que supiera que nuestro sueño se había logrado.
—No me importan tus motivos para robarle a las familias más peligrosas, ni quienes lo sabían, ni si sigues dentro de esto. Lo único que quiero es que respondas mi pregunta.
—Había mucha gente detrás de mí y estaba tapado de mierda hasta la cabeza. No sabía si dejar la ciudad, pegarme un tiro o seguir como si nada hubiese pasado. ¡Estaba enloqueciendo! Todo aquel que supiera la verdad tendría que soportar mi carga, y en tu caso particular ya tenías una—. Nick bajó la vista, sabía que su primo tenía razón. De haberlo sabido lo habría seguido camino a la locura, pese a que no estaba de acuerdo su proceder fue muy bueno, todo había salido bien—. Papá quería pedirle un favor a uno de los hombres de los Dalton, tu madre necesitaba pagar su tratamiento, la ciudad era un asco y yo tenía una herramienta para cambiarlo todo. No podía quedarme de brazos cruzados, tenía el programa de Jamie mejorado y probé suerte. ¿Si? Sólo quería que estuviéramos bien, que sólo dependiéramos de nosotros mismos, que pudiésemos… Que pudiésemos lograrlo, aunque no se pudo.
—Drew…
—Escucha, entiendo que me odies por habértelo ocultado, por no haber invertido más dinero en tu madre, pero tenía que tapar mis huellas, ¿entiendes? Si lo hacía otra vez, o alguien se enteraba de alguna forma, los condenaba a todos. ¡Estaríamos muertos! Y si te lo decía…
—Maldita sea Andrew…
—Finnick cada tanto me llamaba porque pensaba en eso, cuando se enteró casi se vuelve loco, me quería matar por ocultarlo. En serio quise decírtelo, montones de veces, pero a medida que pasaba el tiempo sabía que sería peor si te enterabas.
—¿¡Quieres callarte!? — Su gritó lo tomó por sorpresa, exhaló un poco y unas lágrimas comenzaron a hacerse presentes en sus ojos—. Está bien, hermano, hiciste lo que tenías que hacer y buscaste protegernos. ¿De acuerdo?
—¿No…? ¿No estás enojado? — Con un esfuerzo inanimal se puso de pie, su abrazo lo llevaría a derrumbarse. Permanecerían algunos segundos oyendo sólo sus sollozos.
—Está bien, Drew, velaste por nosotros hace quince años y lo hiciste anoche por mí, no puedo enojarme por esto.
—Anoche volví a hacerlo, Tora comenzó a preguntarme por todo, sabía que yo era el Archimago de plata.
—¿Le dijiste algo?
—Que Jamie me disculpe, pero dije que el programa era de él, que él me dejó todo para que lo estudie y lo vea. Creo que se lo tragó, o al menos eso parece.
—Tranquilízate, ¿de acuerdo? Lo de anoche no se volverá a repetir, no dejaré que vuelvas a estar en medio.
—¿Sabes? Estaba asustado al principio, pero luego me dejé llevar. Me trataron bien y en cierto modo me sentía, no lo sé, como si estuviese cómodo estando con ellos. Todo fue acción y adrenalina, se sintió genial hacer todo eso. Además los guardias estaban bien, sólo los dormíamos, pero…
—Pero pusiste los pies sobre la tierra y te diste cuenta de que ayudaste a los malos. Sé lo que se siente, pero debes ponerte bien, mañana llegarán Grace y Scott, piensa que lo hiciste por ellos.
—Cuando puse las noticias hoy fue devastador. Un tal Herbert atacó entrando por recepción, esa fue nuestra distracción. Hay unas treinta víctimas fatales, muchos heridos, yo fui parte de todo eso.
—No, Drew, tú no tuviste nada que ver con eso, tú no dañaste a nadie.
—Le di a estos tipos toda información contenida en la ZIA, les di herramientas para que sigan adelante con sus planes. Puede que no haya disparado una sola bala, pero acabo de activar una bomba.
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Nota de autor: buenos días gente, o tardes, o noches dependiendo de cuando lo lean. Si llegan a leer esto el día en que es publicado les deseo una feliz Pascua y que puedan comer tanto chocolate como sea posible, si no celebran Pascua al menos coman chocolate, y en caso de que no lean esto en dicho día espero que lo hayan aprovechado haciendo lo que dije, todo sea por el chocolate.
Este fue un capítulo más centrado en la acción que los anteriores, centrado a su vez un poco más en personajes como Drew que en Nick o en Judy, pese a que ambos estuviesen presentes. Sabido era que el zorro es el tal Archimago, si leyeron Dystopia mucho más. Si bien los años pasaron de su accionar, nuevamente tuvo que demostrar de qué es capaz su creación, habrá que ver qué es lo que pasa con él ahora que estuvo en contacto con la gente de Arcagma.
Nick por su parte está bien, aunque un tanto adolorido. Si bien se toma a mal que su primo guardase el secreto por tanto tiempo, su estado lo termina conmoviendo y afirma que todo está bien entre ellos, aunque es una patada a su orgullo que en su momento Drew no confiase en él. Paralelamente Judy despierta de forma abrupta ante los llamados de su jefe, quien saca fuerzas de donde puede para levantar a sus oficiales así como para conmemorar a los caídos. Será cuestión de ver cómo reaccionan todos, ahora que un capítulo tranquilo se viene y todos tendrán tiempo para ver cómo avanzar.
Hasta aquí llega esta nota de autor, espero que el capítulo haya sido de su agrado. Espero su buena onda de siempre, recuerden dejar sus impresiones en los comentarios, háganme saber si les gustó o no para ver sobre qué trabajar y donde mejorar. Por cierto, dejaré de lado el intervalo de dos semanas entre capítulos, tengo un par de escritos y tal vez pueda traerlos antes. Me despido por ahora, nos estamos leyendo, estimados ;)
