Era la primera vez que salía de la habitación donde lo tenían recluido. El piso de tierra, el túnel cuyas paredes eran de roca, la humedad que lo llevaba a ahogarse y el hecho de haber visitado un par de minas de forma turística a pedido de su esposa, entre otros factores, lo ayudaban a darse cuenta de que estaba en una mina subterránea. El Distrito Forestal era su principal apuesta aunque no estaba del todo seguro.
Había varias chozas pequeñas, todas similares a aquella que fue habitada por él. De seguro los obreros se alojasen allí durante largas jornadas del trabajo, tal vez hubiesen servido de alojo para los animales de Arcagma o funcionasen para dejar a futuros prisioneros como él. Por las condiciones del lugar, la última opción era la más probable.
Debía de seguir a un coyote mientras Tora estaba a sus espaldas, su andar era bastante rápido y les costaba seguirles el ritmo dadas sus heridas. Debido a la falta de luz, ambos llevaban linternas para alumbrar el camino. A lo largo del trayecto, el vulpino hizo un par de preguntas para ver dónde se encontraba exactamente, esperaba que el tigre le pudiese ayudar un poco a saciar su curiosidad pero el coyote no permitía que Tora dijera nada.
Llegaron al final del túnel luego de recorrer los laberínticos pasillos. Había unas puertas de madera y varios haces de luz que se escurrían a través de las tablas y por debajo de dichas puertas. Su pelaje se erizó en cuanto el coyote se acercó para abrir la puerta, tal vez Arcagma lo esperase al otro lado.
A diferencia del túnel o las pequeñas chozas que vio anteriormente, la habitación que continuaba a las puertas tenía suelo pavimentado y estaba iluminado por varios faroles y velas. El lugar era bastante grande de por sí, pudo ver tres mesas y varios mamíferos alrededor de ellas comiendo o simplemente pasando el rato, de seguro habrían de ser los ex-convictos. No se detendrían allí más que unos pocos segundos, su camino seguía a través de uno de los tres túneles que se conectaban a la habitación, irían por el del medio.
El túnel tenía varias maderas sobre las paredes a diferencia del primer tramo que recorrieron. Una vez recorrida una distancia de unos quince metros volverían a detenerse, esta vez frente a una puerta de metal, probablemente aluminio. El coyote no la abriría sin más, esta vez golpearía tres veces y esperaría a que alguien abriera desde dentro.
Después de un ligero chirrido, una nutria de ojos azulados se asomaría y, luego de observarlos por un par de segundos, terminaría de abrir la puerta. El suelo de la habitación estaba completamente tapizado por una alfombra rojiza, contaba con iluminación e incluso calefacción por medio de una estufa eléctrica. Había un escritorio con una computadora y una heladera pequeña sobre la pared derecha, un par de muebles y estanterías a la izquierda, así como una cama al fondo de la habitación, la cual tenía el tamaño de un monoambiente pequeño. El centro de la habitación era ocupado por una mesa y, frente a ella, se encontraba un individuo de lo más particular reposando sobre una silla revestida en terciopelo también rojizo.
Sólo bastó un gesto con su pata derecha y tanto Tora, como el coyote y la nutria salieron del lugar para dejarlos. Quien suponía ser Arcagma se mantenía expectante, mientras el zorro se quedó parado frente a la mesa. Así como uno de ellos disfrutaba de la tensión, el otro permanecía de pie a medio metro de él, aunque no por miedo exactamente. Intentaba aprovechar cada segundo para estudiarlo, para analizarlo en su entera extrañeza.
Era un felino no muy grande, se podría decir que tenía su mismo tamaño. Su especie y edad eran difíciles de determinar dado que era completamente calvo, aunque un par de teorías lo llevarían a aproximar cuántos años llevaba encima. La ausencia de pelaje no era lo único llamativo de parte del felino, su ojo izquierdo tenía la pupila más pequeña, su párpado estaba bastante más caído y el ojo en sí parecía estar un tanto hundido, ambos eran verdes. El derecho por su parte contaba con una mancha, posiblemente la cicatriz de alguna úlcera. "Miosis, ptosis palpebral, enoftalmos, posible anhidrosis en su piel…", todos los cabos parecían apuntar a un mismo lado.
—Estoy esperando a que se siente, señor Wilde —exclamó con una voz ronca y profunda, el sujeto debió de haber sido fumador—. No ha de temer, sólo estamos usted y yo en esta habitación, nadie nos molestará.
—No te temo, Arcagma, puedes contar con ello —respondió el vulpino, desafiante y permaneciendo aún de pie.
—Lo cual si me pregunta está muy bien. Me conformo con cosas simples, como el respeto de un mero invitado para con su anfitrión. Vamos, póngase cómodo, insisto. —Luego de algunos segundos en silencio, el vulpino suspiró y tomo asiento frente a él. Arrastraría su silla hacia delante tanto como le fuese posible para observarlo más de cerca—. Siempre vi su labor… Oh, ¿cómo definirla? ¿Admirable? ¿Fascinante? ¿Venerable? Sí, supongo que son buenas palabras, así como tantas otras que lo representan, mi estimado Archimago de Plata.
—Agradezco los halagos pero puedes ahorrártelos, sólo quiero saber qué quieres de mí.
—Lo estoy tratando de usted, agradecería que haga lo propio. También me gustaría, como dije, un poco más de respeto. Está en mi habitación a pedido mío, cómodo y con calefacción, mi hospitalidad es grande pero tiene sus límites.
—¿Hospitalidad? Tengo un par de costillas rotas, me secuestraron y me tuvieron varios días en ese agujero, sólo para dañar a mi primo. ¡Y eso que no pienso hablar de cómo tienes a Zootopia sumida en el miedo!
—Sólo levántame la voz una vez más y verás cómo tu par de costillas rotas son arrancadas con toda tu caja torácica por mis hombres. Tienes suerte de que tu nombre tenga peso, de lo contrario otra sería la historia a estas alturas. —El felino comenzó a golpear incesantemente la mesa con sus dedos de la mano derecha, acto seguido comenzó a frotar su antebrazo izquierdo. El silencio entre ambos fue largo y tendido hasta que el anfitrión retomase la palabra—. Sé que no ha tenido grandes fuentes de alimento ni bebidas. Si bien no tengo nada para comer, siempre guardo algo en caso de tener invitados. ¿Un vino sería de su agrado, doctor Wilde?
—Estoy un tanto deshidratado, el alcohol no me sentaría muy bien.
—Claro, que torpe de mi parte —respondió con una ligera sonrisa mientras se ponía de pie. Buscaría en la pequeña heladera una jarra con agua y luego dos vasos en una estantería—. Esto le sentará muy bien.
—¿Puedo preguntar algo sin que se ofenda?
—Por supuesto, mi estimado. —El felino se sentaría y comenzaría a servir agua para sí mismo y para su invitado.
—¿Por qué hace todo esto?
—Hago muchas cosas, sea más puntual.
—¿Es así con todos sus invitados?
—Sólo con aquellos que llaman mi atención, como usted. Un ladrón honesto que roba a los ricos y lo reparte entre los pobres es algo cuanto menos llamativo, aunque un tanto cliché. Tal vez no lo planeó en su momento, o tal vez sí, pero los Giesler y los Dalton sucumbieron luego del gran golpe.
—Su caída era una posibilidad muy tentadora, pero no mi objetivo.
—Brindo en ese caso por las posibilidades, aunque sea mera agua. —Dicho esto el calvo felino levantó su vaso y el vulpino lo imitó—. Seré sincero con usted, doctor Wilde. No sé cuál será su futuro. —El zorro se ahogaría al escuchar eso, mientras que el anfitrión sonreiría—. Mis objetivos son simples, quiero que el miedo y el terror se alcen por toda la ciudad. Imagínese que, con las diferentes agencias, eso es un tanto difícil. Necesito golpear a los principales agentes donde más les duele para desmoralizarlos, así como para arrebatar la esperanza de los diferentes ciudadanos.
—Supongo que mi muerte además de afectar a Nick implicaría un buen golpe, ¿verdad? El Archimago de Plata reaparece luego de década y media sólo para ser ejecutado por el malo de turno.
—Veo que el accidente no afectó su cerebro, es así como dice, amigo mío. Su muerte me sería de gran utilidad… —Volvería a servirse agua mientras esbozaba una siniestra sonrisa que le ponía los pelos de punta, luego de beber medio vaso volvería a frotar su antebrazo izquierdo, tenía cierta mueca de dolor en su rostro.
—Sigo vivo al cabo de algunos días, si no lo ha hecho es porque le sirvo de algo.
—Su primo especula mucho con lo que pueda llegar a pasarle, es más controlable ahora por miedo a su eventual muerte. Además, sus habilidades pueden ser de utilidad, necesito un médico para mis hombres. —Drew suspiraría un tanto aliviado, si de sus habilidades como el Archimago dependiese su vida, ya estaría condenado. Luego del gran golpe nunca había vuelto a hacer nada demasiado complejo—. Le daré una moneda, si toca cara muere, cruz lo dejo vivir por ahora.
—No puede estar hablando en serio…
—Aquí tiene, hágalo. —De su bolsillo sacaría una moneda para dejarla frente a él, el zorro estaba atónito. ¿En serio su vida se reducía a eso?—. El azar es algo que me fascina, cuando no sabes qué decisión tomar recurres a él. Después de todo, como dice el dicho, el azar es lo más coherente que tiene el destino.
—Puedo serle muy útil como médico, en serio sería un buen recurso.
—No tengo dudas de ello, pero el único recurso que me importa ahora mismo es la moneda.
—Deje al menos que mi futuro dependa de mí, no de una moneda. Apostemos mejor, si gano me libera, pero si pierdo hace lo que quiera.
—¿Apostar? Es el primero que viene y hace este tipo de propuestas… —Llevaría ambas patas detrás de su cabeza y luego se estiraría—. ¿Qué tiene en mente?
—Usaré tres palabras para decir algo de usted. No serán tres características, sólo una oración corta, quizás incluso sea un secreto.
—¿Sólo eso? ¿Tres palabras? —Arcagma lanzaría un par de risas provocadoras, pero el vulpino se mantenía firme—. Los zorros no son de fiar, pero admito que me da curiosidad esto que plantea, además de que admiro su coraje… Sólo tres palabras, y que sea algo en verdad importante, no puede decir algo como "tiene ojos verdes" o "es un felino".
—¿Tenemos un trato entonces? —El vulpino se pondría de pie y le ofrecería su pata para cerrar el acuerdo.
—No puedo dejarlo ir, pero haremos algo similar a lo que íbamos a hacer con la moneda. Si gano lo torturo y luego lo mato en vivo, pero si usted gana lo dejo vivir mientras esté aquí con nosotros. No será intocable, pero mientras no moleste saldrá ileso.
—¿Va a estrechar mi pata o no? —Con una prominente sonrisa el felino se puso de pie y cerró el trato. Si bien sus planes se vieron alterados, prefería cuanto menos vivir lo suficiente hasta tener la posibilidad de escapar—. Bien…
—Vamos, diga las tres palabras.
—Cáncer de pulmón.
La sonrisa del felino sólo se haría más grande, contrario a lo que pensó el zorro. Arcagma se encaminaría hacia la puerta y luego haría pasar a sus dos hombres, les indicaría que se lo llevasen a su celda y que esperasen instrucciones. Drew quedó paralizado donde había estrechado la pata de su anfitrión, era imposible que se hubiese equivocado.
—Lo veo al rato, doctor Wilde —exclamó el felino mientras sus hombres se acercaban al zorro.
—El tumor está en el vértice de tu pulmón, comprime el ganglio estrellado y lleva a que tu ojo izquierdo esté así, se llama síndrome de Horner. Y… Y tu dolor en el antebrazo es porque el tumor aprieta los nervios del plexo braquial irradiando dolor, por eso no parabas de frotarte ahí. ¡Y tu calvicie! ¡La maldita calvicie! Estás haciendo quimioterapia, por eso se te cae el pelo. ¡No me engañas! ¡Tienes un Pancoast-Tobias!
—Pero si yo no busco engañarlo, usted ganó. Si bien no es un secreto para mis principales allegados, pienso concederle esta victoria de momento.
—¿Entonces qué hice mal? ¿Por qué me llevan de este modo? —preguntó el zorro mientras sus rodillas flaqueaban.
—Porque ahora trabaja para mí, irá a Bunnyburrow para ayudar a mis hombres.
. . . . . . . . . .
Todos los que ingresaban al despacho de Bogo estaban al tanto de la mera tensión que el estar ahí generaba. En mayor o menor medida, incluso sin haber problemas de por medio, la oficina del búfalo era sinónimo de inquietud, en los últimos días esto se manifestaba en su máxima expresión.
No todos en la ZPD estaban al tanto de lo que ocurría con la gente de Arcagma, sólo era sabido que fueron avistados en las conejeras. Cualquiera que tuviese sentido común sospecharía de un ataque a los Hopps, así como lo hubo a la familia Wilde, pero sin nada oficial nadie en la ZPD podía afirmar una cosa u otra. Sólo restaba esperar por las órdenes de Bogo.
El búfalo explicaba la situación en general, escatimando en detalles, daría a entender todo lo acontecido en cuanto Wilde y Hopps cruzasen el umbral de la puerta. Mientras Clarke y Steppefurd se mantenían tan calmados como les fuese posible, Savage era un manojo de nervios.
La ansiedad lo carcomía por dentro, le costaba demasiado mantener la compostura mientras hacía oídos sordos a todo lo que dijesen. No los ignoraba con intención sin embargo, las voces en su cabeza no paraban de gritar teorías de todo tipo. Si bien él no tenía una enorme familia como Hopps, tenía a los suyos en Burrows también. Los mamíferos de Arcagma ya supieron excavar en secretos de todo tipo, ¿y si daban con sus seres queridos?
Pronto la puerta se abrió y por ella ingresaron el zorro y la coneja, el búfalo se vería obligado a explicar a fondo la situación de una vez por todas. Como supo ocurrir con el secuestro de Andrew Wilde, sus enemigos nuevamente se comunicaban por medio de un video. Difería de lo que Arcagma había mostrado en ese momento.
La computadora del búfalo comenzó a reproducir el video, en un primer plano el rostro de Herbert ocupaba gran parte de la pantalla. La herida en su ojo se hallaba oculta detrás de un bien elaborado vendaje, el felino afirmaba haber recibido atención médica de alguien que le alegraba tener consigo. No era su único acompañante, según explicaba, había quienes lo acompañaban con su cálida presencia.
Herbert comenzaría a caminar hacia atrás, luego de retroceder un par de pasos dejaría entrever a dos conejos. Sobre su lado derecho, Stu Hopps se encontraba sentado en una silla, maniatado y amordazado; sobre su izquierda Bonnie estaba en las mismas condiciones. Por lo que se podía observar alrededor era algún tipo de granero bastante viejo.
—¿Es en la granja de tus padres? —preguntaría Bogo luego de pausar el video mientras observaba a Judy.
—No, ni de ninguno que conozca a simple vista —respondería la coneja mientras llevaba su pata al mentón. Intentaba concentrarse para hallar cualquier detalle que le pudiese dar una pista, pero no había nada.
—No tiene pinta de estar ocupado, el lugar está muy deteriorado y descuidado, además hay varios rayos de luz penetrando desde el techo —indicó Clarke—. Dudo que alguien quiera guardar sus cosas ahí sabiendo que con una simple lluvia todo se mojaría sin más.
—Podría ser la granja de una familia poco interesada en su granero, ¿no crees? No todos cuidan lo que tienen. —La coneja negaría ante el comentario de Skye.
—En Burrows todos cuidan lo que tienen, es lo poco que le puedes dejar a tu familia en medio de trillones de conejos. —La mayoría dirigiría la mirada a Bogo luego del comentario de Judy, para ver cuál era su conclusión final.
—Bien… Buscaremos principalmente en granjas abandonadas, pero antes de decidir nada quiero que terminemos con el video. —Dicho esto, la grabación de la pantera continuó siendo reproducida.
Un reno aparecería en cámara mientras llevaba a un vulpino con los ojos tapados, un bozal y sus patas amarradas detrás de su espalda. Luego de un empujón el zorro tropezaría para quedar a los pies de Herbert. "El doctor Wilde fue muy generoso al ayudarme con mi reciente herida de bala…" En tanto el vulpino se ponía de pie, el reno le quitó la venda de sus ojos y Herbert desapareció de cámara para ir a buscar algo. Drew se sorprendería de forma poco grata al ver a los Hopps a merced de estos locos.
En cuanto volviese a aparecer, Herbert respiró profundamente para contenerse, no se quería dejar llevar demasiado con lo que venía. Se acercaría al zorro con algo en una de sus patas. El reno, un tal Jeffers, liberó las patas del vulpino para que tomase un botiquín de buen tamaño que cargaría con ambas patas.
Mientras la pantera se acercaba a Bonnie Hopps, Jeffers abriría el botiquín que Drew aún cargaba para buscar algo que le alcanzaría al felino. Eran tres las jeringas que se hallaban en la pata de Herbert, una trasparente y dos de un blanco tenue, la sustancia que se hallase en su interior no estaba demasiado concentrada. Luego de arremangar la manga derecha de la remera de Bonnie, Crncevic tomaría una de las sustancias blancas y la inyectaría en la pata derecha de la madre de Judy mientras sonreía cínicamente a la cámara.
—¿No quiere saludar a su hija, señora Hopps? —La pregunta de Herbert llegaría en cuanto quitase la jeringa.
—No te metas con ella, pantera, déjala en paz— repuso Stu con firmeza, captando la atención del felino que se acercó a él.
—¿Qué es lo que hará señor Hopps? ¿Eh? —El aliento de la pantera impactaba de lleno en sus narices. Luego de un potente gruñido, el conejo apartaría la mirada y cerraría los ojos, Herbert sólo sonreía—. Ustedes los conejos son siempre tan verborrágicos… —Mirando a la cámara, el felino volvió a poner un temple más serio y sereno—. Aquí nuestro pedido, oficiales y agentes: queremos la contraseña, el doble de dinero que nos llevaron al rescate, al menos cuarenta oficiales de la ZPD presentes y, por supuesto, que Wilde y Hopps estén presentes para reencontrarse con los suyos. —Movería su cuello a un lado y otro para tronárselo, llevaría su pata derecha al bolsillo para tomar su teléfono—. Tú te encargas ahora, Jeffers, explica lo de las jeringas. Tengo otros asuntos que atender…
—Sí, claro…— exclamó el reno. Luego de pasar frente a él, la pantera dejaría las dos jeringas restantes en patas de su cómplice.
—Deja el botiquín en la mesa y prepárate, Wilde, la señora Hopps requerirá de tus servicios en cualquier momento. —La pantera tomaría al zorro del hocico y fijaría su mirada en la suya—. Sólo la atiendes si Jeffers o yo te autorizamos, ¿me entiendes? No me hagas enojar… —Dicho esto, Crncevic lo soltaría para luego salir de cámara, se escucharía un fuerte portazo después.
—Bien, cómo habrán visto hay tres jeringas —indicó Jeffers—. Dos de ellas, las blancas, son venenosas. La restante…
El búfalo cortaría el video de inmediato sabiendo qué es lo que seguía. Ya para cuando el reno comenzase a hablar, Bonnie Hopps había comenzado a padecer fuertes convulsiones. Queriendo evitar que su oficial viera a su madre en ese estado, decidió explicar por sí mismo lo que Jeffers dio a entender durante el video.
Las blancas eran venenosas, mientras la transparente era la cura, aunque no sabían qué las componía. Drew se encargaría de alargar el tiempo de vida de Bonnie y, si hiciera falta, de Stu. Había varios medicamentos en el botiquín para apaciguar los síntomas. La pantera seguiría grabando todo lo acontecido en un servidor privado, desde allí se comunicaría con ellos. Aun así, de momento no tenían acceso, Herbert no quería dejar que vieran los síntomas de Bonnie para que fuese tratada. Aun así, los especialistas toxicológicos de la ZPD ya estaban ideando diferentes hipótesis respecto al veneno con lo poco que pudieron observar en la grabación.
Stu también sería inyectado con el veneno dependiendo de la situación. Apenas llegasen a Burrows se toparían con animales a cargo de la pantera y, si alguno de los pedidos no era cumplido, el conejo padecería las consecuencias. Con un único antídoto disponible, asumir riesgos no parecía la mejor opción, aunque dejar la ciudad tan desprotegida tampoco lo era, mucho menos exponer al zorro y la coneja en una situación tan delicada.
—Esta grabación llegó para cuando los llamé a todos, han pasado veinte minutos de ello —explicó el búfalo, cruzado de brazos—. Tal vez al llegar a Burrows podamos buscar una cura extra, aunque necesitaríamos tiempo para que analicen la reacción de Bonnie Hopps. No tendremos nada muy certero, aunque podríamos prolongar sus vidas lo suficiente como para tratarlos como se debe.
—¿Qué tan rápido podemos llegar? —preguntó Judy, que se mantuvo de pie desde que entró en las oficinas de su jefe.
—Por aire tal vez podamos llegar en la mitad de tiempo. —Los presentes comenzaron a observar a la zorra—. Si son trescientos cuarenta kilómetros, en hora y media podríamos estar allí. Cuando lleguemos podremos hablar con la policía del lugar, hasta que lleguen los oficiales de la ZPD.
—¿Y si quisieran derribarnos?— El comentario de Clarke no cayó para nada bien, era un riesgo evidente—. Ya usaron bazukas cuando atacaron la ZIA, seríamos un blanco muy fácil si vamos por aire.
—Podríamos ir por aire sin llamar su atención, en Bunnyburrows hay montones de aviones de comerciantes. —Todos asintieron ante el plan de Nick—. Tengo un conocido que podría prestarnos unos tres o cuatro, aunque tal vez quiera algo a cambio. No sólo iríamos nosotros, podríamos llevar a varios miembros más de la ZPD para trabajar.
—¿De dónde conoces a este tipo, Wilde? —Había cierto tono de curiosidad en la voz de Savage, así como de desconfianza.
—Mi tío tenía una granja cerca de Burrows. —La explicación del vulpino quedaría allí mismo, no quería hablar mucho más de su contacto—. ¿Les parece un buen plan?
—Yo estoy a favor —exclamó Judy, Clarke asentiría para apoyarlo también.
—Me gusta la idea también. —Skye también se sumaría al plan, Savage asentiría al igual que el lobo momentos antes.
—¿Tú estás de acuerdo, Bogo? —El búfalo se tomaría algunos segundos luego de la pregunta del vulpino.
—Es un buen plan, buscaremos a ese conocido tuyo y meteremos tantos agentes en las avionetas como podamos. —El búfalo no se escuchaba del todo convencido, se tomaría algunos segundos más antes de volver a tomar la palabra—. Quiero dejar algo bien en claro… No quiero que vayan ustedes dos.
—¿Qué quiere decir con eso? —preguntaría Nick de forma innecesaria al ver que él y Judy eran señalados.
—Todos aquí saben lo que pienso cuando hay una relación entre las víctimas y mis oficiales, pero haremos una excepción esta vez. Sólo irán para preservar la vida de la familia Hopps, aunque esto me moleste bastante. —El búfalo se pondría de pie, con una postura seria e intimidatoria—. Más les vale obedecerme y no hacer tonterías, porque hoy rescataremos del primer al último de los Hopps. Acabaremos con el maldito bastardo de Crncevic de una vez por todas…
. . . . . . . . . .
No paraba de revisar apenas tenía oportunidad cada una de las cosas que había en el maletín, debía asegurarse de no darle a Bonnie Hopps algo que le hiciera daño. Cualquier interacción medicamentosa podría llevarla a padecer reacciones de cualquier tipo. Además no sabía si era alérgica a algo puntual, pero una úlcera estomacal era lo de menos si quería mantenerla con vida.
Intentaba hacer un repaso de todo lo que pudo observar con el par de episodios que tuvo de momento. Las convulsiones y la gran rigidez muscular daban lugar a muchas cosas, pero si de algo estaba seguro es que el veneno estimulaba el sistema nervioso central. A su vez, las contracciones daban lugar a la acción de músculos flexores, músculos que mueven segmentos del cuerpo hacia adelante, como extensores, que hacen lo propio hacia atrás. Si bien ambos tipos de músculos actuaban a la vez, los extensores lo hacían en mayor medida. Esto último le daba una pista mayor. Con cada episodio de convulsiones, los músculos extensores actuaban con mayor fuerza, podría tomar una postura opistótona llegado el momento, curvando todo su cuerpo hacia atrás formando una "C" invertida con un arco bastante pronunciado.
El opistótonos era un signo más que claro, el veneno era fatal. Las convulsiones podrían llevar a una extrema rigidez del diafragma y todos los músculos accesorios de la respiración, Bonnie Hopps podía morir de asfixia en dicho caso. Revisó entre todos los fármacos y halló succinilcolina, dicha sustancia le ayudaría a facilitar la respiración, debía dejarla lista. También había visto una máscara respiratoria CPR por ahí, podría asistir la respiración evitando el boca a boca cuanto menos.
Intentaría volver sobre la postura opistótona, no eran muchas las cosas que llevaban al cuerpo a actuar de ese modo. Clostridium tetani, litio, haloperidol y algunos otros fármacos, estricnina, kernícterus… Descartaría el último, sólo se veía en neonatos. También tacharía de su lista el haloperidol, a menos que Bonnie fuese alérgica a dicho medicamento no reaccionaría así. Si se suponía que ambos serían envenenados, sería una casualidad en extremo grande que tanto ella como Stu fueran alérgicos. ¿Tal vez cada jeringa tenía un veneno diferente? No podría saberlo hasta que el conejo fuese envenenado, lo cual rezaba a cualquier dios existente que no sucediese.
Clostridium tetani, litio, tal vez estricnina, no tenía muchas más opciones de momento. De ser litio debía de estar deshidratada, se acercó a la coneja y le pidió que abriera la boca haciéndole señas. Bonnie asentiría y él observaría una cantidad normal de saliva, una nueva sustancia descartada. La bacteria conocida como clostridium tetani no debería de afectarla. De por sí la vacuna antitetánica, que la contrarresta, es obligatoria en todo Burrows.
La estricnina era su última opción. Debía pensar cómo contrarrestar la sustancia, fuese lo que fuese que tuviera la cura de Herbert tal vez pudiese emularla con algo de lo que tuviese a mano. Cura, cura, cura, no recordaba a ciencia cierta con qué tratar la estricnina… No, no tenía… La estricnina no tiene un antídoto como tal, no había forma de tratarla directamente. Sólo se puede alivianar los síntomas y ayudar al paciente a eliminar la sustancia, recurriendo a diuréticos o induciendo al vómito. ¿Qué rayos era lo que tenía la pantera en esa jeringa?
Ese último pensamiento lo puso demasiado nervioso, quizás el antídoto fuese algo peor que el mero veneno. Buscó adrenalina, debía de haber por ahí… Efectivamente la halló en el jodido botiquín, la tendría preparada arriba de todo para tenerla lista. Era imposible saber qué tenía la falsa cura, pero ante un eventual estado de shock la adrenalina podría salvar a la coneja.
Nuevamente Bonnie comenzó con espasmos musculares, luego su cabeza se reclinó hacia atrás al igual que sus brazos. Las convulsiones eran más fuertes que la última vez, debía de ayudarla pero antes debía de buscar a Herbert o a Jeffer. Stu comenzó a llamar a la pantera, Drew sabía que si hacía algo por la coneja y la pantera no lo autorizaba todos estarían en graves problemas.
Los gritos desgarradores de la coneja se hacían insoportables, pronto su esposo comenzó a gritarle a él también. "¡Has algo! ¡La estás dejando morir!", exclamaba Stu mientras él negaba con la cabeza y le hacía señas de que todos estarían muertos si desobedecían. Aun así, no pasaron demasiados segundos para que decidiera atenderla, no aguantaba verla en ese estado.
Jeffers había desaparecido hacía unos minutos y los dejó ahí solos, mientras que la pantera llevaba un buen rato fuera. Tal vez pudiese ayudarla sin que nadie lo supiese de momento. Tomaría cosas del botiquín e intentaría controlar las convulsiones lo más rápido posible.
En cuanto se acercó a la coneja pudo sentir pasos a sus espaldas, de no ser por el bozal que tenía puesto habría maldecido su suerte. Una pata se posaría sobre su hombro derecho, no hacía falta voltear para saber que se trataba de la pantera por el tamaño y la fuerza del agarre. Un golpe en su sien derecha lo haría caer, intentó incorporarse pero una patada a la altura de su abdomen lo haría caer otra vez. Herbert lo tomaría de su cuello y lo levantaría, ambos estaban cara a cara.
—Tus indicaciones eran claras, Wilde, sólo la atendías cuando yo te decía. —Dicho esto, la pantera lo lanzó contra unas sillas que se romperían ante el impacto del zorro. Un hilo de sangre se hizo presente en la nariz de Drew, así como un corte encima de su ojo izquierdo.
—No le haga daño, deje que atienda a mi esposa —susurró con un hilo de voz Stu, temeroso de la pantera.
—¿Acaso piensas que puedes pasar sobre mí? ¿Ignorar lo que digo? —preguntó Herbert ignorando a la coneja, mientras se posaba encima de Drew que aun yacía en el suelo. Izquierda, derecha, izquierda, los golpes en su cabeza se vieron seguidos de un zarpazo en su pecho que desgarraría sus ropas y dejaría grandes cortes.
—¡Ya! ¡Déjalo en paz! —Haciendo caso omiso al pedido de Stu, Herbert acomodó al zorro contra la pared para golpearlo en el hocico y luego en su abdomen. Drew caería sobre sus rodillas mientras gemía por el dolor—. ¡Yo le pedí que lo hiciera! ¿¡Quieres dejarlo en paz, maldito tuerto idiota!? ¡Mi mujer necesita de su ayuda!
—No escuché que dijera por favor, señor Hopps —indicó la pantera mientras sonreía. Le quitaría el bozal al vulpino, la sangre brotaba de su hocico y estaba muy aturdido—. Quiero que me ruegue que lo deje… —Nuevamente tomaría al zorro del cuello, pero esta vez apretaría con mucha más fuerza mientras lo levantaba. Drew intentaba soltarse pero el agarre de Herbert no aflojaba—. Y también quiero que se disculpe por el insulto, lo de tuerto estuvo demás.
—Bien… Sólo bájalo, por favor, en serio lo lamento, lamento todo esto… ¡Ya bájalo!
El enorme felino soltaría al vulpino para dejarlo caer, Drew intentaba tomar bocanadas de aire pero no podía hacer más que toser y escupir sangre. Juntó del suelo las cosas que tenía a mano antes de que Herbert lo atacase, al intentar ponerse de pie para socorrer a Bonnie terminó por tropezar.
El dolor era insoportable, pero no podía detenerse demasiado. Caminó hacia Bonnie tan rápido como su cuerpo se lo permitía, un empujón seguido de una risa lo haría caer. Se apoyaría sobre su rodilla derecha para nuevamente ponerse de pie, ya casi llegaba a ella. Herbert por su parte se acercó a donde estaban sus cosas para luego acercarse a Stu.
—Escúcheme, señor Hopps. —La pantera se detendría frente al conejo y guardaría algunos segundos de silencio antes de seguir, le gustaba jugar con la tensión de sus víctimas—. Ya que le pidió al pobre doctor Wilde hacer algo tan tonto como desobedecerme, tengo que buscarle un castigo apropiado. Entienda que yo no quería hacer esto, pero usted es quien me obliga —acotó cínicamente.
—No te tengo miedo, pantera, ni a ti ni a sus hombres —exclamó el conejo mientras le sostenía la mirada—. ¿Vas a golpearme? ¿A envenenarme? No me importa en lo absoluto, sólo procura que mi esposa y toda mi familia esté a salvo. Dudo que quieras desatar aún más la furia de mi hija, hará mucho más que destrozarte un ojo.
—Los conejos son siempre tan arrogantes… Hablan, hablan, hablan y nunca llegan a nada. ¿La oficial Hopps? Ansío mucho verla, créame. —Haciendo uso de sus garras, la pantera desgarraría la manga de Stu—. Sus lágrimas no harán más que hacer todo esto mucho más placentero. —El conejo sentiría un pinchazo, mientras Herbert dibujaba una sonrisa al notar cómo ya su víctima comenzaba a titubear—. Wilde, prepara tus cosas, en cualquier momento el señor Hopps presentará un cuadro como el de su esposa.
—No le temo a la muerte, da igual que me metas esa basura —exclamó el conejo con firmeza.
—Supongo entonces que no te importa guardar el antídoto para tu esposa, después de todo será tu vida o la suya…
. . . . . . . . . .
Seguía sin poder creer que Michael, su contacto, accediera a prestarle todas sus avionetas para ir a Burrows. Pese a que llegó de improvisto, por la madrugada y con varios agentes de la ZPD estorbando, el sujeto accedió a ayudar apenas le explicaron la situación. Bien sabía que no lo hacía por él, más bien por su primo y por la estrecha relación que tuvo con su tío en su momento. Avionetas comerciales de rinocerontes… Cabían en la parte trasera de la cabina con comodidad y todo.
Faltaba poco para llegar por lo que gritó el piloto, uno de los tantos mamíferos que Bogo llamó para hacerse cargo de llevarlos. Él era de momento el único despierto. Hacía rato que se puso sus auriculares, cerró los ojos y comenzó a reproducir el audio de Drew una y otra vez. Pese a los pedidos de ese pulgoso no pudo borrar el audio, sólo lo guardó entre tantas canciones y eliminó la conversación por donde se lo enviaron. Despertaría de a poco a los suyos para que se preparasen, comenzando con Clarke para que despierte al par de la ZIA y siguiendo luego con Judy.
Las diferentes avionetas aterrizaron a lo largo de dos pistas del aeropuerto de Burrows, todo se dio con completa normalidad. Junto con Bogo y los cuatro pilotos, eran veintidós los miembros de la ZPD presentes. El búfalo reuniría a los suyos para movilizarse y buscar al grupo de oficiales de la BPD, rama de la ZPD encargada de proteger Burrows.
Si bien las conejeras eran un lugar en extremo pacífico, la ZPD formó la sucursal de Burrows hacía ya un par de décadas para no tener que enviar a sus agentes desde Zootopia. Los agentes apenas trabajaban en eventos importantes, estaban listos para interferir si había alguna riña en un bar o por si alguna fiesta se descontrolaba y había denuncias por ruidos molestos. En general la policía estaba compuesta por aquellos cuyas notas fueron bastante deficientes en la academia, o quienes habían tenido sanciones de disciplina.
Había sido su meta en un principio, apenas ingresó a la academia. Si bien Judy terminó en el mejor recinto de la ZPD, su objetivo en un principio era trabajar en su pueblo natal para ayudar a proteger a los suyos. La oferta sin embargo era algo que no pudo rechazar, Zootopia ofrecía mucha más acción que Bunnyburrow.
Un grito de Bogo llevaría a que todos los suyos se alistasen, a la par del grupo unos quince miembros de la BPD se preparaban para escuchar lo que el búfalo tuviera que decir. Por lo visto ya tenían acceso al servidor de Arcagma, su única indicación era esperar en el aeropuerto. Aparte de ello, se confirmó que Andrew Wilde recibió una golpiza mientras ellos estuvieron en pleno vuelo, pero no había noticias de las jeringas.
Bogo dejaría de dar órdenes e indicaciones a los suyos por un momento, su teléfono vibraba y debía estar al tanto de cualquier novedad. En tanto su jefe atendía la llamada, el vulpino comenzó a observar el interior del aeropuerto. Si Skye hubiese abierto el hocico, ya deberían de estar presentes los mamíferos a cargo de Herbert. Con el servidor de Arcagma abierto, el que no hubiese demandas de ningún tipo no pronosticaba nada bueno. Fue por ese entonces que sintió un escalofrío al verlo a la lejanía, la maldita pantera había comenzado a jugar muy sucio.
A la coneja le llamó la atención al verlo caminar, incluso gritaría su nombre un par de veces al verlo alejarse. Al ver que no había respuesta, Judy observó en la dirección a la cual se encaminaba el zorro para luego sentir cómo su corazón se detendría por un momento.
Sólo la reconocía por las fotos que su familia le envió, apenas intercambió un par de palabras con ella por una llamada, pero sabría identificarla al instante. Sus padres la habían encontrado un día cualquiera, siguiendo la tranquila rutina del pueblo hasta que la escucharon detrás de un negocio y a la par de unos contenedores de basura. La conejita estaba sola, necesitada de amor, de una familia que la pudiera amar, que pudiera darle el cuidado que se merecía y que sobre todo jamás la abandonase otra vez. Los Hopps eran ideales para ello y no sólo la criaron como una más, sino que a lo largo del último par de años fue de las más mimadas por todos dada su situación. Suspiraría su nombre en voz baja mientras seguía los pasos de Nick cual autómata.
—¿Quién es Nicolle, Judy? —preguntó la zorra ártica, que comenzaría a seguir a Judy. Al observar a Todd sentado junto a una pequeña coneja de no más de tres años, apretó los puños y se detuvo en seco. El híbrido no debía de estar allí y menos aún con la niña, no estaban respetando el maldito acuerdo que tenían—. ¡Bogo! —En cuanto el búfalo le dirigiese la mirada a la agente de la ZIA, esta le señalaría cómo sus oficiales se encaminaban hacia uno de los ex-convictos más conocidos.
—Savage, Clarke, síganme —ordenó el búfalo mientras imitaba a los suyos y caminaba en dirección al híbrido. Algunos de los oficiales a su cargo comenzaron a seguirlo también—. Tengan listas sus armas, es una clara emboscada para Wilde y Hopps.
—¿Te dijeron algo importante en la llamada, Bogo? —La pregunta del lobo sería respondida con una mera mirada, por lo visto las cosas no estaban del todo bien.
—Primero veamos qué es lo que quiere este maldito hijo de perra. —Luego de los dichos del búfalo, los suyos se detendrían a la par de Nick y Judy—. ¿Qué es lo que quieres, Lynx?
—Buenos días, primero que nada, Bogo. —El híbrido se apoyaría sobre sus rodillas para ponerse de pie, Nicolle permanecía sentada a su lado y con la vista gacha. La pequeña coneja vestía con un chaleco de nylon completamente rosa y unos pantalones de algodón del mismo color aunque en una tonalidad más oscura—. Es un placer poder conocerlo, también a sus agentes —exclamó Todd Lynx, uno de los mamíferos de mayor confianza de Herbert.
—Más te vale dejar ir a la niña, fenómeno —soltó el zorro dando un paso al frente, siendo detenido por Clarke, que se presentaba más calmo.
—Necesito que tú, Wilde, y tú, Hopps, me acompañen para reencontrarse con sus familiares. —El híbrido cargaría a la pequeña coneja en sus brazos mientras observaba a los mencionados—. Nicolle me dijo que ustedes en sus visitas la hacían sentir muy bien, lo necesitará en un momento como este…
Abriendo el cierre del chaleco, Todd dejaría entrever entre los presentes más cercanos un dispositivo que jugaba con la vida de la niña. No contaba con cronómetro, o este no era visible al menos. Quizás el híbrido pudiese accionar el explosivo que la envolvía debajo del chaleco con un control remoto, o quizás alguien que observase a la distancia. De un modo u otro, debían de quitarle el chaleco bomba a Nicolle cuanto antes, si previamente los tenían entre la espada y la pared ahora ya estaban completamente a su merced.
—Hay un auto que pasará a buscarnos, los mencionados me siguen, luego de eso habrá más indicaciones —indicó Todd, observando a todos con malicia y cinismo—. Bogo, tú ordénale a los tuyos que se queden, tendrán trabajo que hacer.
—¿Qué tipo de trabajo? —preguntó el búfalo cruzado de brazos mientras lo observaba fijamente.
—Hay algunos de nuestros hombres custodiando las entradas, no queremos que nadie salga de aquí, encárgate de que tus oficiales hagan lo mismo. Plantamos un par de explosivos y los detonaremos si vemos que alguien sale o si ustedes intentan hacer algo sospechoso. —Al ver los murmullos y miradas de preocupación de algunos de los oficiales presentes, Todd sonrió con satisfacción—. El dinero lo dejarán en los baños de damas del segundo piso dentro de cinco minutos, allí les diremos dónde se encuentra una de las bombas. Después de eso esperarán nuevas instrucciones. Ahora, ¿les parece si nos vamos? A Herbert no le gusta esperar…
Sin decir nada más, el híbrido dejó a la pequeña coneja en brazos de Nick y comenzó a caminar en dirección a una de las salidas. Tanto el zorro como Judy lo siguieron, hasta que una voz a sus espaldas se hizo presente a sus espaldas. Apenas la coneja se diese vuelta, Savage la abrazaría suavemente mientras le susurraba que todo estaría bien. No haría falta que Todd le gritase que se apartase de ella para irse todos de una vez, el conejo lo hizo por sí mismo. El abrazo no llevaría más de unos pocos segundos, cosa que Nick agradecería.
En tanto sus compañeros desaparecían detrás de la entrada, Skye comenzó a acercarse a su compañero para confirmar sus sospechas. No contaban con demasiados recursos, pero por lo visto el conejo había elegido un momento propicio para hacer uso de ellos. Posaría una pata sobre su hombro derecho y le dirigiría una mirada seria pero serena, debía de estar tranquilo.
—¿Usaste el rastreador que te di cuando partimos? —Jack asentiría ante la pregunta de la zorra ártica—. Informaré a Bogo para que lo sepa.
—No lo hagas, Skye, no aún. —Savage inspiró profundo mientras meditaba sus siguientes pasos—. Si sabe que podemos encontrarlos enviará a sus oficiales para hacer el trabajo, correremos el riesgo de que llamen la atención.
—Supongo entonces que uno de nosotros dos irá.
—Hay muchos conejos aquí, haré lo que tú hiciste en la Operación Bahvlir.
—Diré que te sentías mal por el vuelo, será mejor que te des prisa. Yo distraeré a alguno de los guardias para que escapes.
. . . . . . . . . .
Mientras un coyote conducía en silencio y Todd enviaba mensajes desde su celular, Nick y Judy intentaban animar a Nicolle en los asientos de atrás. Por su corta edad no entendía mucho de lo que sucedía, estar junto a ellos la hizo sentirse mucho mejor. Muecas raras del zorro acompañados de sus chistes malos hacían que la niña sonriera, así como juegos que la coneja improvisaba.
El camino que seguían ayudaba a Judy a imaginarse a dónde iban. Estaban de camino a las granjas que quedaron abandonadas después de las inundaciones, tal y como lo pensaron en un primer momento Herbert se estaba escondiendo en esa zona. Estaban a unos tres kilómetros del aeropuerto. Qué haría con ellos al llegar al lugar, era una completa incógnita, debían de estar listos para cualquier tipo de escenario.
Frenarían en la entrada de un terreno pequeño, había un cartel frente a ellos que daba la bienvenida a la granja Robinson. Si mal no recordaba Judy, la familia Robinson estaba compuesta de un par de mapaches y unos cuantos hijos que los ayudaban incansablemente. El lugar en sí no era tan grande, no tendrían muchos escondites a su favor.
El granero se encontraba a pocos metros de ellos, eran tres los guardias a su alrededor. Con los últimos enfrentamientos contra las diferentes agencias, Arcagma había perdido a muchos de sus hombres. Siendo que además debían de custodiar el aeropuerto, la protección con la que contaba la pantera en la granja era un tanto escasa.
Abrirían la puerta de la entrada trasera del granero empujándola hacia adentro, ingresaría primero Todd para luego hacerlo ellos, Nick seguía cargando a la niña. Tantos Stu como Bonnie estaban amordazados, así como Drew tenía puesto el bozal nuevamente. El zorro estaba maltrecho y herido, con un corte sobre uno de sus ojos y un zarpazo sobre su pecho. Nick no podía quitarle la vista de encima, su primo sólo asintió y se limitó a sonreír bajo el bozal. Bien sabían ambos que nada podían hacer de momento, sólo esperar una mala jugada de la pantera.
Al ver a sus padres junto a Drew, Nicolle intentaría soltarse del agarre de Nick para ir con ellos. Pese a que el vulpino intentó evitarlo, un gesto de la pantera no lo dejó con opción alguna que soltarla, bien sabía que llevarle la contraria no era recomendable. La pequeña coneja comenzaría a correr hacia ellos a lo largo del lugar. Herbert, sin embargo, se pondría en medio de su camino y la elevaría tomándola de su chaleco rosado.
—Tranquila, pequeña, mami y papi están muy ocupados ahora mismo. —La niña se taparía el rostro con sus patas y comenzaría a gemir del miedo que le infundía el felino. Herbert dejaría entrever sus enormes colmillos para aterrarla más aún, para luego comenzar a reír—. ¿Te quedarás con mi amigo Todd, conejita? —Nicolle no haría más que asentir. Luego la pantera la dejaría suavemente en el suelo para sonreír al verla correr hacia el híbrido.
—¿La dejarás ir? —preguntó Judy un tanto temerosa por la respuesta—. ¿Podemos hacer algo para que…?
—La contraseña, Hopps. Todd le quitará el chaleco en cuanto me la des y nos aseguremos de que funciona. —Ante la respuesta de Herbert todos los presentes apretarían los puños.
—Judy…—Nick debería ahorrarse lo que fuese a decir, la coneja tomó una decisión en el momento en que la pantera hizo su pedido.
—Uno, cinco, F…—Judy inspiró profundamente para contenerse, no quería que sus lágrimas de impotencia aparecieran para darle satisfacción a la pantera—. T, uno, cuatro, uno, dos…—Apretaría sus dientes mientras llevaba sus patas a su rostro, contener su ira era casi imposible—. B, S, dos, cero —Herbert anotaba las letras y números que la coneja decía, no perdía la oportunidad de sonreír de forma provocadora—, T, uno, nueve. Eso es todo, pantera, dile a tu amigo que le quite esa mierda a Nicolle.
—¿Me lo pides por favor? —Estuvo por insultar a Crncevic luego de su pregunta, pero sabía que no podía hacer nada sin que hubiera consecuencias de algún tipo. La pantera terminó por enviar la contraseña a uno de los suyos para ver si efectivamente funcionaba—. Te escucho, Hopps…
—¿Podrías pedirle a tu amigo que le saque esa mierda a Nicolle, por favor? —Pudo sentir cómo Nick apoyó una de sus patas sobre su hombro izquierdo para ayudarla a calmarse, pero el resultado sería nulo.
El híbrido despojaría a la niña de su chaleco rosado y de su bolsillo sacaría una pequeña llave. Mientras Nicolle observaba a sus padres con sumo temor, Todd la despojó del chaleco explosivo y abrió la puerta para que uno de sus hombres se lo lleve. Pasarían algunos segundos hasta que el celular de la pantera vibrase, por su sonrisa parecía ser que la contraseña funcionó. Arcagma tenía acceso definitivo a los archivos que quería de la ZIA.
—Bien, supongo que debemos de seguir con lo nuestro —exclamó la pantera—. No sé si ya lo sepas, pero tu padre también fue inyectado con el veneno.
—Eres un maldito…
—Cuida la boca, Hopps, no quieres que me enoje. —Luego de interrumpir a la coneja, Herbert se acercó al botiquín y de él sacó la jeringa con el antídoto. Se la daría a Drew, quien observaba a su primo fijamente, quería darle alguna señal de que el contenido de la inyección podía no ser la cura—. El doctor Wilde le dará el antídoto a uno de los dos, tú debes elegir quién de ellos.
—¿No podríamos negociar para que sea mitad para uno y mitad para el otro? —El híbrido soltaría una ligera carcajada ante la propuesta de Nick.
—No serviría, idiota, ni siquiera retrasarías al veneno lo suficiente —explicó Todd.
—Llamaré a mis hombres para que le digan a Bogo dónde hallar el segundo y último explosivo, a esta altura deben quedar unos cinco minutos. Deberás elegir rápido, coneja.
—Judy…—El vulpino suspiraría en voz baja, intentando evitar que lo oigan—. Deberíamos de darle la inyección a tu madre, ella lleva más tiempo con el veneno en sangre. Si sueltan a tu padre podríamos llevarlo a un hospital, habría más posibilidades de que vivan ambos.
—No creo poder elegir, Nick. ¿Y si nos engañaron y lo envenenaron hace algunas horas?
—No hay forma de saberlo, pelusa, no hay modo. —El zorro abrazaría a la coneja para luego volver a susurrar por lo bajo—. Tendremos más posibilidades si haces lo que digo, debes confiar en mí. ¿Confías en mí? —Pasados algunos segundos, la coneja asentiría y él se separaría de ella—. Bien, díselo.
—Quiero que el antídoto sea para mi madre —exclamaría Judy a viva voz mientras varias lágrimas se hacían presentes.
—¿Entonces estás dispuesta a dejar morir a tu padre? —preguntó Herbert mientras caminaba hacia ella lentamente—. ¿Quieres saber por qué me traje sólo a tus padres y no maté a todos los demás? —La pantera ya estaba frente a ella, Judy le sostenía la mirada con firmeza—. ¡Respóndeme carajo!
—¡No lo sé! —gritó la coneja, que ya casi no podía contener toda esa mezcla de sentimientos que la invadía.
—Porque los muertos no sufren, eso le toca a los vivos —respondió mientras se agachaba para quedar a su misma altura—. A partir de ahora, cada vez que uno de tus hermanos vea una foto tuya recordará por lo que pasaron tus padres. No habrá noche en la que se vayan a dormir sin culparte, sin odiarte por haber fallado y haberlos arrastrado hasta aquí junto a la niña.
—Eso no es verdad…—La coneja no retrocedería ante Herbert, aunque el felino de a poco lograba quebrarla.
—La próxima vez que jales del gatillo asegúrate de que vayas a matar a quien tengas en frente. —Con una de sus garras, Herbert se quitaría el vendaje que tapaba su herida—. ¡Mírame bien! ¡Esta cicatriz representará por siempre tu fracaso! ¿¡Entiendes eso, Hopps!? Mi cicatriz, lo que le depare a los tuyos de aquí en más, las vidas en riesgo en el aeropuerto, tus malditas lágrimas. Todo tiene un punto en común: fallaste, perdiste, demostraste lo débil que eres. La poca esperanza que tienen los mamíferos de Zootopia se acabará cuando sepan que ni más ni menos que tú, la heroica coneja policía, nos diste acceso a lo que queríamos con la contraseña de la ZIA.
—¡Déjala en paz, Crncevic! ¡No te atrevas…!—Un golpe de la pantera haría que Nick cayera de espaldas, luego de intentar defender a su compañera.
—¡Esto es entre ella y yo! ¡Tú no te metas, Wilde! —gritaría el felino, para luego dirigirse nuevamente hacia Judy—. No tendrás otra oportunidad, no te daré otra oportunidad.
—Herbert…—El híbrido interrumpiría a su líder, señalando su teléfono para que este entendiese desde un primer momento lo que quería decirle sin acarrear su enojo—. Nuestros hombres ya hablaron con Bogo, ya se están retirando.
—Bien… Muy bien, Todd. —Dicho esto, la pantera desenfundaría su arma y caminaría nuevamente hacia donde estaban los padres de Judy—. Tal y como estaba diciendo, ya no te daré la oportunidad. Preferiría que vivas con el sufrimiento pero no me arriesgaré a que te redimas, mejor arruinar tu legado, todo lo que significó alguna vez la gran coneja policía quedará en el olvido. Buena suerte en tu próxima vida, Hopps, recuerda apuntar mejor.
La bala de su pistola iría de un lado a otro del granero mientras el corazón de todos se detenía. Nadie creyó que las cosas se fuesen a desarrollar de ese modo, pero lo inesperado pasó. Luego del disparo en la garra de la pantera, el conejo comenzaría a avanzar con velocidad hacia él. Podría haber sido toda una balacera a quemarropa, pero con Andrew y los padres de Judy cerca de él, su única opción era evitar que disparase.
Todd tomaría su arma y le dispararía a Savage, obligándolo a tomar cobertura, Nick y Judy harían lo propio llevando a Nicolle consigo. Aprovechando el segundo extra que el híbrido le dio, Herbert tomaría a Drew para usarlo de escudo y encaminarse hacia la puerta lentamente. En cuanto el conejo recargase su arma Todd correría en dirección a su compañero, usaría sus últimas balas para evitar que Jack se asomase.
Como última carta, la pantera tomaría la jeringa de vidrio que contenía la cura y la lanzaría hacia donde estaba Savage. Instintivamente el conejo saltó para evitar que esta callera y su contenido se perdiese. Tanto Herbert como Todd saldrían por el frente del granero, llevándose consigo a Drew.
Dejando la inyección cuidadosamente en el suelo, el conejo correría hacia la entrada para dar captura a la pantera y el híbrido. Pese a que actuó con rapidez, estos ya estaban dando marcha a un auto para huir. Aunque disparase un par de veces de nada serviría, los hombres de Arcagma escaparían llevándose nuevamente a Andrew Wilde como rehén. Savage no perdería el tiempo, correría al interior del granero nuevamente para ayudar a los suyos.
Nick intentaba desatar a Stu mientras Judy hacía lo propio con su madre, Nicolle se hallaba detrás del zorro observando detenidamente. El conejo trotó hacia donde había dejado el antídoto, iría luego de recogerlo hacia donde estaban sus compañeros.
—¿Cómo lograste escapar, Jack? —preguntaría la coneja mientras terminaba por soltar a su madre—. ¿Cómo nos encontraste siquiera?
—Cuando te abracé te puse un rastreador que Skye me dio hoy por la mañana, los seguí con una aplicación de mi teléfono —explicó Savage mientras le daba a la coneja la jeringa—. Luego cambié de ropas con otro conejo y escapé mientras Skye distraía a uno de los guardias. Tomé prestado el primer auto que encontré y me vine tan rápido como pude.
—Deberíamos dejar la charla para otro momento. —Tanto Judy como Savage asintieron ante el comentario de Nick, que terminó de liberar al padre de Judy.
—Denle el antídoto a ella, no esperen más. —Stu seguía conmocionado por lo que acababan de vivir, a duras penas logró ponerse de pie.
—No sé si debamos usar esto —exclamó Nick señalando la jeringa—. Podríamos ir al hospital y hacer que la dosis sea más efectiva o algo así, puede que haya alguna posibilidad de salvarlos a ambos.
—Nick tiene razón, Stu. —Bonnie hablaría por primera vez desde que la liberaron—. Puedo esperar, no quiero que nada te pase.
—No pienso jugar con tu vida, mi pastel de calabaza. —susurró por lo bajo Stu, mientras intentaba tomar el antídoto. Su hija, sin embargo, no se lo permitiría—. Dame la cura, Judy, necesito salvar a tu madre.
—Señor Hopps…—Jack intentaría hacer que el padre de su compañera entrase en razón, pero este haría oídos sordos para seguir hablando con su hija.
—El antídoto Judy, por favor, déjame hacer lo que yo creo es lo mejor para mi familia. No llevo mucho tiempo con esta cosa corriendo por mis venas, estaré bien, lo prometo. —Las palabras de Stu iban acompañadas de un tono de voz sereno y tranquilizador, el agarre de Judy sobre el antídoto comenzó a desistir de a poco.
Las manos de Bonnie comenzaron a temblar levemente, su esposo sabía que estaba frente a un nuevo ataque de convulsiones. Antes de que el cuadro se agravase, arrebató el antídoto de manos de su hija y lo inyectó en el pliegue de su codo derecho. Tenía bastante práctica por ayudar a su madre diabética que solía usar insulina durante su infancia, sabía cómo hacer las cosas.
A diferencia de otras veces, Bonnie abrió la boca y comenzó a respirar de forma muy agitada. Su cuerpo ya no entró en estado de convulsiones, sólo temblaba como si estuviese hecha de gelatina. Savage le tomó el pulso y este se volvía cada vez más débil, aunque su corazón tenía una frecuencia muy alta. La coneja balbuceaba algo inentendible mientras su mirada estaba perdida.
La coneja estaba teniendo un claro estado de shock, debían de hallar el modo de reanimarla. Jack gritó que alguien buscase adrenalina, Nick sería quien corriese hacia el botiquín. Había una caja que contenía una jeringa y un pequeño frasco con lo que el conejo había pedido, estaba encima de todas las demás cosas por suerte. El vulpino correría hacia Savage para darle la jeringa, el conejo le administraría la sustancia tan rápido como le fue posible. Al cabo de unos pocos segundos Bonnie ya no se movería, su cuerpo permanecía completamente inmóvil y estaba con los ojos cerrados.
—¿Qué pasó? —preguntó Judy sin recibir respuesta alguna—. ¿¡Qué pasó!?
—Con la adrenalina debería de estar bien, tiene que estar bien, Judy— respondió Savage, mientras un escalofrío pasaba por su espalda.
—¡Ma! ¡Ma! —Desde detrás de Judy, la pequeña Nicolle se acercaría a Bonnie con torpes pasos—. Despierta ma, quiero que despiertes. —La niña movía con sus pequeñas manos el cuerpo de la coneja, pero esta se encontraba sumida en el más profundo sueño. Pese a los intentos de Nicolle, Bonnie Hopps no se levantaría para abrazarla como ella quería.
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Nota de autor: Me disculpo de antemano por la tardanza del fic, desde que estoy en la página nunca había tardado tanto en actualizar. Fue casi un mes en el que no encontraba cómo avanzar, no hay excusas esta vez xD. Aprovechando este apartado, también quiero hacer mención especial a un OC que apareció en este capítulo. Nicolle, la pequeña coneja que supieron adoptar los Hopps, es una personaje del fic "Tropiezos" de Victorique. Si aún no lo han leído les aconsejo que vayan y lo hagan, Vic le pone mucho empeño y el resultado es genial. Gracias otra vez por darme permiso para usar a Nicolle, Vic, espero que tu beta esté feliz de verla apareciendo aquí también.
Agradecimientos
Tal y como acostumbro a hacer, aprovecharé este apartado para agradecer a quienes han dado "Follow" o "Fav" en las últimas semanas. JRamirez, Reyarturo4 y Azasin, gracias totales por su apoyo a esta humilde historia, espero que la estén disfrutando ;)
The Damned Nameless: A ver si lees más tranquilo y con cuidado la próxima, vaya risa me has sacado xD. Ufff... La cena tuvo de todo, las fatalities y brutalities se repartieron para todos lados sin piedad. ¿Aversión a Arcagma? Pero si es un pobre gatito enfermo, pobrecito... Espero que te haya gustado el capítulo, aunque bien sé que la maldición empática puede haber estado un poco más activa esta vez... Nos estamos leyendo Dan, gracias por pasar xD.
Victorique: ¿Noches de insomnio? Llevas bastante tiempo así, dile a Land que te dé un respiro... Al menos pudiste usar el fic como excusa para descansar un rato, luego me agradeces. Por cierto, lo de la libreta fue verdaderamente genial xD. Pobre Scott... Entre que su padre es un inútil y su tío un idiota que no sabe animarlo la tiene difícil, al menos su increíble y adorable madre le prepara algo de primera clase (? Tú misma respondiste la pregunta del chiste xD. Hey... ¿cómo es eso de golpear al escritor? Muy feo de su parte señora grillo... ¿Épico? ¿Tanto así?
Así que te lo ibas creyendo de a poco, caíste en mis sucias y tramposas garras (? Bueno, técnicamente no jodieron a todos en conejolandia, sólo a Bonnie, aunque quizás esté bien, quién sabe. Quizás sólo esté durmiendo, de seguro que sí... Awww, pobre de tu corazón roto (? Gracias por el odio supongo, espero que te haya gustado el encuentro del zorro con el bueno de Arcagma. Pobre cerda, se sacrificó en Dystopia para que tú ni siquiera recuerdes su nombre xD. Espero que este capítulo haya sido de tu agrado, más con Nicolle presente y con la muerte de Bonnie que es algo que recuerdo que me pedías (no te niegues que hay testigos). Nos estamos leyendo, nutria del mal, hasta pronto ;)
Byakko Yugure: Entre que ando vago (acepto lo de procastinador empedernido) tuve este maldito problema con Chrome y perdí las respuestas (otra vez), así ni ganas de hablarte, faraón xD. Siempre que termino tu respuesta pasa esto, para mí que sos zarpado mufa, pero bueno, es lo que hay...Oh, lo del guiño no fue nada, me alegro haberte dado una sonrisa, no hay nada que agradecer xD. Inicio tranquilo tal y como dices, donde por suerte el intento patético de chiste no contó con tus bromas... Tu humor no es exactamente el mejor, te recomendaría dedicarte a los autitos y esas pavadas que te gustan (? Gracias por las felicitaciones, no estaba muy conforme con esa escena, me alegro de que haya quedado bien así como dices. Pues claro que sé que te gusta la información, recuerda de donde viene lo de EP. Descanso más que merecido, aunque ahora que lo pienso de seguro Bogo pospuso más aún el informe, que con lo que pasó en Burrows Judy no tendrá ganas de hacer nada xD.
Me reí bastante con todo esto del baldazo, por lo visto lo experimentaste en carne propia. Ya cuando te vea te haré revivirlo, así no te olvidas de todo lo que significa un simple baldazo xD. Oh, vamos, no es mi culpa de que te encariñes con Langley, sólo no lo hagas y ya, es tan fácil como eso. Gracias por el odio supongo... Quizás tengas razón con tu teoría, pero sabemos que el ego de ambos no les permitirá dejar las cosas en limpio hasta dentro de un rato. Cuando todo se tranquilice y haya un momento de paz (hagamos de cuenta como si lo hubiese), tal vez puedan dejarse de idioteces y hacer las paces. Lo de la promesa de Bonnie... Bueno, quizás esté bien, quizás no tanto, es algo así como el gato de Schrodinger xD. Gracias por la rw, infaltable como siempre, nos estamos leyendo mi estimado tigre beteador.
Rene18: El pobre zorro no es muy hábil en los juegos, qué se le va a hacer xD. Oh, Grace sólo actuó como siempre, es muy amable y encantadora, además de que no tiene segundas intenciones de ningún tipo... ¿Y cuándo no Bogo arruinando la diversión? Habrá que ver que pasa con Grace, ver hasta dónde llega con su improvisado grupo de compañeros, ver hasta dónde hunde a Nick y hasta dónde expone a su familia. Lo de ver el mundo arder es algo que me gusta, pero falta un poco para eso todavía xD. La coneja maravilla no la viene pasando para nada bien, ni que hablar con lo ocurrido en este capítulo. Esto es lo que te dije en su momento (no sé si recuerdas) de que habría algo parecido a lo que ocurre en tu fic, la idea de la pesadilla la tenía hacía bastante y cuando leí tu versión reí bastante por la coincidencia. Por suerte para Judy no fue la última de los Hopps, aunque no sé hasta dónde sea bueno eso xD.
¿Matar a Langley? ¿Yo? No sería capaz... Y como habrás visto, Arcagma no es xD. El tigre Toño juega para sí mismo, ya habrá que ver que pasa con él, pero ser agente doble en este caso no es precisamente algo muy inteligente que digamos xD. Oh, veo que le sigues teniendo mucho aprecio a Nancy, al igual que Vic. Bien que la jabalí pudo ayudar a Nick a animar a la pobre coneja, aunque la felicidad le duró poco. Espero que te haya gustado este capítulo put... digo René, nos estamos leyendo :P
Leonardo Leto: Maldito loco, sigo sin creer que te leíste todo en un día, no puedo parar de agradecerte xD. No sé si un infarto, pero se alegró bastante, ahora para compensar un poco Bonnie tuvo que pagar los platos rotos, pero bueno, cosas que pasan xD. Crncevic es un tipo agradable a más no poder, ¿no creés? Mmm... No sé si Drew muera (en realidad sí lo sé, pero hagamos de cuenta que no), pero una visita a Arcagma no debería de salir tan mal. ¿En serio tienes un grasoso corazón de pollo? Pensé que no tenías nada, cosas de las que se entera uno xD. Espero que el capítulo te haya gustado, mil gracias otra vez por ponerte al día en un santiamén, anima mucho a uno a seguir.
