Los ánimos en el último par de horas se encontraban demasiado calmos, pese a la noticia que no dejaría ajeno a ninguno de los allí presentes. Lo más probable es que aquellos que supieran de la muerte de su líder guardasen silencio por un buen rato, tal vez estuviesen buscando el modo de decirle a tan impetuoso ejército que el gran jefe ya no estaba con ellos. Era de conocimiento común que Arcagma estaba enfermo, pero su pérdida podría significar un golpe muy fuerte entre sus mamíferos en lo que parecían ser horas claves para llevar a cabo su plan. Una sonrisa se dibujaría en su rostro, sus esperanzas se acrecentaban al ver cómo sus enemigos comenzaban a flaquear.

Habiendo terminado de trabajar con todo lo que le habían indicado, se tomaría un momento para descansar; necesitaba poner su cabeza en orden. Se sentía feliz por la caída de Arcagma en un momento crucial, pero a la vez estaba preocupado por Grace, Scott y Nick, así como por su propio bienestar.

Su función principal era cuidar a alguien que ya no estaba, y si bien seguía siendo de gran utilidad al ser el único médico que trabajaba con los matones y mantenía vivos a los rehenes, habría más de uno que lo culparía por la partida del gran jefe. Herbert había sido el primero: apenas cayó en la cuenta de que su jefe murió, lo tomó de su camisa y lo elevó con tanta cólera que creyó que moriría ahí mismo. Sus hocicos estaban casi pegados, cada exhalación de la pantera sobre su rostro se sentía como si una porción de su alma comenzase a extinguirse. El que tuviera su otra pata elevada, y sus garras preparadas para asestarle un zarpazo mortal, tampoco es que le anunciaran nada bueno. De no ser por la inesperada intervención de Sánchez, estaría hablando con Arcagma en el otro mundo.

Con un futuro tan incierto por delante, buscaría hablar con la nutria para ver qué sería de él; si no seguía en los aposentos de Arcagma de seguro se la encontraría donde guardaban los suministros médicos, no solía frecuentar otros lugares. No confiaba en ella, pero supo defenderlo de Herbert y eso, más allá de demostrar que podía ser de ayuda, indicaba que su palabra era respetada incluso por alguien tan temido como el gigante felino. Decidió dejar de lado el descanso, no podía perder el tiempo sabiendo que un grupo de criminales podía saltarle al cuello al enterarse de la muerte de Arcagma.

Si Sánchez no le inspiraba demasiada seguridad después de hablar con ella, tal vez debiese pensar en un plan para una posible huida. Por lo que Fowler le dijo, Grace había huido y, luego de ir a por Scott, buscaría algún lugar dónde esconderse. Nick, por su parte, podía cuidarse solo y contaba con Tora, Skye y Langley. Con su familia relativamente a salvo, y con toda la facción de Arcagma ocupada con sus planes y la muerte de su líder, la idea de escapar le era cada vez más tentadora.

Decidió ir en primer lugar hacia la sala de suministros médicos por si acaso; de ir a la habitación de Arcagma, tendría que pasar también por medio de la gran sala donde se encontraban los exconvictos para comer y pasar el rato. Sólo debía abandonar la zona de las chozas y, unos diez metros antes de llegar a la entrada que lo llevaría donde estaban los matones, girar la izquierda. Se toparía con una puerta de madera muy desgastada y, luego de abrirla, se encontraría con quien buscaba. Suspiró de alivio mientras Sánchez estaba de espaldas, se le erizaba el pelaje de sólo pensar en ir por donde estaban los mamíferos de Arcagma; la paranoia comenzaba a instalarse en su mente y veía peligros donde antes no los veía. Creyó que la muerte de su enemigo podría traer paz, pero mientras más pasaban las horas más se producían efectos contrarios.

Sánchez estaba revisando el contenido de diferentes cajas que se encontraban en una estantería, debía de estar buscando algo puntual entre todos los frascos y tabletas con píldoras. Una mesa plástica rodeada de tres sillas lo separaba de la nutria, había una incontable cantidad de medicamentos sobre ella. Todos ellos eran derivados de benzodiacepinas, grupo de fármacos destinados a tratar la ansiedad, el insomnio, convulsiones y demás cosas. ¿Sería adicta a alguno de ellos? Podía ser que sólo buscase algo para calmar su estado de ánimo luego de la pérdida de su amigo, aunque la gran cantidad de pastillas y la desesperación con la cual buscaba apuntaban a algo más preocupante.

—¿Doctora Sánchez? —La nutria elevaría sus orejas y voltearía para verlo, no sabía del todo si la sorprendía su presencia o si estaba tan concentrada que no lo escuchó llegar.

—¿Qué sucede? —preguntaría con el ceño fruncido, con algo diferente en su tono de voz. Ya no parecía tan fría y distante, sino más bien algo avergonzada. Si tuviese que describirla, diría que se encontraba como un niño al cuál atrapan con la pata dentro del jarrón de galletas.

—Sólo quiero charlar de algo que me preocupa. —Drew avanzaría unos pocos pasos y se sentaría en una de las sillas que se encontraban frente a él—. Antes de hablar de lo que quería, ¿se encuentra bien? Más allá de lo que pasó…

—Supongo que la situación a simple vista no me favorece. —Le daría la espalda al zorro y continuaría con su búsqueda, sólo que algo más tranquila—. Duermo mal y sufro de ansiedad desde antes que comenzara a trabajar con Arcagma, pero todo esto me llevó a sobrepasar varios límites.

—¿Quiere que la ayude a buscar?

—¿Ayudaría a una adicta a buscar su droga? Creí que intentaría frenarme, pero no me sorprende viniendo de quien viene. —Drew dibujaría una mueca de molestia en su rostro, por un momento había olvidado que la nutria no tenía en buena consideración a los de su especie.

—Sería peor suspender bruscamente la dosis que consumir lo que sea que consuma.

—Bien… —La nutria voltearía y se dirigiría hacia una de las sillas para sentarse frente al zorro, en una de sus patas tenía un pequeño frasco con algo que el vulpino no llegaría a ver—. ¿Qué quiere? —preguntaría llevándose una pastilla a la boca.

—¿Cree que haya trabajado bien con lo que se me encargó?

—Tal vez sí, tal vez no, no he monitoreado su trabajo, Wilde. Los exconvictos están un poco mejor si comparamos a cómo estaban antes de que usted llegase, Arcagma vivió bastante tiempo y, aunque murió, no creo que lo haya hecho tan mal. A simple vista podría decirse que lo hizo bien, pero falló en su tarea de mantenerlo vivo.

—Más de una vez he llegado a su habitación y había olor a tabaco, no puedo mantener con vida a quien sólo parece querer morir.

—Me lo tendría que haber notificado en su momento.

—Con todo respeto, pero usted no inspira tanto miedo como él. —Sánchez sonreiría ante la afirmación del zorro, un breve silencio se instalaría entre ellos.

—No le culpo de su muerte y lo que pasó con Herbert sólo fue un acto de impotencia. Si quería hablar sobre qué pasará de aquí en más, usted no morirá por el simple hecho de que Arcagma falleció, todavía nos es útil.

—Quizás usted piense así, pero los convictos….

—Después de que demos la mala noticia, pondré uno de los guardaespaldas de Arcagma para que lo cuide a la distancia, no se preocupe por los idiotas que están bajo las órdenes de Herbert.

—No quiero sonar ofensivo, pero debo decir que no esperaba este trato —admitió Drew, intentando ocultar toda muestra de desconfianza. Si tanto odiaba a los vulpinos, ¿por qué cuidarlo con tanto esmero? La postura de Sánchez, además de contradictoria, le daba más miedo que seguridad.

—Entonces no entiendo por qué vino a buscarme, ¿qué no quería protección? —Su sinceridad parecía haberlo situado al borde de un precipicio, la nutria se veía más molesta de lo general y no sabía qué le depararía. Aun así, no se arrepentía de sus palabras, debía ver qué tanto podía confiar en ella, ponerla a prueba de este modo le ayudaría a pensar en sus planes a corto plazo.

—Creí que debería rogar por algo de piedad, es la primera vez desde que estoy aquí que alguien atiende a mis pedidos de este modo. No me malinterprete, aprecio lo que hace por mí, sólo que… No puedo no ver de reojo todo a mi alrededor.

—¿Acaso parezco estar mintiendo? He abogado por su seguridad ante Arcagma antes y, ahora que él ya no está, lo volveré a hacer. Nos es útil, Wilde, y aún no quiero verlo muerto. —El zorro se mordería la lengua antes de volver a hablar, no sabía qué tanto seguir presionando, pensaría sus palabras con cuidado.

—Ya veo… No sé qué decir, Sánchez, no creí que usted se preocupase por mí de ese modo. No pongo en duda su buena fe, pero con lo que usted piensa de los de mi especie no habría imaginado algo así. —La nutria le apartaría la mirada por primera vez, sonreiría por dentro al ver cómo había dado de lleno en un punto clave.

—Toda la vida los zorros han estado ahí para golpearme, para arruinar mi vida, para interponerse en mi felicidad. Son unos abusones, malnacidos y siempre que tienen la posibilidad de sacar ventaja de los demás, lo hacen. Es como si estuviera en su ADN…

—Imaginé que sería así, es lo que dice la gran mayoría… —respondió con una sonrisa socarrona; le habían tocado el orgullo, del mismo modo que siempre lo hacían al esbozar cómo era el estereotipo de los zorros—. No es fácil vivir con la carga de ser un zorro, ¿sabe? Ahora más o menos la cosa va mejorando, pero hace años atrás… Diría que son épocas que es mejor olvidar, pero no puedo hacerlo porque significaría dejar atrás todo el aprendizaje que adquirí por tantas malas experiencias.

—¿Malas experiencias dice? He sido asaltada más de una vez por los de su especie, ¿acaso nunca vio cuál es la especie que mayor incidencia tiene en robos menores y estafas? No apoyo los estereotipos, pero ustedes los zorros se lo ganan a pulso.

—¿Sabe lo difícil que es intentar estudiar en una universidad siendo un zorro? ¿Lo difícil que es ganarse la confianza de los demás para nimiedades? Sí, varios zorros son estafadores y malnacidos y varias zorras son prostitutas, como todos dicen, pero cuando tienes toda una maldita sociedad diciendo que no puedes ser nada si no eres eso que se te autoimpone por ser de una especie determinada, es de lo más jodido e insufrible salir adelante. —Poco a poco, el vulpino iría elevando el tono de voz—. La universidad fue una mierda, ver cómo siempre le negaron trabajo a mi padre fue una mierda, salir de paseo con mi pareja y ver cómo la miraba todo el mundo era una mierda, ver cómo algunos padres alejan a sus hijos del mío es una mierda, todo eso y más es una mierda… pero no importa, no importa lo que yo diga, soy un zorro y mi palabra no tiene valor, ¿no es así? Miento, juego con usted, soy un hipócrita que sólo habla de dientes para afuera, porque soy lo que me tocó ser al venir a este maldito mundo especista.

Sánchez lo observaba sorprendida, la había dejado sin palabras con su arremetida. Se había pasado al hablar como lo hizo, su fría evaluación sobre la nutria podría haber quedado en la nada por su estúpido discurso sobre estereotipos. Se maldijo a sí mismo por dentro, negaría con la cabeza un par de veces para acomodar sus ideas e intentaría dar el mejor cierre posible a la conversación.

—No quise gritar, discúlpeme, por favor. Es sólo que…

—Cuando era sólo una cachorra, unos agentes de la Hermandad secuestraron a mi madre, sólo pude ver a uno de ellos, un zorro. Soñé con él por varias noches, me persiguió hasta en mis peores pesadillas. —Sánchez tragaría saliva, por primera vez Drew podría afirmar que la nutria estaba hablando con sinceridad. Se veía en su rostro, en esos ojos cargados de dolor y en ese ceño fruncido a más no poder—. Nunca supe muy bien lo que pasó hasta que Arcagma me mostró varios archivos que logró robar, hablaban de cómo mi madre fue secuestrada por quien hoy es el jefe de la ZIA y un tipo que ya está muerto.

—¿El director Blackwell secuestró a su madre? —preguntaría sin esconder su sorpresa.

—Por ese entonces era un agente promedio, le faltaba mucho para llegar hasta donde está ahora, pero eso no importa. —Suspiraría hondo y, luego de apartar la mirada por unos segundos, volvería a dirigírsela con firmeza—. Mientras Blackwell me perseguía en mis pesadillas, tenía zorros molestándome en mi escuela. Yendo a la preparatoria, también fui asaltada por zorros, y a lo largo de nuestra lucha contra la Hermandad un par de zorros nos jodieron bastante. Es una especie de karma que tengo, no puedo no concentrar todo mi odio en ellos, ustedes más bien. Mi odio contra los zorros tiene un por qué, y es hacia todos por igual, o al menos lo era.

—Así que ya no es tan así… ¿Qué fue lo que la hizo cambiar de opinión?

—No cambié de opinión, los sigo detestando. —Drew no esperaba esa respuesta, intentaría disimular su molestia aunque no tendría mucho éxito—. Pero hay un zorro, sólo uno, que hasta ahora es la excepción a la regla. Estoy hablando de tu hijo, Wilde, de Scott.

El vulpino se dejaría caer sobre el respaldar de su silla, atónito como nunca. ¿Sabían dónde estaba su familia escondida? ¿Se acercaron a ellos antes? ¿Cómo rayos había logrado empatizar esa endemoniada nutria con su hijo? El breve silencio de Sánchez se sentía como una puñalada que impactaba de lleno en su pecho, quizás ella esperase que él respondiera algo o que hiciera alguna pregunta, pero con su corazón palpitando a más no poder le era imposible esbozar una palabra.

—Fue hace unos pocos días, llegó con su madre a mi consultorio. Comió algo que le dio una reacción alérgica y le hice algunas preguntas, en un momento su esposa nos dejó a solas para atender a una llamada y comencé a hablar con él. —Poco a poco, el alma de Drew volvía a su cuerpo. Suspiró por lo bajo al escuchar a la nutria—. Siempre he trabajado con cachorros porque me encantan, hay algo en ellos que nosotros los adultos ya no tenemos, algo que por momentos me reconforta cuando lo siento. Cuando estoy con niños no veo toda la mugre y podredumbre que me rodea en mi día a día, en esta ciudad tan falsa y asquerosa. Puedo olvidarme de mi lucha contra los Lirios de Sangre, de mis problemas, de todo.

—Pero no lo entiendo, mi hijo es un zorro. Ya has de haber atendido a otros y, según tus propias palabras, es la única excepción. ¿Qué tiene de diferente?

—Me especializo en presas, no en depredadores. Hay excepciones cuando estoy de guardia, pero nunca me había tocado un cachorro de zorro… Y más importante, con alguien que esté en mi misma situación de hace varios años.

—¿Misma…? Oh, ya entiendo. —No hacía falta ser demasiado listo para entender lo que sintió Sánchez al conocer a Scott, ambos tuvieron a uno de sus padres secuestrados por los malos de turno. La conciencia de la nutria no debía dejarla en paz de sólo pensar que un cachorro sufría lo mismo que ella padeció, peor aún con ella como partícipe. Debía de usar eso a su favor de algún modo.

—Andrew, estás vivo en parte por ello, no tienes por qué preocuparte por lo que pasó. —La previa sinceridad de la nutria y la pérdida de formas demostraban que cualquier barrera que hubiese entre ellos había desaparecido. De todos los aliados que tenía allí fuera, nunca hubiese imaginado que sería gracias a Scott que tendría una nueva oportunidad para salir adelante—. Mi palabra aquí tiene tanto peso como la de Herbert, así que si yo digo que todo aquel que te toque un pelo se las verá conmigo, pues, pobre del que lo intente.

—De acuerdo, Laura. —Esta vez no se esforzaría por ocultar su sonrisa, sabía que no hacía falta. De forma inesperada, había encontrado una valiosa compañera dentro de la condenada mina, alguien que sabía que podría resguardarlo. Por primera vez desde que había llegado, se sentía en paz.


. . . . . . . . . . .

La fortaleza con la cual salió de la oficina de Monteiro, poco a poco se fue diluyendo. Se encontraba sola en la cafetería, observando en silencio su plato con sopa de zanahorias, inmersa en sus propios pensamientos. Los dichos del psicólogo lograron levantarle el humor, pero su remate final sembró varias dudas en ella. "Es un gusto tenerte de nuevo", supo decirle el lobo, logrando lo contrario a lo que buscaba; quizás fuese todo parte de su elaborado plan.

Cada mamífero se construía de acuerdo a sus experiencias, a los animales lo rodean, a enseñanzas que la propia vida le inculcaba. ¿Cómo es que podía ser la misma si lo acontecido en el último par de años no volvía a su memoria de una maldita vez? No paraban de decirle lo fuerte que era, sus logros y hazañas la habían dotado de una reputación que le era ajena por completo. Estaba siendo débil, todo la confundía y hasta el más mínimo halago llevaba a que su ánimo decayera. Había pequeños recuerdos que poco a poco se asomaban cada tanto, un pequeño resplandor en medio de toda esa niebla que cegaba su mente, pero no era suficiente.

Los sentimientos por sus amigos y familia, y en especial por Nick, la ayudaban a encontrar el camino por lo general, pero debía de apartarse de ese andar. Actuaba para satisfacer a los demás, para estar a la altura de su anterior "yo", intentaba demostrarle al mundo que podía avanzar en un caso tan complejo como el de Arcagma del mismo modo que supo hacerlo con los Aulladores y, si de algo estaba más que segura en ese preciso momento, es que su actuar era errado a más no poder. Quizás debiese ser más egoísta, pelear por sí misma para luego intentar pelear por los demás. ¿Debería hablarlo con Monteiro? No, no se le antojaba en lo absoluto, seguiría su instinto esta vez.

Acabaría la sopa rápidamente y se pondría de pie para ir al despacho de Bogo, le pediría la tarde libre para atender asuntos personales. Abandonaría la cafetería a paso ligero, pero en medio de su apuro terminaría por chocar con alguien. Por ser la de menor envergadura, terminó siendo la única en el suelo. Elevó la vista para ver a Garraza, que ni siquiera había flaqueado al chocar con ella. ¿Cómo no hacerlo con semejante tamaño? Dejaría escapar una risilla luego de tan maliciosa pregunta, el cheetah devolvería la sonrisa sin saber del todo lo que le pasaba a la coneja.

—¿Te encuentras bien? —preguntaría Garraza estrechando su pata, Judy aceptaría la ayuda para ponerse de pie.

—Sí, Ben, sólo fue un tropezón —respondería ella habiéndose reincorporado.

—Pareces algo apurada… Y debo decir también, que de bastante buen ánimo. ¿Pasó algo? —La coneja se sentiría desnudada de un segundo a otro. ¿Tan buen ojo tenía Ben, o tan obvia era ella? Bajaría sus orejas algo apenada pero las erguiría en un instante, del mismo modo que su nariz pasaría de moverse rápidamente a frenar como si nada. El felino se tragaría sus comentarios respecto a lo tierno de la escena, no quería incomodarla más de lo que parecía estar.

—No… Sí, pero no, o quizás… —Respiraría hondo mientras reordenaba sus ideas—. Sólo… Fui a ver a Monteiro hace un rato y, después de pensar en lo que hablamos, creo que entendí ciertas cosas. Ahora sólo quiero ir a hablar con Bogo, tal vez le pida la tarde libre para ver ciertas cosas.

—Matt siempre trabaja igual de bien, no me sorprende demasiado. —Garraza observaría por un momento la pantalla en su teléfono, luego volvería a observarla con cierto recelo—. Antes de ir con Bogo, ¿te molestaría acompañarme unos minutos?

—Claro, Ben, voy detrás de ti. —La atípica seriedad en su amigo le daba muy mala espina, pero no se apresuraría a sacar conclusiones aún. Dibujaría una leve sonrisa en su rostro para seguirle el juego.

—Por aquí…

Garraza caminaría a paso ligero, observando cada tanto la pantalla de su celular. Judy intentaba analizar la situación, pero no lograba hilar nada detrás de su particular actuar. Le habían mencionado que él y Nancy podían estar en una relación, ¿tal vez fuese algo de eso? Avanzarían hacia el despacho de Bogo, un escalofrío recorrería la espalda de la coneja, pero pronto desaparecería cuando pasaron de largo. Ben la guiaría hacia el fondo del pasillo, unos veinte metros más adelante; había una escalera que no recordaba haber subido. Era de tipo flotante y de ida y vuelta, cuyos dos tramos eran rectos y se conformaban por escalones de concreto con un barandal de madera.

El tránsito de mamíferos era prácticamente nulo, nadie subía ni bajaba por los escalones, ni siquiera ellos. Ben le indicaría a Judy que subiese y revisase si había alguien en el segundo piso, en tanto él se quedaba al pie de las escaleras. Judy negaría con la cabeza y el cheetah la llamaría haciendo un gesto con su pata. Ante el gesto fruncido de la coneja, Ben entendería que ésta le exigía alguna explicación lógica.

—Si prestas atención, las escaleras están un poco resquebrajadas. Ciertos animales de "gran calibre" pasaron por ella hace unos días y terminó así, pero como tú eres pequeña te aguanta bien. Hay varias formas de llegar al segundo piso, y por miedo a que se termine de romper, ya nadie pasa por aquí. —Judy no entendía el punto de estar allí, pero Ben continuaría sin detenerse—. Hay un par de despachos arriba, pero ayer vinieron unos albañiles e hicieron bastante ruido, por lo que los animales se trasladaron hasta que terminen de reparar.

—Y estamos aquí porque…

—Porque no hay mamíferos que puedan oírnos, y como la escalera era bastante nueva, aún no colocaron cámaras para vigilar por aquí. Es un buen lugar para poder hablar.

—Está bien, Ben, aunque no hacía falta que me trajeras aquí para charlar conmigo, podría haber sido en cualquier otro lado.

—Oh, Judy, no seré yo quien hable contigo… —El cheetah le tendería a la coneja su propio celular, mientras que con su otra pata sacaba su reproductor de música y sus auriculares—. Se supone que llegará una llamada de un número desconocido en cuestión de segundos.


. . . . . . . . . .

Habría ignorado la propuesta de haberse tratado de otro mamífero, no le apetecía una reunión organizada de la nada misma en un bar que le quedaba a varios kilómetros. No tenía un gran trato con Savage, pero el lagomorfo era de los que no actuaba sin un porqué y, dado que era de los agentes que más trabajó dentro del caso y por su vínculo con Skye, su llamado terminó por cargarlo de una curiosidad impropia de él.

La calle estaba desierta pese a ser hora pico, sólo veía a un fornido puma cuidando varias motos en la entrada del bar. Podía sentir el olor a fritura desde lejos, la calle era una completa mugre y la ventana del bar que daba a la calle no parecía haber sido limpiada en varias décadas; viniendo de parte de Savage esperaba algo diametralmente opuesto. ¿Estaba decepcionado? No, en lo absoluto, su curiosidad iba en aumento como si se tratase de un estereotipado felino.

Ingresaría al "bar de Beth" luego de saludar al puma por medio de un gesto con la cabeza, aunque sería ignorado por éste. La entrada tenía una campanilla que sonaba cada vez que alguien entraba, innecesaria a decir verdad dado que la puerta por sí misma rechinaba tanto que avisaba a todo el mundo que un invitado se hacía presente. Si bien eran pocos los vehículos afuera, el bar estaba con casi todas las mesas y asientos ocupados. El típico lugar de mala muerte de las películas se dibujaba frente a él, una ligera corriente correría por sus dedos al recordar sus inicios en la ZPD y sus trabajos en cubierto en sitios como ese.

Buscaría a Savage con la mirada en tanto otras varias se fijaban en él, emanaba ese aire de agente de la ley que la gran mayoría de los presentes odiaba. El conejo estaba sentado en la barra y no había nadie en su cercanía. Comía algo tomándolo con sus propias patas aunque no llegaba a ver qué era, en su vaso había whisky o ron, no diferenciaba cuál de los dos. Sin detenerse más tiempo, se sentaría a su derecha y guardaría silencio a la espera de un saludo de su parte que jamás llegaría.

—No esperaba encontrarte bebiendo a estas horas, Jack. —Escucharía una leve risa de parte del agente de la ZIA, quien le acercaría el vaso para que le diese un sorbo—. Jugo de manzana, ya veo.

—No es muy buena idea combinar las papas con cebolla de Beth con alcohol, son las mejores de la ciudad pero tienen ese pequeño detalle. —Clarke se ahorraría la pregunta del por qué de dicha afirmación, prefería encaminar la conversación hacia otro lado.

—¿Te encuentras mejor, en lo que cabe?

—Sigo dolido pero sí, estoy algo mejor, gracias por preguntar.— Una ligera sonrisa asomó por un momento en su rostro. Savage, entonces, fijaría su mirada y se acercaría un poco más a su compañero—. ¿Qué pensarías si te digo que sé dónde está el escondite de Arcagma? —susurraría por lo bajo, yendo directo al grano. Leonard tragaría saliva, tendría que aferrarse a su asiento para no caerse. Intentaría retomar la compostura, por difícil que fuese.

—Diría que nos vayamos de aquí ya mismo hacia la ZPD. ¿Es en serio Jack?— Al igual que el conejo, Clarke susurraría por lo bajo y observaría a todos de reojo—. ¿De dónde sacaste esto?

—Uno de sus contactos de mayor confianza se lo dijo —exclamaría alguien a sus espaldas, para luego sentarse a la par de Savage.

—Sí que tienes valor para traer tu cola por aquí, Skye. —El lobo cambiaría su rostro por completo, ya no lucía tan apacible como hasta hacía solo un instante—. No creí que volvieras a aparecer en público a corto plazo.

—Todos los aquí presentes tienen su pasado, nadie la delatará. —Como no podía ser de otro modo, el zorro también se hizo presente para sentarse a la par del lobo—. Sólo le tuve que pedir a Beth que le dijera a todo el mundo que vienen de parte mía, de otro modo no habrías logrado entrar aquí, Leonard.

—Y ya estamos todos… —Clarke ya tenía más que claro que le exigirían algo; de haber sido en otro momento tal vez hubiese aceptado, pero arriesgar su cuello por mamíferos de los cuáles no sabía qué esperar no parecía ser la mejor de sus jugadas—. Agradezco que confíen en mí para lo que sea que tengan en mente, pero no puedo dejar que me vean con fugitivos en un bar compartiendo una agradable charla.

—Vamos, Leonard, tú sabes que aquí nadie nos verá. Sólo siéntate y escucha lo que tenemos para decir, luego eres libre de irte si quieres —indicaría Nick al ver que el lobo estaba incómodo y pensaba irse. El agente del ZBI inspiraría profundo y se dispondría a, cuanto menos, oír como le habían pedido—. El asunto es así: muchos de los secuaces de Arcagma están afuera, preparando bombas como la que derrumbó el Requiem y su escondite está muy desprotegido. Tenemos que formar un pequeño grupo para infiltrarnos y no llamar su atención. Como las agencias no confiarán en nosotros y con el factor a sorpresa a nuestro favor, no le diremos a nadie para asegurarnos de que no nos estarán esperando, Arcagma podría tener espías en cualquier sitio. Iremos a su refugio, rescatamos a mi primo y un par de rehenes más, ellos dan su testimonio y, luego de recuperar la confianza de las agencias junto a Skye, mandamos un enorme pelotón de agentes para que acaben con ellos. —Al notar cómo Clarke se veía un tanto escéptico, decidió guardarse el dato que más le interesaría al lobo para el final.

—Somos nosotros cuatro, tal vez quieras sumar a Judy y… Pues, esos seremos todos, cinco mamíferos combatiendo contra un temible grupo de criminales y, dato de menor relevancia, arrastrando rehenes sin hacer que se percaten nuestros enemigos. Maldición, Nick, eres un genio, es el mejor plan que oí en mi vida.

—No hace falta el sarcasmo ni tanta crueldad… —indicaría el zorro, fingiendo estar dolido por los dichos de su anterior compañero—. No sólo seremos nosotros cuatro y es la mayor oportunidad que tendremos, es ahora o nunca.

—Sé que no confías en nosotros, pero Jack no ha hecho nada que merezca que su palabra sea puesta en duda. —Skye tomaría la palabra, Clarke negaría con la cabeza—. He ido a esa maldita cueva montones de veces, la conozco muy bien, no nos moveremos en territorio desconocido.

—Te aprovechas de que él confía ciegamente en ti, nada más. —El conejo bajaría las orejas al oír al lobo.

—¿Acaso crees que no tengo criterio propio? —preguntaría Savage sin obtener respuesta alguna más que un largo e incómodo silencio.

Sin mediar más palabras, el lobo del ZBI se pondría de pie y les daría la espalda. Nick lo tomaría de su pata derecha, pero éste se quitaría su agarre con un movimiento brusco. Por lo que habían hablado previamente con Jack, habían creído que Leonard sería un tanto más accesible. "Cualquiera que haya mostrado ser confiable en el pasado y esté con Arcagma debe ser oído", había afirmado en su reunión con Bogo y los demás, pero esto parecía ser dicho de colmillos para afuera.

—Si van allí sólo morirán. Arcagma ha de estar esperándolos, sabe que conocen su escondite y que tienen razones para ir. —Clarke giraría el cuello para verlos por sobre su hombro—. Tengo una hija por la cual seguir vivo y un amigo al que debo hallar, discúlpenme pero no puedo seguirlos. Si hay algo más que pueda hacer no duden en decírmelo, pero no hay nada que puedan hacer o decir para que los siga.

—Leonard… —Nick captaría la atención del lobo por una última vez para jugar su as bajo la manga—. Arcagma tiene a Abel Fowler.

El brillo en sus ojos indicaría que sus dichos habían sido contrariados, un nuevo mamífero los acompañaría en su cruzada.


. . . . . . . . . .

No estaba del todo segura si la idea de Ben implicaba que, la obvia llamada que tendría con Nick, debía de ser una sorpresa. De ser así había fallado notablemente, aunque tal vez fingiera sorpresa para que el pobre cheetah no se sintiera mal por su falta de discreción. Apartarla de todos en la ZPD, llevarla a un lugar donde nadie se acercaría y además no había cámaras, darle su propio teléfono para esperar una llamada que era para ella y, por sobre todas las cosas, ese brillo en sus ojos tan característico de él, le dejaban en claro sus intenciones.

Pese a que sabía con certeza lo que sucedería a continuación, los nervios y la ansiedad iban en aumento a tal punto que sentía que le faltaba el aire. Mientras su corazón empujaba con fuerzas para salir de su pecho, su piel comenzaba a sentirse cada vez más caliente; apostaba lo que fuese a que sus orejas debían de verse rojas a más no poder. Sólo la espera la tenía así, para cuando el zorro le hablase estaría pronta al colapso y Ben tendría que asistirla.

Nick intentaría justificar su actuar y haría lo que fuese para hacer las paces con ella. Sin nada que perder y con la motivación suficiente, el vulpino hallaría el modo de salir adelante, al fin y al cabo era el mamífero más astuto que conocía. Si bien se sentía segura de sí misma y confiaba en él, no negaría que se sentía dolida, razón por la cual debía ocultar lo que quedaba de dolor para que Nick ya no cargase con todo el peso que significaba haberla lastimado.

La pantalla del teléfono se teñiría de verde, un contacto desconocido llamaba. Era la hora de verdad y, sin importar cuánto desease hablar con el zorro, sus dedos estaban paralizados. Tragaría saliva, cerraría los ojos y bajaría las orejas, necesitaba poner en blanco su mente aunque fuese unos pocos segundos. Deslizaría uno de sus dedos para aceptar la llamada con algo de temor, era hora de la verdad.

—¿Hace falta que diga quién soy? —exclamaría Nick de forma socarrona, una sonrisa se haría presente en ambos.

—Eres el mamífero más buscado del momento, aparte de Arcagma, ¿le atiné?

—Tan astuta como siempre, zanahorias. —El que Judy hubiese bromeado con él lo ayudaría a tranquilizarse de sobremanera, suspiraría de alivio.

"Cómo estás", preguntarían ambos al unísono para luego quedar en silencio a la espera del otro. Reirían en simultáneo para luego volver a pisarse las palabras, ninguno sabría qué fue lo que quiso decir el otro porque ambos dejaron de emitir sonido alguno al instante. Nick se adelantaría a la coneja para continuar la conversación y dar fin a su compartida torpeza.

—Yo estoy bien… Bueno, no estoy bien, no puedo estarlo sabiendo todo lo que te estoy haciendo pasar. —Judy podría oír cómo, desde el otro lado, Nick tomaba una bocanada de aire—. Podría entender el que me odies, pero… no es el caso, ¿verdad? No te oyes como creí que lo harías. Ni siquiera terminé de pensar qué palabras usaría para suplicar tu perdón para cuando te llamé, estaba aterrado y mi mente nublada, pero tú… ¿Por qué…?

—¿Por qué no estoy insultándote por ser un maldito manipulador, entre tantas otras cosas? —preguntaría de forma retórica luego de una breve pausa—. No lo sé, quizás debería odiarte y maldecirte, sacar todo lo malo que tengo dentro de mí, pero no puedo. Admito que fue un golpe duro, desde que todo pasó estuve muy confundida y angustiada, asustada como nunca, tantas cosas pasaron por mi cabeza que no sabía qué creer.

—Quisiera que puedas volver a creer en mí.

—Lo hago, zorro menso, sino no estaríamos teniendo esta llamada.—Sonreiría con timidez al pensar cómo se pondría el vulpino luego de sus palabras—. Sólo quiero saber qué te llevó a hacer todo eso, ayúdame a calmar mi mente, mi corazón. Háblame de cómo te metiste con Arcagma y… —No quería hacer referencia a lo que sucedió entre él y Skye directamente—. Y todo lo demás.

La voz de Judy se quebraba; deseaba poder estar con ella y abrazarla, contenerla como lo hicieron mutuamente tantas veces. Estaba rota pero sonaba tranquila y segura, apostaba lo que fuese a que tenía las orejas bajas y, aunque estuviese al borde del llanto, una pequeña sonrisa se dibujaba en su rostro. El actuar de la coneja trajo un pensamiento a su mente en un pispás. No quería demostrarle cómo se sentía, lo cual era parte de su propia filosofía: "no dejes ver que te hirieron". Sintió una mezcla de regodeo al pensar cómo Judy actuaba como antes, así como una gran puntada en su pecho que terminaba por volver el momento un tanto agridulce.

—Cuando fuimos atacados por los exconvictos, antes de que pierdas tus recuerdos, me dijeron que debía ir a un lugar o te harían daño. Allí me topé con Sarah Langley y Gabriel Whitewind, también llamado Tora y exconvicto al mando de Arcagma. Tú estabas en el hospital y tenías custodia, pero mi curiosidad mezclada con temor me hizo ir aunque era obvio que me tenderían una trampa.

—¿Langley y Whitewind te amenazaron?

—Me dieron un encargo, debía conducir por una autopista en sentido contrario y luego ir a rescatar a un par de ladrones.

—¡Nick!

—Lo sé, lo sé, me metí en un gran lío de forma tonta y yo sólo me enredé, pero creí que podría conseguir información o algo así… Además, sabiendo ciertas cosas de ellos sus amenazas me terminaron por impulsar.

—¿Pudiste conseguir algo al menos?

—No, sólo me dijeron que "estaba dentro", Crncevic y Todd me amenazaron y de ahí en más me obligaron a seguir. Querían matarte a ti, a tu familia y a la mía, estaban completamente locos… Después Tora se acercó a mí, dijo que había una facción rebelde dentro de las fuerzas de Arcagma, eran pocos y no podía negarme o me mataban ahí mismo. —Inspiraría profundo para recobrar el aire y luego continuaría—. Creí que con ellos tal vez podría derribar a Arcagma, pero nunca imaginé que fuera tan fuerte. Luego del ataque a la ZIA entendí que no sólo eran un grupo de exconvictos con un cabecilla que se mantenía escondido en las sombras: era un ejército temible con muchísimos recursos.

»De un ataque a la ZPD salí muy malherido, Langley, que también estaba con los rebeldes, me acompañó junto con Tora. El hospital más cercano estaba bastante lejos y sólo sabíamos de un médico que estuviese en las inmediaciones. Me negué una y otra vez, pero Tora insistió y terminamos en la casa de Drew.

—Ya entiendo por qué luego fueron a por Drew, los rebeldes lo involucraron y Arcagma lo atacó para marcarles el terreno, así demostraría que sabía qué es lo que hacían.

—No te apures, pelusa, déjame seguir.

—De acuerdo, sigue.

—Drew no me reconoció porque llevaba tintura, así que en lugar de curarme casi me mata. También tomó un arma y apuntó a Tora y Langley, nunca creí que el muy cabrón fuera capaz de algo así.

—Me dejas anonadada, Nick…

—El único modo de que me salvara fue revelando mi identidad, me salvó la vida aunque casi estuve por palmarla. Todo se haría cuesta arriba desde entonces, con Drew tomando mi lugar para que nadie sospechase que yo falté al ataque a la ZIA.

—Si lo de antes me dejó sin palabras, esto… ¿Ustedes los Wilde son siempre tan estúpidamente arriesgados?

—Está en los genes por lo visto. —Escucharía una risilla que provenía de la coneja—. Durante el ataque, Drew conoció a Skye, al día siguiente me narró todo en detalle.

—¿Entonces no sabes cómo Skye llegó a conectarse con Arcagma?

—No del todo… Después de eso, Arcagma supo que Drew tomó mi lugar, de alguna forma que aún no sabemos, y lo secuestró para tenerme a su disposición. Luego… —Se pausaría intentando hallar las palabras correctas, aunque sabía que Judy se terminaría enojando—. Lo que Arcagma se robó de la ZIA estaba codificado por Skye, quien me ofreció decirme la contraseña, y así salvar a Drew, a cambio de sexo.

—Ella… —La coneja se quedó por completo enmudecida ante las afirmaciones del zorro—. ¿Cómo fue capaz de algo así? No entiendo por qué te obligaría a acostarte con ella a cambio de la vida de Drew…

—Sigo sin saber la razón, pero creo tener una idea.

—¿En serio?

—Sí, pero para decírtela tengo que explicarte muchas cosas antes —exclamó pensando en los Lirios de Sangre—. Me están esperando y no tengo mucho tiempo, así que… Creo que es hora de que nos despidamos, zanahorias.

—¿Ya? ¿Tan pronto?

—Nunca te pedí disculpas por todo esto, me puse a hablar y no me detuve para decir lo que más quería.

—Te diría que no hace falta, pero sé que no es la respuesta que buscas. Te perdono, Nick, te perdono por meterte en medio de todo esto y por haberme lastimado, aunque no lo hayas querido.

—Muchas gracias, Judy, tú sí que me conoces… ¿Sabes? Sé que no te gusta hablar mucho de esto, pero por momentos te escucho como antes.

—Está bien, no me molesta. De hecho me siento bastante bien, y más ahora que hablé contigo. —Sabiendo que el zorro corría contra el tiempo, aprovecharía para hacer una última pregunta—. ¿Qué harás ahora?

—Estoy con mi familia, con Skye y algunos aliados, estamos viendo cómo avanzar. —Evitaría decirle de su próximo ataque a la base de Arcagma para no preocuparla—. Imagino que allí están con mucho trabajo.

—Bastante, pero no me preocupo por ello, le pediré a Bogo la tarde libre.

—¿Segura que estás bien? Eso es muy atípico en ti, zanahorias.

—Sí, me siento más que bien, pero tengo una cuenta pendiente y quiero comenzar a resolverla.

—¿Hablas de…?

—Sí, mis recuerdos. Siento que estamos de cara a algo muy importante, debo estar mentalmente preparada para ese entonces.

—Si hay algo en lo que pueda ayudar ahora mismo, dime.

—¿Puedes venir y abrazarme?— La sorpresa del zorro sería total, llevaba tiempo sin ver ese lado de Judy. Reiría por lo bajo mientras llevaba una de sus patas al rostro para refregarse los ojos—. ¿Estás bien, Nick?

—No juegues con mis sentimientos, Judy, soy un sujeto sensible.

—Ustedes los zorros sí que son sentimentales. —Intentaría no reír de momento, aunque le recordaría en otro momento cómo lo tomó con la guardia baja. Sus orejas se elevarían de pronto al escuchar que alguien mencionaba su nombre—. Espera un momento, Nick.

—¿Qué sucede?

—Es Lionheart, Ben está dirigiéndose hacia él para frenarlo, pero parece querer hablar conmigo.— Un fugaz temor apareció en su mente—. ¿Desde dónde me estás llamando, Nick?

—Un teléfono descartable, no hay modo de que me puedan haber rastreado.

—Además es el propio Lionheart, no tiene sentido…

—Tal vez sea mejor si me voy, Judy. Te amo. —Ahora sería ella quien fuese atrapada con la guardia baja, aunque no podría exteriorizarlo a diferencia de él.

—Lo sé, Nick, yo también te amo. Cuídate mucho, y sé precavido con tus próximos movimientos.

Dichas sus últimas palabras, Judy cortó la llamada y se acercó al par de felinos que hablaba arduamente. Nunca había visto a Ben actuar de forma territorial, era raro verlo oponerse frente a alguien. El alcalde por su parte se encontraba con su típica seriedad manifestada en su rostro y ceño fruncido. Su visita inesperada apestaba a problemas, no tenía motivo alguno para acercarse a ellos y mucho menos del modo en que lo había hecho.

Lionheart argumentó querer pasar por la escalera donde Judy estaba sentada hablando con Nick hasta hacía solo unos segundos, a lo que luego Ben no le permitió avanzar. El cheetah se excusó afirmando que sólo pidió que se fuera amablemente por otro lado, dado que la escalera no soportaba animales del tamaño del alcalde. No había motivo alguno para que el cruce entre ambos se hubiera subido de tono.

—Notificaré a Bogo de esto, no puedo creer que tenga mamíferos tan irrespetuosos a su cargo— indicaría el león cruzándose de patas—. Y usted, Hopps, en lugar de estar apartándose del resto y hablando por teléfono debería estar trabajando en el caso. ¿Se puede saber con quién rayos estaba hablando? Este tipo de actitudes no es algo típico en usted.

—Con todo respeto, pero con quien ella hable es asunto de ella, alcalde. —Debía admitir que le gustaba la versión imponente y protectora de Ben, pero lo último que buscaba era problemas.

—Hablaba con mi padre, suele llamarme a estas horas, después de almorzar —afirmaría con un tono de voz más calmo que el del par de felinos, viendo si así podría armonizar la situación—. Con Ben vinimos aquí para evitar que nadie nos molestase, todos aquí saben que no hay que pasar por esta escalera y es de los sitios más vacíos de la ZPD.

—De acuerdo, supongo entonces que me buscaré otro modo de ir al segundo piso. —Una cínica sonrisa se haría presente en el rostro de Lionheart, quien giraría para darles la espalda—. Se las dejaré pasar esta vez, pero vuelvan a sus puestos. Hay mucho trabajo por hacer.

En tanto el alcalde recorrió algunos metros, Ben posó una de sus patas sobre el hombro de Judy. Su mirada lo decía todo, el encuentro con Lionheart había dejado muy malas sensaciones en ambos. Más allá de la prepotencia habitual en él, las circunstancias en las que se había dado el encuentro eran muy extrañas.

Lionheart nunca iba a ningún lugar más allá de la oficina de Bogo, o no sin la compañía del búfalo, y los fue a buscar al fondo de un pasillo que jamás recorrió. El león afirmaba haber querido subir al segundo piso, lo cual podría haber hecho por muchos otros lugares y sin tener que recorrer los veinte metros que separaban el despacho de su jefe de las escaleras. No haría falta que hablasen para llegar a la misma conclusión: Lionheart se acercó porque buscaba algo de ellos, o más bien de parte de Judy. No tenía razón alguna para hacer eso, al fin y al cabo sólo hablaba por teléfono, ¿qué podía haber de sospechoso en eso? Y más importante aún, ¿por qué se acercó cuando hablaba con Nick? Era como si alguien leyera sus movimientos, debería andarse con cuidado.


. . . . . . . . . . .

Se quedó con mucha amargura por haber terminado la llamada con Judy de forma tan abrupta. Maldito Lionheart, no sabía hacer otra cosa más que molestar. Por lo que dijo Ben en su momento, llevaría a Judy a un lugar un tanto apartado del resto de mamíferos para hablar en paz. Que ese león sarnoso hubiese llegado hasta ellos no podía ser casualidad, deseaba que así lo fuese, pero con lo que Grace explicó de la Hermandad todos sus pensamientos apuntaban a una sola teoría.

Judy era una coneja muy lista y seguro se saldría de esa, debía confiar en ella mientras fijaba la mente en su objetivo actual, por difícil que fuera. Con Skye y los demás habían planeado juntarse en Tundratown, en los callejones que se encontraban detrás de una cafetería de nombre Luluby. La misma había cerrado por vacaciones y el tránsito era mínimo a esas horas por tratarse de uno de los lugares más fríos de la zona.

Su gran conocimiento de la ciudad le permitió moverse por sitios de baja densidad poblacional y callejones donde nadie lo atraparía. No necesitaba un disfraz a diferencia de Skye, quien sacaba ropa, sombreros y lentes de sol de cualquier sitio, podía desenvolverse con casi total libertad sin temor a ser descubierto. Sólo tuvo que caminar unos pocos kilómetros e ir al trote de a ratos para no atrasarse. De ser otras épocas, su pésimo estado en forma no le habría permitido hacer ni la mitad del trayecto, sonrió para sus adentros al percatarse de ello.

Se encontró con Jack, Skye y Clarke en cuanto llegó, los tres llegaron hacía sólo unos minutos. Todos se habían acercado por separado y cada uno debía asegurarse de no ser seguido por nadie. El conejo de la ZIA, por su parte, había pasado previamente por un escondite donde solía esconder armas junto a su compañera. Llevaba una mochila a cuestas con bombas de humo, granadas cegadoras y un par de pistolas con sus respectivos cargadores. Skye fue al mismo escondite para buscar sus cosas y equipamiento para sus aliados, aunque fue antes de la reunión en el bar. Dejaría todo escondido en un gran bolso dentro de un contenedor de basura que se hallaba ahí mismo, a la vuelta de la cafetería. Su traje negro, varias pistolas con silenciador y un par de subfusiles se encontrarían a disposición del grupo. Tora sería el único que debería buscar armas para sí mismo, no había nada apto para su tamaño, aunque el tigre afirmó tener dónde buscar.

Sólo faltaba que Langley, Tora y Harkness arribasen al lugar. El trío intentaría conseguir un par de vehículos de buen porte para acercarse lo más posible al escondite de Arcagma. Con la zorra de las nieves, habían decidido revelarle a Clarke la presencia de la mapache antes de que esta llegase, por lo que ahora, estando él presente, era momento de revelar su secreto.

—Leonard —El lobo ladeo la cabeza en dirección a Skye—, ¿recuerdas que dijimos que no seremos sólo nosotros cuatro?

—Estaba esperando que me alguien me comente sobre eso, Skye. ¿Quién más estará aquí?

—Dos exconvictos y Harkness nos acompañarán. —Clarke apartó la mirada ante la afirmación de la vulpina, luego posó la vista en el suelo y comenzó a negar.

—Sabía que esto no era una buena idea. ¿Qué te garantiza que no nos traicionarán?

—Detestan a Arcagma tanto o más que nosotros, además ya nos han ayudado antes —indicó Nick, recostado sobre la pared y a la par del lobo—. No conocemos tanto a Harkness, pero estuvo trabajando con tu amigo, Fowler.

—Qué idiota… Abel siempre fue bueno para meterse en líos, era de esperarse que tarde o temprano se cruzase con Harkness. Tuvieron cierta relación en el pasado, por así decirlo. —Los dichos de Leonard sorprendieron a los presentes, quienes esperaban que negase el imprudente actuar de su compañero y que se mostrase aunque sea un poco desconcertado—. Además de él, ¿quiénes más serán? Recuerdo todos los nombres y registros de los convictos.

—Uno es Gabriel Whitewind —señaló Skye.

—¿El tigre que mató a su esposa y a un concejal, además de iniciar montones de peleas en prisión? —preguntaría Clarke de forma irónica—. Ha de ser un sujeto de lo más agradable. ¿Y el otro mamífero?

—Es… —Nick sabía que, dicho el nombre de la mapache, debería estar listo para todo—. Es Sarah Langley.

Clarke respiraría tan profundo como sus pulmones lo permitiesen, en ese preciso momento se encontraban en la parte más compleja de su plan, previo a la entrada al escondite. Rápido como nadie lo hubiese imaginado, el lobo lanzaría un golpe de puño hacia donde se encontraba Nick. Si bien el zorro pudo usar sus dos patas a modo de escudo para cubrirse, Clarke lo hizo retroceder un par de pasos. En sus ojos había cólera, indignación y dolor. ¿Por qué rayos lo habían arrastrado hasta ahí? ¿Tendría que trabajar codo a codo con la mapache por la cual murió su esposa? Si se lo hubiesen dicho antes…

—Piensa en Fowler, no en Langley —rugió Skye desde sus espaldas. Nick seguía en una posición defensiva a la espera de cualquier arremetida, en tanto Jack estaba listo para detener al lobo de ser necesario.

—Me están pidiendo que vaya a una misión suicida a la par del mamífero que más detesto en este mundo. Me manipulan con Abel para que los siga, no les interesa él o yo, sólo se interesan por limpiar sus nombres. ¡Son unos descarados! Les juro que me dan asco, repulsión.

—Puedes irte cuando quieras, Leonard, buscaremos a Abel por ti, que no te quepa duda de eso. —Jack captaría la atención del lobo, era quizás el único de los presentes en quien confiase. Al observarlo fijamente, notó que ya no tenía el ceño fruncido ni mostraba los colmillos, su enojo seguía presente pero se estaba tragando su orgullo para resignarse de cara a la incursión—. Sólo piensa en las posibilidades que tendremos de hacerlo sin ti, y de hacerlo contigo de nuestro lado. Además, Nick también tiene mucho para perder, no iremos sólo de visita para que vuelvan a confiar en él o Skye.

—Jack tiene razón —exclamaría Nick, algo sorprendido por el apoyo de Savage—. Tengo a Drew allí dentro y al resto de mi familia escondida, a la espera de que esto salga bien para tener algo de paz después de semanas, meses.

—Sea como sea, no les perdonaré esto ni aunque logre traer a Abel de regreso. —Clarke tragó saliva, luego volvería a respirar hondo—. Esperaron hasta el último momento para decirme, si en serio confiaban en mí deberían haberlo dicho en un principio. Ahora me quedaré para enfrentar a Arcagma sin importar quién esté a mi lado, pero luego ni sueñen que volveré a ayudarlos en nada. Como ustedes se salgan con la suya y vuelvan a formar partes de sus agencias, y del caso —indicó observando con dureza al par de zorros—, le pediré a Bogo que me deje trabajar solo y, de no ser así, que acepte mi renuncia.

—Leonard….

—¡Cállate Wilde! ¡Ya no quiero saber nada de ti! ¡Estás en mi misma situación y ni siquiera te pusiste a pensar cómo me sentiría con esto! ¿¡Cómo puedes ser tan cínico para manipularme de este modo!?

—Ya nadie cree en nosotros, pensamos que si te hablábamos de Langley que no aceptarías. —El zorro no tenía cómo excusarse, cada una de las palabras de Clarke habían sido ciertas. Se preocupó tanto de sí mismo que sólo buscó a sus aliados como si de recursos se tratasen, fue egoísta como nunca y ahora se odiaba por eso—. Lo lamento… En serio me disculpo por esto, Leonard.

—Ya es tarde, olvídalo, ustedes dos también —rugió evitando cruzar la mirada con sus compañeros—. ¿Dónde están los demás? Bogo ya ha de estar preguntando por nosotros.

Nadie respondió, sólo quedaba esperar en un más que incómodo silencio. Los minutos pasaban y no había rastro del zorro, el tigre y la mapache. La incertidumbre y algo de temor comenzaron a hacerse presentes al pasar unos diez minutos, experimentaban la espera como una de las mayores torturas de todas.

Serían Langley y Harkness los primeros en llegar en una furgoneta, saludarían acaloradamente a los suyos mientras Clarke se quedaba a un costado. Ambos habían ido a buscar el vehículo a un desarmadero donde un anciano los retuvo más de lo deseado, Tora les había indicado que hablasen con el viejo para cobrar un favor de su parte. El tigre aparecería un par de minutos más tarde, un poco más serio que de costumbre.

—¿Quién rayos era ese puma, Tora? —preguntaría Langley frustrada—. Se la pasó yendo de un lado a otro, ni siquiera recordaba haber hablado contigo.

—Está viejo Sarah… —La mirada del gran felino se fijaría en el conejo y el lobo—. Estamos todos, ¿no es así?

—Sí, sólo faltaban ustedes —respondió de forma poco amistosa Clarke.

—¿Qué equipamiento trajeron, Skye? —La insistencia del tigre no era de lo más común, pero era entendible en cierto modo por la situación que se les presentaba.

—Pistolas y un par de subfusiles, Jack tiene también bombas de humo y granadas cegadoras —afirmó la vulpina cruzada de patas—. Tenemos todo en este bolso que traje y en la mochila de Jack. ¿Tú conseguiste algo para ti?

—Tengo esto. —Tomaría una pistola de su bolsillo trasero para mostrársela a Skye, el resto se mantenía indiferente ante la situación, sólo esperaban para irse—. Sé que no es lo mejor, pero también tengo una escopeta en la camioneta donde vine.

—¿Les queda mucho? —preguntaría Leonard, con la vista baja, intentando no hacer contacto visual con nadie. Tora tomaría su celular y tocaría la pantalla un par de veces.

—Ya es la hora, nos vamos al escondite de Arcagma. —La seriedad del tigre se desvanecería para dejar ver una sonrisa, más típica de él.

Tora guardaría su teléfono, mas su arma seguiría entre sus garras. Harkness y Langley volverían a dirigirse al vehículo por el cual llegaron mientras los demás observaban al tigre, cuyo comportamiento era por demás de extraño. Clarke se cruzaría de patas y, de la forma más disimulada posible, tocaría con un par de dedos su arma reglamentaria, la cuál se encontraba en su cinturón por debajo de su chaqueta. El par de zorros observaban al felino un tanto extrañados, en tanto Savage no despegaba la mirada de su pistola.

Una divertida risa vendría de parte de Tora, quien guardaría su arma y les daría la espalda. Se recostaría contra una pared, buscaría su encendedor y los cigarros que llevaba en su bolsillo izquierdo y encendería uno. Jack exclamaría algo aunque quedaría en el aire, al igual que el humo que exhaló Tora luego de una larga pitada.

Algunos gritos comenzaron a escucharse a varios metros de donde se encontraban, al cabo de unos segundos Langley y Harkness se volverían a acercar a ellos con las patas en alto. Clarke desenfundaría su pistola y apuntaría hacia Tora, al igual que Skye y Jack. Nick se encontraba desarmado, sólo sería un espectador de lo que fuera que fuese a pasar.

Tres matones aparecerían a continuación, por detrás del ladrón y la mapache. Detrás de ellos, unos cinco más se acercarían portando pistolas y un par de fusiles de asalto. Una leona, dos lobos, un coyote, una hiena, un reno y un cerdo comenzarían a apuntar hacia ellos. Tora observaba la acción de forma imperturbable, sabía lo que estaba pasando y lo sabía porque él mismo los había arrastrado hasta ahí.

—¿Qué es esto, Tora? —Nick posaría la mirada en sus aliados, que mantenían sus armas en alto. Clarke le apuntaba a Tora, Skye y Jack al grupo de animales que apareció de la nada y tanto Langley como Harkness estaban de rodillas en el suelo.

—Esto, Nick, es mi ascenso al poder, espero que no les moleste acompañarme. —El humo salía por la nariz del tigre, quien se acercó a paso lento hacia el vulpino—. No lo tomen como algo personal, sólo hago esto por tratarse de una situación de lo más redituable, económicamente hablando —exclamaría dando un vistazo general.

—¿Pero cómo? ¿Desde cuándo? —Los ojos de Langley se abrirían de par en par, después de todo lo que había sucedido se topó con la verdad—. Fuiste tú quien nos traicionó, tú nos vendiste cuando fuimos a buscar a mi hermana.

—También los traicioné al decirle a Arcagma que Drew nos acompañó al ataque a la ZIA en lugar de Nick, así como cuando le entregué los videos de Skye con Nick. Oh, y no he de olvidarme cuando los fotografié trabajando para Arcagma, ¿quién creen que sacó las fotos que ya todo el mundo ha visto? —A cada palabra del tigre, Skye empuñaba su arma con más fuerza y Nick cerraba sus puños con una impotencia que no dejaba de aumentar—. Siempre fui yo y nada menos que yo, la verdadera pata derecha de Arcagma.

—Se supone que eras nuestro aliado, nuestro amigo. —Las lágrimas comenzaban a hacerse presentes en el rostro de Langley, quien era la más cercana de todos a Tora—. ¡Yo creía en ti! ¡Eres la peor basura que he conocido! ¡Te acercaste a nosotros sabiendo desde un principio que ibas a traicionarnos!

—Tal y como dije, Sarah, no es nada personal, sólo son negocios, alguien como tú debería entender —indicaría con una frialdad de lo más detestable—. Me la pasé bien con ustedes, no lo negaré, pero esto se trata de algo muy grande, más de lo que puedan imaginar.

—¿Qué hay de tu esposa? ¿De todo lo que sufriste? ¡Ibas a acabar con Arcagma para redimirte!

—Sarah, Sarah, Sarah… —Tora negaría con la cabeza mientras fijaba la mirada en la mapache—. Mi esposa no me fue infiel, yo mismo decidí acabar con ella cuando descubrió mi doble vida, al igual que acabe con mi mejor amigo. Necesitaba dar una falsa imagen y ellos sólo eran parte de una fachada, al igual que ustedes. —La mapache desviaría la mirada y cerraría los ojos con fuerza, estaba viviendo una auténtica pesadilla.

—Nada de esto tiene sentido, los hombres de Arcagma saben que eres un rebelde, luchaste contra Herbert. —Una risa soberbia secundaría las palabras de Skye, el felino en serio estaba disfrutando el momento.

—Herbert no es más que un pobre lacayo. Arcagma lo veía como un pequeño soldado, mientras que yo siempre fui el general que habitó las sombras, o habitaba cuanto menos.

—Espera… ¿Veía? —Tora sonreiría ante la perspicacia de Nick.

—Siempre tan astuto, Nick, por estos pequeños detalles es que me caes tan bien. —El tigre llevaría una de sus patas a su bolsillo trasero, mientras dejaba caer su cigarro al piso—. Arcagma está muerto, el cáncer al fin se lo llevó al olvido. —Con una calma aterradora, apuntaría con su pistola al rostro de Nick—. Ahora más les vale tirar sus armas al suelo, o ustedes lo acompañarán.

—Nunca te seguirán, todo el mundo ve a Herbert como el sucesor de Arcagma. —Skye dejaría caer su arma al suelo y se pondría de rodillas, Jack haría lo propio segundos después—. Te volarán los sesos apenas muestres el hocico.

—Aquí hay siete mamíferos que me acompañan, el resto también lo hará cuando se den cuenta de que puedo ayudarlos a volverse ricos. —Con un gesto que haría con la cabeza, todos comenzarían a apuntarle a Clarke, quien resignado imitaría a sus compañeros.

—¿Qué piensas hacer? ¿Amenazar a la ciudad con las bombas y huir con el dinero y tus lacayos detrás? —Tora ladearía la cabeza de un lado a otro para responderle a Savage—. Sólo eres otro pobre idiota con hambre de dinero y poder

—¿La ciudad? No, claro que no, prefiero apuntar más alto. Atacaré a la Hermandad de los Lirios de Sangre, los verdaderos titiriteros detrás de este circo llamado Zootopia. De todos modos, no es algo que les competa, de aquí en más nuestro camino como aliados llega a su fin.

Con un rápido movimiento, el tigre impactaría en la cabeza de Nick con la culata de su pistola. Uno a uno irían cayendo en tanto él se relamía de sólo pensar en las riquezas que lo aguardaban.