Ya había tocado el tema con varios miembros de la Hermandad y todos pensaban como él; de tratarse de alguien más enviaría algunos agentes de menor jerarquía a vigilarla, pero siendo la protegida de Big su libertad de acción se limitaba bastante. Tenían suficientes excusas como para hacer algo más que sólo intervenir su teléfono y espiarla dentro de su trabajo, cosa que Big aceptó muy a regañadientes. Cámaras en su casa, agentes que la siguieran noche y día, vigilancia para su familia e intervenir los diez contactos que más hablasen con ella vendrían bien para empezar, el protocolo estándar en pocas palabras.

Cuando estaba en la ZPD, los encargados de seguir a Hopps utilizando las cámaras del propio establecimiento le indicaron que el recepcionista la había apartado hasta un punto ciego. Pudieron corroborar luego que, además de escapar de su vigilancia, la coneja no usó su celular sino el de su compañero. Lo más extraño de todo sería que no fue ella quien lo hizo por voluntad propia, sino el mismo recepcionista. De algún modo sentían su presencia y lograban evitarlos, Hopps no del todo pero, quienes la rodeaban lograban aislarla lo suficiente como para protegerla.

¿Ganarían algo espiando entonces a quien no parecía saber demasiado de ellos? Efectivamente, todos aquellos que intentaran protegerla serían tomados como conocedores de la Hermandad. El recepcionista y Wilde eran los principales apuntados, pronto con un examen minucioso de seguro descubrirían más mamíferos. Su mente se detuvo en el zorro por un momento. Al acercase a Hopps escucharía muy por lo bajo la mención de éste, acompañado por algo que no estaba seguro de haber oído bien. Estaba casi seguro que la coneja afirmó que lo amaba, lo cual era un auténtico disparate.

Más allá de que podían tener conocimiento de la Hermandad, lo que más quería saber era lo que englobaba la relación del par de oficiales. No tenía demasiado trato con ellos, pero siempre se los veía juntos y con una amistad tan cercana, que de ser los dos de la misma especie uno sospecharía que había algo más. ¿Sería acaso que su relación no dependía de la raza per se? Podrían dañar muchísimo su imagen de ser así, una filtración de alguna llamada o algún creciente rumor los acabaría. Dicho conocimiento les serviría para amenazarlos, en caso de ser necesario, o para usarlo en su campaña política como lo hizo tiempo atrás con los matrimonios homosexuales. Quizás no sancionase leyes a favor de ellos para no enfurecer a los sectores más conservadores, pero los apoyaría para ganar votos de las minorías. Se relamía los bigotes de sólo pensar cómo la caída de un ícono tan grande dentro de Zootopia, como la oficial Hopps, podría ayudarlo en un futuro cercano.

Además de la utilidad política que podría darle a dicha información, de ser cierta, otros miembros de la Hermandad podrían sacar rédito de ella. Malcolm Cornwall podría vender infinidad de noticias y artículos con una primicia así en sus patas, habría caos rodeando la ZPD y varias bandas, como las hienas de las setas, podrían aprovecharse del momento de debilidad de la policía local. Bogo se hundiría cada vez más rápido y pronto podría poner alguien en la ZPD que persiguiese los objetivos de la Hermandad. No tendría que esperar a que el caso acabase para deshacerse del búfalo y todo lo relacionado a Arcagma quedaría bajo completo control de los Lirios. Sólo había un pequeño detalle que evitaba que enviase a espiar a Hopps, tan pequeño como una musaraña entrometida y cada día más molesta. Se estaba fastidiando de sólo pensar en Big, por lo que tomaría su teléfono y le plantaría cara de una vez por todas, en lugar de sólo pensar excusas como para investigar a la coneja.

—¿Puedes hablar, Alphonse? —preguntaría el alcalde con monotonía en su tono de voz.

—Tengo sólo unos minutos, estoy yendo a una reunión. ¿Qué quieres? —Tal y como esperaba Lionheart, la musaraña estaba atendiendo sus asuntos.

—Fui hoy a la ZPD para hablar con Bogo. Antes de ir con él, me informaron desde las cámaras que perdieron a Hopps en un punto ciego y me dispuse a ir a buscarla. Quise usar el amplificador de señal que nos dio Stewart, todo parecía indicar que tendría una llamada que no debería de recibir.

—¿Habló con Wilde?

—Escuché que lo mencionó, pero cortó antes de que me acerque lo suficiente, el amplificador no sirvió de nada.

—Seguro que fuiste tan discreto como siempre, Leodore…

—Aún así, creo haber oído algo que ella le decía a él. Podría servirnos de mucho, Alphose, tenemos que comenzar con un protocolo estándar y luego quizás…

—Ya sabes que es mi protegida, nada de eso, Leodore —respondería tenaz, evitando que el león lograse terminar su frase—. Salvó a mi hija, así que es parte de mi familia y, como tal, no tendrá protocolos de ningún tipo que puedan perjudicarla.

—Sé que no quieres que tenga problemas, pero es que no lo entiendes. Tenemos que confirmar lo que oí, sería de gran ayuda, más allá de nuestra lucha con Arcagma.

—Hay cosas que van más allá de la Hermandad, pero no creo que discutir de algo como esto contigo sea una buena inversión de mi tiempo. Siempre te dejo las cosas en claro y vuelves a insistir, así que tendrás que conformarte con un simple no.

—Le dijo a Wilde que lo ama. ¿Entiendes ahora? ¡Podemos usar eso para…!

—No volveré a reiterar mi negativa sobre todo esto, recuerda lo que pasó la última vez que se metieron con los míos. Ten un buen día, Leodore.

Big cortaría la llamada antes de que pudiera replicar, dejándolo con más frustración de la que creyó que tendría desde antes de comenzar la conversación. Se ahorraría los insultos al aire y volvería a marcar, sabía ahora que tendría que actuar a espaldas de esa maldita rata. No sería ni la última ni la primera vez que lo hiciera, pero de seguro sería la que más lo disfrutase. Teniendo la información en su poder no importaba lo que pensara Big, después de todo sólo era cuestión de tiempo para que esa rata mafiosa fuese apartada por la fuerza. Si Arcagma había servido de algo todo ese tiempo, era para usarlo como excusa para quitar de en medio a uno que otro idiota con alguna falsa visita que le adjudiquen.

Le daría unos días más de vida porque bien sabía que la musaraña era de los más experimentados en batalla y podía inclinar la balanza a su favor contra Arcagma, pero si lo de Hopps era cierto iría preparando unas flores para mandar a su tumba. La coneja podría servirle para que la Hermandad tuviese control sobre las tres agencias, no había miembro alguno que fuese lo suficientemente importante como para no cambiar su vida por tan suculento premio.


. . . . . . . . . .

Hacía un par de minutos que había despertado y todavía se sentía algo aturdida. Por lo visto había sido la última en despertar, sus compañeros estaban recostados contra una pared o de pie. La luz era prácticamente nula y la humedad penetró su olfato para aseverar el dolor de cabeza que sentía, le costó acostumbrarse a la pesadez del ambiente. Sabría al instante dónde se encontraba, había visitado esos lares una que otra vez. Mientras los demás debatían susurrando entre sí, ella se pondría de pie con algo de dificultad y los dejaría a todos confundidos con sus palabras. "La zona obrera", indicó con total seguridad, era imposible estar errada. Se dispuso a explicarles en cuanto guardaron silencio, pero al escuchar voces familiares del otro lado de la puerta todos evitarían realizar sonido alguno.

No le sería difícil identificar a Sánchez y a Drew, lo dificultoso sería que Nick se mantuviera en silencio luego de escuchar a su primo a las afueras. Daría un par de pasos y lo tomaría de su hocico con suavidad, aunque él se apartaría con un rápido movimiento. Por lo que escuchaban de la charla con los guardias, zorro y nutria entrarían a ver cómo se encontraban. Lo mejor sería hacerles creer que seguían inconscientes y tomar algún bisturí o jeringa por sorpresa, ella sola podía acabar con el par de guardias sin importar que estuviesen armados. Mientras la conversación seguía a las afueras, fue llamando la atención de sus compañeros y, por medio de señas, les indicó que fingieran que estaban durmiendo.

No esperarían demasiado hasta que el par de médicos ingresase a la choza. La puerta se cerraría detrás de ellos en tanto alumbraban con linternas. Drew se acercaría a su primo y Sánchez iría a por Jack. Clarke se acercaría a la nutria por detrás mientras que Nick abriría lentamente los ojos y, llevándose un dedo a su boca, le indicaría a su primo que guarde silencio. Drew se sobresaltaría al ver que Sánchez forcejeaba con un lobo, a lo que Nick se levantó para calmarlo con rapidez.

Estando Sánchez inmovilizada por el más fuerte del grupo, Skye tomaría un bisturí y Jack la imitaría. El dúo de la ZIA caminaría hacia la puerta, la vulpina de las nieves la abriría y, mientras el conejo saltaba hacia la izquierda para atacar un guardia, ella fue hacia la derecha para intentar acabar con el otro. Un par de segundos después, ambos intentarían arrastrar los cuerpos hacia el interior de la choza, Langley y Harkness los ayudarían para que fuese más rápido. Con un problema menos encima, estando listos para huir y teniendo las armas de los guardias para usar a su favor, sólo restaba ver cómo huir.

—Nick, la nutria tiene un teléfono —exclamaría Clarke luego de que cerrasen la puerta al terminar de arrastrar los cadáveres. El zorro se acercaría y lo tomaría del bolsillo de Sánchez.

—Esperen, suéltenla, ella está de nuestro lado. —El lobo dirigiría la mirada a Skye para ver si confiaba en ella, la vulpina negaría con la cabeza—. ¿Qué hacen? La necesitamos para salir de aquí, ella misma me dijo que los atraparon y nos trajo hasta aquí.

—Ha de ser una trampa, Drew, recuerda que es de las más cercanas a Arcagma. —El zorro negaría ante los dichos de la vulpina.

—Arcagma está muerto, eso no tendría nada de sentido. —Contrario a lo que el zorro esperaba, ninguno se sorprendió ante sus palabras—. ¿Ya lo saben allí afuera también?

—Tora nos lo dijo, mencionó algo de un cáncer. —Drew asentiría ante la afirmación de Savage y observaría a Clarke.

—Déjala ir, por favor, es de fiar. —Una vez más, el lobo observaría a Skye, quien luego de rodar los ojos asentiría para que deje ir a la nutria.

—Devuélveme mi teléfono que es nuevo, Wilde, más te vale que no se estropeé —rugiría Sánchez mientras avanzaba con una mirada mortal enfocada en el vulpino que lo poseía.

—De todos modos no tiene señal —indicaría Nick frustrado, era un día donde nada parecía salir del todo bien.

—Estamos en lo más recóndito de una mina, menso. No sé si sea más milagroso el que tengas señal o el que uses tus neuronas. —Harkness reiría desde el fondo ante la arremetida de Sánchez—. Bien, ¿ya tienen algo pensado? ¿Algo que deba saber antes de comenzar nuestra huida?

—¿Por qué nos ayudas, Laura? —preguntaría Skye con pasividad.

—Por la misma razón que ustedes están aquí: Tora. Ese tigre nunca fue de fiar, no creo en eso que anda diciendo de ser el segundo al mando.—Los dichos de la nutria se resumirían en que los enemigos de su inesperado enemigo serían sus amigos—. Tenemos que hacerlo caer, ustedes porque son los buenos y yo por Arcagma.

—Bien… —La vulpina mantendría sus dudas respecto a Sánchez, pero no tenía sentido seguir perdiendo el tiempo—. Conozco parte del lugar, pero no conozco bien la zona obrera, ustedes nos irán guiando —indicó observando a Drew y a la nutria.

—Recuerden que tenemos que buscar a Abel también —destacó Clarke, esperando que alguno de los médicos supiese donde encontrarlo.

—¿Quién es Abel? —preguntó desconcertada la nutria.

—Un lobo que trajeron hace poco, sé dónde encontrarlo, está a unos minutos de aquí. —Clarke agradecería a todos los dioses. No se iría de esa mina sin su amigo aunque tuviese que revisar todas las chozas puerta por puerta, Drew le había ahorrado infinidad de tiempo—. ¿Iremos todos juntos o nos dividiremos?

—Ganaremos más tiempo si nos dividimos, un grupo irá a por Abel y el otro verá cómo despejar el camino. —Savage había tomado la palabra, después de algunos segundos en silencio total Skye asentiría—. Skye y yo deberíamos ir en un mismo equipo, peleamos muy bien juntos y podemos acabar a varios enemigos en silencio. Laura nos acompañará para guiarnos. ¿Cómo hará el resto?

—Nick debería venir con nosotros, si está con Drew será una constante distracción. —Skye oiría cómo el zorro gruñiría ante su afirmación, pero no se opuso, sabía que en parte sería cierto.

—Por la misma razón Leonard tendría que venir con nosotros, si pensamos así. Será mejor dejar su reencuentro con Abel para cuando estemos en la salida. —Al igual que Nick, el lobo se molestaría ante el plan de los de la ZIA, pero no se quedaría callado.

—No pienso dejar que Langley vaya a por Abel, es más, yo debería ir. Soy todo un profesional del ZBI, estaré bien y nada me perturbará. —Nadie se atrevió a negarse al enfurecido lobo por un momento, por lo cual Skye decidió replicarle en nombre de los presentes.

—No existe profesionalidad para estas cosas, Leonard, cuando se trata de un ser querido lo mejor es dejar que otros se encarguen.

—Entonces, de ser así, ¿por qué nos trajeron a Nick y a mí en primer lugar? —preguntó Clarke luego de dar unos pasos en dirección a la vulpina—. ¿Piensas que esto es un juego? ¿Qué somos tus piezas en un juego de ajedrez, Skye? Acepté venir para buscar a Abel y es lo que haré, quieran o no.

—Skye tiene razón, por más centrado que estés no es fácil lidiar con estas cosas. Pasaste un gran dolor por todo esto y eso pesará en ti, no es igual que trabajar codo a codo en alguna misión. —Al lobo le sería difícil contradecir al conejo. En el fondo sabía que tenían razón, pero dejar a Abel a cargo de Langley y un ladrón era un riesgo que no estaba dispuesto a correr.

—Entre más tiempo perdamos aquí discutiendo, menos posibilidades tenemos de salir con vida, debemos avanzar. —Harkness acabaría con el incómodo silencio que se había generado mientras Clarke pensaba cómo responder.

—Tenemos tres pistolas que le robamos a los dos guardias, un par de bisturís y jeringas. Le daremos las armas a Langley y a Harkness, también un bisturí, así estarán bien equipados para rescatar a tu amigo. Nosotros tomaremos lo que consigamos de los enemigos que enfrentemos y despejaremos tanto el camino como nos sea posible, intentando tener máxima cautela. —Skye ya se estaba cansando de intentar convencer al lobo de seguir el camino más lógico de todos. Entendía que le fuese difícil separar sus sentimientos, pero estaba apostando con las vidas de todos ahí… Se percató de cuan contradictorio fue que ella misma pensase en eso y se maldijo por ello—. ¿Te parece bien, Leonard?

—Tus ojos se posarán en él cada vez que le disparen, lo mirarás de reojo todo el tiempo, serás más vehemente e impulsivo y arriesgarás a todos los que vayan contigo. —El bombardeo de comentarios no dejaban que el agente del ZBI piense con claridad, pero se quedaría con lo dicho por Nick al final—. Cuando volví a la ZPD y tuvimos con Judy nuestra primera misión, tuve una marea de sentimientos encontrados luego de que casi muero junto a ella. Fue un caso muy diferente, pero el sentimiento es el mismo. Cuando te das cuenta de que tú y los que quieres no son imbatibles, todopoderosos y que no todo saldrá bien siempre, te preocupas tanto por el otro que es imposible tomar buenas decisiones. No cometas mis mismos errores, Leonard.


. . . . . . . . . .

Si bien la cabaña del lobo no se encontraba lejos, Drew sabía que una vez que estuviesen con él avanzarían más lento por sus heridas. Por suerte para ellos, no eran tantos los guardias que estaban hacia el sur, recordaba apenas un par y el dúo de ladrones debería poder acabar con ellos sigilosamente. Su única preocupación era que el otro grupo llamase demasiado la atención y más que limpiarles el camino hacia la salida lo llenasen de obstáculos. Incluso el estar armados para defenderse podría ser una desventaja, los disparos atraerían una horda de enemigos que los condenaría.

Luego de hablarlo con sus compañeros, decidieron que él iría unos metros por delante por si se topaban con alguien. Teniendo completa libertad por la zona obrera, nadie le recriminaría nada al verlo caminando solo y podría avisar a Langley y Harkness que se escondieran. Tosería un par de veces en caso de ver a alguien acercándose y tres en caso de que fueran dos guardias juntos, luego el zorro o la mapache verían cómo acabar mientras él los entretenía con una charla trivial. Por suerte aún no habían tenido que recurrir a su plan y estaban a pocos metros de la cabaña de Fowler.

Según le dijo Sánchez, la gran mayoría de mamíferos del lugar había sido llamada por Herbert y luego entretenida por Tora en el salón general. Con eso lograría explicar la notable ausencia de seguridad, tendrían que aprovechar esa ventaja. Las últimas palabras de la pantera para su jefe, alguna pelea entre él y el tigre, el desenlace de dicha pelea, palabras del vencedor una vez que se hiciese el poder, algún tipo de festejo, eventos varios que le conseguirían el tiempo necesario para buscar a Fowler y encaminar su huida.

Llegarían donde se encontraba el lobo, el trayecto había sido mucho más rápido y tranquilo de lo que había imaginado. La choza estaba cerrada con candado, pero éste no sería rival para un par de ladrones profesionales. Harkness sería el encargado de abrirlo mientras Langley le cubría las espaldas.

Apenas terminase de forzarlo, Drew ingresaría con su linterna prendida y su botiquín, Fowler seguía dormido. La mapache y su compañero entrarían después del zorro, quien luego de llamarlo un par de veces por su nombre lograría despertarlo. El sorpresivo escenario llevaría al lobo a pensar que todo se trataba de algún tipo de sueño.

—¿Qué rayos haces aquí, Ed? —preguntaría el lobo al cabo de unos segundos, después de pellizcarse.

—Te explicamos al salir, vinimos entre varios para rescatarte a ti y al primo de Wilde. —La respuesta de Harkness no sería suficiente, pero Fowler entendía que a partir de ese momento sería una carrera contrarreloj.

—Necesito que te acuestes bocabajo, Abel, voy a inyectarte un analgésico —exclamaría Drew algo impaciente. Más allá de que sería incómoda la situación para los presentes, sólo podía penetrar por la zona glútea, si lo hacía en su pata no podría suministrar tanto fármaco como debía por cuestiones prácticas—. Tardará un poco en hacer efecto, pero es nuestra mejor opción.

Sin rechistar, el lobo asentiría y se colocaría tal y como el zorro pidió. Langley y Harkness les darían la espalda por un momento y, segundos después de un quejido del lobo, Drew les indicaría que ya podían darse vuelta. Fowler se puso de pie con algo de dificultad, su herida de bala en su muslo izquierdo los limitaría bastante hasta que el analgésico hiciese efecto, más en el tramo final de su huida. Harkness sería el encargado de llevarlo mientras Langley le cuidaba la espalda y Drew iba al frente, tal y como habían hecho en el tramo de ida.

—Antes de que nos vayamos, ¿alguno sabe algo de Barnes Willard y Grace? —Langley y Drew se quedaron en silencio, por lo que el lobo fijaría su mirada en Harkness—. ¿Tú sabes algo, Ed?

—Grace está a salvo, la dejamos con unos conocidos a ella y a su hijo, también le dejé el libro donde se habla de la Hermandad. En cuanto a Barnes, la verdad no tengo ni idea. —Contrario a lo que Fowler esperaba, Drew no se mostró aliviado ni nada ante la afirmación del ladrón, de seguro ya lo sabía desde antes. Se lamentó por dentro por Barnes, no sabía de qué sería capaz la Hermandad, pero tenían que rescatarlo de haber oportunidad.

—Me disculpo por interrumpir el momento, pero debemos seguir avanzando para encontrarnos con el resto —indicó Langley con tono imperativo.

—¿Cuántos más son? —preguntó Fowler, confiado en que varios mamíferos los esperasen para escapar.

—Cuatro más, dos agentes de la ZIA, mi primo Nick y tu amigo, Clarke. —Las rodillas del lobo flaquearían al oír que Leonard estaba dentro de ese maldito agujero. Ya no repararía en preguntas, era momento de avanzar.

—Vámonos entonces, a Leonard no le gusta esperar —esbozó Fowler con una sonrisa cómplice, mientras su mirada se fijaba en Drew, que parecía ansioso por irse de una vez por todas.

La mapache se asomaría por la cerradura pero no podría ver nada, Drew abriría la puerta sin más para salir de una vez y darles una señal en caso de ser necesario. Después de dar un rápido vistazo se acercaría hacia la puerta para indicarles que ya podían salir. Susurraba apenas cuando, a sus espaldas, algunas figuras se hacían presentes a varios metros y fijaban sus miradas en él. Estando ya fuera, todos se quedarían petrificados al ver que dos guardias llevaban a un esposado Herbert hacia una de las chozas, se habían detenido al verlos intentando huir y preparaban sus armas para usarlas de ser necesario. Toda la buena suerte que tuvieron en un principio se disipó cuando sus enemigos giraron en el segundo más exacto y desafortunado de todos.


. . . . . . . . . .

Era el segundo cuerpo que arrastraba hacia las sombras desde que salieron de esa choza mugrosa. Junto con Jack lograron acabar con varios enemigos atacándolos silenciosamente por sus espaldas, años de trabajo juntos los dotaban de una coordinación y efectividad increíbles. Si bien podían manejarse solos, haber ido los dos juntos para acabar rápido con los guardias, y sin alertar a todos, había sido la más sabia de las decisiones. Leonard no parecía sorprenderse por cómo se desenvolvían, pero tanto Nick como Sánchez se veían algo más que asombrados. No negaría que disfrutaba de ello, acaparar todas las miradas era de lo más placentero.

Sánchez le indicaba al grupo cómo avanzar hasta un determinado punto y luego quedaba en medio de los cuatro para ser protegida. Quizás si pensaban que era una rehén, lograsen tener una ventaja sobre sus oponentes. Ella iba al frente, Jack y Nick a los costados y Leonard cuidaba la retaguardia. Mantenían dicha formación en todo momento y, ante una eventual pelea, Jack se aproximaba primero desde las espaldas de sus enemigos y Skye terminaba por flanquearlos en cuanto alguien iba a por él. Hasta ahora su éxito era absoluto, gracias al fino oído de Jack lograban percibir a sus enemigos con gran antelación, era difícil que los sorprendieran.

Habían acabado con suficientes enemigos como para que cada uno tuviese un arma de fuego, incluso habían conseguido una para Sánchez, aunque le era algo difícil de manejar por su tamaño. En un principio la seguridad era mínima en los pasillos y corredores de la mina, pero a medida que avanzaban ésta se volvía más exhaustiva. De seguro la llegada de Tora llamaría la atención de varios y casi todos los exconvictos estarían con él, debían aprovechar esa ligera ventaja que no duraría más que unos pocos minutos. A esas alturas, el otro grupo ya debería de estar dirigiéndose a la salida, por momentos pensó en retroceder pero sería mejor avanzar y confiar en las capacidades de sus aliados.

Contrario a otras veces, a medida que se acercaban hacia el final comenzó a sentirse ansiosa y tensa a más no poder. Había superado infinidad de misiones, tanto para la ZIA como para la Hermandad, haciendo cosas tanto buenas como malas, pero las emociones que la acompañaban no podían serle más ajenas. Experimentó el miedo como cualquier otro mamífero, sintió culpa varias veces y más en las últimas semanas, había una curiosa mezcla de felicidad y tristeza a su vez. Si bien lograba mantener su mente fija en su meta, sacarlos a todos vivos allí, poco a poco se iba nublando y eso la asustaba. Necesitaba mantener el control, no había peor momento para desbordarse y mucho menos estando rodeada por otros mamíferos, todos ellos conocidos y algo más.

Muy en el fondo de su ser, sabía que se mentía a sí misma al decirse que al luchar por el bien de la Hermandad, luchaba por el bien común de toda la ciudad. Le gustaba el poder, el reconocimiento y las recompensas, pero le dolía tener que traicionar sus principios por ello. Muchos miembros dentro de los Lirios de Sangre peleaban por mantener a la ciudad en un equilibrio que favoreciera a la gran mayoría de sus habitantes, pero ella no estaba respondiendo a dichos miembros. La codicia y el hambre de poder la habían arruinado pero siguió adelante para escalar posiciones con el aval de Blackwell, incluso aunque sabía que no era lo correcto.

Fue por esa misma codicia que Arcagma la reclutó, sabía quiénes se encontraban dentro de la Hermandad y sabía que ella se estaba dejando llevar por quien le ofreciera más. Venganza y poder parecían ser suficiente paga para ella, que a sabiendas de la gran oportunidad que se le presentaba, fue a por más. Si lograba acabar con Arcagma desde dentro, apuñalándolo por la espalda, innumerables puertas se abrirían ante ella dentro de los Lirios. Se disculparían con ella, la condecorarían, ascendería varios puestos y, por qué no, sería una de las principales líderes.

Todo iba perfecto hasta cierto punto donde algo dentro de ella se quebró. No supo dónde fue porque varias veces la realidad la golpeó de frente, pero ella, tozuda, seguía sin importarle demasiado lo que la rodeaba. ¿Cuándo se acostó con Nick? ¿Cuándo Langley creyó que era una traidora? ¿Cuándo se percató de que había condenado a todos? ¿Cuándo vio a la familia de Judy en peligro? Todas eran posibilidades y a la vez ninguna, quizás no había algo tangible que despertase su sentido del honor y la justicia, aquel que no recordaba sentir desde que estaba en la academia. ¿Sería así? ¿Todo lo bueno que había en su corazón afloró así nada más? Tenía que haber algo más, pero no se detendría demasiado a pensar en ello, tenía que mantener su mente fija en su meta. Fuese como fuese, se había descarriado hacía mucho del buen camino, pero al sacar a sus aliados vivos de ese infierno lograría tal vez, y sólo tal vez, volver a dormir con la consciencia tranquila después de tanto tiempo.

Cuando se unió a Arcagma pidió que la llamasen Sinner, aunque con el tiempo el apodo quedó en la nada y todos la llamaban por su nombre. Sinner, algo premonitorio que, inconscientemente, la describía a la perfección. Era algo que iba más allá de su significado literal, del pecado, era la forma en que ella se percibía.

Nacida en el seno de una familia católica, su padre siempre le relataba fábulas y cuentos que él mismo escribía para un libro para niños, se vendía en la iglesia a la cual acudían cada vez que había una entrega que no sobrepasaba los cinco relatos. Cada historia contaba con un personaje diferente y todas siempre terminaban con una reflexión para que los niños aprendiesen a actuar conforme a los valores que la iglesia perseguía, patrañas de ese tipo. Hacía mucho tiempo que había dejado de creer en todas esas cosas, si en serio había algún Dios a ella no le interesaba porque de seguro no lo vería jamás, pero de cachorra los cuentos de su padre conformaban el mayor de sus placeres y los recordaba con gran cariño.

En cada misión donde se le permitiese elegir un nombre en clave, solía hacer referencia a alguno de sus personajes preferidos o al título de las diferentes obras. Copo de nieve, Isabella, Bufanda roja, Cerezo y tantos más, Jack solía molestarla por ello pero amaba hacerlo para traer pequeños detalles de su anterior vida cada tanto. Traer cosas buenas del pasado siempre la impulsaban a seguir adelante.

Sinner no era un personaje en sí, tampoco un título, sólo una representación abstracta que hacía las veces de villano en buena parte de los escritos de su padre, apareciendo en muchas formas. El pecador siempre alejaba a los protagonistas de lo que Dios quería para ellos, buscaba el caos y generaba dolor en buenos mamíferos, muchas veces acompañaba a los personajes y éstos no se daban cuenta del mal que les generaba. Con el tiempo, el protagonista lograba que el pecador se volviera bueno como él después de arrepentirse, o en algunos casos lo enfrentaba para dar una resolución a la historia acorde a lo que la iglesia quisiera.

¿Por qué se apodó Sinner a sí misma en primer lugar? Siempre usó lo bueno de las historias de su padre para representarse a sí misma, pero esta vez quería algo diferente porque trabajaría con Arcagma, el malo de turno. Lejos estaba de imaginar que sería ella la pecadora, en lugar del calvo felino. No había hecho más que traerle dolor a los suyos, lastimar animales inocentes y ocasionado un daño irreparable a muchas familias. Aun así estaba por redimirse de ello, dejaría atrás todo lo malo que hizo para acompañar a los buenos a la victoria, no podía anhelar nada más que ello.

Sonrió mientras observaba a Jack, había un par de matones cerca de ellos. Tal y como venían haciendo, él fue primero y ella atacó después. Un par de enemigos menos y ahora estaban un poco más cerca de escapar, Nick y Clarke esconderían los cuerpos dejándolos en un lugar poco iluminado. Según las palabras de Sánchez, ya estaban a pocos metros de la salida, una vez allí intentarían aniquilar a los enemigos y preparar un par de vehículos.

Había un único camino para ingresar al garaje, era un pasillo bastante ancho pero que no abarcaba más que unos pocos metros. Sánchez caminaría por él para observar cuántos guardias había allí y en el garaje, luego volvería afirmando que había olvidado algo y a partir de su relato prepararían una rápida estrategia de combate. Donde ellos se encontraban, el pasillo se bifurcaba en dos partes, por lo que ella cuidaría de un extremo del pasillo y Jack del otro. Nick y Clarke se quedarían en el punto exacto donde el pasillo se dividía, por si algún guardia pasaba por allí antes de que Sánchez volviera.

Siendo que sólo debían hacerse de los vehículos y abrir la entrada, el sigilo podría no ser del todo necesario, de no ser porque aún debían esperar a que llegasen los demás. Estaban a casi nada de salir de la mina, le causó cierta gracia que al final Tora terminase ayudándolos sin quererlo al quedarse hablando con su futuro ejército. De no ser por Sánchez seguirían estando en la zona obrera, la nutria a partir de ahora podría ser una gran carta en su lucha contra el tigre.

Cada unos pocos segundos desviaba la mirada hacia donde se encontraban sus aliados, esperaba con ansias la llegada de Sánchez, quien tardaba un poco más de lo normal. Verla llegar la aliviaría con creces, se encaminó hacia los suyos con un trote ligero después de revisar por última vez que nadie viniera por el pasillo. Eran siete guardias en total: uno a cada lado en la salida del pasillo, uno que estaba frente a ellos y vería a cualquiera que llegara desde el pasillo, un par custodiando el portón donde estaba la entrada a la mina y los dos últimos dando vueltas.

Si ninguno de los guardias del garaje iba hacia donde ellos se encontraban estarían a salvo, por lo que se distribuirían como cuando Sánchez fue a reconocer el terreno. Estarían obligados a mostrarse frente al guardia que miraba hacia el pasillo y alertarían a todos los demás, necesitarían sus armas de fuego para combatir y eso atraería más guardias. Lo más prudente era esperar a que el otro grupo llegase y, estando todos juntos, avanzasen tan rápido como les fuera posible.


. . . . . . . . . .

Los guardias que escoltaban a la pantera permanecieron estoicos, sin saber qué hacer por unos segundos. Harkness y Langley aprovecharon para apuntarles, aunque bien sabían que si uno jalaba el gatillo podía condenarlos a todos. La mapache y el zorro cruzaron miradas rápidamente y balbucearon algo por lo bajo, avanzarían entonces a paso lento hacia los guardias, Drew se haría cargo de ayudar a Fowler a mantenerse en pie.

Intentarían negociar y luego, cuando bajasen la guardia, atacar al par de matones golpeándolos con la culata o apuñalándolos con los bisturís. Después de ello dejarían a Herbert por su cuenta, lo que le sucediese a la pantera no les importaba demasiado, si estaba ahí era porque ya no dirigiría al ejército de Arcagma y tarde o temprano otros guardias lo atraparían.

El zorro y la mapache estaban a unos pocos pasos de los exconvictos para cuando Herbert comenzó a forcejear con uno de ellos. La pantera no respondió ante las amenazas y pese a los golpes de uno de los matones logró imponerse y terminó por derribarlo, aprovecharía la diferencia de tamaño para tirarse encima de él e inmovilizarlo. El guardia restante le apuntó para dispararle, Langley saltaría hacia él para intentar taclearlo y evitar que el disparo alerte a más matones, pero sería demasiado tarde para cuando lo hizo caer. Con la bala perdida que no lastimaría a nadie, varios gritos comenzaron a escucharse en la lejanía. La mapache maldeciría por lo bajo y, en cuanto Herbert se levantó, apuñalaría al exconvicto que estaba en el suelo.

—Danos sólo una razón para dejarte vivo. —Ninguno de los presentes podía entender la postura de Langley respecto a la pantera. Aquel que secuestró a su hermana y los había enfrentado tantas veces, tenía una oportunidad que ella misma le daba.

—Todos vendrán a por ustedes y yo puedo ayudarlos a salir con vida, también podría cargar a su amigo herido para irnos más rápido. —De tratarse de otro mamífero tal vez dudasen un poco de sus palabras, pero Herbert era el último ser en el mundo con el cuál podrían trabajar—. El enemigo de mi enemigo es mi amigo, dice el dicho, y ahora mismo Tora debería ser su mayor preocupación. ¿Qué dicen?

—Que te vayas a la mierda, "amigo" —exclamaría Drew desde el fondo—. Está esposado y ya podemos oír a varios enemigos llegar, vámonos de una vez, Sarah.

—Podría ayudarnos a vencer a Tora, sabe todo de los planes de Arcagma y su declaración podría hacer que el caso gire por completo —indicó Langley mientras se acercaba hacia él para forzar las esposas, no le llevaría más que unos segundos.

—Sarah… —Drew lejos estaba de sentirse a gusto pese a las ventajas que suponía tener a Herbert de su lado. La mapache gruñó en respuesta, pero su actitud no lo intimidaría—. Liberándolo a él te cagas en todos nosotros, estás ayudando a alguien peor que el mismo Arcagma.

—Voy a hacer que Tora caiga de una forma u otra, si no te gusta puedes comenzar a correr hacia la salida. —Las palabras de Langley dejarían entrever el resentimiento que sentía por el tigre, su juicio estaba nublado y sólo por eso lograban explicar el sinsentido de su actuar—. Toma un arma de los cuerpos, ve y carga a Fowler, tú también ven a buscar una Drew.

El zorro se contendría para no maldecir a medio mundo, dejaría al lobo con Herbert mientras obedecía a la mapache. Al pasar a su lado le dirigiría una mirada fulminante y ésta bajaría la vista, a modo de disculpas. Ya no tenían tiempo para discutir, a partir de ese preciso momento era correr o morir.

Uno que otro guardia comenzó a aparecer de diferentes pasillos a medida que huían por la zona obrera. Si bien la ayuda de Herbert se relacionaba a la actual persecución en contra del grupo, su presencia les permitió ganar velocidad al llevarse al lobo rengo a cuestas y fuerza de combate al mismo tiempo. Era una auténtica máquina de matar, con sólo fijar la vista en un objetivo bastaba para dejar una bala en su cabeza casi sin apuntar, y todo ello teniendo encima a otro mamífero. Langley y Harkness por su parte cubrían las espaldas en caso de que los quisieran flanquear. En la zona obrera no había muchos lugares de los cuáles pudieran salir matones, tenían buena parte del panorama cubierto aunque la cantidad de enemigos iba en aumento. Él por su parte tomaba una que otra arma de los cuerpos y se la pasaba a sus compañeros cuando las balas se acababan. No podían darse el gusto de recargar, tomar cobertura ni pensar en algo mejor, sólo correr.

Pronto la zona obrera llegaría a su fin y, después de atravesar un portón de madera, deberían tomar un desvío para ir hacia el garaje que pasaba cerca de varias habitaciones, era el camino más rápido. Estarían más desprotegidos y ahí sí que las cosas se complicarían, los atacarían desde todos los ángulos y se verían obligados a perder tiempo. Tal vez el otro grupo escuchase el alboroto y fuese en su auxilio, de no ser así la situación no sería de lo más alentadora.

Se detuvieron un par de segundos frente al portón para tomar aire, nadie los perseguía ya. Si avanzaban lento a partir de ese punto, sería mejor que Fowler se moviera por su cuenta y comenzase a demostrar lo que le enseñaron en el ZBI. Por otro lado, Herbert tendría más libertades, lo cual aumentaba sus probabilidades de éxito. Milagrosamente ninguno tenía nada más allá de uno que otro rasguño, pese a haber dejado atrás a poco más de una docena de matones. Estando ya listos para continuar, Langley y Harkness abrirían el portón mientras Herbert se preparaba para abrir fuego contra aquellos que lo traicionaron.


. . . . . . . . . .

Llevaban poco más de un minuto esperando, manteniendo la posición. Lo que Tora estuviese haciendo ya debería de haber terminado, pero sus lacayos seguían sin aparecer. Se sentían algunas voces en la lejanía pero no parecían ser más que algunos mamíferos charlando. Pensó en acercarse a ellos y matarlos también, para liberarle el camino al otro grupo en caso de que esos matones se quedaran por allí. Su plan, sin embargo, debería posponerse hasta mitigar otra emergencia. Al voltear a ver a Nick, como hacía cada poco tiempo, éste la llamó con evidente preocupación en su rostro. Jack estaba abandonando su posición para ir donde se encontraban el zorro y el lobo, haría lo mismo a gran velocidad.

No haría falta que le explicasen lo que sucedía, pudo escuchar a los guardias del garaje acercándose. Se señaló a ella misma y a Jack, luego al pasillo que se dirigía hacia sus enemigos, los dos intentarían acabarlos cuerpo a cuerpo cuando llegasen hacia ellos. Nick y Clarke deberían apuntar con sus armas y cubrirlos, usarlas de ser necesario. Sánchez se mantendría al margen, alejándose lo suficiente como para mantenerse segura. Si desde el garaje se estaban movilizando, era porque los llamaban para un trabajo más importante, seguramente acabar con sus aliados. Una vez que los acabaran, irían a ayudar a los demás a toda prisa.

Tres guardias juntos llegaron a la bifurcación donde se encontraban, para cuando los vieron, Jack y Skye ya estaban encima de ellos. El conejo atacaría a un coyote, brincando sobre su cuello con el bisturí. Ni bien el coyote cayera muerto, una hiena que la zorra atacó sufriría el mismo destino. El último guardia, un lobo, intentaría atacarla a ella, pero Clarke lo golpeó en su cabeza con la culata de su arma. Ya en el suelo, Skye le quitaría su vida con auténtica frialdad.

—Ustedes dos tienen que acabar con los cuatro guardias que quedan aquí, preparar dos vehículos y abrir las puertas. —La orden de Jack no caería muy bien en Nick y Leonard, quienes querían acompañarlo, pero ya no contaban con tiempo suficiente como para oponerse—. Sánchez, tú nos acompañarás por si alguien necesita asistencia médica. —La nutria no estaba entusiasmada por meterse en medio del fuego cruzado, pero al no tener más opción los acompañaría.

—Si lo hacemos rápido iremos a ayudarlos —exclamó Clarke tomando el arma de uno de los cadáveres, zorra y conejo harían lo propio para estar armados con dos pistolas cada uno—. Más les vale llegar todos vivos.

—Skye —Nick llamaría la atención de la vulpina—, haz que Drew llegue con vida, por favor. —La zorra de las nieves asentiría en respuesta, para después voltearse y comenzar a correr hacia el camino por el cuál llegaron hasta ese punto.

Jack corría a su lado y Sánchez un poco por detrás con su maletín. Con su compañero estaban bien armados y podrían enfrentarse a cualquier enemigo que se encontrasen, el estar a contrarreloj era su único problema. Sarah podía cuidarse y Harkness de seguro sabía cómo apuntar un arma, Fowler estaba herido pero apostaba a que podía disparar sin problema, Drew era el único que no les sería de utilidad en esta ocasión. Con las heridas de Fowler no podrían movilizarse rápido, si los rodeaban entre varios estaban condenados. De darse esa lógica, quizás llegaran a pelear para vengarlos más que salvarlos, no creía en milagros pero era buen momento para que se diese uno.

Se toparían de frente a cuatro enemigos que parecían dirigirse hacia las habitaciones que estaban cerca del salón común. Recordó que había un desvío por allí para llegar al garaje, el otro grupo debía de haberlo tomado para llegar más rápido, aunque habría más enemigos de por medio. No tenía demasiado sentido, pero no se detendría a pensar en ello, había cuatro matones enfrente que no comenzaron a dispararles porque estaban confundidos al verlos con Sánchez. Tomaron cobertura detrás de diferentes columnas y se prepararon para luchar.

Sus enemigos le gritaban preguntas a Sánchez, quien se mantuvo pegada contra una pared, con una columna que la cubría. Entre los cuatro le disparaban a Jack y a ella sin dejarlos asomarse, primero dos disparaban y mientras recargaban el otro par continuaba, luego volvían a alternar. No tenían tiempo para responder a su ataque con las constantes ráfagas de balas en su contra, pronto los matarían si no hacían nada. Sus enemigos avanzaban y no les daban un respiro, no había estrategia que valiera en esos momentos, sólo le quedaba actuar por instinto.

Empuñó sus dos armas, respiró profundo y blanqueó su mente, flexionaría sus rodillas para tomar impulso y tomaría aire una vez más. Sabía por dónde venían sus enemigos, a partir de ese momento sólo importaría una cosa: quién era más rápido. Brincaría luego de girar su cuerpo con rapidez, estaba casi paralela al suelo y a una altura relativamente baja. El factor sorpresa y el estar a escasos centímetros del piso aumentaban sus probabilidades, sus enemigos perderían un segundo al apuntar, lo cual para ella significaría una gran ventaja. No les apuntaría a ellos sino que dispararía tanto como pudiera en las direcciones donde ellos estaban, alguna bala les tendría que dar y ahí Jack tendría que aprovechar la oportunidad que le creó.

Para cuando su cuerpo impactó con el suelo uno de los matones estaba muerto, otro estaba malherido y listo para ser rematado, los últimos dos tuvieron que retroceder para cubrirse. Intentaría ponerse de pie para volver a tomar cobertura, pero una horrible puntada en la parte izquierda de su abdomen le cortaría la respiración. Gimió de dolor, un par de lágrimas se le escaparon y comenzó a apretar sus colmillos para ahogar un grito. No perdería demasiado tiempo y con torpeza volvería a tomar cobertura, si se quedaba quejándose en el suelo era un blanco regalado, tenía suerte de que no se trataba de profesionales u otra habría sido su suerte.

Su respiración se aceleraba y sus pulsaciones hacían lo propio, el blanco pelaje de sus patas quedó teñido de carmesí al pasar su pata sobre la herida. De ser un disparo en el bazo la tendría más que difícil, perdería mucha sangre en poco tiempo. Miró hacia donde estaba Sánchez y ésta le correspondió la mirada, la nutria entendía que se trataba de una emergencia. Pensó en pedirle ayuda, pero era mejor que conservase su posición hasta que Jack acabase con los dos idiotas restantes, el tercero había dejado de gemir hacía unos segundos por lo que imaginaba que había llegado su fin. Con la vista fija en Sánchez, comenzó a negar con la cabeza y levantó su pata para decirle que se frene. A partir de ese entonces se limitaría a cerrar los ojos y concentrarse en calmar su respiración. Haría presión sobre la herida mientras se calmaba, con la adrenalina a flor de piel el cuadro podría complicarse por la vasodilatación generalizada. Al cabo de unos disparos, Jack se acercaría a ella y Sánchez también, tuvo que esforzarse para oírlos bien, estaba a poco de desmayarse.

—Savage, necesito que la mantengas despierta, pellízcala un poco para que no se duerma mientras le hablas —ordenaría la nutria, mientras buscaba cosas en su maletín. El conejo la observaba de reojo, no sería una herida fácil de tratar y con el tiempo en su contra lo mejor sería no detenerse demasiado—. Voy a limpiar la herida y después veremos si puede seguir.

—No "podemos ver", tenemos que seguir. —Skye intentaría ponerse de pie pero su intento sería en vano, una puntada más fuerte que la anterior la haría derrumbarse.

—¿Creen que puedan quedarse solas aquí? —El par de hembras observaría al conejo con confusión—. Nick y Clarke pueden venir a ayudarlas en cualquier momento, quizás incluso pueda llegar yo con los demás, ahí cargaremos a Skye y nos iremos.

—¿Y qué crees que pasaría si vienen los animales de Arcagma, genio? —preguntaría Sanchez enojada ante el sinsentido de Savage. ¿En serio era capaz de dejarlas ahí tiradas esperando tener buena suerte?

—Está bien, Jack, ve a por los demás. Sánchez me mantendrá con vida hasta entonces, si alguien se aproxima me haré pasar por muerta y ella lo engañará para matarlo. —Ante el visto bueno de Skye, el conejo se pondría de pie para comenzar el último tramo de su travesía.

—¿Por dónde tengo que ir? —La nutria se quedaría un par de segundos en silencio, no le agradaba para nada el que su vida dependiese de la suerte, pero no tenía opción.

—Sigue derecho unos veinte metros, luego gira a la izquierda en un pasillo angosto y gira a la derecha nuevamente apenas puedas. —Jack asentiría y luego de despedirse con la mirada, comenzaría a correr.


. . . . . . . . . .

Había vivenciado una auténtica masacre, la sangre manchaba el suelo y las paredes en cada rincón al cual dirigía la mirada. Lograron salir ilesos, o vivos más bien. Langley tenía una herida en su pata derecha y Harkness su oreja izquierda perforada por un agujero de bala. Fowler había logrado cumplir con creces pese a sus heridas, en tanto Herbert demostró de lo que es capaz cuando desata todo su cólera. La pantera permanecía con una leve sonrisa desde que había terminado el tiroteo contra quienes fueron sus aliados, amigos quizás.

Comenzó a contar cuántos cadáveres había, e intentó hacer memoria de cuántos matones habían acabado antes de llegar hasta ese punto. Se detendría al instante al darse cuenta de cuánto lo atemorizaba esa cifra, Herbert era un auténtico lunático. Entendía que estuviese enojado con algunos de los exconvictos por haber elegido a Tora, ¿pero matar a todos sin la más mínima culpa? Para cuando acabase todo esperaba que enviasen a la pantera a la prisión más lejana del mundo. Necesitaría un ejército de psicólogos para intentar vivir con todo lo que había visto en los últimos minutos, saber que monstruos así existían no podía ser más perturbador.

Por momentos se sintió como una carga para sus compañeros, estuvo casi todo el tiempo intentando protegerse en su cobertura y en contadas ocasiones se animó a disparar. El miedo lo paralizaba, ahora que tenía grandes esperanzas de escapar no lograba luchar por ellas y se sentía frustrado a más no poder por ello. Fallar disparos sería algo normal para alguien que nunca había formado parte de un tiroteo, no estaría molesto consigo mismo por no darle a sus enemigos, así cuanto menos sería una amenaza a considerar. Era un cobarde y era imposible sacarse de su cabeza la idea de ello, de no ser por los gritos de sus compañeros quizás su cargador estaría completo del todo. Nadie le dijo nada por su penosa actuación, Langley hasta le había dado una palmada en la espalda en señal de apoyo, pero en el fondo sabía lo que pensaban. Intentaría evitar que sus pensamientos autodestructivos lo afectasen más, aunque las miradas despectivas de Herbert y Harkness no ayudaban a decir verdad.

—Deberíamos continuar por el mismo camino, si los demás escucharon el tiroteo vendrán por aquí —indicó Langley tomando una nueva pistola y un cargador extra que estaban en el suelo.

—Todo el mundo vendrá hacia aquí, cruzando por el almacén, si retrocedemos y luego vamos hacia la salida por el pasillo que lleva a la armería tendremos menos enemigos. —La opción de Herbert sonaba de lo más lógica, de no ser porque se arriesgarían a separarse del resto.

—Nos arriesgaríamos a estar distanciados con enemigos de por medio una vez más, seguiremos este camino y sólo este —replicó la mapache, sin dejarse intimidar por la mirada de la pantera ante su respuesta.

—Escucha, Langley, no tengo problemas en enfrentar un par de oleadas de idiotas, como venimos haciendo, pero no tenemos un grupo para seguir luchando. —Herbert apretó sus puños por un momento, buscando contenerse mientras observaba a los demás—. Fowler está herido, Harkness demuestra por qué es sólo un ladrón de guante blanco con su pésima puntería y Wilde… Bueno, no creo que haya que decir demasiado.

—Tomamos este desvío porque querías avanzar más rápido, aunque hubiese muchos de tus excompañeros… —Langley se quedaría perpleja al percatarse del verdadero motivo por el cuál Herbert propuso un camino más complejo en primer lugar—. Vinimos aquí para matarlos, ¿no es cierto? ¿Esta es tu venganza porque eligieron a Tora?

—En parte sí, en parte era en verdad el camino más rápido. Sería un suicidio continuar porque tus amiguitos son unos ineptos, por eso el cambio de plan. —La pantera sonreiría al ver el silencio que se generó tras sus palabras, pero no se detendría a disfrutarlo—. Si me voy solo y me topo con varios enemigos estoy muerto, si ustedes siguen sin mí están muertos… Supongo que no me harán caso, así que seguiré mi sentido común y los acompañaré, aunque mi instinto me dice que son unos idiotas e inútiles que harán que todos terminemos muertos.

—Muchas gracias por tu amabilidad y por sacrificarte por el grupo… —Herbert ni siquiera volteó a ver a Fowler luego de su comentario irónico, el lobo estaba harto de los aires de superioridad del enorme felino.

—No hay de qué, aunque agradezco que reconozcas mi trabajo. —El lobo gruñiría pero ya no respondería, iniciar una pelea sería de lo más contraproducente. Se acercaría a Harkness para apoyarse sobre él y así ayudarse a caminar.

—Mientras seguimos avanzando, ¿te molesta si te hago unas preguntas, grandulón? —La pantera ya imaginaba las preguntas del ladrón, gruñó algo exasperado y no respondió. Se agruparían todos y continuarían su camino rumbo a la salida—. Verás, es que estas cosas rondan en mi cabeza desde hace rato y no hay nadie mejor que tú para responder.

—Me sorprende que tengas cosas en tu cabeza. —Herbert observaría a todos de reojo, nadie haría siquiera una mueca ante su broma—. ¿Quieres saber por qué Arcagma te persiguió? —El vulpino asentiría y, luego de pensar sus palabras para no hablar demás, prosiguió—. Robaste unas cosas que él quería, entre ellas una daga que es muy importante por cuestiones personales. Estaba muy obsesionado con esa ella, aunque los motivos de ello me los guardaré para mí mismo.

—¿Tiene algo que ver con que sea la daga de los Edevane? —Herbert se detendría al escuchar a Fowler, quedándose un poco más atrás que el resto.

—Veo que hicieron su tarea… No voy a responder nada más a partir de ahora. —La respuesta del felino dejaba entrever el camino para dar respuesta a la gran conspiración de quién era su jefe en verdad. Lo más probable ahora es que fuese parte de la primer gran familia desterrada de Zootopia por la Hermandad, aunque eso sólo dejaría más preguntas aún. ¿Por qué los Edevane esperaron dos siglos? Si sabía que los Raines tenían la daga, ¿por qué no buscarla antes?—. Esperen, escuché algo.

—Yo también lo sentí —exclamó Drew, tomando su arma con algo de temor. Respiró profundo y se mentalizó en lo que se venía.

—¿Listos para otro round? —Langley sintió cómo su pelaje se erizaba, no negaría que disfrutaba de una buena dosis de acción cada tanto, aunque esperaba que fuese la última de todas por ese día—. Avancemos rápido, pelear en el almacén nos será más ventajoso.


. . . . . . . . . .

No sabía si se toparía con los suyos al llegar al final del camino, sólo se guiaba por las huellas de los matones. Luego del tiroteo donde Skye quedó herida, esperó que más enemigos fueran a por ellos y se los tope de frente, pero habiendo recorrió ya una buena distancia nada de eso sucedió. Temía que hubiesen ido a por su compañera y Sánchez, pero ignoraba dicho temor tanto como le era posible. Si de él dependiese, se iría solo con Skye, Nick y Clarke, y estos últimos dos los incluía porque ya estaban listos en la salida.

No le importaba demasiado cómo resultase el caso Arcagma una vez que huyeran; si bien se metieron en grandísimos problemas afirmando que el caso era una de sus prioridades, eso no era del todo cierto. Skye necesitaba su ayuda y sólo por eso estaba ahí. No negaría que también quería ayudar a que inocentes huyeran a salvo y que los planes de sus enemigos se frustrasen lo máximo posible, pero su prioridad era clara.

Aunque no le gustase admitirlo, sentía una devoción de lo más grande por Skye. Había cometido infinidad de errores, trabajó con los malos, por ser testaruda y egoísta arrastró a todo el mundo hasta allí, sin mencionar que parecía estar vinculada a algún tipo de secta de lo más poderosa, pero en cuanto ella acudió en su ayuda para intentar resolverlo todo le fue imposible decir que no. ¿Cómo hacerlo si era el mamífero que más sentimientos había despertado en él? Que lo suyo no funcionase en su momento no significaba que no la siguiese queriendo como a nadie más, después de todo se había convertido en el condecorado agente Jack Savage porque ella nunca se despegó de él.

Era consciente de que acompañar a Skye implicaba surcar un sinfín de obstáculos de lo más peligrosos, arriesgar a dañar a quienes quería y perderse a sí mismo, como más de una vez le pasó. Estaba atado a ella y, aunque muchas veces pensó en alejarse por su propio bien, seguiría siempre a su lado. Si tan solo hubiesen sido dos zorros o dos conejos todo habría sido muy diferente, pero el destino así lo quiso. Lo único que podía hacer era seguir como lo fue haciendo a lo largo de los últimos años, intentando llenar el vacío en su corazón con alguna relación superficial sabiendo que ya estaba lleno por ella.

Cuando descubrió la relación de Nick y Judy pensó en volver a intentarlo, pero sabía que sería un intento en vano. Junto con Skye habían decidido continuar siendo amigos luego de su fallido amorío, pero no había lugar para nada más. Sabía en el fondo que la zorra no lo había perdonado jamás por terminar con ella, su amistad era lo máximo a lo que pudo aspirar en su momento y por suerte perduró con el paso de los años. Nunca dejaría de lamentarse por haber perdido su oportunidad con ella, y varias serían las veces en las que quiso proponerle algo más, pero si la perdía para siempre se odiaría aún más de lo que ya lo hacía.

Poco a poco comenzó a creer que seguir avanzando sería en vano, las huellas no lo estaban llevando a ningún lado y ya no escuchaba a sus enemigos. Continuaría mientras pensaba en una estrategia en caso de que tuviera que volver sobre sus pasos, los demás no se rendirían hasta volver a encontrarse con sus aliados en ese laberinto. Le sorprendía que Skye luchase tanto por ellos, llegando a incluso jugarse el pellejo, hacía muchos años que no la veía así.

Todos se inscriben como agentes pensando en hacer del mundo un lugar mejor, pero a la larga es inevitable que el mundo te corrompa y no había mejor ejemplo que Skye. Él por su parte intentó mantener la seriedad de siempre y supo desde un principio en que, por momentos, la moral y los principios debían de hacerse a un lado. Su compañera en cambio parecía haberse criado con cuentos de hadas donde los buenos siempre son los buenos; su transformación desde el momento en que la conoció hasta ahora, en esa asquerosa mina, había sido marcada por momentos de lo más duros y crueles. De intentar salvar a todos, aprendió a que a veces una mayoría es aceptable, o que los principales mamíferos son el único objetivo verdadero en sus misiones. La vivacidad que la caracterizó en un primer momento se fue apagando de forma tan progresiva que la hacía parecer dos seres opuestos de a ratos.

La Skye que hacía minutos acabó a sus enemigos, quedando gravemente herida para tener una oportunidad más de salvar a sus aliados, le recordó a aquella vieja faceta suya. Lo llenaba de gratificación el poder ver cómo intentaba redimirse de los males que había ocasionado, aunque su preocupación por su estado actual casi que no lo dejaba disfrutarlo. Sus heridas no lucían para nada bien y el dejarla con una civil, con posibles enemigos llegando había sido una auténtica locura, un riesgo de lo más estúpido que estuvieron obligados a correr.

Unos pocos disparos pronto se convertirían en montones, un ensordecedor tiroteo había comenzado a poca distancia de donde estaba. Comenzó a moverse con mayor cautela, quizás de la nada salieran varios enemigos que iban a pelear. Tomaba cobertura siempre que podía y avanzaba zigzagueando, volteaba también recorridos unos pocos pasos y se detenía antes de pasar cerca de cada puerta. Tan alto estado de concentración lo agobiaba un poco, por lo que al notar que nadie más se aproximaba sólo corrió sin más.

El pasillo por donde corría llegaba a un giro hacia la izquierda, se apoyaría contra la pared para observar a unos diez metros a sus enemigos. Había un par cubriéndose a ambos lados de una salida, por los estruendos apostaría a que había por lo menos unos quince mamíferos más disparando en el sector continuo a donde los dos matones estaban.

Quitaría el seguro de sus dos pistolas y se prepararía para atacar, aunque después de matar a sus dos enemigos más cercanos tendría a varios que podrían ir a por él. Aprovecharía que esos dos no eran de gran porte e intentaría acabarlos sin disparar, por lo que volvería a colocar el seguro en sus armas. Iría primero sobre uno que era una comadreja y luego atacaría al tejón. Esperaría a que terminasen de recargar y comenzaran a disparar, entonces se aproximaría con el bisturí en pata para darles fin.

Desde que pensó su estrategia hasta que la llevó a cabo no pasarían más que unos pocos segundos. El tejón y la comadreja estaban tan concentrados en la acción que nunca lo verían llegar. Dejaría el bisturí en la sien de uno de ellos y con la culata de su pistola golpearía al otro en la nuca, ambos caerían al suelo al instante. Tomaría el subfusil de la comadreja y se asomaría por la salida para tener un rápido panorama.

Sus enemigos todavía no se habían dado cuenta que estaba ahí. El lugar era una cueva de unos diez metros de alto, por veinte de ancho y unos quince de largo. Había cajas por todos lados, algunas vigas tiradas, materiales de construcción y un par de montacargas. La cueva parecía estar sostenida por algunos pilares de roca que eran una continuación tanto del suelo como del techo. Los disparos se concentraban detrás de unas vigas y de un montacargas; al igual que cuando fue atacado con Skye, los matones disparaban constantemente y se acercaban, cuando debían recargar otro grupo disparaba y se iban alternando. Esta vez sin embargo, no haría falta que nadie se sacrifique como la vulpina lo hizo.

A unos cinco metros tenía un pequeño grupo al cuál podía atacar en una ráfaga, esperaría a que sus compañeros tuvieran que recargar para dispararles por la espalda. Con el tiempo que sus aliados tendrían demás, esperaba que pudiesen corresponder su ofensiva y atacar también a sus enemigos, los cuáles daba por hecho que se sorprenderían. Después del flanqueo, quizás sus rivales intentasen huir en su dirección. Estaba solo después de todo, era el camino más sencillo de ellos para evitar una muerte segura. Tendrían que matar a la gran mayoría en su primer arremetida o estaría complicado.

Contendría su respiración y dejaría su cobertura para vaciar su cargador sin despegar su dedo del gatillo. Logró vislumbrar a trece matones, su objetivo había sido el grupo pequeño que estaba cerca de él, conformado de unos cinco desgraciados. Cuatro cayeron y un lobo se tomó su hombro derecho mientras se giraba para ver de dónde venía el ataque. En lugar de perder tiempo cargando el subfusil, lo soltaría para tomar una de sus pistolas y poner dos balas en el pecho del cánido.

Tal y como esperó, los gritos confundidos de sus enemigos alertarían a sus aliados. Al percatarse de que el apoyo había llegado, arremetieron contra los matones que perdieron su posición al intentar defenderse del ataque sorpresa. Él por su parte tomaría cobertura para protegerse de un posible ataque y de alguna bala perdida de los suyos, sonreiría al ver que todo parecía encaminarse a su favor al fin.

El tiroteo que debía de ser breve duró más de lo esperado, aguantaría tanto como fuese posible hasta volver a mostrarse para disparar. Se asomaría fugazmente para ver si alguien iba a por él y se llevaría la mayor de las sorpresas. Nadie iba a por él, lo cual le permitía volver a arremeter contra algún enemigo mal posicionado o avanzar para ganar terreno. Esta última tarea sería imposible de llevar a cabo dado que sus músculos se congelaron, decir que estaba desconcertado y atónito era poco. Crncevic, uno de los mayores pesos pesados de Arcagma, estaba luchando codo a codo junto a los suyos. No era de lo más ilógico, dado que había sido traicionado por Tora y querría huir, pero aun así nunca se lo habría visto venir.

Decidió avanzar y tomar cobertura detrás de unas cuantas bolsas de cemento, un par de balas irían hacia él pero enseguida el silencio sería total. El último de sus enemigos había caído en lo que fue una rápida matanza, ni siquiera se había percatado de cuán rápido iban cayendo. La pantera era un rival al cuál temer, sin ninguna duda. Con ausencia total de remordimiento, comenzó a matar a sus antiguos compañeros como si de moscas se tratase, era de lo más repugnante.

—Justo a tiempo, rabo de algodón. —Herbert pasaría a la par del conejo luego de dirigirle la palabra, se acercaría a un matón para tomar su munición y esperaría al resto en la salida que iba hacia al pasillo por el cual llegó Jack.

—¿Están todos bien? —preguntaría el agente de la ZIA cuando los suyos se acercaron a él, obviando los dichos de la pantera.

—Abel ya estaba herido de antes y yo tengo una herida en mi pata derecha, pero nada importante. —Langley hablaría en nombre de todos—. ¿Qué pasó con el resto?

—No tenemos mucho tiempo, Clarke y Nick prepararon la salida y Skye con Sánchez nos esperan cerca de aquí —explicaría Jack retrocediendo un par de pasos sin dejar de observarlos—. Skye está herida y en cualquier momento podrían venir más, tenemos que apurarnos.

—Ella está bien, ¿verdad? —La nula respuesta de Savage ante la pregunta de Drew y la seriedad en su mirada no anunciaban nada bueno—. De acuerdo, apurémonos.

—Por cierto… —Jack les daría la espalda mientras les hablaba por lo bajo, se encaminaría hacia la salida—. ¿Qué hay de su amigo?

—Lo cruzamos cuando estaba siendo escoltado y se ofreció a ayudarnos, cargó a Abel para que lleguemos más rápido y destrozó a todos aquellos con los que nos cruzamos —indicó Langley, quien se frenó por un momento al recordar el trabajo que debía cumplir la pantera—. ¡Herbert! A partir de aquí haremos todo rápido y Jack puede cubrirnos de ser necesario, tú carga a Abel.

—¿Prefieres que te defienda un conejito antes que yo? —Jack sonreiría ante la provocación del enorme felino—. Espero que la mascota de Skye esté a la altura, entonces.

Ni Langley ni Savage responderían ante los dichos de Herbert, el silencio era lo peor que podían darle en respuesta. Resignado, el felino cargaría al lobo sobre su espalda como si de un cachorro se tratase. Fowler no parecía estar a gusto con la situación, pero siendo que era su mejor opción no se quejaría de nada.

Avanzarían con un ligero trote, Savage iba al frente de todos para ver si alguien venía por delante, Langley cubría las espaldas. De no ser por el calmante que le dio Drew, Fowler estaría aullando del dolor. El estar encima de la pantera mientras ésta trotaba le dolía lo suficiente como para obligarlo a soltar uno que otro quejido. Por suerte para ellos el trayecto sería tranquilo y pronto todo acabaría, o cuanto menos eso quería creer el lobo.

A la lejanía observarían un par de figuras familiares. Sánchez y Skye estaban recostadas sobre una pared, rodeadas de un par de cadáveres más de los que Jack recordaba. Al llegar junto a ellas no perderían tiempo hablando, el conejo sólo explicaría la presencia de Herbert rápidamente mientras Harkness cargaba a Skye en sus patas.

Hasta donde Jack pudo observar, la hemorragia de su compañera había sido frenada por Sánchez. Por momentos Skye dejaba caer su cabeza y cerraba los ojos, la pérdida de sangre la dejó somnolienta y eso no era para nada bueno. Debería de llevarla directamente a un hospital, con tanto Andrew como Sánchez como acompañantes. Confiaba en su fortaleza, la vulpina no se dejaría vencer tan fácil, ya había pasado por peores situaciones.

El camino estuvo despejado por completo, si Tora era tan astuto como parecía ser quizás los esperase en la salida en lugar de seguir mandando grupos aislados a por ellos. Tenía demasiado sentido, llegarían debilitados para que él se pudiera dar el gusto de matarlos sin mucha dificultad. Temía por las vidas de Nick y Clarke, ellos dos solos no tendrían oportunidad contra Tora y un escuadrón que lo acompañe.

Estaban por llegar a la salida, aprovechando que iba al frente se frenó en seco para que los demás también lo hicieran. Todos tomaron sus armas, pensando que deberían prepararse para combatir, pero el conejo les pediría calma. Lo mejor sería llegar con alguna estrategia para enfrentar al tigre.

—Tora seguro nos esperará, tenemos que estar preparados para pelear —exclamaría Jack, mientras los demás bajaban sus armas.

—Es obvio que nos esperará, se quiere dar el gusto de acabarnos él mismo. Sólo un idiota no se lo vería venir. —Herbert bajó a Fowler mientras respondía, aprovecharía para descansar un momento.

—Esperen, esperen… ¿Tora nos espera en la salida? —La pantera respondería con un gruñido a la pregunta de Harkness, quien seguía cargando a Skye.

—Antes de la salida hay un pasillo que se bifurca, son dos lugares desde los cuáles pueden acorralarnos una vez que estemos en medio. Además de ello, si hay otros mamíferos en el garaje nos emboscarán desde tres lugares juntos. Lo mejor sería dividirnos en un par de grupos para que no nos tomen por sorpresa. —Todos asintieron ante el análisis de Savage—. Tora ya debe estar al tanto de que somos aliados, por lo que nos esperará a todos juntos. Si nos ve llegar por separado en grupos pequeños esperará a que actuemos de algún modo y no desplegará a todos sus animales al instante para acorralarnos.

—¿Sugieres que un grupo pequeño lo enfrente a él y a los que están en el garaje? —Jack asentiría ante la pregunta de Langley.

—Iremos los más experimentados, creo que junto contigo y con Crncevic podríamos hacerle frente a Tora y unos ocho o nueve enemigos más —indicó el conejo observando a la mapache—. Si luego nos quieren flanquear desde nuestras espaldas, estaremos contenidos por todos los demás. Habría que armar un par de grupos con un médico en cada uno. Andrew y Abel será un equipo, irán al pasillo por el cuál llegaremos hacia la salida, lo único que tendrán que hacer es vigilar a que nadie llegue desde allí. El otro equipo será conformado por Sánchez, Harkness y Skye si es que puede combatir, les daremos un par de subfusiles para que puedan contener a los enemigos con ráfagas rápidas.

—Skye no está en condiciones, Savage. —La nutria remarcaría algo que ya todos sabían, aunque no tenían muchas más opciones a su favor.

—Ya cuando estaban solas acabaron con un par, ahora lo único que tienen que hacer es disparar para ganar tiempo, Harkness se encargará de matar a los demás. —Nadie se opondría a los dichos de Jack, Skye asentiría para dar a entender que aceptaba su parte del plan.

—¿Qué haremos con Wilde y Clarke? Los han de tener de rehenes, sino ya habrían vuelto para ayudarnos. —El conejo se tomaría unos segundos para responderle a Sánchez.

—Intentaré negociar por ellos, les ofreceré a Crncevic a cambio de poder escapar con Nick y Leonard. —El gruñido de la pantera indicaba su total desacuerdo con Jack—. Obviamente, todo será mentira. Esperará alguna trampa al notar que sólo iremos tres, adelantará a sus matones desde los pasillos y allí los dos grupos los acribillarán. Ante el primer disparo que oigamos, los tres que estemos con Tora tomaremos cobertura e intentaremos aguantar nuestra posición. Cuando los otros dos grupos noten que ya no se acercan enemigos vendrán a apoyarnos. Tanto Nick como Leonard estarán bien, serán su seguro de que no lo mataremos a la primera oportunidad, si se ve superado los mantendrá con vida para volver a negociar.

—¿Y qué haremos si llegamos hasta ese punto? —El plan parecía estar listo, pero el cómo concluiría era confuso para todos. La respuesta de Jack para Drew era ansiada por todos.

—Sólo podemos improvisar, ver sobre la marcha. Tendremos que coordinar mucho para llegar hasta ahí, quizás incluso matemos a Tora. —Savage detendría su mirada en Herbert—. El ejército de Arcagma podría caer, y de ser así derribaré a quien sea que haga falta.


. . . . . . . . . .

Avanzaron todos juntos hasta llegar al pasillo que luego se bifurcaría, Drew y Abel se quedarían al comienzo del mismo mientras los demás continuaban. Previo a que el pasillo se divida en dos partes, una que llevaba a la salida y otra donde el pasillo continuaba, Jack se adelantaría para asegurarse de que no había guardias en la zona. Se suponía que Nick o Leonard estarían ahí, su ausencia auguraba que sus predicciones eran de lo más certeras. El segundo grupo continuaría hacia el otro extremo del pasillo una vez que Savage lo ordenara, se toparían con unas puertas de madera que estaban cerradas. Se podía ver hacia el otro lado por medio de una cerradura, aunque no se veían enemigos por allí.

Con los dos grupos posicionados, Jack, Langley y Herbert se prepararían para avanzar por el pasillo que los llevaría a la salida. Ancho y alto por partes iguales, el camino tenía un ligero desvío hacia la izquierda que llevaba hacia el garaje, era el único trayecto que podían seguir. Al llegar hacia el final del mismo, verían una enorme cueva que los separaba del exterior con un portón metálico que podía abrirse sólo desde dentro al accionar el interruptor que estaba a un costado del mismo. Los vehículos que había eran varios y variados, yendo de motos hasta camionetas que les serían de gran utilidad, pasando por autos con neumáticos para la nieve. Además de ello, no menos importante, en el medio del lugar estaba Tora con Nick y Clarke, ambos con bozal y sus patas atadas a la altura de sus espaldas. Jack logró observar de reojo a unos cinco enemigos, además del mencionado tigre.

El lagomorfo daría un paso hacia adelante para hablar con el tigre, mientras Langley le apuntaba a Herbert como parte de su fachada. Tora sonreiría con cinismo al ver a la pantera y avanzaría al igual que Jack hasta quedar a unos pocos metros de él. Con las miradas fijas el uno en el otro, sería el conejo quien decidiese tomar la palabra para exigir sus demandas al felino.

—¿Herbert vale lo suficiente como para que nos des a Nick y Leonard y nos dejes ir? —Tora no se había inmutado ante la pregunta, su silencio molestaba a Jack—. Te hice una pregunta, Whitewind.

—¿Dónde está el resto? —Tal y como había pensado, el tigre estaba incómodo al ver que el escenario no era como él pensaba.

—Yo te respondo y tú me respondes a mí —exclamó el conejo a viva voz, Tora por su parte se tomaba su tiempo para pensarlo.

—Abran el portón y libérenlos. —Dos de sus matones liberarían a Nick y a Leonard de sus ataduras, también les quitarían los bozales—. Todos los vehículos tienen su llave dentro, dejaré que elijan dos y se vayan, Wilde y Clarke se subirán dentro para conducir cada uno.

—Quiero que la mitad de tus mamíferos tomen un tercer vehículo y se vayan. —Una sonrisa que comenzaría siendo leve iría en aumento hasta transformarse en carcajada, para el tigre el pedido de Savage era una auténtica broma.

—¿Te das cuenta de que no estás en posición de exigir nada más? Podría matarlos a todos ahora y luego ir a por los demás. No importa dónde se escondan, los haré pedazos a todos. —Jack no se inmutaría ante la amenaza del tigre, lo cual terminaría por molestarlo más—. Quiero matar al idiota de Herbert yo mismo, pero él no vale tanto como para que ceda ante todo lo que quieres.

—Entonces, ¿si te doy a Herbert nos dejas ir?

—Primero me respondes lo que debes… —Sería mejor no jugar demasiado con la impaciencia del tigre, Jack decidió que lo mejor era darle en parte lo que quería.

—Deja que Nick y Leonard se suban a un par de vehículos y los enciendan, luego te responderé. —Tora asentiría y sus subordinados se apartarían para dejarle paso a ambos cánidos. El zorro tomaría una van mientras que Clarke optó por un auto con unas ruedas que parecía que se adaptarían bien al clima helado de las afueras de la mina—. Bien… Andrew y Abel, un prisionero, están aquí cerca, donde se bifurca el pasillo. —El conejo observaría cómo Tora vio de reojo a uno de sus matones, un oso pardo, pronto comenzaría la acción—. Skye murió desangrada antes de que lleguemos, Harkness en nuestro último tiroteo y Sánchez intentando proteger a Skye.

—Mira que yo soy un mentiroso descarado, pero tú sí que te pasas, orejón —exclamaría entre risas el tigre—. Bien, hagamos de cuenta que te creo y que todo lo que dices es verdad. ¿Cómo seguimos con esto?

—Podemos hacerlo por las buenas, o por las malas…


. . . . . . . . . .

Pasaron un par de minutos y todo seguía en silencio. La ansiedad siempre había sido un problema en él, pero en ese preciso momento estaba llevando su cordura al límite. Estar solo con Fowler, quien a duras penas podía moverse en solitario, dejaba la mayor parte de la responsabilidad en él. Si antes no pudo estar a la altura de las circunstancias, ahora era momento de demostrar lo contrario, pero sus nervios de seguro le jugarían una mala pasada. Respiraba con lentitud para mantener la calma y concentrarse, mientras sus orejas esperaban cualquier sonido lejano cual radares.

Fowler por su parte no era el tipo más conversador del mundo, apenas pronunció una que otra palabra desde que se quedaron solos. Lo notaba incómodo por alguna razón, no esperaba que un agente del ZBI se dejase llevar por sus emociones como él, que era un simple civil. Pensó en romper un poco el hielo para que el ambiente entre ambos no fuese tan tenso como lo estaba siendo, aunque tenía miedo de ser oído por alguien.

Cada segundo que pasaba lo llevaba a angustiarse un poco más, confiaba en Savage y en su plan pero que disparos fueran la señal de que el plan debía pasar al siguiente paso no era de lo más reconfortante. Además, no podía quitarse a Nick de la cabeza. ¿Tora lo habría lastimado mucho? Esperaba que no tuviese heridas de bala cuanto menos, estaría bastante condicionado si es que era liberado y tenían que seguir peleando, todo en caso de que él siguiera vivo y ellos también para ir a buscarlo. Alejar las malas ideas de su cabeza estaba siendo más difícil que nunca y luchar contra ello parecía ser en vano. Tanto Nick como su familia ocupaban toda idea que se cruzase por su mente.

Quizás nadie pasara por donde estaban ellos, podrían ir a ayudar al grupo de Skye para tener mayores posibilidades de sobrevivir. No hacía falta que Tora mandase a sus matones desde los dos puntos mientras él estaba en el garaje con más mamíferos, aunque ahora que lo pensaba detenidamente no sabía desde donde los enviaría. Podría mandar un solo pelotón desde donde ellos estaban o, del mismo modo, donde esperaba el otro grupo. Sólo podrían correr por sus vidas mientras esquivaban balas de ser así, si fuesen unos pocos estarían bien pero ante un único grupo grande lo tendrían más que difícil.

Alzó las orejas, un sonido de lo más reconocible llamó su atención. Fijó la mirada en Fowler y éste asintió, también lo había oído. ¿Debían de ir a apoyar a los suyos o era mejor esperar en su posición? Un segundo, tercer y cuarto disparo llegarían al instante, la acción había comenzado en donde, de seguro, estaba el equipo de Skye, Sánchez y Harkness.

—Ve a ayudarlos, yo iré a apoyar a Savage y los demás. —La voz del lobo lo sacó de sus pensamientos.

—¿Estás seguro? ¿Qué pasaría si viene alguien desde aquí?

—Ya deberían de haber venido, además tendremos más posibilidades de salir adelante ayudando al resto. —Confiaría en Fowler, quien ya debía de tener mayor experiencia que él en situaciones de ese tipo, su criterio sería más acertado que el suyo—. Tú ve tan rápido como puedas, yo caminaré solo hasta llegar a la salida.

—Llegarías más rápido si yo te acompaño.

—Sólo serán unos pocos segundos ganados, los tres que están ahí podrán defenderse. La doctora, Skye estando herida y Ed la tendrán más difícil, debes apurarte.

Sin mediar más palabras, el vulpino asentiría y comenzaría a correr tan rápido como sus patas se lo permitían. No miraría hacia atrás, donde estaba Fowler, sabía de algún modo que estaría bien. Los sonidos de los disparos iban en aumento, pronto llegaría. Recordaba el punto donde estaba el equipo de Skye, sólo podían tomar cobertura a un costado de las puertas, retroceder los dejaría más expuestos por lo que conservarían su posición. Al llegar no podría ir hacia donde ellos estaban, debería de disparar desde lejos a sus adversarios y buscar generar una pequeña ventana de un par de segundos para darle tiempo a Skye y Harkness de acabar con al menos un par de enemigos.

Se sorprendió a sí mismo por su razonamiento, aunque ya podía sentir miedo al imaginarse expuesto por un par de segundos ante los matones de turno. Tenía que reivindicarse de lo mal que actuó cuando estaban todos juntos, aunque el escenario sería mucho más complejo. Pronto a llegar al extremo del pasillo tomó sus dos pistolas y les quitó el seguro. Ahora todo sería cuestión de suerte, porque a una distancia de más de veinte metros difícilmente le daría a alguien.

El pasillo de roca se iba torciendo de a poco, no era un giro de lo más pronunciado pero después de algunos segundos expuestos podría retroceder para estar a salvo. Corrió hasta ver a Skye, Harkness y Sánchez pegados contra la pared y las puertas abiertas del lado de sus enemigos, unos seis tipos. Cortando su respiración por un momento y con la adrenalina tan alta como nunca, levantó sus patas con las armas empuñadas y comenzó a disparar hacia los matones, que tomarían cobertura ante su inesperada aparición. De saber que estaba él solo quizás hubiese arremetido contra él, pero decidieron protegerse por si acaso.

Sánchez y Harkness sonrieron a la distancia, en tanto Skye rápidamente giró para ver hacia donde estaban sus enemigos. Ella se encargaría de al menos un par y Harkness quizás pudiese matar a uno, debía de retroceder para ponerse a resguardo… No, mejor se quedaba al descubierto, tal y como estaba. Le apuntarían a él en primer lugar y dejarían tiempo suficiente a sus aliados para actuar. Sus patas estaban aferradas al suelo y no podía moverse, no estaba seguro si el miedo se había apoderado tanto de él que lo había paralizado o si al fin pudo enfrentar sus temores como debía de haberlo hecho antes. Lejos de retroceder, mantendría sus pistolas en alto para intentar darle al primer imbécil que se asomara.

Rápida como nadie más, Skye jalaría del gatillo y el primero de sus enemigos caería. Él por su parte disparaba para obligarlos a mantener la posición, nadie más se asomó desde que la vulpina acabó con uno de ellos. El combate pronto se había estancado, eran cuatro versus cinco pero sus enemigos preferían esperar en lugar de aprovechar la leve ventaja numérica. Skye, herida y todo, les inspiraba tanto miedo que ninguno se atrevía a hacerle frente ahora que ella estaba lista para bajarlos.

Una vez más comenzó a escuchar disparos a la lejanía, el garaje ya se había transformado en terreno de batalla también. Tora de seguro presionaría a los suyos para que avanzaran, debían de proseguir en algún momento y serían blancos fáciles para su compañera. Todo parecía ir demasiado bien, hasta que algo lo alertó. Escuchó mamíferos corriendo y estaban demasiado cerca, pronto llegarían hacia él. Sus aliados estaban centrados en el resto de enemigos, no podrían ayudarlo.

Pensó rápido sus opciones, estando solo contra dos o tres ya estaría acabado y de seguro serían más. Debía reagruparse con los demás, retrocedería dándole la espalda a sus aliados los primeros metros y luego correría tan rápido como le fue posible. Un par de disparos le llegarían de frente, por poco y no la contaba, pero Skye y Harkness se habían logrado encargar del par de mamíferos que se habían asomado para atacarlo.

—¿¡Por qué rayos vienes hacia aquí!? —preguntaría Harkness molesto al ver que habían perdido en parte su ventaja.

—¡Hay más viniendo! —gritaría al estar a pocos metros de los suyos.

—Harkness, avanza hacia ellos, yo te cubro. —El vulpino no obedecería la orden de Skye a la primera, él solo contra tres no parecía ser la mejor de las ideas—. Sánchez disparará junto a Drew contra los que lleguen, mientras tú ganas terreno yo mataré a cualquiera que intente atacarte.

El zorro dejaría su cobertura para avanzar, primero iría en dirección hacia el enemigo más cercano, disparando para no dejarlo salir detrás de una columna. Cuando uno de los matones quiso proteger a su aliado, Skye lo acabaría con facilidad disparándole en la cabeza, él sólo había actuado de cebo. Los disparos de Sánchez y Drew no tardarían en llegar contra el nuevo grupo que los asediaba, tendrían que contenerlos el tiempo suficiente como para que él acabe con los demás. Con apenas un par de enemigos restantes, el ladrón sólo cambió de objetivo atacando a quien estaba detrás de una viga de madera, obligaría a su enemigo más cercano a mostrarse. Un par de disparos de Skye en su pecho y un nuevo enemigo había caído, todo iba saliendo mejor de lo que esperaba.

"Es mío", gritaría a viva voz para que Skye ayudara a Sánchez y a Drew. La vulpina dejaría de prestarle atención al ladrón y por medio de un gesto con su pata le indicaría a Drew que avanzara un poco. Tanto el zorro como la nutria habían desperdiciado muchas balas, pero lograron hacer que el grupo que venía a sus espaldas retrocediera. Cuando Harnkess acabase con el matón restante estarían listos para enfrentarse al segundo grupo.

Un grito ahogado llamaría su atención, volvería la vista hacia el ladrón para verlo en el suelo y disparando a diestra y siniestra hacia su último enemigo. Harkness no se ponía de pie, a duras penas se arrastraba contra una pared. ¿Qué rayos había pasado? Apenas tuvo a su objetivo en la mira le dispararía para salvar al zorro, quien seguía sin poder pararse. Le ordenó a Sánchez a que fuera a ver cómo estaba, pero Harkness al oírla le indicó que estaba bien. Pasados unos segundos se incorporaría, apoyándose en una pared. Caminaba con gran dificultad, pero logró llegar hacia ellos.

—El de los dos disparos en el pecho seguía vivo —tomaría una bocanada de aire, su respiración era entrecortada—, me atacó desde el suelo. —Harkness se tomaría del estómago mientras la hemorragia continuaba.

—Esto no luce demasiado bien —indicó Sánchez luego de acercarse para revisarlo—. Puedo intentar ayudarlo, pero alguien tiene que cubrir a Drew.

—Yo me adelantaré, tú has lo tuyo. —Si bien Skye también estaba demasiado adolorida como valerse por sí misma, no tenía más opción que acompañar al vulpino al frente para tener alguna opción de salir vivos.

Según los dichos del zorro, sólo eran tres enemigos los que tenían al frente. Dos se cubrían contra la pared a unos diez metros, aprovechando la curva que formaba el túnel, y había un tercero al descubierto. Drew ya casi no tenía balas y ella tenía el cargador a la mitad, su precisión y su experiencia debían de pesar lo suficiente como para salir adelante en no más de cinco disparos.

Luego de pedirle al zorro que atacase a todo aquel que se asomara a dispararle, Skye comenzó a trotar con cierta torpeza y apoyándose un poco sobre la pared. El enemigo que estaba al descubierto fue derribado con facilidad, pero los otros dos oponían mayor resistencia. No sólo no podía avanzar más, sino que también tuvo que quedarse apoyada contra una pared para cubrirse. De un segundo a otro, una figura pasó corriendo desde sus espaldas para enfrentar a los matones directamente.

Drew parecía haberse vuelto loco, pero había actuado mejor de lo que jamás hubiese pensado. El zorro salió de la nada misma y sus enemigos quisieron atacarlo al mismo tiempo, volviéndose más vulnerables y olvidándose de ella por un segundo. Drew no disparó para que los matones se confíen, dándole a Skye una oportunidad que no dejaría pasar. Con tres disparos, sus dos rivales caerían con todo su peso, uno sobre otro.

La zorra se sentaría en el suelo para recobrar el aire, pese a la exigencia la herida no se había vuelto a abrir. Drew se acercaría para cargarla en sus patas e ir donde estaban Sánchez y Harkness. A la distancia, los disparos se seguían oyendo sin cesar, el combate contra Tora parecía estar de lo más complicado.

Al llegar con la nutria y el ladrón, Skye le pediría a Drew que la bajase. El escenario no era de lo mejor, Harkness estaba rodeado por una laguna formada por su propia sangre. Sus ojos luchaban por no cerrarse, seguía diciendo una que otra idiotez aunque le costase hablar para mantenerse despierto. Sánchez insistía en que debía cerrar el hocico, pero él no quería parar.

—¿Creen que podamos seguir si lo cargamos? Yo podría caminar sola. —Tanto Drew como Sánchez negaron con la cabeza, pero no por ello Harkness perdería su sonrisa.

—Supongo que hasta aquí llego yo —exclamó el zorro dejando sus ojos cerrados al fin—, siempre creí que me matarían en un bar o estando de parranda, pero esta mina será donde me despida.

—Luchaste con valentía y honor, Edward. —Era la primera vez que alguien aparte de Fowler se refería a él por su nombre, agradeció internamente el gesto de Skye.

—Gracias por ayudar a Grace ahí afuera, te estaré agradecido siempre por eso. —Drew se acercaría para apretar su pata a modo de saludo, no se separaría de él hasta que pudiera irse.

—Creo haber vivido bien, pude hacerlo bajo mis principios como yo siempre quise. Robarle a los ricos y darle parte del botín a los pobres, y quedarme una parte yo porque necesito dinero también —todos reirían por lo bajo—, fue algo muy divertido mientras duró.

—Alguien vio demasiado la película de Robin Hood de pequeño. —Harkness negaría ante el comentario de Drew.

—Siempre admiré al Archimago de Plata de hecho. Él ayudó a mi hermana en su momento, quería ser como él y ganarme su respeto, aunque nunca pude encontrarlo. —Drew voltearía a ver a Skye y Laura, el comentario de Harkness lo había dejado descolocado. Algo apurado por los tiempos que corrían, apretó su pata con mayor fuerza y dijo lo primero que se le vino a la mente.

—Sin lugar a ninguna duda te has ganado todo mi respeto, Ed. Lamento haberte conocido tan tarde, pero al menos puedo cumplirte tu último deseo.


. . . . . . . . . .

—Mira que yo soy un mentiroso descarado, pero tú sí que te pasas, orejón —exclamaría entre risas el tigre—. Bien, hagamos de cuenta que te creo y que todo lo que dices es verdad. ¿Cómo seguimos con esto?

—Podemos hacerlo por las buenas, o por las malas… —El conejo observaría fugazmente a Langley para que estuviese lista—. ¡Nick! ¡Leonard! —Jack alzaría sus orejas al escuchar disparos a la distancia—. Maldición… ¡Vengan hacia nosotros!

Tanto el zorro como el lobo intentarían manejar en reversa para acercarse a sus aliados, pero recibirían disparos en las ruedas y perderían el control. Ninguno llegaría con su respectivo vehículo hacia los suyos, pero ambos bajarían y correrían hasta encontrar dónde cubrirse. Jack y Langley, por su parte, retrocedieron para buscar cobertura, mientras que Herbert empuñó su arma con notable velocidad para arremeter contra Tora, quien se cubrió apenas sus soldados dispararon contra los vehículos. Los cinco que acompañaban a Tora resultaron ser ocho matones, tres más saldrían de su escondite para atacarlos.

Tanto Nick como Clarke intentaron retroceder cada vez que tuvieron oportunidad, se cubrían detrás de diferentes vehículos. Jack disparaba intentando cubrir a Clarke mientras Langley hacía lo propio con Nick, ambos le lanzarían un arma a sus aliados para que se uniesen al combate. Herbert y Tora tenían un enfrentamiento personal y no se preocupaban por nadie más, lo cual suponía una gran ventaja a los ojos del agente de la ZIA. Si tenía que dejar atrás a la pantera para poder huir, lo haría sin remordimiento alguno.

—Pronto los flanquearán y acabaremos con ustedes, además muchos más de mis mamíferos vendrán ahora que ya terminaron de colocar las bombas a lo largo de Zootopia —rugiría el tigre, desde detrás de unas cajas—. Si se rinden ahora, prometo que sus muertes serán rápidas e indoloras.

—Deja de fanfarronear y aprende a disparar, idiota —gritaría Herbert en respuesta, mientras buscaba avanzar para acercarse a Tora.

El fuego cruzado duró demasiado tiempo y sólo había caído un matón, los dos grupos que se quedaron atrás habían contenido con creces a los grupos que Tora había enviado para flanquearlos. Aun así, Jack no dejaba de pensar en sus aliados, los disparos seguían resonando donde Skye y los demás estaban. Era un combate de lo más feroz en ambos frentes por lo visto, todo estaba resultando mejor de lo que imaginó.

Uno de sus enemigos caería sin que ninguno de los suyos le disparase, Fowler llegaría por sorpresa para apoyarlos. Si el combate estaba siendo reñido, ahora quizás estuviera más a su favor. Según las palabras del lobo, Drew había ido a ayudar al grupo de Skye. No pudo evitar entusiasmarse ante la pequeña ventaja que tendría el grupo de su compañera, no sólo tendrían mayores chances sino que además podrían llegar más rápido a ayudarlos.

Se notaba que Tora había llevado a los mejores consigo, a diferencia de los combates previos ya no tenían tantas facilidades por los errores de sus enemigos. Sabían posicionarse mejor, coordinaban con ductilidad y sabían realizar transiciones de ataque a defensa. Ahora por suerte eran siete contra seis, aunque Fowler no podría moverse tan rápido para ganar terreno o retroceder hacia una mejor posición. Lo mejor sería esperar a los demás para tener ventaja numérica, aunque no olvidaba los dichos de Tora. Si llegaban antes los matones que fueron a encargarse de las bombas, estarían más que condenados.

Por momentos intentaba coordinar con Clarke para avanzar, aunque los estaban conteniendo demasiado bien. Quería tener un disparo limpio contra Tora aunque le era imposible conseguirlo, el tigre resistía con creces el ataque de Crncevic y además lograba contener los avances de Leonard. Nick y Langley por su parte apenas lograban contener a sus rivales, en tanto Fowler los ayudaba a la distancia, sin poder avanzar.

Pasados unos pocos minutos de la llegada de Abel, el grupo de Skye se acercaría a ellos. La vulpina era sostenida en patas de Drew, mientras Sánchez llegó disparando su subfusil sin que las balas pasasen siquiera cerca de nadie. Esperaban a que Harkness llegase detrás de ellos, pero el vulpino nunca llegaría. Su incursión a la mina de Arcagma ya se había cobrado una víctima, ahora deberían luchar para que no hubiese más.

Si bien Skye estaba cada vez más débil, su puntería seguía tan fina como siempre. Su llegada desequilibró el combate muy a su favor al acabar con dos matones, Tora ahora sí que estaba en problemas. Eran cinco contra nueve y podrían avanzar a gusto, tanto Nick como Leonard se adelantaron y detrás de ellos fueron Drew, Langley, Crncevic y él. Fowler y Skye avanzaron muy lentamente, pero lo suficiente como para rodear a sus enemigos desde varios puntos.

La sed de sangre de la pantera podría llevarlo a cometer un error, intentaba acercarse tanto a Tora que su integridad correría peligro. Teniendo ventaja a su favor, lo mejor sería llevarse a la pantera con ellos para ver dónde estaban las bombas, había grandes posibilidades de que el caso Arcagma terminase de una vez por todas. Además de ello, las fuerzas de Tora se vieron muy debilitadas con su incursión, tenían a al menos treinta mamíferos menos y ya no contaban con el más feroz de todos a su lado, Crncevic.

Con el portón abierto desde su negociación con Tora, logró observar a la distancia varias luces que se acercaban. Lo mejor sería alistarse para huir y dejar al tigre con sus fuerzas debilitadas, tanto en número como en ánimos. Tendrían que subirse a un par de vehículos rápido y huir evitando a quienes venían de frente.

—Los que están cerca de Nick, súbanse a la van negra —ordenó a los gritos, sin recibir respuesta alguna de los suyos—. ¡Ya vienen los demás! ¡No podemos pelearles!

—Drew, busca a Skye, yo te cubro —gritaría Nick mientras cambiaba de objetivo para proteger a su primo. El vulpino llegaría en un par de segundos hacia la zorra de las nieves y la cargaría para llevarla hacia donde estaba Langley.

—¿No se tienen fe, Savage? Esperaba algo más de ustedes, después de todo lo que hicieron aquí. —El conejo haría oídos sordos a la provocación de Tora. Tanto él como Clarke y Fowler cubrían a los suyos para que nadie le disparase a la van.

Nick subiría del lado del conductor y Langley ayudaría Skye a subir desde la puerta trasera junto a Sánchez, luego la mapache iría del lado del acompañante. Los demás harían tiempo para que Fowler lograse acercarse y subir también. Drew por su parte disparaba hacia sus enemigos, al igual que los demás, para proteger el vehículo. Un enemigo caería luego de su disparo y sentiría una gran satisfacción por ello, se iría del lugar habiendo acabado con al menos uno.

Clarke y Jack correrían para entrar por la puerta trasera, Herbert seguía disparando con frenesí contra sus enemigos mientras Drew lo secundaba a la distancia. La pantera debía acercarse a continuación, pero Tora estaba solo con tres idiotas más y podía ser suyo, esperaría hasta el último momento para subirse a la van mientras hubiese posibilidades de acabar con el tigre.

—¿¡Qué rayos esperas, Herbert!? —Los gritos de Sánchez de nada servían, la ira del felino no le permitía retroceder.

—Ustedes avancen hacia la salida, ya los alcanzo —esbozaría la pantera con una sonrisa que manifestaba la enorme locura que cargaba. Drew se subiría a la van y observaría a los suyos incrédulos.

—¿Qué hacen que no nos vamos? ¿Por qué lo esperan a él? —preguntaría el vulpino.

—Él sabe dónde están los explosivos, lo necesitamos con nosotros —explicaría Jack, aunque esto no era suficiente para el zorro.

—Tenemos a Sánchez que ha de saberlo. —La nutria negaría con la cabeza ante los dichos de Drew

—Herbert era el que se encargaba de esas cosas, yo no sé nada respecto a las bombas —El vulpino maldijo al aire luego de la afirmación de la doctora, no tenían más opción que esperar al idiota de Herbert.

Con los vehículos que llegaban a menos de doscientos metros, Herbert comenzó a retroceder mientras la van avanzaba hacia la salida. Disparaba hacia la ubicación de sus enemigos sin siquiera apuntar mientras retrocedía de espaldas, al cabo de unos segundos no tuvo más opción que correr. Las puertas traseras estaban abiertas, por lo que daría un salto para entrar mientras el tigre disparó una última ráfaga, aunque sin éxito.

Nick pisó el acelerador a fondo y las puertas traseras se cerraron cuando la pantera llegó dentro. Había cinco vehículos que se ordenaban en dos filas. La van parecía ser el vehículo más grande de todos, por lo que aceleraría y se prepararía para impactar si es que sus enemigos no se abrían.

Langley disparaba desde la ventana y logró que una camioneta se abriera al reventar uno de sus neumáticos, Nick encararía hacia la fila que se vio debilitada y tenía un auto a la cabeza. Para su sorpresa, los matones que estaban dentro dejarían el auto de forma transversal al camino para bloquearles el paso y saldrían corriendo. Del mismo modo, el auto que venía al frente de la otra fila se acomodó junto al otro mientras una van y una camioneta que iban detrás se frenaban más atrás. Si impactaba de lleno a uno de los autos quizás terminase por volcar, debía de chocarlos en donde ambos se tocaban para pasar sin tanta resistencia.

Le ordenaría a Langley que se metiera dentro y dejase de disparar. Aceleraría mientras algunos de sus enemigos disparaban en vano. Faltando pocos metros se aferró con fuerza del volante y gritó a los suyos que se preparen para chocar. El impacto sería entre ambos autos y pasaría bien, aunque se desestabilizó y tuvo que frenar para retomar el control.

Ahora debía avanzar contra dos vehículos de buen porte como el suyo, si los esquivaba tendrían el camino libre para irse. Perdió mucha ventaja al desacelerar, se encontraba a escasos cincuenta metros de sus adversarios y no lograría tomar suficiente velocidad aunque el terreno estuviera en bajada. Se limitó a seguir derecho mientras sus enemigos se acercaban hacia él para chocarlo de frente. Ambos iban muy juntos, pasar entre ellos sería imposible, por lo que se pondría en paralelo a la otra van.

Faltando poco para el impacto, giraría hacia la derecha para hacer una finta y su oponente doblaría también para chocarlo de frente. Al doblar generó un pequeño espacio entre ambos vehículos, por lo que giró hacia la izquierda mientras usaba el freno de mano. Chocaría con el lateral de la camioneta al pasar por la abertura que se generó y con ello estabilizaría el vehículo para no perder el control.

Entre gritos y festejos, todos comenzaron a aplaudirlo por su audacia. Estaban huyendo hacia la libertad de una vez por todas. Interrumpiría los festejos para pedir que con el teléfono de Sánchez llamaran a Finnick y Grace, debían alertarlos por si Tora iba a por ellos, además de darles las buenas noticias. Pronto todo sería silencio, lo cual terminó por preocuparlo.

—¿Todo bien ahí atrás? —preguntaría Nick con el pelaje erizado.

—Estoy herida, Tora me dio cuando le disparo a Herbert, cuando saltó para entrar a la van. —La voz de Sánchez se haría presente, entrecortada y acompañada de un par de gemidos. Drew se acercó a auxiliarla mientras ella se sentó contra la pared de la van.

—Esto no habría pasado de no ser por ti —exclamaría Jack apuntando hacia Herbert—. Ante el menor movimiento que hagas te disparo en tus patas y te dejo inmóvil, ¿me entiendes, gatito?

—No es justo que me trates así por esto, no habrían escapado de no ser por mí —respondería la pantera, dejando ver sus colmillos.

—Lo sé pero, independientemente de lo de Laura, planeaba tenerte contra las cuerdas. —El silencio sería absoluto luego de los dichos de Savage—. Eres una aberración, de los mayores monstruos que he conocido, ni creas que lo que hiciste en la mina borrará todo lo que has causado. Te entregaremos a la policía, nos dirás dónde están las bombas y con suerte tendrás una almohada en tu celda.

—El nivel de tu ingratitud es asquerosa, Savage, ya me las vas a pagar. Tú y todos ustedes —rugiría Herbert para luego sentarse contra una de las paredes. Jack por su parte no dejaría de apuntarle, al igual que Leonard y Fowler.

—Si tienes un mínimo de respeto, ¿podrías guardar silencio? —preguntaría Drew mientras intentaba tomarle el pulso a Sánchez—. Quizás podamos hacer algo si llegamos rápido a un hospital, pero debemos apurarnos más. No sé si pueda contener la hemorragia.

—Herbert. —La nutria llamaría la atención de la pantera—. Tienes que evitar que Tora gane, colabora con ellos. La Hermandad pasará a un segundo plano hasta que no mates a ese idiota.

—Lo sé, Laura, lo tengo presente —respondió de forma apacible y más tranquilo, ante el pedido de la nutria—. Te repondrás, tú tranquila.

—Soy médica, no pueden mentirme con estas cosas. —Sánchez dibujaría una leve sonrisa en su rostro, en tantos años trabajando juntos eran contadas las veces que la vio haciéndolo—. Eres un idiota, nunca te soporté y hubiese disfrutado de verte morir. Siempre le cuestioné a Arcagma el haberte traído, pero ahora… Ahora quizás seas nuestra última esperanza. Demuestra que él tenía razón, busca el modo de acabar con Tora y luego con la Hermandad, honra sus memorias.

—Tú nunca fuiste como nosotros, ¿por qué lo seguiste? —La nutria dejaría caer sus párpados, por un momento Herbert creyó que la respuesta a su pregunta nunca llegaría.

—Siempre tuve fe de que, en algún momento, él correspondiese eso que sabía que yo sentía. No sé cuándo empezó, pero cuando decidió volver de la muerte, no tuve más opción que seguirlo con toda mi fidelidad. —Sus palabras dejarían perplejos a todos, mucho más a la pantera que nunca se percató de sus sentimientos—. Creí que habría una luz, como todos dicen, pero no me importa. Sólo quiero volver a verlo a él…