Si había algo que le era imposible soportar, era la espera. No se consideraba ansioso o impaciente, pero en su profesión, donde nunca estaba quieto, las pausas siempre venían antes o después de algún evento caótico. La calma previa a la tormenta o el amanecer después de la misma eran igual de desagradables y nadie lo convencería de lo contrario. Ahora que habían salido con vida de esa condenada mina tenía que aguardar al próximo ataque de Tora, y el lapso entre ambos eventos no podía ser más aborrecible. Estaba en silencio, acompañado sólo por su sombra, a la espera de un atisbo de luz. En cualquier momento lo llamaría el médico de cabecera y le informaría del estado de Skye, pero hasta entonces debía aguardar.

Se le ocurrió llamar a Judy para que le hiciera compañía, de paso ayudaba a Nick manteniéndola lejos de la ZPD para ahorrarse cualquier infortunio ante un posible reencuentro. Si bien el zorro afirmaba estar en buenos términos con ella, ambos acordaron mantenerla lejos hasta que todo se solucionase. El plan había sido de lo más simple: Nick sería escoltado por Clarke, quien también entregaría a Crncevic. El zorro tendría que hablar con Bogo para abogar por la seguridad de su familia y los demás civiles. Todo quedaba en patas del búfalo, cuyo juicio seguro fallaría a su favor, o cuanto menos intentaría ayudar a todos mientras Nick era interrogado y encarcelado.

Skye no era la única de sus aliados en ser atendida por el hospital. Mientras lograban huir, Drew comenzó a sentir un malestar general y sin que nadie se percatase se durmió contra una de las paredes de la van. Ahora mismo estaba siendo atendido por un par de enfermeras y un médico de guardia, su desmayo era comprensible dado el contexto pero no estaba demás hacerle estudios después de estar tanto tiempo en pésimas condiciones. Tanto el zorro como él, Skye, Fowler y Langley fueron dejados en la entrada del hospital mientras Nick y Clarke se dirigían a la ZPD, con Crncevic siendo apuntado por alguno de ellos.

El resto del equipo, encabezado por Finnick, llegaría minutos después. El ansiado reencuentro de Grace y su hijo con Drew se pospondría de momento, sintió algo de lástima al ver la decepción del cachorro pero éste rápidamente parecería despreocuparse. Bastó con decirle que su padre estaría bien para que se tranquilizara, por lo visto parecía soportar mejor la espera que él. Al fin y al cabo, ¿qué eran unos minutos más comparados con tantas semanas de tortura?

La hermana de Langley se haría atender por una vieja herida y sería acompañada por Goldschmidt, la propia Langley se alejaría de la zona por si llegaban oficiales, Grace y Scott esperaban a Drew y Finnick aguardaba por Fowler, quien no tenía nadie que lo acompañase con la partida de Clarke. No estaban muy lejos los unos de los otros, solía ver al fénec dirigirse hacia donde estaban esperando a Drew en busca de novedades y aprovechaba para comunicarle a Grace noticias de Fowler, quien en general estaba muy bien. No tenía del todo claro de dónde se conocía el lobo con la vulpina, pero por lo que oyó ambos tenían información de la Hermandad que Nick le mencionó.

Mientras esperaba a Skye reflexionó mucho sobre los Lirios de Sangre. No le sorprendió la existencia de una agrupación de tal magnitud y mucho menos que su compañera perteneciera a ellos. No negaría que estaba dolido por nunca haberse enterado o percatado de ello, pero ahora mismo lo que más le daba era curiosidad. Si tuviese que definir a Skye con una sola palabra esa sería ambición, lo cual instauraría preguntas a las cuales no podría dar respuesta hasta hablar con ella. ¿Cuándo se unió? ¿Qué le prometieron? ¿Tanto valía la pena como para terminar como terminó?

Escucharía una voz chillona de fondo y suspiraría al instante. Judy había llegado y no estaba sola, y aunque Nancy Rogers no le caía del todo mal, no tenía ganas de soportarla en ese preciso instante. Pronto lo ubicarían con la mirada y se acercarían a él, con una seriedad propia de Judy y jamás vista en la jabalí. Se pondría de pie para saludar y volvería a sentarse con desgano.

—Vinimos tan rápido como pudimos, Jack —indicaría la coneja sentándose a su lado—. ¿Qué pasó?

—Nick y Skye me llamaron diciendo que necesitaban ayuda porque estaban siendo atacados sus allegados y terminamos en una mina de Tundratown. Una vez allí, tuvimos una oportunidad para ir a la guarida de Arcagma a buscar a Drew y a Fowler, el amigo de Clarke. —Entendiendo que estaba dando mucha información de golpe, tomó una pausa para que asimilen sus palabras y luego continuó—. Todo iba muy bien hasta que uno de los aliados de Nick nos traicionó y decidió tomar el poder del ejército de Arcagma, quien parece haber muerto por una enfermedad. Skye salió muy malherida, estoy esperando a que el médico me informe de ella; Fowler y Drew están bien. La familia de Nick está esperando por Drew, que se desmayó, aunque parece que estará todo bien con él.

—¿¡Estás diciendo que Arcagma murió!? —Jack lanzaría una mortífera mirada a la jabalí para que baje el volumen —. Hay que atacar ahora mismo.

—Que Arcagma haya muerto no cambia nada, tienen otro líder —explicaría el conejo.

—¿Crncevic? —preguntaría Judy, yendo por lo más lógico.

—No, a Crncevic lo está escoltando Clarke hacia la ZPD. Gabriel Whitewind, cuyo alias es Tora, es el nuevo cabecilla. —Las dos hembras quedarían sorprendidas al oír lo de la pantera.

—Tendrían que haber coordinado un ataque con las diferentes agencias, Jack, ir solos fue demasiado peligroso. —Las palabras de Judy no parecían ser oídas por el conejo, quien solo mantenía la mirada baja—. Quizás no sea tarde, hay que ir e informarle a Bogo.

—Estos tipos tienen varias bombas como las que tumbaron el Requiem, Judy, si ven que varios mamíferos se acercan a su base volarán todo. Es por eso que formamos un grupo pequeño. —La coneja se pondría de pie y daría un par de vueltas, sabía que Jack tenía razón.

—Tendrían que haberme dicho, los habría acompañado —exclamaría Judy, mientras Jack suspiraba algo exasperado.

—Nick no quería y lo respetamos, además ya éramos varios y tener más mamíferos sería contraproducente. —Al ver que la tensión entre ambos iba en aumento, Nancy tomaría la palabra una vez que Jack terminó de hablar.

—Supongo que hay algún motivo para el cual nos hayas llamado, Jack, o bueno, a Judy. —La voz de la jabalí traería calma para ambos.

—Judy, tú sabes que hay ciertos mamíferos… Los Lirios… —La coneja asentiría al instante, al entender que se trataba del grupo del que Bogo les había comentado. La jabalí por su parte sólo se cruzó de patas a la espera de una explicación que nunca llegaría—. Necesito ayuda para ver que nadie sospechoso se acerque a Skye, Drew o su familia.

—Está bien, cuenta nosotras, Jack. —Al ver que Nancy se había perdido en la conversación le dirigiría una rápida mirada cómplice, al rato la pondría un poco al tanto del tema. Si bien Bogo había exigido mantener todo en secreto, la jabalí necesitaba algo de contexto y confiaba en ella—. Por cierto, ¿dónde está Nick? Quisiera verlo, por favor.

—Fue a hablar con Bogo para pedir protección para su familia. —Contrario a lo que Jack esperaba, la coneja sólo se limitaría a respirar profundo y asentiría. Por un momento se mostró madura y menos impulsiva, lo cual lo sorprendió gratamente.

—¿Usted es Jack Savage? —Un ocelote con bata blanca se acercaría hasta el agente de la ZIA, acompañado por una enfermera—. Quisiera que me acompañe a ver a la señorita Steppefurd, ella está fuera de riesgo por ahora.

Jack se pondría de pie y le daría la espalda tanto a Nancy como a Judy. Las saludaría mirándolas por sobre su hombro y les agradecería por haber ido. Ambas dejarían de verlo cuando atravesó una puerta que estaba a escasos metros, una sonrisa pareció dibujarse en su rostro por un momento previo a entrar a la habitación. Pronto la coneja sentiría un gran déjà vu y dejaría caer sus orejas.

—¿Sabes qué, Nancy? Creo que en el pasado recorrí estos pasillos, por alguna razón todo esto me es muy familiar.

—Ha de ser porque aquí trajeron a Nick luego del caso Outterridge. Es algo similar si lo piensas, con un lagomorfo visitando a su compañero vulpino herido en combate. —Pondría una de sus patas en el hombro de su compañera y la miraría conteniendo su sonrisa, dadas las razones por las cuales estaban allí—. Creo que tu idea funcionó, con todo esto de visitar lugares donde estuviste antes ya tuviste hoy muchos recuerdos.

—De todos modos no es suficiente. Tengo un mal presentimiento, Nancy, y espero poder estar a la altura de las circunstancias cuando llegue el momento.


. . . . . . . . . .

Bajó por las escaleras rápidamente, giró a la derecha y continuó por el pasillo que iba a su despacho. Recibió la noticia estando en la otra punta del maldito establecimiento, había ordenado que se queden allí hasta que él llegase para verlo con sus propios ojos. No era de dejarse llevar por sus sentimientos, pero la ansiedad por oír la historia detrás de todo lo estaba volviendo loco. Dudaba mucho que Clarke por sí solo pudiese traer a Wilde y, más improbable, a Crncevic también. No es que dudase de las capacidades del lobo, era de los agentes más experimentados e inteligentes del ZBI, pero apostaba lo que fuese a que había algo más detrás de su hazaña.

Muchos lo llamaban por su nombre, querían hablar de la buena nueva de la que todo el mundo ya estaba al tanto, pero seguía avanzando sin siquiera desviar la mirada o pronunciar una palabra. Entendía la emoción de los suyos y toda la revolución que se había generado dentro de la ZPD, no pasaba algo así desde que Hopps había resuelto el caso de los Aulladores y había sido una pequeña gran victoria contra Arcagma, al fin, después de atrapar a su principal soldado, pero pronto todo debería volver a la calma y cada mamífero del lugar debía de volver a su trabajo. En otra época obligaría a todos a volver a sus puestos de inmediato, ahora sólo quería dejar que todos vieran a Crncevic humillado. Por Wilde no se preocuparía demasiado, si bien estaría bajo la mirada de todos e insultos de muchos, daba por hecho que algo tuvo que ver en la captura de la pantera.

No sabía cómo era posible, pero apenas él había llegado y ya había periodistas en el lugar junto a un puñado mamíferos filmando o sacando fotos. Los idiotas esos siempre habían sido muy rápidos, pero esto era el colmo. Llamó a cinco oficiales para que acompañasen a todos esos chupasangres a la salida, sería lo segundo más satisfactorio del día después de la caída de alguien tan importante como lo era el gran felino.

Para cuando logró observar dónde estaban Clarke, Wilde y Crncevic, bajaría el ritmo de su marcha e impregnaría la mayor seriedad posible en su rostro, pese a que quería sonreír para tocar el orgullo de la pantera. El zorro por su parte se veía cabizbajo y temeroso como nunca, hablaría con él en la primera oportunidad que tuviera para ver cómo ayudarlo. Estando ya frente a frente con el par que supuestamente había sido capturado por Clarke, se cruzó de patas y se quedó en un inesperado silencio mientras todos esperaban que dijera algo. Síntoma de su emoción por lo acontecido, se había olvidado de pensar en algo mientras llegaba hasta el lugar.

—¡Delgato! ¡Osorio! —El búfalo no quitaría la mirada de los ojos de la pantera—. Quiero que lleven a esta basura psicópata a la celda número seis y lo vigilen hasta que yo vaya a encargarme de él. Preparen sus copas porque quizás lleve champagne, voy a disfrutar este momento como pocos. —Los murmullos se acrecentaban en el fondo, Crncevic sería destinado a la peor celda de todas, aquella que desde la ZPD preparaban para sus invitados más especiales—. Clarke, quiero que me acompañes junto a Wilde a la sala de interrogatorios número tres.

—Como usted diga, jefe Bogo —respondería el mencionado mientras la pantera era llevada sin poner resistencia alguna, disfrutando cada segundo de lo que todo el mundo estaba viendo.

—Y Wilde… —Bogo se agacharía para estar casi a la altura de quien aún era su oficial—. Tranquilo, estarás bien —susurraría por lo bajo, a lo que el vulpino sonreiría y asentiría para agradecer—. ¿¡Qué rayos están esperando!? ¿¡Qué no ven que hay civiles que ayudar, informes y miles de cosas por hacer!? ¡Cada uno a sus puestos!

La orden del búfalo no sería cumplida de inmediato, no sin antes un generalizado aplauso de parte de todos los oficiales. Al fin habían ganado una batalla contra Arcagma y había que reconocer méritos por ello. Todos los oficiales presentes se alinearon camino a la sala de interrogatorios a donde los tres se encaminarían. Formarían un pasillo para que Clarke, el héroe del día, pudiese ser felicitado por todos en tanto escoltaba a Nick, quien contrario a lo que creyó, no recibió insultos de todos los presentes.

Muchas veces había dudado de su decisión, había abandonado el ZPD para ir al ZBI con más dudas que certezas. El compañerismo, la fraternidad y la calidez de la ZPD no los había encontrado en ninguna de las oficinas donde trabajó para el ZBI. Había visto que a varios oficiales le hicieran un pasillo de honor en sus tiempos como policía, pero jamás hubiese esperado que a él, alguien de otra agencia, le permitiesen disfrutarlo. Quién sabe, quizás en lugar de aceptar el ascenso que le ofrecieran cuando termine el caso, podría pedir ser reintegrado a las fuerzas de Bogo. La ZPD siempre había sido su hogar y ahora estaba más seguro de ello.

El pasillo de oficiales se acabaría a pocos metros de la sala de interrogatorios. Una vez dentro, Bogo pediría que apagasen la cámara mientras hablaba con Wilde. Se encaminarían a la sala tres, la más espaciosa de todas y la que tenía las sillas más cómodas. El búfalo le haría un gesto a Clarke para que le quite las esposas al zorro, ya no hacía falta seguir con el protocolo.

—¿Dónde están Savage y Steppefurd? —preguntaría en primera instancia Bogo—. Él también desapareció como tú, imaginé que estarían juntos.

—Llevó a Skye al hospital central de Tundratown, tiene una herida de bala en el abdomen. —El búfalo asentiría ante la respuesta de Clarke—. También llevó a Andrew Wilde y a mi amigo, Abel Fowler, logramos traerlos de vuelta al fin. Están heridos pero no es nada de gravedad.

—Eso explica el por qué de su inesperada alianza. —La mirada de Bogo se fijaría en Nick por un momento—. Mandaré un par de oficiales para que custodien el hospital, por si acaso. Puedes retirarte, Leonard, tómate el día libre si quieres.

—Gracias, Bogo, aprovecharé para ir al hospital a ver a Abel. —Algo extrañado por haberse ido antes de lo que esperaba, el lobo levantó su pata para despedirse y se retiró.

—Bogo, yo… —Antes de que Nick pudiese seguir, un golpe del búfalo en la mesa lo dejaría mudo.

—¿¡Cómo mierda es que te metiste en esto, Nicholas!? —rugió Bogo con tanto enojo como nunca antes—. Sé que eres cabeza dura y de valerte por ti mismo, ¿pero hasta estos extremos tienes que llegar? Te metiste en la ZPD a atacar a tus compañeros, quería ver muerto al hijo de perra que fuera culpable de todo lo que pasó en esa condenada noche, ¡y eras tú! ¿Cómo te daba la cara para venir aquí después de algo así?

—No tuve otra opción, juro que no. Evité tantas muertes como pude esa noche, pero los tipos con los que vine sólo querían matar —explicaría el zorro sin poder sostenerle la mirada y con sus patas temblando—. Sé que no es excusa, pero no quería que todo esto pasara, lo único que quería era proteger a mi familia, a mis amigos.

—Te daré la posibilidad de explicarme todo lo que pasó, no importa cuánto tiempo lleve, pero ten en cuenta que lo que digas puede determinar mucho más que el fin de tu carrera como oficial. —Bogo se sentaría sobre la mesa, más calmado pero con ciertos matices de rabia en su voz—. No tratan bien a los oficiales en prisión y tú eres particularmente famoso. Quizás pueda negociar por algo pero tarde o temprano llegarán a ti y nadie podrá protegerte. Incluso si no vas a prisión, será muy difícil de librarte de la condena social y peor, de los tuyos.

—Bogo, a mí ya no me importa lo que me pase, hace mucho dejó de importarme. —Las palabras del vulpino lo sorprenderían un poco al búfalo, pero permanecería en silencio para esperar que continúe—. El día que nos abatieron con Judy, me dijeron que debía ir a un lugar y luego me dejaron inconsciente. En lugar de pedir ayuda pensé en ir sin más, en parte por miedo a represalias, en parte porque quería hablar con ellos y ver si podía sacar algo para el caso. Luego me pidieron mi teléfono y creo que lo intervinieron. Me amenazó Crncevic con el idiota de Todd, ya sabes, lo típico de "acabaremos con todos los que te importan".

—¿Entonces reconoces que haber ido hasta allí tú solo fue un error? —Nick asentiría, a lo que el búfalo gruñiría por lo bajo—. Podías confiar en mí, en cualquiera de tus compañeros.

—Vimos que tenían ojos y oídos por todas partes, tendrían vigilancia sobre mí de seguro.

—¿De seguro?

—Son todos supuestos, nunca me lo dijeron directamente pero siempre lo dieron a entender. —Con un gesto con su pata, el búfalo le pediría que continúe—. Conocí a Sarah Langley y Gabriel Whitewind, su alias es Tora, me dijeron que eran rebeldes dentro de la facción de Arcagma. No todos los exconvictos estaban ahí por convicción propia, a Langley por ejemplo la amenazaban con matar a su hermana, incluso la secuestraron.

—¿Y por qué tanto empeño en una simple ladrona?

—Porque estaba vinculada a Harkness, Arcagma quería dar con él para recuperar unas reliquias que parece haber borrado.

—¿Harkness?—Bogo no ocultaría su sorpresa en lo más mínimo—. ¿Saben de su paradero?

—Murió hace un rato en el escondite de Arcagma, venimos de ahí. —El búfalo respiraría profundo y asentiría, algo decepcionado por lo sucedido—. Tora y Langley mencionaban todo el tiempo a Sinner, alguien que los proveía de recursos de gran valor. Junto a Sinner atacaríamos la ZIA luego de la ZPD, nos conoceríamos de camino. —Nick evitaría decir que Drew había tomado parte en el ataque de la ZIA—. Tanto los rebeldes como el propio Arcagma me tenían arrinconado, sólo podía cumplir sus órdenes. Fue todo tan rápido que ni siquiera pude pensar cómo proteger a mi familia o a Judy.

—Ya veo… Imagino que tienes un nombre para el tal Sinner.

—Es Skye, ella estaba dentro de la facción desde mucho antes que yo. —Bogo no se inmutaría en lo más mínimo.

—¿Sabes qué tanto? —Nick se mordería la lengua, sabía que sus palabras podían condenar a la vulpina. De haber sido hacía unas semanas, cuando era una auténtica cretina, hubiese dicho que ella estuvo desde el mismísimo motín siendo pieza clave, pero ahora en agradecimiento por haberlo ayudado a rescatar a Drew se guardaría dicho dato.

—No, ni idea, nunca me lo dijo. —Bogo levantaría una ceja, no era la respuesta que esperaba—. Después de eso no volví a trabajar con ellos, sí he mantenido contacto con Tora y Langley pero nunca con Arcagma. Rescatamos a la hermana de Langley y ella se apartó de ese infeliz, incluso me ha ayudado a proteger a mi familia.

—Steppefurd la tendrá algo difícil para salir de esta situación, me animo a decir más que tú. Lamento que lo suyo se haya enredado en medio de todo este caos. —Nick se quedaría callado durante unos segundos, meditando las palabras del búfalo.

—Nosotros no tenemos una relación formal, si a eso es lo que te refieres—respondería desviando la mirada, dejando entrever cierta comodidad—. No sé si quieres saber algo más, Bogo.

—¿Conociste a Arcagma? ¿Y qué fue de Langley y Tora? Podríamos ofrecerles protección a cambio de más información.

—Arcagma era un felino no muy grande, según Drew es un lince por el tamaño de su cola y la forma de sus orejas…

—Espera, espera… ¿Cómo es que no te das cuenta qué raza es?

—Estaba completamente calvo por hacer quimioterapia, tenía cáncer de pulmón. —Bogo se quedaría pensando en silencio—. Si está pensando en buscar información en clínicas donde hagan quimioterapia, es una pérdida de tiempo. Era tratado por una médica de apellido Sánchez que trabajaba para él, estaba en la mina y todo, ella se encargó de borrar sus huellas.

—¿Dónde podemos encontrarla?

—Está muerta también, murió mientras escapábamos de la mina.

—¡Maldición! —Golpearía una vez más la mesa, frustrado a más no poder—. No puede ser que haya tantos callejones sin salida en un mismo caso.

—Sigo sin saber por qué, pero nos ayudó a escapar, parecía tener una buena relación con Drew aunque no pude preguntarle nada todavía.

—Se rebeló también contra Arcagma, como Langley y Tora. Quizás esté amenazada también.

—No en sí… Verás, esto que te diré ahora será bastante confuso. —El búfalo esperaría mientras Nick pensaba cómo hacer un rápido resumen de todo—. De camino a la mina nos enteramos que Arcagma había muerto por su cáncer.

—Entonces están acéfalos, no está él ni Crncevic.

—Ahí es donde quería llegar… Tora y Langley me ayudaron de principio a fin, junto con ellos, Skye, Savage, Leonard y Harkness fuimos al escondite porque sabíamos que habría menos enemigos de lo habitual, estaban llevando a cabo su plan… Lo cuál tengo que explicarte muy bien cuando termine con esto, ahora que lo pienso. —El búfalo quedó algo confundido, pero no haría preguntas hasta que el zorro termine—. Antes de partir, Tora nos traicionó y nos dijo que siempre fue la pata derecha de Arcagma, sólo estaba con nosotros a pedido de su jefe para vigilarnos. Nos llevó al escondite como rehenes, desbancó del trono a Herbert y armó una buena revuelta. Escapamos con ayuda de Sánchez y Drew, fuimos a por Fowler y luego huimos del lugar. Es una mina muy vieja que remodelaron un poco para poder vivir dentro, queda en la cordillera entre Tundratown y el Distrito Forestal.

—Esto sí que es un auténtico lío —exclamaría por lo bajo, ya sin sorprenderse por lo que relataba Nick—. ¿Qué es lo que planea Tora?

—Arcagma estaba construyendo bombas, tres de ellas nucleares. —El búfalo tendría que hacer fuerza para no dejar caer su mandíbula por el asombro, no podría sin embargo controlar sus ojos, que se abrieron de par en par—. Tora exigirá dinero a los principales líderes de la ciudad y, si no le dan lo que quiere…

—Por mis cuernos, ¿en qué momento se nos fue tanto de las patas todo? Imaginé que tendrían más bombas desde que tiraron un hotel entero, ¿pero nucleares? ¿En serio?

—Yo me enteré después de que derribaran el hotel Oasis. —Luego de meditarlo por un par de segundos, el zorro hablaría de aquellos a los que Tora exigiría el dinero—. Bogo, los que tendrán que pagar no son simples mamíferos, son un grupo que se hacen llamar La Hermandad de los Lirios de Sangre.

—Supuse que los Lirios de Sangre tendrían algo que ver —indicaría el búfalo para sorpresa del zorro.

—¿Cómo es que sabes de ellos?

—No estamos aquí comiéndonos los mocos, Wilde, algunos nos dedicamos a trabajar en este maldito caso. Ahora la pregunta es, ¿qué tanto sabes tú de ellos? Si son tan importantes, necesito que me digas todo lo que sabes.

—¡Jefe Bogo, tiene que venir a ver las noticias! —La intromisión de Lobato cortaría con el ambiente que se había formado. Su evidente preocupación alertaría a todos los presentes—. Hay un tigre en la televisión que habla en nombre de Arcagma.


. . . . . . . . . .

Si bien la huida del grupo de rebeldes y Herbert había sido un golpe de lo más bajo a su orgullo, eso no lo limitaba al momento de disfrutar ese preciso momento. Habían comenzado algunos cuestionamientos contra él ahora que sus tropas se habían reducido después del decepcionante combate contra los rebeldes, pero pronto tendría millones y millones en su cuenta y eso lo hacía olvidarse de todo. Ya estaba al frente de todos, el plan estaba en marcha y por más inconformismo que hubiera nadie se le iba a oponer. Al cabo de veinticuatro horas, el dinero que prometió que sería para todos se quedaría únicamente en sus arcas, así que ni siquiera debía preocuparse por volver a ver a la cara a todos esos malditos imbéciles.

Se encontraba de camino a la alcaldía para encontrarse con el alcalde Lionheart, el pobre condenado ni siquiera imaginaba lo que se le venía. Usaría al león para enviar un mensaje a la ciudad entera y a la propia Hermandad, un comunicado de emergencia que irrumpiese en todos los canales sería su herramienta. Las diferentes agencias intentarían acabar con él apenas fueran notificadas de su aparición en el establecimiento, lo cual volvería todo más divertido. Quizás se estuviese jugando demasiado el cuello, pero apostaba que nadie se atrevería a enfrentarse a él cuando los amenazara con volar una que otra bomba.

Una vez que llegase a la alcaldía estaría acompañado de cuatro de sus mamíferos de mayor confianza, todos de imponente tamaño: dos osos, un león y un rinoceronte. Armados todos y con chalecos antibalas, a excepción de él que portaba sólo una pistola mientras vestía un traje a medida que tenía listo desde hacía tiempo en su casa. Además de ello, ya no iba con tintura naranja para ocultar su identidad, su fachada ya no era necesaria en lo absoluto y esa cosa le daba mucha comezón.

Lo dejarían frente al establecimiento y caminaría en soledad hasta el interior del mismo. Si entraban todos armados lo más seguro era que Lionheart y todo aquel que se considere importante lograse escapar, debían moverse con prudencia. Él por su parte avanzaría con discreción a lo largo del vestíbulo, sabía cómo llegar a la oficina del alcalde de acuerdo a los planos que tenían del edificio.

Tomaría un pasillo que llegaba hasta el centro del complejo y subiría las escaleras hasta el segundo piso, saludando con uno que otro gesto a los mamíferos que cruzaba. Estando ya en el primer piso su objetivo era dirigirse hacia las oficinas de publicidad estatal, girar hacia la izquierda en dirección a "cuestiones legales" y a medio camino tomar un elevador al segundo piso. Antes de llamar al ascensor, usaría su teléfono para llamar a los suyos y dar rienda suelta al caos en la planta baja.

Algunos de los guardias del león tendrían que bajar y él tendría el terreno más allanado. El resto de guardias que se quedasen con el alcalde intentarían escoltarlo, debían de bajar a la planta baja tan rápido como fuera posible y huir por algún flanco donde no hubiera enemigos. Sus matones debían evitar dirigirse a la salida de emergencia, de modo tal que los guardaespaldas de Lionheart intentasen encaminarse hacia allí, guiados por los encargados de las cámaras de seguridad. ¿Cómo llegarían hasta allí? Usando el ascensor que él mismo estaba tomando en ese preciso momento.

Para cuando las puertas se abrieron de par en par, con su pistola empuñada, sólo tuvo que disparar a los tres mamíferos que acompañaban al alcalde, quienes estaban por llegar al elevador. Los cuerpos caerían casi al mismo tiempo mientras Lionheart intentaba huir, pero un disparo en su pata derecha lo haría tropezar. Todos los civiles que estaban alrededor presenciando corrían despavoridos de un lado a otro, pero nadie se acercaba a ayudar a su presa. Con el león a sus patas, sonreiría con malicia y lo obligaría a pararse mientras se apoyaba contra la pared. Jalaría de su melena con fuerza hasta que lanzase un gemido de dolor, sólo para disfrutar del momento. Acto seguido, lo empujaría para hacerlo caer y patearía sus costillas, necesitaba aterrarlo tanto a él como a todos los que lo veían.

—¡A la sala del canal de emergencias! ¡Ahora! —rugiría a viva voz ante el tembloroso Lionheart, quien limitado por el dolor que le causaba su herida se puso de pie con dificultad.

—Es por aquí, no… No tienes por qué hacerme daño. —Le causó gracia en cierto punto verlo tartamudear y temblar cual gelatina, siempre se mostraba imponente e intentaba sobreponerse a los demás pero ahora no era más que un gatito asustado.

Una vez más, llamaría a los suyos para que se reagruparan con él. Lionheart lo guiaría hacia el elevador y una vez dentro se prepararían para subir al cuarto piso, en todo momento seguiría enviando indicaciones a sus matones para saber por dónde continuar. Antes de que las puertas se abrieran, tomaría al león del cuello y lo usaría de escudo en caso de ser necesario. La pistola ya estaba apoyada sobre su sien y el agarre sobre su cuello lo asfixiaba un poco, no había resistencia alguna de su parte.

Habría solo dos guardias esperando para cuando salió del elevador, algo decepcionante a decir verdad. No haría falta que dijera nada, Lionheart gritaría a los suyos que bajen las armas y los dejaran avanzar. Sólo necesitaría de un segundo para dispararles a ambos, no se arriesgaría a dejar ningún cabo suelto.

Después de avanzar diez metros en línea recta girarían hacia la derecha y se dirigirían hacia el estudio de grabación cuya entrada estaba a la mitad del pasillo. Era algo pequeño a su gusto, pero tenía las herramientas suficientes y con eso alcanzaba. Cuatro reflectores, cámaras en tres ángulos diferentes, varias computadoras, paredes blancas, un escenario con alfombra azul, un sillón rojizo y un escritorio de estilo isabelino de buen tamaño en el centro, hecho de lo que parecía ser caoba, conformaban el lugar donde se daría a conocer al mundo. Había algunos mamíferos dentro, hasta donde pudo ver en un rápido vistazo eran dos lobos y una comadreja, de seguro intentaban esconderse de sus matones. Sintió algo de lástima por los pobres desafortunados, del mismo modo que le causaría gracia su mala suerte.

Al cabo de un minuto sus cuatro aliados estarían con él. Dos custodiarían la entrada al estudio mientras el resto se encargaba de amenazar a los civiles que había allí dentro. De los tres presentes, uno de los lobos era camarógrafo y les sería de ayuda, los otros dos sólo servían de rehenes. Mientras Lionheart se acomodaba detrás del escritorio, el lobo encendería la cámara y daría indicaciones para que los civiles lo ayudaran con la puesta en escena, los matones sólo se encargarían de vigilarlos.

No pasaría demasiado tiempo hasta tener todo preparado, y si bien el león no sabía qué decir el tigre sólo lo mandó al frente de todo. A la cuenta de tres, todas las emisiones televisivas serían cortadas para oír la cadena gubernamental de Zootopia. Lionheart exigió que se le diese algún guion, pero la única indicación que recibiría era presentarse ante la población en general. Los reflectores ya apuntaban hacia él y sin demasiado tiempo para prepararse, el alcalde estaba al aire.

—Buenos días, mis queridos ciudadanos de Zootopia. Seguramente estén al tanto de los incidentes que hay aquí, en la alcaldía, pero deben tranquilizarse. —El león observaría de reojo al tigre mientras éste hablaba por teléfono. Uno de los matones le hizo un gesto para que continúe—. No sé qué es lo que busquen estos mamíferos, pero confío en que pronto podamos llegar a un acuerdo para que ya no haya vidas inocentes en juego. —Tora caminaría hacia él luego de guardar su arma, entrando en escena. Tragó saliva y su corazón se aceleró todavía más con cada paso que daba en su dirección.

—Muchas gracias por transmitir tranquilidad a los ciudadanos, alcalde, a partir de ahora me encargo yo —exclamaría el felino a rayas luego de pararse detrás de él y posar sus patas sobre sus hombros.

—Entonces… ¿Qué hago ahora?

Lionheart ya no oiría respuesta alguna. En un brusco movimiento, Tora lo tomaría del cuello y lo haría girar de forma antinatural. Ante la maniobra que era incompatible con la vida misma, el cuerpo del alcalde quedaría inerte sobre el sillón, apoyado en uno de los laterales. Un leve empujón del tigre lo haría desplomarse después de golpear el escritorio, uno de los matones se acercaría para arrastrar el cadáver y Tora pasaría a sentarse en el lugar que le dejó el ahora exmandatario.

—Exijo que todos los oficiales, sean de la agencia que sean, se alejen del establecimiento. Tengo francotiradores apuntando desde diferentes puntos y no me molestaría en que acabasen con alguien. Del mismo modo, tengo el poder para que varios explosivos detonen si así lo quiero, bombas como las que hicieron que el hotel Oasis se derrumbe como si nada. De pasarme algo a mí o a alguno de mis acompañantes, quiero que el que apriete del gatillo sepa que será culpable de la muerte de miles de inocentes. —Haría una pausa mientras lentamente una soberbia y provocadora sonrisa aparecía en su rostro—. Ahora, lo importante. Estoy aquí en nombre de Arcagma, como ya muchos habrán intuido. Mis exigencias son simples: quiero mucho, mucho dinero. Tres mil millones para ser exacto, o al cabo de veinticuatro horas Zootopia quedará inhabitable por varias décadas y llena de radiación. ¿Radiación? Sí, es lo que dejan las bombas nucleares, bombas nucleares que pienso hacer estallar en cualquier momento. ¿O acaso creían que sólo eran unos pequeños fuegos artificiales como los del Oasis? No, señor, aquí no andamos con juegos de niños.

Un potente estallido haría que el suelo tiemble, pero Tora permanecería inmutable, su sonrisa desapareció para dejar a la vista un temple serio a más no poder. Dos de los civiles comenzaron a gritar pero pronto se los obligaría a quedarse tranquilos. Los segundos pasaban y mientras Tora estaba en silencio, las llamas ardían a pocas cuadras del lugar. En un principio no pensaba cobrarse tantas víctimas, pero necesitaba hacer una buena demostración de poder y un ligero cambio de planes no estaba tan mal.

—La bomba que acaba de estallar es sólo un pequeño aviso, quizás no hacía falta pero bueno, no negaré que disfruto de esto. Ahora mismo esta ciudad mugrosa y todos ustedes, imbéciles, me pertenecen. Tengo a mis soldados vigilando cada entrada y salida de la ciudad, también espían a varios de los ricachones y pesos pesados de Zootopia para que nadie se vaya antes del gran espectáculo. Big, Vitale, el resto de la familia Lionheart, los Stewart, todos los que quieran colaborar a la causa están invitados. Si son de cierto grupo relacionado a una flor rojiza, me pondré más feliz y habrá menos posibilidades de que el cielo se vuelva a iluminar. Dejaré indicaciones a las diferentes agencias de seguridad para que sepan quiénes quiero que me donen sus billetes y en qué cuentas hacerlo. También agradecería su ayuda para vigilar las entradas y salidas de la ciudad, no queremos que pasen cosas malas. ¿Verdad? Ahora, sin nada más que decir, paso a despedirme. Espero que tengan un bonito día y disfruten de la jornada.


. . . . . . . . . .

Tenía que pensar en algo gracioso para romper el hielo, algo que sirviese para alivianar el momento. ¿O sería mejor quedarse en silencio y dejarse llevar? Grace entraría en cualquier momento junto a Scott y no sabía cómo actuar, nunca se puso a pensar en ello mientras estuvo en la mina. Esperaba que estuviesen completamente a solas y no hubiese nadie más que ellos para disfrutar del tan ansiado reencuentro. Le hubiese gustado estar también con Nick, aunque entendía su postura de ir a la ZPD para aclarar las cosas y buscar protección.

Lo habían dejado a solas en una cama que a decir verdad no estaba tan mal, pero el tener que usar solo una bata era algo incómodo. No sabía cuánto tiempo más lo tendrían ahí, ya le habían hecho estudios de sangre y le sacaron algunas radiografías para ver unas costillas fracturadas que tenía desde hacía unos días. Los resultados de los análisis no arrojaron nada que no imaginase, estaba algo anémico y sus defensas muy bajas, producto de la pésima calidad de vida que tuvo que soportar todo ese tiempo. No era una sorpresa que se hubiese desmayado cuando lograron escapar de forma definitiva, con la adrenalina bajando y al cesar el stress que lo estuvo sofocando todo ese tiempo.

Levantaría las orejas y pronto su cola comenzaría a moverse como si tuviera vida propia, era imposible no reconocer sus voces. Pocas veces había sentido esa calidez en su pecho, reconfortante como nada más. El sí de Grace cuando le pidió matrimonio, la llegada de Scott, cuando su padre le dijo lo orgulloso que estaba cuando acabó la universidad, la noticia de Nick salvando Zootopia de los Aulladores y entrando a la ZPD eran los principales ejemplos que se le venían a la mente. Era el nuevo amanecer después de una espesa y duradera tormenta, volver a nacer de un minuto a otro, respirar aire puro habiendo acabado el incendio. Si bien las cosas aún no terminaban, cuanto menos podría abrazar a la zorra gruñona que atravesaba el marco de la puerta, junto a ese chiquillo insolente que intentaba hacerse el fuerte y no llorar frente a él.

En su intento por decir algo comenzó a sentir un nudo en la garganta, su voz desapareció de un momento a otro. Lo único que quedaba a su alcance era levantar ambas patas para recibir un abrazo de ambos. ¿Cuánto tiempo estuvieron fundidos en el mismo? Quién sabe, el tiempo había dejado de existir, al igual que todo lo que los rodeaba. Sólo estaban ellos tres, juntos al fin, sin amenazas de felinos calvos, bombas nucleares o matones armados de los cuáles preocuparse.

Grace sería la primera en separarse de él, Scott seguiría sus pasos al cabo de unos pocos segundos. Acariciaría al cachorro entre sus orejas mientras cruzaba miradas con la vulpina, en cuanto Scott bajase un poco la mirada Grace se acercaría a sus labios para posar los suyos. Fue algo fugaz que pronto se repetiría, y una vez más, y otra. Contrario a lo que solía pasar, Scott sólo se quedó en silencio y no bromeó ante la muestra de afecto de sus padres.

—¿Cómo te sientes? —La vulpina acariciaría su frente mientras le daba un rápido vistazo—. Adelgazaste mucho, Drew.

—No hay mal que por bien no venga —susurraría el cachorro por lo bajo, alejándose lo suficiente para no ser atrapado por su padre—. ¿Cuándo podrás volver a casa?

—No lo sé, pero creo que hoy mismo podría, me siento bastante bien. —Grace lo observaría a los ojos y luego tocaría su nariz para sentir su temperatura—. No tengo fiebre, tranquila, fue la emoción del momento nada más.

—Estoy más que tranquila, Drew, es la primera vez en mucho tiempo que lo estoy. —La vulpina tomaría aire y lo dejaría ir lentamente—. Fue muy difícil para todos, pero que ahora volvamos a estar juntos… —La voz de Grace se iría quebrando de a poco, más allá de que su sonrisa estuviese intacta—. Ya no sabía qué hacer para seguir adelante, me metí en tantos líos como no te puedes imaginar. —Scott se acercaría para tomarla de su pata derecha, se aferraría a ella con fuerzas—. Por momentos me sentía tan rota, despertar todos los días y ver que la cama estaba vacía me dejaba un dolor en el pecho que no desaparecía con nada. La frustración me dominaba, me sentía débil y miserable, nada de lo que hacía parecía ser suficiente.

—¿Débil? ¿Tú? ¿Lo dices en serio? —La zorra dejaría escapar una risilla nerviosa ante las palabras de su esposo—. Te quedaste cuidando sola a Scott, te adentraste en lugares donde cualquier otro habría retrocedido, estoy más que seguro que de no ser por todo lo que me dijeron que has hecho no estaríamos los tres aquí reunidos. —Apoyaría sus patas en el colchón para erguirse y acomodarse mejor, estando casi a su misma altura la tomaría del mentón por unos segundos mientras que con su pata libre acariciaba su muslo—. Siempre he estado orgulloso de ti y de todo lo que haces por mí, esta vez no es la excepción. Mi felicidad ahora mismo va en aumento con cada segundo que pasa, y eso es gracias a tu valentía y coraje. —El zorro desviaría su mirada hacia el cachorro—. Y tú no te quedas atrás, estoy muy orgulloso de ti también Scott. Has sido más que fuerte y cuidaste de tu madre mientras yo no estaba en casa, fuiste el auténtico macho de la casa.

—Ya era hora de que hubiese alguno, papá —respondería el chiquillo, desafiante y bromista como siempre lo fue.

—¡Scott! —El pequeño vulpino bajaría las orejas ante el reto de su madre y retrocedería un paso, las risas de Drew no tardarían en llegar.

—Está bien, Grace, es su modo de decirme que me extrañó… O al menos eso creo. —Después de un breve silencio, el zorro continuaría—. Te has de haber aburrido bastante sin nadie a quien molestar, pero tendrás que seguir aburriéndote. Me estuve codeando con varios criminales y ya no me dejaré pasar por nadie, menos por un mocoso insolente.

—Con lo flaco que estás no será difícil derribarte, hasta la vieja de la casa de al lado podría hacerlo —replicaría Scott, cruzado de patas.

—Ya verás como te va después de que me den un poco de vitamina O. —El cachorro quedaría desconcertado ante la afirmación de su padre—. Ya sabes, O de olla. Unas buenas pastas de tu madre me vendrían más que bien.

—Lo que les vendría bien es un par de zapes a los dos. —Ambos sonreirían ante el comentario de Grace, quien rara vez se unía a sus bromas—. Se zafan por esta vez sólo porque extrañaba mucho estas cosas.

—Ya escuchaste, enano, compórtate o el verdadero macho de la casa nos pegará —exclamaría Drew mientras se cubría el rostro ante un golpe que jamás llegaría.

—Es increíble que después de todo lo que pasamos sigas siendo igual. —Las palabras de Grace vendrían acompañada de una sonrisa sencilla. El zorro intentaría decir algo en respuesta, pero su belleza lo tenía hipnotizado. Hasta hacía unas horas habría matado por haberla visto sonreír otra vez, y ahí la tenía al fin frente a él.


. . . . . . . . . .

Lo primero que oiría al despertar fue un pitido monótono y bastante molesto, seguido al mismo la voz de alguien que no podía no estar a su lado en un momento así. Además del malestar general, un pinchazo en su pata izquierda, un poco de dolor de espalda y una mascarilla que abarcaba prácticamente todo su hocico, sentía la presencia de alguien cerca de ella. Mientras analizaba su situación, escuchó la voz de Jack aunque no logró entender lo que decía, apenas unas palabras sueltas. "Bien, doctor, Drew, familia, mina, Sánchez", había exclamado, si es que nada se le escapaba; intentaría buscarle cierto sentido a lo que había interpretado mientras buscaba afinar el oído para entender a Jack, pero cierto dolor de cabeza la obligó a desistir.

Abrió los ojos muy de a poco, con cierto recelo. La habitación estaba casi del todo a oscuras y su vista no sería dañada, por lo cual pestañaría varias veces para aclarar la mirada mientras intentaba enfocar la vista en el conejo que no paraba de hablarle. Pronto su compañero se quedaría en silencio y acariciaría su frente. La llamó un par de veces por su nombre y ella asentiría en respuesta, dando a entender que estaba consciente y lo escuchaba, en parte.

Si bien recordaba las heridas que la llevaron a estar en ese lugar, se sentía algo confundida y somnolienta. Intentó respirar profundo, pero evitaría volver a hacerlo cuando sintió una molesta bocanada de aire que llegó de pronto de forma automática por el respirador. Ya había estado un par de veces en situaciones así, pero nunca se acostumbraba a los sensores de inhalación y siempre le sucedía lo mismo. Rio por lo bajo al pensar en ello y tomaría la pata de Jack para quitarla de su frente e intentar sentarse. Una puntada en su abdomen le daría a entender que mejor debía quedarse quieta.

Estando un poco más lúcida observaría la habitación en busca de un reloj para saber cuánto tiempo estuvo dormida. Nueve horas habían pasado desde que huyeron de la mina, necesitaba ponerse al tanto de todo lo que pasó hasta entonces. Al intentar hablar, la mascarilla que pertenecía al soporte ventilatorio le sería de lo más molesta, por lo que se la quitaría en un rápido movimiento antes de que Jack pudiera evitarlo. Pudo ver al conejo un poco molesto, además de ello oiría su reprimenda por haberse quitado la mascarilla. Ahora le entendía mucho mejor cuando hablaba.

—Tranquilo, puedo respirar bien sin esta cosa, además no me deja hablar cómoda. —Al cabo de unos segundos se acostumbró a respirar por sí misma y no sentía dificultad alguna, por lo que continuó—. ¿Entré en shock o algún cuadro complejo?

—El médico me dijo que no, pero no estuviste lejos. De no ser por la intervención de Sánchez habrías muerto en la mina. —Skye sólo asentiría mientras traía a su memoria a la desdichada nutria, cuya vida se desvaneció de la forma más imprevista. No tenía relación alguna con ella, pero no pudo evitar sentirse mal al recordar cómo arriesgó su vida por ellos—. Te están haciendo unos estudios pero pareces estar fuera de riesgo. De todos modos te seguirán transfundiendo sangre, perdiste mucha. Tendrás que quedarte aquí un par de días.

—Tora no me dará un par de días de tregua —exclamaría con un tono de algo apagado.

—Te esposaré a esa cama si hace falta, ya hiciste suficiente, Skye. Tienes que descansar, nosotros nos encargaremos de esto —respondería el conejo con firmeza.

—Tú sabes muy bien que el esposarme en una cama no sirve de nada, no importa si son esposas reales o de peluche como las que te gustaban. —El temple serio de Jack no se desvanecería ante su broma—. Al menos déjame hablar con Bogo, tengo que decirle todo lo que sé.

—Ya hablé con él hace unos minutos, nos convocó a todos los que participan en el caso para estar en su oficina en un rato. —Al cabo de un par de segundos en silencio, Jack se subiría a la cama de la vulpina para sentarse cerca de sus piernas—. Hasta entonces, tú y yo tenemos mucho de qué hablar

—Antes de eso… ¿Qué me dijiste cuando desperté de Drew, su familia y la mina?

—Que ya se fueron a casa, serán custodiados por la ZPD. Lo de Drew no es nada importante, el desmayo no fue la gran cosa. Goldschmidt se llevó consigo a Theresa y Fowler se fue también.

—Entonces todos estamos bien. —Un gran alivio se haría presente en ella—. ¿Qué fue de Nick?

—Bogo lo está protegiendo y lo dejó en una sala de interrogatorios, me dijeron que Lobato está con él. No sé cómo continúe su caso desde lo legal pero al menos no está en una celda como Crncevic.

—Quizás si detenemos a Tora pueda zafarse de algún modo ¿Judy ya habló con él?

—No, Bogo la quiere fuera de la ZPD para que no se acerque a Nick de momento. Igual, iremos ahora con ella, está aquí afuera esperándome.

—¿Y de Tora sabes algo?

—No hablemos de Tora, sólo céntrate en descansar.

—Pero, Jack, necesito estar al tanto de la situación. —El conejo bufaría molesto y le respondería.

—Ya salió en los medios amenazando a todos de usar los explosivos si no le dan dinero, nada que no imagináramos. Al menos eso me explicó Bogo por llamada. —Se ahorraría la información sobre la muerte de Lionheart y el explosivo detonado por el tigre, si se enteraba de ello sería imposible mantenerla quieta.

—Bien… Ya no tengo preguntas, así que te toca a ti.

—Arcagma, los Lirios de Sangre, quiero saberlo todo.

—¿Desde cuándo sabes de los Lirios?

—Su nombre surgió en el caso, luego lo mencionó Tora en su emboscada y terminé por preguntarle a Nick, me dijo que debía hablarlo contigo.

—Te daré la versión resumida entonces, luego volveremos a hablar de esto si quieres. —Jack asentiría mientras ella analizaba por dónde comenzar—. La Hermandad de los Lirios de Sangre es una agrupación que maneja Zootopia desde las sombras, casi desde su fundación. Siguen los principios del fundador Gormsson, o al menos así era al comienzo. Cuando comenzó la corrupción de Morgan, varios mamíferos con poder se unieron para derrocarlo y, al ver que su éxito fue de lo más rotundo, decidieron crear la Hermandad.

—Grace ya me habló de su historia mientras tú dormías, sólo quiero saber cómo terminaste con ellos. —Recordó que la vulpina estaba al tanto de los principales hechos históricos gracias a la ayuda de Goldschmidt, sin decir nada más sobre el tema Skye continuó.

—La Hermandad tiene varios agentes de campo, apenas salí de la academia me buscaron para unirme a ellos. Era joven y ambiciosa, me ayudaron a escalar posiciones rápidamente en la ZIA y me di cuenta de que podría llegar mucho más lejos si me mantenía cerca de ellos. No me pagaron nunca por mi trabajo, el dinero no es lo que hace que te muevas dentro de la Hermandad, sólo el poder.

—¿Poder? ¿Para qué querrías poder teniendo todo lo que tenías en la agencia?

—Controlan los medios, los rumores de los barrios bajos, la política, la bolsa, el crimen, las agencias. Tener una buena posición en la Hermandad implica tener control sobre todo lo que te rodea y lo único que tienes que hacer son trabajos aislados cada tanto. Buscar información, amenazar a alguien, silenciar a quien haga falta, favores que mamíferos de diferentes posiciones te piden en definitiva. No existe ley, no existe moral, actúas a tu antojo y tienes grandes beneficios por ello.

—Estoy que te desconozco, Skye. Tú no matarías a alguien sólo por un beneficio, o al menos eso quiero creer. —El silencio de la zorra de las nieves sólo la condenaría más—. Ya no sé qué pensar a estas alturas, supongo que nunca terminé de conocerte, tal vez nunca lo hice.

—Al principio te dan tareas sencillas, no dañas a nadie. Una movida en la bolsa, robar información de la competencia, decirle a alguien que no haga algo… Aunque no está bien, nadie era realmente lastimado por esto. Pero después…

—Pero después necesitabas más y avanzabas a oscuras por un camino sin retorno, donde lo único que hiciste fue perderte a ti misma en tanto hacías cosas cada vez peores. —Jack bajaría de la cama y se pondría de pie frente a ella—. ¿Alguna vez mataste a alguien para obtener algún beneficio?

—Nunca maté a nadie que fuera inocente. —Savage se taparía ambos ojos con sus patas por un momento mientras respiraba con lentitud.

—Entonces sí lo hiciste.

—¿Tú no habrías matado a un líder mafioso de tener oportunidad? ¿Qué tiene de malo borrar parte de la escoria de la ciudad?

—Que te conviertes en escoria también. Somos de la ZIA, cazamos criminales desde las sombras más de una vez, pero había una autoridad ética que nos autorizaba para ello. Tú lo haces para tener un beneficio propio y sin saber qué se pueda desencadenar como consecuencia. —Tomaría una bocanada de aire antes de seguir—. Sí, matas a un mafioso, ¿y después? Ellos sospecharán de otra mafia, se comenzarán a matar entre sí y pones en riesgo a los civiles en una posible batalla en medio de las calles. ¿Qué más hacen? ¿Matan empresarios para facilitar las cosas a la competencia? Supongo que no se harán cargo de los cachorros que se quedan sin sus padres, de las familias que se rompen por su culpa. Además… Dudo mucho, muchísimo, que sólo hayas matado a un líder mafioso. Hay sangre en tus patas, Skye, demasiada, y tienes que hacerte cargo.

—Y eso haré, una vez que acabemos con Tora y los mamíferos de Arcagma ya no volveré a la Hermandad.

—Es que no alcanza con no volver, ¿no lo entiendes? La Hermandad no debe existir, no me importa si comenzó siendo un grupo con buenas intenciones, claramente dejó de serlo. Hay que exponerlos de algún modo y tú tienes que ayudarme con eso, vamos a acabarlos.

—Eso es por lo que estaba luchando Arcagma, aunque con otros métodos…

—Sí, sé que eran enemigos. —Con el mencionado traído a la conversación, Jack decidió continuar la conversación con otra de sus dudas—. ¿Tú estabas con Arcagma para luchar contra la Hermandad también?

—No, nunca me acerqué a Arcagma por tener afinidad con sus ideas. Él me quiso reclutar y yo vi una oportunidad.

—No lo entiendo, ¿trabajabas para él aunque en realidad apoyabas a los Lirios?

—Todo comenzó con el motín. De algún modo, Arcagma tuvo acceso al programa de seguridad que instalaríamos y lo usó en nuestra contra para liberar a varios prisioneros. La Hermandad decidió que debían rodar cabezas por el fallo y yo era la principal apuntada, lo lógico.

» Fui despedida tanto de la ZIA como de la Hermandad, sólo esperaba a que se definiese si había algún otro fallo en mi contra. Por ese entonces, Arcagma se me acercó y me ofreció vengarme contra la Hermandad, además me ayudó a reincorporarme en la ZIA amenazando a Lionheart con revelar información de algunos negocios ilegales de su campaña electoral. Pronto mi contacto de la Hermandad le haría saber todo a Lionheart y éste nos ayudaría también. Jugaba a dos bandos, y ambos bandos estaban al tanto de que jugaba para los dos lados.

» Arcagma nunca confió demasiado en mí, pero sabía que yo haría lo necesario para ganarme su confianza y con eso le alcanzaba. —Skye dejó de hablar por un momento para ver si Jack se percataba de un detalle importante dentro su relato, pero como el conejo no acotó nada continuó—. El programa de seguridad fue desarrollado por la Hermandad, sólo tenían acceso a él los concejales secuestrados y la propia ZIA, que se asoció a ellos. Del mismo modo, nadie podría saber que me expulsaron de la Hermandad, pero Arcagma estaba al tanto.

—Tiene un espía dentro... O quizás él estuvo en los Lirios todo este tiempo. —Un recuerdo se pasaría por la mente de Jack—. Espera, ¿Hamilton era parte de la Hermandad?

—Todos los concejales secuestrados tenían un rango muy bajo dentro de la Hermandad, sólo Raines estaba bien ubicado. De hecho, es de los siete miembros principales, es el eslabón más fuerte de la Hermandad que fue atacado por Arcagma. —El conejo se limitaría a asentir un par de veces con su duda resuelta, quería que Skye continuara—. Desde hace varios años, muchos miembros de la Hermandad han muerto de formas muy particulares, es como si los estuviesen cazando. Era un rumor del cuál todos hablaban, y yo estaba frente al cazador, podría acabarlo tanto a él como a aquellos que estaban filtrando información. Acepté su propuesta e inmediatamente hablé con uno de mis superiores del tema, sólo él y yo sabíamos que estaba en contacto con Arcagma.— Si bien Skye quería ser tan sincera como fuese posible, evitaría mencionar que se trataba de Blackwell, jefe de ambos en la ZIA. De saber de su participación, Jack perdería los estribos y nada bueno saldría de eso—. Él me hizo entrar de nuevo en la Hermandad, en tanto yo tenía que decirle todo lo que aprendía de Arcagma. Así, tuve la posibilidad de entrar de nuevo mientras él, de tener éxito, podría escalar posiciones hasta convertirse en el próximo líder.

—Por un momento tuve fe en que llevabas tiempo pensando en alejarte de los Lirios, pero sí que eres increíble. ¡Fue todo lo contrario! —Savage hablaba desde la decepción y el enojo, y no ocultaba nada de ello—. Podrías haberte dejado llevar por Arcagma y luego intentar alejarte al ver cómo era en realidad, pero no, una vez más me equivoqué respecto a ti.

—Mira, Jack, te dejaré todo esto en claro. Yo me uní a la Hermandad porque nuestra carrera en la ZIA se comenzó a truncar cuando descubrieron que éramos pareja. Planeaban que sólo uno de los dos continuara al cabo de unas semanas, el de mayor rendimiento, y ese eras tú. Si me unía a la Hermandad ambos estaríamos dentro, ¿y sabes qué? No sólo nos quedamos dentro, sino que me hicieron ascender, y conmigo tú también te fuiste para arriba. Quizás el tiempo demostró que en serio éramos buenos, pero no habríamos llegado a nada de no ser por mi decisión. ¿Qué tanto crees que podrías haber llegado en la agencia siendo sólo un conejo sin mi ayuda?

—No me importa, llegaría hasta donde tenía que llegar y daría lo mejor de mí —indicaría Savage intentando mantenerse estoico, aunque por dentro estaba más que golpeado. Fue una auténtica puñalada hacia su orgullo.

—Yo entré a la Hermandad después de robar información para ellos, sólo hacía trabajos sencillos y no tenía un rango importante, pero gracias a eso pude seguir en la ZIA. ¿Cuándo comencé a adentrarme más? Cuando me di cuenta que ya no me podía desligar de ellos, nadie sale con vida de la Hermandad. Entonces, si ya no podía salirme, ¿por qué no obtener mejores beneficios?

—Porque no está bien obtenerlos de ese modo.

Jack le daría la espalda mientras esperaba una respuesta que tardaba en llegar. Llevaba mucho tiempo en un limbo del cual ya no creía poder escapar. Un sinfín de hechos hizo que se percatara de su erróneo proceder, pero por más que se esforzara por mejorar las cosas nada parecía ser suficiente. Langley la odiaba, todos en la Hermandad le darían la espalda, en la agencia la odiarían y con justificación, a sus aliados no les importaba en lo más mínimo y, ahora, el último clavo de su ataúd: Jack ya no confiaba en ella.

—Lo sé, estas semanas comencé a ver todos mis errores con más claridad y me arrepiento mucho por todo lo que hice. Planeo cambiar las cosas para redimirme, pero… Tú eres uno de los mamíferos más importantes para mí, no quería que te enteraras de todo esto hasta que pudiese solucionarlo, lo último que necesitaba es que me vieras como lo haces ahora.

—Siempre creí que estaría dispuesto a hacerlo todo por ti, pero con todo esto apenas y te reconozco. Ni siquiera confiaste en mí en tantos años como para decirme algo o pedirme ayuda. No sé si seas la hembra a la que juré que acompañaría hasta el fin del mundo, no sé quién eres.

—Sigo siendo esa joven de la cual te enamoraste alguna vez, alguien que se dispone a darlo todo para hacer lo correcto de una vez por todas.

—Espero que tengas alguna oportunidad para demostrarlo, pero dudo estar presente. Ya me cansé de todo esto.

Sin devolverle la mirada en ningún momento, Jack caminó hacia la puerta y la cerró sin siquiera despedirse. No quería dejarla ver las lágrimas que corrían a través de sus franjas, ya no le daría el derecho de verlo tan vulnerable. Algo se había roto dentro de ambos, pero a diferencia de Savage, Skye no se sentía del todo mal por ello. Al menos él se alejaría de una vez por todas de alguien que sólo le traía problemas.

Ahora que ya no tenía nada por lo cuál luchar, la vulpina comenzaría a preguntarse qué sentido tenía avanzar. ¿Lograr el perdón de Jack? Lo último que necesitaba era volver a arrastrarlo con ella. ¿Volver a la Hermandad? Esos idiotas podían morirse del primero al último y no le importaría en lo más mínimo, ya no había nada de parte de ellos que significase algo. Quizás pudiera ayudar a Nick para enmendar el daño que le hizo tanto a él como Judy, pero acercarse a la coneja no sería para nada fácil.

La puerta se volvería a abrir y el último animal que quería ver sobre la faz de la tierra se hizo presente. Blackwell, serio como nunca antes lo había visto, saludaría por medio de un gesto y avanzaría hacia ella a paso lento. Su presencia tenía un fin de lo más obvio, terminar de atar cabos para que la Hermandad no se viera perjudicada ni por el más mínimo detalle.

—¿Qué pasó con Savage? Nunca antes lo vi llorar.

—Sólo haz lo que vienes a hacer y terminemos con esto, Diego.

—La Hermandad aún no define qué hacer contigo, estoy aquí por mi propia cuenta.

—Lo cual no me sorprende en lo más mínimo… —El zorro de mármol sonrió al escucharla hablar con tanta ironía. Sin importar por todo lo que había pasado, Skye seguía siendo la misma.

—Tengo algo en mi bolsillo que te sumergirá en un sueño muy profundo, espero que lo veas como un favor—exclamaría tomando con sus patas una jeringa con un contenido transparente—. Considéralo un regalo después de tanto tiempo trabajando juntos, entre otras cosas.

—Si hay algo de lo que en serio me arrepiento en esta vida, es haber compartido tantas cosas contigo. Eres un ser ruin y nefasto, de lo peor que podría haber conocido jamás.

—Sí, sí, me lo dices a menudo. —Blackwell se acercaría a la vulpina para posar la aguja en su cuello.

—Supongo que es mejor que terminar en el hielo de parte de Big, así que gracias.

Blackwell se quedó parado a su lado sin decir nada mientras la observaba con una ligera sonrisa. Su visión se desvanecería pocos segundos después de sentir un pinchazo y un frío de lo más desolador la tomaría de forma inesperada. Dejó caer los párpados y abrió los labios para emitir un último respiro, no sintió dolor alguno contrario a lo que esperaba.

Su infancia fue buena pero las cosas no tardarían en venirse abajo, su etapa en la academia contó con varios de los momentos más felices de su vida, había visto lugares increíbles y la peor cara de los mamíferos gracias a su trabajo, tuvo aventuras y desventuras a más no poder, emociones no le habían faltado a su vida pero al fin y al cabo se podría decir que lo había disfrutado. No dejaría de arrepentirse de muchas cosas sin embargo, de ninguna tanto como la amarga despedida que tuvo con aquel que supo acompañarla fielmente durante todo momento. Sus últimos deseos así como un par de lágrimas irían dirigidos a él; más le valía derrotar a Tora y sus lacayos.


. . . . . . . . . .

Varios oficiales se quedaron en el hospital para proteger a quienes lograron salir de la mina, también los escoltarían hasta sus respectivos hogares y los cuidarían allí hasta que Bogo diera nuevas órdenes. No paraban de llegar reportes desde el centro de la ciudad por un nuevo atentado producido por las fuerzas de Arcagma, cuyo nuevo líder, Gabriel Whitewind también conocido como Tora, acabó con la vida del alcalde en televisión a la vista de todos.

La sangre se le helaba de sólo pensar en ello, la falta de empatía y el cinismo de Whitewind eran de temer. Jack le confirmó que el verdadero Arcagma había muerto, pero eso estaba lejos de ser un alivio ahora que el tigre tomó las riendas. Nunca había logrado entender del todo a Arcagma, pero Whitewind daba la impresión de ser un enemigo más peligroso por su imprudencia al actuar. Acabó con montones de vidas en apenas unos pocos segundos para hacer una demostración de poder, algo que Arcagma hasta ahora no había hecho. Crncévic acabó con la vida de su madre, atacaron a la ZIA y la ZPD, secuestraron y asesinaron a varios empresarios y políticos y derrumbaron un hotel, pero ni con todo eso lograban equiparar las vidas que se llevó el tigre.

Si debía adivinar, apostaría a que Bogo los había llamado para ver cómo atacar a Whitewind y evitar que todo se fuera al demonio. No imaginaba ahora mismo una estrategia para acabarlo, pero cualquier cosa valía más que la mera espera. Tendrían que aliarse todas las agencias para organizar contramedidas, tomar toda la información que tenían en el caso y con el testimonio de los que atacaron el escondite de Arcagma, alistar a todos los oficiales y agentes disponibles y comenzar a rezar. Se acercaba una noche de las más oscuras que Zootopia podría presenciar, tal vez incluso fuese la última, había llegado de una vez por todas la hora de la verdad.

El viaje hasta la oficina central de la ZPD se interrumpiría a medio camino, Nancy decidió parar por gasolina. A lo largo de todo el trayecto la conversación esquivó los hechos que acontecían, la jabalí intentó hablar de trivialidades para que los tres despejaran un poco la mente pero no tuvo éxito. Jack se mantuvo en silencio la mayor parte del viaje y no parecía estar de ánimos como para conversar, mientras que ella no podía dejar de pensar en todo lo que se venía. Ahora que Nancy se había bajado del auto para cargar combustible y luego comprar algo de comer, aprovecharía para hablar con el conejo, a quien nunca había visto tan desanimado.

—¿Pasó algo mientras estabas con Skye, Jack? —Las orejas del lagomorfo amagaron a levantarse, pero se mantendrían bajas mientras él miraba por la ventana—. Te veías contento cuando entraste, pero ahora…

—Sólo estoy cansado, tanto física como mentalmente, no es que haya sido el mejor de los días.

—Claro, entiendo —respondería apartando la mirada pero no conforme, insistiría un poco más—. ¿Crees que se ponga bien?

—De seguro lo hará, ha salido de peores. —Savage seguía en la misma línea, con un tono de voz algo apagado para quien antes hubiese sonado más entusiasta al hablar de su compañera.

—Como te has de imaginar, todo esto fue muy difícil para mí. Ver que Nick trabajó para el otro bando fue un golpe muy bajo, aparte de… otros factores —exclamaría Judy haciendo referencia al presunto amorío de Skye junto al mencionado vulpino—. Ahora él está en una sala de interrogatorios, Skye en el hospital y tú y yo aquí, esperándolos, sin saber a ciencia cierta qué nos dirán mañana, qué será de nosotros cuando todo esto termine.

—¿A dónde quieres llegar, Judy? —preguntaría Savage volteándose un poco para observarla mejor.

—No sé qué pasó contigo cuando entraste a ver a Skye, pero algo te golpeó muy fuerte. A mí me costó mucho asimilar todo lo que pasó lo más rápido posible para intentar perdonar a Nick, así que creo poder entender cómo te sientes.

—No, no puedes entenderme, así que no lo intentes —respondería Jack de forma tajante, algo molesto ante la insistencia de la coneja—. Nick hizo todo lo que hizo para protegerte a ti y a su familia. Se equivocó en muchas cosas, pero él sí persiguió un objetivo noble, todo el tiempo.

—Se supone que fueron junto a Skye a rescatar civiles, Jack, a ver cómo acabar con Arcagma. Tal vez no fue como Nick en su comienzo, pero terminaron persiguiendo una buena causa.

—Hablas de cosas que ni sabes. —Jack tomaría una bocanada de aire y aguantaría la respiración por un par de segundos, la insistencia de Judy era por demás de molesta—. Ni siquiera sé por qué hablamos de esto, a ti no te cae bien Skye.

—Pues sí, hay cosas que no sé cómo son, la verdad. —Savage volvería a ver a través de la ventana ahora que la coneja parecía ceder—. Pero hay otras de las que sí. Sé por ejemplo que tú y Skye se quieren mucho mutuamente, que han vivido muchas cosas y que pese a los golpes que les dio la vida siempre se esforzaron por estar el uno a la par del otro. Cuando estaba enojada con Nick, cuando todo salió a la luz, una de las cosas que me ayudó a avanzar fue ver cómo defendías a Skye y creías en ella de forma ciega.

—Quizás me equivoqué al creer en ella.

—Quizás no. Quizás sólo quieras estar equivocado para tener alguna razón que te permita estar lejos de ella.

—Skye me dijo que tú ya sabes del amorío que tuvimos, así que si sólo te basas en eso te pido que te detengas. La devoción que sentía por ella sólo me arrastró de un problema a otro, tras otro y tras otro. Lo que pasó ahora con Arcagma fue la gota que rebalsó el vaso, y no porque ella cometiese algún error, sino porque era consciente de que se estaba equivocando y siguió adelante. Lastimó a muchos mamíferos sólo por su ambición, y eso los incluye a Nick y a ti, así que deja de defenderla y preocuparte por ella.

—Eres tú por quién me preocupo. He estado en tu lugar, y sé que sientes que es tu culpa por no verlo venir. Tienes que dejar caer ese peso que llevas, nadie es tan fuerte como para cargar sus propios errores y los de los mamíferos que quiere, te derrumbarás. Si Skye hizo cosas malas ella misma se tendrá que hacer cargo, y el que hayas confiado en ella no te hace partícipe de sus errores.

—Esta noche tendremos la que será de seguro la batalla más importante de nuestras vidas y no puedo dejar de sentirme como un cachorro desprotegido, como si no pudiera estar a la altura. He trabajado sin Skye muchas veces, pero el haber perdido la confianza en ella hizo que perdiera la confianza en mí.

—Cuando hablaba con ella nunca supe descifrarla del todo bien, se podría decir que no la conozco, pero contigo es diferente. Pareces tener un buen juicio, si trabajaron siempre juntos por algo es. Tal vez no sea tan tarde para ella, puede que aún quede esa bondad que tú conociste más que nadie.

—Ojalá y así sea, pero no estoy listo para perdonarla, todavía tengo que pensar en muchas cosas.

Sin que nadie la viese llegar, Nancy abriría la puerta para sentarse en el asiento del conductor. El ambiente entre ambos se cortaría al instante dejando sólo tensión, apartarían miradas y se quedarían en silencio ante la curiosa mirada de la jabalí. Ésta ofrecería unas papas sabor cebolla que acababa de comprar, pero ambos negarían la oferta amablemente. La conductora no sería ajena a la extraña conducta de ambos, pero evitaría preguntar y encendería el auto para encaminarse a la ZPD.

El trayecto sería similar a su primera mitad, Nancy intentaba sacar charla para formar un ambiente más distendido y esta vez había mayor cooperación de Judy. Jack por su parte permaneció callado, aunque se lo veía más pensativo que desanimado. Bien sabía la coneja que lo presionó demás, pero necesitaba que su compañero estuviese mejor de ímpetu con algo tan importante por llegar.


. . . . . . . . . .

El sol había comenzado a esconderse hacía rato, pero el trabajo lejos estaba de terminar dentro de la ZPD. Eran muchos los mamíferos que estaban allí pese a que no fuese su horario de trabajo, así como civiles que se acercaban con comida y regalos para los oficiales que llevaban todo el día trabajando allí. El escenario hablaba muy bien de los ciudadanos en Zootopia, el caos traído por Arcagma y Whitewind lejos estuvo de resquebrajar a la población.

Apenas llegó junto a Judy y Nancy, gran cantidad de mamíferos se acercaron con ellos para hablar con la oficial Hopps. Si medio mundo se había acercado a ayudar a oficiales que apenas conocían en sus casas, ¿cómo no intentar ayudar a una de las grandes heroínas de la ciudad? Le causó cierta gracia ver cómo los apartaron a él y a Nancy para rodear a la ruborizada coneja, quien lejos estuvo de esperar la situación. Se la veía un tanto sofocada, pero sentir el calor de tantos desconocidos como en los viejos tiempos le haría bien.

Clarke aparecería a las espaldas de Savage, quien notaría cierta molestia en su rostro en cuanto voltease a verlo. Si tuviese que adivinar, apostaba que el lobo seguía molesto con él por haber ayudado a Skye y Nick a convencerlo de formar parte del ataque a Arcagma, aparentemente haber salvado a Fowler no fue suficiente compensación por haber ocultado la presencia de Langley. Sin detenerse más que unos pocos segundos, el lobo seguiría su camino mientras él, algo molesto por la actitud de su compañero se quedaba esperando a Judy.

En tanto seguía con la vista a Clarke a la lejanía, Judy se acercó a él y a Nancy para terminar de una vez con toda esa muestra de cariño. Su pelo estaba alborotado y se la veía agitada, la situación no pudo ser más sorpresiva. Sin tiempo que perder, se dirigiría junto a ella a la oficina de Bogo, en tanto Nancy alejó a la horda de civiles para después quedarse cerca de recepción.

Estando frente a la puerta del despacho del búfalo, ambos se quedarían en silencio un par de segundos para intentar oír a quienes estaban dentro. Una voz desconocida se sumaba a la de Bogo y Clarke, lo que fuese que conversasen no era del todo claro tampoco. Cruzarían miradas para darse cuenta de que estaban igual de desconcertados, sólo entrando sabrían de quién se trataba.

Las miradas de los presentes se clavarían en ellos. Bogo estaba sentado detrás de su escritorio y frente a una laptop cuya pantalla estaba apagada, Clarke en la silla que solía usar cada vez que se reunían a hablar del caso y un ocelote vestido con un atuendo deportivo estaba de pie apoyado contra una pared. Judy entraría primero y Jack cerraría la puerta apenas cruzase el umbral de la misma. Una vez que ambos tomasen asiento junto al lobo, su jefe aclararía la garganta para explicar la situación.

—Los dos han oído de mi parte la existencia de un grupo llamado "La Hermandad de los Lirios de Sangre". No teníamos pista alguna de su existencia, no sabíamos nada de ellos más que su mera mención en un libro del cual no encontramos copias, pero algo nos hizo intuir que tenían peso dentro del caso por el libro que robó Harkness, quien dicho sea de paso se nos informó que falleció en las últimas horas. —La falta de sorpresa de Judy le indicó al búfalo que Savage la había puesto al tanto de lo acontecido en la mina—. El caballero que esta noche nos acompaña se llama Joel McCourt y forma parte del mencionado ente, vino aquí para ser intermediario entre nosotros y sus jefes. La ZPD trazará un accionar en conjunto a los Lirios, el ZBI y la ZIA esta noche.

—¿Podemos asegurarnos que es quien dice ser y no un agente de Whitewind? —Bogo asentiría ante la pregunta de Judy y encendería la laptop. La giraría ante los atónitos lagomorfos, que tragarían saliva al ver a Mr. Big en la pantalla.

—Como Bogo dijo, McCourt sólo es nuestro intermediario, yo hablaré en nombre de los míos. Decidimos enviarlo a él con esta computadora para hablar con ustedes sin que Whitewind esté al acecho—indicaría la musaraña, con el tono de seriedad que lo caracterizaba—. Me gustaría explicarles más de los asuntos de la Hermandad, pero no tenemos tiempo. Lo único que han de saber es que tenemos un enemigo en común, y que una vez que acabemos con él volveremos a hablar para aclarar las dudas que tengan, entre otras cosas.

—Desde que el hotel Oasis se derrumbó, comenzamos a llevar a cabo una mayor vigilancia sobre la ciudad para evitar nuevos ataques. —Las miradas se posarían en el ocelote, quien se dirigía hacia Jack y Judy para ponerlos al tanto de lo que ya había hablado con Bogo y Clarke. La incomodidad y desconcierto era general, no sabían nada de esos mamíferos ni lo que querrían a futuro, pero ahora mismo sólo podían confiar en ellos sin reprochar nada—. La Hermandad logró descubrir la localización de algunos explosivos y a su vez esto se corresponde con lo que Bogo pudo obtener del interrogatorio de Crncevic. No creímos que cooperase tanto y tan rápido, pero las coincidencias entre su relato y lo que encontramos nos permiten creer en él.

—También nos dijo dónde se encuentran las tres bombas nucleares, cada uno de ustedes formará parte de un equipo diferente para ir a por ellas. Yo por mi lado iré al lugar donde Whitewind parece esconderse. —Las palabras de Bogo llenarían el ambiente de tensión. Contrario a lo que Clarke, Judy y Jack pensaban, ellos no ayudarían a formular un plan sino que ya tenían incluso un lugar dentro del mismo—. Crncevic mencionó diferentes escondites donde estaría Arcagma durante la explosión, en relación a ello y al supuesto radio de explosión de las bombas localizamos el lugar más seguro. Revisamos las cámaras de la zona y ya sabemos que Whitewind está con algunos mamíferos en el Distrito Forestal, hay una pequeña zona de puertos en el lago que se encuentre entre Ivy Ave y Liana Lane.

—Whitewind espera ser atacado, tanto donde plantó las bombas como donde él estará. Sabía que Crncevic hablaría con tal de detenerlo, así que tomó precauciones para hacernos las cosas más difíciles. —Habría un silencio generalizado luego de la explicación de Big, quien volvería a tomar la palabra—. De los mamíferos que ha capturado Arcagma en el último tiempo, pudimos ver con las cámaras a doce de ellos siendo llevados al puerto.

—Dijiste que ya están los grupos pensados, ¿cómo procederemos? —preguntaría Clarke dirigiendo la mirada a su jefe, con la misma pregunta que los conejos tenían en mente.

—Hay trece lugares a los cuáles ir: el puerto, donde están las tres bombas nucleares y donde quedan los nueve explosivos normales. Serán grupos no muy grandes para no llamar la atención y los armaremos con mamíferos que ya han trabajado juntos para mejorar la coordinación, además de un especialista antibombas. Todos los grupos actuarán al mismo tiempo para afectar la sincronización de nuestros enemigos. —Parte de los dichos del búfalo resonarían en la mente de Judy.

—Bogo, yo sólo tengo experiencia trabajando con los mamíferos del caso y dijiste que iremos a equipos diferentes —indicaría la coneja por lo bajo—. Quizás pueda formar parte de algún otro equipo, no de uno de los que se encarga de las bombas nucleares. Necesito conocer más a mis compañeros de campo para una responsabilidad tan grande, ni siquiera sé si estoy lista para ir.

—Pudiste resolver el caso de los Aulladores siendo una novata recién salida de la academia y trabajando sola con Wilde de civil, estuviste también en el rescate de los concejales que terminó con fuego cruzado y casi matas a Crncevic. Son dos claros ejemplos de que aún con falta de experiencia, ya sea porque recién comenzabas o acababas de sufrir amnesia, estás a la altura de cualquier circunstancia. Además, puede que no lo creas, pero inspiras mucho respeto y confianza a todos nuestros oficiales y todos se sentirán mejor trabajando contigo. —La confianza del búfalo frente a todos los presentes no podía llenarla más de orgullo, pero se sentía incapaz de siquiera responder. Apenas le mantenía la mirada en silencio, paralizada por el miedo—. Puedo entender que tengas miedo, quédate tranquila que no te obligaré a hacer nada que no quieras, pero a estas alturas puedo decir que te conozco bastante y sé que serás una parte clave en todo esto.

—Gracias, jefe, en serio aprecio todo esto, pero...

—Tendrás media hora para pensarlo, no puedo darte más tiempo pero quiero que lo hagas. —La insistencia de Bogo así como el temor de Judy se hacían extraños ante la mirada de Big, quien observaba en silencio desde el otro lado de la pantalla. Lejos estaba el búfalo de ser iracundo e irracional como hasta hacía unos años, el fin de su carrera al mando de la ZPD lo ayudó a centrarse y madurar. La coneja por su parte no parecía ser quien se ganó la confianza para ser nombrada como madrina de su nieta, la apreciaba como a pocos mamíferos pero tratándose de una tarea de magna importancia quizás debieran prescindir de ella. Era una pérdida sensible, aunque quizás no todo estuviese definido ahora que lo pensaba.

—Deberías ir con Wilde, Judy, te haría bien hablar con él para saber más de los mamíferos de Whitewind. Además estoy seguro que tiene mucho para decirte él también. —Pese a la discreción de Big, todos los presentes sabían el por qué de su consejo—. Si no hay nada más que aclarar, podemos dar esta charla por terminada. Es mejor comenzar a preparar nuestros diferentes equipos.

Uno por uno, todos los presentes comenzaron a levantarse de sus sillas. Bogo y Judy mantenían la mirada el uno en el otro, él a la espera de una respuesta y ella deseando poder cumplir con lo mencionado por la musaraña. Clarke se acercaría a la puerta antes que nadie, en tanto el ocelote que hacía de mensajero se acercaba a la computadora para llevársela. Big seguía conectado por alguna razón, quizás para notificar a su hombre de algo más antes de perder contacto. El único que no estaba de pie era Savage, perdido en sus pensamientos y ante una oportunidad que quizás no volviese a tener.

—¿Podríamos hablar a solas, Mr. Big? —Nadie sería ajeno a la pregunta del agente de la ZIA, quien no desviaba la mirada de la pantalla.

—Puedo darle un par de minutos, agente Savage, no más. —Bogo le asentiría a Clarke y Judy para que ambos salieran, como Jack había pedido. Detrás de ellos tres, McCourt saldría y cerraría la puerta—. Creo saber de qué quiere hablar.

—Me siento muy confundido y perdido, contrariado también. Creía conocer mucho a Skye, pero desde que lo de Arcagma salió a la luz veo que estaba demasiado errado.— Savage permanecería en silencio un par de segundos, para ver si la musaraña respondía o intentaba agregar algo, pero al ver que nada de ello sucedía prosiguió—. Me he metido en muchos problemas por ella y de ser otra la situación de seguro lo seguiría haciendo, hemos sido muy unidos todos estos años, pero algo en mí se quebró. No sé casi nada de la Hermandad, pero no me inspiran confianza, no me inspiran nada bueno siendo sincero.

—Tienes mucho valor como para hablar así de nosotros —exclamaría Big, ante un estoico conejo—. De ser otro el caso podría simplemente cortar la llamada, pero tengo cierto aprecio por Skye. Conocí a su padre y era un hombre de bien. Lo conocí en la iglesia, él escribía libros católicos con los que más tarde eduqué a mis hijos, lo invité una que otra vez a comer a mi casa. Ella llegó a la Hermandad a pedido mío, aunque nunca formó parte de mi división. Hubo un tiempo en el que pensaban reclutarte a ti, pero terminé por inclinar la balanza más a su lado.

—Me gustaría ir directo al punto. Quisiera saber qué hacía Skye en la Hermandad, a qué se dedican ustedes, lo bueno y lo malo de su trabajo. —Con el tiempo corriendo, Jack decidió encaminar la conversación hacia donde él quería.

—No puedo hablar de lo que hacemos en la Hermandad, ni siquiera tendríamos que estar teniendo esta charla, pero si quieres podemos hablar de quién es Skye. —Era de esperarse que la musaraña evitase hablar a fondo de los suyos, pero su cooperación fue mayor a la que Jack esperó. Con una leve sonrisa, a modo de agradecimiento, asentiría para que Big continuase—. Skye es rebelde, es temperamental, orgullosa, muchas veces soberbia, pero fiel. Tal y como dije, ella no trabajaba en mi división, pero siempre que le pedí favores aceptó sin vacilar y eso para mí habla muy bien de ella. Se sentía a gusto en la Hermandad, siempre intentamos que nuestros mejores mamíferos, así como los recién iniciados, tengan cierta comodidad para que estén con nosotros tanto tiempo como sea posible. Trabajaba tanto en tareas simples y complejas, como pueden ser sólo el robo de información como el asesinato triple de la familia Harris.

—¿Puedo preguntar por qué la Hermandad recurrió a algo como lo acontecido en el caso Harris? —preguntaría Jack con cierta incomodidad.

—No somos justicieros, no buscamos un equilibrio entre el bien y el mal tampoco, sólo buscamos la estabilidad y bienestar de la Hermandad y, por ende, de Zootopia. Somos la base sobre la cuál se asienta la ciudad, cuando nos vemos perjudicados aparecen épocas oscuras como la de los Giesler y Dalton, o la crisis económica de hace cincuenta años. — Big se tomaría unos segundos para analizar a Savage. Era evidente que no le agradaba lo que estaba escuchando, aunque no lo culpaba al conocer su postura y forma de ser. El conejo era reconocido entre los suyos por su ética estricta y por su lucha por el bien a toda costa—. Soy un líder mafioso y soy uno de los siete principales de la Hermandad, también el líder de las hienas. No somos buenos, no queremos serlo, pero aún con todo lo malo que podemos llegar a hacer Zootopia nos necesita tanto como nosotros a ella. Es algo así como una simbiosis, cuidamos la ciudad y a cambio prevalecemos. En lo personal, no uso la Hermandad para beneficio de mi bolsillo, aunque no negaré que otros sí lo hacen. Yo me preocupo por el hogar de mi familia, el hogar que fue de mis padres y abuelos también. Skye se dejó llevar por su ambición más de una vez al igual que todos, quería llegar lejos dentro de la Hermandad por los beneficios que ello confiere, pero no siempre fue así. En su mejor versión, tu compañera sólo se preocupaba por mantener la ciudad a salvo, por facilitar el trabajo de las agencias, por ayudar al más necesitado.

—Es su versión más auténtica, la Skye soñadora y benevolente que apenas se graduaba en la academia —exclamaría con una pizca de orgullo.

—Aquella de la que te enamoraste. — Si bien no le sorprendía que Big supiese de su amorío con Skye, dado que parecía conocerla muy bien, sí que lo tomó desprevenido—. Creo que con todo lo acontecido, queda claro cuál versión predomina sobre la otra. Ella no fue a la guarida de Arcagma por nosotros, fue por ustedes, siguió lo que dictaba su corazón.

—Creo que ya superamos los dos minutos, Mr. Big, no tomaré más de su tiempo ya no me hace falta.

—No te diré que hacer, Savage, pero sí te daré un consejo. El tiempo muchas veces se nos escapa de las patas, y no es hasta el último instante que nos damos cuenta qué es lo que se lleva. —Sentiría un nudo en su estómago, las palabras de Big eran más que claras—. Skye tiene su salud comprometida, y en la Hermandad hay muchos que ya no la quieren en nuestras filas. Yo la defenderé tanto como pueda, pero hasta entonces sería bueno tener a alguien de confianza que la cuide. Aprovecha tu tiempo junto a ella.

No supo en qué momento llegó hasta el vestíbulo, si Bogo lo había mandado a llamar o si la ZIA requeriría sus servicios para formar el equipo que de seguro estaría a su cargo, tampoco se preocupaba por ello. Se sentía obnubilado, la confusión antes presente no hizo más que crecer. Big había sido de gran ayuda, más de lo que imaginó antes de pedirle un momento a solas, pero no terminaba de entender algo puntual. Con todo lo malo que había hecho Skye, y con la reputación de la musaraña, era inexplicable que hubiese obtenido justo lo que buscaba. Contra todo pronóstico inicial, tenía excusas para darle una nueva oportunidad a la vulpina, algo inconcebible momentos atrás, algo que en serio necesitaba.

Sin Skye no hay Jack y viceversa, era una constante inalterable de la que todo el mundo, inclusive él, estaba consciente. Se tomaría un tiempo para enfriar la mente, necesitaba meditar sobre muchas cosas que sucedieron en un intervalo tan corto de tiempo. Estaba camino a perdonarla aunque no sería en ese preciso instante, necesitaba una nueva charla con ella también. Los acontecimientos presentes no le permitirían ir al hospital para estar ambos frente a frente, pero valía la pena llamarla para calmar las ideas su atribulada cabeza.

Metió su pata en el bolsillo derecho de su pantalón, le causaría gracia cómo temblaba el teléfono estando ya en su poder. Parecía un niño que llamaba a su madre después de innumerables llamadas perdidas, le sería más fácil hablar con ella que enviar un mensaje. No le gustaba pensar en discursos ni preparar palabras, ser espontáneo siempre era mejor.

Un tono sonó detrás de otro hasta que oyó la contestadora, Skye no solía dejar pasar más de dos o tres de ellos. La anestesia debía de haber hecho de las suyas, pero intentaría una vez más, no se sentiría aliviado hasta poder oír su voz. La contestadora se volvería a hacer presente y la frustración comenzó a invadirlo poco a poco. Judy se acercaba a él, bajo las órdenes de Bogo seguramente. Intentaría una vez más antes de alistarse para trabajar, de seguro la coneja podría aguardar por él.

La tercera debía de ser la vencida, necesitaba que así fuese. Judy ya estaba frente a él y tres tonos habían pasado. Negaría con la cabeza mientras la coneja decía algo a lo que no prestó atención, le daría la espalda a la espera de una respuesta. Nueve, diez, once tonos y la contestadora una vez más. Estuvo a punto de lanzar su teléfono contra el suelo cuando la voz de Judy lo volvió a traer a la realidad.

—Llamaron del hospital, quisieron hablar contigo pero les daba ocupado así que me contactaron a mí, por haberte acompañado. —Desde que conocía a Judy, nunca había sido buena ocultando sus sentimientos. El brillo de sus ojos, el cómo apartaba su mirada por momentos y el como temblaba su nariz la dejaban en evidencia, no estaba allí para dar una buena noticia.

—Estuve intentando hablar con Skye —respondería ante el silencio de su compañera de caso, haciendo un gran esfuerzo por no quebrar su voz mientras contenía la respiración.

—Parece que —las rodillas de Jack comenzaron a temblar— la hemorragia —taparía su rostro con una de sus patas para ocultar sus lágrimas, ya no pudo contener el aire ni respirar— fue demasiado para ella. Los médicos no están seguros si fue eso o…

Dejaría de hablar al instante, Judy entendió que ya nada importaba para Jack en ese preciso momento. Lo tomó con sus patas y lo abrazó mientras él se dejó caer, la coneja debió hacer la mayor de las fuerzas para no tropezar con el peso muerto que tuvo que sujetar de pronto. No tenía palabras para él, no existía consuelo suficiente para algo así.

—Un cobarde… Soy un cobarde. Un cobarde, un cobarde… —repetía una y otra vez de forma monótona, con las lágrimas escurriendo sin parar.

—No tienes que maltratarte, Jack, no ahora, tú no podías hacer nada por ella —exclamaría Judy de forma instintiva.

—Skye tenía razón, éramos geniales juntos. Éramos…—tragaría saliva intentando no ahogarse—, pero yo siempre le resté importancia, tenía miedo, estaba asustado.

—No puedes culparte por eso, es normal tener miedo cuando te enfrentas al mundo. —Esta vez, la coneja pensó sus palabras, sabiendo más que bien a lo que se refería Jack—. Además nunca podrías haber visto venir algo así.

—Siempre lo tuve presente Judy. Son los riesgos a los que nos enfrentamos día a día, la muerte de un modo u otro siempre nos acechaba, es nuestro trabajo —El conejo se apartaría de ella para limpiar sus lágrimas, observando entonces que era el centro de atención. Eso, sin embargo, no lo detendría para sacar todo lo que sentía—. Me la pasé desperdiciando tanta energía en pensar por qué no resultaría, intentando amar a alguien para olvidarme de eso que tanto me avergonzaba, cuando podría haber… —Tomó aire, tanto como sus pulmones lo permitían, tanto como para mantenerse de pie y no volver a derrumbarse. Ya no servían de nada sus palabras, Skye ya no estaba, pero él en cambio sí. Estúpido, egoísta y cobarde como nadie más, se odiaba tanto como al mayor de sus enemigos—. ¡Yo la amaba! ¡La amaba mucho y como a nadie! La tuve delante de mí tantas veces y no la abracé, ni la besé, ya no volví a decirle lo que significaba para mí. Sólo me alejé y ahora ya no está, me la arrebataron… Ahora apenas puedo pensar en lo que hubiese pasado si hubiese aprovechado sólo una de las tantas oportunidades que me dio.