Pasaría los primeros minutos a solas tranquilo, disfrutaba tener algo de paz después de quién sabe cuánto. La quietud del momento le sirvió para despejarse y acomodar sus ideas, necesitaba algo de calma para no dejarse llevar por todo lo negativo que lo estaba rodeando. Aun así, con el correr del tiempo la inactividad traería intranquilidad y la ansiedad sería más fuerte que en un comienzo. La habitación de interrogatorios donde estaba se encontraba aislada de todo sonido exterior, no había modo alguno de que supiese qué rayos sucedía ahí afuera y, por más que se esforzase en mantenerse sereno, los nervios comenzaban a apoderarse de su ser.

Comenzaría con un golpeteo de sus dedos en la mesa para continuar con sus patas siguiendo cierto ritmo; pronto se pondría de pie para estirarse y sin darse cuenta comenzaría a caminar de un lado a otro. En su llegada no hubo un recibimiento hostil, no hubo insultos, nada en su contra, sólo un silencio de lo más inesperado que lo haría dudar y dudar. ¿En serio no había rencores? Intentaba ponerse en el lugar de sus compañeros para imaginar qué pensaban de él, pero la claridad en su mente era nula.

Quería creer que todo estaba bien pero, aunque una gran mayoría lo apoyara, su trabajo no sería sencillo de ahora en más. Los medios harían un escándalo si se incorporaba al trabajo, así como salir a patrullar sería difícil también si los civiles lo reconocían. Podrían afirmar desde la ZPD que Arcagma lo obligó a actuar en contra de su voluntad, pero la imagen de la agencia quedaría ensuciada manchada.

A diferencia de otras épocas, ya no se dejaba llevar por lo que los demás pensaran de él, aunque estaba en una situación límite. Su reputación no lo afectaba sólo a él, todos sus allegados serían vistos de mala manera si no encontraba una salida limpia. Se le ocurrían dos opciones de momento: hacerse cargo de sus errores y renunciar a la ZPD en busca del perdón popular, o tomar un papel clave en el caso y lograr que el brillo de su trabajo encandilase a todos lo suficiente como para opacar todo lo demás. Con el caso cerca de terminar la presente noche, el margen temporal no era demasiado y tenía que hablar con su jefe para ver cómo ayudar.

Bogo se había mostrado incluso más comprensivo de lo que esperaba, aunque aún con ello se lo veía molesto. No tuvo que esforzarse demasiado por intentar explicar su posición en relación a Arcagma, el búfalo había presupuesto todos los escenarios posibles. No habría peros si él ordenaba que formase parte de la fuerza de ataque de la ZPD, y con la confianza que demostró darle estaba seguro de que lo ayudaría a redimirse.

Escucharía el cerrojo de la puerta abrirse desde fuera, la primera idea en cursar su mente sería la llegada de Bogo para preguntar más cosas respecto a Tora o sus mamíferos. No esperaba para nada la aparición de Judy, que en sí era bastante lógica si lo analizaba. Observaría la cámara antes que nada, la luz roja titilaba y no podía dejarse llevar por sus ganas de abalanzarse sobre ella y besarla. Se detendría demasiado tiempo pensando cómo reaccionar, tiempo que la coneja aprovecharía para acercarse a él y abrazarlo sin disimular sentimiento alguno.

El zorro dejaría de contenerse para corresponder la muestra de afecto de Judy, quien acariciaba el pelaje de su cuello tal y como a él le fascinaba. Por más que los vieran a través de la pantalla, nadie podía suponer que había algo más que su conocida amistad. Ambos disfrutarían del momento con cierto calor en sus pechos y un cosquilleo en el estómago, no hacía tanto tiempo de la última vez que se vieron pero fueron infinitas las situaciones y sentimientos que afloraron desde entonces.

—No te haces una idea de cuánto necesitaba esto, Zanahorias. —Judy dejaría escapar una risilla alegre al oír ese apodo al que sólo él recurría. Ella retrocedería un par de pasos para observarlo directo a los ojos, penetrándolo con la mirada para ver en lo más profundo de su ser—. Fue un mejor reencuentro de lo que me esperaba, pese al lugar y la falta de privacidad… —exclamaría susurrando por lo bajo, mientras señalaba con sus ojos la cámara que apuntaba hacia ellos.

—Tranquilo, hablé con Thompson y apagó el micrófono. La cámara tiene que estar prendida por protocolo, pero nuestro atigrado amigo nos pudo ayudar en parte. —Nick suspiraría de alivio, pero de todos modos dejó caer sus hombros y apartó la mirada.

—Me cuesta verte directamente, por más que parezcas haberte tomado bien las cosas esto no lo hace menos vergonzoso.

—Sí… Me debes algunas explicaciones, pero con sólo un resumen y sin tantos detalles me alcanza. El que estés bien ya me es más que suficiente la verdad. —Al igual que él, Judy miraría hacia otro lado, aunque con una leve sonrisa dibujada en su rostro—. Todos aquí confiaban en ti, pese a que las pruebas eran claras, casi toda la ZPD entendió que con Arcagma las reglas eran diferentes.

—Tengo más dudas que certezas respecto a ello, pero no importa. —Judy no entendería del todo a lo que se refería, pero antes de que pudiese preguntar algo Nick continuó—. Lo que pasó con Skye…

—Me dolió, y mucho, pero ya no me importa Nick. —El zorro podía apostar a que algo había sucedido con ello, más allá de todo lo que rodeaba al caso. No era la histérica e impulsiva Judy de los últimos meses, el que no lo hubiera matado apenas entró a la sala de interrogatorios era prueba clara de ello—. Hace tiempo que no puedo entender muchas de las cosas que me rodean, pero si algo sé muy bien es que no me lastimarías apropósito, eso está más que claro.

—No sé qué hice como para que pienses eso, Judy, pero gracias, es todo lo que necesitaba oír viniendo de ti. —Aún con la confianza de la coneja depositada en él, decidió aclarar lo sucedido con la vulpina de las nieves para terminar de zanjar el asunto. Necesitaba sacar todo lo malo que llevaba dentro de sí, y eso era una de las mayores cargas que venía soportando—. El código que necesitaba Arcagma para acceder a los archivos de la ZIA fue puesto por Skye a modo de seguridad, pero las cosas se complejizaron para ella. Al jugar en diferentes bandos le costaba tener la confianza de los suyos, así que me usó a mí para ganársela.

—No sé si sea buen momento para hablar de eso, Nick. No necesitamos más distracciones ahora mismo y menos viniendo de Skye. —El vulpino negaría con la cabeza, para luego ponerse de pie.

—Tienes razón, no sé ni en qué estoy pensando. —El afligido zorro se apoyaría contra la mesa en tanto tomaba un respiro, se estaba dejando llevar demasiado—. Lo único que quiero es que tú y yo estemos bien de una vez por todas. Nada de Skyes, de Arcagmas, de Toras ni bombas, sólo paz.

—Mientras estuvimos separados, pensé mucho en ello. Desde el día que perdí la memoria y ninguno de nosotros pudo tener paz. Pensaba que si podía traer mis memorias sería mucho más fuerte para enfrentar todo esto y también feliz por volver a verte del modo que lo hacía. Me sentía culpable…

—Nunca fuiste culpable de nada, Judy.

—Sí, sí lo fui, y por duplicado, ya no tengo por qué engañarme, Nick. —La coneja comenzaría a agitar su respiración, intentó hacerlo profundamente un par de veces para calmarse, pero se sentía ahogada—. Fui junto con Nancy al lugar donde te hirieron de gravedad por primera vez. Mientras ella me leía el informe del caso yo empecé a imaginarlo todo, las coberturas que tomábamos, el fuego cruzado y tú… Quiero creer que lo que vi fue sólo mi imaginación, porque de no serlo no podría perdonarme por haberte expuesto de forma tan estúpida.

—Siempre fuiste algo entusiasta —señalaría el zorro para romper un poco el hielo, después del silencio final de Judy—. Estuve muy enojado contigo por eso, pero no por lo que me pasó a mí, sino porque te podría haber pasado a ti. A medida que pasaba el tiempo y resolvíamos más y más casos entendí que no tenía que protegerte de los malos, sino de ti misma, lo cual si me permites era una tarea mucho más compleja.

—Tendría que haber sido más como tú y menos como yo. —Una leve sonrisa acompañaría el comentario de Judy, la cual contagiaría al zorro también.

—Ha de ser el mejor halago que me has hecho. —Una vez más, la charla entre ambos se pausaría. Cruzaron miradas y sólo se apreciaban en silencio—. Si tuviera que interponerme entre ti y cientos de miles de disparos lo volvería a hacer, sin la más mínima duda.

—No volveré a ser tan idiota, así que espero que no haga falta.

—El idiota soy yo por seguirte sin reprocharte nada.

—Sí, tienes razón, tú eres el idiota aquí —exclamaría Judy con una mueca burlona, a lo que el zorro volvería a tomar asiento.

—La sinceridad y la forma con que lo dices me hace sentir sumamente ofendido. —La coneja bajaría la mirada, así como sus orejas.

—Lo siento, Nick.

—Tranquila, sólo bromeo, es lo menos que me han dicho estos últimos días.

—No por esto, por todo lo otro. Estamos aquí por mí, pero sin embargo eres tú quien carga con la culpa y las consecuencias, ya no quiero que sea así.

—Judy…

—Nada de Judy, Zanahorias, Rabo de algodón ni apodos varios. Quizás no vuelva a ser la de antes, pero no por eso debo enterrar todos mis errores como si no los hubiera cometido. —Pese a la fuerza de sus palabras, la coneja se mostraba de lo más serena y tranquila. Su voz transmitía un sentimiento que no encontraba hacía mucho, seguridad—. Mis fallos son tan parte de mí como mis recuerdos, como mis aciertos, mis temores y todo aquello que amo, incluyéndote.

—No sé qué decir, me dejas sin palabras… Y sabes que nunca me quedo sin nada que decir. —El vulpino dejaría escapar una pequeña sonrisa, todavía con el impacto de las palabras de Judy—. Si lo que quieres es que te perdone por lo que nos pasó en ese par de ocasiones, pues bien, que así sea. Nunca quise culparte por ello, porque de no ser por el primer incidente quizás no hubiéramos tenido el valor de decir lo que sentíamos. Sólo con eso podría perdonarte lo que fuese sin que me lo tengas que pedir.

—Hubiese querido que se diese de otro modo, quizás con una cena de por medio y un paseo por algún parque. — El comentario lo haría reír por lo bajo al zorro.

—Admito que haber estado conectado a millones de cosas en terapia intensiva, mientras nos decíamos lo que sentíamos, ensució un poco el momento. —Nick posaría una de sus patas sobre su mejilla, acariciándola con cariño. Su mirada le decía más cosas de las que las palabras podían transmitir, ansiaba poder corresponderlo, pero ante la cámara era un suicidio. Fue entonces que Judy le dirigió una sonrisa y apartó su pata con delicadeza, sería mejor evitar seguir; recurriría entonces a aquello que quiso decirle desde que entró a la sala de interrogatorios.

—Bogo me pidió que forme parte de uno de los equipos que irá a por las bombas nucleares. Me sentía en duda, pero voy a hacerlo y voy a triunfar. —El ambiente distendido que se había logrado desaparecería en un instante, Nick miraría al suelo por un momento en tanto Judy le sostenía la mirada.

—¿Estás segura de todo esto?

—Quiero poder despertar por la mañana sintiéndome segura de mí misma, sin reprocharme nada, sin dudar sobre todo lo que me rodea. ¿Soy la heroína que todos me dicen? Pues… vamos a verlo esta noche.


. . . . . . . . . .

Habiendo sido llevado al mismísimo infierno, fueron innumerables las cosas que extrañaba del día a día. No había instante en el que no anhelase volver a la rutina, pasando por cosas de lo más triviales como charlas con los nuevos vecinos, atender a sus pacientes o ver alguna serie online; a momentos más personales, como una cena en familia, los encuentros con Nick o, como ahí mismo, el calor de Grace.

Echó de menos todo lo relacionado a ella, como era lógico, pero no le avergonzaba admitir que hubiese matado por disfrutar de la intimidad entre sábanas. Lejos estaba de ser, a su vista, un acto de perversión o mera lujuria. No era sólo sexo, era hacer el amor; la diferencia entre uno y otro acto no podía ser más abismal.

Se sentía rejuvenecido, revitalizado, había cumplido quizás con una de sus necesidades más imperiosas. Grace podía ser ruda, algo agresiva y testaruda, pero en momentos como ese donde cruzaban las miradas y su pelaje se erizaba en su totalidad, exponía su verdadera naturaleza gentil y apacible. Sus temores desaparecieron por un rato, las bombas y los matones habían perdido importancia en un santiamén, lo único verdaderamente relevante era esa hermosa hembra que se posaba sobre él para gozar en plenitud.

La noche estaba culminando del mejor modo posible después de un día que se esfumó como si de minutos se tratara. Luego del hospital fueron escoltados a su hogar, donde serían protegidos por varios mamíferos de confianza de Bogo. Sólo estaban con él por un compromiso hacia Nick, quien exigió que se los cuide, pero parecía algo innecesario a decir verdad. Tora no tenía motivos para atacarlo, y ahora que tenía sus fuerzas reducidas debía priorizar sus propios planes antes de ir a por él. Al igual que todos en la ciudad temía por lo que sucedería al finalizar la noche, pero su confianza en las fuerzas que combatirían al tigre era absoluta.

Con Grace ya a su lado y con la respiración algo agitada, una única preocupación se le presentaba. ¿Qué pasaría con Nick al terminar con el caso? Su reputación fue destruida por Arcagma y el no volver a trabajar en la ZPD era la menor de sus preocupaciones. ¿Cómo caminaría por las calles con todo el mundo sabiendo que participó en un ataque contra su propia estación? ¿Podría ser perdonado acaso? Quizás sus compañeros nunca le perdonasen lo acontecido aquella lejana noche, o tal vez confiaban lo suficiente en su integridad como para defenderlo de toda crítica presente. De un modo u otro, la sociedad misma opinaría sobre ello como siempre lo hacía en cualquier asunto de interés; el apellido Wilde sería repudiado por unos y otros, su familia podía verse afectado por ello.

—¿Te encuentras bien? —preguntaría Grace con suavidad, sin siquiera abrir los ojos. Bien sabía que cuando su esposo estaba callado mucho tiempo, algo pasaba en su mente.

—Sí, sólo pensaba en Nick, en lo que hablamos hace rato. —La vulpina bufaría mientras se giraba para recostar su rostro sobre su pecho.

—Ya te dije que estará todo bien, hasta los oficiales que nos acompañaron aquí te lo dijeron.

—Lo dijo Colmillar, que es cercano a Nick y confía en él. —Tomaría un largo respiro antes de continuar—. La ZPD o su trabajo no me preocupan, es más bien lo que piensen los demás. No podrá salir a la calle si Zootopia lo condena por lo que hizo.

—Es sabido que ayudó en el caso de los Aulladores, además tiene un buen historial de casos resueltos, nadie puede reprocharle nada.

—Lo sé, pero no puedo quitármelo de la cabeza. Sólo quiero que podamos estar bien, ni siquiera disfrutamos mucho tiempo juntos antes de que Arcagma hiciera de las suyas.

—Pues, si quieres yo te ayudo a pensar en otras cosas —susurraría de forma socarrona y con una sonrisa llena de picardía.

—No negaré que me gusta cómo… —Ambos elevarían las orejas al sentir ruido proveniente del pasillo—. ¿Scott venía durmiendo bien?

—Igual que siempre. Ahora voy a verlo, creí que estaría hibernando con todo el cansancio que tenía. —Grace se sentaría al borde de la cama para vestirse, Drew seguiría sus pasos—. Deja, voy yo.

—Déjame a mí, fueron varias semanas lejos y de seguro quiere llamar mi atención. —Con los pantalones ya puestos, el zorro se pondría de pie mientras su esposa volvía a meterse en la cama.

En tanto se acercaba a la puerta después de rodear la cama, escucharía pasos viniendo de las escaleras. Sus dedos se detendrían antes de tomar el picaporte mientras un escalofrío recorrió todo su pelaje. Grace lo llamaría por su nombre, pero no reaccionaría hasta que segundos después alguien tocaría la puerta. Drew voltearía para ver a la vulpina, con su mirada la guiaría hacia el armario y ella al instante entendería el porqué de su actuar.

Apenas Grace cerró las puertas del ropero, el zorro tomaría la lámpara que se encontraba en su mesa de luz y abriría en un repentino movimiento. Había dos mamíferos dirigiéndose hacia la habitación de Scott, un chacal y un ciervo, a ambos los recordaba haber visto en la mina. Lanzaría la lámpara hacia la cabeza del chacal para llamar su atención y se lanzaría de inmediato contra el ciervo. Sabía que sus esfuerzos serían en vano porque no lograría derribarlo, pero cuanto menos atraería su atención.

El ciervo trastabilló tras su tacle y se apoyó contra una de las paredes. De inmediato, el vulpino se alejaría y bajaría las escaleras con el chacal insultando al aire detrás de él. En lugar de huir, se dirigiría a la cocina para ganar más tiempo. Grace y Scott tenían que llegar al garaje, que quedaba en la dirección contraria, y de él dependía toda la situación. No sabía si había más enemigos en la casa, por lo que debía actuar con prudencia y estar listo para que alguien se abalance sobre él en cualquier momento. Con un cuchillo ya en sus patas, se dio vuelta para encarar a sus dos perseguidores, que ya estaban a escasos metros de él.

Los dos matones de Tora tomarían sus pistolas, ambas con silenciador. Su principal preocupación no radicaba en ellos, sin embargo. ¿Sólo ese par de idiotas había acabado con los seis oficiales en completo silencio? El chacal consumía drogas todo el tiempo y no estaba en sus cabales, era imposible que, junto al ciervo que era ladrón de gasolineras, pudieran llevar a cabo su tarea con tanta facilidad. Tenía que haber al menos uno o dos más, apostaba lo que fuese a por ello.

—Te-te-te vienes con no-no-nosotros, zo-zo-zo… —El ciervo golpearía al chacal en la nuca—. ¡Zorro!

—Hazla fácil, Wilde, sabemos que tu familia está aquí —indicaría el cérvido, de voz profunda y algo carrasposa—. Te necesitamos a ti, nada más.

—Bien… —El vulpino seguía con el cuchillo empuñado, evaluando sus posibles opciones. Irse con ellos mientras Scott y Grace huían no era para nada una mala idea, aunque estaba bastante cansado de ser la doncella en apuros—. ¿Para qué me quiere Tora esta vez?

—Depositarán millones en una cuenta y él tiene que extraerlos a otra sin dejar rastro, ¿te suena de algo? —Los dichos del ciervo aclararon la situación por completo. Tora usaría el virus del Archimago, ¿y quién mejor que él para controlarlo?

—¡No había que hablar de-de-de eso idiota! —recriminó el chacal.

—De acuerdo, pero…

Drew se dejaría caer al suelo mientras maldecía a viva voz. El rostro del ciervo sería atravesado después de un potente estallido, ensuciando todo el piso y la mesada. El chacal correría el mismo destino, sin siquiera poder voltear a ver quién había sido el individuo que los tomó por sorpresa. Una bala entraría por su sien para salir por su temporal contralateral.

Con una pistola humeante entre patas, y sin mueca alguna en su rostro, Grace dirigió su mirada hacia el zorro que seguía sentado en el suelo, asombrado como nunca antes. Sin soltar su arma, la vulpina se acercaría a su esposo para ayudarlo a ponerse de pie. Sin poder dejar la sorpresa de lado, Drew preguntaría por Scott mientras caminaba junto a Grace, evitando pisar los restos de sus enemigos.

—¿¡Desde cuándo tienes un arma!? ¿¡Tienes idea de lo loco que fue eso!? —preguntaría Drew exaltado, con una mezcla de emociones de lo más variada.

—La conseguí un par de días después de que te secuestraran, ya no me sentía segura ni con toda la ZPD aquí todo el día. —Drew sólo asentiría en respuesta, el argumento de la zorra estaba bien fundamentado y no podía reclamarle nada—. ¿Acaso querías que me quedase de patas cruzadas en un caso como este?

—Ya sé, ya sé, lamento haberte gritado, pero es que sigo en shock. Mi mujer, una tierna florecilla de las praderas, acaba de agujerear a un par de matones sin siquiera inmutarse. ¿Tienes una idea cómo me siento ahora?

—Lo suficientemente idiotizado como para llamarme tu tierna florecilla de las praderas… —rugiría Grace, lo último que quería oír en ese momento eran apodos estúpidos.

—Tenemos que buscar dónde escondernos, intentaré llamar a Finnick para que venga con nosotros y nos acompañe por si acaso. —Ambos comenzarían a subir las escaleras para ir a la habitación de su hijo.

—Sí, es una buena idea.

Ambos se detendrían frente a la puerta del cachorro, de seguro estaría asustado por los disparos y los gritos. Luego de tomarse un momento, Drew entraría primero y Grace tras él. Las sonrisas que dibujaron en sus rostros para calmar a su hijo desaparecerían en un instante al ver que Scott no estaba solo. Un lobo de negro pelaje y múltiples cicatrices en su rostro estaba sentado al borde de la cama, susurrándole que se calmara.

Con la mayor velocidad posible, Grace buscaría su arma para arremeter contra el lobo, pero éste sería más rápido desenfundando. Con el cañón de su pistola, comenzaría a apuntar a Scott, quien se mantuvo mudo en todo momento. Sin más opciones a su favor, Drew daría un paso al frente, aceptando su destino.

—Está bien, me tienes, no hay por qué hacer locuras. —La voz del zorro pareció calmar a su hijo, pero el lobo se mantenía igual de serio—. Grace, deja tu arma en el suelo.

—¿Te volviste loco? —Segundos después de que Drew no respondiera, seguiría su orden con gran lentitud para dejar la pistola en el suelo y patearla lejos—. Aléjate de él… por favor.

—Supongo que los disparos fueron de tu arma, zorra. ¿Los mataste a los dos? —Con algo de temor, y los músculos tensados para saltar hacia él si en cualquier momento si hiciera falta, la vulpina asintió—. Me has hecho un favor, detestaba a esos imbéciles. —El lobo se pondría de pie para caminar hacia Drew, a quien le daría una palmada en la espalda para que lo acompañase hacia la salida. Se lo veía tan calmado que infundía más terror que el otro par de matones—. Mis asuntos son sólo con él, así que si no estorban los dejaré huir con vida. Dense prisa y no estorben.

—Vayan a por el auto y busca refugio donde puedas. No te preocupes por mí, estaré bien. —El zorro sería empujado por el lobo para que se apurase, por lo que sin rechistar seguiría caminando.


. . . . . . . . . .

Llevaba demasiado tiempo sin gozar una noche como lo estaba haciendo ahora mismo. Mientras todos los cabecillas de la Hermandad estaban asustados como cachorros con pirotecnia, él por su parte disfrutaba la que podría ser su última noche como justamente eso, la última noche. Whitewind era desafiante, ambicioso e inteligente, casi tan astuto como desalmado y cruel. El estallido que provocó mientras estaba en televisión abierta, donde además mató a Lionheart, fue un espectáculo digno de su admiración y eso era mucho decir.

Desde que estaba al frente de la ZIA, muchas veces se topó con enemigos que parecían formidables pero que luego no lograban mantener las expectativas. Lo único que le gustaba de su trabajo era esa emoción vibrante que le generaban los desafíos, lejos de sus metas estaban las banalidades tales como la seguridad de la población y el bienestar general. Si quisiera ayudar civiles estaría en la ZPD, pero no, estaba al mando de la organización de mayor jerarquía, aquella que operaba contra todo código de ética y honor con tal de derribar sus objetivos.

¿Cuáles eran sus metas ahora? Primero, y principal, encontrar a algunos de los excompañeros de Skye y recuperar el libro donde se hablaba de su historia; más allá de tener cierto interés en ello, estaba cansado de la petición de Big y las hienas para conseguirlo. Ya después, si Whitewind representaba un desafío, tomaría cartas en el asunto y lo haría con mucho gusto.

Luego de un exhaustivo seguimiento, sus hombres habían logrado encontrar a la ladrona Langley, su hermana y un zorro escondidos en una casucha del Distrito Forestal. Iría él mismo para volver a tener el libro en sus patas después de quién sabe cuánto, era un pequeño gusto que quería darse ahora que estaba a punto de quedar en la cumbre de la Hermandad.

Estaba por abandonar su pequeña base de vigilancia cuando uno de los suyos lo llamó para observar un monitor. Directo desde la ZPD, podía ver lo que ocurría dentro de una de las salas de interrogatorio. Según le comentaba su subordinado, antes de morir, Lionheart pidió hacer un seguimiento sobre Hopps y Wilde para encontrar con qué amenazarlos y tenerlos en sus patas, en caso de futuras necesidades.

Un tigre de apellido Thompson, de sus infiltrados en las fuerzas de Bogo, había contactado al conseguir posible material. La conversación que ambos estaban teniendo daba lugar para imaginar muchas cosas, pero no tardaría en orientarse justo hacia donde imaginaba. Era información jugosa para tener en cuenta a futuro, una pareja interespecie no era algo que se viera con frecuencia a tal nivel de fama. Su descuido les costaría caro, pero ahora mismo sólo guardaría la data conseguida. Aunque no tenía particular interés en ellos más allá del chisme, no negaría que habían encontrado algo que podría serles de utilidad.

Con Koslov, la pata derecha de Big, dando vueltas por la base antes de ir a custodiar a la rata, guardaría la información entre los archivos de Lionheart, que al fin y al cabo fue quien dio la orden a espaldas del jefe mafioso. Sabido era que Hopps era su protegida y cuantos menos problemas tuviera de momento mejor.

Abandonaría la habitación y camino a la salida se encontraría con el oso polar. Pese a que nunca logró simpatizar con varios de los allegados de Big, solía cruzar palabras con él cada tanto. Intentó saludarlo como acostumbraba pero Koslov pasó de él, su semblante estaba más serio que de costumbre y parecía que una de sus patas temblaba. Ver así a uno de los mamíferos más fríos que conocía era por demás de curioso, pero evitaría detenerse para investigar qué ocurría, tenía trabajo por hacer.


. . . . . . . . . .

¿Sentía algún tipo de remordimiento por dejar a los suyos en un momento crucial? Se podría decir que no, en lo absoluto. Aunque estaba preocupado por ellos, sabía que de algún modo podrían con Tora mientras él atendía otros asuntos. Su pelaje llevaba erizado desde que escuchó la noticia y sus mejillas todavía no se secaban, el shock todavía estaba presente y de seguro lo acompañaría eternamente junto a la desrealización que estaba viviendo; lejos estaba de encontrarse capacitado para cumplir con cualquier responsabilidad por mínima que fuera.

No sabía a ciencia cierta qué estaba buscando o a dónde ir, pero la adrenalina que le llegaba por conducir a toda velocidad parecía liberarlo de todo lo que lo rodeaba. El tráfico era mínimo y por momentos nulo, las calles eran suyas para conducir como se le antojara. Sólo bajaba la velocidad para tomar curvas algo cerradas, el resto del tiempo el acelerador estaba a fondo.

Chocaría en cualquier momento, lo más seguro es que fuera en algún giro con una mala maniobra. No supo en qué momento comenzó a jugar con su vida de forma tan desenfrenada, pero ya nada le importaba. ¿Para qué seguir adelante estando solo? ¿Frenar a un lado de la carretera y meditar lo que hacía? Patrañas, nada malo podía pasarle a partir de ahora. Era apenas una carcasa de lo que fue, resquicios de aquel conejo que alguna vez supo perseguir ideales en pos de la justicia, la lealtad y el amor. Su alma había partido cuando supo que su otra mitad ya no lo acompañaría. Que su cuerpo quedara hecho trizas era el menor de los males comparado a ello. Incluso quizás, podía ser de las mejores alternativas.

Estaba en los límites de Zootopia, en la carretera que rodeaba por fuera a Tundratown. El velocímetro subía en tanto el motor rugía para pedir paz, pero en lugar de quitar su pata del acelerador soltaría el volante. Estaba a la deriva, a quién sabe cuántos kilómetros por hora. Estaba preparado para dejar atrás el vil mundo al cual había llegado sólo para sufrir. Cerró los ojos para ver aquello en que no pudo dejar de pensar en tantos años. Se despediría viendo a Skye, la razón de todos sus males, así como todo lo bueno por lo que alguna vez quiso volver a despertar. El auto vibraba, estaba entre el asfalto y el pedregullo que se encontraba a la par de la carretera, su fin llegaría en cualquier momento.

Estaba listo.

Ya no quería seguir.

Necesitaba irse.

Acompañaría a Skye por siempre.

Y entonces pasó.

Inspiró profundo y, ya sin lágrimas por derramar, llevó aire en su interior. Y lo contuvo. Y no lo dejó salir. Se disculpó con un grito a viva voz, para entonces dejarlo ir. Exhaló una vez que frenó de golpe, para después bajarse de su auto y vomitar a un costado.

Se odiaba como nunca había odiado antes, no había ser en el mundo que le causase más rechazo en ese preciso momento que él mismo. ¿En qué cuernos estaba pensando? Se tomó de las orejas y jaló de ellas con gran fuerza, para luego gritar a todo pulmón. Skye se sentiría decepcionada de verlo así, ni que hablar de su familia y amigos. Era imposible explicarlo, fue como si un ente se hubiese apoderado de él por un momento, poco y nada recordaba del trayecto más que el momento en que decidió que valía la pena vivir.

Aunque ya no contaba con Skye, el mundo seguía girando y tenía que salir adelante como fuera. Necesitaba una meta, objetivos, algo por lo que valiera la pena luchar. Su mente hizo foco en un único elemento al instante, y dicha idea no pudo ser reemplazada por ninguna otra.

Estaba listo, tomaría las riendas contra la Hermandad en tanto el resto del mundo se ocupaba de Tora. Ya no quería seguir perdiendo el tiempo, debía de poner un freno a todos aquellos que tanto dañaron a Zootopia, a los que él quería y a él mismo. Necesitaba irse de ahí cuanto antes, no había tiempo que perder. Acompañaría a Skye por siempre, honrando su memoria y luchando día a día por todos y cada uno de los principios en los que creía. Y entonces pasó, aquello que tanto le pidieron terminó por cumplirse. Comenzó a preocuparse por sí mismo y a forjar su propio camino.


. . . . . . . . . .

La calma antes de la tormenta debía de ser la única explicación. Por primera vez en mucho tiempo se sintió relajada, con una paz impropia de la coneja ansiosa y acelerada que era. Todo indicaba que esa noche todo lo relacionado al caso que le arruinó la vida terminaría; al fin podría detenerse para llorar a su madre, estar con Nick y su familia, tomarse el tiempo para sí misma que tanto anhelaba. Para bien o para mal, era el final, sólo eso le importaba y, a su vez, le entusiasmaba para que todo ocurriera como debía de ocurrir.

No le temía a Whitewind ni a sus bombas nucleares, a sus matones o a la presión de ser una de las guerreras que definirían el destino de Zootopia. Cuando Bogo definió los roles de cada uno dentro de la misión y el cómo se conformarían los equipos, los nervios se apoderaron de ella, pero la paz interior con la que contaba no tardaría en aparecer. Llevaba mucho tiempo actuando con miedo y cautela, siendo apenas un resquicio de la Judy Hopps que supo ganarse la admiración de varios. Se odiaba por ello, pero ahora era momento de tener tanto orgullo y amor propio como fuese posible, era momento de volver a ser.

Normalmente Bogo los juntaría a todos para dar un discurso motivador en la sala general, pero Whitewind estaba atento a los movimientos de la ZPD y alarmarlo sería cometer una estupidez. Los mamíferos que formarían parte de la misión no eran demasiados, dado que formarían equipo con otras agencias y en sí los grupos serían pequeños. Es por ello que decidieron juntarse en un lugar que quizás pasase a la historia por ser de lo menos pensado para la ocasión: la sala de interrogatorios que estaba casi a la par del calabozo.

Allí dentro, una vez que apagasen los micrófonos, nadie sería capaz de oír nada desde fuera. Era ideal para evitar que algún posible espía filtrase información, además del hecho que no levantarían sospecha, dado que era un sitio bastante apartado y nadie solía acercarse más que algunos mamíferos de confianza de Bogo.

Eran muchas las caras conocidas, pero también los oficiales que no recordaba haber visto jamás. Bogo estaba parado frente a ellos junto con un león llamado Lawrence Lionheart, sobrino del fallecido alcalde, y una loba de nombre Kate Haggard. El primero era jefe del precinto dos, encargado de controlar Savanna Central, mientras la segunda era líder del precinto tres, responsable de Tundratown. Que los dos estuvieran presentes iba más allá de la necesidad de tener lo mejor de lo mejor allí presente; había en medio un clima de competencia, según decían, por ver quién sería el sucesor de Bogo una vez que dejase su cargo.

En primer lugar, el búfalo daría un paso al frente para explicar la situación. Eran doce explosivos a desactivar y también tenían que arremeter contra Whitewind, que se encontraba en el puerto; serían trece equipos en total. La ZIA se encargaría de enviar cinco grupos a diferentes puntos ubicados entre el Distrito Forestal, la zona de los canales y Las Praderas. El ZBI por su parte formó cuatro grupos que cubrirían Sahara Square y el centro de la ciudad. Finalmente la ZPD enviaría también cuatro grupos, un equipo de Haggard a Tundratown, donde sabían moverse a la perfección, mientras Lionheart iba hacia Savanna Central. Para enfrentar a Tora, por otro lado, Bogo armó un equipo de mamíferos de su mayor confianza, que lo acompañarían junto con miembros del ZBI y la ZIA, todos ellos camino a un punto de encuentro ya fijado. Rinowitz, Lobato, Jackson y Delgato fueron los elegidos para acompañar al búfalo, fuerza bruta y disciplina en su máximo esplendor, junto a… ¿Nick?

Todas las miradas se fijaron en el zorro, quien se encontraba apoyado contra la pared en una de las esquinas. Ya mentalizado para el momento de incomodidad, Nick ni siquiera se inmutó cuando los oficiales de las demás oficinas lo observaban con evidente desconfianza y desprecio. Bogo puso la voz en alto cuando varios murmullos se hicieron presentes, defendiendo al vulpino y dejando en claro que era uno de los puntos clave de la misión, dado su conocimiento sobre las fuerzas enemigas.

Con la tensión aumentada en el ambiente, Lionheart y Haggard apoyaron la decisión de Bogo y terminaron de definir cómo se formarían los equipos. Ella por su parte acompañaría a la loba, junto con Osorio, Fangmeyer, un reno y un caracal que solían trabajar con su líder y un miembro del equipo antibombas. Una construcción abandonada cuyas obras fueron detenidas sobre Crevasse Street era su destino.

Ahora sólo restaba ponerse patas a la obra, en tanto un cosquilleo en su estómago no la dejaba tranquila, cosquilleo que no negaría que le gustaba. Voltearía la mirada hacia donde estaba Nick, cuyos ojos ya estaban posados sobre ella. Todo quedaría dicho en no mucho más que un segundo, era momento de poner fin a todo.


. . . . . . . . . .

Confusión, confusión y más confusión. Las dudas se convirtieron en moneda corriente y de un momento a otro cambiaba de idea como si nada. Primero odiaba a Skye, luego la perdonaba, volvía a enojarse al punto de no querer volver a verla y terminaba llorando su pérdida y casi cometiendo una locura, todo a lo largo de unas tantas horas.

La vulpina y el contexto de su pasado, su confuso presente y trágica muerte lo llevaban a pensar en la Hermandad todo el rato. ¿Eran buenos o malos? Un concepto de lo más abstracto era la única respuesta que tenía y no paraba de cambiar su enfoque sobre el mismo. Por un momento parecían obrar bien para mantener la estabilidad de Zootopia, luego se convertían en un cáncer a exterminar cuanto antes. Necesitaba respuestas, muchas, y sólo podría responderlas, o al menos unas pocas, a través de la única fuente de información fiable que conocía: el libro que narraba su historia y seguía en patas de las Langley y Goldschmidt.

Las dos mapaches y el vulpino decidieron apartarse del grupo para esconderse y no llamar la atención de la Hermandad, en tanto el zorro seguía leyendo sobre su historia para buscar más información sobre ellos. Afirmaba haber leído el libro al derecho y al revés, pero siempre que volvía a releer aparecían datos nuevos, frases con un doble sentido y mensajes que podrían pertenecer a un código encriptado. Pudiendo aplicar ahora los conocimientos que tenían de la Hermandad, tal vez consiguiesen alguna herramienta a su favor en caso de enfrentarlos.

Debía admitir que la forma de ser de Goldschmidt era exasperante, pero sería un aliado de gran valor ante una eventual cruzada contra los Lirios de Sangre. Consideraba seriamente abandonar la ZIA, unirse a él y a Langley, junto a quienes quisieran acompañarlos, para enfrentarse a aquellos que le quitaron a Skye.

Más allá de que la Hermandad pudiera ser considerada como un mal para Zootopia, su objetivo no era ser el típico héroe que, cargado de nobleza, se enfrentaría a ellos en un combate digno de compararse a David y Goliat. Venganza, la sed de sangre y la rabia eran los únicos motivos por los cuales ahora conducía al escondite de Langley. Era impropio de él y no se sentía para nada a gusto, además bien sabía que derramar sangre no le traería de nuevo a la vulpina, pero en ese preciso momento nada más cabía en su mente. ¿Quién podría culparlo de todos modos?

Llegando a los límites del Distrito Forestal, comenzó a disminuir la velocidad para buscar la casa donde Langley se encontraba. Pudo observar varias cámaras en la zona, cámaras que la Hermandad quizás pudiera utilizar para localizar a sus objetivos. De seguro la mapache lo hubiese considerado y actuado en consecuencia, pero no por ello se le pasaba el escalofrío que recorría su espalda.

Si bien la zona no estaba tan bien cubierta como otros barrios, tal vez deberían marcharse cuanto antes a una más desprotegida aún. Lo más probable es que realizaran un seguimiento sobre él y compañía indeseada se terminase por aproximar más temprano que tarde. Había sido muy imprudente al acercarse a sus aliados sin tomar los suficientes recaudos, debía pensar con mayor calma antes de que pasara a mayores. Los recogería para abandonar rápido el lugar e iría hacia Avalanche Ave, en Tundratown, ahí estarían mejor.

A lo largo de la calle, todas las casas mantenían la misma estructura. Precarias y pequeñas, eran hogares accesibles para todos aquellos que no contasen con un buen poder adquisitivo, o para aquellos que quisieran comprarse un escondite y no quisieran gastar demasiado. No solía haber muchos mamíferos dando vueltas por ahí, mucho menos por las noches; el auto que estaba estacionado frente a la casa de Langley no era buena señal.

Pasaría de largo, pese a no ver a nadie rondando por ahí, y dejaría su auto más adelante. Luego de tomar la pistola que se encontraba debajo de su asiento, junto al silenciador que tomó de la guantera, bajó del auto y comenzó a hacer un mapeo mental de la cuadra. Si había alguien en el escondite de Langley no podría entrar por la puerta delantera.

Las casas contaban con tapiales que delimitaban el patio trasero y a su vez una pequeña extensión del frente a la derecha de la casa, como si la misma tuviera una "L". A paso ligero, se acercaría a la extensión del vecino de Langley para luego saltar por encima del tapial que daba a un patio de lo más pequeño, pero que además de una puerta contaba con una ventana. Si bien la misma estaba cubierta por rejas, las mismas sólo impedían la entrada de mamíferos de mayor tamaño y podría entrar sin mayores complicaciones, de no ser porque la persiana estaba baja y levantarla desde afuera haría mucho ruido.

Para sorpresa suya, Sarah comenzó a subirla con gran parsimonia y lentitud. Ya no había sospechas, alguien había llegado y quiénes eran no es que fuera un misterio. Ingresó por la ventana luego de deslizar el vidrio hacia la derecha, Langley afirmaba haber visto sombras a través de las hendiduras de la persiana y gracias a ello dio con él.

La mapache estaba al borde de un ataque de histeria y no era para menos. Los Lirios los localizaron y estaban interrogando a su hermana, de Goldschmidt no se sabía nada pero su largo silencio no sugería nada bueno. El par de matones ya había revisado la habitación en busca del libro y de ella, aunque logró zafarse al meterse en un compartimiento secreto dentro de su ropero, junto al bendito libro.

Un tejón, un coyote y un zorro de mármol, que parecía ser el líder, fueron sus atacantes. Por alguna razón sus teléfonos ya no contaban con señal y no podían pedir ayuda. Ninguno de los datos otorgados por la ladrona era menor, sólo con eso ya podía imaginar quién sería su oponente en cuestión de segundos. Lo de sus celulares coincidía con tecnología de la ZIA para inhibir la comunicación, mientras que zorros de mármol con acceso a ella y suficiente poder como para estar en la Hermandad no había demasiados.

La casa contaba con un baño y un dormitorio, ambos lugares estaban el uno a la par del otro, pero sin estar conectados. Aparte de ello, había una sala de estar que se combinaba con la cocina en una gran habitación. Todas las ventanas estaban con las persianas bajas y la puerta principal estaba cerrada, por lo que no podrían atacar desde fuera. Además de esto, no había mucho espacio, por lo que deberían actuar rápido. Las luces estaban apagadas y la única iluminación provenía desde el baño, todo se encontraba muy tenue y sería complicado apuntar.

Sabiendo cómo iban a afrontar a sus enemigos, Sarah salió primero con una pistola para disparar al matón más lejano, parado cerca de la puerta de entrada, y Jack aprovechó el segundo de distracción para hacer uso de su precisión. El coyote moriría primero y el tejón, que estaba interrogando a Theresa bajo la mirada de su jefe, caería en segundo lugar. Serían tres los cuerpos que quedarían en la habitación, contando el de Goldschmidt. Pese a conseguir una ventaja momentánea, no dejarían de sentir su pérdida como una derrota. Langley maldeciría en voz alta y juró vengarse, pero su enemigo no dejaba de sonreír ante ello.

Lejos de quedarse quieto, el vulpino hizo uso de velocidad para brincar hacia la hermana de Sarah y usarla de escudo antes de que lo atacaran a él. Dispararía varias veces en dirección a Jack y la mapache para hacerlos retroceder, su objetivo se vería cumplido en tanto la ladrona volvió a meterse a la habitación de donde salió y Jack se quedó detrás del refrigerador para tomar cobertura. Un grito ahogado de parte de ella y el conejo exclamando su nombre a viva voz dejaron en claro que le había dado, pero no bajaría la guardia.

—Me gustaría decir que me sorprende verte aquí, Blackwell, pero mentir no es lo mío. —El vulpino sonreiría con cierta suspicacia ante las palabras de su subordinado.

—Meterte donde no debes sí lo es, Jack. —Caminaría junto a Theresa hacia el cadáver del tejón, cuya pistola aún estaba cargada. Pese a no contar con un buen ángulo, dispararía con las pocas balas que le quedaban en su otra arma para presionar al conejo—. ¿Qué sucede? ¿Sin tu compañera no puedes?

—Suelta a Theresa y verás lo bien que puedo acabar contigo —exclamaría Jack, escuchando cómo un nuevo disparo impactaba en la heladera. Aunque no lo estuviese viendo, sabía que Blackwell se acercaba y no podría defenderse de ningún modo.

—No veo por qué debería hacerlo, me estaba ayudando con muchas ganas a encontrar algo que necesito. Quizás tú sepas algo de un libro algo viejo y gastado, me vendría bastante bien un poco de tu asistencia, así como lo hacía Skye cuando le pedía algo.

—No eres digno de decir su nombre, te vi entrar donde estaba internada y sé que fuiste tú. —Pese a los sentimientos del conejo a rayas, su voz no parecía ir cargada de impotencia ni enojo, sólo de convicción. Blackwell lo conocía, sabía que tramaba algo y dejaría de acercarse hacia él. Tenía todo el tiempo del mundo y confiaba en que usar a Skye como provocación lo terminaría haciendo fallar.

—Me costó mucho hacerlo, aunque no lo creas siempre sentí aprecio por ella. Me gustaba cuando nos encontrábamos a solas por la noche, cada tanto descorchábamos un buen vino y pensábamos en nuestros próximos movimientos dentro de la Hermandad mientras hacíamos cosas de zorros, tú me entiendes.

—No debías de ser muy bueno en ello, siempre llegaba de muy mal humor al trabajo. —Blackwell dejaría escapar una carcajada pese a que habían tocado su orgullo hasta cierto punto, Savage era mejor provocando de lo que creía.

—Me gustaría aplaudir tu ingenio, no sabía que podías ser gracioso. Sí eres un buen objeto de burla y todos nos solemos divertir a costa tuya, pero ese lado tuyo es nuevo. —El silencio de Jack no era buena señal, algo estaba por pasar. Se adelantaría con la mapache aún entre sus garras para actuar de una vez—. ¿Por qué tanto silencio, Jacky? ¿El zorro te comió la lengua? Me disculpo por ello, no fue mi intención, sólo me gusta la lengua de una bella zorrita blanca.

—Disfrutaré mucho esto tanto como no te puedes hacer una idea, maldito hijo de perra.

La persiana que daban a la calle dejaría pasar estelas de luz y en apenas un par de segundos el frente de la casa quedó hecho pedazos. La distracción de Langley fue un éxito y Blackwell, soltó a Theresa, que se tropezó al intentar huir también ante la sorpresiva intromisión de su hermana.

El auto que pertenecía a Jack estaba ahora en la sala de estar, Blackwell en el suelo luego de que varios escombros lo golpearan y Jack relamiéndose, en tanto Langley, aún sangrando de su antebrazo, bajó del vehículo. Ambos tenían motivos de sobra para matar al vulpino, aún consciente, era cuestión de ver quién lo hacía primero.

—Sigo sin creer que esto funcionó —indicaría Sarah mientras pisaba la espalda de Blackwell con todas sus fuerzas.

—Te dije que se adelantaría para ir a por mí, es muy predecible —esbozaría con orgullo el conejo.

—¡Por poco y me matan a mí también! —Los gritos de Theresa los haría desviar la mirada hacia ella—. Por muy calculado que estuviera todo, eso fue… fue… Supongo que era la única forma de rodearlo con las ventanas bajas y las puertas cerradas.

—¿Quieres que te ceda el gusto, Jack? —Los ojos de Blackwell parecían salirse de sus cuencas, no podía morir a patas de una ladrona cualquiera y el idiota de Savage. Al ver cómo el conejo tomó el arma con sus patas se decidió, usaría su último recurso.

—No puedes matarme, Jacky… — Una patada de la maldita mapache le quitaría el aire.

—¡Cierra el hocico, idiota! —exclamaría ésta ante la curiosa mirada del conejo, que ya con la pistola lista para disparar dejó de apuntar hacia el entrecejo de Blackwell.

—Dame sólo una razón de peso para…

—Skye está viva, pero no la encontrarás sin mi ayuda. —Antes de que Sarah pudiera acotar algo, Jack entró en el juego del zorro.

—Es imposible, la Hermandad la quería muerta. Además ella era muy peligrosa para ti como para que la mantengas viva, me dijo que quería acabar con todos ustedes.

—Ella sabe cosas de Arcagma y de Whitewind que podrán serme de utilidad, sin mencionar que amenazándola con su pequeño amigo rayado hará lo que sea cuando yo lo pida.

—No lo escuches, Jack, te está manipulando. —El conejo la observó por un momento y luego volvería a mirarlo a él, sonriente, provocador, soberbio…

—La guardé como el juguete que es, la usaré a mi antojo y luego tendrá que ensuciarse las patas por mí, pero puedo llevarte a ella ahora si…

En un rápido movimiento, Blackwell tomaría parte de los escombros y lo lanzaría hacia Jack. El conejo caería sentado luego de los golpes en su rostro y el arma quedaría a varios metros de él. Langley, todavía herida, no pudo defenderse del veloz ataque del vulpino y sería derribada también. Ya sin nadie en su camino, Blackwell haría uso del arma más letal con la que contaba para matar a Savage de una vez por todas. Se abalanzaría hacia él, en dirección a su cuello y con los colmillos buscando su yugular.

Jack sólo cerraría los ojos por instinto mientras un feroz rugido erizó la piel de todos los presentes. Cuando todo parecía perdido, quien se mantuvo invisible en todo momento empuñaría la pistola que cayó frente a ella. Theresa tomaría por primera vez un arma en sus patas, sujetaría con firmeza suficiente para contener el retroceso del arma y dispararía en la frente del zorro como si de una hábil tiradora se tratara.

La sangre salpicaría tanto a Sarah como a Jack, atónitos ante el acto de valentía de Theresa. Temblando todavía, daría un par de pasos hacia el cuerpo de aquel que hacía unos instantes le había apuntado a ella mientras mataba frente a sus ojos a su amigo. Un disparo tras otro saldría del cañón de la pistola hasta que un "clic" daría a entender que ya no había balas para usar. Clic, clic, clic; una y otra vez se repetiría el sonido hasta que Sarah le quitó la pistola a su hermana.

Las dos mapaches se fundirían en un abrazo, Sarah acariciaba la nuca de Theresa en tanto esta lloraba desconsolada. Seguía shockeada, murmurando cosas sin sentido y temblando por el acúmulo de sentimientos. No era la única temblando de todos modos, Jack todavía conservaba el susto y su cuerpo no paraba de tiritar. Por un momento juró haber sentido los colmillos de Blackwell en su cuello y su aliento invadiendo su nariz. Sin embargo, ya nada de eso importaba ahora. La Hermandad por fin se desvaneció de su mente junto a todas las incógnitas que podría haber tenido. Una nueva tomaba fuerza ahora, una que no lo dejaría en paz hasta que obtuviera respuesta. ¿Skye seguía viva?


. . . . . . . . . .

La mayoría de los mamíferos abandonaron la habitación, apenas quedaban dentro aquellos que acompañarían a Bogo a buscar a Tora. Rinowitz, Lobato, Jackson y Delgato fueron los oficiales con mayor desempeño a lo largo de los últimos tiempos, era normal que el búfalo hubiera optado por ellos. Estar junto a ellos le daba gran confianza, no sólo por su desempeño sino también por su trato hacia él. Rinowitz parecía ser el único que no se sentía convencido con su presencia, pero de todos modos no había aparecido ningún tipo de tensión entre ellos.

Delgato bromearía, como de costumbre, para intentar levantar un poco los ánimos y romper con la seriedad entre sus colegas. Habían decidido que primero se retirarían los grupos que irían a los puntos más lejanos, para llegar más o menos todos a su objetivo al mismo tiempo. Todavía tenían unos minutos de tiempo antes de ello, pero no exactamente para hablar de su trabajo.

—¿Entonces esta será nuestra última vez contigo al mando, jefe? —Del primero al último, todos apartarían la mirada y se quedarían en silencio ante la pregunta de Lobato—. Si hoy se cierra el caso, como parece que será, ya te darán tu jubilación. Te librarás de todos nosotros al fin.

—Sí… —Todos esperaban una respuesta mejor de parte de Bogo, a quien la pregunta tomó por sorpresa—. No me he detenido mucho a pensar en eso la verdad, ahora que Lionhearth ya no está no tengo idea de cómo se vaya a resolver ese asunto.

—No te vendría mal el descanso, Bogo, sólo mírate, tienes arrugas en las arrugas y ojeras de tamaño elefante— exclamaría Jackson, provocando risas incluso en el búfalo.

—Creo que es una buena idea a decir verdad, entre menos te vea mejor, lobo sarnoso —replicaría Bogo para mandar a callar a su subordinado—. No creo que sea algo que depende de mí, pero si así lo fuera, no estoy seguro de qué elegiría. Es difícil dejar la rutina y comenzar de nuevo, no podría pasar en mi casa más tiempo que el necesario para comer y dormir.

—Podrías ir con tus sobrinas a clases de canto, a ver si algún día llamas la atención de Gazelle y no sólo la ves a través de la pantalla como en tus ratos libres. —Las palabras de Nick trajeron un nuevo silencio a la sala y miradas de sorpresa entre sus compañeros.

—Creo que acabo de tomar una decisión: seguiré trabajando aquí a cualquier costo y te haré miserable, Wilde. —Contrario a otras épocas, Bogo tenía una marcada sonrisa en su rostro. Pese al golpe bajo del zorro, debía admitir que estaba disfrutando del momento con total plenitud.

—Rayos, estuvimos muy cerca de librarnos del búfalo mala cara, la cagaste, Nick. —Luego de sus dichos, Lobato le daría un golpe al zorro en su hombro y varios bufidos aparecerían en su contra.

—Todos sabemos que en el fondo, muy pero muy en el fondo, lo vamos a extrañar. —Que fuese el propio Nicholas Wilde quien dijera esas palabras era motivo de orgullo para el búfalo. Desde sus inicios su relación fue complicada, pero ver cómo había logrado ganarse su respeto y ayudarlo a encontrar su lugar en la ZPD era motivo de un orgullo propio de lo más grande—. Sé que no podrías soportar el no verme todos los días, pero tienes que descansar, Bogo.

—El zorro bobo tiene razón, jefe. Las cosas no volverán a ser igual sin ti por aquí, pero nos las apañaremos. —Lobato no habló sólo por sí mismo al pronunciar dichas palabras, era un deseo de todos.

—Creí estar rodeado por los oficiales más duros de la ZPD, pero tengo muchos sentimientaloides por aquí parece. —Con la vista gacha, y el corazón un tanto afligido, el búfalo dio una mirada final a los suyos antes de cambiar de tema. Se lo veía agradecido con ellos, con todos los que estaban a su mando en general. Sin embargo, no les quedaba mucho tiempo y la situación apremiaba—. Wilde, ¿crees poder hablarnos un poco de nuestros enemigos de hoy? Quiero saber a quiénes me enfrentaré en lo que ustedes quieren que sea mi última noche al mando. Crncevic fue sedado para evitar problemas mientras hay menos oficiales en la ZPD y ya no podemos hablar con él para aprender de nuestros enemigos.

—Sí, claro. —El repentino cambio de tema lo tomaría por sorpresa. Se tomaría unos segundos para meditar qué era lo más importante—. Tora es alguien increíblemente ágil aún con su gran tamaño, hay que evitar acercarnos a él y la pelea cuerpo a cuerpo si es que se presenta la oportunidad. Ya en fuego cruzado es otra historia. Su muñeca derecha es débil por unas lesiones y le cuesta apuntar, tiene que hacerlo siempre usando ambas patas. Tiene una puntería muy buena y es rápido en la toma de decisiones, pero no tanto para ejecutarlas.

—Nuestro principal problema entonces serían los rehenes que tenga presentes y la amenaza constante de las bombas a lo largo de la ciudad. —Nick asintió ante la acotación de Rinowitz—. Su fortaleza radica en que es un cabrón de mierda que no teme ensuciarse las patas, pero no es algo a lo que no nos hayamos enfrentado.

—De todos modos, no creo que haya que subestimarlo, es en serio inteligente. Nos está esperando y seguro que tendrá algo con lo que quiera controlarnos —afirmaría el vulpino.

—¿De sus hombres puedes decirnos algo? No sabemos quiénes son todos los presentes, pero va acompañado de un oso pardo que lo sigue a todos lados y hay unos tres o cuatro mamíferos que también parecen muy allegados a él. Hay un reno, un puma y dos lobos. —Por el rostro de Nick, todos entenderían que no había mucho que pudiera decir.

—El oso, si es quien creo que es, era uno de los guardias personales de Arcagma. Es un poco más grande que la media de su especie, es feroz y si le tiene que arrancar la cabeza a alguien lo hará como si fuera una muñeca de trapos. Tenía un apodo… Pop, si es que no me falla la memoria.

—Tendremos que llevar munición pesada entonces para el pequeño Pop —acotó Delgato, haciendo sonreír a un par—. ¿De los otros nada, Nick?

—No los he visto en combate a muchos, a menos que los vea en el momento no podría adivinar además quiénes son. El reno quizás pueda ser un tal Jeffers, solía acompañar a Crncevic y era de los más cercanos, me sorprende que esté tanto con Tora. —Bogo le haría un gesto para que se explaye más, recordaba haber leído dicho apellido en los informes—. Tenía negocios con un cártel, el tipo no parece la gran cosa por su físico en extremo delgado, pero si acompañaba a Crncevic debía de cuanto menos ser bueno.

—Ya va siendo hora de irnos, si hay algo más que creas que sea relevante nos lo dices de camino. —Un par de los que estaban sentados abandonaron su silla con rapidez ante los dichos de Bogo. Para cuando el búfalo estaba por salir, una vez más Nick tomó la palabra.

—Una última cosa: estando en su escondite logramos acabar con varios de ellos. Crncevic se tomó la traición de los suyos muy a pecho y realizó una auténtica masacre. Tora ha de tener muchos mamíferos a su cargo, pero muchos han de haber sido llamados hace poco para volver a aumentar sus filas. Si es que puso a al menos uno o dos de sus mejores hombres a custodiar los puntos más importantes, estoy seguro de que estará corto de personal, o acompañado de criminales menores. Para contrarrestar esto, ha de contar con algo más que los rehenes, hay que estar listos para todo.


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Cada equipo salió de la ZPD en un momento diferente, todos vestidos de civil y por diferentes salidas. Contaban con equipamiento dentro de un par de vehículos preparados previo a la reciente reunión. Su equipo iría en una van que se solía usar para trabajos en cubierto. Conduciría el reno, un tipo de lo más serio llamado Abraham Stones.

Según le comentó Bogo por lo bajo, las agencias y también los Lirios de Sangre habían monitoreado movimientos en todos los puntos donde combatirían a través de cámaras que se encontraban en las calles y en diferentes negocios. Sus enemigos los esperaban, pero sabrían dónde y cómo atacar. Lo primero sería eliminar usando sigilo a quienes cuidaban el perímetro, pero luego su tiempo sería muy limitado. Había un escuadrón de Whitewind que custodiaba el galpón donde debían entrar y luego otro dentro custodiando la bomba. Cada tres minutos, más o menos, los mamíferos del perímetro parecían reportarse con alguno de los otros escuadrones, o quizás incluso con su mismísimo líder, para dejar por sentado que todo seguía bien.

¿Qué antes estaba relajada y en paz? ¿Disfrutando de la tranquilidad antes de la posible batalla final con mariposas en el estómago? Pues, nada de eso quedaba ya, ni siquiera un resquicio. A excepción de Fangmeyer, todos parecían estar tan tranquilos como si se dirigieran a un día de campo en el más bello de los parques, pero la realidad era otra y comenzaba a exasperarse ante la postura de sus compañeros que no podía imitar, aunque hasta hacía un rato se sentía así.

Las miradas de los miembros del precinto tres tampoco servían para tranquilizarla del todo. Podía notar ciertas dudas y desconfianza alrededor suyo, y quizás no fuese para menos. ¿O quizás exageraba? Vamos, sólo una inyección de confianza necesitaba, unas palabras bonitas, una palmada en la espalda, todo menos lo que la loba, el caracal y el miembro del escuadrón antibombas, un puma, estaban haciendo.

Luego de cruzar miradas con Fangmeyer, pudo ver cómo Osorio, que estaba a su lado, tomó una foto de su bolsillo. Escuchó por ahí de un par de hijos que tiene y de una bella esposa que cocina muy bien. Lejos de estar preocupado, el oso dirigió su mirada hacia el tigre y le pasó la fotografía. Carl y Luke se llamaban sus cachorros, el primero era el más grande y solía molestar demasiado al menor. No se llevaban muy bien por momentos, aunque, según relataba Osorio, al despedirse de ellos camino a Zootopia los encontró abrazados en su habitación. Su legado estaba listo, pese a sus diferencias habían logrado encontrar el amor del uno con el otro para ayudarse y no podía sentirse más orgulloso. ¿Cómo no adentrarse en medio de semejante caos, sabiendo que lo más importante que había dejado en el mundo estaba en juego?

Comenzó a pensar desde un punto de vista diferente en su familia, en sus amigos, en Nick, todos los mamíferos por los cuales estaba ahí, y aunque comenzó a sentir que aumentaba la presión, le sirvió de ayuda hasta cierto punto. En momentos así, era casi imposible que los allegados de uno no se vinieran a la mente, pero contrario a Osorio temía no poder volver a verlos; intentaba refugiarse en los buenos momentos para no traer pensamientos negativos, lo cual no servía para mucho más que tener una tranquilidad relativa.

Pensar en los demás, como Osorio le enseñó, hizo que tomara coraje a diferencia de cuando pensaba en sí misma y sus problemas. En un pensamiento fugaz, no pudo evitar recordar cómo el zorro se vio afectado por su torpeza más de una vez, cuando sólo pensaba en ella, en los méritos y la gloria.

Solía temer no volver a ser la misma si sus recuerdos no volvían, pero ahora comprendió que su enfoque era erróneo. Su ego había sido alimentado por tantas victorias que comenzó a descuidar aquello que la rodeaba. Arriesgaba a Nick en toda misión, así como también se enfocó tanto en el trabajo que se comenzó a alejar de sus amigos y su familia. ¿Cuántas veces se tomó vacaciones para ir a Burrows? Recordaba el cumpleaños de su madre, unas vacaciones de navidad y otra ocasión donde presentó a Nick. Llamadas rechazadas, citas canceladas, encuentros frustrados todo el rato. ¿En serio lucharía por ser una coneja trabajólica de nuevo? ¿Para qué? ¿Para volver a ser una egoísta que no podía ver más allá de su nariz?

Como si la energía negativa que estaba sintiendo en ese momento comenzara a esparcirse, Kate Haggard la llamó por su nombre. Contrario a cómo fue durante la charla con Bogo, su tono de voz ahora era mucho más suave y amigable. Le recordaba mucho a la forma de ser del búfalo en el último tiempo.

—¿Te sucede algo, Judy? No te ves muy bien, y ahora mismo necesito que estés mucho más que bien. —Supo decir la loba, mientras Osorio guardaba la fotografía de su familia y el grupo posaba la mirada en la coneja. El ser llamada por su nombre la tomó por sorpresa, titubeó por un momento pero no tardaría en responder.

—Puede que no lo parezca, pero me siento muy bien en realidad, estoy lista para lo que sea —afirmaría la coneja sin dejar que las miradas la hicieran retroceder.

—Supongo que no se podía esperar menos de la coneja que salvó Zootopia de los Aulladores. —Las palabras de Haggard no iban cargadas de tanto entusiasmo, por más que no lo estuviese diciendo para molestarla—. Le dije a Bogo que quería un equipo conformado sólo por mi gente, por cuestiones de coordinación y esas cosas, no es fácil que un equipo funcione al cien por ciento si no todos se conocen. Confío en sus capacidades tanto como es posible, pero dada la magnitud de nuestra tarea, tendremos que trabajar por separado, al menos en una primera instancia. Necesito que su valor individual triunfe por sobre lo grupal apenas nos adentremos

—Son varios enemigos, no podemos atacar por separado, nos superan en número ampliamente —exclamó Osorio, un tanto confundido ante los planes de su nueva líder—. Tenemos que trabajar en bloque y avanzar juntos, es nuestra única chance.

—Sé que Bogo prioriza el trabajo en equipo, pero ahora mismo nuestras condiciones no son las más óptimas. Este grupo se armó pensando en sus capacidades para el sigilo y la discreción, lo cual nos permitirá acabar con la primera tanda, y también pensando en el poder de fuego y fuerza bruta, para cuando vayamos a por la maldita bomba. — indicó Haggard con firmeza. El vehículo frenó a la par de una acera, estaban a unos doscientos metros de su objetivo—. En el precinto tres solemos trabajar así, cada uno con una pequeña misión personal, todas en pos de un objetivo grupal.

—¿Y qué sucede si uno se retrasa en su "misión personal"? —preguntó Fangmeyer resaltando las garras de sus dedos; el felino no se encontraba para nada convencido respecto a la forma de actuar improvisada de la loba.

—Hopps pudo resolver el caso de los Aulladores siendo ayudada sólo por un civil, Osorio trabajó solo en la captura de varios miembros de la pandilla Baresi y tú, Fangmeyer, como has de recordar, tuviste un rotundo éxito cuando rescataste tú solo a tus compañeros, luego de una misión de sigilo que fracasó. Todo esto, claro, por citar algunos ejemplos, pero deben saber que no están aquí por casualidad. —Nadie pudo replicar a los datos de Kate, quien ante el silencio de todos continuó—. Los buenos tiempos que vivió nuestra ciudad nos malacostumbró a tomar siempre el camino fácil, un policía debería poder responder siempre por sí mismo y no depender de alguien más todo el tiempo. Demuéstrenme que están a la altura de esta batalla, o quédense aquí dentro temblando como cachorros mientras el destino de Zootopia es escrito por quienes tienen el valor de portar esta placa.


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En cualquier momento llegarían al puerto y a medida que avanzaba el tiempo más relajado se encontraba. Después de todo lo malo que había pasado, las cosas ahora sólo podían salir bien. Quizás pecaba de optimista, pero ahora que todo dependía de él y su gente era como si se hubiera quitado un gran peso de encima. Había sido perdonado por Judy, Drew estaba a salvo, todas las agencias desplegadas, Arcagma muerto y Herbert fuera del camino; sobraban las razones por las cuales todo podía salir bien.

No recordaba ocasión para la cuál llegase con tanto armamento. Fueron contados los casos para los cuales usó algo más que una pistola y ahora contaba con una nueve milímetros con munición perforante, otra normal con silenciador, un subfusil y dos granadas, una explosiva y otra cegadora, sumado todo al casco y chaleco. Era loco pensar que hasta hace apenas unos años estaba estafando idiotas en las calles y ahora parecía estar en el casting de una película de acción.

En la academia les habían enseñado a usar diferentes tipos de armamento y a medida que eran demandados para misiones de mayor complejidad, tanto él como Judy y algunos más fueron llamados para seguir mejorando. Que lo obligaran a prepararse para ir al infierno mismo no había sido quizás el mayor de los privilegios, pero permitirle luchar por lo que quería con todos los recursos que le otorgaron era, cuanto menos, una sensación de lo más intensa. Si bien no era de volverse loco como su amada come-zanahorias, no negaría que estar armado hasta los dientes y con la adrenalina haciendo que se le erice hasta el último de sus pelos se sentía bien.

Las indicaciones de Bogo eran claras. Debían estar tranquilos, no jugarse el cuello y no querer ganarse el título de héroe a costa de una bala en la sien. Al ser un puerto de carga estarían en una zona compleja, con varias coberturas y espacios cerrados, prudencia y máxima concentración eran requisitos obligatorios.

En primera instancia, los de la ZPD debían estar listos para arremeter contra los mamíferos de Arcagma mientras agentes de sigilo de la ZIA intentaban identificar al máximo número de enemigos y localizar a los rehenes. Estando conscientes de sus posibilidades, actuarían en consecuencia y buscarían rodear a Tora rápidamente para no dejarlo pensar en ninguna alternativa. El ZBI tenía un escuadrón por tierra, con Clarke al mando, y también daría apoyo aéreo de hacer falta con dos helicópteros con más agentes listos para actuar. Si bien Bogo lo quería haciéndose cargo de una de las bombas nucleares, su agencia decidió que por sus habilidades de negociación sería mejor enviarlo a por Tora. Aunque pudiera parecer un premio a sus habilidades, en realidad era todo lo contrario. Por haberse aventurado solo en la mina de Arcagma, sería enviado a una tarea de menor jerarquía según el criterio de sus superiores.

Al observar que no había ningún vehículo en la zona, descendieron de su van para no levantar sospechas. Comenzaron a caminar cerca del muelle que se encontraba previo a la zona de descarga de los barcos y procedieron a avanzar con cautela, aprovechando la enorme cantidad de pasadizos de la zona. Se arriesgaban a ser flanqueados en cualquier momento, pero de tener éxito nunca los verían llegar.

El reporte del equipo de sigilo llegaría a los pocos instantes. Tora estaba dentro de una zona llena de containers que se encontraba a doscientos metros de su ubicación actual, no lograban visualizarlo pero oían su voz usando amplificadores. Lo más probable es que estuviera escondido dentro de uno de ellos, con los rehenes ubicados en lugares diferentes pero vigilados de algún modo. La zona era custodiada por una gran cantidad de mamíferos a su cargo, siendo un mínimo de treinta que enviaban información constante a través de auriculares inalámbricos.

—Si Tora se comunica con sus hombres difícilmente esté encerrado en un container metálico que dificulte la señal. —El comentario de Lobato sería comunicado por Bogo al equipo de infiltración, que intentaba interceptar la señal para obtener más información que les fuera de utilidad—. Esto de aquí podría ser una distracción.

—Hay containers que se hacen de madera para venir en buques más pequeños, ya que son más livianos que los metálicos —indicaría Rinowitz, cuya data podría servir para que los de la ZIA se orientaran mejor.

—Me están diciendo que hay algunos que parecen ser de madera, pero también hay algunos abiertos cuyo interior no llegan a ver. No tendrían problemas de señal si así fuera. —El búfalo se quedaría una vez más en silencio mientras hablaba con el equipo de sigilo.

—¿Estamos seguros de que Tora está aquí? —La pregunta de Jackson haría dudar a varios de los presentes.

—Es el último lugar donde fue visto y alrededor está lleno de cámaras. Si se hubiera ido nos habríamos dado cuenta —replicaría Nick para traer calma.

—Esperen, tenemos algo. —Todas las miradas se fijarían en su líder—. Acaban de traer a alguien más, parece que es un zorro con una bolsa en la cabeza… Es escoltado por un lobo, lo llevaron al interior de un container azul con un equipo de computación.

—¿Otro rehén? —pensaría en voz alta Delgato—. Es muy raro eso.

—Creo saber qué es lo que pasa… —Sin entender demasiado, Bogo observó a su subordinado a la espera de una respuesta—. ¿Pueden decir cómo luce? Su ropa, su altura, lo que sea.

—Dime lo que está pasando, Wilde —exigió el búfalo, pero no recibiría respuesta alguna. El semblante del zorro cambió por completo, se lo veía casi desbordado—. ¡Vamos Nicholas! ¡No hay tiempo!

—Podría ser mi primo. —El susurro del vulpino fue apenas audible y dejó a todos confundidos, era inentendible su presencia allí.

—No tendría sentido que lo traigan, Nick, ya tienen rehenes de sobra —señalaría Lobato para traer calma a su compañero, pero este negó con su cabeza.

—No, no es por eso. Él… —Esperaba no tener que arrepentirse de comprometer la identidad de Drew, pero la situación apremiaba—… sabe usar el virus del Archimago.

Mientras las dudas no hacían más que crecer y todos quedaron sorprendidos, el zorro comenzó a insultar por lo bajo, aunque sin escatimar en vulgaridades. Todo estaba más que claro, Tora sacaría provecho de su manejo del virus para extraer el dinero que le depositaran. Bogo se limitaría a decir que el zorro era otro rehén y no aclarar del todo la situación.

A través de la amplificación de sonido pudieron escuchar la voz del tigre viniendo del container donde acababa de entrar Drew, pero junto a ello se sentían otros sonidos y poco a poco se perdió su voz. Era como si Tora hubiera dejado el container y pasado a otro, debía de haber una abertura hecha por ellos mismos para pasar a los que se encontraban a la par del de la entrada.

—¿Entró a un container que tiene varios al lado? —La respuesta de Bogo sería positiva—. Con algunos puedes quitar las paredes laterales, no sería de extrañar que toda esa fila sólo conforme una gran habitación y sea una fachada desde fuera. —El análisis de Rinowitz serviría para planificar su accionar de ahora en más.

—¿Estás seguro de eso? —preguntaría Bogo antes de comunicarse con el equipo de la ZIA.

—Si el tipo es tan inteligente como se presume, el container donde entró el primo de Nick ha de ser uno normal, donde al fondo ha de tener guardias que te vean entrar. Luego a su costado una abertura hecha por ellos, ya que no vienen con puertas de ningún tipo. Hay unos llamados flat rack que no tienen techo ni paredes laterales, los cuales han de haber intercalado con unos llamados open side, que tienen techo y grandes puertas a sus costados. Eso permitiría apilar otros encima de forma perpendicular para que sirvan de techo también y no puedan atacarlos desde arriba.

—¿Algo más que deba saber, Rinowitz? —Bogo recibiría un no como respuesta cuando su agente moviera la cabeza de un lado a otro. A continuación, procedería a comunicarse una vez más con el equipo de la ZIA.

—Trabajé en un puerto con mi hermano y mi padre antes de entrar a la fuerza —explicaría con su característica seriedad el rinoceronte ante las miradas estupefactas de los suyos.

Con un panorama más claro, ahora sus planes se habían modificado en acuerdo con la ZIA y el ZBI, que estaba listo para actuar desde el punto contrario por donde ellos harían acto de presencia. Avanzaron con rapidez mientras terminaban de dejar todo en claro: cada tres minutos se recibían informes de los lugares donde estaban los explosivos. Cuando se reportara el próximo llamado de los mamíferos de Tora, esperarían lo máximo posible para dar tiempo a que las bombas fueran desactivadas. Acto seguido avanzarían utilizando el sigilo en primera instancia y luego le harían saber al tigre que estaban ahí fuera usando toda su potencia.

Su estrategia podía poner en riesgo a los rehenes, pero era muy poco probable que Tora los dañara si estaba acorralado, intentaría negociar a toda costa. Si bien temía por su primo, confiaría en el criterio de Bogo y no pondría peros de ningún tipo. Lo único que pedía era que nadie allí dentro hiciera nada estúpido que pudiera ponerlos en riesgo, Tora había demostrado que no le temblaba la pata al momento de matar.


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No negaría que los métodos de la jefa Haggard debían de cosechar ciertos éxitos, pero obligar a que todos se separen y hacer que ella sola se enfrente a cuatro matones en simultáneo era una medida algo drástica, considerando que no recordaba haber estado en situaciones similares. El caso de los Aulladores lejos debía de estar de un combate como el que iba a afrontar; sus palabras habían sido muy bonitas y todo, pero no le dieron ni un poco de ánimos.

Dos lobos, un zorro y un jabalí eran sus objetivos. Necesitaba sangre fría, convicción y ser en extremo precisa para medir a continuación sus movimientos. Los lobos charlaban apoyados contra una pared, mientras que el jabalí estaba a unos quince metros de ellos, tenía una metralleta lista, y vigilaba con la vista fija hacia el oeste. El zorro por su parte estaba tonteando con un teléfono relativamente cerca de los otros cánidos; según pudo observar era el único que a simple vista tenía un intercomunicador para hablar con quienes estaban dentro del galpón o con alguno de los líderes.

Estaba obligada a acertar el primer disparo, con el factor sorpresa quizás podía hasta llevar a que hubiera una segunda baja si contaba con suficiente habilidad. Para esa estrategia lo mejor sería apuntar a los lobos, que estaban el uno junto al otro, pero dejaría libre al vulpino y éste podía dar la alarma a sus aliados. Por otro lado, el jabalí era el único que estaba empuñando su arma y sería, por lógica, el primero en arremeter contra ella. Matarlo antes que los demás le garantizaba suficiente tiempo como para realizar una segunda acción y era lo más seguro para ella, pero estando tan lejos de los demás, ¿cuánto tiempo le daría realmente?

Analizó la situación en base a sus recursos. Una pistola con silenciador y otra por si acaso lista, aunque sin silenciador. Tenía munición más que suficiente para este combate aunque debía resguardarse para el siguiente, que sería ya junto a sus aliados dentro del galpón. Arremeter con un arma en cada pata era sin dudas la mejor estrategia, pero el ruido del disparo podría atraer más enemigos. El ruido… No sólo debía acabar con sus enemigos y evitar que llamaran a nuevos aliados, si le llegaban a disparar podrían alertar a todos en la zona.

Pese al cambiante panorama que había en su mente, el momento de tomar las riendas de la situación llegó cuando el zorro reportó que todo se encontraba bien en su perímetro. Revisó su teléfono en un segundo y ya era la hora pautada, todos estaban en posición a lo largo y ancho de la ciudad para cumplir con su parte. Tenía tres minutos para acabar con la tarea que le había sido asignada y luego ir donde se encontraría con sus aliados. Llegó el momento de actuar.

Sus primeros dos objetivos tendrían que ser el jabalí y el zorro, en ese orden. El porcino era el más peligroso ahora mismo, si algo le pasaba a ella ahí mismo la misión estaría condenada al fracaso porque todos sus enemigos estarían al tanto del ataque. Se escondió detrás de unas bolsas de basura, a la par había también un contenedor que podría servirle de cobertura cuando hubiera fuego cruzado.

Luego de tomarse unos segundos para apuntar, bajó su arma y respiró tan profundo como le fue posible. Si temblaba como lo estaba haciendo, dar en la cabeza del jabalí sería de lo más dificultoso. Trajo a su mente todo aquello que podía concederle paz, largó el aire y volvió a apuntar, esta vez con mayor determinación.

Nadie se percataría de la muerte del jabalí hasta que este cayera inerte, los lobos serían los primeros en actuar. Correrían hacia él, mientras un distraído zorro tardaba en reaccionar por estar más atento a su teléfono que a su alrededor. Para cuando los lobos lo llamaron, Judy ya estaba lista para jalar del gatillo una vez más. El tiro no sería tan limpio en esta ocasión y le daría en el pecho; el vulpino se quedó estático mientras se tomaba con fuerza de la zona lastimada, los lobos se acercaron a él pero observando todo a su alrededor para buscarla. Aunque quizás delatase su posición, la coneja dispararía una tercera vez para terminar con la vida del zorro. El movimiento seco hacia atrás de su cabeza y su posterior caída de espaldas dejaron en claro que su precisión y habilidad eran mucho más refinadas de lo que hubiese pensado hasta hacía unos momentos.

Su velocidad de decisión y la capacidad con la cuál enfrentaba a sus enemigos la eclipsaron por un instante. A lo largo del caso ya había estado en combate, pero nunca lo hizo en soledad. Entendía en parte la razón de por qué se dejaba llevar tanto en el pasado, pero este no sería el caso. Antaño tal vez hubiera salido de su escondite para un ataque frontal impetuoso, pero no había necesidad de eso.

Uno de los lobos señaló de dónde había llegado el disparo, si se mostraba para atacarlos podrían arremeter contra ella. Sin llegar a mostrarse, pudo ver cómo uno de los cánidos intentaba tomar el intercomunicador del cuerpo del vulpino. Dejándose llevar por sus instintos, tomó con firmeza su arma y disparó hacia él mientras todavía estaba agachado. El lobo restante logró localizarla a la vista, pero cometió el error de estar demasiado cerca de su compañero. Judy no perdió mucho tiempo en apuntar, ahora que sólo quedaba él no hacía falta un tiro tan limpio. Primero le dio en una de sus patas y luego en el pecho. Sus ojos seguían abiertos para cuando cayó de frente, con la mirada clavada en ella hasta el final.

Quedaba poco más de minuto y medio para reagruparse con sus aliados. Corrió a gran velocidad hacia la entrada posterior del galpón, donde se encontraría con Fangmeyer y Osorio, que la estaban esperando. La puerta había sido abierta desde el exterior con la llave de uno de los guardias con los que acabó el oso, pero todavía no entrarían. En cuanto sintieran los primeros disparos debían entrar, Haggard les ordenó esperar a que llamaran la atención de sus enemigos para que luego ellos los flanquearan desde el otro extremo.

Con los primeros estallidos que llegaron en cuestión de segundos, un grito de la loba se oyó desde dentro. Era su señal, sus rivales debían de haber retrocedido lo suficiente como para encontrárselos casi cara a cara. La puerta doble de aluminio se abriría de par en par y, sin dar un respiro a los mamíferos que custodiaban una de las tantas bombas, comenzaron a acribillarlos usando todo su arsenal.

Osorio sería el primero en entrar, lanzando un par de granadas cegadoras. Acto seguido, Judy atacaría a los enemigos que estaban hacia la izquierda y Fangmeyer a la derecha; el oso por su parte dispararía a todo lo que se encontrara de frente. Fueron dieciséis los mamíferos con los que se toparon. Si bien ganaban ampliamente en número, ante la sorpresiva intromisión a sus espaldas, fueron abatidos en un fuego cruzado que no duraría más de medio minuto. Con disparos llegando de todos lados, un par se limitaron a tirar sus armas y se echaron al suelo tapándose la cabeza para rendirse.

El oso del precinto uno, el más intimidante de todos los oficiales presentes, sería el encargado de hacer que los cuatro criminales que seguían con vida se quedaran contra una pared. Fangmeyer volvería a cerrar las puertas por si algún enemigo que no hubiera sido localizado los tomara por sorpresa, todavía no podían confiarse. Su concentración debía seguir siendo la máxima posible hasta que su compañero el puma terminara de analizar cómo desactivar la bomba.

Mientras los presentes saboreaban la victoria parcial, sin siquiera sufrir bajas de algún tipo, Judy comenzó a pensar en Nick y aquellos compañeros que lucharían contra Tora, así como en todos aquellos que se desplegaron a lo largo de la ciudad. Sabido era que Arcagma había reclutado a varios criminales de poca monta, varios de sus enemigos habían actuado como tal.

El temido ejército de Arcagma lejos estuvo de ser temible ahora que se había dividido para cubrir los diferentes puestos que su jefe les encargó. Eran muchos, pero eso no significó impedimento alguno para que triunfaran. ¿Sería que Bogo y Haggard acertaron en la formación del equipo? ¿Mérito personal de cada uno de los involucrados? Afirmaría que un poco de ambos, sin duda. Dejaría de pensar en todo ello, sin embargo; con la inyección anímica con la que contaba en ese preciso momento, no escatimaría al momento de sentirse bien consigo misma. Después de mucho tiempo, volvía a sentirse a la altura de aquella Judy Hopps de la que tanto le hablaban.


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Estaban pegados contra una pared del callejón que se encontraba previo al playón donde se apilaban los containers. Podían observar que estos se disponían en filas de cinco y se apilaban hasta tres veces normalmente, aunque había algunos que estaban aislados o acomodados de a pares. El orden no era algo que resaltara en lo que sería su campo de batalla. Cuanto menos sabían dónde se encontrarían con Tora, Drew y los rehenes, a unos treinta metros de su ubicación actual.

La orden de Bogo era lo único que necesitaban para avanzar. El equipo de sigilo de la ZIA hacía su trabajo para despejar la zona de aquellos que estaban más separados de sus compañeros. Hacía unos pocos segundos que pasó el llamado general para reportar que todo iba según su plan en donde estaban las bombas, debían estar preparados porque en cualquier momento sería su turno de actuar.

Comenzaron a notar que el nerviosismo se hacía cada vez más presente entre los mamíferos de Tora, de un momento a otro comenzaron a hablar más entre sí con sus cercanos. La creciente ansiedad llegó a su fin cuando desde la ZIA les indicaron que debían avanzar; con once enemigos que perecieron en sus garras, ahora sería mucho más fácil.

Se dividirían en dos bloques que avanzarían en dos direcciones, uno tendría como objetivo avanzar hacia la ubicación de Tora y el otro ayudaría a acabar con los enemigos de a sus alrededores. Jackson, Rinowitz y Delgato se encargarían del trabajo sucio, mientras que él junto a Bogo y Lobato buscarían acercarse al tigre. El ZBI avanzaría de igual modo desde el extremo contrario para cubrir la totalidad del área y evitar que nadie escape.

Se movían lento y usando sus silenciadores para no llamar la atención de todos de inmediato, tomando toda cobertura en el camino que les sirviera para no revelar su posición de primeras. No harían más que unos pocos metros para cuando comenzaron a jalar del gatillo, se encontraron de frente un grupo de cinco. Sus enemigos reaccionaban cuando un par de los suyos cayeron a su lado, pero era demasiado tarde porque ya los tenían en la mira.

La situación se complejizaría cuando, al acercarse al container en el cual estaba Tora, las coberturas pasaron a ser mínimas y sus enemigos eran diez. Los vieron llegar y lograron cubrirse por poco, pero era cuestión de tiempo para que se acerquen a flanquearlos. Pidieron apoyo tanto a sus compañeros de la ZIA como de la ZPD, pero sus situaciones también eran complejas y no podían acercarse. Del otro lado, el escuadrón dirigido por Clarke tenía que superar a unos pocos enemigos, pero estaban retrasados porque en un inicio se toparon con varios de ellos.

Bogo apoyaba sus espaldas contra un container mientras que él y Lobato estaban cubriéndose con otro a unos metros de su jefe. Si se asomaban por el espacio que los separaba serían acribillados, deberían rodear la zona o esperar ahí mismo. Moverse y abandonar su posición era lo mejor, así que tanto Bogo como Nick rodearían la zona para encontrar otro lugar por dónde avanzar o cuanto menos protegerse. Lobato mantendría su posición y luego lanzaría una granada cegadora para evitar que sus enemigos se acercaran, dando tiempo además a que sus compañeros lograsen llegar.

Con Tora ya consciente de su presencia, sus movimientos y decisiones tenían que ser más rápidas. Apenas abandonó a Lobato se topó de frente con un coyote al girar hacia su izquierda, pero en un pestañeo lo mataría usando su subfusil. Sabiendo que no aparecerían enemigos a sus espaldas porque la ZIA había limpiado la zona con anterioridad y el lobo lo cubría, corrió a lo largo de un pasillo que se formaba por los containers; al final del mismo podía girar a la izquierda, donde estaría la entrada del refugio de Tora también custodiada.

Un enemigo lo esperaba desde la esquina y comenzó a dispararle, tuvo que brincar hacia la derecha apenas lo divisó para evitar salir herido. Una vez más giraría, esta vez hacia la derecha, alargando un poco su camino y arriesgándose a ser flanqueado. Haciendo uso de su astucia, volvería sobre sus pasos para ver si su adversario había abandonado su cobertura y, efectivamente, se lo topó cara a cara. Supo deducir que buscaría encerrarlo con algún aliado, por lo que tomó el que creyó que sería el camino más corto para sorprenderlo. Lo más lógico sería esperar al segundo enemigo que llegaría a sus espaldas, pero no quería perder más tiempo.

Una vez más tomó el camino que quiso usar en primer lugar. Los sonidos de disparos se acrecentaban cada vez más rápido, debía avanzar con mayor determinación. Tomaría su granada cegadora y la prepararía para lanzarla hacia quienes custodiaban la entrada. Al girar se aseguró en un vistazo dónde apuntar y que no hubiera aliados ahí mismo para no complicarlos. Su análisis de la situación se definió en milésimas de segundo y con toda su furia lanzó la granada para después tomar cobertura. El fuego cruzado aumentaría en intensidad, Bogo y Lobato debían de haberlos acribillado, quizás Clarke hiciera acto de presencia.

Desde los cielos un par de luces se harían presentes, el apoyo aéreo del ZBI estaba listo. Sin embargo, de poco y nada serviría su apoyo. La llamarada sería instantánea y terminaría de iluminar el cielo cuando uno de los helicópteros explotó para sorpresa de todos. Estaba claro que contaban con una bazuca, por lo que el equipo restante se retiraría por razones lógicas; habían perdido un recurso clave.

Recordando que tenía al menos un enemigo buscándolo, intentó localizarlo antes de avanzar. Lo visualizaría en el mismo lugar donde había matado a su compañero, estaba viendo si seguía respirando o no. Si bien era desleal en toda regla, no le daría oportunidad para defenderse y lo tomaría por sorpresa. Gastó más munición de lo que hubiera querido, pero acabó con él sin mayores dificultades.

Tomando los recaudos necesarios con antelación, se asomaría hacia la entrada para ver cómo estaba resultando todo. Desde el interior del container, sus enemigos disparaban en direcciones opuestas, evitando el avance de los suyos. Desde donde estaba él los tenía de frente, podía atacarlos aunque se expondría demasiado y el subfusil no le garantizaba nada desde su posición, las pistolas eran la mejor opción.

Sus oponentes ya lo habían localizado cuando lanzó la granada, en ese preciso momento sólo podía aguardar por su mejor oportunidad. Aprovechando que los pocos enemigos que restaban eran presas y no tenían visión nocturna, decidió avanzar lentamente para ganar terreno. Se comunicó con Bogo para dar a conocer su situación, en ese preciso momento él era la mejor carta para avanzar.

Desde ambos flancos, disminuyeron el nivel de agresividad para obligar a sus rivales a atacar. Respondían muy poco y apenas salían de su cobertura ante la fiereza de los mamíferos de Tora, que pronto tuvieron que recargar. Fue entonces que se le presentó una chance inmejorable.

Salió de las sombras y comenzó a disparar con ambas pistolas mientras iba en dirección a ellos. No recordaba haber sentido tales niveles de adrenalina, era a matar o morir. La sorpresa que causó permitió que sus aliados avanzaran, más aún con el par de bajas que había logrado conseguir a su favor.

Aprovecharía su agilidad vulpina para avanzar en zigzag y apenas se le terminó la munición en sus pistolas tomó el subfusil sin pensarlo. La ráfaga de balas sería de lo más imprecisa, pero obligaría a sus enemigos a soltar sus armas al ver que terminarían por ser rodeados.

Pudo observar a Clarke llegando con dos de sus hombres, a Bogo intacto y a Lobato herido en su pata más hábil. Los miembros del ZBI custodiarían a aquellos que se habían rendido mientras los demás se adentraban. Por orden del búfalo, los equipos restantes debían custodiar el área para asegurarse de no ser emboscados. Lobato también se quedaría fuera, estando herido podría entorpecerlos más que ayudarlos. Sus enemigos estaban acorralados, por lo que lo más importante ahora era mantener la calma. Había llegado la hora de enfrentar a Tora e intentar negociar.


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La Hermandad había enfrentado momentos de gran adversidad con anterioridad. Estando más de una vez en peligro su futuro, la experiencia les permitió aprender a sobrellevar situaciones extremas con medidas extremas. Quizás la ciudad pereciera esa noche, pero si ellos seguían vivos lograrían que resurja cual ave fénix. Era primordial que los miembros principales estuvieran seguros, junto a sus posibles sucesores y aquellos familiares o allegados que podían unirse en un futuro cercano para tomar el lugar que les correspondía.

El protocolo era claro: los siete líderes, los siete mamíferos que más opciones tuvieran de convertirse en cabecillas de la Hermandad, hasta dos familiares directos por cada líder y los encargados de su seguridad se encontraban en un refugio bajo tierra; ni la más potente bomba de Arcagma podría siquiera hacer temblar sus paredes. El espacio era poco, pero estaban a salvo de cualquier cosa que sucediera afuera y tenían suministros suficientes para algunos días, generadores, dos baños, varias camas y los mejores amplificadores de señal que la ZIA pudo conseguir para entablar contacto con el exterior.

Si bien las instrucciones eran claras, varios rostros conocidos no estaban presentes. Blackwell optó por ignorar las reglas, Raines por obvias condiciones no los acompañaba, algunos rechazaron la seguridad del bunker para estar con sus familias hasta el final, dejándole su lugar a otros, y su amada familia continuaba en su casa.

Su esposa sabía dónde estaba metido pero siempre se mantuvo alejada y nunca quiso que Fru Fru y su pareja se relacionaran con la Hermandad. Amaba a su familia lo suficiente como para evitar que sus descendientes se sumieran también en tan profunda red de engaños, mentiras y ambiciones. Teniendo ya suficientes recursos para vivir plácidamente, ¿con qué necesidad haría que los suyos se unieran a la Hermandad en busca de poder y gloria? Ya todo el mundo sabía de su decisión y nadie lo había cuestionado, era quizás hasta un alivio que un linaje tan fuerte como el suyo se alejara en buenos términos para que otros se arrancaran los ojos para tomar su lugar. Quizás un eventual triunfo sobre Arcagma esa misma noche serviría para que pudiera retirarse de una vez por todas.

Con todos sus allegados a salvo en un refugio que él mismo mandó a construir debajo de su hogar, sus únicos temores radicaban en el bienestar de la ciudad y, lo que más le preocupaba, lo que ocurriese con su discípula. Todavía recordaba cuando le prometió a su padre protegerla por el poder que cargaba su sangre dentro de la Hermandad, pero lo más difícil fue, sin duda alguna, cuidarla de sí misma. De todas las promesas que había roto, esa había sido quizás de las más dolorosas considerando su gran amistad, pero fue necesario.

El único modo de frenar la rivalidad entre las familias que buscaban ascender, era poner a un único mamífero al frente, uno que por derecho de sangre no pudiera ser rechazado por nadie. A partir de ahí se podría iniciar una reconstrucción de la Hermandad para volver a las viejas bases e intentar dejar de sacar ventaja en todo, aprovechando alianzas descaradas entre los miembros de los siete líderes. Zootopia lo necesitaba de cara al futuro, nunca funcionaría en su máxima capacidad si las piezas que la movían estaban tan sucias, hasta podridas se podría decir.

Una purga de varios miembros de gran jerarquía dentro de sus filas, el terror que llevaría a que la ciudad y sus habitantes se renueven, la caída de Lionheart, entre otros factores, terminaron haciendo de Arcagma un mal necesario. No lo odiaba, a diferencia de sus pares, afirmaría que incluso se había ganado su respeto, pero esa noche todo llegaría a su fin. Sólo era cuestión de preparar a la nueva sangre para que liderara la Hermandad como hace mucho tiempo se lo necesitaba. Después de mucho tiempo lejos del camino correcto, todos se encaminarían a un futuro mejor, o cuanto menos eso esperaba.

El que era quizás el único mamífero de los Lirios de Sangre que le importaba había llegado al fin. Su viejo camarada y fiel amigo, Koslov, estaba presente para encargarse de ultimar detalles respecto a la seguridad del bunker. Aunque se lo notaba más serio que de costumbre, sabía que con él presente nada ni nadie podría hacerles daño.

Dejaría su asiento y levantaría una de sus patas para llamarlo, siendo uno de los líderes necesitaba saber con lujo de detalles todo lo que acontecía a su alrededor. Una vez que se acercó, Koslov afirmó haber visto a Blackwell irse de uno de los refugios, lo cual no sugería nada bueno. Por otra parte, todos los preparativos estaban listos, aunque algo parecía no estar bien. Conocía al oso polar lo suficiente como para detectar que algo le sucedía, algo importante de seguro, dado que no solía flaquear en ningún momento. Lo único que podía llevarlo a ese estado era aquello por lo que más se preocupaba desde siempre: su familia.

Sería normal que Koslov se encontrara cabizbajo por el miedo a lo que le pudiera suceder a su hijo y su esposa, el protocolo afirmaba que sólo los líderes podían llevar sus familiares al bunker, pero en su caso particular no había nada de qué temer. En el refugio que tenían los Big se aceptaba a los amigos de mayor confianza y sus allegados. Sin embargo, todo cobraría sentido en cuanto el oso de blanco pelaje llamara con su teléfono a alguien cuya voz desconocía, pero que con gran facilidad supo identificar.

—Buenas, buenas, Koslov, imagino que ya estás en tu posición. —Más de uno voltearía a ver al oso, pronto llegaría un silencio generalizado y la voz rasposa al otro lado del celular se oiría con mayor claridad—. ¿Estás ya con Alphonse Big?

—Sólo mis amigos me pueden llamar por mi nombre, Mr. Big para ti, Arcagma. —En tanto un escalofrío se apoderaría de los presentes al oír a quién se referían, una risa jocosa resonó en todo el lugar.

—Es bueno ver que no hacen falta presentaciones, podemos ir directo a lo importante entonces. —Observando a su alrededor, Big pudo observar cómo la confianza y la sensación de victoria que varios manifestaban poco a poco se fue apagando. Nadie hubiese imaginado que Koslov, el más leal de todos los mamíferos presentes, llevaría al mismo diablo hacia ellos—. Llevo esperando esto desde hace mucho tiempo, espero que todos entiendan que quiero disfrutar de esto mientras me relamo un poco… bastante.

Insultos varios y un murmullo incesante aturdirían a la musaraña, que lejos de estar de humor mandó a callar a todos de un solo grito. Se sentía colérico como nunca, decepcionado y también confundido por lo que había hecho su pata derecha, pero no dejaría mostrar el más mínimo signo de debilidad ante aquel que llamaba desde quién sabe dónde. No le daría el gusto, el respeto que en algún momento pudo haber sentido por él se desvaneció en cuanto entendió por dónde iba el asunto.

—¿Dónde está tu familia? —La musaraña clavaría sus ojos en el oso polar, quien en una mezcla de sentimientos apenas pudo dirigir su mirada hacia el teléfono—. Pues bien… ¿Qué quieres para dejarlos ir, Arcagma?

—El tenerlos donde los tengo es lo único que me interesa, tranquilo, Alphonse. —El que lo volviera a llamar por su nombre no le haría la más mínima gracia, el cambio en su semblante aterraría a todos más que la mismísima llamada de su enemigo—. Ya negocié con Koslov para dejar ir a su familia si él acataba mis órdenes.

—No sé qué planeas, pero no podrás salirte con la tuya, no importa lo que pase ahora, a lo largo de la noche o a futuro. Vas a perder y tu derrota formará parte de nuestras páginas doradas, así como la de tantos otros que intentaron enfrentarnos.

—Vaya, casi que me haces asustar, no por nada has llegado donde estás —musitó con ironía el felino—. Siempre me pareció irónico que en la ciudad donde las presas y los animales más grandes prevalecían, un león fuera alcalde y una pequeña musaraña el mamífero de mayor poder. Se podría decir que el lema de, "en Zootopia todos pueden ser lo que quieran ser", es verdad. Mis aplausos para ti, amigo mío.

—¿Vas a dejar de burlarte de mí o piensas hacer algo? Los años no me hicieron paciente y ya cargo demasiados como para aguantar a una pobre alma patética y desdichada como la tuya.

—Dime, Alphonse; díganme hienas, Blackwell, Russeau, Koslov, familias varias, ¿qué se siente que una pobre alma patética y desdichada como la mía los haya derrotado? —Nadie respondería mientras, una vez más, la insoportable risa de Arcagma invadía el ambiente—. Años, muchos años tuvieron que pasar para que pudiera disfrutar esto. Debo, en parte, agradecerles a todos ustedes por esto que me están haciendo vivir. No sé qué pase mañana cuando despierte, no sé qué pase con el correr de los días, pero sí puedo decirles lo que pasará ahora mismo. Voy a matarlos a todos ustedes y voy a ganar. Armado sólo de odio pude vencer a quienes se proclaman como la mayor fuerza que se vio jamás. ¡Témanme! ¡Témanme como siempre me temieron hasta el final! ¡Témanme y ódienme! ¡Hagan que siga disfrutando de este juego como lo hice estos quince largos años!

Koslov, aquel que los había condenado a todos, fue el mismo que decidió dar fin al juego de Arcagma. Cortó la llamada, sabiendo que de un modo u otro todo terminaría en un único resultado. Se sentó en una silla y se quitó su abrigo de una vez por todas, dejando ver cómo varios explosivos estaban pegados en un chaleco que portaba con gran vergüenza y dolor.

En medio de insultos, todos ellos merecidos, la voz de Big opacaría a todas las demás. Mientras de seguro Arcagma seguía riendo desde lo más recóndito del mundo, su jefe y eterno amigo le traería la tranquilidad que necesitaba antes de despedirse de este mundo. "No te preocupes, yo en tu lugar habría hecho lo mismo", dijo la musaraña en un acto de sinceridad. Su perdón era todo lo que necesitaba para hallar paz ahora que las llamas se llevarían la vida de todos allí.


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Su lucha había sido tan intensa como cruenta. Se reportaban siete bajas en la ZIA, de los ocho miembros del pelotón de Clarke sólo quedaron tres, Jackson había perecido en combate y Delgato estaba siendo cuidado por Rinowitz a la espera de asistencia médica. Sumado a todo ello, era imposible que los mamíferos que estaban en el helicóptero caído hubieran salido con vida.

En su caso particular, creyó estar intacto del todo hasta que sintió una de sus patas mojadas. La sangre en su pata izquierda había empapado por completo su pantalón como consecuencia de lo que parecía ser una única bala. Su próxima acción era clara; rasgó las ropas de uno de los cadáveres que había allí y se realizó un vendaje para intentar contener la hemorragia.

Sin perder más tiempo, el búfalo habló y fue claro como el agua: él y Clarke, líderes de sus pelotones, se acercarían para negociar con Tora. El tigre estaba a pocos metros, si se asomaba a través de la puerta improvisada que hicieron en la pared del container podría verlo. Sin embargo, estando Drew allí, Bogo se plantó con firmeza y lo obligó a cuidar a sus enemigos junto a los dos mamíferos que acompañaron al lobo del ZBI.

El búfalo y Leonard pasarían por la improvisada puerta al otro lado del container, donde parecía estar apenas iluminado. Las voces se podían oír con claridad, por lo que confirmó rápidamente que los rehenes estaban ahí, pero todavía no sabía del todo si el zorro que llegó a último momento era Drew. Bogo evitaba hacer referencia a él para que no sucumbiera ante los nervios, aunque no es que pudiera conservar la calma por mucho más. Hasta donde pudo escuchar, Tora estaba acompañado de Pop y de Jeffers, nadie más.

—¿En serio esperan que negociemos? —El tigre reiría de forma burlona, algo característico de él en el último tiempo—. Si llegaron hasta aquí es porque yo lo permití. Nunca podrían ganar en mi juego, no teniendo todo el poder que quisiera al alcance de mi pata.

—No nos importan las bombas que plantaste a lo largo de la ciudad, ya no funcionan, nos encargamos de ello —exclamaría Bogo con autoridad—. Dile a tus hombres que dejen sus armas, suelten a los rehenes y ya no se derramará más sangre.

—No es nada que no anticipara de antemano, Bogo, pero si quieres que así sea, pues bien; te seguiré el juego para demostrar que tengo completo control de la situación. —Pop y Jeffers acatarían el pedido del búfalo—. Quiero que me acompañes ahora y veas a los rehenes por aquí, al fondo, ilumina con tu linterna.

Luego de unos segundos de silencio, Bogo maldeciría por todo lo alto. Ya sin poder soportar la tensión, Nick dejaría su posición para entrar y ver qué rayos sucedía. Temía por Drew, pero pronto vio que se encontraba bien. Estaba sentado en una silla frente a un ordenador, sin parar de teclear a toda velocidad. Al fondo, Bogo estaba junto a los rehenes; una mirada rápida ante la tenue luz de la linterna del búfalo le permitiría entenderlo todo. Tenían explosivos en sus cuerpos, cualquiera podía morir cuando el tigre lo quisiera.

—¡Nick! ¿Eres tú? —Si de algo no tenía ni las más mínimas ganas, era de cruzar palabras con el maldito traidor de Tora—. Llevábamos tiempo sin vernos, ¿cómo te encuentras? —La mirada de Bogo emanaba llamas, además de incumplir la orden se dejó ver por sus enemigos. Pobre de él cuando todo terminase, no hacían falta palabras para dejar todo dicho.

—¿Qué rayos haces aquí? —Drew había volteado, con una mirada similar a la de su jefe, así como Clarke—. Deja que se vaya, Tora, me falta poco y ya tendrás el dinero como me pediste.

—Yo soy el que da las órdenes aquí, no me digas qué hacer si no quieres que empiece con los fuegos artificiales —indicaría Tora, con el ceño fruncido y una dominancia asfixiante—. Cada uno de estos imbéciles tiene suficientes explosivos como para bañar en sangre a los que tengan a su lado, pero el radio será lo suficientemente pequeño como para no matar a nadie más. Toco sólo un botón en mi teléfono y los mato a todos, sin excepción. Raines, Stones, Huth, Robertson, todos a la vez.

—¿Qué quieres para dejarlos ir? —Clarke tenía uno de sus puños temblando, pero intentaba esconderlo. Estaban del todo perdidos, ahora mismo Tora podría matarlos uno a uno si se le antojaba y no podrían responder. Eran ellos, o doce mamíferos más, su moral les impediría hacer nada más.

—Podrían comenzar pidiéndole a los suyos que bajen las armas y se vayan, por el resto no tienen nada que me interese. Él y nada más que él es lo que necesito —señalaría haciendo referencia a Drew, mientras Nick y Leonard dejaban sus armas en el suelo—. Cuando extraiga todo el dinero y lo deposite en mis cuentas me iré caminando como si se tratara de un paseo por la plaza, junto con Drew y mis hombres. También me llevaré a los rehenes en otro vehículo, pero no se preocupen por ellos, no quiero ensuciar el tapete.

—Está bien, tendrás todo eso —replicó Bogo sin titubeos—. De todos modos, no pienses que esto no terminará aquí. Los idiotas como tú nunca llegan lejos, su soberbia y orgullo los hacen caer más temprano que tarde. —Ninguno de los presentes se esperó las palabras del líder de la ZPD. Provocar al tigre era tan peligroso como estúpido—. Pensaba retirarme después de esta noche, pero me voy a encargar de patearte tu asqueroso trasero una y otra vez cuando te atrape. A ver si con ese dolor te vas acostumbrando a lo que pasa con los de tu calaña en prisión.

—¡Bogo! ¡Ya cállate! —El grito de Clarke no ayudaría a disminuir la tensión presente. Con una mirada cómplice de lo más fugaz, Nick terminaría por comprender lo que estaba buscando el búfalo, aunque no estaba de acuerdo con ello.

—No temas, Leonard, Whitewind no le hará daño a los rehenes porque son su única salvación —respondió en un tono impropio de él. No haría falta mucho más para que el lobo leyera sus intenciones—. No es más que un cobarde… —Un golpe de Pop en su estómago le quitaría el aire y uno más en su rostro lo dejaría aturdido—. Fíjate que ni siquiera es capaz de hacer algo por sí mismo, tiene que ayudarlo su osito de peluche.

—Está bien, Pop, no hace falta. —Bogo desafiaría con la mirada a Tora mientras el oso se terminó por alejar—. Yo podría encargarme si quisiera, pero no vale la pena.

—Tú sí que sabes de esas cosas, ¿no? No valer la pena es algo en lo que deberías tener maestría. —El tigre sólo dejó escapar una risa ante la nueva provocación de Bogo—. Siempre se dijo que llegaste a prisión por matar a un amigo tuyo, ¿qué se siente caer tan bajo? Tu amigo te aborrece lo suficiente como para traicionarte, ni que hablar de tu pareja que seguía contigo sólo porque te odiaba y quería tenerte cerca para verte caer cuando al fin los descubrieras juntos.

Sin que su rostro cambiase en lo más mínimo, el tigre se acercó con una leve sonrisa en lo que parecía que sería una paliza para Bogo. En lugar de ello recurriría a algo más, algo que el búfalo supo identificar apenas lo vio venir. En un rápido movimiento, Tora apuñalaría al búfalo en el abdomen, pero este sería igual o más rápido y lo tomaría en brazos.

El sorpresivo ataque de Bogo le permitió a Nick y a Leonard tomar de nuevo sus armas. Jeffers disparó contra el búfalo y Tora logró zafarse, pero vulpino y lobo acabarían rápidamente con el reno y con Pop. Mientras Drew dejaba todo para intentar asistir a Bogo, todavía consciente, el tigre retrocedería unos pasos con una mirada colérica clavada en sus enemigos.

—¡Nadie te dijo que pararas, Drew! —gritó con furia el tigre, mostrando el teléfono con el cual detonaría los explosivos de los rehenes si hacía falta—. ¿Creían que iban a poder conmigo? ¡Idiotas! ¡Soy el cerebro aquí! ¡No pueden conmigo!

—Ya se acabó, Whitewind, estás solo. —El tigre dejaría ver cada uno de sus colmillos a través de una risa de lo más histérica.

—¡Cállate, Clarke! ¡No me hagas reír! —Tora estaba cada vez más lejos de sus cabales, y aunque todavía pudiera controlar la situación, los nervios lo harían cometer un error en cualquier momento—. Voy a hacer que vuelen los rehenes, no me desafíes.

—Yo te desafío.

Una voz a espaldas del tigre hizo que un escalofrío infinito recorriera su espalda. Alguien se había abrazado a él, un maldito rehén se había abrazado a él como si fuera una garrapata. Se sacudió un poco, pero sus garras estaban bien aferradas y lo lastimaban. Sentiría entonces un impacto en su espalda, un segundo rehén se había rebelado, pronto un tercero. Perdería la cuenta cuando un potente golpe de Bogo en su rostro lo haría trastabillar.

Ya no tenía el teléfono en su pata para cuando se dio cuenta. Decir que se sentía humillado era poco, no podía creer que civiles habían podido con él. De tener el teléfono en su pata lo habría activado para mandarlos al infierno, sin importar si él los seguía. Un segundo golpe de Bogo lo terminaría por dejar inconsciente, en tanto el búfalo caería también antes de poder celebrar victorias de cualquier tipo.

La hemorragia en su abdomen no cesaba, pese a los esfuerzos de Drew. La herida de bala que recibió de Jeffers había sido en uno de sus hombros, por lo que no le interesaba en lo más mínimo. Aunque luchaba por no cerrar los ojos, tal y como le pedían todos allí, pronto la idea de descansar lo invadió y ya no se la pudo sacar de la cabeza. Suspiraría de forma larga y tendida, después de años de trabajo por fin había acabado.

"Estoy bien, no pasó nada. Sólo me siento muy cansado, déjenme dormir maldita sea".


. . . . . . . . . .

Sin motivos que lo justificasen, procedió a acercarse donde estaba uno de los héroes de la noche, quizás el más impensado de todos. Cubierto de periodistas hasta hacía sólo instantes, Mycroft Raines aprovechaba la momentánea paz para tomarse un respiro después de quién sabe cuánto. Sentado en la parte de atrás de una ambulancia, tapado con una manta por el frío y con una enfermera hablando con él para asegurarse de que se encontraba en condiciones, el lince emitía un aura de templanza y serenidad tal y como cuando estaba cautivo en las minas de Arcagma.

Se quedaría viéndolo fijo a unos diez metros, esperando una oportunidad para acercarse o a que él mismo lo llamara. Tenía que agradecerle por la locura que había hecho, por salvarlo tanto a él como a las millones de almas que de seguro se desvelaron en una noche llena de incertidumbre. Los segundos corrían y su corazón se aceleraba, como si de un cachorro frente a uno de sus héroes se tratara. Intentó tomar la iniciativa, pero uno de los oficiales que custodiaba el perímetro lo detendría con un movimiento algo brusco. Antes de siquiera pensar en protestar, una voz grave cargada de autoridad y firmeza terminaría por defenderlo; Raines era quien tenía sus ojos fijos en él ahora.

Omitió su deseo de sonreír de forma burlona al oficial, no era momento para tonterías de ningún tipo. Con toda la serenidad que pudo expresar, caminó hacia Raines pensando todavía en qué decir. ¿Dar las gracias? ¿Festejar que ahora ambos eran libres por completo? ¿Preguntarle cómo se encontraba y ponerse a su disposición? El escaso recorrido no le daría tiempo para responder pregunta alguna, ya había estrechado su pata y sentado a su par antes de percatarse que un largo silencio se haría presente, a menos claro que el concejal rompiera el hielo.

La luz le permitió ver, a diferencia de cuando estaban en la mina, las marcas de un mamífero golpeado por situaciones adversas de todo tipo. Su cuerpo de por sí delgado ahora se encontraba al límite de la desnutrición, ni que hablar su rostro cuyas facciones habían cambiado por completo. Cicatrices de golpes, ojeras enormes, dedos flacos y un constante tiriteo por el frío ante la poca grasa corporal, o quizás también por la presencia de fiebre. No parecía estar ante un héroe, sino más bien un ser moribundo que cualquiera confundiría con un vagabundo de los barrios más bajos. Pese a todo, lo que más destacaba en él era la calma que transmitía a través de su mirada, aquella que nunca bajó ante nadie, ni en la más adversa de las situaciones.

—Supongo que ambos somos mamíferos de pocas palabras. —Sonreiría con cierta gracia, en respuesta al comentario del felino—. No recordaba que el cielo estrellado fuera tan hermoso, por cursi que pueda sonar. Es curioso como disfrutas hasta el más mínimo detalle luego de estar privado de tu libertad, es como si todo tomara más relevancia.

—Y espere a encontrarse de nuevo con su familia, puedo garantizarle que no me sentía tan vivo desde el nacimiento de mi hijo.

—No tengo el gusto de conocer tal sentimiento, pero me alegro en serio de que haya podido volver con los suyos. —Drew asentiría para agradecer sus palabras, dando lugar a una pausa entre ambos luego. —Es un buen mamífero y muy valiente, Andrew, lo que hizo con nosotros los prisioneros no lo hubiese hecho cualquiera.

—Cuando lo veía en las minas, siempre me llamó la atención su seguridad y determinación, es como si supiera desde el primer momento que todo estaría bien. Mi optimismo desaparecía por momentos, pero logré tomar parte de su fe una que otra vez para seguir adelante. Creo que a partir de esta noche, toda Zootopia tomará fuerzas a partir de usted, es un héroe, Mycroft.

—Habla de mí como si yo hubiera orquestado toda la victoria de esta noche, pero no fue así, todos merecen su reconocimiento, incluyéndolo.

—Tal vez, pero hay imágenes que se alzan más que otras y ese es su caso. Le apuesto lo que quiera a que pronto se convertirá en un ícono.

Su cordial diálogo no duraría mucho más, la enfermera que estaba junto al lince hasta hacía unos momentos volvió junto a una mujer de avanzada edad. Cubierta de un ostentoso tapado y múltiples alhajas, se acercó hasta el afligido felino, quien parecía esforzarse por sonreír en tanto se abrazaban. No fue muy difícil interpretar que la anciana era la madre de Raines, de nombre Selina por cómo la llamó la enfermera. Se puso de pie y se dispuso a retirarse para dejarlos a solas, aunque la mujer lo llamaría al instante para que vuelva tras sus pasos.

Selina afirmaba haberlo visto en las noticias un par de veces y sabía, en parte, por todo lo que había pasado. A su juicio, él era uno de los amigos de su hijo y, como tal, quería que los acompañase un rato. Mientras Raines le pedía algo avergonzado que por favor continúe su camino, la anciana no paraba de insistir en que se quede. Quería conocerlo y saber de sus desventuras en la mina, las cuales no fueron demasiadas dado que apenas se veían para cuando Raines necesitaba asistencia. Decidió quedarse apenas un par de minutos a modo de equilibrio, le daría el gusto a la señora y luego se retiraría para no molestar a Raines.

A pedido de la enfermera, una joven cierva que se mostraba seria en todo momento, ingresaron al interior de la ambulancia, donde todos los presentes tomarían asiento. En un principio decidió ayudarla con su labor. Le pasó algo de hilo, alcohol, tijeras, un bisturí y una inyección que tenía anestesia local, Raines recibiría una limpieza en sus heridas y varias suturas. Para evitar que Selina observase el espectáculo que podría no ser de su agrado, la cierva le pediría por lo bajo al vulpino que se siente entre ella y el lince y charlase un poco.

Solía tener mucha paciencia para hablar con mamíferos de avanzada edad, requisito primordial para su trabajo, pero Selina era de aquellas señoras cuya verborragia aturdiría hasta al ser más paciente del mundo. Entendía sin embargo su postura, ¿qué madre no estaría así después de ser separada de su hijo tanto tiempo?

Si bien Raines no estaba del todo cómodo con su madre hablando como si fuera un cachorro de la edad de Scott, había que admitir que el amor y la fortaleza de la lince eran dignos de admirar. Perdió a su esposo tiempo atrás y al hermano de Mycroft al poco tiempo, cualquiera creería que se derrumbaría ante la posibilidad de perder a su último hijo, pero no era el caso. Según narraba, terminó siendo ella quien sirvió de sustento para varios de los familiares y amigos de Raines.

Hablando tanto de su familia, no pudo evitar mostrar una foto de ella junto a sus tres grandes amores: Mycroft, Thomas, su otro hijo, y Greggor, su esposo. Todos tenían una altura similar, a excepción del padre cuya subespecie parecía diferir de la de su esposa. Era el líder de la empresa que actualmente manejaba Mycroft, siendo por ese entonces la compañía de mayor recaudación en toda la ciudad. Los hermanos por su parte parecían estar cerca de los treinta y ambos se veían demasiado diferentes. Mientras Mycroft portaba un traje clásico, se veía delgado y serio, como al parecer siempre lo fue. Su contraparte utilizaba un traje rojo más que llamativo, era algo más alto, fornido y llevaba consigo una sonrisa carismática.

—Tom tenía un físico privilegiado, ni siquiera Gregg se veía así en sus mejores años. El entrenamiento de la agencia donde trabajaba era muy riguroso, pero los resultados estaban a la vista.

—¿Agencia? Creí que también formó parte de la empresa familiar.

—No, no, para nada. Lo suyo no eran los negocios, era más un animal de acción. Pasó por la fuerza aérea primero, pero luego tuvo que desistir por un problema en su ojo, le salpicó ácido para motores en un accidente mientras estaban en un almacén de la fuerza.

—Es una verdadera pena, siendo jóvenes es muy doloroso cuando los sueños se truncan de ese modo.

—Sí, aunque siendo sincera lo prefería dentro de una agencia de seguridad y no pilotando una de esas cosas. Sé que puede ser egoísta, pero verlo volar hacía que el corazón se saliera de mi pecho todo el tiempo.

—¿Le quedó alguna secuela importante en el ojo?

—Se le formó una úlcera que le dejó una cicatriz, la pérdida de visión fue mínima y la afección fue más estética que nada, pero desde la fuerza aérea se pusieron muy estrictos. —Un fugaz pensamiento se le presentó de un segundo a otro, idea que le sería difícil abandonar una vez instalada. Traje rojo, úlcera en el ojo, lince, todo parecía ser demasiado familiar.

—Al menos se lo veía feliz en la foto. ¿Su hijo solía vestir siempre así, Selina? Es un traje que sólo le quedaría a unos pocos.

—No es que le gustara el traje, para él la apariencia era lo de menos. Le gustaba el rojo, lo usaba en su ropa, en la pintura de su habitación, alfombras, tenía una obsesión de lo más rara.

—Todos tenemos nuestras cosas, aunque admito que es de lo más curioso. —Raines lo observó de reojo, algo extrañado. Debía seguir preguntando mientras tuviera la posibilidad—. Hace tiempo tuve un paciente con una úlcera en el ojo también, le dieron varios cuidados a seguir durante un buen tiempo. Ya sabe, usar lentes de sol, evitar los lentes de contacto… no fumar.

—Sé lo difícil que puede llegar a ser, Tom parecía una chimenea también. Aunque se lo exigieron muchas veces de su trabajo costaba hacer que deje el cigarrillo. ¿Qué iba a hacer yo si ya a ellos no les hacía caso? Fumaba, fumaba y fumaba todo el rato, es un mal hábito que adquirió de su padre.

—Mamá, ¿no te estaba esperando Heather afuera? —Las palabras del lince casi que terminaban por confirmar sus teorías. No pensó mucho en cómo o por qué, los cabos sueltos eran muchos pero las coincidencias más.

—Sí, cierto, tienes razón, tu prima se ha de estar congelando, no se trajo su abrigo. —Selina se pondría de pie, guardaría la foto en su cartera y se acercaría a la puerta trasera de la ambulancia para retirarse—. Fue un gusto, doctor Wilde, gracias por escuchar a esta pobre anciana.

—El placer fue todo mío, Selina, pero antes de que se retire le tengo una última pregunta. —Mycroft había apartado la mirada, y aunque ya daba todo por hecho, quería terminar de confirmar su teoría con un último detalle.

—Por supuesto, querido, dime.

—¿Su hijo tenía un segundo nombre? —La pregunta la tomaría por sorpresa, aunque no tenía motivos para no responder. Bajaría de la ambulancia con lentitud y luego voltearía para responderle.

—Su segundo nombre era Viktor, de hecho le gustaba más que Thomas, pero como es el nombre de mi abuelo me gustaba llamarlo así. Sus amigos eran quienes más lo llamaban por su segundo nombre, en casa sólo era Tom.

Sin mediar más palabras, Selina cerraría las puertas y los dejaría a ambos junto a la enfermera. Algo aturdido todavía por la increíble información que recibió sin siquiera imaginarlo, posó sus ojos en Raines, quien todavía esperaba a que la cierva terminase con su trabajo.

Greggor Raines murió tiempo atrás, quizás a patas de la Hermandad. No conocía motivos por los cuáles acabarían con él, aunque sus ideas eran miles. Sus dos hijos, quizás llamados una vez más por los Lirios, decidieron enfrentarse a ellos en un plan a largo plazo. ¿Sería así como Viktor fingió su muerte y Mycroft ingresó? Uno desde dentro escalaba posiciones y tomaba toda la información que estuviera a su alcance, el otro, con todo el entrenamiento que había recibido, aprovechaba hasta el más mínimo dato para ir acabando con miembros de la Hermandad.

Si su memoria no le fallaba, habían pasado quince años desde la muerte de Greggor Raines. Quince años habían estado viviendo consumidos por el odio, viendo cómo acabar con tan antiguo y poderoso ente sólo ellos dos. La madre de Laura había muerto a patas de la Hermandad, motivo suficiente como para unirse a ellos, y aunque no sabía demasiado de Herbert seguramente tendría razones para unirse a la causa.

Quince años en silencio, soportando el estar aislado lejos de su familia y ¿para qué? ¿Erradicar a quienes asesinaron a su padre? Entendía el odio hacia ellos, aunque no lograba justificar la espera de tantos años. Recursos limitados quizás, Mycroft también tenía que escalar dentro de la Hermandad para adquirir más información, aunque seguía pareciendo mucho.

—Se lo que ha de estar pensando, Andrew. Son muchas coincidencias, muchos cabos sueltos, demasiada información para asimilar. —Los dichos de Mycroft resonaron en la ambulancia, su tono de voz no inspiraba la más mínima confianza—. Déjeme explicarle bien—exclamó luego de ponerse de pie. En un rápido movimiento, tomaría el bisturí y a la cierva del cuello. Susurraría algo a su oído y luego volvería a dirigirse hacia él—. Ya sabe cómo funciona esto, usted me escucha, no huye y yo no la mato.

—Llevo mucho tiempo conociendo a su hermano como para saber a qué llevará todo esto —respondería el vulpino, desafiante, poniéndose de pie también.

—¿Nunca se preguntó de dónde viene la palabra Arcagma? —Sonreiría ante la negación del zorro—. Cuando algo es "arcano", se dice que es un elemento oculto, secreto, reservado, difícil de conocer. Yo soy ese elemento, escondido siempre en el interior de los Lirios de Sangre, el enemigo que se ocultó en sus filas durante década y media y jamás pudieron reconocer. Viktor, por su lado, es "enigma", su muerte siempre fue un misterio sin resolver. Los Lirios siempre le tuvieron pavor, nadie entendía por qué alguien los comenzó a cazar de un momento a otro, un auténtico misterio que los perturbaba noche y día, nadie podía interpretar sus acciones. Arcagma no es un ente sino una dualidad. Invencibles el uno junto al otro, sembramos dudas, pavor y la muerte en todos los que se cruzan en nuestro camino.

En un rápido movimiento, el bisturí se deslizaría sobre el cuello de la enfermera, arrebatando un poco de su vida con cada centímetro que avanzaba. La cierva caería frente a Drew, quien sólo pensó en dos posibilidades. Podía combatir a Raines e intentar salvar a la cierva, cuya vida se desvanecería en pocos segundos, o huir y dejarla allí. El lince, por su parte, no le daría tiempo de reacción.

Raines tomaría el bisturí con fuerzas y lo enterraría en lo más profundo de su propio abdomen en lo que parecía un intento de suicidio. Sus gritos de dolor alertaron a los guardias que estaban fuera, las puertas de la ambulancia no tardarían en abrirse para dar lugar a un escenario donde no había mucho lugar a interpretación. Drew estaba manchado de sangre, la enfermera muerta y el lince agonizaba de dolor. Sin tiempo a explicaciones, un golpe llegaría y lo haría desvanecer en cuestión de segundos.


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Nota de autor: sé muy bien que ha pasado muchísimo tiempo de la última actualización y escribo esto tanto como para justificarme como para pedir disculpas por ello. Ha sido un año bastante complicado, pero me alegro mucho de poder volver a traer algo por aquí. Además de cursar mi último año en la universidad y tener una carga horaria de prácticas bastante pesada, estuve con un irritación crónica de la vista que no me permitía estar frente a la PC. Comenzó a fines de mayo con lo que parecía ser una simple conjuntivitis que resolvió rápido, continuó a mediados de junio en plena época de exámenes y persistió por un par de semanas, ya a fines de julio llegó para quedarse por meses.

Consulté tres oculistas diferentes a lo largo de ese periodo, con infinidad de gotas y medicamentos que sólo servían para derrochar dinero. Por momentos tenía que usar lentes de sol dentro de mi casa porque la propia luz me hacía doler por las noches y no podía ver series, jugar a nada, forzar la vista para leer o salir afuera los días de sol, todo era por demás de aburrido. ¿Cómo me recuperé? Supongo que fue por el propio tiempo que volví a lo que podría llamar normalidad; aunque solía tener molestias eventuales podía hacer una vida como la que llevaba. Ya en diciembre con los finales volví a tener una recaída, pero desde entonces no he tenido nada más que molestias leves.

Se me ocurrieron un par de cosas para terminar el fic en este mismo capítulo y un posterior epílogo, pero no me terminaba de sentir a gusto con ello porque sentía que un final a las apuradas sería una mancha más que importante en una obra a la cual le dediqué mucho empeño y horas de trabajo. Si llegaste hasta aquí, quiero agradecerte por tomarte el tiempo de leerme pese a la larga ausencia. No estaba seguro de si escribir o no una nota explicándome, pero creo que hacía falta para decirles que pienso terminar con esto sin importar cuánto tiempo me lleve. Todo aquel que quiera ver el desenlace de esta humilde historia, sepa que desde aquí se va a seguir trabajando con las mismas ganas de siempre, y aquellos que prefieran pasar de esto, les agradezco de todos modos por leer. Sé que no tengo un público muy grande, pero son fieles y es algo que no voy a parar de agradecer.

Nos estaremos leyendo con el correr de las semanas, espero que sea más pronto que tarde. Cuídense en estas épocas de dificultad, cumplan responsablemente con la cuarentena y aprovechen el tiempo que tengan libre para disfrutar haciendo lo que más les guste ;)