El último par de días habían sido infernales. El éxito del plan contra Tora se vio contrastado con todo lo que rodeaba a Drew. Fue tan rápido que no tuvo tiempo de disfrutar su victoria, de celebrar con Judy, buscar a Jack para hablar de Skye o lamentar la pérdida a Bogo. Se sentía desagradecido con el búfalo por asistir a su funeral sin destinar ni el más mínimo de sus pensamientos o dar al menos unas palabras en su honor. El nudo en su garganta llevaba tanto tiempo sin desistir que en cualquier momento caería asfixiado por él.
Todas las pruebas estaban en contra de su primo y ni más ni menos con el héroe estelar de la noche como víctima. Quizás algo había pasado entre ellos en la cueva o Arcagma lo convenció de algo erróneo; el sinsentido que rodeaba el escenario era tan grande que su mente se quedaba en blanco y no salía de ese limbo tan absorbente. Preguntas infinitas, respuestas nulas, lógica ausente. Tenía que hablar con Drew para entender el trasfondo, pero las visitas estaban prohibidas para todos.
Grace y Scott se llevaron la peor parte, aunque intentase hacer algo por ellos no había modo de ayudar. Ambos estaban recurriendo a pastillas ahora mismo, era el único modo de bloquear, en parte, el sufrimiento que los acompañaba. Tampoco se sentía listo para llevarles paz, siendo que él tenía su cordura a punto de extinguirse. Sólo Judy lo ataba a la tierra para evitar que su mente se disipase por completo.
Apenas ocurrió todo, estando los medios presentes, el boom mediático fue más fuerte que el hipotético estallido de cualquier bomba de Arcagma. El dónde o el cuándo desaparecieron de este plano, lo único que sabía es que en un segundo su primo apuñaló a Raines y al siguiente estaba con Judy, clavando su mirada en él. Intentaba despertarlo de esa pesadilla que vivía todavía en ese preciso momento, pero no despertaría hasta estar frente a frente con Drew.
Nancy lo había alcanzado hasta la estación a pedido de Judy, quien iría de acompañante. Desafiando toda lógica, la jabalí apenas esbozó palabra mientras la coneja sólo le hizo un par de preguntas. Eran muchos lo que se acercaron para intentar traerle paz, lo cual agradecía aunque fuera en vano. La nueva jefa de la ZPD, Kate Haggard, quien acompañó a Judy en su tarea de desactivar una de las bombas nucleares, lo había citado en su oficina. Ansiaba que al fin alguien pudiera decirle aquello que tanto quería oír.
No sabía nada de Haggard, apenas la había visto por primera vez cuando Bogo los reunió a todos antes de partir. Según Judy, parecía ser alguien muy atenta con los suyos y de seguro estaría dispuesta a escuchar absolutamente todo lo que tuviera para decirle. No se sentiría tan a gusto como con el búfalo, pero era mejor que tener a un idiota lamebotas del partido del ex-alcalde Lionheart buscando algún beneficio.
La nueva jefa había optado por buscar una nueva oficina y dejar intacta la de Bogo por algunos días, en señal de respeto. Con el correr de los días iría moviendo sus cosas, pero de momento estaba bien en una habitación del segundo piso cuya vista daba al exterior. Era bastante pequeña y algunos de los mamíferos más grandes quizás ni pasaran por la puerta, pero para una loba como ella era suficiente.
El zorro golpeó la puerta y la jefa Haggard abriría al cabo de unos segundos, Judy por su parte esperaría afuera de pie. En tanto él se sentó luego de pedir permiso, la loba se quedó parada al otro lado del escritorio, lo estudiaba sin ocultarlo. Las ojeras excavadas de Haggard resaltaban con la luz del sol dando de lleno en su rostro, apostaría a que no durmió más de cinco horas en los últimos días. De seguro en su caso se veía igual, no se había visto al espejo antes de salir.
—Es un gusto tenerte al fin a solas, Nicholas, llevaba queriendo hablar contigo desde que asumí este puesto. —Su acercamiento distaba mucho de las formas de Bogo; desde abrirle la puerta para invitarlo a su oficina hasta la mera mención de su nombre, Haggard denotaba calidez y templanza tanto en sus acciones como en su tono de voz—. No nos hemos presentado oficialmente, pero no creo que haya que decir quién es quién a estas alturas.
—Supongo que no, ninguno de nosotros ha de estar de humor para alargar esta charla. —La mueca de la loba lo hizo percatarse al instante de cuan descortés había sido. Intentó enmendarlo, pero su jefa no le dio tiempo a retractarse.
—Eres de los que prefiere ir al punto, entiendo. —El análisis sobre el vulpino había acabado; Haggard tomó asiento y luego cerró sus ojos por unos pocos segundos, meditando sus palabras—. Bogo habló conmigo antes de que nos reunamos todos para explicarme sus planes. Este puesto era mío si salía viva, pese a que Lawrence Lionheart estaba por encima de mí en el escalafón, una gran sorpresa como entenderás. Estaba mentalizada en continuar con mi equipo, pero ahora soy la nueva cara de la ZPD en la era post Arcagma. No duermo desde que atraparon a Whitewind, en todas mis reuniones hay mamíferos a los cuales quiero arrancarles la cabeza, mi teléfono no deja de sonar, la prensa está en mi casa en todo momento, mis hijas y mi esposo tuvieron que bloquear sus redes sociales y apagar sus teléfonos, todo es un caos. Si te pones a meditarlo, entenderás que no estoy de humor para cualquier tipo de charla, pero de todos modos quiero ayudar. ¿Entiendes eso, Nicholas? Si quieres, puedo hacer como quieres e ir directo a lo que nos incumbe, o puedo también dar un contexto a todo e intentar hacer esto más ameno para los dos.
—Suelo tener arranques de ese estilo cuando el estrés me domina. Lo siento, me dejé llevar. Bogo me habría dejado pasar por alto una de estas porque me conoce, pero entiendo que estoy ante alguien más ahora. —La penetrante mirada de la loba lo incomodaba, pero intentaría no cortar el contacto visual—. Hagámoslo a tu modo, creo que será lo mejor.
—Bien, está bien, tomaré tus disculpas. Hay dos situaciones muy importantes de las que tenemos que hablar, así que evita que me ponga más irritable de lo que ya estoy. —Haggard se reclinaría hacia adelante, apoyaría sus codos en el escritorio y su hocico sobre sus manos—. Leí todos los informes del caso, también los expedientes de todos los oficiales involucrados, tuve en consideración varias peticiones e indicaciones que Bogo me dio cuando me garantizó el puesto y, al final de todo, saqué muchas conclusiones. La ZPD ya no será la misma y nadie, absolutamente nadie, será ajeno a esta transformación. Bogo fue muy permisivo en su última etapa al mando y lo entiendo, pero hay cosas que no puedo dejar pasar.
—Las noticias de su jubilación lo ablandaron bastante, pero gracias a eso también pudimos avanzar bastante y nos sentimos más respaldados.
—No estoy diciendo que haya habido algo negativo en cómo él manejó la situación, si es lo que piensas.
—¿Entonces?
—Yo soy la nueva jefa ahora, mi línea de trabajo y forma de ver las cosas me obliga a orientar la situación hacia un rumbo diferente. Esto no es nada personal, Nicholas, pero es algo necesario para todas las partes. —Haggard extendería unos papeles hacia el zorro, que nunca esperó que le diesen aquello que estaba leyendo.
—¿Estoy…? ¿Me estás despidiendo? —La voz quebradiza del zorro no haría que la loba se inmutase ni un poco.
—No, es una invitación formal para que renuncies.
—Es lo mismo, no me tomes el pelo.
—No, si quisiera despedirte no te estaría dando esos papeles. —Con sensaciones encontradas, el zorro partiría los papeles por la mitad y no pararía hasta que la oferta de Haggard quedara desecha en pequeños fragmentos—. Acabas de tener la reacción más lógica, sigo teniendo un par de copias a mano para que firmes todavía.
—No pienso irme de aquí, así que ten el coraje de despedirme tú misma o ya mismo pateo la puerta y me voy a seguir con mis cosas —exclamaría luego de ponerse de pie; la loba sólo cerró los ojos, tomó aire y volvió a dirigirse a él con el ceño fruncido.
—El nombre de tu familia está demasiado manchado por tu cercanía con Arcagma y por lo que pasó con tu primo. Además, en todos los informes queda dicho que Bogo murió porque tú te metiste en medio de la negociación y hubo que cambiar de estrategia, no estás para nada bien parado. Si Bogo no hubiera muerto por tu intromisión, quizás podríamos haber forzado una situación para que sigas en la ZPD, pero no es el caso. —Un extenso silencio del cabizbajo zorro terminaría por darle la razón—. No te juzgo por lo que hiciste y no pongo en duda tus capacidades como oficial, pero pasó algo que no podía suceder.
—Un lavado de cara para el ZPD y todos me verán como un tipo honesto que asumió sus errores y dio un paso al costado por el bien común, por lo que mi familia podría darse un respiro. —Una vez más, Nick tomaría asiento.
—Si renuncias podría hasta conseguir que oculten lo que sucedió con Bogo, quedaría en los archivos pero no saldría a luz. Sólo lo saben quienes estuvieron ahí y los jefes de cada agencia, todo será para bien.
—¿Te están presionando para esto? —Haggard se pondría de pie y se acercaría a la ventana con sus patas en la espalda. El sol en todo lo alto y la hermosura del día contrastaban con la mierda que les tocaba pasar.
—Hay opiniones divididas, pero puedo convencerlos a todos si firmas.
—Pensé mucho en esta situación antes de que Bogo me permitiera ir contra Tora. Creí que, si todo salía bien, mi nombre ya no significaría una carga para la ZPD y mi familia, pero lo eché todo a perder.
—No puedes culparte, nadie se esperó la llegada de tu primo y Bogo decidió seguir de todos modos. Son momentos límite, las circunstancias forzaron errores que sé que en otra situación no aparecerían. —Haggard se acercaría al escritorio, abriría un cajón y le entregaría nuevos papeles—. Puedo darte un rato para pensarlo si quieres.
—No hace falta, voy a firmar, es lo mejor al fin y al cabo. —Sin pedir permiso, Nick tomaría un bolígrafo del escritorio para completar los campos necesarios del formulario. Habiendo acabado, lo dejó junto con su placa y su arma reglamentaria—. ¿Puedo irme ya?
—Te dije que había dos asuntos que quería tratar, así que toma tus cosas que al menos por hoy seguirás trabajando aquí —indicó, esquivando su mirada por primera vez—. Decidí dejar esto para el segundo lugar para que no pienses que quiero extorsionarte o algo así.
—Creo entender entonces de qué se trata.
—Puedo garantizarte una visita para tu primo, pero tendrá que ser breve. Iremos nosotros dos solos, pero si a futuro logro que lo dejen recibir más visitas podrías acudir con el resto de tu familia. Es todo lo que pude hacer, lamento si esperabas algo más. —Nick se pondría de pie, se acercaría a la loba y luego miraría a través de la ventana junto a ella—. Desde el ZBI me avisaron que Clarke ya dio un paso al costado, en la ZIA también esperan a Savage para preguntarle por qué no estuvo con nosotros. Sólo Hopps logró salir indemne de todo esto.
—Se pondrá de muy mal humor cuando lo sepa. Es bastante ingenua y estas cosas siempre le cayeron mal, nunca entendió estas cosas. —El nudo que llevaba desde hacía días cedía de a poco, hablar le era más sencillo y se sentía más tranquilo. Terminaría por hacer un pedido para terminar de desatarlo—. ¿Podría pedirte que cuides a Drew? Te lo compensaré como sea, aunque no siga en la ZPD.
—Sí, claro, no deberías preocuparte por él mientras siga dentro de mi jurisdicción. Tendré a mamíferos de confianza velando por él, al menos hasta que se haga el juicio y haya un veredicto, luego contemplaremos nuestras opciones.
—Muchas gracias, te debo una. —Sin siquiera darse cuenta, Nick volvería a esbozar una leve sonrisa. La loba era alguien en quien podía confiar, sólo era cuestión de ver si podía soportar todo el peso del puesto. Quienes tenían las mejores intenciones eran quienes peor lo pasaban allí—. Zootopia acaba de pasar por una de sus etapas más oscuras, pero todo sigue su rumbo como si nada hubiera cambiado. Confío en que la ZPD no será igual y que todos estos golpes puedan servir para aprender, espero que te vaya bien, Kate. —Ambos estrecharían sus patas para darse un apretón lleno de pesar.
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Si bien Jack no era la prioridad, terminaron recurriendo a él ante la falta de parientes de Skye. El conejo había dejado muy en claro que se haría cargo del cuerpo en cuanto supo de la muerte de su compañera, pero desde el hospital hicieron caso omiso a sus peticiones. Una secretaria anotó una cosa, una enfermera entendió otra, los encargados de los cuerpos estaban igual de confundidos que el resto del personal y, al final, las palabras de Blackwell terminaron tomando más sentido del que su cordura soportaba.
Además de las dudas y el sabor amargo de boca, ahora contaba también con una urna funeraria de alabastro blanco, cuya forma era cilíndrica y tenía dos asas además de un largo cuello estrecho. No estaba seguro si podía pedir alguna prueba de ADN a partir de las supuestas cenizas de la vulpina, pero de momento intentaría no dejarse llevar por ideas imposibles; mantener la mente totalmente fría era una tarea compleja con tantas cosas dando vueltas en su cabeza, pero necesitaba ser lo más objetivo y analítico posible.
Por experiencia, sabía que el proceso de cremación no debería llevar más de un par de horas, quizás en poco más de treinta minutos el procedimiento hubiese acabado, pero por cuestiones de permisos y autorizaciones la situación se podía dilatar hasta el par de días. Era una forma limpia de deshacerse de un cuerpo donde ya no se podrían buscar pruebas de homicidio, pero también para ayudar a alguien a desaparecer. Los plazos coincidían, pero para quien conociera a Skye era obvio que todo era una fachada.
Al trabajar con la vulpina durante años y en tareas de un peligro ineludible, más de una vez hablaron de sus últimos deseos si uno volvía a casa y el otro no. Skye quería un lugar junto a las tumbas de sus padres y un gran ramo de astromelias rojas acompañadas de lirios del mismo color, lo cual ahora que lo meditaba, era un detalle con el cual se sentía algo molesto; el fanatismo de Skye por la Hermandad era propio de una secta lava-cerebros.
Si a una conclusión podía llegar, era que Blackwell aún después de morir seguía siendo una molestia. La vulpina podía estar viva y desaparecida o en esa misma urna, una dicotomía que sería imposible de romper hacia un lado u otro por la falta de pistas, testimonios o mamíferos a los cuales recurrir. No sabía los motivos por los cuales su ex jefe la querría viva, pero estando muerto ese hijo de perra intuía que Skye debería estar a salvo.
En medio de tantas dudas, si alguna certeza tenía más que presente, era que no volvería a saber más de Skye en un tiempo. De estar con vida, apostaba que buscaría un reinicio después de su última discusión, y con la Hermandad tras sus pasos con más razón; de estar muerta… no había necesidad de explicar mucho. Necesitaba avanzar con su propia vida y fijar nuevas metas, el tiempo definiría la posibilidad de volver a toparse a quien ya añoraba con nostalgia, como si se tratara de años.
Regresar a la ZIA ya no era una buena opción; si su cabeza estaba podrida, quienes le siguieran no podían ser menos. Además de ello, el no haberse presentado en la guerra contra Tora funcionaba como una carta de renuncia. Nunca se llevó muy bien con sus compañeros y pese a su eficacia siempre fue observado de reojo, no se perdería de mucho.
Era curioso cómo, a decir verdad, la pérdida de Skye terminó siendo un giro completo para su vida. Quizás no se hubiera mantenido tanto en la agencia de no ser por su compañera, mientras más lo analizaba menos podía negarlo. Miraba hacia atrás y en ningún momento tuvo razones verdaderas para quedarse ahí, sacrificó demasiado esfuerzo y tiempo en un capricho que no había valido del todo la pena. Las peleas con los suyos y su posterior distanciamiento en búsqueda de su sueño, tenían ahora un costo mayor al que tuvo cuando se recibió de la academia. Fue infravalorado por sus jefes y objeto constante de burla para sus compañeros, buscó ascensos que no llegarían jamás en ese nido de ratas donde sólo la reputación sirve y no los logros, se perdió la oportunidad de apostar por su pareja o buscar nuevos amigos, ya no volvió a Burrows con su familia; todo lo que lo rodeaba carecía de sentido. Perder a Skye había sido de lo más duro que le tocó vivir, pero al menos le abrió los ojos.
Intentaría hablar con sus aliados para estudiar un posible enfrentamiento contra la Hermandad. Con todo lo que ello involucraba ya zanjado, daría un paso adelante y buscaría aquello de lo que se privó desde que abandonó su hogar para ir a Zootopia. El agente especial Jack Savage ya no volvería, su felicidad era lo único por lo que realmente valía la pena luchar.
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El interior del precinto tres no tenía grandes diferencias respecto al uno; sus dimensiones eran un tanto pequeñas y estaba pintada de colores cálidos un tanto intensos —quizás para contrastar con el frío típico de Tundratown—, mas en su arquitectura y predisposición nada más destacaba. Sin embargo, en cuanto a cuestiones burocráticas y administrativas, parecía llevarle mucha ventaja a su ahora ex ambiente de trabajo.
Había cuatro recepcionistas en lugar de sólo uno y todos de diferentes tamaños y en su respectivo escritorio. Ayudaban a aclarar las dudas principales e indicaban a los civiles cómo moverse, cómo solucionar sus problemas y muchas veces daban la solución allí mismo. Eran secretarios de primer nivel que, si bien suponían una línea más en la cadena burocrática, agilizaban el trabajo de sus compañeros como también asistían en gran medida a los mamíferos que llegaban con sus problemas. El primer filtro, como la jefa Haggard los apodaba, eran tan eficaces que podían ahorrar puestos de trabajo en otras áreas, tiempo y dinero en salarios.
Así como los cuatro primeros rostros del precinto tres cumplían con creces sus funciones, el resto de mamíferos que estuvo a cargo de la loba trabajaban en modo automático como si de máquinas se tratara. Apostaría a que eran hasta tres veces más rápidos y eficientes que en el recinto uno, quizás hasta más. La disciplina y la profesionalidad que mostraban del primer al último uniformado del salón principal eran dignos de respeto, como también sembraban muchas dudas.
Nick no se contuvo para preguntar y tomaría por sorpresa a Haggard, quien creyó que apenas tocarían el tema por el cual estaban allí. Su respuesta fue tan lógica como esperable; así como Judy y él llegaron por medio de políticas inclusivas, el resto de personal llegaba muchas veces también por lo mismo, así como también por favores del alcalde a sindicalistas, amigos, aliados políticos y un largo etcétera. El precinto uno era la cara visible de la ZPD y estar allí era un privilegio, pero no por ello un premio. Al final del día, que los problemas fueran solucionados por los policías de un lugar u otro no le importaba a nadie, la ZPD sólo tomaba relevancia cuando algo malo sucedía y Bogo tenía que salir a poner la cara. Zootopia era un auténtico coliseo.
Llegarían a la sala de interrogatorios donde estaba Drew en tan solo un parpadeo. La entrada era vigilada por un oso polar que saludó con afecto a Haggard y le dirigiría una mirada a Nick de aquellas que llevaba mucho tiempo sin ver. El vestir como policía lo salvaba de los prejuicios hacia su especie por lo general, pero ahora que su nombre era conocido más allá del uniforme las cosas serían como antes o peor. No quería dejarse llevar por esas ideas de todos modos, lo único importante era que al fin estaba junto a su primo.
La loba permanecería de pie detrás del vulpino que ya vestía con un atuendo naranja y estaba esposado, pese a la vigilancia y a no ser alguien del todo peligroso. Nick lo llamó por su nombre un par de veces, pero Drew permaneció cabizbajo y actuaba como si siguiera solo. ¿Lo habrían drogado? Haggard negaba saber nada, pero su carácter distante y sus ojos apagados indicaban todo lo contrario.
Había esperado con demasiada ansiedad y nerviosismo un momento del cuál parecía que no rescataría nada. Aunque Drew estuviera amenazado y siendo grabado por las cámaras, esperaba al menos un par de palabras que le trajeran tranquilidad, un "yo no fui", lo que fuera. No era necesario hablar de la Hermandad o Arcagma, nada que los pusiera en riesgos, apenas una charla. Los segundos corrían y el tiempo que estarían allí era por demás de escaso; pronto la confusión fue reemplazada por enojo y frustración, necesitaba algo más.
—¡No vine hasta aquí para que te quedes callado! —Nick golpearía la mesa y dejaría de lado su cara amable para tratar a su primo como a cualquier otro convicto—. ¡Vas a pudrirte en la cárcel si es que no te pasa algo antes, pero en lugar de luchar para volver a tu familia prefieres eso! ¿Tienes al menos una mínima idea por lo que todos estamos pasando? Drew, tu hijo está recibiendo tratamiento psiquiátrico, no puedes renunciar como si nada.
—Quizás sea mejor que nos vayamos, Nicholas, si elige el silencio no tenemos opción. —Las palabras de Haggard no le serían ajenas. Su primo estaba allí, en esas condiciones, porque así lo quería. No había intentado llamar a ningún abogado, nunca buscó hablar con nadie, era como si hubiera enloquecido.
—Estamos viviendo un infierno y lo único que haces con esto es avivar las llamas. —Las provocaciones eran puñales ardientes que quizás le dolían más a él que a Drew, pero estaba dispuesto a lo que fuera con tal de volver a oír su voz.
—¿Raines sigue vivo? —Haggard miraría fijamente a Nick tras la pregunta de su primo, el zorro parecía cercano al colapso. Quizás se había apresurado al organizar su reencuentro.
—Sí, no tuvo órganos importantes que se vieran comprometidos. —Drew permanecería cabizbajo y su rostro no había cambiado en lo más mínimo, ni siquiera hacía contacto visual—. ¿Por qué lo apuñalaste? —preguntó Nick antes de que su primo pudiera volver a tomar la palabra.
—Es… Es complicado. —Luego de varios segundos de silencio, el vulpino elevaría la mirada y haría un gesto para que su contraparte siguiera hablando.
—¿Complicado? —Nick buscó los ojos de Haggard para que lo asistiera, no sabía del todo cómo avanzar.
—¿Alguien te obligó a hacerlo, Andrew? ¿Estabas amenazado? ¿Lo sigues estando? —Sin despegar la mirada de su primo, Drew negaría con la cabeza.
—Pasé mucho tiempo en la mina de Arcagma, Raines era de los rehenes que más cuidé, nunca quise hacerle daño. Creí que, si salía adelante después de haber vivido en esas condiciones, podía darle muchas cosas buenas a Zootopia. Tendría una visión diferente hacia el futuro, pero cuando miras mucho al abismo, el abismo termina mirando dentro de ti.
—No te estoy siguiendo, Drew. —Con el ceño fruncido, Nick inspiraría hondo y meditaría las palabras de su primo. ¿Estaría haciendo referencia a la Hermandad? — ¿Crees que Raines se haya corrompido y sea un mal mamífero? — Drew negó rápidamente, pero eso no era del todo importante. El vulpino tuvo que contenerse una vez que entendió el mensaje de su primo.
—Me dijo… Me dijo…
—¿Quién te habló, Andrew? —Haggard volvió a meterse en la conversación, pero Drew volvió a recurrir al silencio.
—No hay que confiar en nadie, ¿entiendes Nick? — El zorro asentiría mientras pensaba cómo continuar. El doble pestañeo de Drew confirmó sus sospechas. —Dile a Scott que se mantenga fuerte, tiene que luchar por él y por su madre. Estoy roto por dentro, ni siquiera puedo sentirme triste o enojado, frustrado nada más.
—Si nos hablas en mayor profundidad de Arcagma y tienes información de valor, podremos hacer tu estancia aquí más llevadera. No prometo que te vayan a dar libertad condicional ni nada de eso, pero estarás seguro, no debes temer. —Drew se pondría de pie y, después de girarse, dirigiría una leve sonrisa a la loba, quien intentaba acercarse a él sin ocultarlo demasiado.
—Cuídate, hermano del alma, no sé cuándo nos volvamos a ver.
Sin volver a esbozar palabra alguna, Drew esperó a la par de la puerta para volver a ser llevado a su celda. Nick por su parte intentaba memorizar toda la conversación sin dejar ir ningún detalle. No intentaría descifrar el mensaje todavía, prefería tener todo anotado antes de ponerse con ello.
La jefa Haggard y su acompañante vulpino dejarían el precinto tres para ir en busca de su vehículo. Nick se notaba mucho más tranquilo y pensativo, el cambio de actitud tanto de él como su primo le dejó en claro que algo había pasado. Tal vez algún mensaje en un código que sólo ellos podían entender, aprovecharía que estaban a solas para preguntar.
—La charla no se desarrolló como lo hubiera esperado, ¿hay algo de lo que me perdí? —Nick la observaría de reojo y luego volvería a posar la vista en la ventana.
—Yo tampoco logré llevarme demasiado de todo esto. —La negativa del zorro era toda una sorpresa.
—Sabes que puedes hablar libremente conmigo, Nicholas, ¿verdad? —Las palabras de Andrew sonaban en su cabeza, le había pedido que no confíe en nadie. El progreso que había logrado con él podía desvanecerse sólo por esos dichos.
—Lo sé, Kate, pero ahora mismo mi cabeza es una nebulosa y no puedo pensar con claridad. —Tras la lógica con la que argumentaba el zorro, la loba sabía que le estaba mintiendo—. Si llego a tener algo serás la primera en saber, pero ahora mismo me siento demasiado confundido.
—¿Tienes algún plan ahora que dejarás de trabajar para la ZPD? —La loba ya se había resignado con el tema, pero intentaría seguir sacando conversación en lo que llegaban a la estación.
—No quiero apresurarme demasiado con eso, hasta hace unas horas no pensaba dejar el ZPD. Podría aprovechar mis habilidades de policía y mis conocimientos de los barrios bajos para ser IP, pero no estoy del todo seguro. No es que se gane mucho dinero con eso, pero algo es algo.
—¿Investigador privado? Es una opción bastante decente, muchos de ellos incluso reciben pedidos de la ZPD para ganar algo extra.
—¿Tú también tienes contactos por fuera de la fuerza?
—El trabajo extraoficial muchas veces trae mejores resultados, cualquiera que diga lo contrario no sabe cómo funciona la ZPD realmente. —Al llegar a un semáforo, la loba buscaría su billetera en uno de sus bolsillos. De ahí sacaría una tarjeta que le tendería al vulpino.
—Te estás esforzando mucho para ganarte mi simpatía.
—Sé quién eres Nicholas, sé de dónde vienes también, desperdiciar tu potencial me supondría un gran dolor de cabeza. —Nick agradecería con una sonrisa los cumplidos de la loba, seguía sin saber del todo qué pensar de ella—. Tengo un par de teléfonos y mails aparte de los que manejo como jefa de la ZPD, puedes hablarme por ahí si algún día consigues algo.
—¿Se supone que deba buscar información de algún tipo?
—Ambos sabemos que ahora mismo nada es lo que se aparenta. Haz lo que quieras y busca lo que te dé la gana, pero hazme saber con lujo de detalles todo aquello que pueda servir para acabar con esta maldita fachada. Me pediste que cuide a tu primo, así que sé de utilidad para mí también.
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El zorro había ocupado sus pensamientos a lo largo de los últimos días y no había forma de pensar en algo más. Verlo cabizbajo y sin poder hacer demasiado por él, la llevaba a experimentar un dolor que nunca antes había experimentado; quería acompañarlo y ayudarlo a sobrepasar todo el asunto de Drew, pero no lo lograría de la noche a la mañana y bien lo sabía. No se resolvería de la noche a la mañana, pero con sacarle alguna sonrisa cada tanto y evitar que su mente tuviera pasajes tan oscuros todo el tiempo sería más que suficiente de momento.
En su mente todo sonaba sencillo, pero Nick no se lo dejaba para nada fácil. Más de una vez la evitó y las conversaciones, además de ser superficiales, no duraban más que unos pocos minutos. Así como ella, varios habían tratado de animarlo y fracasado de igual modo. Según los rumores, Haggard se lo había llevado a ver a su primo para hablar por primera vez desde que todo aconteció; no sabía qué pensar de ello, pero deseaba con todo su corazón que algo de paz le llegara.
Al escuchar cómo se aclaraban la voz frente a ella, pronto volvió en sí y su nariz comenzó a temblar. Tirado hacia atrás en su silla, con las patas apoyadas en el borde de su escritorio, lleno de revistas y comics de todo tipo, con su típica mirada penetrante pero no por ello incómoda, al menos a estas alturas. Había perdido por completo el hilo de la conversación y no sabía qué responderle al lobo, que pronto dejó que una sonrisa se dibujara en su rostro para borrar cualquier tipo de tensión que se hubiese formado en ese instante.
—¿Te lo repito de nuevo, o mejor hablamos de eso que parece preocuparte ahora mismo? —preguntó el psicólogo de la ZPD con cierto aire de picardía.
—Estoy bien, Mathew, nada importante, son días pesados… —El lobo bajaría las patas de la mesa y adoptaría una postura más seria, por lo que la coneja sólo se limitaría a ceder—. Bien, supongo que de nada sirve dar vueltas si al final terminarás llevándome donde quieres.
—Gracias, Judy, acabas de hacer algo que la mayoría de los que se sienta frente a mí no suele hacer: dejar de dar rodeos. Ahora bien, ¿cuál es el problema?
—¿Debo decirlo en voz alta? Me sorprendería que no sepas. —Luego de la sonrisa provocadora de la coneja, Monteiro hizo un gesto con su pata para que ella prosiguiera—. Es por lo de Nick, quiero hacer algo por él pero no sé bien cómo acercarme. Me ha evitado un par de veces y lo noto incómodo cuando hablamos, o cuando está con otros también. Entiendo que necesite su espacio, pero creo que aislarse en momentos así tampoco es sano.
—Lo primero que tienes que entender, Judy, es que es normal que nos sintamos mal con nosotros mismos al querer ayudar a otros y no poder. Nick sabe que estarás para él siempre que lo necesite, como también los amigos que ha hecho en la ZPD, pero necesita un poco de tiempo.
—Lo sé, por eso me he medido para no ser sofocante, pero sigo pensando que estar solo todo el tiempo no es bueno para él.
—Deberías pensar quizás en algún regalo, algo que sea sentimental y despierte cosas buenas en él. Podrías también invitarlo a cenar el fin de semana, así tendrá algo de tiempo para despejarse, mientras tú intentas ayudarlo de a poco en estos días. Intenta lograr cierta evolución hasta llegar al día de la cena, si llega de mejor ánimo para el día que elijas, el regalo podría tener mayor impacto.
—Mathew, tendré que comprar dos regalos y darte uno. Eso sí que es un plan genial. — Monteiro se reclinaría hacia atrás una vez más y volvería a subir las patas al escritorio, satisfecho al escuchar la alegría de la coneja—. Por cierto… ¿Sabes algo de los rumores que surgieron a partir de la salida de la jefa Haggard con Nick?
—Por lo general no diría mucho, pero siendo que quieres ayudar a Nick supongo que podría andar de chismoso. —El lobo se tomaría unos segundos para medir sus palabras—. Se podría decir que Haggard, a diferencia de Bogo, tiene en cuenta muchos factores para mover sus piezas y no se deja llevar sólo por su experiencia. Me ha consultado varias veces en estos días para saber cómo abordar a sus nuevos oficiales, entre ellos Nick. Nuestro amigo vulpino fue a ver ahora mismo a su primo, tal y como indican los rumores, pero también… —Judy se percataría de las dudas que tenía Monteiro cuando este se pausó por un momento, por lo que habiendo conseguido una respuesta a su pregunta se conformaría con ello.
—Si es así, me esperaré a mañana para decirle de juntarnos el fin de semana, seguro tendrá una carga emocional muy grande con todo esto. —El lobo asintió mientras tomaba aire; hablar con la coneja de la renuncia de Nick sería similar a la explosión de una de las bombas de Arcagma.
—De hecho, si lo ves bien cuando llegue, deberías acercarte y proponerle ahora. El alivio de ver a Drew, si es que lo tiene, serviría para que vea con mejores ojos tus planes para el fin de semana —señaló Monteiro, consciente de que el vulpino no volvería a trabajar al día siguiente.
—Puede que funcione, gracias de nuevo Mathew. —El lobo le dirigiría una sonrisa y acto seguido se pondría de pie, para acompañarla hacia la salida.
—Si quieres puedo programarte una cita antes de nuestro próximo encuentro, para recuperar algo del tiempo de hoy. Estás progresando bien, Judy.
—No creo que haga falta, no quiero alterar demasiado tu agenda y más en estos días con tanto tumulto.
Aunque no mediaron palabras, Judy se cruzó a Garraza y a Nancy, que esperaban en los asientos que estaban a la par de la puerta. Se le hacía curioso que ambos tuvieran una cita combinada con Mathew, mas no le sorprendía demasiado. El par de depredadores apenas saludaría a la coneja, mientras Mathew le dirigía a esta una sonrisa; pareciera que el lobo planificó el fugaz encuentro con intenciones más que claras.
Aprovechando que todavía le quedaba media hora de tiempo libre, puso algo de música en su teléfono, se colocó los auriculares y comenzó a vigilar la entrada principal de la ZPD, a la espera de Nick y su jefa. El movimiento era menor al de los últimos días, aunque seguía siendo algo mayor a lo que acostumbraban a ver. Si el caso había implicado mucho trabajo duro, sus consecuencias inmediatas traerían más trabajo todavía.
Poco más de unos quince minutos tardarían en aparecer el zorro y la loba, ambos con andar sereno y charlando por lo bajo. Se detendrían antes de pasar recepción y luego de estrecharse las patas, Haggard se dirigiría hacia los pasillos que llevaban a su oficina mientras Nick se encaminaba a la salida. No se quedaría demasiado tiempo pensando para no perder de vista al zorro; ya con su teléfono y auriculares en el bolsillo, trotó en medio del tumulto para llamar al vulpino por su nombre.
—¡Nick! ¡Nick! — esbozó mientras su compañero se retiraba, cabizbajo como a lo largo de los últimos días—. Torpe zorro… —dijo de forma apenas audible, acelerando un poco el paso—. ¿Qué pasa Wilde? Sé que eres flojo, pero si te vas temprano me quedará todo tu papeleo y tendré que desvelarme.
—¿Judy? —El vulpino voltearía al oír a la coneja, dejando entrever una leve sonrisa a modo de saludo—. ¿Cómo estás, Zanahorias? Seguro te será más fácil terminar tu papeleo si no te distraes con este galán.
—¿Te sientes bien, Nick? Tu turno no termina hasta dentro de un rato. —Manteniendo la serenidad, y sabiendo del alboroto que montaría Judy al saber que ya no formaría parte de la ZPD, recurrió a la primera idea que vino a su mente.
—Sí, estoy bien, más allá del cansancio. No sé si lo recuerdes, pero Haggard me ofreció unas vacaciones anticipadas apenas asumió. Recapacité y creo que me sentará bien descansar un poco, así que me alejaré un tiempo de la ZPD desde este mismo momento.
—Me parece genial, te vendrá bien tener unos días libres para despejarte.
—Tal vez tú deberías hacer lo mismo, trabajaste mucho en el caso y las ojeras te hacen parecer un híbrido de mapache. —La sonrisa de Judy le reconfortaría más que otras veces.
—Alguien tiene que suplir al zorro más trabajador de la ZPD, ya después cuando tú vuelvas equilibramos cuentas.
—Supongo que al ser el único zorro soy el "más" de lo que sea en todo, un adjetivo positivo no viene mal de tanto en tanto. —Algo en la mirada de Nick se veía diferente; esas pupilas apagadas ahora se mostraban rejuvenecidas y con cierta energía. Decidió que era un buen momento para tomar un paso hacia adelante.
—Nick, estos días sentí que merecías algo de espacio, pero a su vez no quiero separarme demasiado de ti, así que… Entenderé si dices que no, porque no pretendo ser sofocante o molesta, pero de todos modos en serio creo que te vendría bien algo de compañía… Es decir, ya sé que te has visto con tu familia en estos días, pero con compañía me refiero a…
—¿Te parece bien hoy, después de que salgas de informes? —Hubiese dejado que la coneja parloteara nerviosa en alguna otra ocasión, pero esta vez se apiadaría de ella.
—Había pensado en el fin de semana, pero sí, hoy sería genial. —Aunque sus planes se tergiversaron, con salir antes del trabajo para ir a por un regalo estaría bien. Le pediría a Nancy que la cubriera y luego le pagaría el favor con algo que ella quisiera—. Llevaré algo para beber y podríamos pedir una pizza, a menos que quieras otra cosa.
—Eso suena bien para mí, Pelusa. —En un repentino movimiento, había quedado prisionera entre su torso y sus patas. Abrazaría a Nick sin mediar más palabras y ambos se separarían al cabo de unos segundos.
Se despedirían con una última sonrisa y elevando sus patas derechas. Mientras el zorro no voltearía en lo que se dirigía a su auto, Judy se quedaría observándolo por un momento. El calor reconfortante pronto dejó paso a un inesperado escalofrío. Sin prestar mucha atención a ello, volvería al consultorio de Monteiro para cruzarse a Nancy nuevamente y pedirle el favor de suplirla un par de horas. Por otro lado, ya en el estacionamiento de la ZPD, Nick se metería en su auto, tomaría su teléfono y marcaría el número de Jack.
. . . . . . . . . .
Se acercaba una noche algo movida y ni siquiera sería capaz de darse una ducha.; dejaría escapar una risilla cómplice al darse cuenta de que era la primera idea más o menos normal que cruzó su cabeza en los últimos días. El taxista que lo llevaba a su casa preguntó el motivo de la sonrisa, parecía ser de esos que sacan charla de cualquier cosa. Sin mucho más que hacer, de camino a casa, le daría el gusto al buen mamífero.
Antes de reunirse con Judy, Jack iría a su casa y junto con él iría Langley. Intentaría leer entre líneas el mensaje de su primo y descifrar sus intenciones con estos últimos dos, para después hablar con la coneja. Decidió llevar su auto al mecánico para dejar espacio en su garaje al vehículo del conejo con franjas, de modo tal que Langley pudiese entrar a su casa sin miedo a que alguien vigile a distancia o por cámaras de seguridad de la zona.
Pagaría al taxista lo adeudado y caminaría con pereza hacia la entrada principal. El cansancio acumulado de los días previos comenzó a pasar factura, pero al ya no tener que ir a la ZPD podría dormir más de ahora en adelante. Pensó en tomar café antes de que llegaran los demás, pero mejor ponía a calentar la cafetera y los esperaba para tomar algo todos juntos.
Seguía sin sentirse del todo bien, pero de todos modos hubo una mejoría en su estado de ánimo luego de hablar con Drew. Su mente pasó de una cruel e impetuosa tormenta a un día nublado, con vientos frescos y una neblina que no le permitía ver mucho más allá de sus narices. No negaría que sentía cierto alivio, pero no era momento de bajar la guardia todavía. Su sexto sentido estaba más activo que nunca, pese a que los potenciales riesgos se habían extinguido.
Arcagma murió, Tora y Herbert estaban en prisión, casi todo su ejército había sido diezmado y la infame Hermandad había sido atacada de forma letal, lo cual todavía no terminaba de entender. La misteriosa desaparición de varios miembros reconocidos de la ciudad sólo podía significar que una jugarreta planificada por Arcagma y ejecutada por Tora dio resultado, aunque quizás era demasiado pronto para suponer algo. Lionheart había muerto también, así como Blackwell a patas de Jack y las Langley, por lo que de seguir de pie, la Hermandad estaba demasiado tocada. No se le ocurrían nombres, entidades, bandos ni ningún posible enemigo por el cual preocuparse, se estaba dejando llevar demasiado por la paranoia.
Comenzó a observar el reloj cada vez más seguido, sin saber bien cómo pasar el tiempo hasta que llegaran Jack y Sarah. Sólo era capaz de pensar en Drew o en Judy, alternaba entre uno u otro y no podía dejar lugar a nada más. Deseaba con las pocas fuerzas que le quedaban, que todo terminase al hablar con sus invitados esa misma noche.
El conejo ya estaba al tanto de la visita de Judy que vendría posterior a su reunión, por lo que ya debería de llegar pronto. Tenían un par de horas de ventaja, hasta que Zanahorias saliera del trabajo. Si bien no sabía del todo cómo abarcar la situación, era momento de hablar con ella de absolutamente todo, pasando de cómo se unió a Arcagma, a como habían atacado su escondite.
Guardó silencio durante mucho tiempo para protegerla, pero ahora la situación era inversa. Todavía había cierto riesgo latente y no podría ayudarla si no estaba con ella todo el tiempo, tarea imposible ahora que estaría fuera de la ZPD. Además sus principales enemigos parecían estar fuera de combate y ella ya no era la conejita frágil que acababa de perder sus recuerdos. Sentía miedo de lo que pudiese pasar, pero confiaba en que Judy comprendiera la situación y se convirtiese en una aliada de gran valor si es que surgía un nuevo enfrentamiento. También necesitaban ojos y oídos en la ZPD, y ella era de los pocos oficiales indiscutidos.
Las luces pasaron a través de sus cortinas y recibió un mensaje de Jack, abriría el garaje desde dentro para dejarle paso. Una vez que entró, el conejo rodearía su auto para encaminarse al baúl; estando ya abierto, Langley saldría con la respiración algo agitada. Se la notaba molesta por tener que esconderse como si fuera una maleta, pero en el fondo sabía que no tenían más opción si querían reunirse. Si Nick decía que había descubierto algo importante y debían juntarse, allí estaría sin importar cómo llegar.
Luego de ofrecerles algo para tomar, el vulpino los acompañaría hacia la sala de estar. Tomaron asiento y él se encaminó a la cocina para después volver con una bandeja metálica, que contaba con tres tazas, en una de sus patas y una cafetera bien cargada, en la otra. Savage y Langley comenzaron a prestar atención a las hojas que el zorro dejó encima de la mesa.
—Hoy mi jefa me dejó acompañarla para hablar con Drew, lo que ven ahí son copias de la transcripción —explicó Nick, dando un momento a sus aliados para leer—. Pareciera que no hay nada importante allí, pero forma parte de un código que solíamos usar para pasarnos información en la escuela, antes de hacer alguna jugarreta o cosas así. Cuando uno miraba fijamente al otro y pestañeaba un par de veces de forma rápida, daba la señal al otro para decirle algo importante.
—¿Ya lo descifraste, Nick? —El zorro negaría, daría un par de sorbos a su café y les dirigiría una mirada desafiante con una sonrisa astuta.
—Preferí que, para bien o para mal, todos descubramos lo que pasa al mismo tiempo. Además, tres mentes piensan mejor que una —esbozó Nick, recibiendo sólo silencio como respuesta.
—Esperemos que esto no nos lleve toda la noche, con Theresa abandonaremos la ciudad mañana temprano. —Las palabras de la mapache no los tomaría por sorpresa; ya sin deudas pendientes y la necesidad de cuidar a su hermana, era libre de irse al fin.
—Conozco a alguien que podría serles de ayuda. —Langley sonrió ante la oferta del conejo a modo de agradecimiento.
—No hace falta, Jack, llevo planeando esto desde hace tiempo y tengo todo cubierto —indicó Langley, en tanto Savage devolvía la sonrisa y comenzaba a leer las hojas—. De todos modos, seguiremos en contacto, sólo necesito que Theresa se asiente y pueda volver a empezar. Pueden contar conmigo a futuro, si es que piensan hacer algo, claro.
—Sabes cuánto te agradezco por todo, Sarah, tu ayuda es invaluable, pero si quieres quedarte con Theresa…
—Ni lo menciones, Nick. Sigamos con esto, cuanto antes terminemos mejor para mí. —El zorro acercaría su taza de café para brindar con la mapache, su reacción fue justo lo que esperaba.
—No es muy difícil si soy sincero, sentí que lo mejor era reunirnos para decidir cómo avanzar —exclamó el vulpino, tomando algunas de las copias—. En cada oración dicha por el emisor hay una palabra clave, quizás dos, así que sólo tendremos en cuenta lo que dice Drew. Si hay un par de nombres seguidos, suele significar que están conectados. Cuando algo se repite dos veces significa que esas palabras se deben tomar de forma literal.
—Parece sencillo —dijo Savage, que en un par de segundos interpretó parte del mensaje—. Las primeras dos palabras son "Raines" y "es".
—Correcto. —Un silencio súbito se haría presente, luego de la afirmación de Nick. El zorro se pondría de pie y le daría la espalda a sus invitados—. Supongo que hice bien en ignorar el mensaje mientras estaba con Haggard.
—Si Arcagma y Raines están el uno seguido del otro, ¿significa que son aliados? —preguntó Langley, desconcertada ante lo que estaba leyendo.
—Si buscamos la palabra más importante en esa oración y la conectamos con lo que ya teníamos… Según Drew, Raines es Arcagma.
Nadie se atrevería a cruzar palabras ni miradas tras la conclusión de Jack. De pronto muchas cosas comenzaron a tener sentido, pero varias más lo perdían también. Si Raines estuvo dentro de la Hermandad durante tantos años, eso explicaría cómo Arcagma atacó con una precisión tan letal como abrumadora. Con los Lirios debilitados y Raines siendo aclamado como un héroe indiscutible, era absurdo negar su victoria. No sabían de sus motivos, por qué razones comenzó todo o cómo estuvieron dispuestos a atentar contra Zootopia del modo que lo hicieron, pero si algo era seguro, es que sus planes tuvieron éxito.
—¿Creen que ese sea todo el mensaje? ¿O habrá algo más? —Las preguntas de Langley sacaron al par de machos de su letargo.
—Después de que Haggard le preguntase algo a Drew, él me dijo que no confíe en nadie. Ella se mostró muy accesible, pero ya no sé qué pensar. —Nick volvió a sentarse y tomó sus copias para interpretar el resto del mensaje—. Dos veces seguidas "me dijo", eso lo tomaremos literal.
—Sí, lo sé, pero la siguiente parte es donde no sé qué palabra tomar. —Savage soltó las hojas por un momento, la frustración no lo dejaba pensar en claro—. ¿Ustedes qué piensan?
—Menciona a Scott, tal vez sea una amenaza. Luego dice la palabra cuídate, eso iba para ti, estoy segura que es eso. —Savage comenzó a frotar su barbilla, el análisis de Sarah podría ser correcto, pero no lo convencía del todo.
—Que esté amenazado es importante, pero no es un dato que no podamos imaginar tratándose de Arcagma. Si quería decir algo relevante, no creo que sea algo que podamos deducir nosotros mismos. —Langley suspiró exasperada, había disfrutado por un momento su pequeña victoria personal, aunque el conejo tenía su punto—. Tú estuviste allí, Nick, debiste ver algo. ¿Qué pasó esa noche, antes de que Drew apuñalara a Raines?
—La enfermera estaba muerta con un corte en su cuello, él sería incapaz de hacer algo así, pero Raines… —El vulpino intentaba encajar piezas, aunque el rompecabezas no terminaba de encastrar—. Tiene que haber sido él, sin duda. ¿Quizás forcejearon y Drew tomó el bisturí?
—Que Raines haya matado a la enfermera, teniendo control total de la situación, es muy raro. Drew podría haber salido de allí apenas sucediera para pedir ayuda, no creo que se pusiera a forcejear en una situación desfavorable. —Una vez más, Jack hacía muestra de su capacidad analítica, pero a la vez los dejaba sin opciones claras.
—¿Y si Raines se lastimó a sí mismo? Mata a la enfermera, se apuñala y comienza a gritar, el escenario lo deja a Drew como único sospechoso. —Lo propuesto por Sarah dejó mudos a sus compañeros, eso tenía que ser—. Tomaré su silencio como un sí —exclamó con cierta cuota de orgullo y una sonrisa burlona.
—Eso significa que Drew descubrió algo importante allí mismo, sorprendió a Raines y lo obligó a tomar medidas extremas… —Con el ceño todavía fruncido y las copias en su mano, Nick apartó la mirada y comenzó a susurrar—. Su madre…
—¿Qué dices, Nick? —preguntó la mapache.
—Su madre, eso fue lo que menciona Drew en la oración y la madre de Raines estuvo con ellos antes de que todo se fuera al diablo. —Habiendo leído la última oración una vez más, el zorro terminó por comprender el mensaje—. Raines es Arcagma, me dijo su madre… que es su hermano.
Los cabos terminaron de atarse al fin, no hicieron falta más que un par de segundos para que todos terminasen de llegar a la misma conclusión. La Hermandad había asesinado al padre de los Raines, cuyo caso nunca llegó a buen puerto debido a su influencia. Que luego Mycroft Raines terminase de unirse a ellos sólo podía significar una cosa: hubo una oferta inicial a su padre para unirse, pero al rechazarla debieron silenciarlo, ahora que sabía de su existencia; luego irían por el heredero de su gran empresa para volver a probar suerte.
Teniendo el libro de la historia de la Hermandad, tal vez pudieran encontrar a futuro una respuesta certera a nuevas incógnitas. Jack fue quien propuso la teoría en base a la cual sentarían base por ahora; Raines padre sabía de antemano de la existencia de la Hermandad y por ello logró avisar a sus hijos, que luego tomarían cartas en el asunto para atacar. Con Mycroft dentro, su hermano Viktor tenía suficiente información para atacar con la precisión que tanto lo caracterizó. Luego el cáncer de Viktor los haría acelerar sus planes y montaron un terrorífico show, donde Arcagma mostró que tenía a todo el mundo a sus pies. Al acabar con varios miembros importantes de la Hermandad y, ahora que ya no estaba Lionheart y varios pesos pesados desaparecieron, Mycroft tenía grandes posibilidades de convertirse en dueño absoluto de la ciudad, tanto de forma visible, como alcalde, como desde las sombras, al ser el nuevo líder de la Hermandad.
—Si Mycroft tanto quería hacerse con el poder, ¿por qué hacer semejante caos? —La pregunta de Langley era la misma que todos se hacían—. Aunque su hermano estuviera con cáncer, sólo con Herbert y un par más podría haber seguido con sus planes hasta llegar a la cima.
—El miedo rompe paradigmas, nos moviliza a todos. El nombre "Arcagma" perdurará por muchas décadas, quizás por siempre, y él fue el gran héroe al final. Mycroft consiguió mucho más que poder político o el control de la Hermandad, es un ícono que marcará una nueva era.
—Según Drew, este tal Viktor estaba muy obsesionado con dejar un legado, también se consideraba a sí mismo como "un salvador" —explicó Nick, acariciando su barbilla e intentando recordar algo más—. Decía que los ciudadanos eran ignorantes y egoístas, que iba a hacerlos despertar.
—Su objetivo principal no sólo era acabar con la Hermandad, sino evitar que nuevos entes concentren tanto poder como ellos lo hicieron todo este tiempo. —Jack volvió a alzar su voz, pero su afirmación iba cargada con cierta duda—. Aunque perdió poder, cuando Viktor murió ya no fue lo mismo. Tora causó miedo, pero tuvo que usar una de las bombas para que lo tomen en serio y salir en televisión. Quizás nosotros no lo veamos como alguien a la altura de Arcagma porque sabemos la verdad, pero los medios sí lo pusieron al frente de todo y aún así casi nadie se lo traga.
—¿A dónde quieres llegar, Jack? —Luego de la pregunta de Langley, el conejo bajó sus orejas mientras pensaba para sus adentros.
—Cuando Viktor derribó uno de los principales edificios de la ciudad sin llevarse una sola víctima, no lo hizo sólo para causar miedo —indicó Jack.
—Fue un mensaje para todos, sus ataques no iban dirigidos hacia la población común. —El conejo asentiría ante el comentario de Nick—. No recuerdo ahora a ciencia cierta, pero Arcagma no atacó a ciudadanos normales en ningún momento.
—Y luego entra Bonnie Hopps en la ecuación… Aunque ahora que lo pienso, no es una civil "normal", es la madre de quien salvó Zootopia, la misma que atacó a Crncevic, su general. —Jack elevaría sus orejas y se recostaría sobre la silla—. No hay un único mensaje, hay varios. El edificio fue un mensaje a la Hermandad para demostrar su poder y sus recursos, pero a la vez intentó decirle al ciudadano común que no iba tras ellos. Sin embargo, con la muerte de Bonnie, dejó en claro que cualquiera puede pagar las consecuencias si se interpone en su camino. No importa si eres la agente Hopps, un auténtico ícono de Zootopia, nada quedará impune si así lo desea.
—Es todo muy rebuscado, yo sé muchas cosas que la población promedio no y aun así no interpreté todo ese mensaje. —El comentario de Sarah sirvió para que ambos volvieran a entrar en razón, tal vez buscaban algo que en realidad no existía—. A menos que él todavía esté vivo y quiera dar el mensaje por sí mismo. Eso causaría mucho impacto en todos, ¿no?
—Eso es… ¡Acabas de dar en el blanco, Sarah! — Langley dirigió una tímida sonrisa, no terminó de entender la relevancia de su comentario hasta que el zorro la felicitó—. Arcagma jugó sus cartas, golpeó donde debía y dejó pruebas a la vista en todos lados, sólo hace falta que se dirija a la ciudad él mismo. Los ataques contra la Hermandad fueron tan contundentes, que si él sale a hablar y dice que seguirá vigilando todo desde las sombras, ya nadie intentará continuar su legado.
—Todavía quedan dos cuestiones en el aire… ¿Seguirá con vida? —Jack no continuaría al ser interrumpido por Langley.
—Claro que sí, ¿sino cómo hablaría a la población?
—Podrían tener una grabación, si Viktor estaba próximo a la muerte debían asegurarse que el mensaje sea enviado; también podría hacerlo Herbert —explicó Nick, dejando entrever una pequeña sonrisa, producto de la ingenuidad de su compañera—. ¿Qué es lo otro Jack?
—¿Creen que Viktor dé su discurso ahora o esperará hasta después de las elecciones, donde su hermano ahora es el principal candidato? —La respuesta parecía ser lógica, pero Jack remataría con una verdad de la cual no se habían percatado hasta ahora—. Sea cuando sea, en el momento en que Arcagma le hable a Zootopia, podríamos decir que conseguirá su victoria. El hijo de una grandísima zorra ganará… Sin ofender, Nick.
—No es nada que no haya escuchado antes, no pasa nada —respondió el vulpino, con cierta gracia—. Lo peor de todo es que muchos quizás consideren a Arcagma un héroe al acabar con gran parte de la corrupción y el crimen organizado de Zootopia, cuando en realidad es… Se podría decir que son antihéroes, cumplen con la palabra en toda la regla. Odio a los Raines con lo más profundo de todo mi ser, pero yo creo que en algunas situaciones el fin justifica los medios, y estos tipos limpiaron la ciudad de la mugre que traía desde su nacimiento.
—Antihéroes mis ovarios, Nick, no puedes justificar nunca lo que hicieron. Esos tipos son criminales y asesinos, y lo digo como alguien que día a día se castiga por haber participado de la muerte de una inocente. Mi hermana y Drew no fueron secuestrados porque "el fin justifica los medios", ni tampoco murió por ello la madre de Hopps, o amenazaron de matar a su hermanita. —Las palabras de Sarah estaban cargadas de impotencia y enojo. ¿Cómo podía darle crédito a esos imbéciles?
—No quiero justificarlos, pero cargarán una etiqueta que tiene mucho peso. —El zorro comenzó a rascarse la nuca, ofreció una sonrisa como disculpa y se reclinó hacia atrás para evitar algún posible golpe de la mapache—. Si los Raines acabaron con la Hermandad, felicidades por ello, pero pienso usar hasta mi último aliento para que terminen de caer y tengan lo que se merecen.
—No creo que quepa ninguna duda, todos lo haremos. —Jack lanzó a ambos una mirada cómplice, ahora que sabían la verdad de todo sólo era cuestión de ponerse en marcha.
. . . . . . . . . .
Además de su médico de cabecera, había consultado a varios más y todos le indicaron que todavía no podría irse a su casa en los próximos días. Por la madrugada quizás le quitaran el tubo de drenaje abdominal y bajaran por completo la dosis de analgésicos; la lesión con el bisturí había dañado un poco su intestino, pero por suerte no había demasiado por lo cual preocuparse. No dejaban de decirle que había sido muy afortunado: un poco más arriba y su hígado habría sufrido las consecuencias, lo que era, sin duda, un escenario mucho peor.
Su vida nunca corrió un peligro extremo, aunque su jugada podría haberle salido mucho más cara. Estando frente a frente con Andrew Wilde, sus opciones eran escasas y habiendo llegado la idea a su mente fue imposible no recurrir a ella. Con la ambulancia y personal médico calificado allí mismo, supo que su vida podría ser salvada sin mayores complicaciones. Fue rápidamente sedado, trasladado de urgencias y se le realizó una laparotomía para evaluar los daños, en lo que sería una cirugía sin complicaciones de ningún tipo.
Al final, su única preocupación terminaría siendo la rehabilitación y los cuidados diarios, el balance fue más que positivo. Se había convertido en algo más que un héroe; dio todo para evitar que Tora se saliera con la suya y ahora era visto como un símbolo de rebeldía, lucha y esperanza, o eso decían los medios. El posterior ataque de Wilde sólo agigantó su figura como supuesto blanco de Arcagma, su imagen pública se había disparado de formas que nadie más hubiese pensado. La muerte de Bogo y varios miembros ilustres de la Hermandad, que eran bien reconocidos por la ciudad, también le fueron de utilidad. Era el único rostro visible de la victoria contra Arcagma que había salido con vida y se beneficiaría de ello, además de la agente Hopps, ahora doblemente heroica al participar del caso de los Aulladores y en los eventos recientes. Tal vez su compañía de cara a las elecciones, que se adelantarían de forma inminente, garantizaría una victoria absoluta.
Con la muerte de Lionheart, su vicealcaldesa sería la actual mandamás de Zootopia. Ya le habían informado que el partido del león se había fragmentado en dos partes sin su líder, lo cual podría facilitar su arribo al poder al dividir los votos. Sólo la actual alcaldesa, una nutria de apellido Foster, y un par de seguidores del león, estaban dentro de la Hermandad y tenían una pequeña cuota de poder, nada que se comparase a su posición sin embargo.
De los sietes líderes de los Lirios de Sangre, sólo quedaba él con vida. Muchos posibles candidatos perecieron durante el ataque de Viktor también, por lo que se podría decir que estaban a la deriva. La competencia para hacerse con alguna de las seis vacantes disponibles sería feroz y podría debilitarlos si los diferentes miembros comenzaban a pelear entre sí, pero poco le importaba. Big era respetado por todos y era casi imposible oponerse a él, muchos lo consideraban la cabeza principal incluso. Ahora dicho rol sería ocupado por él y la diferencia de jerarquía que tuvo con los demás, previa al ataque, seguiría viéndose aunque compartieran la mesa principal.
Se regodeaba y no era para menos. Todo iba según lo planeado, quizás mejor de lo que hubiese pensado en un comienzo. La alcaldía sería suya y la Hermandad también; a diferencia de los antiguos rivales de los Lirios que lograron estar en su lugar, él era por completo intocable. El monopolio de poder sería tan abismal que nadie lograría enfrentarse a él, Zootopia ya era suya.
De un momento a otro, dejaría de estar a solas. Una figura pasó a través de la puerta y no logró ver bien quién era al estar a contraluz. Entrecerraría los ojos mientras buscaba el control de la cama para subir un poco la mitad superior, de modo tal que pudiera quedar semisentado. Sonrió ante la visita sorpresa, aunque no era de su completo agrado.
—Dijimos que no nos veríamos en lugares públicos —dijo con cierto recelo el menor de los Raines.
—Dudo que alguien entre a estas horas a la habitación del heroico Mycroft Raines, todos han de pensar que estás durmiendo. —Viktor daría un par de pasos hacia su hermano para abrazarlo, aunque mediría sus fuerzas por miedo a hacerle daño—. ¿Estás mejor? Las noticias dicen que estás fuera de peligro, pero quería asegurarme.
—Me dejaste en una choza asquerosa de tu mina durante tanto tiempo, ¿y ahora te preocupas por mí? —preguntaría en tono de burla, recibiendo una sonrisa como respuesta—. Estoy bien, más que bien, siento un calor dentro de mí que nunca antes experimenté.
—Se nota, irradias cierta aura de fortaleza y determinación, espero que la puedas seguir manteniendo de cara a tu campaña.
—Gracias… —Intentaba leer a través de sus intenciones, pero no lograba ver más allá de esa gélida mirada. Algo no cuadraba, fue como si de un momento a otro su hermano se convirtiera en alguien más—. ¿Hay algo que te preocupe? ¿Temes que haya algún cabo suelto?
—No exactamente, más que preocupado me siento afligido. —Le daría la espalda a Mycroft mientras se acercaba a una silla que estaba cerca de la puerta—. Tal y como dije, estuve viendo las noticias, también leyendo, entrando a portales y foros de todo tipo para ver la repercusión de todo esto. El punto es, que me topé con la noticia de la muerte de Laura.
—Ahora termino de comprender. —Nunca logró forjar una buena relación con Sánchez, pero ver a Viktor con la mirada gacha y los hombros caídos no le era ni un poco ajeno—. Ven, acércate.
—Te agradezco, pero no necesito un abrazo ni consuelo de ningún tipo. Sólo vengo a charlar un poco, eres el único mamífero con el que puedo hablar ahora. Sin Laura y con Herbert en prisión hasta que hagamos algo, estoy solo.
—Sánchez siempre supo que ponía su vida en riesgo, pero aceptó de todos modos porque quería ayudarte. —No esperaba acotar mucho más, su hermano siempre había sido alguien fuerte y era esquivo a discursos motivacionales, pero ante la falta de reacción intentó decir algo más para apoyarlo—. Puede que suene tonto y sacado de un cuento de hadas, pero con nuestro éxito ella siempre seguirá allí, formando parte de nosotros, igual que nuestro padre.
—La diferencia es que papá murió bajo sus propias reglas y Laura bajo las mías. Me acostumbré tanto a jugar a ser un dios, que olvidé que las cosas no siempre salen como quieres.
—Fingiste tu muerte para que se aleje y se salve, tus intenciones...
—¿Desde cuándo sirve tener intención de algo? —Una sonrisa se dibujó en sus labios, intentando ocultar su rostro bajo una máscara que, estando entre ellos, estaba demás—. Todo se trata de resultados, consecuencias, movimientos finos y lo suficientemente pensados para que todo salga a tu favor. Si yo hubiese estado al mando como debía ser, nos habríamos ahorrado demasiados errores.
—Nos hemos manchado mucho las patas de sangre, aunque no siempre tuviéramos intenciones de ello, ¿qué cambia aquí? No esperábamos que Tora detonase un explosivo tampoco, pero dudo que te sientas mal por eso —exclamó Raines. Él tampoco sentía remordimiento por ninguno de los eventos recientes, razón por la cual le llamaba la atención la situación de su hermano.
—Es difícil traducirlo en palabras.
—Sientes tristeza, culpa, estás enojado contigo mismo, lo cual es normal. Nadie está hecho de piedra, todos somos mamíferos al fin y al cabo. —Viktor le sostenía la mirada en silencio mientras movía de forma apenas perceptible sus patas y jugaba con sus garras. Tenía ahora una mueca curiosa y frunciendo el ceño se le marcaban las arrugas en la frente, tenía ahora una seriedad más propia de él.
—Cuando tomé la decisión de dejar que las cosas fluyeran por sí mismas, pensé en sacar a Herbert de la mina luego de que lo tomaran como prisionero y huir lejos. Seguiría con mi tratamiento para el cáncer, dejaría constancia a Laura de que al final todo salió bien y podría, por primera vez después de quince años de luchar de forma incansable, vivir una vida. —Mycroft se cruzó de patas, sabido era que su hermano se tomaba su tiempo para pensar en sus palabras y todavía tenía mucho que decir—. Creo que querer un final feliz después de las atrocidades que hicimos fue el desencadenante, no puedes burlar el karma tantas veces. Irónicamente, esperé durante mucho tiempo que la muerte me abrace con toda frialdad y parsimonia, pero no fue hasta que quise salir adelante que recibí un revés más cruel. Supongo que exigí demasiado para lo que merezco en realidad, y por querer vivir junto a los pocos que me importaban, me terminé quedando solo por siempre mientras los demás recibieron su castigo.
—Todavía me tienes a mí, y Herbert puede salir si nos manejamos bien. No puedo prometer que será de un día a otro porque de seguro se lo llevan a una prisión de máxima seguridad, pero algo podremos hacer.
—¿En serio sacarás a Herbert con todo lo que eso significa? —preguntó con cierta extrañeza—. Sé lo que piensas de él.
—Puedo hacer un sacrificio por ti si así lo quieres, que no lo soporte no significa que lo deje pudriéndose en prisión. Tú diste todo lo que tenías que dar para que podamos avanzar, tómalo como una pequeña devolución.
—Esperaré con ardua paciencia entonces, será curioso ver cómo te las ingenias.
—Todo está marchando con viento en popa, no me importa que un par de olas pequeñas golpeen el barco.
—En ese caso, te pediré un segundo favor, si me lo permites. —Mycroft se tomaría un par de segundos antes de asentir, no recordaba alguna petición tan directa viniendo de él y lo tomó por sorpresa—. Quiero que Andrew Wilde siga vivo el tiempo suficiente como para salir por buena conducta y con prisión domiciliaria.
—Quién hubiese pensado que, en medio de tu mar de frustración, te tomases el tiempo de lanzar un salvavidas como ese.
—Laura me pidió que lo deje vivir. En su momento creí que exponer su faceta como Archimago y luego derrumbarlo podría ser útil, pero ahora mismo…
—¿Crees que cumplir el último deseo de Sánchez honraría su legado?
—Ser apuñalado por el Archimago de Plata haría que te enfrentes a una leyenda demasiada popular, comenzarán a hacer preguntas de su ataque y no te sentaría muy bien.
—Eso no implica que no pueda morir antes de revelar su identidad —indicó en tono de burla, al ver que su hermano negaba toda generosidad detrás de su petición. Viktor sólo sonrió y, al cabo de unos segundos, se puso de pie.
—Lo quiero vivo.
—Es un riesgo latente, sabe nuestra verdad.
—Tiene tantas cosas para perder, que podrás apagar su voz lo suficiente como para que no sea un problema —indicó Viktor en tanto se dirigiría a la puerta. Mycroft lo observaría en silencio, se limitaría a asentir sabiendo que su hermano tendría una respuesta preparada para cada comentario que pudiera hacer—. Lamento tener que dejarte, pero mañana temprano tengo que ir al médico para que me recete unos análisis.
—Apenas pueda salir de aquí intentaré contactarte, veremos de conseguirte lo mejor para continuar con tu quimioterapia.
—Prefiero que te ahorres tus esfuerzos para sacar a Herbert. Voy a necesitar compañía durante las sesiones y sé que tú no quieres mostrarte en público junto a nadie, a menos que sea por tu campaña.
. . . . . . . . . .
Un timbrazo traería tensión al ambiente. Nick le indicaría a ambos que se dirigieran hacia su habitación para esconderse en lo que él se acercaba a la puerta. Aunque sintió alivio al escuchar a Judy al otro lado, los nervios volvieron a aparecer en un par de segundos. Le pidió que esperara para buscar sus llaves en lo que pensaba cómo proceder.
Si solo Jack lo acompañara, no tendría problemas en explicarle todo a Judy como tenía en mente, quizás el conejo hasta fuese de utilidad. El único inconveniente era la presencia de Sarah, a la cual la coneja conocía como la atracadora que la atacó y, de forma indirecta, le hizo perder sus recuerdos. La mapache tampoco podía quedarse escondida mucho tiempo, al tener que huir con su hermana en poco tiempo.
Con los segundos en su contra, Nick decidió acercarse a la entrada de una vez por todas y abrirle a Judy. Vestida de forma casual con unos jeans y una polera violácea, la coneja sólo se adentró en la vivienda cargando con ella una bolsa blanca. Mientras el anfitrión cerraba la puerta, ella le tendió un paquete que lo tomó por sorpresa.
—Toma, ábrelo, sé que no es la gran cosa, pero no se me ocurrió mucho más. Mi idea era comprar algo en estos días para dártelo el fin de semana, así que mis tiempos se acortaron cuando dijiste que preferías hoy. —Todavía algo aturdido por la situación, el zorro tomó el paquete, lo dejó sobre el sofá y procedió a abrazarla.
—Gracias, Judy, por todo —susurró el vulpino mientras la coneja correspondía el abrazo.
—Está bien, Nick, sabes que siempre estaré aquí para ti cuando lo necesites. —Habiéndose separado ya, el calor en el pecho de Judy siguió persistiendo con una intensidad cada vez mayor—. ¿Y bien? ¿No abrirás el regalo? —El zorro sonreiría en respuesta y tomaría una vez más el paquete, en lo que Judy volteó—. ¿Estuviste con visitas? —preguntó extrañada al observar las tazas de café, todavía sobre la mesa junto a la cafetera. Nick inspiraría hondo y decidió posponer la apertura de su regalo para más tarde, cuando estuvieran solos.
—Sí, Zanahorias, estaba con un par de amigos.
—Llevo tiempo sin saber nada de Finnick, ¿cómo está él?
—El enano no fue uno de ellos… —Nick apoyaría una de sus patas sobre la espalda de la coneja para que lo acompañe hacia la mesa y tomase asiento—. Sé muy bien que confías en mí, pese a todo lo que ha sucedido durante el caso, así que… Hoy tomé la decisión de hablarte de todo.
—¿Pasó algo? —Si bien su voz sonaba normal, Judy intentaba esconder su preocupación, fracasando al no poder controlar el temblor de su nariz.
—Desde que Tora cayó, sentí que el caso terminó pero que todavía no estábamos a salvo. Hoy, cuando fui a ver a Drew, me dio un mensaje en clave y terminé de entender lo que mi intuición me quería decir. —Con la conversación estancada durante unos segundos, mientras Nick intentaba pensar cómo seguir, Judy tomó la palabra.
—¿Ya hablaste con la jefa Haggard del mensaje? Tal vez podamos conseguir ayuda.
—Descifré el mensaje aquí, pero todavía no quiero decirle a Haggard nada de esto. Drew me dijo que no confiara en nadie.
—Ya veo… Mira, cuando terminen tus vacaciones y vuelvas a la fuerza, podremos hablar con algunos de nuestros compañeros de más confianza. Si te preocupa mucho podríamos ir mañana mismo.
—Judy, yo no volveré a la ZPD. —La coneja bajaría las orejas y se quedaría en silencio, sin entender las palabras del zorro—. No son vacaciones, Haggard me pidió hoy mi renuncia y acepté. —Apenas la coneja se puso de pie, Nick la tomó de su pata para calmarla—. Es por mi bien, tú tranquila. No sé si confiar en ella, pero tampoco desconfiar, no parece ser una enemiga aunque tiene un aura extraña que la rodea. Ya me han traicionado lo suficiente y no quiero volver a arriesgarme.
—Necesito que me explique más, Nick, no estoy pudiendo conectar las ideas. ¿Traiciones? ¿Tu renuncia? ¿Drew?
—Voy a explicarte, pero no voy a ser el único que lo haga. —La coneja dirigiría su mirada hacia las tazas de café, Nick todavía tenía a sus acompañantes con él—. Quería tomarme el atrevimiento de estar solo contigo, pero ahora que llegaste antes creo que no estaría mal si también escuchas a quienes me ayudaron. Sólo… No te dejes llevar por tu primera impresión, aclararemos todas tus dudas y luego tú tendrás la última palabra y decidirás si quieres ayudarnos o… No lo sé, hacer como que nada de esto pasó.
—Yo no… —Al ver al conejo con rayas acercarse, los latidos de Judy comenzaron a impactar con menor fuerza—. ¿Jack? No entiendo por qué debería preocuparme… —Con Langley dando luego un paso adelante, la coneja se soltaría de Nick y retrocedería un par de pasos.
—Sé que con Sarah comenzó todo este infierno al arrinconarnos, pero está más que dispuesta a terminarlo —indicó Nick. Sin saber cómo reaccionar, Langley sólo se acercó a medida que Jack hizo lo propio.
—Soy testigo de la gran utilidad de Sarah y sus buenas intenciones, Judy, puedes confiar en ella, en todos nosotros. —Las palabras del ex agente de la ZIA no parecían haberle llegado a la coneja, cuya mirada todavía seguía fija en la mapache.
—Fui una víctima más de Arcagma, así como todos. Mi hermana estaba en sus garras y tuve que hacer lo que tuve que hacer —explicó Langley, intentando acercarse a la confundida coneja—. Sé de tus problemas de amnesia y lamento mucho lo que ocurrió, uno nunca espera llegar a esos extremos. Espero que aceptes mis disculpas, Judy Hopps.
Langley alzaría su pata para zanjar todo en un apretón, mientras la coneja todavía estaba petrificada. Sus ojos buscarían los de Nick, quien con sus orejas gachas observaba atento el posible desenlace entre ambas. Judy confiaba tanto en Nick como en Jack, y si ambos apoyaban a la mapache debían de sobrar argumentos para aceptar sus disculpas, pero ahí yacía, congelada y sin poder responder.
—Perdona mi falta de coraje, Langley, pero todo esto me toma muy de sorpresa y por momentos siento que no soy tan fuerte como para avanzar. —Las palabras de Judy golpearon de lleno a la mapache en un primer momento, aunque luego abriría los ojos de par en par al sentir el apretón—. No voy a perdonarte lo que pasó en aquel callejón, eso fue enteramente mi responsabilidad y no puedo culpar a nadie más que a mí misma. —Luego de respirar hondo y soltar la pata de la ladrona, dirigió su mirada a Nick—. Espero que tengas una buena razón como para no hablarme en un primer momento de todo lo que me hablarás.
—Tú habrías hecho lo mismo conmigo, Zanahorias, así que no te daré derecho a réplica. —Aunque se encontraba un tanto indignada por la situación, Judy se quedó en silencio sabiendo que el zorro tenía toda la razón.
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Nota de autor: muy buenas gente, si han llegado hasta aquí muchas gracias una vez más por leer. Escribo esta nota para comentarles que, dada mi inconsistencia al escribir los últimos capítulos, he comenzado a dejar en mi perfil el progreso estimado de los capítulos para, más o menos, puedan ver qué tanto falta para la próxima actualización. Sin mucho más que decir, gracias nuevamente por leer ;)
