Disclaimer: Inuyasha y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Rumiko Takahashi. No recibo beneficios con esta historia.
Capítulo 2: Consecuencias.
-¿Y bien? ¿Cómo te fue?- Su camarada se le acercó y le sacudió del hombro.
-Tranquilízate Jakotsu.- Dijo él. –Demonios. Tienes demasiada energía.-
Bankotsu se dejó caer sobre el sillón con cansancio. Encendió un cigarrillo y le dio una honda calada. Sus compañeros aguardaron a que se dignase a hablar.
-Le ofrecí el dinero y aceptó. Es todo.-
-¿Así de fácil?-
-No. Fue un dolor en el culo.- Expresó tras estirarse el cuello. –Al principio se hizo la difícil.-
-Las mujeres son más astutas. No puedes comprarlas fácilmente. - Formuló un hombre gordo y de baja estatura.
-Son una molestia.- Soltó Jakotsu.
El calvo, que había oído a la perfección la declaración del moreno, frunció el ceño. – Entonces ¿Cómo sabemos que funcionará?- Inquirió.
-¿No me oíste? Dije que aceptó.-
-Dijiste que fue un dolor en el culo. ¿Cómo sabemos que contamos con su palabra, hermano?-
La interacción por parte del resto no se hizo esperar, y una oleada de comentarios le cayó encima. Muchos, dándole la razón a su compañero.
Bankotsu le clavó la mirada. Detestaba aquellos momentos en los que Renkotsu hacía uso de sus palabras para desestabilizarlo todo.
-Si la querías muerta, te hubieras encargado.-
Pero estaba en lo cierto. Aquella chica impulsiva era un cabo suelto que ponía en peligro a la banda. No podía fiarse de alguien con una actitud tan revirada. La subestimó en una ocasión y las cosas no fueron del todo bien. No podía arriesgarse.
-Lo sé, dile a Sokka que iré a visitarlos en cuanto pueda.- Kagome subió las escaleras con la compra en mano y se sacó las llaves del bolsillo. – Ustedes también podrían venir, ¿no?-
Pasó por las puertas vecinas y balanceó la bolsa de plástico entre sus dedos, mientras escuchaba a su madre al otro lado de la línea. Antes de llegar, a pocos metros, vislumbró una figura familiar. Estaba a un lado de su apartamento, con la espalda apoyada en la pared y los brazos cruzados.
-Escucha, olvidé algo en la tienda. Te llamo después, ¿sí?. - Se excusó.
Colgó el teléfono y permaneció de pie frente a él. Los dos cruzaron miradas.
-¿Cómo es que sabes en donde vivo?-
Él curvó los labios y se rascó el cuello con tranquilidad. -Sé varias cosas sobre ti.- Comentó.
La azabache no respondió.
–¿Qué sucede? ¿Te quedaste sin palabras?-
-¿Qué quieres?- Dijo de forma tajante.
-Bueno… es un asunto algo privado. ¿Por qué no lo charlamos adentro?-
Kagome lo miró con severidad. Estaba desquiciado si creía que iba a abrirle la puerta a alguien como él.
El ojiazul leyó la desconfianza en su mirada y se enderezó. Luego, se acercó a ella.
-Escucha, podemos hacer esto por las buenas...- Dijo, y jaló levemente de su abrigo. –O por las malas. Tú eliges.-
Su vecina, una mujer mayor con muy mal carácter, salió de su vivienda y los observó con recelo mientras sacaba la basura.
El muchacho se acercó hasta el lóbulo de su oreja.
-Tengo algo que te puede interesar. - Le susurró.
Ella cerró los ojos y trató de hacer una pausa para pensar.
Abrió la puerta a los pocos minutos.
Bankotsu se adentró en el recinto y tomó asiento en una de las banquetas contiguas al desayunador. Sacó un sobre de papel de su abrigo y lo dejó en la mesa.
Kagome le echó un vistazo, dentro había un teléfono celular y un fajo de dinero en efectivo.
-Te daré la otra mitad cuando cumplas con tu parte. - Anunció. –Además, mis compañeros y yo estuvimos hablando. Hubo un cambio de planes.-
Ella frunció el ceño.
–Para estar seguros de que tenemos tu palabra, queremos que nos hagas un favor.-
-¿Disculpa? Creí que ya te estaba haciendo un favor no delatándote.- Lo vio sacar un cigarrillo de su cajetilla y llevárselo a los labios. –No voy a decir nada.-
Bankotsu asintió con la cabeza. –Perfecto, entonces cuento contigo. Creo en tu palabra y vuelvo a casa, a dormir tranquilo. ¿No?-
-Escucha, no es mi culpa si tú..-
-No. Tú escucha. Me parece que no nos estamos entendiendo.- Cortó. En ese momento, exhaló el humo de sus pulmones y se puso de pie. –Vas a hacer lo que yo te diga y se acabó. No fue una pregunta, fue una orden.-
Kagome lo vio aproximarse y recargó el cuerpo sobre la mesada de la cocina. No le iba a permitir ninguna otra maniobra.
Se desplazó de forma milimétrica, para llegar al porta cuchillos. Pero cuando sus dedos hicieron el primer movimiento, él la detuvo.
Su mano envolvió la de ella y la presionó sobre la superficie. Su otro brazo le cerró el paso para inmovilizarla. La acorraló en menos de dos minutos.
Inclinó la cabeza y buscó sus ojos, pero ella apartó la vista.
-No me des razones para matarte.-
Quería aniquilarla, pero se contuvo. No comprendía de dónde sacaba tanto valor.
Kagome se mordió los labios y guardó silencio.
-La policía no tardará en presentarse en el edificio. Querrán interrogar a los empleados y probablemente te encuentres entre los primeros de la lista.-
Cierto, ella había sido la última persona en abandonar el piso aquel día. No era un dato menor.
-Cuando eso ocurra, vas a decir que fue un día como cualquier otro. Hiciste tu trabajo, se te hizo tarde y cuando viste la hora te fuiste a casa. Sencillo, ¿verdad?-
Lo comprendía a la perfección. No hacía falta aclararlo.
El muchacho siguió haciendo presión sobre su mano.
-Pero hay algo importante: quiero que pongas especial atención en tus entrevistadores. Quiénes son los tipos, cuántos, qué preguntas te hacen, cómo lucen. Si es necesario, apuntas toda la información en una libreta.- Añadió. –Cuando vuelvas del trabajo, luego de que hayan conversado contigo, me llamas al número agendado en el teléfono que te di ¿Entendiste?-
En aquel punto, cuando se volvió a verla, ella lo estaba mirando; entregándole toda su atención.
-Está bien.- La oyó decir.
-Perfecto.-
Las predicciones de Bankotsu no se hicieron esperar. Dos días más tarde, llegó a la oficina una pareja de policías no uniformados. Kagome los vio ingresando al piso con discreción, como si se tratase de cualquier otro par de clientes; pero descubrió sus verdaderas intenciones cuando su jefa la mandó a llamar.
La estaban esperando en un recinto apartado, en la sala de conferencias. Eran de aspecto serio.
Él no debía tener más de veinte años. Vestía un traje oscuro con una corbata negra haciendo juego. Tenía el cabello blanco, una mirada afilada y un semblante que generaba incomodidad. Ella llevaba una melena negra recogida. Tenía los labios color carmín y unos ojos rojos que parecían irreales. Las facciones de su rostro eran muy delicadas.
-Buenos días, soy Hakudoshi Ueda. Agente de la Primera División de Investigaciones, del Departamento de Asuntos Criminales. Ella es mi compañera, Kagura Kobayashi.- Le dijo, extendiéndole una placa con el emblema de la Agencia Nacional de Policía.
Por encima, había una ficha con una fotografía suya y sus datos personales: nombre, apellido y número de identificación. Kagome trató de grabárselos en la mente.
-Queríamos saber si estaba usted al tanto de los hechos ocurridos con los fondos del departamento de cuentas.-
-Sí. Me he enterado a través de mis compañeros.-
-¿Le importa si le hacemos algunas preguntas? Será breve.-
"Como si tuviera otra opción" Pensó ella. –En lo absoluto. Adelante.-
La mujer le hizo señas para que tome asiento. El agente Ueda se acomodó en una silla frente a ella y entrelazó las manos sobre la mesa.
-¿Recuerda usted qué hizo aquel día durante su horario laboral?- Dijo de forma tranquila.
-Bueno… ese día recibí un encargo urgente por parte de mi jefa y estuve con eso casi toda la mañana. Después salí a almorzar con uno de mis compañeros. Fuimos a uno de esos lugares de ramen al paso, ya sabe…- La azabache hizo una pausa y fingió pensárselo durante algunos segundos. –Volví a la oficina y me metí de lleno con los pendientes del día. Cuando vi el reloj eran las… ¿Seis quince? ¿Seis treinta? No lo recuerdo con exactitud, lo siento. - Agregó. -Cuando me di cuenta, tomé mis cosas y me fui a casa. El señor Masato estaba en la entrada, haciendo su turno vespertino. Es el encargado de seguridad.-
Su oyente no le sacó la vista de encima ni por un segundo.
-¿Diría que no vio nada fuera de lo normal?-
-Fue un día como cualquier otro. Agitado, con mucho trabajo. Aquí, si te dejas estar, el tiempo vuela.-
-Ya veo…- Él se aclaró la garganta. –Dígame señorita Higurashi, ¿a qué se dedica exactamente en esta empresa? -
-Estoy en el departamento de investigaciones. Igual que usted…- Le dijo sonriendo. -Soy redactora. -
El agente enarcó las cejas.
-Que maravilloso. Admiro mucho a la gente que escribe.- Expresó, esta vez volviendo la vista hacia su compañera. –¿Qué es lo que se encarga de redactar la mayor parte del tiempo? -
Kagome tuvo un mal presentimiento.
-Usualmente paso en limpio los estudios sobre los productos que se van a publicitar.-
Ueda se miró las manos.
-Podría decirse que usted embellece con palabras... ¿no?- Pronunció, con una dicción impecable.
-Algo así.-
-Y para eso se debe tener un muy buen manejo del discurso, ¿verdad?-
Entonces, comprendió cual era el curso que le estaba dando a la conversación. Era un muchacho increíblemente sagaz. El departamento de policía no había enviado a ningún niño inútil.
-Cualquier publicista debe tenerlo, ¿no lo cree? Yo solo me limito a hacer lo que me piden.- Dijo ella. –Además, llevo solo seis meses aquí. No tengo tanto talento.-
Él curvó los labios, sin un ápice de simpatía.
-No existe tal cosa como el talento. Son habilidades que se adquieren con práctica.- Expuso.
Kagome había aprendido a desconfiar de las personas con verdades absolutas desde hacía tiempo.
-¿Sabe, señorita Higurashi? Le diré algo que tenemos con casi total seguridad, como dato de color.- Dijo esta vez. –Creemos que una fuga considerable de dinero solo pudo ser realizada por alguien que conociera bien la empresa. Alguien que tuviera acceso a ella y estuviera al tanto del movimiento que se gesta en la oficina.- Tras decir eso, se enderezó y se acomodó la corbata. – Sería vital que nos entregue cualquier dato, por mínimo que sea.-
El agente estiró el brazo y le entregó una tarjeta con un número de contacto.
-Si su memoria se aclara, no dude en llamarme.- Añadió.
Ella asintió y se aferró al objeto mientras un escalofrío le recorría el cuerpo.
–Le agradezco por prestarnos su tiempo.-
Kagome se puso de pie, hizo una reverencia y se despidió de ambos con amabilidad. Cuando puso la mano en el pomo de la puerta, el agente hizo un último comentario.
-Ah, Señorita Higurashi. No se preocupe por el horario de salida. Lo cotejaremos en las cámaras de seguridad.-
-Fantástico.- Finalizó ella. –Que tengan un buen día.-
Hakudoshi la vio salir del recinto y no le quitó el ojo de encima hasta que desapareció de su campo de visión. Su compañera, que se había mantenido en silencio durante toda la entrevista, se volvió a verlo.
-¿En qué piensas?-
-Un relato particular. ¿No lo crees?-
Cuando llegó al apartamento, llenó la bañera y permaneció dentro un largo rato. Le resultó extremadamente necesario liberar las tensiones acumuladas durante el día. Recordar el rostro de aquel policía le producía un malestar interno inexplicable. El escalofrío que recorrió su cuerpo luego de dejar el despacho tardó un buen rato en desaparecer.
Se sumergió en el agua varias veces. Cuando salió, se puso ropa cómoda y llenó una olla con agua para preparar un poco de pasta. En el ínterin se encontró con el móvil que le habían dejado. Casi lo olvidaba.
Buscó el número en la agenda y llamó. Atendieron después de la cuarta tonada.
-¿Sí?- La voz al otro lado se oía entrecortada.
No supo qué decir.
-Estoy haciendo la llamada que me pediste…-
Hubo una pausa de algunos segundos, como si la otra persona tratara de descifrarlo.
-Voy para allá. – Dijo de repente. Luego colgó.
Ella quiso negarse, pero no hizo a tiempo.
Él llegó treinta minutos después. Kagome le abrió la puerta vistiendo una remera varias tallas más grandes y unos pantaloncillos cortos de pijama.
-¿No tenías algo más decente para ponerte?- Le dijo viéndola de arriba abajo.
-Lo siento. No me alcanza el dinero.- Soltó de forma irónica.
Bankotsu cerró la puerta tras de sí y atravesó la sala. Se encaminó hacia el pequeño balcón y encendió un cigarrillo.
-¿Y bien? ¿Qué tienes? – Pronunció, sin perder más tiempo.
La azabache se tomó el trabajo de narrar la conversación que mantuvo con los oficiales en su totalidad, sin descartar nada. Incluso mencionó lo de las cámaras de seguridad.
-Mis compañeros se encargaron de las cámaras en su momento. No es problema. - Le explicó. - ¿Qué hay de los policías?-
-Eran dos. Un hombre y una mujer. Ella debía de tener unos treinta. Cabello negro y cara de modelo de revista. El no parecía de más de veinte. Tenía el cabello blanco y una mirada intimidante.- Los rostros se iban reconstruyendo en su mente. El muchacho la escuchaba con atención mientras fumaba su cigarrillo. –Sus nombres eran Kagura Kobayashi y Hakudoshi Ueda. Él me mostró su placa.-
Las facciones de Bankotsu se contrajeron.
-Me pareció extraño que envíen a alguien tan joven, pero luego…-
-Es el mejor de su división- Intervino él. – Por eso lo enviaron.-
Kagome frunció el ceño. Él dio algunas vueltas dentro del pequeño espacio.
-¿Lo conoces?-
-Claro que lo conozco, por eso te pedí que los observaras. - El moreno lo vio venir, temía que se tratase de aquel desgraciado. -Tiene una reputación de mierda.-
Hizo una pausa y exhaló el humo de sus pulmones. -Estuvo suspendido en varias ocasiones... No pensé que lo pondrían en este caso.-
-¿Y eso qué significa?-
-Nada. Mañana te entregaré el resto del dinero y se acabó.- Las palabras fueron pronunciadas con cierta irritación.
Bankotsu apagó el cigarrillo y desapareció del apartamento algo precipitado. Era la primera vez que lo veía inquieto, y fue esa actitud la que generó dudas en ella.
El departamento estaba sumergido en el caos, como de costumbre. Ella caminó esquivando a más de un compañero, haciendo equilibrio y aferrándose a sus vasos de café. Pensando en que tal vez ponerse la camisa blanca no había sido la mejor opción.
Llegó a destino sana y salva, exhalando un suspiro hondo. Apoyó las caderas en la puerta y la abrió.
-Buenos días, Señor. - Dijo colocando los vasos sobre la mesa.
El citado se percató de su presencia cuando ella habló. Estaba solo y concentrado, tomando notas.
Sus ojos ambarinos se volvieron a verla.
-Kagura, buenos días.- Expresó. Luego miró el café. -No tenías que molestarte.-
Ella guardó silencio, sacó algunas carpetas que traía en el bolso y se sentó. Su superior dejó lo que estaba haciendo y se concentró en eso.
-¿Qué tenemos hasta ahora?- Le dijo dándole un sorbo a su bebida.
-¿No esperaremos a Hakudoshi?-
-Está en camino.-
Ella asintió y se aclaró la garganta.
-Ayer entrevistamos a más de la mitad de los trabajadores.-
-¿Los que comparten piso con cuentas?-
-Exacto.-
Su jefe alcanzó los documentos y observó la lista con detenimiento. Veintitrés personas interrogadas en una sola jornada, y aún faltaba la mitad.
Kagura lo vio hacer a un lado los mechones plateados que se le arremolinaban en la frente.
-¿Algo para decir sobre los testimonios?-
-La mayoría es basura.- Soltó una tercera voz.
El muchacho, se presentó en el despacho con el cabello recogido y un casco de motocicleta debajo del brazo. Cerró la puerta tras de sí y tomó asiento a un lado de su compañera.
Kagome miró su reloj de muñeca y recorrió el lugar con la vista. Poca luz, un grupo reducido sentado en una mesa y un barman de aspecto solitario. Una nube de humo envolvía el espacio y le otorgaba un aura aún más deprimente.
No veía al moreno por ninguna parte.
Caminó en silencio, con las manos enfundadas en los bolsillos de su chaqueta. Atravesó un pasillo un poco angosto y llegó al patio trasero. Estaba casi vacío, la noche se había tornado algo fría para quedarse allí.
Lo encontró de espaldas, con el hombro recargado en una pared, hablando por teléfono.
-Era él. Ella misma me lo dijo.- Pronunció.
Hizo una pausa breve. Aparentemente, la persona al otro lado le estaba hablando.
–No declaró. Estamos hablando de Hakudoshi: Si ella hubiese abierto la boca, mi cabeza ya estaría sobre una lanza.-
La azabache se quedó inmóvil.
-No va a tardar en encontrar un rastro.- Fue lo último que le oyó decir.
El moreno añadió algunos comentarios inaudibles y colgó. Cuando dio la vuelta, se chocó con su rostro de lleno.
-¿Cómo es que conoces tanto a ese policía?- Exigió ella. Le habló sin tapujos, como era de esperarse.
-Eso no te interesa.-
-Solo quiero saber si estoy en peligro.-
Bankotsu exhaló un suspiro y vio a su alrededor. Estaban solos.
-Cuando dije que Hakudoshi tenía mala reputación, me refería a que es de los que hacen cualquier cosa con tal de hallar culpables. Aunque eso implique violar la maldita ley.- Dijo. -Es un perro de caza que hace sus propias reglas.-
-¿A qué te refieres?-
-Implantación de pruebas falsas, por ejemplo.-
Kagome tragó saliva. Su mente comenzó a trabajar y no tardó en descender a lugares oscuros.
Su malestar continuo era su interior gritándole que algo andaba mal con aquel agente desde el primer momento. Probablemente había visto algo en ella, algo que percibió con su instinto de caza. Por esa razón se mostró intimidante. Quince minutos de interrogatorio le habían sido suficientes para dudar de su testimonio.
-¿Estoy en peligro?- Repitió.
El moreno titubeó.
-No lo sé.-
Ella abrió los ojos. Se le enturbió la mirada.
-¿Me pediste que cerrara la boca y ahora tengo que pagar por ustedes?-
-Encubrir un robo también es delito.-
-Pero yo ni siquiera robé nada.- Sintió su interior encenderse en ira.
-Pero te vino genial el dinero, ¿no?-
-Me amenazaste.-
Bankotsu se volvió a verla con sorpresa.
-¿En serio vas a actuar como víctima? Si hubieras querido delatarme, lo hubieses hecho desde el principio. Como cualquier persona normal.- Dijo con astucia. Sus ojos se clavaron en ella. – Viste tu oportunidad y te lanzaste sobre ella, para chantajearme.-
Nada más cierto. Aquella desgraciada era de todo menos una pobre mártir. Su conducta manipuladora era incluso peor que la de un delincuente.
Ella apartó la mirada y se enderezó. –¿Sabes qué? Tienes razón. Aún tengo tiempo de redimirme.- Le dijo emprendiendo una marcha de regreso. –Todavía puedo acudir a la policía y quedar libre de culpas.-
Kagome traspasó la puerta y volvió al pasillo poco iluminado. Él la detuvo a mitad de camino, jalándola del brazo.
-Ni siquiera lo pienses.- Soltó con severidad, trayéndola más cerca de sí. –Ahora compartimos condena, te guste o no.-
La azabache lo miró desafiante. –¿Si? ¿Y qué vas a hacer si me rehúso? ¿Matarme? –
Bankotsu la sostuvo del cuello y la arrinconó contra una de las paredes.
-Me parece que estas muy confiada.- Le dijo de cerca. Quería hacer desaparecer aquella actitud de mierda que tenía.
Ella le sostenía la mirada, con su par de ojos amarronados y brillantes, incluso aunque su cuello se sintiera como la estructura más frágil debajo de sus dedos. Tenía unas agallas admirables.
-¿Quieres ponerme a prueba?- Agregó.
Hola! Quería darles la bienvenida a esta nueva historia y agradecer los comentarios, grandes fuentes de apoyo. Recibir devoluciones es sentir que no solo estamos plasmando palabras en una pantalla fría.
Aposté por darle una vuelta de tuerca a Kag y a la trama, que también me está resultando un buen desafío. Mucha información para procesar.
Espero que lo disfruten y aguardo a leerles pronto!
